sábado, 23 de marzo de 2024

Capítulo 4. V. La ilusión del ego-cuerpo

 V. La ilusión del ego-cuerpo

1. Todas las cosas obran conjuntamente para el bien. 2En esto no hay excepciones, salvo a juicio del ego. 3El ego se mantiene extre­madamente alerta con respecto a lo que permite llegar hasta la conciencia, y ésa no es la manera en que una mente equilibrada se mantiene ecuánime. 4El desequilibrio del ego se acentúa aún más porque mantiene su motivación principal oculta de tu con­ciencia, y hace que el control predomine sobre la cordura. 5El ego tiene todas las razones del mundo para hacer esto, de acuerdo con el sistema de pensamiento que le dio origen y al que sirve. 6Puesto que el sano juicio juzgaría irrevocablemente contra él, el ego lo tiene que eliminar en aras de su propia supervivencia.


La primera afirmación recogida en este punto, genera confusión para el sistema de pensamiento en el que se fundamenta las creencias del ego. Es más, juzgaría de locura tal afirmación, argumentando que está fuera de la realidad que percibe: ¿cómo es posible que la enfermedad, el dolor, las guerras, los asesinatos, las violaciones, la pobreza, etc.., sean para nuestro bien?

Tal vez, al reflexionar sobre estas motivaciones, también te aborde la duda si la afirmación recogida en este apartado es pura chaladura.

Todo dependerá de tu estado mental, de tu estado de creencia. Si consideras que las cosas ocurren para dañarnos, para castigarnos por nuestros pecados, o simplemente ocurren, porque tienen que ocurrir, sin más sentido, entonces tendrás razones para argumentar en contra de tal afirmación, pues has elegido seguir el juego al sistema de pensamiento del ego, que basa sus juicios en el miedo, en un mundo donde impera la percepción errónea sobre la visión correcta.

Para el ego, las cosas son buenas o malas. En su sistema de pensamiento todo ha de pasar por el  filtro del juicio. Pero una dedicación más detenida y profunda de las cosas que ocurren en el mundo de la percepción, nos permitirá reconocer que las cosas tienen otra lectura, otra visión y que no tienen por qué ser así. 

Todo efecto está unido a una causa. Descubrir la verdadera causa es la clave para determinar si las cosas obran conjuntamente para el bien. Lo que ocurre, nunca es casual. Más allá del juicio moral en el que se regocija el ego, lo que ocurre, siempre tiene como único fin, el que nuestra consciencia reconozca nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera procedencia. Recordar lo que realmente somos, es el final de la hegemonía del ego. Desde esta nueva visión, consecuencia de ese reencuentro con nuestra verdadera identidad, todo ocurre para nuestro bien.

2. Una de las causas principales del estado de desequilibrio del ego es su falta de discernimiento entre lo que es el cuerpo y lo que son los Pensamientos de Dios. 2Los Pensamientos de Dios son inaceptables para el ego porque apuntan claramente al hecho de que él no existe. 3El ego, por lo tanto, los distorsiona o se niega a aceptarlos. 4Pero no puede hacer que dejen de existir. 5El ego, por consiguiente, trata de ocultar no sólo los impulsos "inacepta­bles" del cuerpo, sino también los Pensamientos de Dios, ya que ambos suponen una amenaza para él. 6Dado que lo que básica­mente le preocupa es su propia supervivencia ante cualquier amenaza, el ego los percibe a ambos como si fueran lo mismo. 7Y al percibirlos así, evita ser aniquilado, como de seguro lo sería en presencia del conocimiento.

La percepción correcta, nos abrirá una nueva visión de la realidad que somos. El cuerpo, ese envoltorio temporal con el que percibimos el mundo material, no se convertirá en una causa de nuestras tribulaciones y de nuestras debilidades, sino que será utilizado para facilitar la expresión de los valores del espíritu. Para ello, debemos conocer que el cuerpo es neutral y que está al servicio de nuestra mente. Por lo tanto, es en nuestra mente donde debemos buscar la causa errónea a corregir.

3. Cualquier sistema de pensamiento que confunda a Dios con el cuerpo no puede por menos que ser demente. 2Sin embargo, esa confusión es esencial para el ego, que juzga únicamente en fun­ción de lo que supone o no una amenaza para él. 3En cierto sen­tido su temor a Dios es cuando menos lógico, puesto que la idea de Dios hace que el ego se desvanezca. 4Pero que le tenga miedo al cuerpo, con el que se identifica tan íntimamente, no tiene nin­gún sentido.

Poner fin al ego no significa poner fin al cuerpo. Como hemos dicho en el punto anterior, el cuerpo es una herramienta al servicio de la mente. No es una creación de Dios, pero sí una fabricación de nuestra mente creadora, por lo que debemos utilizarlo para ponerlo al servicio de la mente recta que ha de conducirnos hacia el reencuentro con nuestro Padre.

Utilizar el cuerpo, sin miedo, sin apego, con amor, es un modo de poner fin a la autoridad ilusoria del ego, que como hemos dicho en otras ocasiones, es el fruto de la creencia en la separación y en la división.

4. El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido para sí. 2Ésta es la única identificación con la que se siente seguro, ya que la vulnera­bilidad del cuerpo es su mejor argumento de que tú no puedes proceder de Dios. 3Ésta es la creencia que el ego apoya ferviente­mente. 4Sin embargo, odia al cuerpo porque no lo considera lo suficientemente bueno como para ser su hogar. 5En este punto es donde la mente queda definitivamente. aturdida. 6Habiéndole dicho el ego que ella es realmente parte del cuerpo y que el cuerpo es su protector, también le dice que el cuerpo no puede protegerla. 7Por consiguiente, la mente inquiere: "¿Dónde puedo encontrar protección?", a lo que el ego responde: "En mí". 8La mente, y no sin razón, le recuerda al ego que él mismo ha insistido que con lo que ella se tiene que identificar es con el cuerpo, de modo que no tiene objeto recurrir a él para obtener protección. 9El ego no dis­pone de una respuesta plausible para esto, puesto que no la hay, pero sí dispone de una solución típica: 10eliminar la pregunta de la conciencia. 11Una vez fuera de la conciencia la pregunta puede producir desasosiego, y de hecho lo produce, pero no puede ser contestada porque no puede ser planteada.

La ambigüedad, es el estado mental propio del ego. La confusión genera miedo en la conciencia y en la visión correcta de lo que somos, hace que descubramos la falta de coherencia en las creencias en las que el ego basa su sistema de creencias. 

Desde que nacemos se nos educa para atender las necesidades del vehículo con el que nos encontramos identificados. No enseñan que con la muerte termina todo y nuestra identidad se difumina en un estado de no existencia. Esa visión genera miedo, y nos ofrece una vida donde el goce, la posesión, la rivalidad, el poder, etc., se convierten en  objetivos que han de asegurar nuestra sobrevivencia.

5. Ésta es la pregunta que debes hacerte: "¿Adónde debo acudir en busca de protección?" 2”Busca y hallarás" no significa que tengas que buscar ciega y desesperadamente algo que no podrías reconocer. 3La búsqueda que tiene sentido se emprende consciente­mente, se organiza conscientemente y se dirige conscientemente. 4El objetivo debe formularse claramente y luego tenerse siempre presente. 5Aprender y querer aprender son inseparables. 6Te resulta más fácil aprender cuando crees que lo que estás tratando de aprender tiene valor para ti. 7Ahora bien, no todo lo que tal vez quieras aprender tiene valor duradero. 8En realidad, muchas de las cosas que quieres aprender tal vez las hayas escogido precisa­mente porque su valor es efímero.

Cuando agotamos al cuerpo, a nuestra mente, en la ardua búsqueda de atrapar lo que consideramos nuestra felicidad, ese agotamiento no ha conseguido su meta, pues la felicidad que persigue en el mundo de la ilusión y de la temporalidad, es efímera. Tal vez, como consecuencia de ese agotamiento infructuoso, decidamos dirigir la mirada hacia otro sitio y elegimos ver las cosas de otra manera. Nos decimos, las cosas no tienen por qué ser así, y será en ese momento que debemos recordar que todo objetivo de aprendizaje debe formularse claramente y luego tenerse siempre presente. No se trata de dar un paso hacia delante y dos hacia atrás. Es por ello que este punto nos recuerda, que aprender y querer aprender son inseparables.

6.  El ego cree que es una ventaja no comprometerse con nada que sea eterno, ya que lo eterno sólo puede proceder de Dios. 2La eternalidad es la única función que el ego ha tratado de desarrollar, si bien ha fracasado repetidamente. 3El ego transige con la cuestión de lo eterno, al igual que con todas las cuestiones que de algún modo tienen que ver con la verdadera pregunta, la cual espera encubrir y mantener fuera de la conciencia ocupándose de asuntos marginales. 4La tendencia típica del ego de estar continuamente ocupado con nimiedades tiene como objeto apoyar ese propósito. 5Uno de sus ardides favoritos para obstaculizar el aprendizaje es embarcarse en problemas diseñados de tal manera que su resolución sea imposible. 6La pregunta que nunca formulan quienes se embarcan en tales maniobras dilatorias es: "¿Para qué?" 7Esa es la pregunta que tú tienes que aprender a plantear en relación con todo. 8¿Qué propósito tiene esto? 9Sea cual fuere, dirigirá tus esfuerzos automáticamente. 10Cuando tomas una decisión con respecto a un propósito, tomas una decisión con respecto a los esfuerzos que vas a llevar a cabo en el futuro. 11Y esta decisión permanecerá en vigor a menos que cambies de parecer.

No es lo mismo preguntarse, ¿por qué?, que ¿para qué? Si reflexionamos sobre estas cuestiones, descubriremos que la cuestión más utilizado por el ego, es el ¿por qué?, pues en verdad, no desea conocer la verdad, sino sentirse víctima de los efectos que le depara su mundo de percepción. El por qué no nos lleva a conocer el sentido profundo de aquello que nos ocurre. El por qué negará la afirmación con la que hemos empezado este punto: todas las cosas obran conjuntamente para nuestro bien. Si participara de esa afirmación, no tendría motivos para preguntarse el porqué de las cosas que nos ocurren.

En cambio, el para qué sí orienta nuestra mirada hacia nuestro interior. No juzga lo acontecido, sino que busca su razón de ser, la misma que nos llevará a tomar consciencia de que su sentido aportará un bien en nuestra manera de ver las cosas.

viernes, 22 de marzo de 2024

Capítulo 4. IV. Esto no tiene por qué ser así

 IV. Esto no tiene por qué ser así.

1. Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla. 2Pero que sí escuchas a la voz de tu ego lo demues­tran tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento. 3No obstante, eso es lo que quieres. 4Eso es por lo que luchas y lo que procuras proteger manteniéndote alerta. 5Tu mente está repleta de estratagemas para hacer quedar bien al ego, pero no buscas la faz de Cristo. 6El espejo en el que el ego trata de ver su rostro es ciertamente tenebroso. 7¿De qué otra manera, sino con espejos, podría seguir manteniendo la falsedad de su existencia? 8Con todo, dónde buscas para encontrarte a ti mismo depende de ti.


La claridad de este punto, responde a muchas cuestiones planteadas por los aspirantes a la Luz. ¿Cómo distinguir la voz del ego, de la Voz de Dios? Es la eterna duda que se suscita en nuestro interior. El simple hecho de que esa duda exista en nuestra mente es el indicio manifiesto de que estamos oyendo la voz del ego. De otro modo, no dudaríamos. Esa es la única creencia que desmantela los planes y las resistencias a las que nos tiene acostumbrado el ego.

"Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla". Elegir es la clave. Volvemos al punto esencial que ha de orientar nuestro rumbo hacia el único destino verdadero. Para elegir, debemos movilizar nuestra voluntad con el único propósito de hacer la Voluntad del Padre, esto es, Ser lo que Somos, Espíritus de Luz dotados con la capacidad creadora con la que hemos sido creados.

Elegir oír la Voz del Padre, nos permitirá sintonizar con la frecuencia del Amor. Si albergamos pensamientos cuya frecuencia no reproduce el canal del Amor, entonces, estaremos captando las frecuencias propias del ego, cuyas características son reconocibles por la carencia del Amor y por la presencia del miedo.

2. He dicho que no puedes cambiar de mentalidad modificando tu conducta, mas he dicho también, y en muchas ocasiones, que puedes cambiar de mentalidad. 2Cuando tu estado de ánimo te diga que has elegido equivocadamente, y esto es así siempre que no te sientes contento, reconoce entonces que ello no tiene por qué ser así. 3En cada caso, has pensado mal acerca de algún hermano que Dios creó, y estás percibiendo imágenes que tu ego forja en un espejo tenebroso. 4Examina honestamente qué es lo que has pensado que Dios no habría pensado, y qué no has pensado que Dios habría querido que pensases. 5Examina honestamente tanto lo que has hecho como lo que has dejado sin hacer, y cambia entonces de mentalidad para que así puedas pensar con la Mente de Dios. 6Esto puede parecer difícil, pero es mucho más fácil que intentar pensar al revés de como piensa Él. 7Tu mente y la de Dios son una. 8Negar esto y pensar de otra manera ha conser­vado a tu ego intacto, pero ha dividido literalmente a tu mente. 9Como hermano que te ama, tu mente es de suma importancia para mí, y te exhorto a seguir mi ejemplo cuando te contemples a ti mismo y cuando contemples a tu hermano, y a que veas en ambos las gloriosas creaciones de un Padre glorioso.

¿Qué debo hacer Padre, para actuar según tu Voluntad? Tal vez, te sientas
identificado con esta súplica. La consideramos lícita para ganar la atención de nuestro Padre. Creemos que haciendo las cosas de manera diferente estaremos haciendo lo correcto. Pero este punto, va más allá de esta visión. Y lo hace, dirigiendo el poder transformador en la verdadera causa que realmente importa, el contenido de nuestra mente. 

Pensar con Dios, es lo esencial, lo demás vendrá por añadidura. Queremos decir con ello, que no podemos actuar diferente a como pensamos, pues los pilares no se sostendrán. Nuestra mentalidad no cambia modificando nuestra conducta. Es por ello, que debemos orientar la fuerza de nuestra voluntad en modificar nuestra mentalidad. Cuando se tiene la evidencia de lo que somos en realidad, nuestros actos serán la consecuencia directa de esa visión Interior. 

3. Cuando te sientas triste, reconoce que eso no tiene por qué ser así. 2Las depresiones proceden de una sensación de que careces de algo que deseas y no tienes. 3Recuerda que no careces de nada, excepto si así lo decides, y decide entonces de otra manera.

Tomar consciencia de que los estados emocionales y mentales que percibimos son nuestras propias creaciones, es un paso muy importante para modificar dicha percepción, pues dejaremos de buscar fuera de nosotros a los culpables de nuestros estados y dejaremos, igualmente, de buscar fuera a los "sanadores" de nuestras pesadumbres. 

Descubrir que aquello que percibimos tiene como origen nuestro modo de ver las cosas, nos permitirá elegir ver de otra manera y con ello, percibir de manera correcta.

4. Cuando sientas ansiedad, date cuenta de que la ansiedad pro­cede de los caprichos del ego. aReconoce que eso no tiene por qué ser así. 2Puedes estar tan alerta contra los dictados del ego como en su favor.

Tristeza, ansiedad, temor, depresión, cansancio, podríamos enumerar toda una lista de síntomas que tienen su origen en la mentalidad errada, la que se sostiene bajo los fundamentos del miedo, la característica principal del ego. Reconocer que esta visión no tiene por qué ser así, nos permitirá elegir verlo de otra manera.

5. Cuando te sientas culpable, recuerda que el ego ciertamente ha violado las leyes de Dios, pero tú no. 2Los "pecados" del ego déjamelos a mí. 3Ése es el propósito de la Expiación. 4Pero hasta que no cambies de parecer con respecto a aquellos a quienes tu ego ha herido, la Expiación no podrá liberarte. 5Si te sigues sintiendo culpable es porque tu ego sigue al mando, ya que sólo el ego puede experimentar culpabilidad. 6Eso no tiene por qué ser así.

Otra de las oraciones que elevamos a Dios, hace referencia al peso de la culpa. ¡Padre libéranos de la culpa y permite que perdone a mis hermanos!

Para el ego, Dios se encuentra fuera de nosotros, en el cielo. Esta creencia no se sustenta en la verdad, sino en conceptos alegóricos que se expresan en un lenguaje simbólico adaptado a las mentes infantiles que son incapaces de ver la realidad. Con esa visión, el ego inspira oraciones que le permita vislumbrar un rayo de luz que los libere del peso de la culpa. Vivir en la oscuridad, en el miedo, es agotador.

Este punto nos ilumina con una visión real. El Hijo de Dios no puede pecar. Es el ego quien ha violado las leyes de Dios. El Ser Espiritual que Somos es Inocente y Perfecto.

En el mundo de percepción con el que nos encontramos identificados, debemos utilizar el perdón como la vía de expiación que ha de llevarnos a rectificar el error de la separación y la dualidad. En este sentido, pedir perdón, si no va acompañado de un cambio de visión con respecto a nuestros hermanos, no servirá para nada. 

6. Vigila tu mente contra las tentaciones del ego, y no te dejes engañar por él. 2No tiene nada que ofrecerte. 3Cuando hayas abandonado ese des-ánimo voluntario, verás como tu mente puede concentrarse, trascender toda fatiga y sanar. 4No obstante, no te mantienes lo suficientemente alerta contra las exigencias del ego como para poder librarte de ellas. 5Eso no tiene por qué ser así.

El capítulo que estamos analizando tiene el firme propósito de que tomemos consciencia de que tenemos la capacidad de elegir entre la visión del ego y la visión de Dios. Repite, en cada uno de sus puntos, la frase "Eso no tiene por qué ser así", de modo que forme parte de nuestra manera de ver las cosas de una manera correcta.

7. El hábito de colaborar con Dios y Sus creaciones se adquiere fácilmente si te niegas diligentemente a dejar que tu mente diva­gue. 2No se trata de un problema de falta de concentración, sino de la creencia de que nadie, incluido tú, es digno de un esfuerzo continuo. 3Ponte de mi parte sistemáticamente contra este engaño, y no permitas que esa desafortunada creencia te retrase. 4Los des­corazonados no pueden ayudarse a sí mismos ni me pueden ayu­dar a mí. aSin embargo, sólo el ego puede sentirse descorazonado.

La cuestión es: ¿estás, realmente, decidido a oír la Voz del Padre? Vive y piensa en Él.

8. ¿Te has detenido a pensar seriamente en las muchas oportuni­dades qué has tenido de regocijarte y en cuántas has dejado pasar? 2El poder de un Hijo de Dios es ilimitado, pero él puede restringir la expresión de su poder tanto como quiera. 3Tu mente y la mía pueden unirse para desvanecer con su luz a tu ego, liberando la fuerza de Dios para que reverbere en todo lo que hagas o pienses. 4No te conformes con menos, y niégate a aceptar como tu objetivo nada que no sea eso. 5Vigila tu mente con sumo cuidado contra cualquier creencia que se interponga en el logro de tu obje­tivo, y recházala. 6Juzga por tus sentimientos cuán bien has hecho esto, pues ése es el único uso acertado del juicio. 7Los juicios, al igual que cualquier otra defensa, se pueden utilizar para atacar o para proteger, para herir o para sanar. 8Al ego se le debe llevar a juicio y allí declararlo inexistente. 9Sin tu lealtad, protección y amor, el ego no puede existir. 10Deja que sea juzgado imparcial­mente y no podrás por menos que retirarle tu lealtad, tu protec­ción y tu amor.

De este apartado, me quedo con dos afirmaciones que considero muy valiosas. Por un lado, saber, que sin mi lealtad, protección y amor, el ego no puede existir. Esto es así, porque el ego es una fabricación de la mente.

Por otro lado, saber cuál es la aplicación correcta del juicio, el reconocimiento de la verdad, me permite tomar la decisión de llevar al ego a juicio y allí declararlo inexistente. Esa sentencia exige una manera distinta de ver las cosas.

9. Eres un espejo de la verdad, en el que Dios Mismo brilla en perfecta luz. 2Al tenebroso espejo del ego no tienes sino que decirle: "No voy a mirar ahí porque sé que esas imágenes no son verdad". 3Deja entonces que el Santísimo brille sobre ti en paz, sabiendo que así y sólo así es como debe ser. 4Su Mente resplandeció sobre ti en tu creación y le dio existencia a tu mente. 5Su Mente resplandece todavía sobre ti y no puede sino resplandecer a tra­vés de ti. 6Tu ego no puede impedir que Dios resplandezca sobre ti, pero sí puede impedirte que le dejes resplandecer a través de ti.

Las falsas creaciones de la mente nos llevan a identificarnos con las percepciones propias que dan vida temporal al ego. Esa ilusión se convierte en un obstáculo para que la Luz de Dios llegue a nuestra mente iluminándola con la Verdad.

10. El Primer Advenimiento de Cristo no es más que otro nombre para la creación, pues Cristo es el Hijo de Dios. 2El Segundo Adve­nimiento de Cristo no significa otra cosa que el fin del dominio del ego y la curación de la mente. 3Al igual que tú, fui creado en el primero, y te he llamado para que te unas a mí en el segundo. 4Estoy a cargo del Segundo Advenimiento,  mi juicio, que se usa solamente como protección, no puede ser erróneo porque nunca ataca. 5El tuyo puede estar tan distorsionado que hasta creas que me equivoqué al escogerte. 6Te aseguro que eso es un error de tu ego. 7No lo confundas con humildad. 8Tu ego está tratando de convencerte de que él es real y de que yo no lo soy, ya que si yo soy real, no puedo ser más real que tú. 9Ese conocimiento -y te aseguro yo que es conocimiento- significa que Cristo ha venido a tu mente y la ha sanado.

¡Acepto el Segundo Advenimiento de Cristo!

11.     Yo no ataco a tu ego. 2Trato con tu mente superior -la morada del Espíritu Santo- tanto si estás dormido como si estás des­pierto, al igual como tu ego trata con tu mente inferior, que es su hogar. 3Me mantengo alerta por ti con respecto a esto porque tú estás tan confundido que te resulta imposible reconocer tu propia esperanza. 4No estoy equivocado. 5Tu mente optará por unirse a la mía, y juntos somos invencibles. 6Tu y tu hermano os uniréis final­mente en mi nombre, y vuestra cordura os será restaurada. 7Resu­cité a los muertos porque sabía que la vida era un atributo eterno de todo lo que el Dios viviente creó. 8¿Por qué crees que habría de ser más difícil para mí inspirar a los des-animados o estabilizar lo inestable? 9Yo no creo que haya grados de dificultad en los mila­gros; tú sí. 10Te he llamado y tú responderás. 11Yo comprendo que los milagros son acontecimientos naturales porque son expresio­nes de amor. 12El que yo te llame es tan natural como el que tú me respondas, e igualmente inevitable.

Este punto define claramente, que tenemos la libertad para elegir servir a Dios, o, servir al ego. Cuando nuestra mente sirve a Dios, estamos tratando con la mente superior, que es la morada del Espíritu y donde compartimos con el resto de la Filiación, la Unidad y el Amor.

Cuando nuestra mente sirve al ego, estamos tratando con la mente inferior, que es la morada de la personalidad falsa que compartimos bajo la apariencia de los cuerpos y bajo la creencia en la separación.

Jesús, nuestro hermano mayor, nos invita a despertar, a mantenernos alerta en el uso de nuestra voluntad, de nuestra elección, pues sabedor de que es la mente la que aporta argumentos a nuestras creencias, nos recuerda de que nuestra salvación está en la libre elección de recorrer, junto a nuestros hermanos, el camino del Amor.

¡Qué así sea!

jueves, 21 de marzo de 2024

Capítulo 4. III. Amor sin conflicto.

 III. Amor sin conflicto.

1. Es difícil entender lo que realmente quiere decir "El Reino de los Cielos está dentro de ti". 2Ello se debe a que no es comprensi­ble para el ego, que lo interpreta como si algo que está afuera estuviese adentro; lo cual no tiene sentido. 3La palabra "adentro" es innecesaria. 4Tú eres el Reino de los Cielos. 5¿Qué otra cosa sino a ti creó el Creador?, y ¿qué otra cosa sino tú es Su Reino? 6Éste es el mensaje de la Expiación, mensaje que, en su totalidad, trans­ciende la suma de sus partes. 7Tú también tienes un Reino que tu espíritu creó. 8Éste no ha dejado de crear como consecuencia de las ilusiones del ego. 9Tus creaciones no son huérfanas, de la misma manera en que tú tampoco lo eres. 10Tu ego y tu espíritu nunca serán co-creadores, pero tu espíritu y tu Creador lo serán siempre. 11Ten por seguro que tus creaciones están tan a salvo como tú. 

12El Reino está perfectamente unido y perfectamente protegido, y el ego no prevalecerá contra él. 13Amén.


Ya hemos visto cómo el ego es la consecuencia de haber elegido proyectar la capacidad creadora con el propósito de alcanzar lo deseado. Ese deseo nos ha llevado a fabricar una realidad ilusoria con la que nos hemos identificado y a la que hemos otorgado el poder de aportarnos una identidad. 

El mundo físico, tal y como lo percibimos, es la réplica tangible de las imágenes que han ocupado nuestros deseos. De este modo, el mundo exterior, es la proyección del contenido de nuestra mente. Surge la dualidad como la expresión de la creencia en la separación con el Creador. Siendo así, los conceptos "dentro" y "afuera", se convierten en expresiones ilusoria para definir al ego y al espíritu. 

Cuando se alude a lo interior, se relaciona a aspectos espirituales, de ahí la expresión "El Reino de los Cielos se encuentra dentro de ti". Dicha frase, no hace referencia a un "reino" material, adornado con elementos físicos, sino que alude al "Efecto" de la Obra Divina, cuya Causa no es otra que Expandirse a Sí Mismo, dando lugar al Hijo de Dios. También se recoge en los Textos Sagrados, que el "Reino de Dios no es de este mundo", y esta afirmación hay que entenderla desde el punto de vista que estamos analizando. El Hijo de Dios no es fruto del ego, por lo tanto, no es un envoltorio material con identidad dual y temporal.

El Hijo de Dios, es el fruto de la Obra Creadora, es decir, es el Reino de los Cielos y como tal goza de todas las Cualidades de su Creador.

2.  Esto se ha escrito en forma de oración porque así puede serte más útil en momentos de tentación. 2Es una declaración de inde­pendencia. 3La encontrarás muy provechosa si la entiendes cabal­mente. 4El que necesites mi ayuda se debe a que has negado a tu propio Guía, y, por consiguiente, necesitas ser guiado. 5Mi papel consiste en separar lo falso de lo verdadero, para que la verdad pueda traspasar las barreras que el ego ha erigido y así brillar en tu mente. 6El ego no puede imperar en contra de nuestra fuerza conjunta.

Todas las Enseñanzas Sagradas, incluida la de UCDM, deben ser entendidas como guías que nos facilitarán el retorno a nuestro verdadero Hogar; nos facilitarán el re-cordar lo que realmente somos, pues en nuestra labor creadora, hemos fabricado un "reino" cuyos muros nos ocultan la Verdad y nos mantienen prisioneros del olvido de nuestra verdadera identidad.

Como ya hemos tenido ocasión de referir en anteriores apartados, esta guía debe llevarnos a las puertas del Conocimiento, estado de consciencia donde ya no será necesaria su ayuda, pues habremos recordado nuestro Ser.

3. Es seguro que a estas alturas resulta evidente por qué el ego considera que el espíritu es su "enemigo". 2El ego surgió como resultado de la separación, y la continuidad de su existencia de­pende de que tú sigas creyendo en la separación. 3El ego tiene que ofrecerte algún tipo de recompensa para que sigas abrigando esta creencia. 4Lo único que puede ofrecerte es una sensación de exis­tencia temporal que se origina con su propio comienzo y termina con su propio final. 5Te dice que esa vida es tu existencia porque es la suya propia. 6Frente a ésta sensación de existencia temporal, el espíritu te ofrece el conocimiento de la permanencia y de la inmutabilidad del estado de ser. 7Nadie que haya experimentado la revelación de esto puede volver a creer completamente en el ego otra vez. 8¿Cómo iba a poder imperar su miserable oferta por encima del glorioso regalo que Dios te hace?

La percepción verdadera se traducirá en ese estado de revelación al que hace referencia este punto y que se caracterizará por la nueva visión que aplicaremos a lo percibido. Ver las cosas de otra manera, es una invitación a alcanzar ese estado de revelación que ha de llevarnos a una profunda transformación de nuestras creencias.

4. Tú que te identificas con el ego no puedes creer que Dios te ame. 2No amas lo que hiciste, y lo que hiciste no te ama a ti. 3El ego, que fue engendrado como resultado de tú haber negado al Padre, no le guarda lealtad a su hacedor. 4No puedes ni imagi­narte la relación real que existe entre Dios y Sus creaciones debido al odio que le tienes al ser que fabricaste. 5Proyectas sobre el ego tu decisión de estar separado, y esto entra en conflicto con el amor que, por ser su hacedor, sientes por él. 6No hay amor en este mundo que esté exento de esta ambivalencia, y puesto que ningún ego ha experimentado amor sin ambivalencia, el amor es un con­cepto que está más allá de su entendimiento. 7El amor aflorará de inmediato en cualquier mente que de verdad lo desee, pero tiene que desearlo de verdad. 8Esto quiere decir desearlo sin ninguna ambivalencia, y esta forma de desear está completamente despro­vista de la "compulsión de obtener" del ego.

De este punto me gustaría resaltar dos aspectos. El primero de ellos, nos hace conscientes de que donde exista ambivalencia no puede surgir el amor. El Amor es la expresión del Espíritu Santo o Estado de Unidad del Ser con su Creador.

Por otro lado, es importante que reparemos en lo aportado en la última frase de este punto: El amor aflorará de inmediato en cualquier mente que de verdad lo desee, pero tiene que desearlo de verdad. La firmeza de la voluntad en esa dirección es esencial para cualquier logro espiritual.

5. Existe una clase de experiencia tan diferente de todo lo que el ego pudiera ofrecerte que nunca más querrás volver a encubrirla u ocultarla. 2Es necesario repetir que tu creencia en la oscuridad y en la ocultación es la razón de que la luz no pueda pasar. 3La Biblia hace referencia frecuentemente a los inconmensurables dones que te aguardan, pero que tienes que pedir. 4Ésta no es una condición como las que el ego establece, 5sino que es la gloriosa condición de lo que tú eres.

Si nos vemos en la necesidad de pedir, es debido a nuestro pensamiento de carencia propio del código mental del ego, que se basa en la escasez. 

Como Hijos de Dios, somos herederos legítimos de Su Dones. No tenemos que pedir aquello que ya somos, pero sí tenemos que creer, sin ambigüedad, en lo que Somos.

6. Ninguna fuerza excepto tu propia voluntad es lo suficiente­mente fuerte o digna como para poder guiarte. 2En esto eres tan libre como Dios, y así será eternamente. 3Pidámosle al Padre en mi nombre que te mantenga consciente de Su Amor por ti y del tuyo por Él. 4Él nunca ha dejado de responder a este ruego, pues lo único que éste pide es lo que Su Voluntad ya ha dispuesto. 5Quienes piden sinceramente siempre reciben respuesta. 6No debes anteponer otros dioses a Él porque no hay otros dioses.

La lectura de este punto no debemos hacerlo a la ligera, pues en su contenido se revela un principio Esencial que debemos integrar en nuestra consciencia, de tal modo, que se convierta en el objetivo central de nuestra existencia: Ninguna fuerza excepto tu propia voluntad es lo suficiente­mente fuerte o digna como para poder guiarte.

Este Principio nos iguala a Dios, en el sentido que compartimos el hecho de ser libres. La Voluntad nos hace libres. Libres para dirigir nuestras energías en una dirección u otra. Libres, para disipar la oscuridad, para elegir, para ver las cosas de otra manera, para recordar lo que verdaderamente somos.

El Hijo de Dios, creado a Imagen y Semejanza del Creador, cuenta con el Atributo necesario para poder crear, esto es, la Voluntad. La orientación que demos a esa Voluntad, si sirve al Amor, creará verdades eternas. Si, en cambio, sirve al miedo, a la separación, fabricará verdades erróneas e ilusorias.

7. Nunca se te ha ocurrido realmente renunciar a todas las ideas que jamás hayas tenido que se oponen al conocimiento. 2Conser­vas miles de retazos de temor que le impiden la entrada al Santísimo. 3La luz no puede filtrarse a través de los muros que levantas para obstruir su paso, y nunca estará dispuesta a destruir lo que tú has hecho. 4Nadie puede ver a través de un muro, pero yo puedo transponerlo. 5Mantente alerta contra los retazos de miedo que aún conservas en tu mente o,  de lo contrario, no podrás pedirme que lo transponga. 6Sólo puedo ayudarte tal como nues­tro Padre nos creó. 7Te amaré, te honraré y respetaré absoluta­mente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad. 8Nunca te abandonaré tal como Dios tampoco te abando­nará, pero tengo que esperar, mientras tú continúes eligiendo abandonarte a ti mismo. 9Debido a que espero con amor y no con impaciencia, es indudable que me pedirás con sinceridad que lo transponga. 10Vendré en respuesta a toda llamada inequívoca.

Recordar a Dios, es recordad lo que somos. La oscuridad, es una creación falsa, en verdad, es la ausencia de Luz. Donde hay luz no existe oscuridad. Donde hay Conocimiento no hay error. Donde hay Conocimiento, hay verdad. Donde la voluntad sirve al Amor, tan sólo hay Paz. La ausencia de Amor, nos sitúa en un escenario donde impera la oscuridad y donde percibimos los efectos del miedo, del dolor y del sufrimiento.

Cuando somos niños y experimentamos los efectos de una pesadilla, pedimos a nuestros padres que dejen encendida la luz de nuestra habitación. La luz nos aporta tranquilidad, pues nos permite percibir correctamente. 

De igual modo debemos actuar cuando en nuestra vida percibamos la oscuridad. Llamar a nuestro Padre y pedirle, desde el corazón, que encienda la luz en nuestra Mente. Él nos contestará y pulsará el interruptor para que esa luz sea una realidad, lo único que debemos hacer, es dirigir nuestra voluntad hacia Él y abrir las puertas de nuestro corazón, reconociendo su Presencia.

8. Examina detenidamente qué es lo que estás realmente pidiendo. 2Sé muy honesto contigo mismo al respecto, pues no debemos ocultarnos nada el uno al otro. 3Si realmente tratas de hacer esto, habrás dado el primer paso en el proceso de preparar a tu mente a fin de que el Santísimo pueda entrar en ella. 4Nos prepararemos para ello juntos, pues una vez que Él haya llegado, estarás listo para ayudarme a preparar otras mentes a que estén listas para Él. 5¿Hasta cuándo vas a seguir negándole Su Reino?

Esa es la cuestión. Nadie puede tomar esa decisión por nosotros. Nadie puede doblegar nuestra voluntad y obligarnos a tomar una decisión u otra. ¿Hasta cuándo vamos a servir al ego?

9. En tu propia mente, aunque negada por el ego, se encuentra la declaración que te hará libre: 2Dios te ha dado todo. 3Este simple hecho significa que el ego no existe, y esto le atemoriza mortal­mente. 4En el lenguaje del ego, "tener" y "ser" significan dos cosas distintas, si bien para el Espíritu Santo son exactamente lo mismo. 5El Espíritu Santo sabe que lo "tienes" todo y que lo "eres" todo. 6Cualquier distinción al respecto es significativa solamente cuando la idea de "obtener", que implica carencia, ha sido previa­mente aceptada. 7Por eso es por lo que no hacemos ninguna dis­tinción entre tener el Reino de Dios y ser el Reino de Dios.

Es en nuestra mente donde debemos ver la verdad. Es en nuestra mente donde hemos elegido ver un mundo diferente al de Dios. Es en nuestra mente donde debemos utilizar la voluntad para recordar lo que somos. Por lo tanto, es desde nuestra mente que debemos elevar nuestra petición a nuestro Padre y exhortarlo a que disipe la oscuridad con la que nos hemos identificados.

¡Espíritu Santo!, te entrego cada uno de mis pensamientos para que puedan crear luz.

10. Al sereno ser del Reino de Dios, del que eres perfectamente consciente cuando estás en tu sano juicio, se le expulsa sin mira­mientos de aquella parte de la mente que el ego rige. 2El ego está desesperado porque se enfrenta a un contrincante literalmente invencible, tanto si estás dormido como si estás despierto. 3Observa cuánta vigilancia has estado dispuesto a ejercer para proteger a tu ego, y cuán poca para proteger a tu mente recta. 4¿Quién, sino un loco, se empeñaría en creer lo que no es cierto, y en defender después esa creencia a expensas de la verdad?

La decisión del Hijo de Dios de utilizar la voluntad para crear un mundo diferente al de Su Padre, le ha llevado a creer que ha sido expulsado de la Mente de Su Creador, de su Hogar, pues, ha interpretado, ha juzgado, que su propio acto era merecedor del castigo divino, el cual, se manifestó con la expulsión del mítico Edén, representación del estado de unidad compartido con el Padre. Esa decisión dio lugar al estado de “sueño” en el que la mente quedó sumida, y del cual, aún no ha despertado.

Subestimar el poder de la mente, es un error que debe ser corregido, Expiado. La mente es el canal utilizado para crear o para fabricar, esto es, para expandir la Verdad o el error. Su poder procede de Dios. ¿Qué necesita el Hijo de Dios para despertar? ¿Qué necesita el Hijo de Dios para reconocer su inocencia? No debemos entenderlo como una necesidad, pues si lo hacemos estaríamos percibiendo su carencia. La pregunta correcta es: ¿qué ha de recordar el Hijo de Dios para salvarse? La respuesta, ya la conoces: Lo que Es, Amor.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Capítulo 4. II. El ego y la falsa autonomía

II. El ego y la falsa autonomía

1. Es razonable preguntarse cómo pudo la mente haber inventado al ego. 2De hecho, ésa es la mejor pregunta que puedes hacerte. 3Sin embargo, no tiene objeto dar una respuesta en función del pasado porque el pasado no importa, y la historia no existiría si los mismos errores no siguiesen repitiéndose en el presente. 4El pensamiento abstracto es pertinente al conocimiento porque el conocimiento es algo completamente impersonal, y para enten­derlo no se necesita ningún ejemplo. 5La percepción, por otra parte, es siempre específica y, por lo tanto, concreta.

Seguro que el estudiante se habrá planteado la cuestión que se recoge en este punto. ¿Cómo la mente fabricó al ego? No resulta fácilmente comprensible que tengamos el poder de fabricar cosas que adopten la percepción de lo material. Es más, tenemos serias dificultades en aceptar que la mente fabrique nuestra realidad. Nos decimos: una cosa son los pensamientos y otros los actos, y siguiendo esta creencia negamos cualquier relación Causa-Efecto, entre la mente y lo concreto.

Sin embargo, cuando se reflexiona sobre lo fabricado (concreto), podemos abrirnos a la comprensión de que todo lo que adopta una dimensión densa, antes, ha formado parte de un pensamiento. Por ejemplo, las edificaciones que percibimos, previamente han sido visualizadas en nuestra mente, por lo que podemos afirmar que su Causa es mental. Si profundizamos en el hilo de esta reflexión, tal vez lleguemos a comprender el contenido que nos aporta este punto del Texto, y la afirmación de que el ego ha sido fabricado por nuestra mente sea aceptada como una verdad.

2. Todo el mundo, inventa un ego o un yo para sí mismo, el cual está sujeto a enormes variaciones debido a su inestabilidad. 2Tam­bién inventa un ego para cada persona a la que percibe, el cual es igualmente variable. 3Su interacción es un proceso que los altera a ambos porque no fueron creados por el Inalterable o mediante Él. 4Es importante darse cuenta de que esta alteración ocurre con igual facilidad tanto si la interacción tiene lugar en la mente como si entraña proximidad física. 5Pensar acerca de otro ego es tan eficaz en el proceso de cambiar la percepción relativa como lo es la interacción física. 6No puede haber mejor ejemplo que éste de que el ego es solamente una idea y no un hecho.

Con este punto, el Curso nos ofrece otra "joya" que podríamos encuadrar dentro del contexto metafísico y que nos desarma de cualquier creencia basada en que la mente no tiene la capacidad de influir en nuestro mundo personal.

No tan sólo tenemos el poder para fabricar nuestro ego, sino también de fabricarnos una imagen del ego de los demás. En este sentido, aquello que vemos en los demás, es una proyección de nuestra mente, que no expresa su realidad, sino nuestra visión de él.

Si realmente somos desconocedores de lo que realmente somos y nuestra propia visión está turbada por nuestra imaginación, difícilmente podremos tener una visión real de los demás, la cual será sustituida por una visión imaginada del otro.

3. Tu propio estado mental es un buen ejemplo de cómo fue inventado el
ego. 2Cuando repudiaste el conocimiento fue como si jamás lo hubieses tenido. 3Esto es tan evidente que basta con que lo reconozcas para constatar que eso es lo que en realidad ocurre. 4Y si eso ocurre en el presente, ¿por qué habría de sorprenderte que hubiese ocurrido en el pasado? 5Asombrarnos ante lo inusual es una reacción comprensible, pero asombrarnos ante algo que ocurre con tanta frecuencia no lo es en absoluto. 6No olvides, no obstante, que la mente no tiene por qué operar así, aunque así es como opera ahora.      

Este punto nos invita a reflexionar sobre nuestro actual estado mental. Dediquemos unos minutos a visualizar el contenido de nuestros pensamientos y observaremos que, por esa pantalla de proyección desfilan multitud de imágenes, de manera espontánea y automática. Muchas de esas imágenes mentales responden a un acto volitivo, mientras que otras, son imprevisibles. Pero, lo que verdaderamente importa en este ejercicio de reconocimiento que estamos proponiendo, es que hacemos real, para nosotros, esos pensamientos, de tal modo que nos vemos afectados por ellos, dando pie a la manifestación de diferentes estados emocionales.  

4. Piensa en el amor que los animales sienten por sus crías y en la necesidad que sienten de protegerlas. 2Eso se debe a que las consideran parte de sí mismos: 3Nadie repudia lo que considera parte de sí mismo. 4La manera en que reaccionas ante tu ego es similar a como Dios reacciona ante Sus creaciones con amor; con protec­ción y con caridad, 5Tus reacciones ante el yo que inventaste no son sorprendentes. 6De hecho, son muy similares a la forma en que algún día reaccionarás ante tus creaciones reales, las cuales son tan eternas como tú. 7No es cuestión, por lo tanto; de cómo reaccionas ante el ego, sino de lo que crees ser. 8Creer es una función del ego, y mientras tu origen siga sujeto a interpretaciones lo seguirás viendo desde el punto de vista del ego. 9Cuando el aprendizaje deje de ser necesario, simplemente conocerás a Dios. 10La creencia de que hay otra forma de percibir es la idea más sublime de que es capaz el pensamiento del ego. 11Ello se debe a que dicha idea reconoce, aunque sea mínimamente, que el ego no es el Ser.

Siguiendo con la reflexión del punto anterior, nos habíamos quedado en las impresiones que causan nuestros pensamientos obre nuestro estado emocional. A esas reacciones damos muchísima importancia, pues conducimos nuestras vidas dependiendo de esos estados. La atención que prestamos a esos pensamientos nos lleva a la creencia de que somos lo que visualizamos, pero esa percepción es errónea, pues lo realmente importante es que nuestra verdadera realidad no está sujeta a la variabilidad de nuestras interpretaciones y juicios.

5. Socavar el sistema de pensamiento del ego no puede sino perci­birse como un proceso doloroso, aunque no hay nada que esté más lejos de la verdad. 2Los bebés gritan de rabia cuando se les quita un cuchillo o unas tijeras; a pesar de que, si no se hiciese, podrían lastimarse. 3En este sentido todavía eres un bebé. 4No tienes una idea clara de lo que es el verdadero instinto de conser­vación, y probablemente decidirás que necesitas precisamente lo que más daño te haría. 5Sin embargo, tanto si lo reconoces ahora como si no, has acordado cooperar en el empeño por llegar a ser inofensivo y servicial, atributos éstos que son necesariamente inseparables. 6Incluso las actitudes que tienes a ese respecto son necesariamente conflictivas, puesto que todas las actitudes están basadas en el ego. 7Esto, sin embargo; no perdurará. 8Ten pacien­cia mientras tanto, y recuerda que el desenlace es tan seguro como Dios.

Tal vez pensemos que dejar de servir al ego, mientras que nos encontremos transitando por la dimensión densa, es una tarea dura y no exenta de renuncias y sacrificios. Sin embargo, este punto nos informa de que pensar de esta manera es un error, pues realmente estamos llamados a retornar a nuestro Hogar.

Mientras demos más valor a las ofrendas del ego que a las de Dios, nos exigiremos periodos de abstinencias que serán vividos como procesos de autocastigo. Pero llegará el momento en el que no sintamos apetencia por las voces egóicas y nos entreguemos al servicio pleno de Dios. Será entonces cuando ningún pensamiento espontáneo nos turbará y nuestra voluntad será crear pensamientos acordes con la Vibración Amorosa con la que hemos sido creados.

6. Sólo aquellos que tienen una sensación real y duradera de abundancia pueden ser verdaderamente caritativos. 2Esto resulta obvio cuando consideras lo que realmente quiere decir ser carita­tivo. 3Para el ego dar cualquier cosa significa tener que privarse de ella. 4Cuando asocias el acto de dar con el sacrificio, das solamente porque crees que de alguna forma vas a obtener algo mejor, y puedes, por lo tanto, prescindir de la cosa que das. 5"Dar para obtener" es una ley ineludible del ego, que siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos. 6Por lo tanto; está siempre obsesionado con la idea de la escasez, que es la creencia que le dio origen. 7Su percepción de otros egos como entes reales no es más que un intento de convencerse a sí mismo, de que él es real. 8El "amor, propio", desde el punto de vista del ego, no significa otra cosa que el ego se ha engañado a sí mismo creyendo que es real, y, por lo tanto, está temporalmente menos inclinado a saquear. 9Ese “amor propio" es siempre vulnerable a la tensión, término éste que se refiere a cualquier cosa que él perciba como una amenaza a su existencia.

Otra afirmación, la recogida en este punto, que supone una revolución para nuestro actual modo de pensar. 

Mientras que el bebé se encuentra en el vientre materno se alimenta directamente de su madre y si tuviésemos que interpretar su estado, diríamos que es de abundancia y saciedad. Sin embargo, cuando se produce el alumbramiento y se procede al corte del cordón umbilical favoreciendo la separación de madre e hijo, el estado de  esa criatura adquiere un nueva interpretación, pasa de la abundancia a la necesidad.

Lo anterior nos ayudará, a título de símil, para comprender el estado mental del ego. Mientras que el Hijo de Dios ha permanecido en el Hogar de Su Padre, el estado del que ha gozado es la abundancia. La proyección de su mente ha dado lugar a un pensamiento no compartido con Su Creador, a un pensamiento distinto, un pensamiento que dio lugar a la percepción de la carencia.

De este modo, nuestras mentes participan de la idea de que dar es perder, denotando un total desconocimiento de la ley de Causa y Efecto, la cual se confirma en el hecho de que se recibe aquello que se ha dado.

7. El ego vive literalmente a base de comparaciones. 2La igualdad es algo que está más allá de lo que puede entender y, por lo tanto, le es imposible ser caritativo. 3Lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia porque él fue engendrado precisa­mente como un sustituto de ésta. 4Por eso es por lo que el concepto de "obtener" surgió en su sistema de pensamiento. 5Los apetitos son mecanismos para "obtener" que representan la nece­sidad del ego de ratificarse a sí mismo. 6Esto es cierto tanto en el caso de los apetitos corporales como en el de las llamadas "necesi­dades más elevadas del ego". 7El origen de los apetitos corporales no es físico. 8El ego considera al cuerpo como su hogar, y trata de satisfacerse a sí mismo a través de él. 9Pero la idea de que eso es posible es una decisión de la mente, que está completamente con­fundida acerca de lo que realmente es posible.

La aportación que nos hace este punto relativo al origen de los apetitos corporales, desvinculándolo de lo físico, nos exige un cambio radical en el modo en cómo nos percibimos, pues el ego niega todo aquello que no pueda ver y tocar, al tiempo que no comparte la idea de que lo percibido, lo físico, es una fabricación cuya causa se encuentra en nuestros pensamientos y deseos.

Vemos lo que deseamos ver y percibimos en respuesta al deseo de escasez, o lo que es lo mismo, buscamos obtener por la falsa creencia en que no somos completo y abundante. La ilusión de "separación" con nuestro creador, nos sitúa ante la falsa visión de la necesidad. 

El Libro Sagrado de la Biblia, nos narra en el Génesis, cómo la transgresión de Adán y Eva les supuso la expulsión del Paraíso y como consecuencia el abandono de un estado de Abundancia y el paso a un estado de necesidad. Es un modo alegórico de describir el estado de consciencia que el Hijo de Dios ha adquirido tras decidir fabricar una realidad paralela a la de Dios.

El pensamiento de escasez da lugar a la fabricación del ego. Su identidad depende de ese estado y todo su bagaje se basa en la creencia de la separación y en la emoción del miedo a perder lo que cree ser.

8.  El ego cree que tiene que valerse por sí mismo para todo, lo cual no es más que otra forma de describir cómo cree que él mismo se originó. 2Es éste un estado de tanto temor que lo único que puede hacer es dirigirse a otros egos y tratar de unirse a ellos en un débil intento de identificarse con ellos, o atacarlos en una demostración -igualmente débil- de fuerza. 3No es libre, no obs­tante, de poner en tela de juicio la premisa que da lugar a todo eso, pues esa premisa es su base. 4El ego es la creencia de la mente según la cual tiene que valerse completamente por sí misma. 5Los incesantes esfuerzos del ego por ganar el reconocimiento del espíritu y establecer así su propia existencia, son inútiles. 6El espíritu en su conocimiento no es consciente del ego. 7No lo ataca, simple­mente no lo puede concebir en absoluto. 8Aunque el ego tampoco se percata del espíritu, se percibe a sí mismo rechazado por algo más grande que él. 9Por eso es por lo que el amor propio, tal como el ego lo concibe, no puede por menos que ser ilusorio. 10Las crea­ciones de Dios no crean mitos, si bien el esfuerzo creativo se puede trocar en mitología. 11Esto puede suceder, sin embargo, sólo bajo una condición: lo que fabrica deja de ser creativo. 12Los mitos pertenecen exclusivamente al ámbito de la percepción, y las for­mas que adoptan son tan ambiguas y su naturaleza está tan mar­cada por la dicotomía entre el bien y el mal, que ni siquiera el más benévolo de ellos está exento de connotaciones aterradoras.

El ego se identifica con la individualidad y se percibe como un ser separado de los demás. Este código de creencias se convierte en su argumento para justificar la necesidad de que tiene que valerse por sí mismo para alcanzar sus objetivos y metas. Su andadura temporal se convierte en la eterna búsqueda de logros que satisfagan sus profundos deseos de poseer y calmar su escasez.

Cuando el ego dirige su mirada hacia el espíritu, lo hace bajo una premisa errónea, pues su pretensión no es otra que ganar su apoyo para satisfacer sus deseos egoístas. Desconoce que el Espíritu no puede intervenir en esa causa, dado que no lo ve, es decir, no cree en la separación, ni en la escasez. Nadie puede dar lo que no tiene.

9.  Los mitos y la magia están íntimamente relacionados, ya que los mitos generalmente tienen que ver con el origen del ego; y la magia, con los poderes que el ego se atribuye, a sí mismo. 2Los sistemas mitológicos incluyen, por lo general; alguna descripción de "la creación", y la conectan con su forma particular de magia. 3La llamada "lucha por la supervivencia" no es más que la lucha del ego por prolongar su propia existencia, así como la interpre­tación que ha hecho con respecto a su comienzo. 4Este comienzo casi siempre se asocia con el nacimiento físico, ya que resulta difícil sostener que el ego existía antes de ese momento. 5Los más "religiosos" de los mitos basados en el ego, puede que postulen que el alma existía antes y que seguirá existiendo después de un lapso temporal de vida en el ego. 6Algunos postulan incluso que el alma será castigada por este lapso. 7La salvación, no obstante, no es aplicable al espíritu, pues éste no está en peligro y; por lo tanto, no tiene que ser rescatado.

El mito es la respuesta del ego a dejar huella en la memoria temporal de su existencia. Un análisis más detallado y profundo de esta idea nos acercaría a reconocer el origen de las religiones, las cuales se basan en la ilusoria y falsa creencia en que somos almas pecadoras que requieren ser redimidas a través de un duro y definitivo aprendizaje basado en el sufrimiento y en el dolor. Pero, esta reflexión la dejo en manos del lector para que saque sus propias conclusiones.

10.   La salvación no es otra cosa que "mentalidad recta", que aun­que no es la Mentalidad-Uno del Espíritu Santo, se debe alcanzar antes de que la Mentalidad-Uno pueda ser reinstaurada. 2La mentalidad recta conduce automáticamente al siguiente paso, ya que la percepción correcta está completamente exenta de cual­quier forma de ataque, y, por lo tanto, la mentalidad errada desa­parece. 3El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios, y, por consiguiente, se le abandona. 4La mente tiene entonces una sola dirección por la que avanzar. 5La dirección que sigue es siempre automática, pues no puede sino acatar los dictados del sistema de pensamiento al que se adhiere.

Para aquellos que buscamos "pistas" que nos permitan orientar nuestras acciones, este punto se convierte en una verdadera brújula que nos señala la dirección correcta hacia dónde debemos dirigir nuestras creencias. En la medida en que pongamos nuestra voluntad al servicio de la mentalidad recta, nuestra percepción errónea dará paso a la verdadera, y con ello, estamos abandonando el apoyo prestado a la identidad egoica para alcanzar la condición de la que hemos creído estar escindidos: la Mentalidad Uno del Espíritu Santo.

11.  No se puede hacer demasiado hincapié en el hecho de que corregir la percepción es simplemente un expediente temporal. 2Dicha corrección es necesaria únicamente porque la percepción falsa es un obstáculo para el conocimiento, mientras que la per­cepción fidedigna es un trampolín hacia él. 3El valor de la percep­ción correcta reside en la conclusión inevitable de que toda percepción es innecesaria. 4Esto elimina el obstáculo por com­pleto. 5Te preguntarás cómo puede ser posible esto mientras parezca que vives en este mundo. 6Esa es una pregunta razonable. 7No obstante, tienes que asegurarte de que realmente la entiendes. 8¿Quién es el "tú" que vive en este mundo? 9El espíritu es inmor­tal, y la inmortalidad es un estado permanente. 10El espíritu es tan verdadero ahora como siempre lo fue y lo será siempre, ya que no entraña cambios de ninguna clase. 11No es un continuo, ni se puede entender tampoco comparándolo con un opuesto. 12El conocimiento nunca admite comparaciones. 13En eso estriba su diferencia principal con respecto a cualquier otra cosa que la mente pueda comprender.

Al hilo de lo aportado en el punto anterior, nos puede surgir la siguiente cuestión: ¿Y qué hago para adquirir la percepción verdadera? La respuesta que nos aporta este apartado es directa y clara: tener la certeza de que toda percepción es innecesaria. Y esta firme afirmación debe formar parte de nuestras creencias, de tal modo que tan solo prestemos servicio a la verdad, la que se expresa en término de Inmortalidad y Pureza; de Abundancia e Impecabilidad.

martes, 19 de marzo de 2024

Capítulo 4. I. La enseñanza y el aprendizaje correctos

 I. La enseñanza y el aprendizaje correctos


1. Un buen maestro clarifica sus propias ideas y las refuerza al enseñarlas. 2En el proceso de aprendizaje tanto el maestro como el alumno están a la par. 3Ambos se encuentran en el mismo nivel de aprendizaje, y a menos que compartan sus lecciones les faltará convicción. 4Un buen maestro debe tener fe en las ideas que enseña, pero tiene que satisfacer además otra condición: debe tener fe en los estudiantes a quienes ofrece sus ideas.

Una de las bases principales de la enseñanza que se recoge en Un Curso de Milagros es arrojar luz, es decir, entendimiento, sobre la creencia errónea de que somos un cuerpo material y que, por lo tanto, estamos separados unos de otros. Esa creencia es el pilar central donde se sustenta la visión de la dualidad.

Este punto, nos revela que aquello a lo que llamamos dualidad, podemos verlo con otra mirada, la cual nos permitirá, comprender que los polos opuestos son partes de una misma y única unidad. Aplicando esa visión al tema de la enseñanza, los actores principales que participan de la misma, esto es, maestro y alumno, no deben ser vistos como agentes separados, sino como elementos imprescindibles para que el proceso de enseñar y aprender se complete.

Si observamos el actual sistema social en el que nos encontramos, es posibles que se rechace la idea de que "maestro" y "alumno" formen una sola realidad. Profundizar en temas de valores sociales nos llevaría a evidenciar que la opinión generalizada es que el alumno no puede compararse en términos de igualdad con el maestro, el cual se ha cultivado y formado para ejercer en la condición de enseñar.

Pero de igual modo, que no podremos recibir, sin dar, el maestro no conseguirá transmitir sus enseñanzas de acuerdo a la Ley de la Unidad, si considera al alumno separado del proceso de enseñar, es más, el maestro aprenderá (recibirá) en la medida que comparta su saber con la plena certeza de la igualdad que lo une al alumno.

Este punto añade una cuestión que viene a responder a las insatisfacciones que suelen acompañar al estudiante cuando decide compartir sus conocimientos con los demás. En ocasiones, he sido partícipe de esa inquietante insatisfacción por parte de algunos estudiantes, los cuales han puesto de manifiesto que a la hora de compartir las enseñanzas no consiguen ganar la atención de sus oyentes, recibiendo, a veces, impresiones que consiguen hacerles dudar de la certeza de dichas enseñanzas.

Si aplicamos lo que nos orienta este punto, la falta de fe y convicción interna hará que, se materialicen, exteriormente, experiencias que  pongan de manifiesto el nivel de compromiso personal. En esos casos, la motivación interna está más orientada en convencer al otro de nuestras creencias, por sentirnos especiales a ellos, que verdaderamente, dar lo que somos en esencia: seres de luz.



2. Muchos montan guardia en torno a sus ideas porque quieren conservar sus sistemas de pensamiento intactos, y aprender signi­fica cambiar. 2Los que creen estar separados siempre temen cam­biar porque no pueden concebir que los cambios sean un paso hacia adelante en el proceso de subsanar la separación. 3Siempre los perciben como un paso hacia una mayor separación, debido a que la separación fue su primera experiencia de cambio. 4Crees que si no permites ningún cambio en tu ego alcanzarás la paz. 5Esta marcada confusión sólo puede tener lugar si sostienes que un mismo sistema de pensamiento puede erigirse sobre dos cimientos distintos. 6Nada puede llegar al espíritu desde el ego, ni nada puede llegar al ego desde el espíritu. 7El espíritu no puede ni reforzar al ego, ni aminorar el conflicto interno de éste. 8El ego en sí es una contradicción. 9Tu falso ser y el Ser de Dios están en oposición. 10Y lo están con respecto a sus orígenes, rumbos y de­senlaces. 11Son fundamentalmente irreconciliables porque el espí­ritu no puede percibir y el ego no puede gozar de conocimiento. 12No están, por lo tanto, en comunicación, ni jamás lo podrán estar. 13El ego, sin embargo, puede aprender, aún cuando su hace­dor esté desencaminado. 14Este, no obstante, no puede hacer que lo que fue infundido con vida sea completamente exánime.

"Aprender significa cambiar" y esta afirmación aterroriza al ego. A estas alturas de
las enseñanzas que se recogen en el Texto del Curso, podemos tener la certeza de que el Espíritu es lo Verdadero, y su esencia lo hace eterno e inalterable, mientras que el ego, da lugar a la errónea e ilusoria creencia, surgida tras el falso pensamiento de que podemos ser diferente a lo que realmente somos.

El Espíritu no necesita cambiar pues su Esencia es el Conocimiento. En cambio, el ego, fabricado por el falso pensamiento, responde a las leyes del cambio. En este escenario, el aprendizaje forma parte de la percepción verdadera y se nos presenta como una vía que nos permite corregir el error y cambiar nuestra manera de ver las cosas.


3. El espíritu no tiene necesidad de que se le enseñe nada, pero el ego sí. 2El proceso de aprender se percibe, en última instancia, como algo aterrador porque conduce, no a la destrucción del ego, sino al abandono de éste a la luz del espíritu. 3Éste es el cambio que el ego no puede sino temer, puesto que no comparte mi cari­dad. 4La lección que yo tuve que aprender es la misma que tú tienes que aprender ahora, y puesto que la aprendí, puedo ense­ñártela. 5Nunca atacaré a tu ego, si bien estoy tratando de enseñar­te cómo surgió su sistema de pensamiento. 6Cuando te recuerdo tu verdadera creación, tu ego no puede por menos que reaccionar con miedo.

La expresión "Hágase la Luz", es propicia para el tema que estamos tratando, pues cuando vibramos en el acorde de la Luz, la oscuridad se disipa, lo que significa que el Poder del Entendimiento disipa el error de la ilusión del ego.


4. Aprender y enseñar son los mayores recursos de que dispones ahora porque te permiten cambiar de mentalidad y ayudar a otros a hacer lo mismo. 2Negarte a cambiar de mentalidad no consegui­ría probar que la separación no ocurrió. 3El soñador que duda de la realidad de su sueño mientras todavía está soñando no está realmente sanando su mente dividida. 4Tú sueñas con un ego separado y crees en el mundo que se basa en él. 5Todo ello te parece muy real. 6No puedes deshacerlo sin cambiar de mentali­dad al respecto. 7Si estás dispuesto a renunciar al papel de guar­dián de tu sistema de pensamiento y ofrecérmelo a mí, yo lo corregiré con gran delicadeza y te conduciré de regreso a Dios.

Este punto termina con un mensaje muy esclarecedor, pues la lectura de los apartados anteriores, en los que se define claramente que "El espíritu no puede ni reforzar al ego, ni aminorar el conflicto interno de éste" y que "son fundamentalmente irreconciliables porque el espí­ritu no puede percibir y el ego no puede gozar de conocimiento, puede suscitar en nosotros la pregunta siguiente: ¿Cómo debemos relacionarnos con el ego para poder liberarnos de las ataduras de su falsedad?

La respuesta, se intuye, no está en lo que podamos hacer con nuestras propias iniciativas, sino, entregando al Espíritu Santo y a Jesús, nuestra actual percepción, de modo que Su visión Verdadera nos ilumine y nos permita Expiar, es decir, corregir lo falso e ilusorio.


5. Todo buen maestro espera impartir a sus estudiantes tanto de lo que él mismo ha aprendido que algún día dejen de necesitarle. 2Este es el verdadero y único objetivo del maestro. 3Es imposible convencer al ego de esto porque va en contra de todas sus leyes. 4Pero recuerda que las leyes se promulgan para proteger la continuidad del sistema en que cree el que las promulga. 5Es natural que el ego trate de protegerse a sí mismo una vez que lo inven­taste, pero no es natural que desees obedecer sus leyes a menos que tú creas en ellas. 6El ego no puede tomar esta decisión debido a la naturaleza de su origen. 7Pero tú puedes tomarla debido a la naturaleza del tuyo.

Si no entregamos la corrección de nuestros errores en manos del Espíritu Santo, o dicho de otro modo, si no dejamos de sintonizar la frecuencia que nos mantiene recibiendo la visión errónea del ego, permaneceremos permanentemente prisioneros de la ilusión. 

La voluntad de aprender y de cambiar se convierte en la fuerza motora que ha de llevarnos a dar ese primer paso que ha de llevarnos a cambiar el dial de la frecuencia sintonizada. Ese impulso motor, esa voluntad, lleva implícita el poder divino. 


6. Los egos pueden chocar en cualquier situación, pero es imposi­ble que el espíritu choque en absoluto. 2Si percibes a un maestro simplemente como "un ego más grande" sentirás miedo, ya que agrandar un ego es aumentar la ansiedad que produce la separa­ción. 3Enseñaré contigo y viviré contigo si estás dispuesto a pensar conmigo, pero mi objetivo será siempre eximirte finalmente de la necesidad de un maestro. 4Esto es lo opuesto al objetivo del maestro que se deja guiar por el ego. 5A ése sólo le interesa el efecto que su ego pueda tener sobre otros egos, y, por consi­guiente, interpreta la interacción entre ellos como un medio de conservar su propio ego. 6Yo no podría dedicarme a enseñar si creyese eso, y tú no serás un maestro dedicado mientras lo creas. 7Se me percibe constantemente como un maestro al que hay que exaltar o rechazar, pero yo no acepto ninguna de esas dos percep­ciones de mí mismo.

En efecto, los egos chocan, pues su creencia está basada en la dualidad, en los opuestos, en la separación. Lo que es Uno no puede chocar, pues vive en la misma Consciencia. Desde ese error de percepción, desde la separación, interpretar que alguien es superior a otro, da pie a "engrandecer" la causa de ese error.
Hoy día, el protagonismo de los "maestros" va  en aumento. Ello, parece ir parejo de la profunda necesidad de ser "guiados" hacia metas más elevadas. En mi bagaje de experiencias cuento con muchas anécdotas donde el buscador, en muchos casos, ansía que dirijan su vida, que le aporten recetas de cómo actuar, que le den respuestas que den sentido a sus vidas. Ha sido una prueba para mi, el comprender que no podemos convertirnos en los "bastones" de los demás. Mucho más acertado, entiendo, el acompañar cuando en nuestros camino nos encontramos con otros viajeros. 
Mi consciencia comparte, que en ese camino, llegará el tramo en el que deberemos andar por si solos nuestros últimos pasos, esos que nos harán comprender, que nuestro acompañante no era alguien distinto a nosotros, sino una proyección de nuestra mente, de aspectos inconscientes de nuestro Yo, de los que debíamos tomar consciencia. En ese estado, ya no seremos dos, sino Uno.

7. El que enseñes o aprendas no es lo que establece tu valía. 2Tu valía la
estableció Dios. 3Mientras sigas oponiéndote a esto, todo lo que hagas te dará miedo, especialmente aquellas situaciones que tiendan a apoyar la creencia en la superioridad o en la infe­rioridad. 4Los maestros tienen que tener paciencia y repetir las lecciones que enseñan hasta que éstas se aprendan. 5Yo estoy dispuesto a hacer eso porque no tengo derecho a fijar los límites de tu aprendizaje por ti. 6Una vez más: nada de lo que haces, piensas o deseas es necesario para establecer tu valía. 7Este punto no es debatible excepto en fantasías. 8Tu ego no está nunca en entredi­cho porque Dios no lo creó. 9Tu espíritu no está nunca en entre­dicho porque Él lo creó. 10Cualquier confusión al respecto es ilusoria, y, mientras perdure esa ilusión, no es posible tener dedi­cación alguna.

Cuando nuestros valores personales estén en manos de los logros y metas establecidas por el ego, nos encontraremos sirviendo al error y a la ilusión.
Este punto de la enseñanza pone especial énfasis en hacernos conscientes de la única causa posible de nuestra felicidad: nada de lo que haces, piensas o deseas es necesario para establecer tu valía.


8. El ego trata de explotar todas las situaciones para vanaglo­riarse, a fin de superar sus propias dudas. 2Seguirá lleno de dudas mientras tú sigas creyendo en su existencia. 3Tú que lo inventaste no puedes tener confianza en él porque cuando estás en tu mente recta te das cuenta de que no es real. 4La única solución cuerda es no tratar de cambiar la realidad -lo cual sería ciertamente aterra­dor- sino aceptarla tal como es. 5Tú formas parte de la realidad, la cual permanece inmutable más allá del alcance del ego, aunque fácilmente al alcance del espíritu. 6Cuando sientas miedo, aquié­tate y reconoce que Dios es real, y que tú eres Su Hijo amado en quien Él se complace. 7No dejes que tu ego refute esto porque el ego no puede conocer algo que está tan lejos de su alcance como lo estás tú.

Muchos estudiantes me comparten sus frustraciones, sus miedos, sus culpas, sus
decepciones, cuando interpretan que su comportamiento, sus pensamientos y sentimientos no están a la altura de sus ideales espirituales. Algunos, manifiestan que son arduos estudiosos de las enseñanzas, pero a pesar de su dedicación, cuando analizan sus comportamientos, no pueden evitar caer víctimas de la desolación personal. Este estado de duda, de falta de fe, de certeza, tan sólo es propio de una mente errada que se encuentra identificada con los valores del ego y con la falsa creencia de que somos un cuerpo material.
Si realmente no cambiamos esa falsa creencia y adquirimos la certeza de que somos Hijos de Dios, Seres Espirituales, nuestra mente seguirá sirviendo a la ilusión y al sufrimiento.

9. Dios no es el autor del miedo. 2El autor del miedo eres tú. 3Has elegido crear en forma diferente a como crea Él, y, por lo tanto, has hecho posible el que puedas tener miedo. 4No estás en paz porque no estás desempeñando tu función. 5Dios te encomendó una función, muy elevada que no estás llevando a cabo. 6Tu ego ha elegido estar atemorizado en vez de llevarla a cabo. 7Cuando despiertes te será imposible entender esto porque es literalmente increíble. 8No creas lo increíble ahora. 9Cualquier intento de incre­mentar su credibilidad es simplemente un intento de posponer lo inevitable. 10La palabra "inevitable" le causa terror al ego, pero es motivo de júbilo para el espíritu. 11Alcanzar a Dios es inevitable, y tú no puedes eludirlo, de la misma manera en que Él no te puede eludir a ti.

Lo perecedero es irreal y el ego es perecedero e ilusorio. 

No deja de ser curioso, de que uno de los sueños perseguidos por el ego es alcanzar la inmortalidad del cuerpo, su identidad. Al menos, así nos lo pinta las narrativas, las historias basadas en los hechos épicos del hombre. Del mismo modo, con la misma base errónea, el ego se lanza al culto de un Dios externo al cual se dirige únicamente para solicitar sus servicios e implorando sus actos de salvación, cuando en verdad, ni el cuerpo puede alcanzar la inmortalidad, ni Dios puede intervenir en los asuntos fabricados por el hacedor de lo irreal.
En mi tierra hay un dicho que define muy bien la expresión religiosa del hombre: "Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena".

Lo real es imperecedero y el Espíritu es imperecedero y real.

10. El ego tiene miedo del gozo del espíritu porque una vez que lo hayas experimentado dejarás de proteger y de atribuirle valor al miedo. 2Le atribuyes gran valor ahora porque el miedo es un tes­tigo de la separación, y tu ego se regocija cuando das testimonio de ella. 3¡Repúdialo! 4No le escuches ni le ampares. 5Escucha únicamente a Dios, que es tan incapaz de engañar como lo es el espí­ritu que Él creó. 6Libérate y libera a otros. 7No les ofrezcas a los demás una imagen de ti mismo falsa e indigna, ni tampoco acep­tes una imagen similar de ellos.

Las relaciones humanas están basadas en la percepción errónea, pues se sustentan en la creencia de que somos entes corporales cuya existencia termina con la muerte física. Esta falsa creencia basada en el culto al cuerpo, nos mantiene prisioneros del miedo a dejar de existir. Sin embargo, el verdadero Ser nunca puede dejar de ser, pues es existencia eterna creada de un Ser Eterno y Perfecto.

Si aceptamos que somos Hijos de Dios y Él es Eterno, ¿cómo podemos rechazar que su creación goce de esa misma cualidad?

Vernos, percibirnos de manera correcta, es una expresión de la mente recta, y dicha percepción nos llevará a servir al Ser que realmente somos.


11.El ego ha construido para ti un hogar mísero e inhóspito por­que no puede construir de ninguna otra manera. 2No trates de mantener en pie ese hogar ruinoso. 3En su debilidad radica tu fuerza. 4Sólo Dios pudo erigir un hogar digno de Sus creaciones, las cuales han elegido dejarlo vacío, desahuciándose así a sí mis­mas. 5No obstante, Su hogar seguirá en pie eternamente, listo para cuando decidas entrar a ocuparlo. 6De esto puedes estar comple­tamente seguro: 7Dios es tan incapaz de crear lo perecedero como el ego de fabricar lo eterno.

La lectura de este punto ha evocado en mi mente el pasaje del evangelio del "hijo pródigo", cuyo mensaje nos enseña que el "Padre" siempre respeta la voluntad de su hijo y cuando ese acto volitivo da lugar a acciones erróneas, no lo juzga de manera condenatoria, sino que ejerciendo su función, no perdona, es decir, no ve pecado en sus actos.
Ese "Padre" queda en la espera de que su "hijo" decida por voluntad propia retornar al hogar que le dio la vida.

12. Desde tu ego no puedes hacer nada para salvarte o para salvar a otros, pero desde tu espíritu puedes hacer cualquier cosa para salvar a otros o para salvarte a ti mismo. 2La humildad es una lección para el ego, no para el espíritu. 3El espíritu está más allá de la humildad porque reconoce su esplendor y gustosamente irra­dia su luz por todas partes. 4Los mansos heredarán la tierra por­que sus egos son humildes, y esto hace que su percepción sea más fidedigna. 5El Reino de los Cielos es el derecho del espíritu, cuya belleza y dignidad están mucho más allá de cualquier duda, más allá de la percepción, y se alzan para siempre como las señales del Amor de Dios hacia Sus creaciones, las cuales son absolutamente dignas de Él y sólo de Él. 6Ninguna otra cosa es lo suficientemente valiosa como para poder ser una ofrenda para una creación de Dios Mismo.

Somos libres de elegir entre establecer el reino del ego o de expandir el Reino de los Cielos. Ambos se encuentran en nuestra mente. El primero significa miedo y culpabilidad. El segundo Paz y Unidad.

“Eres libre de establecer tu reino donde mejor te parezca, pero no puedes sino elegir acertadamente si recuerdas esto: 

El espíritu está eternamente en estado de gracia.

Tu realidad es únicamente espíritu.

Por lo tanto, estás eternamente en estado de gracia” (T-1.III.5:3-6). 

He querido recuperar esta presentación incluida en unos de los artículos publicados en mi Blog "Aprendiendo Un Curso de Milagros", titulado "El Reino de los Cielos en Un Curso de Milagros". Son cuatro artículos en total. Os dejo el enlace, a la primera parte, para los que tengan interés en leerlos. 

https://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/2021/07/la-religion-del-padre-el-reino-de-los.html


13. Yo seré un substituto de tu ego si así lo deseas, pero nunca de tu espíritu. 2Un padre puede dejar su hijo al cuidado de un her­mano mayor que haya demostrado ser responsable, pero esto no entraña confusión alguna acerca de quién es el padre. 3El her­mano puede proteger el cuerpo y el ego del niño, pero eso no lo lleva a creer que él sea el padre. 4Me puedes confiar tu cuerpo y tu ego debido únicamente a que eso te permite desentenderte de ellos y me deja mostrarte que no son importantes. 5Yo no podría entender lo importantes que son para ti si yo mismo no hubiese estado tentado de creer en ellos. 6Aprendamos juntos esta lección para que juntos podamos liberarnos de tu cuerpo y de tu ego. 7Necesito maestros dedicados que compartan mi objetivo de sanar a la mente. 8El espíritu no tiene ninguna necesidad de que ni tú ni yo lo protejamos. 9Recuerda lo siguiente:

10En este mundo no hay por qué tener tribulaciones
porque yo he vencido al mundo. "Por eso es por lo
que debes estar animado.

La sencillez con la que Jesús, nuestro Hermano Mayor, nos enseña los valores del cuerpo y del espíritu, es simplemente elocuente y reconfortante. 

El haber transitado por las limitaciones propias del ego-cuerpo, el haber experimentado las voces de los instintos propios de la naturaleza egoica, y, sobre todo, el haber sido capaz de "ver las cosas de otra manera", percibiendo correctamente el valor ilusorio y perecedero del cuerpo, le otorga la autoridad de enseñarnos el camino que ha de conducirnos a recordar lo que realmente somos.

El cuerpo, como toda fabricación, nace y muere. El Espíritu ha sido Creado y es Eterno.