8. Sería ciertamente una locura poner la salvación en manos de los dementes. 2Pero puesto que Dios no está loco, ha designado a Uno tan cuerdo como Él para que le presente un mundo de mayor cordura a todo aquel que eligió la demencia como su salvación. 3A Él le es dado elegir la forma más apropiada para ayudar al demente: una que no ataque el mundo que éste ve, sino que se adentre en él calladamente y le muestre que está loco. 4El Espíritu Santo no hace sino señalarle otra alternativa, otro modo de contemplar lo que antes veía, que él reconoce como el mundo en el que vive, el cual creía entender.
Este párrafo aclara quién tiene realmente la función de salvar y, sobre todo, quién no. El Curso afirma sin ambigüedad que sería una locura confiar la salvación a una mente que se cree demente. Esto descarta definitivamente la idea de que el ego, el juicio personal o el esfuerzo humano puedan conducir a la verdad.
Dado que Dios no está loco, no ha delegado la salvación en la confusión, sino que ha designado a Uno tan cuerdo como Él: el Espíritu Santo. Su función es presentar un mundo de mayor cordura precisamente a quienes han elegido la demencia como sustituto de la salvación.
La genialidad del método del Espíritu Santo reside en su no-ataque. No contradice frontalmente el mundo que el demente ve, ni lo ridiculiza, ni lo niega. Se adentra silenciosamente en él, utilizando sus propios símbolos y referencias, y desde ahí muestra suavemente que el sistema entero es insensato.
El Espíritu Santo no fuerza una nueva visión ni destruye la antigua. Simplemente señala una alternativa: otro modo de contemplar exactamente lo mismo. Esa nueva mirada se ofrece dentro del mundo que el individuo reconoce como propio, el mundo que creía entender. Así, la corrección no se vive como amenaza, sino como reconocimiento.
Mensaje central del punto:
- La salvación no puede estar en manos de la locura.
- Dios ha designado al Espíritu Santo como mediador cuerdo.
- El Espíritu Santo presenta un mundo de mayor cordura.
- No ataca el mundo percibido por el demente.
- Entra en él silenciosamente.
- Muestra la locura sin juicio ni confrontación.
- Ofrece otra manera de ver lo mismo.
Claves de comprensión:
- La salvación no es auto-dirigida desde el ego.
- El Espíritu Santo no destruye símbolos; los reinterpreta.
- El no-ataque es condición imprescindible para que la corrección sea aceptada.
- La nueva percepción no sustituye el mundo; lo resignifica.
- El reconocimiento precede a la comprensión total.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Abandona la idea de “arreglarte” por tu cuenta.
- Permite que una interpretación más amable sustituya al juicio.
- Observa cuándo te resistes porque sientes que tu mundo es atacado.
- Practica aceptar otra mirada sin exigir pruebas inmediatas.
- Recuerda: no se te pide abandonar lo que ves, sino verlo de otra manera.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿En qué áreas sigo confiando la salvación a mi propio juicio?
- ¿Cuándo percibo la corrección como ataque?
- ¿Puedo aceptar una alternativa sin defender mi visión actual?
- ¿Estoy dispuesto a dejar que alguien cuerdo elija la forma?
- ¿Qué cambiaría si permitiera otra manera de ver lo mismo?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo confirma que la salvación no es un logro personal, sino una reorientación guiada. Dios no deja la curación en manos de la confusión. El Espíritu Santo actúa como traductor entre dos sistemas de pensamiento, entrando en el mundo del error sin atacarlo y mostrando, desde dentro, que hay otra forma de verlo.
La locura no se corrige con confrontación, sino con una alternativa que se reconoce como más amable, más coherente y más verdadera.
Frase inspiradora:
“La salvación no me exige abandonar mi mundo, sino mirarlo con otra mente.”
Invitación práctica:
Hoy, cuando sientas confusión o resistencia, repite:
“Espíritu Santo, muéstrame otra manera de ver esto.”
Y permite que la corrección llegue sin esfuerzo.
.%20(2).jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario