sábado, 26 de octubre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 299

LECCIÓN 299

La santidad eterna mora en mí

1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.

¿Qué me enseña esta lección?


La Santidad es mi verdadero Estado de Ser. La Santidad es mi única realidad. La Santidad es mi condición natural. La Santidad, es el reconocimiento del Hijo a Su Padre.

Desde el mundo de la percepción, desde el mundo del sueño, la Santidad se convierte en un logro que está en manos del Creador. Esto es así, porque el Hijo de Dios ha olvidado su origen divino y proyecta en el mundo ilusorio que ha fabricado el ideal que le inspira el retorno a su verdadero Hogar.

Mi Santidad es mi herencia. Soy Espíritu, un Santo Hijo de Dios.

Mi Santidad no ha sido un logro, una conquista, tan sólo es la visión de mi verdadera realidad. El reconocimiento de mi Ser Divino.

Cuando hago consciente en mí, la condición de Santidad, mis ojos tan sólo ven la Unicidad que une a todos los Seres.

Bendito Seas Padre, que me has permitido Ser Uno con tu Voluntad.

Ejemplo-Guía: ¿Santo o pecador?

Por mucho que lo intentemos, la condición de santidad no se determina en este mundo, sino en el Cielo. Esto, ¿qué significa? Pues, que no es el hombre el que decide quién es santo o quién es pecador. Nadie nos puede ofrecer una condición que ya forma parte de nuestra verdadera realidad, pues somos Hijos de la Santidad, Hijos de Dios.

Acabo de dejar sin trabajo a la cúpula del poder católico, los cuales tienen asumidos la potestad de dar y quitar el don de la santidad.

Creemos que podemos dar algo a alguien, cuando éste carece de ello. Cuando estamos otorgando la condición de santo, es porque hemos llegado a la conclusión de que no lo es. Si no somos santos, entonces, somos pecadores. 

Un Curso de Milagros no dice: "Los Hijos de Dios son santos, y los milagros honran su santidad, que ellos pueden ocul­tar, mas nunca perder."



Y añade: "Únicamente lo que tú no has dado es lo que puede faltar en cualquier situación. Pero recuerda esto: la santidad fue la meta que se fijó para tu relación, y no fuiste tú quien lo hizo. No fuiste tú quien la fijó porque la santidad no se puede ver excepto mediante la fe, y tu relación no era santa por razón de la limitada y reducida fe que tenías en tu hermano. Tu fe tiene que aumen­tar para poder alcanzar la meta que se ha fijado."



La religión suele recordarnos que nuestra desobediencia a Dios, nos hizo pecadores y que dicha condición requiere purificación.

UCDM, nos revela, en este sentido: "La Expiación no te hace santo. Fuiste creado santo. La Expia­ción lleva simplemente lo que no es santo ante la santidad, o, en otras palabras, lo que inventaste ante lo que eres."

La Presencia de la santidad vive en todo lo que vive, pues la santidad creó la vida y no puede abandonar lo que creó tan santo como ella misma.

¿Cómo ver la santidad? ¿Es algo que podemos ver fuera?
"La santidad se ve a través de los santos ojos que ven la inocencia en su interior, y que, debido a ello, esperan verla en todas partes."
"La santidad no radica en el tiempo, sino en la eternidad. Jamás hubo un solo instante en el que el Hijo de Dios pudiese haber perdido su pureza. Su estado inmutable está más allá del tiempo, pues su pureza permanece eternamente inal­terable y más allá del alcance del ataque. En su santidad el tiempo se detiene y deja de cambiar. Y así, deja de ser tiempo. Pues al estar atrapado en el único instante de la eterna santidad de la creación de Dios, se transforma en eternidad."
No es la primera Lección en la que se trata el tema de la santidad. Recordemos:

En la Lección 36: “Mi santidad envuelve todo lo que veo”, se recoge lo siguiente: “Eres santo porque tu mente es parte de la de Dios. puesto que eres santo, tu visión no puede sino ser santa también. "Impecabilidad" quiere decir libre de pecado. No se puede estar libre de pecado sólo un poco. O bien eres impecable o bien no lo eres. Si tu mente es parte de la de Dios tienes que ser impecable, pues de otra forma parte de Su Mente sería pecaminosa. Tu visión está vinculada a Su santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no tiene nada que ver con tu cuerpo”.

Dios nos creó a Su Imagen y Semejanza. Si Dios es Santo, Su Hijo, fruto de la expansión de la Mente de su Padre, también lo es. La impecabilidad está asociada a la santidad.

En la Lección 37: ”Mi santidad bendice al mundo”, se nos enseña lo siguiente: “Tu propósito es ver el mundo a través de tu propia santi­dad. De este modo, tú y el mundo sois bendecidos juntos. Nadie pierde; a nadie se le despoja de nada; todo el mundo se beneficia a través de tu santa visión. Tu santa visión significa el fin del sacrificio porque les ofrece a todos su justo merecido. él tiene derecho a todo, ya que ése es su sagrado derecho como Hijo de Dios.
No hay ninguna otra manera de poder eliminar la idea de sacri­ficio del pensamiento del mundo. Cualquier otra manera de ver inevitablemente exige el que algo o alguien pague. Como resul­tado de ello, el que percibe sale perdiendo. Y no tiene ni idea de por qué está perdiendo. Su plenitud, sin embargo, le es restau­rada a su conciencia a través de tu visión. Tu santidad le bendice al no exigir nada de él. Los que se consideran a sí mismos completos no exigen nada.
Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo”.

El hecho de que tratemos al mundo desde la visión de la santidad, estamos ofreciendo el regalo que ha de permitirle negar el sacrificio y aceptar la bendición de saberse inocentes e inmaculados.

Si avanzamos en nuestro objetivo, llegamos a la Lección 38, “No hay nada que mi santidad no pueda hacer”, donde se recoge lo siguiente: “Tu santidad invierte todas las leyes del mundo. Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia, así como de cualquier clase de límite. El poder de tu santidad es ilimitado porque te establece a ti como Hijo de Dios, en unión con la Mente de su Creador.
Mediante tu santidad el poder de Dios se pone de manifiesto. Mediante tu santidad el poder de Dios se vuelve accesible. Y no hay nada que el poder de Dios no pueda hacer. Tu santidad, por lo tanto, puede eliminar todo dolor, acabar con todo pesar y resol­ver todo problema. Puede hacer eso en conexión contigo o con cualquier otra persona. Tiene el mismo poder para ayudar a cual­quiera porque su poder para salvar a cualquiera es el mismo.
Si tú eres santo, también lo es todo lo que Dios creó. Tú eres santo porque todas las cosas que Él creó son santas. todas las cosas que Él creó son santas porque tú eres santo. En los ejercicios de hoy vamos a aplicar el poder de tu santidad a cualquier clase de problema, dificultad o sufrimiento que te venga a la mente tanto si tiene que ver contigo como con otro. No haremos distin­ciones porque no hay distinciones”.

Deberíamos recordar permanentemente esta afirmación: No hay nada que mi santidad no pueda hacer. En verdad nos lleva a confirmar la certeza de lo que somos: Santos Hijos de Dios. Nuestra santidad niega al ego y a sus falsas creencias y pensamientos. Nuestra santidad reinstaura la unidad y pone fin a la separación en nuestra mente.

La siguiente Lección, la 39, “Mi santidad es mi salvación” y refiere lo siguiente: “(…) Hemos dicho ya que tu santidad es la salvación del mundo. ¿Y qué hay de tu propia salvación? No puedes dar lo que no tienes. Un salvador tiene que haberse salvado. ¿De qué otro modo, si no, podría enseñar lo que es la salvación? Los ejercicios de hoy van dirigidos a ti, en reconocimiento de que tu salvación es crucial para la salvación del mundo. A medida que apliques los ejerci­cios a tu mundo, el mundo entero se beneficiará.
Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que jamás se haya hecho, se esté haciendo ahora o se haga en el futuro. Tu santidad significa el fin de la culpabilidad y, por ende, el fin del infierno. Tu santidad es la salvación del mundo, así como la tuya. ¿Cómo podrías tú -a quien le pertenece tu santidad- ser excluido de ella? Dios no conoce lo profano. ¿Sería posible que Él no cono­ciese a Su Hijo?"

Si sentimos culpabilidad estamos identificados con el ego y no con nuestra condición santa. Si sentimos culpabilidad es señal inequívoca de que nos creemos pecadores y merecedores del castigo divino. Si es eso lo que hemos dado, es eso lo que recibimos. Si damos “pecado” cosechamos “culpabilidad” o lo que es lo mismo, nos estamos condenando a nosotros mismos.

Nuestra santidad es nuestra salvación pues, nos libera de la culpa y deshace el error de la falsa creencia en el pecado, en la separación.

Reflexión: "Si la Santidad nos ha creado y la Santidad es Dios, entonces, somos Dios"

viernes, 25 de octubre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 298

LECCIÓN 298

Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo.

1. Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo. 2Y, de esta manera, se me restituye por fin mi Realidad. 3El perdón elimina todo cuanto se interponía en mi santa visión. 4Y me apro­ximo al final de todas las jornadas absurdas, las carreras locas y los valores artificiales. 5En su lugar, acepto lo que Dios establece como mío, seguro de que sólo mediante ello me puedo salvar, y de que atravieso el miedo para encontrarme con mi Amor.

2. Padre, hoy vengo a Ti porque no quiero seguir otro camino que no sea el Tuyo. 2Tú estás a mi lado. 3Tu camino es seguro. 4Y me siento agrade­cido por tus santos regalos: un santuario seguro y la escapatoria de todo lo que menoscabaría mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.

¿Qué me enseña esta lección?

Hoy me siento desnudo, en un estado de perfecta inocencia. Tan sólo una Fuerza me mueve. Es la Esencia con la que he sido creado. Es el Amor.

Cuando esa Esencia se hace consciente en mí, el tiempo y el espacio, se funden en un solo instante, eterno y verdadero. El cuerpo se estremece por las altas vibraciones que soporta. El mundo físico y sus leyes, dejan de tener prioridad en nuestra consciencia. Experimento una total liberación. Todo mi ser se llena de esa Esencia y necesita expandirse hacia el mundo. Es imposible mantener ese potencial para un mismo. Debe ser compartido.

La paz lo inunda toda. La felicidad explota en nuestro ser y no podemos evitar emocionarnos con la vivencia de la Unidad.

Nuestros ojos visionan un espectáculo que no es de este mundo. Nos sentimos liberados y libres para perdonar; libres para experimentar la salvación y salvar al mundo.

Amo a tu Hijo, Padre, y a través de ese amor, te Amo, Padre.


Ejemplo-Guía: "El Camino que nos conduce al Cielo, no podemos andarlo solo"
“A medida que te acercas a un hermano te acercas a mí, y a medida que te alejas de él, la distancia entre tú y yo aumenta. La salvación es una empresa de colaboración. No la pueden emprender con éxito aquellos que se desvinculan de la Filiación porque al hacer eso se desvinculan de mí. Dios acudirá a ti sólo en la medida en que se Lo ofrezcas a tus hermanos. Aprende primero de ellos, y estarás listo para oír a Dios. Eso se debe a que el Amor sólo tiene una función”. (T.4.VI.8.1-6)
Tan solo la creencia en la separación, puede convertirse en un obstáculo que nos impida llevar a cabo la travesía que ha de conducirnos a la Salvación, que ha de conducirnos de retorno a nuestro verdadero Hogar.

Las palabras utilizadas para describir ese proceso de "despertar", no recoge realmente la experiencia a la que estamos aludiendo. El término "camino" nos puede confundir si lo entendemos que debemos llevar a cabo una aventura que parte desde un punto y que culmina en su destino. Lo que realmente estamos queriendo expresar, cuando utilizamos dicho término, es que tenemos la conciencia errónea de que Dios se encuentra fuera de nosotros, en el Más Allá. Cuando en verdad, esto es una ilusión proyectada por el sistema de pensamiento del ego.

Dios no está en nosotros, somos nosotros los que estamos en Él, pues fuera de Él no existe nada. Siendo esto así, el "camino" es una expresión poco apropiada, pues no es real. Pero, sin embargo, lo hacemos real, pues cuando miramos el mundo que nos rodea y evidenciamos a los demás, pensamos que tenemos que "movilizarnos" para interrelacionarnos con ellos. Este movimiento, también es fruto del error, también es una ilusión, pues, vuelvo a repetir, Todos estamos en Dios, Todos bebemos de Su Fuente.

Esta reflexión debe llevarnos a preguntarnos: ¿podemos alcanzar el Cielo, desvinculados de nuestros hermanos? Si pensamos que es posible, que la conquista del Cielo es algo individual, entonces estamos viendo el obstáculo al que nos referíamos, es decir, estamos haciendo real la separación entre Dios y su hijo, y entre sus hijos entre sí.

Si pensamos que podemos amar a Dios y no a Su Hijo, entonces estamos volviendo a ver el obstáculo, volvemos a recrearnos en la separación. No podremos amar a Dios, si no amamos a nuestros hermanos, pues no existe separación entre ellos.

¿Cómo debemos comportarnos con respecto a un hermano?

En este sentido, el Texto del Curso es claro en sus aportaciones. Nos revela, que siempre que le negamos la bendición a un hermano nos sentimos desposeídos, ya que la negación es tan total como el amor. Negar parte de la Filiación es tan imposible como lo es amarla sólo en parte. No es posible tampoco amarla totalmente sólo a veces. No podemos estar, totalmente comprometido sólo en algunas ocasiones.

Cuando un hermano actúa insensatamente, nos está ofreciendo una oportunidad para recibir nuestra bendición. Su necesidad es la nuestra. Realmente, necesitamos la bendición que podamos darle. No hay manera de que podamos disponer de ella excepto dándola. Ésa es la ley de Dios, la cual no hace excepciones. Carecemos de aquello que negamos, no porque haya carencia de ello, sino porque se lo hemos negado a otro, y, por lo tanto, no somos conscientes de ello en nosotros.  Nos recuerda el Curso, que “lo que crees ser determina tus reacciones, y lo que deseas ser es lo que crees que eres”. Lo que deseamos ser, entonces, determina forzosamente todas nuestras reacciones.

Si deseas ser una identidad separada de tu hermano, tus reacciones serán de ataque. Si en cambio, tu deseo es poner de manifiesto tu unicidad, tu hermano se convierte en el camino que ha de conducirte de vuelta a tu verdadero hogar, el Cielo.

Somos la voluntad unida de la Filiación, cuya plenitud es para todos. Comenzamos nuestra jornada de regreso, juntos, y, según avanzamos juntos, congregamos a nuestros hermanos. Cada aumento de nuestra fuerza se lo ofrecemos a todos, para que ellos puedan también superar su debilidad y añadir su fuerza a la nuestra. Dios nos espera a todos con los brazos abiertos, y nos dará la bienvenida.
“Nunca olvides que la Filiación es tu salvación, pues la Filiación es tu Ser. Al ser la creación de Dios, es tuya, y al pertenecerte a ti, es Suya. Tu Ser no necesita salvación, pero tu mente necesita aprender lo que es la salvación. No se te salva de nada, sino que se te salva para la gloria. La gloria es tu herencia, que tu Creador te dio para que la extendieras. No obstante, si odias cualquier parte de tu Ser pierdes todo tu entendimiento porque estás con­templando lo que Dios creó como lo que eres, sin amor. Y puesto que lo que Él creó forma parte de Él, le estás negando el lugar que le corresponde en Su Propio altar”. (T.11.1.1-7)
Y, ¿Cómo debemos amar?

No podemos entablar ninguna relación real con ninguno de los Hijos de Dios a menos que los amemos a todos, y que los amemos por igual. El amor no hace excepciones. Si otorgamos amor a una sola parte de la Filiación exclusivamente, estaremos sembrando culpabilidad en todas nuestras relaciones y haciendo que sean irreales. Sólo podemos amar tal como Dios ama. No intentemos amar de forma diferente de como Él lo hace, pues no hay amor aparte del Suyo. Hasta que no reconozcamos que esto es verdad, no tendremos idea de lo que es el amor. Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente o que mora en la paz de Dios. Si es inocente y está en paz, pero no lo ve, se está engañando, y ello significa que no se ha contemplado a sí mismo.

Un mensaje alentador: “En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mante­nerte separado de tu hermano. Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. Y tal como Él os ama, así sois. Vosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. Dios está contigo, hermano mío. Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.

El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu relación, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la verdad. Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. ¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la verdad ilumina! El Cielo la contempla y se regocija que lo hayas dejado venir a ti. Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador”.

Reflexión: ¿Crees que el verdadero amor es selectivo?

jueves, 24 de octubre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 297

LECCIÓN 297

El perdón es el único regalo que doy.

1. El perdón es el único regalo que doy, ya que es el único regalo que deseo. 2Y todo lo que doy, es a mí mismo a quien se lo doy. 3Ésta es la sencilla fórmula de la salvación. 4Y yo, que quiero salvarme, la adoptaré, para regir mi vida por ella en un mundo que tiene necesidad de salvación y que se salvará al aceptar yo la Expiación para mí mismo.

2. Padre, ¡cuán certeros son Tus caminos; cuán seguro su desenlace final y cuán fielmente se ha trazado y logrado cada paso de mi salvación mediante Tu Gracia! 2Gracias a Ti por Tus eternos regalos, y gracias a Ti también por mi Identidad.

¿Qué me enseña esta lección?


Tenemos necesidad del perdón, porque nuestros ojos ven culpabilidad.

Tenemos necesidad del perdón, porque albergamos la creencia en el pecado.

Tenemos necesidad del perdón, porque sentimos temor de Dios, al que creemos haber fallado.

Observa tu existencia y descubrirás que, desde nuestro inconsciente, nos llega una voz que nos hace adictos del castigo, del sufrimiento, del dolor, en respuesta a satisfacer el recuerdo ancestral de un acto pecaminoso que nos hace reo de la culpa.

Pero, el castigo no nos redime; no nos salva; no nos libera… El castigo, tan sólo genera dolor y nos priva de la alegría y de la felicidad, nos priva de la paz y de la armonía.

Podemos seguir eligiendo sufrir y sacrificarnos en nombre de actos de amor, pero, ningún acto de amor exige el sacrificio, pues ningún acto de amor hace necesario que alguna de las partes, pierda.

Mientras que permanezcamos sumidos en el sueño, el perdón, se convierte en la función más elevada que podemos acometer. El perdón procede del Amor. El castigo encuentra su origen en el miedo.
Cuando nos perdonamos, estamos vibrando en la nota más elevada. Ese tono, tiene la capacidad de contagiar a aquellos que comparten la tonalidad. Cuando damos nuestro perdón, estamos elevando la condición vibratoria de nuestros hermanos. Al dar lo que tenemos, lo mantenemos, y ese potencial de luz que se manifiesta a través del acto purificador del amor, nos eleva hasta nuestra condición divina.

¡Me perdono y proclamo mi inocencia!

¡Perdono al mundo y proclamo la Salvación!

Ejemplo-Guía: "Regalando perdón"

La enseñanza del perdón, no nos es extraña. Incluso me atrevería a decir, que es nuestra más fiel enseñanza en la aventura que hemos emprendido juntos, de des-hacernos de las viejas creencias y abrir nuestra mente a la verdad que nos permitirá recordar lo que somos.

Hemos alcanzado la Lección 297, pero podemos recordar, que el tema del perdón ya ha sido tratado en seis lecciones previa, concretamente en la 63, 121, 122, 134, 247 y 249. Os aseguro, que con la de hoy no será la última, aún nos encontraremos con su enseñanza en cinco ocasiones más. Tal es su protagonismo. De hecho, ya sabemos que forma parte de nuestra función en este mundo.

Ya que hacemos referencia a este mundo, en muchas ocasiones, cuando nos vemos en la necesidad de tener un gesto amable con algún ser querido, recurrimos a la iniciativa de agasajarle con algún regalo. No podemos negar, que en muchas de estas ocasiones, no sabemos qué regalar. Nos decimos, "le gustará", "lo tendrá", "lo necesitará", etc. Pues bien, hoy Un Curso de Milagros nos ayuda a tomar la decisión más apropiada cuando decidamos compartir con los demás nuestros regalos. 

Si no quieres fallar en tu decisión: el perdón es el regalo que debemos dar.

Permitirme que haga un poco de marketing del perdón. Está demostrado que gusta a todo el mundo. Sí, no lo pongamos en duda. ¿A quién no le gusta que lo perdonen cuando comete un error? El perdón, no entiende de religiones, de credos, de filosofías, de creencias. El perdón es fácil de entender y de aplicar, aunque esto último lo hacemos un poco más complicado cuando decidimos seguir apostando por tener razón a pesar de que en ello, estemos perdiendo nuestra paz.

El perdón no entiende de razas, de edades, de estatus, ni de condiciones sociales. El perdón, el verdadero, no es ostentoso, ni arrogante. No entiende de afiliaciones, ni de partidos, ni ideologías políticas. 

Otra de las cosas buenas que tiene el regalo del perdón, es que es gratuito y una vez que lo adquieres, es para toda la vida. Tiene una cualidad que lo hace único y especial, cuanto más lo das, más recibes. No es un bien que tan sólo lo puedas adquirir en países ricos y super-desarrollados. No hay que hacer colas en las almacenes de las grandes superficies para conseguir ese regalo. Es más, ni tan siquiera tienes que dar un paso para disfrutar de él. Tan sólo tienes que elegirlo como tu guía, como tu maestro, como tu condición, como tu función, dicho de otro modo, tan sólo tienes que serlo. Pues si no eres perdón, no podrás darlo y extenderlo.

Donde quieras que mires,  deposita tu regalo. De esta manera contagiarás con su presencia y estarás colaborando en crear una interminable cadena, cuyo final tan solo se completará cuando cada hijo de Dios, forme parte de ella. Entonces, el perdón se habrá fundido en la Filiación y con este gesto, estaremos ofreciendo a Dios su más preciado regalo, la complexión.

Reflexión: "Todo lo que doy, es a mí mismo a quien se lo doy"

miércoles, 23 de octubre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 296

LECCIÓN 296

El Espíritu Santo habla hoy a través de mí.

1. El Espíritu Santo necesita hoy mi voz para que todo el mundo pueda escuchar Tu Voz y oír Tu Palabra a través de mí. 2Estoy resuelto a dejar que hables a través de mí, pues no quiero usar otras palabras que las Tuyas, ni tener pensamientos aparte de los Tuyos, pues sólo los Tuyos son verdaderos. 3Quiero ser el salvador del mundo que fabriqué. 4Pues ya que lo condené, quiero liberarlo, de manera que pueda escapar y oír la Palabra que Tu santa Voz ha de comunicarme hoy.

2. Hoy sólo enseñaremos lo que queremos aprender, y nada más. 2De este modo, nuestro objetivo de aprendizaje queda libre de conflictos, lo cual nos permite alcanzarlo con facilidad y rapidez. 3¡Cuán gustosamente viene el Espíritu Santo a rescatarnos del infierno cuando permitimos que a través de nosotros Sus ense­ñanzas persuadan al mundo para que busque y halle el fácil sen­dero que conduce a Dios!

¿Qué me enseña esta lección?


Dentro del sueño que vivimos, la palabra tiene un papel estelar, pues a través de ella, comunicamos y compartimos con el resto del mundo, el contenido de nuestros pensamientos y sentimientos.

Nuestras creencias, encuentran en la palabra un canal de comunicación que define nuestra identidad, nuestros valores y principios, en definitiva, expresa el ser que creemos ser.

Si a través de nuestra palabra, expresamos juicios condenatorios, en verdad, lo que estamos haciendo es proyectar el nivel de exigencia y condena que nos aplicamos internamente.

Podemos utilizar nuestra palabra, para expresar nuestro miedo o nuestro amor. Cuando apostamos por el miedo, aquello que expresamos se tiñe con los tintes de la culpabilidad. Nos hemos juzgados y nos hemos condenado. Tan sólo nos cabe esperar el castigo como la única vía de purificación que creemos eficaz.
En cambio, cuando nuestra voz emite palabras de amor, estamos contagiando al receptor o receptores, con el Espíritu de la Paz, de la Dicha, de la Felicidad. Estamos, verdaderamente, creando.

La palabra transmite un tono vibratorio, que al igual que la música, puede fabricar o crear. Cuando fabricamos, estamos generando ilusión, y todo lo ilusorio, como todo lo temporal, acaba muriendo. Mientras que, cuando creamos, estamos generando vida, estamos creando eternidad y vida.

Nos dicen, los textos sagrados, que el Verbo es creador. Ese verbo es nuestra palabra. ¡Cuidémosla! Cuando hablemos, recordemos, que el contenido de nuestra palabra va dirigido hacia nosotros mismos, pues nuestros hermanos y nosotros, somos Uno.

Ejemplo-Guía: "Sobre  la enseñanza"

Comparto la idea que transmite el Curso, cuando nos revela que Dios no enseña, pues enseñar implica un insuficiencia que Dios sabe que no existe. Dios no está en conflicto y el propósito de enseñar es producir cambios, pero Dios sólo creó lo inmutable. En este sentido, la separación no fue una pérdida de la perfección, sino una interrupción de la comunicación. 

Dejamos de gozar de la comunicación directa con nuestro Creador y en su lugar, elegimos oír la voz del ego, la cual irrumpió en nuestra mente de forma estridente. Tal vez te surja la pregunta, ¿por que Dios no impidió tal hecho?, pero el Curso nos aclara este punto diciéndonos que Dios no la acalló porque erradicarla habría sido atacarla. Habiendo sido cuestionado, Él no cuestionó. Él simplemente dio la Respuesta. Su Respuesta es tu Maestro, el Espíritu Santo.

Enseñar, se puede hacer de muchas maneras, pero como bien nos revela el Curso, el mejor modo de hacerlo es a través del ejemplo. Si bien esto es cierto, no podemos olvidar el uso de la palabra, y en este sentido debemos saber que podemos hablar desde el espíritu o desde el ego. Hay una manera de distinguir, cual es la fuente que nos motiva. Si hablamos desde el espíritu es que hemos decidido acatar las palabras "Detente y reconoce que yo soy Dios". Son palabras inspiradas porque reflejan conocimiento y las expresamos desde el ánimo, desde el alma. En cambio, si hablamos desde el ego, lo que hacemos es renegar del conocimiento en vez de ratificarlo, y ello se expresa en un estado de des-ánimo. Con relación a esto que digo, puedo verificar por mis propias experiencias, que cuando nos ponemos al servicio del Espíritu Santo y servimos como canales a su mensaje, es como si no hablásemos nosotros. En ocasiones, llegamos a pronunciar mensajes de los que no eramos conscientes que lo sabíamos. Os puedo asegurar, que la mayor ratificación de que hablamos sostenidos por el "ánimo" la reconoceremos por la opinión de aquellos que ha sido los receptores del mensaje, los cuales, te confirman que el mensaje les ha llegado al alma.

Como bien nos indica el Texto, enseñar debe ser curativo, ya que consiste en compartir ideas y en el reconocimiento de que compartir ideas es reforzarlas. Jesús nos exhorta a que enseñemos lo que hemos aprendido porque al hacer podremos contar con ello.

Me encanta la siguiente frase: "Eres lo que enseñas, pero es evidente que puedes enseñar incorrectamente, y, por consiguiente, te pue­des enseñar mal a ti mismo."

Nos hemos enseñado a creer que no somos lo que realmente somos. Con lo cual no nos conocemos en absoluto y vamos por el mundo intentando conocernos a través del juicio que hacemos de los demás. En este sentido, cada lección que enseñamos es una lección que estamos aprendiendo.

¿Qué lección debemos enseñar y aprender?

Un Curso de Milagros, nos lo pone fácil, pues nos dice que debemos enseñar tan sólo una lección: Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres. La única manera de aprenderla es enseñándola, pues lo que enseñemos es lo que aprendemos y no podemos olvidar, que lo que enseñamos, nos lo enseñamos a nosotros mismos.

Vamos a extendernos un poco más en el tema de la enseñanza y, para ello, bucearemos en el contenido del Texto:
"La enseñanza y el aprendizaje correcto"

Un buen maestro clarifica sus propias ideas y las refuerza al enseñarlas. En el proceso de aprendizaje tanto el maestro como el alumno están a la par. Ambos se encuentran en el mismo nivel de aprendizaje, y a menos que compartan sus lecciones les faltará convicción. Un buen maestro debe tener fe en las ideas que enseña, pero tiene que satisfacer además otra condición: debe tener fe en los estudiantes a quienes ofrece sus ideas.

Muchos montan guardia en torno a sus ideas porque quieren conservar sus sistemas de pensamiento intactos, y aprender signi­fica cambiar. Los que creen estar separados siempre temen cam­biar porque no pueden concebir que los cambios sean un paso hacia adelante en el proceso de subsanar la separación. Siempre los perciben como un paso hacia una mayor separación, debido a que la separación fue su primera experiencia de cambio. Crees que si no permites ningún cambio en tu ego alcanzarás la paz. Esta marcada confusión sólo puede tener lugar si sostienes que un mismo sistema de pensamiento puede erigirse sobre dos cimientos distintos. Nada puede llegar al espíritu desde el ego, ni nada puede llegar al ego desde el espíritu. El espíritu no puede ni reforzar al ego, ni aminorar el conflicto interno de éste. El ego en sí es una contradicción. Tu falso ser y el Ser de Dios están en oposición. Y lo están con respecto a sus orígenes, rumbos y de­senlaces. Son fundamentalmente irreconciliables porque el espí­ritu no puede percibir y el ego no puede gozar de conocimiento. No están, por lo tanto, en comunicación, ni jamás lo podrán estar. El ego, sin embargo, puede aprender, aún cuando su hace­dor esté desencaminado. Este, no obstante, no puede hacer que lo que fue infundido con vida sea completamente exánime.

El espíritu no tiene necesidad de que se le enseñe nada, pero el ego sí. El proceso de aprender se percibe, en última instancia, como algo aterrador porque conduce, no a la destrucción del ego, sino al abandono de éste a la luz del espíritu. Éste es el cambio que el ego no puede sino temer, puesto que no comparte mi cari­dad. La lección que yo tuve que aprender es la misma que tú tienes que aprender ahora, y puesto que la aprendí, puedo ense­ñártela. Nunca atacaré a tu ego, si bien estoy tratando de enseñar­te cómo surgió su sistema de pensamiento. Cuando te recuerdo tu verdadera creación, tu ego no puede por menos que reaccionar con miedo.

Aprender y enseñar son los mayores recursos de que dispones ahora porque te permiten cambiar de mentalidad y ayudar a otros a hacer lo mismo. Negarte a cambiar de mentalidad no consegui­ría probar que la separación no ocurrió. El soñador que duda de la realidad de su sueño mientras todavía está soñando no está realmente sanando su mente dividida. Tú sueñas con un ego separado y crees en el mundo que se basa en él. Todo ello te parece muy real. No puedes deshacerlo sin cambiar de mentali­dad al respecto. Si estás dispuesto a renunciar al papel de guar­dián de tu sistema de pensamiento y ofrecérmelo a mí, yo lo corregiré con gran delicadeza y te conduciré de regreso a Dios.

Todo buen maestro espera impartir a sus estudiantes tanto de lo que él mismo ha aprendido que algún día dejen de necesitarle. Este es el verdadero y único objetivo del maestro. Es imposible convencer al ego de esto porque va en contra de todas sus leyes. Pero recuerda que las leyes se promulgan para proteger la continuidad del sistema en que cree el que las promulga. Es natural que el ego trate de protegerse a sí mismo una vez que lo inven­taste, pero no es natural que desees obedecer sus leyes a menos que tú creas en ellas. El ego no puede tomar esta decisión debido a la naturaleza de su origen. Pero tú puedes tomarla debido a la naturaleza del tuyo.

Los egos pueden chocar en cualquier situación, pero es imposi­ble que el espíritu choque en absoluto. Si percibes a un maestro simplemente como "un ego más grande" sentirás miedo, ya que agrandar un ego es aumentar la ansiedad que produce la separa­ción. Enseñaré contigo y viviré contigo si estás dispuesto a pensar conmigo, pero mi objetivo será siempre eximirte finalmente de la necesidad de un maestro. Esto es lo opuesto al objetivo del maestro que se deja guiar por el ego. A ése sólo le interesa el efecto que su ego pueda tener sobre otros egos, y, por consi­guiente, interpreta la interacción entre ellos como un medio de conservar su propio ego. Yo no podría dedicarme a enseñar si creyese eso, y tú no serás un maestro dedicado mientras lo creas. Se me percibe constantemente como un maestro al que hay que exaltar o rechazar, pero yo no acepto ninguna de esas dos percep­ciones de mí mismo.

El que enseñes o aprendas no es lo que establece tu valía. Tu valía la estableció Dios. Mientras sigas oponiéndote a esto, todo lo que hagas te dará miedo, especialmente aquellas situaciones que tiendan a apoyar la creencia en la superioridad o en la infe­rioridad. Los maestros tienen que tener paciencia y repetir las lecciones que enseñan hasta que éstas se aprendan. Yo estoy dispuesto a hacer eso porque no tengo derecho a fijar los límites de tu aprendizaje por ti. Una vez más: nada de lo que haces, piensas o deseas es necesario para establecer tu valía. Este punto no es debatible excepto en fantasías. Tu ego no está nunca en entredi­cho porque Dios no lo creó. Tu espíritu no está nunca en entre­dicho porque Él lo creó. Cualquier confusión al respecto es ilusoria, y, mientras perdure esa ilusión, no es posible tener dedi­cación alguna." (T.4.I.1:7)
Reflexión: "Hoy sólo enseñaremos lo que queremos aprender, y nada más" 

martes, 22 de octubre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 295

LECCIÓN 295

El Espíritu Santo ve hoy a través de mí.

1. Hoy Cristo pide valerse de mis ojos para así redimir al mundo. 2Me pide este regalo para poder ofrecerme paz mental y eliminar todo terror y pesar. 3Y a medida que se me libra de éstos, los sueños que parecían envolver al mundo desaparecen. 4La redención es una. 5Al salvarme yo, el mundo se salva conmigo. 6Pues todos tenemos que ser redimidos juntos. 7El miedo se presenta en múltiples formas, pero el amor es uno.

2. Padre mío, Cristo me ha pedido un regalo, regalo éste que doy para que se me dé a mí. Ayúdame a usar los ojos de Cristo hoy, y permitir así que el Amor del Espíritu Santo bendiga todo cuanto contemple, de modo que la compasión de Su Amor pueda descender sobre mí.

¿Qué me enseña esta lección?


Ver con los ojos del cuerpo, nos lleva a percibir la separación y, como consecuencia de ello, a identificarnos con un mundo ilusorio y no real.

Los argumentos que fortalecen la creencia del ego, se fundamenta en las experiencias que extrae de su proyección en el mundo físico, donde su identidad queda supeditada a la imagen de un cuerpo.

El proceso de individualización de la conciencia nos ha llevado a negar la Unidad y a sustituirla por la convicción de que nos encontramos separados unos de otros, así como de la Fuente que nos ha Creado, de Dios.

Ver con los ojos del Espíritu, es regalar al Cristo, nuestra visión, de modo, que la percepción errónea ceda su hegemonía a la percepción verdadera, lo que permitirá que dejemos de identificarnos con lo ilusorio y conozcamos nuestra verdadera Realidad, nuestra Esencia Divina. Desde esa visión, Todo es Uno, y nuestra única meta, será hacer consciente esa Unidad a través de nuestras relaciones con los demás.

Ver con los ojos del cuerpo, nos lleva a la contemplación del miedo, del pecado, de la culpa, del castigo, del sufrimiento, del sacrificio, del conflicto, de la enfermedad, de la muerte.

Ver con los ojos del Espíritu Crístico, nos lleva a la contemplación del Amor, de la Inocencia, del Perdón; de la Salvación; de la Dicha; de la Bondad; de la Curación, de la Paz y de la Armonía, de la Eternidad, de la Verdadera Vida.


Ejemplo-Guía: "Ver con los ojos del cuerpo es estar ciego"

No es una afirmación drástica, ni tan siquiera rigurosa, pues, ¿acaso el que goza de la visión puede crear un mundo demente y caótico? ¿cómo es posible que viendo el sufrimiento que causan nuestros actos, podamos continuar infligiéndolos? 

No estamos aludiendo a una limitación de uno de los sentidos físico, de la vista, estamos refiriéndonos a una percepción errónea de la verdadera vida, la que tiene como base esencial, el Amor.

Los ojos del cuerpo pueden estar abiertos y percibir las múltiples formas que le ofrece el mundo material, pero el cuerpo es neutral, ya lo hemos estudiado, y tan sólo es el mensajero, pero no el mensaje. Si nuestra mente ve división, nuestro cuerpo verá diferencias y percibirá separación. Si nuestra mente ve unidad, a pesar de que nuestros cuerpos expresen rasgos distintos, sabremos apreciar los lazos de amor que nos unen.

Recorramos el contenido del Texto y recordemos lo que nos aporta sobre el aspecto que estamos analizando:
"Al contemplar con claridad el mundo que te rodea, no puedes sino darte cuenta de que estás sumergido en la demencia. Ves lo que no está ahí, y oyes lo que no emite sonido. Las emociones que expresas reflejan lo opuesto de lo que sientes. No te comunicas con nadie, y te encuentras tan aislado de la realidad como si tú fueses lo único que existe en todo el universo. En tu demencia pasas por alto la realidad completamente, y dondequiera que tu mirada se posa no ves más que tu mente dividida. Dios te llama, mas tú no le oyes, pues estás embebido en tu propia voz. Y no puedes ver la visión de Cristo, pues sólo te ves a ti mismo.

Criatura de Dios, ¿es eso lo que le quieres ofrecer a tu Padre? Pues si te lo ofreces a ti mismo, se lo ofreces a Él. Mas Él no te lo devolverá, pues no es digno de ti porque no es digno de Él. Aun así, Él quiere librarte de ello y ponerte en libertad. Su Respuesta cuerda te dice que lo que te has ofrecido a ti mismo no es verdad, pero que el ofrecimiento que Él te hizo sigue en pie. Tú que no sabes lo que haces puedes aprender lo que es la demencia y mirar más allá de ella. Se te ha concedido poder aprender a negarla y a escapar de tu mundo privado en paz. Verás todo lo que negaste en tus hermanos al haberlo negado en ti mismo. Pues los amarás y, al acercarte a ellos, los atraerás a ti al percibirlos como los testi­gos de la realidad que compartes con Dios. Yo estoy con ellos tal como estoy contigo, y juntos los extraeremos de sus mundos privados, pues tal como nosotros estamos unidos, así nos uniremos a ellos. El Padre nos da la bienvenida a todos con alegría, y alegría es lo que le debemos ofrecer. Pues se te ha encomendado cada Hijo de Dios a quien Dios se dio a Sí Mismo. Y es Dios lo que les debes ofrecer, para que puedas reconocer el regalo que Él te hizo.
La visión depende de la luz. En la oscuridad no puedes ver. Mas en la oscuridad -el mundo privado que habitas cuando duermes- ves en sueños a pesar de que tus ojos están cerrados. Ahí es donde lo que ves es obra tuya. Con todo, si abandonas la oscuridad dejarás de ver todo lo que hiciste, pues verlo depende de negar la visión. Sin embargo, negar la visión no quiere decir que no puedas ver. Mas eso es lo que hace la negación, pues mediante ella aceptas la demencia, al creer que puedes construir un mundo privado y gobernar tu propia percepción. Mas para esto, la luz tiene que ser excluida. Cuando ésta llega, no ­obstante, los sueños se desvanecen y entonces puedes ver.
No intentes alcanzar la visión valiéndote de los ojos, pues tú mismo inventaste tu manera de ver para así poder ver en la oscuridad, y en eso te engañas. Más allá de esta oscuridad, pero todavía dentro de ti, se encuentra la visión de Cristo, Quien contempla todo en la luz. Tu "visión" emana del miedo, tal como la Suya emana del amor. Él ve por ti, al ser tu testigo del mundo real. Él es la manifestación del Espíritu Santo, y lo único que hace es contemplar el mundo real, invocar a sus testigos y acercártelos. Cristo ama lo que ve en ti, y Su deseo es extenderlo. Y no retornará al Padre hasta que haya extendido tu percepción de forma que incluya al Padre. Y allí acaba la percepción, pues Él te habrá llevado consigo de vuelta al Padre.
Solo puedes experimentar dos emociones. Una la inventaste tú y la otra se te dio. Cada una de ellas representa una manera diferente de ver las cosas, y de sus correspondientes perspectivas emanan dos mundos distintos. Ve a través de la visión que se te ha dado, pues a través de la visión de Cristo Él se contempla a Sí Mismo. Y al ver lo que Él es, conoce a Su Padre. Más allá de tus sueños más tenebrosos Él ve en ti al inocente Hijo de Dios, res­plandeciendo con un fulgor perfecto que tus sueños no pueden atenuar. Y esto es lo que verás a medida que veas todo a través de Su visión, pues Su visión es el regalo de amor que Él te hace, y que el Padre le dio para ti.
El Espíritu Santo es la luz en la que Cristo se alza revelado. Y todos los que desean contemplarlo lo pueden ver, pues han pedido luz. No lo verán a Él solo, pues tal como ellos no están solos, Él tampoco lo está. Al ver al Hijo, ascendieron con Él hasta el Padre. Y todo esto lo entenderán porque miraron en su interior, más allá de la oscuridad, y al ver el Cristo en ellos lo reconocie­ron. En la cordura de Su visión se contemplaron a sí mismos con amor, y se vieron tal como el Espíritu Santo los ve. Y con esta visión de la verdad que mora en ellos, toda la belleza del mundo vino a resplandecer sobre ellos." (T.13.V.6:11)
Reflexión: "Al salvarme yo, el mundo se salva conmigo". 

lunes, 21 de octubre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 294

LECCIÓN 294

Mi cuerpo es algo completamente neutro.

1. Soy un Hijo de Dios. 2¿Cómo iba a poder ser también otra cosa? 3¿Acaso creó Dios lo mortal y lo corruptible? 4¿De qué le sirve al bienamado Hijo de Dios lo que ha de morir? 5Sin embargo, lo que es neutro no puede ver la muerte, pues allí no se han depositado pensamientos de miedo, ni se ha hecho de ello una parodia del amor. 6La neutralidad del cuerpo lo protege mientras siga siendo útil. 7Una vez que no tenga ningún propósito, se dejará a un lado. 8No es que haya enfermado, esté viejo o lesionado. 9Es que simple­mente no tiene ninguna función, es innecesario, y, por consi­guiente, se le desecha. 10Haz que hoy no vea en él más que esto: algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor.

2. Mi cuerpo, Padre, no puede ser Tu Hijo. 2Y lo que no ha sido creado no puede ser ni pecaminoso ni inocente; ni bueno ni malo. 3Déjame, pues, valerme de este sueño para poder ser de ayuda en Tu plan de que despertemos de todos los sueños que urdimos.


¿Qué me enseña esta lección?


Cuando actuamos, percibimos que es el cuerpo el que actúa y que lo hace por iniciativa propia. Esta percepción errónea está basada en la creencia de que somos un cuerpo.

Pero si observamos detenidamente el proceso de nuestros actos, no tardaremos en descubrir, que el cuerpo está al servicio de la mente, de los pensamientos y de los sentimientos.
Si pensamos en cosas alegres, nuestro cuerpo se fortalece y expresa un nivel de respuesta asertivo. En cambio, si pensamos en cosas que nos hagan sentir tristes, el cuerpo se debilita y presenta desgana y desinterés.

Esta aseveración es aplicable a la creencia de que el cuerpo es capaz de enfermar por sí sólo, independientemente de su relación con los pensamientos y emociones. Pero esto no es posible. Realmente, la enfermedad relacionada con el cuerpo no existe. El origen de lo que llamamos enfermedad, se encuentra en la mente, de modo que cuando pensamos y sentimos, erróneamente, nuestro cuerpo refleja ese error, dando lugar a estados de desorden físico.

Es importante conocer, que el cuerpo es neutral. Tiene una importante misión, la cual nos permite comunicarnos y compartir nuestros valores internos. Cuando sirve al Amor, tendrán lugar actos de Amor; cuando sirve al miedo, el cuerpo experimentará sufrimiento y ataques.

El cuerpo no es nuestra verdadera realidad, pero no por ello, debemos verlo como algo pecaminoso. En muchas fases de las religiones, el cuerpo ha sido juzgado como un instrumento al servicio del pecado. A veces, el sentimiento de culpa ha alcanzado dimensiones tan disparatadas, que nos han llevado a sacrificar una parte del cuerpo para así, calmar nuestras necesidades de redención y purificación. Si es mi ojo el que me hace sentir sucio, me saco el ojo. Si es mi mano, la que roba, me corto la mano.

Hoy vemos las cosas de otra manera. Hoy somos capaces de ver que el error se encuentra en la mente y no en el cuerpo. Es a nivel mental, donde debemos corregir el error y no a niveles físicos.

Ejemplo-Guía: "Por qué creemos necesaria la enfermedad?

¿Cómo podemos desear la enfermedad? ¿Cómo podemos desear la muerte?

En efecto, no son deseos conscientes. No es que nos digamos: "cuerpo, enferma, que he obrado mal". Es precisamente la visión pecaminosa, la que nos lleva a expresar culpa y a proyectarla externamente, sobre los demás y sobre nuestro cuerpo, al que hemos dado el papel principal de nuestra existencia, desde el punto de vista del ego.

Cuando no queremos ver nuestra propia oscuridad, decidimos verla fuera. Cuando nos sentimos culpables, de forma inmediata desatamos la dinámica redentora del castigo y que mejor forma de padecer los efectos de nuestros pecados, que nuestra identidad, nuestro cuerpo, sufra las consecuencias de los mismos.

Dentro del sueño, hemos establecidos leyes que gobiernen nuestros actos. Unas son más visibles para la conciencia que otras. Por ejemplo, el peso de la ley caerá sobre nosotros si hemos cometido un delito, como robar o asesinar. La función de la ley es correctiva. Siempre pretende serlo, aunque no siempre lo consiga. Pero en otras ocasiones, esas leyes son más sutiles, se encuentran arraigadas, profundamente, en nuestras creencias. Por ejemplo, la creencia en el pecado, en que hemos desobedecido a nuestro Creador, nos tiene "sentenciados" al sufrimiento como vía de redención y purgatorio. El infierno, encuentra su origen en la necesidad de encontrar un escenario donde podamos purificarnos de nuestros actos pecaminosos.

Tenemos creencias, avaladas por la ciencia médica, en la que establecemos una relación causa-efecto entre el comportamiento humano y las enfermedades. Estas creencias se han basado especialmente en el estudio del comportamiento del cuerpo humano, lo que ha dado lugar a los postulados de la medicina oficial.
En los últimos años, estamos siendo testigo del nacimiento de nuevos paradigmas, no centrados tanto en el cuerpo como en la mente, así como en ciertos aspectos del ser que están cercanos a lo esotérico.
En ambas disciplinas, se establece una relación estrecha entre las causas y los efectos, aunque con marcadas diferencias entre unas y otras. 
Si la analizamos desde el punto de vista de las enseñanzas de Un Curso de Milagros, ambas, tratan la enfermedad, con lo cual, están tratando algo que no es real.

La enfermedad es visible para el ego, debido a que cuando mira, lo hace desde el pecado, el cual se lo atribuye a las funciones del cuerpo. 

Os dejo algunas consideraciones aportadas por el Curso, relacionadas con lo que estamos analizando:
4. Es imposible ver a tu hermano libre de pecado y al mismo tiempo verlo como si fuese un cuerpo. 2¿No es esto perfectamente consistente con el objetivo de la santidad? 3Pues la santidad es simplemente el resultado de dejar que se nos libere de todos los efectos del pecado, de modo que podamos reconocer lo que siem­pre ha sido verdad. 4Es imposible ver un cuerpo libre de pecado, pues la santidad es algo positivo y el cuerpo es simplemente neu­tral. 5No es pecaminoso, pero tampoco es impecable *. 6Y como realmente no es nada, no se le puede revestir significativamente con los atributos de Cristo o del ego. 7Tanto una cosa como la otra sería un error, pues en, ambos casos se le estarían adjudicando atributos a algo que no los puede poseer. 8Y ambos errores ten­drían que ser corregidos en aras de la verdad.
5. El cuerpo es el medio a través del cual el ego trata de hacer que la relación no santa parezca real. 2El instante no santo es el tiempo de los cuerpos. 3Y su propósito aquí es el pecado. 4Mas éste no se puede alcanzar salvo en fantasías, y, por lo tanto, la ilusión de que un hermano es un cuerpo está en perfecta consonancia con el propósito de lo que no es santo. 5Debido a esta correspon­dencia, los medios no se ponen en duda mientras se siga atribuyendo valor a la finalidad. 6La visión se amolda a lo que se desea, pues la visión siempre sigue al deseo. 7Y si lo que ves es el cuerpo, es que has optado por los juicios en vez de por la visión. 8Pues la visión, al igual que las relaciones, no admite grados. 9O ves o no, ves.
6. Todo aquel que ve el cuerpo de un hermano ha juzgado a su hermano y no lo ve. 2No es que realmente lo vea como un peca­dor, es que sencillamente no lo ve. 3En la penumbra del pecado su hermano es invisible. 4Ahí sólo puede ser imaginado, y es ahí donde las fantasías que tienes acerca de él no se comparan con su realidad. 5Ahí es donde las ilusiones se mantienen separadas de la realidad. 6Ahí las ilusiones nunca se llevan ante la verdad y siempre se mantienen ocultas de ella. 7Y ahí, en la oscuridad, es donde te imaginas que la realidad de tu hermano es un cuerpo, el cual ha entablado relaciones no santas con otros cuerpos y sirve a la causa del pecado por un instante antes de morir. 
7. Existe ciertamente una clara diferencia entre este vano imagi­nar y la visión. 2La diferencia no estriba en ellos, sino en su pro­pósito. 3Ambos son únicamente medios, y cada uno de ellos es adecuado para el fin para el que se emplea. 4Ninguno de los dos puede servir para el propósito del otro, pues cada uno de ellos es en sí la elección de un propósito, empleado para propiciarlo. 5Cada uno de ellos carece de sentido, sin el fin para el que fue concebido, y, aparte de su propósito, no tiene valor propio. 6Los medios parecen reales debido al valor que se le adjudica al obje­tivo. 7Y los juicios carecen de valor a menos que el objetivo sea el pecado.
8. El cuerpo no se puede ver, excepto a través de juicios. 2Ver el cuerpo es señal de que te falta visión y de que has negado los medios que el Espíritu Santo te ofrece para que sirvas a Su pro­pósito. 3¿Cómo podría lograr su objetivo una relación santa si se vale de los medios del pecado? 4Tú te enseñaste a ti mismo a juzgar; mas tener visión es algo que se aprende de Aquel que quiere anular lo que has aprendido. 5Su visión no puede ver el cuerpo porque no puede ver el pecado. 6Y de esta manera, te conduce a la realidad. 7Tu santo hermano -a quien verlo de este modo supone tu liberación- no es una ilusión. 8No intentes verlo en la oscuridad, pues lo que te imagines acerca de él parecerá real en ella. 9Cerraste los ojos para excluirlo. 10Tal fue tu propó­sito, y mientras ese propósito parezca tener sentido, los medios para su consecución se considerarán dignos de ser vistos, y, por lo tanto, no verás.
9. Tu pregunta no debería ser: "¿Cómo puedo ver a mi hermano sin su cuerpo?" 2sino, "¿Deseo realmente verlo como alguien incapaz de pecar?" 3Y al preguntar esto, no te olvides de que en el hecho de que él es incapaz de pecar radica tu liberación del miedo. 4La salvación es la meta del Espíritu Santo. 5El medio es la visión. 6Pues lo que contemplan los que ven está libre de pecado. 7Nadie que ama puede juzgar, y, por lo tanto, lo que ve está libre de toda condena. 8Y lo que él ve no es obra suya, sino que le fue dado para que lo viese, tal como se le dio la visión que le permi­tió ver. (T.20.VII.4:9)
Reflexión: "El cuerpo es algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor".