2. Ésta es la primera vez que intentamos establecer cierta estructura. 2No interpretes esto erróneamente como un intento de querer ejercer presión o fuerza. 3Deseas la salvación. 4Deseas ser feliz. 5Deseas la paz. 6No lo has logrado todavía porque tu mente no tiene ninguna disciplina, y no puedes distinguir entre la dicha y el pesar, el placer y el dolor, o el amor y el miedo. 7Ahora estás aprendiendo a diferenciar unos de otros. 8Y grande en verdad será tu recompensa cuando lo logres.¿Qué me enseña esta lección?
Este ejercicio nos lleva a reconocer el verdadero poder con el que Dios nos creó. Somos el Hijo de Dios, creados a Su imagen y semejanza, y compartimos con Él el poder de elegir. En cada instante, la mente decide a qué sistema de pensamiento va a servir: al del ego o al del Espíritu Santo.
Si elijo interpretar la experiencia desde el deseo de individualidad y desde las emociones que refuerzan la separación, no estoy creando, sino fabricando. A partir de esa elección, la mente proyecta un mundo fragmentado, poblado de diferencias, intereses opuestos y cuerpos separados. Esta visión se consolida en un sistema de creencias que parece dar forma a la vida, y los hábitos que surgen de esas creencias parecen conducir a un destino que confirma la percepción inicial. Así, el círculo se cierra y la mente cree haber probado la verdad de su propia ilusión.
Sin embargo, esta percepción no es real. Del mismo modo que los miembros de una familia comparten una misma filiación, el Hijo de Dios es una sola Filiación Santa, indivisible y perfecta. La unidad de la Filiación pone de manifiesto el error fundamental del ego: la creencia en la separación. Nada real puede dividirse, y lo que parece dividido nunca fue real.
Por ello, nuestra elección no es crear una nueva realidad, sino aceptar la Verdad que permanece olvidada bajo el sueño que el ego ha fabricado. La Verdad no necesita ser hecha; sólo necesita ser reconocida. Despertar no es construir algo nuevo, sino deshacer lo que nunca fue.
El Curso nos invita a poner en uso nuestro poder creador de la única manera significativa: extender la visión de la Filiación y de la unidad con Dios. Este poder no se ejerce mediante el pensamiento del ego, sino a través del perdón, que es el medio por el cual la percepción es corregida. El Amor, expresado como perdón, es el camino que nos permite despertar del sueño de separación.
Al aplicar este ejercicio, he elegido el deseo de ver a mis hermanos tal como son en verdad: Hijos de Dios, y no cuerpos definidos por el tiempo, la historia o las limitaciones. Esta elección consciente de ver de otra manera ha abierto la experiencia de instantes santos, en los que la percepción del pasado se suspende y la mente recuerda, aunque sea por un momento, la paz de la unidad.
En esta elección de ver, cualquier comprensión previa que relacione pensamiento y cuerpo puede servir como punto de partida, pero el Curso va más allá: enseña que el cuerpo no es causa, sino efecto de una decisión mental más profunda. Al aceptar esta corrección, la mente aprende a no buscar la verdad en los efectos, sino en la causa, y así se libera de la necesidad de explicar el cuerpo para poder sanar la percepción.
La sanación no procede de una nueva interpretación del cuerpo, sino del reconocimiento de que la mente es la única causa, y que al elegir de nuevo el Amor en lugar del miedo, todo lo demás queda suavemente reordenado.
Propósito y sentido de la lección:
El propósito de la lección 20 es que tomes una decisión consciente y firme de abrirte a una nueva manera de ver, reconociendo que la visión verdadera proviene de la mente y no de los sentidos físicos. UCDM enseña que la percepción está condicionada por los pensamientos y que la visión espiritual requiere un compromiso interno. Esta lección te ayuda a dar el primer paso real hacia la visión, invitándote a dejar atrás la pasividad y a elegir activamente ver con una mente abierta y receptiva.
Instrucciones prácticas:
- Realiza la práctica tres o cuatro veces al día, durante uno o dos minutos cada vez.
- Haz los ejercicios primero con los ojos abiertos, mirando a tu alrededor y repitiendo mentalmente:
“Soy decidido a ver.” - Luego, cierra los ojos y repite la idea aplicándola a cualquier pensamiento que surja.
- No te preocupes si sientes resistencia; simplemente observa la emoción y continúa con la práctica.
- Recuerda que la visión no depende de los ojos, sino de la mente.
Aspectos psicológicos y espirituales:
Psicológicamente, la lección te ayuda a observar la tendencia a la pasividad y a la resignación en la percepción, invitándote a tomar una postura activa y comprometida. Espiritualmente, te anima a abrirte a la visión verdadera, que es un estado mental de receptividad y disposición a ver más allá de las apariencias. Al practicar, puedes empezar a soltar la identificación con la percepción limitada y a experimentar una mayor apertura y claridad interior.
Relación con el resto del Curso:
La lección 20 marca un punto de inflexión en el entrenamiento mental de UCDM, ya que implica el primer compromiso real con la visión. Se conecta con las lecciones anteriores sobre la proyección de pensamientos y la influencia de la percepción, y prepara el terreno para futuras prácticas de perdón y transformación de la visión. Es un paso clave para avanzar hacia la experiencia de la paz y el amor que propone el Curso.
Consejos para la práctica:
- No te preocupes si la idea te resulta desafiante o si surge resistencia; es normal en este proceso.
- Practica con una actitud abierta y honesta, sin forzarte a creer nada.
- Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes, sin culpa.
- No excluyas ningún objeto, pensamiento o situación de la práctica, aunque te parezca irrelevante.
- Recuerda que la constancia y el compromiso son más importantes que la perfección.
Conclusión final:
La lección 20 te invita a tomar una decisión consciente y firme de abrirte a la visión verdadera. Este compromiso es esencial para el proceso de transformación interior que propone UCDM. Al practicar, abres la puerta a una percepción más clara y amorosa, y te acercas a la paz interior. Confía en el proceso, practica con paciencia y permite que cada ejercicio te acerque a la visión verdadera.
Ejemplo-Guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera".
A lo largo de las lecciones anteriores hemos iniciado un auténtico entrenamiento mental. Como sucede en cualquier proceso de aprendizaje, es natural que, al principio, aparezca cierta incomodidad. La mente, habituada durante años a interpretar desde el mismo patrón, reacciona cuando se le invita a hacer algo distinto. No es un signo de retroceso, sino la señal de que se está utilizando de otra manera.
Con el tiempo, ese esfuerzo inicial se suaviza y da paso a una sensación nueva: mayor claridad, más espacio interior y una disposición distinta ante lo que antes parecía conflictivo. La mente empieza a reconocer que otra forma de ver es posible, y eso genera una experiencia de alivio y ligereza.
Muchos abandonan este entrenamiento porque confunden la incomodidad inicial con fracaso. Pero la Lección 20 nos sitúa ante una decisión fundamental: ¿quiero seguir viendo como siempre o estoy verdaderamente decidido a ver de otra manera?
Aquí el Curso deja claro que el conocimiento teórico no es suficiente. Se puede comprender intelectualmente la enseñanza y, sin embargo, continuar viendo desde el pasado. La visión verdadera no surge del saber, sino de la voluntad de ver.
Estar decidido a ver implica estar dispuesto a desaprender, a soltar interpretaciones antiguas y a permanecer atento a los efectos de los propios pensamientos. No para juzgarlos, sino para reconocer que lo que parecía tan real estaba sostenido por una elección previa de la mente.
Aplicado al ejemplo del hijo, este cambio es muy concreto. Ante una conducta que antes generaba desesperación, ahora no reaccionamos de forma automática. Reconocemos que la interpretación que surge procede del pasado y no describe la verdad del momento presente. El presente se convierte así en una oportunidad: la oportunidad de ver de otra manera.
Elegir ver no significa justificar conductas ni negar lo que ocurre, sino negarle al juicio la autoridad para definir la realidad. Desde esta decisión, el hijo deja de ser visto como un problema separado y es reconocido como lo que realmente es: un Ser espiritual, inocente, impecable, más allá de cualquier comportamiento momentáneo.
Esta nueva visión no solo trae paz a quien la elige. Según el Curso, los efectos del pensamiento no son privados. Al retirar el juicio y elegir la verdad, la relación misma se suaviza y se abre a otra experiencia posible.
Eso es el milagro al que apunta la Lección 20: no cambiar al otro, no cambiar la situación, sino cambiar la manera de ver.
Y en ese cambio, la paz se extiende sin esfuerzo.
Reflexión: ¿Con qué intensidad deseas ver la realidad?

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