sábado, 10 de junio de 2017

Principios 47 y 48 de Un Curso de Milagros

PRINCIPIOS 47 y 48

El milagro es un recurso de aprendizaje que reduce la necesidad del tiempo. Establece un intervalo temporal fuera de lo normal que no está sujeto a las leyes usuales del tiempo. En ese sentido es intemporal.

El milagro es el único recurso que tienes a tu inmediata disposición para controlar el tiempo. Sólo la revelación lo trasciende al no tener absolutamente nada que ver con el tiempo.


Reducir, controlar, trascender el tiempo. No es la primera vez que nos acercamos a la idea del tiempo. Ya lo hicimos al analizar el Principio 15, donde se recoge que el “tiempo es, por lo tanto, un recurso de enseñanza y un medio para alcanzar un fin. El tiempo cesará cuando ya no sea útil para facilitar el aprendizaje”.

En el Principio 19, veíamos como “los milagros reflejan, por lo tanto, las leyes de la eternidad, no las del tiempo”.

Y en el Principio 25, se nos revela, que “los milagros son parte de una cadena eslabonada de perdón que, una vez completa, es la Expiación. La Expiación opera todo el tiempo y en todas las dimensiones del tiempo”.

Cuando tuvimos ocasión de abordar esos tres Principios nos centramos, principalmente, en el estudio de los conceptos “milagro” y “expiación”. En esta ocasión, aprovecho la nueva oportunidad que nos ofrece los Principios 47 y 48 para dedicar un monográfico al concepto “tiempo”.

Para empezar, comparto una de las afirmaciones recogidas a lo largo de las enseñanzas de Un curso de Milagros que, sin duda, removerá esa zona de confort que nos proporciona nuestras creencias:

“El tiempo no existe realmente”. “Ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias”.

Estas afirmaciones pueden despertar en nosotros diferentes reacciones. Desde la negación, más absoluta, hasta la participación consciente en hacerla real.
Me siento tentado a ofrecer referencias recientes, en el campo científico, que nos ayudarán a ver la cuestión del tiempo desde una perspectiva muy diferente, pero abordar este tema desde dicho enfoque nos exigiría ocupar un espacio, que dimensionaría excesivamente el propósito de este estudio, por lo que me conformaré con centrarme en las aportaciones procedentes de Un Curso de Milagros.
Simplemente, referir, que desde las teorías newtonianas, pasando por la de Einstein, hasta llegar al nuevo paradigma abordado por la Física Cuántica, el concepto tiempo ha evolucionado notablemente, hasta el punto, que se está muy cerca de la corroboración científica de que el tiempo no existe realmente.

¡Pero el tiempo es muy real! Es el argumento del ego, es su creencia, lo que le lleva a su aceptación sin reservas. Sin embargo, el único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora.

Hablar de ego, es hablar de tiempo. Hablar de ego, es hablar de separación, luego, la creencia en la separación, nos lleva a la creencia en el tiempo. Podemos decir, que antes de la separación los actos eran innecesarios porque no existía la creencia en el tiempo ni en el espacio.

La creación falsa hizo que el tiempo fuese necesario como recurso de corrección.

¿Qué estado existía antes del que el tiempo existiese para el ego?

Es posible que esta pregunta forme parte de otras muchas que se despiertan en nuestra mente cuando se aborda el tema del tiempo. El Texto del Curso nos ofrece una respuesta, que no nos dejará indiferentes:

El presente existe desde antes de que el tiempo diese comienzo y seguirá existiendo una vez que éste haya cesado. En el presente se encuentran todas las cosas que son eternas, las cuales son una. La continuidad de esas cosas es intemporal y su comunicación jamás puede interrumpirse, pues no están separadas por el pasado. Sólo el pasado puede producir separación, pero el pasado no está en ninguna parte”.


El Padre de la Iglesia cristiana San Agustín escribió que el tiempo existe sólo dentro del universo creado, de manera que Dios existirá fuera del tiempo, ya que para Dios no existe pasado ni futuro, sino únicamente un eterno presente.


En contraposición a la anterior afirmación, diremos que el único propósito que el ego percibe en el tiempo, es que, bajo su dirección, haya continuidad entre pasado y futuro, y que el presente quede excluido a fin de que no se pueda abrir ninguna brecha en su propia continuidad. Su continuidad, por consiguiente, nos mantiene en el tiempo, mientras que el Espíritu Santo quiere liberarnos de él.

Para el ego, el pasado adquiere un especial sentido, pues al basar su sistema de creencia en la culpa, es mediante esa visión que se aferra al pasado. Pues la culpa­bilidad determina que seremos castigados por lo que hemos hecho, y, por lo tanto, depende del tiempo unidimensional, que comienza en el pasado y se extiende hasta el futuro. Nadie que crea esto puede entender lo que significa "siempre", y de este modo la culpabilidad le impide apreciar la eternidad. Somos inmortales por­que somos eternos, y "siempre" no puede sino ser ahora.

Los sentimientos de culpabilidad son los que perpetúan el tiempo. Inducen miedo a las represalias o al abandono, garanti­zando así que el futuro sea igual que el pasado. En esto consiste la continuidad del ego, la cual le proporciona una falsa sensación de seguridad al creer que no podemos escaparnos de ella. Pero no sólo podemos, sino que tenemos que hacerlo. Dios nos ofrece a cambio la continuidad de la eternidad. Cuando decidimos hacer este intercambio, reemplazamos simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. ­

Hemos dicho, anteriormente, que el Espíritu Santo nos ayuda a liberarnos del tiempo, que es lo mismo que decir, que quiere liberarnos de la falsa creencia en la separación y en la culpa como única vía de redención.

El Espíritu Santo hace uso del tiempo, pero no cree en, él. Puesto que Él procede de Dios, usa todo para el bien, pero no cree en lo que no es verdad.

¿Cómo nos ayuda el Espíritu Santo a conseguir esa corrección?

A través de la Expiación. Este concepto ha sido desarrollado, ampliamente, en el estudio de otro Principio, por lo que no nos vamos extender más sobre su significado. Lo que sí haremos es indicar que la Expiación se instituyó dentro de la creencia en el tiempo y en el espacio para fijar un límite a la necesidad de la creencia misma, y, en última instancia, para completar el aprendizaje. La Expiación es la lección final.

La evolución es un proceso en el que aparentemente pasamos de una etapa a la siguiente. Corregimos los tropiezos previos yendo hacia adelante. Este proceso es realmente incomprensible en tér­minos temporales, puesto que retornamos a medida que avanzamos. La Expiación es el medio a través del cual podemos liberarnos del pasado a medida que avanzamos. La Expiación desvanece los erro­res que cometimos en el pasado, haciendo de este modo innecesario el que sigamos volviendo sobre nuestros pasos sin avanzar hacia nuestro retorno. En este sentido la Expiación ahorra tiempo, pero al igual que el milagro al que sirve, no lo abole. Es más, mientras siga habiendo necesidad de Expiación, seguirá habiendo necesidad de tiempo. Pero la Expiación, en cuanto que plan que ya se ha completado, tiene una relación única con el tiempo. Hasta que la Expiación no se complete, sus diversas fases evolucionarán en el tiempo, pero la Expiación en su totalidad se encuentra al final del tiempo. En ese punto el puente de retorno ya se ha construido.

El milagro no abole el tiempo, pero reduce al mínimo su necesidad, es decir, acelera el proceso de aprendizaje y corrección.

Un Curso de Milagros nos dice a este respecto: En el plano longitudinal u horizontal el reconocimiento de la igualdad de los miembros de la Filiación parece requerir un tiempo casi interminable. El milagro, no obstante, entraña un cambio súbito de la percepción horizontal a la vertical. Esto introduce un inter­valo del cual tanto el que da como el que recibe emergen mucho más adelantados en el tiempo de lo que habrían estado de otra manera. El milagro, pues, tiene la propiedad única de abolir el tiempo en la medida en que hace innecesario el intervalo de tiempo que abarca. No existe relación alguna entre el tiempo que un milagro tarda en llevarse a cabo y el tiempo que abarca. El milagro substituye a un aprendizaje que podría haber durado miles de años. Lo hace en virtud del reconocimiento implícito de la perfecta igualdad que existe entre el que da y el que recibe en la que se basa el milagro. El milagro acorta el tiempo al producir su colapso, eliminando de esta manera ciertos intervalos dentro del mismo. Hace esto, no obstante, dentro de la secuencia tem­poral más amplia”. (T.1.II.5:2)

La decisión básica del que se ha decidido por el camino de los milagros es no esperar en el tiempo más de lo necesario. EI tiempo puede causar deterioro y también puede desperdiciarse. El que obra milagros, por lo tanto, acepta gustosamente el factor de control del tiempo. Reconoce que cada colapso de tiempo nos acerca más a todos al punto en el que finalmente nos podemos liberar de él y en el que el Hijo y el Padre son uno.

Si un número suficiente de nosotros llega a alcanzar una mentalidad verdaderamente milagrosa, este proceso de acortar el tiempo puede llegar a ser virtualmente inconmensu­rable.

Tanto el tiempo como la eternidad se encuen­tran en nuestra mente, y estarán en conflicto hasta que percibamos el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eterni­dad. Mientras el tiempo perdure en nuestra mente nos veremos obligados a elegir. El tiempo en sí es algo que hemos elegido. Si queremos recordar la eternidad, debemos contemplar sólo lo eterno. Si permitimos que lo temporal nos preocupe, estaremos viviendo en el tiempo. Nuestra elección estará determinada por lo que valoremos. El tiempo y la eternidad no pueden ser ambos rea­les porque se contradicen entre sí. Sólo con que aceptemos lo intem­poral como lo único que es real, empezaremos a entender lo que es la eternidad y a hacerla nuestra.

Nos dice el Curso, que debemos aprender que sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos. Así es como el tiempo se intercambia por la eternidad. La paciencia infinita recurre al amor infinito, y, al producir resultados ahora hace que el tiempo se haga innecesario. Como ya hemos dicho, el tiempo es un recurso de aprendizaje que será abolido cuando ya no sea necesario. El Espí­ritu Santo, que habla en favor de Dios en el tiempo, sabe también que el tiempo no tiene sentido.

¿Tiene alguna utilidad el tiempo?

Para responder a esta cuestión, voy a exponer parte del contenido que se recoge en el capítulo 15 del Curso de Milagros, titulado, “Los dos usos del tiempo”:

¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocu­paciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más. El Maestro de Dios no puede sentirse satisfecho con Sus enseñanzas hasta que éstas no constituyan lo único que sabes. Su función docente no se consumará hasta que no seas un alumno tan dedi­cado que sólo aprendas de Él. Cuando eso haya ocurrido, ya no tendrás necesidad de un maestro, ni de tiempo en el que aprender.
La razón del aparente desaliento del que tal vez padezcas es tu creencia de que ello toma tiempo y de que los resultados de las enseñanzas del Espíritu Santo se encuentran en un futuro remoto. Sin embargo, no es así, pues el Espíritu Santo usa el tiempo a Su manera, y no está limitado por él. Él tiempo es Su amigo a la hora de enseñar. No causa deterioro en Él como lo hace en ti. Todo el deterioro que el tiempo parece ocasionar se debe únicamente a tu identificación con el ego, que se vale del tiempo para reforzar su creencia en la destrucción. El ego, al igual que el Espíritu Santo, se vale del tiempo para convencerte de la inevitabilidad del obje­tivo y del final del aprendizaje. Él objetivo del ego es la muerte, que es su propio fin. Mas el objetivo del Espíritu Santo es la vida, la cual no tiene fin”.

“(…) El infierno es únicamente lo que el ego ha hecho del presente. La creencia en el infierno es lo que te impide comprender el presente, pues tienes miedo de éste. El Espíritu Santo conduce al Cielo tan ineludiblemente como el ego conduce al infierno. Pues el Espíritu Santo, que sólo conoce el presente, se vale de éste para desvanecer el miedo con el que el ego quiere inutilizar el pre­sente. Tal como el ego usa el tiempo, es imposible librarse del miedo. Pues el tiempo, de acuerdo con las enseñanzas del ego, no es sino un recurso de enseñanza para incrementar la culpabili­dad hasta que ésta lo envuelva todo y exija eterna venganza”.
             
“El Espíritu Santo quiere desvanecer todo esto ahora. No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. Y el presente se extiende eternamente. Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. En el presente no se recuerda la oscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha.
Esta lección no requiere tiempo para aprenderse. Pues, ¿qué es el tiempo sin pasado ni futuro? El que te hayas descarriado tan completamente ha requerido tiempo, pero ser lo que eres no requiere tiempo en absoluto. Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad. Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe. En él nada del pasado te puede afectar, y es en él donde te encuentras completamente absuelto, complemente libre y sin condenación alguna. Desde este instante santo donde tu santidad nace de nuevo, seguirás adelante en el tiempo libre de todo temor y sin experimentar ninguna sensación de cambio con el paso del tiempo”.

“Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar poder, cambiar de parecer, tan radicalmente, pregún­tate a ti mismo: "¿Es mucho un instante?" ¿No le ofrecerías al Espíritu Santo un intervalo de tiempo tan corto para tu propia salvación? 3Él no te pide nada más, pues no tiene necesidad de nada más. Requiere mucho más tiempo enseñarte a que estés dis­puesto a darle a Él esto que lo que Él tarda en valerse de ese ínfimo instante para ofrecerte el Cielo, en su totalidad. cambio de ese instante, Él está listo para darte el recuerdo de la eternidad.
Mas nunca le podrás dar al Espíritu Santo ese instante santo en favor de tu liberación, mientras no estés dispuesto a dárselo a tus hermanos en favor de la suya. Pues el instante de la santidad es un instante que se comparte, y no puede ser sólo para ti. Cuando te sientas tentado de atacar a un hermano, recuerda que su ins­tante de liberación es el tuyo. Los milagros son los instantes de liberación que ofreces y que recibirás. Dan testimonio de que estás dispuesto a ser liberado y a ofrecerle el tiempo al Espíritu Santo a fin de que Él lo use para Sus propósitos.
¿Cuánto dura un instante? Dura tan poco para tu hermano como para ti. Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos aquellos que están esclavizados por el tiempo, haciendo así que para ellos éste se convierta en su amigo. Mediante tu dación, el Espíritu Santo te da a ti el bendito instante que tú les das a tus hermanos. Al tú ofrecerlo, Él te lo ofrece a ti. No seas reacio a dar lo que quieres recibir de Él, pues al dar te unes a Él. En la crista­lina pureza de la liberación que otorgas radica tu inmediata libe­ración .de la culpabilidad. Si ofreces santidad no puedes sino ser santo.
¿Cuánto dura un instante? Dura el tiempo que sea necesario para re-establecer la perfecta cordura la perfecta paz y el per­fecto amor por todo el mundo, por Dios y por ti; el tiempo que sea necesario para recordar la inmortalidad y a tus creaciones inmortales, que la comparten contigo; el tiempo que sea necesa­rio para intercambiar el infierno por el Cielo. Dura el tiempo suficiente para que puedas trascender todo lo que el ego ha hecho y ascender hasta tu Padre”.

Es una experiencia muy común, compartida por los estudiantes de Un Curso de Milagros, creer que liberarnos del tiempo, nos supondrá mucho tiempo. Sin embargo, el Texto del Curso nos invita a pensar de otra manera bien distinta cuando nos dice lo siguiente:

Dios te dio Su Maestro para que reemplazase al que tú inven­taste, no para que estuviese en conflicto con él. lo que Él ha dispuesto reemplazar ya ha sido reemplazado. El tiempo tan solo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. Y así es con todo el tiempo que ha pasado; y todo per­manece exactamente como era antes de que se construyese el camino que no lleva a ninguna parte. El brevísimo lapso de tiempo en el que se cometió el primer error -en el que todos los demás errores están contenidos- encerraba también la Corrección de ese primer error y de todos los demás que partieron de él. Y en ese breve instante el tiempo desapareció, pues eso es lo que jamás fue. Aquello a lo que Dios dio respuesta ha sido resuelto y ha desaparecido.

A ti que aún crees vivir en el tiempo sin saber que ya desapare­ció, el Espíritu Santo te sigue guiando a través del laberinto infi­nitamente pequeño e insensato que todavía percibes en el tiempo a pesar de que ya hace mucho que desapareció. Tú crees estar viviendo en lo que ya pasó. Cada cosa que ves la viste sólo por un instante, hace mucho, antes de que su irrealidad sucumbiese ante la verdad. No hay ni una sola ilusión en tu mente que no haya recibido respuesta. La incertidumbre se llevó ante la cer­teza hace tanto tiempo que es ciertamente difícil seguir abrigán­dola en tu corazón como si aún estuviese ante ti.

Este ínfimo instante que deseas conservar y hacer eterno, se extinguió tan fugazmente en el Cielo que ni siquiera se notó. Lo que desapareció tan rápidamente que no pudo afectar el conoci­miento del Hijo de Dios, no puede estar aún ahí para que lo pue­das elegir como maestro. Sólo en el pasado -un pasado inmemo­rial, demasiado breve como para poder erigir un mundo en respuesta a la creación- pareció surgir este mundo. Ocurrió hace tanto tiempo y por un intervalo tan breve que no se perdió ni una sola nota del himno celestial. Sin embargo, en cada acto o pensa­miento que aún no hayas perdonado, en cada juicio y en cada creencia en el pecado, se evoca ese instante, como si se pudiese volver a reconstruir en el tiempo. Lo que tienes ante tus ojos es una memoria ancestral. Y quien vive sólo de recuerdos no puede saber dónde se encuentra.

El perdón es lo que nos libera totalmente del tiempo lo que nos permite aprender que el pasado ya pasó. Ya no se oye hablar a la locura. Ya no hay ningún otro maestro ni ningún otro camino. Pues lo que ha sido erradicado ha dejado de existir. ¿Y quién puede encontrarse en una ribera lejana, y soñar que está al otro lado del océano en un lugar y en un tiempo que hace mucho que desaparecieron? ¿Cómo iba a poder impedir este sueño que él esté donde realmente está? Pues donde él está es un hecho, y sus sueños, de la clase que sean, no pueden cambiarlo. Con todo, puede imaginarse que está en otro lugar y en otro tiempo. Lo que a lo sumo puede hacer es engañarse a sí mismo creyendo que eso es verdad y convertirlo de meras imaginaciones en creencias y en locura, completamente convencido de que donde prefiere estar es donde está.

Mas ¿podría eso impedirle estar donde está? ¿Es cualquier eco del pasado que él pueda oír un hecho en comparación con lo que se puede oír donde él está ahora? 3¿Y en qué medida pueden sus propias ilusiones con respecto al tiempo y al espacio cambiar el lugar donde él realmente está?

Lo que no se ha perdonado es una voz que llama desde un pasado que ya pasó para siempre. lo único que lo considera real es el deseo de que lo que ya pasó pueda volver a ser real y verse aquí y ahora, en lugar de lo que realmente se encuentra aquí y ahora. ¿Supone esto acaso un obstáculo para la verdad de que el pasado ya pasó y de que no se te puede devolver? ¿Y querrías conservar ese temible instante en el que el Cielo pareció desapa­recer y a Dios se le temió y se le convirtió en el símbolo de tu odio?

Olvídate de ese momento de terror que ya hace tanto tiempo que se corrigió y se des-hizo. ¿Podría acaso el pecado resistir la Voluntad de Dios? ¿Podría estar en tus manos poder ver el pasado y ubicarlo en el presente? No puedes volver a él. todo lo que señala hacia él no hace sino embarcarte en una misión cuya consecución sólo podría ser irreal. Tal es la justicia que tu Amoroso Padre se aseguró de que se hiciese contigo. Y te ha protegido de tu propia injusticia contra ti mismo. No puedes extraviarte porque no hay otro camino que el Suyo y no puedes ir a ninguna parte excepto hacia Él.

¿Cómo iba a permitir Dios que Su Hijo se extraviase por un camino que es sólo la memoria de un instante que hace mucho que pasó? Este curso te enseña sólo lo que es ahora. Un terrible instante de un pasado lejano que ha sido completamente corregi­do no es motivo de preocupación ni tiene valor alguno. Deja que lo muerto y lo pasado descansen en el olvido. La resurrección ha venido a ocupar su lugar. Y ahora tú eres parte de la resurrec­ción, no de la muerte. Ninguna ilusión del pasado tiene el poder de retenerte en un lugar de muerte: la bóveda en la que el Hijo de Dios entró por un instante, para ser instantáneamente restaurado al perfecto Amor de su Padre. ¿Y cómo iba a podérsele mantener encadenado cuando hace tanto tiempo que se le liberó de las cadenas, que éstas desaparecieron de su mente para siempre?

El Hijo que Dios creó sigue siendo tan libre como Dios lo creó. Renació en el mismo instante en que eligió morir en vez de vivir. ¿Y te negarías ahora a perdonarlo porque cometió un error en un pasado que Dios ni siquiera recuerda y que no existe? Estás ahora oscilando entre el pasado y el presente. veces el pasado te parece real, como si fuese el presente. Oyes voces del pasado y luego dudas de que las has oído. Eres como alguien que aún tiene alucinaciones, pero que no está seguro de lo que percibe. Ésta es la zona fronteriza entre los dos mundos, el puente entre el pasado y el presente. Aquí todavía ronda la sombra del pasado; sin embargo, se vislumbra ya la luz del presente. Una vez que esta luz se ve, es imposible olvidarse de ella. Y esa luz te rescatará del pasado y te conducirá al presente, donde realmente te encuentras.

Las sombrías voces no alteran las leyes del tiempo ni las de la eternidad. Proceden de lo que ya pasó y dejó de existir, y no suponen ningún obstáculo para la verdadera existencia del aquí y del ahora. El mundo real es la contrapartida a la alucinación de que el tiempo y la muerte son reales, y de que tienen una existen­cia que puede ser percibida. Esta terrible ilusión fue negada en el mismo lapso de tiempo que Dios tardó en responder a ella para siempre y en toda circunstancia. entonces desapareció y dejó de experimentarse como algo que estaba ahí.

Cada día, y cada minuto de cada día, y en cada instante de cada minuto, no haces sino revivir ese instante en el que la hora del terror ocupó el lugar del amor. así mueres cada día para vivir otra vez, hasta que cruces la brecha entre el pasado y el presente, la cual en realidad no existe. Esto es lo que es toda vida: un apa­rente intervalo entre nacimiento y muerte y de nuevo a la vida; la repetición de un instante que hace mucho que desapareció y que no puede ser revivido. Y el tiempo no es otra cosa que la creencia demente de que lo que ya pasó todavía está aquí y ahora.

Perdona el pasado y olvídate de él, pues ya pasó. Ya no te encuentras en el espacio que hay entre los dos mundos. Has seguido adelante y has llegado hasta el mundo que yace ante las puertas del Cielo. Nada se opone a la Voluntad de Dios ni hay necesidad de que repitas una jornada que hace mucho que con­cluyó. Mira a tu hermano dulcemente, y contempla el mundo donde la percepción de tu odio ha sido transformada en un mun­do de amor”.  (T.26.V.3:14)

Cada vez que repaso este capítulo del Curso, me ratifico más en pensar que su contenido corresponde a una de las lecciones más maravillosas, sobre metafísica, que he podido leer. Si logramos aplicar su mensaje, habremos dado un importante paso hacia la Salvación y hacia la Iluminación.

El tiempo parece ir en una dirección, pero cuando lleguemos a su final, se enrollará hacia el pasado como una gran alfombra extendida detrás de nosotros y desaparecerá. Mien­tras sigamos creyendo que el Hijo de Dios es culpable seguiremos caminando a lo largo de esa alfombra, creyendo que conduce a la muerte. Y la jornada parecerá larga, cruel y absurda, pues en efecto, lo es.

Cuando ninguna percepción se interponga entre Dios y Sus creaciones, o entre Sus Hijos y las suyas, el conocimiento de la creación no podrá sino continuar eternamente. Los reflejos que aceptamos en el espejo de nuestra mente mientras estamos en el tiempo o bien nos acercan a la eternidad o bien nos alejan de ella. Pero la eternidad en sí está más allá del tiempo.

Sigamos el consejo que nos comparte el Curso para alcanzar nuestro estado original, la eternidad:


Salte del tiempo y con la ayuda del reflejo de la eternidad en ti, extiéndete y tócala. pasarás del  tiempo a la santidad tan inevitablemente como el reflejo de la santidad exhorta a todos a dejar a un lado la culpabi­lidad. Sé un reflejo de la paz del Cielo aquí y lleva este mundo al Cielo, pues el reflejo de la verdad atrae a todo el mundo a ésta, y a medida que todos entran en ella, dejan atrás todos los reflejos”. 

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 161

LECCIÓN 161

Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.

1. Hoy vamos a practicar de manera diferente, y a pronunciarnos en contra de nuestra ira de modo que nuestros temores puedan desaparecer y darle cabida al amor. 2He aquí la salvación, en las simples palabras con las que practicamos la idea de hoy. 3He aquí la respuesta a toda tentación, pues jamás puede dejar de darle la bienvenida al Cristo allí donde antes imperaban la ira y el miedo. 4Aquí se consuma la Expiación, el mundo se transpone sin riesgo alguno y el Cielo queda restaurado. 5He aquí la respuesta que te da la Voz que habla por Dios.

2. La condición natural de la mente es una de abstracción total. 2Mas una parte de ella se ha vuelto antinatural. 3No ve todo como si fuese uno solo, 4sino que ve únicamente fragmentos del todo, pues sólo de esa manera puede forjar el mundo parcial que tú ves. 5El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver. 6Todo lo que oyes le trae a la mente únicamente los sonidos que ésta desea oír.

3. Así fue como surgió lo concreto. 2Y ahora son las cosas concre­tas las que tenemos que usar en nuestras prácticas. 3Se las entre­gamos al Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente del que nosotros les conferimos. 4Él sólo se puede valer, para instruirnos, de lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente, a fin de que podamos ver otro propósito en todo.

4. Un hermano es todos los hermanos. 2Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una. 3Ésta es la verdad. 4No obstante, ¿aclaran estos pensamientos el signifi­cado de la creación? 5¿Te brindan estas palabras perfecta claridad? 6¿Qué parecen ser sino sonidos huecos; bellos tal vez, correctos en el sentimiento que expresan aunque fundamentalmente incom­prendidos e incomprensibles? 7La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede aprehender la abstrac­ción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa. 8Necesitamos poder ver un poco para poder aprender mucho.

5. Nos parece que es el cuerpo el que coarta nuestra libertad, el que nos hace sufrir y el que finalmente acaba con nuestras vidas. 2Sin embargo, los cuerpos no son sino símbolos de una forma específica de miedo. 3El miedo desprovisto de símbolos no suscita respuesta alguna, pues los símbolos pueden representar lo que no tiene sentido. 4El amor, al ser verdad, no tiene necesidad de símbolos. 5Pero el miedo, al ser falso, se aferra a lo concreto.

6. Los cuerpos atacan; las mentes no. 2Este pensamiento nos hace pensar sin duda en el texto, en el que se subraya con frecuencia. 3Ésta es la razón por la que los cuerpos se convierten tan fácilmente en símbolos del miedo. 4Se te ha instado en innumerables ocasiones a que mires más allá del cuerpo, pues lo que éste ve es el símbolo del "enemigo" del amor que la visión de Cristo no ve. 5El cuerpo es el blanco del ataque, ya que nadie piensa que lo que odia sea una mente. 6Sin embargo, ¿qué otra cosa sino la mente le ordena al cuerpo a que ataque? 7¿Qué otra cosa podría ser la sede del miedo sino lo que piensa en el miedo?

7. El odio es algo concreto. 2Tiene que tener un blanco. 3Tiene que percibir un enemigo de tal forma que éste se pueda tocar, ver, oír y finalmente matar. 4Cuando el odio se posa sobre algo, exige su muerte tan inequívocamente como la Voz de Dios proclama que la muerte no existe. 5El miedo es insaciable  y consume todo cuanto sus ojos contemplan, y al verse a sí mismo en todo, se siente impulsado a volverse contra sí mismo y destruirse.

8. Quien ve a un hermano como un cuerpo lo está viendo como el símbolo del miedo. 2Y lo atacará, pues lo que contempla es su propio miedo proyectado fuera de sí mismo, listo para atacar, y pidiendo a gritos volver a unirse a él otra vez: 3No subestimes la intensidad de la furia que puede producir el miedo que ha sido proyectado. 4Chilla de rabia y da zarpazos en el aire deseando frenéticamente echarle mano a su hacedor y devorarlo.

9. Esto es lo que contemplan los ojos del cuerpo en uno que el Cielo tiene en gran estima, los ángeles aman y Dios creó perfecto. 2Ésta es su realidad. 3Y en la visión de Cristo su hermosura se ve reflejada de una manera tan santa y tan bella que apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a sus pies. 4Mas en lugar de ello tomarás su mano, pues tú eres semejante a él en la visión que lo ve así. 5El ataque que lanzas contra él es lo que es tu enemigo, pues te impide percibir que en sus manos está tu salvación. 6Pídele únicamente eso y él te la dará. 7No le pidas que sea el símbolo de tu miedo. 8¿Pedirías acaso que el amor se destruyese a si a mismo? 9¿O preferirías que te fuese revelado y que te liberase?

10. Hoy vamos a practicar de una manera que ya hemos intentado antes. 2Ya estás más preparado, y hoy te acercarás más a la visión de Cristo. 3Si te propones alcanzarla, hoy lo lograrás. 4Y una vez que la hayas alcanzado, no estarás dispuesto a aceptar los testi­gos que convocan los ojos del cuerpo. 5Lo que verás te traerá con su cántico el recuerdo de melodías ancestrales. 6El Cielo no se ha olvidado de ti. 7¿No te gustaría acordarte de él?.

11. Selecciona a un hermano para que sea el símbolo de los demás y pídele la salvación. 2Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la misma manera en que estás acostumbrado a verlo. 3Observa su rostro, sus manos, sus pies, su ropa. 4Obsérvalo son­reír, y ve los gestos que le has visto hacer tan a menudo que ya te resultan familiares. 5Luego piensa en esto: lo que estás viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados, arrancar con sus sagradas manos los clavos que atravie­san las tuyas y quitar de tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste. 6Pídele lo siguiente para que él pueda liberarte:

7Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.
8Quiero con­templarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta impecabilidad.

12. Y Aquel a Quien has invocado te responderá. 2Pues oirá en ti la Voz que habla por Dios y te responderá con la tuya. 3Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti. 4La idea de hoy es la manera de escaparte del miedo y de la ira. 5Cerciórate de repetirla inme­diatamente en caso de sentir la tentación de atacar a un hermano y de percibir en él el  símbolo de tu miedo. 6Y lo verás cambiar súbitamente de enemigo a salvador; de demonio al Cristo.


¿Qué me enseña esta lección?


En la evolución de la conciencia humana, observamos periodos en los que se produce el protagonismo de ciertos rasgos expresados por la personalidad. Así vemos que a la edad de los 14 años, aproximadamente, se afronta una etapa en la que el uso de las emociones y deseos adquiere un especial protagonismo en detrimento de otros valores, como los mentales e intelectuales. El resurgir de la naturaleza pasional es visible a partir de esta etapa y la adolescencia se caracteriza por un proceso de aprendizaje  en el que se abandona el "Yo Familiar" y se adquiere el "Yo Individual".

Es a partir de los 21 años, aproximadamente, cuando el individuo afronta un nuevo proceso de crecimiento de conciencia y comienza a adoptar un comportamiento más social, donde las relaciones están basadas en el intercambio y no en el individualismo. Durante esta etapa, se afronta el aprendizaje de un nuevo elemento, el mental.

No podemos pretender que en los albores de este proceso se tenga un pleno dominio del uso de la mente, se requerirán años de evolución y aprendizaje para que lleguemos a adquirir la lucidez y comprensión de los conceptos y de las ideas de una manera racional y objetiva. El encuentro de la verdad es el fruto que se obtendrá al final de ese proceso.

De igual modo, cuando la humanidad adquierió el "Cuerpo Mental" en estado potencial, no se encontraba capacitada para discernir lo que su nueva visión le aportaba. Antes de ese nuevo estado, la humanidad se alimentaba por vía directa de la Mente de su Creador. No existía la dualidad; Todo era Uno.

A partir de que comienzan los trabajos con el Cuerpo Mental, se vislumbran nuevos estados de energía, entre los cuales se encuentra la energía densa de la materia. Se descubre lo concreto, pues existe en la humanidad el afán de ir más allá de Si Mismo.

La identificación con ese mundo material y la aparición de lo concreto, llevó al hombre a perder su conexión directa con la Unidad Creadora y adquirir una nueva personalidad a la que hemos llamado ego.

Este tránsito de consciencia dio lugar a la creencia del “pecado”; a la existencia del cuerpo como la única realidad; al miedo, como efecto de la transgresión; a la culpa, como vía de redención y a todo un sistema de creencias que nos llevó a vernos como seres separados del Creador y de los demás seres.

El Amor o la Vía de Cristo, nos libera, nos salva de ese encadenamiento de errores y nos permite retornar a la Plenitud del Edén, al Cielo, nuestro verdadero hogar. Recuperamos la Visión Santa de la Unidad que nos relaciona con todos nuestros hermanos, con los que compartimos una sola mente.

Ese estado de consciencia nos lleva a bendecir a cada uno de nuestros Hermanos y a comprender que nuestra relación con ellos es la única vía de salvación.

Ejemplo-Guía: "¿Cómo ves a tu hermano, cómo tu enemigo o cómo tu salvador?

La respuesta a esta pregunta todos la sabemos y podríais pensar que no es necesaria plantearla. Pero el objetivo de hacerla debemos verlo como una invitación a reflexionar sobre nuestro modo de relacionarnos con el mundo.

Podemos seguir quejándonos, sintiéndonos víctimas y agresores a la vez, pero si no renunciamos al odio, a la ira, al ataque, si no cambiamos nuestra creencia en la separación, no podremos cosechar más que vivencias donde el dolor, el sufrimiento, la muerte, se conviertan en los principales protagonistas.

La Lección de hoy es pura terapia sanadora. Una mente al servicio del miedo, es una mente enferma. Verá y percibirá un mundo enfermo.

Tendremos que elegir de nuevo, apostar por una nueva visión si queremos que las cosas sean diferentes. Debemos sustituir la visión del cuerpo, por la visión espiritual. Abandonar el juicio y la condena y en su lugar, compartir nuestro perdón y nuestra voluntad de corrección.

La Lección de hoy nos propone un  ejercicio que nos ayudará a ver a nuestros hermanos desde la percepción correcta. Estamos tan acostumbrados a dar credibilidad a aquello que somos capaces de ver, oír, sentir, que hemos delegado al olvido, su verdadera realidad, la que en su expresión de Luz alimenta al campo sensorial. El Hijo de Dios no es un cuerpo, es un Ser Espiritual, es Mente.

Si eliges cada día, cada instante, ver con los ojos de la Mente, donde se haya la Fuente de lo que somos, estaremos utilizando nuestra condición más sagrada y bendita, estaremos expresando nuestra santidad Crística y esa visión se comparte con nuestros hermanos, pues las partes dan lugar a la unidad.

¡Bendito seas hermano por permitirme ver mi santidad en tu sagrado espejo, en tu sagrada Consciencia Crística!

Reflexión: ¡Un hermano es todos los hermanos!

viernes, 9 de junio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 160

LECCIÓN 160

Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí.

1. El miedo es un extraño en los caminos del amor. 2Identifícate con el miedo, y te vuelves un extraño ante tus propios ojos. 3Y de este modo, no te conocerás a ti mismo. 4Lo que tu Ser es sigue siendo algo ajeno para la parte de ti que cree que es real, aunque diferente de ti: 5¿Quién podría estar en su sano juicio en tales circunstancias? 6¿Quién sino un loco podría creer que él es lo que no es, y juzgar en contra de sí mismo?

2. Hay un extraño entre nosotros que procede de una idea tan ajena a la verdad que habla un idioma distinto, percibe un mundo que la verdad desconoce y entiende aquello que la ver­dad juzga como carente de sentido. 2Pero aún más extraño es el hecho de que no reconoce a aquel a quien visita, y sin embargo, sostiene que el hogar de éste es suyo, mientras que el que está en su hogar es el que es el extraño. 3No obstante, qué fácil sería decir: "Este es mi hogar. 4Aquí es donde me corresponde estar y no me iré porque un loco me diga que tengo que hacerlo".

3. ¿Qué razón hay para no decir esto? 2¿Cuál podría ser la razón sino que has invitado a ese extraño a ocupar tu lugar, y has per­mitido convertirte en un extraño ante tus propios ojos? 3Nadie se dejaría desahuciar tan innecesariamente a no ser que pensase que hay otro hogar que está más de acuerdo con sus gustos.

4. ¿Quién es el extraño? 2¿A quién no le corresponde estar en el hogar que Dios proveyó para Su Hijo, a ti o al miedo? 3¿Es acaso el miedo obra Suya, creado a Su semejanza? 4¿Es acaso el miedo lo que el amor completa y mediante lo cual se completa a sí mismo? 5No hay hogar que pueda darle cobijo al amor y al miedo, 6pues no pueden coexistir. 7Si tú eres real, el miedo no puede sino ser una ilusión. 8Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no existe.

5. ¡Qué fácilmente se puede resolver este dilema! 2Todo aquel que teme no ha hecho sino negar su verdadera identidad y decir: "Yo soy el extraño aquí. 3De modo que le cedo mi hogar a uno que es más como yo que yo mismo, y le doy todo cuanto pensé que era mío". 4Ahora se ha exilado por fuerza, sin saber quién es, inseguro de todo, menos de esto: que él no es él mismo, y que se le ha negado su hogar.

6. ¿En pos de qué va a ir ahora? 2¿Qué podría encontrar? 3Alguien que se ha convertido en un extraño ante sus propios ojos no puede encontrar un hogar no importa dónde lo busque, pues él mismo ha imposibilitado su regreso. 4Está perdido a menos que un milagro venga y le muestre que ya no es un extraño. 5El mila­gro vendrá. 6Pues su Ser sigue morando en su hogar. 7Y su Ser no ha invitado a ningún extraño ni se ha confundido a Sí Mismo con ningún pensamiento ajeno a Él. 8E invocará a lo que es Suyo a Sí Mismo en reconocimiento de lo que es Suyo.

7. ¿Quién es el extraño?. 2¿No es acaso aquel a quien tu Ser no invoca? 3Ahora eres incapaz de reconocer a ese extraño que mero­dea entre vosotros, pues le has cedido tu legítimo lugar. 4No obs­tante, tu Ser está tan seguro de lo que es Suyo como Dios lo está de Su Hijo. 5Dios no está confundido con respecto a la creación. 6Está seguro de lo que es Suyo. 7Ningún extraño se puede interpo­ner entre Su conocimiento y la realidad de Su Hijo. 8Él no sabe de extraños. 9Él está seguro de Su Hijo.

8. La certeza de Dios es suficiente. 2A aquel a quien Él reconoce como Su Hijo le corresponde estar allí donde Él estableció a Su Hijo para siempre. 3Él ha contestado tu pregunta: "¿Quién es el extraño?" 4Oye Su Voz asegurarte, con serenidad y certeza, que tú no eres un extraño  para tu Padre ni tu Creador se ha vuelto un extraño para ti. 5Aquel a quien Dios se ha unido es eternamente uno, pues está en su hogar en Él, y no es un extraño para Sí Mismo.

9. Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el mundo lo que es Suyo. 2Su visión no ve extraños, sino que con­templa a los Suyos y se une a ellos jubilosamente. 3Ellos lo ven como un extraño, pues no se reconocen a sí mismos. 4No obstante, a medida que le den la bienvenida, lo recordarán. 5Y Él los condu­cirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les corresponde estar.

10. Cristo no se olvida de nadie. 2No deja de darte ni uno solo de tus hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno y perfecto, tal como fue instituido. 3Él no se ha olvidado de ti. 4Mas tú no lo podrás recordar a Él hasta que contemples todo tal como Él lo hace. 5El que niega a su hermano lo está negando a Él, y, por lo tanto, se está negando a aceptar el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.


¿Qué me enseña esta lección?

Para el ego, el hogar es su cuerpo físico, y su único ámbito de acción, el mundo material de cuyas percepciones se enriquece y alimenta.

Para el Espíritu, el hogar, es el Cielo, esa “Tierra Paradisiaca” dispuesta por el Creador para que su progenie creciera y evolucionase, en un clima de Unidad y Amor y donde gozase de la Abundancia y Plenitud que dispensa la Gracia Divina.

La percepción del cuerpo, llevó al ego a fabricar la creencia de la separación y como consecuencia de esta ilusión, le atribuye el origen que dio lugar al “Temor de Dios”; el origen del miedo a la muerte, como castigo tras haber pecado al no haber seguido las recomendaciones del Creador de "no comer del árbol prohibido”:

8 Había  plantado el Señor  Dios  desde  el principio un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado 9 y en donde  el Señor  Dios  había hecho nacer  de  la  tierra   misma   toda   suerte   de árboles  hermosos a la vista,  y de frutos  suaves  al paladar:  y también  el árbol de la vida en medio del paraíso, y el árbol de la ciencia del bien y del mal...
15   Tomó, pues,  el Señor Dios  al hombre,   y púsole en el paraíso de delicias, para que la cultivase y guardase. 16 Diole también este  precepto diciendo: Come si  quieres del fruto de  todos los  árboles  del paraíso:  17 Más del fruto del árbol de la ciencia  del bien  y del  mal  no  comas, porque  en  cualquier día que comieres de  él,  infaliblemente morirás..." (Génesis 2, 8-17).


Comer del Árbol de la ciencia del bien y del mal, tendría un efecto inmediato, la muerte.
Esa muerte hace referencia al estado o condición en la que hace aparición el ego, en contraposición, al estado o condición natural del Ser Verdadero, la eternidad.

El descubrimiento del cuerpo, nos llevó a identificarnos con su ilusoria realidad y a olvidar nuestro origen divino:

9  Entonces el  Señor Dios  llamó  a  Adán  y díjole: ¿Dónde estás?  10 El cual respondió: He oído tu  voz en  el  paraíso y   he temido  y  llenándome de vergüenza  porque estoy  desnudo, y así me he escondido. 11  Replicóle:  Pues ¿quién  te  ha  hecho advertir que estás desnudo, sino el haber comido del fruto de  que  yo  te  había  vedado  que  comieses?. (Génesis 3, 9-11).

Mientras que sigamos alimentando la creencia de que nuestro hogar es el cuerpo y atribuyéndole al Espíritu la calidad de “extraño” estaremos negando el Amor y potenciando el miedo a la muerte.

Es hora de despertar. Es hora de recuperar la verdadera visión que nos permita sentirnos ciudadanos conscientes del Paraíso.

Ejemplo-Guía: ¿Dónde se encuentra nuestro hogar?

¿En el mundo que percibes? ¿En el Cielo que proclama las Sagradas Escrituras? ¿Dónde?

Es evidente que no nos estamos refiriendo a las cuatro paredes en la que hemos instituido nuestro domicilio particular. El hogar al que la Lección hace referencia es la realidad con la que nos hemos identificado: ¿cuerpo o Espíritu? ¿mundo o Cielo?

Allí donde tenemos nuestro tesoro, es donde ponemos nuestro corazón. Si nuestras creencias nos lleva a pensar que somos un cuerpo, estaremos confirmando el sistema de pensamiento que ha fabricado el ego y al convertirnos en su servidor estaremos convirtiéndonos en "víctimas" de sus leyes, es decir, recibiremos lo que damos, y en esa misma medida, al dar desde la visión en la escasez y en el miedo a perder, recibiremos necesidad y sufrimiento.

Las enseñanzas que estamos recibiendo del Curso de Milagros, nos lleva a cambiar nuestra manera de pensar, dicho de otro modo, nos invita a elegir entre el mundo -fuente del miedo- y el Cielo -fuente del Amor-. Me atrevería a decir, que si tuviese que resumir cuáles son las claves del Curso, la más importante es tomar consciencia de lo que somos. Elegir al Ser verdadero que somos nos lleva a poner nuestro corazón en lo esencial: el Amor. 

La Visión del Amor, es la Visión del Cristo. El Hijo de Dios ha sido creado de la Esencia del Amor, luego el Hijo de Dios es la Esencia de Cristo. 

El planteamiento es verdaderamente fácil, si eligiendo desde la visión del miedo, propia del ego, la vida nos conduce al dolor y al sufrimiento, ¿por qué elegimos ese camino? 

¿Cuál es tu opinión? ¿Crees que tu vida sería diferente si eligieras desde la Visión de Cristo? 

Reflexión: ¿Quién fabrica el miedo?