jueves, 18 de abril de 2024

Capítulo 7. VI. De la vigilancia a la paz.

 VI. De la vigilancia a la paz.

1. Aunque sólo puedes amar a la Filiación como una sola, la pue­des percibir como
fragmentada. 2Mas es imposible ver algo en alguna parte de ella y no atribuírselo a toda ella. 3Por eso es por lo que los ataques no son nunca parciales y por lo que hay que renunciar a ellos completamente. 4Si no se renuncia a ellos completamente, no se renuncia a ellos en absoluto. 5El miedo y el amor fabrican o crean, dependiendo de si es el ego o el Espíritu Santo el que los engendra o inspira, pero en cualquier caso retor­nan a la mente del pensador y afectan la totalidad de su percep­ción. 6Eso incluye el concepto que tiene de Dios, de Sus creaciones y de sí mismo. 7Dicho pensador no apreciará ni a unos ni a otros si los contempla con miedo. 8Pero los apreciará a todos si los con­templa con amor.

Tan sólo el Amor tiene la capacidad de la Visión Integradora. El Amor está exento de juicio. El Amor nos conduce al "juicio final" o, mejor dicho, al final del juicio. Pues qué sentido tiene juzgar a la Filiación. Tan sólo desde el miedo, podemos juzgar, pues el miedo es el pensamiento de separación.

2. La mente que acepta el ataque es incapaz de amar. 2Ello se debe a que cree que puede destruir el amor, lo cual quiere decir, por lo tanto, que no comprende lo que éste es. Si no comprende lo que es el amor, no se puede percibir a sí misma como amorosa. 4Esto hace que pierda su conciencia de ser, da lugar a sentimien­tos de irrealidad y lo que resulta de ello es una confusión total. 5Tu pensamiento ha dado lugar a esto debido a su poder, pero puede también salvarte de ello porque su poder no lo creaste tú. 6Tu capacidad para dirigir tu pensamiento de acuerdo con lo que elijas es parte de ese poder. 7Si no crees que puedes dirigirlo, es que has negado que tu pensamiento tenga poder, y, por lo tanto, has hecho que sea impotente en tu pensamiento.

Bastante aclarador, este punto. El poder del pensamiento no lo ha creado el Hijo de Dios. Ese poder proviene de Dios y es cierto que Su Hijo lo hereda dado que somos Su Imagen y Semejanza. Ese poder es la Voluntad Creadora. Si somos conscientes del poder de la voluntad, seremos conscientes, igualmente, que podemos elegir en todo momento hacia dónde dirigir nuestros pensamientos, es decir, podemos elegir si servir al miedo o al amor.

3. El ingenio del ego para asegurar su supervivencia es enorme, mas dicho ingenio emana del mismo poder de la mente que el ego niega. 2Esto quiere decir que el ego ataca lo que lo sustenta, lo cual no puede sino producir gran ansiedad. 3Por eso es por lo que el ego jamás reconoce lo qué está haciendo. 4Es perfectamente lógico, pero a todas luces demente. 5Pues para subsistir el ego se nutre de la única fuente que es totalmente adversa a su existencia. 6Temeroso de percibir el poder de esa fuente, se ve forzado a menospreciarla, 7lo cual amenaza su propia existencia, produciendo un estado que le resulta intolerable. 8Prosiguiendo de manera lógica, aunque todavía demente, el ego resuelve este dilema completamente descabellado de un modo igualmente descabellado: 9deja de percibir que su existencia esté amenazada, proyectando la amenaza sobre ti y  percibiendo a tu Ser como inexistente. 10Esto asegura su continuidad si te pones de su parte, garantizando así el que no puedas conocer tu Seguridad.

Se traduce como una evidencia, que la existencia del ego tiene su origen en el acto voluntario de elegir ver las cosas de manera diferente a como han sido Creadas por Dios. Si prestamos nuestra voluntad y dirigimos nuestros pensamientos hacia la visión de un mundo separado de Dios, el fruto de esa acción es lo que ha dado lugar a la ilusión de la separación. 

4. El ego no puede permitirse saber nada. 2El conocimiento es total, y el ego no cree en totalidades. 3En este descreimiento estriba su origen, y aunque el ego no te quiere, le es fiel a sus propios antecedentes, y engendra tal como fue engendrado. 4La mente siempre se reproduce tal como fue producida. 5El ego, que es un producto del miedo, reproduce miedo. 6Le es leal a éste, y esa lealtad le hace traicionar al amor porque tú eres amor. 7El amor es tu poder, que el ego tiene que negar. 8Tiene que negar también todo lo que este poder te confiere porque te lo confiere todo. 9Nadie que lo tenga todo desea al ego. 10Su propio hacedor, pues, no lo quiere. 11Por lo tanto, si la mente que lo fabricó se reconociese a sí misma, lo único que el ego podría encontrar sería rechazo. 12Y si esa mente reconociese a cualquier parte de la Filia­ción, se conocería a sí misma.

Si el ego es la consecuencia de elegir ver lo irreal, su existencia tiene unos pilares poco sólidos, pues nada puede mantenerse eternamente si ha sido fabricado con los materiales de la ilusión. El ego, habita en la ignorancia y todas sus fabricaciones llevan ese sello de falsedad.

5. El ego, por consiguiente, se opone a toda muestra de aprecio, a todo reconocimiento, a toda percepción sana, así como a todo conocimiento: 2Percibe la amenaza que todo ello representa como una amenaza total porque sospecha que todos los compromisos que la mente contrae son totales. 3Forzado, por lo tanto, a sepa­rarse de ti, está dispuesto a unirse a cualquier otra cosa. Pero no hay nada más. 5La mente, no obstante, puede tejer ilusiones, y si lo hace creerá en ellas porque creyendo en ellas fue como las tejió.

El sistema de pensamiento del ego se perpetúa debido a que su origen tiene como única causa, el utilizar el poder de la voluntad para visionar de manera separada a la de Dios. 

6. El Espíritu Santo desvanece las ilusiones sin atacarlas, ya que no puede percibirlas en absoluto. 2Por consiguiente, no existen para Él. 3Resuelve el aparente conflicto que éstas engendran, per­cibiendo cualquier conflicto como algo sin sentido. 4He dicho anteriormente que el Espíritu Santo percibe el conflicto exactamente como es, y el conflicto no tiene sentido. 5El Espíritu Santo no quiere que entiendas el conflicto, quiere, no obstante, que te des cuenta de que puesto que el conflicto no tiene sentido, no es comprensible. 6Como ya dije anteriormente, el entendimiento suscita aprecio, y el aprecio suscita amor. 7El amor es lo único que se puede entender, ya que sólo el amor es real, y, por lo tanto, sólo el amor tiene sentido.

Si nuestro hijo se despierta en la noche llorando por haber experimentado una pesadilla,
nuestro papel como padre es hacerle comprender con amor que lo experimentado no es real, sino fruto de la ilusión. No será la explicación que le aportemos la que tranquilice a nuestro hijo, pues su alcance no se lo permitirá, pero sí lo hará la fortaleza de nuestras palabras emanadas desde la fuente del amor, pues tan solo ese amor tiene el poder de la verdad y esa energía sí la captará.

7. Si tuvieras presente lo que el Espíritu Santo te ofrece, no po­drías mantenerte alerta excepto en favor de Dios y de Su Reino. 2La única razón por la que te puede resultar difícil aceptar esto es porque tal vez aún creas que hay algo más. 3Las creencias no requieren vigilancia a menos que estén en conflicto. 4Si lo están, es que hay elementos conflictivos en ellas que han desencadenado un estado de guerra, haciendo que sea imprescindible mantenerse alerta. 5Cuando se está en paz no es necesario estar alerta. 6El estado de alerta es necesario contra las creencias que no son cier­tas, y el Espíritu Santo nunca lo habría solicitado si tú no hubieses creído lo falso. 7Cuando crees en algo, haces que sea real para ti. 8Cuando crees en lo que Dios no conoce, tu pensamiento parece contradecir al Suyo y esto hace que parezca que lo estás atacando.

Hacemos real aquello en lo que creemos. Si hemos hecho real al ego, la razón de ello es porque creemos que podemos "crear" un mundo fuera de Dios.

8. He señalado repetidamente que el ego cree que puede atacar a Dios, y trata de convencerte de que eso es lo que tú has hecho. 2Si la mente no puede atacar, el ego -con perfecta lógica- arriba a la conclusión de que tú no puedes ser otra cosa que un cuerpo. 3Al negarse a verte tal como eres, puede verse a sí mismo como él quiere ser. 4Consciente de sus debilidades, el ego quiere que le seas leal, pero no como realmente eres. 5Desea, por lo tanto, invo­lucrar a tu mente en su propio sistema ilusorio, ya que de otra manera la luz de tu entendimiento lo desvanecería. 6No quiere tener nada que ver con la verdad porque él en sí no es verdad. 7Si la verdad es total, lo que no es verdad no existe. 8Tu compromiso con cualquiera de esas dos posibilidades tiene que ser total. aLa verdad y lo falso no pueden coexistir en tu mente sin dividirla: 9Si no pueden coexistir en paz, y si lo que quieres es estar en paz, tienes que abandonar por completo y para siempre la idea de con­flicto: 10Esto requiere que te mantengas alerta mientras no te des ­cuenta de lo que es verdad. 11Mientras sigas creyendo que dos sistemas de pensamiento completamente contradictorios pueden compartir la verdad, es obvio que tienes que mantenerte alerta. 

Donde yo vivo físicamente, cuando algo es evidente se dice: "más claro, agua". Podríamos aplicar este dicho a este punto, pues su mensaje es claro como la transparencia del agua.

"Mientras sigamos creyendo que dos sistemas de pensamiento completamente contradictorios pueden compartir la verdad, es obvio que tenemos que mantenernos alertas".

9. Tu mente está dividiendo su lealtad entre dos reinos, y tú no te has comprometido  completamente con ninguno de ellos. 2Tu identificación con el Reino de Dios es incuestionable, y sólo tú pones en duda este hecho cuando piensas irracionalmente. 3Lo que tú eres no lo establece tu percepción ni se ve afectado en modo alguno por ella. 4Cualquier problema de identificación, in­dependientemente del nivel en que se perciba, no es un problema que tenga que ver con hechos reales. 5Es un problema que pro­cede de una falta de entendimiento, puesto que su sola presencia implica que albergas la creencia de que es a ti a quien le corres­ponde decidir lo que eres. 6El ego cree esto ciegamente al estar completamente comprometido a ello. 7Pero no es verdad. 8El ego, por lo tanto, está completamente comprometido a lo falso, y lo que percibe es lo opuesto a lo que percibe el Espíritu Santo, así como al conocimiento de Dios.

Cuan diferente es el nivel de verdad que fundamenta las creencias del ego y del Hijo de Dios. Para el ego, su identidad es consecuencia de la percepción material. La identidad del ego es el cuerpo físico y si tuviese que describir su identidad, su aportación se referirá a las características que se derivan de ese cuerpo.

Para el Hijo de Dios, su identidad no procede de su percepción, sino de su propia condición, la cual, le ha venido dada de Su Creador. 

10. Puesto que tu Ser es el conocimiento de Dios, la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti es la única que tiene significado. 2Cualquier creencia que aceptes aparte de ésta acallará la Voz de Dios en ti y te ocultará Dios. 3No podrás conocer al Creador a menos que percibas Su creación tal como es, ya que Dios y Su creación no están separados. 4La unidad que existe entre el Crea­dor y la creación constituye tu plenitud, tu cordura y tu poder ilimitado. 5Este poder ilimitado es el regalo que Dios te hace por­que eso es lo que eres. 6Si separas tu mente de dicho poder, no podrás sino percibir la fuerza más grande del universo como si fuese débil, ya que no creerás formar parte de ella.

Así es. La identidad del Hijo de Dios es el conocimiento de Dios. Nos ha creado a Su Imagen y Semejanza.

11. Cuando percibes a la creación como que tú no formas parte de ella, la consideras débil, y los que se consideran a sí mismos débi­les, no pueden sino atacar: 2Mas el ataque tiene que ser ciego porque no hay nada que atacar. 3Por lo tanto, inventan imágenes, las perciben como despreciables y luego las atacan por su falta de valor. 4Esto es todo lo que el mundo del ego es: 5nada. 6No tiene sentido. 7No existe. 8No trates de entenderlo, porque si tratas de entenderlo, es que crees que se puede entender, y, por lo tanto, que se puede apreciar y amar. 9Eso justificaría su existencia; la cual es injustificable: 10Tú no puedes hacer que lo que no tiene sentido lo tenga. 11Eso no sería más que un intento demente.

Cuántas veces, has podido sorprenderte en un intento frustrante de comprender el sentido de esta vida, cuando la analizamos desde el sistema de pensamiento del ego. Finalmente, llegamos a la evidencia que no podemos comprender lo irreal, lo ilusorio, pues daríamos a la mente una misión demente, entender lo inentendible.

12. Si permites que la locura se adentre en tu mente, es que has juzgado que la cordura no es algo enteramente deseable. 2Si deseas otra cosa, fabricarás otra cosa, pero al ser otra cosa, atacará tu sistema de pensamiento y dividirá tu lealtad. 3En ese estado de división no te será posible crear y tendrás que mantenerte alerta contra dicho estado porque lo único que se puede extender es la paz. 4Tu mente dividida está obstruyendo la extensión del Reino, y en la extensión de éste reside tu felicidad. 5Si no extiendes el Reino, es que no estás pensando con tu Creador ni creando como Él creó.

Desde un sistema de pensamiento demente, tan sólo podemos fabricar situaciones dementes. 

13. Ante esta deprimente situación, el Espíritu Santo te recuerda dulcemente que estás triste porque no estás llevando a cabo tu función de co-creador con Dios, y, por lo tanto, te estás privando a ti mismo de felicidad. 2Esto no es algo que Dios haya decidido, sino que fuiste tú quien lo decidió así. 3Si tu mente pudiese estar en desacuerdo con la de Dios, lo que tu voluntad dispusiese no tendría sentido. 4Sin embargo, puesto que la Voluntad de Dios es inalterable, no es posible ningún conflicto de voluntades. 5Ésta es la enseñanza perfectamente congruente del Espíritu Santo. 6La creación, no la separación, es tu voluntad porque es también la Voluntad de Dios, y nada que se oponga a ella tiene sentido en absoluto. 7Al ser una obra perfecta, la Filiación sólo puede obrar con perfección, extendiendo la dicha en la que fue creada e iden­tificándose con su Creador y Sus creaciones, sabiendo que son uno y lo mismo.

El haber utilizado la voluntad creadora para fabricar una realidad diferente a la de Dios, ha dado lugar a la fabricación de un mundo ilusorio, irreal y caótico, privado de luz, nos hace percibir la oscuridad; privado de amor, nos hace prisioneros del miedo; privado de paz, nos hace vengativos; privados de la felicidad, nos lleva a percibir el dolor y el sufrimiento.

miércoles, 17 de abril de 2024

Capítulo 7. V. La curación y la inmutabilidad de la mente.

 V. La curación y la inmutabilidad de la mente.

1. El cuerpo no es más que un marco para desarrollar capacida­des, lo cual no tiene nada que ver con el uso que se hace de ellas. 2Dicho uso procede de una decisión. 3Los efectos de la decisión del ego al respecto son tan evidentes que no hay necesidad de hablar más de ello, pero la decisión del Espíritu Santo de utilizar el cuerpo únicamente como un medio de comunicación tiene una conexión tan directa con la curación que sí requiere aclaración. 4El sanador que no se ha curado obviamente no entiende su propia vocación.

Todo un reto para la mente que ha fabricado el sistema de pensamiento del ego, pues fundamenta su existencia en la única realidad que acepta, aquella que percibe de modo tangible, el cuerpo físico y las acciones que se derivan de su uso.

El Curso es claro sobre este enfoque, afirmando que el cuerpo no es más que un marco para desarrollar capacidades y añade que el Espíritu Santo lo utiliza como un medio de comunicación. El cuerpo no tiene la capacidad que creemos que tiene, es decir, no es la causa de nuestras acciones, o lo que es lo mismo, el uso que hacemos de él no depende de su capacidad volitiva, pues esa capacidad es de la mente.

2. Sólo las mentes pueden comunicarse. 2Puesto que el ego no puede destruir el impulso de comunicar porque es también el impulso de crear, sólo puede enseñarte que el cuerpo puede comunicarse así como crear, y, por ende, que no tiene necesidad de la mente. 3El ego, por consiguiente, trata de enseñarte que el cuerpo puede actuar como la mente y que es, por lo tanto, auto­suficiente. 4Sin embargo, hemos aprendido que ni la enseñanza ni el aprendizaje tienen lugar en el nivel del comportamiento, toda vez que puedes actuar de acuerdo con lo que no crees. 5Al hacerlo, sin embargo, pierdes fuerza como maestro y como estudiante por­que, tal como se ha señalado repetidamente, enseñas lo que crees 6Las lecciones contradictorias se enseñan mal y se aprenden mal. 7Si enseñas enfermedad y curación, eres al mismo tiempo un mal maestro y un mal estudiante.

Uno de los errores principales en el que se sustenta el sistema de pensamiento del ego, es que puede ocupar el papel del Creador, esto es, tiene la capacidad de crear un mundo con leyes distintas a las de Dios.

Como consecuencia de ese sistema de pensamiento, para el ego, el cuerpo es el fruto de su creación y como tal tiene la capacidad de enseñarnos a través de sus acciones-experiencias, lo que está bien y lo que está mal. Ese pilar básico del sistema de pensamiento del ego, le lleva a defender la creencia en que el cuerpo es autosuficiente y que el aprendizaje tiene lugar en el nivel del comportamiento, de la experiencia.

En este punto, las enseñanzas del Curso nos llevan a una visión muy diferente a la que defiende el ego. Nos revela que la fuente, el origen, la causa, siempre procede de la mente y es en ese nivel donde se produce el génesis del aprendizaje y de la enseñanza. Es por ello, que el Curso nos dice que la corrección debe llevarse a cabo a nivel de las ideas y no en el nivel del comportamiento. 

3. La capacidad de curar es la única capacidad que cada persona puede y debe desarrollar si es que se ha de curar. 2Curar es el medio de comunicación del Espíritu Santo en este mundo, y el único que acepta. 3No reconoce ningún otro porque no acepta la confusión que el ego tiene entre mente y cuerpo. 4Las mentes se pueden comunicar, pero no pueden hacer daño. 5El cuerpo, al servicio del ego, puede hacer daño a otros cuerpos, pero eso no puede ocurrir a no ser que ya se le haya confundido con la mente. 6Esta situación, no obstante, puede usarse en beneficio de la curación o de la magia, pero debes recordar que la magia siempre implica la creencia de que la curación es algo perjudicial. 7Esta creencia completamente irracional es su premisa y, por consiguiente, no puede sino proceder irracionalmente.

La capacidad más elevada y acorde con el Principio de Expiación del Espíritu Santo, es la de curar, pues para curar, debemos expiar todos nuestros errores, es decir, debemos corregir en nuestra mente la falsa creencia de que estamos separados de Dios y de Su Filiación.

Cuando pedimos Expiación, estamos sintonizando nuestra mente con la del Espíritu Santo, con la Mente Recta, lo que se traduce por un estado de curación. Recibimos aquello que damos, por lo que el camino más recto para recibir la curación es ofrecerla.

4. La curación tan sólo fortalece. 2La magia siempre procura debi­litar. 3La curación no percibe nada en el sanador, que todos los demás no compartan con él. 4La magia ve siempre algo “especial” en el sanador, que él cree que puede ofrecer como regalo aque­llos que no lo tienen. 5Puede que dicho sanador crea que ese regalo procede de Dios, pero resulta evidente que no entiende a Dios si cree tener algo que los demás no tienen. 

Este punto nos revela una señal inequívoca que nos ayudará a reconocer si aquello que estamos ofreciendo en nombre de la curación procede de Dios o del ego. Cuando lo que damos está exento de protagonismo y visualiza al otro como parte de nuestra unidad, entonces podemos gozar de la certeza de que nuestra mente percibe correctamente y sirve a Dios. En cambio, podemos estar en posesión de utilizar la capacidad de curar con una visión de superioridad sobre aquel hacia el que dirigimos nuestra energía. Esa falta de visión unitaria nos indica que estamos utilizando las fuerzas divinas desde la magia y por lo tanto no estaremos sintonizados con la vibración del Espíritu Santo.    

5. El Espíritu Santo no actúa al azar, y toda curación que procede de Él es siempre eficaz. 2A menos que el sanador cure siempre por mediación Suya los resultados variarán. 3Sin embargo, la curación en sí es consistente, puesto que sólo la consistencia está libre de conflicto, y sólo los que están libres de conflicto son íntegros. 4Cuando el sanador admite que hay excepciones, y que unas veces puede curar y otras no, está obviamente aceptando la inconsisten­cia. 5Está, por lo tanto, en conflicto, y eso es lo que está enseñando. 6¿Sería posible que lo que es de Dios no fuese para todos y para siempre? 7El amor es incapaz de hacer excepciones. 8Sólo si hay miedo parece tener sentido idea de las excepciones. 9Las excepciones son amedrentadoras porque las engendra el miedo. 10La expresión "sanador temeroso" es una contradicción intrínseca y es, por lo tanto, un concepto que sólo para una mente en conflicto podría tener sentido.

Otra de las señales que nos revelan las diferencias entre un sanador vibrando en Mente Recta o en mente errada, es el efecto de la consistencia. Cuando somos canales de luz y servimos al Espíritu Santo, es decir, a la Mente Recta, la capacidad para curar se producirá en todas las situaciones. En cambio, cuando somos canalizadores de la mente errada, el efecto de la curación será intermitente y perecedera.

6. El miedo no produce alegría. 2La curación sí. 3El miedo siempre hace excepciones. 4La curación nunca las hace. 5EI miedo produce disociación porque genera separación. 6La curación siempre pro­duce armonía porque procede de la integración. 7Es predecible porque se puede contar con ella. 8Se puede contar con todo lo que es de Dios porque todo lo que es de Dios es completamente real. 9Se puede contar con la curación porque la inspira Su Voz, y pro­cede de acuerdo con Sus leyes. 10Mas si la curación es consistente tu entendimiento acerca de ella no puede ser inconsistente. 11El entendimiento significa consistencia porque Dios significa consis­tencia. 12Puesto que ése es Su significado, es también el tuyo. 13Tu significado no puede estar en desacuerdo con el Suyo porque todo lo que significas y lo único que significas procede de Su signifi­cado y es como el Suyo. 14Dios no puede estar en desacuerdo Con­sigo Mismo, y tú no puedes estar en desacuerdo con Él. 15No puedes separar tu Ser de tu Creador, Quien te creó al compartir Su Ser contigo.

No podemos pretender ser canales de curación consistente, cuando en nuestra mente no haya unanimidad a la hora de servir. No podemos servir a dos señores a la vez; no podemos servir a Dios y al César. No podremos curar cuando permanecemos enfermos, esto es, presos de las creencias en la dualidad, en la separación.

7. El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus herma­nos, pero él no les está agradecido. 2Ello se debe a que cree que les está dando algo y que no está recibiendo algo igualmente deseable a cambio. 3Lo que enseña se ve limitado por lo poco que está aprendiendo. 4Su lección de curación se ve limitada por su propia ingratitud, que es una lección de enfermedad. 5El verda­dero aprendizaje es constante, y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente. 6Ello se debe a que al cambiar de mentalidad, produce un cambio en el instrumento más poderoso que jamás se le haya dado para cambiar. 7Esto no contradice en modo alguno la inmutabilidad de la mente tal como Dios la creó, pero mientras sigas aprendiendo a través del ego creerás que has efectuado un cambio en ella. 8Esto te pone en una situación en la que tienes que aprender una lección aparentemente contradictoria: tienes que aprender a cambiar de mentalidad con respecto a tu mente. 9Sólo así puedes aprender que tu mente es inmutable.

No puedo evitar quedar maravillado con las explicaciones que nos ofrece este Curso. Son tan lógicas para la mente que comienza a percibir correctamente, que podemos llegar a pensar cómo no hemos sido capaces de albergar esa visión con anterioridad.

La estrechez de miras a la que estamos acostumbrados cuando nos dejamos dirigir por el sistema de pensamiento del ego, nos impide ver y comprender que cuando damos, recibimos; cuando compartimos, crecemos y nos extendemos.

Para el ego, dar es perder, por lo tanto, incluso el acto de ofrecer curación conlleva el sentimiento de que el otro adquiere una deuda por lo recibido. Ese acto es carente de gratitud, o lo que es lo mismo, es carente de amor.

El simple hecho de que el ego pudiese ver el inmenso poder de la Mente Recta, sería causa suficiente para reconocer su inexistencia. Desde el mundo de la percepción, ir alcanzando una nueva visión que nos acerque a la idea de la Unidad, es un paso importante, que nos indica que hemos decidido dejar de servir al miedo y a la separación y que caminamos en la dirección correcta, la que nos llevará a recordar, que nuestra mente es inmutable y perfecta. Alcanzado este nivel de percepción el ego desaparecerá y nuestra consciencia retornará al Mundo de Dios.

8. Eso es exactamente lo que estás aprendiendo cuando llevas a cabo una curación. 2Estás reconociendo que la mente de tu her­mano es inalterable, al darte cuenta de que es imposible que él hubiese podido efectuar un cambio en ella. 3Así es como percibes al Espíritu Santo en él. 4El Espíritu Santo en él es el único que nunca cambia Su Mente. 5Tu hermano tal vez piense que él puede cambiar la suya o, de otro modo, no se percibiría a sí mismo como enfermo. 6No sabe, por lo tanto, lo que es su Ser. 7Si sólo ves en él lo inalterable en realidad no lo has cambiado. 8Al cam­biar de mentalidad acerca de su mente por él, le ayudas a anular el cambio que su ego cree haber efectuado en él.

No pretendamos curar a nuestros hermanos, si no hemos alcanzado la visión de unidad que nos une a nuestro Creador. Si no tenemos la certeza de que, tanto nuestra mente como la de nuestro hermano son inalterable, no tendremos la capacidad para curarnos, ni la de curar. Tan sólo la Visión Crística, la de la Unidad, nos permitirá ser portadores conscientes de esa capacidad.

9. De la misma forma en que puedes oír dos voces, también pue­des ver de dos maneras distintas. 2Una de ellas te muestra una imagen o un ídolo al que tal vez veneres por miedo, pero al que nunca amarás. 3La otra te muestra sólo la verdad, a la que amarás porque la entenderás. 4Entender es apreciar porque te puedes identificar con lo que entiendes, y al hacerlo parte de ti, lo acep­tas con amor. 5Así es como Dios Mismo te creó: con entendi­miento, con aprecio y con amor. 6El ego es absolutamente incapaz de entender esto porque no entiende lo que fabrica, ni lo aprecia, ni lo ama. 7El ego incorpora a fin de arrebatar. 8Cree literalmente que cada vez que priva a alguien de algo, él se engrandece. 9He hablado a menudo de la expansión que se produce en el Reino mediante tus creaciones, las cuales pueden ser creadas única­mente como lo fuiste tú. 10El Reino, que no es sino gloria excelsa y júbilo perfecto, reside en ti para que lo des. 11¿No te gustaría darlo?

Servir al ego es servir al miedo y a la falsa creencia en la separación. Ya lo hemos visto a lo largo de estas enseñanzas. El ego confunde la idea de la felicidad con la del placer y la de amar con la de poseer. La marca de aquello que fabrica el ego desde esa visión, es la del dolor, y, para no sufrir busca antídotos perecederos que le liberen de ese amargo trance y lo hace hasta la saciedad, hasta el agotamiento, tras comprobar que ese camino no le lleva al destino deseado.

10. No puedes olvidarte del Padre porque yo estoy contigo, y yo no puedo olvidarme de Él. Cuando te olvidas de mí, te olvidas de ti mismo y de Aquel que te creó. 3Nuestros hermanos son olvidadizos. 4Por eso es por lo que necesitan que te acuerdes de mí y de Aquel que me creó. 5Mediante ese recuerdo puedes cam­biar sus mentes con respecto a ellos mismos, tal como yo puedo cambiar la tuya. 6Tu mente es una luz tan potente que tú puedes contemplar las mentes de tus hermanos e iluminarlas, tal como yo puedo iluminar la tuya. 7No quiero compartir mi cuerpo en el acto de comunión porque no estaría compartiendo nada. 8¿Por qué iba tratar de compartir una ilusión con los santísimos Hijos de un santísimo Padre? 9Y sin embargo lo hago. aQuiero compar­tir mi mente contigo porque somos de una misma Mente, y ésa Mente es nuestra. 10Contempla sólo esa Mente en todas partes porque sólo esa Mente está en todas partes y en todas las cosas. 11Dicha Mente lo es todo porque abarca a todas las cosas dentro de sí. 12Bendito seas tú que percibes únicamente esto porque estás percibiendo únicamente lo que es verdad.

Interesante aclaración, la que nos hace Jesús con lo recogido en este punto. No se trata de compartir aquello que ha fabricado el ego; no se trata de compartir el cuerpo y/o las experiencias adquiridas a través del comportamiento. Se trata de compartir lo Esencial, lo procedente de la Mente, esto es, la Visión de la Unidad. Tan solo así, adquiriremos la consciencia que nos une a Dios y al resto de la Filiación.

Muchos seguidores de la vida de Jesús, pueden sentirse contrariados ante esta afirmación, pero de ser así, no estarían comprendiendo el mensaje que se transmite a través de estas enseñanzas, en las que se deja muy claro, que el cuerpo no tiene la capacidad para enseñar o aprender.


El aspecto más hermoso que podemos extraer de las enseñanzas transmitidas por Jesús utilizando su cuerpo físico, es la de hacernos comprender el uso correcto que debemos dar a ese marco, es decir, utilizarlo para compartir nuestras creencias verdaderas, las que hablan de amor y unión.

11. Ven, por lo tanto, a mí y descubre la verdad que mora en ti. 2La mente que tú y yo compartimos la compartimos con todos nues­tros hermanos, y a medida que los vemos tal como verdadera­mente son, ellos se curan. 3Deja que tu mente brille junto con la mía en sus mentes, y que mediante el agradecimiento que senti­mos hacia ellos, cobren conciencia de la luz que hay en ellos. 4El resplandor de esta luz retornará a ti y a toda la Filiación porque ésa es tu perfecta ofrenda a Dios. 5Él la aceptará y se la dará a la Filiación porque al ser aceptable para Él, lo es también para Sus Hijos. 6Esto es auténtica comunión con el Espíritu Santo, Quien ve el altar de Dios en todos, y al llevarlo a tu conciencia para que lo aprecies, te exhorta a que ames a Dios y a Su creación. 7Sólo pue­des apreciar a la Filiación como una sola. 8Esto es parte de la ley que rige a la creación, y, por lo tanto, gobierna todo pensamiento. 

Hermosa invitación la que nos hace Jesús a través de este punto: "Ven a mí y descubre la verdad que mora en ti". Ven al Amor y descubre que eres Amor".

martes, 16 de abril de 2024

Capítulo 7. IV. La curación como reconocimiento de la verdad.

 IV. La curación como reconocimiento de la verdad.

1. La verdad sólo puede ser reconocida y necesita únicamente ser reconocida. 2La inspiración procede del Espíritu Santo, y la cer­teza de Dios, tal como lo estipulan Sus leyes. 3Ambas cosas, por lo tanto, proceden de la misma Fuente, porque la inspiración pro­cede de la Voz que habla en favor de Dios, y la certeza, de las leyes de Dios. 4La curación no procede directamente de Dios, Quien sabe que Sus creaciones gozan de perfecta plenitud. 5Aun así, la curación sigue siendo parte del ámbito de Dios porque procede de Su Voz y de Sus leyes. 6Es el resultado de éstas, en un estado mental que no conoce a Dios. 7Ese estado le es desconocido a Él, y, por lo tanto, no existe, pero aquellos que duermen no son cons­cientes. 8Puesto que no son conscientes, no saben nada.

Jesús, a través del mensaje que recoge este punto, pone énfasis en la condición de Dios, la verdad y Sus leyes, y cuando se refiere a la curación, deja muy claro que, en el mundo de Dios, donde se goza de la perfecta plenitud, la curación no existe como estado mental, pues la Perfección no contempla la necesidad de ser curado. Sin embargo, la Voz que habla por El, es decir, la Voz del Amor, El Espíritu Santo, el Estado Mental Uno, sí tiene la cualidad de curar cuando su único Propósito es restablecer en el Hijo de Dios, la percepción correcta y la mente recta. 

Cuando conseguimos ver con los ojos del Espíritu Santo, alcanzamos a intuir la verdad, es reconocida, gracias a la inspiración que nos brinda la Mente Recta.

2. El Espíritu Santo tiene que operar a través de ti para enseñarte que Él mora en ti. 2Es éste un paso intermedio encaminado al conocimiento de que tú estás en Dios porque formas parte de Él. 3Los milagros que el Espíritu Santo inspira no pueden entrañar grados de dificultad porque todas las partes de la creación son de un mismo orden. 4Ésa es la Voluntad de Dios y la tuya. 5Las leyes de Dios así lo estipulan, y el Espíritu Santo te lo recuerda. 6Cuando curas, estás recordando las leyes de Dios y olvidándote de las del ego. 7Dije anteriormente que olvidar es simplemente una forma de recordar mejor. 8Olvidar, por lo tanto, cuando se percibe correctamente, no es lo opuesto a recordar. 9Si se percibe incorrectamente, da lugar a una percepción que está en conflicto con alguna otra cosa, como ocurre con toda percepción inco­rrecta. 10Mas si se percibe correctamente, puede usarse como un medio para escapar del conflicto, como ocurre con toda percep­ción correcta.

Como Hijos de Dios, somos parte de Él, y por ello, somos portadores de sus mismas cualidades y atributos. Somos portadores de Amor y tenemos el poder de crear a través del uso de la Voluntad. Sin embargo, el Hijo de Dios, en el uso de esos atributos, ha creado un realidad falsa, al no gozar de la cualidad del Amor.

El Espíritu Santo, como parte de Dios, es parte, igualmente, del Hijo de Dios, por lo tanto, siempre está con nosotros. Pero, para ser oído, es necesario que la mente errada del Hijo de Dios, olvide su falsa creación y recuerde la Creación Única y Verdadera. 

Toda creación que no tenga como esencia el Amor, es una falsa creación y no estará inspirada por la Voz del Espíritu Santo.

3. El ego no quiere enseñarle a nadie lo que ha aprendido, pues eso sería contrario a su propósito. 2Por lo tanto, no aprende nada en absoluto. 3El Espíritu Santo te enseña a usar lo que el ego ha fabricado a fin de enseñarte lo opuesto a lo que el ego ha "apren­dido”. 4Lo que el ego ha aprendido es tan irrelevante como la facultad particular que utilizó para aprenderlo. 5Lo único que tienes que hacer es esforzarte por aprender, pues el Espíritu Santo tiene un objetivo unificado para tus esfuerzos. 6Si se apli­can diferentes facultades a un solo objetivo durante un período de tiempo lo suficientemente largo, las facultades en sí se unifi­can. 7Esto se debe a que se canalizan en una sola dirección, o de la misma manera. 8En última instancia, pues, todas contribuyen a un mismo resultado, y, en virtud de ello, se pone de relieve lo que tienen en común en vez de sus diferencias.

El ego no aprende, sencillamente, porque no quiere compartir, expandir, lo que sabe. Sus argumentos mentales, sus creencias, le lleva a no creer en la unidad, y al pensamiento erróneo, de que cuando dan pierden lo que dan.

De este modo, el ego, no podrá aprender. El Espíritu Santo, nos enseña a usar lo que el ego ha fabricado, y utiliza el concepto tiempo para hacernos comprender que aquello que ya somos, debe ser recordado y para ello se requiere de esfuerzo continuado en el propósito de aprendizaje.

4. Todas las capacidades deben entregársele, por lo tanto, al Espí­ritu Santo, Quien sabe cómo usarlas debidamente. 2Las usa exclu­sivamente para curar porque únicamente te conoce en tu plenitud. 3Al curar aprendes lo que es la plenitud, y al aprender lo que es la plenitud, aprendes a recordar a Dios. 4Te has olvidado de Él, pero el Espíritu Santo entiende que tu olvido tiene que ser transfor­mado en una forma de recordar.

Curar es reconocer en el otro el estado de Unidad que los lleva a experimentar su hermandad. Es por ello, que este punto nos recuerda, que al curar aprendemos lo que es la plenitud y al aprender lo que es la plenitud aprendemos a recordar a Dios.

5. El objetivo del ego es tan unificado como el del Espíritu Santo, y por ello sus respectivos objetivos jamás podrán reconciliarse en modo alguno ni desde ningún punto de vista. 2El ego siempre trata de dividir y separar. 3El Espíritu Santo, de unificar y curar. 4A medida que curas, eres curado, ya que el Espíritu Santo no ve grados de dificultad en la curación. 5Curar es la manera de desva­necer la creencia de que existen diferencias; al ser la única manera de percibir a la Filiación como una sola entidad. 6Esta percepción, por lo tanto, está en armonía con las leyes de Dios; aun cuando tiene lugar en un estado mental que no está en armonía con el Suyo. 7La fuerza de la percepción correcta es tan grande que pone a la mente en armonía con la Mente de Dios, pues se encuentra al servicio de Su Voz, la cual mora en todos vosotros.

Este punto viene a reafirmar lo que ya hemos dicho en los puntos anteriores. Mientras que el error que da lugar al estado mental llamado ego es la creencia en la separación y ello da lugar a la percepción falsa, a la enfermedad, el Espíritu Santo o estado de la mente recta, lo que trata es de unificar, es decir, de curar, lo que da lugar a la percepción correcta.

6. Pensar que puedes oponerte a la Voluntad de Dios es un ver­dadero desvarío. 2El ego cree que puede hacerlo y que puede ofrecerte su propia "voluntad" como regalo. 3Mas esa voluntad no te interesa. 4No es un regalo. 5No es nada en absoluto. 6Dios te ha dado un regalo que simultáneamente tienes y eres. 7Cuando no lo usas, te olvidas de que lo tienes. 8Al no recordarlo, no sabes lo que eres. 9Curar, por consiguiente, es una manera de abordar el conocimiento pensando de acuerdo con las leyes de Dios y reco­nociendo su universalidad. 10Sin este reconocimiento, haces que esas leyes no signifiquen nada para ti. 11Aun así, Sus leyes siguen teniendo sentido, ya que encierran todo el significado que existe, el cual está contenido en ellas.

Si nuestra mente nos lleva a la creencia de que estamos separados de nuestros hermanos, lo que verdaderamente estamos haciendo es reconocer que no conocemos nuestra verdadera identidad. 

7. Busca primero el Reino de los Cielos porque ahí es donde las leyes de Dios operan verdaderamente, y no pueden sino operar verdaderamente porque son las leyes de la verdad. 2Pero busca sólo eso, puesto que no puedes encontrar nada más. 3No hay nada más. 4Dios es el Todo de todo en un sentido muy literal. 5Todo ser existe en Él, que es todo Ser. 6Por lo tanto, tú existes en Él, ya que tu Ser es el Suyo. 7Curar es una manera de olvidar la sensación de peligro que el ego ha sembrado en ti, al no reconocer la existencia de éste en tu hermano. 8Esto refuerza al Espíritu Santo en ambos porque significa que te has negado a darle validez al miedo. 9El amor sólo necesita esta invitación. 10El amor llega libremente a toda la Filiación, al ser lo que la Filiación es. 11Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, 12lo cual te capacita para recordar lo que sí eres.

Estamos tan identificados con la manera de pensar del ego; estamos tan imbuidos en las normas, leyes, costumbres, hábitos, fabricadas por el estado mental del ego, basado en que no somos uno, que nos resulta muy difícil ver otras posibilidades, que en el fondo añoramos, que sin duda nos librarían de experimentar tanto sufrimiento y dolor.

El papel del Espíritu Santo en nuestras confundidas mentes, es paciente. Tiene plena confianza en que alcanzaremos a recordar lo que somos y con ello, el abordaje de una nueva percepción que nos llevará a olvidar al ego y a recordar al Ser Divino que somos.

Buscar primero el Reino de los Cielos es el camino que Jesús nos brinda, sencillamente, porque ahí es donde las leyes de Dios -las del Amor- operan verdaderamente, porque forman parte de la verdad.

lunes, 15 de abril de 2024

Capítulo 7. III. La realidad del Reino.

 III. La realidad del Reino.

1. El Espíritu Santo enseña sólo una lección, y la aplica a todo el mundo y en toda circunstancia. 2Dado que Él está libre de con­flictos, aprovecha al máximo todos los esfuerzos y todos los resultados. 3Al enseñarte el poder del Reino de Dios, el Espíritu Santo te enseña que todo poder te pertenece. 4Su aplicación no importa. 5Es siempre máxima. 6Tu vigilancia no establece que el poder sea tuyo, pero te permite usarlo siempre y en cualquier forma que sea. 7Cuando dije: "Estoy siempre con vosotros", lo dije en un sentido muy literal. 8Jamás me aparto de nadie en ninguna situación. 9Y puesto que estoy siempre contigo, tú eres el camino, la verdad y la vida. 10Tú no creaste ese poder, como tam­poco lo creé yo. 11Fue creado para ser compartido, y, por lo tanto, no tiene ningún sentido percibirlo como si fuese el patrimonio de uno solo a expensas de los demás. 12Tal percepción lo desprovee­ría de significado al eliminar o pasar por alto su único y verda­dero significado.

Nos revela este punto, que el Espíritu Santo nos enseña una sola lección, el poder del Reino de Dios. Si estamos imaginando que ese poder es semejante al de los superhéroes del comic, estaríamos dando un enfoque fantasioso al verdadero significado de ese potencial al que se refiere el punto, sin definirlo explícitamente.

A buen entendedor pocas palabras bastan. Así se expresa el dicho y encierra una gran verdad. Ese poder es la Visión de la unidad, del amor y se encuentra en todos nosotros.


2. El significado de Dios espera en el Reino porque allí es donde Él lo ubicó. 2No espera en el tiempo. 3Simplemente descansa en el Reino porque allí es donde le corresponde estar, al igual que a ti. 4¿Cómo ibas a percibirte a ti mismo como si no formases parte del significado de Dios cuando tú mismo eres ese significado? 5Sólo si te consideras irreal puedes percibirte a ti mismo como separado de tu significado. 6Por esto es por lo que el ego es demente: te enseña que no eres lo que eres. 7Eso es tan contradictorio que es claramente imposible. 8Es, por lo tanto, una lección que no puedes aprender realmente, y que, por consiguiente, no puedes real­mente enseñar. 9Mas siempre estás enseñando. 10Tienes, entonces, que estar enseñando otra cosa, a pesar de que el ego no sabe lo que es. 11El ego, pues, está siendo des-hecho continuamente, y sos­pecha de tus motivos. 12Tu mente no puede estar unificada cuando le es fiel al ego porque la mente no le pertenece a él. 13Sin embargo, lo que para el ego es "traición", para la paz es lealtad. 14El "enemigo" del ego es, por lo tanto, tu amigo.

Si alimentamos un sistema de pensamiento, el otro se queda hambriento, sin fuerza, sin energía. Dirigir nuestra voluntad para alimentar los pensamientos que compartimos con Dios, hará que nuestra consciencia permanezca despierta y plena. Gozaremos de la dicha Divina y expandiremos el Reino de los Cielos percibiéndolo en los demás.

3. Dije anteriormente que el amigo del ego no forma parte de ti porque el ego se percibe a sí mismo en estado de guerra y, por ende, necesitado de aliados. 2Tú, que no estás en guerra, debes ir en busca de hermanos y reconocer en todo aquel que veas a tu hermano, ya que únicamente los que son iguales están en paz. 3Puesto que los Hijos de Dios gozan de perfecta igualdad, no pue­den competir porque lo tienen todo. 4Sin embargo, si perciben a cualquiera de sus hermanos de cualquier otra forma que no sea con perfecta igualdad es que se ha adentrado en sus mentes la idea de la competencia. 5No subestimes la necesidad que tienes de mantenerte alerta contra esa idea, ya que todos tus conflictos pro­ceden de ella. 6Dicha idea es la creencia de que es posible tener intereses conflictivos, y significa, por lo tanto, que has aceptado que lo imposible es verdad. 7¿No es eso lo mismo que decir que te percibes a ti mismo como si fueses irreal?

Si nuestra voluntad decide alimentar el sistema de pensamiento del ego, entonces, el otro será percibido como un extraño y proyectaremos sobre él nuestra creencia en la separación. Como bien recoge este punto, esta visión es la evidencia de que nos percibimos como si fuésemos irreales.

4. Estar en el Reino quiere decir que pones toda tu atención en él. 2Mientras sigas creyendo que puedes prestar atención lo que no es cierto, estarás eligiendo aceptar el conflicto. 3Mas ¿es esto real­mente una elección? 4Parece serlo, pero las apariencias y la reali­dad no pueden ser lo mismo. 5Tú, que eres el Reino, no tienes nada que ver con las apariencias. 6La realidad es tuya porque tú eres la realidad. 7De esta manera es como en última instancia tener y ser se reconcilian en tu mente, no en el Reino. "El altar que se encuentra allí es la única realidad. 9El altar es perfectamente inequívoco en el pensamiento porque es un reflejo del Pensamiento perfecto. 10Tu mente recta ve únicamente: hermanos porque ve únicamente en su propia luz.

Podemos percibir este mundo y, sin embargo, no estar en él, no pertenecer a él, y para ello, lo que tenemos que conocer es que para estar en el Reino tenemos que poner toda nuestra atención en él, esto es, tenemos que percibir desde la unidad y no desde la separación.

5Dios Mismo iluminó tu mente, y la mantiene iluminada con Su Luz porque Su Luz es lo que tu mente es. 2Esto está más allá de cualquier duda, y cuando lo pones en duda se te da una res­puesta. 3La Respuesta simplemente cancela la pregunta al estable­cer el hecho de que poner en duda la realidad no tiene sentido. 4De ahí que el Espíritu Santo nunca ponga nada en duda. 5Su única función es eliminar lo cuestionable y, por ende, conducir a la certeza. 6Los que tienen certeza gozan de perfecta calma porque no tienen dudas. 7No cuestionan nada porque en sus mentes no entra nada que sea cuestionable. 8Esto los mantiene en un estado de perfecta serenidad, ya que al saber lo que son, eso es lo que comparten.

Hemos visto en el anterior punto, cómo "estar en el Reino", significa poner toda nuestra atención en él, de tal modo que nuestra voluntad sirva a Dios y no al ego. 

De igual modo, estar en Paz, en Plenitud, en Unidad, en Amor, nos invita a tener certeza de lo que somos. Mientras que no tengamos esa plena certeza, mientras que prestemos atención al sistema de pensamiento del ego, nos surgirán dudas, y el resultado de ese estado mental nos privará de la paz, de la plenitud, de la unidad y del amor.

Tener la certeza de que somos seres espirituales es la consecuencia de haber abandonado nuestros servicios al ego y a su vehículo, el cuerpo físico.

domingo, 14 de abril de 2024

Capítulo 7. II. La ley del Reino.

 II. La ley del Reino.

1. Curar es el único tipo de pensamiento en este mundo que se asemeja al Pensamiento de Dios, y por razón de los elementos que ambos tienen en común, el Pensamiento de Dios puede transfe­rirse fácilmente a él. 2Cuando un hermano se percibe a sí mismo enfermo, se está percibiendo como un ser incompleto, y, por ende, necesitado. 3Si tú también lo percibes así, lo estás viendo como si realmente no formase parte del Reino y se encontrase separado de él, con lo cual el Reino queda velado para ambos. 4La enfermedad y la separación no son de Dios, pero el Reino sí. 5Si enturbias el Reino estarás percibiendo lo que no es de Dios.

La enseñanza nos describe el acto de curar como un tipo de pensamiento en este mundo que se asemeja al Pensamiento de Dios. Desde este punto de vista, la curación es el efecto de alcanzar la percepción correcta, es decir, la visión de la unidad.

2. Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de tu her­mano y la tuya compartiendo con él el Espíritu Santo. 2Esto os sitúa a ambos dentro del Reino y reinstaura la plenitud del mismo en vuestras mentes. 3Es también un reflejo de la creación porque unifica al aumentar e integra al extender. 4Lo que proyec­tas o extiendes es real para ti. 5Esta es una ley inmutable de la mente, tanto en este mundo como en el Reino. 6El contenido, sin embargo, es diferente en este mundo porque los pensamientos que dicha ley gobierna aquí son muy diferentes de los Pensa­mientos del Reino. 7Las leyes deben adaptarse a las circunstan­cias si es que han de mantener el orden. 8La característica más sobresaliente de las leyes de la mente, tal como operan en este mundo, es que al obedecerlas -y yo te aseguro que tienes que obedecerlas- puedes obtener resultados diametralmente opues­tos. 9Esto se debe a que dichas leyes han sido adaptadas a las circunstancias de este mundo, en el que parece posible obtener resultados diametralmente opuestos porque puedes responder a dos voces que se oponen entre sí.

Percibir a nuestro hermano desde la creencia en la separación es compartir con él la enfermedad. La verdadera curación requiere que tanto el sanador como el enfermo se encuentren en la misma sintonía mental, esta es, compartir la misma creencia en la unidad.

3. La ley que prevalece dentro del Reino se adapta fuera de él a la premisa: "Crees en lo que proyectas". 2Ésa es la manera en que enseña porque fuera del Reino es esencial aprender. 3Dicha manera de enseñar implica que aprenderás lo que eres de lo que has proyectado sobre los demás, y de lo que, por lo tanto, crees que ellos son. 4En el Reino ni se enseña ni se aprende porque en él no hay creencias. 5Tan sólo hay certeza. 6Dios y Sus Hijos, en la certeza de ser, saben que eres lo que extiendes. 7Esa expresión de la ley no se puede adaptar a nada porque es la ley de la creación. 8Dios Mismo creó la ley al crear mediante ella, 9y Sus Hijos, que crean de la misma manera que Él, la acatan de buen grado sabiendo que la expansión del Reino depende de ella, tal como de ella dependió su propia creación.

Cuando el Curso habla de curación, el mensaje va dirigido a las mentes que creen en el mundo de la percepción. La enfermedad no es posible en el Mundo de Dios, pues ese Mundo goza de la Plenitud y de la Dicha del Amor y de la Unidad. Es en el mundo de la percepción donde es necesario corregir la visión de la separación por la visión de la Unidad.

4. Para que las leyes puedan ser útiles tienen que comunicarse. 2En efecto, tienen que ser traducidas para aquellos que hablan distintos idiomas. 3Un buen traductor, no obstante, si bien tiene que alterar la forma de lo que traduce, jamás altera el significado. 4De hecho, su único propósito es cambiar la forma de modo que la traducción conserve el significado original. 5El Espíritu Santo es el traductor de las leyes de Dios para aquellos que no las entienden. 6Tú no podrías hacer eso por tu cuenta porque una mente en con­flicto no puede serle fiel a un solo significado, y, por lo tanto, altera el significado para conservar la forma.

Al ego, la Leyes de Dios basadas en el Amor, les produce miedo, pues aplicarlas significaría el final de su ilusoria existencia. El Espíritu Santo tiene la capacidad de traducir y adaptar las Leyes del Reino y hacerla comprensibles a las limitaciones de la mente perceptiva. 

5. El propósito del Espíritu Santo al traducir es exactamente el opuesto. 2Traduce únicamente para conservar -en todos los idio­mas y desde cualquier punto de vista- el significado original. 3Por consiguiente, se opone a la idea de que las diferencias en lo relativo a la forma sean significativas, subrayando siempre que esas diferencias no importan. 4El significado de su mensaje es siem­pre el mismo: lo único que importa es el significado. 5La ley de Dios que rige a la creación no entraña el uso de la verdad para convencer a Sus Hijos de la verdad. 6La extensión de la verdad que es la ley del Reino radica únicamente en el conocimiento de lo que es la verdad. 7Ésta es tu herencia y no tiene que aprenderse en absoluto, pero cuando te desheredaste a ti mismo te conver­tiste por necesidad en un alumno.

El significado del mensaje del Espíritu Santo no puede hablar a favor de la separación y del miedo. Su mensaje, independientemente del idioma en el que sea expresado, debe hablar del Amor y de la Unidad. Su mensaje es universal y eterno.

6. Nadie pone en duda la relación que existe entre el aprendizaje y la memoria. 2Es imposible aprender sin memoria, ya que lo que se aprende tiene que ser consistente para que sé pueda recordar. 3Por eso es por lo que la enseñanza del Espíritu Santo es una lección que enseña a recordar. 4Dije anteriormente que el Espíritu Santo enseña a recordar y a olvidar, pero olvidar sirve única­mente para que recuerdes de manera más consistente. 5Olvidas para poder recordar mejor. 6No entenderás Sus traducciones mientras sigas escuchando dos maneras de interpretarlas. 7Tienes por lo tanto, que olvidar o renunciar a una para poder enten­der la otra. 8Ésta es la única manera en que puedes aprender lo que es la consistencia, para que finalmente tú mismo puedas ser consistente.

Se trata de desaprender lo aprendido bajo las leyes del error, para volver a aprender lo correcto.

7. ¿Qué significado puede tener la perfecta consistencia del Reino para los que están confundidos? 2Es evidente que la confusión del alumno interfiere en su entendimiento de tal significado, y, por lo tanto, le impide apreciarlo. 3En el Reino no hay confusión porque sólo hay un significado. 4Este significado procede de Dios y es Dios. 5Puesto que es también lo que tú eres, es algo que compartes y extiendes tal como tu Creador lo hiciera. 6Esto no tiene que ser traducido porque se entiende perfectamente, pero sí necesita extensión porque significa extensión. 7La comunicación es perfectamente directa y está perfectamente unificada. 8Es com­pletamente libre porque nada discordante puede jamás infiltrarse en ella. 9Por eso es por lo que es el Reino de Dios. 10Le pertenece a Él y es, por lo tanto, como Él. 11Ésa es su realidad, y no hay nada que pueda afectarla.

Recordemos en este punto la enseñanza de la tercera lección del Espíritu Santo: "Mantente alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino". La confusión es el resultado de servir a dos señores a la vez. Debemos estar alerta en favor de Dios y de Su Reino, tan sólo así, lograremos entender las Leyes de Dios.