sábado, 21 de diciembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 356

LECCIÓN 356

La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado. La curación no es sino otro nombre para Dios.
El milagro es, por lo tanto, una invocación que se le hace a Él.

1. Padre, prometiste que jamás dejarías de contestar cualquier petición que Tu Hijo pudiese hacerte. 2No importa dónde esté, cuál parezca ser su problema o en qué crea haberse convertido. 3Él es Tu Hijo, y Tú le con­testarás. 4El milagro es un reflejo de Tu Amor, y, por lo tanto, es la contestación que él recibe. 5Tu Nombre reemplaza a todo pensamiento de pecado, y aquel que es inocente jamás puede sufrir dolor alguno. 6Tu Nombre es la respuesta que le das a Tu Hijo porque al invocar Tu Nom­bre él invoca el suyo propio.

¿Qué me enseña esta lección?

La enfermedad, al igual que el pecado, reclama redención, reclama castigo, reclama purificación.  El sentimiento que la mueve es la culpa. Con la manifestación de la enfermedad, se completa el ciclo de causa-efecto, la ley que impera en el mundo físico y cuyo propósito no es otro que el hacernos conscientes de la relación existente entre nuestra mente (causa) y nuestro cuerpo (efecto).

La trascendencia que se oculta en la errónea creencia en el pecado y en la enfermedad lleva al Hijo de Dios a planificar su existencia en base a un continuo ir y venir al mundo de las formas, donde ha fijado el momento de la transgresión de la ley y donde debe resolver el instante de la redención. Esta dinámica ha dado lugar al proceso conocido como reencarnación, donde cada vida se interpreta como una nueva oportunidad de corregir los errores cometidos en el pasado. Desde ese punto de vista, la "reencarnación" es una ilusión, pues forma parte del sistema de pensamiento del ego.

Desde esa visión, el Hijo de Dios, haciendo uso de la mente errada, establece vínculos y relaciones basados en la necesidad de compensar, de restituir, de pagar deudas contraídas en el pasado. Así vemos cómo se consolidan familias donde sus componentes se ven atraídos por lazos de amor-odio; trabajos que tratan de hacernos conscientes de la dinámica que debemos restituir socialmente; relaciones de pareja inspiradas en deudas de amor, etc.

Esa necesidad percibida por el Hijo de Dios le lleva a configurar un cuerpo acorde a sus deudas kármicas, es decir, limitado, enfermo, imposibilitado, con restricciones y débil, cuando el programa que se desea aprender trata de hacernos conscientes de las limitaciones interpuestas por nuestra mente.

Hoy, muchas ramas o metodologías de la salud apuestan por sanar la mente como vía previa para sanar el cuerpo.

Todo forma parte del sueño que estamos viviendo a nivel de conciencia. Cuando se produzca el despertar que ha de permitirnos tomar consciencia de lo que somos, comenzaremos a practicar la fuerza del Amor y haremos uso del perdón como expresión de nuestra condición divina. Ya no veremos a un ser pecador, ni enfermo. Nuestra visión aceptará las limitaciones de nuestro vehículo material y pondrá al servicio de la mente la Expiación, es decir, la corrección de los errores que nos han mantenido atados a la falsa creencia en el dolor como vía de rectificación.

Comprenderemos que el rigor no es la única vía para aprender. Podemos hacerlo por la vía del Amor, y para ello, repito, es necesario perdonar, perdonar como principio de vida.

Hoy decido no ver la enfermedad, no ver el pecado y sí, en cambio, pasar por alto todos los errores cometidos en un pasado, de modo que viva en eterno presente, abierto al milagro que nuestro Padre nos ofrece al elegir la fuerza del Amor por encima de todas las cosas.

Ejemplo-Guía: "Sobre la reencarnación"


Creer en la reencarnación es creer en el tiempo, en sus manifestaciones del estado pasado y futuro. Ya sabemos que la creencia en el tiempo es fruto del aprendizaje adquirido a través del mundo de la percepción y forma parte del sistema de pensamiento del ego.


El tercer Libro del Curso de Milagros, conocido por el Manual del Maestro, dedica un apartado a hablar sobre la reencarnación. Veamos qué nos dice:


¿EXISTE LA REENCARNACIÓN?

1. En última instancia, la reencarnación es imposible. 2El pasado no existe ni el futuro tampoco, y la idea de nacer en un cuerpo ya sea una o muchas veces no tiene sentido. 3La reencarnación, por lo tanto, no puede ser verdad desde ningún punto de vista. 4Nuestra única pregunta debería ser: "¿Es un concepto útil?" 5eso depende, por supuesto, del uso que se le dé. 6Si se usa para reforzar el reconocimiento de la naturaleza eterna de la vida, es ciertamente útil. 7¿Qué otra pregunta con respecto a la reencarna­ción podría ser útil para arrojar luz sobre el camino? 8Al igual que muchas otras creencias, ésta puede usarse desacertadamente. 9En el mejor de los casos, el mal uso que se hace de ella da lugar a preocupaciones y tal vez a orgullo por el pasado. 10En el peor de los casos, provoca inercia en el presente. 11Y entre estos dos extre­mos, puede dar lugar a muchísimas insensateces.

2. La reencarnación no sería, en ningún caso, el problema con el que hay que lidiar ahora. 2Si la reencarnación fuese responsable de algunas de las dificultades a las que el individuo se enfrenta ahora, la única tarea de éste seguiría siendo la de escapar de ellas ahora. 3Si lo que está haciendo es sentando las bases para una vida futura, aun así sólo puede solventar el asunto de su salvación ahora. 4Puede que algunos hallen consuelo en el concepto, y si ello los consuela, su valor es evidente. 5Lo cierto es, sin embargo, que tanto los que creen en la reencarnación como los que no, pueden encontrar el camino que conduce a la salvación. 6Por lo tanto, no puede considerarse que sea una idea esencial en el programa de estudios. 7Siempre existe cierto riesgo en ver el presente en fun­ción del pasado. 8Mas siempre hay algo bueno en cualquier pen­samiento que refuerce la idea de que la vida y el cuerpo no son lo mismo.

3. Para nuestros propósitos, no sería útil adoptar una postura definitiva al respecto. 2Un maestro de Dios debe ser igualmente útil para los que creen en la reencarnación como para los que no. 3Exigirle una postura definitiva simplemente limitaría su utili­dad, así como su propia capacidad de decisión. 4Nuestro curso no se ocupa de ningún concepto que no sea aceptable para cual­quier persona, independientemente de sus creencias previas. 5Bastante tendrá con lidiar con su ego, como para añadir contro­versias sectarias a su carga. 6Tampoco sería ventajoso que alguien aceptara el curso prematuramente, solo porque éste apoya una creencia que él ha albergado por mucho tiempo.

4. No puede hacerse demasiado hincapié en el hecho de que lo que el curso se propone es una completa inversión del pensa­miento. 2Cuando esto finalmente se logre, cuestiones tales como la validez de la reencarnación dejarán de tener sentido. 3Hasta entonces, es probable que sean simplemente motivo de contro­versia. 4El maestro de Dios, por lo tanto, hará bien en alejarse de todas esas cuestiones, ya que aparte de ellas es mucho lo que tiene que enseñar y aprender. 5Debe aprender y enseñar que las cuestiones teóricas no son más que una pérdida de tiempo, puesto que desvían al tiempo del propósito que se le asignó. 6Si un concepto o una creencia tiene aspectos útiles, se le dirá. 7Tam­bién se le dirá cómo usarlos. 8¿Qué más necesita saber?

5. ¿Quiere decir esto que el maestro de Dios no debe creer en la reencarnación, ni discutirla con otros que sí creen en ella? 2¡Por supuesto que no! 3Si él cree en la reencarnación, sería un error que renunciase a su creencia a menos que su Maestro interno así se lo aconsejase. 4Y eso es muy poco probable. 5Es posible que se le indique que está haciendo un mal uso de la creencia, de tal manera que ello resulta perjudicial tanto para el progreso de su alumno como para el suyo propio. 6En ese caso se le recomendaría una re-interpretación, puesto que ésta sería necesaria.  7Lo único que se tiene que reconocer, no obstante, es que el naci­miento no fue el principio y que la muerte no es el final. 8Mas ni siquiera esto se requiere del principiante. 9Él solo necesita acep­tar la idea de que lo que sabe no es necesariamente todo lo que es posible aprender.  10Su jornada habrá comenzado.

6. El énfasis de este curso es siempre el mismo: en este momento es cuando se te ofrece total salvación, y en este momento es cuando puedes aceptarla.  2Ésa sigue siendo tu única responsabi­lidad. 3La Expiación se puede equiparar a la escapatoria total del pasado y a la total falta de interés por el futuro. 4El Cielo está aquí.  5No existe ningún otro lugar. 6El Cielo es ahora.  7No existe ningún otro tiempo. 8Los maestros de Dios no se interesan por ninguna otra enseñanza que no conduzca a esto. 9Todas las creencias apuntan a ello si han sido interpretadas correctamente. 10En este sentido, se puede decir que su verdad está determinada por el provecho que resulte de ellas. 11Todas las creencias que facili­tan el progreso se deben respetar. 12Éste es el único criterio que este curso requiere.   13No se requiere nada más.

Reflexión: El perdón pone fin a la necesidad del tiempo para lograr el aprendizaje del amor.

viernes, 20 de diciembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 355

LECCIÓN 355

La paz, la dicha y los milagros que otorgaré cuando acepte la Palabra de Dios son ilimitados. ¿Por qué no aceptarla hoy?

1. ¿Por qué debo esperar, Padre mío, para recibir la dicha que Tú me prometiste? 2Pues Tú mantendrás Tu Palabra, que le diste a Tu Hijo en el exilio. 3Estoy seguro de que mi tesoro me aguarda y de que sólo tengo que extender la mano para encontrarlo. 4 Incluso ahora mismo mis dedos ya lo están tocando. 5Está muy cerca. 6No es necesario que espere ni un instante más para estar en paz para siempre. 7Es a Ti a Quien elijo, y a mi Identidad junto Contigo. 8Tu Hijo quiere ser él mismo, y reconocerte como su Padre y Creador, así como su Amor.


¿Qué me enseña esta lección? 

Sentí la necesidad interior de dar un paseo. El sol había conseguido ganar la partida a la débil niebla con la que despuntó la mañana e invitaba a disfrutar de su presencia. No podía negarme a aquella invitación de disfrutar del paisaje nostálgico característico de la entrada del invierno, en el que la mezcla de los opuestos, calor y frío, me extraía a quedar absorto de un diálogo interior.

Protegí mi cuerpo del frío y me calcé con unos botines adecuados que me permitiesen cubrir mi andadura con comodidad. Inicié mis pasos, con la satisfacción inicial de poder gozar de unos minutos de comunicación con mi naturaleza espiritual. Esa decisión me llevó a desechar la radio que, en tantas ocasiones, me hacía de compañía en ese tipo de aventura.

No tardé en agradecer aquella decisión, pues apenas hube andado un corto trayecto, pude entrar en un estado de intimidad interior que me permitió aislarme del mundo exterior, hasta tal punto que, en ocasiones, extasiado por la paz que percibía del entorno, me hacía levitar por encima del suelo.

Uno sabe distinguir cuando algo especial está sucediendo en su interior. La percepción que experimenté hizo que la piel adquiriese una sensación que ya había sentido en otras ocasiones. Los vellos se erizaron y me sentí más liviano. La causa de aquella sensación respondía al sentimiento que albergaba mi corazón. Estaba tan lleno de amor, que no podía controlar el inmenso caudal de emociones que se daban cita en mi interior.

De mis ojos emanaron lágrimas que pugnaban por suavizar la presión que sentía en mi pecho. Apenas si podía respirar entrecortadamente. Comprendí que estaba experimentando un exceso de energía procedente del corazón, donde de manera mental situé a mi Ser Espiritual en un estrecho abrazo con su Creador.

Tuve la clarividencia de que no pertenecía a este mundo. Tuve la clarividencia de que, más allá de ese instante santo, nada era real. Tuve la clarividencia de que era un Ser Completo, Pleno, Sano, Abundante. Tuve la clarividencia de que formaba una unidad con todo lo que me rodeaba. Y disfruté, gocé, como un niño al sentir la paz y la dicha que me inundaban.

Me pregunté por qué no era capaz de mantener ese estado vivo, presente, en mi consciencia. Supe que la respuesta a esta cuestión se encuentra, solo y únicamente, en mi interior. Se trata de vivir en el eterno presente, eligiendo, en todo momento, amar.

Ejemplo-Guía: "Damos lo que creemos ser".

Otra manera de expresarlo es: "siempre compartimos lo que deseamos compartir".

No podemos olvidar que existe una relación muy estrecha entre lo que creemos y deseamos ser. Es más, el mundo en el que creemos es el que hemos deseado ver.

Si crees en un mundo limitado, es porque estás deseando un mundo donde estableces límites. Estos límites, con suma frecuencia, se traducen en leyes, normas, que nos convierten en nuestros carceleros. 

Es importante recordar que siempre hay una manera diferente de ver las cosas. Por lo general, esa visión suele entrar en conflicto con los cánones establecidos.

Mi propuesta para este ejercicio de reflexión es invitaros a renovar todas las creencias que alberguemos, y cuando digo todas, son todas. En esta totalidad, incluyo cualquier creencia que hayamos podido adquirir con respecto al Curso que estamos estudiando.    Sí, es preciso quedarnos desnudos de creencias para permitir que la Verdad nos envuelva en su inmensidad, de tal modo que quedemos ante la Presencia del Verdadero Conocimiento, el cual está más allá de las limitadas creencias.

Reflexión: La distancia que nos separa de la Paz de Dios es la consciencia de nuestra identidad.

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (2ª parte).

VII. El final de las ilusiones (2ª parte).

3. No subestimes la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado. 2El ego es absolutamente cruel y completamente demente. 3Se acuerda de todo lo que hiciste que lo ofendió, e intenta hacer que pagues por ello. 4Las fantasías que lleva a las relaciones que ha escogido para exteriorizar su odio, son fantasías de tu destruc­ción. 5Pues el ego te guarda rencor por el pasado, y si te escapas del pasado se vería privado de consumar la venganza que, según él, tan justamente mereces. 6Sin embargo, si no te tuviese a ti de aliado de tu propia destrucción, el ego no podría utilizar el pasado contra ti. 7En la relación especial permites tu propia des­trucción. 8Que eso es demente es obvio. 9Lo que no es tan obvio es que el presente no te sirve de nada mientras persigas el objetivo del ego como aliado suyo.

En la Biblia, se recoge un pasaje en el Evangelio de Juan 3:3, que es el siguiente: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios".

Para mí, ese "nacer de nuevo" hace referencia al único estado temporal en el que es posible, el presente. Es imposible nacer de nuevo en el pasado. Si reflexionamos sobre el profundo significado que atesora este mensaje de Jesús, nos permitirá encontrar la clave para poder liberarnos del miedo, de la culpa, de la ira, de la falsa percepción en la separación.

Si vivimos el presente empañado por los recuerdos del pasado, estaremos sufriendo permanentemente. Te imaginas un presente donde podamos recordar con detalle todo lo que hemos experimentado en el pasado. Nos quedaríamos paralizados, muertos de miedo, bien por hacernos conscientes de nuestra demencia, o bien por revivir el dolor que nos han causado.

En el pasado no podemos perdonar, no podemos olvidar las ofensas, no podemos curar nuestras heridas. Eso tan solo es posible cuando vivimos conscientemente el presente y decidimos nacer de nuevo, con la total ausencia de los significados que hemos llevado siempre en nuestra mochila: miedo, culpa, etc.

4. El pasado ya pasó. No intentes conservarlo en la relación espe­cial que te mantiene encadenado a él, y que quiere enseñarte que la salvación se encuentra en el pasado y que por eso necesitas volver a él para encontrarla. 2No hay fantasía que no encierre un sueño de represalias por lo ocurrido en el pasado. 3¿Qué prefieres, exteriorizar ese sueño o abandonarlo?

El pasado ya pasó, y el futuro aún no ha llegado. Entonces, ¿por qué elegimos mantenerlo vivo en el único tiempo que es real?

Tan sólo en el presente podremos ser felices, pues nos ofrece una oportunidad de elegir el amor en vez del miedo. Cuando elegimos el amor, estamos capacitados para perdonar todo el dolor y el daño que hayamos podido recibir, así como el que podamos haber infringido a otros. No podemos volver al pasado para arreglar nuestros asuntos pendientes. Es en el presente donde decidimos que ese pasado siga teniendo significado y condicionando nuestras decisiones. Si te das cuenta de esta verdad, te liberarás.

5. No parece que lo que buscas en la relación especial sea la ven­ganza. 2Y ni siquiera cuando el odio y la crueldad se asoman fugazmente se quebranta seriamente la ilusión de amor. 3Sin embargo, lo único que el ego jamás permite que llegue tu con­ciencia es que la relación especial es la exteriorización de tu ven­ganza contra ti mismo. 4¿Qué otra cosa podría ser? 5Cuando vas en busca de una relación especial, no buscas la gloria dentro de ti. 6Has negado que se encuentre en ti, y la relación se convierte en su substituto. 7La venganza pasa a ser aquello con lo que substituyes la Expiación, y lo que pierdes es poder escaparte de la venganza.

Es cierto. Cuando buscamos algo fuera de nosotros, es porque al mirar en nuestro interior hemos decidido negarlo. En la relación especial, lo que prima es el encuentro con el amor. Si ese amor formase parte de nuestro interior, es decir, si al mirarnos internamente nos hacemos conscientes de que somos amor, no tendríamos la necesidad de buscarlo fuera. Nos limitaríamos a extenderlo y a compartirlo, no a exigirlo. Hay una gran diferencia entre dar y necesitar. Si en una vivencia de relación especial damos amor verdadero, dejará de ser especial, pues lo que estamos dando es libertad. Pero ocurre que el ego no da amor, sino que lo busca en la otra persona. Cuando mira en su interior, con los ojos del ego, lo único que encuentra es su identidad, el miedo. Al ofrecer miedo cuando busca amor, lo que está ofreciendo, lo recibirá.

jueves, 19 de diciembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 354

LECCIÓN 354

Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?


¿Qué me enseña esta lección? 

Esta lección da continuidad a la de ayer, en la que veíamos lo que representa el Espíritu Crístico, la puerta que nos conduce a la Liberación, a la Salvación, a través del Arquetipo del Amor Incondicional.

Ese Espíritu de Amor es nuestra verdadera esencia, ya que nuestro Padre nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, es decir, somos portadores, potencialmente, de sus Atributos, de la esencia que emana permanentemente de su Mente Creadora.

La Tradición Esotérica nos enseña que Dios se manifiesta en su aspecto Trino, o lo que es lo mismo, como Padre, Hijo y Espíritu Santo. El aspecto Padre está en analogía con el Principio de la Voluntad. El aspecto Hijo está en analogía con el Principio del Amor y de la Sabiduría y representa como Arquetipo al Cristo. El aspecto Espíritu Santo, está en analogía con el Principio de la Inteligencia Creadora y representa como Arquetipo a Jehová.

Como vemos, el aspecto Hijo y la Esencia Crística se encuentran estrechamente relacionados y podemos decir que forman una misma Unidad. Con ello, quiero decir que el Hijo de Dios es realmente, en esencia, el Espíritu de Cristo, pues ambos son el fruto del Amor del Padre.

Cuando nuestra conciencia trascienda su identificación con el mundo de la ilusión, con el mundo de la división, con el mundo irreal y temporal, despertará su verdadera esencia, la misma que ha permanecido oculta en espera de que se tome consciencia de su única realidad. Esa realidad es que somos Seres de Luz y Amor, más allá de los límites del tiempo y más allá de toda ley, salvo la Ley Verdadera que nos hace Eternos.

Ejemplo-Guía: "Hermano, veo en ti al Cristo que hay en mí"

¿Te imaginas ese mundo? Un mundo en el que veamos, en cada uno de nuestros hermanos, el Rostro de Cristo, esto es, la Esencia del Amor.

¿Puedes hacer un esfuerzo de imaginación y ver la inocencia y la impecabilidad en cada uno de los hombres?

Sin duda alguna, ese mundo es el añorado por todos los Hijos de Dios. Es un mundo donde reinan la paz y la felicidad. Donde el único propósito que nos mueve es extender el Amor que nos anima.

Si juntos somos capaces de compartir el fruto de ese acto de imaginación, estaremos creando un vínculo muy cercano a la percepción verdadera. Estaremos creando un canal a través del cual podamos experimentar la ilimitada fuerza del Amor.

Esa es mi invitación.

Reflexión: Soy Cristo, el Hijo de Dios.

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (1ª parte).

VII. El final de las ilusiones (1ª parte).

1. Es imposible abandonar el pasado sin renunciar a la relación especial. 2Pues la relación especial es un intento de revivir el pasado y alterarlo. 3Toda imaginada ofensa, todo dolor que toda­vía se recuerde, así como todas las desilusiones pasadas y las injusticias y privaciones que se percibieron, forman parte de la relación especial, que se convierte en el medio por el que intentas reparar tu herido amor propio. 4Sin el pasado, ¿de qué base dis­pondrías para elegir a un compañero especial? 5Toda elección al respecto se hace por razón de algo "malo" que ocurrió en el pasado a lo que aún te aferras, y por lo que otro tiene que pagar.

Hagámoslo fácil para facilitar la comprensión del motivo que lleva al ego a establecer relaciones especiales. Lo primero que tenemos que conocer es la procedencia del ego, pues de este modo sabremos cuál es la causa que debemos corregir. El ego es un efecto del uso incorrecto de la mente. Es el resultado de haber elegido creer que somos diferentes a nuestro creador.

El Hijo de Dios, creado a imagen y semejanza del Creador, haciendo uso de la voluntad, elige desligarse del conocimiento que le ofrece el Cielo, símbolo de la Unidad, y fabrica una realidad ilusoria con la que se identifica. He aquí que el ego es el hijo de la separación. Ser hijo de la separación conlleva caminar con una mochila donde carga todas las consecuencias inherentes a la creencia de la separación: miedo, culpa, ira, sufrimiento, sacrificio, enfermedad, dolor y muerte. 

La existencia del ego depende de no perder esa mochila, pues, sin ella, su sistema de pensamiento, su realidad, desaparecería. Por lo tanto, pone mucho empeño en ocultar a la conciencia que su único objetivo es mostrarnos un plan de salvación que nos habla de un amor que gratificará la percepción de nuestros sentidos, y para hacer realidad dicho plan, es imprescindible sentirse amado de una manera especial y amar del mismo modo. Ese amor oculta los valores que guarda en su mochila. Ese amor es condicional, pues no ofrece libertad, sino límites que exigirán al otro, al ser amado, que se sacrifique para que él pueda ver satisfechas sus demandas y necesidades.

Entre los "objetos" más valiosos que guarda en su mochila, el ego utiliza uno muy especial, la culpa. Trasladar la culpa al otro, ocultando su propia culpa, lleva al ego a sentirse superior y ganador. Proyectando sus miedos, lleva ese miedo en las relaciones especiales y trata de mantenerlo vivo utilizando el ataque. Su frase preferida es esta: "Tú tienes la culpa de todo lo que nos pasa".

Remontémonos al origen de la creación. Dios crea a Su Hijo desde el Amor. Podemos decir, que somos Hijos del Amor. Dios creó un único Hijo. Lo que nos lleva a pensar que somos el fruto de Su Pensamiento, el cual se extendió de Su Fuente Original. Al ser creados a Su Imagen y Semejanza, somos Espíritu y tenemos sus mismos poderes creadores: Voluntad, Amor e Inteligencia. La Filiación goza de Unidad, es por ello que las Enseñanzas nos describen que Dios creó a un único Hijo. Esa es nuestra verdadera identidad: Ser Espiritual. Ese Ser comparte la misma Fuente que Su Creador, lo cual es la garantía de que no puede ser diferente a Su Creador, es decir, no podemos ser Hijos del Amor e hijos del pecado al mismo tiempo.

El Hijo de Dios, ya lo hemos visto, tiene libertad para utilizar los poderes adquiridos, según su voluntad. Sus falsas creaciones no sustituyen su verdadera realidad. Si eso fuese posible, tendría el poder para poner fin a la existencia de Su Creador; tendría el poder de eliminar su esencia, su espíritu, su amor. Lo que sí es posible es identificarse con una apariencia ilusoria y falsa, como es el ego. El percibir una vibración diferente a la que existe en el plano superior de la Conciencia Una le lleva a un estado de sopor, semejante al sueño, donde todo lo percibido es de la misma calidad que su origen, esto es, ilusoria.

Permanecer en el sueño favorece la creencia en el pecado y en la culpa. Ese recuerdo del pasado oscurece nuestro presente, impidiéndonos nacer de nuevo y recordar nuestra verdadera identidad. Impide que despertemos a la verdadera realidad.

En toda esta trama, el ego continuará su aventura, siempre que le dejemos caminar con su apreciada mochila.

2. La relación especial es una venganza contra el pasado. 2Al tra­tar de eliminar todo sufrimiento pasado, pasa por alto el presente, pues está obsesionada con el pasado y comprometida totalmente a él. 3Ninguna relación especial se experimenta en el presente. 4Sombras del pasado la envuelven y la convierten en lo que es. 5No tiene ningún significado en el presente, y si no significa nada en el ahora, no significa nada en absoluto. 6¿Cómo ibas a poder cambiar el pasado, salvo en fantasías? 7¿Y quién te puede dar aquello de lo que según tú se te privó en el pasado? 8El pasado no es nada. 9No trates de culparlo por tus privaciones, pues el pasado ya pasó. 10En realidad es imposible que no puedas desprenderte de lo que ya pasó. 11Debe ser, por lo tanto, que estás perpetuando la ilusión de que todavía está ahí porque crees que sirve para algún propósito que quieres ver realizado. 12debe ser también que ese propósito no puede realizarse en el presente, sino sólo en el pasado.

La existencia del ego necesita creer en el pasado, pues es desde ese espacio temporal de donde extrae los significados que hacen coherentes sus percepciones. Sin ese pasado, el ego no tendría más remedio que reconocer su ignorancia, pues el simple hecho de no percibir su propia ilusión sería suficiente para reconocer su inexistencia, su falsedad. El presente es todo un reto para el ego, pues le brinda la oportunidad de descubrir que es falso. Para evitarlo, elige traer lo conocido, el pasado, a lo desconocido, el presente, de modo que pueda perpetuar y justificar su existencia.

El ego utiliza la culpa en sus relaciones especiales como una promesa de alcanzar el plan de salvación que llama, ligeramente, una experiencia de amor. El karma está basado en esa falsa percepción. Nos sentimos culpables del daño que causamos como consecuencia de haber elegido el miedo en vez del amor, y decidimos purificar esa culpa, prometiéndonos amor eterno, un amor que, al carecer de los pilares sólidos de la libertad, no se alcanzará, lo que nos llevará a posponerlo en otra vida. Con ello, lo que estamos haciendo es trasladar el pasado al futuro y perpetuar el ciclo, con un nuevo empezar.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 353

LECCIÓN 353

Mis ojos, mi boca, mis manos y mis pies tienen hoy un solo propósito: estar al servicio de Cristo a fin de que Él pueda utilizarlos para bendecir al mundo con milagros.

1. Padre, hoy le entrego a Cristo todo lo que es mío para que Él lo utilice de la manera que sea más beneficiosa para el propósito que comparto con Él. 2Nada es exclusivamente mío, pues Él y yo nos hemos unido en un propósito común. 3De este modo, el aprendizaje casi ha llegado a su señalado final. 4Por un tiempo colaboraré con Él en el logro de Su propó­sito. 5Luego me fundiré en mi Identidad y reconoceré que Cristo no es sino mi Ser.


¿Qué me enseña esta lección? 

El Espíritu de Cristo representa para la humanidad la puerta que ha de permitirnos abandonar la tierra del rigor, del sacrificio, del sufrimiento, del castigo y de la culpa, del dolor y la enfermedad, del odio y de la muerte, para retornar a nuestro verdadero hogar, esa tierra de miel y leche, de abundancia, de felicidad, de alegría, de inocencia, de amor y vida.

El camino que nos ha trazado Cristo es una senda que todos debemos recorrer individual y colectivamente. Con ello, debemos entender que, aunque nuestros pasos nos hayan llevado a la meta, debemos esperar a nuestros hermanos, pues el Hijo de Dios no es separación, sino unidad. El mejor modo de esperar es caminar hacia ellos y, respetando en todo momento su libertad, contagiarles nuestra vibración, que no es otra que amar incondicionalmente.

Cuando todos nuestros órganos de percepción se ponen al servicio del AMOR, podemos decir que hemos dejado de identificarnos con el cuerpo y le hemos cedido el mando de nuestra vida al Ser que realmente somos. A partir de ese Instante Santo, nuestros ojos serán capaces de ver; nuestros labios serán capaces de pronunciar la verdad; nuestras manos serán capaces de realizar acciones de amor y nuestros pies serán capaces de acompañar a nuestros hermanos hasta la morada de nuestro Padre.

Actuar en el Nombre de Cristo ha de llevarnos a ser Maestros de Dios.

Ejemplo-Guía: "Un solo propósito"

Detrás de esta idea, descubrimos la importancia de la "coherencia". No es un tema nuevo. Ya hemos dedicado una lección a hablar de la coherencia.

La lección de hoy nos ofrece la oportunidad de recordar la trascendencia de que nuestros pies nos lleven, exactamente, al destino que visionan nuestros ojos.

Cuando no hay coherencia entre nuestros pensamientos y nuestros actos, los efectos a los que da lugar esta situación de "división" se manifiestan como desequilibrios que pueden afectar nuestro cuerpo en forma de enfermedades.

Sabemos que estas apreciaciones se producen en la dinámica del sueño, donde experimentamos la relación causa-efecto. Debemos trascender esta visión, pues estar dando significado a este proceso que culmina con la enfermedad es hacer real lo que es pura ilusión. Por lo tanto, el estado de coherencia al que debemos dirigir nuestra atención es al de nuestras creencias, es decir, si nos identificamos con el Ser que realmente somos, un Ser Espiritual, no podemos compartir esa visión con la creencia de que somos seres vulnerables por la idea del pecado o del mal obrar.

Si nuestra mente nos dice que somos Espíritu, no podemos juzgar nuestros actos y condenarlos, pues con ello estaríamos haciendo real que el castigo o la enfermedad son efectos derivados de nuestras acciones.

Capítulo 16. VI. El puente que conduce al mundo real (3ª parte).

VI. El puente que conduce al mundo real (3ª parte).

8. No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. 2El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. 3Lo único que es urgente es desencajar a tu mente de la posición fija que ha adop­tado aquí. 4Ello no te dejará desamparado ni desprovisto de un marco de referencia. 5El período de desorientación, que precede a la transición en sí, es mucho más corto que el tiempo que tardaste en fijar tu mente tan firmemente en las ilusiones. 6Cualquier demora te hará ahora más daño que antes, debido únicamente a que te das cuenta de que es una demora, y de que realmente es posible escapar del dolor. 7En lugar de desesperación, halla espe­ranza y consuelo en esto: muy pronto ya no podrás encontrar en ninguna relación especial aquí ni siquiera la ilusión de amor. 8Pues ya no estás completamente loco, y no tardarías mucho en reconocer la culpabilidad que te produce traicionarte a ti mismo.

Cruzar el puente, al suponer un proceso de cambio de percepción, llevará un tiempo. En ese espacio temporal, el presente adquiere un significado muy valioso, pues al no ocuparlo con pensamientos sombríos del pasado y del futuro, nos ofrecerá un campo de infinitas posibilidades en las que podemos elegir desde el amor y no desde el miedo. Elegir desde el amor significa que no damos cabida al miedo, ni a la culpa, ni al castigo, y por lo tanto, la presencia del dolor y el sufrimiento no tendrá lugar.

9. Nada que procures fortalecer en la relación especial es real­mente parte de ti. 2no puedes conservar parte del sistema de pensamiento que te enseñó que la relación especial es real, y entender el Pensamiento que sabe lo que eres. 3Le has permitido al Pensamiento de tu realidad entrar en tu mente, y puesto que lo invitaste, morará contigo. 4Tu amor por él no permitirá que te traiciones a ti mismo, y no podrás entablar ninguna relación en la que dicho pensamiento no te acompañe, pues no desearás estar separado de él.

La fortaleza del ego se expresa en su sistema de pensamiento, es decir, la creencia en la separación se ha convertido en el sentido de su existencia, debido a que el pensamiento de su realidad ocupa nuestra mente al haber sido invitada. Expresado de otra manera: al desear ser amado de una manera especial, nos ha llevado a vernos diferentes y a percibirnos de manera exclusiva.

10. Alégrate de haber escapado de la parodia de salvación que el ego te ofrecía, y no mires atrás con nostalgia a la farsa que hacía de tus relaciones. 2Ahora nadie tiene que sufrir, pues has llegado demasiado lejos como para sucumbir a la ilusión de que la culpa­bilidad es algo bello y santo. 3Sólo los que son completamente dementes podrían contemplar la muerte y el sufrimiento, la enfer­medad y la desesperanza, y considerarlos bellos y santos. 4Lo que la culpabilidad ha forjado es feo, temible y muy peligroso. 5No veas ninguna ilusión de verdad y belleza en ello. 6Y siéntete agra­decido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. 7Ve gustosamente a su encuentro y descubre lo mucho que te espera por el simple hecho de estar dispuesto a abandonar lo que no es nada precisamente porque no es nada.

Si el modo de amar del ego, de manera especial, nos aportase la percepción de la unidad, de la felicidad, de la libertad, en verdad, debería ser considerado como el plan de salvación adecuado. Pero la realidad es otra. El modo de amar del ego, inspirado desde el miedo, tan solo aporta conflicto, enfrentamiento, odio, ataque, dolor, sufrimiento, etc.

11.  La nueva perspectiva que adquirirás al cruzar el puente será el entendimiento de dónde se encuentra el Cielo. 2Desde este lado parece encontrarse fuera de ti y al otro lado del puente. 3Pero al cruzar el puente para unirte al Cielo, éste se unirá a ti y os volve­réis uno. 4pensarás, con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada. 5El júbilo del Cielo, el cual es ilimitado, aumenta con cada luz que regresa a ocupar el lugar que le corresponde en él. 6¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! 7¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará sólo con que dejes que venga a ti!

El mundo que percibimos y que se encuentra en la orilla donde nuestra identidad se identifica con el ego es el mundo donde imperan las leyes del miedo.

En la otra orilla del puente, la luz de un faro nos lleva a vislumbrar el final de un mundo oscuro. Esa luz representa la Voz del Espíritu Santo, que ha oído nuestra voluntad de querer retornar hacia nuestro verdadero Hogar y nos espera para darnos la buena nueva. El Cielo nos abre sus puertas y entramos en Él, de la mano de nuestros hermanos.

12. El Espíritu Santo sólo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le per­mitas liberarte. 2Lo único que necesita es que estés dispuesto a compartir Su perspectiva, para que Él te la conceda en su totalidad. 3Y no tienes que estar completamente dispuesto porque Él lo está. 4Su tarea es expiar tu renuencia mediante Su perfecta fe, y es Su fe la que tú compartes con Él en el instante santo. 5Como resultado de reconocer que no estás dispuesto a ser liberado, se te ofrece la perfecta buena voluntad de la que Él goza. 6lnvócale, pues el Cielo responde a Su llamada. 7Y permítele que Él invoque al Cielo por ti.

Somos seres completos y tan solo la creencia en la separación puede oscurecer esa visión, llevándonos a creernos necesitados y escasos. Creernos pecadores nos lleva al exilio; nos lleva a sentirnos expulsados del Cielo. 

Dios no nos castiga por haber utilizado nuestra voluntad para fabricar un mundo ausente de amor. Somos nosotros los que, al excluirnos del amor, nos creemos escindidos del Cielo.

No somos seres incompletos que necesitan amar de manera especial a otra persona, la cual nos completará. Lo que es Uno es indivisible. El amor es indivisible.

martes, 17 de diciembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 352

LECCIÓN 352

Los juicios son lo opuesto al amor. De los juicios procede todo el dolor del mundo, y del amor, la paz de Dios.

1. El perdón ve sólo impecabilidad, y no juzga. 2Ésta es la manera de llegar á Ti. 3Los juicios me vendan los ojos y me ciegan. 4El amor, que aquí se refleja en forma de perdón, me recuerda, por otra parte, que Tú me has proporcionado un camino para volver a encontrar Tu paz. 5Soy redimido cuando elijo seguir ese camino. 6Tú no me has dejado desam­parado. 7Dentro de mí yace Tu recuerdo, así como Uno que me conduce hasta él. 8Padre, hoy quiero oír Tu Voz y encontrar Tu paz. 9Pues quiero amar mi propia Identidad y encontrar en Ella el recuerdo de Ti.


¿Qué me enseña esta lección? 

El acto de juzgar es un acto que “separa”. El origen del juicio, según mi opinión, procede del deseo que estimuló al Hijo de Dios a crear, a usar los atributos con los que había sido creado. Dicho deseo creador, junto a la proyección de su voluntad, le llevó a percibir las vibraciones de un estado de energía, a la cual prestó su atención, y le dio consistencia, le dio forma.

El tránsito de la consciencia de permanecer conectado a la Fuente Creadora, a un nivel de vibración distinto, en el que se percibe la realidad ilusoria de un envoltorio con el que no estábamos habituados, nos llevó a desear conocer y comprender lo que percibíamos a través de los sentidos físicos.

El análisis, el estudio, la investigación son cualidades que han derivado del primer acto que dio lugar al juicio. La percepción de la diferencia entre los cuerpos daba paso a cuestionarse que lo de fuera era distinto a lo de adentro. Surge la mente dual, y aprendemos a paso acelerado que lo que no aceptamos de nuestro interior lo juzgamos en el otro, es decir, nos sentimos pecadores y ello nos lleva a condenarlo en los demás, cuando en realidad lo que tenemos que hacer es "expiar" -corregir- ese error internamente.

Juzgamos a nuestro Creador, a nuestro Padre, y lo condenamos por habernos hechos débiles, por habernos dejado a la deriva, por habernos retirado su protección. Cuando nos sentimos víctimas de circunstancias dramáticas, le achacamos a Dios su falta de misericordia, pues interpretamos que no nos ha perdonado el hecho de haber violado sus “leyes”. Son los efectos de habernos identificado con el cuerpo físico y con el mundo material. Dentro de este plano denso, tendremos la oportunidad de aprender que Dios está ajeno a nuestros juicios. Para Él, no existe el pecado, por lo tanto no puede condenar. Él, al no ver acto pecaminoso, no tiene necesidad de perdonarnos, pues para Él, su Hijo permanece impecable e inocente.

Desde este mundo, tenemos la oportunidad de comprender que el uso que damos a nuestra mente es la causa que da origen a las consecuencias que experimentamos. En esa relación Causa-Efecto, debemos extraer la lección de responsabilidad en el uso de nuestras capacidades creadoras. Cuando nuestra conciencia despierte a esa realidad, estaremos preparados para dar el siguiente paso, expresar nuestra condición divina como agentes del Amor y convertirnos en mensajeros del perdón.

Ejemplo-guía: "Los juicios nos vendan los ojos y nos ciegan".

Esto es así, pues cuando juzgamos, estamos viendo y percibiendo separación. Tal vez nos digamos que cuando estamos juzgando, estamos viendo con total nitidez. Esto es cierto para el sistema de pensamiento del ego, es decir, es cierto cuando elegimos ver con los ojos del cuerpo y percibir que nuestros cuerpos están separados.

Pero la lección que estamos estudiando ha de aportarnos, esencialmente, que si juzgamos (interpretamos) que nos encontramos separados unos de otros, lo que estamos viendo no es real, es decir, estamos con una venda en los ojos que se convierte en un filtro que altera a la verdadera visión, la que ha de llevarnos a ver la verdad, esto es, la unidad que engloba a todo lo creado. Los cuerpos se perciben diferentes, pero el Espíritu, el Ser, no.

Ya hemos hablado de que los efectos que experimentamos cuando elegimos ver con los ojos del cuerpo no nos aportan paz ni felicidad. Hemos hablado de que la causa que origina esos efectos es el miedo.

Pero cuando elegimos la Visión Crística, estamos eligiendo el camino correcto que ha de llevarnos a experimentar la paz y la felicidad, pues en realidad lo que estamos haciendo es recordar nuestra verdadera condición. Ser Hijo de Dios nos hace portadores de paz y de felicidad, pues son aspectos de nuestra condición espiritual.

Reflexión: Dime lo que juzgas y te diré cómo eres.

Capítulo 16. VI. El puente que conduce al mundo real (2ª parte).

VI. El puente que conduce al mundo real (2ª parte).


4. La relación especial no significa nada sin un cuerpo. 2Si le atri­buyes valor a la relación especial, tienes que atribuírselo también al cuerpo. 3Y no podrás sino conservar aquello a lo que atribuyas valor. 4La relación especial es un recurso para limitar tu Ser a un cuerpo, y para limitar la percepción que tienes de los demás a los suyos. 5Si pudieses ver los Grandes Rayos, éstos te demostrarían que la relación especial no tiene absolutamente ningún valor. 6Pues al verlos, el cuerpo desaparecería, ya que perdería su valor. 7Y de este modo, perderías todo tu interés en verlo.

Referirnos al ego nos lleva a describir las características de su sistema de pensamiento. El ego surge cuando decidimos ser diferentes al Creador y cuando el Conocimiento de la unicidad es sustituido por la creencia en la separación, o dicho de otro modo, cuando dejamos de ser impecables, puros e inocentes y nos creemos pecadores y dignos merecedores del castigo divino para limpiar nuestra culpa.

Ego es percepción. Percepción es cuerpo. Cuerpo es separación. Separación es culpa. Culpa es amor especial. El amor especial es la necesidad de ser amados por Dios.

5. Ves el mundo al que atribuyes valor. 2A este lado del puente ves un mundo de cuerpos separados que buscan unirse unos con otros en uniones exclusivas y convertirse en uno solo a costa de la pérdida que ambos sufren. 3Cuando dos individuos intentan con­vertirse en uno solo están tratando de reducir su grandeza. 4Cada uno quiere negar su poder, pues una unión exclusiva excluye al universo. 5Se deja afuera mucho más de lo que se admite adentro, pues se deja a Dios afuera y no se admite nada adentro. 6Si una sola de esas uniones se estableciese con perfecta fe, el universo entraría a formar parte de ella. 7Mas la relación especial que el ego persigue no incluye ni siquiera un solo individuo en su totalidad. 8El ego sólo quiere parte de él, y ve sólo esa parte y nada más.

El ego ha sustituido el amor verdadero por el miedo, lo cual le lleva a condicionar el amor que siente por la otra persona con límites de exclusividad, en un intento de protegerse del miedo que siente al no recibir un amor especial y único.

Al basar su amor condicional en la percepción del cuerpo, el miedo a perder lo que considera en exclusividad, el ser amado, le llevará a proyectar la culpa que siente en el otro, al que juzgará por despertar tales sentimientos de miedo en su interior.

6. ¡Qué diferentes son las cosas al otro lado del puente! 2Durante algún tiempo se sigue viendo el cuerpo, pero ya no es lo único que se ve, como ocurre aquí. 3La pequeña chispa que contiene los Grandes Rayos también es visible, y no puede ser confinada a la pequeñez por mucho más tiempo. 4Una vez que hayas cruzado el puente, el valor del cuerpo disminuirá tanto ante tus ojos, que ya no tendrás ninguna necesidad de enaltecerlo. 5Pues te darás cuenta de que su único valor es el de permitirte llevar a tus her­manos contigo hasta el puente, para allí ser liberados juntos.

El ego no ve los Grandes Rayos procedente de la esencia del Espíritu, del Ser que somos. Si lo percibiese, su sistema de pensamiento cambiaría por completo, pues dejaría de creer en la separación y, por lo tanto, dejaría de ser un ego, para recuperar su verdadera identidad como Hijo de Dios.

7. El puente en sí no es más que una transición en la perspectiva que se tiene de la realidad. 2A este lado ves todo sumamente dis­torsionado y desde una perspectiva errónea. 3Lo que es pequeño e insignificante se enaltece, y a lo que es fuerte y poderoso no se le concede ningún valor. 4Durante la transición hay un período de confusión en el que es posible experimentar una sensación muy real de desorientación. 5No tengas miedo de esto, pues lo único que significa es que has estado dispuesto a abandonar el marco de referencia distorsionado que parecía mantener a tu mundo intac­to. 6Este marco de referencia está construido en torno a la relación especial. 7Sin esta ilusión, no seguirías buscando ningún signifi­cado aquí.

La idea de "puente" queda representada en este punto, como el símbolo del proceso de transición que une dos aspectos de la realidad. Ese puente representa el momento en el que sentimos la llamada a ir más allá de la situación en la que nos encontramos. La realidad que queremos abandonar es la que nos aporta el ego; es el mundo de la ilusión, del miedo, del castigo, del sufrimiento y del dolor. En la otra orilla de ese puente, nos aguarda la "tierra prometida", la "tierra de salvación", es decir, la realidad que el Espíritu Santo nos muestra y en la que recordaremos nuestra verdadera identidad espiritual.

Dejamos atrás el miedo y alcanzamos la tierra de la libertad, en la que compartiremos la esencia de la que somos portadores, el amor, con cada uno de nuestros hermanos.

lunes, 16 de diciembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 351

¿Qué soy?


1. Soy el Hijo de Dios, pleno, sano e íntegro, resplandeciente en el reflejo de Su Amor. 2En mí Su creación se santifica y Se le garantiza vida eterna. 3En mí el amor alcanza la perfección, el miedo es imposible y la dicha se establece sin opuestos. 4Soy el santo hogar de Dios Mismo. 5Soy el Cielo donde Su Amor reside. 6Soy Su santa Impecabilidad, misma, pues en mi pureza reside la Suya Propia.

2. La necesidad de usar palabras está casi llegando a su fin ahora. 2Mas en los últimos días de este año que tú y yo juntos le ofreci­mos a Dios, hemos encontrado un solo propósito, el cual compartimos. 3Y así, te uniste a mí, de modo que lo que yo soy tú lo eres también. 4La verdad de lo que somos no es algo de lo que se pueda hablar o describir con palabras. 5Podemos, sin embargo, darnos cuenta de la función que tenemos aquí, y usar palabras para hablar de ello así como para enseñarlo, si predicamos con el ejemplo.

3. Somos los portadores de la salvación. 2Aceptamos nuestro papel como salvadores del mundo, el cual se redime mediante nuestro perdón conjunto. 3Y al concederle el regalo de nuestro perdón, éste se nos concede a nosotros. 4Vemos a todos como nuestros hermanos, y percibimos todas las cosas como buenas y bondadosas. 5No estamos interesados en ninguna función que se encuentre más allá del umbral del Cielo. 6El conocimiento vol­verá a aflorar en nosotros cuando hayamos desempeñado nues­tro papel. 7Lo único que nos concierne ahora es dar la bienvenida a la verdad.

4. Nuestros son los ojos a través de los cuales la visión de Cristo ve un mundo redimido de todo pensamiento de pecado. 2Nues­tros, los oídos que oyen la Voz que habla por Dios proclamar que el mundo es inocente. 3Nuestras, las mentes que se unen conforme bendecimos al mundo. 4Y desde la unión que hemos alcan­zado, invitamos a todos nuestros hermanos a compartir nuestra paz y a consumar nuestra dicha.

5. Somos los santos mensajeros de Dios que hablan en Su Nom­bre, y que al llevar Su Palabra a todos aquellos que Él nos envía, aprendemos que está impresa en nuestros corazones. 2Y de esa forma, nuestras mentes cambian con respecto al objetivo para el que vinimos y al que ahora procuramos servir. 3Le traemos bue­nas nuevas al Hijo de Dios que pensó que sufría. 4Ahora ha sido redimido. 5Y al ver las puertas del Cielo abiertas ante él, entrará y desaparecerá en el Corazón de Dios.


LECCIÓN 351

Mi hermano impecable es mi guía a la paz: Mi hermano pecador es mi guía al dolor. Y el que elija ver será el que contemplaré.

1. ¿Quién es mi hermano sino Tu santo Hijo? 2Mas si veo pecado en él proclamo que soy un pecador, en vez de un Hijo de Dios, y que me encuentro solo y sin amigos en un mundo aterrante. 3Mas percibirme de esa manera es una decisión que yo mismo he tomado y puedo, por consi­guiente, volverme atrás. 4Puedo asimismo ver a mi hermano exento de pecado, y como Tu santo Hijo. 5Y si ésta es la alternativa por la que me decido, veo mi impecabilidad, a mi eterno Consolador y Amigo junto a mí, y el camino libre y despejado. 6Elige, pues, por mí, Padre mío, a través de Aquel que habla por Ti. 7Pues sólo Él juzga en Tu Nombre.


¿Qué me enseña esta lección? 

Conocer lo que es, es la puerta de entrada que nos permite acceder a la verdadera realidad que somos. Esta visión condicionará el resto de visiones. Podemos decir que esta cuestión es la causa que ha de dar lugar a unos efectos u otros, es decir, que seamos dichosos, felices, plenos, sanos, abundantes o, por el contrario, seamos desdichados, infelices, escasos, enfermos, necesitados…

A la pregunta "¿Qué soy?", podemos contestar que somos Hijos de Dios o hijos del ego.

Si somos Hijos de Dios, estamos afirmando que formamos una unidad con nuestro Creador, por el propio vínculo de paternidad y filiación. Ello significa que somos portadores potencialmente de su abundancia y de Sus Atributos Creadores.

Si somos hijos del ego, esa identificación errónea del verdadero Yo, nos llevará a la falsa creencia de la separación. Ello significa que la vía directa de aprendizaje de la que gozamos mientras formamos una unidad con el Creador es sustituida por la vía de aprendizaje basada en la división y en el rigor.

Cuando nuestra conciencia se encuentra despierta a la verdadera realidad que somos, los lazos de Unidad que nos relacionan con el Creador se extienden a todo lo creado, es decir, formamos una misma filiación con el resto de nuestros hermanos. La Divinidad se expresa a través de ellos y la visión que tenemos del mundo es la impecabilidad, la santidad, la inocencia.

Pero mientras nuestra conciencia permanezca sumida en el sueño del ego, la visión del mundo será aquella que tenemos de nosotros mismos, es decir, una visión pecaminosa y dada a la liberación a través del castigo, del dolor, de la enfermedad, de la muerte.

El libre albedrío es la potestad más elevada que nuestro Padre nos ha legado. Su Propósito es que utilicemos, con plena libertad, nuestra voluntad, pues ese potencial debe ser utilizado para crear. En este sentido, somos totalmente libres de elegir ver un mundo u otro. Bien el de la liberación o bien el de la condena. Aquel que elijamos, estará anunciando nuestro nivel de consciencia, nuestro nivel de percepción.


Ejemplo-guía: "La relación con nuestros hermanos nos revelará lo que creemos ser".

¿Te atacarías a ti mismo? ¿Te autocastigarías? ¿Te condenarías?

Si no tienes una respuesta para estas cuestiones, si no eres consciente, aún, de lo que eres, mira a tu alrededor, observa la relación que te une a tus hermanos y en ella encontrarás la respuesta.

Si tu mirada te lleva a descubrir ataque, castigo o condena, ten por seguro que te estás atacando, castigando y condenando a ti mismo. Lo que significa que te encuentras identificado con una falsa identidad basada en la creencia de que eres un ser separado de los demás.

Si tu mirada, en cambio, te lleva a descubrir inocencia, impecabilidad, santidad, ten por seguro que estás expandiendo tu inocencia, tu pureza y tu santidad, lo que significa que te encuentras identificado con tu realidad verdadera, la cual se basa en la creencia de que eres un ser que forma parte de la Filiación Divina.

Como bien nos anuncia la Lección en su introducción, la necesidad de usar palabras ya está llegando a su fin. Cuando conoces lo que eres, todo se resume a "ser". Ese estado se traduce en "presencia". No habrá tiempo ni espacio. Tan solo "presencia" y, en esa condición, el Universo al completo nos acompañará.

Reflexión: El juicio que hagamos sobre nuestro hermano, es el juicio que hacemos de nosotros mismos.