viernes, 13 de febrero de 2026

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (11ª parte).

VII. La roca de la salvación (11ª parte).

11. La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. 2Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. 3Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. 4Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, "El pecado es real y es lo que rige al mundo"? 5Por cada pequeña ganancia que se obtenga alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. 6Pues, de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia. 7Tú que crees que Dios está loco, examina esto deteni­damente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos.

Este párrafo expone con absoluta claridad la raíz lógica de la creencia en la pérdida. No la trata como un hecho psicológico ni como una experiencia humana inevitable, sino como una conclusión metafísica que se deriva directamente de una premisa falsa: que Dios está loco.

El Curso establece una relación directa e ineludible: creer que alguien puede perder, es creer que Dios creó un sistema de ganancia y pérdida, y creer que Dios está loco.

En el mundo parece evidente que alguien debe perder para que otro gane. Esta lógica competitiva se presenta como “realista”, “natural” o “inevitable”. Pero el Curso muestra que, si esa lógica fuese verdadera, Dios tendría que haberla establecido, lo cual implicaría que Su Voluntad es contradictoria, cruel y destructiva.

El texto va más profundo aún: esta creencia no es aislada, sino una forma concreta de la premisa más básica del ego: “El pecado es real y es lo que rige al mundo.”

La idea de pérdida necesita necesariamente del pecado como fundamento. Si el pecado es real, entonces la ganancia exige sacrificio, y el progreso se paga con dolor. Por eso el texto describe el mundo como un sistema en el que toda ganancia se cobra con “sangre y sufrimiento”. No como denuncia moral, sino como consecuencia lógica del sistema de pensamiento.

El ego introduce entonces una falsa disyuntiva: si alguien no paga el precio, “el mal triunfaría”. Así, la destrucción se presenta como el costo obligatorio de cualquier beneficio, reforzando la creencia de que la violencia y el sufrimiento son necesarios para sostener el orden del mundo.

El párrafo culmina con una exigencia de honestidad intelectual absoluta: o bien Dios es demente o bien lo es este sistema de pensamiento
pero no ambos.

No hay conciliación posible. El Curso no deja espacio a una tercera vía.

Mensaje central del punto:

  • La creencia en la pérdida implica creer que Dios está loco.
  • El mundo parece regirse por ganancia/pérdida.
  • Si esto fuese real, Dios habría creado un sistema cruel.
  • La creencia en la pérdida deriva de la idea de que el pecado es real.
  • El sacrificio y el sufrimiento sostienen esa creencia.
  • El ego justifica la violencia como necesaria.
  • Solo una de las dos cosas puede ser demente: Dios o el mundo.

Claves de comprensión:

  • La pérdida no es una experiencia neutra, sino una conclusión teológica inconsciente.
  • El sistema de ganancia/pérdida necesita del pecado para sostenerse.
  • El sufrimiento se justifica cuando se cree que es necesario.
  • El ego protege su sistema presentándolo como moralmente obligatorio.
  • La verdad no puede incluir destrucción como requisito.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa cuándo das por hecho que alguien debe perder.
  • Detecta pensamientos del tipo “esto tiene un costo inevitable”.
  • Pregúntate: “¿Estoy aceptando que el sufrimiento es necesario?”
  • Practica cuestionar la lógica del sacrificio.
  • Recuerda: lo que procede de Dios no exige pago alguno.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿En qué situaciones creo que perder es inevitable?
  • ¿Qué sacrificios sigo justificando como necesarios?
  • ¿Confundo justicia con castigo?
  • ¿Puedo concebir una ganancia sin costo?
  • ¿Qué sistema considero realmente demente: Dios o el mundo?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo revela que la creencia en la pérdida no es inocente, sino que sostiene la idea más extrema del ego: que Dios creó un mundo gobernado por el sacrificio. Al exponer esta lógica sin suavizarla, el Curso obliga a la mente a elegir entre dos interpretaciones incompatibles.

O Dios es Amor, o el mundo tiene razón.
Ambos no pueden ser verdaderos.

La salvación comienza cuando se cuestiona la necesidad de perder.

Frase inspiradora:

“Nada que provenga de Dios puede exigir pérdida.”

Invitación práctica:

Hoy, ante cualquier pensamiento de sacrificio o coste inevitable, repite:

“La Voluntad de Dios no exige que nadie pierda.”

Y permite que esa idea empiece a desmontar el sistema desde dentro.

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