5. El Espíritu Santo tiene el poder de transformar todos los cimientos del mundo que ves en algo distinto: en una base que no sea demente, sobre la que se puedan sentar los cimientos de una percepción sana y desde la que se puede percibir otro mundo: 2un mundo en el que nada se opone a lo que conduciría al Hijo de Dios a la cordura y a la felicidad, 3y en el que nada da testimonio de la muerte ni de la crueldad, de la separación o de las diferencias. 4Pues ahí todo se percibe como uno, y nadie tiene que perder para que otro gane.
Este párrafo introduce el giro definitivo hacia la esperanza práctica tras el desmontaje radical de los valores del mundo realizado en las partes anteriores. Después de dejar claro que los cimientos del mundo son dementes porque se basan en el pecado, el Curso afirma que no es necesario destruir el mundo, sino reinterpretar sus cimientos.
Ese “otro mundo” no es un lugar distinto, sino una percepción distinta:
un mundo en el que nada se opone a la cordura ni a la felicidad del Hijo de Dios. En él desaparecen los testigos de la muerte, la crueldad, la separación y las diferencias, porque todas esas ideas proceden del sistema de pensamiento del pecado.
El rasgo distintivo de este nuevo mundo es la unidad sin pérdida:
nadie tiene que perder para que otro gane. Esta afirmación conecta directamente con la idea central de la roca de la salvación: la creencia de que alguien debe perder es la raíz de toda locura. Cuando esa creencia se corrige, la percepción sana se vuelve posible.
Mensaje central del punto:
- El Espíritu Santo puede transformar los cimientos del mundo.
- No se trata de corregir formas, sino la base perceptiva.
- Desde una base no demente surge una percepción sana.
- Ese cambio permite percibir “otro mundo”.
- En ese mundo no hay oposición a la felicidad ni a la cordura.
- No existen testigos de muerte, crueldad, separación o diferencias.
- Nadie pierde para que otro gane.
Claves de comprensión:
- El mundo no se abandona: se reinterpreta.
- La locura reside en los cimientos, no en las apariencias.
- La percepción sana es el resultado natural de una base corregida.
- La unidad excluye la competencia y la pérdida.
- La función del Espíritu Santo es dar significado nuevo a lo que parecía inmutable.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Cuando veas conflicto, recuerda que no estás viendo el mundo, sino sus cimientos.
- Practica entregar al Espíritu Santo la interpretación de lo que percibes.
- Observa cualquier pensamiento de “ganar/perder” como una señal de percepción antigua.
- Permite que la idea de unidad sustituya a la comparación.
- Descansa en no tener que cambiar el mundo, sino la manera de mirarlo.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Desde qué cimientos estoy interpretando lo que veo?
- ¿Qué situaciones sigo viendo como conflictos inevitables?
- ¿Creo todavía que alguien debe perder para que otro gane?
- ¿Estoy dispuesto a permitir otra base perceptiva?
- ¿Cómo sería mi experiencia si nada se opusiera a mi felicidad?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo revela la función sanadora completa del Espíritu Santo. No niega lo que ves, sino que le da otro fundamento. Al cambiar los cimientos, todo el edificio perceptivo se transforma. Así aparece un mundo sin oposición, sin pérdida y sin muerte, donde la unidad es evidente y la felicidad no compite con nada.
La salvación no consiste en huir del mundo, sino en permitir que sus cimientos sean sustituidos por la verdad.
Frase inspiradora:
“Sobre cimientos sanos, el mundo se recuerda como uno.”
Invitación práctica:
Hoy, ante cualquier percepción de conflicto, repite:
“Espíritu Santo, transforma los cimientos desde los que veo.”
Y deja que la percepción haga el resto.
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