viernes, 23 de mayo de 2025

Capítulo 20. VI. El templo del Espíritu Santo (3ª parte).

VI. El templo del Espíritu Santo (3ª parte).

7. Los idólatras siempre tendrán miedo del amor, pues nada los amenaza tanto como su proximidad. 2Deja que el amor se les acer­que y pase por alto el cuerpo, como sin duda hará, y corren despa­voridos, sintiendo cómo empiezan a estremecerse y a tambalearse los cimientos aparentemente sólidos de su templo. 3Hermano, tú tiemblas con ellos. 4Sin embargo, de lo que tienes miedo es del heraldo de la libertad. 5Ese lugar de sombras no es tu hogar. 6Tu templo no está en peligro. 7Ya no eres un idólatra. 8El propósito del Espíritu Santo está a salvo en tu relación y no en tu cuerpo. 9Te has escapado del cuerpo. 10EI cuerpo no puede entrar allí donde tú estás, pues ahí es donde el Espíritu Santo ha establecido Su templo.

Elegir al ego como nuestro maestro nos hará expertos en el arte de idolatrar la identidad en la que tiene depositada su fe, el cuerpo. En el cuerpo se encuentra el templo del ego. En dicho templo no encontraremos luz, pues la luz significa entendimiento y el cuerpo es totalmente ignorante y demente, pues sirve a leyes donde la ausencia del amor, de la verdad, de la unidad nos convierte en esclavos del miedo. El cuerpo inventa leyes para protegerse del miedo. El miedo se convierte en la respuesta a su visión ausente de amor y ello le lleva a atacar al otro en un intento de proteger su seguridad.

El ego odia aquello que idolatra, pues amarlo significaría que dejaría de sentir interés por lo que no tiene valor y, para el ego, el cuerpo es su mayor tesoro. El ego tiene miedo al amor y, aunque moviliza todos sus recursos para hallarlo, el propio miedo que siente a encontrarlo lo lleva a destruirlo. Así de demente es el sistema de pensamiento del ego.

8Las relaciones no admiten grados. 2O son o no son. 3Una rela­ción no santa no es una relación. 4Es un estado de aislamiento que aparenta ser lo que no es. 5Eso es todo. 6En el instante en que la idea descabellada de hacer que tu relación con Dios fuese pro­fana pareció posible, todas tus relaciones dejaron de tener signifi­cado. 7En ese instante profano nació el tiempo, y se concibieron los cuerpos para albergar esa idea descabellada y conferirle la ilusión de realidad. 8así, pareció tener un hogar que duraba por un cierto período de tiempo, para luego desaparecer del todo. 9Pues ¿qué otra cosa sino un fugaz instante podría dar albergue a esa loca idea que se opone a la realidad?

Ya lo hemos visto anteriormente. El término relación no hace referencia al cuerpo, sino a la Mente Recta, la que nos permite la visión de la unidad de las mentes. Esa conexión que nos hace iguales al resto de nuestros hermanos y que no es compartida cuando nuestro sistema de pensamiento sirve al ego y a su representante, el cuerpo físico.

El cuerpo no puede establecer relaciones duraderas, pues no es portador del amor, sino del miedo. ¿Qué relación basada en el miedo puede ser duradera? El ego oculta su verdadero interés y no permite a su mente el hecho de que muestre su pensamiento demente y su atracción por el miedo. Sin embargo, cuando establece un vínculo de relación no santa con el otro, no tardará en dar muestra de sus verdaderas intenciones, la de atacar y proyectar el contenido de su sentimiento de culpabilidad. Este sentimiento lo llevará a juzgar y condenar lo que considera pecaminoso en el otro. Lo que hace es proyectar su propia visión interna donde subyace un mundo de oscuridad que lo hace sentir odio hacia sí mismo.

9. Los ídolos desaparecerán y no dejarán rastro alguno con su partida. 2El instante profano de su aparente poder es tan frágil como un copo de nieve, pero sin su belleza. 3¿Es éste el sustituto que deseas en lugar de la eterna bendición del instante santo y su ilimitada beneficencia? 4¿Es la malevolencia de la relación no santa, tan aparentemente poderosa, tan mal comprendida y tan revestida de una falsa atracción lo que prefieres en lugar del ins­tante santo, que te ofrece entendimiento y paz? 5Deja a un lado el cuerpo entonces, y elevándote al encuentro de lo que realmente deseas, transciéndelo serenamente. 6Y desde Su templo santo, no mires atrás a aquello de lo que has despertado. 7Pues no hay ilusiones que puedan resultarle atractivas a la mente que las ha transcendido y dejado atrás.

Debemos recordar que las enseñanzas del Curso que estamos estudiando no van dirigidas a analizar el comportamiento del cuerpo. Esta es la principal base que nos permitirá comprender el mensaje de la enseñanza. No podemos interpretar que lo que Jesús nos dice en cada punto, en cada apartado del Curso, es para que modifiquemos y juzguemos nuestra manera de hacer las cosas. Esta dinámica pertenece al sistema de pensamiento del ego y al aprendizaje del cuerpo.

No, Jesús no está dirigiéndose al cuerpo, sino a nuestra mente. ¿De qué valdría cambiar los efectos, cuando la verdad o el error se encuentra en las causas?

Cuando el Curso nos dice que el cuerpo es ilusorio, se está refiriendo a que está regido por las leyes de la temporalidad y lo que está sujeto al cambio, simplemente, no es real, no es verdad.

Entonces, ¿qué es lo real y verdadero? Lo que no es el cuerpo, ni el ego. Lo que es invisible para el ego y que es verdadero para el Espíritu Santo. Lo único que realmente somos; lo único que hemos sido siempre; lo único que eternamente seremos. El Hijo de Dios, que creado a su imagen y semejanza, nos convierte en seres espirituales. Por lo tanto, debemos entender que estas enseñanzas tienen como principal objetivo darnos a conocer lo que somos y a tener fe en ello.

San Agustín nos dijo: Ama y haz lo que quieras. No es lo que hacemos, sino lo que somos, lo que es esencial. En ello debe basarse nuestra fe. Podríamos parafrasear las palabras de San Agustín y expresar: ¡Sé y haz lo que quieras!

jueves, 22 de mayo de 2025

Capítulo 20. VI. El templo del Espíritu Santo (2ª parte).

VI. El templo del Espíritu Santo (2ª parte).

4. El amor no tiene templos sombríos donde mantener misterios en la oscuridad, ocultos de la luz del sol. 2No va en busca de poder, sino de relaciones. 3El cuerpo es el arma predilecta del ego para obtener poder mediante las relaciones que entabla. 4sus relaciones sólo pueden ser profanas, pues lo que verdaderamente son, él ni siquiera lo ve. 5Las desea exclusivamente como ofren­das con las que sus ídolos medran. 6Todo lo demás simplemente lo desecha, pues lo que ello podría ofrecerle él no le otorga ningún valor. 7Al estar desamparado, el ego trata de acumular tantos cuerpos como pueda para que sirvan de altares para sus ídolos y así convertirlos en templos consagrados a sí mismo.

Si el sistema de pensamiento del ego se fundamenta en las leyes de la temporalidad, la experiencia de relación con el mundo estará impregnada de esa misma creencia, por lo que tan solo podremos esperar que sus resultados den lugar a experiencias temporales que, como tales, serán dolorosas y frustrantes, aportando tan solo argumentos al ego de que su existencia es real y de que su sistema de pensamiento es el correcto. Su lema se resume en la siguiente afirmación: "Todo lo que nace muere".

De este modo, el ego entiende que la relación especial que establece con el mundo está llamada a su destrucción y, por lo tanto, no puede aportarnos la felicidad deseada. Si la relación con el mundo no nos aporta felicidad eterna, entonces Dios no existe. Ese es el principal argumento de lo que el ego considera su venganza hacia el "desamor" de Dios. Dios no me quiere a su lado, luego lo niego y me niego a creer en su existencia. Si existiese, nos libraría de todo el dolor de este mundo.

Todos estos argumentos serían verdad si procediesen de la realidad, es decir, si Dios fuese la causa de las desgracias que le atribuye el ego. Pero la causa de esa fuente de amargas experiencias se encuentra en la creencia en el pecado, en la creencia en la separación, lo que nos hizo creer ser los habitantes de un mundo inhóspito y carente de amor.

5. El templo del Espíritu Santo no es un cuerpo, sino una relación. 2El cuerpo es una aislada mota de oscuridad; una alcoba secreta y oculta; una diminuta mancha de misterio que no tiene sentido, un recinto celosamente protegido, pero que aun así no oculta nada. 3Aquí es donde la relación no santa se escapa de la realidad, y donde va en busca de migajas para sobrevivir. 4Ahí quiere arrastrar a sus hermanos, a fin de mantenerlos atrapados en la idolatría. 5Ahí  se siente a salvo, pues el amor no puede entrar. 6El Espíritu Santo no edifica Sus templos allí donde el amor jamás podría estar. 7¿Escogería Aquel que ve la faz de­ Cristo como Su hogar el único lugar en el universo donde ésta no se puede ver?

Todo estudiante de un Curso de Milagros conoce que las enseñanzas que nos aporta no van dirigidas al cuerpo, el símbolo representativo del sistema de pensamiento del ego. No pone énfasis en cambiar lo que hacemos, al entender que no hay que cambiar los efectos, sino que se dirige principalmente a la causa, la cual se encuentra en la mente.

Jesús en este punto nos recuerda esta enseñanza cuando nos dice que el templo del Espíritu Santo no es un cuerpo, sino una relación. Nos está diciendo que lo que entendemos por relación desde la visión egoica, desde el cuerpo, no forma parte de la verdad, pues ese tipo de relación no es santa. Tan solo la relación santa, la que basa la relación verdadera entre las mentes, es donde se encuentra el templo del Espíritu Santo, donde se encuentra la fuente de la Expiación, de la Mente Recta que nos corrige la percepción falsa en verdadera.

Percibir la relación desde la visión del Espíritu Santo nos lleva a ver la luz que nos permite ver a nuestros hermanos como nuestra fuente de salvación, pues seremos testigos de los lazos de unión que hacen nuestras mentes una con la de Dios.

6. Tú no puedes hacer del cuerpo el templo del Espíritu Santo, y el cuerpo nunca podrá ser la sede del amor. 2Es la morada del idólatra, y de lo que condena al amor. 3Pues ahí el amor se vuelve algo, temible y se pierde toda esperanza. 4Aun los ídolos que ahí son adorados están revestidos de misterio y se les mantiene aparte de aquellos que les rinden culto. 5Éste es el templo consa­grado a la negación de las relaciones y de la reciprocidad. 6Ahí se percibe con asombro el "misterio" de la separación y se le con­templa con reverencia. 7Lo que Dios no dispuso que fuese se mantiene ahí "a salvo" de Él. 8Pero de lo que no te das cuenta es de que aquello que temes en tu hermano y te niegas a ver en él, es lo que hace que Dios te parezca temible y que no lo conozcas.

El cuerpo es para el ego su principal prueba para argumentar a favor de su creencia en la separación. Es, igualmente, su principal testigo y al mismo tiempo defensor de que no existe la unidad, la igualdad, en el mundo donde rigen sus leyes. Por lo tanto, el cuerpo no puede ser el templo del Espíritu Santo, no puede albergar la visión de la unicidad que nos mantiene unidos al resto de la humanidad.

Ya lo hemos comentado a lo largo del estudio que estamos realizando. El cuerpo es el "hijo del miedo". Esto es así debido a que el ego ve en el cuerpo físico la causa que le ha llevado a desobedecer el mandato divino de no comer del Árbol Prohibido, cuya consecuencia desencadenó la visión errónea en la "expulsión" del Paraíso y la condena a trabajar duramente para ganarse el pan de cada día. Todo ese pasaje recogido en la Biblia es alegórico y nos revela de manera simbólica el génesis de la falsa creencia en la separación y en el pecado. Todo el contenido que se narra en las Escrituras Sagradas nos describe el proceso en el que la mente del hombre elige libremente proyectar su atención a una nueva dimensión donde lo tangible sustituye a lo invisible, donde la división sustituye a la unidad y donde el deseo se apodera de la voluntad de amar, la característica principal de la Fuente de donde procedemos, de la Mente de Dios. 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Capítulo 20. VI. El templo del Espíritu Santo (1ª parte).

VI. El templo del Espíritu Santo (1ª parte).

1. El significado del Hijo de Dios reside exclusivamente en la rela­ción que tiene con su Creador. 2Si residiese en cualquier otra cosa estaría basado en lo contingente, pero no hay nada más. 3Y este hecho es totalmente amoroso y eterno. 4El Hijo de Dios, no obs­tante, ha inventado una relación no santa entre él y su Padre. 5Su verdadera relación es una de perfecta unión e ininterrumpida continuidad. 6La relación que él inventó es parcial, egoísta, fragmentada y llena de temor. 7La que su Padre creó se abarca y se extiende totalmente a sí misma. 8La que él inventó es totalmente auto-destructiva y se limita a sí misma.

Una visión basada en un sistema de pensamiento cuya creencia en la separación es su máximo postulado no puede crear una relación estable y verdadera (no cambiante). Si utiliza el ingrediente de la separación, del pecado, para elaborar sus platos favoritos, su relación con el mundo, todo cuanto toque, estará impregnado de esa visión y sus frutos nos llevarán a la experiencia de la división y la destrucción.

Nos enseña este punto que el significado del Hijo de Dios reside exclusivamente en la relación que tiene con su Creador, la cual está bendecida por la esencia del Amor. Por lo tanto, dicha relación es eternamente santa y no está sujeta a la contingencia de lo irreal e ilusorio, a lo temporal.

El Hijo de Dios ha olvidado su verdadera identidad, lo que le ha llevado a introducir un ajuste en su visión que ha interferido en la calidad de dicha relación santa, sustituyéndola por el especialismo. La unidad y el amor han sido sustituidos por la división y el miedo. Lo eterno ha sido sustituido por lo temporal y la vida ha sido sustituida por la muerte.

2. Nada puede mostrar mejor este contraste que la experiencia de ambas clases de relación, la santa y la no santa. 2La primera se basa en el amor, y descansa sobre él serena e imperturbada. 3El cuerpo no se inmiscuye en ella en absoluto. 4Ninguna relación de la que el cuerpo forma parte está basada en el amor, sino en la idolatría. 5El amor desea ser conocido, y completamente compren­dido y compartido. 6No guarda secretos ni hay nada que desee mantener aparte y oculto. 7Camina en la luz, sereno y con los ojos abiertos, y acoge todo con una sonrisa en sus labios y con una sinceridad tan pura y tan obvia que no podría interpretarse erró­neamente.

Dentro de la irrealidad de este mundo, encontramos una función en él, al igual que en el cuerpo, que nos permite utilizarlo como un laboratorio en el que podemos percibir los efectos de nuestras creencias e ideas. La experiencia se convierte en un valor añadido en el proceso de aprendizaje. Desde este punto de vista, cuando el dolor y el sufrimiento son los frutos cosechados de nuestras siembras, si nuestra mente es coherente y responsable de que somos los sembradores, podemos sacar conclusiones de que hemos descuidado nuestra siembra y que los frutos obtenidos son amargos. Tendremos que aprender de los errores cometidos y corregirlos para obtener frutos dulces y apetitosos.

En nuestra relación con el mundo, sabremos reconocer si hemos elegido la dirección adecuada, esto es, si hemos elegido la relación santa o la no santa, si han dado lugar a experiencias de amor o de miedo. Si hemos extendido nuestro amor incondicional a través de la relación, ese amor será contagioso y se dará lugar a una cadena en la que el amor se expandirá multiplicándose. Si en cambio hemos establecido nuestra relación desde el miedo, ese mismo miedo se convertirá en la limitación que aprisionará dicha experiencia de relación. Nos sentiremos presos y, al mismo tiempo, carceleros, privándonos de la libertad y limitando la libertad de los demás.

Quizás sea el momento de analizar nuestras relaciones con el mundo y preguntarnos qué experiencia estamos obteniendo de ella.

3. Mas los ídolos no comparten. 2Aceptan, pero lo que aceptan no es correspondido. 3Se les puede amar, pero ellos no pueden amar. 4No entienden lo que se les ofrece, y cualquier relación en la que entran a formar deja de tener significado. 5El amor que se les tiene ha hecho que el amor no tenga significado. 6Viven en secreto, detestando la luz del sol, felices, no obstante, en la penumbra del cuerpo, donde pueden ocultarse y mantener sus secretos ocultos junto con ellos mismos. 7Y no tienen relaciones, pues allí no se le da la bienvenida a nadie. 8No le sonríen nadie, ni ven a los que les sonríen a ellos.

El ego busca el amor fuera de sí mismo, pues la visión que tiene de sí no es completa, está fragmentada y le lleva a la creencia de necesitar aquello que ha perdido, la unidad, la paz.

Esa visión de necesidad está basada en la errónea creencia en la separación con Dios, lo que le ha llevado a perder su inocencia primigenia y a sentirse un pecador. Esa pérdida, gozar del amor de Dios, le lleva a interpretar que no es digno de sí mismo y por ello elige el odio y el autocastigo en un intento de purgar su culpa y redimirse del pecado. La visión del desamor lo lleva, de una manera impulsiva, a buscar el amor fuera de él. Ignora que no puede dar lo que no tiene. Lo que tenía, el amor de Dios, le fue arrebatado y ahora lo único que cree tener es miedo. Por lo tanto, al ver lo que tiene, lo comparte con el mundo que le rodea y lo proyecta en los demás, pues su sola visión lo amenaza con autodestruirse. De este modo, busca amor, pero lo hace a su manera, odiando y atacando; limitando y aportando temor. El amor que busca está inspirado en el culto al cuerpo, que es la identidad que percibe como real. Ese amor le lleva a ver al otro como un ídolo, pues el cuerpo es su mayor ídolo de culto.

De este modo, el ego es incapaz de establecer una relación santa. Sus relaciones siempre son especiales y obtienen como resultado la exaltación del miedo y del dolor.

martes, 20 de mayo de 2025

Capítulo 20. V. Los heraldos de la eternidad (4ª parte).

 V. Los heraldos de la eternidad (4ª parte).

7. ¿Cómo ibas a poder calcular la valía de quien te ofrece seme­jante regalo? 2¿Cambiarías ese regalo por otro? 3Ese regalo resti­tuye las leyes de Dios nuevamente a tu memoria. 4Y sólo por recordarlas, te olvidas de las leyes que te mantenían prisionero del dolor y de la muerte. 5No es éste un regalo que el cuerpo de tu hermano te pueda ofrecer. 6El velo que oculta el regalo, tam­bién lo oculta a él. 7Él es el regalo, sin embargo, no lo sabe. 8Tú tampoco lo sabes. 9Pero ten fe en que Aquel que ve el regalo en ti y en tu hermano lo ofrecerá y lo recibirá por vosotros dos. 10Y a través de Su visión lo verás, y a través de Su entendimiento lo reconocerás y lo amarás como tuyo propio.

Podríamos decir que el regalo viene a satisfacer lo que deseamos y lo que deseamos es aquello en lo que creemos. El ego valora los regalos que recibe del mundo que percibe y que es fruto del mundo que ha deseado ver. Los regalos del espíritu le son indiferentes ya que no cree en ello, pues lo invisible no es fruto de su deseo, por tal motivo no lo ve. A la hora de elegir regalos, el ego elige aquellos que proceden del cuerpo, el símbolo de su identidad. Sin embargo, los regalos procedentes del mundo material no nos ofrecerán la paz y la dicha, pues todos los regalos que proceden de él son efímeros y temporales. Es más, vienen envueltos en un papel que nos produce miedo, pues el temor a perder aquello que envuelve formará parte intrínseca del propio regalo.

Por lo tanto, todo el sistema de pensamiento del ego afianzado en la creencia en la separación y en el pecado no puede ofrecernos el regalo que ha de permitirnos ser felices y vivir en paz. El único regalo que puede ofrecernos ese eterno valor es el que nos ofrece la Visión Crística y la Mente Recta del Espíritu Santo. La visión de la unidad que nos mantiene unidos a las mentes de todos los Hijos de Dios, así como la comprensión de que formamos parte de la Filiación, nos ofrecerá el regalo de aquello que somos, el recuerdo de nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios emanados de Su Fuente Creadora donde tenemos nuestro hogar.

Así pues, comparto mi gratitud a todos y cada uno de mis hermanos, pues en ellos reconozco el regalo con el que Dios, nuestro Padre, nos bendice.

8. Consuélate, y siente cómo el Espíritu Santo cuida de ti con amor y con perfecta confianza en lo que ve. 2Él conoce al Hijo de Dios y comparte la certeza de su Padre de que el universo des­cansa a salvo y en paz en sus tiernas manos. 3Consideremos ahora lo que tiene que aprender a fin de poder compartir la confianza que su Padre tiene en él. 4¿Quién es él, para que el Creador del universo ponga a éste en sus manos, sabiendo que en ellas está a salvo? 5Él no se ve a sí mismo tal como su Padre lo conoce. 6Sin embargo, es imposible que Dios se equivoque con respecto a dónde deposita Su confianza. 

La Visión Crística y la Mente Recta del Espíritu Santo no están contagiadas por la creencia en que nuestra verdadera identidad es corporal. Es más, no ven su realidad por la sencilla razón de que el cuerpo no es real, es una ilusión fruto de las leyes de la temporalidad. La Voz que habla por Dios, así como el Espíritu del Amor Crístico, tan solo nos pueden ofrecer Su Visión verdadera y mostrarnos nuestra verdadera realidad en la que la luz irradia a través de nuestro ser espiritual, expandiendo la verdad del amor por doquier, pues esa es su naturaleza, esa es su condición y esa es su ley.

Tenemos que aprender esa lección, pues es la única lección que tenemos que aprender. En ella se agrupa todo lo que es verdad y real. Aprender que somos el Hijo de Dios nos permitirá ofrecer a nuestro Padre el regalo de la compleción y nos permitirá compartir con Él la fuente del verdadero Conocimiento. La Creación en Una. La Creación es la Filiación. La Creación es el Hijo de Dios. Esta verdad no puede ser concebida desde la mente corporal, pero sí lo es desde la Mente Recta que nos muestra que, más allá de una creencia, somos lo que somos y no podemos ser algo diferente a lo que somos. Dios Es y Su Hijo Es. 

lunes, 19 de mayo de 2025

Capítulo 20. V. Los heraldos de la eternidad (3ª parte).

V. Los heraldos de la eternidad (3ª parte).

5. El cuerpo de tu hermano tiene tan poca utilidad para ti como para él. 2Cuando se usa únicamente de acuerdo con las enseñan­zas del Espíritu Santo, no tiene función alguna. 3Pues las mentes no necesitan el cuerpo para comunicarse. 4La visión que ve al cuerpo no le es útil al propósito de la relación santa. 5mientras sigas viendo a tu hermano como un cuerpo, los medios y el fin no estarán en armonía. 6¿Por qué se han de necesitar tantos instantes santos para alcanzar una relación santa, cuando con uno solo bastaría? 7No hay más que uno. 8El pequeño aliento de eternidad que atraviesa el tiempo como una luz dorada es sólo uno: no ha habido nada antes ni nada después.

La percepción verdadera es la visión más cercana a la verdad en el mundo temporal. Es la creencia en la separación la que nos lleva a percibir y a utilizar el pensamiento para juzgar las diferencias entre los seres que percibimos. El cuerpo se convierte en un obstáculo, en un pensamiento erróneo que nos impide conectar con la visión verdadera de lo que somos: "Seres iguales y unidos por nuestras mentes a la Fuente que nos ha creado". Por lo tanto, más allá de la función como canal de comunicación, el cuerpo tiene poca utilidad, pues no es la causa que debemos corregir para alcanzar la salvación, pues esta se encuentra en la mente, donde surge la visión errónea y falsa que nos hace creyentes de un mundo separado.

Jesús nos plantea una pregunta en este punto que deberíamos contestar: "¿Por qué se han de necesitar tantos instantes santos para alcanzar una relación santa, cuando con uno solo bastaría? 

Cuando analizo esta pregunta y dejo que penetre en mi ser, no puedo evitar ver flaquear mi fe. Recuerdo vivencias donde mi consciencia ha alcanzado la visión de la unidad y, en ese instante santo, he gozado de lucidez espiritual permitiéndome reconocer lo que soy, sin desear nada más. Es como poder tocar por unos instantes la grandeza del Cielo para volver una vez más a sentir la densidad del mundo material. Esos cambios de percepción, al principio, me han hecho sentir mal. Ese sentimiento forma parte del especialismo del ego. Es una estrategia muy sutil que puede confundirnos con el propósito de sentirnos especiales.

Hoy lo veo de otra manera. Hoy sé que estoy ubicado en este mundo, que estoy soñando y que soy el soñador del sueño. Hoy sé que ese sueño tiene sus días contados, pues como todos los sueños, no es real, salvo para mi mente que ha elegido ese estado de conciencia. Hoy sé que soñar es un error que elijo corregir, llamado por la Voz que habla por Dios y que me tiende su mano para que, preñado de certeza, le acompañe allí donde se encuentra nuestro verdadero Hogar y que nunca hemos abandonado.

6. Ves cada instante santo como un punto diferente en el tiempo. 2Mas es siempre el mismo instante. 3Todo lo que jamás hubo o habrá en él se encuentra aquí ahora mismo. 4El pasado no le resta nada, y el futuro no le añadirá nada más. 5En el instante santo, entonces, se encuentra todo. 6En él se encuentra la belleza de tu relación, con los medios y el fin perfectamente armonizados ya. 7En él se te ha ofrecido ya la perfecta fe que algún día habrás de ofrecerle a tu hermano; en él se ha concedido ya el ilimitado per­dón que le concederás; y en él es visible ya la faz de Cristo que algún día habrás de contemplar.

Desde el sistema de pensamiento del ego, todo se interpreta desde el punto de vista secuencial y temporal. La verdad es percibida como algo que evoluciona a través del tiempo, que va cambiando y que está condicionado por el modo de ver de cada observador. Es por esta razón que este mundo, el físico, no es verdad, porque la verdad no cambia, simplemente es. Si no es verdad eternamente, no lo será nunca. Si no es verdad, eternamente, no es real.

De esta afirmación se deduce lo que este punto nos enseña con respecto al instante santo. Desde la mente egoica se tiene la creencia de que la verdad se va manifestando según cada momento y dependiendo de nuestro estado perceptivo. Desde la mente recta, el instante santo es eterno y cuando se vive, gozamos de la grandeza de la eternidad que brilla bajo la luz de la verdad. El instante santo nos muestra nuestra verdadera identidad, la cual se expresa dando testimonio de la unidad y del amor.