4. Justificar uno solo de los valores que el mundo apoya es negar la cordura de tu Padre y la tuya. 2Pues Dios y Su Hijo bienamado no piensan de manera diferente. 3Y es esta concordancia en el pensamiento lo que hace que el Hijo sea un co-creador con
La razón es metafísica, no moral: Dios y Su Hijo no piensan de manera diferente. Esa perfecta concordancia es lo que define al Hijo como co-creador, no como criatura separada. Pensar junto a Dios no es un ideal elevado, sino la condición misma de la Filiación.
Cuando el Hijo acepta un solo pensamiento que se oponga a la verdad, decide —aunque no sea consciente de ello— que no es el Hijo de su Padre, porque introduce la idea de que la cordura no es compartida. De este modo, la locura pasa a ser atribuida al Hijo, y la cordura queda separada tanto del Padre como del Hijo.
El texto es especialmente incisivo al señalar que no importa la forma que adopte esta creencia. No depende de si el mundo se defiende por razones morales, científicas, espirituales o prácticas. Cualquiera que crea que el mundo es cuerdo, que algunos de sus valores están justificados o que se sostienen “por alguna razón”, está afirmando exactamente la misma premisa.
El párrafo culmina con una afirmación decisiva: el pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. El mundo carece de sentido porque se basa en el pecado, y nada que no esté fundado en la verdad puede ser inmutable.
Mensaje central del punto:
- Justificar cualquier valor del mundo es negar la cordura compartida entre Dios y Su Hijo.
- Padre e Hijo piensan de manera idéntica.
- Esa concordancia es lo que hace al Hijo co-creador.
- Aceptar un solo pensamiento contrario a la verdad implica negar la Filiación.
- La forma del error es irrelevante; el contenido es siempre el mismo.
- El pecado no es real porque Dios no es demente.
- Un mundo basado en el pecado no puede tener sentido ni crear lo inmutable.
Claves de comprensión:
- El error no está en el comportamiento, sino en la justificación mental.
- No existen valores “parcialmente verdaderos” del mundo.
- Pensar separado de Dios es definirse como separado de Él.
- La cordura no es un estado psicológico, sino una unidad de pensamiento.
- Lo inmutable solo puede proceder de la verdad.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa qué valores del mundo das por “razonables” o “inevitables”.
- Detecta cuándo justificas el miedo, la defensa, la competencia o la pérdida.
- Ante cualquier razonamiento que defienda el mundo, pregúntate:
“¿Estoy justificando esto para sentirme seguro?” - Practica no defender ningún sistema de pensamiento que no provenga del Amor.
- Recuerda: no tienes que atacar el mundo, solo retirar tu fe de él.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Qué valores del mundo sigo defendiendo como “lógicos” o “necesarios”?
- ¿Confundo consenso con verdad?
- ¿Qué pensamientos justifico aunque no procedan del Amor?
- ¿Estoy dispuesto a soltar incluso un solo valor que se oponga a la verdad?
- ¿Puedo aceptar que pensar con Dios define quién soy?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo desvela que la salvación no se pierde por pecar, sino por justificar. Justificar el mundo es declarar que Dios y Su Hijo no comparten una sola Mente. La salvación, por tanto, no consiste en corregir el mundo, sino en retirar la creencia de que sus valores son cuerdos.
El mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado, y el pecado no es real porque Dios no es demente. Nada que no esté fundado en la verdad puede ser eterno ni inmutable.
Frase inspiradora:
“Pensar con Dios es mi cordura; todo lo demás carece de sentido.”
Invitación práctica:
Hoy, cuando aparezca un pensamiento que defienda el mundo, repite con suavidad:
“No justifico lo que no piensa Dios.”
Y permite que esa elección restaure tu cordura.
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