jueves, 15 de enero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 15

LECCIÓN 15

Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.

1. No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes. 2Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves. 3Así es como se forjó tu "manera de ver". 4Ésta es la función que le has atribuido a los ojos del cuerpo. 5Eso no es ver. 6Eso es fabricar imágenes, 7lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones.

2. Esta idea introductoria al proceso de fabricar imágenes que tú llamas ver, seguramente no tendrá mucho significado para ti al principio. 2Comenzarás a entenderla cuando hayas visto pequeños bordes de luz alrededor de los mismos objetos que ahora te resultan familiares. 3Ése es el comienzo de la verdadera visión. 4Puedes estar seguro de que ésta no tardará en llegar una vez que eso haya ocurrido.

3. A medida que avancemos, tal vez experimentes muchos "episodios de luz". 2Éstos pueden manifestarse de muchas maneras distintas, algunas de ellas bastante inesperadas. 3No tengas miedo de ellos. 4Son la señal de que por fin estás abriendo los ojos. 5No seguirán ocurriendo, pues simbolizan meramente la percepción verdadera y no guardan relación alguna con el conocimiento. 6Estos ejercicios no han de revelarte el conocimiento, 7pero allanarán el camino que conduce a él.

4. Al practicar con la idea de hoy, repítela primero para tus adentros, y luego aplícala a cualquier cosa que veas a tu alrededor, usando el nombre del objeto en cuestión y dejando descansar tu mirada sobre él mientras dices:

2Esta(e) _____ es una imagen que yo mismo he fabricado.
3Ese(a) _____ es una imagen que yo mismo he fabricado.

4No es necesario incluir un gran número de objetos específicos al aplicar la idea de hoy. 5Pero sí es necesario que continúes mirando cada objeto mientras repites la idea para tus adentros. 6La idea debe repetirse muy lentamente en cada caso.

5. Si bien es obvio que no podrás aplicar la idea a un gran número de objetos durante el minuto más o menos de práctica que se recomienda, trata de seleccionarlos tan al azar como sea posible. 2Si te empiezas a sentir incómodo, menos de un minuto será suficiente. 3No lleves a cabo más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy a no ser que te sientas completamente a gusto con ella, pero no hagas más de cuatro. 4Puedes, no obstante, aplicar la idea durante el transcurso del día según lo dicte la necesidad.


¿Qué me enseña esta lección?

El pensamiento del ego no tiene capacidad para crear, sino únicamente para fabricar. Crear es extender lo que Dios creó; fabricar es hacer imágenes a partir de una creencia errónea. El ego no crea nada real: produce interpretaciones, conceptos y formas que parecen existir, pero que carecen de causa verdadera.

La mente, tal como fue creada por Dios, permanece en unidad con su Fuente. En ese estado no hay división, jerarquías ni opuestos. La separación surge cuando la mente cree que puede tener una voluntad distinta y, al hacerlo, da lugar a un modo de pensar que imita la creación sin compartir su poder. Así nace el ego: como un intento de sustituir la creación por la fabricación.

En este tránsito, la mente se identifica con una percepción limitada y cree haber perdido el recuerdo del Amor. De esta confusión surge el mundo de los sentidos, no como una extensión de Dios, sino como un sustituto del conocimiento, un intento de encontrar fuera lo que nunca se perdió dentro. El amor humano, tal como se experimenta desde el ego, es un reflejo fragmentado del Amor, condicionado por la necesidad, el miedo y la búsqueda de completarse.

El ser humano, al hacer uso de su capacidad de fabricar, proyecta un mundo de imágenes y luego cree en ellas. Ese mundo parece sólido y real, pero es tan perecedero como los pensamientos que lo originaron. Las imágenes cambian, se deterioran y desaparecen porque no proceden de lo eterno. Nada de lo que se fabrica puede perdurar.

La temporalidad despierta miedo en el ego porque su existencia depende del tiempo. Sabiéndose irreal, intenta protegerse mediante el análisis, la clasificación y la investigación, creyendo que comprender las formas le dará seguridad. Sin embargo, su empeño es vano, pues no se puede dar significado a lo que no lo tiene. Mientras la mente no se vuelva hacia la realidad que la trasciende, continuará empleando enormes esfuerzos en nombrar lo innombrable y explicar lo inexplicable.

Cuando hacemos uso de la visión corporal, percibimos objetos separados y establecemos relaciones basadas en imágenes. A partir de ellas, juzgamos, comparamos y clasificamos lo que vemos como agradable o desagradable. Esta interpretación dual parece ofrecer placer, pero dicho placer es siempre efímero. Al consumirse, deja tras de sí una sensación de carencia que impulsa a buscar nuevas formas de gratificación, sin llegar nunca a la felicidad que la mente realmente anhela.

El Curso nos invita a mirar de otra manera. Al mirar a nuestro hermano, no se nos pide que veamos su apariencia ni sus atributos, sino que reconozcamos en él la extensión del Amor de Dios. Al hacerlo, dejamos de ver separación y nos reconocemos a nosotros mismos, pues compartimos una sola Identidad y una sola Filiación.

Cuando los pensamientos dejan de fabricar ilusiones, la percepción comienza a aquietarse. No se trata de adquirir nuevas capacidades perceptivas ni de ver mundos sutiles, sino de desaprender la interpretación. La visión verdadera no añade nada a lo que se ve; elimina lo que nunca estuvo ahí. Cualquier forma de “ver más” dentro del mundo sigue siendo percepción y, por lo tanto, provisional.

La visión que el Curso promete va más allá de toda forma, energía o imagen. Es el recuerdo silencioso de la Verdad, que surge cuando se abandona todo apego al pensamiento del ego. Entonces, lo que parecía mundo deja de reclamar significado, y la mente descansa en lo que siempre fue: la Paz de Dios.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la lección 15 es que reconozcas que la percepción es una proyección de tus propios pensamientos. UCDM enseña que no vemos el mundo tal como es, sino como lo pensamos. Esta lección te ayuda a tomar conciencia de tu poder creativo y de la responsabilidad sobre tu experiencia. Al reconocer que tus pensamientos fabrican las imágenes que ves, puedes empezar a cuestionar la realidad de esas imágenes y abrirte a una percepción más verdadera y amorosa. El sentido profundo es iniciar el proceso de deshacer la proyección y permitir que la mente se libere de interpretaciones erróneas.

Instrucciones prácticas:

  • Realiza la práctica tres o cuatro veces al día, durante uno o dos minutos cada vez.
  • Mira lentamente a tu alrededor y aplica la idea a cualquier cosa que veas, por ejemplo:
    “Esta silla es una imagen que yo mismo he fabricado con mis pensamientos.”
  • Incluye tanto objetos cercanos como lejanos, y no hagas distinciones entre lo que consideras importante o trivial.
  • Puedes practicar también con los ojos cerrados, aplicando la idea a pensamientos, recuerdos o imágenes mentales.
  • No te preocupes si la idea te parece extraña o poco creíble; simplemente sigue las instrucciones y observa tus reacciones.
  • Si surge resistencia, obsérvala sin juzgar y continúa cuando te sientas listo.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, la lección te ayuda a reconocer el mecanismo de proyección: la tendencia de la mente a ver fuera lo que en realidad está dentro. Esto puede ser liberador, ya que te muestra que tienes el poder de cambiar tu experiencia cambiando tus pensamientos. 

Espiritualmente, la lección apunta a deshacer la ilusión de separación y a recordar que la verdadera visión proviene de la mente unida al amor. Al practicar, puedes empezar a soltar la identificación con las imágenes fabricadas por el ego y abrirte a una percepción más profunda y real.

Relación con el resto del Curso:

La lección 15 es un paso clave en el entrenamiento mental de UCDM, ya que introduce de manera explícita la idea de que la mente fabrica las imágenes que percibe. Se conecta con lecciones anteriores sobre la falta de significado del mundo y prepara el terreno para futuras lecciones sobre la proyección, la percepción y el perdón. Es fundamental para comprender el proceso de deshacimiento del ego y la apertura a la visión verdadera, que es uno de los objetivos centrales del Curso.

Consejos para la práctica:

  • No te preocupes si la idea te resulta extraña o desafiante; es normal al principio.
  • Practica con una actitud abierta y curiosa, sin forzarte a creer nada.
  • Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes, sin culpa.
  • No intentes analizar o entender intelectualmente la lección; céntrate en la experiencia directa.
  • Si surge incomodidad o resistencia, obsérvala con amabilidad y sigue adelante cuando te sientas preparado.
  • Recuerda que la práctica constante es más importante que la perfección.

Conclusión final:

La lección 15 te invita a dar un paso fundamental en el camino del autoconocimiento: reconocer que lo que ves es el resultado de tus propios pensamientos. Esta toma de conciencia es el inicio de la verdadera libertad, ya que te permite elegir de nuevo y abrirte a una percepción más amorosa y real. Confía en el proceso, practica con paciencia y permite que cada ejercicio te acerque a la paz interior y a la visión verdadera.


Ejemplo-guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera".

Esta lección no nos habla del poder de la mente para crear realidades externas, sino de su capacidad para fabricar imágenes y luego reaccionar ante ellas como si fueran reales. Lo que nos desespera no es el comportamiento de nuestro hijo en sí, sino la interpretación que nuestra mente ha hecho de lo que percibe.

Cuando percibimos la conducta de nuestro hijo desde el ego, proyectamos sobre él nuestras expectativas, miedos y juicios. Esa imagen fabricada es la que nos genera frustración, impotencia o enfado. El niño se convierte entonces en la pantalla donde vemos reflejado nuestro propio conflicto interno.

La lección nos invita a reconocer que nuestros pensamientos no son la verdad, sino imágenes que hemos construido. Al aceptar esto, dejamos de reaccionar automáticamente y abrimos un espacio para elegir de nuevo. No se trata de cambiar al niño, sino de permitir que nuestra percepción sea corregida.

Cuando unimos nuestra voluntad a la del Espíritu Santo —es decir, cuando elegimos ver con amor en lugar de miedo— no “creamos” una experiencia nueva, sino que deshacemos la interpretación errónea. Desde esa visión, el comportamiento del hijo deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad para practicar la paciencia, la comprensión y el perdón.

Así, esta lección nos enseña que la paz no depende de que el otro cambie, sino de que dejemos de dar realidad a las imágenes que nuestra mente ha fabricado. Ahí comienza la verdadera liberación. 

Cuando la voluntad no se une al Amor, sino que sigue al deseo individual del ego, la mente no crea, sino que fabrica interpretaciones. Desde ese uso erróneo, proyecta significados aprendidos del pasado y los percibe como si fueran reales. Así se construye la experiencia del mundo: no como un acto creativo, sino como una imagen mental a la que se le ha otorgado valor y realidad.

Esta comprensión nos permite abordar el ejemplo con una perspectiva distinta. Cuando surge el conflicto en la relación con nuestro hijo, dejamos de interpretarlo como fruto del azar, de la mala suerte, de un castigo o de un fallo personal. Reconocemos que lo que estamos experimentando es el resultado de una interpretación previa de la mente.

Ahora estamos en condiciones de mirar de otro modo. Lo que percibimos no es la verdad del hijo, sino el significado que nuestra mente ha elegido darle. Ese significado parece tener un gran peso emocional porque está sostenido por el pasado, pero en sí mismo no tiene significado real. La mente está juzgando a partir de lo que percibe, sin darse cuenta de que esa percepción es una elección condicionada por experiencias anteriores y desvinculada del amor.

Cuando respondemos al conflicto desde esa interpretación, no estamos viendo el presente, sino reviviendo imágenes del pasado. De este modo, se bloquea la única respuesta que puede poner fin a la experiencia de conflicto: el perdón.

Desde la visión espiritual, el pasado deja de influir en nuestros sentimientos porque pierde su autoridad. Entonces, la atención se traslada al presente, donde se nos ofrece una nueva oportunidad de ver. En ese instante, podemos reconocer la inocencia y la impecabilidad de nuestro hijo, no como un ideal, sino como su verdad esencial. Al verlo sin culpa ni condena, reconocemos al mismo tiempo que tampoco la culpa es real en nosotros.

Así, la relación deja de ser un campo de conflicto y se convierte en un espacio de sanación, donde el amor sustituye al juicio y la paz ocupa el lugar que antes tenía el miedo.

Reflexión: ¿Cómo crees que puedes dejar de pensar que piensas?

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