2. Si la causa del mundo que ves son los pensamientos de ataque, debes aprender que ésos son los pensamientos que no deseas. 2De nada sirve lamentarse del mundo. 3De nada sirve tratar de cambiarlo. 4No se puede cambiar porque no es más que un efecto. 5Pero lo que sí puedes hacer es cambiar tus pensamientos acerca de él. 6En ese caso estarás cambiando la causa. 7El efecto cambiará automáticamente.¿Qué me enseña esta lección?
Para comprender esta lección es necesario clarificar qué significa realmente el concepto de ataque. En Un Curso de Milagros, el ataque no es un acto físico ni una agresión externa, sino una decisión mental. Atacar significa elegir un sistema de pensamiento basado en la separación y atribuirle realidad.
El ego tiene un único objetivo: mantener la creencia en una identidad separada. Para lograrlo, necesita fabricar un mundo que parezca real, sólido y autónomo, en el que esa identidad individual pueda sostenerse. La individualidad, tal como la concibe el ego, se opone a la unicidad, pues sólo puede existir si la mente cree haberse separado de la Unidad.
Desde esta perspectiva, el ataque no es algo que ocurra en el mundo, sino la decisión de creer que el mundo y el yo separado son reales. Esa decisión es el ataque original contra la Filiación, no porque dañe algo real, sino porque intenta sustituir la Verdad por una ilusión.
El Curso no enseña que el mundo material ataque al mundo espiritual, sino que el mundo material es el efecto de un pensamiento de ataque previo. No hay dos mundos en conflicto, sino un solo error de percepción. Lo irreal no puede atacar a lo real, pero puede parecer hacerlo mientras se le atribuya poder.
El mundo se convierte así en el escenario donde el ego aparenta manifestarse, pero todo lo que parece crear no es creación, sino fabricación. Estas fabricaciones no afectan al Espíritu, pero mantienen a la mente atrapada en la creencia de que ha atacado y, por tanto, merece castigo. De este modo, el ataque siempre va acompañado de culpa.
Renunciar al pensamiento de ataque no significa rechazar el mundo ni luchar contra la percepción, sino retirar el valor que le hemos otorgado a la separación. Escapar del mundo que vemos no es huir físicamente, sino dejar de sostener el deseo de ser un yo separado. Cuando la mente elige la unificación en lugar de la individualización, el ataque pierde su propósito.
Cuando nuestros pensamientos juzgan lo que percibimos, no están atacando algo externo, sino reforzando la creencia de que lo percibido es real. El juicio fija la percepción y la carga emocional que la acompaña fortalece el apego. Así, la mente queda atrapada en el estímulo sensorial y se identifica con él, creyendo que su libertad depende de lo que ve.
Este proceso es lo que el Curso denomina ataque: dar realidad a lo que no la tiene y usarlo como sustituto del Amor. En ese sentido, el ataque es siempre un rechazo de la liberación, pues mantiene a la mente ocupada defendiendo ilusiones en lugar de aceptar la paz que ya le pertenece.
La creencia en el ataque lleva inevitablemente a la creencia en la venganza. Si creo que he atacado, creeré que seré atacado. Pero esa “venganza” no procede de fuera; es simplemente el efecto inevitable del sistema de pensamiento que he elegido. El ego interpreta esos efectos como castigo, cuando en realidad son sólo confirmaciones perceptivas de su propia decisión.
Así, la lección 23 nos enseña que puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque, es decir, renunciando a la creencia en la separación. Al hacerlo, no destruyo nada real, sino que dejo de invertir mi fe en lo irreal. Y en esa renuncia, la paz se vuelve inevitable.
Propósito y sentido de la lección:
El propósito de esta lección es que reconozcas que el mundo que ves es el resultado directo de tus pensamientos de ataque, ya sean hacia otros o hacia ti mismo. El sentido profundo es que no eres víctima del mundo, sino su creador a través de tus pensamientos. La lección te muestra que la causa de tu sufrimiento no está fuera, sino en tu mente, y que puedes elegir de nuevo. Espiritualmente, es una invitación a la libertad: puedes escapar del miedo y del dolor renunciando a los pensamientos de ataque y permitiendo que la visión reemplace a la percepción basada en el miedo.Instrucciones prácticas:
- Realiza cinco sesiones de práctica a lo largo del día, de aproximadamente un minuto cada una.
- En cada sesión:
- Mira a tu alrededor y repite mentalmente: “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque.”
- Cierra los ojos y busca en tu mente todos los pensamientos de ataque que puedas identificar, tanto hacia otros como hacia ti mismo.
- Por cada pensamiento, di:
“Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque acerca de _____.” - Mantén presente cada pensamiento mientras repites la frase, luego descártalo y pasa al siguiente.
- Incluye tanto pensamientos de ataque como de ser atacado; ambos son lo mismo.
- Usa la idea a lo largo del día cuando notes pensamientos de ataque o sientas miedo, ira o resentimiento.
Aspectos psicológicos y espirituales:
Psicológicamente, esta lección te ayuda a identificar la raíz de tu malestar: los pensamientos de ataque. Te muestra que lamentarse del mundo o intentar cambiarlo es inútil si no cambias primero tu manera de pensar. El trabajo es interno: al cambiar la causa (tus pensamientos), el efecto (el mundo que ves) cambiará automáticamente. Reconocer que los pensamientos de ataque y los de ser atacado son lo mismo es un paso esencial para salir del victimismo y asumir la responsabilidad de tu experiencia.
Espiritualmente, la lección te invita a soltar la ilusión de que eres una víctima y a recordar tu poder creador. Al renunciar a los pensamientos de ataque, permites que la visión del Espíritu Santo ilumine tu mente y transforme tu percepción. Es un acto de perdón profundo, tanto hacia ti como hacia los demás, y una apertura a la paz y la belleza que ya están presentes, esperando a ser reconocidas.
Relación con el resto del Curso:
Esta lección es un paso clave en el proceso de deshacer el sistema de pensamiento del ego. Continúa la línea de las lecciones anteriores sobre la responsabilidad de la percepción y la posibilidad de elegir de nuevo. Aquí se introduce con claridad la idea de que el mundo es un efecto, no una causa, y que sólo cambiando la causa (tus pensamientos) puedes experimentar un mundo diferente. Es una preparación para el perdón y para la visión verdadera, que son el núcleo de Un Curso de Milagros.
Consejos para la práctica:
- No te juzgues si descubres muchos pensamientos de ataque; obsérvalos con honestidad y amabilidad.
- Incluye pensamientos de ser atacado, no sólo los de atacar; ambos son lo mismo.
- Si te resulta difícil identificar pensamientos de ataque, observa cualquier juicio, crítica, resentimiento o sensación de amenaza.
- Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes.
- Puedes escribir tus observaciones para profundizar en tu autoconocimiento.
- Recuerda que el objetivo no es negar lo que ves, sino reconocer que puedes elegir de nuevo.
Conclusión final:
La Lección 23 te recuerda que no estás atrapado en el mundo que ves, porque su causa (tus pensamientos de ataque) puede ser cambiada. Cada vez que eliges renunciar a un pensamiento de ataque, das un paso hacia la libertad y la paz interior. No se trata de negar la realidad, sino de abrirte a una percepción más amorosa y compasiva. Confía en el proceso, sé amable contigo mismo y recuerda que cada pequeño cambio en tu percepción es un milagro en sí mismo. Elige de nuevo, una y otra vez, y descubrirás que la paz está siempre disponible para ti.
Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo".
Si el comportamiento de nuestro hijo nos desespera y creemos que la solución pasa por que él cambie, es necesario detenernos y revisar de nuevo el contenido de estas lecciones. Desde la perspectiva de Un Curso de Milagros, esta reacción indica que estamos interpretando erróneamente la experiencia, pues estamos intentando corregir un efecto en lugar de atender a su causa.
Lo que estamos experimentando no es el comportamiento de nuestro hijo en sí, sino el efecto de un pensamiento previo en nuestra mente. La corrección no puede realizarse en el nivel de la forma, sino únicamente en el nivel donde el error fue aceptado: la mente. Pretender que el cambio se produzca fuera es mantener la ilusión de que la causa está en el otro.
¿En qué consiste el error? En creer que nuestro hijo es un ser separado de nosotros, con una voluntad independiente que puede atacarnos o amenazarnos. Desde esta creencia, su comportamiento es interpretado como un ataque, y nuestra reacción de desesperación se justifica como defensa. Sin embargo, este sistema de pensamiento es precisamente lo que la lección nos invita a abandonar.
Renunciar a los pensamientos de ataque implica retirar la interpretación de amenaza y permitir que surja una nueva visión desde la mente recta. Este nuevo pensamiento no juzga ni condena, sino que reconoce la inocencia compartida. Al elegir ver a nuestro hijo como lo que es en verdad —un Hijo de Dios, impecable e invulnerable— dejamos de proyectar sobre él nuestras propias creencias de culpa y miedo.
En este proceso no estamos imponiendo una corrección personal, sino uniéndonos a la Voz del Espíritu Santo, que reinterpreta la situación desde la unidad. Al hacerlo, nos convertimos en instrumentos conscientes de la paz, permitiendo que la corrección se produzca en la mente y no en el comportamiento externo.
Renunciar al ataque es renunciar simultáneamente al odio, a la venganza y al miedo, que son las verdaderas causas de la percepción de conflicto. El miedo es siempre el origen del ataque, y mientras permanezca activo en la mente, el mundo seguirá viéndose como una fuente de amenaza, necesidad y sufrimiento.
Cuando la causa es deshecha, la percepción se corrige de manera natural. El comportamiento de nuestro hijo deja entonces de ser un motivo de desesperación, no porque necesariamente cambie de forma inmediata, sino porque ya no es interpretado como un ataque. Al renunciar a los pensamientos de ataque, escapamos del mundo que veíamos y accedemos a una experiencia más pacífica y verdadera.
Así, la lección 23 se aplica de manera muy concreta: no necesitamos cambiar al otro para encontrar la paz, sino cambiar la mente que cree estar siendo atacada. Y en esa elección, la paz se vuelve inevitable.
Reflexión: No se te puede salvar del mundo, pero te puedes escapar de su causa. ¿Cómo?

Muchas gracias Juanjo!
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