VIII. La restitución de la justicia al amor (4ª parte).
4. Tú que no sabes lo que es la justicia puedes todavía inquirir lo que es y así aprenderlo. 2La justicia contempla a todos de la misma manera. 3No es justo que a alguien le falte lo que otro tiene. 4Pues eso es venganza, sea cual sea la forma que adopte. 5La justicia no exige ningún sacrificio, pues todo sacrificio se hace a fin de perpetuar y conservar el pecado. 6El sacrificio es el pago que se ofrece por el costo del pecado, pero no es el costo total. 7El resto se toma de otro y se deposita al lado de tu pequeño pago, para así "expiar" por todo lo que quieres conservar y no estás dispuesto a abandonar. 8De esta forma consideras que tú eres en parte la víctima, pero que alguien más lo es en mayor medida. 9Y en el costo total, cuanto más grande sea la parte que el otro pague, menor será la que pagues tú. 10Y la justicia, al ser ciega, queda satisfecha cuando recibe su pago, sin que le importe quién es el que paga.
Este párrafo revela con precisión quirúrgica cómo se fabrica la injusticia bajo el nombre de justicia. No la denuncia de forma abstracta, sino que describe paso a paso su funcionamiento interno.
La justicia real contempla a todos por igual. No admite jerarquías de valor, ni privilegios encubiertos, ni balances amañados. En el instante en que alguien tiene menos para que otro conserve más, la justicia ha sido reemplazada por la venganza, aunque se presente como equilibrio, ley o moralidad.
El texto introduce entonces una de las ideas más radicales: la justicia no exige sacrificio alguno.
Todo sacrificio tiene una sola función: preservar el pecado. Es el precio que se paga para no soltar lo que se quiere conservar —culpa, ataque, identidad separada— sin sentirse completamente culpable.
Pero el sacrificio nunca cubre el costo total. Por eso entra en escena el mecanismo más perverso: la parte que no estás dispuesto a pagar tú se la asignas a otro.
Así nace la economía del pecado: tú haces un “pequeño pago” (culpa moderada, autoacusación, sufrimiento simbólico) y colocas al lado la cuota mayor, que otro deberá pagar por ti. De este modo puedes verte a ti mismo como víctima… pero siempre menos víctima que el otro.
La lógica es matemática y cruel: cuanto más pague el otro, menos tienes que pagar tú.
Y aquí se completa la inversión final: la justicia, definida como ciega, queda “satisfecha” cuando recibe su pago, sin importar quién sufre. No porque sea justa, sino porque ha sido reducida a un sistema contable sin verdad.
Mensaje central del punto:
- La justicia puede aprenderse, aunque hoy no se conozca.
- La justicia verdadera ve a todos por igual.
- Quitar a uno para que otro conserve no es justicia, es venganza.
- La justicia no exige sacrificios.
- El sacrificio perpetúa el pecado.
- Parte del costo siempre se traslada a otro.
- Así se fabrican víctimas mayores y menores.
- La falsa justicia se satisface con el pago, no con la verdad.
Claves de comprensión:
- El sacrificio es una estrategia de conservación.
- La culpa parcial permite evitar la renuncia total.
- El sistema necesita víctimas comparativas.
- La injusticia se disfraza de imparcialidad.
- La “ceguera” de la justicia del mundo es indiferencia al sufrimiento.
- La igualdad real elimina la necesidad de pago.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa dónde justificas que otro “pague más”.
- Detecta cuándo te ves como víctima parcial para no soltar del todo.
- Cuestiona cualquier lógica de compensación del dolor.
- Nota cuándo llamas justicia a lo que en realidad es preservación del ego.
- Practica no trasladar el costo emocional a otros.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Dónde creo que alguien debe perder para que yo conserve algo?
- ¿Qué “pequeños pagos” hago para evitar una renuncia mayor?
- ¿A quién convierto en víctima principal de mis decisiones?
- ¿Confundo igualdad con reparto del sufrimiento?
- ¿Puedo imaginar una justicia sin pagos ni deudas?
Conclusión:
Este párrafo desmonta el sistema completo del sacrificio mostrando que no redime nada: solo distribuye el dolor para que el pecado pueda continuar.
La justicia del amor no negocia, no calcula, no compara víctimas. No necesita ser satisfecha porque no percibe culpa que deba ser pagada.
Mientras exista la idea de que alguien debe pagar —aunque sea “un poco”— la justicia será una contabilidad cruel. Restituir la justicia al amor implica abandonar por completo la economía del sacrificio.
Frase inspiradora: “La justicia no pide pago, porque no ve culpa.”

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