viernes, 14 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (2ª parte).

VI. Más allá del cuerpo (2ª parte).

4. En esto la mente está claramente engañada. 2No puede atacar, pero sostiene que sí puede, y para probarlo, se vale de lo que hace para hacerle daño al cuerpo. 3La mente no puede atacar, pero puede engañarse a sí misma. 4Y eso es todo lo que hace cuando cree que ha atacado al cuerpo. 5Puede proyectar su cul­pabilidad, pero no puede deshacerse de ella proyectándola. 6Y aunque es obvio que puede percibir la función del cuerpo erróne­amente, no puede cambiar la función que el Espíritu Santo le asignó a éste. 7El cuerpo no es el fruto del amor. 8Aun así, el amor no lo condena y puede emplearlo amorosamente, respetando lo que el Hijo de Dios engendró y utilizándolo para salvar al Hijo de sus propias ilusiones.

La mente, cuando no emana luz, da lugar a la oscuridad y ello propicia que fabrique imágenes a las que da significado. El cuerpo es una de esas imágenes a las que da realidad y con la cual se identifica plenamente. De hecho, otorga al cuerpo la función de crear, de elegir, de atacar y de morir. 

La enseñanza no dice que la mente no puede atacar, pero puede engañarse a sí misma, fruto de su identificación con el cuerpo.

Es importante recordar que, aunque el cuerpo no es el fruto del amor, sí puede ser empleado para extender el amor.

5. ¿No te gustaría que los medios de la separación fueran reinter­pretados como medios de salvación y se usasen para los fines del amor? 2¿No le darías la bienvenida y le prestarías tu apoyo a este intercambio de fantasías de venganza por tu liberación de ellas? 3La percepción que tienes del cuerpo puede ser ciertamente enfermiza, pero no debes proyectar eso sobre él. 4Pues tu deseo de hacer que lo que no tiene la capacidad de destruir sea destruc­tivo, no puede tener ningún efecto real. 5Lo que Dios creó sólo puede ser como Él quiere que sea, pues así lo dispone Su Volun­tad. 6Tú no puedes hacer que Su Voluntad sea destructiva. 7Pue­des, no obstante, forjar fantasías en las que tu voluntad entra en conflicto con la Suya, pero eso es todo.

Pienso que las aportaciones que nos hace el Curso en este punto son muy interesantes. Durante algún tiempo, llegué a pensar que con mi voluntad podía hacer daño a Dios y, por extensión, al resto de Su Creación, en particular a los que veía como "los demás". Ese pensamiento demente emanaba de la total ignorancia de mí mismo y de lo que somos realmente. Identificado con el cuerpo, le otorgué un ficticio poder para hacer que las cosas fuesen como yo deseaba que fuesen. Cuando sentí agotada esa alocada voluntad, descubrí que Dios es Perfecto e Inmune a mis ataques. Lo que Es, lo hace invulnerable, pues el Amor no es vengativo, ni cruel, ni receloso. El Amor absorbe todo dolor, toda culpa, toda la oscuridad que pueda fabricar la mente errada y lo disuelve en su inmenso mundo de Luz.

Sí, ahora soy consciente de que lo que Dios creó sólo puede ser como Él quiere que sea, pues así lo dispone Su Voluntad. Podemos quedar dormidos a esa realidad, pero no podemos quedar eternamente dormidos, pues no es esa nuestra condición verdadera.

Podemos utilizar el cuerpo para expandir el amor. Para ello, tan solo tenemos que acercarnos a nuestros hermanos y verlos tal y como realmente son, formando parte de la Unidad que constituye la Filiación.

6. Es una locura usar el cuerpo como chivo expiatorio sobre el que descargar tu culpabilidad, dirigiendo sus ataques y culpándolo luego por lo que tú mismo quisiste que hiciese. 2Es imposible exte­riorizar fantasías, 3pues éstas siguen siendo lo que tú deseas y no tienen nada que ver con lo que el cuerpo hace. 4El cuerpo no sueña con ellas, y lo único que éstas hacen es convertirlo en un lastre en vez de en algo útil. 5Pues las fantasías han hecho de tu cuerpo tu "enemigo"; algo débil, vulnerable y traicionero, merecedor del odio que le tienes. 6¿De qué te ha servido todo esto? 7Te has identi­ficado con eso que odias, el instrumento de venganza y la apa­rente fuente de tu culpabilidad. 8Le has hecho esto a algo que no tiene significado, proclamándolo la morada del Hijo de Dios y haciendo luego que se vuelva contra él.

Ver al cuerpo físico como la causa de nuestros pecados es el mecanismo más utilizado por la mente cuando proyecta fuera de sí misma el juicio de lo que percibe interiormente y reconoce como un ataque a Dios y a Su Creación. De este modo, pensamientos ausentes de amor se convierten en la verdadera causa que fragua la creencia en la separación. 

Esa disociación de la mente da lugar a un mundo dividido y al olvido de que nuestra verdadera causa bebe de la misma Fuente de Dios de la cual emanó Su Creación. 

La flagelación, así como otros castigos que ejercemos sobre el cuerpo para purgar la creencia en la culpa y en el pecado, se convierte en la evidencia de que estamos castigando al medio, al cuerpo, cuando en verdad su función es totalmente neutra al ser fruto de nuestra percepción en el mundo tridimensional. 

jueves, 13 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (1ª parte).

 VI. Más allá del cuerpo (1ª parte).

1. No hay nada externo a ti. 2Esto es lo que finalmente tienes que aprender, pues es el reconocimiento de que el Reino de los Cielos te ha sido restaurado. 3Pues eso fue lo único que Dios creó, y Él no lo abandonó ni se separó a Sí Mismo de él. 4El Reino de los Cielos es la morada del Hijo de Dios, quien no abandonó a su Padre ni mora separado de Él. 5El Cielo no es un lugar ni tam­poco una condición. 6Es simplemente la conciencia de la perfecta unicidad y el conocimiento de que no hay nada más: nada fuera de esta unicidad, ni nada adentro.

Preparémonos para recibir el regalo del autoconocimiento. Este apartado ofrece a nuestra mente, quizás, lo que llevamos tiempo buscando: conocer lo que realmente somos. 

Estamos tan identificados con los ropajes físicos que dan lugar al cuerpo que hemos negado toda posibilidad de ser lo que realmente somos, un ser espiritual. Creemos en la temporalidad del cuerpo material, cuando en verdad nuestro espíritu es eterno. Estamos totalmente convencidos de que somos nuestros propios creadores, cuando la verdadera realidad no es otra que somos el Hijo de Dios.

La percepción es el resultado de colapsar la energía en partículas y esto ha sido posible al elegir ver de manera diferente a cómo Dios ve, esto es, desligándose de la fuente del amor, cuya esencia hace real la compleción de la Filiación.

La percepción nos lleva a la creencia en la separación y a la identificación con el mundo externo. El pilar básico del sistema de pensamiento del ego se fundamenta en la creencia de que lo real es lo que percibimos.

No hay nada externo a nosotros, o lo que es lo mismo, no hay nada separado de nosotros. Esa verdad es el reconocimiento de que el Reino de los Cielos, el símbolo de la unicidad, ha sido restaurado en nuestra mente.

2. ¿Qué otra cosa podría dar Dios, sino el conocimiento de Sí Mismo? 2¿Hay algo más que se pueda dar? 3La creencia de que puedes dar u obtener otra cosa -algo externo a ti- te ha costado la conciencia del Cielo y la de tu Identidad. 4Y has hecho algo todavía más extraño, de lo cual ni siquiera te has percatado: 5Has transferido la culpabilidad de tu mente a tu cuerpo. 6El cuerpo, no obstante, no puede ser culpable, pues no puede hacer nada por su cuenta. 7Tú que crees odiar a tu cuerpo, no haces sino engañarte a ti mismo. 8Odias a tu mente, pues la culpabilidad se ha adentrado en ella, y procura mantenerse separada de la mente de tu hermano, lo cual no puede hacer.

Cada maestro enseña lo que es. Cada padre guía a su hijo según sus creencias. Cada ser cree según el anfitrión que le permite entrar en su hogar.

Dios, nuestro Padre y Creador, comparte Su Fuente con Su Creación. El conocimiento de Sí Mismo forma parte de nuestro ADN espiritual. Siempre nos ha acompañado. Pero nuestro ser ha invitado a otro anfitrión a compartir nuestra mente y de este modo, el miedo ha sustituido al amor y la ignorancia al conocimiento.

Fruto de esa relación con la creencia en la separación, con el miedo, con la ignorancia, hemos olvidado nuestra identidad espiritual y hemos adoptado la falsa identidad del cuerpo, al que hemos declarado culpable de nuestro "pecado original", cuando en verdad ha sido nuestro pensamiento al servicio de una voluntad mal dirigida lo que ha dado lugar a la percepción del cuerpo. Esa dimensión tridimensional tan solo es un nivel de vibración más denso que la espiritual, pero la naturaleza egoica la ha considerado nuestra verdadera identidad y ello es una ilusión, un error.

3. Las mentes están unidas, los cuerpos no. 2Sólo al atribuirle a la mente las propiedades del cuerpo parece posible la separación. 3Y es la mente la que parece ser algo privado, y estar fragmen­tada y sola. 4Proyecta su culpabilidad, que es lo que la mantiene separada, sobre el cuerpo, el cual sufre y muere porque se le ataca a fin de mantener viva la separación en la mente e impedir que conozca su Identidad. 5La mente no puede atacar, pero puede forjar fantasías y ordenarle al cuerpo que las exteriorice. 6Mas lo que el cuerpo hace nunca parece satisfacer a la mente. 7A menos que la mente crea que el cuerpo está realmente exteriori­zando sus fantasías, lo atacará proyectando aún más culpabili­dad sobre él.

La mente actúa como un foco. Cuando está encendido expande luz y crea realidad, y cuando está apagado multiplica la oscuridad y fabrica imágenes que no son reales.

La mente que crea es como el Reino de los Cielos, pues crea unidad; la mente que fabrica es como el infierno, fabrica división, miedo y culpa.

La mente es el canal a través del cual expandimos o multiplicamos el amor o el miedo. Cuando expande el amor, crea paz y felicidad. Cuando fabrica desde el miedo, proyecta ataque e infelicidad.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Capítulo 18. V. El sueño feliz (2ª parte).

V. El sueño feliz (2ª parte).

4. Los sueños felices se vuelven reales, no porque sean sueños, sino únicamente porque son felices. 2Por lo tanto, no pueden sino ser amorosos. 3Su mensaje es: "Hágase Su Voluntad", y no: "Quiero que sea de otra manera". 4La sincronización de medios y propósito es una empresa que está más allá de tu entendimiento. 5Ni siquiera te has dado cuenta de que has aceptado el propósito del Espíritu Santo como tu propósito, y lo único que harías sería utilizar medios profanos para su logro. 6La poca fe que se necesitó para cambiar de propósito es todo lo que se requiere para aceptar los medios y para ponerlos en práctica.

Este punto añade a la enseñanza un aspecto interesante a considerar. La felicidad, una
expresión del pensamiento amoroso, aporta realidad a los sueños cuando estos son felices. Podríamos decir que la felicidad es una proyección en nuestra mente del Cielo, donde sin duda nos reencontraremos con esa condición divina al formar parte del Mundo de Dios y de Su Hijo. Cuando en el mundo perceptivo visionemos el estado de la felicidad, es señal de que hemos elegido tener sueños felices y que de nuestra mente han emanado pensamientos de amor.

5. No es un sueño amar a tu hermano como a ti mismo, 2ni tu relación santa es tampoco un sueño. 3Lo único que aún le queda del mundo de los sueños es que todavía es una relación especial. 4Mas le es muy útil al Espíritu Santo, Quien tiene una función especial aquí. 5Tu relación se convertirá en el sueño feliz a través del cual Él podrá derramar Su alegría sobre miles y miles de personas que creen que el amor es miedo y no felicidad. 6Deja que Él lleve a cabo la función que Él le asignó a tu relación al aceptarla en tu nombre, y no habrá nada que no contribuya a ella para que se convierta en lo que Él quiere que sea.

Amar a nuestro hermano como nos amamos a nosotros mismos no es un sueño, como tampoco lo es nuestra relación santa; sin embargo, al tratarse de una relación especial, aún se manifiesta en el mundo de los sueños. Este juego de palabras puede confundirnos un poco. 

Debemos recordar que el mundo que percibimos sitúa a nuestra conciencia en un estado de "sueño" al creer ver un mundo cuya realidad es ilusoria. Dicho mundo es una elección de ver desde la ausencia del amor. El miedo ha usurpado dicha visión y se ha proclamado la causa en la que se basa el sistema de pensamiento del ego. En el mundo de los sueños nos enfrentamos a las pesadillas más terroríficas y dementes que podemos imaginar. En el mundo de los sueños no existen la felicidad, ni la paz, ni la dicha, ni la armonía, ni la abundancia, ni la inocencia. En el mundo de los sueños, la temporalidad es la ley que gobierna y hace que los aspectos referidos sean efímeros. En ese mundo ausente de amor, cuando se percibe un pensamiento amoroso, se produce un estado semejante al "despertar" y en ese nuevo estado se toma conciencia de que todo ha sido un sueño. Es por ello que este punto no enseña que la felicidad y el amor no pertenecen al sueño.

6. Cuando sientas que la santidad de tu relación se ve amenazada por algo, detente de inmediato y, a pesar del temor que puedas sentir, ofrécele al Espíritu Santo tu consentimiento para que Él cambie ese instante por el instante santo que preferirías tener. 2Él jamás dejará de complacer tu ruego. 3Pero no te olvides de que tu relación es una unidad, y, por lo tanto, es inevitable que cualquier cosa que suponga una amenaza para la paz de uno sea asimismo una amenaza para la paz del otro. 4El poder de haberos unido a su bendición reside en el hecho de que ahora es imposible que tú o tu hermano podáis experimentar miedo por separado, o inten­tar lidiar con él por vuestra cuenta. 5Jamás pienses que eso es necesario o incluso posible. 6Pero de la misma manera en que es imposible, es imposible también que el instante santo le llegue a uno de vosotros y no al otro. 7Y os llegará a ambos a petición de cualquiera de los dos.

Me gusta creer y, de hecho, así se lo manifiesto a mis hermanos, que la relación que nos une por un hilo invisible responde a un pacto sagrado de amor que hemos sellado en el Cielo. 

A lo largo de los estudios que he venido realizando en temas esotéricos y espirituales, he tenido ocasión de ver confirmada dicha creencia, pues el Hijo de Dios, la Obra Creadora de Dios, la Filiación es Una.

Bajo esa premisa, no podemos pretender que la salvación sea un logro que debamos alcanzar solos. Es más, salvarnos a nosotros mismos es imposible si no nos salvamos junto a nuestros hermanos.

7. Él que esté más cuerdo de los dos en el momento en que se perciba la amenaza, debe recordar cuán profundo es su endeuda­miento con el otro y cuánta gratitud le debe, y alegrarse de poder pagar esa deuda brindando felicidad a ambos. 2Que recuerde esto y diga:

3Deseo que éste sea un instante santo para mí, a fin de compartirlo con mi hermano, a quien amo. 

4Es imposible que se me pueda conceder a mí sin él o a él sin mí. 

5Pero nos es totalmente posible compartirlo ahora.

6Elijo, por lo tanto, ofrecerle este instante al Espíritu Santo, para que Su bendición pueda descender sobre nosotros, y mantenernos a los dos en paz.

Me sentiría afortunado si mi mente sirviera al Espíritu Santo y mantuviese la cordura que me permitiese recordar el pacto de amor que me mantiene unido a nuestros hermanos. Ese estado de conciencia vendría acompañado de un cambio radical de la creencia en la separación. Ahora, nuestros ojos se abren a la Visión Crística y ello nos permite ser sembradores de paz y felicidad, al elegir ver a nuestros hermanos desde la Unidad.

martes, 11 de febrero de 2025

Capítulo 18. V. El sueño feliz (1ª parte).

 V. El sueño feliz (1ª parte).

1. Prepárate ahora para deshacer lo que nunca tuvo lugar. 2Si ya entendieses la diferencia que existe entre la verdad y las ilusio­nes, la Expiación no tendría objeto. 3Él instante santo, la relación santa, las enseñanzas del Espíritu Santo y todos los medios por los que se alcanza la salvación no tendrían ningún propósito. 4Pues todos ellos no son sino aspectos del plan cuyo fin es cam­biar tus sueños de terror a sueños felices, desde los cuales puedas despertar fácilmente al conocimiento. 5No te pongas a ti mismo a cargo de esto, pues no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. 6Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos.

Entiendo que el sueño feliz es la visión que alcanzaremos en el nivel de conciencia llamado sueño, es decir, es lo que el Curso denomina "percepción verdadera". Dicho estado de conciencia se produce en el nivel perceptivo, o lo que es lo mismo, en el nivel físico. Se podría decir que es la antesala que nos lleva ante las puertas del Cielo, donde nos fundiremos con nuestro Creador y con Su Obra, la Filiación.

Para tener un sueño feliz, tenemos que tener claro que no es fruto del azar. Se requiere un deshacimiento de nuestros pensamientos errados, los cuales dan identidad al ego y a su sistema de creencias.  Dejar de creer en la separación nos acercará a una nueva percepción y a la comprensión de que las imágenes que hacemos reales son ilusiones. Este avance en nuestra conciencia nos sitúa en condición de reconocer que estamos soñando y, lo más importante, que somos los soñadores del sueño. 

Llamamos a ese nuevo estado de percepción "despertar"; sin embargo, su significado alude al cambio de conciencia descrito, reconocer que somos los soñadores del sueño y no víctimas del castigo divino en venganza de nuestros pecados.

Ser los soñadores del sueño movilizará nuestra voluntad en la dirección correcta. Saber que nuestra identidad no es pasajera ni temporal, sino espiritual y eterna, nos lleva a poner nuestra mente al servicio del Espíritu Santo, cuya luz alumbrará nuestros sueños felices y nos guiará hasta las puertas del Cielo.

2. Nunca solicites el instante santo después de haber tratado de eliminar por tu cuenta todo odio y temor de tu mente. 2Ésa es Su función. 3Nunca intentes pasar por alto tu culpabilidad antes de pedirle ayuda al Espíritu Santo. 4Ésa es Su función. 5Tu papel con­siste únicamente en estar dispuesto, aunque sea mínimamente, a que Él elimine todo vestigio de odio y de temor y a ser perdo­nado. 6Sobre tu poca fe, unida a Su entendimiento, Él establecerá tu papel en la Expiación y se asegurará de que lo cumplas sin ninguna dificultad. 7Y con Él construirás los peldaños, tallados en la sólida roca de la fe, que se elevarán hasta el Cielo. 8Y no serás tú el único que se valga de ellos para ascender hasta él.

Creernos separados de Dios nos ha llevado a la creencia de que hemos perdido la luz que nos ha de permitir compartir el Conocimiento de la creación de nuestra identidad. En la conciencia perceptiva, la luz brilla por su ausencia, lo que ha propiciado que no distingamos la realidad de la ilusión. Nuestra mente proyecta fuera nuestra oscuridad interior y ello nos impide reconocer en los demás la unidad que nos une a nuestro Creador.

Desde esa conciencia de oscuridad identificada con la ilusión, con lo irreal, no podremos dar la respuesta adecuada a la cuestión de la salvación. Desde la ausencia de luz, no sabremos reconocer lo que somos y nos juzgaremos como pecadores que claman ser redimidos de sus pecados. La culpa nos atormentará al creernos escindidos de la protección de Dios y la ira sustituirá al amor, el único antídoto que nos curará del miedo.

Dejemos que sea el Espíritu Santo, cuya Mente es Luz, la que nos guíe hacia el instante santo en el que podremos cantar las alabanzas de la salvación junto a nuestros hermanos.

3. A través de tu santa relación, renacida y bendecida en cada instante santo que tú no planees, miles de seres ascenderán hasta el Cielo junto contigo. 2¿Puedes acaso planear tú eso? 3¿O puedes prepararte a ti mismo para tal función? 4Sin embargo, ello es posi­ble porque es la Voluntad de Dios. 5Él no va a cambiar de pare­cer al respecto. 6Tanto el propósito como los medios le pertenecen a Él. 7Tú has aceptado el propósito, los medios se te proveerán. 8Un propósito como éste es inconcebible sin los medios. 9Él proveerá los medios a todo aquel que comparta Su propósito.

Este punto es toda una invitación a que reconozcamos nuestro papel en el plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. A diferencia de cómo pensamos, no tenemos que hacer nada para planificar el encuentro del instante santo; no tenemos que tomar la decisión de quién o qué persona será la que compartirá con nosotros ese instante sagrado. A veces podemos confundir las relaciones especiales, motivadas desde la culpa inconsciente, a la hora de elegir a la persona con la que realiza ese camino.

Dejemos al Espíritu Santo esa decisión. Él tiene la información integral de lo que necesitamos, pues dicha necesidad es compartida con el resto de la Filiación. Si no fuese así, no formaría parte del Plan de Salvación. Nuestro papel en este Plan es aceptar el propósito del Plan y lo demás, los medios, se nos proveerá.

lunes, 10 de febrero de 2025

Capítulo 18. IV. La pequeña dosis de buena voluntad (2ª parte).

 IV. La pequeña dosis de buena voluntad (2ª parte).

5Limítate simplemente a hacer la pregunta. 2La respuesta se te dará. 3No trates de contestarla; trata simplemente de recibir la respuesta tal como se te dé. 4Al prepararte para el instante santo, no intentes hacerte santo de antemano a fin de estar listo para él. 5Eso sería confundir tu papel con el de Dios. 6La Expiación no puede llegarles a los que piensan que primero tienen que expiar, sino sólo a aquellos que simplemente le ofrecen su buena volun­tad para de este modo hacer posible su llegada. 7La purificación es algo que es únicamente propio de Dios, y, por lo tanto, es para ti. 8En vez de tratar de prepararte para Él, trata de pensar de esta manera: 

9Yo que soy anfitrión de Dios, soy digno de Él.

10Aquel que estableció Su morada en mí la creó como Él quiso que fuese.

11No es necesario que yo la prepare para Él, sino tan sólo que no interfiera en Su plan para reinstaurar en mí la conciencia de que estoy listo, estado éste que es eterno. 12No tengo que añadir nada a Su plan.

13Mas para aceptarlo, tengo que estar dispuesto a no subs­tituirlo por el mío.

El miedo sustituyó al amor cuando decidimos dirigir nuestra voluntad en una dirección diferente a la que Dios nos insufló: la Filiación. Visionar la filiación, la obra de Dios, separada, es el error que hay que corregir y la única manera es recordar lo que realmente somos: Uno con Dios y con el resto de la humanidad.

¡Hágase Tu Voluntad Padre y no la mía! Es la expresión que sintetiza la enseñanza que este punto nos ofrece. Pretender que podemos establecer las condiciones para alcanzar la paz es elegir ver las cosas desde nuestro ego, pues es creer en que estamos separados de la Fuente que nos ha creado.

6. Y eso es todo. 2Añade algo más, y estarás simplemente desvir­tuando lo poco que se te pide. 3Recuerda que fuiste tú quien inventó la culpabilidad, y que tu plan para escapar de ella con­siste en llevar la Expiación ante la culpabilidad, y en hacer que la salvación parezca temible. 4Y si intentas prepararte ti mismo para el amor, lo único que harás será incrementar tu miedo. 5La preparación para el instante santo le corresponde a Aquel que lo da. 6Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. 7No usurpes Su función. 8Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas apren­der cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo.

Al ego le seduce convencernos de que más importante que ser es hacer. Muestra un vivo interés en enseñarnos que lo real es aquello que se percibe, y que todo lo demás no existe, no es real. De dicha enseñanza, lo único que percibe es fortalecer su sistema de pensamiento basado en la creencia en la separación y en la percepción física. Soy lo que percibo y lo que no percibo no es real, no existe.

Por ese motivo, le damos mucha importancia a aquello que hacemos, y nos decimos: "Lo que hacemos es aquello en lo que creemos". Evidentemente, esa afirmación sería correcta siempre y cuando lo que creemos sea lo correcto, o lo que es lo mismo, cuando nuestras creencias no sean erróneas. Y sucede que sí lo son. Por lo que aquello que hacemos y que responde a lo que creemos, procede de un error, la ignorancia de lo que somos.

Las enseñanzas que estamos estudiando nos orientan en un sentido diferente al que nos ofrece el sistema de pensamiento del ego. Ser es lo esencial y el conocimiento de lo que somos nos permitirá estar en sintonía con la frecuencia en la que emite la Voz del Espíritu Santo, la cual nos llevará a la percepción verdadera.

El instante santo es el encuentro de la voluntad del Hijo y la Voluntad del Padre.

7. Esto es lo que hace que el instante santo sea algo tan fácil y natural.. 2Tú haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. 3Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. 4te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. 5Todavía estás convencido de que tu entendimiento consti­tuye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. 6Mas hemos subrayado que no tienes que compren­der nada. 7La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo.

Dejemos de preocuparnos por lo que debemos hacer para ser santos. Cambiemos la creencia en que son nuestros actos los que nos otorgan el regalo de la santidad. Todos los Hijos de Dios son santos por su condición divina. Recordar esta verdad será el reconocimiento de que nuestros ojos se han abierto a la Visión Crística y que ahora percibimos la realidad de la Unidad.

8. No te olvides de que fue tu propia decisión hacer que todo lo que es natural y fácil, para ti fuese imposible. 2Si crees que el instante santo es algo difícil, es porque te has erigido en árbitro de lo que es posible, y aún no estás dispuesto a cederle el lugar a Uno que sabe. 3La creencia según la cual hay grados de dificultad en los milagros se basa en eso. 4Todo lo que Dios dispone no sólo es posible, sino que ya ha tenido lugar. 5Por eso es por lo que el pasado ha desaparecido. 6En realidad nunca tuvo lugar. 7Lo único que es necesario es deshacerlo en tu mente, que sí creyó que tuvo lugar.

"Todo lo que Dios dispone no sólo es posible, sino que ya ha tenido lugar". No puedo negar que, para una mente acostumbrada a la enseñanza del ego , esta afirmación supondrá todo un reto difícil de aceptar. Sin embargo, ya hemos visto que el concepto de tiempo en el que creemos no es real, no es lineal. Se asemeja más a una alfombra enrollada o al contenido de una novela. En ambos, su contenido total se encuentra condensado en sí mismo y tan sólo cuando se despliega la alfombra o se lee hasta el final el contenido de la novela, se adquiere la visión de la temporalidad.

La integridad de la Obra Creadora de Dios es Perfecta e Inalterable. Dicha Obra es el Hijo de Dios que da lugar a la Filiación. El Ser es, por lo tanto, Perfecto e Inalterable, lo que significa que no puede sufrir daño alguno que altere su esencia. 

Hablamos de la inefabilidad del Ser.

viernes, 7 de febrero de 2025

Capítulo 18. IV. La pequeña dosis de buena voluntad (1ª parte).

IV. La pequeña dosis de buena voluntad (1ª parte).

1. El instante santo es el resultado de tu decisión de ser santo. 2Es la respuesta. 3Desearlo y estar dispuesto a que llegue precede su llegada. 4Preparas tu mente para él en la medida en que recono­ces que lo deseas por encima de todas las cosas. 5No es necesario que hagas nada más; de hecho, es necesario que comprendas que no puedes hacer nada más. 6No te empeñes en darle al Espíritu Santo lo que Él no te pide, o, de lo contrario, creerás que el ego forma parte de Él y confundirás a uno con otro. 7El Espíritu Santo pide muy poco. 8Él es Quien aporta la grandeza y el poder. 9Él se une a ti para hacer que el instante santo sobrepase con mucho tu entendimiento. 10Darte cuenta de lo poco que tienes que hacer es lo que le permite a Él dar tanto.

Este punto refuerza dos de los principios que considero más importantes dentro de la enseñanza que nos aporta Un Curso de Milagros. Por un lado, la elección. ¿Por qué es importante esta idea? Sencillamente, porque detrás de ese pensamiento se encuentra el Principio más elevado que hemos heredado de nuestro Creador: la voluntad. 

Si utilizamos la voluntad en la dirección opuesta a la de nuestro Creador, obtendremos una visión diferente a la que compartimos cuando ambas voluntades son una. La consecuencia de elegir ver de manera diferente a la de Dios nos lleva a percibir ilusoriamente y a olvidar nuestra verdadera identidad.

Cuando decidimos hacer la Voluntad de Dios, cuando elegimos ver desde Su Mente, estamos creando la realidad, lo verdadero y eterno. Como bien nos dice este apartado, el instante santo es el resultado de nuestra decisión de ser santos. Es la respuesta de dicha elección.

El otro principio al que me refería más arriba es el amor. La cualidad del amor es expansión. El amor siempre da y no pide nada a cambio, pues el amor es compleción, es totalidad, es abundancia, es plenitud, es infinito. El instante santo es el resultado de elegir amar, y no es necesario que hagamos nada más. El regalo que obtenemos por nuestra pequeña dosis de buena voluntad es la respuesta del Espíritu Santo, o lo que es lo mismo, la Expiación de todos nuestros errores y la visión Crística de la Unidad.

2. No confíes en tus buenas intenciones, 2pues tener buenas intenciones no es suficiente. 3Pero confía implícitamente en tu buena voluntad, independientemente de lo que pueda presen­tarse. 4Concéntrate sólo en ella y no dejes que el hecho de que esté rodeada de sombras te perturbe. 5Esa es la razón por la que viniste. 6Si hubieses podido venir sin ellas no tendrías necesidad del instante santo. 7No vengas a él con arrogancia, dando por sentado que tienes que alcanzar de antemano el estado que sólo su llegada produce. 8El milagro del instante santo reside en que estés dispuesto a dejarlo ser lo que es. 9Y en esa muestra de buena voluntad reside también tu aceptación de ti mismo tal como Dios dispuso que fueses.

La voluntad puede servir al error y lo hace cuando decide no amar, o puede servir a la verdad cuando su visión es la unidad. Cuando este punto nos dice que no confiemos en nuestras buenas intenciones, nos está advirtiendo que la voluntad debe dirigir al deseo, pues si es el deseo el que dirige a nuestra voluntad, nos seducirá para que sirvamos al ego y será entonces cuando todas nuestras buenas intenciones quedarán "en agua de borrajas".

Cuando es nuestra voluntad la que gobierna y dirige al deseo, entonces nuestra elección será firme y aceptada íntegramente, lo que nos permitirá lograr nuestra meta.

3. La humildad jamás te pedirá que te conformes con la peque­ñez. 2Pero sí requiere que no te conformes con nada que no sea la grandeza que no procede de ti. 3La dificultad que tienes con el instante santo procede de tu arraigada convicción de que no eres digno de él. 4¿Y qué es eso, sino la decisión de ser lo que tú quisie­ras hacer de ti mismo? 5Dios no creó Su morada indigna de Él. 6si crees que Él no puede entrar allí donde desea estar, debes estar oponiéndote a Su Voluntad. 7No es necesario que la fuerza de tu buena voluntad proceda de ti, sino únicamente de Su Voluntad.

El ego es un experto en manipular el pensamiento de modo que nos lleva a dudar de nuestra santidad utilizando argumentos y argucias propias de su sistema de pensamiento. 

Las tentaciones procedentes de la naturaleza instintiva que gobierna: la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza, nos las presenta nuestra mente, invitando a nuestra naturaleza santa a dudar de ella. Ello nos lleva a confundir la humildad con la soberbia; la generosidad con la avaricia; la castidad con la lujuria; la paciencia con la ira; la templanza con la gula; la caridad con la envidia y la diligencia con la pereza.

¿Acaso Dios no es poderoso? ¿Acaso no hemos sido creados a Su imagen y semejanza? Entonces, ¿por qué dudas de tu grandeza?

4. El instante santo no procede únicamente de tu pequeña dosis de buena voluntad. 2Es siempre el resultado de combinar tu buena voluntad con el poder ilimitado de la Voluntad de Dios. 3Te equivocabas cuando pensabas que era necesario que te preparases para Él. 4Es imposible hacer arrogantes preparativos para la santi­dad sin creer que es a ti a quien le corresponde establecer las condiciones de la paz. 5Dios las ha establecido ya. 6Dichas condi­ciones no dependen de tu buena voluntad para ser lo que son. 7Tu buena voluntad es necesaria sólo para poder enseñarte lo que son. 8Si sostienes que no eres digno de aprender esto, estarás interfi­riendo en la lección al creer que tienes que hacer que el alumno sea diferente. 9Tú no lo creaste ni tampoco puedes cambiarlo. 10¿Cómo ibas a obrar primero un milagro por tu cuenta, y luego esperar a que se haga uno por ti?

Así es, por mucho que nos cueste creerlo. Yo me encuentro entre los que movilizan su voluntad y sus deseos para elegir el camino que ha de llevarme a la salvación, que ha de permitirme sentir una persona buena, mejor que aquellos a los que juzgo malas personas, lo que me lleva a erigirme como su salvador, como su guía. Mis pasos me han llevado a formar parte de grupos de estudios que se proclaman seguidores de unas enseñanzas que les exigen hacer las cosas de una manera determinada para ser aceptados como parte del grupo. Tras esos muchos gestos, en ocasiones ritualísticos, se evidencia lo esencial: la ausencia de autoconocimiento.

Cuando se alcanza ese estado de consciencia en el que sabemos lo que realmente somos, nuestra ignorancia, la venda que cubre nuestros ojos, se cae, permitiéndonos ver nuestra desnudez, nuestra esencia, nuestra naturaleza espiritual, nuestra divinidad. En ese instante, nuestra voluntad no es otra que hacer la Voluntad de nuestro Padre. Ninguna otra verdad puede sustituir a esta verdad. 

jueves, 6 de febrero de 2025

Capítulo 18. III. Luz en el sueño (2ª parte).

III. Luz en el sueño (2ª parte).

4. Tú que tomas de la mano a tu hermano tomas también la mía, pues cuando os unisteis no estabais solos. 2¿Crees acaso que yo te iba a dejar en las tinieblas que acordaste abandonar conmigo? 3En tu relación radica la luz de este mundo. 4Y el miedo no puede sino desaparecer de tu vista ahora. 5No caigas en la tentación de arre­batar el regalo de la fe que le ofreciste a tu hermano. 6Lo único que conseguirías con ello sería asustarte a ti mismo. 7El regalo se dio para siempre, pues Dios Mismo lo aceptó. 8No puedes quitárselo ahora. 9Has aceptado a Dios. 10La santidad de tu relación quedó establecida en el Cielo. 11No entiendes lo que aceptaste, pero recuerda que tu entendimiento no es necesario. 12Lo único que se necesitó fue simplemente tu deseo de entender. 13Ese deseo fue el de ser santo. 14La Voluntad de Dios se te concede, 15pues lo único que deseas es lo que siempre tuviste o lo que siempre fuiste.

Si el uso de la voluntad fue el origen que dio lugar a la sustitución del amor por el miedo, de la luz por la oscuridad, del entendimiento por la ignorancia, igualmente, será por el uso de la voluntad dirigida correctamente que alcanzaremos nuestro verdadero estado de ser; es decir, el amor, la luz y el entendimiento sustituirán al miedo, a la oscuridad y a la ignorancia.

Proyectemos nuestra voluntad para satisfacer el cumplimiento del único deseo que es lícito, el de entender, el de conocernos tal y como Dios nos ha creado.

5. Cada instante que pasemos juntos te enseñará que este objetivo es posible, y fortalecerá tu deseo de alcanzarlo. 2en tu deseo reside su logro. 3Tu deseo está ahora completamente de acuerdo con todo el poder de la Voluntad del Espíritu Santo. 4Ningún paso corto y vacilante que des puede hacer que tu deseo se aparte de Su Voluntad o de Su fortaleza. 5Puedes estar tan seguro de que yo te llevo de la mano como de que tú estuviste de acuerdo en llevar de la mano a tu hermano. 6No os separaréis, pues yo estoy con voso­tros y camino con vosotros en vuestro avance hacia la verdad. 7Y dondequiera que vamos, llevamos a Dios con nosotros.

En apariencia, el acto de conocernos puede confundirse con una acción que potencia la individualidad. Pero es precisamente la ignorancia de lo que realmente somos lo que da lugar al egoísmo y a la falsa creencia en la separación. Cuando conozcamos nuestra verdadera realidad, descubriremos a nuestra divinidad, la cual alcanza su compleción en la Unidad de la Filiación.

6. Te has unido a mí en tu relación para llevarle el Cielo al Hijo de Dios, que se había ocultado en la oscuridad. 2Has estado dis­puesto a llevar la oscuridad a la luz, y eso ha fortalecido a todos los que quieren permanecer en la oscuridad. 3Los que quieran ver verán. 4Y se unirán a mí para llevar su luz a la oscuridad cuando la oscuridad que hay en ellos haya sido llevada ante la luz y eliminada para siempre. 5La necesidad que tengo de ti que te has unido a mí en la santa luz de tu relación, es la misma que tienes tú. 6¿Cómo no iba yo a darte a ti lo que tú me diste a mí? 7Pues en el momento en que te uniste a tu hermano, me respon­diste.

Al conocernos, descubrimos que nuestra meta, la salvación o retorno a Dios, tan solo es posible cuando vamos de la mano con nuestros hermanos. Ese estado de conciencia resume nuestra meta. No hay otro camino. Ese sello certifica que es el camino correcto, el único y verdadero. Cualquier otro camino, que no nos lleve a tomar consciencia de esta realidad, será un camino falso y servirá a la escuela de pensamiento del ego.

7. Tú que eres ahora el portador de la salvación, tienes la función de llevar la luz a la oscuridad. 2La oscuridad en ti se llevó ante la luz. 3Lleva esa luz ahora a la oscuridad, desde el instante santo a donde llevaste tu oscuridad. 4Nos completamos cuando desea­mos completar. 5No dejes que el tiempo te preocupe, pues todo miedo que tú y tu hermano podáis experimentar procede real­mente del pasado. 6El tiempo ha sido reajustado para ayudarnos a lograr, juntos, lo que vuestros pasados separados habrían impe­dido. 7Habéis transcendido el miedo, pues dos mentes no pueden unirse en su deseo de amor sin que el amor se una a ellas.

El camino que hemos elegido, acompañado de nuestros hermanos, ya no está amenazado por el miedo, lo que significa que el tiempo deja de ser un obstáculo, pues ya no lo concebimos como el tránsito del pasado al futuro. Ahora, se colapsa en el instante presente, el único que nos brinda la oportunidad de nacer de nuevo espiritualmente. Cuando dos mentes se unen en el amor, ¡todo se ha consumado!

8Ni una sola luz en el Cielo deja de acompañaros. 2Ni uno solo de los rayos que brillan para siempre en la Mente de Dios deja de iluminaros. 3El Cielo se ha unido a vosotros en vuestro avance hacia Él. 4Si se han unido a vosotros luces tan potentes que infun­den a la pequeña chispa de vuestro deseo el poder de Dios Mismo, ¿cómo podríais vosotros seguir en la oscuridad? 5Tú y tu hermano estáis retornando a casa juntos, después de un largo e insensato viaje que emprendisteis por separado y que no os condujo a ninguna parte. 6Has encontrado a tu hermano, y cada uno de vosotros alumbrará el camino del otro. 7Y partiendo de esa luz, los Grandes Rayos se extenderán hacia atrás hasta la os­curidad y hacia adelante hasta Dios, para desvanecer con su res­plandor el pasado y así dar lugar a Su eterna Presencia, en la que todo resplandece en la luz.

La fuerza de la luz es expansiva y se extiende sin límite, contagiándolo todo a su paso. Si no se percibe dicha luz, es porque estamos eligiendo la oscuridad y no la dejamos entrar.

En muchas ocasiones, no somos receptores del amor que nos brindan aquellos que nos aman desinteresadamente. La única razón para que esto ocurra es porque no nos amamos. La fuerza de atracción requiere que las mentes se unan. Cuando ese estado se alcanza, sabremos aceptar el amor de los demás, sencillamente porque ese amor está en nuestro interior, o lo que es lo mismo, porque nos amamos y sabemos reconocer lo que es el amor.

Cuando un hermano responde con desprecio a nuestro amor, o simplemente lo rechaza, está mostrándonos el rostro del miedo. Por tal motivo, en estas situaciones nuestra mente no debe responder en su tonalidad, es decir, no debe rechazarlo igualmente, sino que debemos continuar llevándole nuestra luz. Los que quieran ver, verán.