viernes, 10 de enero de 2025

Capítulo 17. V. La relación que ha sanado (2ª parte).

V. La relación que ha sanado (2ª parte).

4. La tentación del ego se vuelve extremadamente intensa con este cambio de objetivos. 2Pues la relación no ha cambiado aún lo sufi­ciente como para mantenerse completamente inmune a la atrac­ción de su objetivo previo, y su estructura se ve "amenazada" cuando se reconoce lo inadecuada que es para satisfacer su nuevo propósito. 3El conflicto entre el objetivo y la estructura de la rela­ción es tan evidente, que no pueden coexistir. 4Mas ahora no se puede cambiar el objetivo. 5Pues al haber quedado firmemente establecido en la relación no santa, no queda otra alternativa que la de cambiar la relación para acomodarlo. 6Hasta que esta feliz solución no se vea y se acepte como la única manera de poner fin al conflicto, la relación parecerá tener serias dificultades.

Mientras que la relación no santa enaltece los objetivos del ego, pues da credibilidad a su sistema de pensamiento basado en ser especial, la relación santa nos aporta una visión holística, integral, de la relación, en la que la conciencia individual se funde con la consciencia universal. Ya no percibimos al otro como separado de nosotros, sino como nuestro compañero de camino para alcanzar el plan de salvación que Dios ha dado a Su Hijo para facilitar el regreso a su verdadero Hogar.

Cuando el amor incondicional forma parte de nuestros pensamientos, ofreceremos libertad, en el nombre de nuestro Creador, el cual nos hizo libres. No se puede confundir ese regalo de Dios con el deseo de libertinaje, es decir, ningún acto de amor en nombre de expresarse libremente debe ocasionar dolor. Todo acto creador requiere un marco apropiado para llevarse a cabo. Si aplicamos la sabiduría que nos aporta la geometría sagrada, observamos que las figuras del triángulo y del círculo se emplean para revelarnos misterios que han participado en el Proceso Creativo de Dios. El triángulo nos anuncia los atributos de Dios: Padre-Hijo y Espíritu Santo (Voluntad, Amor e Inteligencia). En cuanto al círculo, representa la calidad de lo creado, un escenario cerrado que posibilita que los atributos creadores puedan manifestarse en su máxima expresión, es decir, donde la Voluntad, el Amor y la Inteligencia puedan extenderse respetando los límites de otras Entidades Creadoras.

Teniendo en cuenta esta consideración, nuestro amor debe manifestarse siempre bajo la guía de la responsabilidad, respetando en todo momento la ley del amor: recibo aquello que doy.

5. Cambiar el objetivo gradualmente no sería más benévolo, pues el contraste perdería definición y ello le daría tiempo al ego para re-interpretar cada paso a su antojo. 2Sólo un cambio de propósito radical puede producir un cambio de parecer absoluto con res­pecto al objetivo de la relación. 3Según va produciéndose este cambio y hasta que finalmente se logra, la relación se vuelve pro­gresivamente más grata y benéfica. 4Pero al principio, la situación se experimenta como muy precaria. 5Pues es una relación que dos individuos emprendieron para perseguir sus fines profanos, que de pronto tiene por objetivo a la santidad. 6Cuando dichos indivi­duos contemplan su relación desde el punto de vista de este nuevo propósito, se sienten inevitablemente horrorizados. 7Su percepción de la relación puede incluso volverse bastante errática. 8Sin embargo, la manera en que su percepción estaba organizada antes ya no sirve para el objetivo que han acordado alcanzar.

El ego es muy hábil para utilizar nuestras débiles creencias en su propio beneficio. Cuando perciba que nuestra creencia en la separación se pone en duda y se persigue un cambio de visión, un cambio de percepción, nos llevará a un estado de incertidumbre que nos llevará a poner en duda nuestro nuevo objetivo, el de cambiar nuestra relación especial en una relación santa.

El amor incondicional se basa en la libertad. Al ego no le disgusta esta idea, pues tiene la oportunidad de utilizar esa creencia a su favor. ¿Cómo? Sencillamente, nos propone que si queremos ser libres, actuemos desde la libertad. Si no queremos poner límites a nuestra relación, no lo hagamos. En vez de ofrecer nuestro amor a una sola persona, ofrezcámoslo a todas por las que nos sintamos atraídos. Y así, en vez de tener una sola relación especial, tendremos todas las que nos plazca. Esa sería la semilla de la duda que plantaría el ego al detectar que nuestra visión del amor está transformándose. En su modo de entender el amor libre, convierte la relación en una experiencia de libertinaje, donde habrá de todo menos verdadero amor.

La transformación de la relación especial en relación santa es cosa de dos, es decir, debe compartirse el mismo objetivo y debe hacerse de una manera firme, no como un "vamos a probar". El ego no estará dispuesto a permitir que abandonemos su sistema de pensamiento y el mejor modo de evitar que nos seduzca con sus cánticos de sirena será negar de forma tajante el pilar más firme de su sistema de pensamiento, la creencia en la separación.  

6. Ahora es el momento en que hay que tener fe. 2Permitiste que el objetivo se estableciese por ti. 3Eso fue un acto de fe. 4No pierdas la fe, ahora que se te están brindando las recompensas por tener fe. 5Si creíste que el Espíritu Santo estaba presente para aceptar la relación, ¿por qué no ibas a creer ahora que todavía sigue presente para purificar lo que aceptó dirigir? 6Ten fe en tu hermano durante lo que tan sólo parece ser un período difícil. 7El objetivo ya está establecido. 8Y la cordura es el propósito de tu relación. 9Pues la relación que tienes ahora es una relación demente, reconocida como tal a la luz de su objetivo.

Sí, hay que tener fe, pues esa fe es nuestra fortaleza, nuestra confirmación en la certeza de que el objetivo que nos hemos propuesto y que hemos puesto en manos del Espíritu Santo cuenta con el respaldo de la verdad. Recordemos que tan solo la verdad es real y que dicha verdad no está sujeta a la temporalidad ni al cambio. Si el amor es verdadero, será eterno.

jueves, 9 de enero de 2025

Capítulo 17. V. La relación que ha sanado (1ª parte).

 V. La relación que ha sanado (1ª parte).

1. La relación santa es la expresión del instante santo mientras uno viva en este mundo. 2Como todo lo relativo a la salvación, el instante santo es un dispositivo práctico, del que dan fe sus resul­tados. 3El instante santo nunca falla. 4La experiencia que suscita siempre se deja sentir. 5Mas si no se expresa, no se puede recor­dar. 6La relación santa es un constante recordatorio de la expe­riencia en la que la relación se convirtió en lo que es. 7Y así como la relación no santa es un continuo himno de odio en alabanza de su hacedor, así también la relación santa es un feliz cántico de alabanza al Redentor de las relaciones.

La relación santa es el recuerdo de la experiencia en la que compartimos nuestra naturaleza real y verdadera, es decir, donde compartimos la visión de la unidad con el resto de la humanidad. A diferencia de como ocurre en la relación especial, donde imperan el miedo, la culpa y el odio, en la relación santa, impera tan solo el amor incondicional. El cuerpo adquiere su función para facilitar la comunicación y la percepción verdadera.

2. La relación santa, que es un paso crucial hacia la percepción del mundo real, es algo que se aprende. 2Es la relación no santa de antes, pero transformada y vista con otros ojos. 3La relación santa es un logro educativo extraordinario. 4La relación santa es en todos sus aspectos -comienzo, desarrollo y consumación- lo opuesto a la relación no santa. 5Consuélate con esto: la única fase que es difícil es el comienzo. 6Pues en esa etapa, el objetivo de la relación cambia de súbito a exactamente lo opuesto de lo que era antes. 7Éste es el primer resultado que se obtiene cuando se ofrece la relación al Espíritu Santo, a fin de que Él se valga de ella para Sus fines.

Ya hemos visto en los anteriores puntos de este capítulo que, para transformar la relación especial en relación santa, debíamos entregársela a la Mente Recta, al Espíritu Santo, el cual nos ofrecerá el regalo de la Expiación que nos permitirá corregir nuestra falsa percepción, facilitándonos el recuerdo de lo que realmente somos. Utilizaremos el cuerpo tan solo para comunicarnos desde el amor compartido y no como un arma de ataque para imponer nuestros deseos a los demás.

3. El Espíritu Santo acepta esta invitación inmediatamente y no se demora ni un instante en ofrecerte los resultados prácticos deriva­dos de haberle pedido que intervenga. 2Su objetivo reemplaza al tuyo de inmediato. 3Esto tiene lugar muy pronto, pero parece alte­rar la relación, descoyuntarla, e incluso producir gran tensión. 4La razón de ello es muy obvia: 5la relación, tal como es ahora, no está en armonía con su propio propósito, y es claramente inadecuada para el nuevo propósito que se aceptó para ella. 6En su condición profana, tu objetivo era lo único que parecía darle significado. 7Ahora no parece tener ningún sentido. 8Muchas relaciones se rompen en este punto, reanudándose la búsqueda del viejo obje­tivo en otra relación. 9Pues una vez que la relación no santa acepta el objetivo de la santidad, jamás puede volver a ser lo que era antes.

La presencia del amor incondicional en una relación no santa pondrá a prueba dicha relación, pues es muy difícil mantener sana una relación donde no se comparte la misma visión. Para que la relación especial se transforme en una relación santa, las partes que comparten dicha relación deben considerar el amor con la misma visión. El amor verdadero no impone límites ni condiciones, mientras que el amor especial exige al otro entrega exclusiva para satisfacer sus deseos de especialismo.

Es por esta razón que este punto nos advierte que, al principio, cuando ponemos en manos del Espíritu Santo la transformación de la relación no santa, se produce cierta alteración en la relación, debido a que el cambio de visión del amor conlleva, igualmente, un cambio en las reglas impuestas en dicha relación.

miércoles, 8 de enero de 2025

Capítulo 17. IV. Los dos cuadros (4ª parte).

IV. Los dos cuadros (4ª parte).

12. Se te ofrecen dos regalos. 2Cada uno de ellos es un todo en sí mismo y no puede ser aceptado parcialmente. 3Cada uno de ellos es un cuadro de todo lo que puedes tener, aunque desde una pers­pectiva muy diferente. 4No puedes comparar su valor compa­rando el cuadro de uno con el marco del otro. 5Debes comparar únicamente los cuadros, pues, de otro modo, la comparación no tendría ningún sentido. 6Recuerda que el cuadro es lo que consti­tuye el regalo. 7Y sólo sobre esa base eres realmente libre de elegir. 8Contempla los cuadros. 9Contempla los dos. 10Uno es un cuadro diminuto, difícil de ver bajo las pesadas sombras de su enorme y desproporcionado marco. 11El otro tiene un marco liviano, está colgado en plena luz y es algo maravilloso de contemplar debido a lo que es.

Se nos ofrecen dos regalos: dos sistemas de pensamiento. Uno cree en la forma. El otro es el contenido. Uno defiende que lo superficial, lo temporal, es lo real. El otro es la verdad eterna. Uno nos promete la salvación a través del perdón de nuestros pecados y de la sumisión del sacrificio. El otro es la salvación, pues no cree en el pecado.

El ego trata de ocultar el contenido de su cuadro con la grandiosidad de su marco, lo que significa que nos oculta la verdad con promesas de un amor condicionado.

El Espíritu Santo nos muestra el contenido de su cuadro donde se expresa la única verdad.

13. Tú que has tratado tan arduamente -y todavía sigues tratan­do- de encajar el mejor cuadro en el marco equivocado, y combi­nar de este modo lo que no puede ser combinado, acepta lo que sigue y regocíjate por ello: cada uno de estos cuadros está perfec­tamente enmarcado de acuerdo con lo que representa. 2Uno de ellos está enmarcado de forma que el cuadro esté desenfocado y no se pueda ver. 3El otro, de forma que su cuadro se vea con perfecta claridad. 4El cuadro de muerte y de tinieblas se hace cada vez menos convincente según logras dar con él entre todo lo que lo envuelve. 5A medida que se expone a la luz cada una de las piedras inertes que en la oscuridad parecían brillar desde el marco, dichas piedras se vuelven opacas y sin vida y cesan de desviar tu atención del cuadro. 6por fin miras al cuadro en sí, viendo finalmente que, sin la protección del marco, no tiene sen­tido.

Este punto se extiende en la utilización de la metáfora del marco y el cuadro, para mostrarnos la estrategia del ego en utilizar el nombre del amor para ocultar sus pretensiones de venganza y así justificar que las relaciones especiales tan solo nos muestran las diferencias existentes entre los seres, es decir, para reforzar su sistema de pensamiento basado en la creencia en la separación.

Pero en un mundo irreal e ilusorio, tan sólo podemos percibir fantasías que, por su propia condición, están llamadas a causar efectos irreales y dementes. El miedo genera miedo, y la única manera de liberarnos de él es mirarlo conscientemente, pues cuando lo hacemos, dejaremos de verlo.

14. El otro cuadro tiene un marco muy liviano, pues el tiempo no puede contener a la eternidad. 2No hay nada en él que te pueda distraer. 3El cuadro del Cielo y de la eternidad se vuelve más convincente a medida que lo contemplas. 4Y ahora, después de haberse hecho una verdadera comparación, puede por fin tener lugar una transformación de ambos cuadros. 5cada uno de ellos se le da el lugar que le corresponde una vez que se ve en relación con el otro. 6Cuando llevas el cuadro tenebroso ante la luz, no lo percibes como algo temible, sino que por fin te das cuenta del hecho de que no es más que un cuadro. 7Y en ese momento reconoces lo que ves ahí tal como es: un cuadro de algo que pensabas que era real, y nada más. 8Pues más allá de ese cuadro no verás nada.


Así es. El miedo, cuando lo llevamos a la luz de la comprensión, ya no tiene el efecto aterrador que tenía cuando lo percibimos desde la penumbra, desde la oscuridad de la falsa ilusión. 

Del mismo modo, cuando llevamos el cuadro tenebroso ante la luz, dejamos de percibirlo como algo temible, pues ahora apreciamos lo que realmente nos muestra y descubrimos que no era lo que nos imaginábamos, sino que se trata tan solo de un cuadro, sin ningún poder sobre nosotros.

15. El cuadro de luz, en claro e inequívoco contraste, se trans­forma en lo que está más allá del cuadro. 2medida que lo con­templas, te das cuenta de que no es un cuadro, sino una realidad. 3No se trata de una representación pictórica de un sistema de pensamiento, sino que es el Pensamiento mismo. 4Lo que representa está ahí. 5El marco se desvanece suavemente y brota en ti el recuerdo de Dios, ofreciéndote toda la creación a cambio de tu insignificante cuadro, que no tenía ningún valor ni ningún signi­ficado.

Con el despertar, tomamos consciencia de que nos habíamos identificado con las sombras emergentes de nuestros sueños y de nuestras pesadillas. Comprendemos que todo lo percibido durante nuestro estado de sueño era irreal y que nuestras creencias estaban influenciadas por el contenido fantasioso de lo imaginado durante el sueño.

Con el despertar, descubrimos el hermoso contenido del cuadro que nos muestra la verdad en su esplendor. Ya no confundimos la verdad con el contenido del cuadro, sino que experimentamos la luz que emana de la verdad y comprendemos que esa es la realidad.

16. A medida que Dios ascienda al lugar que le corresponde y tú asciendas al tuyo, volverás a entender el significado de las relacio­nes, y sabrás que es verdad. 2Ascendamos juntos hasta el Padre en paz, permitiendo que adquiera predominancia en nuestras men­tes. 3Todo se nos dará al darle a Él el poder y la gloria, y al no conservar ninguna ilusión con respecto a dónde se encuentran éstos. 4Se encuentran en nosotros gracias a Su predominio. 5Lo que Él ha dado, es Suyo. 6Resplandece en cada parte de Él, así como en la totalidad. 7La realidad de tu relación con Él radica en la relación que tenemos unos con otros. 8El instante santo refulge por igual sobre todas las relaciones, pues en él todas las relaciones son una. 9En el instante santo sólo hay curación, ya completa y perfecta, 10pues Dios está en él, y donde Él está, sólo lo que es perfecto y completo puede estar.

Ya hemos reconocido el valor del cuadro que nos muestra el contenido de la verdad, y ahora, decidimos experimentar la verdad viviéndola y extendiéndola con los demás. Reconocemos la unidad que nos hace Uno con nuestro Creador y con la Filiación. Nuestra mente sirve a la Mente Recta, y establece un estrecho lazo con la Voz del Espíritu Santo, el cual se convierte en Su único guía y maestro.

Ya no somos uno, ahora somos Todos. La realidad de nuestra relación con Dios radica en la relación que tenemos con nuestros hermanos, con los que nos sentimos unidos por lazos de amor verdadero. 

martes, 7 de enero de 2025

Capítulo 17. IV. Los dos cuadros (3ª parte).

IV. Los dos cuadros (3ª parte).

8. La relación especial te ofrece el marco más imponente y falaz de todas las defensas de las que el ego se vale. 2Su sistema de pensamiento se ofrece aquí, rodeado por un marco tan recargado y elaborado, que el cuadro casi desaparece debido a la imponente estructura del marco. 3En el marco van entretejidas toda suerte de fantasías de amor quiméricas y fragmentadas, engarzadas con sueños de sacrificio y vanagloria, y entrelazadas con hilos dora­dos de auto-destrucción. 4El brillo de la sangre resplandece como si de rubíes se tratase, y las lágrimas van talladas cual diamantes que refulgen tenuemente a la luz mortecina en que se hace el ofrecimiento.

Una descripción magnífica la que nos aporta este punto, para describir los amargos efectos que acompaña a la relación especial en nombre de mantener un encuentro de amor. Ya hemos tenido ocasión de desnudar el demente objetivo del ego y descubrir que, detrás de ese deseado encuentro con el amor, se oculta el deseo demente de la venganza. 

Amores quiméricos y fragmentados; culpas que nos llevan a elegir el sacrificio; victorias que nos vanaglorian; combates que nos autodestruyen y todo ello, regado de un mar de lágrimas en nombre del sufrimiento y del dolor.

9. Examina el cuadro. 2No dejes que el marco te distraiga. 3Este cuadro se te ofrece para que te condenes, y si lo aceptas creerás estar condenado. 4No puedes conservar el marco sin el cuadro. 5Lo que valoras es el marco, pues en él no ves conflicto. 6No obs­tante, el marco no es más que la envoltura del regalo de conflicto. 7El marco no es el regalo. 8No te dejes engañar por los aspectos más superficiales de este sistema de pensamiento, pues en ellos se encierra todo el sistema en sí, sin excluir ningún aspecto. 9En este regalo rutilante habita la muerte. 10No permitas que tu mirada se pose en los destellos hipnóticos del marco. 11Mira el cuadro y date cuenta de que lo que te ofrece es la muerte.

El ego nos seduce para vendernos el cuadro y, para ello, pone más énfasis en adornar el marco que en revelar sus propias intenciones, esto es, en mostrarnos el contenido del cuadro. El ego nos hablará de amor, pero lo que nos está ofreciendo será que renuncies a tu libertad y que se la ofrezcas a él. Ese es el precio a pagar para ganarte su amor. Pero si ese es el precio, lo que está ofreciendo no es amor verdadero, sino amor condicionado, lo que significa que, aunque renunciemos a nuestra libertad y nos entreguemos en cuerpo y alma al ego, este no podrá satisfacernos con el amor, sino que nos ofrecerá su sucedáneo, el miedo.

10. Por eso es por lo que el instante santo es tan importante para la defensa de la verdad. 2La verdad en sí no necesita defensa, mas tú necesitas ser defendido contra tu aceptación del regalo de muerte. 3Cuando tú, que eres la verdad, aceptas una idea tan peligrosa para la verdad, la amenazas con su destrucción. 4Y ahora se te tiene que defender, para poder así conservar intacta la verdad. 5El poder del Cielo, el Amor de Dios, las lágrimas de Cristo y la ale­gría de Su espíritu eterno son convocados para defenderte de tu propio ataque. 6Pues tú los atacas al ser parte de Ellos, y Ellos tienen que salvarte, pues se aman a Sí Mismos.

Entrega tu relación especial al Espíritu Santo, para que te libere del pasado de donde procede el recuerdo amargo del desamor. La Expiación corregirá nuestra percepción y ello nos permitirá ver al otro desde la unidad y no desde la separación. El tiempo de aprendizaje se acortará y el instante santo nos mostrará el momento en el que decidimos ver la verdad de lo que somos y poner fin a la ilusión.

11. El instante santo es una miniatura del Cielo, que se te envía desde el Cielo. 2Es también un cuadro, montado en un marco. 3Mas si aceptas éste regalo no verás el marco en absoluto, ya que el regalo sólo puede ser aceptado cuando estás dispuesto a poner toda tu atención en el cuadro. 4El instante santo es una miniatura de la eternidad. 5Es un cuadro de intemporalidad, montado en un marco de tiempo. 6Si te concentras en el cuadro, te darás cuenta de que era únicamente el marco lo que te hacía pensar que era un cuadro. 7Sin el marco, el cuadro se ve como lo que representa. 8Pues de la misma manera en que todo el sistema de pensamiento del ego radica en sus regalos, del mismo modo el Cielo en su totalidad radica en este instante, que se tomó prestado de la eter­nidad y se montó en el tiempo para ti.

¡Espectacular! Cuánta belleza contiene este punto. Recogiendo de nuevo, Jesús, la metáfora del marco y del cuadro, ahora nos presenta una nueva visión donde nos enseña dónde debemos mirar cuando busquemos la verdad, es decir, no debemos mirar el marco, sino el contenido, esto es, el cuadro. Ese es el verdadero regalo que debemos aceptar en nombre de la verdad, y para poder recibir ese regalo, debemos obviar el valor del marco, pues tan solo nos muestra lo superficial, lo que provoca nuestra distracción.

El instante santo es una miniatura del Cielo, una muestra que se nos envía desde el Cielo, desde nuestro verdadero Hogar. 

El instante santo es una miniatura de la eternidad, una muestra de intemporalidad, montada en un marco de tiempo, donde el tiempo es lo superficial.

lunes, 6 de enero de 2025

Capítulo 17. IV. Los dos cuadros (2ª parte).

IV. Los dos cuadros (2ª parte).

5. El ego siempre se mantiene alerta por si surge cualquier ame­naza, y la parte de tu mente en la que el ego fue aceptado está ansiosa por conservar su propia razón, tal como la entiende. 2No se da cuenta de que es completamente demente. 3Mas tú tienes que darte cuenta exactamente de lo que esto significa si quieres que se te restituya la cordura. 4Los dementes protegen sus siste­mas de pensamiento, pero lo hacen de manera demente. 5todas sus defensas son tan dementes como lo que supuestamente tie­nen que proteger. 6No hay nada en la separación, ni "razón", ni atributo, ni ningún aspecto que no sea demente. 7Y su "protec­ción", que es parte de ella, es tan demente como toda ella. 8Por lo tanto, la relación especial, su principal defensa, no puede sino ser demente.

El ego tiene miedo al amor verdadero, pues interpreta que su aceptación significaría el final de su sistema de pensamiento, o lo que es lo mismo, su inexistencia. El amor verdadero es la manifestación de la unidad, mientras que el ego es la manifestación de la separación.

Es por ello que el ego se mantiene alerta por si surge cualquier amenaza procedente del amor. Toda su estrategia se basa en el miedo y cuando establece una relación de amor especial, siempre oculta su intención, la de vengarse del daño que atesora en el recuerdo de su pasado y que le ha llevado a sentirse atraído por la persona que se lo causó.

Tal vez nos estemos preguntando: ¿cómo es posible que nos sintamos atraídos por una persona, inducidos por el demente deseo de vengarnos de ella? Pero como bien nos enseña este punto, el sistema de pensamiento del ego es totalmente demente y todas sus defensas son tan dementes como lo que supuestamente tienen que proteger.

Intentemos describir cómo se produce esa dinámica. Tenemos un primer encuentro entre dos personas que se sienten atraídas por la percepción de los sentidos. El ego no va a renunciar a sus creencias, lo que le llevará a proyectar sobre la otra persona todo lo que rechaza de sí mismo, y cuando lo haga, lo llevará a juzgarla despiadadamente en un intento de pulir sus faltas. Se siente tan culpablemente que, para limpiar ese peso, decide juzgar condenatoriamente al otro, el cual, al sentirse atacado, intentará defenderse, utilizando el mismo mecanismo mental. El conflicto está servido, y la relación, si sobrevive, será un verdadero milagro. Se habrá establecido un vínculo entre ambas personas basado en el odio, en la culpa, en el miedo y en el desamor.

Cuando esos egos vuelven a encontrarse, sienten la necesidad de quedar limpios del sentimiento de culpa que, inconscientemente, les acompaña. Y ese encuentro despierta en ellos el vínculo que han establecido y decidirán volver a intentarlo, dando lugar a una nueva relación especial, donde falta el amor y sobra todo lo demás.

6. No tendrás mucha dificultad ahora en darte cuenta de que el sistema de pensamiento que la relación especial protege no es más que un sistema ilusorio. 2Reconoces, al menos en términos genera­les, que el ego es demente. 3No obstante, todavía te parece que la relación especial es en cierto modo "diferente". 4Sin embargo, la hemos examinado con mucho más detenimiento que muchos de los otros aspectos del sistema de pensamiento del ego que has estado más dispuesto a abandonar. 5Mientras este aspecto conti­núe vigente, no obstante, no podrás abandonar los demás. 6Pues este aspecto no es diferente. 7Si lo conservas, habrás conservado todos los demás.

La demencia del sistema de pensamiento del ego tiene su origen en la creencia en que podemos crear un mundo real ausente de amor verdadero y sin respetar la Ley de Dios; esta es la Ley de la Unidad. Todo cuanto procede del ego debe ser transformado. Su sistema de pensamiento debe ser desaprendido. Ningún recuerdo del pasado debe ocupar nuestro presente. Si nos encontramos compartiendo una relación especial, pongámosla en manos del Espíritu Santo, para que la transforme en una relación santa. Ello significa que debemos sustituir el miedo por el amor, la culpa por el perdón.

7. Es esencial darse cuenta de que todas las defensas dan lugar a lo que quieren defender. 2La base subyacente de su eficacia es que ofrecen lo que defienden. 3Lo que defienden se ha deposi­tado en ellas para mantenerlo a salvo, y conforme operan te lo brindan a ti. 4Toda defensa opera dando regalos, y los regalos son siempre una miniatura -montada en marco de oro- del sistema de pensamiento que la defensa protege. 5Se trata de un marco muy elaborado, repleto de gemas, y profusamente tallado y pulido. 6Su propósito es ser valioso en sí mismo, y desviar tu aten­ción de lo que encierra. 7Mas no puedes tener el marco sin el cuadro. 8Las defensas operan para hacerte creer que sí puedes.

La relación especial no defiende la creencia en la igualdad, sino en la separación. Si lo hiciera, esto es, si viésemos al otro a nuestra verdadera imagen y semejanza, la relación se convertiría en santa, pues estaríamos unidos por lazos de verdadero amor.

Pero el ego defiende la separación por encima de todo y, cuando hace su defensa a favor de la relación especial, nos muestra precisamente los efectos que ocasiona la creencia en la separación.

Jesús utiliza en el mensaje recogido en este punto una metáfora entre el marco y el cuadro. El ego interpreta que lo esencial en su sistema de pensamiento es el valor del marco, para lo cual se esfuerza en convencer a nuestra mente de que realmente todo lo que hace por la otra persona responde a su amor por ella. Es su manera de adornar el regalo de la relación especial, cuyo contenido es el cuadro, con falsas promesas que ocultan la única razón que lo lleva a establecer esa relación, la de vengarse.

viernes, 3 de enero de 2025

Capítulo 17. IV. Los dos cuadros (1ª parte).

IV. Los dos cuadros (1ª parte).

1. Dios estableció Su relación contigo para hacerte feliz, y nin­guna cosa que hagas que no comparta Su propósito puede ser real. 2El propósito que Dios adscribió a cada cosa es la única fun­ción que tiene. 3Debido a la razón que Él tuvo para crear Su rela­ción contigo, la función de las relaciones se convirtió para siempre en "hacer feliz". 4Eso es todo. 5Para satisfacer esta función te relacionas con tus creaciones del mismo modo en que Dios se relaciona con las Suyas. 6Pues nada que Dios haya creado puede estar excluido de la felicidad, y nada que Él creó desea otra cosa que extender felicidad tal como su Creador lo hizo. Lo que no satisface esta función no puede ser real.


Dios es Amor, y nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, por lo que podemos decir que somos "Hijos del Amor". La relación que Dios tiene con Su creación es de Amor, lo que hace posible que dicha relación no tenga otro objetivo que hacer feliz a dicha creación. Amor y felicidad tienen la misma causa, la cual emana de la Voluntad Creadora de Dios.

La igualdad que nos hace semejantes a nuestro Creador nos hace, igualmente, iguales en lo relativo al objetivo de nuestras relaciones, es decir, la función de dichas relaciones se convirtió para siempre en "hacer feliz", dicho de otro modo, en amar.

Tendríamos que reflexionar sobre el significado que damos a la felicidad cuando nuestra mente está al servicio del sistema de pensamiento del ego. No es una invitación irrelevante, sino esencial, si queremos conocer el verdadero significado del término felicidad.

Para el ego, la felicidad está condicionada al logro, a lo que recibe fuera de sí mismo, es decir, si las circunstancias son propicias a nuestros deseos, nuestra respuesta suele ser sentirnos felices. Pero si las circunstancias no son propicias, nuestra respuesta suele ser sentirnos infelices. Ello significa que, para el ego, la felicidad cambia y es temporal, y si es así, no puede ser real, porque lo real, lo que es verdad, no está sujeto al cambio.

Por lo tanto, desde el punto de vista del ego, lo que llamamos felicidad nada tiene que ver con el verdadero significado del amor. El ego no crea, sino que fabrica, o lo que es lo mismo, inventa una realidad ilusoria que es carente de amor. Tan solo el amor-felicidad tiene la capacidad de crear.

Cuando hablamos de amor, desde la visión Crística, nos estamos refiriendo a nuestra condición divina, a nuestra semejanza con el Creador. Por lo tanto, la felicidad no es un sentimiento, ni un pensamiento, sino un estado del Ser. Somos felices por lo que somos, no por lo que logramos.

2. En este mundo es imposible crear. 2Pero sí es posible hacer feliz. 3He dicho repetidamente que el Espíritu Santo no quiere privarte de tus relaciones especiales, sino transformarlas. 4lo único que esto significa es que Él reinstaurará en ellas la función que Dios les asignó. 5La función que tú les has asignado es claramente que no sean fuentes de felicidad. 6Pero la relación santa comparte el propósito de Dios, en lugar de tratar de inventar otro para que lo substituya. 7Cada relación especial que has entablado es un subs­tituto de la Voluntad de Dios y glorifica tu voluntad en vez de la Suya debido a la ilusión de que son diferentes.

La función que Dios ha dado a las relaciones, la de hacer feliz, no es la función que el ego da a las relaciones que establece, las cuales, al estar bajo la creencia del miedo, serán privativas de libertad. ¿Qué relación puede hacernos feliz si está condicionada por el miedo?

La ayuda del Espíritu Santo es esencial para transformar las relaciones especiales en relaciones santas. Para ello, necesita que nuestra voluntad se ponga al servicio del amor, lo que nos llevará a percibir al otro como nuestros hermanos en la Filiación Divina. El amor sustituirá al miedo y la inocencia sustituirá a la errónea creencia en que somos pecadores. No existiendo el miedo ni el pecado, la culpa no se manifestará, lo que propiciará que el presente sea vivido conscientemente sin que las sombras del pasado lo puedan nublar.

3.Has entablado relaciones muy reales incluso en este mundo. 2Sin embargo, no las reconoces porque has hecho que sus substitutos predominen de tal manera que, cuando la verdad te llama -como constantemente lo hace- contestas con un substi­tuto. 3El propósito fundamental de cada relación especial que has entablado es mantener a tu mente tan ocupada que no puedas oír la llamada de la verdad.

El miedo es el sustituto del amor y de la felicidad. Ello nos lleva a establecer relaciones en las que la carencia del amor y de la felicidad no propiciará una relación santa, en la que sabremos reconocer la unión que compartimos con nuestro Creador y con la Filiación.

4. En cierto sentido, la relación especial fue la respuesta del ego a la creación del Espíritu Santo, Quien a Su vez fue la Respuesta de Dios a la separación. 2Pues aunque el ego no entendía lo que había sido creado, era consciente de una amenaza. 3Todo el sis­tema defensivo que el ego desarrolló para proteger la separación de los avances del Espíritu Santo, fue en respuesta al regalo con el que Dios la bendijo, Quien, mediante Su bendición, permitió que se subsanase. 4Esta bendición encierra dentro de sí la verdad de todo. 5la verdad es que el Espíritu Santo mantiene una estre­cha relación contigo porque en Él tu relación con Dios queda restaurada. 6Tu relación con Él jamás se ha roto porque desde que se produjo la separación el Espíritu Santo no ha estado separado de nadie. 7Y gracias a Él todas tus relaciones santas han sido cuidadosamente preservadas para que sirvan el propósito que Dios te dio.

Si creemos que podemos crear un mundo real donde el amor esté ausente, estaremos repitiendo el error original que da lugar a la creencia en la separación. Le estaremos dando más validez a la percepción que al Conocimiento. Le estaremos dando más importancia a la forma que al contenido. Estaremos fijando nuestra identidad en el cuerpo y negando cualquier otra realidad que no percibamos. El ego debe su existencia a esas prioridades y su objetivo no es otro que perpetuar sus falsas creencias para sustentar su sistema de pensamiento.

Mientras que el ego ataca y niega cualquier creencia en la unidad, el Espíritu Santo refuerza la verdad que nos mantiene unidos a la Mente de nuestro Creador. El Espíritu Santo es el camino que nos llevará de vuelta a nuestro verdadero Hogar. Él sí conoce lo que somos y mantiene nuestra identidad a salvo de cualquier ataque procedente de la identidad ilusoria del ego. Esto es así, simplemente, porque el Espíritu Santo no ve al ego, pues no ve la separación.

jueves, 2 de enero de 2025

Capítulo 17. III. Sombras del pasado (3ª parte).

III. Sombras del pasado (3ª parte).

7. Harás todo esto gustosamente, sólo con que le dejes mantener la chispa delante de ti para que alumbre tu camino y puedas verlo con claridad. 2El Hijo de Dios es uno. 3A quienes Dios ha unido como uno, el ego no los puede desunir. 4Por muy oculta que se encuentre en toda relación, la chispa de la santidad no puede sino estar a salvo. 5Pues el Creador de la única relación que existe no se ha excluido a Sí Mismo de ninguno de sus aspectos. 6Éste es el único aspecto de la relación que el Espíritu Santo ve porque sabe que únicamente ese aspecto es verdad. 7Tú has hecho que la rela­ción sea irreal y, por lo tanto, no santa, al verla como no es y donde no está. 8Entrégale el pasado a Aquel que puede hacer que cambies de parecer con respecto a él por ti. 9Pero asegúrate antes que nada de que te das cuenta plenamente de lo que has hecho que el pasado represente, y por qué.

La relación no santa es aquella que da prioridad al pasado en el estado presente. Es la decisión de vengarse de los demás a través de la relación, cuando en verdad lo que estamos haciendo es vengarnos de nuestra propia ignorancia, pues desconocemos que fuera de nosotros no hay nada tal y como nosotros lo percibimos. Es nuestra mente la que decide interpretar lo que percibe según nuestra falsa creencia en la ilusión.

Cuando juzgamos al otro, al mirarlo, estamos proyectando nuestros pensamientos internos sobre él, lo que nos lleva a juzgarlo en la misma medida en que nos juzgamos a nosotros, con una variedad en que nuestros juicios propios los mantenemos ocultos y los del otro los hacemos públicos, en un deseo de trascender los nuestros propios.

La relación santa es la inspirada por la Mente Recta, la cual nos lleva a percibir la unidad entre las partes, entre las mentes.

8El pasado se convierte en la justificación para entablar una alianza continua y profana con el ego contra el presente. 2Pues el presente es perdón. 3Por lo tanto, las relaciones que la alianza no santa fomenta no se perciben ni se experimentan como si estuvie­sen ocurriendo ahora. 4Mas el marco de referencia al que se recu­rre para que le dé significado al presente es una ilusión del pasado en la que se conservan aquellos elementos que se ajustan al propósito de la relación no santa, y se abandonan todos los demás. 5lo que de esta manera se abandona, es toda la verdad que el pasado jamás habría podido ofrecer al presente para que diese testimonio de la realidad de éste. 6Lo que se conserva no hace sino dar testimonio de la realidad de los sueños.

Si nuestra mente queda ocupada en cada presente con una visión permanente de recuerdos del pasado, cualquier relación que emprendamos no será real, pues está intentando sostenerse sobre los frágiles pilares de lo que no es real.

Este tipo de relaciones requerirá un gran esfuerzo para mantenerse estable y, por lo general, salvo que se produzca un cambio de visión en la consciencia, están llamadas al fracaso y a la frustración.

El presente es la única oportunidad que tenemos para deshacernos de los errores del pasado, esto es, de perdonarlos, pues es en el presente donde únicamente podemos elegir de nuevo, podemos ver de otra manera, podemos ver lo que es real y lo que ya no lo es.

9. Sigue estando en tus manos elegir unirte a la verdad o a la ilusión. 2Pero recuerda que elegir una es abandonar la otra. 3Dota­rás de belleza y realidad a la que elijas porque tu elección depende de cuál valoras más. 4La chispa de belleza o el velo de fealdad, el mundo real o el de la culpabilidad y el miedo, la verdad o la ilusión, la libertad o la esclavitud, es todo lo mismo. 5Pues no puedes elegir más que entre Dios o el ego. 6Todo sistema de pen­samiento o bien es verdadero o bien falso, y todos sus atributos se derivan naturalmente de lo que es. 7Únicamente los Pensamientos de Dios son verdaderos. 8Y todo lo que se deriva de ellos procede de lo que son, y es tan verdadero como la santa Fuente de donde procedieron.

He aquí que, una vez más, nos encontramos con una verdad esencial: tenemos la capacidad de elegir, y la tenemos, no porque seamos un ego, pues el ego tan sólo impone limitación y miedo, sino porque somos el Hijo de Dios, creados a Su Imagen y Semejanza.

¿Vamos a utilizar ese poder divino para elegir cultivar pensamientos falsos que darán frutos falsos y amargos, o vamos a utilizar nuestra voluntad para elegir cultivar pensamientos verdaderos que, al ser compartidos con los demás, darán frutos dulces y abundantes?

10Santo hermano mío, quiero formar parte de todas tus relacio­nes, e interponerme entre tus fantasías y tú. 2Permite que mi rela­ción contigo sea algo real para ti, y déjame infundirle realidad a la percepción que tienes de tus hermanos. 3No fueron creados para que pudieses hacerte daño a través de ellos. 4Fueron creados para crear junto contigo. 5Ésta es la verdad que quiero interponer entre tu objetivo de locura y tú. 6No te separes de mí ni dejes que el santo propósito de la Expiación se pierda de vista en sueños de venganza. 7Las relaciones en las que tales sueños se tienen en gran estima me excluyen a mí. 8En el Nombre de Dios, déjame entrar a formar parte de ellas y brindarte paz para que tú a tu vez puedas ofrecerme paz a mí.

Entra, hermano, la puerta de mi mente está abierta para que tu presencia ilumine el recinto donde albergo mis pensamientos amorosos y donde me uno, conscientemente, a ti.

Que el amor bendiga nuestra unión y que no la separe el ego.

Que así sea.