sábado, 7 de marzo de 2020

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo"


EL PRIMER PRECEPTO


28 Se le acercó uno de los escribas que había escuchado la disputa, el cual, viendo cuán bien había respondido, le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? 29 Jesús contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, 30 y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tus fuerzas. 31 El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Mayor que éstos no hay mandamiento alguno. 32 Díjole el escriba: Muy bien, Maestro; con razón ha dicho que Él es único y que no hay otro fuera de Él, 33 y que amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, es mucho mejor que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Viendo Jesús cuán atinadamente había respondido, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió ya más a preguntarle.


Cuando la Nueva Consciencia conquiste las “tierras” del Pensamiento, aquellos que ocupen las tribunas del saber se pondrán nerviosos, pues sabrán reconocer en Ella, una nueva verdad, que aun apoyándose en la anterior que ellos representan, la trasciende. En ese tramo del camino, seremos testigos de un atosigador interrogatorio por parte de los doctores de la Iglesia, hoy doctores de la ciencia, y a niveles internos, nuestra personalidad material, que ataviada con prejuicios y temores, nos lleva a replantearnos nuestras nuevas creencias.


Pero llegará un momento, si hemos sabido dar la respuesta adecuada, que nuestra verdad logrará penetrar en el cuerpo oficializado de los defensores de los antiguos preceptos. Las claves están en no derrocar, ni destruir las verdades antiguas, sino utilizarlas para pronunciarnos en una nueva. Así los escribas, nuestros escribas internos, sabrán reconocer su trabajo, y al mismo tiempo,  reconocerán el alumbramiento de un nuevo impulso.


El primer mandamiento, podríamos considerarlo como el origen, la esencia. ¿Qué opinión tiene nuestro Maestro de ese primer precepto? Muchas veces, hemos visto cómo supuestos representantes de la espiritualidad se han erigidos en maestros y han logrado convencer a muchos buscadores, los cuales les han seguido, sintiéndose identificados con sus palabras. Sin embargo, cuando se les ve actuar, se percibe un comportamiento que da cuerpo a la soberbia, a la altanería y al poder. Cuando se les pregunta, cuál es el primer mandamiento de la ley, ellos proclaman: “Yo soy Dios... y el poder que poseo me permite conseguir cuanto deseo...”


A niveles internos, debemos hacernos esa pregunta, ¿cuál es el primer mandamiento? Nuestra respuesta debe llevarnos al Espíritu Crístico, y a pronunciarnos como Él lo hizo: “El Señor, nuestro Dios, es el único Señor”, y a continuación comprobar que nuestros sentimientos no traicionan estas palabras, pues si seguimos rindiendo culto a Malkuth (personalidad material) en su aspecto perceptivo y sensorial, si seguimos buscando satisfacer nuestras apetencias físicas, estaremos sirviendo igualmente al mundo profano y a su rey, el César.


Cuando nuestro escriba interno reconoce que el amor al prójimo está por encima del sacrificio y del holocausto (conciencia antigua identificada con el dolor), entonces aparece la señal en nuestra consciencia de que el Amor-Cristo, está ocupando el lugar que antes ocupaba Moisés. El cambio se está produciendo. El largo viaje de la Nueva Consciencia por los Planos precedentes, ahora da sus frutos en la antesala del Plano Material. Es toda una victoria. Tan solo nos queda dar el paso final. Qué nuestras  creencias se conviertan en actos, y que el perdón sea una realidad.

A partir de ese momento, los interrogadores ya no tienen papel y desaparecen del escenario.


Servir a Dios y al César, nos está indicando que nuestra mente se está identificando con la dualidad y esa percepción nos mantiene prisionero de una visión separada de nuestra verdadera esencia espiritual. Todos hemos sido creados por Dios; todos hemos formado parte de su Unidad integral. Hemos sido creados a su imagen y semejanza, por lo tanto, somos Seres creadores y portadores de esa Unidad.


Sin embargo, nuestra actual percepción en el mundo material, nos lleva a concebir que estamos separados de nuestra esencia espiritual y separados del resto de la humanidad.


Es por ello, que los “preceptos” más importante que debemos integrar en nuestra consciencia, nos invitan a recuperar ese estado de Unidad. ¿Cómo? Teniendo claro que somos una Unidad con todo lo creado y dando un paso muy importante en el mundo de percepción en el que nos movemos, en especial, en las relaciones, viendo a nuestro prójimo como parte de nosotros, pues ese “prójimo” no se encuentra fuera de nosotros, sino en nosotros mismos. Su papel es estelar en nuestro proceso evolutivo, pues actúan como “espejos” donde podemos identificar esa parte de nuestra conciencia que no conseguimos integrar, esto es, todo aquello, que formando parte de nosotros mismos, se encuentra en nuestra naturaleza inconsciente.


Es por ello, que el Maestro Jesús nos revela de la importancia de “amar al prójimo como a nosotros mismos”. Si no nos amamos, difícilmente podremos amar al otro. Damos lo que tenemos… Vemos fuera de nosotros, lo que somos interiormente. Proyectamos en nuestro mundo, en los demás, aquello que forma parte de nuestro Ser. Si queremos “abundancia”, seamos abundantes. Si queremos “paz y armonía”, seamos pacíficos y armoniosos. Si queremos “salud”, no veamos en nosotros la enfermedad. Si queremos “amor”, seamos amor.


Comparto con vosotros la “exhortación” escrita por Kabaleb referente a las cualidades espirituales que forman parte del Programa Espiritual que nos enseña el Ángel Sitael. No se podría expresar de una manera más bella, la enseñanza que queremos compartir:


“Debéis aprender de vuestros adversarios.
En ellos encontrareis siempre
los más adecuados Maestros.
Ellos os dirán sin contemplaciones
cuáles son vuestras lagunas, vuestros fallos;
os dirán si habéis sido imprudentes, presuntuosos o temerarios.
En ellos no habrá doblez ni hipocresía:
la verdad pura se expresará de sus labios.
Sabréis así como sois en la parte oscura de vuestra esfera,
ahí donde no “Debéis aprender de vuestros adversarios.
En ellos encontrareis siempre
los más adecuados Maestros.
Ellos os dirán sin contemplaciones
cuáles son vuestras lagunas, vuestros fallos;
os dirán si habéis sido imprudentes, presuntuosos o temerarios.
En ellos no habrá doblez ni hipocresía:
la verdad pura se expresará de sus labios.
Sabréis así como sois en la parte oscura de vuestra esfera,
ahí donde no luce jamás el resplandor de la conciencia.
Los enemigos, los adversarios,
son aquellos que os aman con amor desinteresado.
No levantéis vuestra mano contra ellos,
porque cuando desaparezcan,
ya no podréis veros en el espejo que refleja los errores.
Cristo dijo: "ama al enemigo"
Y yo os digo ahora: ¡conservadlo, respetadlo, utilizad sus virtudes!
Tu enemigo te ha sido dado
para que puedas expulsar de tu interior
ese conglomerado de cosas detestables que él expresa.
Contempla hoy mismo, peregrino,
los defectos de tu enemigo
y extírpalos sin más tardanza de tu propio ser,

porque están en ti muy en ti, porque están en ti muy en ti,
aunque pases toda una vida negándolo”.


(Plegarias y Exhortos de los 72 Genios de la Cábala - KABALEB)

Cuento para Piscis: "Una hazaña de Amor-Final"

Desde que un día se despidiera de su familia, habían pasado tres largos duros años. Durante todo este largo tiempo, Juan había recorrido muchos valles y montañas, pero aún no había encontrado nada que le ayudase a superar la maldición de su tierra.

A pesar de no haber perdido nunca la fe, la verdad era que el sueño de aquella noche le había traído un nuevo entusiasmo. No podía dejar de pensar en su padre, en aquella imagen de tristeza y en las lamentaciones de su pueblo, que sufría como víctima de su ignorancia.
Sumido en esos pensamientos, Juan había coronado una montaña alcanzando su cima. Desde allí, posó su mirada en el horizonte y no supo encontrar lo que buscaba. ¿Dónde debía dirigir sus pasos? En verdad, ¿sabía lo que quería?
Buscaba una solución para poner fin a la basura de su tierra. Necesitaba limpiarla de impurezas, pero era tan inmensa la cantidad, que él sólo no podría, y sintió una profunda decepción. Hasta ahora no se había dado cuenta de que la única posibilidad de que aquella basura desaparecida no estaba únicamente en sus manos. Todo dependía de su pueblo. Él estaba limpio. Aquella suciedad no le había afectado lo más mínimo, sin embargo, su familia y hermanos, sí eran víctimas de aquella tragedia.
Todo dependía del esfuerzo que cada uno pusiera en esa tarea. Enfrentarse a su propia suciedad, a sus errores, a sus temores y debilidades, no les resultaría fácil pero, al menos debían intentarlo.
Una singular alegría, se apoderó de él. Había conseguido comprender dónde se encontraba la solución.
Durante tres años había caminado mucho, buscando en el exterior la solución, pero no supo encontrarla, pues tan sólo podría descubrirla si miraba el interior de cada hombre.
Comprendió que cada hombre debe hacer frente a las circunstancias que haya generado a lo largo de sus vidas y que nunca debe sentir miedo ante aquello que ha creado.
No pudo evitar Juan, el más pequeño de los hermanos de una humilde familia, que su corazón sintiese una extraña compasión, y fue tan intenso el dolor que sintió todo su cuerpo, que no pudo evitar doblegarse y gemir suplicante al cielo, que le otorgarse su perdón.
El amor de Juan era tan sincero y puro, que había ganado como recompensa a su labor, recibir todo el sufrimiento de su pueblo, para que de este modo poder abnegadamente solicitar su redención.
Si alguien hubiese sido testigo de lo que allí ocurrió, hubiera podido contar, como una sombra densa y poderosa se apoderó del cuerpo de Juan, y cuando esto ocurrió, el generoso Juan no pudo evitar expresar su dolor, dolor que casi pone fin a su vida.
Doblegando el cuerpo, apoyó ambas rodillas en el suelo. Apenas si podía respirar, se asfixiaba. Aquellas impurezas, habían obstruido sus pulmones y a duras penas conseguía tomar un poco de aire. Su corazón estaba destrozado. Un profundo vacío luchaba con el ardor que habitualmente anidaba en él.
Todo parecía que iba a acabar este modo, y sin embargo, no se sentía disgustado, ni arrepentido. Ahora sabía que su fe, su esperanza, se realizaría. Nunca pensó que el precio a  pagar fuese su propia vida, pero el único modo de ganar el arrepentimiento de su pueblo, era integrando sus debilidades y errores en si mismo.
Aceptando aquella prueba, Juan recibió todo el mal generado por Zaim, su pueblo, y ese mal le ahogaba y estaba punto de destrozarle. Sintió cómo llegaba la última hora, ya apenas podía respirar y su corazón latía con mucha dificultad. Era humano, tan humano como sus hermanos y por ello no pudo evitar, que sus ojos se inundaran de lágrimas.
En verdad sentía abandonar la vida. No temía a la muerte, pero su obra culminada con aquel sacrificio.
Su rostro fue a golpear el suelo con dureza y ello permitió que las lágrimas de sus ojos se vertieran libremente la tierra, y cuando esto ocurrió, nunca nadie podría imaginar, lo que allí sucedió.
De repente, la tierra se agitó y aquella enorme montaña se movió, como si de un ser vivo se tratase, dejando paso al brote de dos fluidos manantiales, que se convirtieron en hermosos ríos.
El cauce de aquellas aguas, llegó al lugar donde se encontraba Juan, acariciándole plácidamente en el rostro, y aquel encuentro tuvo un resultado mágico.
Los ojos de Juan se abrieron de nuevo y su corazón comenzó a latir de un modo especial.
Ya nada le impedía respirar y la presión de aquella sombra había desaparecido por completo.
Juan no pudo evitar manifestar su alegría y su entusiasmo. No sabría explicar lo que allí había ocurrido, pero la verdad es que tampoco le importaba mucho, lo único que le preocupaba en estos momentos era volver a su tierra, y guiado por ese deseo, siguió el cauce de aquellos ríos.
Sin saber cuántos días anduvo, apenas si descansada y, sin embargo, no parecía desfallecer. Aquel esfuerzo tuvo su recompensa, ya que al final de aquella jornada, cuando el ocaso del sol se dejaba despuntar, alcanzó la cima de una de tantas montañas y desde allí, pudo contemplar una escena que jamás podría olvidar.
A la altura de una profunda garganta aquellos ríos se juntaron en un amistoso encuentro, formando un solo brazo.  Continuaron con más brío el camino, hasta que de repente penetró en Zaim, la tierra de la alegría, y como llamado por una sabia misión, las aguas de aquel río arrastraron la basura y arrancaron la suciedad de cuantos rincones existían en aquellas tierras.
Fue una ardua tarea, pero al final, cuando la furia de aquellas aguas se calmaron y su caudal se apaciguó, Juan pudo dar gracias a la providencial ayuda de aquel río, pues Zaim volvía a ser la tierra que en un pasado conoció.
Pero Juan tendría que hacer frente a mayores sorpresas, pues serían muchas las leyendas que se contarían desde aquellos días, que asombrarían a cuantos viajeros visitasen Zaim, mas todas ellas tenían fundamento, pues cuentan, después de muchos años, que aquellos que habían perecidos víctimas de la enfermedad, del hambre, de la tristeza, incluso cuantos se quitaron la vida, volvieron a ella, y de esto, el propio Juan fue testigo, ya que cuando llegó a su hogar, encontró a su familia vistiendo ropas de luto, pero no tuvo que preguntar el motivo pues, a su espalda una voz le llamó por su nombre..., y aquella voz le recordó cierto sueño.
Era su padre que le llamaba, pues había vuelto. Le llamaba, como lo había hecho en aquel extraño sueño.
Juan y sus padres, al igual que otras muchas familias, se encontraron en un fuerte abrazo, y cuando las lágrimas se confundieron con la alegría del corazón, el tronar de una trompeta abrazó el cielo.
Pero ya nadie tendría miedo, pues sabían que se trataba de Jabamiah, el verbo que produce todas las cosas, que daba las gracias a su pueblo.

Fin

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 67

LECCIÓN 67

El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo.

1. La idea de hoy es una afirmación exacta y cabal de lo que eres. 2Por eso es por lo que eres la luz del mundo. 3Por eso es por lo que Dios te designó como el salvador del mundo. 4Por eso es por lo que el Hijo de Dios apela a ti para su salvación. 5Él se salva por razón de lo que tú eres. 6Hoy haremos todo lo posible por llegar a esta verdad acerca de ti y por darnos cuenta plenamente, aunque sólo sea por un momento, de que es verdad.

2. Durante la sesión de práctica más larga pensaremos en tu reali­dad y en su naturaleza completamente inalterada e inalterable. 2Comenzaremos repitiendo esta verdad acerca de ti, y luego pasa­remos unos minutos añadiendo algunos pensamientos afines, tales como:

3La Santidad me creó santo.
4La Bondad me creó bondadoso.
5La Asistencia me creó servicial.
6La Perfección me creó perfecto.

7Cualquier atributo que esté de acuerdo con la definición que Dios tiene de Sí Mismo es apropiado. 8Hoy estamos tratando de enmendar tu definición de Dios y de reemplazarla por la Suya. 9Y también estamos tratando de recalcar el hecho de que tú formas parte de Su definición de Sí Mismo.

3. Una vez que hayas reflexionado sobre varios de estos pensa­mientos afines a la idea de hoy, trata, durante un breve intervalo preparatorio, de vaciar tu mente de todo pensamiento y de ir más allá de todas las imágenes y conceptos que tienes de ti mismo hasta llegar a la verdad en ti. 2Si el Amor te creó a semejanza de Su Propio Ser, ese Ser tiene que estar en ti. 3Y tiene que estar en alguna parte de tu mente donde tú lo puedas encontrar.

4. Tal vez te resulte necesario repetir la idea de hoy de vez en cuando a fin de reemplazar aquellos pensamientos que te distrai­gan. 2Puede que también descubras que aun esto no es suficiente y que necesitas seguir añadiendo otros pensamientos relaciona­dos con la verdad acerca de ti. 3Sin embargo, tal vez puedas supe­rar todo eso y, valiéndote del intervalo en el que tu mente está libre de pensamientos, quizá puedas llegar a la conciencia de una luz resplandeciente en la cual te reconoces a ti mismo tal como el Amor te creó. 4Confía en que hoy harás mucho por acercarte a esa conciencia, tanto si sientes que has tenido éxito como si no.

5. Hoy te resultará especialmente beneficioso practicar la idea del día tan a menudo como puedas. 2Necesitas oír la verdad acerca de ti tan a menudo como sea posible, debido a que tu mente está tan ocupada con falsas imágenes de sí misma. 3Sería sumamente beneficioso que te recordaras, cuatro o cinco veces por hora, o incluso más si fuese posible, que el Amor te creó a semejanza de Sí Mismo. 4Oye en esto la verdad acerca de ti.
6. Trata de darte cuenta, durante las sesiones de práctica más cor­tas, de que no es tu diminuta y solitaria voz la que te dice esto. 2Se trata de la Voz de Dios, recordándote al Padre y a tu Ser. 3Se trata de la Voz de la verdad, sustituyendo todo lo que el ego te dice acerca de ti mismo con la simple verdad acerca del Hijo de Dios. 4El Amor te creó a semejanza de Sí Mismo.


¿Qué me enseña esta lección?

Hemos sido creados en un acto de Amor, la única esencia, real, de la que somos portadores.

Cuando actuamos desde el ego, fabricamos, no creamos, pues aquello que adquiere forma es irreal dado que está sujeto al cambio y es perecedero. Solo el Amor es real pues no cambia.

Tomo conciencia de que he sido creado a “semejanza” de mi Creador, es decir, del mismo Arquetipo Mental; de la Extensión Amorosa de su Pensamiento.

Si Su Mente es Una, si Su Mente es Amor, Yo Soy Uno, Yo Soy Amor, en estado Potencial y, mientras tenga conciencia en el plano de la percepción, mientras que esté experimentando este sueño, debo manifestar ese potencial en todos y cada uno de mis actos.

Nos transmite las enseñanzas de Un Curso de Milagros, que Dios creó a Su Hijo a través de una acto de expansión de Su Mente. 

Su Mente Una, al expandirse se manifestó en los Principios de la Trinidad: Voluntad, Amor e Inteligencia. Su Obra, Su Hijo, es portador de esos Atributos Divinos.

Cada vez que el Hijo de Dios expande esos Atributos se está expresando en su mente recta y su acción es creadora, pues está expresando la Unicidad. En cambio, cuando su acción expresa la separación, su mente es errónea y en vez de crear la realidad fabrica la ilusión.

Ejemplo-Guía: ¿Quiénes somos?

Hoy os propongo un ejercicio de autoconocimiento. Para ello, vamos a responder con total honestidad a la cuestión que se plantea en el ejemplo-guía. Si alguien te preguntase ¿quién eres?, ¿cómo le responderías?

Voy a improvisar unas respuestas con la intención de que os pueda servir de guía. Pero es muy importante que cada uno realice su propia reflexión y autoanálisis.
  • Me llamo Juan.
  • Soy alto y moreno, aunque ya tengo poco pelo y el que tengo pinta blanco.
  • Soy funcionario y desempeño un cargo de mando intermedio en una institución pública.
  • Estoy casado y tengo tres hijos y cuatro nietos.
  • ..., a partir de ahí, titubeo, pues no se me ocurre qué más decir para responder sobre mi identidad, aunque podría valer...
  • Soy un mediador de vocación.
  • Buscador incansable de la verdad.
  • Amante de la lectura y de los temas espirituales.
  • Mi objetivo, la perfección de la conciencia.
  • Me considero un difusor.
  • Me encanta escribir.
  • Me fascina las nuevas tecnologías.
  • Idealizo la amistad.
  • Me da miedo las alturas.
  • Me da miedo la enfermedad.
  • Soy celoso y posesivo.
  • Soy orgulloso y a veces fanático
  • Etc...
Os puedo asegurar, que dejando a un lado los matices personales de cada uno, esta respuesta podemos considerarla como una respuesta "tipo", en el sentido, de que la gran mayoría se identificaría de la misma manera. Compruébalo.

Es evidente, que esta respuesta es propia de la visión del ego, el cual basa su creencia y sus credenciales personales en términos de la identidad física, del cuerpo que percibe y niega cualquier otra realidad que no sea capaz de ver y tocar, como el Santo Tomás.

Ahora os propongo, realizar este mismo ejercicio de autoanálisis, de autoconocimiento, pero desde la visión del Espíritu. ¿Te atreves? Seguro que sí.

Improviso.
  • El Hijo de Dios.
  • Soy Dios, cuando ceso de ser "yo".
  • Soy Espíritu.
  • Soy Todo y Uno.
  • Soy Voluntad.
  • Soy Amor.
  • Soy Inteligencia.
  • Soy Libre.
  • Soy Luz.
  • Soy Verdad.
  • Soy impecable.
  • Soy inocente.
  • Soy perfecto.
¿Qué más añadirías? Abundante, Pleno, Sano, Creador...

Reflexión: ¿Qué soy?

viernes, 6 de marzo de 2020

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 66

LECCIÓN 66

Mi función y mi felicidad son una.

1. Seguramente habrás notado que en nuestras lecciones más recientes hemos hecho hincapié en la conexión que existe entre desempeñar tu función y alcanzar la felicidad. 2Esto ha sido así porque realmente tú no ves la conexión. 3Sin embargo, se trata de algo más que una simple conexión: son una misma cosa. 4La manera en que cada una se manifiesta es distinta, pero el conte­nido es exactamente el mismo.

2. El ego está batallando constantemente con el Espíritu Santo en torno a la cuestión fundamental de cuál es tu función. 2También batalla con Él constantemente con respecto a qué es tu felicidad. 3No es ésta una batalla que tenga dos contendientes. 4El ego ataca y el Espíritu Santo no responde. 5Él sabe cuál es tu función. 6Él sabe que es tu felicidad.

3. Hoy intentaremos ir más allá de esta batalla completamente absurda y arribar a la verdad con respecto a tu función. 2No nos vamos a enfrascar en argumentos fútiles con respecto a lo que es tu función. 3No vamos a tratar inútilmente de definir lo que es la felicidad ni de determinar los medios para alcanzarla. 4No vamos a gratificar al ego escuchando sus ataques contra la verdad. 5Sen­cillamente nos alegraremos de que podemos descubrir lo que ésta es.

4. El propósito de la sesión de práctica larga de hoy es que acep­tes el hecho de que no sólo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu felicidad, sino que ambas cosas son, de hecho, lo mismo. 2Dios te da únicamente felicidad. 3Por lo tanto, la función que Él te dio tiene que ser la felicidad, aunque parezca ser otra cosa. 4Los ejercicios de hoy son un intento de ir más allá de estas diferencias de aspecto y de reconocer un conte­nido común allí donde en verdad lo hay.

5. Comienza la sesión de práctica de diez o quince minutos refle­xionando sobre estos pensamientos:

2Dios me da únicamente felicidad. 3Él me ha dado mi función.
4Por lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad.

5Trata de ver la lógica en esta secuencia, incluso si aún no aceptas la conclusión. 6Únicamente si los dos primeros pensamientos son erróneos, podría ser falsa la conclusión. 7Reflexionemos, enton­ces, por un rato sobre estas premisas según practicamos.

6. La primera premisa es que Dios te da únicamente felicidad. 2Esto, desde luego, podría ser falso, pero para que fuese falso sería preciso definir a Dios como algo que Él no es. 3El Amor no puede dispensar maldad, y lo que no es felicidad es maldad. 4Dios no puede dar lo que no tiene, ni puede tener lo que Él no es. 5Si Dios no te diese únicamente felicidad, ciertamente sería mal­vado. 6Y ésa es la definición que crees acerca de Él si no aceptas la primera premisa.

7. La segunda premisa afirma que Dios te ha dado tu función. 2Hemos visto que tu mente sólo tiene dos partes. 3Una de ellas la gobierna el ego y se compone de ilusiones. 4La otra es la morada del Espíritu Santo, donde reside la verdad. 5Sólo puedes escoger entre estos dos guías, y los únicos resultados que pueden proce­der de tu elección son el miedo que el ego siempre engendra o el amor que el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.

8. Así pues, o bien fue Dios Quien estableció tu función a través de Su Voz, o bien fue el ego, que tú inventaste para reemplazarlo a Él. 2¿Cuál de estas posibilidades es verdad? 3A menos que hubiese sido Dios Quien te dio tu función, ésta sólo podría ser un regalo del ego. 4Mas ¿qué regalos puede dar el ego, cuando él mismo es una ilusión y lo único que puede ofrecer son regalos ilusorios?

9. Piensa en esto durante tu sesión de práctica más larga de hoy. 2Piensa asimismo en las múltiples formas que tu ilusoria función ha adoptado en tu mente, y en las muchas maneras por las que, guiado por el ego, trataste de encontrar la salvación. 3¿La encon­traste? 4¿Te sentiste feliz? 5¿Te brindaron paz? 6Hoy necesitamos ser muy honestos. 7Recuerda objetivamente los resultados que lograste y examina si en algún momento fue razonable pensar que podías encontrar felicidad en nada que el ego jamás propu­siera. 8Con todo, la única alternativa para la Voz del Espíritu Santo es el ego.

10. Prestarás oídos a la locura, o bien oirás la verdad. 2Trata de hacer tu elección mientras reflexionas sobre las premisas en las que se basa nuestra conclusión. 3Podemos concurrir con esta con­clusión, pero no con ninguna otra, toda vez que Dios Mismo con­curre con nosotros al respecto. 4La idea de hoy es otro paso gigantesco hacia la percepción de lo que es lo mismo como lo mismo y de lo que es diferente como diferente. 5A un lado están las ilusiones. 6Al otro, la verdad. 7Tratemos hoy de darnos cuenta de que sólo la verdad es verdad.

11. Para las sesiones de práctica más cortas, que hoy te resultarán muy beneficiosas si las llevas a cabo dos veces por hora, sugeri­mos la siguiente forma de aplicación:

2Mi función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos.

3No te tomará más de un minuto, y probablemente menos, repe­tir estas palabras lentamente y pensar en ellas por un rato mien­tras las dices.


¿Qué me enseña esta lección?


Hacer la Voluntad de Dios, es decir, llevar a cabo los trabajos que debemos realizar y para los que hemos venido al mundo, es realmente, el verdadero sentido de nuestra actual existencia, es nuestra felicidad y es nuestra función.



Muchas veces nos quejamos de la vida que nos ha tocado vivir. No acabamos de sentirnos en paz interior cuando no encontramos la satisfacción de nuestras apetencias egóicas. Se hace necesario que tomemos conciencia de que en cualquier marco donde participemos debemos encontrar nuestra función de ser portadores de amor y perdón. Es la única vía que nos ha de llevar a sentirnos seres plenos y felices.

Hoy se nos enseña, algo que todos sabremos reconocer, pues la verdad forma parte de nosotros, ya que el Creador así lo dispuso al crearnos. Hoy podremos recordar que el ego es incapaz de hacernos el regalo de la felicidad. Sí, lo hemos intentado de múltiples maneras, incluso en ocasiones hemos creído que lo habíamos conseguido, que podíamos gozar de la felicidad permanente, pero ese castillo de ilusión se desmorona, tarde o temprano, como lo hace un castillo levantado en la arena cuando es alcanzado por la fuerza del agua, pues como bien expresa la Lección, la ilusión tan solo puede dar lo que tiene, un instante de ilusión.

Si en nuestro historial humano pudiésemos identificar un solo momento en el que la verdadera felicidad, una vez conseguida, perdurase, podríamos dar valor a la misma y no podríamos más que afirmar que es real. Pero, esa condición, ese Estado, no forma parte de la falsa realidad fabricada por el ego. La felicidad es nuestro Estado natural y pertenece a la mente correcta, a la mente sana, a la mente que se expande amorosamente en virtud a su condición divina. Es la mente donde habita el Espíritu Santo. Es la mente que reconoce la Unicidad y que niega la ilusión de la separación.

Cuando actuamos desde esa visión, no podemos menos que reconocer en el mundo que nos rodea la oportunidad de realizar la función que Dios nos ha encomendado, la de perdonar y la de amar. Ese acto conlleva un aporte de luz que permitirá unirnos a nuestros hermanos y recuperar los lazos de unión que nos lleva a ser una misma Filiación. 

Es nuestra decisión el ver con los ojos del cuerpo o con los del alma, a la hora de valorar las circunstancias que nos rodean. Si elegimos ver con los ojos del cuerpo, no alcanzaremos la felicidad. Si elegimos ver con los ojos del Espíritu, realmente reconoceremos nuestra verdadera realidad, que no es otra que ser portadores de felicidad. Lo que das, recibes.


Ejemplo-Guía: ¿Qué te impide alcanzar la salvación y la felicidad?


Hoy daremos continuidad a la metodología empleada con la Lección anterior. Vamos a identificar aquellas experiencias que se convierten en obstáculos que nos impiden gozar de la felicidad y de la salvación, pues ambas, son los mismo, pues su Fuente es el regalo que nos comparte Dios.
  • Soy infeliz en mi matrimonio o en mi relaciones de pareja.
  • ¿Por qué experimento la pobreza?
  • ¿Por qué tengo tanto miedo?
  • Tengo muchos problemas. Nada me sale bien.
  • Soy incapaz de perdonar el daño que me han causado mis padres.
  • Me invaden pensamientos oscuros.
  • Por mucho que quiero cambiar el mundo, no consigo cambiar nada.
  • ¿Por qué no consigo la visión espiritual? 
  • Estamos rodeados de ladrones y mentirosos y no hacemos nada.
  • No me valoran en mi trabajo.
  • Me desespera el comportamiento de mi hijo.
  • Mi cuerpo está enfermo.
  • ¿Por qué Dios no evita mis desgracias?
Todas estas aportaciones, aparentemente tan distintas, son percibidas por el ego sin relación entre ellas. Para el ego, todas son efectos con características diferentes y con resultados e implicaciones de distinto nivel. Su respuesta, de igual modo, es específica para cada una de ellas. Nunca relacionará una experiencia de pobreza, con un problema de relación con los hijos. La pobreza le inspirará un sentimiento de victimismo y culpará a la sociedad de no ofrecerle oportunidades y la experiencia de relación con su hijo, le llevará a culpar a éste de todo cuanto ocurre, pues es un vago.

El ego no sabrá encontrar el hilo conductor que relaciona ambas experiencias. En verdad no hay diferentes problemas, ni diferentes soluciones. Tan sólo existe un error que hay que corregir, el creerse separado del Creador y de lo creado.

El ego acostumbra a poner en manos de los demás, de las circunstancias externas, el poder de ofrecer o negar el regalo de la felicidad. En este sentido, culpará al otro de su mala suerte y convertirá en ídolo a quién considere que le puede otorgar la felicidad.

La esencia clave que da respuesta todas estas cuestiones, llevándolas desde la oscuridad a la luz, desde el problema a la solución, desde la maldad a la felicidad, es el perdón, que como hemos visto en estas últimas lecciones, es nuestra única función que Dios nos ha encomendado en la vida.

Reflexión: ¿Qué eliges, ser feliz o tener razón?

jueves, 5 de marzo de 2020

Cuento para Piscis: "Una hazaña de Amor-2ª parte"


Y pasó el tiempo desde aquel entonces. Los días habían transcurrido, pero lo había hecho con tanta lentitud -al menos así se lo parecería a los habitantes de Zaim-, que apenas había cambiado la situación.
El llanto aumentaba cada día que pasaba. Los lamentos se habían instituido como el único clamor inteligible. Ya nadie hablaba, tan sólo sufrían.
Los campos, diezmados por aquella tragedia, ya no daban alimentos. Los animales se alimentaban devorándose unos a otros y, muy pronto –temían-, se les acabaría su festín habitual, con lo cual harían peligrar la vida de ellos.
La enfermedad había penetrado en todos los hogares. Nadie estaba salvo ante aquella epidemia. La muerte se fue apoderando poco a poco de los más débiles y amenazaba con poner fin a aquella maldición.
Nadie enterraba a los muertos. No era necesario, pues, curiosamente, aquellos cuerpos sin vida no se descomponían.
Muchos aclamaban el perdón de Jabamiah, sin entender, que aquella dramática situación era el fruto de su obra, les pertenecía.
Ya nadie reía, ni sentían la necesidad de gratificar sus instintos de placer. Ahora la soledad era real, nadie la escondía con superfluos hábitos.
Era tanta la desesperación, que en muchos hogares, los padres de familia al ver cómo su hogar se desvanecía presa del dolor y de la muerte, decidieron acortar sus sufrimientos y abandonar la vida antes de tiempo, y la única solución que encontraron fue el suicidio.
Esto sucedió en el hogar de Juan. Muchos de sus hermanos habían perecido víctimas de la enfermedad, una enfermedad extraña que los sumía en un sueño profundo y letárgico.
El padre de Juan había sido siempre débil de espíritu y no supo soportar por más tiempo aquella situación, por lo que, en un momento de profunda soledad, puso fin a su vida, pensando que aquello era la mejor solución, lo que le permitiría no sufrir más.
Pero se equivocó de nuevo, pues una vez que se creyó muerto, descubrió con sorpresa, que lo que en verdad había muerto era su cuerpo físico, su atuendo material pero él, desdichadamente, aún estaba allí, vivo, consciente, y aunque su cuerpo yacía inerte y sin vida, continuaba sintiendo igual que antes, incluso percibía las mismas necesidades. Pero cuanto horror sintió al descubrir que ahora no podría satisfacerlas, pues ya no tenía cuerpo.
Aquella dolorosa impresión, junto al sufrimiento que veía reflejado en los corazones de su esposa e hijos, lamentando aquella muerte, hizo que aquel desdichado e infeliz hombre, descubriera la insensatez que había cometido.
Había querido escapar y evadirse de una situación opresiva, y lo único que había conseguido era perder la única arma disponible, su cuerpo, ya que sus sentimientos y pensamientos seguían vivos.
El padre de Juan observaba expectante, sin comprenderlo muy bien, cómo su familia cuidaba su cuerpo inerte.
El llanto de sus seres queridos desgarraba su corazón. Quiso hablarles con la intención de advertirles, de que no se preocupasen por él, pues no estaba muerto, todo lo contrario se sentía más vivo que nunca. Pero todo su afán resultó vano, pues nadie de los allí presentes podía oírle.
Casi cayó en el desespero cuando, hasta sus oídos llegó un rumor lejano, que se le antojó como familiar. Buscó con su mirada a su alrededor, pero en aquella inmensidad no pudo encontrar lo que buscaba. Sin embargo, aquel rumor parecía acercarse, sí, a cada momento que pasaba, se le hacía más conocido, pero nunca pudo imaginar que aquella experiencia le iba a producir tanto dolor.
Su rostro quedó crispado, apenas si podía salir de su asombro. Ante sus ojos se mostraba una escena aterradora. Cientos de espíritus, erraban sin rumbo alguno, sumidos en la más inimaginable soledad. Sus cuerpos, poco a poco se desvanecían y muchos aclamaban suplicantes para que les llegase su turno y aquel terrible tormento acabase.
El padre de Juan, confuso por aquella visión, se acercó hasta ellos y les preguntó:
  • ¿Podéis ayudarme?, Necesito saber dónde me encuentro, no comprendo...
Sin dejarle terminar, una voz apagada y vacía le dijo:
  • No te atormentes más. Acabas de integrarte a nuestro pelotón, y vagarás en este valle de lágrimas hasta que tu ciclo de vida llegue a su fin. Debes rezar para que esto sea pronto, puesto que padecerás mientras tanto, hambre y sed, calor y frío. Sufrirás y te contagiarás del dolor ajeno, y todo porque así, tú mismo lo decidiste. Podrás llorar, gritar, pero de nada te valdrá, y ahora incorpórate al grupo pues, otros como nosotros nos esperan en esta ruta endiablada.
  • Esperad, no podéis obligarme. Os lo suplico, esperad, aún no me he despedido de uno de mis hijos, es Juan, el más pequeño. Hace años que no se él. No sé, si habrá muerto. Partió un día de casa, en busca de una esperanza, pero aún no ha regresado.
  • Vamos, no insistas. Tiempo tuviste, cuando terrenalmente vivías para poder amar a tus hijos, ahora el tiempo es cruel con nosotros y cada segundo se nos hacen horas y las horas años.
  • Os prometo que me reuniré con vosotros. Siempre he sido un hombre de palabra, podéis creerme. Tan sólo quiero saber de mi hijo Juan -dijo suplicante aquel padre infeliz-.
  • Está bien, pero no olvides tu promesa. Acércate a la Morada de Eyael, él te revelará la verdad que buscas.
Y diciendo esto, aquel pelotón continuó lentamente su camino. No tenían prisa. Todos esperaban la liberación de aquella pesadilla que los mantenía cautivos de sus deseos, deseos que no podían satisfacer.
El padre de Juan buscó la morada de Eyael, y no tardó en llegar hasta sus puertas. Se acercó hasta la entrada y cuando aún no la había alcanzado, esta se abría ante él, invitándole una voz desde su interior a pasar.
  • Adelante, no tengas miedo. Te encuentras en la Morada de Eyael. Supongo, que querrás saber qué ha sido de tu hijo Juan, ¿no es cierto?
  • En efecto, así es. No tengo mucho tiempo, pues un largo recorrido me aguarda. He violado un principio capital atentando contra mi vida, pero antes quisiera despedirme de Juan. ¿Vive aún? -preguntó angustiadamente el desdichado espíritu, al que le aguardaba vagar errante por muchos años-.
  • Míralo por ti mismo.
Y diciendo esto, todo el paisaje se transfiguró, trasladándole a un lugar desconocido. Era un lugar diferente al que había conocido los últimos años. Le recordaba el pasado, cuando aún los preceptos de la Diosa Venus no habían sido violados.
Entre aquel hermoso paraje y confundiéndose con tanta belleza, pudo descubrir a Juan, su hijo pequeño. Estaba sumido en un profundo sueño. Le notó más envejecido y cansado, sus ropas hacían presumir que había caminado durante mucho tiempo y sufrido muchas penalidades. El padre de Juan se preguntó, cómo podría comunicarse con su hijo y fue Eyael, el que le dio la solución.
  • Puedes manifestarte aunque sea por una sola vez, en sus sueños, pero no lo olvides, tan sólo tienes una oportunidad.
Y siguiendo aquellas instrucciones, el padre de Juan penetró en los sueños de su hijo, y desde allí, le inspiró que tuviera fe, invitándole a no abandonar su empresa. Le habló de su familia y de su pueblo. Le explicó cuanto daño se había hecho así mismo acortando su vida, pero aún tenía la esperanza, de que algún día, todos volverían a encontrarse de nuevo en Zaim, la tierra de la alegría.
Con ese grato recuerdo, Juan saboreaba y recibía aquel nuevo día, y tuvo la sensación extraña, de que aquel sería un día muy especial.

...continuará

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 65

LECCIÓN 65

Mi única función es la que Dios me dio.

1. La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación. 2También te recuerda que no tienes ninguna otra función salvo ésa. 3Ambos pensamientos son obviamente necesarios para un com­promiso total. 4La salvación no podrá ser tu único propósito mien­tras sigas abrigando otros. 5Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función, y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo has inventado.

2. Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo. 2Ésta es la única manera en que puedes decir, y decirlo en serio: "Mi única función es la que Dios me dio". 3Y ésta es la única manera en que puedes encontrar paz.

3. Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o quince minutos para una sesión de práctica más prolongada, en la que trates de entender y aceptar el verdadero significado de la idea de hoy. 2La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar de todas las dificultades que percibes. 3Pone en tus manos la llave que abre la puerta de la paz, la cual tú mismo cerraste. 4Es la respuesta a la incesante búsqueda en la que has estado enfrascado desde los orígenes del tiempo.

4. Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días. 2Trata asi­mismo, de fijar esa hora de antemano, y de adherirte luego al máximo al horario establecido. 3El propósito de esto es organizar tu día de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persi­gues. 4Esto es parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera consistente para el propósito que comparte contigo.

5. En la sesión de práctica más prolongada, comienza repasando la idea de hoy. 2Luego cierra los ojos y repite la idea para tus adentros una vez más, observando tu mente con gran deteni­miento a fin de poder captar cualquier pensamiento que cruce por ella. 3Al principio, no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy. 4Trata, más bien, de poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla. 5Toma nota de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se presente, y deséchalos uno por uno a medida que te dices a ti mismo:

6Este pensamiento refleja un objetivo que me está impi­diendo aceptar mi única función.

6. Después de un rato, te resultará más difícil poder detectar los pensamientos que causan interferencia. 2Sigue tratando, no obs­tante, durante un minuto más o menos, intentando detectar algu­nos de los pensamientos vanos que previamente eludieron tu atención, pero sin afanarte o esforzarte innecesariamente en ello. 3Luego repite para tus adentros:

4Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función.

5No es preciso que uses estas mismas palabras, pero trata de tener la sensación de que estás dispuesto a que tus propósitos ilusorios sean reemplazados por la verdad.

7. Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la sesión de práctica a reflexionar sobre la importancia que dicha idea tiene para ti, el alivio que su aceptación te ha de brin­dar al resolver todos tus conflictos de una vez por todas, y lo mucho que realmente deseas la salvación, a pesar de tus absurdas ideas al contrario.

8. En las sesiones de práctica más cortas, que deben hacerse por lo menos una vez por hora, usa el siguiente modelo al aplicar la idea de hoy:

2Mi única función es la que Dios me dio. 3No quiero nin­guna otra ni tengo ninguna otra.

4Cierra los ojos en algunas ocasiones al practicar esto, y en otras, manténlos abiertos mientras miras a tu alrededor. 5Lo que ahora ves será totalmente diferente cuando aceptes la idea de hoy sin reservas.

¿Qué me enseña esta lección?

Cuando recuperamos la conciencia de la Unidad con Dios y con todos los seres creados por Él, estamos dispuestos, igualmente, a orientar nuestra vida hacia un único objetivo, la salvación. Salvarnos, significa dejar a un lado cualquier otra función con la que nos hayamos identificados. Somos la Luz del mundo, somos Amor y como tal debemos actuar.

Cuando lo hacemos de cualquier otro modo, estamos tomando otras funciones que nos alejarán de la esencial.

Ejemplo-Guía: ¿Qué te impide alcanzar la salvación y la felicidad?

En esta ocasión vamos a utilizar una metodología diferente a la que venimos usando para aplicar el contenido de la Lección.

No se trata de un ejemplo específico, la cuestión que se plantea es un ejercicio que nos invita a cada uno, individualmente, a reflexionar sobre las experiencias que interpretamos como las causas que nos impiden alcanzar la salvación y la felicidad. 
En dicha reflexión, nuestra mente nos ofrecerá la visión de todos los motivos a los cuales le hemos otorgado el poder para convertirse en los "obstáculos" que nos niega la experiencia de la salvación. Pero dicha visión, tan sólo es la punta del iceberg que logramos ver, es decir, es una parte del "todo", pues el iceberg no es tan sólo lo que vemos en la superficie, sino que para conocer en su integridad las características del mismo, debemos saber que el 90% del mismo se encuentra oculto a nuestros ojos, y lo que es lo más importante, lo que ocurre en esa gran masa oculta por las aguas del océano, repercute directamente en la parte visible del mismo.

Con ello, queremos decir, que lo que nos muestra nuestra mente en el análisis de lo que nos ocurre, tan sólo es una visión de los efectos, obviando que la verdadera causa se encuentra en la parte oculta del iceberg, es decir, en nuestra mente.

Bien, os invito a todos y cada uno de vosotros que me acompañéis en la búsqueda de esas causas-efectos. Yo os dejo algunos ejemplos para que os sirvan de guía:
  • Siempre estoy rodeado de un ambiente de disputas y controversias (Efectos).
  • En mi mente albergo pensamientos controvertidos e incoherentes (Causa).
  • La única manera de tener paz es enseñando paz (Salvación)
Otra guía:
  • Por mucho que lo intento, es que no aguanto a mi jefe. Me hace la vida imposible (Efectos).
  • En mi mente albergo pensamientos autoritarios que someten nuestra voluntad (Causa)
  • Cuando ves a un hermano como una entidad física "pierdes" su poder y su gloria así como los tuyos. Lo has atacado, pero tienes que haberte atacado a ti mismo primero. En tu hermano reside tu (Salvación).
Todo efecto, nos lleva a hacer real lo que forma parte de la ilusión. Esta afirmación debe calar en nuestra mente pues, de lo contrario, seguiremos identificándonos con un mundo que no favorece su sanación, pues nos lleva a creer que es el cuerpo el que enferma, cuando en verdad, el cuerpo es neutro y su única capacidad es comunicar lo que le dicta la mente.

Una vez que hemos entendido el sentido de los efectos, que carecen de significado, dirigimos nuestra atención al nivel de donde emanan las causas: nuestros pensamientos. Esta reorientación debe traducirse en la voluntad de elegir nuevamente, es decir, si el contenido de mi mente causa unos efectos que no me aportan paz, lo que debo hacer es elegir mentalmente la paz, tan sólo así, la paz formará parte de los efectos.

La consecuencia de esta reorientación, nos lleva ante las mismas puertas de la salvación. Si queremos recibir paz, debemos dar paz. 

Reflexión: ¿Qué te impide ser feliz?