viernes, 28 de marzo de 2025

Capítulo 19. A-i. La atracción de la culpabilidad (1ª parte).

 i. La atracción de la culpabilidad (1ª parte).

10.  La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto. 2La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad ­-donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción.  3De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. 4Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. 5El amor sólo se siente atraí­do por el amor. 6Al pasar por alto completamente a la culpabili­dad, el amor no ve el miedo. 7Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer. 8El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. 9El miedo contempla la culpabilidad con la misma devo­ción con la que el amor se contempla a sí mismo. 10Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos.

Una reflexión lógica es una reflexión sencilla de comprender por la claridad de su contenido. Compartiré con vosotros dicha reflexión.

Dios es Amor. De esta afirmación verdadera se deduce mucha información sobre la naturaleza de Dios-Amor: vida, inocencia, pureza, impecabilidad, unidad; compleción, abundancia, gracia, dicha, generosidad, paz, felicidad, alegría, etc.

Dios es Creación. De esta afirmación verdadera se deduce mucha información sobre la cualidad de los poderes de Dios-Creación: voluntad, sabiduría, conocimiento, inteligencia, expansión, eternidad, etc.

Dios crea expandiendo el Amor; luego, su creación, la Filiación, ha sido creada a su imagen y semejanza, es decir, todos sus Hijos son de naturaleza divina y portadores de sus mismas cualidades y atributos. 

Como os adelantaba, el contenido de la reflexión es sencillo de comprender, pues su lógica es evidente. Dicha evidencia nos lleva a plantear la siguiente cuestión: Si el Hijo de Dios es Hijo del Amor, ¿por qué se identifica con el miedo?

Este punto nos aporta la respuesta. Porque hemos elegido dejar de ver el mundo de Dios y en su lugar vemos un mundo diferente, donde la vibración de la verdad es más densa y da lugar a la ilusión, donde dicha visión sustituye el conocimiento por la percepción; donde dicha visión se identifica con el cuerpo denso y se desconecta de su verdadero ser espiritual.

11. El amor envía a sus mensajeros tiernamente, y éstos retornan con mensajes de amor y de ternura. 2los mensajeros del miedo se les ordena con aspereza que vayan en busca de culpabilidad, que hagan acopio de cualquier retazo de maldad y de pecado que puedan encontrar sin que se les escape ninguno so pena de muerte, y que los depositen ante su señor y amo respetuosa­mente. 3La percepción no puede obedecer a dos amos que piden distintos mensajes en lenguajes diferentes. 4El amor pasa por alto aquello en lo que el miedo se cebaría. 5Lo que el miedo exige, el amor ni siquiera lo puede ver. 6La intensa atracción que la culpa­bilidad siente por el miedo está completamente ausente de la tierna percepción del amor. 7Lo que el amor contempla no signi­fica nada para el miedo y es completamente invisible.

Desde que la mente elige ver un mundo distinto al de Dios, está proclamando su deseo de ser diferente a su creador, erigiéndose como su propio hacedor. Esa visión le lleva a la creencia en la separación y, con base en esta creencia, fabrica un sistema de pensamiento que dé sentido y significado a su conciencia perceptiva. 

La separación es una idea errónea que se convierte en el origen de la creencia en el pecado y en su efecto más condicional, la culpabilidad. De este modo, la mente se habitúa a creer en lo que percibe y determina que la información que recibe desde sus sentidos físicos es lo que interpreta como real. El cuerpo se convierte en el argumento más importante para reforzar su sistema de pensamiento falso y lo eleva a la condición de su verdadera identidad. 

Dado que el cuerpo es el centro de donde emanan todos sus pensamientos, le otorga la facultad de ser el máximo responsable de todas sus creencias. De este modo, el cuerpo se convierte en el agente pecador, en el agente del miedo, en el representante de la individualidad y de la separación, en el principal causante de nuestras desgracias y alegrías. Todo en nuestra vida depende del estado del cuerpo y lo nombramos el rey de nuestro feudo.

Si utilizamos toda la información vertida anteriormente, diremos que el cuerpo no tiene la capacidad de amar, pues carece de la visión de unidad. No puede crear, dado que no es capaz de ver el amor. No es capaz de aportarnos vida, pues no visiona la eternidad. 

jueves, 27 de marzo de 2025

Capítulo 19. A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (3ª parte).

A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (3ª parte).

7. El insignificante y demente deseo de deshacerte de Aquel que invitaste y expulsarlo, no puede sino generar conflicto. 2medida que contemplas el mundo, ese insignificante deseo, desarraigado y flotando a la deriva, puede posarse brevemente sobre cualquier cosa, pues ahora no tiene ningún propósito. 3Antes de que el Espí­ritu Santo entrase a morar contigo parecía tener un magno propó­sito: la dedicación fija e inalterable al pecado y a sus resultados. 4Ahora deambula sin rumbo, vagando a la deriva, causando tan sólo mínimas interrupciones en la llamada del amor.

Podemos estar seguros, así lo habremos experimentado, que a pesar de haber recibido la teoría de un nuevo aprendizaje que nos invita a cambiar nuestra manera de pensar, a pesar de saber que no somos lo que creemos ser, necesitaremos de nuestra voluntad para hacernos fuertes ante los ataques que recibiremos procedentes del sistema de pensamiento del ego, el mismo que hemos decidido derrocar. Es bueno tener presente este hecho. El ego no nos dirá: "Sí, lo siento, me he dado cuenta de que soy una ilusión. Toma tú el timón de tu vida. Yo me retiro de tu mente". 

Fortalecer nuestra mente con pensamientos amorosos es fundamental en este proceso. Perdonar nuestros errores debe sustituir a cualquier deseo de atacarnos con las armas de la culpabilidad. Recordemos que lo que no es amor procede del mundo del sueño. Recordemos que podemos elegir tener sueños felices donde la culpa no tenga voz ni voto.

8Este minúsculo deseo, esta diminuta ilusión, este residuo microscópico de la creencia en el pecado, es todo lo que queda de lo que en un tiempo pareció ser el mundo. 2Ya no es una inexora­ble barrera a la paz. 3Su vano deambular hace que sus resultados parezcan ser más erráticos e impredecibles que antes. 4Sin embargo, ¿qué podría ser más inestable que un sistema ilusorio rígidamente organizado? 5Su aparente estabilidad no es otra cosa que la debilidad que lo envuelve, la cual lo abarca todo. 6La varia­bilidad que el pequeño residuo produce indica simplemente cuán limitados son sus resultados.

La creencia en el pecado se encuentra muy arraigada en la mente colectiva de la humanidad. Es el origen que ha dado lugar a la creencia en el castigo como vía redentora para poner fin a la culpa que sentimos por haber desobedecido el mandado de Dios. Ver un mundo separado de Dios nos lleva a pensar que somos merecedores del castigo divino y de cuantos males nos puedan visitar.

¿Quién puede gozar de paz manteniendo en su mente la creencia en la culpa?

Si conocemos el origen de la culpa, del miedo, ¿a qué esperamos para ponerle fin?

¿Por qué no elegimos amar en vez de odiar?

9. ¿Cuán poderosa puede ser una diminuta pluma ante las inmen­sas alas de la verdad? 2¿Podría acaso oponerse al vuelo de un águila o impedir el avance del verano? 3¿Podría interferir en los efectos que el sol veraniego produciría sobre un jardín cubierto de nieve? 4Ve con cuánta facilidad se puede levantar y transportar este pequeño vestigio para no volver jamás. 5Despídete de él con alegría, no con pesar, pues de por sí no es nada ni significaba nada cuando la fe que tenías en su protección era mayor. 6¿No preferirías darle la bienvenida al cálido sol veraniego en lugar de poner tu atención en un copo de nieve que está derritiéndose, y tiritar pensando en el frío invernal?

Que el sistema de pensamiento del ego es demente e irracional lo demuestra su resistencia a elegir el amor en vez del miedo; la paz en vez de la lucha; la unidad en vez de la separación; la abundancia en vez de la escasez; la vida en vez de la muerte; la eternidad en vez de la temporalidad. 

Demos la bienvenida al nuevo pensamiento, el que hace que la creencia en el amor, en lo que realmente somos, sustituya y ponga fin al viejo sistema de pensamiento que nos ha mantenido prisioneros de la ilusión, hasta que hemos decidido despertar. 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Capítulo 19. A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (2ª parte).

  A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (2ª parte).

4. ¿Rechazarías la salvación que te ofrece el dador de la salvación? 2Pues en eso es en lo que te has convertido. 3De la misma manera en que la paz no podría alejarse de Dios, tampoco podría alejarse de ti. 4No tengas miedo de este pequeño obstáculo, 5pues no puede frenar la Voluntad de Dios. 6La paz fluirá a través de él, y se unirá a ti sin impedimentos. 7No se te puede negar la salvación. 8Es tu meta. 9Aparte de eso no hay nada más que elegir. 10No tie­nes ninguna meta aparte de la de unirte a tu hermano, ni ninguna aparte de aquella que le pediste al Espíritu Santo que compartiese contigo. 11El pequeño muro se derrumbará silenciosamente bajo las alas de la paz. 12Pues la paz enviará a sus mensajeros desde ti a todo el mundo, y las barreras se derrumbarán ante su llegada con la misma facilidad con la que superará aquellas que tú interpon­gas.

Al igual que yo, conoces las consecuencias de servir al sistema de pensamiento del ego. Tu percepción te muestra el dolor y el sufrimiento que acompañan a lo que llamamos vivir. Buscamos el amor y ser amados, pero nos negamos a darlo y cuando creemos darlo, lo que hacemos es condicionarlo a nuestros deseos: "Ámame, pero a mi manera". Lo que llamamos vida se ha convertido en el guión de nuestros sueños y de nuestras pesadillas. Nos ocupamos media vida en buscar acumular posesiones y tesoros y la otra media buscando el modo de protegernos de su pérdida. El resumen de una vida donde la ausencia de paz es notoria. En ocasiones creemos experimentar momentos de paz, pero incluso en esos momentos, el miedo a perder ese instante los priva de la verdadera paz.

Al igual que yo, conoces que ya es hora de dejar de servir al ego y a su sistema de pensamiento. Es hora de pensar al revés de como pensábamos antes, es decir, es el momento de dar amor y no de buscarlo; es el momento de amar desde la libertad, de manera incondicional. Es la hora de ser conscientes de que somos los soñadores de nuestros sueños y de elegir tener sueños felices. Es la hora de mirar a nuestros hermanos y ver su verdadera esencia, la que lo hace uno con nosotros. Es la hora de caminar juntos, pues juntos será como las puertas del Cielo se abrirán para que retornemos a nuestro verdadero Hogar.

5. Vencer al mundo no es más difícil que superar tu pequeño muro. 2Pues en el milagro de tu relación santa -una vez libre de esa barrera- se encuentran todos los milagros. 3No hay grados de dificultad en los milagros, pues todos ellos son lo mismo. 4Cada uno supone una dulce victoria de la atracción del amor sobre la atracción de la culpabilidad. 5¿Cómo no iba a poder lograrse esto dondequiera que se emprendiese? 6La culpabilidad no puede levantar barreras reales contra ello. 7Y todo lo que parece interponerse entre tu hermano y tú tiene que desaparecer por razón de la llamada que contestaste. 8Desde ti que respon­diste, Aquel que te contestó quisiera llamar a otros. 9Su hogar reside en tu relación santa. 10No trates de interponerte entre Él y Su santo propósito, pues es también el tuyo. 11Permítele, en cam­bio, que extienda dulcemente el milagro de vuestra relación a todos los que están incluidos en dicho milagro tal como fue con­cedido.

¿Me acompañas a crear un mundo real? Soy consciente de que solo no podré hacerlo, pues la verdadera realidad es la unidad que nos une. No puedo verte separado de mí y al mismo tiempo pensar que soy real, que te estoy amando, que formamos parte de la misma Filiación.

Cuando decidimos crear, lo que estamos haciendo es expandir el amor con el que hemos sido creados. Lo creado desde el amor es eterno y tiene el poder de contagiar todo cuanto toca. 

Si me acompañas, juntos podremos consagrar nuestra relación santa y convertirnos en fuentes de hacer milagros, pues nuestras mentes unidas serán como un faro que alumbrará a todos aquellos que estén buscando el camino de la salvación. 

6. Reina un silencio en el Cielo, una feliz expectativa, un pequeño respiro lleno de júbilo en reconocimiento del final de la jornada. 2Pues el Cielo te conoce bien, tal como tú lo conoces a él. 3Nin­guna ilusión se interpone entre tu hermano y tú ahora. 4No pon­gas tu atención en el pequeño muro de sombras. 5El sol se ha elevado por encima de él. 6¿Cómo iba a poder una sombra impe­dir que vieses el sol? 7De igual modo, las sombras tampoco pue­den ocultar de ti la luz en la que a las ilusiones les llega su fin. 8Todo milagro no es más que el final de una ilusión. 9Tal fue la jornada; tal su final. 10Y en la meta de verdad que aceptaste, a todas las ilusiones les llegará su fin.

El mundo que juntos hemos creado será contagioso y todos aquellos que estén buscando la senda de la salvación sabrán reconocer en él que tan solo con desear formar parte de su luz el milagro quedará consumado; la ilusión ha sido sustituida por la percepción verdadera. Ahora estamos despiertos. Ahora conocemos lo que somos y aceptamos nuestra condición como la única identidad verdadera.

martes, 25 de marzo de 2025

Capítulo 19. A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (1ª parte).

A. El primer obstáculo: El deseo de deshacerte de la paz (1ª parte).

1. El primer obstáculo que la paz debe salvar es tu deseo de des­hacerte de ella. 2Pues no puede extenderse a menos que la conser­ves. 3Tú eres el centro desde donde ella irradia hacia afuera, para invitar a otros a entrar. 4Tú eres su hogar: su tranquila morada desde donde se extiende serenamente hacia el exterior, aunque sin abandonarte jamás. 5Si la dejases sin hogar, ¿cómo podría entonces morar dentro del Hijo de Dios? 6Si la paz se ha de dise­minar por toda la creación, tiene que empezar contigo, y desde ti extenderse a cada hermano que llame, y llevarle descanso por haberse unido a ti.

Estas enseñanzas nos llevan al aprendizaje de que no se puede dar lo que no se tiene. Desde esta perspectiva, no podremos extender la paz si no se encuentra en nuestro interior.

A diferencia del ego, que piensa que la paz es un logro condicionado por la percepción del mundo interno, la mente recta conoce que la paz no es un logro, sino un hecho de nuestra realidad verdadera, es decir, de nuestro ser espiritual en su calidad de Hijo de Dios.

Si somos la creación de Dios, a Su imagen y semejanza, no podemos tener la menor duda de que somos Hijos del Amor, Hijos de la Luz y por ello, Hijos de la Paz y portadores de la Paz.

Claro, para el ego aceptar lo que anteriormente hemos dicho es reconocer su fin, pues su origen es la creencia en la separación y en el pecado, las cuales no pueden dar como frutos la vivencia de la paz.

Negar nuestra identidad nos conduce a negar la paz.

2. ¿Por qué querrías dejar a la paz sin hogar? 2¿Qué es lo que crees que tendría que desalojar para poder morar contigo? 3¿Cuál parece ser el costo que tanto te resistes a pagar? 4La pequeña barrera de arena todavía se interpone entre tu hermano y tú. 5¿La reforzarías ahora? 6No se te pide que la abandones sólo para ti. 7Cristo te lo pide para Sí Mismo. 8El quiere llevar paz a todo el mundo, mas ¿cómo lo podría hacer, sino a través de ti? 9¿Dejarías que un pequeño banco de arena, un muro de polvo, una aparente y diminuta barrera se interpusiese entre tus hermanos y la salva­ción? 10Sin embargo, este diminuto residuo de ataque que toda­vía tienes en tanta estima para poder usarlo contra tu hermano, es el primer obstáculo con el que la paz que mora en ti se topa en su expansión. 11Este pequeño muro de odio todavía quiere opo­nerse a la Voluntad de Dios, y mantenerla limitada.

Buscamos la salvación como si fuese un logro personal, sin importarnos lo más mínimo el estado de los demás. La visión egoica nos muestra un mundo separado donde la presencia del verdadero amor brilla por su ausencia. Si estamos peleados con nuestra propia identidad espiritual a la que le imponemos ropajes pasajeros y temporales, no resultará extraño que estemos peleados con el mundo exterior y principalmente con aquellos a los que consideramos nuestros enemigos, por temor a que nos despojen de lo que consideramos nuestros tesoros.

En ocasiones hacemos gestos grandilocuentes para que los demás enardezcan nuestros méritos. Son meras estrategias del ego para sentir su valor. Pero si analizamos detenidamente la dimensión de esos gestos, no tardaremos en descubrir el poder que se oculta tras ello, ya que el miedo, aunque nadie lo quiere reconocer, siempre deja muestras de su evidencia.

Aceptemos de una vez por todas que aquello que nos separa de la salvación es la falta de amor hacia uno mismo y hacia los demás.

3. El propósito del Espíritu Santo se encuentra en paz dentro de ti. 2Mas aún no estás dispuesto a dejar que se una a ti completa­mente. 3Todavía te opones un poco a la Voluntad de Dios. 4Y esa pequeña oposición es un límite que quieres imponerle a toda ella. 5La Voluntad de Dios es una sola, no muchas. 6No tiene opuestos, pues aparte de ella no hay ninguna otra. 7Lo que todavía quieres conservar detrás de tu pequeña barrera y mantener separado de tu hermano parece ser más poderoso que el universo, pues da la impresión de restringir a éste y a su Creador. 8Y lo que este pequeño muro pretende es nublar el propósito del Cielo y mante­nerlo oculto de él.

Un Curso de Milagros, al igual que todas las enseñanzas espirituales que se fundamentan en la no dualidad, son herramientas docentes que nos ayudan a des-hacernos de las viejas creencias en la separación. Ya no se trata de que nos salvemos de forma individual haciendo grandes gestos externos. Se trata de que cambiemos de manera de pensar, de manera de ver el mundo, de manera de ver a los demás.

Todo cambio que se produzca en el nivel de la mente nos llevará a una visión. Esa visión nos mostrará la identidad del verdadero ser que somos. Nos mostrará la luz y esa luz nos permitirá comprender que hemos creído estar soñando y que el despertar nos llevará a conocer el lugar que ocupamos en el universo, siendo parte una de la Filiación.

lunes, 24 de marzo de 2025

Capítulo 19. IV. Los obstáculos a la paz.

IV. Los obstáculos a la paz.

1. A medida que la paz comience a extenderse desde lo más pro­fundo de tu ser para abarcar a toda la Filiación y ofrecerle des­canso, se topará con muchos obstáculos. 2Algunos de ellos los tratarás de imponer tú. 3Otros, parecerán provenir de otras par­tes: de tus hermanos, o de diversos aspectos del mundo externo. 4La paz, no obstante, los envolverá dulcemente a todos, exten­diéndose más allá de ellos sin obstrucción alguna. 5La extensión del propósito del Espíritu Santo desde tu relación a otras perso­nas para incluirlas amorosamente dentro de ella, es la manera en que Él armonizará medios y fin. 6La paz que Él ha depositado, muy hondo dentro de ti y tu hermano, se extenderá quedamente a cada aspecto de vuestras vidas, rodeándoos a ambos de radiante felicidad y con la sosegada certeza de que gozáis de absoluta protección. 7Y vosotros llevaréis su mensaje de amor, seguridad y libertad a todo aquel que se acerque a vuestro tem­plo, donde la curación le espera. 8No tendréis que esperar para darle esto, pues le llamaréis y él os responderá, reconociendo en vuestra llamada la Llamada a Dios. 9Y vosotros lo albergaréis y le daréis descanso tal como se os dio a vosotros.

Por mis vivencias y por el aprendizaje que he ido adquiriendo a lo largo de los años, puedo afirmar que la ausencia de paz es un obstáculo para alcanzar la felicidad. Da igual el objetivo que nos hayamos puesto lograr para sentir que somos felices. Hay dos aspectos que considero imprescindibles para que la felicidad sea real. Por un lado, que dicho camino lo recorramos en paz, y por otro, no menos importante, que dicho camino lo hagamos de la mano de nuestros hermanos.

La paz y la felicidad son el resultado de que en nuestros pensamientos expanda el amor incondicional. 

Si al mirar en nuestro interior descubrimos muestras de rencor, de odio, de ira, de miedo, no podremos gozar de la paz y de la felicidad, pues al mirar al exterior proyectaremos esos sentimientos en los demás, a los cuales los contagiaremos con ellos.

Conozco muchas voces que prefieren llevar la razón a la paz. Es más, creen que si no llevan la razón, no se sentirán en paz. Sin embargo, los que proclaman esa creencia como su máxima verdad no dejan de quejarse de que la vida les va mal, que padecen dolores, de molestias y de falta de libertad. Se sienten agotados por el permanente juicio al que someten a los demás y sobre todo se sienten agotados por el castigo que quieren aplicar.

El Espíritu Santo, que conoce nuestra relación con el resto de la humanidad, responde a nuestra llamada cuando en verdad tenemos la voluntad de encontrar la paz y la felicidad. En respuesta a nuestra llamada, nos guiará al encuentro con las personas con las que creemos tener lazos de culpabilidad y con aquellas que nos sirven de sparring para probar nuestros juicios. Ese encuentro se producirá y será el instante en el que podremos bendecir a nuestro hermano y establecer una relación santa con él, o negar el lazo que nos mantiene unidos a él y perpetuar la relación especial.

2. Todo esto es lo que harás. 2Para ello, no obstante, la paz que ya mora en lo más profundo de tu ser debe primero expandirse y transponer los obstáculos que situaste ante ella. 3Esto es lo que harás, pues nada que se emprenda con el Espíritu Santo queda inconcluso. 4No puedes estar seguro de nada de lo que ves fuera de ti, pero de esto sí puedes estar seguro: el Espíritu Santo te pide que le ofrezcas un lugar de reposo donde tú puedas descansar en Él. 5Él te contestó, y entró a formar parte de vuestra relación. 6¿No quieres corresponder a Su gracia, y entablar una relación con Él? 7Pues fue Él quien le confirió a tu relación el regalo de la santidad, sin la cual te habría resultado eternamente imposible apreciar a tu hermano.

No esperemos que el sistema de pensamiento del ego nos aporte medios y herramientas para salir airosos del encuentro sagrado con nuestros hermanos. No lo hará por la sencilla razón de que no percibe la unidad que te une a ellos, sino todo lo contrario; te dirá que su presencia pone en peligro todo cuanto crees poseer y, para defender tu feudo, planificará el mejor ataque posible para poner fin a su amenaza.

El Espíritu Santo es la Voz que habla por nuestro Padre. Simboliza la Mente Recta. Sería un error creer que el Espíritu Santo se encuentra separado de nuestra mente. Esa creencia nos llevará a percibirlo con aspecto tangible y evocará una imagen de Él en nuestros pensamientos. Dicha imagen adquirirá un aspecto externo, el cual se convertirá en el símbolo de lo que representa. Yo mismo he realizado este movimiento mental evocando la imagen de una paloma o de un águila para invocar su presencia en mí. La falta de fe del ego se inventa artimañas para llevarnos a negar la verdad. En su estrategia nos convence para que invoquemos al Espíritu Santo y que su presencia encarne en forma de paloma o de águila surcando el cielo ante nuestros ojos físicos. Desde nuestra mente, el ego pone las reglas y nos dice: si aparece volando en el cielo, es señal inequívoca de que tus deseos se cumplirán. Si no aparece, puedes tener por seguro que no lo conseguirás.

Son los entretenimientos que nos propone el ego en un intento de desviar nuestra atención de la verdadera realidad. 

El Espíritu Santo no está fuera de nosotros. Se encuentra en la Mente de Dios, la cual compartimos, Su creación, la Filiación. Siendo esto así, que lo es, el Espíritu Santo se encuentra en la mente de cada uno de nosotros. Lo único que tenemos que hacer es conectar con su frecuencia. Podemos llamarla frecuencia "unidad". Así todos la conoceremos y podremos sintonizarla para hablar el mismo idioma y compartir la misma verdad.

3. Él sólo te pide que aceptes por Él la gratitud que le debes. 2cuando contemplas a tu hermano con infinita benevolencia, lo estás contemplando a Él. 3Pues estás mirando allí donde Él está, y no donde no está. 4No puedes ver al Espíritu Santo, pero puedes ver a tus hermanos correctamente. 5la luz en ellos te mostrará todo lo que necesites ver. 6Cuando la paz que mora en ti se haya extendido hasta abarcar a todo el mundo, la función del Espíritu Santo aquí se habrá consumado. 7¿Qué necesidad habrá de ver entonces? 8Cuando Dios Mismo haya dado el paso final, el Espí­ritu Santo reunirá todas las gracias que le hayas dado y toda la gratitud que le hayas ofrecido, y las depositará dulcemente ante Su Creador en el nombre de Su santísimo Hijo. 9Y el Padre las aceptará en Su Nombre. 10¿Qué necesidad hay de ver, en presen­cia de Su gratitud?

En este punto, Jesús utiliza la capacidad de ver desde el punto de vista de la percepción física. Es la razón por la que nos dice que no podemos ver al Espíritu Santo. No lo podemos ver porque la percepción no pertenece a la realidad del Espíritu, sino al cuerpo.

No podemos creer que el Espíritu Santo será percibido en forma de paloma o águila, pues lo que Es no es de este mundo material. El Espíritu Santo, ya lo hemos dicho, es la Mente Recta, el pensamiento verdadero que nos llevará a la percepción correcta, a la visión de la unidad. 

Tenemos que estar agradecidos a la Mente Recta porque ello representa el reconocimiento de lo que realmente somos, el reconocimiento de nuestro despertar. En realidad, lo que estamos haciendo es agradecer a nuestro ser divino la luz que nos permite retornar a la verdad. 

La percepción verdadera nos lleva a "ver" al Espíritu Santo y lo hace reconociendo en los demás a nuestros hermanos con los cuales estamos unidos por un lazo de amor y de unidad. Cada vez que "nos vemos" en el otro y elegimos extender el amor hacia él, estamos "viendo" al Espíritu Santo en cada una de las mentes.