sábado, 10 de diciembre de 2016

Ángeles Sanadores: Aladiah (Dios Propicio)

ALADIAH (Dios Propicio)

Nombre Sagrado: Aleph-Lamed-Daleth-Yod-He.

Lelahel pertenece al Coro de los Querubines, Ángeles al servicio del Séfira Hochmah-Amor.
Por su vinculación sefirótica con la Esfera de Hochmah donde expresa las  cualidades de Binah-Saturno, extrae la condición que le permite ser portador de la Gracia Divina.
Su vinculación numérica -10-, lo relaciona con el Séfira Kether, de donde extrae la Esencia llamada Unidad.

Las aportaciones del Ángel Aladiah, son las siguientes:

  • Curación de enfermedades. Regeneración moral.
  • Inspiración para llevar una empresa a un resultado feliz.
  • El perdón de las malas acciones cometidas (errores).
  • Buenas relaciones sociales, contacto con gente influyente.
  • Protege contra la negligencia y el descuido en la salud y los negocios.

Si analizamos las características de los Centros que intervienen en la Fuerza Angélica llamada Aladiah, comprenderemos las cualidades que le han sido asignadas.
Por un lado Hochmah, que representa el Rostro Amoroso del Padre. En Hochmah, la cualidad de la Unidad adopta los ropajes del Amor Incondicional. Esta es la razón por la que el Amor tiene el don de unificar. En Hochmah, la Luz de Kether-Padre va por dentro, se interioriza y, cuando nuestra naturaleza es capaz de vibrar al unísono con este Centro, nos sentiremos preñado por esa Luz, propiciando la Sabiduría. Hochmah actúa en nuestras vidas, integrando el Fuego y el Agua, esto es, la Luz y las Tinieblas, de modo, que las emociones acepten ser la depositaria de la Luz-Unidad.

Por otro lado, Binah-Saturno, que representa el Centro de la Inteligencia Activa, donde emana toda Ley y Reglamento. Binah es el rostro legislativo de la divinidad. A través de Jehová, nos enseña a comportarnos de acuerdo a las Leyes Cósmicas.
Ya sabemos, que la Humanidad, al hacer uso de su Libre Albedrío, alteró el Programa Divino, lo que le llevó a fabricar una realidad paralela a la establecida por el Creador. Ese proceso llevó a la personalidad mundana –ego- a identificarse con el rigor como vía de aprendizaje y de toma de conciencia. Desde este punto de vista, Binah, aparece como la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Karma.

Por último, Kether. Aladiah es el Ángel número 10 y, 10 = 1. Podemos decir, que en esta ocasión, Aladiah es la “puerta” que nos conduce al retorno con la Unidad. El número 10 está vinculado con los 10 Centros que forman el Árbol Cabalístico. En este sentido, estaría relacionado con Malkuth, el Séfira que representa al Mundo Material. El axioma hermético “Cómo arriba es abajo y viceversa”, está representado por esta vinculación Kether-Malkuth, entre Dios y su Creación. Con el 10, podemos decir que Dios se hace tangible a través de la manifestación de la Madre Tierra. Los sabios siempre han dicho que la grandeza de la Obra de Dios la podemos encontrar en un grano de arena.
  
¿A qué llamamos Gracia Divina?

Esta condición se prodiga poco en la naturaleza humana. La naturaleza del hombre se encuentra identificada con el mundo que le rodea y le atribuye la máxima realidad a todo cuanto puede percibir, tocar, medir… Esa identificación le ha llevado a adoptar la creencia de que es, el cuerpo que percibe, negando cualquier vinculación con su verdadero origen espiritual.
El ego o personalidad material, se siente un ser separado de su creador y del resto de la Filiación; se siente culpable por el resultado de sus elecciones y da un significado redentor a la experiencia del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad, del castigo.
La Gracia Divina, en cambio, es la visión de que no existe culpa alguna. Es una condición más elevada que el perdón, pues al no ver el pecado, no tiene necesidad de perdonar.
Desde este punto de vista, Aladiah, nos limpia, nos purifica, nos cura, nos eleva, propiciando nuestro retorno a la conciencia de Unidad. Diremos, que cuando Aladiah se manifiesta en nuestras vidas, experimentaremos un verdadero milagro; nos curaremos de una manera sorprendente, inesperada. Es evidente, que para que este hecho se produzca, Aladiah debe encontrar en nuestro interior la morada donde depositar su Gracia Divina, es decir, debe encontrar en nosotros, una voluntad activa por retornar al estado de la Unidad.

Nos refiere Kabaleb a este respecto: “La Gracia de Dios va más allá de la misericordia porque perdona y absuelve sin necesidad de arrepentimiento ni de cambio en nuestra actitud. Es como si Dios, nuestra divinidad interna, después de haber bajado al infierno del mundo material a través de los nueve escalones anteriores, dijera: "tal y como están las cosas, entiendo que mi yo material destroce y aniquile, vamos a hacer como si nada hubiera ocurrido y que todo prosiga sin el paso del pasado”.

Aladiah, nos ofrece una nueva oportunidad para que se produzca el reencuentro con la Luz. No tiene en cuenta nuestros errores, pues no cree en el error. Tan sólo, nos arropa, nos abraza y en ese cálido encuentro, nos susurra dulcemente: “Levántate; eres un Ser Puro y Perfecto. Actúa según tu condición. Eres Hijo de la Luz”
¡Qué la Luz sea contigo!

Si deseas comunicarte con Aladiah, te dejo un enlace donde comparto la Plegaria y Exhorto elaborada, de una manera inspirada, por Kabaleb.


Ángeles Sanadores: Lelahel (Dios Loable)

LELAHEL (Dios Loable)

Nombre Sagrado: Lamed-Lamed-He-Aleph-Lamed:
Lelahel pertenece al Coro de los Serafines, Ángeles al servicio del Séfira Kether.
Por su vinculación sefirótica con la Esfera de Kether, donde expresa las  cualidades de Netzah-Venus, extrae la condición que le permite ser portador de Amor y Armonía.
Su vinculación numérica -6-, le vincula con el Séfira Tiphereth, de donde extrae la Esencia llamada Luz.

Las cualidades del Ángel Lelahel, son las siguientes:

  • Curación de las enfermedades
  • Iluminación espiritual.
  • Renombre y fortuna en las ciencias y las artes.
  • El amor de una persona afortunada.
  • Protección contra la ambición desmesurada y la codicia.
Si analizamos las características de los Centros que intervienen en la Fuerza Angélica llamada Lelahel, comprenderemos las cualidades que le han sido asignadas.
Por un lado Kether, que representa la figura divina del Padre. En Kether Todo es Uno. Es el origen de todo lo creado. Representa el Principio de la Voluntad.

Por otro lado, Tiphereth, que representa el Centro de la Conciencia. Situado en el corazón del Árbol Cabalístico, Tiphereth encierra en sí mismo la enseñanza del Equilibrio. Es la “tierra” donde Kether-Padre se interioriza, de modo que la conciencia es el receptáculo donde habita nuestro Ser Divino. Diremos que la Luz habita en nuestro interior, en nuestra conciencia.
A nivel planetario, Tiphereth está representado por el Sol, y dicho astro, es sinónimo de Vida, de Salud. Podríamos establecer una estrecha relación entre los distintos aspectos referidos: Luz-Conciencia-Equilibrio-Salud. Tiphereth-Sol es el Arquetipo Espiritual de donde emana el Principio de la Salud.

Por último, Netzah, Séfira que  representa el estado llamado Armonía. Esa cualidad se manifiesta como la confluencia de la energía emocional y la mental. La Armonía se expresa como la capacidad para conciliar los Elementos Opuestos, propiciando su entendimiento y comprensión.

¿A qué llamamos Luz?

El término “luz” en hebreo se escribe igual que “fuego”: Aur (אור). Ambos términos, están estrechamente relacionados, pues nos trasladan a los trabajos realizados por Elohim en el Primer Día de la Creación, en el cual El Creador, separó la Luz de las Tinieblas y puso en circulación las Fuerzas Constitutivas del Elemento Fuego. Según la traducción aportada por el magnífico traductor Fabre d´Olivet, al referirse a la luz, nos refiere que se trata del “elemento intelegible”, gracias al cual, lograremos comprender el Designio Divino.
Lelahel llena nuestros espacios internos con ese “elemento inteligible”, con esa luz que iluminará nuestra conciencia, permitiéndonos comprender lo que correcto y lo que no lo es.
Como consecuencia de ese estado de “iluminación”, se desprende un estado de equilibrio y de armonía que se proyectará a través de todos nuestros vehículos: Mental, Emocional y Físico.

Es importante reflexionar sobre este punto pues, si no existe “coherencia” entre estos vehículos, es decir, si nuestra mente va por un lado, nuestras emociones por otros, el cuerpo físico expresará esa incoherencia y lo hará en forma de enfermedad.
Por lo tanto, Lelahel, nos ayudará a tomar conciencia de esta dinámica y nos permitirá “hablar un mismo idioma”, nos llevará a vivificar la Unidad y la Armonía.

Nos refiere Kabaleb a este respecto: “Lelahel actúa en la curación de enfermedades, y lo hace por el procedimiento de la luz. Existe una terapia de la luz que aún no ha sido desarrollada, se sabe lo eficaz que es el sol en la curación de las enfermedades, pero como esta terapia es gratuita, no se suele utilizar. La luz artificial también tiene su utilidad por la noche, para mantener alejado al batallón de las sombras. En la luz se encuentran activas las más altas propiedades curativas, las que proceden directamente del Padre, de Kether, que nos las envía a través de su sexto Rayo”.

No quisiera terminar este análisis, sin prestar atención a un aspecto al que hemos aludido tan sólo de pasada y que considero importante. Al principio, decíamos que Lelahel trabaja en la Esfera de Kether, el Principio de la Voluntad Divina, donde Todo se expresa en la Unidad.
Podríamos decir, que el Principio de la Voluntad, es el don más preciado que hemos heredado de nuestro Creador, tanto es así, que tenemos a nuestra disposición la facultad del Libre Albedrio. Tenemos la capacidad para elegir en todos y cada uno de los momentos de nuestra eterna existencia.
No son solo palabras hermosas. Si somos capaces de comprender el verdadero poder con el que contamos, verdaderamente, y con toda la humildad, tenemos la “última palabra” para decidir si, apostamos por la Unidad o por la división; si apostamos por el Amor o por el egoísmo; si decidimos por la Salud o por la enfermedad.
No importa que cometamos errores. Podemos, en cada nuevo presente, activar nuestra Voluntad-Luz-Conciencia-Armonía-Salud, para actuar de un modo diferente, para ver las cosas de otra manera.
Ya no podemos seguir siendo víctimas y culpar a las circunstancias externas como causantes de nuestras desgracias. Ya sabemos que todo tiene su origen en la mente…
¡Qué la Luz sea contigo!

Si deseas comunicarte con Lelahel, te dejo un enlace donde comparto la Plegaria y Exhorto elaborada, de una manera inspirada, por Kabaleb: 

jueves, 8 de diciembre de 2016

Los Ángeles Sanadores: Presentación

La lectura de las obras “Los Ángeles al alcance de todos” y “Los Dioses Internos”, escritas por Kabaleb y por su hija Soleika Llop, nos permite acercarnos de una manera inspirada al conocimiento de los Ángeles y su estrecha relación con la Humanidad.

He tenido la fortuna de acceder a las enseñanzas impartidas por su autor y, sinceramente, su contenido cambió mi vida. Desde entonces, no puedo evitar sentirme “heredero” de sus enseñanzas, lo que me ha inspirado a continuar su labor difusora, profundizando en mucho de los temas por él iniciados y transmitidos.

En esta ocasión, mi propósito es presentar un breve estudio de los Ángeles especializados en los Programas de Curación. No es mi intención hacer una exposición sobre los Ángeles. Para ello, invito al lector a leer las obras referidas, pues en ellas encontrará una información sobre las Entidades Espirituales, difícil de mejorar.

Las Enseñanzas nos revelan que el Ser Supremo cuando emprendió su Obra Creadora, contó con la ayuda de Entidades Espirituales. Estas criaturas divinas pertenecían a la Oleada de Vida Angélica.
A nivel macrocósmico, el “guión cósmico” llevó a los Ángeles a protagonizar el papel de “guías-cuidadores” de una Oleada de Vida inferior a la suya, la Humana. Su misión consiste en ayudar a los hombres y en proporcionarles el conocimiento necesario para que comprendan el funcionamiento de la maquinaria cósmica.

Como bien expresa Soleika: En términos coloquiales, se les puede considerar como unos "operarios" divinos,   encargados de transmitir a la Tierra los designios del cielo, porque la divinidad no puede llegar a establecer contacto con sus infinitas creaciones si no es a través de los Ángeles”.

Conocemos, gracias a las enseñanzas cabalísticas, que Elohim, creó el Sistema Solar con el material “prestado” por los Zodiacales: El Fuego; el Agua; el Aire y la Tierra. De la labor conjunta de Elohim y los Zodiacales, quedó instituido el “escenario” donde se desarrollaría el “Gran Proceso Creador”. Esas Esencias Espirituales impregnarían Todo lo Manifestado, y se constituirían en diferentes Estados de Conciencia.
Los Ángeles se repartieron a lo largo de ese marco constituido por los Zodiacales y se especializaron en las enseñanzas implícitas en cada uno de los Cuatro Elementos.

Dichas enseñanzas han dado lugar a "Programas" específicos. Cada uno de ellos son lecciones que debemos aprender para formar nuestro pensamiento, para educar y dominar nuestros sentimientos y producir en nosotros un determinado comportamiento,  resultante de la información intelectual y de la educación, emocional recibidas.

La Divinidad, para facilitarnos la asimilación de su “alimento espiritual”, lo desmenuzó en 72 “raciones”, asignando a cada Ángel una parte de su enseñanza.

¿Por qué fueron 72?

El número 72, es un número sagrado y nos revela las cualidades encerradas en el nombre de Jehová, el Rostro Creador de la Divinidad.
Jehová en hebreo se escribe Yod-He-Vav-He.  Las letras hebreas tenían asignado tanto un fonema, como un número, así al sumar las letras YHVH éstas suman veintiséis (10-5-6-5 = 26). Sin embargo en varias fuentes talmúdicas tempranas, se menciona que al desplegar en extensión el Tetragrámaton se encuentra el nombre Divino de 72 letras, conocido como Shem ha-Mephorash . Una de las maneras de derivar el número 72 a partir del YHVH, la más simple, es recurrir al Tetrakys, el símbolo atribuido a la
divinidad en la escuela pitagórica, que consistía en un triángulo equilátero que se trazaba con diez puntos. Así en la cúspide se colocaba el Yod, en el segundo nivel el Yod-He; en el tercero el Yod-He-Vav, y en el último nivel el nombre completo Yod-He-Vav-He. Al sumar los valores de las diez letras dibujadas la suma daba setenta y dos.

Los Caldeos, un pueblo que desarrolló la astrología, tenían una base sexagesimal en su sistema de numeración y dividían la esfera zodiacal en 360 grados, los cuáles se repartían entre los doce signos astrológicos. Cada signo se podía a su vez dividir en tres decanatos y cada decanato en dos partes de cinco grados. Lo cual daba 72 subdivisiones.

Los místicos judíos eran muy dados a reflexionar profundamente en la Biblia y notaron que tres versículos consecutivos del Éxodo -19,20,21- estaban formados por 72 letras, lo que no podía ser de ninguna manera una casualidad. Así que llegaron a la conclusión de que en esos versículos se encontraban escondidos los nombres de Dios.
Para determinar cuáles eran éstos, colocaron las letras del primero de izquierda a derecha, la siguiente de derecha a izquierda y la última como al principio. Así obtuvieron 72 nombres de tres letras atribuidos a Dios.

Bien, alcanzado este punto, podemos determinar, que Dios ha puesto a nuestra disposición unas enseñanzas, recogidas en 72 asignaturas y un sistema de aprendizaje, delegado en manos de los Ángeles, cuyo objetivo es permitirnos adquirir el Conocimiento de las Leyes Divina. No olvidemos que somos "dioses en formación".

De estos 72 Programas-Asignaturas, seleccionaré aquellos que están relacionados con la curación.

Tal vez, el lector, se esté preguntando ¿Pueden curar los Ángeles? Y si es afirmativa la respuesta, ¿cómo nos curan?

Antes de pasar directamente a dar una respuesta a esta cuestión, me gustaría compartir algunas reflexiones relacionadas con la enfermedad, extraídas de “Un Curso de Milagros”:
  • Toda enfermedad es el resultado de una confusión de niveles.
  • La enfermedad es una forma de búsqueda externa.
  • Percibir el cuerpo como una entidad separada no puede sino fomentar la enfermedad, ya que ello no es verdad.
  • Toda clase de enfermedad, e incluso la muerte, son expresiones físicas del miedo a despertar.
  • La enfermedad, no obstante, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente. Toda forma de enfermedad es un signo de que la mente está dividida y de que no está acep­tando un propósito unificado.
  • Cuando un hermano está enfermo es porque no está pidiendo paz, y, por lo tanto, no sabe que ya dispone de ella. Aceptar la paz es negar lo ilusorio, y la enfermedad es una ilusión.
  • Inventaste al dios de la enfermedad, y al inventarlo te capacitaste para oírle. Pues si ves al dios de la enfermedad en alguna parte, lo has aceptado.
  • Los ritos del dios de la enfermedad son extraños y muy estric­tos. En ellos la alegría está prohibida, pues la depresión es la señal de tu lealtad a él.
  • No percibas en la enfermedad más que una súplica de amor, y ofrécele a tu hermano lo que él cree que no se puede ofrecer a sí mismo. Sea cuál sea la enfermedad, no hay más que un remedio. Alcanzarás la plenitud a medida que restaures la plenitud de otros, pues percibir en la enfermedad una petición de salud es reconocer en el odio una súplica de amor.
  • El cuerpo no puede curarse porque no puede causarse enfer­medades a sí mismo. No tiene necesidad de que se le cure. El que goce de buena salud o esté enfermo depende enteramente de la forma en que la mente lo percibe y del propósito para el que quiera usarlo.
  • Toda enfermedad tiene su origen en la separación. Cuando se niega la separación, la enfermedad desaparece.
  • Al pecado y a la enfermedad se les considera causa y consecuencia respectivamente, en una relación que se mantiene oculta de la conciencia a fin de mantenerla excluida de la luz de la razón.
  • La curación es el efecto de mentes que se unen, tal como la enfermedad es la consecuencia de mentes que se separan.
  • La enfermedad no es sino la ira que se ha descargado contra el cuerpo para que sufra.

Nadie puede quedar indiferente, tras haber reflexionado sobre lo expuesto. “El cuerpo no puede curarse porque no puede causarse enfermedades a sí mismo”.
Elijo esta frase, pero podría elegir cualquier otra para enfatizar una cuestión que considero crucial: “La enfermedad, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente”. Y esto ocurre, porque nuestra mente está dividida e identificada con la separación. Si nos sentimos separados de Dios, si violamos la Ley del Amor…, entonces, como bien recogió Carl Jung: “La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre”. Podríamos añadirle: “…para curar la mente del hombre”.

Sí, los Ángeles pueden curar. Pero no podrán hacerlo, si no le permitimos hacerlo. Nos ayudarán a sanar, en la medida en que le permitamos “enseñarnos” a sanarnos. Ellos no pueden alterar nuestro libre albedrío. Su cometido es guiarnos y transmitirnos las enseñanzas divinas.

Ya hemos visto, como la enfermedad es el resultado de los errores causados por nuestra manera de pensar. Si las enseñanzas transmitidas por los Ángeles no las asimilamos y las integramos en nuestra conciencia, éstas, resbalarán y adoptarán la condición de asignatura pendiente. Cuando no somos capaces de aprender por la vía del amor, esa misma enseñanza se nos administrará por la vía del rigor. Es nuestra elección de aprendizaje y no un castigo divino.
La enfermedad, lleva implícita ese código de asignatura pendiente. Tendremos que repetir curso y a base de mucha “repetición”, se consigue despertar la conciencia.

Por lo tanto, el papel de los Ángeles con relación a la curación, se resume en “inspirarnos” para que nuestra mente sea capaz de captar el mensaje divino de primera mano. Cuando estamos identificados con la enfermedad, la mejor petición que podemos dirigir a los Ángeles, es que nos “iluminen” a la hora de proyectar nuestros pensamientos, de modo que éstos sean portadores de rectitud, unidad y equilibrio, ingredientes que suelen faltar, cuando se manifiesta la enfermedad.

De los 72 Rostros Angélicos, he seleccionado a 17 Ángeles expertos en sanación:

Lelahel (6)
Aladiah (10)
Melahel (23)

Seheiah (28)
Omael (30)
Vasariah (32)

Rehael (39)

Ieiazel (40)

Sealiah (45)

Hahasiah (51)

Yeialel (58)

Mitzrael (60)

Umabel (61)

Anauel (63)

Manakel (66)

Habuhiah (68)


Mumiah (72)





Continuará...

Cuento para Sagitario: "Un Espíritu Benefactor - Final"


Era la voz zocarrona del Señor de los Errores. Estaba alli, junto a ella, pero estaba tan cautivadoramente atrapada por aquella experiencia, que no se había dado cuenta de su presencia.
  • Tú debes ser el Señor de los Errores, ¿no es cierto? -En ningún momento Tatiana sintió miedo alguno, todo lo contrario, en su pecho ardía un fuego abrasador, fruto de su indignación por aquella injusta situación-. ¿Cómo puedes destruir los sueños y las nobles esperanzas de los Hombres?, ¿es que acaso careces de corazón?
  • Corazón, dices. Veo que eres aún muy inocente. ¿Acaso no sabes, que el mundo me ha creado? ¿Por qué no pides cuentas a ellos, tal vez comprendas mejor tu propio error? -le contestó enfurecido el malvado Error-.
  • No trates de confundirme, no puedo creer que los Hombres te hayan creado. Demuéstramelo.

Aquel reto fue muy impulsivo y muy bien recibido por el Señor de los Errores. Se diría que estaba deseando poder llevar a cabo algún plan y aquella invitación le venía muy bien, pues asi justificaría su obra final, vencer cara a cara, a la única arma que aún temia, el poder del idealismo.
  • Está bien, te complaceré. Sígueme…
Tatiana siguió al Señor Error a una prudente distancia. Por mucho que lo intentaba no podía alejar de su mente, la imagen de todos aquellos niños que se iban a quedar sin vivir, una vez más, el mágico espiritu de la Navidad. Aquel sentimiento le dio una poderosa fuerza interior. Una profunda fe estimulaba su espíritu benefactor y se dijo que estaba dispuesta a poner fin a aquella trágica situación, de una vez por todas.
  • Bueno, ya hemos llegado -le advirtió en tono triunfante el Señor de los Errores-. Aquí está mi obra. Muy pronto, el mundo entero, conocerá la magia del Pais de los Errores. Todos se encontrarán como en su casa,  pues como comprobarás por ti misma, cada piedra, cada grano de arena, utilizado para construir este pueblo, está hecho de un gran error. Mi papel es fácil, me dedico a mantener unido todo este material y vivo con la preocupación de no poder acabar esta magna obra. Pero ahora, tú me ayudarás a conseguirlo. Tú eres el último eslabón. Cuando venza a tu idealismo, entonces el mundo sucumbirá por su propia destrucción. ¡Ja, Ja, Ja! –reía cruelmente aquel infernal ser, pero a Tatiana, nada de aquello la hacía sucumbir. Estaba decidida a vencer y así se lo hizo saber-.
  • Dime, ¿qué prueba me tienes preparada? - le retó osadamente la joven-.
  • Veo que vas comprendiendo. Eres muy lista, inocente, pero lista y valiente. Bien, ya que estás preparada, ¿para qué demorarlo más? Tu prueba consiste en enfrentarte con las 7 Quimeras del Error. Si consigues triunfar, cosa que no harás, serás tú la que hayas vencido, y entonces, todo volverá a su normalidad, me habrías destruido para siempre jamás. No te deseo suerte, pues no la tendrás. ¡Ja, Ja. Ja! -y con estas sarcásticas palabras, Señor Error, desapareció-.
Ante sí, Tatiana contempló un paisaje tétrico, oscuro y maloliente. Apenas si podía respirar sin dificultad. Se le antojó que algo muy cerca de allí se estaba quemando y despedía un fuerte hedor a azufre, por no decir a podrido.

A pesar de aquellas dificultades, Tatiana decidió continuar su camino y cruzar aquella espesa niebla que apenas la dejaba ver más allá de sus propios pasos. Anduvo durante un buen rato, y poco a poco fue desapareciendo aquella atmósfera irritante.
Un poco más allá, descubrió que la niebla era menos densa y se acercó hacia aquel lugar y justo cuando iba llegando, una vasta voz se dirigió a ella.

  • Vamos, acércate. Ya era hora, ¿no? Llevamos mucho esperándote y no estamos acostumbrados a tener tantas contemplaciones.
Aquel tono dominante y soberbio, indicó a Tatiana que se encontraba justo donde ella deseaba, en la boca del lobo. Todo estaba por decidir aún, pero ella estaba segura de si misma y de su victoria.
  • Siento mucho haberme retrasado, pero con tanta niebla no he podido venir antes. Os pido perdón -le dijo amablemente Tatiana-.
  • Quimera Soberbia
    ¡Ja, Ja, Ja! Os pido perdón. Tienes modales de señoritona –dijo una voz fríamente-. No trates de burlarte de nosotras. ¿Acaso pretendes hacernos creer que no te damos miedo?
  • Mentiría si os dijera que sí os tengo miedo, pero no acostumbro a mentir. La mentira no es buena compañera, pues muy pronto se vuelve nuestra enemiga y cuando menos te lo esperas te descubre, dejándote por embustera. No, no creo que sea buena compañera. Pero si tanto os complace...
  • Sí, si, tienes razón. Yo, hace mucho… - dijo exaltadamente una de aquellas quimeras, pero no pudo continuar pues de nuevo aquella voz amenazante se lo impidió-.
  • ¡Callate! Insensata, y guárdate tu opinión. Cuando te pidamos que hables, entonces lo haces. ¿Está claro? Bueno –siguió hablando la misma Quimera-, antes que nada te presentaré a mis hermanas, las Quimeras del Error. Yo soy la Soberbia. Estas que están a mi izquierda, son la Avaricia, la Ira y esta otra, que acabo de callar, es la inestable Envidia. A mi derecha están la Gula y la Lujuria, y frente a mí, se encuentra la más pequeña de todas, la Pereza. A todas nosotras deberás soportar. Intentaremos ganar tu respeto y te aseguro, que cuando salgas de aquí, serás una más entre nosotras.
Quimera Avaricia
Las 7 Quimeras se sentaron unas junto a las otras, y guardaron silencio, hasta que fue la Avaricia, la que tomó la palabra.
  • Tatiana, dime, si fueses rica y un día un ladrón te robase, ¿qué harias, te vengarías, le denunciarías? ¿Qué harías?
  • Tener riquezas no es ninguna virtud, es más se puede tener mucho dinero y carecer de amor o de salud, y entonces, pocas son las alegrías que puede ofrecerte el dinero. Le aseguro que el que roba es más desgraciado que el rico, no tan sólo porque carece de dinero, sino por algo más grave, porque carece de Amor. Es por ello que para que no robe más, le daría mi amor, en forma de dinero, pero también le pediría perdón, por no haberme dado cuenta antes de la pobreza de amor que tenía.
Tatiana hablaba con fIrmeza, con calor. Un calor que llegó a penetrar en el alma de la Quimera Avaricia, hasta tal punto que dos gruesas lágrimas cubrieron su rostro y fue la magia de ese sentimiento, la que permitIó que la Avaricia se transformara en una joven reina.
  • Gracias por liberarme de los grilletes de esas gruesas cadenas. Permíteme, que te recompense por tu ayuda. Soy la reina Inteligencia. Pídeme cuanto quieras -le dijo aquella virtuosa dama-.
  • Tan sólo os pido, señora, que la verdadera justicia reine en el mundo –le contestó Tatiana muy complacida-.
  • Así será -y diciendo esto, desapareció como por arte de magia-.
  • No seas tan orgullosa – exclamó otra de las Quimeras-, aún te quedan seis Quimeras. Veamos, ¿qué harías tú, si descubrieras que tu mejor amiga te critica hablando mal de ti al resto de tus compañeras? –de este modo la Soberbia la ponía a prueba-.
  • Pues la verdad es que no me gustaría –dijo con franqueza la joven Tatiana-.
  • Lo ves, lo ves, eres arrogante y orgullosa.
El júbilo de la Quimera Soberbia casi dejó sorda a sus hermanas. Se sentia victoriosa, pero…
  • …pero, también es verdad que no me preocuparía por mí -intervino de nuevo Tatiana -, sino por ella, pues procuro ser con mis amigos muy sincera y no puedo esperar de ellos algo que no me merezca. Así que si creen de mí  algo que no soy, no tardarán mucho en descubrir que todo era una broma. Debes saber Quimera Soberbia, que cada uno recoje lo que siembra.
Quimera Gula
Con estas palabras no pudo resistir la Soberbia su derrota, y transfigurando su rostro, dejó de ser una fea Quimera para convertirse en una majestuosa reina.
  • Enhorabuena, joven Tatiana. Debo agradecerte tu ayuda. Ahora por fin soy de nuevo libre y podré de nuevo volver a mi reino. Soy la reina Armonía. Pídeme cuanto quieras y lo recibirás como recompensa.
  • Siendo así, mi deseo es que la humildad genere Paz en la Tierra.
  • Así será -y diciendo esto se despidió, desapareciendo como su hermana la reina Inteligencla-.
  • Cuánto poder tienes -le dijo la Quimera Gula, acariciándola con dulzura-, si yo fuera tú, desearía gobernar la tierra. Con tanto poder, todo podrías conseguirlo. ¡Qué feliz serías!
La Quimera Gula estaba poniendo a prueba el temple de Tatiana, quien por unos segundos sintió una extraña sensación, un cosquilleo tentador. Pero hasta su mente llegó la imagen triste de los niños que iban a quedar sin poder disfrutar de la navidad  y esto la hizo volver en si, y le respondió:
  • Quimera Ira
    Tienes razón, Quimera Gula. Es tentador el tener poder, con él puedes conquistar pueblos, riquezas, montañas y tantas cosas más, pero no es tan poderoso como para devolver la alegría a un corazón destrozado por la falta de ilusión. Yo no quiero ese poder tan vano, y me conformaría con poder compartir y disfrutar la felicidad de ese niño, cuya mayor ilusión no es más que poder estrechar la mano de los Reyes Magos en navidad.
  • Pues así se cumplirá tu generoso deseo. Gracias a tu inocencia he podido librarme de las ataduras de la Gula, y ahora podré volver a mi reino, pues soy la reina Bondad. Dale recuerdos a esos niños y háblales de nuestro encuentro, ellos te lo agradecerán!
  • Así será -respondió emocionada Tatiana, pues comprendió que aquellas Quimeras habían sido víctimas, todas ellas de un olvido fatal, se habían olvidado de amar-.
  • Estoy indignada -gritó de repente la Quimera Ira-, tanto hablar de amor y de bondad, y nadie hace nada por poner fin al mal. Tú que eres tan valiente, ¿por qué no te enfrentas a ese fuerte rival?
  • Quimera Envidia
    Comprendo tu desdicha, Quimera Ira, Comprendo que nadie quiera ser tu compañera. Tu mal genio y tu ingratitud, pocos la comprenden. Pero un día descubrí que el coraje nada tiene que ver con la violencia, pero la violencia sí tiene mucho que ver con ser cobarde. Cuanto más miedo se tiene, más violencia se demuestra. En cambio hay que tener coraje para aguantar la violencia ajena. El mal genera males peores, es por ello que hay que dejar que el mal agote sus fuerzas, entonces podremos vencerle con la fuerza inversa, el bien.
  • Gracias, amiga Tatiana por tu acto de nobleza. Yo quise, cobardemente, herirte con mi rabia, y en cambio me has permitido encontrar de nuevo mi estima, el valor que un día perdiera. Ahora volveré a mi reino, pues soy la reina Justiciera. Pero antes de marcharme, pídeme cuanto quieras.
  • Si en tus manos está cumplir este deseo, haz que el valor impregne la tierra.
  • Así será -y diciendo esto desapareció-.
  • Ya tan sólo quedais vosotras tres. Dime Quimera de la Lujuria, ¿qué tienes que ofrecerme?, ó tú, Quimera de la Envidia, ¿qué tienes que proponerme? –le dijo Tatiana a las Quimeras restantes-.
  • Unamos nuestras fuerzas, hermanas -dijo la Quimera Pereza-, así podremos vencerla.
  • Veo que eres hermosa. Nunca había visto una,flor tan bella -le dijo la Quimera Lujuria-.
  • Quimera Pereza
    La verdad es que sí conozco a alguíen más bella. Es tanta su hermosura que hasta las ninfas sienten admiración por ella -dijo la Quimera Envidia-.
  • ¿Es verdad, eso? –preguntó sarcásticamente la Quimera Pereza-. Debes sentirte muy desgraciada por ello, ¿verdad Tatíana? Pero no te preocupes, no merece la pena pensar en ello. ¿Acaso te vas a molestar en averiguarlo? Haz lo que yo siempre digo, si no soy una cosa me la imagino.
  • ¿Acaso es tan importante ser hermosa? ¿No son bellas las flores de los jardines ó las aves del bosque, y no por ello sienten envidia? ¿Acaso se mira el risueñor en el estanque para imaginarse más risueño? No, amigas mias. No es esa la belleza que a mí me interesa. La belleza que conozco, no luce hermosos cabellos, ni relucientes ornamentos. Es más sublime y, sin embargo, todos tienen acceso a ella. No alimenta envidias, porque todo el que la posee, la comparte. No hace falta imaginarla, porque su presencia es real. No levanta falsos testimonios, porque está por encima del juicio. Esa belleza todo el mundo la puede encontrar, tan sólo hay que estar dispuesto a ello, estar dispuesto a Amar.
Las tres Quimeras, al unísono transfiguraron sus rostros y fue la Quimera Envidia la que hablando en nombre de las tres, se dirigió a la joven Tatiana.
  • Quimera Lujuria
    Debo agradecerte, en nombre de mis hermanas y en el mío propio, tu generosa ayuda. Sin tu colaboración nunca hubiésemos conseguido superar nuestra propia oscuridad. Ahora volveremos a nuestros respectivos reinos. Mis hermanas son la reina Belleza y la reina Imaginación. Yo soy la reina Verdad. Quisiéramos recompensarte por tus favores, y para ello te rogamos que pidas cuanto desees y se te concederá.
  • Gracias por vuestra generosidad majestades. Si esa es vuestra voluntad, os pediría que veláseis para siempre para que este pueblo, al que llaman Fantasilandia, no muera jamás. Así cada habitante de la tierra podrá crear a su alrededor belleza, podrá imaginar y podrá sobre todo creer en algo muy importante y que tantas veces ponemos en duda, la Verdad.
  • Pues que tus deseos se cumplan por siempre jamás y asi será –y diciendo esto, las tres reinas partieron en sus corceles etéreos, poniendo rumbo a sus respectivos reinos-.
  • ¡Tatiana, Tatiana…!
Mucho le costó al espiritu de Tatiana, en aquella nueva mañana, volver a su cuerpo físico. Aquel tono le recordó, por unos momentos, la vocecilla de su amigo Don Fantasía y ello la hizo saltar de la cama bruscamente, pero no pudo evitar una pequeña decepción, no se trataba de Don Fantasía, sino de doña realidad, pues su madre un tanto enfadada la reñía por su pereza.
  • Vamos Tatiana, si no te das prisa llegarás tarde al colegio. Tus amigas, seguro que estarán esperándote, siempre te esperan.
Tatiana apenas si la oía, no porque no quisiera hacerlo, sino porque trataba, afanosamente, de poner  en claro todo cuanto le había sucedido en las últimas horas. Se preguntaba, ¿había tenido un sueño ó todo había sido real?
Pero con la rapidez de un rayo, su mente se iluminó y recordando a Don Fantasía, se dijo:
  • Todo en esta vida era fantasía, ya nunca más lo pondría en duda.
Como guiada por un presentimiento, Tatiana, miró al cielo. No esperaba descubrir qué tal tiempo hacía. Su esperanza era otra bien distinta. Tenía fe, en ver de nuevo a Don Fantasía y a sus amigas las reinas, con las que tan extrañas experiencias había compartido.
Cuando ya se disponia a bajar su mirada, sin perder por ello su esperanza, escuchó una llamada lejana.
  • Tatiana, Tatiana...
En esta ocasión sí era aquella voz conocida, se trataba sin duda de su amigo Don Fantasía.
Miró rápidamente hacia el cielo y no pudo evitar gritar de alegría y admiración. Era él, su amigo, y junto a él, 7 reinas a cual más hermosa, que guiadas por una reluciente Estrella, seguían la estela de tres majestuosos Reyes, a los que reconoció, sin dificultad, como los tres Reyes Magos de Oriente.
Tatiana comprendió que aquello era una despedida, pero también sabía, que siempre permanecerían en su corazón.



FIN

martes, 6 de diciembre de 2016

Cuento para Sagitario: "Un Espíritu Benefactor - 2ª parte"

Mientras que Tatiana trataba de poner fin a aquella experiencia, descubrió de repente que estaba totalmente sóla. No podía ser... –se dijo-. Apenas había perdido de vista unos segundos a Don Fantasía y ahora ya no estaba. Por unos momentos llegó a preguntarse si todo aquello no había sido un fugaz sueño, pero en respuesta a su inquietud, fue a trompezar con un objeto que se encontraba en el suelo y casi la hizo caer.


Un poco indignada, fue a darle un fuerte puntapiés a aquella cosa, pero en ese mismo instante quedó perpleja pues, el causante de su accidente era aquel estuche que anteriormente vio en manos de su misterioso acompañante, Don Fantasía.

No supo contener su curiosidad por mucho tiempo. En efecto, se trataba, como había pensado, de un estuche, pero nunca había imaginado, que aquel estuche no era más que la funda que guardaba celosamente un hermoso libro.

Allí estaba ante ella. No era un libro normal. Sus pastas estaban encuadernadas en hilos de oro y en ella se podía leer un título que ya le era conocido: “Más allá de la Fantasía”.

Un inesperado escalofrío recorrió todo su cuerpo. Miró a ambos lados de la calle y comprobó que nadie la había visto. Se sentía como dueña de un importante tesoro. Pensaba que aquel hallazgo le pertenecía, pero lo que no supuso nunca fue que también sería la responsable de lo que a continuación sucedería. 

Tatiana tomó con delicadeza aquel texto y lo guardó de nuevo en su estuche. Estaba deseando conocer su contenido. Algo muy especial le decía que se trataba de una empresa que tan sólo ella podría llevar a cabo. Es por ello, que pensó en no compartir con nadie aquella aventura.

No tardó en cenar aquella noche. Pidiendo disculpas a sus padres les argumentó que había tenido un día muy agotador, por lo que se retiraba a su cuarto a descansar. La verdad es que no había mentido a sus padres cuando les dijo que había tenido un día agotador, pues el encuentro con aquel misterioso personaje había excitado todos sus nervios y se sentía exhausta.

Pero su estado físico no le impediría llevar a cabo su único deseo, descubrir el contenido de aquel interesante libro.


Con premura, se apoderó de aquel estuche de bordes dorados. Con gesto nervioso introdujo sus dedos entre las ranuras de un pequeño broche, que sin duda le facilitaría la apertura. No le sería difícil, ya tenía práctica y, en efecto, no tardó en hacer saltar la tapadera del estuche dejando entrever por una pequeña apertura el deseado y codiciado libro.

Sin más demoras, Tatiana giró suavemente la tapa e introdujo su mano para tomar el misterioso texto. Acarició durante varios segundos sus pastas. En verdad, era una joya. Su encuadernamiento era perfecto; sus letras parecian incrustadas o mejor aún, talladas en la propia piel, una piel de tacto aterciopelado y de un color violaceo. Tan sólo cinco palabras daban título a aquella obra: “Más allá de la Fantasía”.

Poco a poco, Tatiana fue descubriendo una extraña emoción por aquel libro. No estaba segura de lo que pasaba, pero algo muy especial le atraía de todo aquello y, sintiendo como el escalofrío recorría de nuevo todo su cuerpo, cuando pensó que se encontraba atrapada por una especie de hechizo conjurado por la magia de aquel enigmático ejemplar.

Sin dejar de pensar en ello, dirigió su mano derecha hacia el libro con la intención de descubrir de una vez por todas, cuál era el misterioso secreto que allí se guardaba. No pudo evitar que su mano temblase, pero esto no impidió que consiguiera deslizar la primera página del libro.

Pero si ya de por sí se encontraba nerviosa, ahora lo estaría mucho más, cuando de repente alguien vino a interrumpir aquel silencio.

  • Hola, Tatiana. iAl fin nos encontramos de nuevo! Ya me estaba temiendo yo, que no nos hubiésemos vuelto a encontrar, pues ello hubiese significado un desdichado final para mi pueblo y para toda la humanidad.
Aunque a Tatiana le parecía todo aquello, increíble y prácticamente imposible, la verdad era que no tendría más remedio que creer lo que estaba viendo.

Allí estaba, en sus mismas narices. Se encontraba de nuevo con Don Fantasía, pero en esta ocasión su encuentro era un poco especial, ya que tan sólo se veía de él, su rostro.

Si, a Tatiana también le pareció extraño, pero toda su risueña cara ocupaba aquella primera página y le hablaba como si tal cosa.
  • ¿Pero cómo es posible? -acertó a exclamar muy sorprendida la joven Tatiana-. ¿Cómo es posible que..., y tu cuerpo? 
  • ¡Ay!..., mi querida niña, no aprenderás nunca, y con el poco tiempo que nos queda ahora nos sales tú con esas preguntas. ¿Acaso no te dije que soy Don Fantasía? Cuanto antes descubras que el mundo es todo fruto de la fantasía, antes comprenderás las cosas que tanto te preocupan. Ocurre que existen dos clases de fantasía. Una se elabora como los caramelos y los dulces, ya sabes un poco de miel, otro tanto de azúcar y de repente los sueños y las ilusiones se convierten en un hermoso y apetitoso alimento. 
  • También existe otra clase de fantasía, pero para su elaboración se necesita sal y pimienta. Es un poco más fuerte, aunque son muchos los que las prefieren. Y sabes por qué, pues porque piensan que al ser fantasías materiales podrán guardarla y poseerla por muchos años. ¡Qué equivocados están! No se dan cuenta de que la fantasía, debe renovarse como se renueva el aire –le explicó Don Fantasía-.
  • Entonces, ¿quiere decir que esta casa, esta cama y este libro son fantasía echas de sal y pimienta? –Tatiana preguntó muy entusiasmada-. 
  • Veo que aprendes rápido. ¡Ja, Ja, Ja...! Eres una chica lista. En efecto, esta casa es toda fantasía, pues antes de ser cal, cemento y arena, fue una chispa de fantasía que tus padres tuvieron. Y esos zapatos, antes de tener esa forma tan especial, fueron una chispa de fantasía en la mente del zapatero. 
  • Ahora comprendo bien. Es verdad, tiene toda la razón. El mundo es todo fantasía, pero entonces, ¿por qué se preocupa?, pues, su pueblo también es una fantasía. 
  • Mi pueblo es donde se elaboran las fantasías. Ahora el Señor de los Errores tan sólo fabrica, eso…, errores y más errores, y los hombres están cada vez más identificados con él, y le ayudan a multiplicar su obra, hasta que llegue el día… 
  • Pero dígame, ¿qué puedo hacer yo? –preguntó Tatiana en tono indignada-.
Pero ya el bueno de Don Fantasía no se encontraba allí. De nuevo había desaparecido y nadie sabría explicar cómo. Pero en su lugar, Tatiana recibía la respuesta a su exaltada pregunta, pues en ese momento la segunda página de aquel libro, dejaba al descubierto un paisaje oscuro y siniestro.

Tatiana había dejado su cuarto para encontrarse allí, en medio de aquel gigantesco bosque donde todo parecía carecer de vida. Nada se podía oír, tan sólo el latido descompensado de un corazón inquieto.

No trató de comprender lo que estaba pasando. Sabía que todo era fantasía, pero sintió miedo cuando descubrió que estaba sola y perdida, sin saber qué hacer, ni a donde ir.

Pero aquel descubrimiento no tardaría en desaparecer. Su vitalidad y su espíritu de aventura estaban muy por encima de temores infundados. Asi que, con el único arma que conocía, su optimismo, dirigió sus pasos hacia el interior de aquella selva, que se le antojó tan oscura como la boca de un lobo.

No sabría decir cuánto tiempo anduvo, y anduvo, pero debió ser bastante por lo mucho que le dolían los pies.

A lo largo de todo su recorrido no había oído, ni visto, un solo alma.

Aquel silencio –pensó-, podría volver loco a cualquiera. ¿Qué podía haber ocurrido en aquellas tierras? ¿Qué tenebroso mal se había apoderado de la vida de aquel país?

Hasta ahora, todas las plantas que había encontrado a su paso estaban marchitas. Los árboles parecían quejarse, retorciéndose amargamente como si padecieran una enfermedad terrible que ponía fin a sus vidas lentamente.

Aquellos surcos entre las rocas, hacían pensar que en un tiempo pasado aquellas tierras debieron ser regadas por un caudaloso río. Ningún ser vivo podría resistir aquellas condiciones de vida por mucho tiempo, y se estremeció al pensar que ella formaba parte de aquel sufrido paisaje.

El cansancio fue poco a poco apoderándose de su voluntad, y aunque en el fondo queria seguir su camino, no pudo hacer frente a aquel agotamiento fisico. Intentó encontrar un lugar apropiado para poder descansar, pero cuando creía haberlo encontrado, una voz, ya conocida, interrumpió aquel empeño.
  • Tatiana -dijo una voz en tono discreto, como queriendo permanecer oculto ante miradas acechantes-. Tatiana, soy yo, tu amigo Don Fantasía, pero no te vuelvas por favor -se apresuró a aconsejar el gentil amigo a la joven, pues se percató de sus gestos nerviosos-. Debes saber que en estos momentos estás siendo vigilada y no desde muy lejos. He venido a prevenirte, de que en adelante debes estar muy alerta. Es a partir de estos momentos, que deberás utilizar todos tus recursos. No lo olvides, pon en funcionamiento tu arma invencible, tu idealismo. Como habrás podido comprobar por ti misma, este país agoniza de muerte. Tan sólo queda una sola zona, donde aún la fantasía perdura, y será allí donde deberás presentar batalla al malvado Señor de los Errores. No pierdas la fe, y suerte…, suerte…., suerte...
Aquel eco se fue alejando y de nuevo Tatiana quedó en espera de futuros acontecimientos. Pero en esta ocasión no tendría que esperar por mucho tiempo, pues no había aún terminado de despedirse de su misterioso amigo, cuando unas fuertes manos se apoderaron de ella y sin dejarla apenas hablar, le cubrieron el rostro con una capucha, lo que le impidió ver las caras de sus agresores.
  • Dejadme, dejadme, cobardes… -pataleaba furiosamente la joven Tatiana, pero sus esfuerzos serían inútiles-.


Cuando comprendió que de nada le serviría seguir golpeando a diestra y siniestra, descubrió que la llevaban prisionera hacia algún lugar estratégico, pues de no ser así, no entendía la razón de cubrirle el rostro. A alguien no le Interesaba que supiese el camino que le permitiera llegar hasta ese lugar. Pero, ¿qué lugar sería tan importante?

No tardaría en recibir una respuesta pues, de repente, fue colocada de nuevo con los pies en la tierra y alguien con suma habilidad le retiró la capucha de su rostro.

Tatiana tuvo que contener la respiración y a punto estuvo de caerse de espalda.

Aquello era maravilloso. Jamás hubiese imaginado tanta belleza. Allí estaba todo cuanto pudiera desear una persona y curiosamente, no dejaban de llegar prototipos de nuevos sueños y fantásticos anhelos. Pero igual que llegaban, desaparecían. Una mano tortuosa los destruía sin contemplaciones.

Poco a poco, y a pesar de no haber salido aún de su asombro, Tatiana fue comprendiendo que se encontraba en la última aldea que aún existía en el país de su amigo Don Fantasía.

Tuvo tiempo aún de reconocer entre tanta lluvia de sueños, las esperanzas de millones de niños, los Reyes Magos. Pero su corazón se entristeció de repente, pues vio dibujado en los ojos de aquellos tres Magos, la tristeza y la desolación. Comprendió Tatiana que la ilusión de todos los niños, poco a poco iría desapareciendo, y lo que más le dolió fue, que ella misma había contribuido con su falta de ilusión y de fe, en dar muerte a aquella magia tan real, como era la bondad y generosidad de los Reyes Magos.

También pudo contemplar, extasiada por tanta ilusión, la majestuosidad de una Estrella, que apenas destellaba a intermitencias, pues también era víctima de una descorazonadora y fatal enfermedad, que al igual que a ella, asolaba a todas las esperanzas e ilusiones que allí habitaban. Ese mal era la falta de fe, y era esta ruinosa dama, la que había dado vida al Señor de los Errores.

·         ¡Ja, Ja, Ja…! Cautivador, ¿no es cierto joven Tatiana?

...continuará