sábado, 21 de diciembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 355

LECCIÓN 355

La paz, la dicha y los milagros que otorgaré cuando acepte la Palabra de Dios son ilimitados. ¿Por qué no aceptarla hoy?

1. ¿Por qué debo esperar, Padre mío, para recibir la dicha que Tú me prometiste? 2Pues Tú mantendrás Tu Palabra, que le diste a Tu Hijo en el exilio. 3Estoy seguro de que mi tesoro me aguarda y de que sólo tengo que extender la mano para encontrarlo. 4 Incluso ahora mismo mis dedos ya lo están tocando. 5Está muy cerca. 6No es necesario que espere ni un instante más para estar en paz para siempre. 7Es a Ti a Quien elijo, y a mi Identidad junto Contigo. 8Tu Hijo quiere ser él mismo, y reconocerte como su Padre y Creador, así como su Amor.

¿Qué me enseña esta lección?



Sentí la necesidad interior de dar un paseo. El sol había conseguido ganar la partida a la
débil niebla con la que despuntó la mañana e invitaba a disfrutar de su presencia. No podía negarme a aquella invitación de disfrutar del paisaje nostálgico característico de la entrada del invierno, en el que la mezcla de los opuestos, calor y frío, me extraía a quedar absorto de un diálogo interior.



Protegí mi cuerpo del frío y me calcé con unos botines adecuados que me permitiese cubrir mi andadura con comodidad. Inicié mis pasos, con la satisfacción inicial de poder gozar de unos minutos de comunicación con mi naturaleza espiritual. Esa decisión me llevó a desechar la radio que, en tantas ocasiones, me hacía de compañía en ese tipo de aventura.


No tardé en agradecer aquella decisión, pues apenas hube andado un corto trayecto, pude entrar en un estado de intimidad interior que me permitió aislarme del mundo exterior, hasta tal punto, que en ocasiones, extasiado por la paz que percibía del entorno, me hacía levitar por encima del suelo.

Uno sabe distinguir cuando algo especial está sucediendo en su interior. La percepción que experimenté, hizo que la piel adquiriese una sensación que ya había sentido en otras ocasiones. Los vellos se erizaron y me sentí más liviano. La causa de aquella sensación respondía al sentimiento que albergaba mi corazón. Estaba tan lleno de Amor, que no podía controlar el inmenso caudal de emociones que se daban cita en mi interior.

De mis ojos emanaron lágrimas que pugnaban por suavizar la presión que sentía en mi pecho. A penar si podía respirar entrecortadamente. Comprendí que estaba experimentando un exceso de energía procedente del corazón, donde de manera mental, situé a mi Ser Espiritual en un estrecho abrazo con su Creador.

Tuve la clarividencia de que no pertenecía a este mundo. Tuve la clarividencia de que más allá de ese instante santo, nada era real. Tuve la clarividencia de que era un Ser Completo, Pleno, Sano, Abundante. Tuve la clarividencia de que formaba una Unidad con todo lo que me rodeaba. Y disfruté, gocé, como un niño al sentir la Paz y la Dicha que me inundaba.

Me pregunté, por qué no era capaz de mantener ese estado vivo, presente, en mi consciencia. Supe que la respuesta a esta cuestión se encuentra, solo y únicamente, en mi interior. Se trata de vivir en el eterno presente, eligiendo, en todo momento, Amar.

Ejemplo-Guía: "Damos lo que creemos ser"

Otra manera de expresarlo es: "siempre compartimos lo que deseamos compartir".

No podemos olvidar que existe una relación muy estrecha entre lo que creemos y deseamos ser, es más, el mundo en el que creemos, es el que hemos deseado ver.

Si crees en un mundo limitado, es porque estás deseando un mundo donde estableces límites. Estos límites, con suma frecuencia se traducen en leyes, normas, que convertirnos en nuestros carceleros. 

Es importante recordar que siempre hay una manera diferente de ver las cosas. Por lo general, esa visión suele entrar en conflicto con los cánones establecidos.

Mi propuesta para este ejercicio de reflexión, es invitaros a renovar todas las creencias que alberguemos, y cuando digo todas, son todas. En esta totalidad, incluyo cualquier creencia que hayamos podido adquirir con respecto al Curso que estamos estudiando.  Sí, es preciso quedarnos desnudos de creencias, para permitir que la Verdad nos envuelva en su inmensidad, de tal modo, que quedemos ante la Presencia del Verdadero Conocimiento, el cual está más allá de las limitadas creencias.

Reflexión: La distancia que nos separa de la Paz de Dios, es la consciencia de nuestra identidad.

viernes, 20 de diciembre de 2019

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 9ª parte (Final)

“Bienaventurados seréis cuando se os ultraje, cuando se os persiga y se diga falsamente de vosotros toda suerte de mal a causa de mí. Regocijaos y estad en la alegría, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, ya que es así que los profetas han sido perseguidos antes de que vosotros lo fuerais” (Mt 5:11)

La novena y última Bienaventuranza, que es el complemento natural y lógico de la anterior, se corresponde con la proyección de Yesod en Malkuth, que representa el mundo material.

Esta Bienaventuranza invita al discípulo a soportar la adversidad la injusticia y todos los males inherentes a los centros de vida de la columna de la izquierda. Cuando el discípulo retiene en sí mismo, sin repercutirla, la onda expansiva del mal, se convierte en transmutador de ese mal, o sea en agente activo del bien, en Hijo de Dios y, como tal, recibirá en el cielo esa recompensa que alcanzan todos los que han despertado a la conciencia del Amor y que, por consiguiente, pueden actuar en el Mundo del Deseo como en su propia casa, es decir, poseen las llaves del Reino, que les permiten entrar y salir de él, como entramos y salimos de nuestra casa con la llave de la puerta.

En las nueve Bienaventuranzas analizadas, Cristo traza nueve esquemas básicos de comportamiento, nueve modos de ser. No dice en ningún momento bienaventurados son los que hagan esto o aquello, los que participan en un culto o los que siguen los preceptos de la Ley, sino aquéllos cuya naturaleza es así.

Para alcanzar estos estados naturales, pueden seguirse normas, pueden realizarse trabajos conducentes a ellos, pero jamás esas normas y esos trabajos podrán confundirse con su finalidad, que es la de ser así por naturaleza. Hemos visto después cómo la iglesia Católica ha distribuido bienaventuranzas y recompensas a los que asistían a misa en las fiestas de precepto, o a los que comulgaban los primeros viernes de mes. A la luz de las enseñanzas crísticas, podemos afirmar que tales recompensas son nulas. No es por hacer esto o aquello que se entra en el Reino del Padre, sino por ser de las nueve maneras que acabamos de definir.


ENFOQUE EXOTÉRICO

La última bienaventuranza parece ser una repetición de la precedente. Hay, sin embargo, una diferencia. En el versículo anterior, el tema era la persecución por causa de la justicia. Aquí es persecución por causa de Cristo.

El Señor sabía que sus discípulos serían maltratados por su asociación y lealtad hacia Él. La historia lo ha confirmado.
Desde el comienzo, el mundo ha perseguido, encarcelado y dado muerte a los seguidores de Jesús. Puede que los insulten en vuestras propias caras.

Por la causa de Jesús: “A causa de mí”, Él se identifica a sí mismo y a Su causa con la de la justicia, uniendo la causa de la justicia en el mundo con la  recepción de Él mismo.

¿Se habrían expresado así Moisés, David, Isaías ó Pablo? ¡Nunca! Jamás. Sin duda, ellos supieron por causa de la justicia. Pero que hubiesen designado a esto como “su causa”, habría estado fuera de lugar como cualquiera puede ver.

Mientras aquel que habla está siendo la justicia encarnada: Marcos 1:24; Hechos 3:14; Apocalipsis 3:7.  El “Santo de Dios”. Al Santo y al Justo Dios. El Santo, el Verdadero.

Él es el Santo hecho manifiesto en la tierra; la justicia se hizo presente en la tierra en Él, Él es justicia. Cuando se expresa así de Jesús no hace otra cosa sino decir lo que Él mismo es.

Parece algo extraordinario el que una persona que viviera la vida cristiana se considerara una víctima apropiada para la persecución y la muerte.

Se habían extendido algunas calumnias acerca de los cristianos de los cuales los judíos eran responsables en no poca medida. Se acusaba a los cristianos de canibalismo por las palabras de la última cena. “Esto es mi cuerpo” “Esta copa es el nuevo Testamento en mi sangre”, se tomaban y tergiversaban para hacer creer que los cristianos sacrificaban a un niño para comérselo.

Se acusaban a los cristianos de prácticas inmorales y se decía que sus rumores eran orgías indecentes. La reunión semanal de los cristianos se llamaba Ágape, la fiesta del amor; y ese nombre se interpretaba maliciosamente. Los cristianos se saludaban con el beso de la paz; y  también esto se usó para construir acusaciones calumniosas.

Se acusaba a los cristianos de ser incendiarios. Es verdad que hablaban del próximo fin del mundo y revestían su mensaje con cuadros apocalípticos del mundo en llamas. Sus calumniadores tomaban esas palabras y las interpretaban como amenazas de terrorismo político y revolucionario.

Se acusaba a los cristianos de deshacer los vínculos familiares. De hecho, por causa del cristianismo se producían divisiones en las familias como ya hemos visto; así que el cristianismo se representaba como algo que causaba división entre marido y mujer y que desarticulaba el hogar. Había suficiente  calumnias inventadas por gente maliciosa.

Pero el mayor campo de persecución era de hecho el político. El imperio  romano abarcaba casi todo el mundo conocido, desde las Islas Británicas  hasta el Éufrates y desde Alemania hasta el norte de África. Roma le traía al pueblo paz y buen gobierno, orden y justicia pues le hacían culto a la diosa Roma, el espíritu de Roma. Se limpiaron las carreteras de bandidos y los mares de piratas; los déspotas y tiranos fueron desterrados por la imparcial justicia romana. La gente de la provincia estaba muy dispuesta a ofrecer sacrificios al espíritu del imperio que había hecho tanto bien por ellos.

El culto de Roma pasó a otro objeto. Había un hombre que era la personificación del imperio romano, en quien podía decirse que Roma se encarnaba y ese hombre era el emperador, se le considera un dios, se le dan honores divinos y a levantarse templo a su divinidad. No fue el gobierno romano el que inició este culto; de hecho, en su principio hizo todo lo posible para desanimarlo. El emperador Claudio decía que lamentaba que se le diera honores divinos a cualquier ser humano. Al pasar el tiempo, el gobierno romano vio en el culto al emperador la única práctica que podía unificar el vasto imperio romano. Así que se llega el momento y se le impone a todo el mundo el culto al emperador. Así que el cristiano se negaban a hacerlo. Para ellos, Jesucristo era el único Señor y no le darían a ningún ser humano ese título. Así que en el vasto imperio romano no se podían tolerar bloques de desafectos y ese era exactamente lo que las autoridades romanas consideraban ser las congregaciones cristianas. Para los creyentes cristianos su único crimen era que colocaban a Cristo por encima del César; y por esa suprema lealtad murieron los cristianos por millares y fueron arrastrados a la tortura por causa de la exclusiva supremacía de Jesucristo.

La persecución vendrá cuando la Iglesia sea la conciencia de la nación y la sociedad. La Iglesia debe alabar lo bueno, pero resistir, enfrentarse, aguantar y debe igualmente condenar lo malo.

Gozaos y alegraos: “Saltad”, como si él quisiese que el regocijo interno venciese y absorbiese el sentimiento de todas las afrentas y sufrimientos.

Sufrir por causa de Cristo es un privilegio que debería ser causa de gozo. Grande es el galardón que espera a los que así vienen a ser compañeros de los profetas en la tribulación.

Aquellos portavoces de Dios en el Antiguo Testamento se mantuvieron fieles a pesar de la persecución. Todos los que imitan Su leal valor compartirán su presente entusiasmo y  futura exaltación.
Nos hacemos herederos de Su carácter y sufrimiento y la recompensa nuestra será la misma.

La bienaventuranza representa un retrato del ciudadano ideal en el reino de Cristo. Observemos el énfasis en la rectitud o justicia, la paz y gozo.

Es posible que Pablo tuviese este pasaje en mente cuando escribió “Porque el reino de Dios no es comida, ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. (Romanos 14:17)

Debemos alegrarnos en medio de los sufrimientos, alegres en medio de ellos, al saber que Cristo va delante de nosotros y al mismo tiempo, no nos deja atrás, sino que nos acompaña. Seremos recompensados en el reino de los cielos.

Fuentes consultadas: Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Iglesia Cristiana Mega Zoe.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 354

LECCIÓN 354

Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?



¿Qué me enseña esta lección? 

Esta lección da continuidad a la de ayer, en la que veíamos lo que representa el Espíritu Crístico, la puerta que nos conduce a la Liberación, a la Salvación, a través del Arquetipo del Amor Incondicional.

Ese Espíritu de Amor, es nuestra verdadera Esencia, ya que nuestro Padre nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, es decir, Somos portadores, potencialmente, de sus Atributos, de la Esencia que emana permanentemente de su Mente Creadora.

La Tradición Esotérica nos enseña que Dios se manifiesta en su aspecto Trino, o lo que es lo mismo, como Padre, Hijo y Espíritu Santo. El aspecto Padre está en analogía con el Principio de la Voluntad. El aspecto Hijo, está en analogía con el Principio del Amor y de la Sabiduría y representa como Arquetipo al Cristo. El aspecto Espíritu Santo, está en analogía con el Principio de la Inteligencia Creadora y representa como Arquetipo a Jehová.

Como vemos, el aspecto Hijo y la Esencia Crística se encuentran estrechamente relacionados y podemos decir, que forman una misma Unidad. Con ello, quiero decir, que el Hijo de Dios es realmente, en esencia, el Espíritu de Cristo, pues ambos son el fruto del Amor del Padre.

Cuando nuestra conciencia trascienda su identificación con el mundo de la ilusión, con el mundo de la división, con el mundo irreal y temporal, despertará su verdadera esencia, la misma que ha permanecido oculta en espera de que se tome consciencia de su única realidad. Esa realidad es que Somos Seres de Luz y Amor, más allá de los límites del tiempo y más allá de toda ley, salvo la Ley Verdadera que nos hace Eternos.

Ejemplo-Guía: "Hermano, veo en ti al Cristo que hay en mi"

¿Te imaginas ese mundo? Un mundo en el veamos, en cada uno de nuestros hermanos, el Rostro de Cristo, esto es, la Esencia del Amor.

¿Puedes hacer un esfuerzo de imaginación y ver la Inocencia y la Impecabilidad en cada uno de los  hombres?

Sin duda alguna, ese mundo es el añorado por todos los Hijos de Dios. Es un mundo donde reina la Paz y la Felicidad. Donde el único propósito que nos mueve, es extender el Amor que nos anima.

Si juntos, somos capaces de compartir el fruto de ese acto de imaginación, estaremos creando un vínculo muy cercano a la percepción verdadera. Estaremos creando un canal a través del cual podamos experimentar la ilimitada fuerza del Amor.

Esa es mi invitación.

Reflexión: Soy Cristo, el Hijo de Dios.

jueves, 19 de diciembre de 2019

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 8ª parte

“Bienaventurados los perseguidos por la justicia, ya que el reino de los cielos es de ellos” (Mt 5:10)

La octava Bienaventuranza, expresa los trabajos realizados por el centro llamado Yesod. La Justicia es un atributo de la columna de la izquierda, que es la que elabora las leyes y reglamentos. Cristo vino a proclamar una doctrina que abolía la Ley y que situaba al hombre en el dominio de la gracia y del perdón de sus culpas. Ya en su discurso preliminar,  dijo que el Reino del Padre estaba abierto muy especialmente a los pecadores, porque éstos son individuos que llevan en ellos una cantidad de luz más intensa de la que normalmente pueden digerir.

Expliquemos este punto. La luz es el amor de Hochmah, el que permite a las estructuras materiales subsistir. O, dicho de otro modo, Abel muere, se disuelve en Caín y gracias a esa disolución Caín vive. Pero, ¿qué ocurre cuando en el interior de Caín hay demasiado Abel, o sea cuando un individuo lleva más luz de la que puede reflejar? Pueden suceder tres cosas:

1.- Que Abel mate a Caín, es decir, que la excesiva luz energía interna destruya el receptáculo material y haga la vida física imposible.

2.- Que el hombre adquiera una conciencia de la espiritualidad que lo habita, que comprenda el funcionamiento de los mundos de arriba y testimonie de ellos en la tierra, derramando sobre el mundo que lo rodea su excedente de luz.
Si procede así, habrá ahondado sus cauces internos y el desbordamiento de su luz no se producirá; es decir, tendrá lugar de una manera adecuada y no como un río que ante la afluencia de aguas tempestuosas, se desborda.

3.- Que el hombre no adquiera conciencia de sus poderes internos y no sepa utilizarlos adecuadamente, pero, para no ser destruido por ellos, que actúe en la sociedad de una manera desordenada, fuera de las reglas instituidas, dando lugar a la figura del delincuente y del perseguido por la justicia.

El perseguido por la justicia será pues aquel que lleva en su interior un excedente de luz que no sabe utilizar adecuadamente. Por lo tanto podemos decir que en su interior habita el Reino de los Cielos, que este Reino es de él, sin que haya tomado conciencia de su situación de privilegio. Pero, estando el Reino dentro, puede tomar conciencia de un momento a otro, y es por ello que en las cárceles se producen tantas transmutaciones, ya que los presidios constituyen un arsenal de perseguidos por la justicia, los cuales tienen la posibilidad de meditar sobre sí mismos. En este sentido, cabe añadir que uno de los trabajos del discípulo ha de consistir en trabajar para que las cárceles puedan ser ese lugar de reflexión de los perseguidos por la justicia.

Por otra parte,  el individuo que se encuentre en el segundo caso, también acabará siendo un perseguido por la justicia, porque su acción, aunque no resulte atentatoria contra sus semejantes, si lo será de algún modo contra el reino de las sombras y el señor de la penumbra lo perseguirá para matarlo, como los poderes públicos persiguieron a Cristo desde que nació. Las sombras sienten una apetencia natural por la luz, como el vampiro por la sangre de su víctima, que le permite mantenerse en vida. Esa persecución se producirá en la octava hora de su vida, cuando Yesod entre en funciones para cristalizar la dinámica interna y darle salida al exterior. Por consiguiente, ocuparse de los perseguidos por la justicia ha de ser una de las tareas fundamentales del discípulo.

ENFOQUE EXOTÉRICO

Padecer:
  1. Sentir física y corporalmente un daño, dolor, enfermedad, pena o castigo.
  2. Soportar agravios, injurias, pesares, etc.
Si Cristo padeció, nosotros no tenemos por qué pensar que no vamos a padecer. (Lucas 21.12)

Persecución:
  1. Instancia enfadosa y continua, con que se acosa a alguien a fin de que condescienda a lo que de él se solicita.
  2. Molestar. Conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerle el mayor daño posible.

Desde tiempos antiguos los servidores de Dios han sido objeto de persecuciones, los profetas sufrieron grandes persecuciones, amenazas de muerte, entre otras.  Por ejemplo:
  • Elías salió huyendo por el peligro que corría su vida (1 Reyes 19.1-3).
  • Un vidente que llevo un mensaje de Dios fue hecho preso (2 Crónicas 16.10).
  • Daniel cuenta como tres de sus compañeros fueron perseguidos para echarlos al horno de fuego (Daniel 3.20)
Y podríamos dar varios ejemplos de la antigüedad como se perseguían a los mensajeros de Dios.

En el Nuevo Testamento, la Iglesia primitiva también sufrió persecución y a consecuencia de esto, esta fue esparcida (Hechos 8.1).  También Jesucristo y los apóstoles fueron perseguidos, encarcelados y maltratados por la justicia de Dios.

Por lo tanto debemos entender que estas cosas nos sucederán (Juan 15.20), este y muchos pasajes nos advierten de que los padecimientos y persecuciones vendrán a nosotros, y esto no para que nos preocupemos ni suframos antes de tiempo si no para que nos preparemos. Nada nos puede separar del amor de Cristo (Romanos 8.35-39) y hay que tener claro que las persecuciones son privilegio de Dios y signo de nuestra salvación (Filipenses 1.28). Además Dios en su soberanía nos libra del enemigo (2 Timoteo 3.11).

Pedro en su primera carta (1 Pedro 3.13-16) nos enseña que debemos estar preparados para defendernos con mansedumbre y reverencia frente a aquellos que nos demanden razones de nuestra esperanza en Cristo, siempre teniendo una buena conducta, pues en esta conducta los que murmuran serán avergonzados. La defensa de Cristo no permitirá que nada nos haga daño, pero siempre considerando que se debe hacer el bien.

Nuestra actitud hacia la persecución debe ser:
  1. Encomendarse a Dios: Si padecemos según la voluntad de Dios , nuestra salida es encomendarnos a aquel que es fiel verdadero, a aquel cuya palabra y promesa cumple sin variación, pero siempre mantenernos haciendo su voluntad. (1 Pedro 4.19)
  2. Perseverar (Quedar firme en la fe): Una vez que hemos aceptado Cristo debemos a pesar de lo que venga, mantener nuestra fe y confianza en Dios. No es necesaria la paciencia para recibir sus promesas. (Hebreos 10.32-36; Santiago 1.12)
  3. Regocijarse: Muchas veces es difícil poder gozarse, pero debemos pensar y entender que por medio de estas pruebas y dificultades, acumulamos gran peso de gloria sobre nosotros, y nuestro galardón será grande en los cielos. (Mateo 5.12; 2 Corintios 4.17-18)
  4. Huir: Jesús de sus propios labios nos enseña que se debe huir (Mateo 10.23), pero esto tenía un propósito, el que era predicar su evangelio. (Hechos 14.6-7)
  5. No avergonzarse de la fe: Como veíamos en el segundo punto, debemos permanecer en la fe, firmes sin avergonzarnos. (1 Pedro 4.16)
  6. Orar: Nuestra actitud de amor y paz nos debe llevar a postrarnos en oración, y clamar por aquellos que nos persiguen. (Mateo 5.44; Hechos 7.60)
La recompensa para los que padezcan persecución y para los pobres de espíritu es que poseerán el reino de los cielos. La Biblia pone al mismo nivel a los pobres de espíritu y a los perseguidos en términos de la recompensa que obtendrán. Y esta recompensa la recibiremos ya que estaba preparada desde antes de la fundación del mundo (Mateo 25.34) y desde ese momento la poseemos. Quizás no en su plenitud, pero ya somos parte de ella pues su paz, su gozo y su justicia la vivimos día tras día (Romanos 14.17).

Fuentes consultadas: Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 353

LECCIÓN 353

Mis ojos, mi boca, mis manos y mis pies tienen hoy un solo propósito: estar al servicio de Cristo a fin de que Él pueda utilizarlos para bendecir al mundo con milagros.

1. Padre, hoy le entrego a Cristo todo lo que es mío para que Él lo utilice de la manera que sea más beneficiosa para el propósito que comparto con Él. 2Nada es exclusivamente mío, pues Él y yo nos hemos unido en un propósito común. 3De este modo, el aprendizaje casi ha llegado a su señalado final. 4Por un tiempo colaboraré con Él en el logro de Su propó­sito. 5Luego me fundiré en mi Identidad y reconoceré que Cristo no es sino mi Ser.


¿Qué me enseña esta lección? 



El Espíritu de Cristo, representa para la humanidad, la puerta que ha de permitirnos abandonar la tierra del rigor, del sacrificio, del sufrimiento, del castigo y de la culpa, del dolor y la enfermedad, del odio y de la muerte, para retornar a nuestro verdadero hogar, esa tierra de miel y leche, de abundancia, de felicidad, de alegría, de inocencia, de amor y vida.


El Camino que nos ha trazado Cristo, es una senda que todos debemos recorrer individual y colectivamente. Con ello, debemos entender que aunque nuestros pasos nos hayan llevado a la meta, debemos esperar a nuestros hermanos, pues el Hijo de Dios, no es la separabilidad, sino Unidad. El mejor modo de esperar, es caminar hacia ellos y respetando en todo momento su libertad, contagiarle nuestra vibración, que no es otra, que Amar Incondicionalmente.

Cuando todos nuestros órganos de percepción se ponen al servicio del AMOR, podemos decir que hemos dejado de identificarnos con el cuerpo y le hemos cedido el mando de nuestra vida al Ser que realmente Somos. A partir de ese instante santo, nuestros ojos serán capaces de ver; nuestros labios serán capaces de pronunciar la verdad; nuestras manos serán capaces de realizar acciones de amor y nuestros pies, serán capaces de acompañar a nuestros hermanos hasta la Morada de nuestro Padre.

Actuar en el Nombre de Cristo, ha de llevarnos a Ser Maestros de Dios.

Ejemplo-Guía: "Un solo propósito"

Detrás de esta idea, descubrimos la importancia de la "coherencia". No es un tema nuevo. Ya hemos dedicado una Lección a hablar de la coherencia.

La Lección de hoy nos ofrece la oportunidad de recordar la trascendencia de que nuestros pies, nos lleven, exactamente, al destino que visiona nuestros ojos.

Cuando no hay coherencia, entre nuestros pensamientos y nuestros actos, los efectos a los que da lugar esta situación de "división", se manifiesta como desequilibrios que pueden afectar nuestro cuerpo en forma de enfermedades.

Sabemos que estas apreciaciones se producen en la dinámica del sueño, donde experimentamos la relación causa-efecto. Debemos trascender esta visión, pues estar dando significado a este proceso que culmina con la enfermedad, es hacer real lo que es pura ilusión. Por lo tanto, el estado de coherencia al que debemos dirigir nuestra atención es al de nuestras creencias, es decir, si nos identificamos con el Ser que realmente somos, un Ser Espiritual, no podemos compartir esa visión con la creencia de que somos seres vulnerable por la idea del pecado o del mal obrar.

Si nuestra mente nos dice que somos Espíritu, no podemos juzgar nuestros actos y condenarlos, pues con ello estaríamos haciendo real que el castigo o la enfermedad son efectos derivados de nuestras acciones.

Creo que es un tema en el que debemos reflexionar. Como Seres Espirituales, somos Impecables, Inocentes e invulnerables. ¿Qué sentido tiene el que demos valor al dolor para redimir nuestras culpas?

Reflexión: ¿Hasta cuándo será necesario utilizar el cuerpo físico?

miércoles, 18 de diciembre de 2019

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 7ª parte

“Bienaventurados los pacificadores, ya que serán llamados hijos de Dios” (Mt 5:9)

La séptima Bienaventuranza, expresa las cualidades de Hod Mercurio. Vivimos en un mundo en el que las fuerzas se encuentran enfrentadas, primero en nosotros mismos; después en las relaciones sociales. En nosotros, las tendencias que nos rigen se suceden y mientras unas luchan para establecer en la vida lo que es justo, vienen luego otras a impulsar los deseos de goce, de riquezas, de placeres y bienestar, y así por momentos somos justos, honrados, buenas gentes, y en otros momentos deshacemos lo que el Señor (o sea la fuerza/entidad) que nos regía había conseguido anteriormente, lo destruimos como se destruyen las cosas en una guerra.

Vivimos en estado de guerra interior, en la que el bien y el mal -entendiendo como bien aquello que es conforme a las leyes cósmicas y a nuestro programa profundo y como mal lo que no lo es- que hay en nosotros se combaten ferozmente. Para que esa guerra termine, se necesita un pacificador que posea la palabra justa, la palabra creadora, susceptible de ser entendida y aceptada por ambos contendientes. Ese pacificador tiene que surgir, evidentemente, de nuestra naturaleza interna y ser capaz de reconciliar en nosotros las tendencias enfrentadas, de forma que puedan colaborar mutuamente en la edificación de nuestra existencia.

Para conseguir esa paz, los señores que rigen nuestros deseos deberán renunciar a ciertos objetivos, pero los señores que representan los objetivos de nuestro Ego Superior también deberán renunciar, en cierta medida, a sus propósitos, a fin de que en nosotros se allanen los caminos y que los deseos puedan trepar a la montaña de la espiritualidad. Si la exigencia espiritual es fuerte y no transige, y si los deseos también son intensos, cada uno tirará hacia su mundo, y como las raíces de los deseos son más fuertes, acabarán por ganarle la guerra a la espiritualidad.

En nuestra entidad humana hay un centro que regula el dinamismo de esas dos fuerzas. Ese centro se conoce cabalísticamente con el nombre de Hod, y su manifestación material con el nombre de Mercurio. Allí se encuentra el pacificador y mientras uno de sus ojos mira hacia arriba y contempla las realidades espirituales, el otro mira hacia abajo para ver las posibilidades existentes de encajar en el mundo material. Ya sabiendo lo que de arriba puede caber abajo el pacificador frena las energías procedentes de arriba, al tiempo que trata de abrir cauces más amplios abajo para que, progresivamente, pueda absorber más y más el producto de arriba. Cuando ese pacificador actúa en nosotros, somos llamados hijos de Dios, al igual que Mercurio era hijo de Júpiter, en el cual Dios ha delegado sus funciones en ese cuarto Día de la Creación en el que nos encontramos.

Una vez la pacificación se ha producido en nuestra tierra humana, nos encontramos ya en condiciones de “exportar” nuestro orden interno a la sociedad y ser los pacificadores del mundo, puesto que los enfrentamientos internos del hombre dan lugar a enfrentamientos externos contra las personas que representan las tendencias con las que lucha el rey que está rigiendo en aquel momento en nuestra psique. Si hemos conseguido nuestra paz interna, esa paz se manifestará sin necesidad de argumentarla, irá con nosotros dondequiera que vayamos y la contagiaremos a nuestros semejantes con nuestra sola presencia. Ejerceremos en calidad de hijos de Dios y, a través de nosotros, Dios verá aumentar el número de sus hijos.

Los pacíficos son los que viven en un estado de paz permanente porque, después de comprender la Realidad, están plenamente de acuerdo con ella. Quien contempla como el torrente baja desde la montaña, desemboca en el rio y discurre por el llano hasta desembocar en el mar, deja de preocuparse por un determinada gota, deja de intentar evitar que la gota tropiece con obstáculos; y no pretende acelerar su curso para que llegue al mar antes de lo previsto. Nada le parece mal porque está contemplando el Bien, no como idea o sentimiento sino como Realidad. Deja de luchar, deja de hacer presión contra las circunstancias porque tal actitud se le aparece como algo absurdo. Lo que hace es colaborar con esta Realidad aportando la energía, el amor y la inteligencia que se están expresando a través de su personalidad.  Cuando esto sucede, el "hijo del Hombre" es llamado "hijo de Dios" porque ya no se vive exclusivamente como personalidad, también está experimentando y manifestando el Ser.

Sin embargo, continúa ligado a la forma; porque sigue habiendo "alguien" que actúa de una forma personal. Paradójicamente, este Hombre desarrollado, capaz de actuar de una forma envidiable para los demás, está llamado a desvincularse de eso que los otros tanto admiran. Su personalidad aparece como el colmo de la perfección: lo comprende todo, lo integra todo y ejercita su voluntad sin trabas. Pero esto es así porque ya no es él quien actúa sino el Ser a través de él: ha conseguido hacer de su personalidad un canal transparente a la Esencia y ya no se siente protagonista de sus actos.

Los oyentes de Jesús deseaban ardientemente una liberación militar, no unos pacificadores. Pero la paz de Jesús no es de tipo pacífico y negativo. En presencia de las pruebas y de las persecuciones, decía: “Mi paz os dejo.” “Que vuestro corazón no se perturbe, y no tengáis miedo.” Ésta es la paz que impide los conflictos ruinosos.

La paz personal integra la personalidad. La paz social impide el miedo, la codicia y la ira. La paz política impide los antagonismos raciales, las desconfianzas nacionales y la guerra. La pacificación es el remedio para la desconfianza y la sospecha.

Es fácil enseñar a los niños a trabajar como pacificadores. Disfrutan con las actividades de equipo; les gusta jugar juntos. El Maestro dijo en otra ocasión: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien esté dispuesto a perderla, la encontrará.”


ENFOQUE EXOTÉRICO

Pacificadores son aquellos que hacen la paz, o dicho de otra forma son los hacedores de paz.

La RAE la define "paz" como:
  • Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
  • Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia.
  • Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

El diccionario bíblico nos indica que esta palabra en el griego se refiere a una relación armónica entre personas o a la ausencia de agresión.

Nuestro Dios es un Dios de paz (Romanos 15.33; Filipenses 4.9; Hebreos 13.20) y su hijo vino a entregar esa paz que el mundo no puede entregar (Juan 14.27). El mundo solo nos puede entregar aflicción, preocupaciones, pero como Cristo a vencido al mundo nosotros debemos vivir en paz y tranquilos, confiando que en Cristo todo lo podemos (Juan 16.33). Dios fue el que se acercó a nosotros para reconciliarnos con Él mismo (2 Corintios 5.18).

Dios en la antigüedad dijo que no iba a contender más con el hombre (Génesis 6.3) porque su corazón iba de continuo al mal (Génesis 6.5), pero también en su soberanía, desde mucho antes ya había destinado el sacrificio de Cristo por nuestros pecado (Apocalipsis 13.8). Isaías profetizó que el castigo o el pago para recuperar nuestra paz  iba a ser el sufrimiento de Cristo en la cruz (Isaías 53.3) y es por esa muestra que fuimos reconciliados con Dios, cambiando nuestro estado de enemigos a reconciliados (Colosenses 1.21) ya que al reconocer a Cristo por medio de la fe, fuimos justificados (Romanos 5.1; Romanos 5.10).

Jesús, es nuestra paz. Con su sacrificio derribó la pared intermedia, esa que nos separaba del su pueblo, y ahora somos un sólo pueblo, solamente por el afecto de su voluntad (Efesios 2.14). Y esto no solo en la tierra si no también, las que están en los cielos, por la sangre derramada en la cruz (Colosenses 1.20).

Ahora que nosotros pasamos de muerte a vida, y fuimos adoptados como hijos de este Dios de paz, debemos ser pacificadores ¿cómo? anunciando el evangelio de la paz (Hechos 10:36). Este es un mandamiento dado por Jesús a sus discípulos en la gran comisión (Marcos 16:15-16) donde nos ordena que debemos sembrar el evangelio de paz y actuar como embajadores de Dios en esta tierra (2 Corintios 5.19-20). ¿Rogamos cada día por los que están en enemistad con Dios? ¿Hacemos esfuerzos significativos que traigan más gente a la verdad y a la reconciliación? o ¿Nos conformamos con asistir a un punto de predicación haciendo número o hablando el evangelio de lejos (por si alguien escucha), pero luego llegamos a nuestro hogar, trabajo, colegio, etc. y nos olvidamos de este mandato?

La paz también tiene otra arista. Nosotros debemos amar a nuestros enemigos para que seamos hijos de nuestro Padre celestial (Mateo 5. 44-48). En nuestro diario vivir debemos caminar el camino de la paz con TODOS (Hebreos 12.14). Debe haber en nosotros mansedumbre y dominio propio, porque en nuestra ira o enojo no obra la justicia de Dios (Santiago 1.19-20). El fruto de justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz (Santiago 3.16-18). Debemos andar en paz con todos, no solo con nuestros hermanos, que es primordial para que acampe la presencia de Dios en medio nuestro, sino que también, con aquellos que no conocen a Cristo ya que de esta forma también estaremos sembrando la buena semilla del evangelio para que pueda entrar a la paz (reconciliación) con Dios (1 Juan 3.10) en las vidas de los que aún no creen.


En el momento que todo esto se cumple nosotros veremos como la perfección de Dios está en nosotros, y pasaremos a tener la real "imagen y semejanza" de Dios, esa que nos distingue como sus hijos, por que hacemos lo que Él hizo.

Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 352

LECCIÓN 352

Los juicios son lo opuesto al amor. De los juicios procede todo el dolor del mundo, y del amor, la paz de Dios.

1. El perdón ve sólo impecabilidad, y no juzga. 2Ésta es la manera de llegar á Ti. 3Los juicios me vendan los ojos y me ciegan. 4El amor, que aquí se refleja en forma de perdón, me recuerda, por otra parte, que Tú me has proporcionado un camino para volver a encontrar Tu paz. 5Soy redimido cuando elijo seguir ese camino. 6Tú no me has dejado desam­parado. 7Dentro de mí yace Tu recuerdo, así como Uno que me conduce hasta él. 8Padre, hoy quiero oír Tu Voz y encontrar Tu paz. 9Pues quiero amar mi propia Identidad y encontrar en Ella el recuerdo de Ti.


¿Qué me enseña esta lección? 




El acto de juzgar, es un acto que “separa”. El origen del juicio, según mi opinión, procede del deseo que estimuló al Hijo de Dios a crear, a usar los atributos con los que había sido creado. Dicho deseo creador, junto a la proyección de su voluntad, le llevó a percibir las vibraciones de un estado de energía a la que prestó su atención y le dio consistencia, le dio forma.

El tránsito de la consciencia de permanecer conectado a la Fuente Creadora, a un nivel de vibración distinto, en el que se percibe la realidad ilusoria de un envoltorio con el que no estábamos habituados, nos llevó a desear conocer, comprender lo que percibíamos, a través de los sentidos físicos.

El análisis, el estudio, la investigación, son cualidades que han derivado del primer acto que dio lugar al juicio. La percepción de la diferencia entre los cuerpos, daba paso a cuestionarse que lo de fuera era distinto a lo de adentro. Surge la mente dual, y aprendemos a paso acelerado, que lo que no aceptamos de nuestro interior lo juzgamos en el otro, es decir, nos sentimos pecadores y ello nos lleva a condenarlo en los demás, cuando en realidad lo que tenemos que hacer es "expiar" -corregir-, ese error internamente.

Juzgamos a nuestro Creador, a nuestro Padre, y lo condenamos por habernos hechos débiles, por habernos dejado a la deriva, por habernos retirado su protección. Cuando nos sentimos víctimas de circunstancias dramáticas, le achacamos a Dios, su falta de misericordia, pues interpretamos que no nos ha perdonado el hecho de haber violado sus “leyes”. Son los efectos, de habernos identificados con el cuerpo físico y con el mundo material. Dentro de este plano denso, tendremos la oportunidad de aprender, que Dios está ajeno a nuestros juicios. Para Él, no existe el pecado, por lo tanto no puede condenar. Él, al no ver acto pecaminoso, no tiene necesidad de perdonarnos, pues para Él, su Hijo permanece impecable e inocente.

Desde este mundo, tenemos la oportunidad de comprender que el uso que damos a nuestra mente es la causa que da origen a las consecuencias que experimentamos. En esa relación Causa-Efecto, debemos extraer la lección de responsabilidad en el uso de nuestras capacidades creadoras. Cuando nuestra conciencia despierte a esa realidad, estaremos preparados para dar el siguiente paso, expresar nuestra condición divina, como agentes del Amor y convertirnos en mensajeros del perdón.

Ejemplo-Guía: "Los juicios, nos vendan los ojos y nos ciegan"

Esto es así, pues cuando juzgamos, estamos viendo y percibiendo separación. Tal vez nos digamos, que cuando estamos juzgando, estamos viendo con total nitidez. Esto es cierto para el sistema de pensamiento del ego, es decir, es cierto cuando elegimos ver con los ojos de cuerpo y percibir que nuestros cuerpos están separados.

Pero la Lección que estamos estudiando, ha de aportarnos, esencialmente, que si juzgamos (interpretamos) que nos encontramos separados unos de otros, lo que estamos viendo no es real, es decir, estamos con una venda en los ojos que se convierte en un filtro que altera a la verdadera visión, la que ha de llevarnos a visionar la verdad, esto es, la Unidad que engloba a todo lo creado.

Ya hemos hablado, que los efectos que experimentamos cuando elegimos ver con los ojos del cuerpo, no nos aportan paz, ni felicidad. Hemos hablado, que la causa que origina esos efectos, es el miedo.

Pero cuando elegimos la Visión Crística, estamos eligiendo el camino correcto que ha de llevarnos a experimentar la paz y la felicidad, pues en realidad lo que estamos haciendo es recordar nuestra verdadera condición. Ser Hijo de Dios, nos hace portadores de paz y de felicidad, pues son aspectos de nuestra condición espiritual.

Reflexión: Dime lo que juzgas y te diré cómo eres.

martes, 17 de diciembre de 2019

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 6ª parte

“Bienaventurados los limpios de corazón, ya que ellos verán a Dios” (Mt 5:8)



La sexta Bienaventuranza expresa las cualidades de Netzah. 

En las enseñanzas cabalísticas se recoge, al referirnos al Sol, regente de nuestro corazón físico, que en él se centraliza la voluntad de nuestro Ego Superior por su polo positivo y que es el guardián de la conciencia por su polaridad negativa.

Al hablar de un corazón limpio, Cristo se refería pues a una voluntad volcada hacia la pureza, dejando de lado la conciencia, ya que ésta es un depósito de todo lo puro que hemos podido acumular en el curso de las vidas y, por tanto, no es apropiado decir que la conciencia pueda ser purificada. Cuando decimos precisamente que “tomamos conciencia de una cosa”, queremos significar, en profundidad, que hemos captado lo que hay de verdadero, puro y eterno en aquella cosa.



Hemos visto también, al hablar de Netzah Venus, que ese centro de vida administra la parte de la voluntad relacionada con los sentidos, es decir, se ocupa de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, y suele ser por este lado que la voluntad se extravía. Los cinco sentidos nos llevan a descubrir un mundo que nos deslumbra y nos identificamos con él, cuando no es más que una parte de un todo, es la parte del placer, del gozo que Dios ha puesto en su obra, y mejor haríamos diciendo que es el anuncio, la publicidad de un gozo cien veces superior que hemos de encontrar en el mundo de arriba.


Netzah, situado en la parte más baja de la columna de la derecha, es la muestra pálida de esos auténticos goces y alegrías que Cristo vino a anunciar. Pero ello no impide que el hombre los considere supremos y que utilice los cinco sentidos para gozar ampliamente de las bellezas que le penetran por ellos.

Sucede así que utilizando los sentidos para dar un relieve cada vez más intenso al mundo de abajo, lo escindimos del de arriba, que desaparece de la conciencia, no se imprime en ella porque no lo captamos, no lo aprisionamos en nuestros registros humanos. Entonces en nuestra conciencia se forma una espesa costra de suciedad, como la que aparece en los cristales si dejamos que en ellos se acumule durante años y años el polvo, acabando por no dejar pasar la luz. Esa costra de impurezas que rodea la conciencia, desaparece al morir, destruida por la fuerza de repulsión activa en las bajas regiones del Mundo del Deseo y ya no queda en nosotros recuerdo de los falsos valores acumulados; queda tan sólo el sentimiento de que hemos utilizado mal los recursos que nos ha dado el Creador para explorar sus mundos.

Cuando esa suciedad desaparece de la conciencia-corazón, entonces el discípulo puede contemplar los mundos de arriba y ver a Dios.



Esta Bienaventuranza expresa pues la necesidad de dirigir los cinco sentidos hacia arriba con la misma avidez con que un día los proyectamos hacia abajo. La reinversión de la vista dará como resultado la clarividencia, la del oído la clariaudiencia y lo mismo para los demás sentidos. De esta forma, el discípulo verá, oirá, olerá el perfume de las regiones eternas, podrá gustar y tocar el otro mundo.


Así pues, la regla para esa Bienaventuranza consistirá en cerrar progresivamente los sentidos a la percepción de las realidades físicas, para proyectarlos hacia arriba. Es una tarea quíntuple, como cinco son los sentidos y el resultado es la visión de Dios.

El acto de ver es propio del centro intelectual. Pero aquí se presenta la Verdad como consecuencia del Bien, de haber limpiado el centro emocional de todo rastro de negación, de crítica, de identificación, de segundas intenciones y deseos frustrados. Solo así el centro intelectual puede dedicarse a mirar la realidad en vez de pasarse el día interpretándola para calmar el sentimiento de separación que experimenta, al creerse una parte indefensa enfrentada al resto de la Creación. Solo el sentimiento de formar parte del Todo puede llevar a la comprensión de la Realidad. Aquí se constata lo que decíamos al principio de este tramo ascendente: la explicación se encuentra al final, no al principio. Nuestra conexión con lo Superior se produce a través del Bien, no de la Verdad, es una conexión emocional, no intelectual. Lo que hace inicialmente el Trabajo es destruir el error intelectual, para que podamos subir al carro del Bien. Y este Bien el que, posteriormente, nos conduce a la Verdad.

Porque si la mente juzga la realidad como “incorrecta” obliga a la emoción a rechazarla. La mente discrimina la realidad, la trocea y divide los trozos en buenos y malos. Así pierde por completo la perspectiva y la globalidad imprescindible para comprenderla. El camino de vuelta ha de recuperar esta perspectiva amplia y esto se hace desde el Amor. No se trata de cambiar de ideas sino de percibir las cosas desde otra dimensión. En ella se encuentra el sentido que la personalidad había perdido: un sentido que no compete a la personalidad sino al Ser esencial. Este sentido incluye a la personalidad como instrumento y la convierte en algo útil y eficaz; al tiempo que la releva de la responsabilidad de decidir. Porque el sentido es la voluntad de Dios y se descubre precisamente allí donde, anteriormente, todo parecía caos e injusticia.

La pureza espiritual no es una cualidad negativa, salvo que carece de recelo y de revancha. Al hablar de la pureza, Jesús no tenía la intención de tratar exclusivamente de las actitudes sexuales humanas. Se refería más bien a esa fe que los hombres deberían tener en sus semejantes; a esa fe que los padres tienen en sus hijos, y que les permite amar a sus semejantes como un padre los amaría. El amor de un padre no tiene necesidad de mimar, y no perdona el mal, pero siempre se opone al cinismo. El amor paternal tiene una única finalidad, y siempre busca lo mejor que hay en el hombre; ésta es la actitud de un verdadero padre.

Ver a Dios -por la fe- significa adquirir la verdadera perspicacia espiritual.

La perspicacia espiritual intensifica el gobierno del Ajustador, y los dos reunidos terminan por aumentar la conciencia de Dios. Cuando conocéis al Padre, os sentís confirmados en la seguridad de vuestra filiación divina, y podéis amar cada vez más a vuestros hermanos en la carne, no sólo como un hermano, con un amor fraternal, sino también como un padre, con un afecto paternal.

Esta exhortación es fácil de enseñar incluso a un niño. Los niños son confiados por naturaleza, y los padres deberían cuidar de que no pierdan esta fe sencilla. Al tratar con los niños, evitad todo engaño y absteneos de sugerir la desconfianza.

Ayudadlos juiciosamente a escoger a sus héroes y a seleccionar el trabajo de su vida.

Luego, Jesús continuó instruyendo a sus discípulos sobre cómo conseguir el objetivo principal de todas las luchas humanas, la perfección, e incluso la consecución divina. Siempre les recomendaba: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” No exhortaba a los doce a que amaran al prójimo como se amaban a sí mismos. Esto hubiera sido un logro meritorio, que hubiera indicado la realización del amor fraternal. Recomendaba más bien a sus apóstoles que amaran a los hombres como él los había amado, con un afecto paternal así como fraternal.


ENFOQUE EXOTÉRICO

Limpio: El diccionario tradicional indica que limpio tiene varios significados:
  • Que no tiene mancha o suciedad.
  • Que no tiene mezcla de otra cosa.
  • Libre, exento de cosa que dañe o inficione.


El diccionario bíblico define la palabra limpio como: Aquello que está libre de mezclas impuras, sin tacha (falta, nota o defecto que se halla en una cosa y la hace imperfecta.). En conclusión y en una sola palabra "puro".


Corazón: En griego hace referencia al principal órgano de la vida física. Esta palabra se utiliza en forma figurada para denotar las corrientes escondidas de la vida personal, explicado de otra forma, podría significar toda la actividad mental y moral del hombre, tanto en lo racional como en lo emocional. En hebreo la palabra que se traduce por corazón, uno de sus significados es mente o interior (en medio dé).


Más allá de discutir o plantear si es la mente o el corazón el que piensa, debemos enfocarnos en presentarnos limpios y puros delante de Dios para poder así ver su rostro. Es el hombre interno el que debe contar con el atavío adecuado (1 Pedro 3:4) y el que debe representar nuestro verdadero carácter.

En cuanto a su utilización de la palabra “corazón” en el Nuevo Testamento, esta denota:

El centro de la vida física (Hechos 14:17; Santiago 5:5).

El centro de la naturaleza moral y de la vida espiritual; El asiento del dolor (Juan 14:1; Romanos 9:2; 2 Corintios 2:14); Del gozo (Juan 16:22; Efesios 5:19); De los deseos ( Mateo 5:28; 2 Pedro 2:14); De los afectos (Lucas 24:32; Hechos 21:13); De las percepciones ( Juan 12:40; Efesios 4:18 ); De los pensamientos (Mateo 9:4; Hebreos 4:12); Del entendimiento (Mateo 13:15; Romanos 1:21); De los poderes de raciocinio ( Marcos 2:6; Lucas 24:38 ); De la imaginación (Lucas 1:51); De la conciencia (Hechos 2:37; 1 Juan 3:20); De las intenciones ( Hebreo 4:12, 1 Pedro 4:1 ); De los propósitos (Hechos 11:23; 2 Corintios 9:7); De la voluntad (Romanos 6:17; Colosenses 3:15); De la fe (Marcos 11:23; Romanos 10:10; Hebreos 3:12). El corazón, en su sentido moral en el Antiguo Testamento, incluye las emociones, la razón, y la voluntad.

Ahora una reflexión ¿Cómo esta nuestro hombre interior? ¿Cómo están nuestras emociones, nuestra moral y nuestra vida espiritual? ¿Podríamos decir que nuestro hombre esta vestido de túnicas blancas sin manchas ni arrugas? Todos queremos ver a Dios pero ¿Estamos puros o limpios?

Debemos evaluarnos día tras día. Para nosotros debe ser una preocupación constante preocuparnos de nuestra limpieza, es la única forma de consagrarnos al servicio de Dios plenamente. La enseñanza de Jesús cuando lava los pies a sus discípulos es justamente esta, lavar sus pies que son los que se han contaminado (Juan 13:1-17), ya que por su palabra ya hemos sido limpiados completamente (Juan 15:2-3). El salmista se pregunta ¿Quién subirá y estará en el lugar santo, en el monte de Jehová? El limpio y puro (Salmo 24:3-4). El escritor de Hebreos lo relata diciendo que sin santidad nadie verá a Dios (Hebreo 12:14).

Jesús a nosotros que nos declara que somos linaje escogido, real sacerdocio y nación santa (1° Pedro 2:9) y después de esto, Pedro llama a los hermanos a llevar una buena manera de vivir (1° Pedro 2:11) todo para que Dios sea glorificado. Pablo, le encarece a Timoteo que se mantenga puro (1° Timoteo 5:22) y esto hasta que Cristo aparezca (1° Timoteo 6:14). Y esta misma orden entrega Pedro a la Iglesia enseñándoles de las cosas maravillosas que sucederán cuando Cristo venga (2° Pedro 3:14) y luego les entrega la orden de presentarse con diligencia y ser hallado sin mancha e irreprensibles.

Cristo prepara y espera una Iglesia santa y sin mancha (Efesios 5:27) y nosotros ¿Qué estamos haciendo para que el deseo de Jesús por su esposa se cumpla? Veíamos la vez anterior que “la religión pura y sin mácula” es hacer misericordia con las viudas y los huérfanos, pero además, guardarse sin manchas (Santiago 1:27). ¿Estamos cumpliendo con este mandato? Por labios de Jesús se nos enseña que desde el corazón salen los malos pensamientos y eso es lo que contamina al hombre (Marcos 17:20-23).

Como novia de Jesús y templos del Espíritu de Dios, debemos limpiarnos de toda contaminación, tanto carnal como espiritual (2° Corintios 6:14-7.1). Debemos perfeccionarnos en la santidad. Más aún si tenemos la esperanza de que como hijos de Dios, el novio vendrá por su iglesia (1° Juan 3:3).

Cuando comenzamos a vivir en pureza para Dios podremos decir lo que vivió Job: "De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven" (Job 42:5). Por ahora por fe lo vemos en cada paso de nuestra vida, pero pronto, si somos santos lo veremos tal cual es (1° Juan 3:2).



Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 351

¿Qué soy?


1. Soy el Hijo de Dios, pleno, sano e íntegro, resplandeciente en el reflejo de Su Amor. 2En mí Su creación se santifica y Se le garantiza vida eterna. 3En mí el amor alcanza la perfección, el miedo es imposible y la dicha se establece sin opuestos. 4Soy el santo hogar de Dios Mismo. 5Soy el Cielo donde Su Amor reside. 6Soy Su santa Impecabilidad, misma, pues en mi pureza reside la Suya Propia.



2. La necesidad de usar palabras está casi llegando a su fin ahora. 2Mas en los últimos días de este año que tú y yo juntos le ofreci­mos a Dios, hemos encontrado un solo propósito, el cual compartimos. 3Y así, te uniste a mí, de modo que lo que yo soy tú lo eres también. 4La verdad de lo que somos no es algo de lo que se pueda hablar o describir con palabras. 5Podemos, sin embargo, darnos cuenta de la función que tenemos aquí, y usar palabras para hablar de ello así como para enseñarlo, si predicamos con el ejemplo.

3. Somos los portadores de la salvación. 2Aceptamos nuestro papel como salvadores del mundo, el cual se redime mediante nuestro perdón conjunto. 3Y al concederle el regalo de nuestro perdón, éste se nos concede a nosotros. 4Vemos a todos como nuestros hermanos, y percibimos todas las cosas como buenas y bondadosas. 5No estamos interesados en ninguna función que se encuentre más allá del umbral del Cielo. 6El conocimiento vol­verá a aflorar en nosotros cuando hayamos desempeñado nues­tro papel. 7Lo único que nos concierne ahora es dar la bienvenida a la verdad.

4. Nuestros son los ojos a través de los cuales la visión de Cristo ve un mundo redimido de todo pensamiento de pecado. 2Nues­tros, los oídos que oyen la Voz que habla por Dios proclamar que el mundo es inocente. 3Nuestras, las mentes que se unen conforme bendecimos al mundo. 4Y desde la unión que hemos alcan­zado, invitamos a todos nuestros hermanos a compartir nuestra paz y a consumar nuestra dicha.

5. Somos los santos mensajeros de Dios que hablan en Su Nom­bre, y que al llevar Su Palabra a todos aquellos que Él nos envía, aprendemos que está impresa en nuestros corazones. 2Y de esa forma, nuestras mentes cambian con respecto al objetivo para el que vinimos y al que ahora procuramos servir. 3Le traemos bue­nas nuevas al Hijo de Dios que pensó que sufría. 4Ahora ha sido redimido. 5Y al ver las puertas del Cielo abiertas ante él, entrará y desaparecerá en el Corazón de Dios.


LECCIÓN 351

Mi hermano impecable es mi guía a la paz: Mi hermano pecador es mi guía al dolor. Y el que elija ver será el que contemplaré.


1. ¿Quién es mi hermano sino Tu santo Hijo? 2Mas si veo pecado en él proclamo que soy un pecador, en vez de un Hijo de Dios, y que me encuentro solo y sin amigos en un mundo aterrante. 3Mas percibirme de esa manera es una decisión que yo mismo he tomado y puedo, por consi­guiente, volverme atrás. 4Puedo asimismo ver a mi hermano exento de pecado, y como Tu santo Hijo. 5Y si ésta es la alternativa por la que me decido, veo mi impecabilidad, a mi eterno Consolador y Amigo junto a mí, y el camino libre y despejado. 6Elige, pues, por mí, Padre mío, a través de Aquel que habla por Ti. 7Pues sólo Él juzga en Tu Nombre.



¿Qué me enseña esta lección? 




Conocer lo que se Es, es la puerta de entrada que nos permite acceder a la verdadera Realidad que Somos. Esta visión, condicionará el resto de visiones. Podemos decir, que esta cuestión es la causa que ha de dar lugar a unos efectos u otros, es decir, que seamos dichosos, felices, plenos, sanos, abundantes o por el contrario, seamos desdichados, infelices, escasos, enfermos, necesitados…

A la pregunta ¿qué soy?, podemos contestar que Somos Hijos de Dios o hijos de la tierra.

Si Somos Hijos de Dios, estamos afirmando que formamos una Unidad con nuestro Creador, por el propio vínculo de paternidad y filiación. Ello significa que Somos portadores potencialmente de su Abundancia y de sus Atributos Creadores.

Si somos hijos de la tierra, esa identificación errónea del verdadero Yo, nos llevará a la falsa creencia de la separación. Ello significa que la vía directa de aprendizaje de la que gozamos mientras formamos una Unidad con el Creador, es sustituida por la vía de aprendizaje basada en la división y en el rigor.

Cuando nuestra conciencia se encuentra despierta a la verdadera Realidad que Somos, los lazos de Unidad que nos relaciona con el Creador se extiende a Todo lo Creado, es decir, formamos una misma filiación con el resto de nuestros hermanos. La Divinidad se expresa a través de ellos y la visión que tenemos del mundo es la impecabilidad, la santidad, la inocencia.

Pero mientras nuestra conciencia permanezca sumida en el sueño del ego, la visión del mundo, será aquella que tenemos de nosotros mismos, es decir, una visión pecaminosa y dada a la liberación a través del castigo, del dolor, de la enfermedad, de la muerte.

El Libre Albedrío es la potestad más elevada que nuestro Padre nos ha legado. Su Propósito es que utilicemos, con plena libertad, nuestra voluntad, pues ese Potencial debe ser utilizado para crear. En este sentido, somos totalmente libres de elegir ver un mundo u otro. Bien el de la Liberación o bien el de la condena. Aquel que elijamos, estará anunciando nuestro nivel de conciencia, nuestro nivel de percepción.

Ejemplo-Guía: "La relación con nuestros hermanos, nos revelará lo que creemos ser"

¿Te atacarías a ti mismo? ¿Te autocastigarías? ¿Te condenarías?

Si no tienes una respuesta para estas cuestiones, si no eres consciente, aún, de lo que eres, mira a tu alrededor, observa la relación que te une a tus hermanos y en ella, encontrarás la respuesta.

Si tu mirada te lleva a descubrir, ataque, castigo o condena, ten por seguro, de que te estás atacando, castigando y condenando a ti mismo. Lo que significa, que te encuentras identificado con una falsa identidad basada en la creencia de que eres un ser separado de los demás.

Si tu mirada, en cambio, te lleva a descubrir, inocencia, impecabilidad, santidad, ten por seguro, de que estás expandiendo tu inocencia, tu pureza y tu santidad, lo que significa que te encuentras identificado con tu realidad verdadera, la cual se basa en la creencia de que eres un ser que forma parte de la Filiación Divina.

Como bien nos anuncia la Lección en su introducción, la necesidad de usar palabras ya está llegando a su fin. Cuando conoces lo que eres, todo se resume a "ser". Ese estado se traduce en "presencia". No habrá tiempo, ni espacio. Tan solo "presencia" y en esa condición, el Universo al completo nos acompañará.

Reflexión: El juicio que hagamos sobre nuestro hermano, es el juicio que hacemos de nosotros mismos.