sábado, 13 de enero de 2024

Principio 13: Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal.

PRINCIPIO 13

Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal. Son siempre afirmaciones de renacimiento que parecen retroceder, pero que en realidad van hacia adelante. Cancelan el pasado en el presente, y así, liberan el futuro.


Debo reconocer, que este Principio se refiere a uno de los temas, metafísicos, que más me ha enseñado el Curso: el enfoque del tiempo y la ley de causa-efecto.

Si desarrollamos una de las aplicaciones de la ley de causación y la teoría de la reencarnación, observamos que las relaciones se basan en la creencia en la deuda, es decir, en la culpabilidad. Volvemos al mundo, una y otra vez, con la intención de cubrir nuestras necesidades, de pagar nuestras deudas, de rectificar la violación de las leyes que hayamos perturbado con nuestro comportamiento en una vida pasada. Es decir, trasladamos a nuestro presente, la carga de “destino” que hemos dejado pendiente y que ahora decidimos retomar para superar lo que en otro momento no superamos. Podríamos decir, que repetimos curso y nos encontramos con las mismas asignaturas que no fuimos capaces de aprobar.

Estamos considerando una situación que forma parte de la ilusión, que forma parte del sueño, pues el mundo físico, y la dimensión espacio-temporal, son fruto de la fabricación de la mente errónea, la cual, como señalábamos en el análisis del anterior Principio, colapsa las ondas existentes en el campo de las infinitas posibilidades convirtiéndola en partículas, la forma básica de la materia. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, es necesario que analicemos una de las creencias más arraigadas en el ego, pues en verdad es su ilusoria creación: el tiempo.

Hagamos un breve recorrido sobre la idea del tiempo y analicemos lo que nos dice Un Curso en Milagros.

¿Cómo surge la creencia en el tiempo? 

Tuvo que surgir, tras el acto transgresor de Adán y Eva en el Paraíso Terrenal, lo que llevó a Dios a expulsarle de esa tierra paradisiaca y mandarles al Este del Edén. Esta acción, dio lugar a la creencia en el pecado y a la falsa creencia de la “separación”. Ese tránsito de la consciencia, desde la Unidad a la separatividad, desde la Abundancia a la necesidad, originó la visión lineal de la ley de causa y efecto, es decir, un acto da lugar a un efecto, y este proceso se origina en lo que se ha llamado la secuencia del tiempo.

"Antes de la "separación", que es lo que sig­nifica la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particu­lar de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres.

La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensa­ción de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesi­tado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto.

La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias". (T-1.VI.1:6)

Podríamos decir que la eternidad es una idea de Dios, mientras que el tiempo es una creencia del ego. El único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora.

Nos refiere el Curso que hemos elegido estar en el tiempo en vez de en la eternidad, y, por consiguiente, creemos estar en el tiempo. No nos corresponde estar en el tiempo. Nos corresponde estar únicamente en la eternidad, donde Dios Mismo nos ubicó para siempre. Son los sentimientos de culpabilidad los que perpetúan el tiempo.
En esto consiste la continuidad del ego, la cual le proporciona una falsa sensación de seguridad al creer que no podemos escaparnos de ella.

El Espíritu Santo hace uso del tiempo, pero no cree en, él.

Me pregunto, ¿qué utilidad tiene el tiempo? Dentro del sueño, ¿qué funcionalidad podría aportarnos?

“Tanto el tiempo como la eternidad se encuen­tran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eterni­dad. Tienes que aprender que el tiempo sólo existe para que hagas uso de él, y que nada en el mundo puede eximirte de esa responsabili­dad”. (T-10.1:2-4)

El tiempo en sí es algo que tú elegiste. Si quie­res recordar la eternidad, debes contemplar sólo lo eterno. Si permites que lo temporal te preocupe, estarás viviendo en el tiempo. Como siempre, tu elección estará determinada por lo que valores. El tiempo y la eternidad no pueden ser ambos rea­les porque se contradicen entre sí. Sólo con que aceptes lo intem­poral como lo único que es real, empezarás a entender lo que es la eternidad y a hacerla tuya”. (T-10.V.14)

¿Cómo usa el Espíritu Santo en tiempo, dentro del sueño, aun no creyendo en él?

“El Espíritu Santo es invisible, pero puedes ver los resultados de Su Presencia, y por ellos te darás cuenta de que Él está ahí. Es claro que lo que Él te capacita para hacer no es de este mundo, pues los milagros violan todas las leyes de la realidad tal como este mundo la juzga. Las leyes del tiempo y del espacio, del volumen y de la masa son transcendidas, pues lo que el Espíritu Santo te capacita para hacer está claramente más allá de todas ellas. Al percibir Sus resultados, comprenderás dónde debe estar Él, y sabrás por fin lo que Él es.
Los milagros son Sus testigos, y hablan de Su Presencia”. (T-12.VII.3)
  
Retomando la idea original de este Principio, en el que se refiere que el milagro “cancela el pasado en el presente, y así, libera el futuro”,  lo que realmente nos está revelando es que el milagro nos lleva al estado original en el que aún conservábamos la visión de la inocencia, de la invulnerabilidad, pues carecíamos de todo pensamiento de culpabilidad.

“Sólo me­diante la culpabilidad puedes aferrarte al pasado. Pues la culpa­bilidad determina que serás castigado por lo que has hecho, y, por lo tanto, depende del tiempo unidimensional, que comienza en el pasado y se extiende hasta el futuro. Nadie que crea esto puede entender lo que significa "siempre", y de este modo la culpabilidad le impide apreciar la eternidad. Eres inmortal por­que eres eterno, y "siempre" no puede sino ser ahora. La culpa­bilidad, pues, es una forma de conservar el pasado y el futuro en tu mente para asegurar de este modo la continuidad del ego. Pues si se castiga el pasado, la continuidad del ego queda garan­tizada”. (T-13.I.8)

El "ahora" no significa nada para el ego. El presente tan sólo le recuerda viejas heridas, y reacciona ante él como si fuera el pasado. El ego no puede tolerar que te liberes del pasado, y aunque el pasado ya pasó, el ego trata de proteger su propia imagen reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí.

Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal, o dicho de otra manera, los milagros son a la vez causa y efecto, lo que significa que el tiempo se colapsa en un instante, y en ese instante el Espíritu Santo, deshace el error basado en la culpa y donde antes hubo antiguos odios, ahora todo es amor.

Así lo expresa Kenneth Wapnick en su obra “Los 50 Principios de los milagros”:

si tenemos un enorme problema de culpa que hemos expresado en cierta área de nuestras relaciones, hay algo que hacemos continuamente que refuerza el odio a nosotros mismos o nuestra creencia en la separación. En el lapso ordinario de tiempo, podría tomarnos diez vidas trascender esto, el regresar una y otra vez hasta que lo hayamos superado. No obstante, si elegimos solucionar este difícil problema, lo que generalmente significa una relación o una situación que el mundo juzga difícil, repleta de dolor, angustia y sufrimiento, y que en realidad podríamos mirar de un modo diferente, lo cual implica entender básicamente que no somos víctimas ni de esta otra persona ni de nosotros mismos, entonces podremos erradicar el problema en una sola vida. Esto es lo que quiere decir el Curso al afirmar que podríamos ahorrar tiempo o que podríamos ahorrar mil años. Eso es lo que significa que el milagro abole el tiempo, o que "altera el orden temporal." No abole el lapso de tiempo en su totalidad; no es eso lo que hace. Lo que sí hace es colapsar la cantidad de tiempo que nos tomaría erradicar el enorme problema de culpa que tenemos”.

Me gustaría terminar este artículo con una aportación extraída del Curso y que nos enseña cómo podemos hacer un uso correcto, dentro del sueño, del tiempo:

“Tú también interpretarás la función del tiempo según interpre­tes tu propia función. Si aceptas que tu función en el mundo del tiempo es curar, harás hincapié únicamente en el aspecto del tiempo en el que la curación puede tener lugar. La curación no se puede llevar a cabo en el pasado. Tiene que llevarse a cabo en el presente para así liberar el futuro. Esta interpretación enlaza el futuro con el presente, y extiende el presente en vez del pasado. Mas si crees que tu función es destruir, perderás de vista al pre­sente y te aferrarás al pasado a fin de asegurar un futuro destruc­tivo. Y el tiempo será tal como tú lo interpretes, pues, de por sí, no es nada”. (T-13.IV.9)

El tiempo puede liberar así como aprisionar, dependiendo de quién es la interpretación de éste que eliges usar. El pasado, el presente y el futuro no son estados continuos, a no ser que impon­gas continuidad en ellos. Puedes percibirlos como que son conti­nuos, y hacer que lo sean para ti. Pero no te engañes y luego creas que realmente lo son. Pues creer que la realidad es lo que a ti te gustaría que fuese, de acuerdo con el uso que haces de ella, es ilusorio. Quieres destruir la continuidad del tiempo dividiéndolo en pasado, presente y futuro para tus propios fines. Quieres pre­ver el futuro basándote en tus experiencias pasadas, y hacer pla­nes de acuerdo con esas experiencias. Sin embargo, al hacer eso estás alineando el pasado con el futuro, y no estás permitiendo que el milagro, que podría intervenir entre ellos, te libere para que puedas renacer”. (T-13.VI.4)

El presente existe desde antes de que el tiempo diese comienzo y seguirá existiendo una vez que éste haya cesado. En el presente se encuentran todas las cosas que son eternas, las cuales son una. La continuidad de esas cosas es intemporal y su comunicación jamás puede interrumpirse, pues no están separadas por el pasado. Sólo el pasado puede producir separación, pero el pasado no está en ninguna parte”. (T-13.VI.6:5)

El ahora es el momento de la salvación, pues en el ahora es cuando te liberas del tiempo.

viernes, 12 de enero de 2024

Principio 12: Los milagros son pensamientos.

PRINCIPIO 12

 Los milagros son pensamientos. Los pensamientos pueden representar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual.


La afirmación “los milagros son pensamientos”, viene a afirmar el aspecto esencial de lo que somos. Dios nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, expandiendo Su Mente. Por lo tanto, nuestra realidad viene definida por la Fuente de la que hemos sido emanados. Nada tiene existencia fuera de nuestras mentes. Podemos concluir diciendo que los milagros son pensamientos porque todo es pensamiento.

La afirmación anterior, podríamos completarla añadiendo que el milagro es el pensamiento que está al servicio del Espíritu Santo y que deshace el pensamiento de separación fabricado por el ego. Esta visión del milagro nos presenta varios conceptos que exigen un análisis más detallado: Crear y fabricar; Expandir y proyectar.

Nos refiere el texto del Curso, que "el ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue fabricado en vez de creado". (T-3.IV.3:1)

"Desde que se produjo la separación ha habido una gran confu­sión entre las palabras "crear" y "fabricar”: Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad". (T-3.V.2:1-2)

¿Qué es fabricar?

Veamos lo que nos aporta una rápida consulta al Libro de Ejercicios:

No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes. Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves. Así es como se forjó tu "manera de ver". Ésta es la función que le has atribuido a los ojos del cuerpo. Eso no es ver. Eso es fabricar imágenes, lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones”. (L-pI.15.1:1-2)

Estamos ante un acto de voluntad, protagonizado por el Hijo de Dios, en pleno uso de los Atributos heredados de Su Padre. Nos enseña el Curso, que la “La mente es muy activa. Cuando elige estar separada, elige percibir. Hasta ese momento su voluntad es únicamente gozar de conocimiento. Una vez que ha elegido percibir, no puede sino elegir ambigua­mente, y la única forma de escaparse de la ambigüedad es me­diante una percepción clara. La mente retorna a su verdadera función únicamente cuando su voluntad es gozar de conoci­miento. Esto la pone al servicio del espíritu, donde la percepción cambia. La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inven­tar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear”. (T-3.IV.5:1-9)

Cuando la mente decide prestar atención al “campo de las infinitas posibilidades”, es capaz de colapsar parte de esas “ondas”, hasta tal punto que las convierte en “partículas”, es decir, en materia. Este es el comienzo de la separación y de la percepción. Acabamos de fabricar una realidad ilusoria, en paralelo a la realidad verdadera, protagonizada por el Ser que Somos.

Podríamos concluir diciendo que nosotros fabricamos mediante la proyección, mientras que Dios crea mediante la extensión. Si trasladamos esta afirmación al mundo del sueño, “los pensamientos pueden representar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual”(T-1.I.12:2-3)

jueves, 11 de enero de 2024

Principio 11: La oración es el vehículo de los milagros.

PRINCIPIO 11


La oración es el vehículo de los milagros. Es el medio de comunicación entre lo creado y el Creador. Por medio de la oración se recibe amor, y por medio de los milagros se expresa amor.


Para mí, la oración siempre ha significado el canal a través del cual hablo con Dios, aunque es bien cierto, que adquiere un matiz muy definido en cuanto se suele utilizar para elevar nuestras peticiones hacia Él.

Existen aspectos, relacionados con este Principio, que me gustaría compartir. Por ejemplo, está la cuestión de las peticiones que elevamos a través de la oración para conseguir beneficios sobre nuestro cuerpo, como por ejemplo la curación de una enfermedad.

Ser coherente con las enseñanzas que estamos estudiando en Un Curso de Milagros, nos llevará a entregar esta creencia en manos del Espíritu Santo, pues está basada en el error de hacer real el cuerpo. Sobre este particular, nos advierte el Texto en el capítulo 30, apartado VIII:

“Toda tentación, por lo tanto, no es más que esto: una plegaria para que el milagro no ejerza influencia sobre algunos sueños, y para que, en vez de ello, mantenga su irrealidad oculta y les otor­gue realidad. El Cielo no responde a tal oración, ni tampoco se te puede conceder un milagro para sanar las apariencias que no te gustan. Has establecido límites. Lo que pides se te concede, pero no por el Dios que no conoce límites. Sólo tú te has limitado a ti mismo” (T-30.VIII.3:4-8).

Entonces, ¿cómo debemos orar?

La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. (T-3.V.6:1-5)

Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesa­ria. Puesto que la percepción se basa en la escasez, los que perci­ben no han aceptado totalmente la Expiación ni se han entregado a la verdad. La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe, tiene necesidad de curación. El estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración. (T-3.V.10:1-4)

Como bien recoge la Lección 183 del Libro de Ejercicios, “las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre”.

Es desde la visión de la Unidad, del Amor y no desde la separación y el miedo, desde donde debemos elevar nuestros pensamientos. De no ser así, podemos ver frustrado nuestro deseo de que nuestras peticiones nos sean concedidas.

Este es otro de los aspectos que quería tratar con relación a la oración. Cuando pedimos, lo hacemos con la arrogancia del ego, es decir, exigimos ser respondidos y dictamos órdenes a nuestro Padre para que nos atienda complacientemente. Es evidente que cuando actuamos de esta manera, nos sentimos víctimas del temor y del miedo. Veamos lo que nos refiere el Texto con relación a este tema:

Todo aquel que haya tratado alguna vez de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. Esto es cierto no sólo en relación con cosas específicas que pudie­ran ser perjudiciales, sino también en relación con peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula. Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una prueba de que el curso no es sincero en lo que afirma. Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su propósito es ayudarte a escapar del miedo. (T-9.II.1:1-4)

Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. Por eso es por lo que algunas formas específicas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento, podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflicción. En ese caso no estaría pidiendo, realmente, que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que él mismo eligió. Por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado(T-9.II.2:1-7)

La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. Es posible que Su respuesta no sea oída. Es imposible, sin embargo, que se pierda. Hay muchas respues­tas que ya has recibido pero que todavía no has oído. Yo te ase­guro que te están esperando.(T-9.II.3:1-7)

Si quieres tener la certeza de que tus oraciones son contestadas, nunca dudes de un Hijo de Dios. No pongas en duda su palabra ni lo confundas, pues la fe que tienes en él es la fe que tienes en ti mismo. (T.C9.II.4:1-3)

En la obra Psicoterapia y El Canto de la Oración, se expresa una hermosa definición de lo que es la oración: “Unir las mentes en una relación en la cual Cristo pueda entrar”. (P-2.In.VII.2:3)

Recojo un breve contenido de este hermoso libro que nos ayudará a tener una visión más cercana sobre el verdadero significado de la oración:

La oración debe ser ahora el medio por el cual el Hijo de Dios abandona las metas e intereses separados, y vuelve en sagrada alegría a la verdad de la unión en su Padre y en sí mismo. (O-1.in.2:4)

Se te ha dicho que le pidas al Espíritu Santo la respuesta a cualquier problema específico, y que recibirás una respuesta específica si esa es tu necesidad. También se te ha dicho que hay un solo problema y una sola respuesta. En la oración, esto no es contradictorio. Aquí hay decisiones que tomar, y tienen que tomarse sean o no ilusiones. No se te puede pedir que aceptes respuestas que se encuentran más allá del nivel de necesidad que puedes reconocer. Por lo tanto, no es la forma de la pregunta lo que importa, ni tampoco la manera como se for mula. La forma de la respuesta, si es dada por Dios, se ajustará a tu necesidad tal como tú la ves. Esto es simplemente un eco de la respuesta de Su Voz. El verdadero sonido es siempre un canto de acción de gracias y de amor. (Aconsejo la lectura de este libro para ampliar la información sobre la oración). (O-1.1.2:1-9)

Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra ora­ción que ésta: que me des la verdad. la verdad no es sino Tu Volun­tad, que hoy quiero compartir Contigo(L.pII.254.1)

miércoles, 10 de enero de 2024

Principio 10: El milagro se obra por amor.

PRINCIPIO 10

 Cuando se obran milagros con vistas a hacer de ellos un espectáculo para atraer creyentes, es que no se ha comprendido su propósito.


Pensar que el propósito de obrar milagros son sus efectos, es un error, pues la esencia del milagro se encuentra en la causa, es decir, en la corrección de la mente y no en sus consecuencias.

No deja de ser una cuestión muy sutil la que plantea este Principio, pues podemos caer en la tentación de entender el milagros desde su aspecto mágico, lo que propiciará la manifestación del deseo de ser especial y cuando esto ocurre, no podemos evitar el hacer comparaciones, en las que el obrador de milagros se siente superior y más elevado, que la persona a la que dirige el milagro.
 Cuando así actuamos, podemos estar seguros de que es una maniobra del ego, pues el amor nunca hace comparaciones.

“Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. Pues se establece al ver una falta en otro; y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas”. (T.24.II.2:7)

Como bien expresa Un Curso de Milagros, el deseo de ser especial es el sustituto del amor. ¿Cómo vamos a obrar un milagro si no extendemos nuestro amor? Extender el amor en nuestro hermano es ver la igualdad y la semejanza que existe entre nosotros, pues hemos sido creados de una Misma Mente, la de Dios.
Cuando nos negamos a dar un regalo, por -por insignifi­cante que sea- estamos actuando como si no conociéramos el propósito del amor.

El milagro que se obra desde el especialismo, está carente de amor y por lo tanto no perdurará. Tan solo cuando las mentes se han unido, estamos poniéndonos en manos del Espíritu Santo, y mientras dure ese Estado, la curación permanecerá.

Si en alguna ocasión nos vemos sirviendo al error que da lugar “el deseo de ser especial”, debemos recordar que el perdón pone fin a ese deseo. Lo que realmente debemos perdonar es la ilusión de sentirnos especial, lo que nos permite recuperar la visión de unidad.

En los evangelios, se nos enseña que Jesús pedía a sus discípulos y a aquellos en los que obraba milagros, que no dieran publicidad a su acción. He aquí un par de ejemplos:


“41Y tomando la mano de la muchacha, le dijo: Talita cumi; que es si lo interpretares: Muchacha, a ti te digo: Levántate. 42Y al instante la muchacha se levantó y anduvo; porque tenía doce años. Y estaban atónitos, muy asombrados. 43Y Él les encargó mucho que nadie lo supiese, y mandó que se le diese de comer”. (Marcos 5:41-43)

“32Y le trajeron a uno que era sordo y tartamudo, y le rogaron que pusiera su mano sobre él. 33Y tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34y alzando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata; que es: Sé abierto. 35Y al instante sus oídos fueron abiertos, y fue suelta la atadura de su lengua, y hablaba bien. 36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37Y se maravillaban en gran manera, diciendo: Todo lo ha hecho bien; hace a los sordos oír y a los mudos hablar”. (Marcos 7:32-37)

“9Y partiendo de allí, vino a la sinagoga de ellos: 10Y he aquí había un hombre que tenía seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? 11Y Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un pozo en sábado, no le eche mano, y la levante?12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que es lícito hacer el bien en sábado. 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14Entonces salieron los fariseos y tomaron consejo contra Él, de cómo le matarían.

15Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí; y grandes multitudes le seguían, y sanaba a todos. 16Y les encargaba rigurosamente que no le diesen a conocer…” (Mateos 12:9-16)

martes, 9 de enero de 2024

Principio 9: Los milagros son una especie de intercambio

PRINCIPIO 9

Los milagros son una especie de intercambio. Como toda expresión de amor, que en el auténtico sentido de la palabra es siempre milagrosa, dicho intercambio invierte las leyes físicas. Brindan más amor tanto al que da como al que recibe.
  
En este Principio se nos revelan dos aspectos muy importantes que se desarrollan extensamente a lo largo de Un Curso de Milagros. Por un lado, nos habla sobre una condición que forma parte del milagro, el intercambio. Con ello debemos entender que el milagro es fruto del acto de “extender”, de compartir, y en ese dar y recibir, se pone de manifiesto el verdadero sentido del Amor.

Esta es la razón por la que el Principio termina describiendo que brindan más amor tanto al que da como al que recibe.

Tal vez estemos confundidos a analizar este aspecto, dado que desde el punto de vista de las leyes físicas, cuando damos, perdemos. Entonces, ¿cómo es posible, que al dar tenga más, si me he quedado sin ello?

Esa reflexión, se convierte en el argumento que utiliza el ego para convencernos de que hay que hacer todo lo posible por “poseer”, pues es la única manera de vencer su miedo a la escasez.

Por lo tanto, este Principio, aparte de habernos iniciado en una de las condiciones características del milagro, el intercambio, nos enseña, igualmente, que dicho intercambio invierte las leyes físicas, pues dar y recibir son una misma cosa.

Es importante recordar, que los milagros no tienen cabida en la eternidad porque son reparadores. Sin embargo, mientras aún necesitemos curación, el milagro se convierte en el único testigo de nuestra realidad que podemos reco­nocer. No podemos obrar un milagro para nosotros mismo, pues como bien determina este Principio, los milagros son una forma de dar aceptación y de recibirla (intercambio). 

Desde el punto de vista de las leyes físicas, en el tiempo, dar ocurre primero, pero en la eternidad, donde no pue­den estar separados, dar y recibir ocurren simultáneamente. Cuando hayamos aprendido que dar es lo mismo que recibir, ya no habrá necesidad de tiempo.

“Todo milagro es la conciencia de que dar y recibir es lo mismo. Puesto que no hace distinciones entre los que son iguales, no ve diferen­cias donde no las hay. Y así, es igual con todos porque no ve diferencia alguna entre ellos. Su ofrecimiento es universal y sólo enseña un mensaje:
1Lo que es de Dios le pertenece a todo el mundo, y es su derecho inalienable.(T-25.IX.10:10)

lunes, 8 de enero de 2024

Principio 8: Los milagros curan porque suplen una falta.

PRINCIPIO 8


Los milagros curan porque suplen una falta; los obran aquellos que temporalmente tienen más para aquellos que temporalmente tienen menos.


La primera expresión de este Principio, puede dar motivo a confusión, pues decir que los milagros curan porque suplen una “falta”, está dando a entender que dicha situación es real, cuando verdaderamente no lo es, pues la visión de la forma y del mundo material es una ilusión fabricada por el ego.

Nos indica Kenneth Wapnick en su obra “Los 50 Principios de los milagros”, que “esta es otra indicación de que el Curso no es preciso en su lenguaje. La forma más correcta de expresar esto, que es en realidad la forma en que el Curso lo plantea más tarde, es que el milagro corrige la percepción equivocada de que hay una falta de algo. Eso es lo que hace el milagro”.

Toda mente tiene que proyectar o extender porque así es como vive, y toda mente es vida. Cuando decidimos proyectar, estamos sirviendo al ego, y el resultado es la escasez. Cuando decidimos extender, estamos sirviendo al Espíritu Santo, y el resultado es la abundancia.

La oscuridad es falta de luz de la misma manera en que el “pecado” y la “enfermedad” son falta de amor. Es un ejemplo de la creencia en la "escasez", de la cual sólo se pueden derivar errores. La verdad es siempre abundante. Los que perci­ben y reconocen que lo tienen todo no tienen necesidades de ninguna clase. El propósito de la Expiación es devolvértelo todo, o más bien, devolvérselo a tu consciencia. Como recoge UCDM: “se te dio todo cuando fuiste creado, exactamente como se les dio a todos los demás” (T-1.II-3:7).

Me interesa introducir en el análisis de este Principio la siguiente reflexión: ¿Cómo cura el milagro? ¿Qué se hace necesario para que se lleve a cabo la curación?

En respuesta a esta cuestión, quiero compartir lo expresado en el Texto de UCDM sobre este particular:
La única manera de curarse es curando. 2El milagro se extiende sin tu ayuda, pero tú eres esencial para que pueda dar comienzo. 3Acepta el milagro de curación y se extenderá por razón de lo que es. 4Su naturaleza es extenderse desde el instante en que nace. 5Y nace en el instante en que se ofrece y se recibe. 6Nadie puede pedirle a otro que sane. 7Pero puede permitirse a sí mismo ser sanado, y así ofrecerle al otro lo que él ha recibido. 8¿Quién podría ofrecer a otro lo que él mismo no tiene? 9¿Y quién podría compartir lo que se niega a sí mismo? 10El Espíritu Santo te habla a ti, 11no a otra persona. 12al tú escucharle, Su Voz se extiende porque has aceptado lo que Él dice.” (T-27.V.1:1-12)
Oír la Voz del Espíritu Santo y aceptando Su Expiación, significa estar preparado para extender el milagro y compartir la curación.

“Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”. Estas palabras recogidas en el Evangelio de Marcos, me recuerdan la expresión recogida en el título de este Principio“los obran aquellos que temporalmente tienen más para aquellos que temporalmente tienen menos”.

Todos somos Hijos de Dios y formamos Su Filiación. No existe diferencia entre el Hijo de Dios. El error original que dio lugar al ego se alimenta de la creencia en la separación y en la desigualdad.

Este pasaje, da la impresión de que establece una diferenciación, entre los que tienen más y los que tienen menos, sin embargo, lo que quiere decir, es que dentro del sueño, podemos estar conscientes o inconscientes de que somos el soñador del sueño y ello da lugar a la ilusión de que tenemos más temporalmente, es decir, nos expresamos bajo la dirección de una mente correcta, mientras que otros, tienen menos temporalmente, o lo que es lo mismo, se expresan bajo la dirección de una mente errada.

Pero todo es “temporal”, pues en realidad seguimos soñando.

domingo, 7 de enero de 2024

Principio 7: Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.

PRINCIPIO 7

Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.


La afirmación de este Principio, viene a confirmar cuál es nuestra verdadera identidad.

Cuando se hace referencia a los milagros, no se está refiriendo a la magia con la que se encuentra identificado el ego y con la que ha fabricado todo un repertorio de hechos ilusorios con los que trata de hacer frente al mundo demente en el que sueña estar.

Es necesario tener claro que cuando el Curso hace alusión al milagro establece su procedencia en la condición divina de la que somos portadores. Ser Hijo de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza, nos convierte en legítimo herederos de Sus Atributos y de su Condición. El milagro forma parte de esa Condición y esa es la razón por la que tenemos derecho a él.

En cambio, no podemos llamar milagro, a las prácticas mágicas utilizadas por el ego, pues, mientras que el milagro corrige la causa, el error mental, la magia trata de corregir los efectos, el cuerpo o la forma. Pero, como ya sabemos, el objetivo que persigue el ego de corregir el efecto, el cuerpo o la forma, no es real, pues el cuerpo no existe. Tan sólo existe la mente, y lo  que hay que corregir es la falsa identificación de la mente con el cuerpo, con la separación.

Como bien expresa Kenneth Wapnick, “un milagro no es abrir el Mar Rojo o caminar sobre el agua; el milagro es cambiar de la percepción del ego a la percepción del Espíritu Santo”.

El derecho a los milagros quedó establecido en la creación del Hijo de Dios y está garantizado por las leyes del Padre. Con esto queremos decir, que el milagro es un derecho de todos y no de unos cuantos. Muchas religiones restringen este “derecho” a unos cuantos, a los que eleva a la condición de santos. La única condición que debemos “recordar” es nuestra propia legitimidad espiritual y ponernos al servicio del Espíritu Santo o de Jesús.

Establece este Principio que para dar expresión al milagro tenemos previamente que realizar una purificación. Este mensaje no va dirigido al cuerpo. Ya hemos dicho que no es real. La purificación que debemos llevar a cabo es a nivel de la mente. Debemos purificar nuestros pensamientos, los que mantienen la creencia en el pecado, en la culpa, en la separación. Realmente, la purificación debe ser entendida como una rectificación que debe ser dirigida a la mente, de donde emana toda causa. 
“El milagro no hace nada. 2Lo único que hace es deshacer. 3Y de este modo, cancela la interferencia a lo que se ha hecho. 4No añade nada, sino que simplemente elimina. 5lo que elimina hace mucho que desapareció, pero puesto que se conserva en la memo­ria, sus efectos parecen estar teniendo lugar ahora. 6Hace mucho que este mundo desapareció. 7Los pensamientos que lo origina­ron ya no se encuentran en la mente que los concibió y los amó por un breve lapso de tiempo. 8El milagro no hace sino mostrar que el pasado ya pasó, y que lo que realmente ya pasó no puede tener efectos. 9Recordar la causa de algo tan sólo puede dar lugar a ilusiones de su presencia, pero no puede producir efectos”. (T-28.1:1-9) 
Si la mente se identifica con lo que percibe, alimentará la creencia en el tiempo, dando valor al pasado, lo que justificará la ley de causa y efecto. La presencia del milagro en nuestra mente, nos librará de esos grilletes que nos mantienen prisionero de la ley del tiempo y que nos hace sentir culpable por nuestras acciones pasadas. El recuerdo del “pecado” es el error original que ha dado lugar al resto de los errores.