sábado, 28 de diciembre de 2024

Cuerpo y Alma de Un Curso de Milagros

Desde mi punto de vista Un curso en milagros es lo mejor que he visto como integración de psicología y espiritualidad. En ese momento  yo no sabía realmente, que en mi vida espiritual faltaba algo, pero cuando vi el Curso me di cuenta de que sin duda eso era lo que yo había estado buscando. Así que cuando uno encuentra lo que ha estado buscando, uno se queda con ello. (Kenneth Wapnick – Una introducción básica a Un Curso de Milagros)

No he podido evitar sentirme plenamente identificado con las palabras recogidas en su obra por Kenneth Wapnick. Difícilmente hubiese encontrado un modo más sencillo para expresar lo que significó para mí el encuentro con el Curso. Sobre todas las cosas, me gusta pensar que vino a confirmar aspectos que ya conocía y otros que, en esos momentos, intuía. En verdad, pensé que era lo que estaba buscando. Supuso un “hacia adelante”.

Recuerdo que al comienzo me cuestioné sobre cuál sería el modo más acertado de planificar el estudio del Curso. Decidí empezar en primer lugar con el texto, aunque muy pronto, no tardó en ganar mi interés el desarrollo de las lecciones. Hoy puedo añadir que el estudio del texto es de gran ayuda, sin duda alguna, pero lo que realmente me ha ayudado en el proceso del despertar de la consciencia ha sido el seguimiento diario de las lecciones. A mí, personalmente, me resultó un hermoso reto el iniciar su estudio haciendo coincidir el inicio del año con la primera lección.

Dedicaré a continuación un breve espacio para compartir algunas aportaciones que nos ayuden a conocer en qué consiste la estructura de Un Curso de Milagros, así como qué aspectos postulan sus enseñanzas, lo que podríamos llamar el Cuerpo y Alma del Curso.

Sobre el cuerpo…

El Curso se encuentra organizado enteramente como una herramienta de enseñanza. Consiste en tres libros: un Texto de 622 páginas, un Libro de Ejercicios de 478 páginas y un Libro para Maestros de 88 páginas. El orden en el cual los estudiantes elijan usar los libros y las formas en las que lo estudien dependen de sus necesidades y preferencias particulares.

El currículo que el Curso propone ha sido cuidadosamente concebido y es explicado, paso por paso, tanto en el nivel teórico como en el práctico. Enfatiza la aplicación en lugar de la teoría y la experiencia en vez de la teología. Específicamente postula que “una teología universal es imposible, mientras que una experiencia universal no sólo es posible, sino necesaria” (Manual para Maestros, CL-2.5).

Aunque de un trasfondo Cristiano, el Curso trata con temas espirituales universales. Enfatiza que es tan solo una versión del currículo universal. Hay muchas otras, con la diferencia en esta siendo tan solo a nivel de forma. Todas,ultimadamente conducen a Dios.

El Texto es ampliamente teórico y plantea los conceptos sobre los cuales el sistema de pensamiento del curso se basa. Sus ideas contienen las bases para las lecciones del Libro de Ejercicios. Sin la aplicación práctica que el Libro de Ejercicios provee, el Texto permanecería en su mayor parte como una serie de abstracciones, las cuales difícilmente bastarían para generar la inversión del pensamiento, la cual es la meta del Curso.

El Libro de Ejercicios incluye 365 lecciones, una para cada día del año. No es necesario, sin embargo, hacer las lecciones a ese ritmo, y uno puede preferir permanecer con una lección que le atraiga en particular durante más de un día. Las instrucciones nos urgen tan sólo a no intentar completar más de una lección por día. La naturaleza práctica del Libro de Ejercicios está subrayada por la introducción a sus lecciones, la cual enfatiza la experiencia a través de la aplicación, en lugar de por compromiso anterior con alguna meta espiritual:

"Algunas de las ideas que el libro de ejercicios presenta te resultarán difíciles de creer, mientras que otras tal vez te parezcan muy sorprendentes. Nada de eso importa. Se te pide simplemente que las apliques tal como se te indique. No se te pide que las juzgues. Se te pide únicamente que las uses. Es usándolas como cobrarán sentido para ti, y lo que te demostrará que son verdad.

Recuerda solamente esto: no tienes que creer en las ideas, no tienes que aceptarlas y ni siquiera tienes que recibirlas con agrado. Puede que hasta te opongas vehementemente a algunas de ellas. Nada de eso importa, ni disminuye su eficacia. Pero no hagas excepciones al aplicar las ideas expuestas en el libro de ejercicios. Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más". (Libro de Ejercicios, página 2).

Finalmente, el Libro para Maestros, el cual se presenta en formato de Preguntas y Respuestas, ofrece respuestas a algunas de las más básicas preguntas que el estudiante pueda formular. Incluye también clarificación a una lista de términos que el curso utiliza, explicándolos dentro del marco teórico del Texto.

El Curso no proclama finalidad alguna, ni tampoco las lecciones del Libro de Ejercicios intentan traer el aprendizaje del estudiante a una compleción final. Al final, el estudiante queda en las manos de su Maestro Interno, Quien lo dirigirá en todo aprendizaje a seguir en la medida en que Él lo vea propicio. Mientras que el Curso es detallado en alcance, la verdad no puede limitarse a una forma finita, como se reconoce claramente en esta frase al final del Libro de Ejercicios:

"Este curso es un comienzo, no un final…Ya no se asignarán más lecciones específicas, pues ya no son necesarias. En lo sucesivo, oye tan sólo la Voz que habla por Dios. Él dirigirá tus esfuerzos, diciéndote exactamente lo que debes hacer, cómo dirigir tu mente y cuándo debes venir a Él en silencio, pidiendo Su dirección infalible y Su Palabra certera" (Libro de Ejercicios, Epi-3).

Sobre el alma…

Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.

Así comienza Un Curso de Milagros. Hace una distinción fundamental entre lo real y lo irreal; entre el conocimiento y la percepción. El conocimiento es la verdad, bajo una ley, la ley del amor de Dios. La verdad es inalterable, eterna y sin ambigüedad. Puede dejar de reconocerse, pero no puede ser cambiada. Se aplica a todo lo que Dios creó, y solo lo que El creó es real. Esto está más allá de todo aprendizaje pues se halla más allá del tiempo y los procesos. No tiene opuestos, ni principio ni fin. Simplemente es.

El mundo de la percepción, de otro modo, es el mundo del tiempo, de los cambios, de los principios y los fines. Se basa en la interpretación no en los hechos. Es el mundo del nacimiento y de la muerte, basado en la creencia en la escasez, la pérdida, la separación y la muerte. Es aprendido en lugar de haber sido dado, es selectivo en su énfasis perceptivo, inestable en su funcionamiento e impreciso en sus interpretaciones.

A partir del conocimiento y de la percepción respectivamente, se levantan dos distintos sistemas de pensamiento, los cuales son opuestos en todos los respectos. En el ámbito del conocimiento no existe pensamiento alguno aparte de Dios, porque Dios y Su Creación comparten una sola Voluntad. El mundo de la percepción, sin embargo, está hecho de la creencia en los opuestos y las voluntades separadas que se hallan en conflicto perceptivo mutuo y con Dios. Lo que la percepción ve y oye aparenta ser real porque permite en la conciencia tan sólo aquello que se conforma a los deseos del que lo percibe. Esto conduce a un mundo de ilusiones, un mundo que necesita constante defensa precisamente porque no es real.

Cuando te hallas atrapado en el mundo de la percepción, estás atrapado en un sueño. No puedes escapar sin ayuda, porque todo lo que tus sentidos demuestran simplemente da testimonio a la realidad del sueño. Dios ha provisto la respuesta, la única salida, la verdadera ayuda. Es la función de Su Voz, Su Espíritu Santo, mediar entre estos dos mundos. Él puede hacer esto porque, mientras que de un lado Él conoce la verdad, del otro Él también reconoce nuestras ilusiones, pero sin creer en ellas. Es la meta del Espíritu Santo ayudarnos a escapar del mundo de los sueños al enseñarnos cómo invertir nuestro pensamiento y a "des-aprender" nuestros errores. El perdón es la gran herramienta de aprendizaje del Espíritu Santo en hacer que se produzca esta inversión del pensamiento. Sin embargo, el Curso tiene su propia definición de lo que en realidad es el perdón, así como también define al mundo a su manera.

El mundo que vemos meramente refleja nuestro marco interno de referencia: las ideas predominantes, los deseos y las emociones de nuestras mentes. “La proyección da lugar a la percepción” (T-21.Int.). Primero miramos adentro, decidimos qué clase de mundo queremos ver y luego proyectamos ese mundo hacia afuera, convirtiéndolo en la verdad a medida que lo observamos. Lo hacemos realidad a través de nuestras interpretaciones de lo que aparentemente vemos. Si utilizamos la percepción para justificar nuestros propios errores – nuestra ira, nuestros impulsos de ataque, nuestra falta de amor en cualquier forma que esta pueda tomar – veremos un mundo de maldad, destrucción, malicia, envidia y desesperación.

Debemos aprender a perdonar todo esto, no porque estemos siendo “bondadosos” ni “caritativos”, sino porque lo que estamos viendo no es verdad. Hemos distorsionado el mundo con nuestras retorcidas defensas y, por consiguiente, vemos lo que no está allí. En la medida en que aprendemos a reconocer nuestros errores de percepción, aprendemos también a mirar más allá de ellos o a “perdonar”. Simultáneamente nos estamos perdonando a nosotros mismos, mirando más allá de nuestro distorsionado concepto del Ser que Dios creó en nosotros y como nosotros.

El pecado se define como una “falta de amor” (T-1.4.7). Como el amor es todo lo que es, el pecado en los ojos del Espíritu Santo es un error que debe ser corregido, en vez de una maldad que debe ser castigada. Nuestra sensación de insuficiencia, de debilidad y de ser incompletos viene del fuerte interés que tenemos en el “principio de la escasez” que gobierna el mundo entero de las ilusiones. Desde ese punto de vista buscamos en otros lo que creemos que falta en nosotros mismos. Nosotros “amamos” a otro con el fin de obtener algo para nosotros mismos. Eso, de hecho, es lo que pasa por amor en el mundo de los sueños. No hay error más grande que ese, pues el amor es incapaz de pedir nada.

Solo las mentes se pueden realmente unir, y "lo que Dios ha unido, ningún hombre lo podrá desunir" (T-17.III.7). Es, sin embargo, solo en el nivel de la Mente Cristo que la verdadera unión es posible, y de hecho, nunca se ha perdido. El “pequeño yo” busca mejorarse con la aprobación externa, las posesiones externas y el “amor” externo. El Ser que Dios creó no necesita nada. Es por siempre completo, seguro, amado y amoroso. Busca compartir en lugar de recibir, extenderse en lugar de proyectar. No tiene necesidades y desea unirse a otros a partir de una mutua conciencia de la abundancia.

Las relaciones especiales del mundo son destructivas, egoístas e infantilmente egocéntricas. Aunque, si se les ofrece al Espíritu Santo, estas relaciones pueden llegar a convertirse en las cosas más sagradas de la Tierra. El mundo utiliza sus relaciones especiales como un arma final de exclusión y una demostración de la separación. El Espíritu Santo las transforma en lecciones perfectas de perdón y en un despertar del sueño. Cada una es una oportunidad para dejar que las percepciones sean sanadas y los errores corregidos. Cada una es una nueva oportunidad para perdonarse a sí mismo al perdonar a otros. Y cada una se convierte aún más en otra invitación al Espíritu Santo y al recuerdo de Dios.

La percepción es una función del cuerpo, y por ende representa una limitación de la conciencia. La percepción ve a través de los ojos del cuerpo y oye a través de los oídos del cuerpo. Evoca las limitadas reacciones que el cuerpo emite. El cuerpo aparenta ser altamente autónomo e independiente; sin embargo, tan solo responde a las intenciones de la mente. Si la mente desea utilizarlo para atacar de cualquier forma, se convierte en presa de la enfermedad, del envejecimiento y del decaimiento. Si la mente acepta el propósito del Espíritu Santo para este en su lugar, este se convierte en una forma útil de comunicarse con otros, invulnerable en cuanto sea de utilidad, y para ser dejado a un lado dulcemente cuando haya servido su propósito. De por sí, el cuerpo es neutro, como lo es todo en el mundo de la percepción. Bien sea que se utilice para los propósitos del ego o del Espíritu Santo, esto depende enteramente de lo que la mente desee.

Lo opuesto a ver a través de los ojos del cuerpo es la visión de Cristo, la cual refleja la fortaleza en lugar de la debilidad, la unidad en vez de la separación y el amor en lugar del miedo. Lo opuesto a oír con los oídos del cuerpo es comunicarse con la Voz que habla por Dios, el Espíritu Santo, el cual habita en cada uno de nosotros. Su Voz parece distante y difícil de oír porque el ego, el cual habla a favor del pequeño ser separado, parece ser mucho más audible. Esto en realidad es al revés. El Espíritu Santo habla con una inconfundible claridad y una atracción sobrecogedora. Nadie que no elija identificarse con el cuerpo podría posiblemente ensordecerse a Sus mensajes de liberación y esperanza, ni tampoco podría dejar de aceptar gozosamente la visión de Cristo en un feliz intercambio por esa miserable imagen de sí mismo.

La visión de Cristo es el regalo del Espíritu Santo, alternativa a la ilusión de la separación y a la creencia en la realidad del pecado, la culpabilidad y la muerte. Es la única corrección para todos los errores de percepción, la reconciliación de los aparentes opuestos sobre los cuales se basa el mundo. Su dulce luz muestra todas las cosas desde otro punto de vista, reflejando el sistema de pensamiento que se eleva a partir del conocimiento y haciendo el retorno a Dios no solo posible, sino inevitable. Lo que se percibía como injusticias perpetradas a unos por los otros, ahora se convierte en llamados de ayuda y de unión. El pecado, la enfermedad, el ataque son vistos como errores de percepción, clamando por el remedio a través de la dulzura y el amor. Las defensas se dejan a un lado, pues donde no hay ataque no hay necesidad de ellas. Las necesidades de nuestros hermanos se convierten en las nuestras propias, pues ellos caminan el sendero con nosotros en nuestro camino hacia Dios. Sin nosotros ellos perderían su camino, y sin ellos no podríamos nosotros nunca encontrar el nuestro.

El perdón es desconocido en el Cielo, donde la necesidad de este sería inconcebible. Sin embargo, en este mundo, el perdón es una corrección necesaria para todos los errores que hemos cometido. Ofrecer el perdón es la única manera que nos queda de tenerlo, pues este refleja la ley del Cielo de que dar y recibir son una misma cosa. El Cielo es el estado natural de todos los Hijos de Dios, tal como Él los Creó. Esa es su realidad para siempre. No ha cambiado aunque haya sido olvidada.

El perdón es el medio por el cual recordamos. A través del perdón, el pensamiento del mundo es invertido. El mundo perdonado se convierte en el portal del Cielo, porque a través de su misericordia podemos finalmente perdonarnos a nosotros mismos. Al no permitir que nadie permanezca prisionero de la culpabilidad, nos hacemos libres. Reconociendo al Cristo en todos nuestros hermanos, reconocemos Su Presencia en nosotros mismos. Olvidando todo error de percepción, y con nada del pasado que nos arrastre hacia aquel, podemos recordar a Dios. Más allá no puede ir el aprendizaje. Cuando estamos listos, Dios Mismo toma el paso final en nuestro retorno hacia Él. (http://www.milagrosenred.org)
  
¡Vaya! Hermosa alma, sin duda.

Entonces, ¿de todos los “caminos” que nos conducen a la Verdad, UCDM es el mejor de los “caminos”?

Una de las cosas importantes que debe saberse acerca del Curso es que es explícito en que no es el único camino al Cielo. Al principio del manual para maestros dice que ésta es sólo una forma del curso universal, entre miles (M-1.4:1-2). Un curso en milagros no es para toda la gente, y sería un error pensar que lo es. Nada es para todo el mundo. Creo que es muy importante que haya sido presentado al mundo, pero no es para todos. A aquellos para quienes no sea el camino, el Espíritu Santo les dará algún otro. (Kenneth Wapnick – Una introducción básica a Un Curso de Milagros)

En otras palabras…, ¡a gusto del consumidor!

viernes, 27 de diciembre de 2024

La Historia de Un Curso de Milagros

Antes de adentrarnos en el estudio de Un Curso de Milagros, me gustaría compartir parte del contenido recogido en la obra escrita por Kenneth Wapnick "Una introducción básica a Un Curso de Milagros", en la que dedica su primer capítulo a desvelar la historia de Un Curso de Milagros: 
Una de las cosas interesantes acerca de cómo llegó a ser escrito Un curso en milagros es el proceso mismo de cómo se escribió y la historia que lo rodea pues proveen un ejemplo perfecto de los principios básicos del mismo. El mensaje central del Curso es que la salvación llega en cualquier instante en que dos personas se unen para compartir un interés común o trabajar hacia una meta común. Esto siempre envolverá algún aspecto del perdón, sobre el cual hablaremos más adelante.
Las dos personas responsables del Curso en milagros fueron Helen Schucman, quien
falleció en febrero de 1981, y William Thetford. Ellos eran psicólogos del Columbia-Presbyterian Medical Center en New York City, USA. Billz había llegado allí primero, en 1958, y era el Director del Departamento de Psicología. Helen se unió a él pocos meses después.
Durante los primeros siete años de su relación tuvieron muchas dificultades el uno con el otro. Sus personalidades eran totalmente opuestas. Aun cuando en un nivel trabajaban muy bien juntos, en el nivel personal existía una gran tensión y ambivalencia. No sólo existían dificultades debido a su propia relación sino que tenían dificultades con otros miembros del departamento, con otros departamentos del Medical Center, y en su trabajo en otras disciplinas con otros centros médicos. Era la atmósfera típica de una universidad o centro médico grande, y Columbia no era distinta a ningún lugar de estos.
El punto crucial surgió un día de primavera en 1965 cuando Helen y Bill tenían que cruzar la ciudad para ir al Cornell Medical Center, donde asistirían a una reunión interdisciplinaria corriente. Por lo general, estos eran asuntos muy desagradables llenos de rivalidades y ofensas, algo común en un medio universitario. Helen y Bill también formaban buena parte de ello, juzgando y criticando a otras personas. Pero este día, justo antes de partir para la reunión, Bill, que era un hombre más bien callado y modesto, hizo algo fuera de lo usual. Le dio un discurso apasionado a Helen en el cual le dijo que él consideraba que tenía que haber una mejor forma de manejar estas reuniones y la clase de problemas que surgían en las mismas. Sentía que tenían que ser benévolos y menos duros, en vez de ser tan competitivos y críticos. Igualmente inesperada y ajena a su carácter fue la respuesta de Helen. Ella estuvo de acuerdo y se comprometió con él a encontrar esa otra forma. Este acuerdo no iba con la manera de ser de ellos pues tendían más bien a criticarse que a aceptarse mutuamente. El unirse fue un ejemplo de lo que el Curso llama un instante santo y, como dije al principio, el instante santo es el medio hacia la salvación.
En un nivel del cual ninguno de ellos tenía conciencia, ese instante fue la señal que abrió la puerta a toda una serie de experiencias que Helen empezó a tener, tanto despierta como en sueños. Mencionaré algunas de ellas, las cuales tienen tanto una fuerte naturaleza psíquica como un fuerte aspecto religioso, puesto que la figura de Jesús empieza a aparecer progresivamente en forma regular. Lo que hacía de esto algo inesperado era la posición que Helen había adoptado en ese momento de su vida. Ella estaba en sus cincuenta y había asumido el papel de atea militante, disfrazando astutamente su amargo resentimiento hacia un Dios que ella consideraba no había obrado bien con ella. Así que era agresiva hacia cualquier clase de pensamiento que ella juzgara dudoso o ambiguo e incapaz de ser estudiado, medido y evaluado. Ella era una psicóloga investigadora muy buena. Tenía una mente aguda, analítica y lógica y no toleraba ningún tipo de pensamiento que se desviara de eso.
Desde que era niña Helen tenía cierta capacidad psíquica, como para ver cosas que no estaban ahí. Sin embargo, nunca le prestó mucha atención a eso, segura de que todos tenían esa habilidad. A una edad temprana tuvo una o dos experiencias místicas impactantes, a las que tampoco les prestó mucha atención. De hecho, apenas había mencionado hasta ahora tener todas estas experiencias. Por cierto, resultó sorprendente que ella empezara a tenerlas. Además, esas experiencias la asustaron muchísimo; parte de ella temía volverse loca. Estas cosas no eran normales, y si Bill no hubiera estado allí para apoyarla y animarla creo que ella hubiera suspendido todo el proceso. Es importante reconocer lo fundamental que fue para Helen la ayuda y colaboración de Bill. De lo contrario, Un curso en milagros jamás se hubiera escrito. Así que ya ustedes están viendo otro ejemplo del principio básico del Curso. El mismo se repite una vez tras otra, en formas distintas: "La salvación es una empresa de colaboración" (T-4.VI.8:2),3 "Al arca de la paz se entra de dos en dos" (T-20.1V 63), "Nadie puede entrar en el Cielo solo" W-pI.134.17:7), y "juntos alzarán ... o no la alzarán en absoluto" (T 19.IV D.12:8).
Toda una serie de experiencias que Helen tuvo durante el verano llegaron como en episodios. La misma le llegaba en segmentos durante la vigilia; no era un estado de sueño. La serie de experiencias empezó con ella caminando a lo largo de una playa desierta donde encontró un bote encallado en la arena. Se dio cuenta de que su trabajo era sacar el bote de la playa y tirarlo al agua. Sin embargo, no había forma en que ella pudiera hacerlo puesto que el bote estaba demasiado encallado en la arena. En medio de esto apareció un extraño quien le ofreció ayuda. Entonces Helen observó que en el fondo del bote había, lo que ella describió como un antiguo aparato receptor y proyector. Ella le dijo al extraño: "Quizá esto nos ayude." Pero él dijo: "Todavía no estás lista para eso. Déjalo ahí." Y él sacó el bote de la playa y lo tiró al agua. Cada vez que había problemas y mares tormentosos este hombre siempre aparecía para ayudarla. Después de un tiempo ella reconoció que el hombre era Jesús, aun cuando él no lucía como usualmente pensamos de Jesús. Siempre estaba cerca para ayudarla cuando las cosas se ponían difíciles.
Finalmente, en la última escena de esta serie el bote alcanzó su destino en lo que parecía un canal, donde todo era calmado, quieto y pacífico. Había una caña de pescar en el fondo del bote, y al final del cordel, en el fondo del mar, había un cofre del tesoro.
Helen vio el cofre y se emocionó mucho porque en ese momento de su vida le gustaba mucho todo tipo de joyas y cosas bonitas. Anhelaba descubrir qué había en el cofre. Lo sacó pero fue grande su desilusión cuando al abrirlo sólo vio un libro negro grande. Eso era todo lo que había allí. En el lomo del libro estaba escrito el nombre, "Aesculapius", el dios griego de la sanación. Helen no reconoció el nombre en ese momento. Fue sólo años después, cuando el Curso se había escrito a máquina y se había puesto en carpetas para tesis, cuando ella y Bill se dieron cuenta de que lucía exactamente como el libro que ella había encontrado en el cofre del tesoro.
Ella miró el cofre del tesoro nuevamente y esta vez el mismo tenía un collar de perlas a su alrededor. Unos días más tarde tuvo un sueño en el que una cigüeña volaba sobre algunas poblaciones y en su pico llevaba un libro negro con una cruz dorada encima. Una voz le dijo: "Este es tu libro." (Esto fue justo antes de que el Curso llegara.)
Hubo otra experiencia interesante en la cual Helen se vio a sí misma caminando hacia una cueva. Era una cueva muy antigua y en el piso había algo parecido a un pergamino del Tora con dos varas a los lados, alrededor de las cuales estaba envuelto el pergamino. (El Tora es la primera parte del Antiguo Testamento.) Era muy antiguo. Tanto, que cuando Helen lo alzó la pequeña cuerda que lo ataba cayó y se desintegró. Ella miró el pergamino, lo desenrolló y en el cuadro central estaban las palabras, "DIOS ES". Ella pensó que era muy bonito. Luego lo desenrolló un poquito más y había un panel en blanco a la izquierda y otro panel en blanco a la derecha. Y esta voz le dijo: "Si miras a la izquierda podrás leer todo lo que ha sucedido en el pasado. Y si miras a la derecha podrás leer todo lo que sucederá en el futuro." Pero ella dijo: "No, eso no me interesa. Todo lo que quiero es el panel central."
Así que Helen enrolló nuevamente el pergamino para que lo único que se viera fueran las palabras, "DIOS ES". Entonces la voz le dijo: "Gracias. Esta vez lo lograste." En ese momento ella reconoció que había pasado un tipo de prueba que evidentemente no había logrado pasar antes. Lo que esto realmente significaba era que ella había expresado un deseo de no hacer mal uso de la habilidad que tenía; en otras palabras, no utilizarla para ningún tipo de poder o curiosidad. Lo único que ella verdaderamente buscaba era el presente, donde se encuentra Dios.
Una de las lecciones del libro de ejercicios para estudiantes dice "Decimos `Dios es', y luego guardamos silencio", porque no hay nada más que decir fuera de esas dos palabras (LpL169.5: 4). Creo que ese pasaje se refiere a esta experiencia en la cueva. Existe un fuerte énfasis a través del Curso en torno a la idea de que el pasado ya no existe y que no debemos preocuparnos por el futuro, que tampoco existe. Sólo debemos ocupamos del presente, puesto que éste es el único lugar donde podemos conocer a Dios.
Una anécdota final: Helen y Bill se dirigían a la Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, para pasar un día estudiando como allí hacían las evaluaciones psicológicas. La noche anterior Helen vio en su mente un cuadro muy claro de una iglesia que al principio ella creyó que era católica pero luego se dio cuenta que era luterana. La vio tan claramente que la dibujó. Mientras la contemplaba en su visión se convenció de que ella y Bill verían esta iglesia cuando su avión estuviera aterrizando en Rochester. Esta iglesia, pues, se convirtió en un símbolo muy poderoso de su cordura, pues para entonces dudaba de la misma ya que realmente no podía comprender todas estas experiencias internas. Ella sentía que si podía ver la iglesia esto le aseguraría que no estaba loca. Sin embargo, cuando aterrizaron no vieron la iglesia. Helen se puso frenética, así que Bill contrató un taxi para que los llevara a cada iglesia en Rochester. Creo que había cerca de veintiséis iglesias en la ciudad, pero no encontraron la iglesia de Helen. Ella se encontraba muy molesta pero no había nada más que hacer esa noche.
El siguiente fue un día muy ocupado y por la noche regresaban a New York. Mientras esperaban en el aeropuerto, Bill, que siempre era bueno para este tipo de cosas, escogió casualmente un libro sobre Rochester que creyó le gustaría a Louis el esposo de Helen. El libro contenía la historia de la Mayo Clinic y al hojearlo Bill vio una lámina idéntica a la iglesia que Helen había descrito. Estaba en el viejo solar donde se encontraba la Mayo Clinic, puesto que la iglesia había sido demolida para construir la clínica. Helen la había visto como sobre volando puesto que la iglesia ya no estaba allí; la estaba mirando hacia abajo en el tiempo. Esto la hizo sentir algo mejor, pero este no es el final del relato.
Helen y Bill tenían que cambiar de avión en Chicago. Ya era tarde en la noche y estaban cansados. Estaban sentados en el aeropuerto cuando Helen vio a una mujer sentada frente al área de espera, ocupada en algo. Helen captó que la mujer estaba muy inquieta, aun cuando no había señales externas al respecto. Se dirigió a la mujer, algo que normalmente no hubiera hecho pero que realmente sintió el impulso de hacer. Justamente la mujer estaba muy inquieta. Acababa de abandonar a su esposo e hijos y se iba a New York donde nunca había estado antes. Tenía sólo trescientos dólares que iba a usar para alojarse en New York y, además, estaba aterrorizada porque jamás había volado. Helen le ofreció su amistad y la llevó donde se encontraba Bill y juntos la cuidaron en el avión. Ella se sentó entre los dos y le contó a Helen que planeaba alojarse en la Iglesia Luterana, puesto que ella era luterana. Entonces Helen escuchó una voz interna: "Y esta es mi verdadera iglesia." Helen comprendió que lo que Jesús quería decir era que una verdadera iglesia no es un edificio sino ayudar y unirnos a otra persona.
Cuando llegaron a New York Helen y Bill alojaron a su nueva amiga en un hotel. Durante los siguientes días curiosamente se encontraban continuamente al azar. Creo que Bill se la encontró una vez en Bloomingdale's, un gran almacén en New York. Helen la invitó a cenar una o dos veces. Eventualmente la mujer regresó a su familia pero se mantuvo en contacto con Helen, enviándole tarjetas de Navidad, etc. Una vez llamó a Helen mientras yo estaba en casa de ésta. La historia es importante para demostrar que no es el fenómeno psíquico en sí lo que importa sino más bien el propósito espiritual detrás de él; en este caso el de ayudar a otra persona.
Un día a mediados de octubre Helen le dijo a Bill: "Creo que haré algo muy inesperado." En ese momento Bill le sugirió que consiguiera una libreta y escribiera todas las cosas que pensara o escuchara, o cualquier sueño que tuviera. Helen empezó a hacerlo así. Ella sabía taquigrafía y podía escribir muy rápido. Una noche, un par de semanas después, escuchó que esta voz le decía: "Este es un curso de milagros, por favor toma notas." Le dio tal pánico que llamó a Bill por teléfono y le dijo: "Esta voz sigue diciéndome estas palabras. ¿Qué hago?" Bill dijo algo por lo cual generaciones futuras lo llamarán bendito. El dijo: "¿Por qué no haces lo que dice la voz?" Helen lo hizo. Empezó a tomar dictado que siete años más tarde terminó como los tres libros que ahora tenemos, llamados, Un curso en milagros.
La experiencia de Helen con la voz era como la de una grabadora interna. Ella podía conectar y desconectar la voz a su antojo. Sin embargo, no la podía "desconectar" por mucho tiempo porque se ponía inquieta. Ella podía escribir lo que la voz decía aun cuando ésta hablaba muy rápidamente. Así que la taquigrafía de Helen fue muy útil. Esto lo hacía plenamente consciente. No era escritura automática; no estaba bajo trance o algo semejante. Podía estar escribiendo y si sonaba el teléfono, soltaba la pluma y atendía el asunto telefónico, y luego regresaba a escribir y continuaba donde había quedado. A menudo podía reanudarlo en el mismo lugar. Esto es aún más admirable cuando uno se da cuenta de que gran parte del Curso está escrito en verso libre (sin rima), pentámetro yámbico; ella hacía esto sin perder la métrica o el sentido de lo que estaba diciendo la voz.
Tal vez lo que más asustaba a Helen era que la voz se identificaba a sí misma como Jesús. Gran parte del Curso está escrito en primera persona, donde Jesús habla sobre su crucifixión. No puede haber duda alguna respecto a la identidad de la voz. Sin embargo, el Curso dice que no es necesario creer que la voz es la de Jesús para beneficiarse de lo que dice Un curso en milagros. Yo creo que resulta más fácil si lo creemos de modo que no haya que hacer gimnasia mental mientras lo leemos. Pero no es necesario para poner en práctica los principios del Curso. El Curso mismo nos lo dice. Hay una sección sobre Jesús en el manual para maestros donde dice que no es necesario aceptar a Jesús en nuestras vidas pero que él nos ayudará más si se lo permitimos (C-5.6:6-7).
En la mente de Helen no había duda de que la voz era la de Jesús, y esto le producía más miedo aún. Esta no era una experiencia feliz. Ella lo hacía porque en alguna forma consideraba que era lo que debía hacer. Una vez ella se quejó amargamente a Jesús: "¿Por qué me escogiste? ¿Por qué no escogiste a una linda y santa monja, o alguien parecido? Yo soy la última persona en el mundo que debería estar haciendo esto." Y él dijo: "No sé por qué dices eso porque después de todo lo estás haciendo." Ella no pudo discutir con él puesto que ya lo estaba haciendo, y evidentemente era la selección perfecta para ello.
Diariamente ella anotaba en su libreta de taquigrafía el dictado del Curso. Al día siguiente, cada vez que el tiempo lo permitía en sus ocupados calendarios, le dictaba a Bill lo que había recibido y él lo pasaba a máquina. Bill ha dicho bromeando que por lo general tenía que tener un brazo alrededor de Helen para sostenerla mientras que escribía con el otro. Helen tenía gran dificultad aun para leer lo que había escrito. Así fue como se tomó originalmente Un curso en milagros; como dije, el proceso tomó aproximadamente un período de siete años".
Hasta aquí, lo anunciado al comienzo de este artículo, una breve introducción sobre los orígenes que dieron lugar al manual conocido como Un Curso de Milagros.

Soy consciente de que lo expuesto puede dar motivo a resistencias de muchas mentes. De hecho, es así y han sido recogidas en numerosos artículos que nos resultará fácil encontrar publicados en internet.

No voy a entrar a valorar el contenido de dichos artículos, pues, si algo he aprendido en las enseñanzas que he tenido la oportunidad de estudiar, hacer uso de juicios condenatorios no es más que una proyección de nuestras resistencias a ver la verdad.

Mi decisión de compartir con el mundo el contenido de las enseñanzas recogidas en Un Curso de Milagros no responde a un deseo de ganar acólitos que se erijan en seguidores y defensores de ella, sino por una razón mucho más sencilla: tener la certeza de que la práctica de sus lecciones me lleva a gozar de paz y amor.

Os dejo un vídeo de Patricia Besada, donde nos aporta su visión de Un Curso de Milagros.


Capítulo 17. II. El mundo perdonado (1ª parte).

II. El mundo perdonado (1ª parte).

1. ¡Imagínate cuán hermosos te parecerán todos aquellos a quie­nes hayas perdonado! 2En ninguna fantasía habrás visto nunca nada tan bello. 3Nada de lo que ves aquí, ya sea en sueños o des­pierto, puede compararse con semejante belleza. 4Y no habrá nada que valores tanto como esto ni nada que tengas en tanta estima. 5Nada que recuerdes que en alguna ocasión hiciera cantar a tu corazón de alegría te brindó ni una mínima parte de la felicidad que esta visión ha de brindarte. 6Pues gracias a ella podrás ver al Hijo de Dios. 7Contemplarás la belleza que el Espíritu Santo adora contemplar, y por la que le da gracias al Padre. 8Él fue creado para ver esto por ti hasta que tú aprendas a verlo por tu cuenta. 9Y todas Sus enseñanzas conducen a esa visión y a dar gracias con Él.

Cuando nuestra mente se une a la de Dios, es el Espíritu Santo quien se hace consciente en nosotros. El Espíritu Santo es la Mente compartida con nuestro Creador. Es la Mente Una, que a nivel de percepción se expresa como la Mente Recta.

Cuando vemos con la Mente Una, con la Mente Recta, percibimos correctamente el mundo, lo que significa que hemos recordado lo que somos, y esa visión se extiende hacia todo lo creado. La unidad sustituirá la ilusión de la separación, y el amor sustituirá al miedo. El perdón limpiará todo recuerdo de culpa procedente del pasado, y dará paso a la visión del instante santo, donde la forma será trascendida por los Grandes Rayos que emanan de cada ser.

2. Esta belleza no es una fantasía. 2Es el mundo real, resplande­ciente, puro y nuevo, en el que todo refulge bajo la luz del sol. 3No hay nada oculto aquí, pues todo ha sido perdonado y ya no que­dan fantasías que oculten la verdad. 4El puente entre ese mundo y éste es tan corto y tan fácil de cruzar, que nunca te hubieses podido imaginar que fuese el punto de encuentro de mundos tan dispares. 5Mas este corto puente es la cosa más poderosa conec­tada a este mundo. 6Este ínfimo paso, tan pequeño que ni siquiera has reparado en él, es un salto que te lleva a través del tiempo hasta la eternidad, y te conduce más allá de toda fealdad hacia una belleza que te subyugará y que nunca cesará de maravillarte con su perfección.

El apartado II del capítulo 17 se titula "El mundo perdonado". En este apartado, Jesús nos describe la belleza que contemplaremos cuando tomemos consciencia de la verdad. Esa verdad ha permanecido oculta por la densa niebla de la ilusión. La verdad es luz, y la luz es entendimiento. La verdad es eterna y siempre ha permanecido en nuestro interior, pues esa verdad nos aporta el Conocimiento de nuestra verdadera identidad. Ahora, sabemos que no somos un ego, que no somos un cuerpo físico, sino que somos el Ser Espiritual que ha sido creado a Imagen y Semejanza de Dios. Por tal motivo, somos eternos, puros, inocentes y dadores de amor.

3. Este paso, el más corto que jamás se haya dado, sigue siendo el mayor logro en el plan de Dios para la Expiación. 2Todo lo demás se aprende, pero esto es algo que se nos da, y que es completo en sí mismo y absolutamente perfecto. 3Nadie, excepto Aquel que planeó la salvación, podría completarlo tan perfectamente. 4El mundo real, en toda su belleza, es algo que se aprende a alcanzar. 5Todas las fantasías se desvanecen y nada ni nadie continúa siendo prisionero de ellas, y gracias a tu propio perdón ahora puedes ver. 6Lo que ves, sin embargo, es únicamente lo que inven­taste, excepto que ahora la bendición de tu perdón descansa sobre ello. 7Y con esta última bendición que el Hijo de Dios se da a sí mismo, la percepción real, nacida de la nueva perspectiva que ha aprendido, habrá cumplido su propósito.

Tal y como nos enseña el Curso que estamos analizando, el Hijo de Dios no debe ser perdonado, sino despertado. Con ello debemos entender que es el estado de nuestra consciencia, esto es, el estado de "sueño", que nos impide ver la verdad de lo que somos. Ese estado de sueños nos lleva a la creencia de que lo que percibimos es lo verdadero, cuando, en realidad, son fantasías emanadas de una mente perdida en la trama de la pesadilla que se inventa la mente fuera de lo real.

Elegir tener un sueño feliz, donde el perdón ponga fin a la visión de la separación, es el estado previo al estado de despertar. En ese momento, cuando nuestros ojos se abren a la verdad, seremos conscientes de que todo lo percibido durante el sueño ha sido fruto de la ilusión. 

4. Las estrellas se desvanecerán en la luz, y el sol que iluminó al mundo para que su belleza se pudiese apreciar desaparecerá. 2La percepción no tendrá razón de ser cuando haya sido perfeccio­nada, pues nada que haya sido utilizado para el aprendizaje ten­drá función alguna. 3Nada cambiará jamás; y las fluctuaciones y los matices, así como las diferencias y contrastes que hacían que la percepción fuese posible cesarán. 4La percepción del mundo real será tan fugaz que apenas tendrás tiempo de dar gracias a Dios por él. 5Pues una vez que hayas alcanzado el mundo real y estés listo para recibir a Dios, Él dará de inmediato el último paso.

En este punto, se recoge el anuncio de lo que sucederá una vez demos ese importante paso que nos lleva a cruzar el puente entre la ilusión y la verdad. Hemos aprendido que las pesadillas forman parte del sueño y que somos el soñador del sueño. Hemos aprendido que para despertar de ese sueño, tenemos que elegir el sueño del perdón, en el que elevaremos la ilusión hasta la verdad, la oscuridad hasta la luz, que nos permitirá dar ese último paso que abrirá nuestros ojos al mundo real.

¿Cómo te imaginas ese instante santo?

Miraremos en nuestro interior y ya no veremos culpa ni pecado. Ya no tendremos necesidad de ocultarnos. Ya no tendremos necesidad de castigarnos, ni de juzgarnos. Ya no tendremos miedo, sino una profunda gratitud por el amor que compartimos con el Creador y con la Filiación.

Miraremos fuera de nosotros y no percibiremos nada, pues ya no necesitamos aprender nada.

Sí, las estrellas que nos han servido de guías en la oscuridad se desvanecerán en la luz y el sol que iluminó nuestra consciencia desaparecerá, pues ahora la belleza que visionamos nos hace Uno con lo creado.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Capítulo 17. EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA. I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (2ª parte).

   Capítulo 17

EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA 


I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (2ª parte).

4. Mientras desees que esto siga siendo así, seguirás albergando la ilusión de que hay grados de dificultad en los milagros. 2Pues habrás sembrado la idea de grados de realidad al darle una parte de ésta a un maestro, y la otra al otro. 3De este modo, aprendes a tratar con una parte de la verdad de una manera, y con la otra de otra. 4Fragmentar la verdad es destruirla, pues ello la desprovee de todo significado. 5El concepto de grados de realidad es un enfoque que denota falta de entendimiento, un marco de referen­cia para la realidad con el que realmente no se la puede comparar en absoluto.

El ego es fiel a su sistema de pensamiento, cuya principal característica es el juicio, o lo que es lo mismo, el uso de la mente para dividir en pedazos lo que forma una unidad. El Hijo de Dios es uno con el resto de la Filiación. No hay diferencia en la esencia con la que se ha creado el Hijo de Dios. El Creador es Uno y Su Hijo goza de Su misma Imagen y Semejanza.

El ego no participa de esa verdad y tiene la certeza de que cada ser es diferente a otro y argumenta sus fundamentos en la diferencia evidente que percibe en su identidad física. El ego cree en la forma y no en el contenido. Ello le lleva a pensar que hay diferentes grados en aquello que percibe, lo que impide que su consciencia participe del maravilloso espectáculo de la Unidad.

5. ¿Crees acaso que puedes llevar la verdad ante las fantasías y aprender lo que significa la verdad desde la perspectiva de lo ilusorio? 2La verdad no tiene significado dentro de lo ilusorio. 3El marco de referencia para entender su significado tiene que ser ella misma. 4Cuando tratas de llevar la verdad ante las ilusiones, estás tratando de hacer que las ilusiones sean reales y de conser­varlas justificando tu creencia en ellas. 5Llevar las fantasías ante la verdad, no obstante, es permitir que la verdad te muestre que las ilusiones son irreales, lo cual te permite entonces liberarte de ellas. 6No mantengas ni una sola idea excluida de la verdad, pues si lo haces, estarás estableciendo diferentes grados de realidad que no podrán sino aprisionarte. 7No hay grados de realidad por­que en ella todo es verdad.

El ego es fiel a su sistema de pensamiento, cuya principal característica es el juicio, o lo que es lo mismo, el uso de la mente para dividir en pedazos lo que forma una unidad. El Hijo de Dios es uno con el resto de la Filiación. No hay diferencia en la esencia con la que se ha creado el Hijo de Dios. El Creador es Uno y Su Hijo goza de Su misma Imagen y Semejanza.

El ego no participa de esa verdad y tiene la certeza de que cada ser es diferente a otro y argumenta sus fundamentos en la diferencia evidente que percibe en su identidad física. El ego cree en la forma y no en el contenido. Ello le lleva a pensar que hay diferentes grados en aquello que percibe, lo que impide que su consciencia participe del maravilloso espectáculo de la Unidad.

6. Procura estar dispuesto, pues, a entregarle todo lo que has ocultado de la verdad a Aquel que la conoce, y en Quien todo se lleva ante ella. 2Lograremos salvarnos de la separación completa­mente, o no lo lograremos en absoluto. 3No te preocupes por nada, excepto por estar dispuesto a que se logre. 4Él será Quien lo logre, no tú. 5Pero no te olvides de lo siguiente: cuando te alteras y pierdes la paz porque otro está tratando de resolver sus proble­mas valiéndose de fantasías, estás negándote a perdonarte a ti mismo por haber hecho exactamente lo mismo. 6Y estás mante­niéndoos a ti y al otro alejados de la verdad y de la salvación. 7Al perdonarlo, restituyes a la verdad lo que ambos habíais negado. 8Y verás el perdón allí donde lo hayas otorgado.

El estado de inconsciencia propio del sueño nos lleva a vernos separados de los demás y a albergar falsas creencias como la de juzgarnos como pecadores.

Cuando despertamos del sueño, guiados por la Voz del Espíritu Santo, nuestra consciencia nos llevará a percibir de manera correcta el mundo que nos rodea. Nos llevará a reconocer la unidad que compartimos con cada uno de nuestros hermanos. Esa visión nos llevará a estrechar los lazos de comunicación con la Filiación. 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Capítulo 17. EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA. I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (1ª parte).

 Capítulo 17

EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA 


I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (1ª parte).

1. La traición que el Hijo de Dios cree haber cometido sólo tuvo lugar en ilusiones, y todos sus "pecados" no son sino el producto de su propia imaginación. 2Su realidad es eternamente inmacu­lada. 3El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado. 4En sus sueños se ha traicionado a sí mismo, a sus hermanos y a su Dios. 5Mas lo que tiene lugar en sueños no tiene lugar real­mente. 6Es imposible convencer al que sueña de que esto es así, pues los sueños son lo que son debido a la ilusión de que son rea­les. 7Sólo al despertar se libera uno completamente de ellos, pues sólo entonces resulta perfectamente evidente el hecho de que no afectaron en modo alguno la realidad y de que no la han cam­biado. 8Las fantasías cambian la realidad. 9Ese es su propósito. 10En realidad no lo pueden hacer, pero sí pueden hacerlo en la mente que quiere que la realidad sea diferente.

Este punto nos comparte, de una manera clara y fácil de comprender, afirmaciones que nos permitirán conocer la verdad sin que tengamos que hacer complicadas interpretaciones. Dichas afirmaciones tienen un propósito: el ofrecernos la luz necesaria para que podamos distinguir las fantasías de la verdad y despertar del sueño en el que nuestra mente cree estar sumida.

El Hijo de Dios no ha traicionado a Su Creador y, como consecuencia de ello, no ha cometido pecado alguno. Esa es su realidad y su condición divina lo hace impecable, puro e inocente, esto es, tal y como Dios lo ha creado desde el Amor.

Añade este punto, que en sus sueños, es decir, en su elección de utilizar la mente para crear pensamientos donde el especialismo sustituyó al Amor, piensa que se ha traicionado a sí mismo, a sus hermanos y a su Dios. Es por ello que la Enseñanza nos dice que el Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado.

2. Tu deseo de cambiar la realidad es, por lo tanto, lo único que es temible, pues al desear que la realidad cambie crees que tu deseo se ha cumplido. 2En cierto sentido, esta extraña perspectiva da testimonio de tu poder. 3Mas cuando lo distorsionas y lo utili­zas en favor del "mal", haces también que sea algo irreal para ti. 4No puedes serle fiel a dos amos que te piden cosas contradicto­rias. 5Lo que usas en beneficio de las fantasías, se lo niegas a la verdad. 6Mas lo que le entregas a la verdad para que ésta lo use en tu beneficio, se encuentra a salvo de las fantasías.

Cuando la voluntad no se pone al servicio de la Unidad y del Amor, sirve al deseo, y cuando esto ocurre, nuestra voluntad cambia la realidad, dando lugar a la creencia en la separación. El Amor se sustituye por el miedo. La Paz se sustituye por la culpa y la Felicidad se sustituye por el sufrimiento.

No podemos servir a dos amos a la vez. Si nuestra voluntad sirve al deseo, dejará de servir a la Voluntad de Dios, a la Unidad y al Amor.

3. Cuando sostienes que es imposible que no haya grados de difi­cultad en los milagros, lo único que estás diciendo es que hay algunas cosas que no quieres entregarle a la verdad. 2Crees que la verdad no podría resolverlas debido únicamente a que prefieres mantenerlas ocultas de la verdad. 3Dicho llanamente, tu falta de fe en el poder que sana todo dolor emana de tu deseo de conservar algunos aspectos de la realidad y reservarlos para la fantasía. 4¡Si tan sólo comprendieses cuánto afecta esto tu apreciación de la totalidad! 5Aquello que te reservas sólo para ti, se lo quitas a Aquel que quiere liberarte. 6A menos que se lo devuelvas, tu pers­pectiva de la realidad permanecerá inevitablemente distorsionada y sin corregir.

Si en nuestras creencias pensamos que es imposible que no haya grados de dificultad en los milagros, lo que estamos reconociendo es que hay algunas cosas que queremos ocultar y no queremos que salgan a la luz de la verdad. Cada vez que nos creemos culpables, estamos ocultando nuestra ausencia de amor, pues, si nos amásemos, no nos culparíamos; nos veríamos libres de pecado.

El sistema de pensamiento del ego está basado en el miedo y en la creencia en el pecado, lo que propicia el albergar pensamientos de culpa. El rechazo de nuestra propia oscuridad nos llevará a ocultarla para que los demás no nos juzguen. Sin embargo, ocultando la culpa, estamos reconociendo que nos sentimos "pecadores", lo que nos llevará a dar lo que tenemos, es decir, nos llevará a proyectar sobre los demás nuestra visión interna, juzgándolos y haciéndolos sentir culpables.

martes, 24 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (4ª parte).

VII. El final de las ilusiones (4ª parte).

9. No hay nada por lo que tengas que guardarle rencor a la reali­dad. 2Lo único que debes perdonar son las ilusiones que has albergado contra tus hermanos. 3Su realidad no tiene pasado, y lo único que se puede perdonar son las ilusiones. 4Dios no le guarda rencor a nadie, pues es incapaz de albergar ningún tipo de ilusión. 5Libera a tus hermanos de la esclavitud de sus ilusio­nes, perdonándolos por las ilusiones que percibes en ellos. 6Así aprenderás que has sido perdonado, pues fuiste tú quien les ofre­ció ilusiones. 7En el instante santo esto es lo que se lleva a cabo por ti mientras estés en el tiempo, para de este modo brindarte la verdadera condición del Cielo.

La fabricación de un mundo irreal nos lleva a percibirlo de manera falsa e ilusoria. La fabricación da lugar a un mundo temporal y efímero; da lugar a los ciclos del tiempo, donde el pasado adquiere un especial protagonismo sobre nuestra mente, dado que lo hacemos real en cada presente, donde únicamente podemos hacer consciente la eternidad.

Por tal motivo, el pasado se convierte, para el sistema de pensamiento del ego, en su principal prueba de un mundo ilusorio, pues toda su creencia se basa en un tiempo que ya pasó y que ya no existe. Creemos ser el compendio de las experiencias vividas, a las cuales le otorgamos la autoría de nuestra identidad: "creemos ser lo que hemos aprendido que somos", cuando en verdad lo que hemos percibido está contagiado con el pasado.

Si en nuestras relaciones con el mundo proyectamos la visión basada en el pasado, percibiremos de manera errónea la verdadera identidad del otro. Esto es así, porque cuando nos miramos interiormente, tan sólo percibimos lo que creemos ser en función de lo experimentado en el pasado. Nunca percibimos correctamente en el presente, en el ahora, lo que nos impide ver a los demás en su verdadera identidad presente.

El instante santo nos enseña a percibir el presente en su aspecto verdadero, es decir, como el único instante en el que podemos "nacer de nuevo", olvidando lo pasado; perdonando las ilusiones que hemos permitido albergar en nuestra mente; liberándonos de las ataduras de la ilusión.

10Recuerda que siempre eliges entre la verdad y las ilusiones, entre la verdadera Expiación que cura, y la "expiación" del ego que destruye. 2Todo el poder y Amor de Dios, sin límite alguno, te apoyarán a medida que busques únicamente el papel que te corresponde desempeñar en el plan de Expiación que procede de Su Amor. 3Sé un aliado de Dios y no del ego en tu búsqueda para descubrir cómo alcanzar la Expiación. 4Con Su ayuda basta, pues Su Mensajero sabe cómo restituirte el Reino y hacer que todo tu interés en la salvación se centre en tu relación con Él.

La libertad es un Principio de Dios y no del ego, cuyo sistema de pensamiento está basado en el amor condicionado, en el amor especial, en el amor que limita. 

La libertad nos permite elegir entre extender la libertad, esto es, extender el amor, o proyectar el especialismo, esto es, proyectar el miedo.

"Por sus obras los conoceréis". El ego puede mantener ocultas sus oscuras intenciones y hacernos creer que estamos obrando desde el amor, pero lo que no puede evitar el ego es que los resultados obtenidos de ese amor den lugar a la percepción limitante del miedo. De este modo, las relaciones especiales que entablamos con el ser amado acaban destruyéndose y desmoronándose, dando pie al resurgir de la culpa, el sentimiento motivador que nos ha llevado al encuentro de esa relación.

11. Busca y encuentra Su mensaje en el instante santo, en el que se perdonan todas las ilusiones. 2Desde ahí, el milagro se extiende para bendecir a todo el mundo y resolver todo problema, percí­base como grande o pequeño, como que puede ser resuelto o como que no. 3No hay nada que no ceda ante Él y Su majestad. 4Unirse en estrecha relación con Él es aceptar todas las relaciones como reales, y gracias a su realidad, abandonar las ilusiones a cambio de la realidad de tu relación con Dios. 5Alabada sea la relación que tienes con Él y ninguna otra. 6La verdad reside en ella y no en ninguna otra parte. 7Eliges esto o nada.

Si analizamos de cerca la experiencia de las relaciones especiales, tendremos que hacerlo acompañado de la fortaleza que nos ofrece el Amor Incondicional, pues si no elegimos a ese "anfitrión" en nuestra mente, podemos sufrir una profunda decepción en la naturaleza humana que nos hará dudar si las relaciones de amor tienen algún sentido.

Nos encontraríamos frente a una experiencia de crisis, que tal vez nos ayude a ver las cosas de otra manera, es decir, que nos ayude a no seguir las creencias en las que se basa el sistema de pensamiento del ego. No podemos permitir que el acúmulo de experiencias frustradas en el terreno del amor nos lleve al efecto contrario, es decir, a decidir no amar. Lo que sí debemos preguntarnos es si el modo de amar de un modo especial es el modo adecuado de amar.

Amar de manera especial es una ilusión difícil de reconocer, pues ¿quién pone en duda una acción basada, a priori, en el amor? Pero amar de manera especial forma parte de una percepción incorrecta que permite que el pasado se adueñe del instante real. El recuerdo de la culpa nos lleva al encuentro con la persona por la que, de manera inconsciente, nos sentimos atraídos. Necesitamos el uso del tiempo para demostrar a esa persona que la amamos, pero en verdad lo único que hacemos es dar perpetuidad al sentimiento que originó la culpa, por lo que revivirá una y otra vez la misma experiencia.

Utilicemos el instante santo para perdonar en el presente todas las ilusiones que ocupen nuestra mente. Ello nos permitirá quedar limpios de culpas, y las relaciones que afrontemos desde ese estado de ser no necesitarán amar de un modo especial, pues reconoceremos que todos los seres somos dadores del verdadero amor, y nadie vendrá a privarnos de ello.

12. Perdónanos nuestras ilusiones, Padre, y ayúdanos a aceptar nuestra verdadera relación Contigo, en la que no hay ilusiones y en la que jamás puede infiltrarse ninguna. 2Nuestra santidad es la Tuya. 3¿Qué puede haber en nosotros que necesite perdón si Tu perdón es perfecto? 4El sueño del olvido no es más que nuestra renuencia a recordar Tu perdón y Tu amor. 5No nos dejes caer en la tentación, pues la tentación del Hijo de Dios no es Tu Voluntad. 6Y déjanos recibir únicamente lo que Tú has dado, y aceptar sólo eso en las mentes que Tú creaste y que amas. 7Amén. 

¡Amén! 

lunes, 23 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (3ª parte).

VII. El final de las ilusiones (3ª parte).

6. Frente a la demente noción que el ego tiene de la salvación, el Espíritu Santo te ofrece dulcemente el instante santo. 2Hemos dicho antes que el Espíritu Santo tiene que enseñar mediante com­paraciones, y que se vale de opuestos para apuntar hacia la ver­dad. 3El instante santo es lo opuesto a la creencia fija del ego de que la salvación se logra vengando el pasado. 4En el instante santo se comprende que el pasado ya pasó, y que, con su pasar, el impulso de venganza se arrancó de raíz y desapareció. 5La quie­tud y la paz del ahora te envuelven con perfecta dulzura. 6Todo ha desaparecido, excepto la verdad.

El instante santo se manifiesta en la percepción verdadera del presente. No puede manifestarse en otro tiempo que no sea el ahora. Su expresión exige de nosotros que tomemos consciencia de la inexistencia del pasado, o, lo que es lo mismo, que vivamos desde nuestra inocencia, desde nuestra pureza, desde nuestra perfección.

7. Puede que por algún tiempo todavía trates de llevar ilusiones al instante santo, obstaculizando así el que seas plenamente cons­ciente de la absoluta diferencia que existe con respecto a todo ­entre tu experiencia de la verdad y tu experiencia de la ilusión. 2Mas no seguirás tratando de hacer eso por mucho más tiempo. 3En el instante santo el poder del Espíritu Santo prevalecerá por­que te habrás unido a Él. 4Las ilusiones que cargas contigo debili­tarán la experiencia que tienes de Él por algún tiempo, e impedirán que retengas la experiencia en tu mente. 5Mas el ins­tante santo es eterno, y las ilusiones que tienes acerca del tiempo no impedirán que lo intemporal sea lo que es, ni que lo experi­mentes tal como es.

Este punto nos prepara para que no desfallezcamos cuando movilicemos nuestra voluntad y la pongamos al servicio del Espíritu Santo y no obtengamos los efectos deseados. En esta experiencia, los deseos pueden convertirse en un obstáculo, pues la función del deseo es que las cosas sean tal y como las deseamos y no como son en verdad. 

Es por ello que la Enseñanza nos advierte que las ilusiones que cargamos debilitarán la experiencia del instante santo en nuestra mente, aunque será por poco tiempo, pues una vez que se percibe correctamente, una vez que vemos la verdad, la realidad, no permitiremos que las ilusiones nos sigan guiando. Recordar lo que verdaderamente somos nos hará conscientes de que hemos despertado del sueño que nos ha mantenido atrapados en falsas creencias.

8Lo que Dios te ha dado, te lo dio de verdad, y no podrás sino recibirlo de verdad. 2Pues los dones de Dios están desprovistos de toda realidad a menos que tú los recibas. 3Recibirlos consuma Su dación. 4Tú los recibirás porque Su Voluntad es darlos. 5Él dio el instante santo para que te fuese dado, y es imposible que no lo recibas, puesto que Él lo dio. 6Cuando Él dispuso que Su Hijo fuese libre, Su Hijo fue libre. 7En el instante santo se encuentra Su recor­datorio de que Su Hijo será siempre exactamente como fue crea­do. 8Y el propósito de todo lo que el Espíritu Santo enseña es recordarte que has recibido lo que Dios te dio.

El Hijo de Dios ha sido creado a Imagen y Semejanza de Su Creador, lo que significa que es Espíritu y un Ser Creador que está dotado de los Principios: Voluntad, Amor e Inteligencia. Esa es la herencia que Su Padre le otorga. El Hijo de Dios es libre para ser lo que Es y para utilizar esos Principios con total libertad. 

En el uso libre del Poder Creador, el Hijo elige crear desde el Amor, esto es, según las Leyes de Dios, o elige crear desde la ausencia del Amor, esto es, según sus propias leyes, las cuales le llevan a verse separado de Su Fuente. A este modo de crear, el Curso lo llama "fabricar". La diferencia esencial entre crear y fabricar es que lo creado desde el Amor es eterno y lo fabricado desde el miedo es temporal; dicho de otro modo, lo creado desde el amor es verdadero y real, y lo fabricado desde el miedo es ilusorio e irreal.