sábado, 22 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 81

SEGUNDO REPASO

Introducción

1. Estamos listos ahora para otro repaso. 2Comenzaremos donde el anterior terminó y abarcaremos dos ideas por día. 3La primera parte del día se dedicará a una de estas ideas, y la segunda parte a la otra. Llevaremos a cabo una sola sesión de ejercicios larga, y varias sesiones cortas en las que practicaremos con cada una de las ideas.

2. Las sesiones más largas deben hacerse siguiendo estas sugeren­cias: asigna aproximadamente quince minutos a cada una de ellas, y comienza pensando en las ideas correspondientes a ese día, así como en los comentarios que las acompañan. 2Dedica tres o cuatro minutos a leerlos lentamente, varias veces si así lo deseas, y luego cierra los ojos y escucha.

3. Repite la primera fase del ejercicio si notas que tu mente divaga, pero trata de pasar la mayor parte del tiempo escuchando sosega­damente aunque con mucha atención. 2Hay un mensaje esperándote.  3Confía en que lo vas a recibir. 4Recuerda que es para ti y que quieres recibirlo.

4. No permitas que tu intención vacile en presencia de aquellos pensamientos que vengan a distraerte. 2Comprende que sea cual sea la forma que adopten, no tienen sentido ni poder. 3Reemplá­zalos con tu determinación de triunfar. 4No olvides que tu volun­tad tiene poder sobre todas las fantasías y sobre todos los sueños. 5Confía en que tu voluntad te apoyará y te llevará más allá de ellos.

5. Considera estas sesiones de práctica como consagraciones al camino, a la verdad y a la vida. 2No dejes que ninguna ilusión, ningún pensamiento de muerte ni ninguna senda sombría te des­víe de tu propósito. 3Estás comprometido a la salvación. 4Resuél­vete cada día a no dejar de cumplir tu función.

6. Reafirma tu determinación asimismo en las sesiones de práctica más cortas, usando la idea en su forma original para las aplicacio­nes generales y variaciones más específicas cuando sea necesario. 2En los comentarios que siguen a las ideas se incluyen algunas variaciones específicas. 3Éstas son, no obstante, meras sugeren­cias. 4Las palabras que utilices no es lo que realmente importa.



LECCIÓN 81

Nuestras ideas para el repaso de hoy son las siguientes:

1. (61) Yo soy la luz del mundo.

2¡Cuán santo soy yo, a quien se le ha encomendado la función de iluminar el mundo! 3Concédaseme poder permanecer en quietud ante mi santidad. 4Que en su serena luz desaparezcan todos mis conflictos. 5Y que en su paz pueda recordar Quién soy.

2. Algunas variaciones específicas para aplicar esta idea cuando parezcan surgir dificultades podrían ser:

2No he de nublar la luz del mundo en mí.
3Que la luz del mundo resplandezca a través de esta apa­riencia.
4Esta sombra desaparecerá ante la luz.

3. (62) Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.

2Sólo aceptando mi función podré ver la luz en mí. 3Y en esa luz mi función se perfilará claramente y sin ambigüedad alguna ante mis ojos. 4Esta aceptación no depende de que yo reconozca lo que mi función es, pues aún no comprendo lo que es el perdón. 5Sin embargo, confío en que en la luz lo veré tal como es.

4. Algunas variaciones para las aplicaciones más concretas de esta idea podrían ser:

2Que esto me ayude a aprender el significado del perdón.
3No dejes que separe mi función de mi voluntad.
4No me valdré de esto para apoyar un propósito ajeno a mí.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Yo soy la luz del mundo.
  • Se trata de la manifestación más elevada que podemos expresar. Es el reconocimiento de la realidad que somos. Es el despertar de la consciencia espiritual; el reencuentro con la Unidad. Es el fin de la hegemonía del ego. Es el retorno a la Verdad, el retorno a nuestro Hogar.

  • ¿Qué darás hoy, la verdad emanada en tu luz o las ilusiones, fabricadas por tus tinieblas? Tu 
    luz es vida. Tu oscuridad es muerte.
Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.
  • La luz disipa las tinieblas. El perdón corrige el error. Perdonar es mi única función. Cuando perdono, estoy expresando mi verdadera identidad, pues me reconozco como Hijo de la Luz, como Hijo del Amor.

  • Si apuestas por el rencor, ¿sabes que estás apostando por el sufrimiento?
    Si apuestas por el perdón, ¿sabes que estás apostando por la paz?

viernes, 21 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 80

LECCIÓN 80

Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto.

1. Si estás dispuesto a reconocer tus problemas, reconocerás que no tienes ninguno. 2Tu problema central se ha resuelto y no tienes ningún otro. 3Por lo tanto, debes sentirte en paz. 4La salvación, pues, depende de que reconozcas que ése es el único problema y de que entiendas que ya se ha resuelto. 5Un solo problema, una sola solución. 6La salvación se ha consumado. 7Se te ha liberado de todo conflicto. 8Acepta este hecho, y estarás listo para ocupar el puesto que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.

2. ¡Tu único problema ya se ha resuelto! 2Repite esto hoy para tus adentros una y otra vez a lo largo del día, con gratitud y convic­ción. 3Has reconocido tu único problema, dándole así paso al Espíritu Santo para que te dé la respuesta de Dios. 4Has dejado a un lado las decepciones y has visto la luz de la verdad. 5Has acep­tado la salvación para ti mismo al llevar el problema a la solución. 6puedes reconocer la solución porque has identificado el pro­blema.

3. Hoy tienes derecho a la paz. 2Un problema que ya se ha resuelto no te puede perturbar. 3Asegúrate únicamente de no olvi­darte que todos los problemas son uno solo. 4Sus múltiples formas no te podrán engañar, mientras te acuerdes de esto. 5Un solo pro­blema, una sola solución. 6Acepta la paz que te brinda esta sencilla afirmación.

4. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy reivindica­remos la paz que inevitablemente será nuestra una vez que el problema y la solución se hayan reconciliado. 2El problema tiene que haber desaparecido porque la respuesta de Dios no puede fallar. 3Al haber reconocido el problema has reconocido la solu­ción. 4La solución es inherente al problema. 5Se te ha contestado, y tú has aceptado la respuesta. 6Te has salvado.

5. Permite ahora que se te dé la paz que tu aceptación te brinda. 2Cierra los ojos y recibe tu recompensa. 3Reconoce que tus pro­blemas se han resuelto. 4Reconoce que no tienes conflictos, y que estás libre y en paz. 5Sobre todo, recuerda que tienes un solo problema y que el problema tiene una sola solución. 6En esto reside la simplicidad de la salvación. 7Por eso es por lo que su eficacia está garantizada.

6. Afirma hoy con frecuencia que tus problemas ya se han resuelto. 2Repite la idea con absoluta convicción tan a menudo como sea posible. 3Y asegúrate en particular, de aplicar la idea de hoy a cualquier problema concreto que pueda surgir. 4Di de inme­diato:

5Permítaseme reconocer que este problema ya se ha resuelto.

7. Propongámonos no acumular resentimientos hoy. 2Propongá­monos estar libres de problemas que no existen: 3Para lograr esto sólo se requiere honestidad. 4No te engañes con respecto a cuál es el problema, y no podrás sino reconocer que se ha resuelto.

¿Qué me enseña esta lección? 

Se trata de una importante afirmación de la consciencia: el reconocimiento de la verdadera realidad del ser; el reconocimiento de ser una unidad con todo lo creado; el reconocimiento de ser Hijo de Dios, de ser Perfecto; de ser una Entidad Espiritual.

El único problema, la creencia en la separación, deja de serlo, dado que se trata de un error concebido por la mente en un intento de sentirse un ente creador, en un intento de autoconocimiento.

El error concebido por el ego de creerse el creador de sí mismo, negando cualquier otra autoría, da lugar a la percepción de la separación. 

Cuando tomamos consciencia de la imposibilidad de actuar separados de los demás, tendremos la oportunidad de actuar con esa visión de unidad en la que somos parte del Todo. 

Todo problema se deriva del juicio que emitimos hacia el mundo que nos rodea. Si no soy consciente de que el otro es parte de mí, seguiré juzgando y emitiendo juicios condenatorios que me llevan a vivir cada experiencia como un problema. 

Ser Hijos de Dios significa estar unidos en un mismo Plan Creador, donde debe imperar el pensamiento de Unidad y Filiación.

 

Ejemplo-Guía: "Estoy sin trabajo, mi matrimonio se resiente y vivo en una permanente depresión". 

En la lección de hoy, continuamos con el ejemplo-guía elegido en el día de ayer. 

Recordemos que, en el análisis realizado en la lección anterior, nos enfocamos en tomar consciencia de cuál es el problema para poder resolverlo. Poníamos de manifiesto la importancia de que acostumbramos a ver multitud de problemas, lo que nos lleva a buscar multitud de soluciones, cuando en realidad tan solo existe un único problema, lo que significa que tan solo hay una única solución. 

Hoy vamos a dar un paso más en el propósito de entender cómo debemos ver el problema. La cuestión que nos vamos a plantear como punto de partida es la siguiente: ¿deseamos el problema o la solución? Es lícito que nos la hagamos, pues solo nosotros podemos privarnos a nosotros mismos de la verdad. Según orientemos la fuerza de nuestra voluntad hacia un lugar u otro, estaremos viendo la verdad o estaremos viendo la ilusión. 

Bien, supongamos que hemos elegido la solución. Un Curso de Milagros nos dice que, si decidimos por la solución, la tendremos, pues la veremos tal y como es, ya que disponemos de ella. 

Esta afirmación puede parecernos un poco confusa. La situación es la siguiente. He creído durante mucho tiempo que tenía muchos tipos de problemas. Ahora, tomo consciencia de que tan sólo existe un único problema y elijo su solución. ¿Con tan sólo haber elegido esa solución, ya la veré, por el simple hecho de que está en mi interior? 

La respuesta es sí. Expresado como lo hemos hecho, parece que lo único que tenemos que hacer es encajar cada pieza del puzle en su lugar correspondiente. Es decir, lo único que tenemos que hacer es cambiar la creencia en la multiplicidad de problemas y tener la certeza de que el único problema es creerme separado del Creador y su Creación. ¿Así de específico? Sí, así de específico. 

Recordemos lo que nos aporta el Curso sobre este particular: 

"Tal vez te quejes de que este curso no es lo suficientemente específico como para poderlo entender y aplicar. Mas tal vez no hayas hecho lo que específicamente propugna. Éste no es un curso de especulación teórica, sino de aplicación práctica. Nada podría ser más específico que el que le digan a uno que si pide, recibirá. El Espíritu Santo te dará la respuesta para cada problema específico mientras creas que los problemas son específi­cos. Su respuesta es a la vez una y muchas mientras sigas creyendo que el que es Uno es muchos. Puede que tengas miedo de Su especificidad por temor a lo que crees que ésta pueda exigirte. Mas es únicamente pidiendo como aprenderás que lo que procede de Dios no te exige nada en absoluto. Dios sólo da, nunca quita. Cuando te niegas a pedir, es porque crees que pedir equivale a quitar en vez de a compartir" (T-11.VIII.5:1-10). 

¿Nos está pidiendo el Curso un acto de fe? Sí, ¿cómo debemos entender el término fe? 

No es mi intención extenderme más de lo necesario sobre esta cuestión, pero la considero muy importante y enriquecedora. 

De nuevo recurro a las enseñanzas que nos aporta el Texto del Curso: 

"No hay ningún problema que la fe no pueda resolver. Si trasla­das cualquier aspecto de un problema a otro lugar, ello hará que sea imposible solventarlo. Pues si trasladas parte del problema a otro lugar, el significado del problema inevitablemente se pierde, y la solución del problema radica en su significado. ¿No es posi­ble acaso que todos tus problemas ya se hayan resuelto, pero que tú te hayas excluido a ti mismo de la solución? La fe, no obstante, tiene que estar donde algo se ha consumado, y donde tú ves que se consumó" (T-17.VII.2:1-5). 

Me gustaría compartir en este punto un artículo escrito en su blog por Emilio Carrillo, donde el autor nos aporta una visión muy interesante sobre el término fe y que sin duda nos ayudará a comprender su verdadero significado. Os dejo el enlace:  

http://emiliocarrillobenito.blogspot.com.es/2010/01/fe-para-mover-montanas-salta-de.html 

No se trata de creer, de lealtad, se trata de "confianza, perseverancia y compromiso".  

Si aplicamos esta "fe" a la enseñanza de esta lección, tenemos que confiar en que, mientras estemos en conflicto, es evidente que no podemos resolver nada en absoluto. Tenemos que confiar, igualmente, que, si Dios nos ha dado una solución, de alguna manera nuestros problemas tienen que haberse resuelto, pues lo que su Voluntad dispone ya se ha realizado.

Para asegurar este hecho, Dios ha tenido que habernos dado una manera de alcanzar otro estado mental en el que se encuentra la solución. Ese estado se conoce en el Curso como el instante santo.  

"Ahí es donde debes llevar y dejar todos tus problemas. Ahí es donde les corresponde estar, pues ahí se encuentra su solución. Y si su solución se encuentra ahí, el problema tiene que ser sim­ple y fácil de resolver. No tiene objeto tratar de resolver un problema donde es imposible que se encuentre su solución. Mas es igualmente seguro que se resolverá si se lleva donde se encuentra la solución” (T-27.IV.2:5-9). 

“No intentes resolver ningún problema excepto desde la seguridad del instante santo. Pues ahí el problema sí tiene solución y queda resuelto. Fuera de él no habrá solución, pues fuera de él no puede hallarse respuesta alguna" (T-27.IV.3:1-3).  

No vamos a profundizar en el significado del "instante santo" tan solo os dejo la siguiente aportación: 

“En el instante santo en que te ves a ti mismo resplandeciendo con el fulgor de la libertad, recuerdas a Dios” (T-15.I.10:7).


Reflexión: ¿Cómo sueles actuar cuando tienes un problema?

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (4ª parte)

  III. La irrealidad del pecado (4ª parte).

9. Y sin embargo, lo contemplas con la sonrisa del Cielo en tus labios y con la bendición del Cielo en tu mirada. 2No seguirás viendo el pecado por mucho más tiempo. 3Pues en la nueva per­cepción, la mente lo corrige cuando parece presentarse y se vuel­ve invisible. 4Los errores se reconocen de inmediato y se llevan enseguida ante la corrección para que ésta los sane y no para que los oculte. 5Serás curado del pecado y de todas sus atrocidades en el instante en que dejes de conferirle poder sobre tu hermano. 6lo ayudarás a superar sus errores al liberarlo jubilosamente de la creencia en el pecado.

Al ego le resulta muy difícil reconocer sus errores, sus sombras. Sus pensamientos oscuros los oculta para que nadie pueda descubrir su falta de amor. Es su mayor temor, el hecho de que los demás lo juzguen como un indeseable. Por tal motivo, imagina una argucia para mantenerse protegido de la acechanza de los demás. Se inventa el pensamiento del juicio, o lo que es lo mismo, la proyección sobre los demás de sus oscuros deseos. De este modo, ataca para no ser atacado, sin darse cuenta de que para el sabio observador, sus juicios están hablando de él y no de su víctima.

El juicio es el testigo más fidedigno que habla a favor de cómo nos vemos interiormente. Cuando juzgamos en el otro sus actos pecaminosos, lo que estamos haciendo es ver los nuestros propios sin que los queramos reconocer. En nuestra demente y vanidosa osadía, nos erigimos como sus salvadores al descubrir sus debilidades y al ofrecerle la vía de redención que no es otra que el sufrimiento del castigo que lo llevará al arrepentimiento.

Pero la salvación no puede aprenderse a través del castigo y el dolor, pues ningún acto de castigo hace amigos; si no, todo lo contrario, fortalece el odio y el rencor.

La verdadera salvación no se encuentra en las acciones procedentes del miedo, sino en aquellas que son fruto de la visión del amor, la cual nos permitirá reconocer en nuestro hermano al acompañante idóneo para buscar la senda que ha de conducirnos, juntos, al Cielo.

10En el instante santo verás refulgir la sonrisa del Cielo sobre ti y sobre tu hermano. 2Y derramarás luz sobre él, en jubiloso recono­cimiento de la gracia que se te ha concedido. 3Pues el pecado no puede prevalecer contra una unión que el Cielo ve con beneplá­cito. 4Tu percepción sanó en el instante santo que el Cielo te dio. 5Olvídate de lo que has visto, y eleva tus ojos con fe hacia lo que ahora puedes ver. 6Las barreras que impiden el paso al Cielo de­saparecerán ante tu santa mirada, pues a ti que eras ciego se te ha concedido la visión y ahora puedes ver. 7No busques lo que ha sido eliminado, sino la gloria que ha sido restituida para que tú la veas.

La ausencia de miedo en nuestra mente dará paso a la expansión de la esencia con la que hemos sido creados, al amor. Una mente al servicio del amor no ve el pecado, el símbolo de la separación, pues su Visión tan solo ve la unicidad que mantiene a todas las mentes formando parte de la Mente Una del Creador.

En el instante santo, recibimos la bendición del Cielo, símbolo de la unidad, y nuestra consciencia se ilumina con la Visión Crística la que nos mostrará la grandeza de la que formamos parte como integrantes de la obra creadora de Dios, la Filiación.

¿Te imaginas un mundo donde todas las mentes se amen y expandan ese amor? 

Mejor que imaginarlo, es crearlo.

11. Mira a tu Redentor y contempla lo que Él quiere que tú veas en tu hermano, y no permitas que el pecado vuelva a cegar tus ojos. 2Pues el pecado te mantendría separado de él, pero tu Redentor quiere que veas a tu hermano como te ves a ti mismo. 3Vuestra relación es ahora un templo de curación, un lugar donde todos los que están fatigados pueden venir a descansar. 4En ella se encuentra el descanso que les espera a todos después de la jor­nada. 5Y gracias a vuestra relación todos se encuentran más cerca de ese descanso. 

Cuando nos miremos interiormente y amemos lo que vemos, es el momento de mirar al exterior y compartir con nuestros hermanos el valor de nuestra visión. Ya no juzgaremos al otro, pues no hemos visto motivos en nuestro interior para condenarnos. Ya no lo atacaremos, pues no nos sentiremos amenazados por ningún deseo oscuro. 

Un único deseo nos mueve. Compartir nuestra luz con la luz del otro, sabiendo con certeza que esa luz atraerá otras muchas luces y todas unidas se fundirán con la Fuente de donde emana la Luz de Dios. Nuestro Padre se sentirá complacido, pues su compleción se habrá consumado.

jueves, 20 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 79

LECCIÓN 79

Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto.

1. No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. 2Incluso si ya está resuelto, lo seguirás teniendo porque no reconocerás que ya se ha resuelto. 3Ésta es la situación del mundo. 4El problema de la separación, que es en realidad el único pro­blema que hay, ya se ha resuelto. 5No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema.

2. En este mundo cada cual parece tener sus propios problemas. 2Mas todos ellos son el mismo problema, y se tiene que reconocer que son el mismo si es que se ha de aceptar la única solución que los resuelve a todos. 3Ahora bien, ¿quién puede darse cuenta de que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa? 4Aun si se le proporcionara la respuesta, no podría ver su relevancia.

3. Ésta es la situación en la que te encuentras ahora. 2Dispones de la respuesta, pero todavía no estás seguro de cuál es el problema. 3Pareces enfrentarte a una larga serie de problemas, los cuales son todos diferentes entre sí, y cuando uno se resuelve, surge otro y luego otro. 4No parecen tener fin. 5En ningún momento te sientes completamente libre de problemas y en paz.

4. La tentación de considerar que los problemas son múltiples es la tentación de dejar el problema de la separación sin resolver. 2El mundo parece presentarte una multitud de problemas, y cada uno parece requerir una solución distinta. 3Esta percepción te coloca en una posición en la que tu manera de resolver problemas no puede sino ser inadecuada, haciendo así que el fracaso sea inevitable.

5. Nadie podría resolver todos los problemas que el mundo parece tener. 2Éstos parecen manifestarse en tantos niveles, en for­mas tan variadas y con contenidos tan diversos, que crees enfren­tarte a una situación imposible. 3Tal como los percibes, el desaliento y la depresión son inevitables. 4Algunos surgen inesperadamente, justo cuando creías haber resuelto los anteriores. 5Otros permanecen sin resolver bajo una nube de negación, y emergen de vez en cuando para atormentarte, mas sólo para vol­ver a quedar ocultos pero aún sin resolver.

6. Toda esta complejidad no es más que un intento desesperado de no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva. 2Si pudieses reconocer que, sea cual fuere la forma en que se manifieste, el único problema que tienes es el de la separa­ción, aceptarías la respuesta, puesto que verías su relevancia. 3Si advirtieras el común denominador que subyace a todos los pro­blemas a los que pareces enfrentarte, comprenderías que dispones de los medios para resolverlos todos. 4Y emplearías los medios porque habrías reconocido el problema.

7. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy pregunta­remos cuál es el problema y cuál es su solución. 2No asumiremos que ya lo sabemos. 3Trataremos de liberar a nuestras mentes de las innumerables clases de problemas que creemos tener. 4Trata­remos de darnos cuenta de que sólo tenemos un problema, el cual no hemos reconocido. 5Preguntaremos cuál es ese problema y esperaremos la respuesta. 6Ésta se nos dará. 7Luego pregunta­remos cuál es su solución. 8ésta se nos dará también.

8. Los ejercicios de hoy serán fructíferos en la medida en que no insistas en querer definir el problema. 2Quizá no logres abando­nar todas tus ideas preconcebidas, pero eso no es necesario. 3Lo único que es necesario es poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas. 4Estás tratando de darte cuenta de que al reconocer el problema se te da la respuesta, de manera que problema y respuesta puedan reconciliarse y tú puedas quedar en paz.

9. Las sesiones de práctica cortas de hoy no estarán regidas por el reloj, sino por la necesidad. 2Hoy verás muchos problemas, y cada uno de ellos parecerá requerir una solución distinta. 3Nues­tros esfuerzos estarán encaminados al reconocimiento de que no hay más que un solo problema y una sola solución. 4Con este reconocimiento se resuelven todos los problemas. 5Con este reco­nocimiento arriba la paz.

9. No te dejes engañar hoy por la forma en que se manifiestan los problemas. 2Cada vez que parezca surgir alguna dificultad, di de inmediato:

3Permítaseme reconocer este problema para que pueda ser resuelto.

4Trata entonces de suspender todo juicio con respecto a lo que el problema es. 5ser posible, cierra los ojos por un momento y pregunta cuál es el problema. 6Serás escuchado y se te responderá.

¿Qué me enseña esta lección? 

He podido tomar conciencia de que aquello que llamamos problema es el resultado de aplicar el pensamiento dual. Me siento separado de los demás y cuando recibo un impacto que no consigo asimilar, que se convierte en un conflicto, decido interpretar que me enfrento a un problema, cuando realmente, ese conflicto protagonizado por los demás, son mis mejores maestros, mis espejos, para que aprenda a verme tal y como son mis pensamientos y mis sentimientos. 

Un ejemplo: doy muestra de mi punto de vista y los demás me corrigen. En ese momento, me siento mal, pues mi estima se ve dañada. Aunque mi reacción fue reconocer el error de inmediato, internamente, una parte de mí se encuentra afectada.

Cuando me pregunto para qué he vivido esa experiencia, me doy cuenta de que, en el fondo, mi opinión tenía una intención de demostrar al foro mi valía, a lo cual le presté más atención que al contenido que estaba compartiendo, que en verdad no respondía a mis propios conocimientos. Me doy cuenta de que el otro, al corregirme, me está ayudando a conocer algo que ya se encontraba en mi interior. Ese otro es mi proyección y debo agradecerle su colaboración. 

Reconocer el problema, que no es otro que el actuar separado de los demás, me permitió resolverlo. 

Detrás de lo que llamamos problemas, desde el punto de vista del ego, encontramos siempre el mecanismo "ganar-perder", otra manera distinta de referirnos al "yo-no yo". 

Cuando abordamos un problema, solemos decir que nos "enfrentamos" a él, con el propósito de vencerlo, lo que significa que, para conseguir lo que deseamos, tenemos que vencer a la persona o circunstancias que nos lo impiden. Por lo general, detrás de cada problema, siempre encontramos un "cuerpo", es decir, a alguien que lo personifique, individual o colectivamente. Entendemos que hemos vencido un problema cuando, en nuestro enfrentamiento con el otro/s, salimos airosos. En el reparto de "puntos", uno ha ganado y el otro ha perdido.

Un Curso de Milagros nos lo explica de esta manera: 

“Entregarle un problema al Espíritu Santo para que Él lo resuelva por ti, significa que quieres que se resuelva. Mas no entregárselo a fin de resolverlo por tu cuenta y sin Su ayuda, es decidir que el problema siga pendiente y sin resolver, haciendo así que pueda seguir dando lugar a más injusticias y ataques. Nadie puede ser injusto contigo, a menos que tú hayas decidido ser injusto primero. En ese caso, es inevitable que surjan problemas que sean un obstáculo en tu camino, y que la paz se vea disipada por los vientos del odio” (T-25.IX.7:5-8). 

“El mundo resuelve problemas de otra manera. Pues ve la solución a cualquier problema como un estado en el que se ha decidido quién ha de ganar y quién ha de perder; con cuánto se va a quedar uno de ellos y cuánto puede todavía defender el perdedor. Mas el problema sigue sin resol­verse, pues sólo la justicia puede establecer un estado en el que nadie pierde y en el que a nadie se le trata injustamente o se le priva de algo, lo cual le daría motivos para vengarse. Ningún problema se puede resolver mediante la venganza, que en el mejor de los casos no haría sino dar lugar a otro problema, en el que el asesinato no es obvio” (T-25.IX.4:4-7). 

“La forma en que el Espíritu Santo resuelve todo problema es la manera de solventarlo. El problema queda resuelto porque se ha tratado con justicia. Hasta que esto no se haga, seguirá repitiéndose porque aún no se habrá solventado. El principio según el cual la justicia significa que nadie puede perder es crucial para el objetivo de este curso. Pues los milagros dependen de la justicia. Mas no como la ve el mundo, sino como la conoce Dios y como este conocimiento se ve reflejado en la visión que ofrece el Espíritu Santo” (T-25.IX.5:1-6).


Ejemplo-Guía: "Estoy sin trabajo, mi matrimonio se resiente y vivo en una permanente depresión". 

Abordamos como ejemplo-guía un escenario muy frecuente en nuestros días. 

¿Cómo solemos abordar estas situaciones? La mente dual, acostumbrada a ver la vida en partes separadas, como si tratase de un cristal roto en múltiples pedazos, diría que tiene que enfrentarse a tres problemas diferentes: la falta de trabajo, el problema de relaciones de pareja y la depresión. Difícilmente, estaría de acuerdo si alguien le dijera que, en verdad, esos problemas responden a una única causa, y que, corrigiendo la causa, todos ellos desaparecerían. 

¿Cómo aplicaríamos las enseñanzas de esta lección a este ejemplo? 

En este punto, me gustaría compartir lo que el Curso nos aporta en el apartado "Muchas clases de error, una sola corrección".

“Es fácil entender las razones por las que no le pides al Espíritu Santo que resuelva todos tus problemas por ti. Para Él no es más difícil resolver unos que otros. Todos los problemas son iguales para Él, puesto que cada uno se resuelve de la misma manera y con el mismo enfoque. Los aspectos que necesitan solución no cambian, sea cual sea la forma que el problema parezca adoptar. Un problema puede manifestarse de muchas maneras, y lo hará mientras el problema persista. De nada sirve intentar resolverlo de una manera especial. Se presentará una y otra vez hasta que haya sido resuelto definitivamente y ya no vuelva a surgir en ninguna forma. Sólo entonces te habrás liberado de él” (T-26.II.1:1-8). 

“El Espíritu Santo te ofrece la liberación de todos los problemas que crees tener. Para Él, todos ellos son el mismo problema por­que cada uno, independientemente de la forma en que parezca manifestarse, exige que alguien pierda y sacrifique algo para que tú puedas ganar. Mas sólo cuando la situación se resuelve de tal manera que nadie pierde desaparece el problema, pues no era más que un error de percepción que ahora ha sido corregido. Para Él no es más difícil llevar un error ante la verdad que otro. Pues sólo hay un error: la idea de que es posible perder y de que alguien puede ganar como resultado de ello. Si eso fuese cierto, entonces Dios sería injusto, el pecado posible, el ataque estaría justificado y la venganza sería merecida” (T-26.II.2:1-6). 

“Para este único error, en cualquiera de sus formas, sólo hay una corrección. Es imposible perder, y creer lo contrario es un error. Tú no tienes problemas, aunque pienses que los tienes. No podrías pensar que los tienes si los vieses desaparecer uno por uno, independientemente de la magnitud, de la complejidad, del lugar, del tiempo, o de cualquier otro atributo que percibas que haga que cada uno de ellos parezca diferente del resto. No pienses que las limitaciones que impones sobre todo lo que ves pueden limitar a Dios en modo alguno” (T-26.II.3:1-5). 

¡Es imposible perder! Para mí, este mensaje resuena mucho y me produce un "subidón" y con esta castiza expresión, lo que quiero expresar es una "revelación", una toma de consciencia que me permite entender que la única y verdadera causa de lo que he llamado “problemas” se encuentra en la creencia de sentirme separado de mi Creador y de Su Creación, la Filiación. 

No tener trabajo supone una pérdida. Así lo interpreta el ego. Habría que preguntarse para qué estoy viviendo esa experiencia de escasez. ¿Dónde me lleva esa experiencia? ¿Qué creencias hay en mí para que, estando dispuesto a dar lo que tengo, a compartir mis dones y talentos, no encuentre a nadie con quién compartirlo? El que da, siempre recibe. Entonces, ¿por qué no recibo? La pregunta debemos hacérnosla individualmente, cuando nos encontremos en una situación semejante. ¿Estoy dispuesto a dar, sin miedos? ¿O estoy dispuesto a recibir, sin miedos? 

Podemos hacer de esa experiencia de escasez, de necesidad, un motivo para recrearnos en el victimismo, para culpar a los que tienen la responsabilidad social de administrar los recursos, pero lo único que estaríamos haciendo con ello es ocultar, negar, la verdadera causa de lo que llamamos nuestro problema: la separación. Ellos son los culpables y nosotros inocentes, sin que ello nos lleve a tomar consciencia de que nuestra condena está revelándonos nuestra propia condenación. 

Toma consciencia de tus dones y talentos y ofrécete al mundo. Te sorprenderá cómo tu nueva visión activará un mundo nuevo que estará dispuesto a recibir lo que tienes que aportarle. 

Es muy probable que tus problemas de pareja y tu depresión estén estrechamente relacionados con tu frustración en el terreno laboral. No importa, esa relación no es la que nos interesa. La que verdaderamente debemos encontrar y reconocer es que, en ambas, sigue existiendo el miedo a perder: perder a tu pareja, perder la autoestima, perder la vida. 

Si corregimos la visión que nos lleva a creer que, en unas relaciones, uno debe ganar y otro perder, y la sustituimos por la nueva visión de que ambos ganan y nadie pierde, el enfrentamiento cederá su lugar a la comunión y, en ese estado de ser, el problema es una ilusión.


Reflexión: ¿Cómo te sientes cuando te enfrentas a un problema?

Capítulo 19. III. La irrealidad del pecado (3ª parte).

  III. La irrealidad del pecado (3ª parte).

6. Cuando te sientas tentado de pensar que el pecado es real, recuerda esto: si el pecado es real, ni tú ni Dios lo sois. 2Si la creación es extensión, el Creador tiene que haberse extendido a Sí Mismo, y es imposible que lo que forma parte de Él sea comple­tamente diferente del resto. 3Si el pecado es real, Dios no puede sino estar en pugna Consigo Mismo. 4Tiene que estar dividido, debatiéndose entre el bien y el mal; ser en parte cuerdo y en parte demente. 5Pues tiene que haber creado aquello que quiere des­truirlo y que tiene el poder de hacerlo. 6¿No sería más fácil creer que has estado equivocado que creer eso?

No se puede ser más claro y coherente. Jesús nos pone la verdad por delante y es tanta su belleza, su belleza y magnanimidad, que no podemos menos que quedar boquiabiertos ante su sencillez.

¿Cómo es posible crear desde el amor y que sus resultados sean el miedo? Estaríamos adulterando la ley de causa y efecto. Estaríamos afirmando lo que no es y negando lo que sí es. Estaríamos confundiendo la verdad con la ilusión. Estaríamos anteponiendo la temporalidad a la eternidad. Estaríamos eligiendo el dolor a la dicha; el sufrimiento a la felicidad. Estaríamos eligiendo el infierno en vez del cielo.

7. Mientras creas que tu realidad o la de tu hermano está limi­tada a un cuerpo, seguirás creyendo en el pecado. 8Mientras creas que los cuerpos se pueden unir, seguirás encontrando atractiva a la culpabilidad y considerando el pecado como algo de inestimable valor. 3Pues la creencia de que los cuerpos limitan a la mente conduce a una percepción del mundo en la que la prueba de la separación parece abundar por todas partes. 4Así Dios y Su creación parecen estar separados y haber sido derroca­dos. 5Pues el pecado demostraría que lo que Dios creó santo no puede prevalecer contra él, ni seguir siendo lo que es ante su poderío. 6Al pecado se le percibe como algo más poderoso que Dios, ante el cual Dios Mismo se tiene que postrar y ofrecer Su creación a su conquistador. 7¿Es esto humildad o demencia?

Sin duda alguna, es una creencia demente. ¿Qué padre enseña a su hijo que el mejor modo para alcanzar la pureza, la perfección, el amor es haciendo uso del castigo? Si como padre piensas que el castigo pondrá fin a los errores que pueda cometer tu hijo, estarás afirmando que careces del amor, pues, si creyeras en el amor, lo extenderías hasta tu hijo y lo perdonarías por el acto que has juzgado como pecaminoso.

¿No te resultaría más beneficioso pensar que todo acto errado requiere de su amorosa corrección, esto es, de perdón? No porque consideres que perdonando estás mostrando tu superioridad moral sobre el otro, sino porque el significado que das al perdón es no ver la culpa procedente de la creencia en el pecado.

Si tú, como padre, puedes aplicar ese pensamiento amoroso, ¿qué no sería capaz de hacer el Padre de Todo lo Creado por su creación?

8. Si el pecado es real, tiene que estar permanentemente excluido de cualquier esperanza de curación. 2Pues en ese caso habría un poder que transcendería al de Dios, un poder capaz de fabricar otra voluntad que puede atacar y derrotar Su Voluntad, así como conferirle a Su Hijo otra voluntad distinta de la Suya y más fuerte. 3cada parte fragmentada de la creación de Dios tendría una voluntad diferente, opuesta a la Suya, y en eterna oposición a Él y a las demás. 4Tu relación santa tiene ahora como propósito la meta de demostrar que eso es imposible. 5El Cielo le ha sonreído, y en su sonrisa de amor la creencia en el pecado ha sido erradicada. 6Todavía lo ves porque no te das cuenta de que sus cimientos han desaparecido. 7Su fuente ya ha sido eliminada, y sólo puedes abrigarlo por un breve período de tiempo antes de que desaparezca del todo. 8Lo único que queda es el hábito de buscarlo.

La mente que sirve al ego se fortalece con la repetición. El aprendizaje desde el punto de vista del ego utiliza la técnica basada en la repetición de las ideas, para que se convierta en un hábito. La siguiente frase da testimonio de la forma de pensar del ego:

"Siembra un pensamiento y cosecharás un acto. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino".

Si sembramos el pensamiento de la separación, cosecharemos acciones que favorezcan la división y las luchas. De este modo, los actos de ataque se convertirán en nuestro pan de cada día. La repetición de esos actos, fruto de nuestra creencia en la separación, pasará a formar parte de nuestro carácter, de nuestra forma de ser, lo que dará lugar a experimentar un destino de dolor y sufrimiento.

Si el pensamiento de que somos pecadores forma parte de nuestras creencias, no podemos pedir a la vida que nos muestre un mundo de felicidad y paz. Nos mostrará un mundo sombrío donde nos sentiremos juzgados y condenados a experimentar el castigo de un destino cruel.

miércoles, 19 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 78

LECCIÓN 78

¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!

1. Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. 2Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar. 3Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él. 4Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.

2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos. 2Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas. 3No esperare­mos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer, y, sua­vemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.

3. Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos de lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. 2Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde él siempre ha estado. 3Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas. 4Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.

4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. 2No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resenti­mientos. 3Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo. 4Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. 5Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de com­placer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado.

5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios. 3Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su con­tra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías, se encuentra en todo el mundo y se puede ver. 4El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. 5Deja que él sea hoy tu salvador. 6Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.

6. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel. 2Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora. 3Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado. 4Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus "pecados".

7. Pidámosle entonces a Aquél que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que se nos conceda poder contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido. 2En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, le pedimos:

3Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.

Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.

5. Lo que has pedido no se te puede negar. 2Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo. 3Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya. 4El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios. 5Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. 6Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador. 7Ningún som­brío resentimiento nubla la visión que tienes de él. 8Le has permi­tido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar.

9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra. 2Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede sino regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.

10Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salva­ción, y no del nuestro. 2La tentación desaparece cuando permiti­mos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nues­tros resentimientos. 3Permite que todo aquel con quien te encuen­tres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. 4Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos:

5iQue los milagros reemplacen todos mis resentimientos!


¿Qué me enseña esta lección? 

Mi primer resentir se encuentra en la percepción de estar separado de Dios y de los Hijos de Dios, mis hermanos. Ese error da origen a la conciencia de necesidad y escasez que nos lleva a buscar fuera lo que ya tenemos dentro. 

El impulso que nos lleva a dar expresión a nuestro poder interno, el de la individualidad, hace que nos percibamos necesitados, cuando en verdad contamos con todas las fuerzas a nuestra disposición, pues hemos sido creados por dichas fuerzas. 

El Plan de Salvación dispuesto por el Padre para Su Hijo no es selectivo, no es individualizado. Ese modo de obrar significaría que, como padre, tengo un trato especial y diferente con cada uno de mis hijos. Ese modo de obrar responde al sistema de pensamiento del ego, el cual rinde culto a la creencia de la separación. 

Dios ha creado a Su Hijo, la Filiación, donde cada uno de Sus Pensamientos-Hijo goza de la igualdad con su hermano. Cada uno de nosotros, como Hijo de Dios, tiene un pacto de amor que lo une a su hermano, y en ese pacto está contemplado que cada uno de sus Hijos sea la fuente de salvación para los demás. El Amor atrae al Amor y se expande dando lugar a la creación. 

Para el ego, fruto del pensamiento alimentado por el miedo, el ataque es el arma más utilizada para protegerse de la visión que lo mantiene prisionero del error de creerse separado. En ese sistema de pensamiento, el otro se percibe como un peligro para su subsistencia y, como tal, elige defenderse de sus miedos, viéndolo como un enemigo potencial. Al carecer de la visión verdadera, el ego ataca aquello que le produce miedo, y el otro se convierte en su principal rival. 

Considero la enseñanza recogida en esta lección esencial para dar un paso gigantesco en la dirección correcta que ha de llevarnos al despertar, a la percepción verdadera. Vivir conscientes de que cada uno de nuestros hermanos, en vez de ser nuestro “enemigo”, es la vía que nos muestra la senda de la salvación, es dejar de estar perdidos, dejar de estar ciegos, y en su lugar, gozar de la Visión Crística del Amor.

 

Ejemplo-Guía: "Bendice a tu enemigo, pues es tu mejor maestro"

Hace apenas unas horas, he mantenido una experiencia con un ser muy querido que quiero compartir con vosotros, pues entiendo que su contenido puede ayudarnos a entender la aplicación de esta maravillosa lección.

Fui requerido para interpretar un sueño, que había adoptado la forma de pesadilla. 

"El protagonista del sueño se encuentra participando en una partida de cartas de póker. La carta que lleva es un 3. Piensa que es una carta de poco triunfo y presume que no jugará esa mano, al menos que la carta que se saque al medio de la mesa sea un 3. Se reparten las cartas y, efectivamente, la carta que saca es un 3. De este modo, piensa que sí le interesa jugar e iguala las cantidades de la apuesta del resto de participantes. La siguiente carta que se saca en el centro de la mesa es otro 3. La ilusión le excita cada vez más. Ya cuenta con un trío y, con expectación, espera la siguiente carta, que repite número. Ahora cuenta con un póker y se dice que irá a por todas en la apuesta.
Pero cuando mira de nuevo su carta, comprueba con sorpresa que no es un 3, es otra carta. 
Su pensamiento le lleva a pensar que le han robado la carta, se la han cambiado y cree saber quién ha sido. El elegido es un compañero de estudio al que tiene identificado como alguien que se aprovecha del esfuerzo ajeno y que disfruta de logros sin merecerlo.
Cuando acusa en el sueño a ese compañero, éste le responde, con mofa, que son cosas del juego y que hubiese tenido más cuidado.

Esa situación lo lleva a perder la razón y comienza a luchar con él, llegando a matarlo.
A partir de ahí cambia el escenario, y el protagonista se ve en una antigua casa, donde se encuentra con compañeros de estudio, las cuales son como seres infernales que le producen miedo, lo que le lleva a poner fin a sus vidas, cortándoles la cabeza. Al final del sueño, el protagonista se despierta gritando cuando comprueba que otras fuerzas infernales, en gran número, le amenazan con poner fin a su vida".

El sueño fue una invitación para entrar a analizar el comportamiento de los demás y el significado que habitualmente le damos cuando representan claras amenazas en nuestras vidas. En este ejemplo, el amigo que le roba la carta y que le impide a nuestro protagonista conseguir vencer en la partida representa una serie de características que, al reflejarse durante el sueño, nos indica que forman parte del soñador. Esto que decimos se ve refrendado cuando nuestro protagonista proyecta sobre ese amigo una opinión y un juicio que habla de aspectos que se encuentran arraigados en su inconsciente y que lo llevan a experimentar sentimientos conflictivos con respecto a él.

Le comentaba, a lo largo de esa conversación, lo diferente que sería la vida si viésemos a esos supuestos enemigos como nuestros más fieles aliados. ¿Cómo? ¿Aliados? Sí, no tan solo los llamaría aliados, sino que los vería como nuestros mejores maestros, pues gracias al papel que aceptan interpretar en nuestras vidas, si tenemos ojos para verlo, nos permitiría conocernos sin necesidad de recurrir a ningún especialista en la materia.

¿Cómo debemos entender esto? Sencillo, muy sencillo. Si quieres conocerte, si quieres saber cómo eres, analiza tu opinión sobre las personas que te rodean. Es en ellos donde proyectamos lo que somos. Ellos actúan como espejos, de modo que reflejan nuestra naturaleza interna.

Lo que nos invita a realizar esa visión es a cambiar nuestros resentimientos y, en su lugar, dejar fluir la fuerza de nuestro amor, la cual fluirá como la expresión del milagro. Cuando llevamos la luz allí donde había oscuridad, veremos lo que antes no veíamos. Veremos la divinidad que nos une al resto de la Filiación.

Al día siguiente de tener ese sueño, el protagonista del mismo recibió una llamada telefónica del amigo que coprotagonizó la vivencia soñada. El contenido del mensaje, ya os lo podéis imaginar, supuso experimentar que le sustraían la carta con la cual pensaba triunfar (se trata de una experiencia emocional de rivalidad, de jugar a ver quién es el mejor). 

Cuando el soñador ha tenido acceso a la información que hemos compartido, ha adquirido una visión nueva, y será esa visión la que le llevará a poner fin al aspecto que le recuerda su amigo, la necesidad de ser el mejor, el ganador.


Reflexión: Aquel a quien consideras tu peor enemigo es tu salvador.