VII. Causa y efecto
Creador. Hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, lo que significa que Dios es el Pensamiento Creador, la Causa, y nosotros, Sus Hijos, o lo que es lo mismo, su Efecto.
El Pensamiento es Creador..., nuestro mundo es creado a su imagen y semejanza... Nuestra realidad es el reflejo de nuestros pensamientos. Si no somos felices con el mundo que nos rodea..., cambiemos nuestra manera de pensar con respecto al mundo... En este espacio, elaboraremos "nuevos platos" para alimentar nuestra mente con la única fuerza que verdaderamente es real, la Fuerza de Atracción, la Fuerza del Amor.
VII. Causa y efecto
VI. Miedo y conflicto
“Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre
las palabras "crear" y "fabricar" : Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. Nada que se haya hecho con un propósito específico tiene la capacidad de poder generalizarse. Cuando haces algo para remediar lo que percibes como una insuficiencia, estás afirmando tácitamente que crees en la separación. El ego ha inventado un gran número de sistemas de pensamiento ingeniosos con ese propósito. Mas ninguno de ellos es creativo. La inventiva, aun en su manifestación más ingeniosa, es un esfuerzo en vano. Su naturaleza sumamente específica apenas se compara con la creatividad abstracta de las creaciones de Dios” (T-4.V.2:1-8).“Todo sistema de pensamiento tiene que tener un punto de partida. Empieza ya sea creando o fabricando, diferencia ésta a la que ya hemos hecho referencia. La semejanza entre ambas cosas reside en el poder que tienen como cimientos. Su diferencia, en lo que descansa sobre ellas. Ambas son piedras angulares de sistemas de creencias por las que uno rige su vida. Creer que un sistema de pensamiento basado en mentiras es débil es un error. Nada que un Hijo de Dios haya hecho carece de poder. Es esencial que te des cuenta de esto, pues, de lo contrario, no podrás escapar de la prisión que tú mismo has construido” (T-4.VII.1:1-8).
“La salvación no es otra cosa que "mentalidad recta", que aunque no es la Mentalidad-Uno del Espíritu Santo, se debe alcanzar antes de que la Mentalidad-Uno pueda ser reinstaurada. La mentalidad recta conduce automáticamente al siguiente paso, ya que la percepción correcta está completamente exenta de cualquier forma de ataque, y, por lo tanto, la mentalidad errada desaparece” (T-4.II.10:1-2).
“El término "mentalidad recta" se debe entender como aquello que corrige la "mentalidad errada", y se refiere al estado mental que induce a una percepción fidedigna. Es un estado de mentalidad milagrosa porque sana la percepción errónea, lo cual es ciertamente un milagro en vista de cómo te percibes a ti mismo” (T-3.IV.4:3-4).
V. La función del obrador de milagros
En este punto se aborda de nuevo una de las enseñanzas más importante que nos aporta el Curso. Nos aclara que es fácil atribuir al cuerpo la idea de la liberación. Cualquier apego, una de las consecuencias del miedo, se relaciona con la capacidad que tiene el cuerpo para expresar iniciativas propias. Esa creencia nos llevaría a someter a una dura y sacrificada disciplina al cuerpo con el propósito de liberarle del lastre al que se ha adherido.
Pero la causa de ese apego, de ese miedo, no debemos corregirla en el nivel físico, sino que debemos encontrarla en el nivel del pensamiento, donde se dan cita las falsas creencias y el anhelo deseo.
Tomar consciencia de esta enseñanza acelerará el proceso de liberación del miedo. La identificación de la falsa creencia o pensamiento falso, ha de permitirnos su corrección en ese nivel. Recordar que el cuerpo no tiene capacidad para crear nos permitirá comprender que su función es sernos útil como recurso de aprendizaje. La experiencia en el nivel físico, gracias a la labor del cuerpo, no permitirá tomar consciencia de la calidad de nuestros pensamientos.
El no reconocimiento de la causa que origina la percepción falsa, no nos permitirá
realizar la corrección de la misma en el nivel adecuado.
Imaginémonos a un arquitecto que diseña mentalmente un edificio. Ha realizado todos los cálculos necesarios para ser capaz de trasladar su idea original a un plano. Las medidas, las distribuciones, los espacios, toman forma en el papel y tan solo resta comprobar que esa idea, al tomar forma física con su construcción, reúne las condiciones perfectas al diseño creado mentalmente.
Tan solo la experiencia de la construcción facilitará al arquitecto que lo ideado es correcto. Pero si en el proceso último de la construcción, el edificio diese muestra de algo incorrecto, el arquitecto deberá corregirla, en primer lugar en su mente, donde ha sido creada, pues si no lo hace así, el arquetipo del diseño volverá a dar error cuando alcance la fase de construcción. La corrección en su origen es necesaria para evitar que el edificio vuelva a dar muestra de debilidad.
Este punto viene a recordarnos que es de vital importancia tener claro dónde debemos realizar la corrección de la falsa percepción. Si el error original es creernos separados de nuestro Padre y de Su Filiación, es en ese nivel donde debemos realizar el proceso de cambio, esto es, en nuestras creencias, en nuestros pensamientos.Cualquier acto de curación supone una corrección de esa falsa creencia en la separación. El sanador, actuando desde su consciencia física, debe entregar todas y cada una de sus decisiones en manos del Espíritu Santo -mente recta-, y entregarse al proceso de Expiación. La aplicación de cualquier iniciativa de curación que no tenga su causa en la Expiación, carecerá del ingrediente esencial que garantizará la percepción correcta, el Amor.
Para todos aquellos que nos estemos preguntando cómo saber cuándo nuestra mente está percibiendo correctamente y cuándo no, este punto nos responde a tal cuestión.
Una respuesta que nos produzca incomodidad no procede del Espíritu Santo, pues nada de lo que Él perciba puede producir miedo y la incomodidad es fruto del miedo.
La respuesta del Espíritu Santo tiene como objetivo la corrección. En cambio, la incomodidad nos revela que esa creencia debe ser cambiada y percibida de manera correcta.Una visión que dé lugar a la percepción falsa o creencia en la separación, no puede corregir el error al que da lugar. Se hace necesario un cambio en la manera de ver las cosas y ese cambio debe estar acompañado del despertar de la consciencia espiritual.
En muchas ocasiones, cuando se produce el despertar de la consciencia espiritual, adoptamos medidas correctivas basadas en la culpa. Se trata de una estrategia del ego para mantener el culto al cuerpo, y potenciar su falsa identidad. Recordemos que el cuerpo es neutral y está al servicio de la mente. La corrección debe orientarse en el nivel de la mente de donde emana la causa del error.
El significado que el Curso aporta, en este punto, a la caridad, es muy revelador.
Si buscamos el significado que suele acompañar a este término, encontramos el siguiente: "Virtud teologal del cristianismo que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo".
La aportación del Curso introduce un matiz diferente, pues nos describe a la caridad como una forma de percibir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo. Entiendo como esencial este aspecto de la caridad con relación al acto de curar. Ver o percibir la perfección en el otro capacita al obrador de milagros para elevar la percepción correcta en el otro y con ello favorecer su curación.
Una visión condenatoria sobre el comportamiento del otro, en un intento de establecer una relación causa-efecto entre el comportamiento y la enfermedad, no es la percepción correcta para expresar la caridad y con ello la curación.
La caridad es un anticipo, en el mundo temporal, del Amor Incondicional que rige en el Cielo, en la Eternidad. La percepción correcta nos capacita para saber que el proceso existencial que experimentamos a través del cuerpo es temporal y que la verdadera Vida no está limitada por tal experiencia, sino que se fundirá en el Camino hacia nuestro verdadero Hogar. La caridad se sustenta en esa percepción correcta y ve un mundo a su alrededor que requiere recordar su origen espiritual y eterno. Deposita en los demás esa certeza y favorece el despertar de la consciencia en el otro, viéndolo desde su realidad, desde su perfección, como uno en la Filiación.
III. El altar de Dios