sábado, 12 de agosto de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 224

LECCIÓN 224

Dios es mi Padre y Él ama a Su Hijo.

1. Mi verdadera Identidad es tan invulnerable, tan sublime e ino­cente, tan gloriosa y espléndida y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que ella lo ilumine. 2Ella ilumina también al mundo. 3Mi verdadera Identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que yo a mi vez le hago al mundo. 4No hay otro regalo, salvo éste, que se puede dar o reci­bir. 5Mi verdadera identidad y sólo Ella es la realidad. 6Es el final de las ilusiones. 7Es la verdad.

2. Mi nombre, ¡oh Padre!, todavía te es conocido. 2Yo lo he olvidado, y no sé adónde me dirijo, quién soy, ni qué es lo que debo hacer. 3Recuér­damelo ahora, Padre, pues estoy cansado del mundo que veo. 4Revélame lo que Tú deseas que vea en su lugar.

¿Qué me enseña esta lección?

¿Cómo puedes pensar que en el mundo de las ilusiones, puedes encontrar la verdad?

Para el ego, la verdad que le aporta una identidad, es el cuerpo. Esa es la razón por la cual dedica tanto tiempo en desmenuzar, investigar, cada partícula de ese organismo que le aporta la vida. Su incesante búsqueda ha dado lugar a las leyes que postula la ciencia. Esa búsqueda aún no ha cesado, es más, cada vez, con los nuevos descubrimientos, gana en intensidad. Pero, la verdad que busca no la podrá encontrar en el cuerpo, pues la verdadera realidad, nuestra única identidad, es que Somos Seres Espirituales.

Es importante tener esa certeza. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez, qué es la verdad?

Toda búsqueda tiene que partir de un origen. Saber quién Somos es el Principio sobre el que se sustenta toda Verdad. Si no sabemos quién somos, ¿cómo podremos dar respuesta a las cuestiones, de dónde, cómo y cuándo?

Cuando exclamamos ¡Yo Soy!, estamos realmente afirmando que Somos Hijos de Dios; que hemos sido creados por Él, y que nuestro único objetivo es desarrollar Su Propia Condición Divina, de la que Somos su legítimo heredero.

Ejemplo-Guía: "Estoy cansado del mundo que veo"

Cuando leí este párrafo de la Lección, no pude evitar expresar mentalmente un pensamiento de alivio. Tenía la sensación de que me había leído la mente. Sentí una profunda comunión con él. Sí, desde hace un tiempo acá, no dejo de rondar esa creencia: ¡estoy cansado del mundo que veo!

Ese pensamiento, tiene un desgaste en nuestras relaciones con el mundo, con las personas que nos rodean. No todo el mundo comparte ese pensamiento y muchos incluso emiten juicios condenatorios y desaprobatorios cuando compartimos ese sentir con ellos.

El cansancio es un estado muy característico del mundo de la percepción, muy diferente a cuando nos encontramos en comunión con el Espíritu, en el que solemos expresar que estamos "animados". Esto es así, pues la fuerza que impera en el mundo que percibimos es la de destrucción -lo irreal es temporal-, mientras que la fuerza que impera en la vibración espiritual es la de Atracción.

Sí, estoy cansado de dar significado al miedo, al odio, al rencor, a la envidia, al apego, a la ira, a la mentira, a la enfermedad, a la escasez, a la separación, al desamor, al egoísmo, a la infelicidad, al dolor, al castigo, a la culpa, a la rivalidad, al perder, al no tener...

Me imagino un mundo en el que amaneces compartiendo tus dones y tus talentos. No tienes miedo al compartir, no tienes temor a perder. Das lo que eres, sin esperar nada a cambio y aceptas aquello que otros de ofrecen desde su sincera entrega.

Imagino ese mundo, en el que cada acto de entrega nos anima y nos acerca a los demás en un sincero acto de gratitud, de generosidad. Respiramos y en cada gesto, damos y recibimos. No existe el miedo a la escasez, no existe el miedo a la separación, a la inseguridad.

Imagino esa vida llena de aceptación y entrega. No juzgo las vivencias con el ánimo de sentir culpa o culpables. Reconozco mis cosechas, pues reconozco lo sembrado. Y acepto. No hay malo. No hay bueno. Tan existe la voluntad y el deseo de vivir la vida.

Imagino un mundo sin tiempo. Un mundo que se hace en el presente, en el ahora. En ese mundo, soy el eterno instante y ese fluir se renueva en cada presencia del Ser y se expresar en un constante y continuo renacer.

Estoy cansado del mundo que veo, pues me muestra una ilusión de lo que soy.

Mi nombre, mi identidad, es Espíritu. ¡Padre!, ayúdame a recordarlo.

Reflexión: No soy un cuerpo. Soy el Hijo de Dios.

viernes, 11 de agosto de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 223

LECCIÓN 223

Dios es mi vida. No tengo otra vida que la Suya.

1. Estaba equivocado cuando pensaba que vivía separado de Dios, que era una entidad aparte que se movía por su cuenta, desvinculada y encasillada en un cuerpo. 2Ahora sé que mi vida es la de Dios, que no tengo otro hogar y que no existo aparte de Él. 3Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ningún pensamiento que no sea de Él.

2. Padre nuestro, permítenos contemplar la faz de Cristo en lugar de nuestros errores. 2Pues nosotros que somos Tu santo Hijo somos incapa­ces de pecar. 3Queremos contemplar nuestra inocencia, pues la culpabilidad proclama que no somos Tu Hijo. 4Y no queremos seguir relegándote al olvido, 5pues nos sentimos solos aquí y anhelamos estar en el Cielo, que es nuestro hogar. 6Queremos regresar hoy. 7Nuestro Nombre es el Tuyo, y reconocemos que somos Tu Hijo.

¿Qué me enseña esta lección?

El Hijo de Dios, ha fabricado un mundo inspirado en las Leyes que rigen en el Cielo. Así, ha diseñado un cuerpo que al nacer lo vincula a una familia a la que llama padres y hermanos. En ese seno, el Hijo de Dios, recuerda lo que es el Amor. Ama su sangre y da la vida por ello. 

Mientras que permanecemos identificados con esa visión, mientras que nos veamos separados del resto de las familias; mientras que estemos dispuestos a perder la vida, por salvaguardar los lazos de sangre, estaremos sirviendo al error que se fundamenta en la creencia de la separación.

Nuestro padre físico, así como nuestra familia, no es más que una transitoria representación de la identidad con la que nos identificamos mientras que creamos que el cuerpo es nuestra realidad.

Al igual que el padre físico vela por la seguridad de su familia, Dios, nuestro Padre Celestial, vela por la seguridad de su Hijo.

Cuando sentimos y percibimos la presencia de nuestro padre físico, el temor desaparece y ello nos permite crecer en un ambiente seguro y feliz.

Del mismo modo, cuando despertamos a nuestra verdadera realidad, cuando tenemos la certeza de lo que Somos, nos entregamos en manos de nuestro Padre, para que Él guíe nuestros pasos y nos contagie con su Paz. Ya no tendremos miedo; ya no veremos la culpa pues, no vemos el pecado; ya no nos sentimos separados de Él y sabremos reconocer en cada rostro, a nuestro verdadero Hermano.

Ejemplo-Guía: ¿Cómo aceptamos no ser una entidad corporal?

¿Da miedo? tan siquiera el hecho de plantearse esa cuestión.

Tengamos un gesto de sinceridad con nosotros mismos y preguntémonos ¿creo en verdad que no soy un cuerpo físico? Podemos pensar, que es lógico y tiene sentido, que nos hagamos esa pregunta, cuando el que la hace es el propio cuerpo.

Pero cuidado, con esa visión, estamos dotando al cuerpo con la capacidad de pensar y en muchas ocasiones hemos dicho que el cuerpo es un envoltorio al servicio de la mente, que no tiene capacidad para emitir pensamientos.

Luego, tenemos identificada la fuente desde donde emana la pregunta: nuestra mente. La mente actúa como un foco y está al servicio de nuestra voluntad. Si nuestra voluntad presta atención a las cosas del Cielo, el resultado será un acto de expansión creador. Si nuestra voluntad presta atención a la tercera dimensión, a la percepción, el resultado será un acto de proyección y fabricación.

En nuestro presente, en este mismo instante, en el ahora, nuestra mente se encuentra prestando atención al mundo tridimensional. En estos mismos momentos, me encuentro pulsando el teclado de mi ordenador y traduciendo mi pensamiento en palabras que forman una serie de frases, que si lo consigo y adquieren significado explicarán el contenido de lo que mi voluntad quiere compartir. Este acto, no es real, es ilusorio, pertenece al mundo del sueño. Soy consciente de ello, y el hecho de que sea consciente, me permite tener la certeza de que soy el soñador del sueño. Esta cuestión es muy interesante, pues estoy en condiciones de elegir cómo voy a vivir las ensoñaciones.

No quiero desviarme del tema elegido en el ejemplo-guía. La Lección de hoy nos expresa con total claridad lo que realmente somos. Tan claro que no podemos tener dudas al respecto: "No existo aparte de Dios". "Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ningún pensamiento que no sea de Él".

Ayer mismo, reflexionaba sobre la fabricación del cuerpo. Me di cuenta de que hasta ese momento, me había limitado a teorizar sobre la idea de que no somos un cuerpo. Sin embargo, en ese instante, mi mente había dado un paso más sobre esta creencia y ahora me ofrecía una nueva visión para que la meditara.

Encontré una similitud muy cercana al acto de fabricación del cuerpo, con el acto llevado a cabo por un escritor al imaginar el guión de una novela. Ese escritor, fabrica personajes a los que da una identidad ilusoria y de ficción, pero que desarrollan a lo largo del guion de la novela unas vivencias que son capaces de despertar sensaciones, sentimientos y emociones. La vida de esos personajes son tan efímeras como las de los cuerpos físicos.

Durante mi reflexión, me vi como una Mente Creadora con capacidad para fabricar personajes de ficción, y entre estos, me reconocí con las características de un cuerpo en concreto el cual respondía a un nombre y a unos apellidos, con una personalidad muy concreta y con un sin fin de peculiaridades a las que vengo llamando vida.

¿Qué fin tiene esa Mente al fabricar un cuerpo? ¿Qué fin tiene el escritor al dar vida a un personaje ficticio? 

Creo que la única respuesta posible para mi estado actual de compresión es esta: para crear.

Es una Ley natural. Se da lo que se tiene. Si como Hijo de Dios tengo la capacidad de crear, eso es lo que haré.

El escritor, en su imaginación, en su mente, ya tiene creada su obra. La escribe para compartirla, para extenderla. Para que su visión sea compartida.

El Hijo de Dios, antes de tener el "pensamiento original" que le llevó a tener la visión del mundo de percepción, gozaba de la Visión Una, es decir, no tenía conciencia de individualidad, ni de separación. 

No concibo ese "pensamiento original" como un pecado, sino como un acto volitivo dirigido hacia una dimensión distinta a la de su procedencia. No es lo mismo el mundo desde donde emana el pensamiento, al mundo donde se condensa ese pensamiento. Uno limita, el otro expande.

En la medida en que seamos consciente de este hecho, lo seremos también para elegir cuál de esos mundos es el verdadero, el que está sujeto a las leyes de alternancia o en el que rige las leyes de la eternidad.

Reflexión: ¿Dónde sitúas a Dios? ¿Dónde lo buscas?

jueves, 10 de agosto de 2017

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 9ª parte (Final)

“Bienaventurados seréis cuando se os ultraje, cuando se os persiga y se diga falsamente de vosotros toda suerte de mal a causa de mí. Regocijaos y estad en la alegría, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, ya que es así que los profetas han sido perseguidos antes de que vosotros lo fuerais” (Mt 5:11)

La novena y última Bienaventuranza, que es el complemento natural y lógico de la anterior, se corresponde con la proyección de Yesod en Malkuth, que representa el mundo material.

Esta Bienaventuranza invita al discípulo a soportar la adversidad la injusticia y todos los males inherentes a los centros de vida de la columna de la izquierda. Cuando el discípulo retiene en sí mismo, sin repercutirla, la onda expansiva del mal, se convierte en transmutador de ese mal, o sea en agente activo del bien, en Hijo de Dios y, como tal, recibirá en el cielo esa recompensa que alcanzan todos los que han despertado a la conciencia del Amor y que, por consiguiente, pueden actuar en el Mundo del Deseo como en su propia casa, es decir, poseen las llaves del Reino, que les permiten entrar y salir de él, como entramos y salimos de nuestra casa con la llave de la puerta.

En las nueve Bienaventuranzas analizadas, Cristo traza nueve esquemas básicos de comportamiento, nueve modos de ser. No dice en ningún momento bienaventurados son los que hagan esto o aquello, los que participan en un culto o los que siguen los preceptos de la Ley, sino aquéllos cuya naturaleza es así.

Para alcanzar estos estados naturales, pueden seguirse normas, pueden realizarse trabajos conducentes a ellos, pero jamás esas normas y esos trabajos podrán confundirse con su finalidad, que es la de ser así por naturaleza. Hemos visto después cómo la iglesia Católica ha distribuido bienaventuranzas y recompensas a los que asistían a misa en las fiestas de precepto, o a los que comulgaban los primeros viernes de mes. A la luz de las enseñanzas crísticas, podemos afirmar que tales recompensas son nulas. No es por hacer esto o aquello que se entra en el Reino del Padre, sino por ser de las nueve maneras que acabamos de definir.


ENFOQUE EXOTÉRICO

La última bienaventuranza parece ser una repetición de la precedente. Hay, sin embargo, una diferencia. En el versículo anterior, el tema era la persecución por causa de la justicia. Aquí es persecución por causa de Cristo.

El Señor sabía que sus discípulos serían maltratados por su asociación y lealtad hacia Él. La historia lo ha confirmado.
Desde el comienzo, el mundo ha perseguido, encarcelado y dado muerte a los seguidores de Jesús. Puede que los insulten en vuestras propias caras.

Por la causa de Jesús: “A causa de mí”, Él se identifica a sí mismo y a Su causa con la de la justicia, uniendo la causa de la justicia en el mundo con la  recepción de Él mismo.

¿Se habrían expresado así Moisés, David, Isaías ó Pablo? ¡Nunca! Jamás. Sin duda, ellos supieron por causa de la justicia. Pero que hubiesen designado a esto como “su causa”, habría estado fuera de lugar como cualquiera puede ver.

Mientras aquel que habla está siendo la justicia encarnada: Marcos 1:24; Hechos 3:14; Apocalipsis 3:7.  El “Santo de Dios”. Al Santo y al Justo Dios. El Santo, el Verdadero.

Él es el Santo hecho manifiesto en la tierra; la justicia se hizo presente en la tierra en Él, Él es justicia. Cuando se expresa así de Jesús no hace otra cosa sino decir lo que Él mismo es.

Parece algo extraordinario el que una persona que viviera la vida cristiana se considerara una víctima apropiada para la persecución y la muerte.

Se habían extendido algunas calumnias acerca de los cristianos de los cuales los judíos eran responsables en no poca medida. Se acusaba a los cristianos de canibalismo por las palabras de la última cena. “Esto es mi cuerpo” “Esta copa es el nuevo Testamento en mi sangre”, se tomaban y tergiversaban para hacer creer que los cristianos sacrificaban a un niño para comérselo.

Se acusaban a los cristianos de prácticas inmorales y se decía que sus rumores eran orgías indecentes. La reunión semanal de los cristianos se llamaba Ágape, la fiesta del amor; y ese nombre se interpretaba maliciosamente. Los cristianos se saludaban con el beso de la paz; y  también esto se usó para construir acusaciones calumniosas.

Se acusaba a los cristianos de ser incendiarios. Es verdad que hablaban del próximo fin del mundo y revestían su mensaje con cuadros apocalípticos del mundo en llamas. Sus calumniadores tomaban esas palabras y las interpretaban como amenazas de terrorismo político y revolucionario.

Se acusaba a los cristianos de deshacer los vínculos familiares. De hecho, por causa del cristianismo se producían divisiones en las familias como ya hemos visto; así que el cristianismo se representaba como algo que causaba división entre marido y mujer y que desarticulaba el hogar. Había suficiente  calumnias inventadas por gente maliciosa.

Pero el mayor campo de persecución era de hecho el político. El imperio  romano abarcaba casi todo el mundo conocido, desde las Islas Británicas  hasta el Éufrates y desde Alemania hasta el norte de África. Roma le traía al pueblo paz y buen gobierno, orden y justicia pues le hacían culto a la diosa Roma, el espíritu de Roma. Se limpiaron las carreteras de bandidos y los mares de piratas; los déspotas y tiranos fueron desterrados por la imparcial justicia romana. La gente de la provincia estaba muy dispuesta a ofrecer sacrificios al espíritu del imperio que había hecho tanto bien por ellos.

El culto de Roma pasó a otro objeto. Había un hombre que era la personificación del imperio romano, en quien podía decirse que Roma se encarnaba y ese hombre era el emperador, se le considera un dios, se le dan honores divinos y a levantarse templo a su divinidad. No fue el gobierno romano el que inició este culto; de hecho, en su principio hizo todo lo posible para desanimarlo. El emperador Claudio decía que lamentaba que se le diera honores divinos a cualquier ser humano. Al pasar el tiempo, el gobierno romano vio en el culto al emperador la única práctica que podía unificar el vasto imperio romano. Así que se llega el momento y se le impone a todo el mundo el culto al emperador. Así que el cristiano se negaban a hacerlo. Para ellos, Jesucristo era el único Señor y no le darían a ningún ser humano ese título. Así que en el vasto imperio romano no se podían tolerar bloques de desafectos y ese era exactamente lo que las autoridades romanas consideraban ser las congregaciones cristianas. Para los creyentes cristianos su único crimen era que colocaban a Cristo por encima del César; y por esa suprema lealtad murieron los cristianos por millares y fueron arrastrados a la tortura por causa de la exclusiva supremacía de Jesucristo.

La persecución vendrá cuando la Iglesia sea la conciencia de la nación y la sociedad. La Iglesia debe alabar lo bueno, pero resistir, enfrentarse, aguantar y debe igualmente condenar lo malo.

Gozaos y alegraos: “Saltad”, como si él quisiese que el regocijo interno venciese y absorbiese el sentimiento de todas las afrentas y sufrimientos.

Sufrir por causa de Cristo es un privilegio que debería ser causa de gozo. Grande es el galardón que espera a los que así vienen a ser compañeros de los profetas en la tribulación.

Aquellos portavoces de Dios en el Antiguo Testamento se mantuvieron fieles a pesar de la persecución. Todos los que imitan Su leal valor compartirán su presente entusiasmo y  futura exaltación.
Nos hacemos herederos de Su carácter y sufrimiento y la recompensa nuestra será la misma.

La bienaventuranza representa un retrato del ciudadano ideal en el reino de Cristo. Observemos el énfasis en la rectitud o justicia, la paz y gozo.

Es posible que Pablo tuviese este pasaje en mente cuando escribió “Porque el reino de Dios no es comida, ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. (Romanos 14:17)

Debemos alegrarnos en medio de los sufrimientos, alegres en medio de ellos, al saber que Cristo va delante de nosotros y al mismo tiempo, no nos deja atrás, sino que nos acompaña. Seremos recompensados en el reino de los cielos.

Fuentes consultadas: Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Iglesia Cristiana Mega Zoe.

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 8ª parte

“Bienaventurados los perseguidos por la justicia, ya que el reino de los cielos es de ellos” (Mt 5:10)

La octava Bienaventuranza, expresa los trabajos realizados por el centro llamado Yesod. La Justicia es un atributo de la columna de la izquierda, que es la que elabora las leyes y reglamentos. Cristo vino a proclamar una doctrina que abolía la Ley y que situaba al hombre en el dominio de la gracia y del perdón de sus culpas. Ya en su discurso preliminar,  dijo que el Reino del Padre estaba abierto muy especialmente a los pecadores, porque éstos son individuos que llevan en ellos una cantidad de luz más intensa de la que normalmente pueden digerir.

Expliquemos este punto. La luz es el amor de Hochmah, el que permite a las estructuras materiales subsistir. O, dicho de otro modo, Abel muere, se disuelve en Caín y gracias a esa disolución Caín vive. Pero, ¿qué ocurre cuando en el interior de Caín hay demasiado Abel, o sea cuando un individuo lleva más luz de la que puede reflejar? Pueden suceder tres cosas:

1.- Que Abel mate a Caín, es decir, que la excesiva luz energía interna destruya el receptáculo material y haga la vida física imposible.

2.- Que el hombre adquiera una conciencia de la espiritualidad que lo habita, que comprenda el funcionamiento de los mundos de arriba y testimonie de ellos en la tierra, derramando sobre el mundo que lo rodea su excedente de luz.
Si procede así, habrá ahondado sus cauces internos y el desbordamiento de su luz no se producirá; es decir, tendrá lugar de una manera adecuada y no como un río que ante la afluencia de aguas tempestuosas, se desborda.

3.- Que el hombre no adquiera conciencia de sus poderes internos y no sepa utilizarlos adecuadamente, pero, para no ser destruido por ellos, que actúe en la sociedad de una manera desordenada, fuera de las reglas instituidas, dando lugar a la figura del delincuente y del perseguido por la justicia.

El perseguido por la justicia será pues aquel que lleva en su interior un excedente de luz que no sabe utilizar adecuadamente. Por lo tanto podemos decir que en su interior habita el Reino de los Cielos, que este Reino es de él, sin que haya tomado conciencia de su situación de privilegio. Pero, estando el Reino dentro, puede tomar conciencia de un momento a otro, y es por ello que en las cárceles se producen tantas transmutaciones, ya que los presidios constituyen un arsenal de perseguidos por la justicia, los cuales tienen la posibilidad de meditar sobre sí mismos. En este sentido, cabe añadir que uno de los trabajos del discípulo ha de consistir en trabajar para que las cárceles puedan ser ese lugar de reflexión de los perseguidos por la justicia.

Por otra parte,  el individuo que se encuentre en el segundo caso, también acabará siendo un perseguido por la justicia, porque su acción, aunque no resulte atentatoria contra sus semejantes, si lo será de algún modo contra el reino de las sombras y el señor de la penumbra lo perseguirá para matarlo, como los poderes públicos persiguieron a Cristo desde que nació. Las sombras sienten una apetencia natural por la luz, como el vampiro por la sangre de su víctima, que le permite mantenerse en vida. Esa persecución se producirá en la octava hora de su vida, cuando Yesod entre en funciones para cristalizar la dinámica interna y darle salida al exterior. Por consiguiente, ocuparse de los perseguidos por la justicia ha de ser una de las tareas fundamentales del discípulo.

ENFOQUE EXOTÉRICO

Padecer:
  1. Sentir física y corporalmente un daño, dolor, enfermedad, pena o castigo.
  2. Soportar agravios, injurias, pesares, etc.
Si Cristo padeció, nosotros no tenemos por qué pensar que no vamos a padecer. (Lucas 21.12)

Persecución:
  1. Instancia enfadosa y continua, con que se acosa a alguien a fin de que condescienda a lo que de él se solicita.
  2. Molestar. Conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerle el mayor daño posible.

Desde tiempos antiguos los servidores de Dios han sido objeto de persecuciones, los profetas sufrieron grandes persecuciones, amenazas de muerte, entre otras.  Por ejemplo:
  • Elías salió huyendo por el peligro que corría su vida (1 Reyes 19.1-3).
  • Un vidente que llevo un mensaje de Dios fue hecho preso (2 Crónicas 16.10).
  • Daniel cuenta como tres de sus compañeros fueron perseguidos para echarlos al horno de fuego (Daniel 3.20)
Y podríamos dar varios ejemplos de la antigüedad como se perseguían a los mensajeros de Dios.

En el Nuevo Testamento, la Iglesia primitiva también sufrió persecución y a consecuencia de esto, esta fue esparcida (Hechos 8.1).  También Jesucristo y los apóstoles fueron perseguidos, encarcelados y maltratados por la justicia de Dios.

Por lo tanto debemos entender que estas cosas nos sucederán (Juan 15.20), este y muchos pasajes nos advierten de que los padecimientos y persecuciones vendrán a nosotros, y esto no para que nos preocupemos ni suframos antes de tiempo si no para que nos preparemos. Nada nos puede separar del amor de Cristo (Romanos 8.35-39) y hay que tener claro que las persecuciones son privilegio de Dios y signo de nuestra salvación (Filipenses 1.28). Además Dios en su soberanía nos libra del enemigo (2 Timoteo 3.11).

Pedro en su primera carta (1 Pedro 3.13-16) nos enseña que debemos estar preparados para defendernos con mansedumbre y reverencia frente a aquellos que nos demanden razones de nuestra esperanza en Cristo, siempre teniendo una buena conducta, pues en esta conducta los que murmuran serán avergonzados. La defensa de Cristo no permitirá que nada nos haga daño, pero siempre considerando que se debe hacer el bien.

Nuestra actitud hacia la persecución debe ser:
  1. Encomendarse a Dios: Si padecemos según la voluntad de Dios , nuestra salida es encomendarnos a aquel que es fiel verdadero, a aquel cuya palabra y promesa cumple sin variación, pero siempre mantenernos haciendo su voluntad. (1 Pedro 4.19)
  2. Perseverar (Quedar firme en la fe): Una vez que hemos aceptado Cristo debemos a pesar de lo que venga, mantener nuestra fe y confianza en Dios. No es necesaria la paciencia para recibir sus promesas. (Hebreos 10.32-36; Santiago 1.12)
  3. Regocijarse: Muchas veces es difícil poder gozarse, pero debemos pensar y entender que por medio de estas pruebas y dificultades, acumulamos gran peso de gloria sobre nosotros, y nuestro galardón será grande en los cielos. (Mateo 5.12; 2 Corintios 4.17-18)
  4. Huir: Jesús de sus propios labios nos enseña que se debe huir (Mateo 10.23), pero esto tenía un propósito, el que era predicar su evangelio. (Hechos 14.6-7)
  5. No avergonzarse de la fe: Como veíamos en el segundo punto, debemos permanecer en la fe, firmes sin avergonzarnos. (1 Pedro 4.16)
  6. Orar: Nuestra actitud de amor y paz nos debe llevar a postrarnos en oración, y clamar por aquellos que nos persiguen. (Mateo 5.44; Hechos 7.60)
La recompensa para los que padezcan persecución y para los pobres de espíritu es que poseerán el reino de los cielos. La Biblia pone al mismo nivel a los pobres de espíritu y a los perseguidos en términos de la recompensa que obtendrán. Y esta recompensa la recibiremos ya que estaba preparada desde antes de la fundación del mundo (Mateo 25.34) y desde ese momento la poseemos. Quizás no en su plenitud, pero ya somos parte de ella pues su paz, su gozo y su justicia la vivimos día tras día (Romanos 14.17).

Fuentes consultadas: Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 7ª parte

“Bienaventurados los pacificadores, ya que serán llamados hijos de Dios” (Mt 5:9)

La séptima Bienaventuranza, expresa las cualidades de Hod Mercurio. Vivimos en un mundo en el que las fuerzas se encuentran enfrentadas, primero en nosotros mismos; después en las relaciones sociales. En nosotros, las tendencias que nos rigen se suceden y mientras unas luchan para establecer en la vida lo que es justo, vienen luego otras a impulsar los deseos de goce, de riquezas, de placeres y bienestar, y así por momentos somos justos, honrados, buenas gentes, y en otros momentos deshacemos lo que el Señor (o sea la fuerza/entidad) que nos regía había conseguido anteriormente, lo destruimos como se destruyen las cosas en una guerra.

Vivimos en estado de guerra interior, en la que el bien y el mal -entendiendo como bien aquello que es conforme a las leyes cósmicas y a nuestro programa profundo y como mal lo que no lo es- que hay en nosotros se combaten ferozmente. Para que esa guerra termine, se necesita un pacificador que posea la palabra justa, la palabra creadora, susceptible de ser entendida y aceptada por ambos contendientes. Ese pacificador tiene que surgir, evidentemente, de nuestra naturaleza interna y ser capaz de reconciliar en nosotros las tendencias enfrentadas, de forma que puedan colaborar mutuamente en la edificación de nuestra existencia.

Para conseguir esa paz, los señores que rigen nuestros deseos deberán renunciar a ciertos objetivos, pero los señores que representan los objetivos de nuestro Ego Superior también deberán renunciar, en cierta medida, a sus propósitos, a fin de que en nosotros se allanen los caminos y que los deseos puedan trepar a la montaña de la espiritualidad. Si la exigencia espiritual es fuerte y no transige, y si los deseos también son intensos, cada uno tirará hacia su mundo, y como las raíces de los deseos son más fuertes, acabarán por ganarle la guerra a la espiritualidad.

En nuestra entidad humana hay un centro que regula el dinamismo de esas dos fuerzas. Ese centro se conoce cabalísticamente con el nombre de Hod, y su manifestación material con el nombre de Mercurio. Allí se encuentra el pacificador y mientras uno de sus ojos mira hacia arriba y contempla las realidades espirituales, el otro mira hacia abajo para ver las posibilidades existentes de encajar en el mundo material. Ya sabiendo lo que de arriba puede caber abajo el pacificador frena las energías procedentes de arriba, al tiempo que trata de abrir cauces más amplios abajo para que, progresivamente, pueda absorber más y más el producto de arriba. Cuando ese pacificador actúa en nosotros, somos llamados hijos de Dios, al igual que Mercurio era hijo de Júpiter, en el cual Dios ha delegado sus funciones en ese cuarto Día de la Creación en el que nos encontramos.

Una vez la pacificación se ha producido en nuestra tierra humana, nos encontramos ya en condiciones de “exportar” nuestro orden interno a la sociedad y ser los pacificadores del mundo, puesto que los enfrentamientos internos del hombre dan lugar a enfrentamientos externos contra las personas que representan las tendencias con las que lucha el rey que está rigiendo en aquel momento en nuestra psique. Si hemos conseguido nuestra paz interna, esa paz se manifestará sin necesidad de argumentarla, irá con nosotros dondequiera que vayamos y la contagiaremos a nuestros semejantes con nuestra sola presencia. Ejerceremos en calidad de hijos de Dios y, a través de nosotros, Dios verá aumentar el número de sus hijos.

Los pacíficos son los que viven en un estado de paz permanente porque, después de comprender la Realidad, están plenamente de acuerdo con ella. Quien contempla como el torrente baja desde la montaña, desemboca en el rio y discurre por el llano hasta desembocar en el mar, deja de preocuparse por un determinada gota, deja de intentar evitar que la gota tropiece con obstáculos; y no pretende acelerar su curso para que llegue al mar antes de lo previsto. Nada le parece mal porque está contemplando el Bien, no como idea o sentimiento sino como Realidad. Deja de luchar, deja de hacer presión contra las circunstancias porque tal actitud se le aparece como algo absurdo. Lo que hace es colaborar con esta Realidad aportando la energía, el amor y la inteligencia que se están expresando a través de su personalidad.  Cuando esto sucede, el "hijo del Hombre" es llamado "hijo de Dios" porque ya no se vive exclusivamente como personalidad, también está experimentando y manifestando el Ser.

Sin embargo, continúa ligado a la forma; porque sigue habiendo "alguien" que actúa de una forma personal. Paradójicamente, este Hombre desarrollado, capaz de actuar de una forma envidiable para los demás, está llamado a desvincularse de eso que los otros tanto admiran. Su personalidad aparece como el colmo de la perfección: lo comprende todo, lo integra todo y ejercita su voluntad sin trabas. Pero esto es así porque ya no es él quien actúa sino el Ser a través de él: ha conseguido hacer de su personalidad un canal transparente a la Esencia y ya no se siente protagonista de sus actos.

Los oyentes de Jesús deseaban ardientemente una liberación militar, no unos pacificadores. Pero la paz de Jesús no es de tipo pacífico y negativo. En presencia de las pruebas y de las persecuciones, decía: “Mi paz os dejo.” “Que vuestro corazón no se perturbe, y no tengáis miedo.” Ésta es la paz que impide los conflictos ruinosos.

La paz personal integra la personalidad. La paz social impide el miedo, la codicia y la ira. La paz política impide los antagonismos raciales, las desconfianzas nacionales y la guerra. La pacificación es el remedio para la desconfianza y la sospecha.

Es fácil enseñar a los niños a trabajar como pacificadores. Disfrutan con las actividades de equipo; les gusta jugar juntos. El Maestro dijo en otra ocasión: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien esté dispuesto a perderla, la encontrará.”


ENFOQUE EXOTÉRICO

Pacificadores son aquellos que hacen la paz, o dicho de otra forma son los hacedores de paz.

La RAE la define "paz" como:
  • Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
  • Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia.
  • Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

El diccionario bíblico nos indica que esta palabra en el griego se refiere a una relación armónica entre personas o a la ausencia de agresión.

Nuestro Dios es un Dios de paz (Romanos 15.33; Filipenses 4.9; Hebreos 13.20) y su hijo vino a entregar esa paz que el mundo no puede entregar (Juan 14.27). El mundo solo nos puede entregar aflicción, preocupaciones, pero como Cristo a vencido al mundo nosotros debemos vivir en paz y tranquilos, confiando que en Cristo todo lo podemos (Juan 16.33). Dios fue el que se acercó a nosotros para reconciliarnos con Él mismo (2 Corintios 5.18).

Dios en la antigüedad dijo que no iba a contender más con el hombre (Génesis 6.3) porque su corazón iba de continuo al mal (Génesis 6.5), pero también en su soberanía, desde mucho antes ya había destinado el sacrificio de Cristo por nuestros pecado (Apocalipsis 13.8). Isaías profetizó que el castigo o el pago para recuperar nuestra paz  iba a ser el sufrimiento de Cristo en la cruz (Isaías 53.3) y es por esa muestra que fuimos reconciliados con Dios, cambiando nuestro estado de enemigos a reconciliados (Colosenses 1.21) ya que al reconocer a Cristo por medio de la fe, fuimos justificados (Romanos 5.1; Romanos 5.10).

Jesús, es nuestra paz. Con su sacrificio derribó la pared intermedia, esa que nos separaba del su pueblo, y ahora somos un sólo pueblo, solamente por el afecto de su voluntad (Efesios 2.14). Y esto no solo en la tierra si no también, las que están en los cielos, por la sangre derramada en la cruz (Colosenses 1.20).

Ahora que nosotros pasamos de muerte a vida, y fuimos adoptados como hijos de este Dios de paz, debemos ser pacificadores ¿cómo? anunciando el evangelio de la paz (Hechos 10:36). Este es un mandamiento dado por Jesús a sus discípulos en la gran comisión (Marcos 16:15-16) donde nos ordena que debemos sembrar el evangelio de paz y actuar como embajadores de Dios en esta tierra (2 Corintios 5.19-20). ¿Rogamos cada día por los que están en enemistad con Dios? ¿Hacemos esfuerzos significativos que traigan más gente a la verdad y a la reconciliación? o ¿Nos conformamos con asistir a un punto de predicación haciendo número o hablando el evangelio de lejos (por si alguien escucha), pero luego llegamos a nuestro hogar, trabajo, colegio, etc. y nos olvidamos de este mandato?

La paz también tiene otra arista. Nosotros debemos amar a nuestros enemigos para que seamos hijos de nuestro Padre celestial (Mateo 5. 44-48). En nuestro diario vivir debemos caminar el camino de la paz con TODOS (Hebreos 12.14). Debe haber en nosotros mansedumbre y dominio propio, porque en nuestra ira o enojo no obra la justicia de Dios (Santiago 1.19-20). El fruto de justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz (Santiago 3.16-18). Debemos andar en paz con todos, no solo con nuestros hermanos, que es primordial para que acampe la presencia de Dios en medio nuestro, sino que también, con aquellos que no conocen a Cristo ya que de esta forma también estaremos sembrando la buena semilla del evangelio para que pueda entrar a la paz (reconciliación) con Dios (1 Juan 3.10) en las vidas de los que aún no creen.


En el momento que todo esto se cumple nosotros veremos como la perfección de Dios está en nosotros, y pasaremos a tener la real "imagen y semejanza" de Dios, esa que nos distingue como sus hijos, por que hacemos lo que Él hizo.

Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 222

LECCIÓN 222

Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él.

1. Dios está conmigo. 2Él es mi Fuente de vida, la vida interior, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. 3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pen­samientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor. 4Él me prodiga bondad y cuidado, y contempla con amor al Hijo sobre el que resplandece, el cual a su vez resplandece sobre Él. 5¡Qué serenidad la de aquel que conoce la verdad de lo que Él dice hoy!

2. Padre, no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otras palabras que Tu Nombre, cuando acudimos silenciosamente ante Tu Pre­sencia, pidiendo que se nos conceda poder descansar Contigo por un rato en paz.

¿Qué me enseña esta lección?

¿Acaso puede el hijo negar la paternidad de su padre? No, no puede.

El hijo tiene libertad para expresar el potencial del que es portador. Puede pensar, sentir  y actuar con plena libertad. Puede, incluso, pensar que sus acciones creadoras tienen el poder suficiente para vivir una realidad distinta a la de su padre.

¿Acaso el padre abandona al hijo por decidir hacer uso de su libertad? No, no lo abandona.

Ningún padre que esté en su sano juicio, reniega de su hijo y le castiga por el hecho de hacer uso de las potencialidades que ha heredado de su propio padre.
Un padre amoroso, se engrandece cuando su hijo ejerce su función creadora, pues tiene la certeza de que ha elegido el Camino del Aprendizaje.

El padre siempre está con su hijo. Le inspira, le acompaña, le arropa y le protege.

Nuestro Padre, siempre está con nosotros. Somos Esencia de Su Propia Esencia. Toda nuestra vida está impregnada de su Ser y todas nuestras expresiones, sean mentales, emocionales o físicas, tienen como único fin, dar testimonio de su Voluntad.

Mi mente es una parte de la Mente de Dios. Mi mente está es paz, cuando habito la Morada de mi Padre, cuando soy expresión de la Unidad que me mantiene unido a Todos mis hermanos de Filiación.

Ejemplo-guía: "No te sientas culpable por lo que hagas, Dios no ve tu pecado"

Entonces, ¿puedo hacer lo que quiera? ¿Puedo matar, hacer daño, robar, mentir, sin que ello haga de mi un ser despreciable y necesitado de disciplina? ¿Qué valor tienen entonces las Tablas de la Ley de Moisés? ¿Qué valor tienen los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia?

No diréis que no es interesante el tema de reflexión elegido para profundizar en las enseñanzas de la Lección de hoy.

En la presentación de dicha reflexión, he querido utilizar términos y conceptos que son parte de las verdades que la religión adora en sus púlpitos sagrados. Son Leyes inventadas y fabricadas por el ego y para el ego. Han sido útiles y lo siguen siendo, mientras que nuestra conciencia esté identificada con el cuerpo y con sus leyes y normas. Pero las verdades de este mundo, no son la Verdad de Dios, pues si empleamos el sentido común o mejor aún, si utilizamos la fuerza de nuestro corazón y le preguntásemos si dichas Leyes proceden directamente de Dios, al menos el mío, me dicta que no, pues como he argumentado en la introducción de esta Lección, el amor de un padre para su hijo ha de llevarle a perdonar sus errores y "pecados", pues en esa actitud va implícita su creencia en la unidad que los une, no por sangre, sino por alimentarse de la misma "Fuente", la Espiritual, la Divina.

Si pensamos que podemos hacer lo que queramos con nuestras elecciones y lo hacemos con la visión de quedar exento del castigo de las mismas, no estamos enfocando la vida desde la visión de la Verdad. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, lo que certifica la calidad de nuestros actos. Ya sabemos que este mundo no es real, por lo tanto, no es lo que hacemos lo importante. En cambio, la condición de nuestro verdadero Ser, de nuestra Consciencia, emana una vibración que certifica la energía que estamos expandiendo. Si esa energía expande amor, la vibración creará un mundo de amor. Si esa energía expande miedo, entonces es señal de que estamos utilizando la mente para servir al ego, lo que pondrá de manifiesto la fabricación de un mundo ilusorio e irreal.

Cuando alcancemos la visión de la unidad, del Espíritu, podremos decir desde la certeza de que podemos hacer lo que queramos sin miedo al castigo, por una sencilla razón, nuestra mente tiene la creencia de que cuando condeno a otro, es a mi a quien únicamente estoy condenando. Esto significa que tendremos la creencia de que no existe nada externo a nosotros.

Dios tiene un sólo Hijo, pues de su Fuente ha emanado un Solo Pensamiento Creador. Ese Pensamiento tiene la capacidad de expandirse e igualmente tiene la capacidad de proyectarse. La expansión permite la continuidad de la unidad, mientras que la proyección tiene la propiedad de la división y de la multiplicación.

La ilusión que estamos soñando nos lleva a creer en que somos una multiplicidad. Pero la realidad es que Somos como Dios nos ha creado, Uno. 

Reflexión: ¿Estamos preparados para aceptar en nuestra mente el hecho de que todo lo que percibimos forma parte de nosotros mismos, y que el ahí afuera que percibimos no existe salvo que nosotros lo hagamos real?

miércoles, 9 de agosto de 2017

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 6ª parte

“Bienaventurados los limpios de corazón, ya que ellos verán a Dios” (Mt 5:8)


La sexta Bienaventuranza expresa las cualidades de Netzah. 

En las enseñanzas cabalísticas se recoge, al referirnos al Sol, regente de nuestro corazón físico, que en él se centraliza la voluntad de nuestro Ego Superior por su polo positivo y que es el guardián de la conciencia por su polaridad negativa.

Al hablar de un corazón limpio, Cristo se refería pues a una voluntad volcada hacia la pureza, dejando de lado la conciencia, ya que ésta es un depósito de todo lo puro que hemos podido acumular en el curso de las vidas y, por tanto, no es apropiado decir que la conciencia pueda ser purificada. Cuando decimos precisamente que “tomamos conciencia de una cosa”, queremos significar, en profundidad, que hemos captado lo que hay de verdadero, puro y eterno en aquella cosa.



Hemos visto también, al hablar de Netzah Venus, que ese centro de vida administra la parte de la voluntad relacionada con los sentidos, es decir, se ocupa de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, y suele ser por este lado que la voluntad se extravía. Los cinco sentidos nos llevan a descubrir un mundo que nos deslumbra y nos identificamos con él, cuando no es más que una parte de un todo, es la parte del placer, del gozo que Dios ha puesto en su obra, y mejor haríamos diciendo que es el anuncio, la publicidad de un gozo cien veces superior que hemos de encontrar en el mundo de arriba.

Netzah, situado en la parte más baja de la columna de la derecha, es la muestra pálida de esos auténticos goces y alegrías que Cristo vino a anunciar. Pero ello no impide que el hombre los considere supremos y que utilice los cinco sentidos para gozar ampliamente de las bellezas que le penetran por ellos.

Sucede así que utilizando los sentidos para dar un relieve cada vez más intenso al mundo de abajo, lo escindimos del de arriba, que desaparece de la conciencia, no se imprime en ella porque no lo captamos, no lo aprisionamos en nuestros registros humanos. Entonces en nuestra conciencia se forma una espesa costra de suciedad, como la que aparece en los cristales si dejamos que en ellos se acumule durante años y años el polvo, acabando por no dejar pasar la luz. Esa costra de impurezas que rodea la conciencia, desaparece al morir, destruida por la fuerza de repulsión activa en las bajas regiones del Mundo del Deseo y ya no queda en nosotros recuerdo de los falsos valores acumulados; queda tan sólo el sentimiento de que hemos utilizado mal los recursos que nos ha dado el Creador para explorar sus mundos.

Cuando esa suciedad desaparece de la conciencia-corazón, entonces el discípulo puede contemplar los mundos de arriba y ver a Dios.



Esta Bienaventuranza expresa pues la necesidad de dirigir los cinco sentidos hacia arriba con la misma avidez con que un día los proyectamos hacia abajo. La reinversión de la vista dará como resultado la clarividencia, la del oído la clariaudiencia y lo mismo para los demás sentidos. De esta forma, el discípulo verá, oirá, olerá el perfume de las regiones eternas, podrá gustar y tocar el otro mundo.

Así pues, la regla para esa Bienaventuranza consistirá en cerrar progresivamente los sentidos a la percepción de las realidades físicas, para proyectarlos hacia arriba. Es una tarea quíntuple, como cinco son los sentidos y el resultado es la visión de Dios.

El acto de ver es propio del centro intelectual. Pero aquí se presenta la Verdad como consecuencia del Bien, de haber limpiado el centro emocional de todo rastro de negación, de crítica, de identificación, de segundas intenciones y deseos frustrados. Solo así el centro intelectual puede dedicarse a mirar la realidad en vez de pasarse el día interpretándola para calmar el sentimiento de separación que experimenta, al creerse una parte indefensa enfrentada al resto de la Creación. Solo el sentimiento de formar parte del Todo puede llevar a la comprensión de la Realidad. Aquí se constata lo que decíamos al principio de este tramo ascendente: la explicación se encuentra al final, no al principio. Nuestra conexión con lo Superior se produce a través del Bien, no de la Verdad, es una conexión emocional, no intelectual. Lo que hace inicialmente el Trabajo es destruir el error intelectual, para que podamos subir al carro del Bien. Y este Bien el que, posteriormente, nos conduce a la Verdad.

Porque si la mente juzga la realidad como “incorrecta” obliga a la emoción a rechazarla. La mente discrimina la realidad, la trocea y divide los trozos en buenos y malos. Así pierde por completo la perspectiva y la globalidad imprescindible para comprenderla. El camino de vuelta ha de recuperar esta perspectiva amplia y esto se hace desde el Amor. No se trata de cambiar de ideas sino de percibir las cosas desde otra dimensión. En ella se encuentra el sentido que la personalidad había perdido: un sentido que no compete a la personalidad sino al Ser esencial. Este sentido incluye a la personalidad como instrumento y la convierte en algo útil y eficaz; al tiempo que la releva de la responsabilidad de decidir. Porque el sentido es la voluntad de Dios y se descubre precisamente allí donde, anteriormente, todo parecía caos e injusticia.

La pureza espiritual no es una cualidad negativa, salvo que carece de recelo y de revancha. Al hablar de la pureza, Jesús no tenía la intención de tratar exclusivamente de las actitudes sexuales humanas. Se refería más bien a esa fe que los hombres deberían tener en sus semejantes; a esa fe que los padres tienen en sus hijos, y que les permite amar a sus semejantes como un padre los amaría. El amor de un padre no tiene necesidad de mimar, y no perdona el mal, pero siempre se opone al cinismo. El amor paternal tiene una única finalidad, y siempre busca lo mejor que hay en el hombre; ésta es la actitud de un verdadero padre.

Ver a Dios -por la fe- significa adquirir la verdadera perspicacia espiritual.

La perspicacia espiritual intensifica el gobierno del Ajustador, y los dos reunidos terminan por aumentar la conciencia de Dios. Cuando conocéis al Padre, os sentís confirmados en la seguridad de vuestra filiación divina, y podéis amar cada vez más a vuestros hermanos en la carne, no sólo como un hermano, con un amor fraternal, sino también como un padre, con un afecto paternal.

Esta exhortación es fácil de enseñar incluso a un niño. Los niños son confiados por naturaleza, y los padres deberían cuidar de que no pierdan esta fe sencilla. Al tratar con los niños, evitad todo engaño y absteneos de sugerir la desconfianza.

Ayudadlos juiciosamente a escoger a sus héroes y a seleccionar el trabajo de su vida.

Luego, Jesús continuó instruyendo a sus discípulos sobre cómo conseguir el objetivo principal de todas las luchas humanas, la perfección, e incluso la consecución divina. Siempre les recomendaba: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” No exhortaba a los doce a que amaran al prójimo como se amaban a sí mismos. Esto hubiera sido un logro meritorio, que hubiera indicado la realización del amor fraternal. Recomendaba más bien a sus apóstoles que amaran a los hombres como él los había amado, con un afecto paternal así como fraternal.


ENFOQUE EXOTÉRICO

Limpio: El diccionario tradicional indica que limpio tiene varios significados:
  • Que no tiene mancha o suciedad.
  • Que no tiene mezcla de otra cosa.
  • Libre, exento de cosa que dañe o inficione.


El diccionario bíblico define la palabra limpio como: Aquello que está libre de mezclas impuras, sin tacha (falta, nota o defecto que se halla en una cosa y la hace imperfecta.). En conclusión y en una sola palabra "puro".


Corazón: En griego hace referencia al principal órgano de la vida física. Esta palabra se utiliza en forma figurada para denotar las corrientes escondidas de la vida personal, explicado de otra forma, podría significar toda la actividad mental y moral del hombre, tanto en lo racional como en lo emocional. En hebreo la palabra que se traduce por corazón, uno de sus significados es mente o interior (en medio dé).

Más allá de discutir o plantear si es la mente o el corazón el que piensa, debemos enfocarnos en presentarnos limpios y puros delante de Dios para poder así ver su rostro. Es el hombre interno el que debe contar con el atavío adecuado (1 Pedro 3:4) y el que debe representar nuestro verdadero carácter.

En cuanto a su utilización de la palabra “corazón” en el Nuevo Testamento, esta denota:

El centro de la vida física (Hechos 14:17; Santiago 5:5).

El centro de la naturaleza moral y de la vida espiritual; El asiento del dolor (Juan 14:1; Romanos 9:2; 2 Corintios 2:14); Del gozo (Juan 16:22; Efesios 5:19); De los deseos ( Mateo 5:28; 2 Pedro 2:14); De los afectos (Lucas 24:32; Hechos 21:13); De las percepciones ( Juan 12:40; Efesios 4:18 ); De los pensamientos (Mateo 9:4; Hebreos 4:12); Del entendimiento (Mateo 13:15; Romanos 1:21); De los poderes de raciocinio ( Marcos 2:6; Lucas 24:38 ); De la imaginación (Lucas 1:51); De la conciencia (Hechos 2:37; 1 Juan 3:20); De las intenciones ( Hebreo 4:12, 1 Pedro 4:1 ); De los propósitos (Hechos 11:23; 2 Corintios 9:7); De la voluntad (Romanos 6:17; Colosenses 3:15); De la fe (Marcos 11:23; Romanos 10:10; Hebreos 3:12). El corazón, en su sentido moral en el Antiguo Testamento, incluye las emociones, la razón, y la voluntad.

Ahora una reflexión ¿Cómo esta nuestro hombre interior? ¿Cómo están nuestras emociones, nuestra moral y nuestra vida espiritual? ¿Podríamos decir que nuestro hombre esta vestido de túnicas blancas sin manchas ni arrugas? Todos queremos ver a Dios pero ¿Estamos puros o limpios?

Debemos evaluarnos día tras día. Para nosotros debe ser una preocupación constante preocuparnos de nuestra limpieza, es la única forma de consagrarnos al servicio de Dios plenamente. La enseñanza de Jesús cuando lava los pies a sus discípulos es justamente esta, lavar sus pies que son los que se han contaminado (Juan 13:1-17), ya que por su palabra ya hemos sido limpiados completamente (Juan 15:2-3). El salmista se pregunta ¿Quién subirá y estará en el lugar santo, en el monte de Jehová? El limpio y puro (Salmo 24:3-4). El escritor de Hebreos lo relata diciendo que sin santidad nadie verá a Dios (Hebreo 12:14).

Jesús a nosotros que nos declara que somos linaje escogido, real sacerdocio y nación santa (1° Pedro 2:9) y después de esto, Pedro llama a los hermanos a llevar una buena manera de vivir (1° Pedro 2:11) todo para que Dios sea glorificado. Pablo, le encarece a Timoteo que se mantenga puro (1° Timoteo 5:22) y esto hasta que Cristo aparezca (1° Timoteo 6:14). Y esta misma orden entrega Pedro a la Iglesia enseñándoles de las cosas maravillosas que sucederán cuando Cristo venga (2° Pedro 3:14) y luego les entrega la orden de presentarse con diligencia y ser hallado sin mancha e irreprensibles.

Cristo prepara y espera una Iglesia santa y sin mancha (Efesios 5:27) y nosotros ¿Qué estamos haciendo para que el deseo de Jesús por su esposa se cumpla? Veíamos la vez anterior que “la religión pura y sin mácula” es hacer misericordia con las viudas y los huérfanos, pero además, guardarse sin manchas (Santiago 1:27). ¿Estamos cumpliendo con este mandato? Por labios de Jesús se nos enseña que desde el corazón salen los malos pensamientos y eso es lo que contamina al hombre (Marcos 17:20-23).

Como novia de Jesús y templos del Espíritu de Dios, debemos limpiarnos de toda contaminación, tanto carnal como espiritual (2° Corintios 6:14-7.1). Debemos perfeccionarnos en la santidad. Más aún si tenemos la esperanza de que como hijos de Dios, el novio vendrá por su iglesia (1° Juan 3:3).

Cuando comenzamos a vivir en pureza para Dios podremos decir lo que vivió Job: "De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven" (Job 42:5). Por ahora por fe lo vemos en cada paso de nuestra vida, pero pronto, si somos santos lo veremos tal cual es (1° Juan 3:2).



Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...