sábado, 14 de enero de 2017

Principio 7: Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.

PRINCIPIO 7

Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.


La afirmación de este Principio, viene a confirmar cuál es nuestra verdadera identidad.

Cuando se hace referencia a los milagros, no se está refiriendo a la magia con la que se encuentra identificado el ego y con la que ha fabricado todo un repertorio de hechos ilusorios con los que trata de hacer frente al mundo demente en el que sueña estar.

Es necesario tener claro que cuando el Curso hace alusión al milagro establece su procedencia en la condición divina de la que somos portadores. Ser Hijo de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza, nos convierte en legítimo herederos de Sus Atributos y de su Condición. El milagro forma parte de esa Condición y esa es la razón por la que tenemos derecho a él.

En cambio, no podemos llamar milagro, a las prácticas mágicas utilizadas por el ego, pues, mientras que el milagro corrige la causa, el error mental, la magia trata de corregir los efectos, el cuerpo o la forma. Pero, como ya sabemos, el objetivo que persigue el ego de corregir el efecto, el cuerpo o la forma, no es real, pues el cuerpo no existe. Tan sólo existe la mente, y lo  que hay que corregir es la falsa identificación de la mente con el cuerpo, con la separación.

Como bien expresa Kenneth Wapnick, “un milagro no es abrir el Mar Rojo o caminar sobre el agua; el milagro es cambiar de la percepción del ego a la percepción del Espíritu Santo”.

El derecho a los milagros quedó establecido en la creación del Hijo de Dios y está garantizado por las leyes del Padre. Con esto queremos decir, que el milagro es un derecho de todos y no de unos cuantos. Muchas religiones restringen este “derecho” a unos cuantos, a los que eleva a la condición de santos. La única condición que debemos “recordar” es nuestra propia legitimidad espiritual y ponernos al servicio del Espíritu Santo o de Jesús.

Establece este Principio que para dar expresión al milagro tenemos previamente que realizar una purificación. Este mensaje no va dirigido al cuerpo. Ya hemos dicho que no es real. La purificación que debemos llevar a cabo es a nivel de la mente. Debemos purificar nuestros pensamientos, los que mantienen la creencia en el pecado, en la culpa, en la separación. Realmente, la purificación debe ser entendida como una rectificación que debe ser dirigida a la mente, de donde emana toda causa. 
“El milagro no hace nada. 2Lo único que hace es deshacer. 3Y de este modo, cancela la interferencia a lo que se ha hecho. 4No añade nada, sino que simplemente elimina. 5lo que elimina hace mucho que desapareció, pero puesto que se conserva en la memo­ria, sus efectos parecen estar teniendo lugar ahora. 6Hace mucho que este mundo desapareció. 7Los pensamientos que lo origina­ron ya no se encuentran en la mente que los concibió y los amó por un breve lapso de tiempo. 8El milagro no hace sino mostrar que el pasado ya pasó, y que lo que realmente ya pasó no puede tener efectos. 9Recordar la causa de algo tan sólo puede dar lugar a ilusiones de su presencia, pero no puede producir efectos”. (T.C28.1:1-9) 
Si la mente se identifica con lo que percibe, alimentará la creencia en el tiempo, dando valor al pasado, lo que justificará la ley de causa y efecto. La presencia del milagro en nuestra mente, nos librará de esos grilletes que nos mantienen prisionero de la ley del tiempo y que nos hace sentir culpable por nuestras acciones pasadas. El recuerdo del “pecado” es el error original que ha dado lugar al resto de los errores.

viernes, 13 de enero de 2017

Principio 6: Los milagros son naturales. Cuando no ocurren, es que algo anda mal.

PRINCIPIO 6

Los milagros son naturales. Cuando no ocurren, es que algo anda mal.


Cuando hemos analizado el Principio 5, advertíamos una de las condiciones del milagro, veíamos que el milagro debe ser un hábito y debe realizarse involuntariamente. Advertíamos, igualmente, que no deben ser controlados conscientemente, pues al estar nuestra conciencia identificada con el ego –error-, lo utilizaríamos para dar continuidad a la ilusión, a lo irreal.

El Principio 6, nos introduce una condición en la línea ya trazada, los milagros son naturales. Con ello, está ahondando en la idea de su procedencia, en su cualidad divina: el milagro significa vida y Dios es el dador de la vida. El milagro encuentra su Fuente en el Amor y Dios es Quien dispensa ese Amor a través de su creación: el Hijo de Dios.

Lo natural simboliza la cualidad esencial y característica de la cual proviene. Podemos decir, que los milagros son naturales pues su Fuente es el Amor y el Amor procede de Dios.

El ego o pensamiento de separación, no puede realizar el milagro pues no encuentra su “causa” en Dios. Es más, la manifestación del milagro, al corregir ese error primigenio, el error de creernos separados de Dios, pone fin a su ilusión y por lo tanto pone fin a su ficticia existencia.

Para realizar un milagro, debemos previamente recibirlo, y con ello debemos entender, que debemos “recordar” nuestra condición natural, nuestra condición divina, nuestro linaje espiritual. Aún permaneciendo en el sueño, debemos desear los beneficios del milagro, pues como ya hemos dicho en otra ocasión, tenemos derecho a él. Desde el sueño, en el que permanecemos dormidos, no sabemos qué es lo que tenemos que hacer para dar expresión al milagro, pero sí podemos pedir a la Voz que habla por Dios, al Espíritu Santo, que nos permita despertar dentro del sueño, que nos permita abrir los ojos y comprobar que ya no vivimos una pesadilla, que podemos dirigir la fuerza de nuestra mente y elegir cómo interpretar las escenas que forman parte de nuestro sueño; podemos elegir tener sueños felices.

Ese despertar, nos llevará a recordar lo que somos realmente y ese será el milagro que el Espíritu Santo nos ofrece para que lo compartamos con el mundo. En la acción de dar, en la medida en que extendemos nuestra condición natural y amorosa, nos permitirá retener  esa condición, la cual crecerá abundantemente, al recibir el fértil riego de las aguas de nuestro amor y el cálido sol de nuestra consciencia.

Cuando en nuestro sueño, observamos que nos encontramos experimentando pesadillas, cuando nos sentimos víctimas del dolor, del castigo, del miedo, de la tristeza, de la enfermedad, de la muerte, de las pérdidas y de la escasez, entonces es que las cosas no van bien, es decir, estamos dejando que nuestro ego reparta sus cartas y nos mantenga atrapado en el juego de la ilusión. En ese juego, el milagro no puede manifestarse, pues no puede utilizarse su fuente para engalanar una personalidad que se cree enemigo del Creador.

Podemos pensar que estamos despiertos dentro del sueño. Hemos recibido la llamada del Espíritu Santo en nuestra mente y nos ha llevado a ver que hemos alimentado el error de creer que estamos separados. Un peligro acecha al soñador en este punto del camino, el deseo de ser especial. Sí, acaba de descubrir que el ser un obrador de milagros se hace sentir bien. Es quizás lo que añoraba dentro del sueño, incluso, se siente feliz, pues ahora podrá ser un benefactor para los demás, salvar sus vidas, guiar sus caminos, curar sus enfermedades. En este punto, puede olvidar que sigue soñando, y sin embargo, su estado de iluminación le lleve a pensar que no lo está.

A pesar de ese estado “ilusorio” de elevación, el soñador iluminado no se ha percatado de que sigue viendo el conflicto, el dolor, la escasez, la enfermedad, el cuerpo, y con ello, lo está haciendo real. Identificarse con estos guiones del sueño, nos está indicando que “algo anda mal” y cuando intentemos realizar los milagros veremos que no se ven realizados, es decir, vemos que nuestro deseo de aliviar el dolor del otro no ha surtido efecto. Lo que estamos haciendo es olvidando que esa situación no es real, pero la estamos haciendo real.

Estamos aquí, únicamente, para ser útiles… debemos entender ese sentido de la utilidad, como el deseo de hacer la Voluntad del Padre. Pongamos en manos del que habla por su Voz todos nuestros asuntos y dejemos que Él, guie nuestros pasos allí donde debamos extender nuestro Amor, es decir, hacer real el milagro.

miércoles, 11 de enero de 2017

Principio 5: Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios.

PRINCIPIO 5

Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. No deben controlarse conscientemente. Los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento.


“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”



He elegido esta frase a título de introducción, pues me permite desarrollar un aspecto de este quinto Principio que considero importante reflejar. Me estoy refiriendo al término “hábito”.
En la cadena de acciones desde el inicio, con un pensamiento, hasta el destino, observamos que el hábito adquiere protagonismo cuando hemos desarrollado una acción, es decir, hemos llevado el pensamiento a la práctica y la repetición de dicha acción nos lleva a adquirir la habilidad o cualidad adquirida, de tal modo que forma parte de nuestros hábitos cotidianos.

Alcanzado este punto, podríamos hablar de que el hábito se convierte en carácter, esto es, forma parte de nuestra condición. Aplicar esta reflexión en el contexto que nos enseña Un Curso de Milagros, nos lleva a afirmar, que el hábito, al igual que el carácter forman parte de la ilusión del mundo físico, que como sabemos es una creación del ego y no es real.

Cuando este Principio recoge que “los milagros son hábitos”, realmente lo que nos está enseñando es que forma parte de nuestra condición, es decir, de nuestra realidad espiritual. El milagro es amor y nosotros somos Hijos del Amor.

En la Lección 77 del libro de ejercicios, se nos dice que tenemos derecho a los milagros:

1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. 2Recibirás milagros debido a lo que Dios es. 3ofrecerás milagros debido a que eres uno con Dios. 4Una vez más, ¡cuán simple es la salva­ción! 5Es sencillamente una afirmación de tu verdadera Identi­dad…
2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. 2No depende de ningún poder mágico que te hayas adscrito ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. 3Es inherente a la verdad de lo que eres. 4Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. 5Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las leyes de Dios.

Pero nuestra conciencia actual nos mantiene identificado con una realidad que no somos. Estamos dando vida a un sueño  del que ni siquiera somos conscientes de que estamos soñando. Vivimos en el mundo de la ilusión fabricado por nuestra mente. Desde esta percepción, desde esta perspectiva errónea, se hace necesario que encontremos un puente que nos permita cruzar la distancia que separa lo ilusorio de lo verdadero.
Para realizar esa travesía, añorada por el alma, Dios ha expandido una parte de Sí Mismo y le ha permitido formar parte de nuestro sueño. El Espíritu Santo es el mediador entre las ilusiones y la verdad. El objetivo de las enseñanzas del Espíritu Santo es precisamente acabar con los sueños.

Podemos decir que el Espíritu Santo es la Fuente de donde emana el milagro dentro de nuestro sueño. A este respecto, la Lección 106, nos describe lo siguiente:

“El Portador de todos los milagros necesita que tú los recibas primero, para que así te conviertas en el feliz dador de lo que has recibido”.

De esta manera, recibiéndolo, recordaremos dentro del sueño lo que verdaderamente somos, por lo que podemos decir, que el principal objetivo del milagro es favorecer nuestro despertar y hacernos conscientes de que estamos soñando.

Cuando este despertar se produzca, es señal de que estamos preparados para dar los milagros que hemos recibido, aunque sería más correcto decir, que estamos preparados para compartir el milagro que siempre hemos sido, pero que habíamos olvidado.

Este instante, es verdaderamente un instante santo. Cuando hacemos consciente el milagro en nuestra vida, se produce la visión de Cristo. La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. (L-pI.l159.5)

Tal vez hayamos visto ese puente que nos ha de permitir cruzar a la otra orilla, donde lo ilusorio adquiere una identidad real. Tal vez, en ese camino, decidamos hacer uso del milagro y nos dispongamos a compartirlo con los demás. Es frecuente, que en dicha travesía, decidamos resolver los problemas que percibimos desde la perspectiva del ego, esta es, identificándonos con ellos, es decir, queriendo cambiar los efectos, las formas, la vida de los demás. Identificándonos con su dolor, sus penalidades e injusticias. Con ello, lo único que estamos haciendo real es el error y la ilusión, pues no podemos olvidar, que el mundo que percibimos no es real.

La causa del error está en la mente y es en ese nivel donde debemos rectificar.  Pero si nos encontramos identificados con el mundo fabricado por ese error, ¿cómo podremos rectificar? La respuesta es una: no podremos por nosotros mismos. Tenemos que entregar en manos del Espíritu Santo la situación en sí. El conoce la Voluntad de nuestro Padre y conoce la magnitud de nuestros errores.

Cuando este Principio nos enseña que el milagro debe ser un acto involuntario, es esto lo que quiere decir. Debemos dejar de participar en la búsqueda de la solución de aquello que hemos identificado como un problema y pedir al Espíritu Santo, que sea Él, el que nos guíe hasta la solución.

Sobre este particular, Kenneth Wapnick  en su obra “Los 50 principios del milagro” nos dice:

Lo que dice este principio es que no debemos confiar en nuestras propias percepciones y, por lo tanto, no debemos escoger cómo tenemos que reaccionar a lo que percibimos. Eso es lo que quiere decir "los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento". Aquí se usa la palabra "milagro" en el sentido popular de los milagros como cosas que nosotros hacemos. Dice, repito, que no debemos ser nosotros los que escojamos lo que hacemos. Podemos estar frente a alguien que esté sufriendo, y podríamos apresurarnos a hacer algo para sanar o aliviar el sufrimiento de la persona, y eso finalmente puede no ser la acción más amorosa que podamos realizar. Esto podría surgir de la lástima; podría proceder de la culpa; podría proceder de nuestro sufrimiento; podría no emanar del amor. Y así lo que Jesús nos dice aquí es: "No elijan conscientemente lo que será el acto de amor. Déjenme hacerlo por ustedes." Este es un punto muy claro, y muy importante. Una tentación en la que pueden caer muchas personas que trabajan con el Curso, así como personas que están en otros caminos espirituales, es convertirse en benefactores espirituales. Por ejemplo, usted va a traer paz al mundo; usted le va a mostrar la verdad a la gente; usted va a ayudar a mitigar el sufrimiento, etc. Todo lo que hace realmente es hacer el sufrimiento real porque lo está percibiendo afuera. Tampoco se percata de que si lo ve afuera, tiene que ser únicamente porque lo ve dentro de sí mismo. Si usted percibe el dolor en otra persona, y se identifica con el dolor, sólo puede ser porque lo ve en usted mismo. Podría ser un ejemplo de reacción-formación: Siento que soy terrible y, por lo tanto, psicológicamente me defiendo de mi culpa tratando de ayudar a todos los demás, tratando de expiar mi pecado después de haberlo hecho real.

Esto no significa que usted niegue lo que ve. Si alguien se ha roto un brazo y grita de dolor, no quiere decir que usted niegue que esa persona siente dolor y que le vuelva la espalda. Lo que sí significa es que usted cambie su manera de mirar ese dolor. Usted se percata de que el verdadero dolor no procede del cuerpo; el verdadero dolor surge de la creencia en la separación que está en la mente. Si verdaderamente quiere ser un instrumento de curación, usted se une con esa persona, lo cual quiere decir, quizás, que usted se apresure a llevarla al hospital. Pero lo que realmente hace a través de la forma de su conducta es unirse con esa persona, y darse cuenta de que usted está sanando tanto como ella.

El asunto aquí es que esta no es una decisión que debemos hacer por nuestra cuenta. Muchas veces cuando tratamos de ayudar, realmente hacemos otra cosa, que a menudo es una extensión de nuestra propia culpa. La lástima no es una respuesta amorosa, la conmiseración no es una respuesta amorosa. Lo ve a usted distinto a la otra persona. En el Capítulo 16, el Curso establece una distinción entre la falsa y la verdadera empatía (T-16.I). La falsa empatía es identificarse o empatizar con el cuerpo de la otra persona -bien sea que hablemos del cuerpo físico o del cuerpo psicológico- lo cual significa que usted hace débil a esa persona al hacer el cuerpo real. La verdadera empatía es identificarse con la fortaleza de Cristo en la persona, al percatarse de que el pedido de ayuda de esa persona es el suyo y, por lo tanto, ambos están unidos más allá del cuerpo”.

lunes, 9 de enero de 2017

Principio 4: Todos los milagros significan vida, y Dios es el Dador de la vida.

PRINCIPIO 4

Todos los milagros significan vida, y Dios es el Dador de la vida. Su Voz te guiará muy concretamente. Se te dirá todo lo que necesites saber.


La afirmación “Todos los milagros significan vida”, establece una relación directa entre el milagro y la vida. Pero, me pregunto si lo que llamamos vida desde la visión del ego, significa lo mismo desde el punto de vista del Espíritu. Creo, que el término vida desde el punto de vista del ego, es una ilusión. Entonces, ¿qué es la vida?

La Lección 54 del libro de ejercicios, es una Lección de repaso y en el concepto, “No veo cosas neutras”, nos refiere lo siguiente:

2Lo que veo da testimonio de lo que pienso. 3Si no pensase no existiría, ya que la vida es pensamiento. 4Permítaseme mirar al mundo que veo como la representación de mi propio estado de ánimo. 5Sé que éste puede cambiar. 6sé asimismo que el mundo que veo puede cambiar también.

La vida es pensamiento, luego el milagro, con relación a esta idea, es el pensamiento correcto, libre de todo error. En la medida que miremos al mundo desde un estado de ánimo inspirado por el amor, el mundo que percibo puede cambiar. El milagro tiene ese efecto sobre la vida, des-hace el error, que se identifica con la culpa, el castigo, la enfermedad, la muerte, para llevarnos a la visión de la inocencia, de la impecabilidad, de la curación, de la vida.

En la Lección 45, se nos enseña que Dios es la Mente con la que pienso. En el desarrollo de dicha Lección se recoge que “No existe ninguna relación entre lo que es real y lo que tú piensas que es real. 4Ni uno solo de los que según tú son tus pensamientos reales se parece en modo alguno a tus pensamientos reales. 5Nada de lo que piensas que ves guarda semejanza alguna con lo que la visión te mostrará”. Ello quiere decir, que cuando ponemos nuestra mente al servicio del ego, nuestros pensamientos se identifican con el error, fabricando un mundo ilusorio. Es esa interpretación errónea la que corrige el milagro.

Podemos seguir profundizando en el significado de la vida, y en la Lección 151, se indica: “2Tu vida tiene lugar más allá del cuerpo y del mundo, más allá de todos los testigos de lo profano, dentro de lo Santo, y es tan santa como Ello Mismo. 3En todo el mundo y en todas las cosas Su Voz no te hablará más que de tu Creador y de tu Ser, el Cual es uno con Él. 4Así es como verás la santa faz de Cristo en todo, y como oirás en ello el eco de la Voz de Dios”.

La vida, al igual que los milagros, tiene lugar más allá de la visión del cuerpo y del mundo. En verdad, tanto la vida como el milagro, encuentra su Fuente en Dios, y la conexión que nos hace uno con nuestro Padre es la Mente. El milagro tiene su causa en la mente, donde corrige y des-hace el error de percepción.

El error original de la mente, es la creencia en la separación. A este respecto, debemos decir, “No puedes caminar por el mundo separado de Dios porque no podrías existir sin Él. Él es lo que tu vida es. Donde tú estás, Él está. Hay una sola vida. Ésa es la vida que compartes con Él. Nada puede estar separado de Él y vivir. (L-pI.l156.2:4-7)”

Somos Hijos de Dios y hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza. Es el Pensamiento de Dios el que nos ha creado y nunca nos ha abandonado, por lo que nunca hemos estado separados de él ni siquiera un instante. Ese Pensamiento nos pertenece y gracias a él vivimos.

En la vida, al igual que en los milagros, no existe diferentes grados, es decir, no existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad, no admite grados. En la Lección 167, nos dice sobre este particular: “3Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. 4Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. 5La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. 6La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. 7La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno.
2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. 2Tú lo llamas muerte. 3Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. 4Es la idea subyacente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. 5Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. 6Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus-piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. 7Por lo tanto, niegan que vives.
3. Tú crees que la muerte es algo que sólo tiene que ver con el cuerpo. 2Sin embargo, es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico”.

La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Crea­dor.
La muerte no puede proceder de la vida. Las ideas permane­cen unidas a su fuente.

La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. 2No puede cambiar su estado de vigilia. 3No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en un cuerpo. 4Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. 5La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles los atributos que no posee, ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. 6No puede dar lugar a lo físico. 7Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida. (L-pI.l156.6:2-7)”

“Dios es el dador de la vida”. Esta afirmación recogida en el cuarto Principio, nos revela que Dios es nuestra Fuente, es “el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. 3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pen­samientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor” (L-pII.l222.1:2).

Podríamos resumir este punto, diciendo que el milagro es lo que nos conduce de regreso a Dios, nos conduce a la verdadera vida.

"Su Voz", que es una de las definiciones que el Curso da del Espíritu Santo, "te guiará muy concretamente.

Se te dirá todo lo que necesites saber." Una de las preguntas más comunes que hace la gente es: Si el Curso afirma que se te dirá muy específicamente, ¿por qué yo no oigo respuestas específicas?" Estoy seguro de que todo el mundo se hace esa pregunta y tiene ese problema. Uno de los obstáculos para escuchar las cosas que el Espíritu Santo nos diría es que exigimos oírlas. Muchas veces las preguntas que le hacemos al Espíritu Santo no son realmente preguntas; son afirmaciones. Fabricamos un problema y luego exigimos que Él nos dé la respuesta, lo cual es, por supuesto, otra expresión de la arrogancia del ego al creerse que sabe cuáles son los problemas, y también cuáles son las respuestas. Pero muy a menudo cuando le pedimos ayuda a Dios u oramos pidiendo ayuda, lo que hacemos es plantear el problema como lo vemos nosotros y luego Le pedimos que nos lo resuelva y, por supuesto, cuando no lo resuelve, creemos tener un caso cerrado en contra de Él: "Dices que vas a contestarme muy concretamente, y aquí estoy. Soy tan honrado y tan serio y devoto y fiel y no oigo nada." Lo que hemos hecho, en realidad, sin percatarnos de ello, es cerrar la puerta. No es que el Espíritu Santo no nos hable, es que no podemos escucharlo. (Kenneth Wapnick – Los 50 Principios del milagro”