sábado, 5 de noviembre de 2016

Un homenaje al Amor, a través del refranero - 1ª Parte

Rebuscando entre los muchos refranes recogidos a lo largo del tiempo en el saber popular, he querido extraer, aquellos que aluden, de un modo u otro, al sentimiento del Amor.

No persigo otra intensión, que encontrar y establecer un paralelismo, entre la sabiduría implícita en cada uno de los refranes, con el saber ancestral que nos enseña la Astrología.

En los refranes que a continuación se recogen, veremos distintos y variados rostros del amor y sus consecuencias en el maniobrar humano.

El Amor desde el punto de vista Cabalístico se corresponde con el Rostro Divino de Hochmah, segundo Aspecto de la Triada Superior del Árbol Cabalístico, a través del cual se expresan los diez Séfiras que dan cuerpo a la Estructura Divina.

Al igual como la Unidad Divina se expresa en Diez Expresiones básicas que abarcan el Todo Manifestado, cada uno de esas Expresiones, se encuentran en las demás. Con ello debemos entender, que cuando hacemos referencia al Atributo del Amor, no podemos pensar que ese sentimiento, puede ser encasillado en un solo Centro de Conciencia, sino que se encuentra, con diferentes rostros, en cada uno de los demás Centros.

Es cierto que podemos hablar que el Amor cuenta con una morada propia, ya lo hemos adelantado, Cabalísticamente hablando es Hochmah y en términos astrológicos, nace en el signo de Leo como un Ideal, como un Valor Moral, para adquirir una expresión más tangible, personal y humano, a través de los signos del Elemento Agua, Cáncer, Escorpio y Piscis.

Dado que el refranero fluye de la experiencia íntima y personal, podemos decir, que las referencias al Amor que recogeremos en este estudio, serán más cercanas a las propias que se expresan en los signos referidos.

“A amor mal correspondido, ausencia y olvido”.

Este refrán podríamos encuadrarlo en los puramente “formativos”, ya que trata de enseñarnos sobre las consecuencias de aquellos amores que dan y no reciben. Encajaría en el “feed-back” propio de la experiencia Pisciana. Cuando se produce la identificación con el objeto amado y decidimos dirigir todos nuestros sentimientos hacia su conquista. Cuando no recibimos lo que damos, se produce la desilusión y el llanto hará su aparición en respuesta al amor no correspondido. Por lo tanto, este refrán trata de aconsejarnos que olvidemos ese amor, antes de que nos invada con sus efectos dolorosos.

“Aborrece y serás aborrecido; quiere con amor de verdad y serás correspondido”.

Estamos ante la ley universal de “Causa y Efecto”, lo que los esotéricos llaman Karma. En efecto, lo que sembramos deberemos recogerlo. Si sembramos amor, amor de verdad, seremos correspondidos, pues no puede ser de otra manera. Ahora bien, si nuestros sentimientos son egoístas, si aborrecemos a aquellos a los que deberíamos amar, entonces, deberemos estar preparados para recibir nuestra propia medicina.

“Abrazo flojo, amor poco; abrazo apretado, ese sí que es un abrazo”.

Me gustaría comentar este refrán, pues puede enseñarnos mucho del comportamiento humano, de la sinceridad de las relaciones. En el día a día, quién no se encuentra con un conocido y en ese encuentro nos estrechamos en un abrazo. Pues bien, el saber popular nos advierte, que si ese abrazo es flojo, poco amor se expresa en él. En cambio, si es apretado, ese sí que es un abrazo.  Cuando nuestro amor es sincero, no se podrá ocultar, no podremos fingir. Nuestros músculos se encargan de expresar esa sinceridad…, y nos delatarán si no existe verdadero amor.

Ahora os dejo, una primera entrega de refranes que hablan del amor… Los he seleccionado alfabéticamente. Vendrán muchos más.
  • “Al bueno por amor y al malo por temor”.
  • “Amor atrevido, siempre bien ha parecido”.
  • “Amor comprado, dale por vendido”.
  • “Amor con amor se cura”.
  • “Amor con amor se paga”.
  • “A amor y fortuna, resistencia ninguna”.
  • “A la mujer dile tu amor una vez, que el diablo se lo dirá diez”.
  • “A más amor, más pudor”.
  • “Amor con casada, no pase de una semana. Si no, la cosa ser complicada”.


Continuará…

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 310

LECCIÓN 310

Paso este día sin miedo y lleno de amor.


1. Quiero pasar este día Contigo, Padre mío, tal como Tú has dispuesto que deben ser todos mis días. 2Y lo que he de experimentar no tiene nada que ver con el tiempo. 3El júbilo que me invade no se puede medir en días u horas, pues le llega a Tu Hijo desde el Cielo. 4Este día será Tu dulce recordatorio de que Te recuerde, la afable llamada que le haces a Tu santo Hijo, la señal de que se me ha concedido Tu gracia y de que es Tu Voluntad que yo me libere hoy.


2. Este día lo pasaremos juntos, tú y yo. 2Y todo el mundo unirá sus voces a nuestro himno de alegría y gratitud hacia Aquel que nos brindó la salvación y nos liberó. 3Nuestra paz y nuestra santi­dad nos son restituidas. 4Hoy el miedo no tiene cabida en noso­tros, pues le hemos dado la bienvenida al amor en nuestros corazones.




¿Qué me enseña esta lección? 

Amanece. Mi cuerpo físico recupera la conciencia. Acabo de despertar y el primer pensamiento que acude a mi mente, me lleva a prestar atención a la complicada jornada laboral que me aguarda. No puedo evitar sentir una fugaz decepción. Hubiese preferido visualizar otra perspectiva, hubiese preferido imaginar que iba a disfrutar de una jornada tranquila, sin conflictos, sin problemas y asuntos que contaminasen la paz añorada.

Inmediatamente, elijo cambiar y rectificar ese pensamiento fugaz, pues está condicionando el momento presente, de modo que si decido alimentarlo, estaré sembrando una semilla que, cuando crezca, me aportará los suficientes argumentos para que confirme que ese pensamiento es real, es decir, viviré un día triste, pésimo y todo cuanto haga, llevará el sello de la desgana, de la desilusión.

Pido expiación de ese pensamiento fugaz. Pido deshacer ese error y en cambio, potencio la idea de que, el día, lo viviré en estado de presente continuo, es decir, cada momento del día es una oportunidad para experimentar la eternidad, pues es el único tiempo real. De este modo, cada minuto y cada segundo es en sí mismo un estado potencial que si lo utilizamos para realizar nuestra función de Amar, estaremos co-creando con nuestro Padre.

Sí, hoy es Sábado y es el mejor día, pues es el único día. Si contamino ese día con los recuerdos del pasado, seguro que lo contagiaré con el pensamiento del miedo, de la culpa, del dolor, del fracaso, de la tristeza, de la desolación, del sufrimiento, de la enfermedad, de la muerte.

En cambio, podemos elegir vivir ese día con la visión única que nos ofrece el presente, el instante. Bendecir ese momento, hacerlo sagrado, nos permitirá vivir en un estado de Plenitud, de Gracia, de Abundancia, de Alegría, de Paz, de Unidad, de Salud, de Vida.

Ejemplo-Guía: "Siempre podemos sustituir el miedo por amor"

Ya hemos tenido ocasión a lo largo de los estudios que estamos realizando de hablar del miedo. Hoy vamos a recordar algunas de las claves que nos ayudarán a elegir el amor y a no dar valor al miedo.

¿Qué os parece esta frase para empezar?

Nunca podrás controlar por ti mismo los efectos del miedo porque el miedo es tu propia invención, y no puedes sino creer en lo que has inventado.

Cuando apostamos por dejar que el miedo se adueñe de nuestros pensamientos, lo que estamos haciendo es fabricando una percepción falsa, pues el miedo no existe en el nivel creativo y si no existe en dicho nivel, no existe en absoluto.

Todos los aspectos del miedo son falsos porque no existen en el nivel creativo y, por lo tanto, no existen en absoluto. En la medida en que estés dispuesto a someter tus creencias a esta prueba, en esa misma medida quedarán corregidas tus percepciones.
Siempre que reflexiono sobre la idea del miedo, me gusta recordar el pensamiento que se recoge en el Texto y que se expresa de la siguiente manera:

El amor perfecto expulsa el miedo.
Si hay miedo, es que no hay amor perfecto.
Mas:
Sólo el amor perfecto existe.
Si hay miedo, éste produce un estado que no existe
Hablar del miedo, hace inevitable el que reflexionemos sobre el origen de la separación, la creencia que tuvo lugar como consecuencia de suplir la verdad con nuestras propias ideas. Así nos lo explica el Curso:
El uso inadecuado de la extensión -la proyección- tiene lugar cuando crees que existe en ti alguna carencia o vacuidad, y que puedes suplirla con tus propias ideas, en lugar de con la verdad. Este proceso comprende los siguientes pasos:
Primero: Crees que tu mente puede cambiar lo que Dios creó.
Segundo: Crees que lo que es perfecto puede volverse imper­fecto o deficiente.
Tercero: Crees que puedes distorsionar las creaciones de Dios, incluido tú.
Cuarto: Crees que puedes ser tu propio creador y que estás a cargo de la dirección de tu propia creación. 
Estas distorsiones, relacionadas entre sí, son un fiel reflejo de lo que realmente ocurrió en la separación o "desvío hacia el miedo".
Cuando tenemos miedo de algo, estamos admitiendo que ello tiene el poder de hacernos daño. Donde esté nuestro corazón allí también estará nuestro tesoro. Creemos en lo que consideramos valioso. Si tenemos miedo, es que estamos equivocados con respecto a lo que es valioso.

 No voy a extenderme más sobre el tema del miedo, para evitar repetir lo que ya hemos recogido en otras lecciones. Tan solo me gustaría añadir, parte del texto del Capítulo 2, epígrafe VI, titulado al "Miedo y el Conflicto":
El primer paso correctivo para deshacer el error es darse cuen­ta, antes que nada, de que todo conflicto es siempre una expresión de miedo. Dite a ti mismo que de alguna manera tienes que haber decidido no amar, ya que de otro modo el miedo no habría podido hacer presa en ti. A partir de ahí, todo el proceso correc­tivo se reduce a una serie de pasos pragmáticos dentro del proceso más amplio de aceptar que la Expiación es el remedio. Estos pasos pueden resumirse de la siguiente forma:

Reconoce en primer lugar que lo que estás experimentando es miedo.
El miedo procede de una falta de amor.
El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.

El amor perfecto es la Expiación.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Un homenaje al Amor, a través del refranero. Presentación

El Refrán es una frase generalmente breve que expresa una sentencia, un dicho o un consejo útil sobre la vida cotidiana siendo en la mayoría de los casos una expresión de la sabiduría popular.

Etimología: Del occitano antiguo refranh y éste a su vez de la voz refranher (modular), que viene de franher (romper, del latín frangere)1.

El refrán es "sabiduría popular ancestral sobre la vida y sus circunstancias". "Un santuario de las intuiciones que encaminan y dirigen la formación de los hombres y que compasan apuntalan y corrigen su comportamiento". El refranero contiene consejos sobre las acciones adecuadas.
El refranero contiene consejos sobre las acciones adecuadas. El seguimiento del refranero conduce a un pensamiento y a una acción repetitiva e inconsciente basada en la validez de la tradición ancestral.
Sin duda alguna, el contenido de los refranes persigue un objetivo educativo, y lo hace adaptándose a la necesidad de influir sobre la mente humana que aún se encuentra en fase de desarrollo. Se trata por lo general de frases cortas, con un profundo significado extraído del bagaje de la experiencia, y que favorece su asimilación e integración por la conciencia a base de su repetición.
Dada su ancestralidad, entiendo que debe existir una importante conexión entre el contenido de cada refrán y los Arquetipos de donde emana toda existencia, los Zodiacales. Intentaré relacionar el refranero popular con la dinámica de los signos zodiacales y, gracias a ello, podremos ampliar y familiarizarnos con las características que se derivan de cada uno de Ellos.

Por seguir la dinámica en la que se inicia este trabajo, comenzaré con refranes que están en sintonía con el signo de Escorpio. En esta ocasión trataré el tema del Celo. He aquí algunos refranes que aluden a este arraigado sentimiento en el ser humano.
  • Amor sin celos, no lo dan los cielos.
  • Dijo un gran doctor que si no hay celos, no hay amor.
  • El amor y los celos, hermanos gemelos.
  • El celoso no puede ser jocoso.
  • El hombre cuando es celoso se acuesta pero no duerme.
  • El marido celoso no tiene reposo.
  • Marido celoso, ni come ni duerme con reposo.
  • Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
Elegiré el primero de los refranes para adentrarnos en el aprendizaje del signo Escorpio.

Amor sin celos, no lo dan los cielos”, nos lleva a pensar que el sentimiento del celo forma parte de la propia naturaleza del amor. Cuando estudiamos la dinámica de los signos del Elemento Agua, Cáncer, Escorpio y Piscis, abordamos, precisamente, la expresión de los sentimientos y de los deseos, del amor a nivel humano, pues el Amor como Arquetipo, como Ideal, como Principio, se manifiesta en Leo.
Cuando la naturaleza humana se enfrenta a la experiencia del amor en la dinámica de Escorpio, lo hace con el profundo deseo de “hacerlo suyo”, pues se encuentra en la fase de interiorización. Ese descubrimiento, hace que el amor se dirija hacia sí mismo, favoreciendo el sentimiento de “narcisismo”. Esa identificación emotiva, ese enamoramiento del yo, es necesaria en esta fase del proceso de toma de conciencia. Por eso, el refrán nos advierte que el amor sin celos, es decir, sin sentimiento de posesión, no lo dan los cielos, es decir, Escorpio, nos invita a identificarnos “celosamente” con lo que sentimos, pues debemos adoptar una identidad propia y creadora.

El celo aparece cuando identificamos que aquello a lo que amamos nos pertenece, nos aporta identidad. Cuando, este sentimiento se arraiga profundamente en la naturaleza, el que lo protagoniza sufre enormemente en su interior. Ignora como dar salida a ese acúmulo de sentimientos y cuando se desbordan las emociones, no puede ser de otra manera, sus “aguas” hacen peligrar la estabilidad de los demás y por supuesto, la propia.
El celoso debe aplicarse este otro refrán “amor bien entendido empieza por uno mism@”. Y es que para poder amar a los demás debemos, primero, amarnos a nosotros mismos. No podemos dar lo que no tenemos.

1(Enciclopedia libre universal en español).

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 309

LECCIÓN 309

Hoy no tendré miedo de mirar dentro de mí.


1. Dentro de mí se encuentra la Eterna Inocencia, pues es la Voluntad de Dios que esté allí para siempre. 2Y yo, Su Hijo, cuya voluntad es tan ilimitada como la Suya, no puedo disponer que ello sea diferente. 3Pues negar la Voluntad de mi Padre es negar la mía propia. 4Mirar dentro de mí no es sino encontrar mi volun­tad tal como Dios la creó, y como es. 5Tengo miedo de mirar dentro de mí porque creo que forjé otra voluntad que aunque no es verdad hice que fuese real. 6Mas no tiene efectos. 7Dentro de mí se encuentra la santidad de Dios. 8Dentro de mí se encuentra el recuerdo de Él.


2. El paso que he de dar hoy, Padre mío, es lo que me liberará por completo de los vanos sueños del pecado. 2Tu altar se alza sereno e incó­lume. 3Es el santo altar a mi propio Ser y es allí donde encuentro mi verdadera Identidad.

¿Qué me enseña esta lección? 


Cuando nuestros ojos perciben el mundo externo, recibimos la evidencia de que todo se encuentra separado. La visión de los cuerpos, nos lleva a la creencia de que somos diferentes unos de otros. Esa percepción es errónea pues la separación pertenece al mundo de la ilusión, al mundo temporal, a la dimensión física.

Es en nuestro interior, donde se encuentra el recuerdo de la Unidad. Es en nuestra mente, donde podremos fundirnos con la evidencia de la Verdad, pues nuestra mente ha sido emanada de la Mente de Dios.

Cuando nuestra mente se presta a oír la voz procedente del Espíritu, la recibe desde el interior del Ser. En cambio, cuando la mente se presta a oír la voz procedente del cuerpo, se identifica con el mundo externo, fuente de la separación.

Acallar o aquietar la mente, que se identifica con lo externo, es necesario para favorecer el diálogo con nuestra Esencia interior, con nuestro Ser Espiritual.

Ejemplo-Guía: ¿Qué ves cuando miras en tu interior?

No es una práctica habitual, el dirigir nuestra mirada hacia nuestro interior. Si bien, en la cultura oriental, la meditación, se manifiesta como un hábito saludable para favorecer el despertar de la conciencia, en la cultura occidental, mucho más identificada con el deseo de conquistar el mundo externo, la meditación, es menos practicada.

La Lección de hoy no afirma que tenemos miedo de mirar dentro de nosotros, pues tememos descubrir el impulso que nos llevó a dar credibilidad a una voluntad distinta a la de nuestro Padre. Ese sentimiento de culpa tan arraigado en nuestra mente inconsciente, no deja de ser un pensamiento demente cuando lo analizamos desde la visión amorosa que caracteriza a nuestro Hacedor.

La falsa creencia de que hemos sido capaces de llevar a cabo una acción creadora contraria a la Voluntad de nuestro Padre, nos ha llevado a creer que somos de naturaleza pecaminosa, sustituyendo nuestra "inocencia primigenia". Esa creencia nos ha llevado al olvido de lo que realmente somos. Nos ha llevado a desconectarnos de la comunicación directa con Dios. La culpa nos recuerda ese acto primigenio y su visión nos produce un profundo dolor. Esta es la razón por la que decidimos mantenerla oculta a nuestra conciencia. Cuando a través de la percepción que nos aporta la experiencia, recibimos una información que haga despertar a la "bestia oculta de la culpa", nuestra respuesta inconsciente es negar nuestra implicación en el acto que la ha propiciado, prefiriendo proyectar, fuera de nosotros, ese sentimiento inaceptado de culpabilidad. Es el momento de condenar al "otro" -nuestra imagen reflejada- de aquello que no aceptamos internamente.

Haciendo uso de una expresión campechana, yo diría que "mirar en nuestro interior es de valiente". Con ello, lo que quiero expresar, es que tenemos que ser honrados con nosotros mismos y dejar de proyectar nuestros miedos sobre los demás, por el simple hecho, de que reconocerlos nos produciría un profundo dolor.


"Conócete a ti mismo", el aforismo griego inscrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos, nos invita a comprender la importancia de dirigir nuestra mirada hacia el interior y no hacia el exterior. La fuente de información recibida desde el exterior, se convierte en el camino más abrupto para alcanzar la verdad, pues estamos haciendo real el sistema de pensamiento del ego, el cual se fundamenta en la creencia del espacio y del tiempo. 
En cambio, la visión interna nos llevará al recuerdo de lo que realmente somos, el Hijo de Dios, eterno, inocente e impecable. Uno con toda la Creación.

Os dejo, algunas aportaciones extraídas del Texto, que sin duda ampliarán el tema que estamos analizando:

"La culpabilidad te ciega, pues no podrás ver la luz mientras sigas viendo una sola mancha de culpabilidad dentro de ti. Y al proyectarla, el mundo te parecerá tenebroso y estar envuelto en ella. Arrojas un oscuro velo sobre él, y así no lo puedes ver porque no puedes mirar en tu interior. Tienes miedo de lo que verías, pero lo que temes ver no está ahí. Aquello de lo que tienes miedo ha desaparecido. Si mirases en tu interior, verías solamente la Expiación, resplandeciendo serenamente y en paz sobre el altar a tu Padre.
No tengas miedo de mirar en tu interior. El ego te dice que lo único que hay dentro de ti es la negrura de la culpabilidad, y te exhorta a que no mires. En lugar de eso, te insta a que contemples a tus hermanos y veas la culpabilidad en ellos. Mas no puedes hacer eso sin condenarte a seguir estando ciego, pues aquellos que ven a sus hermanos en las tinieblas, y los declaran culpables en las tinieblas en las que los envuelven, tienen demasiado miedo de mirar a la luz interna. Dentro de ti no se encuentra lo que crees que está ahí, y en lo que has depositado tu fe. Dentro de ti está la santa señal de la perfecta fe que tu Padre tiene en ti. Tu Padre no te evalúa como tú te evalúas a ti mismo. Él se conoce a Sí Mismo, y conoce la verdad que mora en ti. Sabe que no hay diferencia alguna entre Él y dicha verdad, pues Él no sabe de diferencias.
¿Puedes acaso ver culpabilidad allí donde Dios sabe que hay perfecta inocencia? Puedes negar Su conocimiento, pero no lo puedes alterar. Contempla, pues, la luz que Él puso dentro de ti, y date cuenta de que lo que temías encontrar ahí, ha sido reempla­zado por el amor. (T..13.IX.7-8)"
¿Cómo podemos mirar en nuestro interior y dejar de sentir miedo por ver nuestra oscuridad?
"Libera a otros de la culpabilidad tal como tú quisieras ser libe­rado. Ésa es la única manera de mirar en tu interior y ver la luz del amor refulgiendo con la misma constancia y certeza con la que Dios Mismo ha amado siempre a Su Hijo. Y con la que Su Hijo lo ama a Él. En el amor no hay cabida para el miedo, pues el amor es inocente. No hay razón alguna para que tú, que siempre has amado a tu Padre, tengas miedo de mirar en tu interior y ver tu santidad."
¿Y si la causa del miedo a mirar en nuestro interior no sea tan solo el ver nuestra naturaleza pecadora? ¿Y si la verdadera causa de ese miedo fuese otra?

El miedo a mirar adentroEl Espíritu Santo jamás te enseñará que eres un pecador. Corregirá tus errores, pero eso no es algo que le pueda causar temor a nadie. Tienes un gran temor a mirar en tu interior y ver el pecado que crees que se encuentra allí. No tienes miedo de admitir esto. El ego considera muy apropiado que se asocie el miedo con el pecado, y sonríe con aprobación. No teme dejar que te sientas avergonzado. No pone en duda la creencia y la fe que tienes en el pecado. Sus templos no se tambalean por razón de ello. Tu certeza de que dentro de ti anida el pecado no hace sino dar fe de tu deseo de que esté allí para que se pueda ver. Sin embargo, esto tan sólo aparenta ser la fuente del temor. Recuerda que el ego no está solo. Su dominio está circunscrito, y teme a su "enemigo" desconocido, a Quien ni siquiera puede ver. Te pide imperiosamente que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se posarán sobre el pecado y Dios te cegará. Esto es lo que crees, y, por lo tanto, no miras. Mas no es éste el temor secreto del ego, ni tampoco el tuyo que eres su siervo. El ego, vociferando destempladamente y demasiado a menudo, profiere a gritos que lo es. Pues bajo ese constante griterío y esas declara­ciones disparatadas, el ego no tiene ninguna certeza de que lo sea. Tras tu temor de mirar en tu interior por razón del pecado se oculta todavía otro temor, y uno que hace temblar al ego.¿Qué pasaría si mirases en tu interior y no vieses ningún pecado? Esta "temible" pregunta es una que el ego nunca plan­tea. Y tú que la haces ahora estás amenazando demasiado seria­mente todo su sistema defensivo como para que él se moleste en seguir pretendiendo que es tu amigo. Aquellos que se han unido a sus hermanos han abandonado la creencia de que su identidad reside en el ego. Una relación santa es aquella en la que te unes con lo que en verdad forma parte de ti. Tu creencia en el pecado ha sido quebrantada, y ahora no estás totalmente reacio a mirar dentro de ti y no ver pecado alguno.Tu liberación no es aún total: todavía es parcial e incompleta, aunque ya ha despuntado en ti. Al no estar completamente loco, has estado dispuesto a contemplar una gran parte de tu demen­cia y a reconocer su locura. Tu fe está comenzado a interiorizarse más allá de la demencia hacia la razón. Y lo que tu razón te dice ahora, el ego no lo quiere oír. El propósito del Espíritu Santo fue aceptado por aquella parte de tu mente que el ego no conoce y que tú tampoco conocías. Sin embargo, esa parte, con la que ahora te identificas, no teme mirarse a sí misma. No conoce el pecado. ¿De qué otra forma, sino, habría estado dispuesta a con­siderar el propósito del Espíritu Santo como suyo propio?Esta parte ha visto a tu hermano y lo ha reconocido perfecta­mente desde los orígenes del tiempo. Y no ha deseado más que unirse a él y ser libre nuevamente, como una vez lo fue. Ha estado esperando el nacimiento de la libertad, la aceptación de la liberación que te espera. Y ahora reconoces que no fue el ego el que se unió al propósito del Espíritu Santo, y, por lo tanto, que tuvo que haber sido otra cosa. No creas que esto es una locura, pues es lo que te dice la razón y se deduce perfectamente de lo que ya has aprendido.En las enseñanzas del Espíritu Santo no hay inconsistencias. Éste es el razonamiento de los cuerdos. Has percibido la locura del ego, y no te ha dado miedo porque elegiste no compartirla. Pero aún te engaña a veces. No obstante, en tus momentos más lúcidos, sus desvaríos no producen ningún terror en tu corazón. Pues te has dado cuenta de que no quieres los regalos que el ego te quitaría de rabia por tu "presuntuoso" deseo de querer mirar adentro. Todavía quedan unas cuantas baratijas que parecen titi­lar y llamarte la atención. No obstante, ya no "venderías" el Cielo por ellas.Y ahora el ego tiene miedo. Mas lo que él oye aterrorizado, la otra parte de tu mente lo oye como la más dulce melodía: el canto que añoraba oír desde que el ego se presentó en tu mente por primera vez. La debilidad del ego es su fortaleza. El himno de la libertad, el cual canta en alabanza de otro mundo, le brinda espe­ranzas de paz. Pues recuerda al Cielo, y ve ahora que el Cielo por fin ha descendido a la tierra, de donde el dominio del ego lo había mantenido alejado por tanto tiempo. El Cielo ha llegado porque encontró un hogar en tu relación en la tierra. Y la tierra no puede retener por más tiempo lo que se le ha dado al Cielo como suyo propio.Contempla amorosamente a tu hermano, y recuerda que la debilidad del ego se pone de manifiesto ante vuestra vista. Lo que el ego pretendía mantener separado se ha encontrado y se ha unido, y ahora contempla al ego sin temor. Criatura inocente de todo pecado, sigue el camino de la certeza jubilosamente. No dejes que la demente insistencia del miedo de que la certeza reside en la duda te detenga. Eso no tiene sentido. ¿Qué importa cuán imperiosamente se proclame? Lo que es insensato no cobra sentido porque se repita o se aclame. El camino de la paz está libre y despejado. Síguelo felizmente, y no pongas en duda lo que no puede sino ser cierto. (T.21.IV.1-8) 

jueves, 3 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 308

LECCIÓN 308

Este instante es el único tiempo que existe.

1. El concepto que yo he forjado del tiempo impide el logro de mi objetivo. 2Si elijo ir más allá del tiempo hasta la intemporalidad, tengo que cambiar mi percepción acerca del propósito del tiempo. 3Pues su propósito no puede ser que el pasado y el futuro sean uno. 4El único intervalo en el que puedo librarme del tiempo es ahora mismo. 5Pues en este instante el perdón ha venido a libe­rarme. 6Cristo nace en el ahora, sin pasado ni futuro. 7Él ha venido a dar la bendición del presente al mundo, restaurándolo a la intemporalidad y al amor. 8Y el amor está siempre presente, aquí y ahora.

2. Gracias por este instante, Padre. 2Ahora es cuando soy redimido. 3Este instante es el momento que señalaste para la liberación de Tu Hijo y para la salvación del mundo en él.

¿Qué me enseña esta lección?

El instante presente, sin duda alguna, es el instante sagrado donde experimentamos la liberación.

Del pasado nos llega el eco de acciones que favorece la falsa creencia de que somos seres pecadores.

El futuro nos evoca un tiempo en el que podemos cosechar el fruto de nuestras acciones. Pero, tan sólo en el presente, podemos elegir, con total libertad, qué camino tomar, el del error o el del amor.

El inmenso poder de Dios, se hace consciente en el instante presente. Ello, tan sólo es posible si así lo decidimos. Esta decisión no exige grandes esfuerzos, ni está en manos del tiempo, tan sólo es necesario elegir.

Esa elección, nadie puede tomarla por nosotros, pero una vez tomada, nos situará, bien en el espacio temporal o en la eternidad.

En el mundo físico, cada instante, cada tiempo presente, es una invitación a ser consciente de nuestra realidad.

Podemos continuar haciendo que nuestro presente se llene de pasado y de expectativas de futuro, lo que impedirá ser plenamente del instante presente, o por el contrario, podemos elegir vivir cada presente como una renovada oportunidad donde decidimos perdonar todo vestigio de pasado, para enfocarnos en lo realmente importante, vivir liberados de todo lo que nos vincule a la culpa, al miedo, al dolor, al sufrimiento, a la separación.

Vivir el instante, con plena consciencia de lo que Somos, nos lleva a manifestar nuestra condición divina y creadora.

El pasado fue nuestro anterior presente y el futuro, es un presente potencial. Todo es realmente presente. Desde el presente nos liberamos del pasado y construimos una realidad a nuestra semejanza.

¡Ojalá esa semejanza, sea la viva imagen que la de nuestro Creador!


Ejemplo-Guía: "El instante santo"


Un poco de ficción, muy cercano a la ilusión que llamamos "realidad":

"M", suele publicar, diariamente, en las redes sociales, artículos que hablan de los nuevos paradigmas. Sus mensajes, tiene un claro contenido espiritual y abogan por la liberación y la salvación. Sus escritos, cuentan con muchos seguidores y al grupo que administra, se adhieren, cada día, un número considerable de simpatizantes, los cuales se sienten identificados con los mensajes publicados.
Cierto día, "M" recibió la visita de dos agentes de la policía, que se identificaron como agentes de la CNI (Centro Nacional de Inteligencia). El motivo de aquella visita, respondía a que "M" era sospechoso de ser un activista a favor del terrorismo conocido como "La liberación" y que sus escritos tenían como objetivo, ganar adeptos a la causa terrorista.
"M" no daba crédito a las acusaciones realizadas por aquellos agentes y les pidió que le diesen una prueba que justificase su acusación.
Los agentes, sin titubear un segundo, le preguntaron: ¿Cómo explicas lo del "instante santo"? ¿Acaso, no es un mensaje en clave para determinar el día en el que tendrá lugar el atentado criminal?
"M", los miró y reconoció en ellos, dos almas sedientas de amor y cegadas por las sutiles argucias del miedo:
El "instantes santo", pensáis que es un acto beligerante, un acto para acabar con las vidas de almas inocentes. No, el "instante santo", no es un día que podamos fijar en el calendario, el "instante santo" es este mismo presente, este ahora, en el que libremente, elijo ver el Amor, en vez del odio; en el que elijo ver el Amor, en vez del miedo; en el que elijo perdonar, para establecer el único vínculo de liberación entre nosotros. Ese es el "instante santo"


No me preguntéis, el por qué he elegido esta introducción para abordar este tema. Lo único que os puedo decir, es que es la información que me ha llegado para abordarlo.

Creo, que todos nosotros nos enfrentamos, a diario, a situaciones en las que se nos invita a dar una respuesta. Es inevitable que sea así, pues estamos relacionándonos con nosotros mismos, a través del mundo externo, que hemos elegido, de forma especial, para que sean nuestros espejos.

Podemos pensar que la respuesta debe ser acorde con el dimensionamiento de la vivencia que estamos experimentando, pero no es así. En verdad, tan sólo hay una respuesta, porque en realidad, tan solo hay una pregunta: ¿A quién vamos a servir? A Dios o al ego.

Las respuestas del ego, nos sonarán, pues las estamos utilizando permanentemente. Los resultados de dichas respuestas, hablan por sí solas. No es que tengamos que quebrarnos el cerebro para comprender que no nos llevan al objetivo que perseguimos: la paz. Esto es así, porque todas las respuestas del ego, tienen la misma causa, el miedo. ¿Cómo vamos a encontrar paz en el miedo?

Pero cuando decidimos servir a la verdad, entonces, la respuesta tan sólo puede ser una: "donde había miedo, donde había odio, pongo amor, pongo paz".

¿Lo has probado en alguna ocasión? Cuando lo hagas, tomarás consciencia de que el tiempo deja de tener sentido, desaparece, pues ya no tiene ninguna funcionalidad. Ya no necesitamos el tiempo para aprender, hemos decidido atajar por la senda directa y eliminar todos los obstáculos que nos impedían ver el Amor.

"El instante santo es este mismo instante y cada instante. El que deseas que sea santo, lo es. El que no deseas que lo sea, lo desperdicias. En tus manos está decidir qué instante ha de ser santo. No demores esta decisión, pues más allá del pasado y del futuro, donde no podrías encontrar el instante santo, éste espera ansiosamente tu aceptación. Sin embargo, no puedes tener una conciencia feliz de él mientras no lo desees, pues encierra dentro de sí la liberación total de la pequeñez. (UCDM)"

martes, 1 de noviembre de 2016

Cuento para Escorpio: "El Secreto del Amor - Final"


Fue un suave silbido, el que en un principio llamó la atención de la joven Virginia. No alcanzaba a comprender lo que estaba ocurriendo. Pero aquella inquietud se desvanecería rápidamente pues, ante sus ojos aparecieron dos gigantescas serpientes. Una totalmente negra, que se deslizaba torpemente en el camino de la izquierda. La otra, mayor aún y de colores brillantes y vivos, se acercaba por el sendero de la derecha. 
En poco tiempo ambas serpientes llegaron hasta el lugar donde se encontraba la valerosa Joven, y fue la serpiente negra la que puso fin a aquel frío silencio.
  • Seas bienvenida, joven princesa, dime ¿tienes miedo?
  • ¿Por qué debo tener miedo?, ¿acaso he violado alguna de las leyes de la naturaleza. ¿No he respetado la ley de los Cuatro Ciclos o tal vez no he contemplado las normas de Binah? No tengo nada que temer -le contestó la Joven Virginia-. 
Sin duda, conocía muy bien que el miedo nacía de la propia inseguridad y de la ignorancia del Hombre. Cuando no deseamos cumplir nuestras obligaciones, dejamos en la sombra parte de nuestros deberes con la vida, y será la voz de esos trabajos pendientes los que alimentarán nuestro miedo.

Virginia había vencido a la tentación del miedo y ahora podía enfrentarse cara a cara con él.
  • ¡Ja, Ja, Ja…!, veo que en verdad haces honor a tu fama –le replicó la serpiente negra, mientras reía-.
  • ¿A qué fama os referís? -preguntó con cierta ansiedad la joven-.
  • ¿A qué fama os referís…? -vociferó remedando la serpiente, un poco contrariada-. ¿Acaso piensas que en la Morada Secreta del Vav puede entrar cualquiera?  Tú has sido elegida por los Doce Sabios Solares para que lleves a cabo una importante misión. ¡Pero bueno!, ¿es que vas a permanecer todo el tiempo en silencio? - le dijo a su compañera, la serpiente reluciente-. Vamos cuéntale a esta hermosa joven en qué consiste su trabajo.
  • Está bien, está bien, pero no grites tanto -le respondió con melodiosa voz aquella otra serpiente, que a pesar de tener cuerpo de reptil, su cabeza resplandeciente como un Sol, la asemejaba a una hermosa flor-.
  • Es verdad lo que te ha contado mi compañera… Has sido elegida entre los habitantes de tu pueblo para que pongas fin a la crueldad del malvado Mun. Tan sólo tú podrás hacerlo.
  • Pero... ¿cómo podré vencer a tan poderoso mago? Su poder es inmenso y yo no tengo armas para vencerlo.
  • Es cierto, y dices bien cuando refiriéndote a su poder lo valoras como inmenso. Él recibió ese poder de nosotros, pero se engañó a si mismo, cuando pensó que podía ser el único dueño. No te resultará fácil vencerlo, ni nosotros sabríamos decirte cómo debes hacerlo, tan sólo tú sabrás conseguirlo en su momento.
  • Pero quizás -interrumpió la serpiente negra no llegues ni a intentarlo pues, para hacerlo deberás superar una prueba, una prueba que otros intentaron y que muy pocos consiguieron vencer con éxito.
  • Dime, ¿de que prueba se trata? -le preguntó desafiante la joven Virginia a la serpiente del sendero de la izquierda-.
  • Deberás decidir, ¿cuál de estos dos caminos tendrás que tomar, el de la izquierda o el de la derecha?, pero cuidado, pues si tomas uno y no el otro, te perderás, y ya jamás nadie te encontrará. Cuando tengas la solución, llámanos. Ahora déjanos descansar, el mundo necesita de nuestro canto…, necesita de nuestro calor. 
Tres dlas transcurrieron y la confusión seguía acompañando a la hermosa joven. No alcanzaba a ver qué sendero tomar, para evitar perderse. Si tomaba el de la izquierda y no el de la derecha, se perdería y si actuaba de modo inverso, tomando el de la derecha y no el de la izquierda, igualmente se perdería. La única solución -­pensó-, era unirlos a los dos, pero, ¿cómo hacerlo?

Intentó buscar otras entradas, pero todo fue inútil. Comenzaba a desesperar, y entristeció al pensar que la suerte de su pueblo estaba en sus manos y ella no sabía cómo salir airosa de aquella prueba. Recordó cómo su padre en aquellas ocasiones de turbulencia y confusión la aconsejaba ya, desde muy pequeña, levantar el rostro y mirar hacia el cielo donde reinaba el Gran Sol. Siempre le decía, que la generosidad del Sol era tan grande que en respuesta a la cortesia de dirigirle nuestra mirada, Él nos concedía siempre nuestros deseos.

Pensaba la joven Virginia, sino sería un cuento de tantos como le narraba su padre, pero se dijo que no perdería nada intentándolo.
Suavemente, sin ninguna prisa, Virginia elevó su rostro a pesar de que sabía que le sería imposible poder ver el cielo.

Casi quedó de piedra al contemplar aquella extraña visión. Allí estaba, ¿cómo no se había dado cuenta antes? Era tan fácil que ni tan siquiera pudo verlo. Jamás se lo hubiese imaginado.

Pletórica de entusiasmo, se dirigió con rapidez a comunicar su visión a las serpientes, y así lo hizo.
  • Despertad, os lo ruego. He encontrado la solución a vuestra prueba.
  • ¡Ah sí! Espero que así sea…, pues has interrumpido mis horas de sueño -le decía burlo namemte la serpiente negra-. ¡Vamos y dinos!, ¿qué camino tomarás para no perderte jamás, el de la izquierda o el de la derecha?
  • Ninguno de los dos caminos he de tomar, sino que construiré un nuevo sendero, en el que ambos caminos puedan estar…
  • Y… ¿cómo lo harás…? -le interrogó la serpiente reluciente-.
  • Muy fácil, ya lo veréis, pues es con vuestra ayuda que lo conseguiré.
  • ¿Con nuestra ayuda, dices? -preguntó asombrada la serpiente negra-.
  • Así es. Ya no os arrastraréis más, sino que debéis erguir vuestros cuerpos y dirigiros hacia el cielo. Si así lo hacéis, vuestros cuerpos se cruzarán y vuestros caminos se encontrarán. Allí, donde esto ocurra, se establecerá un nuevo sendero al que llamaremos el sendero del centro. 
Y las dos serpientes al unísono, siguiendo sus consejos al pie de la letra, se elevaron y dirigieron sus pasos hacia el cielo y cuando así lo hicieron, sus cuerpos se cruzaron y sus caminos se encontraron dejando abierta una nueva ruta. Cuando llegaron al final de ésta, la serpiente negra seguía dominando el sendero de la izquierda y la serpiente reluciente gobernaba el sendero de la derecha, pero en el centro se había creado un nuevo trono, que iluminaba con luz propia todos los senderos. De aquel trono surgió una Estrella, una Estrella de cinco puntas, la cual le fue obsequiada a la joven Virginia como recompensa de sus esfuerzos.

Aquella Estrella le daría el poder necesario para vencer al poderoso Mun, el mago negro.

Fueron aquellos gritos los que hicieron retornar la conciencia a aquellos cuerpos abandonados al reconfortador descanso.

Sin duda había una razón muy importante para que aquel feliz hombre gritase de aquella manera. La bruma de la noche que parecía eterna, había desaparecido.
Había dejado de llover y en el cielo, lucía un Sol pletórico de fuerza y poder.

No pudieron evitar, que sus ojos al abrirse a aquel nuevo día, se sintieran heridos. Habían pasado tres largos días sumergidos en la penumbra y ahora debían adaptarse de nuevo a la luz.

Todos agradecían al cielo aquellos momentos y cuando el júbilo se fue adormeciendo, muchos se preguntaron qué había podido suceder para que aquel cambio se hubiera producido.

La joven Virginia se dio cuenta de aquel desconcierto y quiso poner fin a toda confusión, explicándoles el sueño que había tenido, y al mostrarles cómo de su cuello luciía una estrella de cinco puntas dotada de un poderoso poder, todos creyeron en ella.
  • Ahora podrás vencer al malvado Mun -le dijo una voz entre la multitud-, podrás devolvernos nuestra libertad! 
Pero la expresión del rostro de la joven Virginia no parecía compartir aquella eufórica alegría. En lo más profundo de su alma, había descubierto un sentimiento muy especial por aquel desdichado ser que tanto daño le había causado a todos.

Por su mente se sucedieron unos a otros, los recuerdos de las escenas de dolor propiciado por el mago Mun, y todo –pensó-, por un desdichado amor.

Las voces, de nuevo, la hicieron volver a la triste realidad, comprobando que dificilmente podría rehuir la misión que se le había encomendado, vencer al terrible Mun.

Había llegado la hora de hacer frente al poder del mago… No podía demorar por más tiempo la prueba, y menos aún ahora que Mun sabía de su poder y ansiaba demostrar a todo el mundo, una vez más, que él era el más poderoso de cuantos seres habitaban en la tierra.

La joven y valiente Virginia se preguntaba ¿cómo podría vencer la maldad de Mun, sin enfrentarse a él, con una nueva maldad.

Virginia sabía que la violencla generaba violencia y por ello decidió encontrar otro modo de solucionar aquella situación.

Fue entonces, cuando hizo un pacto con el Sol. Le rogó que le ayudase a detener la crueldad del mal, y para conseguirlo debía, por una sola vez, destronar a la oscuridad. El Sol accedió con la condición de que en adelante se restableciese para siempre el equilibrio en la Naturaleza y se respetasen sus ciclos.
Y así seria, pues en aquel día, el Sol luciría permanentemente y a pesar de los muchos intentos que llevó a cabo el mago Mun, no conseguiría que la penumbra ocupara su puesto.
  • No importa, no le temo a la Luz, pues mi victoria será mayor venciendo en tu propio terreno -exclamaba con tono triunfante el cruel Mun-. 
La verdad no era esa y bien lo sabía el terrible Mago. Su poder se alimentaba de las tinieblas y en la Luz se desvanecía parte de su fuerza.

Pero la vanidad no le permitía sentirse derrotado y prefirió enfrentarse y retar a la Joven Virginia.
  • Vamos, niña valiente, ¿dónde está tu valor y tu poder? ¿Rehusas mi invitación? Estoy seguro que te venceré, te aplastaré como a una minúscula hormiga y después te arrojaré a las alimañas para que le sirvas de alimento. ¡Ja, Ja, Ja…! -reia con rabia el malvado mago-. 
Todos en el pueblo esperaban que, de un momento a otro, la batalla diera comienzo. Todas las miradas se posaban sobre la joven que una vez más sintió la necesidad de huir de todo aquello, pero la responsabilidad era tan grande, que decidió definitivamente ir al encuentro del mago Mun.
No tardó en llegar al lugar convenido para la lucha. Se sentía observada, pero no sintió miedo. Su corazón estaba angustiado y apenado porque no había logrado rehuir aquel enfrentamiento.

De repente el paisaje empezó a transfigurarse y de un modo inexplicable, se encontró en el interior de una mansión, donde todo era de oro y piedras preciosas. En la habitación donde se encontraba la joven, todas las paredes eran de espejos y en cada uno de ellos su hermosura se multiplicaba, hasta el punto que la seducía y halagaba tantos encantos.

Todo era un ensueño, un ensueño maravilloso. A veces la joven Virginia había soñado con poseer toda aquella riqueza y ahora tenía la ocasión de gozar de ellas. ¡Qué feliz se sentía, era toda una reina entre tanto esplendor!
Hermosas y jóvenes doncellas la servían y la obsequiaban con maravillosos y fantásticos vestidos. Todo estaba a su disposición, todo cuanto deseaba le era concedido. Debía encontrarse en el cielo, pensó la joven, pero cuando más entusiasmada se encontraba, sintió como algo hería su pecho. Un fuego intenso salía de él. De pronto y de un modo brusco gritó con desesperación. Comprendió que había sido víctima de una alucinación, de un engaño provocado por el poder del malvado Mun, que había penetrado en su inconsciente y desde él, proyectaba los deseos ocultos de su ser.
Tomando entre sus manos la Estrella que colgaba en su pecho, deseó intensamente salir de aquel hechizo. Y así fue. Del mismo modo que llegó hasta aquel lugar, desapereció de él. Pero un nuevo peligro le hacia frente. Allí estaba ante ella, una arrogante figura de expresión fría y desafiante, con el rostro desfigurado por la maldad. Era Mun, el poderoso mago, que con su mirada, pretendía hipnotizar a su rival.
Pero fue en vano. Los ojos profundos y la mirada limpia y humilde de Virginia, puso fin a cualquier intento de poder del mago.
  • Al fin nos encontramos. Eres hermosa de veras. Hoy es un día de suerte para mi, al fin he encontrado a alguien con valor que esté dispuesto a enfrentarse a  mi poder.
  • Te equivocas, poderoso Mun. No he venido a enfrentarme a tu poder, con ello tan sólo conseguiría generar daño y dolor. He venidoa rogarte que no siembres más el terror entre mi pueblo, que dejes en libertad a las doncellas que tienes en tu poder.
  • No sigas, inmundo reptil. Tú eres escoria, y todo tu pueblo será basura, nada más que basura, cuando acabe con él - vociferó muy enfadado el mago Mun-.
  • Hubo un tiempo en el que tú formaste parte de mi pueblo, ¿dónde está aquel joven apuesto que un día fue amado y deseado?
  • Cállate, cállate de una vez. Aquel joven murió. Lo matasteis vosotros. Tu pueblo lo mató, al igual que mató a la única persona que me amó de verdad –el rostro de Mun se había entristecido y expresaba un profundo sufrimiento-.
  • El amor es una fuerza eterna y siempre que queramos podemos acceder a ella. Ese joven pudo encontrar a alguien que compartiera de nuevo su amor con él -le dijo la valiente joven, con la intención de despertar la parte buena de aquel corazón afligido-.
  • No, jamás nadie podrá ocupar aquel vacío que un maldito día dejara en mi corazón. Ahora todo en mí es odio y podrás comprobar que el odio no muere.
  • Te equivocas de nuevo.
  • ¡Cállate! He dicho que te calles -el mago no pudo ccmtener su furia y se apodero de la joven Virginia-.

En aquel forcejeo, el Cáliz del Poder, forjado por Mun, cayó al suelo y en ese justo instante los ojos entristecidos de la joven Virginia se elevaron una vez más al cielo. No pudo evitar que las lágrimas descendieran por su rostro, deslizándose hasta caer en el Cáliz del Poder.

La joven comprendía que amaba a aquel cruel ser. Hasta ese momento no supo interpretar con claridad sus sentimientos y en esos momentos críticos, cuando su vida apenas tenía valor, todo tomó sentido.
  • Ja, Ja, Ja…-reía embriagado por el sabor de la victoria, el mago Mun. ¿Dónde está tu poder? Yo te enseñaré el mío.
Diciendo estas palabras no se percató de que el Cáliz contenía las lágrimas de la bella joven. Vertiendo un brevaje mágico en el Cáliz, el malvado mago bebió su contenido de un sólo sorbo, y entonces, de su garganta pareció salir fuego, sus ojos amenazaban con salir de sus órbitas y todo su cuerpo se estremeció, sin que tuviera control sobre él.

Mientras todo aquello sucedia, la humillada joven permanecía paralizada sin comprender qué sucedia. Al cabo de unos minutos aquel cuerpo dejó de convulsionar. De su garganta ya no salia fuego y sus ojos se encontraban apagados. Todo parecía indicar que aquel poderoso mago había muerto.

Así lo temió la joven Virginia, quien conmovida por su recién descubierto amor, se acercó hasta aquel cuerpo vencido por su propio odio. Lloró, lloró desolada al comprobar los resultados generados por tanta maldad. Lloró porque sintió el dolor que debió sentir aquel desdichado ser, al perder a la persona amada.

Acariciando el rostro entre sus manos, la valerosa joven acercó sus labios hasta posarlos en los labios de aquel infeliz. Y sucedió, sucedió el milagro tan deseado. Fue una sensación viva, intensa. Una sensación nueva. Una sensación de inmensa felicidad. Ahora lloraba de nuevo, pero en esta ocasión no era de dolor, ni de tristeza, era de felicidad.

Aquel rostro que antes expresaba odio y maldad, ahora se le antojaba angelical. Aquellos ojos inyectados en sangre por la maldad, ahora expresaban bondad.

No estaba muerto. Al principio se resistía a creerlo, pero allí estaba, vivía, no podía negarlo, y ahora sí era aquel joven apuesto, al que un día, todos tuvieron ocasión de amar.

No necesitaban expresar con palabras aquel sentimiento que cautivaba sus corazones. Cuantos testigos asistieron a aquel extraño suceso no olvidarían jamás aquel feliz momento.
Fundidos en un deseado abrazo, el mago Mun y la joven Virginia, parecían formar un sólo cuerpo. De sus corazones surgió una intensa luz que fue a proyectarse en el cielo, dibujando en el éter celeste, las imágenes de dos serpientes enroscadas en un mismo centro, donde coronaba una Estrella de infinito Poder, el Poder Eterno.

Y aquella visión fue interpretada como el anuncio del esplendor que debería reinar en los tiempos venideros. 

Una vez más y felizmente, el Amor supo fundir en su seno el poder negativo del odio, y es que, el único modo de vencer al mal no es combatiéndolo, sino dejando que agote su poderío, y cuando así lo haya hecho, derramar sobre él nuestro perdón, para dejarle un vivo ejemplo.



FIN