sábado, 15 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 196

LECCIÓN 196

Es únicamente a mí mismo a quien crucifico.

1. Cuando realmente hayas entendido esto, y lo mantengas fir­memente en tu conciencia, ya no intentarás hacerte daño ni hacer de tu cuerpo  un esclavo de la venganza. 2No te atacarás a ti mismo, y te darás cuenta de que atacar a otro es atacarte a ti mismo. 3Te liberarás de la demente creencia de que atacando a tu hermano te salvas tú. 4Y comprenderás que su seguridad es la tuya, y que al sanar él, tú quedas sanado.

2. Tal vez no entiendas en un principio cómo es posible que la misericordia, que es ilimitada y envuelve todas las cosas en su segura protección, pueda hallarse en la idea que hoy practica­mos. 2De hecho, esta idea puede parecerte como una señal de que es imposible eludir el castigo, ya que el ego, ante lo que considera una amenaza, no vacila en citar la verdad para salvaguardar sus mentiras. 3Es incapaz, no obstante, de entender la verdad que usa de tal manera. 4Mas tú puedes aprender a detectar estas necias maniobras y negar el significado que parecen tener.

3. De esta manera le enseñas también a tu mente que no eres un ego. 2Pues las formas con las que el ego procura distorsionar la verdad ya no te seguirán engañando. 3No creerás que eres un cuerpo que tiene que ser crucificado. 4Y verás en la idea de hoy la luz de la resurrección, refulgiendo más allá de todos los pensa­mientos de crucifixión y muerte hasta los de liberación y vida.

4. La idea de hoy es un paso que nos conduce desde el cautiverio al estado de perfecta libertad. 2Demos este paso hoy, para poder recorrer rápidamente el camino que nos muestra la salvación, dando cada paso en la secuencia señalada, a medida que la mente se va desprendiendo de sus lastres uno por uno. 3No necesitamos tiempo para esto, 4sino únicamente estar dispuestos. 5Pues lo que parece requerir cientos de años puede lograrse fácilmente -por la gracia de Dios- en un solo instante.

5. El pensamiento desesperante y deprimente de que puedes ata­car a otros sin que ello te afecte te ha clavado a la cruz. 2Tal vez pensaste que era tu salvación. 3Mas sólo representaba la creencia de que el temor a Dios era real. 4¿Y qué es esto sino el infierno? 5¿Quién que en su corazón no tuviese miedo del infierno podría creer que su Padre es su enemigo mortal, que se encuentra sepa­rado de él y a la espera de destruir su vida y obliterarlo del uni­verso?

6. Tal es la forma de locura en la que crees, si aceptas el temible pensamiento de que puedes atacar a otro y quedar tú libre. 2Hasta que esta forma de locura no cambie, no habrá esperanzas. 3Hasta que no te des cuenta de que, al menos esto, tiene que ser comple­tamente imposible, ¿cómo podría haber escapatoria? 4El temor a Dios es real para todo aquel que piensa que ese pensamiento es verdad. 5Y no percibirá su insensatez, y ni siquiera se dará cuenta de que lo abriga, lo cual le permitiría cuestionarlo.

7. Pero incluso para cuestionarlo, su forma tiene primero que cambiar lo suficiente como para que el miedo a las represalias disminuya y la responsabilidad vuelva en cierta medida a recaer sobre ti. 2Desde ahí podrás cuando menos considerar si quieres o no seguir adelante por ese doloroso sendero, mientras este cam­bio no tenga lugar, no podrás percibir que son únicamente tus pensamientos los que te hacen caer, presa del miedo, y que tu liberación depende de ti.

8. Si das este paso hoy, los que siguen te resultarán más fáciles. 2A partir de aquí avanzaremos rápidamente, 3pues una vez que entiendas que nada, salvo tus propios pensamientos, te puede hacer daño, el temor a Dios no podrá sino desaparecer. 4No podrás seguir creyendo entonces que la causa del miedo se encuentra fuera de ti. 5Y a Dios, a Quien habías pensado deste­rrar, se le podrá acoger de nuevo en la santa mente que Él nunca abandonó.

9. El himno de la salvación puede ciertamente oírse en la idea que hoy practicamos. 2Si es únicamente a ti mismo a quien crucificas, no le has hecho nada al mundo y no tienes que temer su venganza ni su persecución. 3Tampoco es necesario que te escondas lleno de terror del miedo mortal a Dios que la proyección oculta tras de sí. 4Lo que más pavor te da es la salvación. 5Eres fuerte, y es fortaleza lo que deseas. 6Eres libre, y te regocijas de ello. 7Has procurado ser débil y estar cautivo porque tenías miedo de tu fortaleza y de tu libertad. 8Sin embargo, tu salvación radica en ellas.

10. Hay un instante en que el terror parece apoderarse de tu mente de tal manera que no parece haber la más mínima espe­ranza de escape. 2Cuando te das cuenta, de una vez por todas, de que es a ti mismo a quien temes, la mente se percibe a sí misma dividida. 3Esto se había mantenido oculto mientras creías que el ataque podía lanzarse fuera de ti y que éste podía devolvérsete desde afuera. 4Parecía ser un enemigo externo al que tenías que temer. 5Y de esta manera, un dios externo a ti se convirtió en tu enemigo mortal y en la fuente del miedo.

11. Y ahora, por un instante, percibes dentro de ti a un asesino que ansía tu muerte y que está comprometido a maquinar castigos contra ti hasta el momento en que por fin pueda acabar contigo. 2No obstante, en ese mismo instante es el momento en que llega la salvación. 3Pues el temor a Dios ha desaparecido. 4Y puedes apelar a Él para que te salve de las ilusiones por medio de Su Amor, llamándolo Padre y, a ti mismo, Su Hijo. 5Reza para que este instante llegue pronto, hoy mismo. 6Aléjate del miedo y dirí­gete al amor.

12. No hay un solo Pensamiento de Dios que no vaya contigo para ayudarte a alcanzar ese instante e ir más allá de él prontamente, con certeza y para siempre. 2Cuando el temor a Dios desaparece, no queda obstáculo alguno entre la santa paz de Dios y tú. 3¡Cuán benévola y misericordiosa es la idea que hoy practicamos! 4Acó­gela gustosamente, como debieras, pues es tu liberación. 5Es a ti a quien tu mente trata de crucificar. 6Mas tu redención también pro­cederá de ti.


¿Qué me enseña esta lección?

Si tu mente te lleva a creer que ere un pecador, que es posible pecar, entonces creerás, igualmente, en que la crucifixión es la única vía que te redimirá de la culpabilidad, y aceptarás el castigo como la moneda de cambio que te liberará del miedo que te inspira el caminar en la soledad, sin la protección de tu Dador, de tu Creador.

Hemos interpretado la crucifixión como un acto de redención protagonizado por el Hijo de Dios, que viene a confirmarnos que Dios está muy enfadado con la humanidad. Esta interpretación condiciona el sentimiento de Temor que albergamos hacia una Divinidad vengativa que nos juzga por nuestros pecados.

Sin embargo, la crucifixión es el mensaje de la verdadera resurrección. Determina la única verdad del Espíritu ante la falsedad del cuerpo.

La culpabilidad nos limita al error. Nos lleva a percibir en el otro la causa de nuestros propios temores; de nuestras falsedades; de nuestros errores. Proyectamos sobre los demás, el peso de nuestra culpa. Esa visión la combatimos en los demás, y el castigo se convierte en el arma que utilizamos para liberarnos de nuestros miedos.

Cuando recibimos dolor, odio, traición, engaños, violencia, etc., por parte de los demás, estamos encontrándonos con el espejo que nos habla de nuestro propio trato.

Al recuperar la consciencia de la Unidad, y vemos a los demás como parte de nosotros mismos, entonces, dejamos de sentirnos víctimas de los agravios que recibimos y en su lugar disfrutamos del aprendizaje que nos dispensan.


Ejemplo-Guía: "Llevamos toda la vida crucificándonos y pensamos que nuestros agresores son otros"


Un Curso de Milagros nos presenta un nuevo reto para nuestra mente. Aceptar que no existe un mundo ahí fuera; que lo que percibimos es una proyección de nuestro interior; que nadie, externo a nosotros, tiene la potestad de atacarnos y hacernos daño; que nuestra felicidad no nos llegará desde el mundo exterior, aceptar todas estas afirmaciones y algunas otras de igual calado, sin duda alguna, es toda una invitación a ver las cosas de otra manera.

Llevamos toda nuestra vida, buscando a un Dios externo, cuando en verdad, Dios se encuentra en nuestro interior, o lo que es lo mismo, somos el Hijo de Dios. Somos "dioses" en formación.

Llevamos toda la vida, dando credibilidad a un mundo que no es real, que es una ilusión, experimentando un sueño demencial, en el que nos sentimos víctimas de las circunstancias que creemos vivir. Incluso, dentro del sueño que llamamos vida, en la fase de descanso, creemos soñar y damos un valor real a las pesadillas que soñamos. A pesar de ello, no aceptamos la idea de que nuestra vida pueda ser un sueño.

Llevamos toda nuestra vida, protegiéndonos de nuestros miedos. El miedo no es real, lo hacemos real con nuestra mente. Pero no nos damos cuenta de que será nuestra mente la que nos ofrezca los recursos necesarios para negar la realidad de nuestros miedos.

Llevamos toda la vida, protegiéndonos de los ataques externos; de los inclemencias de tiempo; de los sinsabores de la vida; de las enfermedades; de las pérdidas, etc. Pero no alcanzamos a ver, que el único enemigo real, es el que damos cobijo en nuestra mente; que lo que llamamos bienestar es un sentimiento efímero y perecedero; que los momentos de tristeza, amargura, depresión, etc, son estados de nuestra mente que elegimos proyectar al exterior para percibir nuestra propia soledad.

Cada vez que nuestra mente se identifica con el ego, pone en circulación de forma automática, la visión del miedo. Desde esta visión, es imposible gozar de la felicidad y de la paz. Estamos protegiéndonos de nuestros temores, culpando el mundo que percibimos, pues dirigir ese ataque hacia nosotros pondría fin a la existencia del ego. Elegimos vernos proyectado en el mundo exterior, pero no lo hacemos conscientemente, sino de forma automática. De este modo, buscamos aliados que nos indicarán si nuestra ruta es la correcta o no. Pero elegir ese camino, de miedo, nos lleva directamente a enfrentarnos a la culpa. Estamos dispuestos a matar, para calmar el peso de nuestra propia culpa. Matar, se convierte en un acto externo inspirado por el odio y el temor que sentimos hacia nosotros mismos.

Cuando vemos reflejado en el otro, aquello que no somos capaces de aceptar conscientemente en nosotros mismos, nos lleva a despertar nuestros sentimientos ocultos de culpabilidad, el cual puede alcanzar niveles que nos llevan a ponerle un fin definitivo. Esta son las ocasiones en las que vemos como los hermanos atentan unos contra otro, en un intento de dar muerte a su debilidad interna.

Nuestro interior es la única dirección donde debemos prestar nuestra atención. En él, descubriremos el universo en su totalidad, con sus aspectos luminosos y oscuros. Es nuestra consciencia la que debe estar despierta para elegir crear-amar o fabricar-separar.

Reflexión: "Atacar a otro es atacarte a ti mismo".

viernes, 14 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 195

LECCIÓN 195

El amor es el camino que recorro con gratitud.

1. Para aquellos que contemplan el mundo desde una perspectiva errónea, la gratitud es una lección muy difícil de aprender. 2Lo más que pueden hacer es considerar que su situación es mejor que la de los demás. 3Y tratan de contentarse porque hay otros que aparentemente sufren más que ellos. 4¡Cuán tristes y lamentables son semejantes pensamientos! 5Pues, ¿quién puede tener motivos para sentirse agradecido si otros no los tienen? 6¿Y quién iba a sufrir menos porque ve que otro sufre más? 7Debes estarle agradecido únicamente a Aquel que hizo desaparecer todo motivo de sufrimiento del mundo.

2. Es absurdo dar gracias por el sufrimiento. 2Mas es igualmente absurdo no estarle agradecido a Uno que te ofrece los medios por los cuales todo dolor se cura y todo sufrimiento queda reempla­zado por la risa y la felicidad. 3Ni siquiera los que están parcial­mente cuerdos podrían negarse a dar los pasos que Él indica, ni dejar de seguir el camino que Él les señala a fin de escapar de una prisión que creían que no tenía salida a la libertad que ahora perciben.

3. Tu hermano es tu "enemigo" porque lo ves como el rival de tu paz: el saqueador que te roba tu dicha y no te deja nada salvo una negra desesperación, tan amarga e implacable que acaba con toda esperanza. 2Lo único que puedes desear ahora es la venganza. 3Lo único que puedes hacer ahora es tratar de arrastrarlo a la muerte junto contigo, para que sea tan impotente como tú, y para que en sus ambiciosas manos quede tan poco como en las tuyas.

4. No le das gracias a Dios porque tu hermano esté más esclavi­zado que tú, ni tampoco podrías, en tu sano juicio, enfadarte si él parece ser más libre. 2El amor no hace comparaciones. 3Y la grati­tud sólo puede ser sincera si va acompañada de amor. 4Le damos gracias a Dios nuestro Padre porque todas las cosas encontrarán su libertad en nosotros. 5Es imposible que algunas puedan libe­rarse mientras otras permanecen cautivas. 6Pues, ¿quién puede regatear en nombre del amor?

5. Da gracias, por lo tanto, pero con sinceridad. 2Y deja que en tu gratitud haya cabida para todos los que se han de escapar con­tigo: los enfermos, los débiles, los necesitados y los temerosos, así como los que se lamentan de lo que parece ser una pérdida, los que sienten un aparente dolor y los que pasan frío o hambre y caminan por el camino del odio y la senda de la muerte. 3Todos ellos te acompañan. 4No nos comparemos con ellos, pues al hacer eso los separamos en nuestra conciencia de la unidad que com­partimos con ellos y que ellos no pueden sino compartir con no­sotros también.

6. Le damos las gracias a nuestro Padre sólo por una cosa: que no estamos separados de ninguna cosa viviente, y, por lo tanto, somos uno con Él. 2Y nos regocijamos de que jamás puedan hacerse excepciones que menoscaben nuestra plenitud o inhiban o alteren en modo alguno nuestra función de completar a Aquel que es en Sí Mismo la compleción. 3Damos gracias por toda cosa viviente, pues, de otra manera, no estaríamos dando gracias por nada, y estaríamos dejando de reconocer los dones que Dios nos ha dado.

7. Permitamos, entonces, que nuestros hermanos reclinen su fati­gada cabeza sobre nuestros hombros y que descansen por un rato. 2Damos gracias por ellos. 3Pues si podemos dirigirlos a la paz que nosotros mismos queremos encontrar, el camino quedará por fin libre y franco para nosotros. 4Una puerta ancestral vuelve a girar libremente; una Palabra -hace tiempo olvidada- resuena de nuevo en nuestra memoria y cobra mayor claridad al estar nosotros dispuestos a escuchar una vez más.

8. Recorre, pues, con gratitud el camino del amor. 2Pues olvida­mos el odio cuando dejamos a un lado las comparaciones. 3¿Qué podría ser entonces un obstáculo para la paz? 4El temor a Dios por fin es obliterado, y perdonamos sin hacer comparaciones. 5Y así, no podemos elegir pasar por alto sólo ciertas cosas, mientras retenemos bajo llave otras que consideramos "pecados". 6Cuando tu perdón sea total tu gratitud lo será también, pues te darás cuenta de que todas las cosas son acreedoras al derecho a ser amadas por ser amorosas, incluyendo tu propio ser.

9. Hoy aprendemos a pensar en la gratitud en vez de en la ira, la malicia y la venganza: 2Se nos ha dado todo. 3Si nos negamos a reconocer esto, ello no nos da derecho a sentirnos amargados o a percibirnos como que estamos en un lugar donde se nos persigue despiadadamente y se nos hostiga sin cesar, o donde se nos atropella sin la menor consideración por nosotros o por nuestro futuro. 4La gratitud se convierte en el único pensamiento conque sustituimos estas percepciones descabelladas. 5Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Su Hijo. 6¿Puede haber algo más grande que eso?

10. Nuestra gratitud allanará el camino que nos conduce a Él y acortará la duración de nuestro aprendizaje mucho más de lo que jamás podrías haber soñado. 2La gratitud y el amor van de la mano, y allí donde uno de ellos se encuentra, el otro no puede sino estar. 3Pues la gratitud no es sino un aspecto del Amor, que es la Fuente de toda la creación. 4Dios te da las gracias a ti, Su Hijo, por ser lo que eres: Su Propia compleción y la Fuente del amor junto con El. 5Tu gratitud hacia Él es la misma que la Suya hacia ti. 6Pues el amor no puede recorrer ningún camino que no sea el de la gratitud, y ése es el camino que recorremos los que nos encaminamos hacia Dios.


¿Qué me enseña esta lección?

Doy gracias al Creador, a mi Padre Celestial, por haberme creado.

Doy gracias a mi Hacedor, por habernos hechos a su Imagen y Semejanza.

Le doy gracias, por haberme dotado de libertad, por haberme hecho perfecto.

Te doy gracias Padre, por gozar de Tu Unidad.

Te doy gracias, por permitirme Ser consciente de quién Soy y de lo que Soy.

Te doy gracias Señor, pues es mi manera de expresarte mi Amor.

Te doy gracias, por todos los instantes, pues cada uno de ellos, supone un encuentro Santo.

Te doy gracias Padre, por Ser Uno con Toda la Filiación.

Te doy gracias por haberme enseñado a ver tu Rostro en la faz de mis Hermanos.

Te doy gracias, por Tu Plan de Salvación.

Te doy gracias, por concederme la Expiación.

Te doy gracias, por tu Amor, por tu Bondad, por tu Conocimiento, por tu Grandeza, por tu Misericordia, por tu Justicia, por tu Luz; por tu Belleza, por tu Armonía, por tu Paz, por tu Comprensión.

Ejemplo-Guía: "El mejor regalo que podemos hacer al mundo es compartir nuestra gratitud"

No es la primera vez que el Libro de Ejercicios dedica una Lección para tratar la virtud de la gracia y el acto del uso de la gratitud. Os dejo el enlace de la Lección 123, en la cual realizo algunas reflexiones sobre el tema de la gracia:

http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com.es/2016/05/ucdm-libro-de-ejercicios-leccion-123.html

Para completar lo ya expuesto en dicha lección, hoy me gustaría resaltar un aspecto de la gracia que había tratado muy a la ligera y que sin duda debemos conocer.

La gracia, al igual que el perdón, son manifestaciones que podemos percibir dentro del sueño y que encuentra su fuente, su origen, en la condición espiritual del Amor. Cuando expresamos desde el corazón nuestra gratitud, estamos  revelando que nuestra conciencia es sensible a la visión de la unidad y sobre todo somos sensibles a la vibración de la "expansión", la cual se caracteriza por ser el canal de expresión de la fuerza de atracción.

La experiencia del sueño nos lleva a veces a confundir cuando expresamos nuestra gratitud como expresión natural de nuestra condición espiritual y cuando expresamos nuestra gratitud como una artimaña para conseguir un fin postrero que nos beneficie. En este último caso, podemos hablar de una gracia fingida.

La gratitud fingida no emana del corazón, no es natural, y en muchas ocasiones es difícil de reconocer, pero si prestamos atención no tardaremos en descubrir que las "patitas que nos enseña por debajo de la puerta, no son de cordero, sino de lobo", es decir, esa gracia fingida dejará un rastro, una huella que nos permitirá identificar si estamos ante un acto de gratitud desinteresada o por el contrario, perseguimos algún fin egoísta con nuestro acto.

La gratitud, está basada en la condición natural de dar, y cuando no persigue ese fin, no tardará en mostrarnos su verdadero rostro de impostor, pues pronto le pondremos precio a aquello que hemos vestido con los ropajes de la gratitud.

Por lo tanto, me atrevería a decir, que la verdadera gratitud no tiene precio, ni pone precio a nuestro acto de agradecimiento. Si recibo un regalo y manifiesto mi gratitud sin buscar ninguna otra respuesta, estaré dando muestra de un estado de comprensión y de amor por el gesto recibido. Si en cambio, doy las gracias, pero estoy pensando en el modo de recibir más regalos, estaré desvirtuando el acto de la gratitud.

Cuando damos gracia, recibimos gratitud. A veces he llegado a pensar, que el acto de dar las gracias es contagioso, al menos, favorece la comunicación de tal modo, que creamos un clima, un ambiente, propicio para que las relaciones fluyan desde el acercamiento y desde el espíritu de la unidad y el entendimiento.

Me atrevería a decir, que todo cuanto nos ocurre en la vida, podemos considerarlo un regalo. Esta observación la baso en el hecho de que aquello que experimentamos siempre es el efecto vinculado con una causa que encontraremos en nuestra mente. Por lo tanto, lo que experimentamos siempre nos aporta una toma de conciencia, un aprendizaje. Desde este punto de vista, podemos aprender a ver dichas experiencias como regalos que nos ofrece la vida y expresarle nuestro agradecimiento.

Estamos acostumbrados a agradecer los regalos que nos aportan felicidad, sin embargo, las experiencias dramáticas, las seleccionamos en otro contexto y las valoramos como negativas y malsanas, por lo que tenemos dificultad para reconocerlas como regalos de la vida. Cuando estemos preparados para no juzgar las experiencias en el contexto de la dualidad, lo estaremos, igualmente, para mostrar nuestro agradecimiento a todas y cada una de las experiencias de la vida.

Por último, me gustaría recordar una vez más, la importancia de mostrarnos agradecidos a nuestros hermanos. Son varios los motivos por los que debemos dar muestra de esa gratitud, pero el que más dificultad tendrá nuestra mente para aceptar, es el aplicarlo a nuestros enemigos, a nuestros agresores.

Nuestra mente nos dirá: ¿cómo vas a estar agradecido al asesino de tu hijo? Y nuestro ego, no conseguirá encontrar ni un solo argumento que no justifique el pedir que se haga justicia, el pedir venganza para el causante de tanto dolor.

Desde la visión del Espíritu, oír su voz, nos llevaría a afrontar esa difícil experiencia como una oportunidad para perdonar al agresor. Ese agresor, está invitándonos a sacar a nuestro agresor interno. Todos tenemos un agresor interno; un juez interno; un médico interno; un sin fin de rostros que podemos ver dibujados en los rostros de nuestros hermanos. ¿Te escandalizas? ¿Sientes repulsa por estas afirmaciones? ¿Te alejas del amor, del perdón, y prefieres unir tu voz a esas otras voces que reclaman justicia? ¿Eres de los que ofrecen la soga para montar la horca del verdugo? No te escandalices, aun tus argumentos, dentro del sueño demente del ego, encontrará muchos acólitos y seguidores. No seré yo el que te juzgue, pues respeto tu libre albedrío. Tan solo comparto contigo mi punto de vista.

¿Dónde nos lleva el camino de la venganza? Qué gratitud compartimos con ese sentimiento.

¿Dónde nos lleva el camino de la gratitud, del perdón? Tan solo tú podrás descubrirlo y cuando lo hagas, no lo abandonarás.

Reflexión: ¿Soy agradecido?

jueves, 13 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 194

LECCIÓN 194

Pongo el futuro en Manos de Dios.

1. La idea de hoy es un paso más en el proceso de alcanzar cuanto antes la salvación, y ciertamente es un paso gigantesco. 2Es tan grande la distancia que abarca que te lleva justo antes del Cielo, con el objetivo a la vista y los obstáculos ya superados. 3Tus pies ya se han posado sobre las praderas que te dan la bienvenida a las puertas del Cielo: el tranquilo lugar de la paz en el que aguardas con certeza el paso final de Dios. 4¡Qué lejos nos encontramos ahora de la tierra! 5¡Y cuán cerca de nuestra meta! 6¡Cuán corto es el trecho que aún nos queda por recorrer!

2. Acepta la idea de hoy, y habrás dejado atrás toda ansiedad, los abismos del infierno, la negrura de la depresión, los pensamien­tos de pecado y toda la devastación que la culpabilidad acarrea. 2Acepta la idea de hoy, y habrás liberado al mundo de todo apri­sionamiento, al romper las pesadas cadenas que mantenían cerrada la puerta a la libertad. 3Te has salvado, y tu salvación se vuelve el regalo que le haces al mundo porque tú lo has recibido.

3. No hay un solo instante en que se pueda sentir depresión, expe­rimentar dolor o percibir pérdida alguna. 2No hay un solo instante en que se pueda instaurar el pesar en un trono y adorársele. 3No hay un solo instante en que uno pueda ni siquiera morir. 4Y así, cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entre­gado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tris­teza, del dolor y hasta de la misma muerte.

4. Tu futuro está en Manos de Dios, así como tu pasado y tu pre­sente. 2Para Él son lo mismo, y, por lo tanto, deberían ser lo mismo para ti también. 3Sin embargo, en este mundo la progresión tem­poral todavía parece ser algo real. 4No se te pide, por lo tanto, que entiendas que el tiempo no tiene realmente una secuencia lineal. 5Sólo se te pide que te desentiendas del futuro y lo pongas en Manos de Dios. 6Y mediante tu experiencia comprobarás que tam­bién has puesto en Sus Manos el pasado y el presente, porque el pasado ya no te castigará más y ya no tendrá sentido tener miedo del futuro.

5. Libera el futuro. 2Pues el pasado ya pasó, y el presente, libre de su legado de aflicción y sufrimiento, de dolor y de pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo se escapa del cautiverio de las ilusiones, por las que ha venido recorriendo su despiadado e inevitable curso. 3Cada instante que antes era esclavo del tiempo se transforma ahora en un instante santo, cuando la luz que se mantenía oculta en el Hijo de Dios se libera para bendecir al mundo. 4Ahora el Hijo de Dios es libre, y toda su gloria resplan­dece sobre un mundo que se ha liberado junto con él para com­partir su santidad.

6. Si pudieses ver la lección de hoy como la liberación que real­mente representa, no vacilarías en dedicarle el máximo esfuerzo de que fueses capaz, para que pasase a formar parte de ti. 2Con­forme se vaya convirtiendo en un pensamiento que rige tu mente, en un hábito de tu repertorio para solventar problemas, en una manera de reaccionar de inmediato ante toda tentación, le trans­mitirás al mundo lo que has aprendido. 3Y en la medida en que aprendas a ver la salvación en todas las cosas, en esa misma medida el mundo percibirá que se ha salvado.

7. ¿Qué preocupación puede asolar al que pone su futuro en las amorosas Manos de Dios? 2¿Qué podría hacerle sufrir? 3¿Qué podría causarle dolor o la sensación de haber perdido algo? 4¿Qué podría temer? 5¿Y de qué otra manera podría contemplar todo sino con amor? 6Pues el que ha escapado de todo temor de futuros sufrimientos ha encontrado el camino de la paz en el pre­sente y la certeza de un cuidado que el mundo jamás podría ame­nazar. 7Está seguro de que aunque su percepción puede ser errónea, jamás le ha de faltar corrección. 8Es libre de volver a elegir cuando se ha dejado engañar; de cambiar de parecer cuando se ha equivocado.

8. Pon, por lo tanto, tu futuro en Manos de Dios. 2Pues de esta manera invocas Su recuerdo para que regrese y reemplace todos tus pensamientos de maldad y pecado por la verdad del amor. 3¿Crees acaso que el mundo no se beneficiaría con ello y que cada criatura viviente no respondería con una percepción corregida? 4El que se encomienda a Dios ha puesto también al mundo en las mismas Manos a las que él ha recurrido en busca de consuelo y seguridad. 5Ha dejado a un lado las enfermizas ilusiones del mundo junto con las suyas, y de este modo le ofrece paz al mundo, así como a sí mismo.

9. Ahora sí que nos hemos salvado. 2Pues descansamos despreo­cupados en Sus Manos, seguros de que sólo cosas buenas nos pue­den acontecer. 3Si nos olvidamos de ello, se nos recuerda dulce­mente. 4Si aceptamos un pensamiento que denota falta de perdón, éste queda prontamente reemplazado por el reflejo del amor. 5Y si nos sentimos tentados de atacar, apelamos a Aquel que vela nues­tro descanso para que tome por nosotros la decisión que nos aleja de la tentación. 6El mundo ha dejado de ser nuestro enemigo, pues hemos decidido ser su Amigo.


¿Qué me enseña esta lección?

Poner el futuro en manos de Dios, es la decisión más sabia que podemos realizar. Verdaderamente, tomando esa decisión, estamos eligiendo convertirnos en Sembradores del Amor.

¿Qué cosecha recogeremos cuando esa semilla de sus frutos?

Dios es Unidad, pues cosecharemos Armonía y Paz.
Dios es Amor, pues cosecharemos Felicidad y Dicha.
Dios es Ley, pues cosecharemos Justicia y Misericordia.
Dios es Perfección, pues cosecharemos Abundancia.
Dios es Eternidad, pues cosecharemos Paciencia.
Dios es Conocimiento, pues cosecharemos Verdad.
Dios es Salvación, pues cosecharemos Liberación.


Sí. Estoy dispuesto a poner en manos de Dios toda mi Eternidad.


Ejemplo-Guía: "El pasado nos atormenta y el futuro nos angustia..."


Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible. (Mateo 17:20)

Elijo esta párrafo del evangelio de Mateo para hacer la introducción de esta reflexión. Me voy a tomar la libertad de parafrasearle: "si tuviésemos la certeza como un grano de mostaza..."

Tener certeza es fundamental, es esencial. Tener certeza nos revela que creemos firmemente en una idea. Si esa idea es verdadera, si esa idea es que somos el Hijo de Dios, yo me pregunto, ¿qué más podemos desear?

En este mundo de ilusión, pensamos que alcanzamos a creer en las cosas cuando las percibimos, cuando nuestros sentidos son capaces de experimentarlo. Pero, el efecto, la percepción, no puede dar lugar a la causa. Es precisamente al contrario. Todo efecto, toda percepción, responde a una causa, a un pensamiento. Las falsas creencias han tomado vida a raíz de que le hemos otorgado un significado al efecto. Nos hemos dicho, esto que estoy experimentando es verdad y desde este momento adopto la creencia de lo que es o no es verdad. Pero, cuando la causa de ese efecto, ya es un error, el efecto, lo extenderá. El mundo que hemos fabricado responde a esta dinámica. Un pensamiento de separación ha dado lugar a la creencia en la división. Los efectos todos los conocemos.

En este mundo de percepción en el cual tan solo damos significado a lo que nuestros sentidos han filtrado, difícilmente podremos dar credibilidad a lo espiritual. Lo que no se ve, no tiene significado, por lo que determinamos que no es real. Desde esta visión, tener certeza en que somos el Hijo de Dios, nos resulta difícil de aceptar y para defender este argumento de negación del Espíritu, el ego pondrá sobre la mesa su colección de necesidades, todas basadas en la escasez y en la muerte, para poner de manifiesto, que si existiese un Dios y nosotros fuésemos sus Hijos, ¿cómo ese Dios abandona a su creación al padecimiento y al dolor?

Pero elegir esa certeza, viene acompañado con la visión interna de que los argumentos del ego, lo único que pretenden es ocultar su debilidad. Si nuestra mente alcanzar a comprender que el miedo, el apego y la muerte son fruto de una falsa creencia y elige ver las cosas desde otra visión, en la cual, la felicidad, el amor, la alegría, la dicha no dependen de lo que seamos capaces de acumular en este mundo, donde todo es perecedero, sino que está en manos de nuestra decisión de fluir y de compartir, de Ser, entonces, esa certeza se convertirá en nuestra única realidad.

Imagínate que durante todo un día, te entregas, sin reservas, en manos de la Voluntad del Padre. La aceptación es el pensamiento que se convierte en la llave que nos abre todas las puertas que nos conducen a la Salvación. Aceptación, significa confianza en que aquello que vivimos es lo que debemos vivir. De nuestra parte, tan solo se nos pide que amemos y que perdonemos todo aquello que nos aleje del camino del amor. En ese caminar, siempre vamos acompañado de la Presencia de nuestro Padre. Nada nos amenazará, pues nada podrá hacerlo si no es por la Voluntad de nuestro Hacedor. Hemos hecho un pacto de amor con el mundo que nos rodea y aceptamos a ver en ellos a nuestros maestros y los bendecimos por ello.

¿Qué más podemos desear?

Diremos, pues yo deseo tener más de lo que tengo. Yo deseo tener más poder. Yo deseo tener una vida longeva. Yo deseo alcanzar la luna. Yo deseo disfrutar de los licores del amor y del placer.

¿Hasta cuándo? El deseo poza su credibilidad en el tiempo futuro. No nos conformamos con lo que tenemos en el presente. Buscamos perpetuarlo en el tiempo y cuando no tenemos la seguridad de poder hacerlo, le pedimos a Dios (que curiosamente no creemos en él) que nos lo permita.

Todo tiempo pasado nos atormenta, pues evoca en nosotros en recuerdo de lo que hemos hecho mal y el miedo a perder lo que hemos acumulado con tanto ahínco. El futuro nos angustia, pues el temor a que el pasado tenga continuidad, nos produce una inseguridad que nos priva de la paz y de la felicidad.

Paz y felicidad, no son logros que podamos comprar como cualquier otro objeto del mundo. Paz y felicidad son estados de nuestra condición espiritual. Cuando tenemos la certeza de lo que somos, la Paz y la Felicidad se nos revela de forma natural, pues es la evidencia constatada de que Somos el Hijo de Dios.

Reflexión: ¿Qué preocupación puede asolar al que pone su futuro en las amorosas Manos de Dios? ¿Qué podría hacerle sufrir?

miércoles, 12 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 193

LECCIÓN 193

Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que yo aprenda.

1. El aprendizaje es algo que le es ajeno a Dios. 2Su Voluntad, no obstante, se extiende hasta lo que Él no entiende; en el sentido de que Él dispone que la felicidad que Su Hijo heredó de Él perma­nezca incólume, sea perpetua y por siempre en aumento, que se expanda eternamente en la dicha de la creación plena, que sea eternamente receptiva y absolutamente ilimitada en Él. 3Ésa es Su Voluntad. 4Por lo tanto, Su Voluntad provee los medios para garantizar que se cumpla.

2. Dios no ve contradicciones. 2Sin embargo, Su Hijo cree verlas. 3Por eso tiene necesidad de Alguien que pueda corregir su defec­tuosa manera de ver y ofrecerle una visión que lo conduzca de nuevo al lugar donde la percepción cesa. 4Dios no percibe en abso­luto. 5Él es, no obstante, Quien provee los medios para que la percepción se vuelva lo suficientemente hermosa y verdadera como para que la luz del Cielo pueda resplandecer sobre ella. 6Él es Quien responde a las contradicciones de Su Hijo y Quien man­tiene su inocencia a salvo para siempre.

3. Éstas son las lecciones que Dios quiere que aprendas. 2Su Voluntad se refleja en todas ellas, y ellas reflejan Su amorosa bondad para con el Hijo que Él ama. 3Cada lección encierra un pensamiento central, que se repite en todas ellas. 4Su forma es lo único que varía, según las circunstancias, los acontecimientos, los personajes o los temas, los cuales parecen ser reales, pero no lo son. 5Su contenido fundamental es el mismo 6y es éste:

7Perdona, y verás esto de otra forma.

4. Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. 2No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma. 3Esta uniformidad es lo que hace que el aprendizaje sea algo seguro, ya que la lección es tan simple que al final no se puede rechazar. 4Nadie se puede ocultar para siempre de una ver­dad tan obvia, que aunque se presenta en innumerables formas, se puede reconocer con la misma facilidad en todas ellas, sólo con desear ver la simple lección que allí se encierra.

5. Perdona, y verás esto de otra forma.

2Éstas son las palabras que el Espíritu Santo te dice en medio de todas tus tribulaciones, todo dolor y todo sufrimiento, sea cual sea la forma en que se manifiesten. 3Éstas son las palabras con las que a la tentación le llega su fin, y la culpabilidad, abandonada ahora, deja de ser objeto de reverencia. 4Éstas son las palabras que ponen fin al sueño de pecado y eliminan todo miedo de la mente. 5Éstas son las palabras mediante las cuales al mundo entero le llega la salvación.

6. ¿No deberíamos acaso aprender a decir estas palabras cada vez que nos sintamos tentados de creer que el dolor es real y la muerte se vuelva nuestra elección en lugar de la vida? 2¿No deberíamos acaso aprender a decirlas una vez que hayamos comprendido el poder que tienen para liberar a todas las mentes de la esclavitud? 3Éstas son palabras que te dan poder sobre todos los aconteci­mientos que parecen tener control sobre ti. 4Ves esos aconte­cimientos correctamente cuando mantienes estas palabras en tu conciencia, sin olvidarte de que son aplicables a todo lo que ves o a todo lo que cualquier hermano contemple erróneamente.

7. ¿Cómo puedes saber cuándo estás viendo equivocadamente o cuándo no está alguien percibiendo la lección que debería apren­der? 2¿Parece ser real el dolor en dicha percepción? 3Si lo parece, ten por seguro que no se ha aprendido la lección, 4y que en la mente que ve el dolor a través de los ojos que ella misma dirige permanece oculta una falta de perdón.

8. Dios no quiere que sigas sufriendo de esa manera. 2Él quiere ayudarte a que te perdones a ti mismo. 3Su Hijo no recuerda quién es, 4y Dios no quiere que se olvide de Su Amor ni de todos los dones que Su Amor trae consigo. 5¿Renunciarías ahora a tu propia salvación? 6¿Dejarías acaso de aprender las sencillas lecciones que el Maestro celestial pone ante ti para que todo dolor desaparezca y el Hijo pueda recordar a su Padre?

9. Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendas. 2Él no deja ningún pensamiento rencoroso sin corregir, ni que ninguna espina o clavo lastime en modo alguno a Su santo Hijo. 3Él quiere asegurarse de que su santo descanso permanezca sereno e imperturbable, sin preocupaciones, en un hogar eterno que cuida de él. 4Él quiere que todas las lágrimas sean enjugadas y que no quede ni una sola más por derramar, ni ninguna que sólo esté esperando el momento señalado para brotar. 5Pues Dios ha dispuesto que la risa reemplace a cada una de ellas y que Su Hijo sea libre otra vez.

10. Hoy trataremos de superar en un solo día miles de aparentes obstáculos a la paz. 2Deja que la misericordia llegue a ti cuanto antes. 3No trates de posponer su llegada ni un sólo día, minuto o instante más. 4Para eso se hizo el tiempo. 5Úsalo hoy para lo que es. 6Dedica, mañana y noche, el tiempo que puedas a lo que éste tiene como propósito, y no permitas que el tiempo que dediques sea menos que el que sea necesario para satisfacer tu más impe­riosa necesidad.

11. Da todo lo que puedas, y luego da un poco más. 2Pues ahora nos levantaremos apresuradamente e iremos a casa de nuestro Padre. 3Hemos estado ausentes demasiado tiempo y ya no quere­mos seguir demorándonos más aquí. 4Según practicamos, pense­mos en todas las cosas con las que nos hemos quedado para resolverlas por nuestra cuenta y que hemos mantenido fuera del alcance de la curación. 5Entreguémoselas a Aquel que sabe cómo contemplarlas de manera que desaparezcan. 6La verdad es Su mensaje; la verdad es Su enseñanza. 7Suyas son las lecciones que Dios quiere que aprendamos.

12. Hoy, y en los días venideros, dedica un poco de tiempo cada hora a practicar la lección del perdón tal como se indique. 2Trata de aplicarla a lo acontecido en esa hora, de manera que la próxima esté libre de todo ello. 3De esta manera, las cadenas del tiempo se desatarán fácilmente. 4No dejes que ninguna hora arroje su som­bra sobre la siguiente, y cuando haya transcurrido, deja que todo lo acontecido se vaya con ella. 5De este modo, permanecerás libre y en paz eterna en el mundo del tiempo.

13. Ésta es la lección que Dios quiere que aprendas: Hay una manera de contemplarlo todo que te acerca más a Él y a la salva­ción del mundo. 2A todo lo que habla de terror, responde de esta manera:

3Perdonaré, y esto desaparecerá.

4Repite estas mismas palabras ante toda aprensión, preocupación o sufrimiento. 5Y entonces estarás en posesión de la llave que abre las puertas del Cielo y que hace que el Amor de Dios el Padre llegue por fin hasta la tierra para elevarla hasta el Cielo. 6Dios Mismo dará este paso final. 7No te niegues a dar los pequeños pasos que te pide para que puedas llegar hasta Él.


¿Qué me enseña esta lección?

En esencia, tan sólo existe un error, a pesar de que pueda adoptar muchísimas formas. A ese error, le hemos llamado “pecado” y como consecuencia de ello, hemos fabricado una realidad falsa e ilusoria que se soporta sobre los frágiles pilares de la culpabilidad y de la separación.

El uso incorrecto de los poderes creadores de los que somos portadores, nos ha llevado a proyectar un mundo de necesidad, cuando en verdad, Somos Seres potencialmente perfectos.

¿Qué necesidad tiene el Hijo de Dios cuando en realidad es perfecto?

La respuesta que contesta a esta pregunta, debemos buscarla en la capacidad de decidir libremente, en el libre albedrío, que poseemos por ser una condición heredada de nuestro Creador. Decidimos ver un mundo de necesidad con el cual nos identificamos, pues el nivel de aprendizaje, en el Viaje Evolutivo en el que el Hijo de Dios se encuentra inmerso, era de principiante en el manejo del uso correcto de la Voluntad Creadora y quedamos identificados con el mundo de la percepción procedente del mundo físico.

Esa desconexión con la Fuente Original, propició la creencia en el pecado y en la expulsión del Paraíso en el que evolucionábamos antes de la separación. Nuestro Creador pasó a ser una Criatura que causaba Temor y al que se le atribuyó las acciones vengativas que experimentamos en el mundo que proyectamos.

Estamos hablando de un doble error:
  • La creencia en el pecado.
  • La figura de un Dios vengativo
Ambos errores tienen un mismo origen: el miedo, el sustituto del Amor.

Al igual que hablamos de un solo error, podemos hablar de una sola lección, a pesar de que éstas adopten diferentes expresiones y rostros. La lección que debemos aprender es la de perdonar, la de amar, o lo que es lo mismo, sustituir la ilusión del miedo.

Al perdonarnos, establecemos de nuevo la verdadera conexión con lo que Somos, con la Fuente que nos alimenta, con el Amor que purifica y nos lleva a expresar nuestra inocencia.

El Plan de Salvación dispuesto por Dios para su Hijo se sustenta en un solo pilar. Este pilar es inquebrantable, inexpugnable, impecable. Ese pilar es el perdón.


Ejemplo-Guía: "Todos los caminos llevan a Roma..."

Se trata de una expresión que suele utilizarse en Europa, y más allá de su sentido convencional (en tiempo del Imperio Romano se construyeron más de 70.000 kms que conducían a la Capital del Imperio, la Ciudad de Roma), también tiene un sentido espiritual que aún día se conserva, máxime cuando en dicha ciudad se asienta la principal Casa de la Iglesia Católica, el Vaticano.

Si Roma, la interpretamos simbólicamente como el "corazón" de la espiritualidad, indicar que todos los caminos nos conducen a él, es como referir que todos los problemas tienen una sola solución: la espiritualidad.

Pero, no podemos divagar sobre el aspecto actual de este centro neurálgico de la iglesia católica y verla como la "fuente" de la verdadera espiritualidad, por mucho que se considere al Sumo Pontífice, el Papa, como heredero directo de la sangre del Cristo. No es difícil apreciar que nada más lejos de la realidad. 

Pero, he querido utilizar esta frase en el sentido de que nos permite comprender que todos nuestros problemas, se convierten en los muchos caminos que tomamos en la vida y que al final, todos conducen a un final común: "Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendamos".

¿Qué lección quiere Dios, el Padre, que aprendamos? La única y verdadera Lección que podemos aprender y con ello, ponemos fin a todos nuestros problemas, es el perdón.

Esto es así, porque en verdad tan solo hay un solo problema, el miedo o la ausencia de Amor. Ese miedo es consecuencia, como ya hemos tenido ocasión de ver, de la creencia en la separación. 

Tenemos pues una única causa, el miedo y tenemos una única solución, el perdón. 
  • Tengo 24 años. Me acabo de divorciar. No tengo trabajo. No puedo pagar la hipoteca de la casa y mi hija, tiene una enfermedad que el seguro no cubre. Pronto perderé mi casa y no tendré donde ir. Sin dinero, no podré ofrecer a mi hija la oportunidad de que los médicos la curen. Estoy desesperada y no se qué hacer.
¿Cómo podemos ayudarnos si somos los protagonista de una situación semejante?

¿Podemos ayudar a alguien en circunstancias semejantes?

¿Como aplicamos la Lección del perdón ante una experiencia como la descrita?

Vivir una experiencia como la que acabamos de describir desde la visión del ego, nos llevará a sentir dolor, miedo, tristeza, desolación, ira, rencor, y toda una gama de emociones que nos impedirán ver lo esencial: el pensamiento sigue a su fuente. Pensamientos de miedo, nos revelará que nos estamos identificando con el miedo y con la separación. Sin duda es una experiencia que exige una respuesta de liberación y ésta tan solo llegará si en vez de sentir miedo, odio, rencor, ira, dolor y tristeza, decidimos poner en manos del Espíritu Santo, la liberación del miedo, pues el error se encuentra en nuestra mente y no en los efectos que ella nos genera. 

Detrás de toda experiencia de dolor, existe un pensamiento de dolor, lo que significa que existe un pensamiento de miedo, amparado por la creencia en la separación. Si sustituimos esa visión errónea por la visión basada en la unidad, tal vez estemos cambiando nuestra percepción de la pareja y ello nos permita recuperar el tono de amor que se precisa para mantener una relación estable. Si dejamos de sentirnos víctimas de un sistema social injusto y vemos a los representantes de ese sistema como agentes al servicio de nuestra conciencia, tal vez, encontremos el modo de ver satisfecha nuestra voluntad de ser útiles a la sociedad en la que vivimos y en respuesta a esa entrega, conseguimos un trabajo que nos permite recibir una remuneración económica que ha de permitirnos pagar nuestras deudas y atender las necesidades médicas de nuestra hija.

Si lo deseas, lo verás y si lo ves, lo fabricarás y lo experimentarás.

Pero para alcanzar ese nivel de conciencia, es preciso estar dispuesto a llegar a "Roma", es decir, es preciso que estemos dispuesto a perdonarnos y a perdonar a los agentes que se convierten en los protagonista de suministrarnos la lección que debemos aprender.

¡Perdonaré y esto desaparecerá!

Reflexión: "Todo pesar no es más que una falta de perdón"

martes, 11 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 192

LECCIÓN 192

Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.

1. La santa Voluntad de tu Padre es que tú lo completes, y que tu Ser sea Su Hijo sagrado, por siempre puro como Él, creado del Amor y en él, preservado, extendiendo amor y creando en su Nombre, por siempre uno con Dios y con tu Ser. 2Mas ¿qué sen­tido puede tener tal función en un mundo de envidia, odio y ataque?

2. Tienes, por lo tanto, una función en el mundo de acuerdo a sus propias normas. 2Pues, ¿quién podría entender un lenguaje que está mucho más allá de lo que buenamente puede entender? 3El perdón es tu función aquí. 4No es algo que Dios haya creado, ya que es el medio por el que se puede erradicar lo que no es verdad. 5Pues, qué necesidad tiene el Cielo de perdón? 6En la tierra, no obstante, tienes necesidad de los medios que te ayudan a abando­nar las ilusiones. 7La creación aguarda tu regreso simplemente para ser reconocida, no para ser íntegra.

3. Lo que la creación es no puede ni siquiera concebirse en el mundo. 2No tiene sentido aquí. 3El perdón es lo que más se le asemeja aquí en la tierra. 4Pues al haber nacido en el Cielo, carece de forma. 5Dios, sin embargo, creó a Uno con el poder de traducir a formas lo que no tiene forma en absoluto. 6Lo que Él hace es forjar sueños, pero de una clase tan similar al acto de despertar que la luz del día ya refulge en ellos, y los ojos que ya empiezan a abrirse contemplan los felices panoramas que esos sueños les ofrecen.

4. El perdón contempla dulcemente todas las cosas que son desco­nocidas en el Cielo, las ve desaparecer, y deja al mundo como una pizarra limpia y sin marcas en la que la Palabra de Dios puede ahora reemplazar a los absurdos símbolos que antes estaban escri­tos allí. 2El perdón es el medio por el que se supera el miedo a la muerte, pues ésta deja de ejercer su poderosa atracción y la culpa­bilidad desaparece. 3El perdón permite que el cuerpo sea perci­bido como lo que es: un simple recurso de enseñanza del que se prescinde cuando el aprendizaje haya terminado, pero que es incapaz de efectuar cambio alguno en el que aprende.

5. La mente no puede cometer errores sin un cuerpo. 2No puede pensar que va a morir o ser víctima de ataques despiadados. 3La ira se ha vuelto imposible. a¿Dónde está el terror ahora? 4¿Qué temores podrían aún acosar a los que han perdido la fuente de todo ataque, el núcleo de la angustia y la sede del temor? 5Sólo el perdón puede liberar a la mente de la idea de que el cuerpo es su hogar. 6Sólo el perdón puede restituir paz que Dios dispuso para Su santo Hijo. 7Sólo el perdón puede persuadir al Hijo a que contemple de nuevo su santidad.

6. Una vez que la ira haya desaparecido, podrás percibir que a cambio de la visión de Cristo y del don de la vista no se te pidió sacrificio alguno, y que lo único que ocurrió fue que una mente enferma y atormentada se liberó de su dolor. 2¿Es esto indesea­ble? 3¿Es algo de lo que hay que tener miedo? 4¿O bien es algo que se debe anhelar, recibir con gratitud y aceptar jubilosamente? 5Somos uno, por lo tanto, no renunciamos a nada. 6Y Dios cierta­mente nos ha dado todo.

7. No obstante, necesitamos el perdón para percibir que esto es así. 2Sin su benévola luz, andamos a tientas en la oscuridad usando la razón únicamente para justificar nuestra furia y nues­tros ataques. 3Nuestro entendimiento es tan limitado que aquello que creemos comprender no es más que confusión nacida del error. 4Nos encontramos perdidos en las brumas de sueños cam­biantes y pensamientos temibles, con los ojos herméticamente cerrados para no ver la luz, y las mentes ocupadas en rendir culto a lo que no está ahí.

8. ¿Quién puede nacer de nuevo en Cristo sino aquel que ha per­donado a todos los que ve, o en los que piensa o se imagina? 2¿Quién que mantenga a otro prisionero puede ser liberado? 3Un carcelero no puede ser libre, pues se encuentra atado al que tiene preso. 4Tiene que asegurarse de que no escape, y así, pasa su tiempo vigilándolo. 5Y los barrotes que mantienen cautivo al preso se convierten en el mundo en el que su carcelero vive allí con él. 6Sin embargo, de la liberación del preso depende que el camino de la libertad quede despejado para los dos.

9. Por lo tanto, no mantengas a nadie prisionero. 2Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera tú quedas libre. 3Los pasos a seguir son muy sencillos. 4Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. 5Y ésta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. 6Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a sentir ira representa tu salvador de la prisión de la muerte. 7Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor.

10. Sé misericordioso hoy. 2El Hijo de Dios es digno de tu miseri­cordia. 3Él es quien te pide que aceptes el camino de la libertad ahora. 4No te niegues a ello. 5El Amor que su Padre le profesa te lo profesa a ti también. 6Tu única función aquí en la tierra es perdo­narlo, para que puedas volver a aceptarlo como tu Identidad. 7Él es tal como Dios lo creó. 8Y tú eres lo que él es. 9Perdónale ahora sus pecados y verás que eres uno con él.

  
¿Qué me enseña esta lección?

Me pregunto, ¿qué es la vida?

Desde que nací, he ido identificándome con las percepciones físicas que mi cuerpo me transmite. 

He sentido hambre y mi cuerpo me ha demandado alimento que sacie mi necesidad. 

Sí, he aprendido, desde muy pequeño, que el mundo en el que vivo y que estoy percibiendo como mi hogar, es un mundo de necesidad.

Mi cuerpo me demanda alimentos y mis sentimientos me demandan afectos. Sé que debo sonreír para despertar esa misma sonrisa en mis cuidadores, esto parece gustarles y se muestran más amables y felices cuando ven que yo también manifiesto felicidad. Con el tiempo, he aprendido a distinguir que no siempre puedo mantener ese sentimiento de felicidad y poco a poco, echo en falta las demostraciones de amor de mi familia.

Me enseñan que es preciso ser el mejor en todo; que siendo el mejor puedo llegar lejos; puedo labrarme un futuro de abundancia que me permitirá tener todo cuanto quiera. Yo no dejo de preguntarme, ¿qué puede ser más importante que la sonrisa de mis padres, el abrazo de una madre o el reconocimiento de un padre? Pero esas cosas, me dicen, no me darán de comer el día de mañana.

Sí, he crecido con ese propósito de ser el mejor. La verdad, es muy cansado intentar ser en todo momento el mejor, pues muchas cosas de las que hago, no me gustan, pero no me atrevo a decírselo a mis padres, pues se entristecerían y dejarían de reír.

Reconozco que ya no me río como antes. Algunas veces me cuesta trabajo recordar cuándo fue la última vez que reí. Ahora soy un “hombre de provecho”. Sí, he conseguido ser el mejor. Tengo cuanto quiero. Una hermosa casa; un magnífico coche. Soy director general en una de las empresas más importantes del país. Tengo todo lo que deseo, menos una cosa, que echo verdaderamente de menos, no tengo tiempo para reír.

Muchas veces me he hecho esta pregunta: ¿Ha merecido la pena pagar tan alto precio por perder aquello que más felicidad me aportaba? ¿Cuánto daría ahora por recuperar las ganas de reír?

La vida no puede simplificarse como un corto viaje entre el nacimiento y la muerte. Si así fuese, vivir no tendría sentido. Ese tránsito vital en el que el ego ha puesto sus más absurdas creencias, es tan sólo una ilusión.

La vida tiene otro sentido mucho más liberador, pero para hacer real esta visión debemos reconocer que el mundo físico no es real y su única función es permitirnos expresar los valores espirituales de los que somos portadores.

La más elevada función que podemos expresar en el este mundo es el perdón, pues esta expresión es la manifestación del Amor. Cuando perdonamos, estamos extendiendo el poder liberador del Amor. Cuando perdonamos, recuperamos la paz interior, la felicidad y, de nuevo, estamos en condiciones de reír y de expresar nuestra inocencia.


Ejemplo-Guía: "Respira perdón y sabrás lo que es la paz"

Puede que para alguno de los que leáis esta líneas, las juzguéis de una manera u otra, pero os aseguro, que son compartidas desde la certeza de que tan sólo dos de nosotros nos pusiésemos de acuerdo en practicar el ejercicio gratuito de respirar "perdón", estaríamos activando el interruptor sagrado que ha de dispensarnos la Luz necesaria para experimentar la verdadera vida.

Como bien sabemos, respirar, consiste en dos acciones, la de inspirar (inhalar) y la de espirar (exhalar). Cuando inspiramos, recibimos el oxígeno necesario para la vida física y cuando espiramos, expulsamos el dióxido de carbono. La vida en el mundo físico comienza con el acto de inspirar, sin embargo, ese ser que toma vida en el mundo con ese primer acto, ya se encontraba vivo en el interior de la madre y era alimentado directamente por su creador. 

Al salir al exterior, esa conexión directa se interrumpe y se produce una invitación a tomar por nosotros mismos el acto de vivir y para ello, tenemos que inspirar y espirar, es decir, tenemos que hacer uso del acto de respirar.

Mientras que permanecemos en el viente materno, nuestra madre, nos protege, nos alimenta y nos aporta lo necesario para que la vida se manifieste en nuestro ser. En ese estado, no se concibe miedo, culpa, temor, odio o rencor.

Cuando en nuestro ejemplo-guía hemos vinculado al acto de respirar el perdón, lo que pretendo dar a entender, es que, la vida, la verdadera vida, tan solo será posible cuando utilizando el mecanismo que empleamos para la vida física, la respiración, conseguimos que todo nuestro ser se impregne de la esencia que nos devuelve al estado original de comunicación con nuestro Creador: el perdón.

Estoy seguro, que tú, al igual que yo y al igual que el resto de nuestros hermanos, anhelamos experimentar la paz. En mi ingenuidad, me pregunto, ¿quién puede preferir la guerra, el ataque, el terror, a la paz y a la dicha?
Sin embargo, a pesar de que esta pregunta suele tener una misma respuesta, no estamos dispuestos a dar el paso definitivo para hacerla una realidad. Los motivos, se encuentran en la raíz que da origen al miedo, en la creencia en la separación.

Respirar perdón, exige de nosotros estar dispuesto, en primer lugar, a recibir el perdón, es decir, en llenarnos de él. Tan solo de esta manera, podemos compartirlo. No es fácil perdonarnos. Un niño, comete un error, se lo recriminamos y al poco tiempo ha olvidado la ofensa. Un adulto, un adolescente, recibe un agravio y lo guarda en su interior, colocando como carceleros, al orgullo, a la vanidad, al odio, al rencor, etc, para asegurar que estará bien custodiado. Sin embargo, la tendencia natural del prisionero es evadirse, salir al exterior, y cuando se produzca un descuido de sus carceleros, lo conseguirá. Mientras que esto ocurre, en un deseo de ser fieles a nuestra conducta interna, proyectamos nuestros juicios condenatorios sobre aquellos en los que apreciamos nuestra propia conducta reprobada. Pero un día, la vida nos sorprenderá viendo como nuestro prisionero interno se escapa y nos hace consciente de que durante todo ese tiempo habíamos ocultado nuestra verdadera personalidad.

La Lección de hoy nos recuerda una vez más que nuestra Función en este mundo es perdonar. No es posible gozar de la dicha de la Paz, mientras que no nos hayamos perdonados y mientras no perdonemos a los que hemos condenado.

Busquemos en nuestro interior, dónde se encuentra ese prisionero que nos priva de la libertad. No tienes que ir a ningún psicólogo, ni terapeuta, aunque si lo prefieres, puedes hacerlo. Recuerda que no nos encontramos separados de los demás. Cada uno de nosotros, somos para el/los otros un espejo donde poder identificarnos. Si tienes dificultad para encontrar aquello que debes perdonar, analiza tu comportamiento, tus puntos de vista sobre los demás. Cuando te descubras juzgando y condenando sus hábitos, su manera de ser, su comportamiento, toma nota de ellos, pues están hablando más de ti que de ellos. Bendícelos por ese acto de complicidad que te permite llevar a cabo la función que Dios te ha encomendado: perdonar.

Reflexión: ¿Cuál crees que es tu función en el mundo que percibes?