sábado, 15 de abril de 2017

La Religión del Padre: ¿Qué es el Cielo?

En el espacio dedicado a la introducción del tema que estamos tratando, la “religión del Padre”, terminamos presentando una breve explicación del término “reino”.
Continuando con nuestro propósito de analizar el significado de la expresión “Reino de los Cielos”, nos toca buscar información sobre el concepto “cielo”, y para ello, vamos a tratar de exponer varios enfoques que nos ayuden a satisfacer nuestra búsqueda. 

¿Qué es el cielo?

Punto de vista convencional

La versión Reina-Valera emplea la palabra cielo en 371 ocasiones y la palabra cielos en 341. La palabra hebrea que normalmente se traduce por cielo es shamayim, forma plural de un nombre que significa literalmente “las alturas”. El término griego, por su parte es ouranos (esta palabra se utiliza para referirse al planeta Urano), y se refiere a aquello que está en alto o elevado. Tanto shamayim como ouranos se emplean de diversas maneras en las Escrituras para referirse a tres lugares diferentes. (Esto explica que en 2 de Corintios 12:2, Pablo hable de ser conducido “al tercer cielo”). 

En primer lugar está el cielo atmosférico. Se trata, y valga la redundancia del “cielo”, es decir, de la troposfera, la parte de atmósfera que contiene el aire respirable que cubre la tierra. Génesis 7:11-12 dice, por ejemplo: “Las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”. En este contexto, la palabra “cielos” se refiere al manto atmosférico que recubre el planeta, capa en la que tiene lugar el ciclo hidrológico. En el Salmo 147:8, se nos explica que Dios “es quien cubre de nubes los cielos”. Se trata, pues, del primer cielo. 

El segundo cielo es el firmamento, donde se encuentran las estrellas, la luna y los planetas. Las Escrituras utilizan el mismo término para referirse a esta región. Veamos, por ejemplo, qué dice Génesis capítulo 1:
Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. (vv. 14-17)

El tercer cielo, del que habla Pablo en 2 de Corintios capítulo 12, es el cielo en el que vive Dios junto con sus santos ángeles y los creyentes santos que ya han muerto. Los otros dos cielos pasarán (2 P. 3:10), pero éste permanecerá para siempre (*). 

Punto de vista esotérico:

La primera alusión al término llamado “cielo”, lo encontramos en el Génesis 1, 1Al principio creó Dios los cielos y la tierra. Se trata de los trabajos llevados a cabo por la Divinidad en el Primer Día de la Creación.

Pero no sería hasta el Segundo Día, cuando el Creador nos define el verdadero significado del término “cielo”:

Traducción Convencional: “Haya firmamento en medio de las Aguas, que separe unas de otras, y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento. Y vio Dios ser bueno. Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana, segundo Día”.

Traducción Esotérica aportada por Fabre d´Oliver: “Declarando a continuación su Voluntad, El-los Dioses dijo: habrá una expansión etérea en el centro de las aguas; habrá una fuerza rarificante operando el partazgo de sus facultades opuestas. Y Él, el Ser de Seres, hizo esta Expansión etérea; excitó ese movimiento de separación entre las facultades inferiores de las Aguas, y sus facultades superiores y así se hizo. Designando, Él-los Dioses, esta expansión etérea con el nombre de Cielos, las Aguas exaltadas; y tal fue el Occidente y tal fue el Oriente, el objetivo y el medio, el término y el arranque de la segunda manifestación fenoménica”.

Si en el Primer Día de la Creación, el Elemento activo fue el Fuego, en el Segundo Día sería el Agua. La labor creadora en ese 2º Día consistió en separar dicho Elemento, es decir, en separar las Aguas, estableciendo sus facultades superiores arriba y las inferiores abajo. En el texto sagrado se recoge que a las Aguas Exaltadas le dio el nombre de Cielos (Shin-Mem-Yod-Mem), sin embargo, nada dice sobre las Aguas que quedaron en otro nivel.

Tendremos que pensar que al igual como ocurrió en el Primer Día, cuando la Luz al separarse de las Tinieblas da lugar a la dualidad Día y Noche, esa misma dualidad quedaría establecida en el 2º Día, dando lugar al Cielo y el Abismo (infierno).

Decíamos que la manifestación del Fuego Zodiacal se expresaba a través de los signos Aries, Leo y Sagitario. Bien, en la manifestación del Agua Zodiacal se expresan los signos de Cáncer, Escorpio y Piscis, y dichos Arquetipos llevan implícitos en sus Programas la dinámica que estamos estudiando relativa al 2º Día de la Creación y a la separación de las Aguas.

En este nivel del proceso, aún no se había alcanzado la fase de materialización, por lo que debemos decir, que cuando hablamos de las Aguas, no debemos pensar en el elemento líquido que todos conocemos a nivel físico, sino que está aludiendo a un tipo de esencia inmaterial que, en el 4º Día de la Creación, cuando la Obra se cristalizó, tomando la apariencia que ahora tiene, aparecería en forma de Agua. El Agua, a nivel anímico, es Deseos, Sentimientos, Emociones, y que distinguimos perfectamente lo que son bajos deseos, pasiones, de lo que son sentimientos elevados, anhelos sublimes. Estos deseos fueron entonces divididos, y así los experimentamos en la actualidad, puesto que en el llamado Mundo de los Deseos hay unas regiones superiores llamada Primer Cielo y unas regiones inferiores donde van a parar los bajos deseos.

Es muy importante que entendamos lo sucedido en  Segundo Día de la Creación. La Divinidad adoptó la misma dinámica utilizada en el 1º Día, proyectó el Elemento Fuego sobre en Elemento Agua en un acto de integración y ordenación de los Elementos, sin embargo, dicha integración no se pudo llevar a cabo, lo que dio lugar a la “dualidad original”. Sólo pudo iluminar parte de esas Aguas,  dejando las segundas debajo, fuera del mundo divino a fin de que, al no poder gozar de la protección, de las garantías de lo creado, fueran auto-destruyéndose hasta su liquidación total.

Decíamos en el capítulo dedicado al 1º Día de la Creación, que dichos trabajos, habían sido tutelados por el Séfira Kether-Padre. Bien, en el 2º Día de la Creación, fue Hochmah el Centro protagonista, el 2º Aspecto de la Divinidad y su labor consistió en hacerse Agua, con el propósito de lograr integrar el elemento rebelde, que amenazaba con apagar el Fuego primordial. Gracias al Trabajo de integración –Fuego y Agua- se alcanza un estado de fecundidad divina.

Pero Hochmah, como ya hemos advertido, no consiguió la integración completa, quedando un remanente de Agua que no se pudo integrar al mundo divino y permaneció en el Abismo.

Ese nivel de conciencia llamada Abismo,  se convertiría en el  “escenario” donde, los rebeldes, los auto-marginados de la dinámica divina, se darían cita para continuar su maniobrar evolutivo.

Nos comenta Kabaleb, que lo que no pudo hacer Hochmah en el 2º Día, intentaría hacerlo Cristo al descender a nuestro mundo material: purificar esas Aguas y salvar a los que habitan en el Abismo.

Por todo lo recogido hasta ahora, podemos decir, que el 2º Día de la Creación es el de la División. Dicha dinámica ha quedado inscrita en nuestra genética espiritual y cuando abordamos cualquier proceso creativo y afrontamos la fase correspondiente al trabajo de las emociones y deseos, debemos ser conscientes de que tendremos que hacer frente a la experiencia que nos invita a la dualidad.

Fabre d´Olivet nos aporta una importante información a la hora de describir la condición implícita en el Agua, al traducirla como: “Imagen de la universal pasividad de las cosas”. Esta idea nos sitúa ante dos Elementos totalmente contrarios entre sí. Por un lado, el Fuego-Voluntad, como energía de acción; por otro, el Agua-Deseo, como energía de interiorización: actividad-pasividad. He ahí, la necesidad de integración de ambos elementos.

La Luz proyectada por Elohim sobre las Aguas, permitió elevar una parte, mientras que la otra quedó en un plano inferior. Esta es la razón por la cual, los sentimientos, nos pueden elevar hacia la conquista de metas muy elevadas o por el contrario, nos mantienen identificados con falsos valores.

Nuestro Trabajo Humano, nos invita a integrar los Elementos Zodiacales de una manera armónica y creativa. Cuando nos enfrentemos a la dinámica de las emociones y deseos, debemos actuar como lo hizo Elohim, es decir, separar los sentimientos elevados de los inferiores y no combatir estos últimos, pues si así lo hacemos, estaremos generando un círculo vicioso de negatividad. El “mal” no podemos vencerlo con el “mal”. La oscuridad es tan sólo ausencia de Luz. Es necesario que comprendamos nuestra naturaleza emocional y no deleguemos  esa energía que consideremos “oscura” fuera de nosotros, proyectándola sobre los demás y enfrentándonos a ella. El verdadero trabajo consiste en reconocer que forma parte de nosotros y establecer un orden en su manifestación.

De la versión convencional de la Biblia, no consigo extraer un significado del término “cielo” que me aporte su sentido transcendente, pues más allá de su vinculación con el firmamento o segundo cielo, poco más puedo dilucidar.

Sin embargo, la versión aportada por el magnífico erudito Fabre d´Olivet, el significado del término “Shamayim” o “cielo” me permite comprender que se está refiriendo a un Elemento Primordial dentro de la Creación, como es el Agua-Deseos-Sentimientos-Emociones. El cielo se manifiesta gracias a la proyección del Elemento Fuego-Luz sobre el Elemento Agua. El Propósito Primordial de tal Trabajo era la integración de ambos Elementos, pero dicha labor no se pudo realizar en su integridad, lo que dio lugar a la “dualidad” y, mientras que una parte de ese agua-Sentimientos se identificó con la Luz, dando lugar al Cielo, la otra, no lo hizo y dio lugar al estado conocido como “abismo”.

Por lo tanto, el “cielo” adquiere un significado que va más allá del espacio estelar que se encuentra por encima de la tierra. Ese cielo, está aludiendo a un estado de conciencia que se identifica plenamente con el Principio Divino del Padre, con su Voluntad. No pretendo simplificar el significado del término “Reino de los Cielos”, pero una traducción, basada en la información que acabamos de analizar, nos indicaría lo siguiente: Cuando nuestra consciencia se pone al servicio de la Voluntad de Dios y somos plenamente consciente de que somos Hijos de Dios, entonces estamos en condiciones de ser “Ciudadanos del Reino de los Cielos”, o dicho de otro modo, conoceremos que el Reino de los Cielos se encuentra en nuestro interior. 

(*) Extraído del libro, “La gloria del cielo” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.
Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 105

LECCIÓN 105

Mías son la paz y la dicha de Dios.

1. La paz y la dicha de Dios te pertenecen. 2Hoy las aceptaremos, sabiendo que son nuestras. 3Y trataremos de entender que estos regalos se multiplican a medida que los recibimos. 4No son como los regalos que el mundo da, en los que el que hace el regalo pierde al darlo, y el que lo recibe se enriquece a costa de la pér­dida del que se lo dio. 5Eso no son regalos, sino regateos que se hacen con la culpabilidad. 6Los regalos que verdaderamente se dan no entrañan pérdida alguna. 7Es imposible que alguien pueda ganar a costa de la pérdida de otro. 8Ello implicaría un límite y una condición de insuficiencia.

2. Ésa no es la manera de hacer regalos. 2Tales "regalos" no son sino tratos que se hacen con vistas a obtener algo más valioso; préstamos con intereses que se tienen que pagar en su totalidad; créditos a corto plazo, en los que el que recibió el regalo se com­promete a pagar con creces lo recibido. 3Esta extraña distorsión de lo que significa dar impera en todos los niveles del mundo que ves. 4Priva de todo sentido a cualquier regalo que das, y hace que los que aceptas no te aporten nada.


3. Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu concepto de lo que es dar, de modo que puedas recibir. 2Pues dar se ha convertido en una fuente de temor, y, así, evitas emplear el único medio a través del cual puedes recibir. 3Acepta la paz y la dicha de Dios, y aprenderás a ver lo que es un regalo de otra manera. 4Los regalos de Dios no disminuyen cuando se dan. 5Por el contrario, se multiplican.

4. De la misma manera en que la paz y la dicha del Cielo se inten­sifican cuando las aceptas como los regalos que Dios te da, así también la dicha de tu Creador aumenta cuando aceptas como tuyas Su dicha y Su paz. 2Dar verdaderamente equivale a crear. 3Extiende lo que no tiene límites a lo ilimitado, la eternidad hasta la intemporalidad y el amor hasta sí mismo. 4Añade a todo lo que ya está completo, mas no en el sentido de añadir más, pues eso implicaría que antes era menos. 5Añade en el sentido de que per­mite que lo que no puede contenerse a sí mismo cumpla su come­tido de dar todo lo que tiene, asegurándose así de que lo poseerá para siempre.

5. Acepta hoy la paz y la dicha de Dios como tuyas. 2Permite que Él se complete a Sí Mismo, tal como Él define lo que es estar com­pleto. 3Comprenderás que lo que le brinda compleción a Él se la brinda también a Su Hijo. 4Él no puede dar a través de pérdidas. 5Ni tú tampoco. 6Acepta hoy Su regalo de dicha y de paz, y Él te dará las gracias por el regalo que le haces.

6. Nuestras sesiones de práctica de hoy comenzarán de manera ligeramente distinta. 2Da comienzo al día pensando en aquellos hermanos a quienes les has negado la paz y la dicha a las que tienen derecho de acuerdo con las equitativas leyes de Dios. 3Al negárselas a ellos fue cuando te las negaste a ti mismo. 4Y a ese punto es adonde tienes que volver para reivindicarlas como pro­pias.

7. Piensa en tus 'enemigos' por un rato y dile a cada uno de ellos según cruce tu mente:

2Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías.

3De esta manera te preparas para reconocer los regalos que Dios te ha dado, y permites que tu mente se libre de todo lo que te podría impedir triunfar hoy. 4Ahora estás listo para aceptar el regalo de paz y de dicha que Dios te ha dado. 5Ahora estás listo para experimentar la dicha y la paz que te has negado a ti mismo. 6Ahora puedes decir: "Mías son la paz y la dicha de Dios", pues has dado lo que quieres recibir.

8. Si preparas tu mente tal como te hemos indicado, no podrás sino tener éxito hoy. 2Pues habrás permitido que se levanten todas las barreras que te separan de la paz y de la dicha, y que por fin te llegue lo que es tuyo. 3Di, pues, para tus adentros: "Mías son la paz y la dicha de Dios" ; cierra los ojos por un rato y deja que Su Voz te asegure que las palabras que pronuncias son verdad.

9. Pasa hoy cinco minutos con Él de esta manera cada vez que puedas, pero no creas que menos tiempo de eso no tiene valor cuando no le puedas dedicar más. 2Cuando menos, acuérdate de repetir cada hora las palabras que lo exhortan a que te dé lo que es Su Voluntad dar y lo que es Su Voluntad que tú recibas. 3Pro­ponte hoy no interferir en Sus designios. 4Y si algún hermano pareciese tentarte a que le niegues el regalo que Dios le ha hecho, considera eso como una oportunidad más para permitirte a ti mismo aceptar los regalos de Dios como tuyos. 5Bendice entonces a tu hermano lleno de agradecimiento y di:

6Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la paz y la dicha de Dios sean mías.

¿Qué me enseña esta lección?

Principalmente, me enseña el verdadero significado de la acción de dar. Para el ego, dar es perder y establece una relación de culpabilidad que nos lleva a la exigencia de tener que devolver con interés lo que nos han dado.

Sin embargo, el acto de dar es semejante al acto de crear, pues ambos se basan en la voluntad de expandir lo que Somos. Cuando damos, compartimos una parte de nuestro Ser y en dicha acción, no va implícita la necesidad de recibir en la misma medida que hemos dado pues, en nuestra mente debe existir la Unidad, de tal modo, que Somos Uno con el Otro y ya no necesitamos recibir lo que ya tenemos.

Cuando damos desde la Unidad, desde el Amor, estamos proyectando la Verdad al mundo y estamos propiciando que nuestros hermanos tomen consciencia de Ella. 
Al mismo tiempo que enseñamos a dar, estamos aprendiendo a dar, pues las mentes se unen en la sagrada función de crear dicha, paz y felicidad. 

Ejemplo-Guía: "Si te doy lo que tengo, tu qué me das..."

Unas reflexiones de inicio:

¿Qué precios le pones a lo que das? ¿Qué esperas a cambio?
¿Cuando das, pierdes?
Cuando niegas dar, te estás negando a recibir y darte a ti mismo.

Desde que nacemos a este mundo, iniciamos un largo aprendizaje en el arte de dar y recibir. Desde los primeros estímulos de nuestros padres (incluso durante el periodo que permanecemos en el vientre materno), nos invitan a responder de una manera u otra. Las suaves caricias nos estimulan positivamente, por lo que nuestras reacciones responderán de manera grata y nuestro rostro emitirá gestos de felicidad. En cambio, los ambientes tensos y conflictivos, nos provocan reacciones turbulentas que nos llevan a expresarnos en llantos y expresiones de dolor.

Esta dinámica, se va extendiendo a periodos de crecimiento posteriores. Si bien pueden darse circunstancias diferentes, el eje motriz que las caracteriza a todas, es la acción-reacción, o lo que es lo mismo, lo que traducimos como el aprendizaje de dar y recibir. Tenemos que se habilidosos, despiertos e inteligentes para sobrevivir en un ambiente hostil, en el sentido de que los "débiles" reciben menos que los fuertes, y lo poco que reciben, lo hacen a un elevado coste.

La experiencia de recibir, en la mayoría de las ocasiones, se asocia a trabajo duro y sacrificado y si no es así, para los más "avispados", recibir es cuestión de tomar lo que no es nuestro. Este tema nos sonará, pues es una casuística muy común de la que nos hablan los medios de comunicación.

Si para tener he de trabajar duro, prefiero no hacerlo y apropiarme de lo que tiene el de al lado, sin que me preocupe lo más mínimo el esfuerzo que le haya costado conseguir lo que le hemos quitado.

También nos encontramos en esta fauna humana, al que temeroso de que le roben lo que tiene, se centra en custodiar sus pertenencias. A veces para lograrlo (mejor dicho cree que lo logra) invierte en estrategias y medios de seguridad y cuando no, se limita a atacar a los que califica como los posibles asaltantes. Vamos un disparate.

El dar y el recibir, lo hemos trastocado un poco. Lo que debe ser una simple relación causal, le hemos añadido nuestro toque particular, haciendo de ello, un trámite bursatil, una negociación, donde hay un fuerte y un débil, no hay partes iguales. El que da, lo hace si recibe a cambio un beneficio que le haga productiva su inversión. No damos por condición, sino que damos por un interés egoísta. De dicha relación entre el dar y el recibir, de su adulteración, suelen producirse efectos secundarios, es decir, secuelas que nos afectan a nivel de creencias. Por ejemplo, podemos encontrarnos a quien no sabe recibir. Tiene un profundo bloqueo que le impide  acercarse a esta experiencia de una forma natural y sana. Es el típico que prefiere cargarse de tareas antes que aceptar ayuda de los que le rodean. Es como si un sentimiento de culpa le pesara y no le dejará fluir con amor.

Por supuesto, la gran mayoría de nosotros creemos que al dar perdemos lo que damos, lo que nos lleva a dar desde el miedo a la escasez y a la necesidad. Si creemos que dando perdemos, entonces haremos real esa experiencia. Aquello que damos es lo que vamos a recibir. Si damos con miedo a la pérdida, recibiremos pérdida.

Aquello que nos negamos a dar al otro, en verdad nos lo estamos negando a nosotros mismo. Ya lo hemos visto en otras lecciones, el otro es nuestro espejo, nuestra proyección, y nuestra relación con él, habla de nosotros y no de él o ellos.

Reflexión: ¿Crees que ganar a costa de la pérdida de otro te puede otorgar paz?

viernes, 14 de abril de 2017

La Religión del Padre: Introducción"

El día 20 de marzo de 2017, a las 11:28 hora peninsular en España, el Sol penetró en el signo Cardinal de Fuego, Aries, y con ello, nos anunció la entrada de la estación Primaveral.

Al margen de los efectos meteorológicos característicos de esta época del año, para el estudiante de esoterismo y de metafísica, extrae de este evento una información de vital importancia, pues reconoce que, la dinámica del signo Aries, nos permite tomar consciencia de los mensajes que la Divinidad nos dispensa en orden a que nuestro comportamiento se ajuste a su dinámica. Podemos asegurar, que mientras que se produce el tránsito del Sol por el signo de Aries, recibiremos un aporte de energía tan especial que si la utilizamos convenientemente, nos llevará a iniciar empresas innovadoras o, simplemente, nos ayudará a movilizar nuestra voluntad para salir de situaciones, aparentemente, estancadas. La razón de que esto sea así, responde a que  a través de Aries, el Padre, nos insufla su Aliento, el Principio de la Voluntad, para que en nosotros se produzca la experiencia del re-nacer.

Debo confesaros, que en estos momentos estoy aprovechando ese conocimiento que me permite sincronizarme con las fuerzas estelares, para acometer una nueva iniciativa, en total sintonía con la dinámica Ariana. En el “ahora” que estoy escribiendo estas líneas, el propósito que me mueve, me lleva a hablar de un concepto espiritual que considero esencial y que viene a unirse a otras voces, que de manera intuitiva e inspirada, ya han escrito sobre él, me estoy refiriendo a la realidad “Reino del Padre” o “Reino de los Cielos”.
Podríamos pensar que dichos términos no tienen nada de nuevo. Y estaríamos en lo cierto, pero, la interpretación que nos han enseñado de ellos, debe ser reconsiderada si en verdad nos sentimos llamados por la Voz del Espíritu.

La religión ha seguido una evolución paralela a la de las Eras Astrológicas. Así vemos, que mientras el Sol por precesión de Equinoccios, atravesaba el signo de Tauro, en el mundo floreció la religión de la vaca, cuyos vestigios aún permanecen en la India. Cuando más tarde atravesó el signo de Aries, advino la religión del cordero, que desarrollaron los israelitas. Cristo inauguró la religión de los peces y ahora el mundo espera la religión de Acuario, era en que la humanidad estará a partir del año dos mil ciento sesenta, pero cuya influencia se deja sentir ya en el día de hoy. Durante los dos milenios en que el Sol se encuentre, por precesión, en Acuario, en el mundo se desarrollará la religión del Padre.

La figura de Cristo, durante la Era de Piscis, ha activado y purificado el Cuerpo Emocional de la Humanidad y a nivel particular, su enseñanza, ha elevado nuestra conciencia emotiva llevándonos a aprender que debemos “Amar al enemigo, como a nosotros mismos”. Cristo, a través de su enseñanza, nos ha revelado que el verdadero “hogar” del hombre, no se encuentra en el mundo material, si no en el “Reino de los Cielos”, donde El Padre, lo aguarda para que goce de la abundancia y plenitud de ese Reino.

Dedicaré parte de este escrito a aportar información que nos permita conocer y comprender el significado de ese mítico “reino”. Si es la meta que Dios, nuestro Creador, ha dispuesto para nosotros, entiendo que todos deberíamos tener la inquietud de saber lo que debemos hacer para alcanzar la meta deseada.

Recuerdo, que cuando impartía clases sobre Astrología Cabalística, y el tema trataba sobre el signo de Aries y la Casa I o Ascendente, me esforzaba por ir más allá de la típica interpretación asignada a este sector astrológico. Entonces, dirigiéndome a los asistentes, les hacía una pregunta muy directa: ¿Tú quién eres? La primera vez que puse en práctica esta técnica, todas las respuestas me definieron la identidad particular de cada uno:
  • Me llamo Juan. Tengo 32 años. Estoy casado y tengo dos hijos. Vivo en….
Me describían aspectos que respondían a su identidad consciente. Por supuesto, su parte inconsciente permanecía intacta. Pero yo, con la pregunta, no buscaba que me aportasen una respuesta integral de su personalidad mundana. Lo que estaba intentando de despertar en ellos, era que fuesen conscientes de que la versión que me estaban dando era relativa a su rostro material, cuando su verdadera identidad, su verdadera realidad, como bien expresa Un Curso de Milagros, es que Somos Espíritu; Somos Hijos de Dios. Lo que estaba tratando de enseñarles, es que nuestra verdadera identidad, no es la que nos muestra la Casa I, sino la que nos muestra el signo de Aries, es decir, somos Espíritus, emanados de la Mente Divina.
Desde entonces, los estudiantes que seguían los cursos, cuando abordábamos este tema, ya sí aportaban la respuesta desde el punto de vista espiritual: Soy un Ser de Luz Espiritual.

Esto es sumamente importante que tomemos consciencia de ello. Y este es el Propósito que me anima, en este “ahora” que coincide sincrónicamente con la entrada de la Primavera. Lo vivo como una aportación a las fuerzas cósmicas que están activas en el día de hoy. Soy consciente de que cuando actuamos en sintonía con la Divinidad, aquello que emprendemos cuenta con la protección de las Entidades Espirituales que velan por nuestra evolución.

Para poner fin a esta introducción, me gustaría analizar el término “reino” y aclarar que El "Reino de Dios" es usado indistintamente con el de "Reino de los Cielos". En el Evangelio según Mateo se utiliza esta última, mientras que en Lucas, Marcos y Juan se utiliza "Reino de Dios". La explicación habitual es que el evangelio de Mateo está destinado a los judíos, quienes prefieren evitar el uso directo del nombre de Dios. Marcos y Lucas están dirigidos a una audiencia más general y menos familiarizada con el término "Reino de los Cielos".
La frase “El Reino de Dios” ocurre 68 veces en 10 diferentes libros del Nuevo Testamento, mientras que “El Reino de los Cielos” ocurre 32 veces, y solo en el Evangelio de Mateo.

Reino:
En hebreo, Malkut (מלכות), «reino; reinado; gobierno». El vocablo Malkut aparece 91 veces en el Antiguo Testamento hebreo y parece corresponder al hebreo bíblico tardío. Se menciona por primera vez en Nm 24.7: «El agua correrá de sus baldes; su simiente tendrá agua en abundancia. Su rey será más grande que Agag; su reino será enaltecido».

El vocablo Malkut denota: (1) el territorio de un reino: «Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento ochenta días» (Est 1.4); (2) acceso al trono: «Si te quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los judíos surgirán de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¡Y quién sabe si para un tiempo como este has llegado al reino!» (Est 4.14); (3) año de gobierno: «Ester fue llevada al rey Asuero, a su palacio real en el mes décimo, el mes de Tebet, del séptimo año de su reinado» (Est 2.16); y (4) cualquier cosa relacionada con un rey: trono (Est 1.2), vino (Est 1.7), corona (Est 1.11), decreto (Est 1.19), vestimenta (Est 6.8), casa real (Est 1.9), cetro (Sal 45.6) y gloria (Sal 145.11–12).

Las traducciones de Malkut en la Septuaginta son: basileia («realeza; reino; poder real») y basileus («rey»).

Malkut (reino) es el nombre con el que se conoce el décimo Séfira del Árbol Cabalístico, la estructura organizativa donde se recogen los  Diez Centros de Conciencia de la Divinidad. Dicho Centro, constituye el Plano de Acción y da vida al Mundo Material. Por lo tanto, dicho Plano de Manifestación se muestra como uno de los Escenarios donde el Ser Espiritual debe expresar su condición divina, esto es su condición creadora (el hombre ha sido creado a Imagen y Semejanza de su Creador). Esa es la razón por la que no debemos concebir la falsa creencia de que el Mundo Material es el mundo de perdición. Cada uno de nosotros, como legítimos herederos de nuestro Padre, tenemos la misión de tomar consciencia de las Leyes que rigen el Plano Material y con ese bagaje de experiencias y sabiduría, extraído de las vivencias creadoras adquiridas en el transitar por el mundo físico, podremos avanzar hacia nuestra meta final, alcanzar la condición de Dioses Creadores. Nuestro tránsito actual por el mundo físico, nos permite espiritualizar la materia y elevarla de tono vibratorio. Ahora bien, la identificación excesiva con dicho plano produce un estancamiento en la conciencia, un estado semejante a estar “dormido” pues, en realidad, hemos olvidado nuestra verdadera identidad y el Plan que nuestro Padre nos ha encomendado.

Si traducimos cada una de las letras que componen el nombre de Malkut al lenguaje numérico, obtenemos la siguiente información: Mem (13) – Lamed (12) – Khaf (11) – Yod (10) – Tau (22). Si sumamos cada uno de estos valores, obtenemos la cifra: 68 = 14. La Letra que se corresponde con el valor obtenido es el Noum (Nun), que astrológicamente está representado al signo de Tauro, cuya dinámica nos sitúa en la experiencia de interiorizar los valores del mundo material, y en esta tentadora labor, el alma queda identificada con el mundo de la percepción de los sentidos. Es fácil, en esta fase del proceso del crecimiento anímico, exclamar: ¡Esto es el Paraíso y gozaré eternamente de él!

Podríamos hablar largo y tendido de los trabajos espirituales que nos aguardan en la dinámica de Tauro, pero no es el objeto de este análisis. Me conformo con haber vinculado el sentido del término Malkut (reino) con el arquetipo astrológico que sintetiza su significado espiritual. Nosotros, cada uno de nosotros, cuando vivimos anímicamente la etapa Noum-Tauro, proclamamos nuestro sentido de “reino”. Es lógico que lo hagamos, pues Tauro  se manifiesta al final del camino, cuando ya hemos recorrido un largo trayecto y se nos presenta la oportunidad de “gozar” de lo construido. Creemos que tenemos el derecho de proclamar nuestro “reino” y ello se traduce, en que nuestro reino son las posesiones que hemos ido adquiriendo, hasta tal punto que nos identificamos con ellas y nos decimos: “este es el final del recorrido”.

Sin embargo, la etapa de los frutos, cuando se manifiesta en la sabia naturaleza, nos lleva a corregir esa creencia errónea de estancamiento. Cada fruto, lleva implícito en sí mismo una nueva semilla, pues de este modo garantiza su renacer, su resurrección. Sí, ese es el verdadero sentido del término Reino. Completar el proceso de aprendizaje; convertirse en fruto para los demás y volver a resucitar, convertidos en nuevas semillas. ¿Acaso no fue esa la Enseñanza que nos dejó el Maestro Jesús?

Para ampliar información sobre la Letra Fuerza Noum: 
http://nuevosarquetipos.blogspot.com.es/2012/02/el-tarot-la-templanza-el-noum.html


Continuará

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 104

LECCIÓN 104

Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

1. La idea de hoy continúa con el tema de que la dicha y la paz no son sueños vanos. 2Tienes derecho a ellos por razón de lo que eres. 3Te llegan procedentes de Dios, Quien no puede dejar de darte lo que Él dispone. 4Pero primero tiene que haberse preparado un lugar donde recibir Sus dones. 5Pues éstos no son bien acogidos por la mente que ha aceptado los regalos que ella misma fabricó allí donde sólo a los de Dios les corresponde estar.

2. Hoy queremos deshacernos de cuanto regalo inútil nosotros mismos hayamos fabricado y depositado ante el santo altar donde sólo a los dones de Dios les corresponde estar. 2Sus dones son los que en verdad son nuestros. 3Sus dones son los que here­damos desde antes de que el tiempo comenzara, y los que segui­rán siendo nuestros después de que el tiempo haya pasado a ser eternidad. 4Sus dones son los que se encuentran en nosotros ahora, pues son intemporales. 5Y no tenemos que esperar a que sean nuestros. 6Son nuestros hoy.

3. Elegimos, por lo tanto, tenerlos ahora, sabiendo que al elegirlos en lugar de lo que nosotros mismos hemos fabricado, no estamos sino uniendo nuestra voluntad a la de Dios y reconociendo que ambas disponen lo mismo. 2Nuestros períodos de práctica más prolongados de hoy, los cinco minutos que cada hora le dedica­mos a la verdad para tu salvación, deben comenzar con lo siguiente:

3Busco únicamente lo que en verdad me pertenece, y la dicha y la paz son mi herencia.

4Deja a un lado entonces los conflictos mundanos que ofrecen otros regalos y otros objetivos que sólo pueden perseguirse en un mundo de sueños y que se componen de ilusiones, de las cuales dan testimonio.


4. Dejamos todo esto a un lado y, en su lugar, buscamos aquello que verdaderamente es nuestro cuando pedimos poder recono­cer lo que Dios nos ha dado. 2Despejamos en nuestras mentes un santo lugar ante Su Altar, en el que Sus dones de paz y felicidad son bien recibidos y al que venimos a encontrar lo que Él nos ha dado. 3Venimos llenos de confianza hoy, conscientes de que lo que Él da es lo que en verdad nos pertenece. 4Y ya no deseamos nada más, pues no hay nada más que en verdad nos pertenezca.

5. De esta manera, despejamos hoy el camino para Él, al recono­cer simplemente que Su Voluntad ya se ha cumplido y que la dicha y la paz nos pertenecen por ser Sus eternos dones. 2No nos permitiremos perderlos de vista entre cada uno de los períodos en que venimos a buscarlos allí donde Él los depositó. 3Traere­mos a la memoria el siguiente recordatorio tan a menudo como podamos:


4Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.
5Lo único que quiero son los dones de dicha y paz de Dios.


¿Qué me enseña esta lección?

Ningún regalo, promesa del ego, puede aportarnos dicha y felicidad. Desde una conciencia basada en la carencia, el ego siente la necesidad de llenar esos vacíos y se entrega a la conquista de objetivos que, ilusoriamente, le lleva a obtener riquezas que atesora guiado por el miedo a perderlo si lo comparte. El ego adora los múltiples ídolos que fabrica e instala su seguridad en los valores efímeros de los mismos.

Cuanto más atesora, mayor es su inseguridad, su temor a la pérdida. Su demencia llega a extremos inimaginables y el sufrimiento permanente, le impide gozar de uno sólo instante de dicha y felicidad.

Es imposible ese encuentro, cuando en nuestra mente se dan cita el miedo, la culpa, el castigo, la carencia y la separación. Tan sólo cuando conseguimos despertar al Amor, a la Unidad, al Perdón, a la Abundancia, tan sólo entonces, conseguiremos que se produzca el encuentro con lo que verdaderamente nos pertenece, la dicha y la felicidad. 

Ejemplo-Guía: "¿Estás dispuesto a vivir en el Gozo?

Si tu respuesta es afirmativa, lo que realmente estás manifestando es tu certeza de saber quién eres en realidad, tu certeza de que te encuentras provisionalmente experimentando el sueño de la ilusión, tu certeza de que tuviste un pensamiento errado y ahora reconoces cuál es tu verdadera función.

La experiencia del Gozo siempre nos ha estado aguardando, pues fue el regalo con el que nuestro Creador nos obsequió al expandirnos de Su Fuente. No podemos ser diferente a Su Esencia, pues hemos sido emanados de Ella. 

Pero, nuestra capacidad de elección, nos llevó a depositar otros regalos procedentes de la proyección de la mente dividida, la cual fabricó nuevas creencias que ocuparon el lugar donde anteriormente se encontraba la condición natural del Gozo.

Gozar, tan solo es posible cuando experimentamos la Comunión con nuestro Creador y vivimos desde Su Unidad. El Gozo es una experiencia inefable de Paz interior que nos lleva a vivir la vida con la plena aceptación, con la plena certeza de que somos el Hijo de Dios.

Si nos acercamos al Gozo desde la visión dual del ego, emitiremos argumentos que traten de justificar nuestra creencia en que el gozo está basado en la experiencia de posesión, de bien-estar. Desde es punto de vista, estaremos dispuestos a emprender cualquier acción con el único propósito de hacer realidad la experiencia del gozo, es decir, de asegurar que nada ni nadie puede arrebatarnos nuestras posesiones, las cuales la hemos convertido en el ídolo de nuestra felicidad.

El Gozo, no tiene nada que ver con lo que recibimos desde fuera, no tiene nada que ver con el deseo y la experiencia de posesión, no tiene nada que ver con los matices con los que las experiencias de nuestras vida nos visitan. 

¿Qué quiere decir ésto? ¿Qué podemos sentir Gozo aún estando enfermos? ¿Qué podemos sentirnos felices aún habiendo perdido a un ser querido? ¿Qué disfrutaremos de la paz, aún cuando hemos sido ultrajados injustamente?

Lo que puedo compartir con todos vosotros, desde el corazón, es mi propia experiencia. Mis aportaciones no pretenden despertar admiración, ni complicidad alguna. No estoy en posesión de la verdad, ni es mi intención ganar seguidores. Por favor, es importante que se interprete, simplemente, como un acto de compartir desde la experiencia.

Hecha esta aclaración, os puedo decir que es fácil confundir la experiencia del goce con la del Gozo. El goce es el efecto que se persigue cuando movilizamos nuestros deseos de poseer. Este deseo responde a la creencia del ego basada en la escasez y en la necesidad y por muchas experiencias de goce que experimentemos, nunca tendremos la sensación final de estar satisfecho. Ese goce es temporal y efímero.
En cambio, cuando se vive la experiencia del verdadero Gozo, es el resultado de haber elegido al verdadero guía, al Espíritu, lo que significa el recordatorio de lo que realmente somos. Este reconocimiento se traduce, de forma inmediata, en el propósito de ver las cosas de otra manera, de poner fin a las viejas creencias de separación, de pecado, de culpa, de sufrimiento y en su lugar, depositar la única creencia verdadera, la que siempre ha estado ahí aguardando que la integrásemos, la que nos lleva a la certeza de lo que somos: Hijo de Dios.

Con esa consciencia, viviremos la vida, aportando siempre la misma respuesta, la del Gozo, independientemente de que llueva o luzca el Sol.

Reflexión: ¿Existe algo en el mundo que conoces que te pueda ofrecer un gozo permanente? ¿Por qué?

jueves, 13 de abril de 2017

Amar: "El respeto del Libre Albedrío"

Estas líneas no pretenden desarrollar un estudio extenso y profundo del significado que encierra el término Amor, entre otras razones porque no estoy capacitado para hacerlo, pues considero que el Amor no es un concepto teórico que se pueda comprender con la mente, sino una experiencia individual que, curiosamente, cuando se vive, nos lleva directamente a la visión de la unicidad.

El motivo que me anima a dejar estas reflexiones, es compartir una experiencia que considero reveladora, tanto en cuanto, hasta hoy, tan sólo había conseguido acercarme a ella desde el punto de vista teórico, cognoscitivo, desde el entendimiento mental. 

Hoy, mi corazón ha recibido la certeza de que el Amor, tan solo es posible experimentarlo, cuando aceptamos y respetamos nuestro Libre Albedrío y el de los demás. Cuando mi corazón ha recibido esa visión, todo mi Ser, incluido mi cuerpo físico, ha percibido una inmensa sensación de gozo, de dicha, de felicidad y lo que considero muy importante, de libertad, pues tan sólo el Amor nos aporta esa experiencia gozosa, mientras que el miedo, nos mantiene prisioneros de creencias, como el dolor, el sufrimiento, el tener y poseer, etc

¿Qué significa Amar el Libre Albedrío, el propio y el de los demás? ¿Acaso, cuando deseo lo mejor para mi familia, para mis amigos, para el mundo, no los estoy amando?

Acerquémonos, en primer lugar, a la segunda de las cuestiones planteadas, y la primera se contestará, por si misma.

Estamos muy familiarizados con la creencia, de que desear lo bueno es amar. Pero, ¿qué ocurre cuando ese deseo se ve frustrado? ¿Ya no amamos? ¿Decidimos identificarnos como víctimas del destino? ¿Culpamos a Dios de nuestra mala fortuna, como consecuencia del pago a nuestros pecados?

Observemos nuestro comportamiento. Pongamos por caso, de que la vida nos sorprende con un regalo material, nos toca el primer premio en la lotería. Nuestra cuenta bancaria se ha inflado de repente  y ahora, nuestra mayor preocupación es quitarnos de encima a los muchos banqueros que nos visitarán para conseguir que depositemos nuestro dinero en sus arcas. Sí, si en ese momento, alguien nos preguntase como nos sentimos,  le diríamos que muy felices y aceptamos de buenas ganar la experiencia. Esa respuesta, responde a la creencia de que la felicidad depende de factores externos a nosotros. Podemos comprobarlo, si nos place.

Analicemos ahora otra secuencia, de las muchas que se producen en la vida. Nuestro hijo lleva unos meses quejándose de molestias físicas. En principio no le hemos dado mayor importancia, pensando que tales hecho no revestían mayor importancia. Decidimos llevarle al médico y tras los resultados de la exploración, el médico nos comunica que nuestro hijo tiene un cáncer. En esos momentos, la vida nos da un vuelco. A nuestra mente llega información muy variopinta, pero toda ella se caracteriza por un mismo color, el negro. Lo vemos todo de ese color. Donde antes había luz y discernimiento, ahora todo es oscuridad y depresión. La palabra cáncer tiene un efecto destructivo en nuestras emociones. Somos la misma persona que antes había aceptado la experiencia del premio de lotería con un profundo optimismo y satisfacción. En ese momento, toda en nuestra vida brillaba de una manera especial. Ahora, no conseguimos percibir ni un solo rayo de esa luz.

Si alguien nos dijese, que afrontando la vida de la manera que hemos expuesto en el segundo caso, no estamos expresando Amor, no le creeríamos, es más, seguro que nos causaría una profunda desilusión, la cual le llevaría a mantener lejos a la persona que se ha atrevido a plantear tal cuestión.

Sin embargo, cuando estamos hablando del verdadero Amor, ya hemos adelantado algo, es preciso que respondamos aceptando la libertad de los demás.

Tal vez os estoy preguntando, ¿dónde se encuentra la libertad en la dolorosa y amarga experiencia de la enfermedad de nuestro hijo? 

Esa cuestión es lógica desde la visión y desde la creencia del ego, el cual tan solo cree en el mundo de las formas, en el cuerpo físico y en la percepción de lo que toca y siente con los sentido corporeo-mentales. Para el ego, la vida, lo real, es lo que experimenta el cuerpo desde que nace hasta que muere. Con la muerte, finaliza la existencia. Por lo tanto, es lógico que sus planteamientos le lleven a sentir temor por las enfermedades críticas, como el cáncer.

Desde el planteamiento del ego, no se está respetando el Libre Albedrío de la persona que experimenta una vivencia. El ego, no reconoce que tan solo es un envoltorio, un vehículo, que es conducido por un conducto, nuestro verdadero Ser, el cual, elige el camino y la ruta que va a recorrer ese vehículo. En ese trayecto, puede elegir tener experiencias, de las llamadas afortunadas, como la vivida con el premio de lotería, y también puede elegir tener experiencias, de las llamadas amargas, como la vivida con la enfermedad de nuestro hijo.

Siguiendo esa idea, la enfermedad de nuestro hijo ha sido elección de su conductor. La razón no es otra que aportarles las experiencias necesarias para que avance conciencialmente.
Si esto es así, debemos actuar como nuestro Padre actúa con nosotros, esto es, respetando nuestro Libre Albedrío, pues El nos ha dotado de ese Atributo Divino al crearnos a Su Imagen y Semejanza.

Por lo tanto, la máxima expresión del Amor, que es Dios, nos muestra su Amor, respetando el uso de nuestra voluntad. De esta manera, lo que está permitiendo es que cada uno de sus Hijos goce de la libertad de elegir su propio proceso de aprendizaje.

Para muchos, puede parecer carente de sentimiento y de emociones, el actuar respetando la experiencia de nuestro hijo, por el simple hecho de que haya sido su elección. Pero, ¿qué pasa con lo que sentimos?

De nuevo, el ego nos ofrece argumento desde su lógica y desde su propia visión separada de los demás. Entiende que para amar hay que sufrir. Pero no es cierto. No hay mayor Amor que aquel que respeta la elección propia y la de los demás. Si tuviésemos acceso a la visión espiritual, si tuviésemos acceso al conocimiento de nuestro Espíritu, ello nos permitiría contemplar y entender, cómo lo que hemos llamado conductor, nuestro Ser Espiritual, ha elegido en los mundos espirituales, antes de encarnar en el mundo físico, las experiencias que ayudarán a evolucionar al encarnante. A veces esas experiencias, desde la visión corporeo-mental se interpretan como traumáticas, pero al saber que responden a la libre elección, hay que aceptarlas y comprender que ellas le ayudarán en su proceso evolutivo y conciencial.

En cuantas ocasiones, nos hemos visto en la necesidad de tomar drásticas decisiones con la sana intención de rectificar el comportamiento erróneo de un hijo. La intención no es dañarle, sino ayudarle a tomar conciencia de sus errores.

Amar, o lo que es lo mismo, respetar el Libre Albedrío nos lleva a vivir la vida con plena aceptación de todo cuanto nos ocurre, pues reconocemos en todas y cada una de las experiencias vividas, que son el resultado de la libre elección realizada por nuestro verdadero Ser en los mundos espirituales, donde, realmente, tenemos nuestro Hogar.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 103

LECCIÓN 103


Dios, al ser Amor, es también felicidad.


1. La felicidad es un atributo del amor. 2No se puede separar de él 3ni experimentarse donde éste no está. 4El amor no tiene límites, al estar en todas partes. 5La dicha, por consiguiente, está asimismo en todas partes. 6Mas la mente puede negar que esto es así, al creer que hay brechas en el amor por donde el pecado puede infil­trarse y acarrear dolor en lugar de dicha. 7Esta absurda creencia pretende limitar la felicidad al definir al amor como algo limitado, e introducir desacuerdo en lo que no tiene límites ni opuestos.

2. De este modo, se asocia el miedo con el amor, y sus resultados se convierten en el patrimonio de aquellas mentes que piensan que lo que han hecho es real. 2Estas imágenes, desprovistas de toda realidad, dan testimonio del temor a Dios, olvidándose de que, al ser Dios Amor, tiene que ser también dicha. 3Hoy tratare­mos nuevamente de llevar este error básico ante la verdad y de enseñarnos a nosotros mismos que:

4Dios, al ser Amor, es también felicidad. 
5Tener miedo de Él es tener miedo de la dicha.

6Comienza tus sesiones de práctica de hoy con esta asociación que corrige la falsa creencia de que Dios es miedo. 7Subraya asi­mismo que la felicidad es tu patrimonio por razón de lo que es Él.

3. Permite hoy que esta corrección sea colocada en tu mente en cada hora de vigilia. 2Da la bienvenida entonces a toda la felici­dad que dicha corrección brinda a medida que la verdad reem­plaza al miedo, y la dicha se convierte en lo que esperas ha de ocupar el lugar del dolor. 3Dado que Dios es Amor, se te conce­derá. 4Refuerza esa esperanza a menudo a lo largo del día, y aca­lla todos tus temores con la siguiente expresión de certeza, la cual es benévola y completamente cierta:

5Dios, al ser Amor, es también felicidad.
6Y la felicidad es lo que busco hoy.
7No puedo fracasar, pues lo que busco es la verdad.


¿Qué me enseña esta lección?

Cuando siembro Amor, el fruto que cosecho es la felicidad. De esta relación causa-efecto, deduzco, que la felicidad no es una cuestión de azar, sino que es la consecuencia directa de una expresión de la Voluntad dirigida hacia la acción de Amar.

El Amor es el lenguaje con el que se expresa nuestro verdadero Ser. Es una expresión que se destila de la Mente Una. Una mente que cree estar separada del resto de las mentes, es una mente que sirve al error. Ese tipo de mente, piensa que Dios es algo externo a nosotros y siente temor a ser víctima de la Justicia Divina, pues participa de la creencia de l pecado, de la culpa y del castigo como única vía de redención.

Sin embargo, esa creencia es fruto de la ignorancia del ego, el cual ha fraguado un sistema de creencias que le lleva a sentir verdadero pánico del único camino que pudiera poner en entredicho su credibilidad, su existencia, el del Amor. Amar, perdonar, le deja sin argumentos, pues sus pilares se asientan en la culpa, en el miedo, en la necesidad, en el sufrimiento, en el sacrificio…


La verdadera felicidad no podemos sustentarla en los logros que recibimos del mundo material, pues al ser estos efímeros, la felicidad también lo sería. La verdadera felicidad forma parte de nuestra realidad, pues el Amor es la condición de nuestro Ser.

Ejemplo-Guía: ¿Estás dispuesto a vivir sin miedos?


Si tu respuesta es afirmativa, entonces, lo primero que debes saber es que tu verdadero Ser no es de este mundo. No, no confundas esta afirmación, con la posibilidad de que seas un extraterrestre, un mensajero intergalactico perteneciente a otro planeta vecino. Tampoco pienses, que he perdido la razón y estoy desvariando. Aún, creo que conservo la cordura. 


¿Entonces qué significado tiene lo que digo? ¿Qué quiero decir cuando manifiesto que nuestro verdadero Ser no es de este mundo? Sencillamente, que nuestra verdadera realidad no es el cuerpo que percibimos. Nuestra verdadera esencia es Espiritual y tiene su Fuente en Su Creador, en Dios. El cuerpo, es un vehículo transitorio que nos permite adquirir experiencias en el plano denso, en el mundo de las formas, en el mundo de la percepción, el mismo que permite a la mente expresarse en su manifestación individualizada, dando expresión al ego.


Esta afirmación es de vital importancia a la hora de vivir la vida. Si no sabemos realmente quiénes somos, cómo vamos a saber cuál es nuestra función en la existencia. Para mí, este punto de partida, es la piedra angular donde levantar el edificio de la verdad.


Si tengo la certeza de que soy Espíritu, un Santo Hijo de Dios, libre de toda limitación, la vida será una fuente de inspiración donde expandir mi condición divina a través de mi esencia verdadera, el Amor. Esta certeza me permite gozar de la Felicidad, pues la Felicidad es un atributo del Amor.


Ahora bien, si mi visión sirve a la mente dual, la que basa sus argumentos en la creencia en la separación, en el pecado y en la culpabilidad, entonces soy un fiel servidor del miedo, con lo cual, todos mis intentos de gozar de la felicidad serán vanos pues la propia semilla del miedo carece de la fortaleza precisa para hacer que disfrutemos del fruto de la felicidad.


Todas las Lecciones del Curso de Milagros, así como toda la literatura expuesta en el Texto, podría resumirse en este punto de partida. Tener la certeza de quiénes somos y actuar en consecuencia, con la total confianza de que somos Uno con el Creador y con la Filiación, nuestros hermanos en evolución.


A partir de esa certeza, aún experimentando en el mundo del sueño, en el mundo de la percepción, tendremos el entendimiento que nos permita que somos los soñadores de nuestros sueños. Ello favorece el estado mental de la aceptación, de la fe o lo que es lo mismo, de la confianza y del compromiso. La felicidad forma parte de nuestra esencia. Viviremos todo tipo de vivencias, pero nuestra mente ya no las juzgarás desde la dualidad, estas son buenas, estas otras son malas. Ya no calificaremos a las vivencias buenas como portadoras de felicidad y a las malas como portadoras de sufrimiento. Ya no otorgamos ese poder a las circunstancias externas, sino que elegimos vivir desde el empoderamiento, desde el endiosamiento, lo que quiere decir, que utilizamos la fuerza de la voluntad para dirigir nuestras elecciones y apostar por vivir la vida tal y como es.


¿Estás dispuesto a vivir sin miedos? Ama sin miedos, desde la libertad.


Reflexión: ¿Crees que la felicidad tiene algo que ver con el amor? ¿Se puede ser feliz sin amor?