jueves, 27 de febrero de 2025

Capítulo 18. IX. Los dos mundos (1ª parte).

 IX. Los dos mundos (1ª parte).

1.   Se te ha dicho que lleves la oscuridad a la luz, y la culpabili­dad a la santidad. 2Se te ha dicho también que el error tiene que ser corregido allí donde se originó. 3Lo que el Espíritu Santo necesita, por lo tanto, es esa diminuta parte de ti, el insignificante pensamiento que parece estar separado y desconectado. 4El resto está completamente al cuidado de Dios y no necesita guía. 5Pero ese pensamiento descabellado e ilusorio necesita ayuda porque, en su demencia, cree que él es el Hijo de Dios, completo en sí mismo y omnipotente, único gobernante del reino que estableció aparte para forzarlo, mediante la locura, a la obediencia y a la esclavitud. 6Ésa es la pequeña parte que crees haberle robado al Cielo. 7¡Devuélvesela! 8El Cielo no la ha perdido, pero tú has per­dido de vista al Cielo. 9Deja que el Espíritu Santo la saque del desolado reino donde tú la confinaste, rodeada de tinieblas, pro­tegida por el ataque y reforzada por el odio. 10Dentro de sus barricadas todavía se encuentra un diminuto segmento del Hijo de Dios, completo y santo, sereno y ajeno a lo que tú crees que le rodea.

El pensamiento sigue a su fuente. La fuente de donde emana toda creación es la Voluntad, el Amor y la Inteligencia. Esos tres Principios no están separados, sino que forman la unidad de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo pensamiento creador sigue la estela de esos tres Principios. Esos tres Principios se manifiestan bajo la Ley del Libre Albedrío, pues están más allá de cualquier límite imaginable.

La unidad de la que gozan esos tres Principios establece la dirección correcta para expandir la creación. La Voluntad debe unirse al Amor para crear inteligentemente, es decir, para crear desde la Unidad. Cuando la voluntad no se une al amor, la mente nos muestra una visión distorsionada de la unidad, lo que se traduce en una visión carente de amor y, por lo tanto, una visión ilusoria de la verdad.

La dirección del uso de la voluntad nos lleva, bien a crear la verdad o bien a fabricar la ilusión. La diferencia entre ambas radica en que, mientras la verdad es eterna, la ilusión es temporal, o lo que es lo mismo, es irreal.

Este punto nos invita con su enseñanza a que redirijamos nuestra voluntad y la pongamos al servicio del amor. Con ello estaríamos haciendo la Voluntad de nuestro Padre, es decir, estaríamos creando desde la unidad.

2. No te mantengas separado, pues Aquel que sí lo rodea te ha brindado la unión, y ha llevado tu minúscula ofrenda de oscuri­dad a la luz eterna. 2¿Cómo se logra eso? 3Muy fácilmente, pues está basado en lo que ese mísero reino realmente es. 4El árido desierto, las tinieblas y la falta de vida, sólo se ven a través de los ojos del cuerpo. 5La desolada visión que éstos te ofrecen está dis­torsionada, y los mensajes que te transmiten a ti que la inventaste para poner límites a tu conciencia son insignificantes y limitados, y están tan fragmentados que no tienen sentido.

Identificamos la visión como la capacidad que tienen los ojos físicos para percibir lo externo. Sin embargo, la verdadera visión no se encuentra en la capacidad de nuestros ojos físicos, sino en nuestra mente. Es posible que esta afirmación nos invite a reflexionar sobre esta cuestión. Si lo hacemos y ponemos en práctica su mensaje, no tendremos más remedio que confirmar su certeza.

Observemos cualquier objeto que se encuentre ante nuestros ojos. Elijo un objeto para desarrollar este ejercicio. En estos momentos, estoy frente a la pantalla del ordenador. Lo sé porque mis ojos me lo están mostrando y no he podido confundirlo con otro objeto, como por ejemplo la taza de café que se encuentra justamente a su lado. No tengo dudas, nos diremos, pues sé distinguir lo que mis ojos me están mostrando. Pienso que la pantalla es una pantalla y que la taza es una taza porque me lo muestran mis ojos. Sin embargo, el significado de ambos objetos es identificable porque en mi mente se encuentra la información adquirida en un pasado sobre sus significados. ¿Pero podemos decir que el verdadero significado de esos objetos es el que nosotros pensamos que es?

Si elegimos ver al otro desde nuestra visión corporal, lo que haremos será decidir verlo como nosotros creemos que es, no como en realidad es. Lo juzgamos por su apariencia externa y decidimos proyectar sobre él toda la culpabilidad que atesoramos en nuestro interior y que no estamos dispuestos a aceptar. De este modo, el cuerpo se convierte en la barrera que ponemos entre nosotros y la salvación, la cual tan solo puede ser real cuando decidimos ver a nuestros hermanos desde la unidad.

3. Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente que lo concibió mensajes descabellados. 2esos mensajes dan testimonio de dicho mundo, y lo proclaman real. 3Pues tú enviaste a esos mensajeros para que te trajesen esos mensajes. 4De lo único que dichos mensa­jes te hablan es de cosas externas. 5No hay mensaje que hable de lo que está subyacente, pues el cuerpo no podría hablar de ello. 6Sus ojos no lo pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completa­mente inconscientes de ello y su lengua no puede transmitir sus mensajes. 7Pero Dios puede llevarte hasta allí, si estás dispuesto a seguir al Espíritu Santo a través del aparente terror, confiando en que Él no te abandonará ni te dejará allí. 8Pues Su propósito no es atemorizarte, aunque el tuyo lo sea. 9Te sientes seriamente tentado de abandonar al Espíritu Santo al primer roce con el anillo de temor, pero Él te conducirá sano y salvo a través del temor y más allá de él.

El término "demencia" que utiliza Jesús en este apartado, así como en otros del Curso, puede ser interpretado por muchos de nosotros como inapropiado al pensar que se está realizando un juicio en los términos propios del ego. Si así lo estamos interpretando, deberíamos sopesar que el significado etimológico de dicho término procede del latín dementis, que se traduce en "el que se sale de su mente", o lo que es lo mismo, que no utiliza su mente bajo el Principio de la Inteligencia Divina, la cual expresa la verdad de la unidad.

Por lo tanto, el término demente no es un juicio condenatorio del uso de la mente, sino la comprensión del uso de la voluntad en una dirección errónea que la conduce al encuentro con una realidad imaginada que da lugar a la creencia en la separación.

El pensamiento es demente cuando nos lleva a la creencia en la separación o, lo que es lo mismo, cuando nos lleva a identificarnos con el cuerpo y con la conciencia perceptiva. 

miércoles, 26 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 57

LECCIÓN 57

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (31) No soy víctima del mundo que veo.


2¿Cómo puedo ser la víctima de un mundo que podría quedar completamente des-hecho si así lo eligiese? 3Mis cadenas están sueltas. 4Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. 5La puerta de la prisión está abierta. 6Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar. 7Nada me retiene en este mundo. 8Sólo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisio­nero. 9Quiero renunciar a mis desquiciados deseos y caminar por fin hacia la luz del sol.

2. (32) He inventado el mundo que veo.

2Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. 3Basta con que reconozca esto y quedo libre. 4Me he engañado a mí mismo al creer que era posible aprisionar al Hijo de Dios. 5He estado terriblemente equivocado al creer esto, y ya no lo quiero seguir creyendo. 6El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente. Es tal como Dios lo creó y no lo que yo he querido hacer de él. 8El Hijo de Dios se encuentra donde Dios quiere que esté y no donde yo quise mantenerlo prisionero.

3. (33) Hay otra manera de ver el mundo.

2Dado que el propósito del mundo no es el que yo le he asignado, tiene que haber otra manera de verlo. 3Veo todo al revés y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad. 4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. 5Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. 6Quiero con­templar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.

4. (34) Podría ver paz en lugar de esto.

2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de las reglas que yo inventé para que él obedeciera. 3Comprenderé que es la paz, no la guerra, lo que mora en él. 4percibiré asimismo que la paz mora también en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.

5. (35) Mi mente es parte de la de Dios. 2Soy muy santo.

3A medida que comparto la paz del mundo con mis hermanos empiezo a comprender que esa paz brota de lo más profundo de mí mismo. 4El mundo que contemplo ha quedado iluminado con la luz de mi perdón y refleja dicho perdón de nuevo sobre mí. 5En esta luz empiezo a ver lo que mis ilusiones acerca de mí mismo ocultaban. 6Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente, incluyéndome mí mismo, y su unidad conmigo.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

No soy víctima del mundo que veo.

  • Si no soy víctima del mundo que veo, ¿de dónde proviene la sensación de impotencia?
    Cuando culpo a las circunstancias por mi malestar, ¿estoy olvidando el poder de mi mente?
    ¿Es el mundo el que me afecta o es mi interpretación la que determina mi experiencia?
    Si no soy víctima, ¿qué responsabilidad estoy llamado a asumir?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que, al cambiar mi manera de ver, cambia también el mundo que creo experimentar?

He inventado el mundo que veo.
  • Si he inventado el mundo que veo, ¿qué parte de él es realmente independiente de mi mente?
    Cuando algo me hiere, ¿estoy reaccionando a un hecho o a una interpretación que yo mismo construí?
    ¿Es posible que el mundo que experimento sea una proyección de mis creencias más profundas?
    Si yo lo he inventado, ¿puedo elegir verlo de otra manera?
    ¿Estoy dispuesto a aceptar que la mente crea significado y que, al cambiar mis pensamientos, también cambia el mundo que creo estar viendo?
Hay otra manera de ver el mundo.
  • Si hay otra manera de ver el mundo, ¿por qué sigo aferrado a la que me produce conflicto?
    Cuando algo me perturba, ¿estoy dispuesto a considerar que existe una interpretación distinta?
    ¿Y si el problema no está en lo que ocurre, sino en cómo lo estoy viendo?
    Si hay otra forma de mirar, ¿qué necesito soltar para descubrirla?
    ¿Estoy preparado para aceptar que cambiar mi percepción no transforma el mundo externo, pero sí transforma por completo mi experiencia de él?
Podría ver paz en lugar de esto.
  • Si podría ver paz en lugar de esto, ¿qué estoy eligiendo ver ahora?
    Cuando surge el conflicto, ¿estoy reaccionando automáticamente o recordando que tengo otra opción?
    ¿Es la situación la que determina mi estado o es mi interpretación?
    Si la paz está disponible, ¿por qué me aferro a la inquietud?
    ¿Estoy dispuesto a detenerme un instante y permitirme contemplar esta misma escena desde una mente que no busca ataque, sino comprensión?
Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo. 
  • Si mi mente es parte de la de Dios, ¿cómo podría ser realmente pequeña o limitada?
    Cuando me juzgo con dureza, ¿estoy olvidando mi verdadera Fuente?
    Si soy muy santo, ¿por qué me identifico tan fácilmente con el error y la culpa?
    ¿Puede la santidad perderse, o solo puede ser olvidada?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que mi verdadera identidad no es el cuerpo ni el pasado, sino una mente unida a Dios, íntegra e invulnerable?


Sentido general de la Lección:

La Lección 57 enseña que: La percepción cambia cuando cambia la identidad desde la que percibo.

Si me creo víctima, veré ataque. Si recuerdo mi origen, veré alternativas.

Este repaso marca el paso de: “algo me pasa” “yo elijo cómo verlo”.

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la identificación con la impotencia.

El ego se defiende diciendo:

  • “No es culpa mía”
  • “No tengo opción”
  • “La vida me pasa”

El Curso responde: No eres culpable, pero sí eres responsable. Y eso te libera. 

Análisis de las ideas repasadas:

No soy víctima del mundo que veo (Lección 31)

Psicológicamente

  • Rompe el patrón de indefensión aprendida.
  • Devuelve movilidad a la mente.

Espiritualmente

  • Niega la causalidad externa.
  • Restituye el poder a la mente.

Clave: No ser víctima es recuperar la elección.

He inventado el mundo que veo (Lección 32)

Psicológicamente

  • Desmonta la rigidez perceptiva.
  • Introduce plasticidad cognitiva.

Espiritualmente

  • El mundo no es creación, es fabricación.
  • Lo fabricado no es eterno.

Clave: Lo inventado puede corregirse. 

Hay otra manera de ver el mundo (Lección 33)

Psicológicamente

  • Introduce esperanza realista.
  • Rompe el pensamiento único.

Espiritualmente

  • Abre la puerta a la visión del Espíritu Santo.
  • La alternativa siempre está disponible.

Clave: La verdad no compite, espera.

Podría ver paz en lugar de esto (Lección 34)

Psicológicamente

  • Desactiva la reactividad emocional.
  • Ofrece elección sin presión.

Espiritualmente

  • La paz es un estado mental.
  • No depende de condiciones externas.

Clave: La paz siempre es una opción presente.

Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo (Lección 35)

Psicológicamente

  • Sana la autoimagen fragmentada.
  • Devuelve dignidad ontológica.

Espiritualmente

  • Afirma la unidad con la Fuente.
  • La santidad es compartida, no individual.

Clave: Ver correctamente nace del recuerdo de lo que soy.

Sentido psicológico global del repaso:

Este repaso:

  • disuelve la identidad de víctima,
  • devuelve poder sin culpa,
  • restablece la capacidad de elección consciente.

La mente deja de reaccionar y empieza a responder.

Sentido espiritual global del repaso:

Espiritualmente, la Lección 57 afirma:

No soy un yo separado intentando sobrevivir, sino una mente santa aprendiendo a recordar.

La visión cambia cuando la mente recuerda su Fuente.

Instrucciones prácticas:

Durante el día:

  • notar cuándo te sientes víctima,
  • recordar que el mundo es interpretación,
  • repetir suavemente: “Podría ver paz en lugar de esto”.

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No puedo hacer nada”
  • “Esto me supera”
  • “La vida es injusta”

 Advertencias importantes:

No usar estas ideas para negar el dolor.
No convertir la responsabilidad en culpa.
Usarlas para recuperar elección.
Usarlas para permitir otra visión.

 Relación con el proceso del Curso:

  • Lección 54 → Ver es elegir
  • Lección 55 → No sé elegir sin guía
  • Lección 56 → El ataque me ciega
  • Lección 57 → No soy víctima; soy mente santa

Aquí el Curso consolida el cambio de identidad.

Conclusión final:

La Lección 57 enseña una verdad profundamente liberadora:

No soy víctima de un mundo externo, soy una mente santa aprendiendo a ver.

Cuando dejo de definirme por lo que me pasa, la paz se vuelve una opción real.

Frase inspiradora final

“Cuando recuerdo que no soy víctima, descubro que siempre pude elegir la paz.”

Capítulo 18. VIII. El pequeño jardín (4ª parte).

VIII. El pequeño jardín (4ª parte).

10Sal a su encuentro, pues traen a tu Ser consigo. 2condúcelos dulcemente a tu plácido jardín, y recibe allí su bendición. 3De este modo, tu jardín crecerá y se extenderá a través del desierto, y no dejará afuera ni un solo mísero reino excluido del amor, dejándote a ti adentro. 4Y tú te reconocerás a ti mismo, y verás tu pequeño jardín transformarse dulcemente en el Reino de los Cielos con todo el amor de su Creador resplandeciendo sobre él.

Cuando miremos al exterior, no percibamos al otro separado de nosotros, diferente a nosotros; no lo juzguemos como a un adversario que pretende apoderarse de aquello que poseemos. Por encima de todo, verlo de otra manera, sin juicios, y pídele al Espíritu Santo que te muestre su verdadero significado, su verdadero propósito, su verdadera identidad. Piensa que no puede ser distinto a ti. No te dejes confundir por las diferencias de su ropaje físico cuando lo ves como un cuerpo. Que tu mirada perciba los rayos de luz que une tu mente a la suya. Comprobarás que esa luz se une asimismo a la Fuente Creadora de la cual procedemos. Dale la bienvenida desde tu corazón y el amor que emana de este hará el resto.

11. El instante santo es la invitación que le haces al amor para que entre en tu desolado y pesaroso reino y lo transforme en un jar­dín de paz y de bienvenida. 2La respuesta del amor no se hace esperar. 3Llegará porque tú viniste sin el cuerpo y no interpusiste barrera alguna que pudiese obstaculizar su feliz llegada. 4En el instante santo, le pides al amor únicamente lo que él ofrece a todos, ni más ni menos. 5al pedirlo todo, recibirás todo. 6tu radiante Ser elevará el ínfimo aspecto que trataste de ocultar del Cielo, directamente hasta éste. 7Ninguna parte del amor puede invocar al todo en vano. 8Ningún Hijo de Dios se encuentra excluido de Su Paternidad.

El feliz y glorioso encuentro que se produce en el instante santo es una expresión de júbilo en el que el amor triunfa sobre el miedo; donde la unidad transforma la creencia en la separación; donde la relación especial se libera de la culpa y se consolida en una relación santa; donde lo real sustituye a lo ilusorio; donde lo eterno trasciende lo temporal y donde todas las lenguas se unifican en una sola.

12. Puedes estar seguro de esto: el amor ha entrado a formar parte de tu relación especial, y ha entrado de lleno en respuesta a tu vacilante solicitud. 2Tú no te das cuenta de que ha llegado porque aún no has levantado todas las barreras que construiste contra tu hermano. 3Y ninguno de vosotros será capaz de darle la bienve­nida al amor por separado. 4Es tan imposible que tú puedas conocer a Dios solo como que Él pueda conocerte a ti sin tu her­mano. 5Mas juntos no podríais dejar de ser conscientes del amor, del mismo modo en que el amor no podría no conoceros ni dejar de reconocerse a sí mismo en vosotros.

Toda relación especial tendrá un final feliz, pues el amor siempre vence al miedo y a la culpa. Ese final dará lugar a la relación santa en la cual se recuerda el pacto de amor que la humanidad selló en el Cielo en nombre de la Unidad. 

Como bien recoge este punto, el amor es cosa de dos, entendiendo con ello que el amor no se alcanza por separado. Igualmente, la ausencia de amor hará imposible que podamos conocer por nuestra cuenta la naturaleza de Dios, tan imposible como que Él pueda conocerte a ti sin tu hermano.

13.  Has llegado al final de una jornada ancestral, y aún no te has dado cuenta de que ya concluyó. 2Todavía estás exhausto, y el polvo del desierto aún parece empañar tus ojos y cegarte. 3Pero Aquel a Quien has dado la bienvenida ha venido a ti y quiere darte la bienvenida. 4Ha estado esperando mucho tiempo para hacer eso. 5Recíbela de Él ahora, pues Su Voluntad es que lo conozcas. 6Sólo un pequeño muro de polvo se interpone todavía entre tu hermano y tú. 7Sóplalo ligeramente con gran alborozo y verás cómo desaparece. 8Y entrad en el jardín que el amor ha preparado para vosotros dos. 

Tengo la sensación de que he llegado al final de una larga jornada, en la que he permanecido perdido, desorientado, buscando metas inalcanzables, no porque no tuviese fuerzas para ello, sino porque no eran reales. Me siento muy cansado, agotado y deshecho. El miedo consume la energía y juzgar consume la luz del pensamiento. He olvidado mi procedencia y he viajado por todos los confines de la tierra buscando mi origen, mi identidad, mi verdadero hogar.

Toda jornada tiene su final y todo sueño su despertar. Hoy lo sé, porque tengo la certeza de que he llegado al final del camino. Hoy sé que el camino soy yo mismo y que la verdad que buscaba se encuentra en mi interior. 

Hoy me enfrento al juicio final, porque sé que será el final de los juicios. Hoy descubro que no hay nada ni nadie a quien culpar, pues no hay pecado que purgar, ni condenar.

Hoy me libero del miedo, pues al mirar fuera de mí me reconozco en la mente de mi hermano y juntos hemos recordado el pacto de amor que nos une a la Fuente que nos ha creado.

Te doy la bienvenida, hermano, a mi pequeño jardín. En él podremos celebrar nuestra unión en honor a la Unicidad que reina en el Cielo. 

martes, 25 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 56

LECCIÓN 56

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (26) Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.


2¿Cómo puedo saber quién soy cuando creo estar sometido a con­tinuos ataques? 3El dolor, la enfermedad, la pérdida, la vejez y la muerte parecen acecharme. 4Todas mis esperanzas, aspiraciones y planes parecen estar a merced de un mundo que no puedo controlar. 5Sin embargo, la seguridad perfecta y la plena realiza­ción constituyen mi verdadera herencia. 6He tratado de despojarme de mi herencia a cambio del mundo que veo. 7Pero Dios la ha salvaguardado para mí. 8Mis pensamientos reales me enseña­rán lo que es mi herencia.

2. (27) Por encima de todo quiero ver.

2Al reconocer que lo que veo es un reflejo de lo que creo ser, me doy cuenta de que mi mayor necesidad es la visión. 3El mundo que veo da testimonio de cuán temerosa es la naturaleza de la imagen que he forjado de mí mismo. 4Si he de recordar quién soy, es esencial que abandone esta imagen de mí mismo. 5medida que dicha imagen sea reemplazada por la verdad, se me conce­derá la visión. 6con esta visión contemplaré al mundo y a mí mismo con caridad y con amor.

3. (28) Por encima de todo quiero ver de otra manera.

2El mundo que veo mantiene en vigor la temerosa imagen que he forjado de mí mismo y garantiza su continuidad. 3Mientras siga viendo el mundo tal como lo veo ahora, la verdad no podrá albo­rear en mi conciencia. 4Dejaré que la puerta que se encuentra detrás de este mundo se abra, para así poder mirar más allá de él al mundo que refleja el Amor de Dios.

4. (29) Dios está en todo lo que veo.

2Tras cada imagen que he forjado, la verdad permanece inmuta­ble. 3Tras cada velo que he corrido sobre la faz del amor, su luz sigue brillando sin menoscabo. 4Más allá de todos mis descabe­llados deseos se encuentra mi voluntad, unida a la Voluntad de mi Padre. 5Dios sigue estando en todas partes y en todas las cosas eternamente. 6Y nosotros, que somos parte de Él, habremos de ver más allá de las apariencias y reconocer la verdad que yace tras todas ellas.

5. (30) Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.

2En mi propia mente, aunque oculto por mis desquiciados pensa­mientos de separación y ataque, yace el conocimiento de que todo es uno eternamente. 3Yo no he perdido el conocimiento de Quién soy por el hecho de haberlo olvidado. 4Ha sido salvaguardado para mí en la Mente de Dios, Quien no ha abandonado Sus Pensa­mientos. 5Y yo, que me cuento entre ellos, soy uno con ellos y uno con Él.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.


Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.
Si mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad, ¿a quién estoy dañando realmente cuando juzgo?
Por encima de todo quiero ver.
  • Si por encima de todo quiero ver, ¿estoy dispuesto a renunciar a tener razón?
  • Cuando surge el conflicto, ¿mi prioridad es defender mi postura o comprender con claridad?
  • ¿Quiero realmente ver la verdad, aunque desmonte mis creencias habituales?
  • Si ver implica abandonar el juicio, ¿estoy preparado para soltarlo?
  • ¿Puedo elegir que la paz sea más importante que el orgullo, y que la visión sea más valiosa que la confirmación de mis viejas interpretaciones?
Por encima de todo, quiero ver de otra manera.
Si por encima de todo quiero ver de otra manera, ¿qué estoy dispuesto a dejar atrás?
Dios está en todo lo que veo.
Si Dios está en todo lo que veo, ¿qué estoy realmente percibiendo cuando juzgo?
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.
Si Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente, ¿desde dónde estoy realmente mirando?
Sentido general de la lección:

La Lección 56 enseña que:  El ataque es una estrategia fallida de protección, y la visión es una elección prioritaria.

Aquí el Curso muestra con claridad que: el ego ataca para sentirse seguro,pero el ataque prueba exactamente lo contrario.

Y al mismo tiempo introduce una verdad radical: si quiero ver, debo dejar de atacar.

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es invertir el concepto de seguridad.

El ego cree:
  • “Atacar me protege”
  • “Defenderme me fortalece”
  • “Ver a Dios es peligroso”
El Curso responde: La vulnerabilidad nace del ataque, no de la apertura.

Análisis de las ideas repasadas:

Mis pensamientos de ataque atacan mi vulnerabilidad (Lección 26)

Psicológicamente:
  • El ataque refuerza la identidad de víctima.
  • Mantiene al sistema nervioso en alerta constante.
Espiritualmente:
  • El ataque niega la invulnerabilidad del Ser.
  • Refuerza la ilusión del cuerpo como identidad.
Clave: Atacar es enseñar que soy frágil.

Por encima de todo quiero ver (Lección 27)

Psicológicamente:
  • Reordena prioridades internas.
  • Introduce coherencia mental.
Espiritualmente:
  • Ver se convierte en función.
  • La mente se alinea con la verdad.
Clave: Ver es más importante que ganar.

Por encima de todo quiero ver las cosas de otra manera (Lección 28).

Psicológicamente:
  • Rompe la fijación perceptiva.
  • Abre la posibilidad de reinterpretación.
Espiritualmente:
  • Permite el milagro.
  • La visión no se fabrica, se recibe.
Clave: Querer ver distinto es suficiente.

Dios está en todo lo que veo (Lección 29).

Psicológicamente:
  • Reduce la fragmentación perceptiva.
  • Disuelve la percepción de amenaza.
Espiritualmente:
  • Introduce la visión unificada.
  • El mundo deja de ser enemigo.
Clave: Donde no excluyo, Dios puede ser recordado.

Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente (Lección 30).

Psicológicamente:
  • Devuelve la causa a la mente.
  • Elimina la proyección como origen.
Espiritualmente:
  • Afirma la Presencia interna.
  • La visión se convierte en extensión.
Clave: Veo desde Dios porque pienso con Dios.

Sentido psicológico global del repaso:

Este repaso:
  • Desmantela la idea de ataque como defensa.
  • Reordena prioridades internas.
  • Devuelve coherencia y calma a la percepción.
La mente deja de reaccionar y empieza a alinearse.

Sentido espiritual global del repaso:

Espiritualmente, la Lección 56 afirma:

La visión verdadera surge cuando el ataque cesa y la mente recuerda su Fuente.

Aquí Dios ya no es una meta futura, sino una Presencia reconocida.

Instrucciones prácticas:

Durante el día:
  • Observar cuándo atacas para sentirte seguro.
  • Recordar que atacar debilita.
  • Repetir internamente: “Por encima de todo quiero ver”.
Especialmente útil cuando aparezcan pensamientos como:
  • “Tengo que defenderme”.
  • “Si no ataco, me dañarán”.
  • “Esto es peligroso”.
Advertencias importantes:
  • No usar estas ideas para negar emociones.
  • No forzar una visión “espiritual”.
  • Usarlas para desactivar el ataque.
  • Usarlas para elegir ver antes que juzgar.
Relación con el proceso del Curso:
  • Lección 54 → Ver es elegir
  • Lección 55 → No sé elegir sin guía
  • Lección 56 → El ataque me ciega; la visión me protege
Aquí el Curso empieza a sustituir el ego por la visión.

Conclusión final:

La Lección 56 enseña una verdad profundamente estabilizadora:

No necesito defenderme para estar a salvo. Necesito dejar de atacar para poder ver.

Cuando la visión se vuelve la prioridad, el miedo pierde su función y el mundo se suaviza.

Frase inspiradora: “Cuando dejo de atacar para protegerme, descubro que la visión siempre me ha cuidado”.