2. Estos ejercicios deben hacerse con los ojos abiertos. 2Mira a tu alrededor, está vez muy lentamente. 3Trata de seguir un ritmo tal, que el lento pasar de tu mirada de una cosa a otra sea a intervalos de tiempo bastante similares. 4No permitas que el lapso de tiempo empleado para pasar de una cosa a otra sea ostensiblemente más corto o más largo; trata, en cambio, de mantener un compás medido y parejo a lo largo de todo el ejercicio. 5Lo que veas no importa. 6Te enseñas esto a medida que le prestas la misma atención y le dedicas el mismo tiempo a cualquier cosa sobre la que tu mirada se pose. 7Éste es uno de los pasos iniciales en el proceso de aprender a conferirles a todas las cosas el mismo valor.Si nuestros ojos contemplaran la verdad, reconoceríamos que la capacidad de ver y percibir tiene su origen en la mente, y que esta mente, en su estado natural, sólo serviría al Amor, a la Unidad y a la Voluntad de Dios.
Al ver desde la verdad, dejaríamos de juzgar y condenar, cesaríamos de atacar, de sufrir y de enfermar, porque donde hay Amor y Unidad, no hay espacio para el miedo ni para la separación.
Sin embargo, en nuestro estado actual, nuestros ojos no ven la verdad porque nuestra mente está al servicio del ego, el principio de la separación. Esta identificación con el ego nos aleja de la Paz y la Felicidad, que son nuestra condición natural, y nos mantiene en un estado de constante insatisfacción, resultado de juzgar y dar significado a las proyecciones de una mente errada.
Buscamos la verdad, pero lo hacemos con los ojos de la ilusión. Anhelamos la felicidad y la paz, pero lo hacemos desde una actitud defensiva y combativa. Buscamos el amor y la armonía, pero lo hacemos desde la separación, levantando barreras y defendiendo intereses particulares.
¿Qué podemos hacer para dejar de estar insatisfechos? Como enseña Jesús en UCDM, debemos volvernos como niños: adoptar una actitud abierta, dispuesta a aprender, inocente y libre de prejuicios. Se trata de desaprender lo aprendido y estar dispuestos a ver todo de una manera nueva.
Las “verdades” que hasta ahora nos han guiado deben ser reemplazadas por una nueva visión. Esa “buena nueva” no proviene de los razonamientos del ego, sino de la guía del Espíritu Santo, el Mensajero del Padre, que ilumina nuestra mente y nos inspira la Verdad del Cielo. Somos Uno con toda la Creación.
Para la mente del ego, acostumbrada a fundamentar sus creencias en la percepción, un mundo sin significado resulta incomprensible y genera vacío, miedo y sensación de pérdida de identidad.
Podemos caer en el error de pensar que, al no dar significado al mundo que percibimos, carecemos de valores. Esos valores duales —esto es bueno, esto es malo— nos han dado una falsa seguridad. Pero esa dualidad se desvanece cuando reconocemos que carece de significado real.
Cuando logramos acallar la voz del ego, que insiste en que todo debe tener un significado, experimentamos una paz interior profunda. En ese silencio, escuchamos la Voz de nuestro Creador, que nos recuerda nuestra verdadera esencia: el Amor.
Propósito y sentido de la lección:
Instrucciones prácticas:
- Practica la lección varias veces al día, en sesiones breves.
- Aplica la idea a cualquier cosa que te cause disgusto, incomodidad o malestar.
- Repite mentalmente:"Estoy disgustado porque veo un mundo que no tiene significado."
- No analices ni justifiques tu disgusto; simplemente observa la relación entre tu percepción y tu estado emocional.
- Si te resulta difícil, observa la resistencia sin juzgarte y sigue practicando.
Aspectos psicológicos y espirituales:
Esta lección te ayuda a soltar el hábito de buscar causas externas para tu malestar y te invita a mirar hacia dentro, donde reside la verdadera causa: la interpretación que haces desde la mente errada. Espiritualmente, es un paso hacia el reconocimiento de tu responsabilidad sobre la percepción y la posibilidad de elegir ver de otra manera, abriéndote a la visión de la mente recta, que reconoce la inocencia y la paz.
Relación con el resto del Curso:
La lección 12 se conecta con el principio fundamental de UCDM: "Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe." Es parte del proceso de deshacimiento de las creencias del ego y la preparación para aceptar la verdadera visión. Forma parte de las primeras lecciones que buscan vaciar la mente de significados falsos para que pueda ser llenada con la verdad.
Consejos para la práctica:
- Sé paciente contigo mismo si olvidas practicar o si te resulta difícil aceptar la idea.
- No te esfuerces en entenderlo todo de inmediato; el proceso es gradual.
- Si te descubres justificando tu disgusto, simplemente vuelve a la frase de la lección.
- Recuerda que no se trata de negar tus emociones, sino de observarlas desde una nueva perspectiva.
- Permítete experimentar la práctica como un experimento mental, sin presión.
Conclusión final:
La lección 12 es una invitación a soltar la interpretación automática del ego y a abrirte a una nueva manera de ver. Reconocer que el disgusto proviene de ver un mundo sin significado es el primer paso para permitir que el verdadero significado, el que proviene del Espíritu, pueda revelarse en tu experiencia. Confía en el proceso y continúa avanzando con amabilidad y perseverancia.
Cuando percibimos que nuestro cuerpo está enfermo, en realidad estamos manifestando nuestro disgusto al dar realidad a lo que creemos ver: un cuerpo que sufre y que nos transmite sensaciones, emociones y dolor. En ese instante, nuestra mente se halla completamente identificada con el cuerpo y sus síntomas, y es precisamente esa identificación la que nos lleva a experimentar un profundo malestar.
Del mismo modo, podemos sentirnos disgustados al juzgar que el estado de nuestro cuerpo es consecuencia de nuestra culpa, pensando que no hemos sabido controlar nuestros impulsos, nuestros hábitos poco saludables o que no hemos seguido los consejos de quienes nos rodean. La culpa despierta en nosotros una lucha interna que nos priva de la paz y la alegría necesarias para afrontar la situación. Incluso podemos llegar a extremos de autocastigo, agravando aún más el sufrimiento corporal, pues la mente, al identificarse con la debilidad del cuerpo, refuerza la creencia de que “la carne es débil”.
Podemos continuar generando otras explicaciones que surgen como argumentos en nuestra mente y que se suman a las ya mencionadas. Por ejemplo, podemos sostener la creencia de que nuestro cuerpo está enfermo debido a causas hereditarias o congénitas. Así, dirigimos nuestra atención hacia nuestros familiares, a quienes situamos en el centro de nuestras proyecciones, descargando sobre ellos nuestros miedos y disgustos.
En todas estas situaciones, estamos permitiendo que la mente se esfuerce en encontrar significado a lo que nos ocurre.
¿Debe haber alguna razón? Sí, existe una causa, pero no debemos buscarla en el cuerpo, que no puede crear nada por sí mismo. La creencia de que el cuerpo puede ser la causa —un error fundamental, como enseña UCDM— es lo que da lugar a todos los síntomas físicos (T-2.IV.2:6). Debemos redirigir nuestra atención hacia la mente y comprender que los pensamientos que proyecta están dando lugar a una situación ilusoria. El estado de enfermedad que percibimos se origina en el nivel mental, cuando creemos en la separación.
En el tema que hemos elegido como ejemplo, relacionado con la lección que estamos explorando, es importante considerar un matiz sutil que a menudo pasamos por alto. Me refiero a la creencia de que toda enfermedad física encierra un significado espiritual, es decir, que contiene un mensaje destinado a corregir patrones de comportamiento, pensamientos o emociones.
Debemos recordar que, hasta hace poco, ni siquiera éramos conscientes de que el mundo que percibimos es un sueño. Hemos avanzado hasta el punto de comprender, al menos teóricamente, que somos los soñadores de ese sueño y que tenemos la capacidad de elegir soñar sueños felices. Nuestra verdadera meta es liberarnos de la ilusión de ese estado onírico y avanzar hacia el despertar.
En este trayecto, podemos reconocer que los métodos terapéuticos que parten de la idea de que toda enfermedad física tiene un “para qué” —una lección adjunta para nuestra alma— son, en realidad, sueños felices que elegimos proyectar dentro del mundo ilusorio que estamos soñando. Sin embargo, sabemos que esto no es el final del camino, sino solo una etapa más. Lo comprendemos porque aún podemos elegir sueños más felices en la medida en que dejamos de dar significado a los efectos y dirigimos nuestra atención únicamente a la causa: la mente que elige entre el miedo y el amor.
Reflexión: ¿Eres capaz de mirar las cosas como si fuesen la primera vez que las ves? ¿Cómo te sientes?


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