sábado, 24 de febrero de 2024

Capítulo 1. III. La Expiación y los milagros (3ª parte)

 3. Los perdonados son el medio de la Expiación. 2Al estar infundi­dos por el espíritu, perdonan a su vez. 3Aquellos que han sido liberados deben unirse para liberar a sus hermanos, pues ése es el plan de la Expiación. 4Los milagros son el medio a través del cual las mentes que sirven al Espíritu Santo se unen a mí para la salva­ción o liberación de todas las creaciones de Dios.


No percibirás un mundo que no deseas, de la misma forma, que el mundo que percibes, es el mundo que deseas. Quiero decir con ello, que no esperes que el mundo te perdone, pues no es el mundo el que te condena, sino que eres tú mismo, la única causa, el único agresor contra ti mismo.

La elección de identificarte con lo que no eres, es la causa de todos los ataques que te diriges. Es igualmente, la causa que te lleva a creerte un "pecador", merecedor del castigo y de la venganza divina. Has interpretado tu acción creadora como una agresión a tu Hacedor, y te has condenado por esa creencia. Pero es imposible que pongas fin a tu verdadera Realidad. No puedes eliminar lo que no has creado. Tú piensas que eres fruto de tu creación, pero la realidad con la que te has identificado, es ilusoria, es temporal, efímera e irreal.

Lo que eres, es invulnerable, impecable y eterno. Pero lo hemos olvidado, al identificarnos con un mundo al que le hemos dado el significado de hostil. Ante esa hostilidad, ante el miedo que nos ocasiona la visión de lo percibido, decidimos protegernos, haciendo uso del ataque, creyendo que es nuestra mejor defensa. No son los demás los que nos condenan. Somos nosotros los que nos creemos condenados y proyectamos esa imagen fuera de nosotros. Por lo tanto, no serán los demás los que nos perdonen, pues en verdad, no hay nada real que perdonar, tan solo aquello a lo que nosotros aportamos realidad, sin serlo.

Tomar consciencia de esta realidad, nos sitúa entre los "perdonados", lo que verdaderamente significa, que hemos sido capaces de ver la verdad, de comprender que el mundo que hemos fabricado es una ilusión, un sueño, donde los únicos soñadores somos nosotros mismos. Alcanzar la condición de perdonados nos hace el medio de la Expiación, pues como nos enseña este punto, pasamos a estar infundidos por el espíritu y no por el ego. En ese estado, nos convertimos en dadores de lo que somos. Somos luz y damos la luz; somos unidad y damos unidad; somos amor y damos amor.

Nos enseña el Curso, que una vez que se produce este estado de despertar, aún sabiendo que estamos soñando, es importante que nos hagamos cómplices de otros soñadores, de modo que le ayudemos a tomar conciencia de que lo que llaman realidad, es parte de su sueño. Con esta acción, estamos recuperando nuestra condición de hacedores de milagros, pues compartir milagro significa unir nuestras mentes en la función de ser útiles en el propósito de la Salvación.

Creo reconocerme en este acto de complicidad. Me encuentro "conspirando" a favor de la unicidad, del amor, del perdón, de la liberación. Lo hago compartiendo mis dones y talentos, con los que mi Yo Espiritual se expresa y bajo Su guía. 

viernes, 23 de febrero de 2024

Capítulo 1. III. La Expiación y los milagros (2ª parte)

 2. "El Cielo y la tierra pasarán" significa que no continuarán exis­tiendo como estados separados. 2Mi palabra, que es la resurrec­ción y la vida, no pasará porque la vida es eterna. 3Tú eres la obra de Dios, y Su obra es totalmente digna de amor y totalmente amo­rosa. 4Así es como el hombre debiera pensar de sí mismo en su corazón, pues eso es lo que realmente es.


Muchas corrientes que se hacen llamar "espirituales", transmiten en sus enseñanzas que la "tierra" y el "cuerpo" es el infierno, dotándole de un significado demoníaco y seductor. 

En el Antiguo Testamento, podemos leer sobre leyes basadas en el rigor, en las que se practicaba la mutilación de la zona del cuerpo que era reconocida como la causa de nuestros pecados. Si eran nuestros ojos los causantes de nuestras debilidades, el modo de evitarlo, era sacarlos; si en cambio, eran nuestras manos las que habían dado motivo de de ser castigados, la solución pasaba por amputarlas, en una demostración de acto redentor.

La única causa que debemos corregir para encontrarnos con un mundo nuevo, es decir, con unos efectos, con unas experiencias nuevas y liberadoras, es la que encontramos cuando pensamos en término de separación, pues la separación, ya lo hemos adelantado en otras ocasiones, es la creencia errónea de que podemos ser algo diferente y distinto a lo que somos.

En este sentido, los estados de "cielo" y "tierra", son semejantes a los de  "cielo" e "infierno" o por utilizar otros términos,  "salvación" y "pecado", o "amor" y "miedo". Mientras que el estado cielo, salvación o amor, se expresan bajo la visión de la unidad, los estados, tierra, infierno o miedo, lo hacen bajo la visión de la separación, del ego.

El punto que estamos analizando, nos enseña que tanto el "cielo" y la "tierra" pasarán, es decir, dejarán de ser un error, para revelarse como la manifestación de la verdad, esto es, como la expresión del estado de Unidad. 

¿Significa esta afirmación que la tierra es real? Es posible que estés planteándote esta cuestión, que para muchos supone una duda trascendente. O quizás no, y tengas muy claro, casi la certeza, de que aquello que vemos con los ojos de la dualidad es irreal y carece de significado, mientras que lo que vemos con la Visión de Cristo, con la visión de la unidad, es real. Lo real o lo irreal, no se encuentra en la forma, sino en la mente, en nuestros pensamientos. 

Podemos experimentar lo que somos en la tierra, haciendo consciente el amor compartido y la relación santa, basada en la inocencia y en la impecabilidad. Podemos experimentar lo que somos en la tierra, donde impera las leyes del tiempo para una mente dual, haciendo consciente el eterno presente. Podemos experimentar lo que somos en la tierra, haciendo que el miedo, el sufrimiento, la culpa, el dolor, dejen de tener significado, y en su lugar, hagamos consciente el amor, el perdón, la liberación, la paz, la aceptación.

Este punto termina con una expresión que me gustaría desarrollar. Nos indica, que somos la obra de Dios y Su obra es totalmente digna de amor y totalmente amorosa, añadiendo a continuación: "Así es como el hombre debiera pensar de sí mismo en su corazón, pues eso es lo que realmente es".

"Pensar en su corazón" Hermoso mensaje unificador. La acción de pensar, la asociamos siempre con la mente, mientras que al corazón le otorgamos la acción de sentir. Nos encontramos, una vez más con los significados duales del sistema de pensamiento del ego. Esta división, entre mente y corazón, se manifiesta en nuestras vidas a través de la incoherencia. Dicha expresión, es la demostración de una falta de armonía y de unidad en nuestra manera de ser, lo que se manifiesta con estados y circunstancias propias de dichos estados: peleas, luchas, guerras, enfermedades, etc.

Para que la coherencia sea una expresión de nuestra conciencia, debemos pensar con el corazón y sentir con la mente. De este modo, nuestros pensamientos y deseos, hablarán un mismo idioma, lo que dará lugar al entendimiento, una forma de revelar que reconocemos que la unidad es el lazo que nos hace partícipes de una misma familia: la Filiación Divina.

jueves, 22 de febrero de 2024

Capítulo 1. III. La Expiación y los milagros (1ª parte)

 III. La Expiación y los milagros


1. Yo estoy a cargo del proceso de Expiación, que emprendí para darle comienzo. 2Cuando le ofreces un milagro a cualquiera de mis hermanos, te lo ofreces a ti mismo y me lo ofreces a mí. 3La razón por la que te lo ofreces a ti mismo primero es porque yo no necesito milagros para mi propia Expiación, pero estoy detrás de ti por si fracasas temporalmente. 4Mi papel en la Expiación es can­celar todos los errores que de otro modo tú no podrías corregir. 5Cuando se te haya restituido la conciencia de tu estado original pasarás naturalmente a formar parte de la Expiación. 6A medida que compartas conmigo mi renuencia a aceptar error alguno en ti o en los demás, te unirás a la gran cruzada para corregirlos. Escu­cha mi voz, aprende a deshacerlos y haz todo lo necesario por corregirlos. 7Tienes el poder de obrar milagros. 8Yo proveeré las oportunidades para obrarlos, pero tú debes estar listo y dispuesto. 9El obrarlos trae consigo convicción en la capacidad, ya que la convicción llega con el logro. 10La capacidad es el potencial, el lograrlos es su expresión, y la Expiación -la profesión natural de los Hijos de Dios- es el propósito.

Debemos detenernos un momento y comprender la dimensión del mensaje que nos aporta Jesús, nada mas iniciar este punto. Nos revela, que es Él el que está a cargo del proceso de Expiación, el cual emprendió para darle comienzo. Estas palabras dan sentido al papel estelar que ha desempeñado con relación al proceso consciencial en el que la humanidad se encuentra.

El Texto del Curso nos dice más adelante, que “el principio de la Expiación estaba en vigor mucho antes de que ésta comenzara. El principio era el amor y la Expiación fue un acto de amor. Antes de la separación los actos eran innecesa­rios porque no existía la creencia en el tiempo ni en el espacio. Fue sólo después de la separación cuando se planearon la Expia­ción y las condiciones necesarias para su cumplimiento" (T-2.II.4:2-5).

La Expiación, aparece como el plan alternativo planeado por la Divinidad para garantizar que su Creación, Su Hijo, tuviese la oportunidad de encontrar el camino que le llevaría a recordar su verdadero y único origen. En verdad, decir que Dios contempla un plan alternativo no es totalmente correcto, pues es como si Dios tuviese la capacidad de ver el error, y no es así, pues su Creación es perfecta, a Imagen y Semejanza de su propia Perfección.

Una reflexión más profunda, nos llevará a entender que la Expiación siempre ha formado parte del Hijo de Dios, pues si el principio de la Expiación es amor, la Esencia con la que ha sido creado el Hijo de Dios, también es amor, por lo que diremos que la Expiación es Ser consciente de lo que Somos, de ser consciente del Amor.

Jesús, como bien nos dice, alcanzó ese nivel de consciencia y desde ese momento, se convierte en el camino que debemos recorrer para alcanzar esa misma meta. La conquista de Jesús, representa la activación consciente de la Expiación, ha estado siempre latente en el Hijo de Dios, en espera de ser recordada e integrada en la consciencia.

Los Evangelios nos narran la vida de Jesús y ponen especial énfasis en aquellas acciones que han de servirnos a título de ejemplo para alcanzar el Reino de los Cielos. Las vivencias de Jesús, nos están indicando que la Expiación es posible en el mundo físico y esto nos lo confirma UCDM, cuando nos dice que, "la Expiación se instituyó dentro de la creencia en el tiempo y en el espacio para fijar un límite a la necesidad de la creencia misma, y, en última instancia, para completar el aprendizaje. La Expiación es la lección final. El aprendizaje en sí, al igual que las aulas donde tiene lugar, es temporal" (T-2.II.5:1-3).

Los Textos Sagrados, entre ellos la Biblia, nos acercan unas enseñanzas donde el origen de la humanidad, con Adan y Eva como principales protagonistas, nos sitúa en un escenario idílico del cual fuimos expulsados como consecuencia de nuestro acto de desobediencia al Creador. Desde entonces, la creencia en el pecado, se ha convertido en el compañero de viaje del hombre y su influencia es tan poderosa y profunda, que aún en nuestros días, nuestros actos están condicionados por el peso de la culpa.

El mensaje Crístico personificado por Jesús se ha caracterizado por ser un mensaje de liberación de ese pasado ancestral y nos invita a cambiar de compañero de ruta y abandonar la creencia en el pecado y, en su lugar, adoptar la única visión real, la que nos inspira que somos seres impecables e inocentes, portadores de la esencia que nos hará libres de miedos y de culpas, la esencia del amor y del perdón.

Esta cualidad liberadora, esta característica de su enseñanza, se convierte en una de las aportaciones principales de la Expiación, pues es el medio a través del cual podemos  liberarnos del pasado a medida que avanzamos. La Expiación desvanece los erro­res que cometimos en el pasado, haciendo de este modo innecesario el que sigamos volviendo sobre nuestros pasos sin avanzar hacia nuestro retorno.

Jesús nos aporta un mensaje muy importante al final de este primer punto. Nos revela que tenemos la capacidad de obrar milagros. Cuando hemos estudiado los 50 Principios de los Milagros, hemos visto que los milagros son parte de una cadena eslabonada de perdón que, una vez completa, es la Expiación (P.25).
Igualmente, veíamos en el Principio 37, como el milagro es una corrección que Jesús introduce en el pensamiento falso, disolviendo la percepción errónea.

Pero no debe bastarnos con saber que tenemos la capacidad de obrar milagros. Lo verdaderamente importante es que sepamos que para poder hacerlo, es preciso que tengamos una conciencia interna de Cristo y de haber aceptado Su Expiación, o lo que es lo mismo, ya lo advertíamos anteriormente, que recordemos que somos el Hijo de Dios.

Finalizamos este punto recordando que el milagro se une a la Expiación cuando ponemos nuestra mente al servicio del Espíritu Santo. Si nos ponemos a sus servicios, si tenemos disposición, Él guiará nuestros pasos y llevará hasta nosotros la oportunidad en la que podremos compartir los milagros. En este sentido, el Curso nos indica:

"Los milagros son el medio a través del cual las mentes que sirven al Espíritu Santo se unen a mí para la salvación o liberación de todas las creaciones de Dios" (T-1.III.3:4).

"Yo soy el único que puede obrar milagros imparcialmente por­que yo soy la Expiación. Tú tienes un papel en la Expiación que yo te dictaré. Pregúntame qué milagros debes llevar a cabo. Ello te ahorrará esfuerzos innecesarios porque estarás actuando bajo comunicación directa. La naturaleza impersonal del milagro es una característica esencial del mismo, ya que me permite dirigir su aplicación, y bajo mi dirección los milagros conducen a la experiencia altamente personal de la revelación" (T-1:III.4:1-5).

miércoles, 21 de febrero de 2024

Capítulo 1: II. La revelación, el tiempo y los milagros.

 II. La revelación, el tiempo y los milagros


Si con el apartado I, del Capítulo I, el Curso nos hacía la presentación de los 50 Principios de los Milagros, con el apartado II del Capítulo I, el Curso nos abre sus puertas para que nos adentremos de lleno en los mensajes metafísicos que, como relucientes joyas, adornan las enseñanzas del mismo.

No puedo menos que aceptar la invitación que me propone dichas enseñanzas y adentrarme en el análisis de cada una de sus aportaciones. Quiero hacerte extensible esta invitación y te propongo acompañarme en dicho propósito.

La metodología que me propongo utilizar, se basa en escudriñar cada uno de los mensajes que se encuentran detallado en el Curso y tratar de llevarlo a la aplicación práctica.


1. La revelación produce una suspensión completa, aunque tem­poral, de la duda y el miedo. 2Refleja la forma original de comuni­cación entre Dios y Sus creaciones, la cual entraña la sensación extremadamente personal de creación que a veces se busca en las relaciones físicas. 3La proximidad física no puede proporcionarla. 4Los milagros, en cambio, son genuinamente interpersonales y conducen a un auténtico acercamiento a los demás. 5La revelación te une directamente a Dios. 6Los milagros te unen directamente a tu hermano. Ni la revelación ni los milagros emanan de la con­ciencia, aunque ambos se experimentan en ella. 8La conciencia es el estado que induce a la acción, aunque no la inspira. 9Eres libre de creer lo que quieras, y tus actos dan testimonio de lo que crees.

Jesús, a través de este mensaje, trata de enseñarnos la diferencia que existe entre la “revelación” y los “milagros”.  Lo primero que nos dice, es que la revelación suspende completamente, aunque temporalmente, la duda y el miedo. Ya sabemos que la duda y el miedo forman parte de la mente separada y que antes de esa creencia, el miedo no existía. Es evidente, que percibirnos separados del Creador, nos sitúa en una posición de “abandono”, de “soledad” ilusoria, pero creíble para el ego, cuya existencia la percibe temporal y transitoria, teniendo su inicio con el nacimiento del cuerpo y teniendo su fin con la muerte de éste. Esa creencia le produce miedo.

Con la revelación, el canal directo de comunicación del Creador con su creación, nos sitúa de nuevo en la consciencia de lo que somos. La criatura, mientras que se encuentra en el seno de su madre, no tiene ninguna necesidad. Es alimentada directamente y su estado es de gozo y de paz. De igual manera, cuando a través de ese instante revelador tomamos consciencia de que Dios es nuestro sustento, el miedo y la duda no tienen lugar de ser.

Mientras que la experiencia de la revelación es totalmente personal, el milagro se manifiesta en un contexto interpersonal. Podríamos describir estas experiencias de la siguiente manera. Mientras que en la revelación, tenemos consciencia directa de nuestro Padre, a través del milagro tenemos consciencia de la unidad que existe en la Filiación y que la percibimos a través de las relaciones con nuestros hermanos.

Ambos caminos nos muestran el rostro inefable del Creador. La revelación es una canal directo que nos une a nuestro Creador y los Milagros es el canal a través del cual expresamos nuestra divinidad en unión a nuestros hermanos.

2. La revelación es algo intensamente personal y no puede trans­mitirse de forma que tenga sentido. 2De ahí que cualquier intento de describirla con palabras sea inútil. 3La revelación induce sólo a la experiencia. 4Los milagros, por otra parte, inducen a la acción. 5Por ahora resultan más útiles debido a su naturaleza interpersonal. 6En esta fase del aprendizaje, obrar milagros es importante porque no se te puede forzar a que te liberes del miedo. 7La reve­lación es literalmente inefable porque es una experiencia de amor inefable.

¿Has tenido alguna vez una revelación? Aquellos de vosotros que la hayáis tenido tendréis la certeza de que ha sido así.

Me voy a tomar la libertad de compartir con vosotros una experiencia personal relacionada con el tema que estamos analizando. Voy a transcribir, el texto, tal y como lo escribí en su momento. Lo hice, dado lo peculiar de la vivencia, para que no se me olvidase. En ese momento, no era consciente de que algún día la pudiese compartir:

“Estas líneas es un intento de dejar constancia escrita de una idea que fue revelada a mi mente en la tarde del día, 27 de mayo de 2015, sobre las 20 horas.

No suelo dejar por escrito todas las ideas que llegan a mi mente, pero esta la considero tan  inédita, que a pesar de tener una base ya pronunciada en algunas enseñanzas innovadoras, como Un Curso de Milagros, lo que la convierte en significativa es que su revelación me llevó a una certeza que tan sólo se alcanza cuando se experimenta.

Cuando utilizo el término “experimentar” debo hacer una aclaración. No se trata de una experiencia procedente de la percepción de los sentidos, sino de una experiencia fuera del tiempo y del espacio, es decir, procedente tan sólo de un estado mental superior.

Dicha idea o, mejor dicho, visión mental, me llevó a la certeza interna de que la Unidad es una Realidad y tan sólo se produce a nivel Mental Superior. Esta revelación se hizo certera en mi interior, permitiéndome ver que todos mis hermanos y yo mismo somos una misma Mente.

Cada uno de nosotros, somos el desarrollo de un guion escrito por esa Mente Una, que en su labor creadora se proyecta dando lugar a la multiplicidad de individualidades, aparentemente separadas, pero que en verdad, están desarrollando, ilusoriamente, una escenas que en el tiempo lineal da lugar a los estados de pasado, presente y futuro. Ese guion forma parte de un pensamiento fugaz del Hijo de Dios que propició un error mental: la separación. Pero, tan solo fue un error que creemos revivir una y otra vez, cuando en verdad nunca ocurrió, pues la Mente es Una con su Fuente y dicha Fuente es Dios y Dios es Uno.

A nivel práctico, una vez que mi conciencia ha vuelto al mundo de la percepción, esa idea me ha dejado un grato recuerdo que me sigue de guía a la hora de experimentar este mundo ilusorio. Lo utilizo como estímulo para llevar a cabo mi único trabajo: perdonar verdaderamente, es decir, negar la pecabilidad, la culpa y el castigo”.

3. La reverencia se debe reservar sólo para la revelación, a la que se puede aplicar perfecta y correctamente. 2No es una reacción apropiada hacia los milagros porque un estado de reverencia es un estado de veneración, lo cual implica que uno de rango infe­rior se encuentra ante su Creador. 3Tú eres una creación perfecta y deberías sentir reverencia solamente en presencia del Creador de la perfección. 4El milagro es, por lo tanto, un gesto de amor entre iguales. 5Los que son iguales no deben sentir reverencia los unos por los otros, pues la reverencia implica desigualdad. 6Por consi­guiente, no es una reacción apropiada hacia mí. 7Un hermano mayor merece respeto por su mayor experiencia, y obediencia por su mayor sabiduría. 8También merece ser amado por ser un her­mano, y devoción si es devoto. 9Es tan sólo mi devoción por ti lo que me hace merecedor de la tuya. 10No hay nada con respecto a mí que tú no puedas alcanzar. 11No tengo nada que no proceda de Dios. 12La diferencia entre nosotros por ahora estriba en que yo no tengo nada más. 13Esto me coloca en un estado que en ti es sólo latente.

En este punto, aparte de hacernos comprender que tan sólo debemos sentir reverencia por nuestro Creador, lo más importante, es la claridad aportada por Jesús, al compartir el vínculo de igualdad que debe prevalecer entre aquellos que formamos la totalidad de la Filiación Divina. Siendo Él, el humano más avanzado de toda la Filiación, nos aclara que no debemos dirigirnos a Él con reverencia, sino con respeto y obediencia, en su condición del nivel alcanzado que lo sitúa como el hermano mayor, dada su mayor experiencia y su mayor sabiduría.

Es hermosa la apreciación que nos aporta Jesús al marcar la diferencia actual entre Él y nosotros:  “No tengo nada que no proceda de Dios. La diferencia entre nosotros por ahora estriba en que yo no tengo nada más”.


4. "Nadie viene al Padre sino por mí" no significa que yo esté en modo alguno separado de ti o que sea diferente, excepto en el tiempo, y el tiempo no existe realmente. 2La afirmación tiene más sentido desde el punto de vista de un eje vertical que de uno horizontal. 3Tú estás debajo de mí y yo estoy debajo de Dios. 4En el proceso de "ascensión" yo estoy más arriba porque sin mí la distancia entre Dios y el hombre sería demasiado grande para que tú la pudieses salvar. 5Yo salvo esa distancia por ser tu her­mano mayor, por un lado, y por el otro, por ser un Hijo de Dios. 6La devoción que les profeso a mis hermanos es lo que me ha puesto a cargo de la Filiación, que completo porque formo parte de ella. 7Tal vez esto parezca contradecir la afirmación "Yo y el Padre somos uno"; pero esa afirmación consta de dos partes en reconocimiento de la mayor grandeza del Padre.

Todos somos Uno en la Mente de Dios. Al igual que la criatura que nace del vientre materno, es igual, a todas las criaturas que han precedido a ese nacimiento, bien es cierto que sin negar esa igualdad, cada una de ellas se encuentra en un nivel diferente en lo que podemos llamar “proceso consciencial”.

Somos Dios en formación, lo que significa que hemos sido creados a Imagen y Semejanza de nuestro Creador, pero ese “estado” debemos entenderlo a nivel potencial. El Hijo de Dios debe alcanzar la condición de Ser Padre, lo que significa que debe utilizar los poderes creadores de los que ha sido creado.

Toda criatura al nacer del vientre de su madre, lleva implícito, en estado potencial, la capacidad para llegar a convertirse en un ser capacitado para crear vida. Pero esa condición se adquiere tras un proceso de aprendizaje, de toma de consciencia. Este proceso de aprendizaje ha de llevarnos a despertar a la verdadera realidad que somos. El Hijo de Dios, cree haber perdido la conexión directa de comunicación con su creador. Ese estado lo ha sumergido en un pesado sueño donde no se ha olvidado de su verdadero origen. Esta es la razón por la que se habla del proceso de despertar, que no es otra cosa que recordar nuestra condición divina.

Cuando esto se produzca, retornaremos a nuestro Hogar, donde retomaremos la conexión con nuestro Padre, pero de una forma consciente.

Jesús recordó su verdadero linaje y su propósito no es otro que, mostrarnos el camino que Él recorrió y que le llevó ante las puertas del Cielo.

Es en este sentido que debemos comprender la situación que ocupamos dentro del esquema que dibuja el proceso consciencial.


5. Las revelaciones son indirectamente inspiradas por mí debido a mi proximidad al Espíritu Santo y a que me mantengo alerta para cuando mis hermanos estén listos para recibir la revelación. 2De esta manera puedo obtener para ellos más de lo que ellos podrían obtener para sí mismos. 3El Espíritu Santo es el mediador entre la comunicación superior y la inferior, y mantiene abierto para la revelación el canal directo de Dios hacia ti. 4La revelación no es recíproca. 5Procede de Dios hacia ti, pero no de ti hacia Dios. 6El milagro reduce al mínimo la necesidad del tiempo. 2En el plano longitudinal u horizontal el reconocimiento de la igualdad de los miembros de la Filiación parece requerir un tiempo casi interminable. 3El milagro, no obstante, entraña un cambio súbito de la percepción horizontal a la vertical. 4Esto introduce un inter­valo del cual tanto el que da como el que recibe emergen mucho más adelantados en el tiempo de lo que habrían estado de otra manera. 5El milagro, pues, tiene la propiedad única de abolir el tiempo en la medida en que hace innecesario el intervalo de tiempo que abarca. 6No existe relación alguna entre el tiempo que un milagro tarda en llevarse a cabo y el tiempo que abarca. 7El milagro substituye a un aprendizaje que podría haber durado miles de años. 8Lo hace en virtud del reconocimiento implícito de la perfecta igualdad que existe entre el que da y el que recibe en la que se basa el milagro. 9El milagro acorta el tiempo al producir su colapso, eliminando de esta manera ciertos intervalos dentro del mismo. 10Hace esto, no obstante, dentro de la secuencia tem­poral más amplia.

Sin duda alguna, para mí, una de las más bellas lecciones que nos aporta el Curso de Milagros.

El tiempo o relación longitudinal (horizontal) representa una de las leyes más arraigadas del mundo de la percepción, del mundo físico, la ley de causa y efecto. Debo mencionar, que a pesar de que esta ley es de una evidencia manifiesta que podemos comprobar si estudiamos a la naturaleza, para el ser humano no acaba de ser tan evidente. No todos aceptamos nuestra participación como co-autores de aquellas vivencias que experimentamos, sobre todo de aquellas, cuyos efectos no nos son gratas de digerir. Es como si dijéramos que los frutos recolectados de nuestra siembra no nos pertenecen, dada su mala calidad.

Cosechamos aquello que sembramos. Si hemos sembrado amor, cosecharemos amor. Si hemos sembrado discordia, cosecharemos discordia y, cuando lo hagamos, nos aceptaremos nuestra participación en tales hechos.

Esa negativa, esa resistencia, nos lleva a perpetuar los errores, los comportamientos conflictivos y dejamos en manos del “maestro” tiempo, la cura y la rectificación de los mismos.

Tal vez hayas intuido ya que la razón de que esto sea así, se encuentra en el nivel de las causas, es decir, en el nivel de la mente, donde únicamente podremos sanar la relación. La resistencia a ser consciente de nuestra participación directa en aquello que experimentamos, debemos buscarla en la creencia errónea en la separación. Al vernos separados de nuestros hermanos, los tratamos como los agentes causantes de nuestras desgracias, lo que despierta sentimientos de ira, de odio, de rencor, de venganza, de ataque.

El milagro, la visión basada en el amor, nos lleva a restablecer la consciencia de la unidad entre la Filiación. A través del perdón, de la visión inocente, se hace innecesaria la participación del tiempo que "todo lo cura" y, en su lugar, damos vida al instante santo del perdón, el milagro, que colapsando el tiempo, instituye la curación y sana la comunicación con el mundo y con nuestra divinidad.

martes, 20 de febrero de 2024

Principio 50: "El milagro compara lo que tú has hecho con la creación..."

PRINCIPIO 50

El milagro compara lo que tú has hecho con la creación, aceptando como cierto lo que concuerda con ella, y rechazando como falso lo que no.



¿Quién no se ha preguntado, en alguna ocasión, si su comportamiento en el mundo de la ilusión es acorde a las Leyes de Dios?

¿Existe algún modo de saber si hemos adquirido consciencia de que somos el soñador del sueño o por el contrario, seguimos sumidos en la más profunda inconsciencia del sueño?

¿Nuestros pasos nos acercan hacia las puertas que nos conducen de retorno al Cielo, o por el contrario, permanecemos perdidos entre los múltiples ídolos con los que nos identificamos?

En otras palabras, ¿estamos permitiendo que los milagros se extiendan en nuestra vida llevándonos a ver con nitidez la diferencia existente a la hora de crear o fabricar, o lo que es lo mismo, haciéndonos co-creadores con nuestro Padre, como mensajeros de la Unidad, o por el contrario, seguimos sirviendo a la ilusión, manteniendo la irrealidad del mundo material?

Sí, cuando hemos superados la necesidad de ver el mundo con los ojos del juicio y hemos entregado al Espíritu Santo nuestra mente, es cuando se produce el milagro, pues dejamos de percibir un mundo separado y en su lugar, se nos muestra un mundo cuántico, donde el Todo está en la Unidad y la Unidad está en el Todo.
Nos refiere el título de este Principio, que el milagro compara todo aquello que hemos hecho en sintonía con la creación, es decir, con la Verdad y todas nuestras falsas creaciones, lo que el Curso llama “fabricaciones” y que están en sintonía con la falsedad.

Vamos a dedicar, este espacio, a analizar más de cerca los conceptos “crear” y “fabricar”.

"La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inventar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear. Aun en la creación falsa la mente está afirmando su Origen, pues, de otro modo, simplemente dejaría de existir. Esto último, no obstante, es imposible, ya que la mente le pertenece al espíritu que Dios creó, y que, por lo tanto, es eterno" (T-3.IV.5:8-11).

"Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras "crear" y "fabricar": Cuando fabricamos algo, lo hacemos como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. Nada que se haya hecho con un propósito específico tiene la capacidad de poder generalizarse. Cuando hacemos algo para remediar lo que percibimos como una insuficiencia, estamos afirmando tácitamente que creemos en la separación" (T-3.V.2:1-4).

"El ego ha inventado un gran número de sistemas de pensamiento ingeniosos con ese propósito. Mas ninguno de ellos es creativo. La inventiva, aun en su manifestación más ingeniosa, es un esfuerzo en vano. Su naturaleza sumamente específica apenas se compara con la creatividad abstracta de las creaciones de Dios"  (t-3.v.2:5-8).

Pero, ¿qué es la creación? Para responder a esta cuestión, vamos a recordar lo expuesto en la introducción de la Lección 321 del Libro de Ejercicios de Un Curso de Milagros:

“La creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y sin límite alguno en ninguna parte. Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza. Jamás hubo tiempo alguno en el que todo lo que creó no existiese. Ni jamás habrá tiempo alguno en que nada que haya creado sufra merma alguna. Los Pensamientos de Dios han de ser por siempre y para siempre exactamente como siempre han sido y como son: inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado" (L-pII.11.1:1-5).

"Los Pensamientos de Dios poseen todo el poder de su Creador. Pues Él quiere incrementar el Amor extendiéndolo. Y así, Su Hijo participa en la creación, y, por lo tanto, no puede sino compartir con su Padre el poder de crear. Lo que Dios ha dispuesto que sea uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a través del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo" (L-pII.11.2:1-4).

"La creación es lo opuesto a todas las ilusiones porque es la verdad. La creación es el santo Hijo de Dios, pues en la creación Su Voluntad es plena con respecto a todo, al hacer que cada parte contenga la Totalidad. La inviolabilidad de su unicidad está garantizada para siempre, perennemente a salvo dentro de Su santa Voluntad, y más allá de cualquier posibilidad de daño, separación, imperfección o de nada que pueda mancillar en modo alguno su impecabilidad" (L-pII.11.3:1-3).

"Nosotros, los Hijos de Dios, somos la creación. Parecemos estar separados y no ser conscientes de nuestra eterna unidad con Él. Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza, pues el Amor jamás abandona Sus Pensamientos, y ellos comparten Su certeza. El recuerdo de Dios se encuentra en nuestras mentes santas, que son conscientes de su unicidad y de su unión con su Creador. Que nuestra función sea únicamente permitir el retorno de este recuerdo y que Su Voluntad se haga en la tierra, así como que se nos restituya nuestra cordura y ser solamente tal como Dios nos creó" (L-pII.11.4:1-6).

"Nuestro Padre nos llama. Oímos Su Voz y perdonamos a la creación en Nombre de su Creador, la Santidad Misma, Cuya santidad Su creación comparte con Él; Cuya santidad sigue siendo todavía parte de nosotros” (L-pII.11.5:1).

Si te estás preguntando, qué puedes hacer con todo lo que has fabricado, permanece tranquilo, aquieta tu mente, pues "lo que tú has fabricado siempre se puede cambiar porque cuando no piensas como Dios, en realidad no estás pensando en absoluto" (T-5,V.6:12).

Nos indica el Curso que, "las ideas ilusorias no son pensamientos reales, si bien podemos creer en ellas. Pero eso es un error. La función del pensamiento procede de Dios y reside en Dios. Puesto que formamos parte de Su Pensamiento, no podemos pensar separados de Él" (T-5.V.6:13-16).

Considero importante saber que, "La verdad no está ausente aquí, pero está velada. No sabes cuál es la diferencia entre lo que tú has fabricado y lo que Dios creó, y de este modo no sabes cuál es la diferencia entre lo que tú has fabricado y lo que tú has crea­do. Creer que puedes percibir el mundo real es creer que puedes conocerte a ti mismo. Puedes conocer a Dios porque Su Voluntad es que se le conozca. De todo lo que has fabricado, el mundo real es lo único que el Espíritu Santo ha conservado para ti, y la salva­ción consiste en percibir únicamente eso, ya que es el reconoci­miento de que la realidad es únicamente lo que es verdad" (T-11.VII.4:5-9).

El camino de la salvación, nos invita a que reconozcamos que hemos  fabricado el mundo que vemos, y que reconozcamos, igualmente, que no nos hemos creado a nosotros mismos, ya que ambas creencias tratan el mismo error.

"Nada que tu Creador no haya crea­do puede ejercer influencia alguna sobre ti. :Y si crees que lo que hiciste puede dictarte lo que debes ver y sentir, y tienes fe en que puede hacerlo, estás negando a tu Creador y creyendo que tú te hiciste a ti mismo" (T-21.II.11:3-4).

Hemos de tener presente que, "las creaciones del Hijo son semejantes a las de su Padre. Mas al crearlas, el Hijo no se engaña a sí mismo pensando que él es independiente de su Fuente. Su unión con Ella es la Fuente de su capacidad para crear. Aparte de esto no tiene poder para crear, y lo que hace no significa nada, no altera nada en la creación, depende enteramente de la locura de su hacedor y ni siquiera podría servir para justificarla" (T-21.II.12:1-5).

Nos señala el Curso que, "nada que hayas fabricado tiene poder alguno sobre ti, a menos que todavía quieras estar separado de tu Creador y tener una voluntad que se oponga a la Suya. Pues sólo si crees que Su Hijo puede ser Su enemigo parece entonces posible que lo que has inventado sea asimismo enemigo tuyo" (T-22.II.10:2-3).

Las imágenes que fabricamos "no pueden prevalecer contra lo que Dios Mismo quiere que seas. Por lo tanto, jamás tengas miedo de la tentación, sino reconócela como lo que es: una oportunidad más para elegir de nuevo, y dejar que la fortaleza de Cristo impere en toda circunstancia y lugar donde antes habías erigido una imagen de ti mismo" (T-31.VIII.4:1-2).

Para finalizar con este estudio, haré referencia al Capítulo 3 del Curso de Milagros  y más concretamente al capítulo VII, titulado “Crear en contraposición a fabricar una imagen propia”. En él, extraeremos algunas orientaciones que nos ayudarán a comprender cómo el pensamiento del ego, al igual que el pensamiento del Espíritu Santo, se convierten en los pilares de nuestro sistema de creencias por las que regimos nuestras vidas.

Todo sistema de pensamiento tiene que tener un punto de par­tida. Empieza ya sea creando o fabricando, diferencia ésta a la que ya hemos hecho referencia. La semejanza entre ambas cosas reside en el poder que tienen como cimientos. Su diferencia, en lo que descansa sobre ellas. Ambas son piedras angulares de sistemas de creencias por las que uno rige su vida. Creer que un sis­tema de pensamiento basado en mentiras es débil es un error. Nada que un Hijo de Dios haya hecho carece de poder. Es esen­cial que te des cuenta de esto, pues, de lo contrario, no podrás escapar de la prisión que tú mismo has construido" (T-3.VII.1:1-5).

"No puedes resolver el problema de la autoridad menospre­ciando el poder de tu mente. Hacer esto es engañarte a ti mismo, y ello te hará daño porque realmente comprendes el poder de la mente. Comprendes también que no puedes debilitarla, de la misma manera en que tampoco puedes debilitar a Dios. El "dia­blo" es un concepto aterrador porque parece ser sumamente poderoso y sumamente dinámico. Se le percibe como una fuerza que lucha contra Dios por la posesión de Sus creaciones. El dia­blo engaña con mentiras, y erige reinos en los que todo está en directa oposición a Dios. Sin embargo, atrae a los hombres en vez de repelerlos, y éstos están dispuestos a "venderle" sus almas a cambio de regalos sin ningún valor. Esto no tiene ningún sentido" (T-3.VII.3:1-8).

"Hemos hablado ya de la caída o separación, mas su significado tiene que comprenderse claramente. La separación es un sistema de pensamiento que si bien es bastante real en el tiempo, en la eternidad no lo es en absoluto. Para el creyente todas sus creen­cias son ciertas. En el jardín simbólico se "prohibió" la fruta de un solo árbol. Mas Dios no pudo haberla prohibido, o, de lo contra­rio, nadie la habría podido comer. Si Dios conoce a Sus Hijos, y yo te aseguro que los conoce, ¿cómo iba a ponerles en una situa­ción en la que su propia destrucción fuese posible? AI "árbol pro­hibido" se le llamó "el árbol del conocimiento". Sin embargo, Dios creó el conocimiento y se lo otorgó libremente a todas Sus creacio­nes. Este simbolismo se ha interpretado de muchas maneras, pero puedes estar seguro de que cualquier interpretación que con­ciba a Dios o a Sus creaciones como capaces de destruir Su Propio propósito es errónea" (T-3.VII.3:1-9).

"Comer de la fruta del árbol del conocimiento es una expresión que simboliza la usurpación de la capacidad de auto-crearse. Solamente en este sentido no son Dios y Sus creaciones co-creado­res. La creencia de que lo son está implícita en el "auto-concepto", o sea, la tendencia del ser a forjar una imagen de sí mismo. Las imágenes sólo se pueden percibir, no conocer. El conocimiento no puede engañar, pero la percepción sí. Puedes percibirte como tu propio creador, pero lo que a lo sumo puedes hacer es creerlo. No puedes hacer que sea verdad. Y como dije anteriormente, cuando por fin percibas correctamente no podrás sino alegrarte de que así sea. Hasta entonces, empero, la creencia de que sí puedes es la piedra angular de tu sistema de pensamiento, y utili­zas todas tus defensas para atacar las ideas que podrían ponerla al descubierto. Todavía crees que eres una imagen que tú mismo fabricaste. Tu mente está en desacuerdo con el Espíritu Santo en este punto, y no hay posibilidad de resolver esto mien­tras te empeñes en creer lo que es literalmente inconcebible. Ésa es la razón de que no puedas crear y de que tengas miedo de todo lo que fabricas" (T-3.VII.4:1-12).

"La mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real y aterradora, y esta creencia es lo que es el "diablo". Es una idea poderosa, dinámica y destructiva que está en clara oposición a Dios debido a que literalmente niega Su Paternidad. Examina tu vida y observa lo que el diablo ha hecho. Pero date cuenta de que eso que ha hecho se desvanecerá completamente a la luz de la verdad, ya que su cimiento es una mentira. El hecho de que Dios te haya creado constituye el único cimiento que no puede ser debilitado, ya que la luz se encuentra en él.   Mucho se ha visto desde entonces, pero en realidad no ha ocurrido nada. Tu Ser no ha dejado de estar en paz, a pesar de que tu mente está en conflicto. Todavía no has retornado lo suficiente, y de ahí que tengas tanto miedo. A medida que te acercas a tu Origen, expe­rimentas el miedo a la destrucción de tu sistema de pensamiento como si se tratase del miedo a la muerte. Pero la muerte no existe. Lo que existe es la creencia en la muerte" (T-3.VII.5:1-11).

"La rama que no da fruto será cortada y se secará. ¡Alégrate de que sea así! La luz brillará desde la verdadera Fuente de la vida, y tu forma de pensar quedará corregida. No puede ser de otra manera. Tú que tienes miedo de la salvación estás eligiendo la muerte. Vida y muerte, luz y oscuridad, conocimiento y percepción, son conceptos irreconciliables. Creer que se pueden re­conciliar es creer que Dios y Su Hijo no pueden reconciliarse. Sólo la unicidad del conocimiento está libre de conflicto. Tu reino no es de este mundo porque te fue dado desde más allá de él. La idea de un problema de autoridad tiene sentido única­mente en este mundo. Al mundo no se le abandona mediante la muerte sino mediante la verdad, y la verdad sólo la pueden cono­cer aquellos para quienes el Reino fue creado, y por quienes espera” (T.3.VII.6:1-11).

lunes, 19 de febrero de 2024

Principio 49: "El milagro no distingue entre diferentes grados de percepción errónea."

PRINCIPIO 49

El milagro no distingue entre diferentes grados de percepción errónea. Es un recurso para sanar la percepción que es eficaz independientemente del grado o dirección del error. En eso radica su verdadera imparcialidad.


Estamos, sin duda, ante la idea central de las enseñanzas del Curso: “no hay grado de dificultad en los milagros”, o dicho de otra manera, “no existe la dualidad”.

La lógica aceptada por el ego le lleva a la creencia de que todo cuanto ocurre en el mundo con el que se encuentra identificado es susceptible de manifestarse con diferentes grados de dificultad. Esto quiere decir que, habitualmente, solemos clasificar los problemas en grados y niveles. Una enfermedad, un conflicto, se mide en grados de gravedad. Nuestra respuesta no es la misma, si el diagnóstico médico es un resfriado, que si es una neumonía o si se trata de un cáncer de pulmón.
No reaccionamos igual ante una pelea callejera, que ante una ruptura matrimonial.

Podríamos decir, que para cambiar esas creencias, requeriremos un nuevo enfoque, una nueva visión, o lo que es lo mismo, necesitamos trascender las leyes temporales, basadas en la clasificación de niveles y grados de dificultad.

Hoy vamos a ver cómo, independientemente de "las mentiras que te hayas creído, para el mila­gro son irrelevantes, pues puede sanar cualquiera de ellas con la misma facilidad. El milagro no hace distinciones entre diferentes percepciones falsas. Su única finalidad es distinguir entre la ver­dad por un lado y el error por otro. Algunos milagros pueden parecer más difíciles de obrar que otros, pero no te olvides del primer principio de este curso: no hay grados de dificultad en los milagros" (T-2.I.5:1-5).

"Para el Espíritu Santo no hay grados de dificultad en los mila­gros. A estas alturas, esto debería resultarnos ya bastante familiar, aunque no es algo que todavía estemos dispuestos a creer" (T-6.V.A.4:1-2).

Las enseñanzas del Curso, nos revela que, "es mucho lo que todavía nos queda por hacer en favor del Reino como para pasar por alto este concepto tan crucial. Es realmente una de las piedras angulares del sistema de pensamiento que nos enseña Jesús y que quiere que nosotros enseñemos. No podemos obrar milagros sin creer en él, ya que es una creencia en la perfecta igualdad. El único regalo idéntico que se les puede ofrecer a los Hijos idénticos de Dios, es apreciarlos completamente. Ni más ni menos. Sin una gama variable, la idea de grados de dificultad carece de sentido, y no debe haber gama alguna en lo que le ofrecemos a nuestro hermano" (T-6.V.A.4:4-9).

Es importante recordar que, "los milagros demuestran que el aprendizaje ha tenido lugar bajo la debida dirección, pues el aprendizaje es invisible y lo que se ha aprendido sólo se puede reconocer por sus resultados. Su generalización se demuestra a medida que lo pones en práctica en más y más situaciones. Reconocerás que has aprendido que no hay grados de dificultad en los milagros cuando los apliques a todas las situaciones. No hay situación a la que los milagros no sean aplicables, y al aplicarlos a todas las situaciones el mundo real será tuyo (T-12.VII.1:1-4).

Un desarrollo más completo de este Principio, nos exige profundizar en el Capítulo 14, más concretamente en el apartado X, titulado “La igualdad de los milagros”:

La igualdad de los milagros

"Cuando ninguna percepción se interponga entre Dios y Sus creaciones, o entre Sus Hijos y las suyas, el conocimiento de la creación no podrá sino continuar eternamente. Los reflejos que aceptas en el espejo de tu mente mientras estás en el tiempo o bien te acercan a la eternidad o bien te alejan de ella. Pero la eternidad en sí está más allá del tiempo. Salte del tiempo y con la ayuda del reflejo de la eternidad en ti, extiéndete y tócala. Y pasarás del  tiempo a la santidad tan inevitablemente como el reflejo de la santidad exhorta a todos a dejar a un lado la culpabi­lidad. Sé un reflejo de la paz del Cielo aquí y lleva este mundo al Cielo, pues el reflejo de la verdad atrae a todo el mundo a ésta, y a medida que todos entran en ella, dejan atrás todos los reflejos" (T-14.X.1:1-7).

"En el Cielo la realidad no se refleja, sino que se comparte. Al compartir su reflejo aquí, su verdad se vuelve la única percep­ción que el Hijo de Dios acepta. De este modo aflora en él el recuerdo de su Padre, y a partir de ése momento nada más puede satisfacerle, excepto su propia realidad. Vosotros en la tierra no tenéis idea de lo que significa no tener límites, pues el mundo en el que aparentemente vivís es un mundo de límites. No es cierto que en este mundo pueda ocurrir algo que no conlleve grados de dificultad. El milagro, por lo tanto, tiene una función única, y lo inspira un Maestro único que trae las leyes de otro mundo a éste. Obrar milagros es lo único que puedes hacer que transciende la idea de grados de dificultad, pues los milagros no están basados en diferencias sino en la igualdad" (T-14.X.2:1-7).

"Los milagros no compiten entre sí, y el número de milagros que puedes obrar es ilimitado. Pueden ser legión y a la vez simultáneos. Esto no es difícil de entender una vez que concibes que son posibles. Lo que más cuesta entender es que la falta de grados de dificultad que caracteriza al milagro es algo que tiene que proce­der de otra parte y no de aquí. Desde el punto de vista del mundo, eso es imposible" (T-14.X.3:1-5).

"Tal vez te hayas dado cuenta de que tus pensamientos no com­piten entre sí, y de que, aunque estén en conflicto entre sí, pue­den ocurrir simultáneamente y con gran profusión. Puedes ciertamente estar tan acostumbrado a eso que ya apenas te sor­prenda. No obstante, estás acostumbrado también a clasificar algunos de tus pensamientos como más importantes o mejores que otros, como más sabios, productivos o valiosos. Esto es cierto con respecto a los pensamientos que se les ocurren a los que creen vivir separados. Pues algunos pensamientos son refle­jos del Cielo, mientras que otros los suscita el ego, el cual tan sólo aparenta pensar" (T-14.X.4:1-5).

"El resultado de todo esto es un patrón zigzagueante y variable que nunca descansa y jamás se detiene. Se mueve incesante­mente por todo el espejo de tu mente, y los reflejos del Cielo aparecen fugazmente para luego desvanecerse, a medida que la oscuridad los envuelve. Allí donde había luz, la oscuridad la elimina en un instante, dando lugar a que patrones que alternan entre la luz y la oscuridad atraviesen tu mente sin tregua. La poca cordura que aún te queda permanece ahí gracias a un sen­tido de orden que tú mismo estableces. Mas el hecho mismo de que puedas hacer eso y seas capaz de imponer orden donde reina el caos, demuestra que tú no eres un ego y que en ti tiene que haber algo más que un ego. Pues el ego es caos, y si eso fuese lo único que hay en ti, te sería imposible imponer ningún tipo de orden. No obstante, aunque el orden que le impones a tu mente limita al ego, también te limita a ti. Ordenar es juzgar y clasificar por medio de juicios. Por lo tanto, es una función que le corresponde al Espíritu Santo, no a ti" (T-14.X.5:1-9).

"Te parecerá difícil aprender que no tienes ninguna base para poner orden en tus pensamientos. El Espíritu Santo te enseña esta lección ofreciéndote los ejemplos deslumbrantes de los milagros, a fin de mostrarte que tu modo de ordenar es desacertado, pero que se te ofrece uno mejor. El milagro responde siempre de la misma manera ante cualquier petición de ayuda. No la juzga. Simplemente reconoce lo que es y responde consecuentemente. No se detiene a considerar qué petición es más importante, más urgente o más apremiante. Tal vez te preguntes por qué se te pide que hagas algo que no requiere que emitas ningún juicio, cuando todavía eres prisionero de los juicios. La respuesta es muy simple: el poder de Dios, no el tuyo, es el que engendra los milagros. El milagro en sí no hace sino dar testimonio de que el poder de Dios se encuentra dentro de ti. Ésa es la razón de que el milagro bendiga por igual a todos los que de alguna manera son partícipes en él, y ésa es también la razón de que todos sean partícipes en él. El poder de Dios es ilimitado. Y al ser siempre máximo, ofrece todo a cualquiera que se lo pida. No hay grados de dificultad en esto. A una petición de ayuda se le presta ayuda" (T-14.X.6:1-15).


En verdad, "cuando sostienes que es imposible que no haya grados de difi­cultad en los milagros, lo único que estás diciendo es que hay algunas cosas que no quieres entregarle a la verdad. Crees que la verdad no podría resolverlas debido únicamente a que prefieres mantenerlas ocultas de la verdad. Dicho llanamente, tu falta de fe en el poder que sana todo dolor emana de tu deseo de conservar algunos aspectos de la realidad y reservarlos para la fantasía. ¡Si tan sólo comprendieses cuánto afecta esto tu apreciación de la totalidad! Aquello que te reservas sólo para ti, se lo quitas a Aquel que quiere liberarte. A menos que se lo devuelvas, tu pers­pectiva de la realidad permanecerá inevitablemente distorsionada y sin corregir" (T-17.I.3:1-6).

"Mientras desees que esto siga siendo así, seguirás albergando la ilusión de que hay grados de dificultad en los milagros. Pues habrás sembrado la idea de grados de realidad al darle una parte de ésta a un maestro, y la otra al otro. De este modo, aprendes a tratar con una parte de la verdad de una manera, y con la otra de otra. Fragmentar la verdad es destruirla, pues ello la desprovee de todo significado. El concepto de grados de realidad es un enfoque que denota falta de entendimiento, un marco de referen­cia para la realidad con el que realmente no se la puede comparar en absoluto" (T-17.I.4:1-5).