lunes, 29 de mayo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 149

CUARTO REPASO

Introducción

1. Damos comienzo ahora a un nuevo repaso, conscientes esta vez de que nos estamos preparando para la segunda parte del aprendizaje en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad. 2Hoy empezaremos a prepararnos para lo que sigue más adelante. 3Tal es nuestro propósito para este repaso y para las lecciones que siguen. 4Así pues, repasaremos las lecciones más recientes y sus pensamientos centrales de forma que faciliten el estado de prepa­ración que ahora queremos alcanzar.

2. Hay un tema central que unifica cada paso del repaso que ahora emprendemos, el cual puede enunciarse de manera muy simple con estas palabras:

2Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

3Esto es un hecho, y representa la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es. 4Éste fue el pensamiento mediante el cual el Padre creó a Su Hijo, estableciéndolo así como co-creador con Él. 5Éste es el pensamiento que garantiza plenamente la salvación del Hijo. 6Pues en su mente no puede haber otros pensamientos, salvo los que su Padre comparte con él. 7La falta de perdón es lo que impide que este pensamiento llegue a su conciencia. 8No obstante, es verdad eternamente.

3. Comencemos nuestra preparación tratando de entender las múltiples formas tras las que se puede ocultar muy cuidadosa­mente la falta de verdadero perdón. 2Puesto que son ilusiones, no se perciben simplemente como lo que son: defensas que te impi­den ver y reconocer tus pensamientos rencorosos. 3Su propósito es mostrarte otra cosa y demorar la corrección mediante auto­engaños diseñados para que ocupen su lugar.

4. Tu mente, sin embargo, alberga sólo lo que piensas con Dios. 2Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad, 3de la misma manera en que un niño que arroja un palo al mar no puede cambiar el ir y venir de las olas, evitar que el sol caliente las aguas o impedir que el plateado reflejo de luna se vea por la noche en ellas. 4Así es como daremos comienzo a cada período de práctica de este repaso, preparando nuestras mentes para que comprendan las lecciones que nos corresponde leer y comprendan el significado que tienen para nosotros.

5. Comienza cada día dedicando cierto tiempo a preparar tu mente para que aprenda la libertad y la paz que cada idea que repases ese día puede ofrecerte. 2Haz que tu mente tenga una acti­tud receptiva, despéjala de todo pensamiento engañoso y deja que sólo éste la ocupe completamente y elimine los demás:

3Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

4Cinco minutos que le dediques a este pensamiento serán sufi­ciente para encauzar el día según las pautas que Dios ha fijado y para poner Su Mente a cargo de todos los pensamientos que has de recibir ese día.

6. Éstos no procederán únicamente de ti, pues los compartirás con Él. 2Y así, cada uno de ellos te traerá mensajes de Su Amor, devolviéndole a Él mensajes del tuyo. 3De esta forma es como estarás en comunión con el Señor de las Multitudes, tal como Él Mismo lo ha dispuesto. 4Y así como Su compleción se une a Él, del mismo modo Él se unirá a ti que te completas al unirte a Él y al Él unirse a ti.

7. Después de haberte preparado, lee simplemente cada una las dos ideas que se han asignado para el repaso de ese día. 2Luego cierra los ojos y repítelas lentamente para tus adentros. 3No hay prisa ahora, pues estás utilizando el tiempo para el propósito que se le dio. 4Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz. 5Deja que cada idea que repases ese día te conceda el regalo que Él ha depositado en ella para que tú lo recibas de parte de Él. 6Y no utilizaremos en nuestra práctica otro formato que éste.

8. Cada vez que el reloj marque la hora, trae a la mente el pensa­miento con el que comenzó el día y pasa un momento de recogi­miento con él. 2Luego repite las dos ideas correspondientes a ese día sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.

9. No vamos a añadir otros pensamientos, sino que dejamos que estos mensajes sean lo que realmente son. 2No necesitamos otra cosa que esto para que se nos dé felicidad y descanso, eterna quie­tud, perfecta certeza y todo lo que nuestro Padre dispone que recibamos como nuestra herencia de parte de Él. 3Y concluiremos cada día de práctica a lo largo de este repaso tal como lo comenza­mos, repitiendo en primer lugar el pensamiento que hizo de ese día una ocasión especial de bendición y felicidad para nosotros, y que, mediante nuestra fe, sustituyó en el mundo la luz por la oscuridad, el gozo por los pesares, la paz por el sufrimiento y la santidad por el pecado.

10. Dios te da las gracias a ti que practicas de esta manera el cum­plimiento de Su Palabra. 2Y cuando expongas tu mente de nuevo a las ideas del día antes de irte a dormir, Su gratitud te envolverá en la paz en la que Su Voluntad dispone que estés para siempre, y que ahora estás aprendiendo a reivindicar como tu herencia.


LECCIÓN 149

Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

(137) Cuando me curo no soy el único que se cura.
(138) El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir.


¿Qué me enseña esta lección?

(137) Cuando me curo no soy el único que se cura.

La capacidad de enfermar no se encuentra en el cuerpo, sino en la mente. Las mentes se encuentran unidas, a diferencia de los cuerpos que se encuentran separados.

Si mi mente corrige el error y se cura, la expansión creadora de esa corrección permitirá que otras mentes, también, se curen. Podemos llamar a esta secuencia de curación: curación cuántica.

La mente enferma es aquella que se ha identificado con el cuerpo y ha dado lugar a lo que conocemos con el nombre de ego. Su visión está limitada por la información recibida a través de la percepción de los sentidos. La enfermedad, desde este punto de vista, ofrece al ego la certeza de que es un cuerpo, negando cualquier otra identidad que no proceda de su percepción material.

¿Por qué crees que enfermas? ¿Por qué crees que te curas?


(138) El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir.

¿Qué otra alternativa querrías elegir si verdaderamente aspiras a ser feliz?

¿Acaso, si deseas la luz, elegirías la oscuridad?

¿Acaso, si eres consciente de que te pertenece la dicha, la plenitud y la abundancia, vas a decidir abandonar el Edén?

¿Si tu Padre te regala el Cielo…, vas a despreciar su ofrenda y desear el infierno?

¿Si la Verdad es tu Realidad…, decidirás recrear tu mirada con la visión de la ilusión?

Tal vez pienses que debes elegir, sin embargo, tu herencia ya ha sido dispuesta… Eres el legítimo heredero y Príncipe de Todos los confines del Cielo… Esa es tu potestad.

domingo, 28 de mayo de 2017

Principio 36: Los milagros son ejemplos de recto pensar...

PRINCIPIO 36

Los milagros son ejemplos de recto pensar que armonizan tus percepciones con la verdad tal como Dios la creó.


En el Principio 23, ya vimos como los milagros reorganizan la percepción y colocan todos los niveles en su debida perspectiva y en el Principio 30, desarrollamos la idea que nos enseñaba que los milagros reconocen el espíritu, ajustan los nive­les de percepción y los muestran en su debido lugar.

En el presente Principio, los milagros se nos presentan como ejemplos de recto pensar que armonizan las percepciones con la vedad. Si bien, tendremos ocasión de seguir ahondando en el concepto de la percepción, dedicaremos este análisis a la orientación de la mente, lo que nos llevará a valorar las expresiones “mentalidad recta” y mentalidad errada”.

Comenzaremos refiriéndonos a lo recogido en el Curso, cuando nos advierte que no se debe confundir a la mente que goza de conocimiento con la mentalidad recta, ya que sólo esta última está vinculada a la percepción verdadera. Podemos tener una mentalidad recta o una mentalidad errada, y aun esto es cuestión de grados, lo cual demuestra claramente que ninguna de ellas tiene nada que ver con el conocimiento. El término "mentalidad recta" debemos entenderlo como aquello que corrige la "mentalidad errada", y se refiere al estado mental que induce a una percepción fidedigna. Es un estado de mentalidad milagrosa porque sana la percep­ción errónea, lo cual es ciertamente un milagro en vista de cómo nos percibimos a nosotros mismo.

Por otro lado, y aludiendo a la idea de la salvación, se nos indica, que no es otra cosa que "mentalidad recta", que aun­que no es la Mentalidad-Uno del Espíritu Santo, se debe alcanzar antes de que la Mentalidad-Uno pueda ser reinstaurada. La mentalidad recta conduce automáticamente al siguiente paso, ya que la percepción correcta está completamente exenta de cual­quier forma de ataque, y, por lo tanto, la mentalidad errada desa­parece. El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios, y, por consiguiente, se le abandona. La mente tiene entonces una sola dirección por la que avanzar. La dirección que sigue es siempre automática, pues no puede sino acatar los dictados del sistema de pensamiento al que se adhiere.

Me viene a la mente una frase leída en el Curso que me gustaría compartir en estos momentos, pues la considero de gran interés, ahora que tenemos ocasión de referirnos a los valores de la mente: “No hay pensamientos fútiles”.

He buscado dicha frase en el Texto y me gustaría dejaros la siguiente joya metafísica que nos aclara aspectos del poder de nuestra mente:

“Todo el mundo experimenta miedo. Sin embargo, no se reque­riría más que una pequeña dosis de recto pensar para que uno pudiese darse cuenta de por qué se produce. Son muy pocos los que aprecian el verdadero poder de la mente, y nadie permanece totalmente consciente de él todo el tiempo. No obstante, si espe­ras librarte del miedo hay algunas cosas que debes comprender, y comprender plenamente. La mente es muy poderosa y jamás pierde su fuerza creativa. Nunca duerme. Está creando conti­nuamente. Es difícil reconocer la oleada de poder que resulta de la combinación de pensamiento y creencia, la cual puede literalmente mover montañas. A primera vista parece arrogante creer que posees tal poder, mas no es ésa la verdadera razón de que no lo creas. Prefieres creer que tus pensamientos no pueden ejercer ninguna influencia real porque de hecho tienes miedo de ellos. Eso puede mitigar la conciencia de culpabilidad, pero a costa de percibir a la mente como impotente. Si crees que lo que piensas no tiene ningún efecto, puede que dejes de tenerle miedo, pero es bastante improbable que le tengas respeto. No hay pensamien­tos fútiles. Todo pensamiento produce forma en algún nivel”. (T.2.VI.9:14)

Para mí ha resultado muy revelador leer y comprender el contenido de ese párrafo. ¿Acaso no veo en él el trazo de mi condición divina? Somos Hijos de Dios, creados a Su Imagen y Semejanza. Dotados de su Poder Creador y dicho Poder es Su Mente. Cada uno de nuestros pensamientos jamás se desvincula de su fuente. Si nuestra mente sigue una Voluntad diferente a la de Dios, estará creando a diferencia de Dios. Así lo expresa Un Curso de Milagros:

Ninguna mente recta podría creer que su voluntad es más fuerte que la de Dios. Si una mente cree que su voluntad es diferente de la de Él, entonces sólo puede concluir o bien que Dios no existe o bien que Su Voluntad es temible.3La primera conclusión da lugar al ateo, y la segunda, al mártir, que cree que Dios exige sacrificios. Cualquiera de esas dos conclusiones de­mentes producirá pánico, ya que el ateo cree estar solo, y el már­tir que Dios lo está crucificando”.

Ese acto de voluntad que lleva al Hijo de Dios a expandir su pensamiento “diferenciador” da lugar a la falsa creencia en el pecado. La base de dicho “pecado” es la creencia en la separación y en la proyección del pensamiento hacia el mundo exterior activando la conciencia de la percepción.

Nos refiere el Curso, que antes de la separación la mente no tenía ninguna vocación, ya que antes de eso simplemente era, y no habría podido entender la llamada al recto pensar.  El Espíritu Santo es la Respuesta de Dios a la separación; el medio a través del cual la Expiación cura hasta que la mente en su totalidad se reincorpore al proceso de creación. Ésa es la vocación de la mente.

Mientras que sirvamos al ego, se valdrá del cuerpo para conspirar contra nuestra mente, y puesto que el ego se da cuenta de que su "enemigo" puede acabar con él y con el cuerpo reconociendo simplemente que no for­man parte de él, él y el cuerpo se unen para llevar a cabo un ataque conjunto. Tal vez sea ésta la más extraña de todas las percepciones, si nos detenemos a considerar lo que ello realmente implica. El ego, que no es real, trata de persuadir a la mente, que sí es real, de que ella es su recurso de aprendizaje, y, lo que es más, de que el cuerpo es más real que ella. Nadie que esté en su mente recta podría creer semejante cosa, y nadie que está en su mente recta lo cree.

El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- ­da lugar a todos los síntomas físicos.

La enfermedad o "mentalidad-no-recta" es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre com­porta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. Nos hemos referido a los milagros como un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivo­cadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso.

¿Para poder recibir los efectos de un milagro es necesario que el receptor goce de una mentalidad recta?

Sobre este respecto, el Curso nos aclara lo siguiente:

“He dicho ya que los milagros son expresiones de una orienta­ción milagrosa, y una orientación milagrosa no es otra cosa que una mentalidad recta. Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. En cuanto que medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta. De hecho, su propósito es restituirle su mente recta. Es esencial, no obstante, que el obrador de milagros esté en su mente recta, aunque sea brevemente, o, de lo contrario, será incapaz de re-establecer la mentalidad recta en otros.
El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en peligro su entendimiento. Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de preparación, pero mantengas firme confianza en el mío. Si tus inclina­ciones a obrar milagros no están funcionando debidamente, es siempre porque el miedo se ha infiltrado en tu mentalidad recta y la ha invertido. Toda forma de mentalidad-no-recta es el resul­tado de negarte a aceptar la Expiación para ti mismo. Si la acep­tases estarías en una posición desde la que podrías reconocer que los que tienen necesidad de curación son simplemente aquellos que aún no se han dado cuenta de que la mentalidad recta es en sí la curación”. (T.2.V.3:5-4:5)

Si lo único que existe es la verdad, lo único que la mentalidad recta puede ver es perfección.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 148

CUARTO REPASO

Introducción

1. Damos comienzo ahora a un nuevo repaso, conscientes esta vez de que nos estamos preparando para la segunda parte del aprendizaje en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad. 2Hoy empezaremos a prepararnos para lo que sigue más adelante. 3Tal es nuestro propósito para este repaso y para las lecciones que siguen. 4Así pues, repasaremos las lecciones más recientes y sus pensamientos centrales de forma que faciliten el estado de prepa­ración que ahora queremos alcanzar.

2. Hay un tema central que unifica cada paso del repaso que ahora emprendemos, el cual puede enunciarse de manera muy simple con estas palabras:

2Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

3Esto es un hecho, y representa la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es. 4Éste fue el pensamiento mediante el cual el Padre creó a Su Hijo, estableciéndolo así como co-creador con Él. 5Éste es el pensamiento que garantiza plenamente la salvación del Hijo. 6Pues en su mente no puede haber otros pensamientos, salvo los que su Padre comparte con él. 7La falta de perdón es lo que impide que este pensamiento llegue a su conciencia. 8No obstante, es verdad eternamente.

3. Comencemos nuestra preparación tratando de entender las múltiples formas tras las que se puede ocultar muy cuidadosa­mente la falta de verdadero perdón. 2Puesto que son ilusiones, no se perciben simplemente como lo que son: defensas que te impi­den ver y reconocer tus pensamientos rencorosos. 3Su propósito es mostrarte otra cosa y demorar la corrección mediante auto­engaños diseñados para que ocupen su lugar.

4. Tu mente, sin embargo, alberga sólo lo que piensas con Dios. 2Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad, 3de la misma manera en que un niño que arroja un palo al mar no puede cambiar el ir y venir de las olas, evitar que el sol caliente las aguas o impedir que el plateado reflejo de luna se vea por la noche en ellas. 4Así es como daremos comienzo a cada período de práctica de este repaso, preparando nuestras mentes para que comprendan las lecciones que nos corresponde leer y comprendan el significado que tienen para nosotros.

5. Comienza cada día dedicando cierto tiempo a preparar tu mente para que aprenda la libertad y la paz que cada idea que repases ese día puede ofrecerte. 2Haz que tu mente tenga una acti­tud receptiva, despéjala de todo pensamiento engañoso y deja que sólo éste la ocupe completamente y elimine los demás:

3Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

4Cinco minutos que le dediques a este pensamiento serán sufi­ciente para encauzar el día según las pautas que Dios ha fijado y para poner Su Mente a cargo de todos los pensamientos que has de recibir ese día.

6. Éstos no procederán únicamente de ti, pues los compartirás con Él. 2Y así, cada uno de ellos te traerá mensajes de Su Amor, devolviéndole a Él mensajes del tuyo. 3De esta forma es como estarás en comunión con el Señor de las Multitudes, tal como Él Mismo lo ha dispuesto. 4Y así como Su compleción se une a Él, del mismo modo Él se unirá a ti que te completas al unirte a Él y al Él unirse a ti.

7. Después de haberte preparado, lee simplemente cada una las dos ideas que se han asignado para el repaso de ese día. 2Luego cierra los ojos y repítelas lentamente para tus adentros. 3No hay prisa ahora, pues estás utilizando el tiempo para el propósito que se le dio. 4Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz. 5Deja que cada idea que repases ese día te conceda el regalo que Él ha depositado en ella para que tú lo recibas de parte de Él. 6Y no utilizaremos en nuestra práctica otro formato que éste.

8. Cada vez que el reloj marque la hora, trae a la mente el pensa­miento con el que comenzó el día y pasa un momento de recogi­miento con él. 2Luego repite las dos ideas correspondientes a ese día sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.

9. No vamos a añadir otros pensamientos, sino que dejamos que estos mensajes sean lo que realmente son. 2No necesitamos otra cosa que esto para que se nos dé felicidad y descanso, eterna quie­tud, perfecta certeza y todo lo que nuestro Padre dispone que recibamos como nuestra herencia de parte de Él. 3Y concluiremos cada día de práctica a lo largo de este repaso tal como lo comenza­mos, repitiendo en primer lugar el pensamiento que hizo de ese día una ocasión especial de bendición y felicidad para nosotros, y que, mediante nuestra fe, sustituyó en el mundo la luz por la oscuridad, el gozo por los pesares, la paz por el sufrimiento y la santidad por el pecado.

10. Dios te da las gracias a ti que practicas de esta manera el cum­plimiento de Su Palabra. 2Y cuando expongas tu mente de nuevo a las ideas del día antes de irte a dormir, Su gratitud te envolverá en la paz en la que Su Voluntad dispone que estés para siempre, y que ahora estás aprendiendo a reivindicar como tu herencia.


LECCIÓN 148

Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

(135) Si me defiendo he sido atacado.
(136) La enfermedad es una defensa contra la verdad.


¿Qué me enseña esta lección?

(135) Si me defiendo he sido atacado.

Tan sólo el cuerpo y sus fabricaciones, toman la decisión de defenderse, pues tan sólo el ego percibe el mundo como una amenaza, como un ataque.

La seguridad del ego es imposible, pues aquello en lo que cree está permanentemente sujeto a la temporalidad y al cambio.

La verdad del ego, justifica el ataque como una venganza que viene a recordarle su identificación con el pecado y el merecido castigo por su pecaminoso acto.

El miedo ha sustituido al amor; la falsa creencia en la separación justifica que los deseos del otro viene a quitarle lo que posee, sus pertenencias, aquellas que le aportan una identidad. Es por ello, que decide defenderse del mundo hostil que le rodea y para ello, ataca y condena el comportamiento ajeno.

Cada vez que mantengo una actitud de defensa, estoy interpretando que me he sentido atacado e intento ganar la partida para no perder lo que más valoro: mi cuerpo, mi estima, mis pertenencias, mi poder, mi seguridad física.

¿De qué te defiendes?

(136) La enfermedad es una defensa contra la verdad.

Si crees ser tu cuerpo físico, sin duda alguna, creerás, igualmente, en la enfermedad, pues dándole valor a aquello que percibes desde tu vehículo físico, lo identificas como tu verdad.

Si ves con los ojos de tu cuerpo, aquello que es ilusorio y le aportas credibilidad, estarás sustituyendo y atacando lo que realmente es verdad.
¿Te has preguntado si no le has dado valor a la enfermedad para justificar tu creencia en que eres un cuerpo?

No olvides, que lo real, lo único que es verdad, es eterno y que lo ilusorio es temporal. ¿Acaso tu cuerpo físico es eterno? Entonces, estás identificándote con lo que no es real; estarás alimentando una verdad que no lo es y todas tus acciones para mantenerte firme en tu verdad, atacará, realmente, a la verdad.

Pregúntate, ¿para qué necesitas la enfermedad? ¿qué beneficio te aporta perder la paz y la plenitud? ¿qué estímulo crees encontrar en la percepción del dolor, del castigo, del sufrimiento?

No necesitas la enfermedad para nada, pues Todo en ti es Pleno. Todo en ti está a salvo. No hay necesidad de castigo, ni de sacrificio, ni de escasez, ni de penas y tristezas. Tener la verdadera visión de lo que Somos; tener la certeza de que Somos Hijos de Dios, de que Somos una Unidad con nuestro Padre, nos dará la confianza para que nuestra mente goce de plena Salud.

sábado, 27 de mayo de 2017

Cuento para Géminis: "Un Sendero hacia la Luz - Final"

Pero no pudo seguir hablando pues, en esta ocasión fue interrumpido por sus alumnos. Alguien a quien apreciaba desde muy pequeño, pues ya desde entonces, su rostro, junto a sus actos, hablaba muy  satisfactoriamente a su favor. Era Mario, el hermano gemelo de Martin.


Qué extraña era la vida -pensaba Don Javier-, a pesar de haber nacido del mismo vientre, a pesar del asombroso parecido físico, y cuánta diferencia de carácter había entre ambos hermanos.


Mario era prudente, risueño, optimista, generoso, humilde y pacífico. Mientras que Martin era impaciente, irritable, nervioso, envidioso y vanidoso.
  • Perdóneme, Señor Maestro, pero quisiera que supiese usted algo, -expresó respetuosamente Mario-.
  • Dime, Mario, ¿qué deseas? -le contestó Don Javier dando viva muestra de preocupación-.
  • Quisiera decirle que yo estoy dispuesto a descifrar el acertijo. Me agradaría tanto acompañarle a la excursión. 
Los ojos de Don Javier sintieron un calor conocido. Estaban a punto de brotar, involuntariamente, de ellos lágrimas que no pudo reprimir. Aquellas palabras sinceras le habían llegado al corazón, conmoviéndole profundamente. Temió por unos segundos, que su garganta no le respondiese pues un nudo le impedía casi respirar, por lo que tuvo que hacer un gran esfuerzo para no dejarse llevar por aquel brote de alegría. Y así lo hizo. 

  • Gracias, Mario, si ese es tu deseo, te complaceré, -le contestó sin poder ocultar su satisfacción-. 
Pero Martin al ver que su hermano menor, al que no tenía en gran estima, pues lo juzgaba un mal estudiante, se interponía en su camino, casi estalló en cólera. Poseído por un nerviosismo que no conseguía controlar, se levantó como por impulso de su asiento, interrumpiendo aquel dialogo.
  • ¡Basta!, hermanito. No te conformas con las malas notas que sacas, que ahora quieres hacer el ridículo. Acertijos, estoy seguro que todos los aquí presentes piensan que el único que puede solucionarlo soy yo. 
En un arrebato de vanidad intelectual, Martin se dirigió a todos los presentes y les preguntó con voz efusiva y casi amenazante. 
  • ¿Estáis de acuerdo todos, de que soy el único que puede descifrar el enigma? 
Un profundo silencio se adueñó de toda el aula, pues nadie quiso hablar. Pero, sin embargo, muchos asintieron con un gesto, y los demás lo hicieron con su silencio, ya lo dice el refrán, el que caya otorga.

Aprovechando aquella confusión, Don Javier vio la oportunidad que esperaba y lo puso un poco más difícil. 
  • Martin, tú que tanto hablas de respetar las normas, ¿cómo te atreves a interrumpir un diálogo entre dos personas? ¿Acaso no sido enseñado, que cuando dos personas hablan, los demás deben callar? –expresó Don Javier con la intención de demostrar al joven que no se deben juzgar las acciones de los demás-.
  • Bueno, es que yo…, -balbuceó Martin, tartamudeando-. Está bien, perdone, pero debo decirle algo, yo participaré en la prueba.
  • De acuerdo, toma asiento y escuchad todos, pues el acertijo es este… 
Lo había conseguido. No le había resultado fácil, pero al final sus esfuerzos se veían recompensados por el interés que había despertado con aquella prueba.

Todos quedaron en silencio. Nadie se atrevían ni tan siquiera a alterar el ritmo respiratorio, que en aquellos minutos de tención, difícilmente, podía pasar desapercibido.
  • Existió una vez un Rey, que al ver que la muerte le rondaba, quiso hacer testamento. Era tan justo, que se encontró ante un dilema, pues a la hora de decidir cuál de sus dos hijos debería heredar su corona, no sabía qué decisión tomar, ya que eran gemelos. Así pues, pensó en consultar al sabio de palacio, y este le dijo...
  • Es muy fácil, mi queridísimo Rey, cededle a ambos un trozo de tierra y decidle que aquel que obtenga los mejores frutos en un año, de aquel será el reino.
  • La idea pareció ser del agrado del Rey, el cual hizo llamar inmediatamente a sus dos hijos, de los cuales uno era pastor –el más pequeño-, mientras que el mayor, dirigía los ejércitos. Una vez en presencia de su Padre, el Rey, fueron informados  por este de las condiciones de la prueba, y no tardaron en seguir el mandato real, dirigiéndose cada uno a sus respectivas tierras.
  • El tiempo pasó, y al tercer mes, fue el hijo mayor el que acudiendo a su padre, el Rey, le ofreció sus primero s frutos. Mientras tanto, su hermano aún se encontraba sembrando.
  • Trascurrieron tres meses más, y de nuevo fue el mayor de los hermanos, quién ofreció al Rey su cosecha. En cambio, el menor recibía con agrado las aguas que providencialmente caían del cielo.
  • Hallándose en el noveno mes, el Rey, recibió por tercera vez los frutos del mayor de sus hijos. Sin embargo, el más pequeño se preocupaba por separar la cizaña que dificultaba el crecimiento de la cosecha.
  • En los tres últimos meses, el Rey reunió de nuevo a sus dos hijos, recibiendo del mayor, nuevos frutos, pero en esta ocasión, también los recibió de su hijo menor.
Una larga pausa, indicó a los oyentes que la historia había terminado. No podían, ni encontraban palabras para explicar sus sentimientos. Era tan extraño toco aquello. Se preguntaban qué podría significar aquella narración. No sabían cuál sería el acertijo, y mirándose unos a otros se interrogaban con la Intención de aclarar su curiosidad.
  • ¿Quién de ustedes se atrevería a decirme, cuál debe ser la sentencia del Rey? ¿A cuál de los dos hijos, cederá su trono? ¿Al mayor, que ha ofrecido cuatro veces frutos o al más pequeño de los hermanos, que tan sólo ha ofrecido una cosecha? –en un tono enigmático, Don Javier, dejó flotar en el aire aquella misteriosa pregunta-. 
Un sentimiento de inquietud pareció apropiarse de la mayoría de los alumnos.

Con destreza y rapidez formaron pequeños grupos. Estaban acostumbrados a hacerlo. Fuera de clases se compinchaban para sentirse más seguros y fuertes. Sin embargo, habían dado la espalda una vez más a Mario, quien no pareció ofenderle aquel gesto de rechazo, sin pensárselo mucho, quedó sumergido en los detalles de la historia llegando a identificarse con los protagonistas del relato.

Para Martin, aquella historia no le planteaba ninguna duda. Veía la solución muy evidente y desde el principio quiso hacerlo saber. 
  • Estoy seguro, Señor Maestro, que no será necesario que dé mucho tiempo para contestar esta simple cuestión. La respuesta es bien sencilla, y hasta un niño pequeño la encontraría sin dificultad -dijo en voz alta el arrogante Martin-.
  • Me agrada pensar que no te resulte difícil responder  el acertijo, pero te advierto que no es tan fácil como aparenta. Si te parece… -Quiso Don Javier ayudarle, pero una vez más, Martin podría de manifiesto su vanidad intelectual anteponiendo su interés al del profesor-.
  • Estaréis todos de acuerdo en que el Rey debe ceder su trono al mayor de los hermanos, pues está claro que ha ofrecido tres veces más frutos que su hermano. 
Todos quedaron en silencio. Miraban fijamente los gestos de Dos Javier, el cual quedaba inmóvil, sin apenas dar señales de vida. Sus ojos, a pesar de estar entreabiertos, parecían mirar la nada.

Cuando todos esperaban una reacción del Maestro, no seria éste quien pusiera fin a aquel profundo y largo silencio, sino que fue, una vez más, Mario, el que sacó a todos de aquella tensión.
  • Yo tengo otra respuesta Señor Maestro –dijo Mario, dirigiéndose a Don Javier-.
  • Está bien, Mario, exponla, todos te oiremos.
  • Si yo fuera el Rey, llamaría al menor de mis hijos y le diría, tuyo es el reino.
  • ¡Cómo!, ¿estás loco hermanito?, ¿te has olvidado? El mayor le ofrece cuatro veces frutos, en cambio, el menor una sola vez ¿Cómo te explicas eso, dínoslo? –gritó Martin a su hermano-. 
Pero esta vez no seria Mario el que contentaría, sino que fue Don Javier, quien levantándose de su asiento, se colocó de modo que todos le pudieran ver y oír bien. 
  • Yo contestaré a tu pregunta Martin, si no te importa. Tienes razón, el mayor de los hermanos ofreció por cuatro veces frutos a su padre, pero, ¿te has preguntado cómo consiguió en tan corto plazo de tiempo, 3 meses, los mismos frutos que ofreció su hermano en un año. ¿Acaso ignoras que un árbol no da frutos de la noche a la mañana? Al mayor de los hermanos no le resultó difícil conseguir esos frutos, pues siendo capitán de los ejércitos, no dudó en diezmar, avasallar y robar en los campos vecinos. De este modo podía ofrecer cada tres meses frutos a su padre. En cambio se olvidó de sembrar, y cuando sembró se olvidó de regar. Y así cuando hubo regado, no supo cortar la cizaña, la cual puso fin a su cosecha. De este modo tuvo que seguir robando para poder alimentar a su padre. Sin embargo, el menor de los hermanos supo preparar la tierra,  escogió las mejores semillas, esperó las fértiles aguas del cielo y se esmeró en cortar la mala hierba. Así, tras un largo y paciente esfuerzo, pudo ofrecer a su padre los mejores frutos, quien dijo…
  • Durante cuatro veces consecutivas, he sido alimentado de los frutos del mayor de mis hijos, sin embargo mi apetito no ha sido saciado.  En cambio, una sola vez, he recibido el alimento del menor de mis hijos y ha sido tal mi satisfacción, que he quedado saciado para siempre. Tuyo es el reino, -dijo señalando al menor de los hermanos-, pues tus frutos han colmado mi hambre, mientras que los de tu hermano, han estimulado aún más mi apetito.
Como guiado por un impulso desenfrenado todos al unísono -excepto Martin-, vitorearon el nombre de Mario, quien no se había librado de la sorpresa, ni de las palabras que había pronunciado Don Javier.

Tuvo que hacer grandes esfuerzos Mario, para no caer al suelo cuando sus compañeros le felicitaban efusivamente. Todos querían felicitarle por el ingenio y la intuición demostrada, sin embargo, los pensamientos de Mario no participaban con aquella eufórica desbandada. Toda su preocupación se centraba en su hermano mayor, pues creía conocerle bien y sabía que aquella prueba supondría para él una dura derrota, de la que no estaba seguro, si podría superar. 

Buscó con su mirada la presencia de Martín, temiendo que se hubiese marchado, pero se alegró al comprobar que aún se encontraba allí, aunque con la cabeza cabizbaja y sin que pudiera mirar a nadie.

Mario comprendió el dolor que debía sentir su hermano y se sintió indefenso, pues no sabía cómo ayudarle.

A lo largo de todos aquellos años y  desde que juntos fueron inscritos en la escuela, Martin siempre buscó diferenciarse de Mario y si para ello, era necesario humillarle, no tendría en consideración tal hecho.

Martín era muy reconocido por sus compañeros, pero en el fondo sus relaciones superficiales. En cambio, Mario siempre frecuentaba reuniones donde se preocupaba por hacer compañía a aquellos que se sentían solos y marginados. Les contaba historias, leyendas, y de este modo nacía una sana y duradera  relación.

Pero jamás supo Mario ganar la confianza y el respeto de su hermano, a penas unos minutos mayor que él. 
  • Está bien, chicos -dijo en voz alta Don Javier intentando poner un poco de orden en aquella algarabía-. Como ya todos sabéis, Mario ha acertado el acertijo y por lo tanto iremos de excursión. Espero que tú, Martin, también irás -expresó Don Javier dirigiéndose al joven derrotado por su propio orgullo-. 
Nadie sabría explicar cómo ocurrió, pero lo cierto es que estaba ocurriendo. De repente, Don Javier sintió que sus ojos se nublaban y que sus rodillas se doblaban negándose a sostener su cuerpo desplomado y sin fuerza. Apenas pudo llegar a apoyar sus manos sobre la mesa, evitando un golpe que de haberse producido le hubiera destrozado la cabeza. 

A pesar del esfuerzo que seguía haciendo por mantener su cuerpo erguido, no pudo evitar que éste se deslizase hasta caer abatido en el suelo.
  • ¿Qué hacer? –se preguntaban todos sin que nadie se atreviese a reaccionar-. 
Mientras tanto, el rostro de Don Javier fue adoptando un color azulado. Sus labios fueron tiñéndose hasta adquirir un tono morado, y sus ojos parecían mirar sin vida. 

Fue entonces, cuando Martin, reaccionando ágilmente, salió veloz como una saeta en busca de ayuda.

Sus pies parecían volar, apenas si tocaban el suelo. Su corazón le bombeaba con fuerza, cada vez con mayor rapidez, y su rostro dibujaba una expresión de rabia, al tiempo que en su mente se repetía una y otra vez… 
  • No, no puede morir…, no, no puede morir. 
Habían pasado 15 segundos, cuando llegó sin aliento a la casa del doctor. Sin demoras, éste se puso en camino acompañado por el joven Martin, que apenas si podía respirar, pues sentía un profundo ahogo en su pecho que aclamaba salir al exterior. 

Pronto llegaron a la escuela  y con la misma rapidez, el doctor atendía al desafortunado Don Javier.

Al ver su rostro crispado y el colorido de su piel, el médico pidió que alguien llamase a una ambulancia urgentemente, al tiempo que le administraba masaje cardiaco al infeliz maestro.

Sin duda, su corazón, cansado por los años le había jugado una mala faena.

Todos los alumnos fueron desalojados, pero aún permanecía allí Mario y Martin. Miraban y observaban cada gesto del Doctor. Hacía tiempo que sus manos no se unían, sin embargo, en esos momentos se encontraban entrelazadas, pues ambos sentían que los últimos acontecimientos, les había unido de un modo especial. Pero lamentaban, angustiados,  que el precio de ello pudiera ser la muerte de Don Javier.


El médico luchaba enérgicamente por devolver la vida al moribundo Don Javier, pero sus esfuerzos parecieron nulos pues sus brazos dejaron de forcejear su pecho.

Había hecho cuanto estaba en sus manos, pero pensó que la ayuda le había llegado demasiado tarde.

Con un gesto de impotencia, el médico abandonó el cuerpo del maestro, que más que muerto, parecía dormido. 

Mario y Martin se sorprendieron al ver que el médico se alejaba de la sala y le preguntaron...
  • Doctor, ¿por qué abandona usted su cuerpo?
  • Niños, no deberíais estar aquí - contestó sorprendido el médico-, marcharos a casa, Don Javier ha pasado a mejor vida.
  • No lo entiende, doctor, Don Javier no ha podido morir. Hoy precisamente acababa de nacer. Hoy ha dejado atrás un lejano pasado. Nosotros, le debemos mucho y creemos en él. Hoy nos ha enseñado una gran lección. Nos ha enseñado que el Hombre posee un poder que es mágico. Dígaselo usted mismo Don Javier.
  • En efecto, tenéis razón -exclamó Don Javier con voz celestial-. 
No pudo evitar el doctor, que la pluma que sostenía en sus manos se deslizase entre sus dedos, cayendo al suelo. Había quedado de piedra, su sangre no circulaba y sus extremidades se negaban a obedecerle. Sin embargo, haciendo un gran esfuerzo pudo dirigir su cabeza en la dirección donde había dejado sin vida el cuerpo de Dos Javier. Pero su sorpresa aumentó, pues en aquel lugar ya no se encontraba ningún cuerpo, ni tan siquiera, la señal de haberlo habido. 

Buscó, buscó hacia un lado y a otro, pero no pudo encontrar a Dos Javier, ni tampoco a los dos hermanos, Martin y Mario. Pero sí pudo oír el rumor de unas voces que se alejaban en dirección a las afueras del pueblo, donde la montaña parecía aguardarles con los brazos abiertos. 

Corrió veloz hacía una de las dos ventanas y pudo tranquilizar sus nervios, cuando sus ojos pudieron ver, cómo Don Javier caminaba como era habitual en él, con paso firme y seguro, rodeado de alumnos. A su izquierda le acompañaba Martin y a su derecha Mario. Ambos se miraron y se guiñaron el ojo, sonriendo felizmente. 

Mientras tanto, Don Javier, seguía narrando… 
  • Y el hijo menor compartió su reino con el mayor de los hermanos, y juntos formaron una gran nación, donde la paz y la armonía serían el anuncio de un nuevo mundo, de un Nuevo Universo.

FIN

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 147

CUARTO REPASO

Introducción

1. Damos comienzo ahora a un nuevo repaso, conscientes esta vez de que nos estamos preparando para la segunda parte del aprendizaje en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad. 2Hoy empezaremos a prepararnos para lo que sigue más adelante. 3Tal es nuestro propósito para este repaso y para las lecciones que siguen. 4Así pues, repasaremos las lecciones más recientes y sus pensamientos centrales de forma que faciliten el estado de prepa­ración que ahora queremos alcanzar.

2. Hay un tema central que unifica cada paso del repaso que ahora emprendemos, el cual puede enunciarse de manera muy simple con estas palabras:

2Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

3Esto es un hecho, y representa la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es. 4Éste fue el pensamiento mediante el cual el Padre creó a Su Hijo, estableciéndolo así como co-creador con Él. 5Éste es el pensamiento que garantiza plenamente la salvación del Hijo. 6Pues en su mente no puede haber otros pensamientos, salvo los que su Padre comparte con él. 7La falta de perdón es lo que impide que este pensamiento llegue a su conciencia. 8No obstante, es verdad eternamente.

3. Comencemos nuestra preparación tratando de entender las múltiples formas tras las que se puede ocultar muy cuidadosa­mente la falta de verdadero perdón. 2Puesto que son ilusiones, no se perciben simplemente como lo que son: defensas que te impi­den ver y reconocer tus pensamientos rencorosos. 3Su propósito es mostrarte otra cosa y demorar la corrección mediante auto­engaños diseñados para que ocupen su lugar.

4. Tu mente, sin embargo, alberga sólo lo que piensas con Dios. 2Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad, 3de la misma manera en que un niño que arroja un palo al mar no puede cambiar el ir y venir de las olas, evitar que el sol caliente las aguas o impedir que el plateado reflejo de luna se vea por la noche en ellas. 4Así es como daremos comienzo a cada período de práctica de este repaso, preparando nuestras mentes para que comprendan las lecciones que nos corresponde leer y comprendan el significado que tienen para nosotros.

5. Comienza cada día dedicando cierto tiempo a preparar tu mente para que aprenda la libertad y la paz que cada idea que repases ese día puede ofrecerte. 2Haz que tu mente tenga una acti­tud receptiva, despéjala de todo pensamiento engañoso y deja que sólo éste la ocupe completamente y elimine los demás:

3Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

4Cinco minutos que le dediques a este pensamiento serán sufi­ciente para encauzar el día según las pautas que Dios ha fijado y para poner Su Mente a cargo de todos los pensamientos que has de recibir ese día.

6. Éstos no procederán únicamente de ti, pues los compartirás con Él. 2Y así, cada uno de ellos te traerá mensajes de Su Amor, devolviéndole a Él mensajes del tuyo. 3De esta forma es como estarás en comunión con el Señor de las Multitudes, tal como Él Mismo lo ha dispuesto. 4Y así como Su compleción se une a Él, del mismo modo Él se unirá a ti que te completas al unirte a Él y al Él unirse a ti.

7. Después de haberte preparado, lee simplemente cada una las dos ideas que se han asignado para el repaso de ese día. 2Luego cierra los ojos y repítelas lentamente para tus adentros. 3No hay prisa ahora, pues estás utilizando el tiempo para el propósito que se le dio. 4Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz. 5Deja que cada idea que repases ese día te conceda el regalo que Él ha depositado en ella para que tú lo recibas de parte de Él. 6Y no utilizaremos en nuestra práctica otro formato que éste.

8. Cada vez que el reloj marque la hora, trae a la mente el pensa­miento con el que comenzó el día y pasa un momento de recogi­miento con él. 2Luego repite las dos ideas correspondientes a ese día sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.

9. No vamos a añadir otros pensamientos, sino que dejamos que estos mensajes sean lo que realmente son. 2No necesitamos otra cosa que esto para que se nos dé felicidad y descanso, eterna quie­tud, perfecta certeza y todo lo que nuestro Padre dispone que recibamos como nuestra herencia de parte de Él. 3Y concluiremos cada día de práctica a lo largo de este repaso tal como lo comenza­mos, repitiendo en primer lugar el pensamiento que hizo de ese día una ocasión especial de bendición y felicidad para nosotros, y que, mediante nuestra fe, sustituyó en el mundo la luz por la oscuridad, el gozo por los pesares, la paz por el sufrimiento y la santidad por el pecado.

10. Dios te da las gracias a ti que practicas de esta manera el cum­plimiento de Su Palabra. 2Y cuando expongas tu mente de nuevo a las ideas del día antes de irte a dormir, Su gratitud te envolverá en la paz en la que Su Voluntad dispone que estés para siempre, y que ahora estás aprendiendo a reivindicar como tu herencia.


LECCIÓN 147
Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.
(134) Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.


¿Qué me enseña esta lección?

(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.

Donde tengas tus tesoros, allí pondrás tu corazón.

Si deseas ver con los ojos del cuerpo, quedarás embelesado con los placeres que te ofrece el mundo material y quedarás apegado al mundo de la ilusión.

Buscarás encontrar, incansablemente, el recuerdo de esa etapa paradisíaca en la que tu verdadero Ser formaba una Unidad con Todo lo Creado. Añorarás ese Estado de Gracia y de Plenitud.

Pero por mucho que busques, no lograrás encontrar en el mundo material, la paz, la alegría, la dicha, la felicidad. Ese mundo material es temporal y está sujeto a las leyes tenebrosas de la muerte. Te identificarás con lo que posees, con lo que tienes y tu identidad será tan transitoria como aquello que crees poseer.

Le das valor a lo efímero; proteges la escuela de tu pensamiento que ha forjado la creencia de que eres tan sólo un cuerpo. Todo cuanto acometes, lleva el sello del miedo, de la pérdida de la inocencia, de la culpa y del castigo. Sustituiste el Amor por el temor; sustituiste la Gracia por la Culpa; sustituiste la Salvación por la pérdida y el castigo.

No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.

¿A qué le das valor?


 (134) Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.

Tienes necesidad del perdón porque crees que has pecado. Te sientes culpable de haber violado las Leyes de Dios y reclamas la fuerza del perdón para que te libere de tus cargas.

Sin embargo, tu Padre, tu Creador, no ve las cosas como tú las ves. Él no te contempla como un ser pecador, pues Él te hizo perfecto como Él es Perfecto.

Para tu Padre, no es necesario el perdón, pues Él no ve tu pecado. Si no ve el pecado, no es necesario el perdón.

Si en tu interpretación del mundo, en tus juicios, contemplas el pecado en el mundo, es necesario que sepas, que ese rostro es tu propio rostro. Si has percibido el pecado busca en tu interior la creencia que te ha llevado a verlo. Necesitarás perdonarlo en tu interior.

¿Dónde ves el pecado?