viernes, 18 de abril de 2025

Capítulo 19. D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (3ª parte).

 D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (3ª parte).

5. Cada obstáculo que la paz debe superar se salva de la misma manera: el miedo que lo originó cede ante el amor que se encuen­tra detrás, y así desaparece el miedo. 2lo mismo ocurre con este último obstáculo. 3El deseo de deshacerte de la paz y de ahuyen­tar el Espíritu Santo se desvanece en presencia del sereno recono­cimiento de que amas a Dios. 4La exaltación del cuerpo se abandona en favor del espíritu, al que amas como jamás podrías haber amado al cuerpo. 5la atracción de la muerte desaparece para siempre a medida que la atracción del amor despierta en ti y te llama. 6Desde más allá de cada uno de los obstáculos que te impiden amar, el Amor Mismo ha llamado. 7Y cada uno de ellos ha sido superado mediante el poder de atracción que ejerce lo que se encuentra tras ellos. 8El hecho de que deseases el miedo era lo que hacía que pareciesen insuperables. 9Mas cuando oíste la Voz del Amor tras ellos, contestaste y ellos desaparecieron.

Así es. Cada obstáculo que la paz debe superar se salva de la misma manera, sustituyendo la creencia en el miedo por la creencia en el amor. Dicho de otro modo, recordando lo que realmente somos, un ser espiritual, el Hijo de Dios, y no un cuerpo temporal, el hijo del ego.

Hemos descrito anteriormente que, cuando dejemos de rendir culto al cuerpo y lo empleemos en su función correcta, la de canal de comunicación en el mundo perceptivo, estaremos en condiciones de afrontar el plan de salvación previsto por Dios para Su Hijo. 

Ya no utilizaremos el cuerpo para atacar, para hacer tangible nuestro odio, nuestra creencia en la separación. Ya no lo emplearemos para juzgar y condenar. Ahora lo convertiremos en un vehículo para amar, para expresar la paz y la felicidad que forman parte de nuestra mente. Lo emplearemos para construir "puentes" que permitan al resto de la humanidad cruzar de la tierra de miedo a la tierra de luz. Entre todos, juntos, podremos recrear el nuevo Edén.

6. Y ahora te encuentras aterrorizado ante lo que juraste no vol­ver a mirar nunca más. 2Bajas la vista, al recordar la promesa que les hiciste a tus "amigos". 3La "belleza" del pecado, la sutil atrac­ción de la culpabilidad, la "santa" imagen encerada de la muerte y el temor de la venganza del ego a quien le juraste con sangre que no lo abandonarías, se alzan todos, y te ruegan que no levan­tes la mirada. 4Pues te das cuenta de que si miras ahí y permites que el velo se descorra, ellos desaparecerán para siempre. 5Todos tus "amigos", tus "protectores" y tu "hogar" se desvanecerían. 6No recordarías nada de lo que ahora recuerdas.

He podido experimentar, al andar el camino que me conduce hasta la salvación, que mis viejas creencias se convierten en el principal obstáculo para conseguir el estado de paz que debe formar parte de dicha andadura. Me acompaña la voluntad y el deseo de abandonar un mundo caótico en el que la paz y la felicidad brillan por su ausencia, donde el dolor y el sufrimiento se convierten en el pan de cada día, por lo que en muchas ocasiones me siento perdido y parece que las fuerzas iniciales me abandonan.

Son las viejas creencias que durante tanto tiempo han formado parte de mi mente las que me reclaman ser alimentadas, pues he dejado de atenderlas. El "libro del viajero" también recoge esta singladura, es decir, también nos advierte que en el camino nos encontraremos con las resistencias, con las dudas, que nos invitan a tomar la ruta más cómoda, la conocida, y nos evitarán quebraderos de cabeza, esfuerzos inútiles. Son las voces de las creencias que hemos alimentado durante tanto tiempo y a las que prometimos fidelidad eterna.

La solución para salir airoso en esos tramos del camino nos viene dada en este punto. Dejar de mirar el pasado en nuestra mente para concentrarnos tan solo en el presente, en el ahora, en el instante que nuestra voluntad hará santo al elegir el amor en vez del miedo.

7. Te parece que el mundo te abandonaría por completo sólo con que alzases la mirada. 2Sin embargo, lo único que ocurriría es que serías tú quien lo abandonaría para siempre. 3En esto consiste el re-establecimiento de tu voluntad. 4Mira con los ojos bien abiertos a eso que juraste no mirar, y nunca más creerás que estás a merced de cosas que se encuentran más allá de ti, de fuerzas que no puedes controlar o de pensamientos que te asaltan en contra de tu voluntad. 5Tu voluntad es mirar ahí. 6Ningún deseo desqui­ciado, ningún impulso trivial de volverte a olvidar, ninguna pun­zada de miedo, ni el frío sudor de lo que aparenta ser la muerte pueden oponerse a tu voluntad. 7Pues lo que te atrae desde detrás del velo es algo que se encuentra en lo más recóndito de tu ser, algo de lo que no estás separado y con lo que eres completa­mente uno.

Sí. Ya vislumbramos el final del trayecto. No ha sido fácil, pero lo hemos conseguido. Todo gracias a que nos hemos mantenido firmes en nuestra visión renovada en la que el amor ha sustituido al miedo, donde la unidad ha prevalecido por encima de la separación. Hemos sido tentados, una y otra vez, en las que nuestro ego nos ha prometido ser especiales, donde nos ha ofrecido todo tipo de riquezas y de poder. Pero en esas ofrendas, en esos regalos, no hemos reconocido el más preciado, no hemos sentido la paz y la felicidad verdadera, no hemos visto el rostro de la eternidad, lo que nos ha llevado a renunciar a esas efímeras ofrendas y hemos elegido, en cambio, aceptar el regalo más preciado, la presencia del Espíritu Santo en nuestra mente. Ello es garantía de que el amor, la paz y la felicidad formarán parte de nuestras vidas, por la sencilla y única razón de que seremos sus portadores y así la conservaremos.  

jueves, 17 de abril de 2025

Capítulo 19. D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (2ª parte).

 D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (2ª parte).

3. Este velo, que la creencia en la muerte mantiene intacto y que su atracción protege, es el más tenebroso de todos. 2La dedicación a la muerte y a su soberanía no es más que el voto solemne, la promesa que en secreto le hiciste al ego de jamás descorrer ese velo, de no acercarte a él y de ni siquiera sospechar que está ahí. 3Éste es el acuerdo secreto al que llegaste con el ego para mante­ner eternamente en el olvido lo que se encuentra más allá del velo. 4He aquí tu promesa de jamás permitir que la unión te haga aban­donar la separación; la profunda amnesia en la que el recuerdo de Dios parece estar totalmente olvidado; la brecha entre tu Ser y tú: el temor a Dios, el último paso de tu disociación.

Recordemos que nuestro estado de consciencia actual se encuentra en una fase infantil, lo que significa que estamos aprendiendo a dar nuestros primeros pasos y que sin duda nos caeremos más de una vez en una invitación a que nos levantemos y sigamos intentándolo, pues para alcanzar nuestra meta es necesario que aprendamos a andar por nosotros mismos y de este modo poder acompañar en el camino a nuestros hermanos de ruta.

Sabemos que nuestra percepción nos muestra una identidad transitoria a la que hemos llamado cuerpo, y sabemos que más allá de ese cuerpo, nuestra verdadera identidad resplandece en el mundo de la luz, de donde procedemos y donde tenemos nuestro verdadero hogar. Ahora conocemos el camino que debemos recorrer hasta alcanzar el reencuentro con nuestro hogar. Conocemos que no es un camino que debamos recorrer en soledad, sino de la mano de nuestros hermanos. Y sabemos que ese camino nos invitará a desprendernos de todas las ilusiones con las que nos hemos sentido identificados al creer que nuestras acciones han ofendido a la confianza depositada en nosotros por nuestro Creador, y esa ofensa la hemos llamado pecado, el cual ha despertado el odio hacia nosotros mismos, adquiriendo ese odio el sentimiento de la culpa. 

Este es el punto crucial de nuestra andadura espiritual, pues nos enfrentamos al más sutil de los pensamientos, la creencia en que no somos merecedores del amor de Dios, sino que nos merecemos su castigo redentor para que retomemos el camino correcto. De esta creencia se deduce que somos hijos del pecado y ello despierta en nuestra consciencia un profundo temor a Dios.

4. Observa cómo la creencia en la muerte parece "salvarte". 2Pues si ésta desapareciese, ¿a qué le podrías temer, sino a la vida? 3La atracción de la muerte es lo que hace que la vida parezca ser algo feo, cruel y tiránico. 4Tu miedo a la muerte no es mayor que el que le tienes al ego. 5Ambos son los amigos que tú has elegido, ya que en tu secreta alianza con ellos has acordado no permitir que jamás se revoque el temor a Dios, de modo que pudieses contem­plar la faz de Cristo y unirte a Él en Su Padre.

Mientras que rindamos culto en nuestra mente a la atracción de la muerte, estaremos testimoniando que seguimos creyendo que la verdadera vida se encuentra limitada a la existencia y durabilidad del cuerpo. En verdad, el miedo a la muerte significa que tenemos miedo al cuerpo, pues sin él no existiría la muerte. Se trata del error original de creer que somos lo que percibimos, lo que nos lleva a negar nuestra verdadera esencia espiritual.

Tener la certeza de lo que somos es fundamental para conocer el papel y la función del cuerpo, así como para reconocer nuestra ancestralidad y condición eterna.

Expiar ese error original es esencial para amar a Dios. Dejamos de rendir culto a lo ilusorio y pasajero, para fundirnos en la unidad que formamos con la Filiación y con Dios

miércoles, 16 de abril de 2025

Capítulo 19. D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (1ª parte).

 D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (1ª parte).

1. ¿Qué verías si no tuvieses miedo de la muerte? 2¿Qué sentirías y pensarías si la muerte no te atrajese? 3Simplemente recordarías a tu Padre. 4Recordarías al Creador de la vida, la Fuente de todo lo que vive, al Padre del universo y del universo de los universos, así como de todo lo que se encuentra más allá de ellos. 5con­forme esta memoria surja en tu mente, la paz tendrá todavía que superar el obstáculo final, tras el cual se consuma la salvación y al Hijo de Dios se le restituye completamente la cordura. 6Pues ahí acaba tu mundo.

Jesús, al compartir las enseñanzas recogidas en el Curso que estamos estudiando, nos ha mostrado cómo la mente puede servir bien a la creencia en la separación, dando lugar al sistema de pensamiento del ego, o bien, a la creencia en la unidad, dando lugar a la percepción verdadera que nos conducirá, de la mano de la Mente Recta, a la Mente Una que nos mantiene conscientes de la unión con la Filiación y con Dios.

Esa información nos permitirá dar respuesta a la cuestión con la que se inicia este punto: ¿qué verías si no tuvieses miedo de la muerte? Ya hemos visto cómo la muerte se convierte en uno de los pilares más sólidos con los que el ego muestra sus argumentos en favor de la realidad de su identidad. El mundo del ego es efímero y temporal; por lo tanto, es ilusorio y no goza de la cualidad de la verdad. La muerte es para el ego tan importante que la utiliza para dar testimonio de su credibilidad, pero su significado encuentra su origen en el miedo, el principal artífice que ha dado lugar al sistema de pensamiento del ego. Por ello, dicho sistema es totalmente demencial, pues nuestra identidad, el cuerpo, está sometida al miedo de sus propias leyes, es decir, la temporalidad del cuerpo nos produce un profundo temor al creer que con su final la vida alcanza su fin y afrontaremos un estado de inexistencia, de nada.

Sin ese miedo a la muerte, el estado de nuestra consciencia sería el de amor a la vida, en reconocimiento de la visión correcta de nuestro ser, que es eterno.

2. El cuarto obstáculo a superar pende como un denso velo ante la faz de Cristo. 2No obstante, a medida que Su faz se revela tras él, radiante de júbilo porque Él mora en el Amor de Su Padre, la paz descorrerá suavemente el velo y se apresurará a encontrarse con Él y a unirse finalmente a Él. 3Pues este velo oscuro, que hace que la faz de Cristo se asemeje a la de un leproso y que los radiantes rayos del Amor de Su Padre que iluminan Su rostro con gloria parezcan chorros de sangre, se desvanecerá ante la deslumbrante luz que se encuentra más allá de él una vez que el miedo a la muerte haya desaparecido.

Vencer el miedo a la muerte representa un paso muy importante hacia la verdadera percepción. Tan solo el amor a la vida puede poner fin al miedo a la muerte. Amar la vida es recordar nuestra verdadera identidad espiritual. Podemos amar la vida aun estando en este mundo, pues es el camino que nos conducirá a las puertas de nuestro verdadero hogar. Utilizar el cuerpo, conscientes de que es temporal y de que no es nuestra verdadera identidad, nos llevará a utilizar su función principal, la de emplearlo como un canal de comunicación en el mundo perceptivo para hacer tangible el amor a través de nuestros actos compartidos de unidad y paz. De este modo, al sustituir el miedo a la muerte por el amor a la vida, la función del cuerpo se espiritualiza, convirtiéndose en el canal apropiado en el mundo perceptivo para hacer tangible la unidad que formamos junto al resto de la humanidad.

martes, 15 de abril de 2025

Capítulo 19. C-i. El cuerpo incorruptible (3ª parte).

 i. El cuerpo incorruptible (3ª parte).

9. El miedo a la muerte desaparecerá a medida que la atracción que ésta ejerce ceda ante la verdadera atracción del amor. 2El final del pecado, que anida quedamente en la seguridad de tu rela­ción, protegido por tu unión con tu hermano y listo para conver­tirse en una poderosa fuerza al servicio de Dios, está muy cerca. 3El amor protege celosamente los primeros pasos de la salvación, la resguarda de cualquier pensamiento que la pudiese atacar y la prepara silenciosamente para cumplir la imponente tarea para la que se te concedió. 4Los ángeles dan sustento a tu recién nacido propósito, el Espíritu Santo le da abrigo y Dios Mismo vela por él. 5No tienes que protegerlo, ya dispones de él. 6Pues es inmortal, y en él reside el final de la muerte.

El miedo forma parte del sistema de pensamiento del ego y su origen, y ya lo hemos visto, encuentra su causa en la creencia en el pecado, la cual nos mantiene separados del Creador.

La muerte, por lo tanto, acompaña al pensamiento erróneo de que "Dios nos ha abandonado", y se convierte en el más arraigado de los miedos que nos consume a lo largo de la existencia física. Sin embargo, la muerte se convierte para el ego en su más fiel aliada para mostrarnos los argumentos que refuerzan su creencia en la separación. Sin la muerte, todo el sistema de pensamiento del ego se desvanecería.

El mundo demente al que da lugar la atracción que siente el ego por la muerte no puede aportarnos felicidad, ni paz, ni sosiego. Tan solo no ofrece dolor, sufrimiento y, sobre todo, miedo.

Ese mundo demente y caótico tiene los días contados, pues la fuerza del Amor que inunda la eternidad pondrá fin al pensamiento efímero del miedo. Cuando dejemos de percibir erróneamente, el perdón penetrará en nuestra mente mostrándonos un mundo perdonado, en el que el miedo es sustituido por el amor y donde la creencia en la separación dará paso a la unidad, la cual será compartida con nuestros hermanos en un eterno abrazo donde celebraremos el feliz reencuentro con la salvación.

10. ¿Qué peligro puede asaltar al que es completamente inocente? 2¿Qué puede atacar al que está libre de culpa? 3¿Qué temor podría venir a perturbar la paz de la impecabilidad misma? 4Si bien lo que se te ha concedido todavía se encuentra en su infan­cia, está en completa comunicación con Dios y contigo. 5En sus diminutas manos se encuentran, perfectamente a salvo, todos los milagros que has de obrar, y te los ofrece. 6El milagro de la vida es eterno, y aunque ha nacido en el tiempo, se le da sustento en la eternidad. 7Contempla a ese tierno infante, al que diste un lugar de reposo al perdonar a tu hermano, y ve en él la Voluntad de Dios. 8He aquí el bebé de Belén renacido. 9Y todo aquel que le dé abrigo lo seguirá, no a la cruz, sino a la resurrección y a la vida.

En este punto, Jesús nos aporta una información que considero muy importante. En ocasiones, cuando comparto el contenido de las enseñanzas del Curso, recibo impresiones de los estudiantes que expresan su preocupación por no llevar el ritmo adecuado para alcanzar la salvación que les muestra el camino a recorrer. Manifiestan ver la luz, pero que les cuesta alcanzar la otra orilla donde el amor pone fin al miedo. Cruzar ese "puente" y hacerlo de forma inmediata les supone un reto inalcanzable a raíz de cómo interpretan cómo hacerlo.

Nos dice Jesús que lo que se nos ha concedido todavía se encuentra en su infancia y con ello lo que hace es señalarnos el estado en el que se encuentra nuestra actual consciencia. La infancia nos alude al estado de nuestro nivel de consciencia, al estado de nuestra necesidad de ser guiado por aquellos que reconocemos como nuestros "maestros" por haber alcanzado un nivel de consciencia superior. Los ángeles, el Espíritu Santo y Dios mismo están en comunicación directa con nosotros y eso es lo más importante, pues es la garantía de que creceremos y adquiriremos el estado de "adulto", es decir, de ese nivel de consciencia en el que nos convertiremos en nuestros propios maestros.

11. Cuando alguna cosa te parezca ser una fuente de miedo, cuando una situación te llene de terror y haga que tu cuerpo se estremezca y se vea cubierto con el frío sudor del miedo, recuerda que siempre es por la misma razón: el ego ha percibido la situación como un símbolo de miedo, como un signo de pecado y de muerte. 2Recuerda entonces que ni el signo ni el símbolo se deben confundir con su fuente, pues deben repre­sentar algo distinto de ellos mismos. 3Su significado no puede residir en ellos mismos, sino que se debe buscar en aquello que representan. 4Y así, puede que no signifiquen nada o que lo signifiquen todo, dependiendo de la verdad o falsedad de la idea que reflejan. 5Cuando te enfrentes con tal aparente incertidumbre con respecto al significado de algo, no juzgues la situación. 6Recuerda la santa Presencia de Aquel que se te dio para que fuese la Fuente del juicio. 7Pon la situación en Sus manos para que Él la juzgue por ti, y di: 

8Te entrego esto para que lo examines y juzgues por mí. 

9No dejes que lo vea como un signo de pecado y de muerte, ni que lo use para destruir.

10Enséñame a no hacer de ello un obstáculo para la paz, sino a dejar que Tú lo uses por mí, para facilitar su llegada.


Si, tal y como nos anuncia Jesús en el punto anterior, nuestro estado de consciencia se encuentra en su fase infantil, no podremos esperar tener el conocimiento verdadero para distinguir el significado de las cosas. Es por ello que, al igual que el niño se dirige a su padre o a su maestro para que lo ayude a discernir, de igual modo, cuando nos encontremos ante una situación que nos genere incertidumbre, debemos poner en manos del Espíritu Santo, que es la Fuente del juicio verdadero.

Cuando pretendemos avanzar en el camino de la salvación con prisa por llegar al final, cuando nos enfrentamos a situaciones en las que juzgamos que no hemos estado a la altura adecuada, elegimos a la culpa como nuestro aliado para que nos ayude a redimir nuestro pecado. Es la señal inequívoca de que hemos elegido al maestro inadecuado, pues la culpa nos lleva a la creencia en el pecado y este a su vez nos conecta con el miedo. De este modo entramos a formar parte del círculo vicioso tramado por el ego para mantenernos ocupados con ilusorias luchas

lunes, 14 de abril de 2025

Capítulo 19. C-i. El cuerpo incorruptible (2ª parte).

 i. El cuerpo incorruptible (2ª parte).

6. A ti que estás dedicado a lo incorruptible se te ha concedido, mediante tu aceptación, el poder de liberar de la corrupción. 2¿Qué mejor manera puede haber de enseñarte el primer princi­pio fundamental de un curso de milagros, que mostrándote que el que parece ser más difícil se puede lograr primero? 3El cuerpo no puede hacer otra cosa que servir a tu propósito. 4Tal como lo consideres, eso es lo que te parecerá que es. 5La muerte, de ser real, supondría la ruptura final y absoluta de la comunicación, lo cual es el objetivo del ego.

Si el cuerpo no es nada, no puede asignársele la condición de corruptor. La corrupción a la que hace referencia este punto es la que forma parte de la creencia errónea en lo que somos, la cual procede del uso de la mente. Dicho de otro modo, es la mente la que puede llevarnos a emitir pensamientos contrarios al orden divino, al orden del amor. Todo pensamiento que sirva al miedo es corrupto y, al extenderse, se convierte en el mensajero de la muerte y del dolor.

Al conocer que la corrupción se encuentra en nuestra mente y no en el cuerpo, podemos liberlarlo de su falsa condición, utilizándolo para extender pensamientos de amor y contagiar a los receptores de los mismos con su luz.

7. Aquellos que tienen miedo de la muerte no ven con cuánta fre­cuencia y con cuánta fuerza claman por ella, implorándole que venga a salvarlos de la comunicación. 2Pues consideran que la muerte es un refugio: el gran salvador tenebroso que libera de la luz de la verdad, la respuesta a la Respuesta, lo que acalla la Voz que habla en favor de Dios. 3Sin embargo, abandonarte a la muerte no pone fin al conflicto. 4Sólo la Respuesta de Dios es su fin. 5El obstáculo que tu aparente amor por la muerte supone y que la paz debe superar parece ser muy grande. 6Pues en él yacen ocultos todos los secretos del ego, todas sus insólitas artimañas, todas sus ideas enfermizas y extrañas imaginaciones. 7En él radica la ruptura final de la unión, el triunfo de lo que el ego ha fabri­cado sobre la creación de Dios, la victoria de lo que no tiene vida sobre la Vida Misma.

El ego y su secreta estrategia han quedado desvelados por la diáfana visión de Jesús. El arma más mortífera del ego es el miedo que le tiene al amor. Si amase, el ego no sería el ego, no tendría argumento alguno para seguir creyendo en el pecado y en la culpabilidad. Él se hace fuerte en la vulnerabilidad del cuerpo y en su fiel creencia en la temporalidad. Si amase, el ego dejaría de ser arrogante y tendría que reconocer que su existencia ya no puede responder a lo ilusorio y a lo irreal, con lo cual, no sería el ego. Al no tener un cuerpo separado, no tendría miedo al amor y su cuerpo no sería corruptible, pues no estaría sujeto a las leyes de la temporalidad.

8. Bajo el polvoriento contorno de su mundo distorsionado, el ego quiere dar sepultura al Hijo de Dios, a quien ordenó asesinar, y en cuya putrefacción reside la prueba de que Dios Mismo es impotente ante el poderío del ego e incapaz de proteger la vida que Él creó contra el cruel deseo de matar del ego. 2Hermano mío, criatura de Dios, esto no es más que un sueño de muerte. 3No hay funeral, ni altares tenebrosos, ni mandamientos siniestros, ni distorsionados ritos de condena a los que el cuerpo te pueda con­ducir. 4No pidas que se te libere de eso. 5Más bien, libera al cuerpo de las despiadadas inexorables órdenes a las que lo sometiste y perdónalo por lo que tú le ordenaste hacer. 6Al exaltarlo lo conde­naste a morir, pues sólo la muerte podía derrotar a la vida. 7¿Y qué otra cosa, sino la demencia, podría percibir la derrota de Dios y creer que es real?

El egocentrismo no permitirá que el cuerpo pueda contribuir al amor. ¿Cómo puede dedicarse al amor el principal agente del pecado? El ego no puede tolerar tal situación, y para evitarlo nos recordará que somos pecadores, empleando otra de sus herramientas favoritas, el juicio. Se crearán normas y preceptos con el objetivo de guiar nuestra conducta para que no infringamos sus normas, pero en realidad, lo que está haciendo es establecer el objetivo hacia el que apuntar sus dardos. Y al exponer sus sombras internas a los demás, se responderá: "lo ves, tenía razón, eres un pecador por infringir tal o cual ley". La implementación de la ley se transforma en un ataque incesante para eliminar todo lo que nos genera temor: el miedo a perder, al dolor, al sufrimiento, a no ser nada, a no ser querido, a no ser valorado, al fracaso, entre otros.