martes, 18 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (4ª parte).

 VI. Más allá del cuerpo (4ª parte). 

10. Puedes alzar la mano y tocar el Cielo. 2Tú, cuya mano se encuentra asida a la de tu hermano, has comenzado a extenderte más allá del cuerpo, pero no fuera de ti mismo, para alcanzar juntos la Identidad que compartís. 3¿Cómo iba a encontrarse dicha Identidad fuera de vosotros donde Dios no está? 4¿Acaso es Él un cuerpo? 5¿E iba a haberte creado diferente de Sí Mismo y donde Él no podría morar? 6Él es lo único que te rodea. 7¿Qué limitaciones puedes tener tú a quien Él abarca?

Hemos estado toda nuestra vida comunicándonos con los demás, percibiéndolos desde el exterior, lo que nos ha llevado a creer que no nos une ningún lazo de relación. La visión de la separación ha ocasionado que las relaciones entre hermanos estén tintadas de odio, rencor, ataques y culpa.

La salvación, la nuestra y la de los demás, es el punto que nos une. Buscamos nuestra salvación a costa de la salvación de los demás, cuando en verdad es imposible alcanzar esa meta cuando realizamos el camino separados los unos de los otros. Nuestra identidad es compartida en la Mente de Dios y por nuestras propias Mentes. 

Si quieres ver la realidad de tu hermano, no lo busques fuera de ti, sino en tu interior. 

11. Todo el mundo ha experimentado lo que podría describirse cómo una sensación de ser transportado más allá de sí mismo. 2Esta sensación de liberación va mucho más allá del sueño de libertad que a veces se espera encontrar en las relaciones especia­les. 3Es una sensación de habernos escapado realmente de toda limitación. 4Si examinases lo que esa sensación de ser "transpor­tado" realmente supone, te darías cuenta de que es una súbita pérdida de la conciencia corporal, y una experiencia de unión con otra cosa en la que tu mente se expande para abarcarla. 5Esa otra cosa pasa a formar parte de ti al tú unirte a ella. 6tanto tú como ella os completáis, y ninguno se percibe entonces como separado. 7Lo que realmente sucede es que has renunciado a la ilusión de una conciencia limitada y has dejado de tenerle miedo a la unión. 8El amor que instantáneamente reemplaza a ese miedo se extiende hasta lo que te ha liberado y se une a ello. 9Y mientras esto dura no tienes ninguna duda acerca de tu Identidad ni deseas limitarla. 10Te has escapado del miedo y has alcanzado la paz, no cuestio­nando la realidad, sino simplemente aceptándola. 11Has aceptado esto en lugar del cuerpo, y te has permitido a ti mismo ser uno con algo que se encuentra más allá de éste, al simplemente no permitir que tu mente esté limitada por él.

Tanto en sentido literal como en el figurado, es decir, tanto si se trata de "vernos" fuera del cuerpo, lo que se conoce como viaje astral, o si trascendemos los miedos que limitan una relación especial logrando amar incondicionalmente, experimentaremos la sensación de ser "transportado" más allá de los límites que establece el cuerpo y la conciencia basada en la percepción.

El Amor no pertenece al mundo del ego, pues dicho mundo es el hijo del miedo. Cuando conseguimos conectar con su elevada frecuencia y sintonizamos su canal, la comunicación interior nos libera de las pesadas cadenas del miedo y nos sentimos libres y etéreos.

12. Esto puede ocurrir independientemente de la distancia física que parezca haber entre ti y aquello a lo que te unes; indepen­dientemente de vuestras respectivas posiciones en el espacio o de vuestras diferencias de tamaño y aparente calidad. 2El tiempo es irrelevante: la unión puede ocurrir con algo pasado, presente o con algo que se prevé. 3Ese "algo" puede ser cualquier cosa y estar en cualquier parte; puede ser un sonido, algo que se ve, un pensamiento, un recuerdo, o incluso una idea cualquiera sin nin­guna referencia concreta. 4Mas siempre te unes a ello sin reservas porque lo amas y quieres estar a su lado. 5Por eso te apresuras a ir a su encuentro, dejando que tus limitaciones se desvanezcan, aboliendo todas las "leyes" que tu cuerpo obedece y apartándote serenamente de ellas.

Esa es la vivencia. Se trata de una vivencia de unión verdadera propiciada por el Amor, el cual, al expandirse, nos comunica con la esencia de lo amado.

Se habla de las vivencias de éxtasis que acompaña a la liberación del miedo cuando nos entregamos al amor verdadero. Dichas vivencias fortalecen la firme creencia de que no somos un ropaje material, sino que nuestra identidad es esencia espiritual y presencia eterna.

13. No hay violencia alguna en este escape. 2No se ataca al cuerpo, sino simplemente se le percibe correctamente. 3El cuerpo no puede limitarte, ya que ésa no es tu voluntad. 4En realidad no se te "saca" de él, ya que no puede contenerte. 5Te diriges hacia donde realmente quieres estar, adquiriendo, no perdiendo, una sensación de Ser. 6En estos instantes en que te liberas de toda restricción física, experimentas mucho de lo que sucede en el ins­tante santo: un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio, una súbita experiencia de paz y alegría. aMas por encima de todo, pierdes toda conciencia del cuerpo y dejas de dudar acerca de si todo esto es posible o no.

El recuerdo de lo que somos nos facilitará el encuentro con nuestra verdadera identidad. Si somos Espíritu, nuestra comunicación con su esencia sublimará la relación que hemos mantenido con el cuerpo y experimentaremos conscientemente cómo ese encuentro con nuestro verdadero yo se producirá, aportándonos la sensación de transportarnos a otra dimensión más sutil y etérea. En verdad, lo que está ocurriendo es que nos dirigimos hacia donde realmente procedemos y queremos estar, adquiriendo, no perdiendo, una sensación de Ser.

14. Es posible porque tú lo deseas. 2En la súbita expansión de con­ciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresisti­ble atractivo del instante santo. 3Te exhorta a que seas tú mismo, en la seguridad de su abrazo. 4Ahí se te libera de todas las leyes de la limitación y se te da la bienvenida a la mentalidad receptiva y a la libertad. 5Ven a este lugar de refugio, donde puedes ser tú mismo en paz. 6No mediante la destrucción ni mediante un escape, sino simplemente mediante una serena fusión. 7Pues la paz se unirá a ti allí sencillamente porque has estado dispuesto a abandonar los límites que le habías impuesto al amor, y porque te uniste a él allí donde mora y adonde te condujo, en respuesta a su dulce llamada a que estés en paz.

En la medida en que seamos capaces de ir desprendiéndonos de los envoltorios de materia grosera con los que hemos ido identificándonos, es decir, en la medida en que nuestra voluntad deje de servir al miedo, a la creencia en la separación, a la culpa, al ataque, al odio y a la ira, para prestar sus servicios al amor, iremos abandonando el contenido de nuestra vieja mochila y soltando el elevado peso de su carga. Ello propiciará que dejemos de sentirnos prisioneros de las limitaciones impuestas por la falsa percepción y pasemos a experimentar la felicidad que nos dispensará nuestra visión de libertad.

lunes, 17 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (3ª parte).

VI. Más allá del cuerpo (3ª parte). 

7. Éste es el anfitrión de Dios que tú has engendrado. 2ni Dios ni Su santísimo Hijo pueden hospedarse en una morada donde reina el odio, y donde tú has sembrado semillas de venganza, violencia y muerte. 3Esa cosa que engendraste para que estuviese al servicio de tu culpabilidad se interpone entre ti y otras mentes. 4Las mentes están unidas, pero tú no te identificas con ellas. 5Te ves a ti mismo encerrado en una celda aparte, aislado e inaccesible, y tan incapaz de establecer contacto con otros como de que otros lo establezcan contigo. 6Odias esta prisión que has cons­truido, y procuras destruirla. 7Pero no quieres escaparte de ella ni dejarla indemne y libre de toda culpa.

Podríamos preguntarnos, ¿cómo es posible que odiemos aquello que al mismo tiempo deseamos? Dicho de otra manera, ¿cómo podemos odiarnos a nosotros mismos? ¿Hay algo más loco que ese sentimiento?

La creencia en la separación de nuestra Fuente, de Dios, nos ha llevado del Amor al miedo; del Amor al odio; del Conocimiento a la ignorancia; de la Paz a la guerra; de la Vida a la muerte. Sin ánimo de vulgarizar sobre el aspecto sagrado de este tema, podríamos verlo de esta manera: "He elegido ver lo que he deseado y ello me hace sentir poderoso, pero también sé que lo que he deseado me lleva lejos de la felicidad y de la paz, y por ello, me odio a mí mismo".

Sí, tal vez pienses que es una valoración demente, como demente es el pensamiento que nos llevó a desear ser distintos a nuestro Creador. Por ser un pensamiento demente, seguimos inmersos en la demencia, lo que nos impide ver con claridad la verdadera realidad.

8. Sin embargo, ésa es la única manera de escapar. 2La morada de la venganza no es tu hogar. aEl lugar que reservaste para que albergase a tu odio no es una prisión, sino una ilusión de ti mismo. 3El cuerpo es un límite que se le impone a la comunicación universal, la cual es un atributo eterno de la mente. 4Mas la comu­nicación es algo interno. 5La mente se extiende hasta sí misma. 6No se compone de diferentes partes que se extienden hasta otras. 7No sale afuera. 8Dentro de sí misma es ilimitada, y no hay nada externo a ella. 9Lo abarca todo. 10Te abarca completamente: tú te encuentras dentro de ella y ella dentro de ti. 11No hay nada más en ninguna parte ni jamás lo habrá.

Desde la limitación que ejerce el cuerpo sobre nuestra conciencia llevándonos a creer que es nuestra verdadera identidad, no nos resulta fácil la comprensión de lo que es la Mente. Escribo Mente con mayúsculas para diferenciarla de la mente humana, que es la que utilizamos bajo las leyes que gobiernan el sistema de pensamiento del ego. La mente humana nos lleva a identificarnos con el mundo de percepción, mientras que la Mente Abstracta o Superior nos permite conectar con el Campo de las Infinitas Posibilidades donde la energía espiritual se manifiesta potencialmente.

Este punto es muy esclarecedor a la hora de mostrarnos las características de la Mente Superior, cuyo atributo eterno es la comunicación, la extensión de la energía en estado puro.

Estamos acostumbrados a pensar que la comunicación es algo externo, pues la utilizamos para proyectar nuestro mundo interno. Es precisamente esa dirección la que nos revela que, en verdad, la comunicación es algo interno, pues procede de nuestro interior. No son los efectos los que dan lugar a las causas; no son las experiencias las que originan los pensamientos y las creencias. Son los pensamientos y creencias los que ocasionan los acontecimientos que experimentamos. Por lo tanto, la comunicación es algo interno y la mente se extiende hasta sí misma, donde es ilimitada y no hay nada externo a ella.

Por otro lado, siempre he creído que el Espíritu utiliza la Mente para crear y lo visualizaba como partes separadas. Ahora lo veo de otra manera. Ahora entiendo el Proceso Creador desde otro punto de vista. El Espíritu se encuentra dentro de la Mente y ella dentro del Espíritu. Ahora entiendo cómo Dios nos creó de Sí Mismo.

9. El cuerpo es algo externo a ti, y sólo da la impresión de rodear­te, de aislarte de los demás y de mantenerte separado de ellos y a ellos de ti. 2Pero el cuerpo no existe. 3No hay ninguna barrera entre Dios y Su Hijo, y Su Hijo no puede estar separado de Sí Mismo, salvo en ilusiones. 4Ésa no puede ser su realidad, aunque él crea que lo es. 5Sólo podría serlo si Dios se hubiese equivo­cado. 6Dios habría tenido que crear de modo diferente y haberse separado de Su Hijo para que eso fuese posible. 7Él habría tenido que crear diferentes cosas, y establecer diferentes órdenes de rea­lidad, de los que sólo algunos fuesen amor. 8Pero el amor tiene que ser eternamente igual a sí mismo, sin alternativas e inmuta­ble para siempre. 9Y, por lo tanto, así es. 10Tú no puedes poner una barrera a tu alrededor porque Dios no puso ninguna entre tú y Él.

En nuestro estado actual de conciencia y de comprensión, la afirmación "el cuerpo no existe" es todo un reto que sin duda se convierte en una invitación a deshacer todo lo aprendido de la mano del sistema de pensamiento del ego. Nos diremos: "¿cómo es posible que no exista si lo estoy percibiendo constantemente?"

Cuando comencé mis estudios sobre las enseñanzas de Un Curso de Milagros, tuve que enfrentarme a este dilema. Los conceptos que formaban parte de mis creencias se sentían atacados y, en respuesta a ello, tenía dos opciones: contraatacar y negar cualquier afirmación que pudiera ser interpretada como un ataque o abrir mi mente a nuevas posibilidades, las que, sin duda, exigirían por mi parte llevar a cabo una búsqueda sobre sus significados. Fue así como pude descubrir ideas ya expuestas que sin duda me ofrecieron nuevos argumentos en los que profundizar. Los conceptos real, verdad, existir me ofrecieron una visión diferente a la que tenía y me permitieron comprender sus profundos significados, lo que a su vez me permitió afianzar mi convicción de que el cuerpo no existe por la sencilla razón de que no es real y verdadero. Os dejo un enlace de un artículo que desarrollé sobre dichos conceptos y que estoy seguro te ayudará a abrir tu mente a una nueva comprensión y a compartir la afirmación que se recoge en este punto.

https://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/2015/01/retomo-la-iniciativa-emprendida-de.html 

viernes, 14 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (2ª parte).

VI. Más allá del cuerpo (2ª parte).

4. En esto la mente está claramente engañada. 2No puede atacar, pero sostiene que sí puede, y para probarlo, se vale de lo que hace para hacerle daño al cuerpo. 3La mente no puede atacar, pero puede engañarse a sí misma. 4Y eso es todo lo que hace cuando cree que ha atacado al cuerpo. 5Puede proyectar su cul­pabilidad, pero no puede deshacerse de ella proyectándola. 6Y aunque es obvio que puede percibir la función del cuerpo erróne­amente, no puede cambiar la función que el Espíritu Santo le asignó a éste. 7El cuerpo no es el fruto del amor. 8Aun así, el amor no lo condena y puede emplearlo amorosamente, respetando lo que el Hijo de Dios engendró y utilizándolo para salvar al Hijo de sus propias ilusiones.

La mente, cuando no emana luz, da lugar a la oscuridad y ello propicia que fabrique imágenes a las que da significado. El cuerpo es una de esas imágenes a las que da realidad y con la cual se identifica plenamente. De hecho, otorga al cuerpo la función de crear, de elegir, de atacar y de morir. 

La enseñanza no dice que la mente no puede atacar, pero puede engañarse a sí misma, fruto de su identificación con el cuerpo.

Es importante recordar que, aunque el cuerpo no es el fruto del amor, sí puede ser empleado para extender el amor.

5. ¿No te gustaría que los medios de la separación fueran reinter­pretados como medios de salvación y se usasen para los fines del amor? 2¿No le darías la bienvenida y le prestarías tu apoyo a este intercambio de fantasías de venganza por tu liberación de ellas? 3La percepción que tienes del cuerpo puede ser ciertamente enfermiza, pero no debes proyectar eso sobre él. 4Pues tu deseo de hacer que lo que no tiene la capacidad de destruir sea destruc­tivo, no puede tener ningún efecto real. 5Lo que Dios creó sólo puede ser como Él quiere que sea, pues así lo dispone Su Volun­tad. 6Tú no puedes hacer que Su Voluntad sea destructiva. 7Pue­des, no obstante, forjar fantasías en las que tu voluntad entra en conflicto con la Suya, pero eso es todo.

Pienso que las aportaciones que nos hace el Curso en este punto son muy interesantes. Durante algún tiempo, llegué a pensar que con mi voluntad podía hacer daño a Dios y, por extensión, al resto de Su Creación, en particular a los que veía como "los demás". Ese pensamiento demente emanaba de la total ignorancia de mí mismo y de lo que somos realmente. Identificado con el cuerpo, le otorgué un ficticio poder para hacer que las cosas fuesen como yo deseaba que fuesen. Cuando sentí agotada esa alocada voluntad, descubrí que Dios es Perfecto e Inmune a mis ataques. Lo que Es, lo hace invulnerable, pues el Amor no es vengativo, ni cruel, ni receloso. El Amor absorbe todo dolor, toda culpa, toda la oscuridad que pueda fabricar la mente errada y lo disuelve en su inmenso mundo de Luz.

Sí, ahora soy consciente de que lo que Dios creó sólo puede ser como Él quiere que sea, pues así lo dispone Su Voluntad. Podemos quedar dormidos a esa realidad, pero no podemos quedar eternamente dormidos, pues no es esa nuestra condición verdadera.

Podemos utilizar el cuerpo para expandir el amor. Para ello, tan solo tenemos que acercarnos a nuestros hermanos y verlos tal y como realmente son, formando parte de la Unidad que constituye la Filiación.

6. Es una locura usar el cuerpo como chivo expiatorio sobre el que descargar tu culpabilidad, dirigiendo sus ataques y culpándolo luego por lo que tú mismo quisiste que hiciese. 2Es imposible exte­riorizar fantasías, 3pues éstas siguen siendo lo que tú deseas y no tienen nada que ver con lo que el cuerpo hace. 4El cuerpo no sueña con ellas, y lo único que éstas hacen es convertirlo en un lastre en vez de en algo útil. 5Pues las fantasías han hecho de tu cuerpo tu "enemigo"; algo débil, vulnerable y traicionero, merecedor del odio que le tienes. 6¿De qué te ha servido todo esto? 7Te has identi­ficado con eso que odias, el instrumento de venganza y la apa­rente fuente de tu culpabilidad. 8Le has hecho esto a algo que no tiene significado, proclamándolo la morada del Hijo de Dios y haciendo luego que se vuelva contra él.

Ver al cuerpo físico como la causa de nuestros pecados es el mecanismo más utilizado por la mente cuando proyecta fuera de sí misma el juicio de lo que percibe interiormente y reconoce como un ataque a Dios y a Su Creación. De este modo, pensamientos ausentes de amor se convierten en la verdadera causa que fragua la creencia en la separación. 

Esa disociación de la mente da lugar a un mundo dividido y al olvido de que nuestra verdadera causa bebe de la misma Fuente de Dios de la cual emanó Su Creación. 

La flagelación, así como otros castigos que ejercemos sobre el cuerpo para purgar la creencia en la culpa y en el pecado, se convierte en la evidencia de que estamos castigando al medio, al cuerpo, cuando en verdad su función es totalmente neutra al ser fruto de nuestra percepción en el mundo tridimensional. 

jueves, 13 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (1ª parte).

 VI. Más allá del cuerpo (1ª parte).

1. No hay nada externo a ti. 2Esto es lo que finalmente tienes que aprender, pues es el reconocimiento de que el Reino de los Cielos te ha sido restaurado. 3Pues eso fue lo único que Dios creó, y Él no lo abandonó ni se separó a Sí Mismo de él. 4El Reino de los Cielos es la morada del Hijo de Dios, quien no abandonó a su Padre ni mora separado de Él. 5El Cielo no es un lugar ni tam­poco una condición. 6Es simplemente la conciencia de la perfecta unicidad y el conocimiento de que no hay nada más: nada fuera de esta unicidad, ni nada adentro.

Preparémonos para recibir el regalo del autoconocimiento. Este apartado ofrece a nuestra mente, quizás, lo que llevamos tiempo buscando: conocer lo que realmente somos. 

Estamos tan identificados con los ropajes físicos que dan lugar al cuerpo que hemos negado toda posibilidad de ser lo que realmente somos, un ser espiritual. Creemos en la temporalidad del cuerpo material, cuando en verdad nuestro espíritu es eterno. Estamos totalmente convencidos de que somos nuestros propios creadores, cuando la verdadera realidad no es otra que somos el Hijo de Dios.

La percepción es el resultado de colapsar la energía en partículas y esto ha sido posible al elegir ver de manera diferente a cómo Dios ve, esto es, desligándose de la fuente del amor, cuya esencia hace real la compleción de la Filiación.

La percepción nos lleva a la creencia en la separación y a la identificación con el mundo externo. El pilar básico del sistema de pensamiento del ego se fundamenta en la creencia de que lo real es lo que percibimos.

No hay nada externo a nosotros, o lo que es lo mismo, no hay nada separado de nosotros. Esa verdad es el reconocimiento de que el Reino de los Cielos, el símbolo de la unicidad, ha sido restaurado en nuestra mente.

2. ¿Qué otra cosa podría dar Dios, sino el conocimiento de Sí Mismo? 2¿Hay algo más que se pueda dar? 3La creencia de que puedes dar u obtener otra cosa -algo externo a ti- te ha costado la conciencia del Cielo y la de tu Identidad. 4Y has hecho algo todavía más extraño, de lo cual ni siquiera te has percatado: 5Has transferido la culpabilidad de tu mente a tu cuerpo. 6El cuerpo, no obstante, no puede ser culpable, pues no puede hacer nada por su cuenta. 7Tú que crees odiar a tu cuerpo, no haces sino engañarte a ti mismo. 8Odias a tu mente, pues la culpabilidad se ha adentrado en ella, y procura mantenerse separada de la mente de tu hermano, lo cual no puede hacer.

Cada maestro enseña lo que es. Cada padre guía a su hijo según sus creencias. Cada ser cree según el anfitrión que le permite entrar en su hogar.

Dios, nuestro Padre y Creador, comparte Su Fuente con Su Creación. El conocimiento de Sí Mismo forma parte de nuestro ADN espiritual. Siempre nos ha acompañado. Pero nuestro ser ha invitado a otro anfitrión a compartir nuestra mente y de este modo, el miedo ha sustituido al amor y la ignorancia al conocimiento.

Fruto de esa relación con la creencia en la separación, con el miedo, con la ignorancia, hemos olvidado nuestra identidad espiritual y hemos adoptado la falsa identidad del cuerpo, al que hemos declarado culpable de nuestro "pecado original", cuando en verdad ha sido nuestro pensamiento al servicio de una voluntad mal dirigida lo que ha dado lugar a la percepción del cuerpo. Esa dimensión tridimensional tan solo es un nivel de vibración más denso que la espiritual, pero la naturaleza egoica la ha considerado nuestra verdadera identidad y ello es una ilusión, un error.

3. Las mentes están unidas, los cuerpos no. 2Sólo al atribuirle a la mente las propiedades del cuerpo parece posible la separación. 3Y es la mente la que parece ser algo privado, y estar fragmen­tada y sola. 4Proyecta su culpabilidad, que es lo que la mantiene separada, sobre el cuerpo, el cual sufre y muere porque se le ataca a fin de mantener viva la separación en la mente e impedir que conozca su Identidad. 5La mente no puede atacar, pero puede forjar fantasías y ordenarle al cuerpo que las exteriorice. 6Mas lo que el cuerpo hace nunca parece satisfacer a la mente. 7A menos que la mente crea que el cuerpo está realmente exteriori­zando sus fantasías, lo atacará proyectando aún más culpabili­dad sobre él.

La mente actúa como un foco. Cuando está encendido expande luz y crea realidad, y cuando está apagado multiplica la oscuridad y fabrica imágenes que no son reales.

La mente que crea es como el Reino de los Cielos, pues crea unidad; la mente que fabrica es como el infierno, fabrica división, miedo y culpa.

La mente es el canal a través del cual expandimos o multiplicamos el amor o el miedo. Cuando expande el amor, crea paz y felicidad. Cuando fabrica desde el miedo, proyecta ataque e infelicidad.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Capítulo 18. V. El sueño feliz (2ª parte).

V. El sueño feliz (2ª parte).

4. Los sueños felices se vuelven reales, no porque sean sueños, sino únicamente porque son felices. 2Por lo tanto, no pueden sino ser amorosos. 3Su mensaje es: "Hágase Su Voluntad", y no: "Quiero que sea de otra manera". 4La sincronización de medios y propósito es una empresa que está más allá de tu entendimiento. 5Ni siquiera te has dado cuenta de que has aceptado el propósito del Espíritu Santo como tu propósito, y lo único que harías sería utilizar medios profanos para su logro. 6La poca fe que se necesitó para cambiar de propósito es todo lo que se requiere para aceptar los medios y para ponerlos en práctica.

Este punto añade a la enseñanza un aspecto interesante a considerar. La felicidad, una
expresión del pensamiento amoroso, aporta realidad a los sueños cuando estos son felices. Podríamos decir que la felicidad es una proyección en nuestra mente del Cielo, donde sin duda nos reencontraremos con esa condición divina al formar parte del Mundo de Dios y de Su Hijo. Cuando en el mundo perceptivo visionemos el estado de la felicidad, es señal de que hemos elegido tener sueños felices y que de nuestra mente han emanado pensamientos de amor.

5. No es un sueño amar a tu hermano como a ti mismo, 2ni tu relación santa es tampoco un sueño. 3Lo único que aún le queda del mundo de los sueños es que todavía es una relación especial. 4Mas le es muy útil al Espíritu Santo, Quien tiene una función especial aquí. 5Tu relación se convertirá en el sueño feliz a través del cual Él podrá derramar Su alegría sobre miles y miles de personas que creen que el amor es miedo y no felicidad. 6Deja que Él lleve a cabo la función que Él le asignó a tu relación al aceptarla en tu nombre, y no habrá nada que no contribuya a ella para que se convierta en lo que Él quiere que sea.

Amar a nuestro hermano como nos amamos a nosotros mismos no es un sueño, como tampoco lo es nuestra relación santa; sin embargo, al tratarse de una relación especial, aún se manifiesta en el mundo de los sueños. Este juego de palabras puede confundirnos un poco. 

Debemos recordar que el mundo que percibimos sitúa a nuestra conciencia en un estado de "sueño" al creer ver un mundo cuya realidad es ilusoria. Dicho mundo es una elección de ver desde la ausencia del amor. El miedo ha usurpado dicha visión y se ha proclamado la causa en la que se basa el sistema de pensamiento del ego. En el mundo de los sueños nos enfrentamos a las pesadillas más terroríficas y dementes que podemos imaginar. En el mundo de los sueños no existen la felicidad, ni la paz, ni la dicha, ni la armonía, ni la abundancia, ni la inocencia. En el mundo de los sueños, la temporalidad es la ley que gobierna y hace que los aspectos referidos sean efímeros. En ese mundo ausente de amor, cuando se percibe un pensamiento amoroso, se produce un estado semejante al "despertar" y en ese nuevo estado se toma conciencia de que todo ha sido un sueño. Es por ello que este punto no enseña que la felicidad y el amor no pertenecen al sueño.

6. Cuando sientas que la santidad de tu relación se ve amenazada por algo, detente de inmediato y, a pesar del temor que puedas sentir, ofrécele al Espíritu Santo tu consentimiento para que Él cambie ese instante por el instante santo que preferirías tener. 2Él jamás dejará de complacer tu ruego. 3Pero no te olvides de que tu relación es una unidad, y, por lo tanto, es inevitable que cualquier cosa que suponga una amenaza para la paz de uno sea asimismo una amenaza para la paz del otro. 4El poder de haberos unido a su bendición reside en el hecho de que ahora es imposible que tú o tu hermano podáis experimentar miedo por separado, o inten­tar lidiar con él por vuestra cuenta. 5Jamás pienses que eso es necesario o incluso posible. 6Pero de la misma manera en que es imposible, es imposible también que el instante santo le llegue a uno de vosotros y no al otro. 7Y os llegará a ambos a petición de cualquiera de los dos.

Me gusta creer y, de hecho, así se lo manifiesto a mis hermanos, que la relación que nos une por un hilo invisible responde a un pacto sagrado de amor que hemos sellado en el Cielo. 

A lo largo de los estudios que he venido realizando en temas esotéricos y espirituales, he tenido ocasión de ver confirmada dicha creencia, pues el Hijo de Dios, la Obra Creadora de Dios, la Filiación es Una.

Bajo esa premisa, no podemos pretender que la salvación sea un logro que debamos alcanzar solos. Es más, salvarnos a nosotros mismos es imposible si no nos salvamos junto a nuestros hermanos.

7. Él que esté más cuerdo de los dos en el momento en que se perciba la amenaza, debe recordar cuán profundo es su endeuda­miento con el otro y cuánta gratitud le debe, y alegrarse de poder pagar esa deuda brindando felicidad a ambos. 2Que recuerde esto y diga:

3Deseo que éste sea un instante santo para mí, a fin de compartirlo con mi hermano, a quien amo. 

4Es imposible que se me pueda conceder a mí sin él o a él sin mí. 

5Pero nos es totalmente posible compartirlo ahora.

6Elijo, por lo tanto, ofrecerle este instante al Espíritu Santo, para que Su bendición pueda descender sobre nosotros, y mantenernos a los dos en paz.

Me sentiría afortunado si mi mente sirviera al Espíritu Santo y mantuviese la cordura que me permitiese recordar el pacto de amor que me mantiene unido a nuestros hermanos. Ese estado de conciencia vendría acompañado de un cambio radical de la creencia en la separación. Ahora, nuestros ojos se abren a la Visión Crística y ello nos permite ser sembradores de paz y felicidad, al elegir ver a nuestros hermanos desde la Unidad.

martes, 11 de febrero de 2025

Capítulo 18. V. El sueño feliz (1ª parte).

 V. El sueño feliz (1ª parte).

1. Prepárate ahora para deshacer lo que nunca tuvo lugar. 2Si ya entendieses la diferencia que existe entre la verdad y las ilusio­nes, la Expiación no tendría objeto. 3Él instante santo, la relación santa, las enseñanzas del Espíritu Santo y todos los medios por los que se alcanza la salvación no tendrían ningún propósito. 4Pues todos ellos no son sino aspectos del plan cuyo fin es cam­biar tus sueños de terror a sueños felices, desde los cuales puedas despertar fácilmente al conocimiento. 5No te pongas a ti mismo a cargo de esto, pues no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. 6Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos.

Entiendo que el sueño feliz es la visión que alcanzaremos en el nivel de conciencia llamado sueño, es decir, es lo que el Curso denomina "percepción verdadera". Dicho estado de conciencia se produce en el nivel perceptivo, o lo que es lo mismo, en el nivel físico. Se podría decir que es la antesala que nos lleva ante las puertas del Cielo, donde nos fundiremos con nuestro Creador y con Su Obra, la Filiación.

Para tener un sueño feliz, tenemos que tener claro que no es fruto del azar. Se requiere un deshacimiento de nuestros pensamientos errados, los cuales dan identidad al ego y a su sistema de creencias.  Dejar de creer en la separación nos acercará a una nueva percepción y a la comprensión de que las imágenes que hacemos reales son ilusiones. Este avance en nuestra conciencia nos sitúa en condición de reconocer que estamos soñando y, lo más importante, que somos los soñadores del sueño. 

Llamamos a ese nuevo estado de percepción "despertar"; sin embargo, su significado alude al cambio de conciencia descrito, reconocer que somos los soñadores del sueño y no víctimas del castigo divino en venganza de nuestros pecados.

Ser los soñadores del sueño movilizará nuestra voluntad en la dirección correcta. Saber que nuestra identidad no es pasajera ni temporal, sino espiritual y eterna, nos lleva a poner nuestra mente al servicio del Espíritu Santo, cuya luz alumbrará nuestros sueños felices y nos guiará hasta las puertas del Cielo.

2. Nunca solicites el instante santo después de haber tratado de eliminar por tu cuenta todo odio y temor de tu mente. 2Ésa es Su función. 3Nunca intentes pasar por alto tu culpabilidad antes de pedirle ayuda al Espíritu Santo. 4Ésa es Su función. 5Tu papel con­siste únicamente en estar dispuesto, aunque sea mínimamente, a que Él elimine todo vestigio de odio y de temor y a ser perdo­nado. 6Sobre tu poca fe, unida a Su entendimiento, Él establecerá tu papel en la Expiación y se asegurará de que lo cumplas sin ninguna dificultad. 7Y con Él construirás los peldaños, tallados en la sólida roca de la fe, que se elevarán hasta el Cielo. 8Y no serás tú el único que se valga de ellos para ascender hasta él.

Creernos separados de Dios nos ha llevado a la creencia de que hemos perdido la luz que nos ha de permitir compartir el Conocimiento de la creación de nuestra identidad. En la conciencia perceptiva, la luz brilla por su ausencia, lo que ha propiciado que no distingamos la realidad de la ilusión. Nuestra mente proyecta fuera nuestra oscuridad interior y ello nos impide reconocer en los demás la unidad que nos une a nuestro Creador.

Desde esa conciencia de oscuridad identificada con la ilusión, con lo irreal, no podremos dar la respuesta adecuada a la cuestión de la salvación. Desde la ausencia de luz, no sabremos reconocer lo que somos y nos juzgaremos como pecadores que claman ser redimidos de sus pecados. La culpa nos atormentará al creernos escindidos de la protección de Dios y la ira sustituirá al amor, el único antídoto que nos curará del miedo.

Dejemos que sea el Espíritu Santo, cuya Mente es Luz, la que nos guíe hacia el instante santo en el que podremos cantar las alabanzas de la salvación junto a nuestros hermanos.

3. A través de tu santa relación, renacida y bendecida en cada instante santo que tú no planees, miles de seres ascenderán hasta el Cielo junto contigo. 2¿Puedes acaso planear tú eso? 3¿O puedes prepararte a ti mismo para tal función? 4Sin embargo, ello es posi­ble porque es la Voluntad de Dios. 5Él no va a cambiar de pare­cer al respecto. 6Tanto el propósito como los medios le pertenecen a Él. 7Tú has aceptado el propósito, los medios se te proveerán. 8Un propósito como éste es inconcebible sin los medios. 9Él proveerá los medios a todo aquel que comparta Su propósito.

Este punto es toda una invitación a que reconozcamos nuestro papel en el plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. A diferencia de cómo pensamos, no tenemos que hacer nada para planificar el encuentro del instante santo; no tenemos que tomar la decisión de quién o qué persona será la que compartirá con nosotros ese instante sagrado. A veces podemos confundir las relaciones especiales, motivadas desde la culpa inconsciente, a la hora de elegir a la persona con la que realiza ese camino.

Dejemos al Espíritu Santo esa decisión. Él tiene la información integral de lo que necesitamos, pues dicha necesidad es compartida con el resto de la Filiación. Si no fuese así, no formaría parte del Plan de Salvación. Nuestro papel en este Plan es aceptar el propósito del Plan y lo demás, los medios, se nos proveerá.

lunes, 10 de febrero de 2025

Capítulo 18. IV. La pequeña dosis de buena voluntad (2ª parte).

 IV. La pequeña dosis de buena voluntad (2ª parte).

5Limítate simplemente a hacer la pregunta. 2La respuesta se te dará. 3No trates de contestarla; trata simplemente de recibir la respuesta tal como se te dé. 4Al prepararte para el instante santo, no intentes hacerte santo de antemano a fin de estar listo para él. 5Eso sería confundir tu papel con el de Dios. 6La Expiación no puede llegarles a los que piensan que primero tienen que expiar, sino sólo a aquellos que simplemente le ofrecen su buena volun­tad para de este modo hacer posible su llegada. 7La purificación es algo que es únicamente propio de Dios, y, por lo tanto, es para ti. 8En vez de tratar de prepararte para Él, trata de pensar de esta manera: 

9Yo que soy anfitrión de Dios, soy digno de Él.

10Aquel que estableció Su morada en mí la creó como Él quiso que fuese.

11No es necesario que yo la prepare para Él, sino tan sólo que no interfiera en Su plan para reinstaurar en mí la conciencia de que estoy listo, estado éste que es eterno. 12No tengo que añadir nada a Su plan.

13Mas para aceptarlo, tengo que estar dispuesto a no subs­tituirlo por el mío.

El miedo sustituyó al amor cuando decidimos dirigir nuestra voluntad en una dirección diferente a la que Dios nos insufló: la Filiación. Visionar la filiación, la obra de Dios, separada, es el error que hay que corregir y la única manera es recordar lo que realmente somos: Uno con Dios y con el resto de la humanidad.

¡Hágase Tu Voluntad Padre y no la mía! Es la expresión que sintetiza la enseñanza que este punto nos ofrece. Pretender que podemos establecer las condiciones para alcanzar la paz es elegir ver las cosas desde nuestro ego, pues es creer en que estamos separados de la Fuente que nos ha creado.

6. Y eso es todo. 2Añade algo más, y estarás simplemente desvir­tuando lo poco que se te pide. 3Recuerda que fuiste tú quien inventó la culpabilidad, y que tu plan para escapar de ella con­siste en llevar la Expiación ante la culpabilidad, y en hacer que la salvación parezca temible. 4Y si intentas prepararte ti mismo para el amor, lo único que harás será incrementar tu miedo. 5La preparación para el instante santo le corresponde a Aquel que lo da. 6Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. 7No usurpes Su función. 8Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas apren­der cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo.

Al ego le seduce convencernos de que más importante que ser es hacer. Muestra un vivo interés en enseñarnos que lo real es aquello que se percibe, y que todo lo demás no existe, no es real. De dicha enseñanza, lo único que percibe es fortalecer su sistema de pensamiento basado en la creencia en la separación y en la percepción física. Soy lo que percibo y lo que no percibo no es real, no existe.

Por ese motivo, le damos mucha importancia a aquello que hacemos, y nos decimos: "Lo que hacemos es aquello en lo que creemos". Evidentemente, esa afirmación sería correcta siempre y cuando lo que creemos sea lo correcto, o lo que es lo mismo, cuando nuestras creencias no sean erróneas. Y sucede que sí lo son. Por lo que aquello que hacemos y que responde a lo que creemos, procede de un error, la ignorancia de lo que somos.

Las enseñanzas que estamos estudiando nos orientan en un sentido diferente al que nos ofrece el sistema de pensamiento del ego. Ser es lo esencial y el conocimiento de lo que somos nos permitirá estar en sintonía con la frecuencia en la que emite la Voz del Espíritu Santo, la cual nos llevará a la percepción verdadera.

El instante santo es el encuentro de la voluntad del Hijo y la Voluntad del Padre.

7. Esto es lo que hace que el instante santo sea algo tan fácil y natural.. 2Tú haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. 3Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. 4te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. 5Todavía estás convencido de que tu entendimiento consti­tuye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. 6Mas hemos subrayado que no tienes que compren­der nada. 7La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo.

Dejemos de preocuparnos por lo que debemos hacer para ser santos. Cambiemos la creencia en que son nuestros actos los que nos otorgan el regalo de la santidad. Todos los Hijos de Dios son santos por su condición divina. Recordar esta verdad será el reconocimiento de que nuestros ojos se han abierto a la Visión Crística y que ahora percibimos la realidad de la Unidad.

8. No te olvides de que fue tu propia decisión hacer que todo lo que es natural y fácil, para ti fuese imposible. 2Si crees que el instante santo es algo difícil, es porque te has erigido en árbitro de lo que es posible, y aún no estás dispuesto a cederle el lugar a Uno que sabe. 3La creencia según la cual hay grados de dificultad en los milagros se basa en eso. 4Todo lo que Dios dispone no sólo es posible, sino que ya ha tenido lugar. 5Por eso es por lo que el pasado ha desaparecido. 6En realidad nunca tuvo lugar. 7Lo único que es necesario es deshacerlo en tu mente, que sí creyó que tuvo lugar.

"Todo lo que Dios dispone no sólo es posible, sino que ya ha tenido lugar". No puedo negar que, para una mente acostumbrada a la enseñanza del ego , esta afirmación supondrá todo un reto difícil de aceptar. Sin embargo, ya hemos visto que el concepto de tiempo en el que creemos no es real, no es lineal. Se asemeja más a una alfombra enrollada o al contenido de una novela. En ambos, su contenido total se encuentra condensado en sí mismo y tan sólo cuando se despliega la alfombra o se lee hasta el final el contenido de la novela, se adquiere la visión de la temporalidad.

La integridad de la Obra Creadora de Dios es Perfecta e Inalterable. Dicha Obra es el Hijo de Dios que da lugar a la Filiación. El Ser es, por lo tanto, Perfecto e Inalterable, lo que significa que no puede sufrir daño alguno que altere su esencia. 

Hablamos de la inefabilidad del Ser.