sábado, 5 de agosto de 2017

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 2ª parte

“Bienaventurados los afligidos (los que lloran); ya que ellos recibirán consuelo”. (Mt 5:4)

Si la Bienaventuranza anterior, decíamos que estaba relacionada con la dinámica del Séfira Hochmah, en la que estamos analizando puede reconocerse la dinámica de Binah. Cristo anunciaba implícitamente con esta Bienaventuranza la Ley de alternancia, que hace que las cosas cambien. La aflicción puede ser física o puede ser moral. En ambos casos es algo provisional, destinado a desaparecer. Es algo que el propio individuo ha hecho necesario, en virtud de pasadas actuaciones, pero que no puede durar porque la aflicción está sometida a la fuerza de repulsión que la destruye y le sucede el estado de consuelo, que representa una restitución de aquello que había perdido, trátese de salud, de afecto o de posesiones materiales, tal como aparece en la historia de Job, que es una ilustración de cómo el afligido es consolado cuando comprende los motivos de su aflicción.

El Reino que anunciaba Jesucristo es el del vasto consuelo, es aquél en el cual se encuentra todo lo que en el humano peregrinaje se ha perdido, es un ancho océano de amor, de sabiduría, de gracia, y cuando ese reino se derrama sobre el alma, no puede subsistir en ella ninguna aflicción. Pero a veces las aflicciones humanas son largas, porque largos y duraderos han sido los errores que han conducido a ellas y ocurre que el enfermo, el desdichado, se identifica con su mal y con su desdicha, pensando que la salud y la dicha no son para él.
Esta actitud paraliza la llegada del consuelo. O bien se rebela contra lo que le está ocurriendo, poniendo en duda la justicia de Dios, lo cual tiene como efecto apartarle igualmente de las dulces aguas del consuelo. Al unir el consuelo con la aflicción, Jesús quería significar lo que luego ilustraría con su propia vida, al curar instantáneamente a los que se acercaban a él para tocar su gracia.

Quería decirles a todos los afligidos que la recuperación está a su alcance, si en ellos adviene ese estado de confianza que se llama Fe. Poco importa la gravedad de sus aflicciones y que los médicos las consideren o no curables. El dictamen médico tiene un valor en el mundo profano, pero en el Reino del Padre todo es perfecto y cuando el alma humana se ha vinculado a él, la perfección de arriba desciende sobre el enfermo, y al instante queda sanado.

Vosotros los que sufrís, los que en vuestro itinerario os veis cargados con lacras físicas o morales, elevad vuestros pensamientos y vuestros sentimientos hacia esa esfera de confianza que se llama Fe y las aguas del consuelo se derramarán sobre vosotros limpiando todas las lacras.

A los que lloran se les promete el consuelo. No es esto una alabanza de la autocompasión sino una distinción entre el sufrimiento mecánico y el sufrimiento consciente. En la vida habitual llorar es algo mal visto. La gente se siente obligada a decir que está "muy bien" cuando se les hace la pregunta de rigor; porque estar mal se considera algo vergonzoso, una especie de fracaso personal.
Existe la idea de que el mundo ofrece suficientes alicientes para ser feliz y de que quien no lo consigue es porque es un incompetente o un tarado mental. El hecho es que la gente huye del dolor como gato escaldado e intenta una y otra vez conseguir la felicidad a base de poseer cosas, personas o cargos. También es un hecho que el intento es vano, aunque todo el mundo crea que el vecino lo ha conseguido.

En la medida en que identificamos nuestra felicidad con algo externo, nos estamos condenando a no alcanzarla. Por tanto, la infelicidad, la soledad y el dolor subsisten; y, lo que es peor, no existe la más mínima esperanza de colmar este déficit. En cambio, quien acepta el dolor como algo inherente a su estado de conciencia está en condiciones de buscar y encontrar esta felicidad, este consuelo; porque se ha dado cuenta de que su estado de conciencia se puede modificar y está dispuesto a trabajar en tal sentido.

El llamado sentido común o la lógica más superior nunca sugerirían que la felicidad puede surgir de la aflicción. Pero Jesús no se refería a la aflicción externa u ostentatoria.
Hacía alusión a una actitud emotiva de ternura de corazón. Es un gran error enseñar a los niños y a los jóvenes que no es varonil mostrar ternura o, por otra parte, dar testimonio de sentimientos emotivos o de sufrimientos físicos. La compasión es un atributo valioso tanto en el hombre como en la mujer. No es necesario ser insensible para ser varonil. Ésta es la manera equivocada de crear hombres valientes. Los grandes hombres de este mundo no han tenido miedo de afligirse. Moisés, el afligido, fue un hombre más grande que Sansón o Goliat.
Moisés fue un guía extraordinario, pero también estaba lleno de mansedumbre.
Ser sensible y reaccionar antes las necesidades humanas crea una felicidad auténtica y duradera, y al mismo tiempo estas actitudes benévolas protegen el alma contra las influencias destructivas de la ira, el odio y la desconfianza.

La Virtud del Consuelo

Se cuenta que Esculapio, el dios romano de la medicina, aconsejaba a los médicos con estas palabras: “Tu vida transcurrirá como a la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas. Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en el silencio de las fatigas”. Cuando consolamos a los demás, compartiendo las amenazas y las experiencias de muerte de los otros, no solo aposentamos el alma afligida por sus pérdidas irreparables, sino que también nos resguardamos de la impotencia y la soledad.

El filósofo existencialista Jean Paul Sartre afirmaba que el infierno es la mirada del otro, porque puede convertirnos en un objeto de su arbitrio, aislarnos y aun matarnos en su interioridad. Por eso, muchos huyen de la mirada del otro, del juicio artero y destructivo, y viven a la defensiva, en la soledad, convertidos en seres opacos para los demás. Pero el consuelo trabaja en dirección opuesta. Recupera al otro convirtiéndolo en prójimo, en una ayuda benéfica, en un amigo y hermano. Exalta la solidaridad, la reciprocidad y la fraternidad. Produce la mirada comprensiva que sostiene en la angustia y hace brillar la luz de la esperanza.

La misma palabra con-suelo expresa la idea de reinstalar al otro en el suelo, de afirmarlo, dándole aliento, ánimo, fuerza, para que retome el camino con seguridad y confianza. La esencia del consuelo es mirar hacia adelante, instalar la esperanza en el porvenir. Es una fuerza generadora de vida.

El Privilegio de consolar

La muerte subsiste como un dato inaceptable, incluso para los creyentes, pero el consuelo se nutre de la fe. La soledad puede parecer atroz e inexorable, especialmente cuando nadie comprende o se acerca para acompañar el sufrimiento. Por eso es alentador para el cristiano saber que tenemos un Dios sufriente y comprensivo del dolor humano. Khalil Gibrán se refiere a Jesús como “un hombre que enfrentó a la muerte con la savia de la vida en sus labios y con la compasión hacia sus verdugos en sus ojos”. Según el capítulo 40 de Isaías, el Mesías cumpliría las profecías por su acción consoladora, trayendo ánimo y fuerza a la humanidad. Asimismo, el término griego Paracletos, que significa Consolador, describe la acción del Espíritu Santo en el corazón de los hombres. Paracletos significa alguien que acompaña y llama o exhorta. Designa, pues, la función asistencial que ejerce el Espíritu Santo en la Tierra en favor de los creyentes.

El apóstol Pablo amplía y complementa el concepto cristiano del consuelo con estas palabras: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos” (2 Corintios 1:3-6).

Para Pablo, la consolación es un don de Dios que no solo nos libera del sufrimiento y recrea el espíritu, sino que además nos habilita y nos compromete para actuar como portadores de la palabra consoladora.

Es cierto que el trabajo de acompañar a quien está en un proceso de duelo es difícil y también doloroso, porque nos pone en contacto con nuestras propias pérdidas, nuestros temores y con la incertidumbre de nuestra propia muerte, pero el hecho de saber que este noble tarea está auspiciada y habilitada por el Todopoderoso, la inviste de un privilegio excelso.

Por eso, afrontemos esta hora difícil de la humanidad con la valentía del consuelo, ayudándonos unos a otros.

Fuentes consultadas: Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Ricardo Bentacur (El Centinela)

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 217

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 217

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (197) No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.

2¿Quién debe dar gracias por mi salvación sino yo mismo? 3¿Y cómo sino a través de la salvación puedo encontrar el Ser a Quien debo estarle agradecido?

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?


No pongamos precio a aquello que damos, pues si lo hacemos, no estaremos poniendo el corazón en ello. Cuando des, hazlo con amor, con abundancia, no lo hagas desde la escasez.

Cuando des, no olvides sentir gratitud, pues aquello que das lo has recibido en agradecimiento de lo que Eres.

Dar es expandir; dar es sembrar. Ten la certeza, de que aquello que expandes o siembras, dará sus frutos, y toda cosecha lleva implícita la gratitud que encierra todo acto creador.

Una mente agradecida, da cobijo a pensamientos y sentimientos de gratitud. Una mente agradecida es una mente despierta, libre e inocente. Una mente agradecida es una mente alegre, cuyos pensamientos y sentimientos son dadores de paz y felicidad.

Reflexión: Identifica tus actos de gratitud y  pregúntate ¿cómo te sientes? Identifica los actos de gratitud de los demás y pregúntate ¿cómo se sentirá?

viernes, 4 de agosto de 2017

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 1ª parte

Con el propósito de hablar sobre la Religión del Padre, de definir su significado, hemos dedicado una serie de capítulos al término “Reino de los Cielos o Reino del Padre”. Aquellos que hayáis seguido el contenido de dichos escritos, estaréis en condiciones de conocer las afirmaciones que hemos compartido sobre este tema.

Bien, siguiendo con la iniciativa marcada de ir describiendo aspectos relacionados con la Religión del Padre, hoy nos adentraremos en un contexto que considero puramente mágico, poético y revelador, me estoy refiriendo a las “Bienaventuranzas”.

¿Por qué dirigimos nuestra atención a este apartado de las Enseñanzas Sagradas? Sencillamente, porque el primero de los “trabajos” que llevó a cabo Jesús en su labor evangelizadora, tras emprender el “reclutamiento” de sus más fieles discípulos, los Apóstoles, fue “predicar el evangelio del Reino”.
El Reino del Padre fue revelado por primera vez ampliamente en el llamado Sermón de la Montaña. Nos describe la crónica sagrada que, viendo la multitud, Jesús tomó a sus discípulos y subió a la montaña (Mateo 5). En el lenguaje de los símbolos, el acto de subir a la montaña significa elevarse espiritualmente, abandonar el plano de lo multitudinario para entrar en contacto con las instancias más elevadas que hay en uno mismo.

Pero antes de adentrarnos a analizar cada una de las bienaventuranzas, preguntémonos:

¿Qué son las Bienaventuranzas?

Bienaventuranza (también llamada macarismo) es en la Biblia un género literario con más de un centenar de ejemplos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Tiene antecedentes en escritos de otros pueblos, en especial de Egipto. Se recurre a este género para expresar una «felicitación» a las personas que, por tener una dada cualidad o mantener una forma de conducta grata, están ligadas con “el Dios que da la vida”.

Cuando en la Biblia se proclama una «bienaventuranza» o su opuesto, no se busca pronunciar ni una «bendición» que proporcione la felicidad, ni una «maldición» que produzca la infelicidad, sino exhortar, sobre la base de la propia experiencia de felicidad, a seguir los caminos que conducen a ella. Sin embargo, este género literario experimentó una evolución lenta a través del Antiguo y del Nuevo Testamento, que fue de los bienes meramente terrenales a los llamados “bienes eternos”.

Dentro del elevado número de sentencias que constituyen este género literario, quizá las más célebres sean las ocho con que comienza Jesús de Nazaret el sermón del monte (Mateo 5:3-11).

Las bienaventuranzas son una síntesis de los principios que constituyen el ideal de la vida cristiana.

Esta página del evangelio de San Mateo expresa admirablemente toda la elevación de la perfección cristiana a la que Jesús llama a todos los hombres. El Sermón de la Montaña es un compendio de la doctrina cristiana; es la solemne promulgación de la nueva ley, otorgada para perfeccionar la ley mosaica y enmendar erróneas interpretaciones: “No penséis que he venido a abrogar la Ley o los profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla”. (Mt. 5, 17).

Desde el Sermón de la Montaña hasta el discurso de la Última Cena, Jesús enseñó a sus discípulos a manifestar un amor paternal en lugar de un amor fraternal. El amor fraternal consiste en amar al prójimo como a sí mismo, lo que sería una aplicación adecuada de la “regla de oro”. Pero el afecto paternal exige que améis a vuestros compañeros mortales como Jesús os ama.
Jesús ama a la humanidad con un afecto doble. Vivió en la tierra bajo una doble personalidad, humana y divina. Como Hijo de Dios, ama al hombre con un amor paternal, es el Creador del hombre, su Padre en el universo. Como Hijo del Hombre, Jesús ama a los mortales como un hermano, fue realmente un hombre entre los hombres.
Jesús no esperaba que sus discípulos consiguieran una manifestación imposible de amor fraternal, pero sí contaba con que se esforzarían tanto por parecerse a Dios, por ser perfectos como el Padre que está en los cielos es perfecto, que podrían empezar a considerar a los hombres como Dios considera a sus criaturas, y así podrían empezar a amar a los hombres como Dios los ama, a manifestar los principios de un afecto paternal. En el transcurso de estas exhortaciones a los doce apóstoles, Jesús trató de revelar este nuevo concepto de amor paternal, tal como está relacionado con ciertas actitudes emocionales involucradas cuando se efectúan numerosos ajustes sociales al entorno.

El Maestro inició este importante discurso llamando la atención sobre cuatro actitudes de fe, como preludio a la descripción posterior de sus cuatro reacciones trascendentales y supremas de amor paternal, en contraste con las limitaciones del simple amor fraternal.

Primero habló de los que eran pobres de espíritu, de los que tenían hambre de rectitud, de los que perseveraban en la mansedumbre y de los limpios de corazón.
Se podría esperar que estos mortales que disciernen el espíritu alcanzarían los niveles suficientes de desinterés divino como para ser capaces de intentar el extraordinario ejercicio del afecto paternal; que, incluso en la aflicción, estarían facultados para mostrar misericordia, promover la paz y soportar las persecuciones.
Y que a lo largo de todas estas penosas situaciones, amarían con un amor paternal incluso a una humanidad poco amable. El afecto de un padre puede alcanzar unos niveles de devoción que trascienden inmensamente el afecto de un hermano.

La fe y el amor de estas beatitudes fortalecen el carácter moral y crean la felicidad. El miedo y la ira debilitan el carácter y destruyen la felicidad. Este sermón importante se inició con una nota de felicidad.

El Sermón de la Montaña iba dirigido exclusivamente a sus discípulos, que ahora eran ya doce. Algunos tenían ya cierta experiencia evangelizadora, otros aún no. Formaban ya un equipo unido aunque frecuentemente chocaran entre ellos por cuestiones de carácter, y Jesús ordenó que los doce se arrodillasen formando un círculo en torno a él y el Maestro puso sus manos sobre la cabeza de cada apóstol, empezando por Judas Iscariote y terminando por Andrés. Jesús pronunció una breve plegaria dirigida al Padre, suplicándole que amara y acompañara a los doce, como lo había amado y acompañado a él.

Los apóstoles permanecieron en silencio durante unos minutos, profundamente emocionados. Pedro fue el primero en levantar los ojos hacia su Maestro y el primero en abrazarlo. Sucesivamente abrazarían a Jesús uno a uno. La escena estaba rodeada de un gran silencio físico, pero quien hubiese tenido vista y oído espiritual hubiera apercibido una multitud de seres celestiales cantando y contemplando desde lo alto la escena sagrada en la cual el enviado divino traspasaba a los hombres la responsabilidad de la promulgación del Reino.

Los doce serían el fermento del mundo de Dios en la tierra y cada uno aportaría almas al Reino, incluso Judas, el traidor, porque muchos son los hombres de este mundo que necesitan pasar por la experiencia de la traición para que sus ojos sean abiertos.

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5:3).

En las nueve Bienaventuranzas veremos enaltecidos los valores contrarios a los que la sociedad profana suele proclamar, enseñándonos así que el Reino Divino es la otra cara de la moneda de esta sociedad humana. En las ceremonias de iniciación de las escuelas herméticas, vemos que el candidato, antes de entrar en el templo, es despojado de los metales que lleva encima. Este gesto simbólico corresponde a estos primeros preceptos instituidos por Cristo ante los hombres que iban a ocuparse de los intereses del Padre en la tierra. Los valores del mundo de abajo, no tienen curso en el de arriba.

La primera Bienaventuranza iba dirigida a los pobres en espíritu y en ella vemos la dinámica de Hochmah. ¿Por qué de ellos serán los cielos? Porque en su estado evolutivo actual, el hombre puede captar tan sólo una pequeñísima parte de la sabiduría divina. Si, una vez en posesión de esa modesta parcela, el hombre ya se considera rico, se considera saciado de esa sabiduría y constituye con ella sus certidumbres, proclamando la verdad que esa parte del saber contiene, se estancará en ella y ya no le vendrán nuevas luces.
Por el contrario, el que adopta una actitud humilde respecto a sus conocimientos, el que dice, como el filósofo griego: “Yo sólo sé que no sé nada”, el que se encuentra en situación hambrienta espiritualmente hablando, ése atraerá la sabiduría hacia sus vacíos internos y el cielo se manifestará en él. Jesús expresaba pues una norma con esa primera Bienaventuranza, que puede anunciarse de la siguiente manera: No deis jamás como definitivos los conocimientos que poseéis; no los toméis jamás como posesiones personales que engalanan vuestra personalidad humana, como las joyas adornan el cuello de las cortesanas.

Al contrario, haced que vuestra sabiduría sea como el caminante, que abandona fácilmente las ciudades por las que transita porque nada hay en ellas que lo retenga. El pobre lo comparte todo con más facilidad que el rico porque tiene poco que compartir y es más fácil desprenderse de un pedazo de pan que partir en dos un lingote de oro para dar la mitad al amigo. No dejéis que los conocimientos espirituales se acumulen en vuestro interior hasta crear una situación de riqueza, porque entonces os será difícil compartirlos y os sentiréis propietarios de aquello que poseéis y querréis sacarle un provecho, una renta.

Os convertiréis así en hombres ricos en espíritu y el cielo ya no entrará en vosotros. Si, por el contrario, vais compartiendo lo recibido, el Reino de los Cielos irá llenando vuestros vacíos internos y la sabiduría transitará por vuestra alma como una película que no tiene fin.

Así pues, para permanecer en estado de pobreza, tenéis que dar lo que recibís antes de que se acumule y forme un tesoro. Tenéis que prodigar la enseñanza, ir por el mundo y evangelizar.

Para un niño, la felicidad es la satisfacción de un ansia inmediata de placer. El adulto está dispuesto a sembrar las semillas de la abnegación, con el fin de obtener las cosechas posteriores de una felicidad mayor. En los tiempos de Jesús y después de ellos, la felicidad ha sido asociada demasiado a menudo con la idea de poseer riquezas. En la historia del fariseo y del publicano que oraban en el templo, uno se sentía rico de espíritu, egotista; el otro se sentía “pobre de espíritu”, humilde.

Uno era autosuficiente; el otro era enseñable y buscaba la verdad. Los pobres de espíritu buscan metas de riqueza espiritual, buscan a Dios. Estos buscadores de la verdad no tienen que esperar sus recompensas en un futuro lejano; son recompensados ahora. Encuentran el reino de los cielos en su propio corazón, y experimentan esa felicidad ahora.

Fuentes consultadas: Wikipedia. Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Nacar-Colunga (Biblia)

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 216

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 216

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (196) No puede ser sino a mí mismo a quien crucifico.

2Todo lo que hago, me lo hago a mí mismo. 3Si ataco, sufro. 4Mas si perdono, se me dará la salvación.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?


Como ego, renuncié al mundo de la Unidad, renuncié a seguir siendo guiado por la Voluntad de Dios, y acepté ver las cosas de otra manera.

Ese fue el punto de partida en el que la unidad fue sustituida por la separación, donde el amor fue sustituido por el miedo, donde la felicidad y la abundancia, cedió su hegemonía al dolor y a la escasez.

Desde ese momento, nuestra consciencia quedó sumida en un profundo sueño, donde las imágenes que percibimos, nos llevan a descubrir un mundo regido por leyes ilusorias. Nos sentimos solos, desprotegidos y para garantizar nuestra precaria seguridad, recurrimos a atacar a todo aquello que nos hace sentir en peligro.

El mundo se percibe como algo externo a nosotros. Es en el mundo, donde dirigimos nuestros ataques con el firme deseo de acabar con aquello que nos atemoriza.

No nos damos cuenta, en esa situación, que el daño que causamos a nuestro alrededor, nos lo estamos causando a nosotros mismos, pues la visión de la separación es una ilusión y la única y verdadera realidad es que Todos formamos una Unidad.

Nuestra mente errónea fabrica realidades ilusorias, mientras que nuestra mente santa, nos hace recordar que Somos Hijos de Dios y que hemos sido creados de la Expansión Creadora de Su Mente: Somos Su Filiación.

Reflexión: ¿A quién creo temer? ¿A quién creo atacar?

jueves, 3 de agosto de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 215

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 215

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (195) El Amor es el camino que recorro con gratitud.

2EI Espíritu Santo es mi único Guía. 3Él camina a mi lado con amor. 4Y le doy las gracias por mostrarme el camino que debo seguir.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?

Para el ego, la vida es un camino que da comienzo con el nacimiento y que termina con la muerte. Es un camino pedregoso, abrupto y sombrío. Se inicia con el llanto y se despide con el llanto. Sus sendas son dolorosas y, a cada paso, nos acompaña la sombra del miedo, de la culpa, del sufrimiento. Es fácil, perderse en el camino; es fácil caer en la depresión y sucumbir en manos de la tristeza.

¿Acaso no deseas despertar de esa pesadilla?

¿Acaso no deseas recorrer otro camino?

Sí, lo deseo. E invoco al Espíritu Santo, mi único guía, para que ilumine el camino, para que limpie las piedras y la maleza que interrumpe mi paso.

Su presencia, me contagia su amor y mis ojos tan sólo ven la belleza, la alegría, la felicidad.

Ese camino, es la verdadera Vida y me lleva al reencuentro con la Unidad.

A cada paso, la gratitud rebosa abundante desde mi corazón. A cada inspiración, doy gracias. Con cada pensamiento, doy gracias; con cada sentimiento, doy gracias.

¡Gracias, Padre, por permitirme recordar lo que Soy!

Reflexión: ¿Cómo me comunico con el Espíritu Santo?

miércoles, 2 de agosto de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 214

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 214

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (194) Pongo el futuro en Manos de Dios.

2El pasado ya pasó y el futuro aún no ha llegado. 3Ahora estoy libre de ambos. 4Pues lo que Dios da sólo puede ser para el bien. 5Y acepto únicamente lo que Él da como lo que me pertenece.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?


Hoy he tenido la lucidez del instante santo que me ha permitido ver, con total certeza, cómo mi consciencia se expandía al comprender lo que significa “poner el futuro en manos de Dios”.

Supone una total renuncia a seguir creyendo en la felicidad que nos propone el ego.

Supone la importante decisión de despertar a la verdadera realidad que Somos.

Supone estar preñado de la plena confianza de que el miedo, el temor, el dolor, el sufrimiento, el castigo, el sacrificio, el pecado, el infierno, la muerte, son argumentos utilizados por el ego para dar credibilidad a su identidad.

Supone nuestra elección de recibir la herencia de nuestro Padre.

Supone disfrutar de la Paz compartida con nuestro Creador.

Supone gozar de la Liberación y de la Salvación.

¡En tus manos me encomiendo, Padre!
En cualquier instante, recibo Tu Gracia.
¡Cuánta dicha siente mi corazón al ver que Tu Misericordia siempre me aguarda!

Gracias, Padre. Bendigo Tu Santo Nombre y mi Santo Nombre.

¡Qué así sea!

Reflexión: ¿Cómo interpreto lo que recibo de Dios?