sábado, 9 de marzo de 2024

Capítulo 2. VII. Causa y Efecto

 VII. Causa y efecto


1. Puede que todavía te quejes de que tienes miedo, pero aun así sigues atemorizándote a ti mismo. 2He indicado ya que no pue­des pedirme que te libere del miedo. 3Yo sé que no existe, pero tú no. 4Si me interpusiese entre tus pensamientos y sus resultados, estaría interfiriendo en la ley básica de causa y efecto: la ley más fundamental que existe. 5De nada te serviría el que yo menospre­ciase el poder de tu pensamiento. 6Ello se opondría directamente al propósito de este curso. 7Es mucho más eficaz que te recuerde que no ejerces suficiente vigilancia con respecto a tus pensamien­tos. 8Tal vez pienses que a estas alturas sólo un milagro te capaci­taría para hacer eso, lo cual es absolutamente cierto. 9No estás acostumbrado a pensar con una mentalidad milagrosa, pero se te puede enseñar a pensar de esa manera. 10Todos los obradores de milagros necesitan este tipo de instrucción.

Un ser muy querido, a su avanzada edad, se encuentra sumido en un bucle depresivo. Percibe que la hora de la muerte es cercana y la pérdida de familiares muy queridos, la lleva a ocupar su mente con pensamientos pesimistas que le producen terror.

Recuerdo, que en conversaciones periódicas con ella, me planteaba siempre una misma cuestión: ¿Cómo salir del estado depresivo en el que se encontraba? En un sano intento de ayudarla con recursos intelectuales, respondía a su pregunta con propuestas cuyo único propósito era poder ofrecerle argumentos que le ayudasen a mejorar su situación. Con el tiempo, tras comprobar que en todos aquellos encuentros, la cuestión se repetía en cada uno de ellos, tenía un discurso rayado en el que el conflicto parecía eternizarse, llegué a la conclusión de que para que aquel ser querido pudiese vencer sus miedos tendría que querer hacerlo de verdad.

Por muchos argumentos que le aportase para que viese la situación de una manera diferente, que le permitiese liberarse de las falsas creencias que la mantenían atrapada de sus propios pensamientos, ella volvía a aferrarse a ellos dando la impresión que si no los alimentaba su mundo se derrumbaría.

La enseñanza recogida en este punto del Curso ha hecho revivir aquella experiencia vivida y aprendida gracias al contacto con ese ser querido. No podemos liberar a nadie de sus miedos, pues no podemos interferir entre sus pensamientos y los efectos que ellos generan, lo que está basada en la Ley de Causa y Efecto. Lo que si podemos hacer es ayudar a ser consciente de esa relación, es decir, invitar a que analice cómo sus miedos adquieren poder sobre nuestra mente en la medida en que le prestamos atención. Para poder cambiar un efecto, no debemos actuar sobre él, sino sobre su origen, esto es, sobre su causa. Pensamiento es causa, mientras que miedo es efecto.

Si nuestro Creador nos ha hecho libres para crear, debemos ser consecuentes con esa cualidad, es decir, debemos ser consecuentes de que los efectos que experimentamos proceden de nuestro pensamiento-causa. Cualquier interferencia en ese proceso creador estaría negando la autoría Divina.

Como obradores de milagros, como instrumentos de la Obra de Dios, tendremos que aprender esta importante lección y canalizar el poder del pensamiento en acciones que lleven el sello de nuestra divinidad.

2.  No puedo permitir que dejes de vigilar a tu mente, ya que de otro modo no podrías ayudarme. 2Obrar milagros requiere el que uno se dé cuenta plenamente del poder de los pensamientos a fin de evitar las creaciones falsas. 3De lo contrario, sería necesario un milagro que rectificase a la mente misma, proceso circular éste que no propiciaría el colapso del tiempo que es para lo que el milagro se concibió. 4El obrador de milagros debe poseer un genuino respeto por la verdadera ley de causa y efecto como con­dición previa para que se produzca el milagro.

Tomar consciencia de la ley de causa y efecto nos llevará a usar el poder del pensamiento con mayor control. Ya no seremos inconscientes de nuestra actividad creadora mental. Cada pensamiento será emitido con el propósito de servir a la Obra de nuestro Hacedor. La visión verdadera basada en la unidad de la filiación divina, nos llevará a establecer un nuevo orden en las relaciones humanas, donde el miedo cederá su hegemonía al amor.

3. Tanto el milagro como el miedo proceden de pensamientos. 2Si no eres libre de elegir uno, tampoco serás libre de elegir el otro. 3Al elegir el milagro, rechazas el miedo aunque sólo sea temporal­mente. 4Te has sentido temeroso de todo el mundo y de todas las cosas. 5Tienes miedo de Dios, de mí y de ti mismo. 6Nos has percibido erróneamente o creado falsamente, y crees en lo que has fabricado. 7No habrías podido hacer nada de eso si no hubieses tenido miedo de tus propios pensamientos. 8Los temerosos no pueden sino crear falsamente, puesto que perciben erróneamente la creación. 9Cuando creas falsamente no puedes sino sufrir. 10El principio de causa y efecto se convierte ahora en un verdadero catalizador aunque sólo sea temporalmente. 11En realidad, "Causa" es un término que le corresponde propiamente a Dios, y Su "Efecto" es Su Hijo. 12Esto supone una serie de relaciones de Causa y Efecto completamente diferentes de las que tú introdu­ces en tus creaciones falsas. 13El conflicto fundamental en este mundo es, pues, entre la creación y la creación falsa. 14Todo miedo está implícito en la segunda, y todo amor en la primera. 15El conflicto es, por lo tanto, entre el amor y el miedo.

En efecto, la verdadera Ley de Causa y Efecto es la que nos vincula con nuestro
Creador. Hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, lo que significa que Dios es el Pensamiento Creador, la Causa, y nosotros, Sus Hijos, o lo que es lo mismo, su Efecto.
Como herederos de su poder creador, nuestro pensamiento se convierte en la causa de nuestras creaciones y su efecto da lugar al amor o al miedo, dependiendo de la orientación de nuestro pensamiento.

Si creemos en el miedo es porque hemos deseado un mundo diferente al creado por Dios. Dejamos de hacer uso de la Voluntad que nos une a Él y elegimos ver las cosas de una manera distinta. Esa visión diferente da lugar a la falsa creencia en la separación y su efecto, el miedo.

4. Ya hemos dicho que crees que no puedes controlar el miedo porque tú mismo lo inventaste, y tu creencia en él parece ponerlo fuera de tu control. 2Sin embargo, todo intento de resolver el error tratando de dominar el miedo es inútil. 3De hecho, eso no hace más que corroborar su poder, al asumir que necesita ser domi­nado. 4La verdadera solución descansa enteramente en alcanzar el dominio por medio del amor. 5En el ínterin, no obstante, la sensa­ción de conflicto es inevitable, ya que te has colocado a ti mismo en una posición en la que crees en el poder de algo que no existe.

La estrategia de luchar contra aquello que interpretamos que nos ataca lo único que hace es justificar el ataque como la única defensa.

Cuando comprendemos que el atacante no es rea,l sino que lo hemos hecho real en nuestras vidas, podremos dar el siguiente paso, negar esa ilusión. Cuando dejamos de prestarle significado, deja de tener sentido enfrentarnos a lo que no existe. Ese poder de elección se encuentra latente en nuestro interior. Es el mismo que le ha otorgado poder al miedo, al enemigo, al ataque. Si prestamos atención a nuestra mente, al modo en cómo se relaciona con el mundo que nos rodea, descubriremos rápidamente que busca un significado a aquello que percibe, en un intento de comprender lo que percibe
Llegará un día en el que descubramos que, aquello que percibimos, a lo que damos significado tiene su origen en nuestros deseos de que las cosas sean diferentes a como son.

Amar, ha de llevarnos a fluir con la Vida, sin deseos de cambiar los efectos, pero sí con la voluntad de dirigir el pensamiento con una orientación milagrosa y amorosa.

Habitualmente, cuando percibimos injusticias externas, deseamos cambiar a los demás para que las cosas sean como nosotros las vemos. Pero esas proyecciones externas están hablando de nuestro mundo interior y suponen una invitación a no ser injustos con nosotros mismos, ni tener pensamientos que alimenten la injusticia. Muchas veces pretendemos cambiar el mundo que nos rodea, cuando en verdad lo que tenemos que hacer es cambiar interiormente y dirigir nuestros pensamientos de manera amorosa. Tan solo de esta manera conseguiremos que los efectos sean amorosos, en este caso, justos.

5. La nada y el todo no pueden coexistir. 2Creer en uno es negar el otro. 3El miedo no es nada realmente y el amor lo es todo. 4Siempre que la luz irrumpe en la oscuridad, la oscuridad de­saparece. 5Lo que tú crees, es cierto para ti. 6En este sentido la separación ha ocurrido, y negarlo sería utilizar incorrectamente la negación. 7Concentrarse en el error, no obstante, no es más que otro error. 8El procedimiento correctivo inicial consiste en reco­nocer temporalmente que hay un problema, mas sólo como señal de que tiene que ser corregido de inmediato. 9Esto da lugar a un estado mental en el que la Expiación puede ser aceptada sin demora. 10Debe señalarse, no obstante, que, en última instancia, no puede haber transigencia alguna entre lo que lo es todo y lo que no es nada. 11El tiempo es esencialmente un recurso por medio del cual se puede abandonar toda idea de transigencia al respecto. 12Este proceso parece ser gradual debido únicamente a que el tiempo en sí comprende intervalos que no existen. 13La creación falsa hizo que esto fuese necesario como recurso de corrección. 14La aseveración: "Porque tanto amó Dios al mundo que le dio Su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, mas tenga vida eterna" necesita solamente una leve corrección para que tenga sentido en este contexto: "Se lo dio a Su unigénito Hijo”.

Para que la luz haga desaparecer a la oscuridad hay que ser consciente de que existe ese interruptor que permitirá su encendido, es decir, si la luz es amor y el miedo es oscuridad, para poder liberarnos del miedo debemos ser conscientes de que somos amor.

La cuestión es que el amor nos da miedo, y si nos da miedo la luz, cómo vamos a ser capaces de disipar la oscuridad. Es por ello, que nuestro Creador ha puesto a disposición de Su Hijo, el recurso de la Expiación, el estado que nos restituye a la Mente Recta que nos dispensa el Espíritu Santo. Desde la oscuridad, desde el miedo, ya lo hemos dicho, no podemos pulsar ese dispositivo que ha de librarnos de él, pues estaremos negando el amor, al percibirlo como un elemento causante de miedo.

6. Debe observarse con especial atención que Dios tiene solamente un Hijo. 2Si todas las creaciones de Dios son Hijos Suyos, cada una de ellas tiene que ser parte integral de toda la Filiación. 3La Filia­ción, en su unicidad, transciende la suma de sus partes. 4Este hecho, no obstante, queda velado mientras falte una sola de ellas. 5Por eso es por lo que, en última instancia, el conflicto no se puede resolver hasta que todas las partes de la Filiación hayan retor­nado. 6Sólo entonces podrá comprenderse lo que, en el verdadero sentido de la palabra, significa la plenitud. 7Cualquier parte de la Filiación puede creer, en el error o en la incompleción si así lo elige. 8Sin embargo, si lo hace, estará creyendo en la existencia de algo que no existe. 9Lo que corrige este error es la Expiación.

En el mundo que percibimos, mi condición de padre me ha llevado a disfrutar de la creación de tres hijos. Cuando analizo mi visión afectiva hacia ellos he de reconocer que la intensidad de mi amor por ellos tiene matices. Ello me lleva a ser consciente de que lo que llamamos amor en este mundo, es tan solo un anticipo del verdadero Amor que formará parte de nuestros pensamientos una vez que seamos capaces de alcanzar la visión de la unicidad, o lo que es lo mismo, la creencia verdadera en la Filiación Divina.

Si aplicara correctamente la enseñanza recogida en este punto a mi vida, tendría que decir que he tenido un solo hijo, pues los tres tienen una  misma causa, un mismo origen creador. El Hijo de Dios es el fruto del Pensamiento del Hacedor. Ese Pensamiento goza de la Cualidad Una, es Perfecto e Invulnerable. Desde esa perspectiva, mis hijos son uno, aunque se expresen con rostros diferentes, pues tienen asimismo la capacidad para ser individuales, lo que no significa, que sean seres separados de su creador.

7.  Ya he hablado brevemente acerca de la condición de estar listo, pero tal vez pueda ser útil mencionar aquí algunos puntos adicio­nales. 2Estar listo es sólo el prerequisito para que se pueda lograr algo. 3No se debe confundir una cosa con la otra. 4Tan pronto como se da la condición de estar listo, también se da, en cierta medida, el deseo de querer lograr algo, si bien éste no es necesa­riamente un deseo indiviso. 5Dicha condición de estar listo no es más que el potencial para que pueda tener lugar un cambio de mentalidad. 6La confianza no puede desarrollarse plenamente hasta que no se haya alcanzado un dominio total. 7Hemos tratado ya de corregir el error fundamental de que es posible dominar el miedo, y hemos enfatizado que el verdadero dominio sólo se puede alcanzar por medio del amor. 8Estar listo es sólo el comienzo de la confianza. 9Tal vez pienses que esto implica que tiene que transcurrir mucho tiempo entre el momento en que estás listo y aquel en el que alcanzas el dominio, pero permíteme recordarte que el tiempo y el espacio están bajo mi control.

Este punto nos aclara que, cuando tomamos consciencia de que tan solo el amor y el pensamiento amoroso, es el antídoto del miedo, es decir, el estado que debemos alcanzar mentalmente, para estar preparados y afrontar la labor de obradores de milagro.  

Mantener despierta la consciencia en esa nueva visión, educará a nuestra mente en el correcto uso del pensamiento milagroso. 

Finaliza, este punto haciendo alusión a un aspecto interesante, el factor tiempo. Una vez que la consciencia despierta al pensamiento verdadero, la percepción del tiempo adquiere una dimensión distinta a la que rige en el mundo. Se produce una aceleración en los procesos, fruto de una consciencia milagrosa.

viernes, 8 de marzo de 2024

Capítulo 2. VI. Miedo y conflicto

 VI. Miedo y conflicto

1. Tener miedo parece ser algo involuntario y no estar bajo tu con­trol. 2Mas he dicho ya que sólo los actos constructivos deben ser involuntarios. 3Mi control puede hacerse cargo de todo lo que no es importante, mientras que, si así lo decides, mi asesoramiento puede dirigir todo lo que sí lo es. 4Yo no puedo controlar el miedo, pero éste puede ser auto-controlado. 5Tu miedo me impide darte mi control. 6La presencia del miedo indica que has elevado pensa­mientos corporales al nivel de la mente. 7Eso los pone fuera de mi control y te hace sentir personalmente responsable de ellos, 8Lo cual es una obvia confusión de niveles.

"Debemos dejar de participar en la búsqueda de la solución de aquello que hemos identificado como un problema y pedir al Espíritu Santo, que sea Él, el que nos guíe hasta la solución". 

Lo anterior, forma parte de lo recogido en el desarrollo del Principio 5 de los milagros: Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. No deben controlarse conscientemente. Los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento. Os dejo el enlace: 

http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/2015/02/los-milagros-son-habitos-y-deben-ser.html

El miedo es la fabricación del pensamiento. Es la proyección de la falsa creencia en la separación. El hijo encuentra en su padre la seguridad que ha de llevarle a superar la ilusión del miedo. De igual modo, el Hijo de Dios, al despertar de su "sueño" superará el miedo que lo mantiene atrapado de la percepción errónea y se liberará de sus cadenas y dejará de elevar pensamientos corporales al nivel de la mente.


2.  Yo no fomento la confusión de niveles; tú debes, no obstante, elegir
corregirla. 2Tú no justificarías un comportamiento demente por tu parte diciendo que no pudiste evitarlo. 3¿Por qué, entonces, condonas pensamientos dementes? 4Hay una confusión en esto que te convendría examinar detenidamente. 5Tal vez creas que eres responsable de lo que haces, pero no de lo que piensas. 6La verdad es que eres responsable de lo que piensas porque es sola­mente en ese nivel donde puedes ejercer tu poder de decisión. 7Tus acciones son el resultado de tus pensamientos. 8No puedes separarte de la verdad "otorgándole" autonomía al comporta­miento. 9Éste lo controlo yo automáticamente tan pronto como pongas tu pensamiento bajo mi dirección. 10Siempre que tienes miedo es señal inequívoca de que le has permitido a tu mente crear falsamente y de que no me has permitido guiarla.

Cuanto antes nos demos cuenta de que ninguna acción es arbitraria, sino que responde a una causa cuyo origen se encuentra en la mente, antes lograremos dirigir el poder correctivo al nivel correcto.

Corregir los efectos sin haberlo hecho en la causa, tan solo nos llevará a perpetuar el efecto. Si alimentamos la falsa creencia en la separación, las consecuencias derivadas de ese pensamiento nos llevará a sentir miedo.

3. De nada sirve pensar que controlando los resultados de cual­quier pensamiento falso se pueda producir una curación. 2Cada vez que tienes miedo es porque has tomado una decisión equivo­cada. 3Esa es la razón por la que te sientes responsable de ello. 4Tienes que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estés dispuesto a hacerlo. 5No necesitas orien­tación alguna excepto a nivel mental. 6La corrección debe llevarse a cabo únicamente en el nivel en que es posible el cambio. 7El cambio no tiene ningún sentido en el nivel de los síntomas donde no puede producir resultados.

Cuando el arquitecto percibe un error en la construcción del edificio diseñado previamente en su mente, no actúa sobre ese fallo externo, sino que busca la corrección en la idea original. Ha sido el error de cálculo mental lo que ha originado que se produzcan fallos en su construcción.

Si aplicamos esta idea al tema de la curación, se hace evidente que no será tratando la enfermedad en el nivel de la forma como se logrará la sanación, sino corrigiendo el pensamiento que la ha originado en la mente.

4. Deshacer el miedo es tu responsabilidad. 2Cuando pides que se te libere del miedo, estás implicando que no lo es. 3En lugar de ello, deberías pedir ayuda para cambiar las condiciones que lo suscitaron. 4Esas condiciones siempre entrañan el estar dispuesto a permanecer separado. 5A ese nivel tú puedes evitarlo. 6Eres demasiado tolerante con las divagaciones de tu mente, y condo­nas pasivamente sus creaciones falsas. 7El resultado particular no importa; lo que importa es el error fundamental. 8La corrección es siempre la misma. 9Antes de decidir hacer algo, pregúntame si tu elección está de acuerdo con la mía. 10Si estás seguro de que lo está, no tendrás miedo.

El miedo forma parte de nuestro actual estado de "sueño". Adquiere forma en nuestras pesadillas y le otorgamos la credibilidad de que es real, pues tiene un efecto directo sobre nuestro estado anímico. Pensamos que aquello que nos ocurre no tiene nada que ver con nuestro control, pero si nos tomamos un minuto para observar el mundo que nos rodea, preguntémonos qué formas no responden a la creación de un pensamiento.


No existen efectos sin causas. El ego nos lleva a creer que tiene la capacidad de crear, pero un efecto basado en la ilusión, en lo no real, no tiene esa capacidad, por lo que no puede generar efectos verdaderos.
El Hijo de Dios es la obra creada por su Padre. El Hijo de  Dios es el Efecto de la Causa Divina y tiene esa misma capacidad para crear. El miedo no puede ser un efecto creado por el Hijo de Dios, cuya Fuerza Creadora es el Amor. Pero puede creer en sus falsas creaciones, esto es, en sus fabricaciones. En este sentido, el miedo es el efecto de creer en la separación.
No hay otro camino que el del Amor para disipar la ilusión del miedo, o lo que es lo mismo, la creencia en la Unicidad, en la Filiación, disipa la percepción errónea de la separación.

5. El miedo es siempre un signo de tensión que surge cuando hay
conflicto entre lo que deseas y lo que haces. 2Esta situación se presenta de dos maneras: Primera, puedes elegir hacer cosas con­flictivas, ya sea simultánea o sucesivamente. 3Esto da lugar a un comportamiento conflictivo, lo cual te resulta intolerable porque la parte de la mente que quiere hacer otra cosa se enfurece. 4Segunda, puedes comportarte de acuerdo a como crees que debes, mas sin querer hacerlo realmente. 5Esto da lugar a un com­portamiento congruente, pero conlleva gran tensión. 6En ambos casos, la mente y el comportamiento están en desacuerdo, lo cual da lugar a una situación en la que estás haciendo algo que real­mente no quieres hacer. 7Esto suscita una sensación de coerción que normalmente produce furia, y es muy probable que también dé lugar a proyecciones. 8Siempre que tienes miedo, es porque aún estas indeciso. 9Tu mente se encuentra, por lo tanto, dividida y tu comportamiento inevitablemente se vuelve errático. 10La corrección a nivel de comportamiento puede cambiar el error del primer tipo al segundo, mas no elimina el miedo.

Este punto nos presenta un aspecto del miedo con el que no estamos muy familiarizados: la falta de coherencia entre el deseo y la acción. Realmente, hemos hablado del miedo como el efecto que causa la creencia en la separación. La falta de coherencia interna tiene ese mismo origen, la dualidad, por lo que es comprensible que esa falta de coherencia mental se traduzca en miedo.

Podemos concluir afirmando que siempre que haya en nosotros división, estaremos sirviendo al miedo.

6. Es posible alcanzar un estado en el que dejas que yo guíe tu mente sin ningún esfuerzo consciente por tu parte, más ello requiere un grado de buena voluntad que tú aún no posees. 2El Espíritu Santo no puede pedirte que hagas más de lo que estás dispuesto a hacer. 3La fuerza para hacer lo que Él te pide procede de una firme resolución por tu parte. 4Hacer la Voluntad de Dios no produce ninguna tensión una vez que reconoces que Su Volun­tad es también la tuya. 5La lección en este caso es muy sencilla, aunque muy fácil de pasar por alto. 6Voy, por lo tanto, a repetirla, y te exhorto a que escuches atentamente. 7Sólo tu mente puede producir miedo. 8Hace eso cada vez que está en conflicto con res­pecto a lo que quiere, lo cual inevitablemente produce tensión, ya que existen discrepancias entre lo que quiere y lo que hace al res­pecto. 9Eso sólo puede corregirse aceptando un objetivo unificado.

A lo largo de las enseñanzas recogida en el Curso, hemos visto como el origen de la creencia en la separación radica en tener una visión distinta a la de nuestro Creador. Ese deseo ha dado lugar a la división de la mente y la fabricación de una ilusión donde el miedo campa a sus anchas.

Veíamos en el punto anterior como la incoherencia, la dualidad, da expresión al miedo. La corrección debe producirse en la mente, de tal modo que, logremos ver desde la unidad. Ahora se comprende mejor como el Amor -visión de la unidad- disipa al miedo -visión dual-.

7. El primer paso correctivo para deshacer el error es darse cuen­ta, antes que nada, de que todo conflicto es siempre una expresión de miedo. 2Dite a ti mismo que de alguna manera tienes que haber decidido no amar, ya que de otro modo el miedo no habría podido hacer presa en ti. 3A partir de ahí, todo el proceso correc­tivo se reduce a una serie de pasos pragmáticos dentro del pro­ceso más amplio de aceptar que la Expiación es el remedio. 4Estos pasos pueden resumirse de la siguiente forma:

5Reconoce en primer lugar que lo que estás experimentando es miedo.
6El miedo procede de una falta de amor.
7El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.
8El amor perfecto es la Expiación.

¿Qué se puede añadir a tan maravillosa exposición? 

8. He subrayado que el milagro -la expresión de la Expiación- ­es siempre un gesto de respeto del que es digno para con otro que también es digno. 2El reconocimiento de esa dignidad lo re­establece la Expiación. 3Resulta obvio, por lo tanto, que cuando tienes miedo, te has colocado a ti mismo en una posición en la que necesitas la Expiación. 4Has actuado sin amor, al haber elegido sin amor. 5Ésta es precisamente la situación para la que se insti­tuyó la Expiación. 6La necesidad del remedio inspiró su estableci­miento. 7Mientras te limites a reconocer únicamente la necesidad del remedio, seguirás teniendo miedo. 8Sin embargo, tan pronto como aceptes el remedio, habrás des-hecho el miedo. 9Así es como tiene lugar la verdadera curación.

No podemos abordar la comprensión de la dinámica de la Expiación, como recurso para poner fin al miedo y a la creencia en la separación, tan sólo a nivel teórico. Esto sería como decir, se cual es el camino correcto que debo recorrer para alcanzar un objetivo, pero no estoy dispuesto a recorrerlo.

En este sentido, la función del cuerpo adquiere una especial relevancia, ya que gracias a su utilidad podemos dar testimonio de la Expiación, en la medida en que trascendemos las diferencias expresadas por dicho vehículo y decidimos verlo como un canal a través del cual podemos expresar nuestra unidad mental. Ver a nuestros hermanos en su corporalidad y no percibir diferencias entre nosotros, es una demostración real de que el amor está tomando las riendas de nuestra vida. Con esa visión de unidad estamos compartiendo la virtud del milagro.

9. Todo el mundo experimenta miedo. 2Sin embargo, no se reque­riría más que una pequeña dosis de recto pensar para que uno pudiese darse cuenta de por qué se produce. 3Son muy pocos los que aprecian el verdadero poder de la mente, y nadie permanece totalmente consciente de él todo el tiempo. 4No obstante, si espe­ras librarte del miedo hay algunas cosas que debes comprender, y comprender plenamente. 5La mente es muy poderosa y jamás pierde su fuerza creativa. 6Nunca duerme. 7Está creando conti­nuamente. 8Es difícil reconocer la oleada de poder que resulta de la combinación de pensamiento y creencia, la cual puede literalmente mover montañas. 9A primera vista parece arrogante creer que posees tal poder, mas no es ésa la verdadera razón de que no lo creas. 10Prefieres creer que tus pensamientos no pueden ejercer ninguna influencia real porque de hecho tienes miedo de ellos. 11Eso puede mitigar la conciencia de culpabilidad, pero a costa de percibir a la mente como impotente. 12Si crees que lo que piensas no tiene ningún efecto, puede que dejes de tenerle miedo, pero es bastante improbable que le tengas respeto. 13No hay pensamien­tos fútiles. 14Todo pensamiento produce forma en algún nivel.


Este apartado termina con un material de profundo significado a la hora de entender el potencial que nos ha llevado a fabricar un mundo de ilusión y de caos. Todo lo que percibimos, ya sea errónea o correctamente, tiene su fuente en la mente. Podemos crear o fabricar, pero ambas dinámicas tienen la misma causa, el pensamiento.

Comprender que la mente es la causa de nuestra actual percepción es un conocimiento muy valioso, pues nos permite reconocer el modo en cómo podemos poner fin a esa visión errónea, nos permite corregir el error usando la mente de forma constructiva.

Si el miedo lo fabrica nuestra mente, será la mente, igualmente, la que nos libere de él.

jueves, 7 de marzo de 2024

Capítulo 2. V.A. Principios especiales de los obradores de milagros

 

A. Principios especiales de los obradores de milagros

11. (1) El milagro elimina la necesidad de tener preocupaciones de rango inferior. 2Puesto que es un intervalo de tiempo que está fuera de las coordenadas temporales en las que normalmente ope­ramos, las consideraciones normales con respecto al tiempo y al espacio no le afectan. 3Cuando obres un milagro yo haré los arre­glos necesarios para que el tiempo y el espacio se ajusten a él.

Para abordar este punto os remito a los 50 Principios de los Milagros y más concretamente a los Principios 13, 47 y 48. Con relación a estos principios os dejo los enlaces donde desarrollamos de manera más extensa el tema relativo al papel del tiempo:

Principio 13: Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal. Son siempre afirmaciones de renacimiento que parecen retroceder, pero que en realidad van hacia adelante. Cancelan el pasado en el presente, y así, liberan el futuro.

http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/2015/02/principio13-los-milagros-son-la-vez.html

Principio 47 y 48: El milagro es un recurso de aprendizaje que reduce la necesidad del tiempo. Establece un intervalo temporal fuera de lo normal que no está sujeto a las leyes usuales del tiempo. En ese sentido es intemporal (47).

El milagro es el único recurso que tienes a tu inmediata disposición para controlar el tiempo. Sólo la revelación lo trasciende al no tener absolutamente nada que ver con el tiempo (48).

http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/2015/10/principios-47-y-48-de-un-curso-de.html

12.  (2) Es esencial hacer una clara distinción entre lo que se crea y lo que se fabrica. 2Toda forma de curación se basa en esta correc­ción fundamental de percepción de niveles.


He extraído dos puntos que se recogen en el Capítulo IV en los que se hace referencia a los conceptos crear y fabricar:

“Desde que se produjo la separación ha habido una gran confu­sión entre
las palabras "crear" y "fabricar" : Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. Nada que se haya hecho con un propósito especí­fico tiene la capacidad de poder generalizarse. Cuando haces algo para remediar lo que percibes como una insuficiencia, estás afirmando tácitamente que crees en la separación. El ego ha inventado un gran número de sistemas de pensamiento ingenio­sos con ese propósito. Mas ninguno de ellos es creativo. La inventiva, aun en su manifestación más ingeniosa, es un esfuerzo en vano. Su naturaleza sumamente específica apenas se compara con la creatividad abstracta de las creaciones de Dios” (T-4.V.2:1-8).

“Todo sistema de pensamiento tiene que tener un punto de par­tida. Empieza ya sea creando o fabricando, diferencia ésta a la que ya hemos hecho referencia. La semejanza entre ambas cosas reside en el poder que tienen como cimientos. Su diferencia, en lo que descansa sobre ellas. Ambas son piedras angulares de sistemas de creencias por las que uno rige su vida. Creer que un sis­tema de pensamiento basado en mentiras es débil es un error. Nada que un Hijo de Dios haya hecho carece de poder. Es esen­cial que te des cuenta de esto, pues, de lo contrario, no podrás escapar de la prisión que tú mismo has construido” (T-4.VII.1:1-8).


13. (3) Nunca confundas la mentalidad recta con la mentalidad errada. 2Reaccionar ante cualquier clase de error de cualquier forma que no sea con un deseo de sanar es una expresión de esa confusión.

“La salvación no es otra cosa que "mentalidad recta", que aun­que no es la Mentalidad-Uno del Espíritu Santo, se debe alcanzar antes de que la Mentalidad-Uno pueda ser reinstaurada. La mentalidad recta conduce automáticamente al siguiente paso, ya que la percepción correcta está completamente exenta de cual­quier forma de ataque, y, por lo tanto, la mentalidad errada desa­parece” (T-4.II.10:1-2).

14. (4) El milagro es siempre la negación de ese error y la afirma­ción de la verdad. 2Sólo la mentalidad recta puede corregir de forma que sus efectos sean reales. 3De hecho, lo que no produce efectos reales en realidad no existe. 4Sus efectos, por lo tanto, son nulos. 5Al no tener contenido substancial, se presta a ser proyec­tado.

“El término "mentalidad recta" se debe entender como aquello que corrige la "mentalidad errada", y se refiere al estado mental que induce a una percepción fidedigna. Es un estado de mentalidad milagrosa porque sana la percep­ción errónea, lo cual es ciertamente un milagro en vista de cómo te percibes a ti mismo” (T-3.IV.4:3-4).


15. (5) El poder del milagro para ajustar niveles genera la percep­ción correcta que da lugar a la curación. 2Hasta que eso no ocurra será imposible entender lo que es la curación. 3El perdón es un gesto vacío a menos que conlleve corrección. 4Sin ella, lo que hace es básicamente juzgar, en vez de sanar.

El verdadero perdón está exento de juicio. No dice: "percibo tu pecado, pero como soy muy santo, lo perdono".  El perdón no ve el pecado. Es una expresión del Amor en el mundo temporal.

16. (6) El perdón que procede de una orientación milagrosa tan sólo ofrece corrección. 2No posee elementos de juicio en absoluto. 3La frase "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" no eva­lúa en modo alguno lo que las personas en cuestión estén hacien­do. 4Es una petición a Dios para que sane sus mentes. 5En ella no se hace referencia al resultado del error, 6pues eso es irrelevante.

El perdón es la elevación de una solicitud de corrección a nivel de percepción, donde el juicio condenatorio sea sustituido por la visión crística del Amor.

17. (7) El precepto "Sed de un mismo sentir" es la aseveración que exhorta a todos a que estén listos para la revelación. 2Mi ruego "Haced esto en memoria mía" es una petición a los obradores de milagros para que colaboren conmigo. 3  Estas dos aseveraciones no pertenecen a un mismo orden de realidad. 4Sólo la última entraña una conciencia de tiempo, ya que recordar es traer el pasado al presente. 5El tiempo está bajo mi control, pero la eterni­dad le pertenece a Dios. 6En el tiempo existimos unos con otros y unos para otros. 7En la eternidad coexistimos con Dios.


Ser de un mismo sentir, es el logro que debemos alcanzar, pues la causa que ha dado origen a la creencia en la separación es el deseo de ser diferente, de sentir de manera distinta. 

Mientras que necesitemos el tiempo para el desarrollo del aprendizaje, tenemos a nuestra disposición una serie de recursos que acelerarán ese proceso: el perdón, la caridad, la Expiación.

18. (8) Puedes hacer mucho en favor de tu propia curación y la de los demás si en situaciones en las que se requiere tu ayuda pien­sas de la siguiente manera:

2Estoy aquí únicamente para ser útil.
3Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.
4No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará.
5Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee, porque sé que Él estará allí conmigo.
6Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar.

Una de mis oraciones favoritas recogidas en el Curso. Expresada con consciencia nos favorecerá el encuentro con el Altar de Dios que todos llevamos en nuestro interior.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Capítulo 2. V. La función del obrador de milagros

 V. La función del obrador de milagros


1. Antes de que los obradores de milagros estén listos para emprender su función en este mundo, es esencial que compren­dan cabalmente el miedo que se le tiene a la liberación. 2De lo contrario, podrían fomentar inadvertidamente la creencia de que la liberación significa aprisionamiento, creencia que, de por sí, ya es muy prevaleciente. 3Esta percepción errónea procede a su vez de la creencia de que el daño puede limitarse sólo al cuerpo. 4Ello se debe al miedo subyacente de que la mente puede hacerse daño a sí misma. 5Ninguno de esos errores es significativo, ya que las creaciones falsas de la mente en realidad no existen. 6Este recono­cimiento es un recurso protector mucho más eficaz que cualquier forma de confusión de niveles porque introduce la corrección al nivel del error. 7Es esencial recordar que sólo la mente puede crear, y que la corrección sólo puede tener lugar en el nivel del pensamiento. 8Para ampliar algo que ya se mencionó anterior­mente, el espíritu ya es perfecto, y, por lo tanto, no requiere corrección. 9El cuerpo no existe, excepto como un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. 10Este recurso de aprendizaje, de por sí, no comete errores porque no puede crear. 11Es obvio, pues, que inducir a la mente a que renuncie a sus creaciones fal­sas es la única aplicación de la capacidad creativa que realmente tiene sentido.

En este punto se aborda de nuevo una de las enseñanzas más importante que nos aporta el Curso. Nos aclara que es fácil atribuir al cuerpo la idea de la liberación. Cualquier apego, una de las consecuencias del miedo, se relaciona con la capacidad que tiene el cuerpo para expresar iniciativas propias. Esa creencia nos llevaría a someter a una dura y sacrificada disciplina al cuerpo con el propósito de liberarle del lastre al que se ha adherido. 

Pero la causa de ese apego, de ese miedo, no debemos corregirla en el nivel físico, sino que debemos encontrarla en el nivel del pensamiento, donde se dan cita las falsas creencias y el anhelo deseo. 

Tomar consciencia de esta enseñanza acelerará el proceso de liberación del miedo. La identificación de la falsa creencia o pensamiento falso, ha de permitirnos su corrección en ese nivel. Recordar que el cuerpo no tiene capacidad para crear nos permitirá comprender que su función es sernos útil como recurso de aprendizaje. La experiencia en el nivel físico, gracias a la labor del cuerpo, no permitirá tomar consciencia de la calidad de nuestros pensamientos. 


2. La magia es el uso insensato o mal-creativo de la mente. 2Los medicamentos físicos son una forma de "hechizo”; pero si tienes miedo de usar la mente para curar, no debes intentar hacerlo. 3El hecho mismo de que tengas miedo hace que tu mente sea vulne­rable a crear falsamente. 4Es probable, por lo tanto, que no entiendas correctamente cualquier curación que pudiera produ­cirse, y puesto que el egocentrismo va normalmente acompañado de miedo, tal vez no puedas aceptar la verdadera Fuente de la curación. 5En tal caso, es menos arriesgado depender temporal­mente de artificios curativos físicos, ya que no puedes percibirlos erróneamente como tus propias creaciones. 6Mientras tu sensa­ción de vulnerabilidad persista, no debes intentar obrar milagros.

El no reconocimiento de la causa que origina la percepción falsa, no nos permitirá
realizar la corrección de la misma en el nivel adecuado.
 

Imaginémonos a un arquitecto que diseña mentalmente un edificio. Ha realizado todos los cálculos necesarios para ser capaz de trasladar su idea original a un plano. Las medidas, las distribuciones, los espacios, toman forma en el papel y tan solo resta comprobar que esa idea, al tomar forma física con su construcción, reúne las condiciones perfectas al diseño creado mentalmente. 

Tan solo la experiencia de la construcción facilitará al arquitecto que lo ideado es correcto. Pero si en el proceso último de la construcción, el edificio diese muestra de algo incorrecto, el arquitecto deberá corregirla, en primer lugar en su mente, donde ha sido creada, pues si no lo hace así, el arquetipo del diseño volverá a dar error cuando alcance la fase de construcción. La corrección en su origen es necesaria para evitar que el edificio vuelva a dar muestra de debilidad. 

Este punto viene a recordarnos que es de vital importancia tener claro dónde debemos realizar la corrección de la falsa percepción. Si el error original es creernos separados de nuestro Padre y de Su Filiación, es en ese nivel donde debemos realizar el proceso de cambio, esto es, en nuestras creencias, en nuestros pensamientos.

Este punto viene a recordarnos que es de vital importancia tener claro dónde debemos realizar la corrección de la falsa percepción. Si el error original es creernos separados de nuestro Padre y de Su Filiación, es en ese nivel donde debemos realizar el proceso de cambio, esto es, en nuestras creencias, en nuestros pensamientos.

3. He dicho ya que los milagros son expresiones de una orienta­ción milagrosa, y una orientación milagrosa no es otra cosa que una mentalidad recta. 2Los que poseen una mentalidad recta no exaltan ni menosprecian la mente del que obra milagros ni la del que los recibe. 3En cuanto que medio de corrección, sin embargo, el milagro no tiene que esperar a que el que los ha de recibir goce de una mentalidad recta. 4De hecho, su propósito es restituirle su mente recta. 5Es esencial, no obstante, que el obrador de milagros esté en su mente recta, aunque sea brevemente, o, de lo contrario, será incapaz de re-establecer la mentalidad recta en otros.

Nadie puede dar lo que no tiene. Para poder curar, para poder aplicar el milagro, es preciso tener una orientación milagrosa, es decir, tenemos que tener la certeza de que el milagro es el medio de expresión de la Expiación, del acto de Amar y que compartiendo esa mentalidad recta, estaremos expandiendo el poder de sanar, en definitiva el poder de corregir las falsas creaciones de la mente.


4. El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en
peligro su entendimiento. 2Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de prepa­ración, pero mantengas firme confianza en el mío. 3Si tus inclina­ciones a obrar milagros no están funcionando debidamente, es siempre porque el miedo se ha infiltrado en tu mentalidad recta y la ha invertido. 4Toda forma de mentalidad-no-recta es el resul­tado de negarte a aceptar la Expiación para ti mismo. 5Si la acep­tases estarías en una posición desde la que podrías reconocer que los que tienen necesidad de curación son simplemente aquellos que aún no se han dado cuenta de que la mentalidad recta es en sí la curación.

Ya hemos dicho que la causa original que ha dado lugar a la percepción falsa es la creencia en la separación. Ese pensamiento falso viene a negar que somos una Expansión de nuestro Creación, de lo contrario no veríamos la separación. Tal pensamiento nos pone en contacto con un nivel de percepción que favorece el estado conocido como enfermedad. 

Cualquier acto de curación supone una corrección de esa falsa creencia en la separación. El sanador, actuando desde su consciencia física, debe entregar todas y cada una de sus decisiones en manos del Espíritu Santo -mente recta-, y entregarse al proceso de Expiación. La aplicación de cualquier iniciativa de curación que no tenga su causa en la Expiación, carecerá del ingrediente esencial que garantizará la percepción correcta, el Amor. 



5. La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expia­ción para sí mismo. 2Esto significa que reconoces que la mente es el único nivel creativo, y que la Expiación puede sanar sus errores. 3Una vez que hayas aceptado esto, tu mente podrá solamente sanar. 4Al negarle a tu mente cualquier potencial destructivo y restituir de nuevo sus poderes estrictamente constructivos, te colocas en una posición desde la que puedes eliminar la confu­sión de niveles en otros. 5El mensaje que entonces les comunicas es el hecho irrefutable de que sus mentes son igualmente cons­tructivas y de que sus creaciones falsas no pueden hacerles daño. 6Al afirmar esto liberas a la mente de la tendencia a exagerar el valor de su propio recurso de aprendizaje, y la restituyes a su verdadero papel de estudiante.

El obrador de milagros ha de sanar su mente aplicando en ella la Expiación.  A partir de ese estado de consciencia, el sanador está capacitado para compartir con sus hermanos la visión de unidad con todo lo creado. Su visión mostrará un modo nuevo de ver las cosas y permitirá vislumbrar la percepción correcta del mundo temporal en el que se desarrolla su proceso de aprendizaje.


6. Debe subrayarse nuevamente que al cuerpo le resulta tan impo­sible aprender como crear. 2En cuanto que recurso de aprendizaje se deja llevar simplemente por el estudiante, mas si se le dota falsamente de iniciativa propia, se convierte en una seria obstruc­ción para el mismo aprendizaje que debería facilitar. 3Sólo la mente es capaz de iluminación. 4El espíritu ya está iluminado, y el cuerpo, de por sí, es demasiado denso. 5La mente, sin embargo, puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capaci­dad de aprender. 6Es muy fácil, no obstante, poner al cuerpo en armonía con la mente una vez que ésta ha aprendido a mirar más allá de él hacia la luz.

El cuerpo, como instrumento al servicio de la mente, no tiene la capacidad de aprender, pues las lecciones que se adquieren en ese nivel no van dirigida a él, que es un canal, sino al que tiene la capacidad de dirigirlo, al verdadero estudiante, a la mente.

Si la mente no cambia y corrige el error, el cuerpo seguirá experimentando ese error. Es evidente, que la corrección a nivel de la mente se expresará en el nivel tangible de la experiencia dando muestra a acciones a las que el cuerpo dará forma.


7. El aprendizaje que verdaderamente corrige comienza siempre con el despertar del espíritu y con el rechazo de la fe en la visión física. 2Esto frecuentemente entraña temor, ya que tienes miedo de lo que tu visión espiritual te mostraría. 3Anteriormente dije que el Espíritu Santo no puede ver errores, y que sólo puede mirar más allá de ellos hacia la defensa de la Expiación. 4No cabe duda de que esto puede producir incomodidad, mas la incomodidad no es el resultado final de la percepción. 5Cuando se le permite al Espí­ritu Santo contemplar la profanación del altar, Él mira de inme­diato también hacia la Expiación. 6Nada que Él perciba puede producir miedo. 7Todo lo que resulta de la conciencia espiritual simplemente se canaliza hacia la corrección. 8La incomodidad se manifiesta únicamente para traer a la conciencia la necesidad de corrección.

Para todos aquellos que nos estemos preguntando cómo saber cuándo nuestra mente está percibiendo correctamente y cuándo no, este punto nos responde a tal cuestión.  

Una respuesta que nos produzca incomodidad no procede del Espíritu Santo, pues nada de lo que Él perciba puede producir miedo y la incomodidad es fruto del miedo. 

La respuesta del Espíritu Santo tiene como objetivo la corrección. En cambio, la incomodidad nos revela que esa creencia debe ser cambiada y percibida de manera correcta.


8. El miedo a la curación surge, en última instancia, de no estar uno completamente dispuesto a aceptar que la curación es nece­saria. 2Lo que el ojo físico ve no es correctivo, ni tampoco es posi­ble corregir el error mediante ningún medio físicamente visible. 3Mientras creas en lo que tu visión física te muestra, tus intentos de corregir procederán de un falso asesoramiento. 4La verdadera visión queda nublada porque te resulta intolerable ver tu propio altar profanado. 5Mas como el altar ha sido profanado, tu estado se torna doblemente peligroso a menos que percibas que así ha sido.

Una visión que dé lugar a la percepción falsa o creencia en la separación, no puede corregir el error al que da lugar. Se hace necesario un cambio en la manera de ver las cosas y ese cambio debe estar acompañado del despertar de la consciencia espiritual.

En muchas ocasiones, cuando se produce el despertar de la consciencia espiritual, adoptamos medidas correctivas basadas en la culpa. Se trata de una estrategia del ego para mantener el culto al cuerpo, y potenciar su falsa identidad. Recordemos que el cuerpo es neutral y está al servicio de la mente. La corrección debe orientarse en el nivel de la mente de donde emana la causa del error.



9. Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separa­ción, antes de la cual era innecesaria. 2Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio. 3Mientras el tiempo continúe, no obstante, la curación seguirá siendo necesaria como medio de protección. 4Esto se debe a que la curación se basa en la caridad, y la caridad es una forma de perci­bir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo. 5La mayoría de los conceptos más elevados que ahora eres capaz de concebir dependen del tiempo. 6La caridad, en realidad, no es más que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador, el cual está mucho más allá de cualquier forma de caridad que te hayas podido imaginar hasta ahora. 7La caridad es esencial para la mentalidad recta aun en la pequeña medida en que ahora puedas alcanzarla.

El significado que el Curso aporta, en este punto, a la caridad, es muy revelador.  

Si buscamos el significado que suele acompañar a este término, encontramos el siguiente: "Virtud teologal del cristianismo que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo".  

La aportación del Curso introduce un matiz diferente, pues nos describe a la caridad como una forma de percibir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo. Entiendo como esencial este aspecto de la caridad con relación al acto de curar. Ver o percibir la perfección en el otro capacita al obrador de milagros para elevar la percepción correcta en el otro y con ello favorecer su curación. 

Una visión condenatoria sobre el comportamiento del otro, en un intento de establecer una relación causa-efecto entre el comportamiento y la enfermedad, no es la percepción correcta para expresar la caridad y con ello la curación.



10. La caridad es una manera de ver a otro como si ya hubiese llegado mucho más allá de lo que en realidad ha logrado en el tiempo hasta ahora. 2Puesto que su pensamiento tiene fallos, no puede ver que la Expiación es para él, pues, de otro modo, no tendría necesidad de caridad. 3La caridad que se le concede es a la vez una confirmación de que necesita ayuda, así como el reco­nocimiento de que la aceptará. 4Estas dos percepciones denotan claramente su dependencia del tiempo, haciendo patente el hecho de que la caridad opera todavía dentro de las limitaciones de este mundo. 5Dije anteriormente que sólo la revelación trans­ciende el tiempo. 6El milagro, al ser una expresión de caridad, tan sólo puede acortarlo. 7Hay que entender, no obstante, que cuando le ofreces un milagro a otro estás acortando su sufri­miento y el tuyo. 8Esto corrige tanto retroactivamente como pro­gresivamente.

La caridad es un anticipo, en el mundo temporal, del Amor Incondicional que rige en el Cielo, en la Eternidad. La percepción correcta nos capacita para saber que el proceso existencial que experimentamos a través del cuerpo es temporal y que la verdadera Vida no está limitada por tal experiencia, sino que se fundirá en el Camino hacia nuestro verdadero Hogar. La caridad se sustenta en esa percepción correcta y ve un mundo a su alrededor que requiere recordar su origen espiritual y eterno. Deposita en los demás esa certeza y favorece el despertar de la consciencia en el otro, viéndolo desde su realidad, desde su perfección, como uno en la Filiación.


lunes, 4 de marzo de 2024

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Capítulo 2. III. El altar de Dios

 III. El altar de Dios


1. Sólo puedes aceptar la Expiación dentro de ti liberando la luz interior. 2Desde la separación, las defensas se han usado casi exclusivamente para defenderse contra la Expiación y mantener así vigente la separación. 3Generalmente esto se manifiesta como una necesidad de proteger el cuerpo. 4Las múltiples fantasías corporales a las que las mentes se entregan proceden de la creencia distorsionada de que el cuerpo puede usarse como un medio para alcanzar la "expiación" 5Percibir el cuerpo como un templo es únicamente el primer paso en el proceso de corregir esta dis­torsión, ya que sólo la altera en parte. 6Dicha percepción del cuerpo ciertamente reconoce que la Expiación en términos físicos es imposible. 7El siguiente paso, no obstante, es darse cuenta de que un templo no es en modo alguno una estructura. 8Su verda­dera santidad reside en el altar interior en torno al cual se erige la estructura. 9Hacer hincapié en estructuras hermosas es señal de que se teme a la Expiación y de que no se está dispuesto a llegar al altar en sí. 10La auténtica belleza del templo no puede verse con los ojos físicos. 11La visión espiritual, por otra parte, al ser una visión perfecta, no puede ver la estructura en absoluto. 12Puede, no obstante, ver el altar con perfecta claridad.

La verdadera vida no reside en el cuerpo físico, sino en nuestra Esencia Espiritual y Divina. Pensar en que la vida encuentra su altar en el cuerpo es el argumento que defiende el ego para dar credibilidad a su identidad. De esa creencia emana todas las iniciativas que abogan por el culto al cuerpo.

Para el ego, la búsqueda de la perfección se convierte en una empresa vital y ello le lleva a entregarse al proceso de "expiación" cuyos pilares son la culpa, el sufrimiento, el sacrificio, el trabajo, el dolor, etc. Pero esos mecanismos de defensa son armas de doble filo, pues entiende que la mejor defensa es un buen ataque.

El Curso nos revela que la Expiación no procede de este mundo, que ya existía antes de que la separación formase parte de nuestras creencias. Por lo tanto, la Expiación no sana los efectos, sino las causas. Corrige el pensamiento erróneo, la falsa creencia y como consecuencia de ello, esa corrección se verá manifestada en la sanación externa.

El cuerpo físico tiene la función de servir para ayudarnos a tomar consciencia de nuestra verdadera Esencia; para alimentar el fuego que emana del verdadero Altar, pero no es altar mismo. La luz que emana de nuestro verdadero Ser es eterna, mientras que las partículas que dar forma a nuestro cuerpo son temporales y perecederas.

2. Para que la eficacia de la Expiación sea perfecta, a ésta le corresponde estar en el centro del altar interior, desde donde sub­sana la separación y restituye la plenitud de la mente. 2Antes de la separación la mente era invulnerable al miedo, ya que el miedo no existía. 3Tanto la separación como el miedo son creaciones fal­sas que tienen que deshacerse a fin de que se pueda restaurar el templo y abrir el altar para que reciba la Expiación. 4Esto supone el fin de la separación, al poner dentro de ti la única defensa eficaz contra todo pensamiento de separación, haciendo de este modo que seas absolutamente invulnerable.

Nuestro altar interior se iluminará cuando tengamos plena consciencia de lo que somos, cuando dejemos de tener dudas de nuestra verdadera identidad, cuando decidamos, de manera firme y certera, poner nuestra mente al servicio de nuestra divinidad.

De igual modo, la Expiación debe ocupar el centro de esa Consciencia, de ese altar interior donde se produce el reencuentro con nuestra verdadera identidad, y con ello, lo que este punto trata de revelarnos es que la última de las lecciones de nuestro proceso de aprendizaje tan sólo será superada cuando seamos todo Amor.

3. El que todos acepten la Expiación es sólo cuestión de tiempo. 2Tal vez
parezca que esto contradice su libre albedrío, dada la inevitabilidad de la decisión final, pero en realidad no es así. 3Pue­des aplazar lo que tienes que hacer y eres capaz de enormes dila­ciones, pero no puedes desvincularte completamente de tu Creador, Quien fija los límites de tu 
capacidad para crear falsa­mente. 4Una voluntad aprisionada engendra una situación tal, que, llevada al extremo, se hace completamente intolerable. 5La resistencia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. 6A la larga, todo el mundo empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un camino mejor. 7A medida que este reconocimiento se arraiga más, acaba por convertirse en un punto decisivo en la vida de cada persona. 8Esto finalmente vuelve a despertar la visión espiritual y, al mismo tiempo, mitiga el apego a la visión física. 9Este alternar entre los dos niveles de percepción se experimenta normalmente como un conflicto que puede llegar a ser muy agudo. 10Aun así, el desenlace final es tan inevitable como Dios.

Entiendo por el contenido de este punto, que no podemos negar, ni renegar lo que realmente somos. Podemos dilatar en el tiempo el momento en el que se ha de producir ese giro de orientación en nuestra manera de percibir la verdad, pero la luz acabará disipando las tinieblas, por muy densas que estas sean .

Podemos decir que el aprendizaje se puede realizar por dos vías, la del rigor o la del amor. Una se alía con la percepción del tiempo y la otra lo hace innecesario.

4. La visión espiritual literalmente no puede ver el error, y busca simplemente la Expiación. 2Todas las soluciones que los ojos del cuerpo buscan se desvanecen. 3La visión espiritual mira hacia adentro e inmediatamente se da cuenta de que el altar ha sido profanado y de que necesita ser reparado y protegido. 4Perfecta­mente consciente de la defensa apropiada, la visión espiritual pasa por alto todas las demás y mira más allá del error hacia la verdad. 5Debido a la fuerza de su visión, pone a la mente a su servicio. 6Esto re-establece el poder de la mente y hace que las demoras le resulten cada vez más intolerables al darse cuenta de que lo único que hacen es añadir dolor innecesario. 7Como resultado de ello, la mente se vuelve cada vez más sensible a lo que antes habría considerado sólo pequeñas molestias.

Al fumador empedernido, cuando consigue abandonar ese hábito, el solo humo de un cigarrillo le causa molestias y busca un espacio libre de humos.

Una vez que somos capaces de tomar consciencia de la vía correcta, desde nuestro altar interior recibimos la luz que nos inspira la visión correcta. Abandonamos el juicio condenatorio y dejamos de rendir culto a las invitaciones procedentes del cuerpo físico. El Amor disipa toda sombra de miedo y de creencia en el error.

5. Los Hijos de Dios tienen derecho al perfecto bienestar que resulta de tener perfecta confianza. 2Hasta que no logran esto, se agotan a sí mismos y desperdician sus verdaderos poderes creati­vos en fútiles intentos de obtener un mayor bienestar valiéndose de medios inadecuados. 3Sin embargo, los medios reales ya les han sido provistos y no requieren esfuerzo alguno por su parte. 4La Expiación es la única ofrenda digna de ser ofrecida en el altar de Dios, debido al valor que el altar en sí tiene. 5Fue creado per­fecto y es absolutamente digno de recibir perfección. 6Entre Dios y Sus creaciones existe una perfecta interdependencia. 7ÉI depende de ellas porque las creó perfectas. 8Les dio Su paz para que nada las pudiese alterar ni engañar. 9Siempre que tienes miedo, te enga­ñas a ti mismo, y tu mente no puede servir al Espíritu Santo. 10Eso te deja hambriento, pues te niega el pan de cada día. 11Dios se siente solo sin Sus Hijos, y Sus Hijos se sienten solos sin Él. 12Tienen que aprender a ver el mundo como un medio para poner fin a la separación. 13La Expiación es la garantía de que finalmente lo lograrán.

Siento decir, que en este punto se recoge un contenido con el que no estoy de acuerdo en la forma en como se ha expresado. Me estoy refiriendo al siguiente texto: "
 Dios se siente solo sin Sus Hijos, y Sus Hijos se sienten solos sin Él".

Creo que lo que se quiere expresar con ello es que la Compleción de Dios no es total hasta que la Consciencia de Su Hijo retorne a Su Hogar. Esta realidad está muy lejos de entenderse como un sentimiento de soledad, máximo cuando la separación es una ilusión que en verdad nunca ha podido suceder.