miércoles, 18 de febrero de 2026

VIII. La restitución de la justicia al amor (1ª parte).

VIII. La restitución de la justicia al amor (1ª parte).

1. El Espíritu Santo puede usar todo lo que le ofreces para tu salvación. 2Pero no puede usar lo que te niegas a darle, ya que no puede quitártelo sin tu consentimiento. 3Pues si lo hiciera, cree­rías que te lo arrebató en contra de tu voluntad. 4Y así, no apren­derías que tu voluntad es no tenerlo. 5Él no necesita que estés completamente dispuesto a entregárselo, pues si ese fuese el caso, no tendrías ninguna necesidad de Él. 6Pero sí necesita que prefieras que Él lo tome a que tú te lo quedes sólo para ti, y que reconozcas que no sabes qué es lo que no supone una pérdida para nadie. 7Eso es lo único que se tiene que añadir a la idea de que nadie tiene que perder para que tú ganes. 8Nada más.

Este párrafo introduce una corrección extremadamente precisa de la idea de entrega. No se trata de sacrificio, renuncia heroica ni pureza previa, sino de consentimiento.

El Espíritu Santo no invade, no fuerza, no arrebata. Su función no es vencer tu resistencia, sino reinterpretar lo que tú eliges poner en Sus manos. Todo lo que se le ofrece puede ser usado para la salvación, sin excepción. No importa la forma, el contenido ni la historia del objeto entregado.

La limitación no está en el Espíritu Santo, sino en la voluntad que se reserva algo para sí misma. Aquello que se guarda no porque tenga valor real, sino porque se cree que soltarlo implicaría pérdida.

Si Él tomara algo sin tu consentimiento, reforzaría la ilusión central del ego: que te pueden quitar algo valioso. Y entonces no aprenderías la lección clave: que tu sufrimiento procede de tu propia elección de conservar lo que te daña.

El texto desmonta también una confusión muy común: creer que hay que estar “listo”, “purificado” o “completamente dispuesto” para entregarse. Si eso fuera necesario, el Espíritu Santo sería inútil. Su función existe precisamente porque no sabes cómo soltar sin miedo.

Lo único que se te pide es una preferencia mínima pero decisiva: preferir que Él lo tome antes que quedártelo tú, y admitir con humildad que no sabes qué es realmente una pérdida.

Este reconocimiento es el punto donde la justicia regresa al amor. La justicia aquí no castiga ni evalúa: restablece el hecho de que nadie pierde cuando el amor gobierna.

Mensaje central del punto:

El Espíritu Santo usa todo lo que se le ofrece.

Nada puede ser tomado sin tu consentimiento.

La entrega no es sacrificio, es preferencia.

No necesitas estar completamente dispuesto.

Solo se te pide admitir que no sabes qué es perder.

Nadie tiene que perder para que tú ganes.

No hay nada más que añadir.

Claves de comprensión:

El consentimiento es más importante que la forma.

La resistencia no se combate, se observa.

El miedo a perder revela ignorancia, no culpa.

El Espíritu Santo no quita, recibe.

La justicia del amor excluye toda pérdida.

La salvación no requiere preparación previa.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

Observa qué pensamientos, emociones o situaciones te resistes a soltar.

No intentes “querer soltarlos”: simplemente prefiere no quedártelos solo.

Di internamente: “No sé si esto es una pérdida, y por eso lo entrego”.

Nota cómo la carga disminuye sin esfuerzo.

Practica confiar antes de entender. 

Preguntas para la reflexión personal:

¿Qué cosas sigo guardando por miedo a perder algo?

¿Dónde creo que soltar equivale a quedarme vacío?

¿Puedo admitir que no sé lo que realmente me conviene?

¿Estoy dispuesto a preferir ayuda antes que control?

¿Qué cambiaría si dejara de decidir solo? 

Conclusión:

Este párrafo restituye la justicia al amor al eliminar toda forma de coerción espiritual. Nada se exige, nada se arranca, nada se sacrifica. Solo se pide una pequeña preferencia consciente: no quedarte solo con lo que no sabes manejar.

La salvación no ocurre porque entregas bien, sino porque dejas de insistir en conservar lo que crees que te protege. Al admitir que no sabes qué es una pérdida, el amor recupera su justicia natural: nadie pierde, nadie paga, nadie es despojado. Nada más. 

Frase inspiradora:

“No sé qué es perder, y por eso no decido solo”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario