viernes, 20 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (2ª parte).

VII. El final de las ilusiones (2ª parte).

3. No subestimes la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado. 2El ego es absolutamente cruel y completamente demente. 3Se acuerda de todo lo que hiciste que lo ofendió, e intenta hacer que pagues por ello. 4Las fantasías que lleva a las relaciones que ha escogido para exteriorizar su odio, son fantasías de tu destruc­ción. 5Pues el ego te guarda rencor por el pasado, y si te escapas del pasado se vería privado de consumar la venganza que, según él, tan justamente mereces. 6Sin embargo, si no te tuviese a ti de aliado de tu propia destrucción, el ego no podría utilizar el pasado contra ti. 7En la relación especial permites tu propia des­trucción. 8Que eso es demente es obvio. 9Lo que no es tan obvio es que el presente no te sirve de nada mientras persigas el objetivo del ego como aliado suyo.

En la Biblia, se recoge un pasaje en el Evangelio de Juan 3:3, que es el siguiente: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios".

Para mí, ese "nacer de nuevo" hace referencia al único estado temporal en el que es posible, el presente. Es imposible nacer de nuevo en el pasado. Si reflexionamos sobre el profundo significado que atesora este mensaje de Jesús, nos permitirá encontrar la clave para poder liberarnos del miedo, de la culpa, de la ira, de la falsa percepción en la separación.

Si vivimos el presente empañado por los recuerdos del pasado, estaremos sufriendo permanentemente. Te imaginas un presente donde podamos recordar con detalle todo lo que hemos experimentado en el pasado. Nos quedaríamos paralizados, muertos de miedo, bien por hacernos conscientes de nuestra demencia, o bien por revivir el dolor que nos han causado.

En el pasado no podemos perdonar, no podemos olvidar las ofensas, no podemos curar nuestras heridas. Eso tan solo es posible cuando vivimos conscientemente el presente y decidimos nacer de nuevo, con la total ausencia de los significados que hemos llevado siempre en nuestra mochila: miedo, culpa, etc.

4. El pasado ya pasó. No intentes conservarlo en la relación espe­cial que te mantiene encadenado a él, y que quiere enseñarte que la salvación se encuentra en el pasado y que por eso necesitas volver a él para encontrarla. 2No hay fantasía que no encierre un sueño de represalias por lo ocurrido en el pasado. 3¿Qué prefieres, exteriorizar ese sueño o abandonarlo?

El pasado ya pasó, y el futuro aún no ha llegado. Entonces, ¿por qué elegimos mantenerlo vivo en el único tiempo que es real?

Tan sólo en el presente podremos ser felices, pues nos ofrece una oportunidad de elegir el amor en vez del miedo. Cuando elegimos el amor, estamos capacitados para perdonar todo el dolor y el daño que hayamos podido recibir, así como el que podamos haber infringido a otros. No podemos volver al pasado para arreglar nuestros asuntos pendientes. Es en el presente donde decidimos que ese pasado siga teniendo significado y condicionando nuestras decisiones. Si te das cuenta de esta verdad, te liberarás.

5. No parece que lo que buscas en la relación especial sea la ven­ganza. 2Y ni siquiera cuando el odio y la crueldad se asoman fugazmente se quebranta seriamente la ilusión de amor. 3Sin embargo, lo único que el ego jamás permite que llegue tu con­ciencia es que la relación especial es la exteriorización de tu ven­ganza contra ti mismo. 4¿Qué otra cosa podría ser? 5Cuando vas en busca de una relación especial, no buscas la gloria dentro de ti. 6Has negado que se encuentre en ti, y la relación se convierte en su substituto. 7La venganza pasa a ser aquello con lo que substituyes la Expiación, y lo que pierdes es poder escaparte de la venganza.

Es cierto. Cuando buscamos algo fuera de nosotros, es porque al mirar en nuestro interior hemos decidido negarlo. En la relación especial, lo que prima es el encuentro con el amor. Si ese amor formase parte de nuestro interior, es decir, si al mirarnos internamente nos hacemos conscientes de que somos amor, no tendríamos la necesidad de buscarlo fuera. Nos limitaríamos a extenderlo y a compartirlo, no a exigirlo. Hay una gran diferencia entre dar y necesitar. Si en una vivencia de relación especial damos amor verdadero, dejará de ser especial, pues lo que estamos dando es libertad. Pero ocurre que el ego no da amor, sino que lo busca en la otra persona. Cuando mira en su interior, con los ojos del ego, lo único que encuentra es su identidad, el miedo. Al ofrecer miedo cuando busca amor, lo que está ofreciendo, lo recibirá.

jueves, 19 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (1ª parte).

VII. El final de las ilusiones (1ª parte).

1. Es imposible abandonar el pasado sin renunciar a la relación especial. 2Pues la relación especial es un intento de revivir el pasado y alterarlo. 3Toda imaginada ofensa, todo dolor que toda­vía se recuerde, así como todas las desilusiones pasadas y las injusticias y privaciones que se percibieron, forman parte de la relación especial, que se convierte en el medio por el que intentas reparar tu herido amor propio. 4Sin el pasado, ¿de qué base dis­pondrías para elegir a un compañero especial? 5Toda elección al respecto se hace por razón de algo "malo" que ocurrió en el pasado a lo que aún te aferras, y por lo que otro tiene que pagar.

Hagámoslo fácil para facilitar la comprensión del motivo que lleva al ego a establecer relaciones especiales. Lo primero que tenemos que conocer es la procedencia del ego, pues de este modo sabremos cuál es la causa que debemos corregir. El ego es un efecto del uso incorrecto de la mente. Es el resultado de haber elegido creer que somos diferentes a nuestro creador.

El Hijo de Dios, creado a imagen y semejanza del Creador, haciendo uso de la voluntad, elige desligarse del conocimiento que le ofrece el Cielo, símbolo de la Unidad, y fabrica una realidad ilusoria con la que se identifica. He aquí que el ego es el hijo de la separación. Ser hijo de la separación conlleva caminar con una mochila donde carga todas las consecuencias inherentes a la creencia de la separación: miedo, culpa, ira, sufrimiento, sacrificio, enfermedad, dolor y muerte. 

La existencia del ego depende de no perder esa mochila, pues, sin ella, su sistema de pensamiento, su realidad, desaparecería. Por lo tanto, pone mucho empeño en ocultar a la conciencia que su único objetivo es mostrarnos un plan de salvación que nos habla de un amor que gratificará la percepción de nuestros sentidos, y para hacer realidad dicho plan, es imprescindible sentirse amado de una manera especial y amar del mismo modo. Ese amor oculta los valores que guarda en su mochila. Ese amor es condicional, pues no ofrece libertad, sino límites que exigirán al otro, al ser amado, que se sacrifique para que él pueda ver satisfechas sus demandas y necesidades.

Entre los "objetos" más valiosos que guarda en su mochila, el ego utiliza uno muy especial, la culpa. Trasladar la culpa al otro, ocultando su propia culpa, lleva al ego a sentirse superior y ganador. Proyectando sus miedos, lleva ese miedo en las relaciones especiales y trata de mantenerlo vivo utilizando el ataque. Su frase preferida es esta: "Tú tienes la culpa de todo lo que nos pasa".

Remontémonos al origen de la creación. Dios crea a Su Hijo desde el Amor. Podemos decir, que somos Hijos del Amor. Dios creó un único Hijo. Lo que nos lleva a pensar que somos el fruto de Su Pensamiento, el cual se extendió de Su Fuente Original. Al ser creados a Su Imagen y Semejanza, somos Espíritu y tenemos sus mismos poderes creadores: Voluntad, Amor e Inteligencia. La Filiación goza de Unidad, es por ello que las Enseñanzas nos describen que Dios creó a un único Hijo. Esa es nuestra verdadera identidad: Ser Espiritual. Ese Ser comparte la misma Fuente que Su Creador, lo cual es la garantía de que no puede ser diferente a Su Creador, es decir, no podemos ser Hijos del Amor e hijos del pecado al mismo tiempo.

El Hijo de Dios, ya lo hemos visto, tiene libertad para utilizar los poderes adquiridos, según su voluntad. Sus falsas creaciones no sustituyen su verdadera realidad. Si eso fuese posible, tendría el poder para poner fin a la existencia de Su Creador; tendría el poder de eliminar su esencia, su espíritu, su amor. Lo que sí es posible es identificarse con una apariencia ilusoria y falsa, como es el ego. El percibir una vibración diferente a la que existe en el plano superior de la Conciencia Una le lleva a un estado de sopor, semejante al sueño, donde todo lo percibido es de la misma calidad que su origen, esto es, ilusoria.

Permanecer en el sueño favorece la creencia en el pecado y en la culpa. Ese recuerdo del pasado oscurece nuestro presente, impidiéndonos nacer de nuevo y recordar nuestra verdadera identidad. Impide que despertemos a la verdadera realidad.

En toda esta trama, el ego continuará su aventura, siempre que le dejemos caminar con su apreciada mochila.

2. La relación especial es una venganza contra el pasado. 2Al tra­tar de eliminar todo sufrimiento pasado, pasa por alto el presente, pues está obsesionada con el pasado y comprometida totalmente a él. 3Ninguna relación especial se experimenta en el presente. 4Sombras del pasado la envuelven y la convierten en lo que es. 5No tiene ningún significado en el presente, y si no significa nada en el ahora, no significa nada en absoluto. 6¿Cómo ibas a poder cambiar el pasado, salvo en fantasías? 7¿Y quién te puede dar aquello de lo que según tú se te privó en el pasado? 8El pasado no es nada. 9No trates de culparlo por tus privaciones, pues el pasado ya pasó. 10En realidad es imposible que no puedas desprenderte de lo que ya pasó. 11Debe ser, por lo tanto, que estás perpetuando la ilusión de que todavía está ahí porque crees que sirve para algún propósito que quieres ver realizado. 12debe ser también que ese propósito no puede realizarse en el presente, sino sólo en el pasado.

La existencia del ego necesita creer en el pasado, pues es desde ese espacio temporal de donde extrae los significados que hacen coherentes sus percepciones. Sin ese pasado, el ego no tendría más remedio que reconocer su ignorancia, pues el simple hecho de no percibir su propia ilusión sería suficiente para reconocer su inexistencia, su falsedad. El presente es todo un reto para el ego, pues le brinda la oportunidad de descubrir que es falso. Para evitarlo, elige traer lo conocido, el pasado, a lo desconocido, el presente, de modo que pueda perpetuar y justificar su existencia.

El ego utiliza la culpa en sus relaciones especiales como una promesa de alcanzar el plan de salvación que llama, ligeramente, una experiencia de amor. El karma está basado en esa falsa percepción. Nos sentimos culpables del daño que causamos como consecuencia de haber elegido el miedo en vez del amor, y decidimos purificar esa culpa, prometiéndonos amor eterno, un amor que, al carecer de los pilares sólidos de la libertad, no se alcanzará, lo que nos llevará a posponerlo en otra vida. Con ello, lo que estamos haciendo es trasladar el pasado al futuro y perpetuar el ciclo, con un nuevo empezar.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VI. El puente que conduce al mundo real (3ª parte).

VI. El puente que conduce al mundo real (3ª parte).

8. No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. 2El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. 3Lo único que es urgente es desencajar a tu mente de la posición fija que ha adop­tado aquí. 4Ello no te dejará desamparado ni desprovisto de un marco de referencia. 5El período de desorientación, que precede a la transición en sí, es mucho más corto que el tiempo que tardaste en fijar tu mente tan firmemente en las ilusiones. 6Cualquier demora te hará ahora más daño que antes, debido únicamente a que te das cuenta de que es una demora, y de que realmente es posible escapar del dolor. 7En lugar de desesperación, halla espe­ranza y consuelo en esto: muy pronto ya no podrás encontrar en ninguna relación especial aquí ni siquiera la ilusión de amor. 8Pues ya no estás completamente loco, y no tardarías mucho en reconocer la culpabilidad que te produce traicionarte a ti mismo.

Cruzar el puente, al suponer un proceso de cambio de percepción, llevará un tiempo. En ese espacio temporal, el presente adquiere un significado muy valioso, pues al no ocuparlo con pensamientos sombríos del pasado y del futuro, nos ofrecerá un campo de infinitas posibilidades en las que podemos elegir desde el amor y no desde el miedo. Elegir desde el amor significa que no damos cabida al miedo, ni a la culpa, ni al castigo, y por lo tanto, la presencia del dolor y el sufrimiento no tendrá lugar.

9. Nada que procures fortalecer en la relación especial es real­mente parte de ti. 2no puedes conservar parte del sistema de pensamiento que te enseñó que la relación especial es real, y entender el Pensamiento que sabe lo que eres. 3Le has permitido al Pensamiento de tu realidad entrar en tu mente, y puesto que lo invitaste, morará contigo. 4Tu amor por él no permitirá que te traiciones a ti mismo, y no podrás entablar ninguna relación en la que dicho pensamiento no te acompañe, pues no desearás estar separado de él.

La fortaleza del ego se expresa en su sistema de pensamiento, es decir, la creencia en la separación se ha convertido en el sentido de su existencia, debido a que el pensamiento de su realidad ocupa nuestra mente al haber sido invitada. Expresado de otra manera: al desear ser amado de una manera especial, nos ha llevado a vernos diferentes y a percibirnos de manera exclusiva.

10. Alégrate de haber escapado de la parodia de salvación que el ego te ofrecía, y no mires atrás con nostalgia a la farsa que hacía de tus relaciones. 2Ahora nadie tiene que sufrir, pues has llegado demasiado lejos como para sucumbir a la ilusión de que la culpa­bilidad es algo bello y santo. 3Sólo los que son completamente dementes podrían contemplar la muerte y el sufrimiento, la enfer­medad y la desesperanza, y considerarlos bellos y santos. 4Lo que la culpabilidad ha forjado es feo, temible y muy peligroso. 5No veas ninguna ilusión de verdad y belleza en ello. 6Y siéntete agra­decido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. 7Ve gustosamente a su encuentro y descubre lo mucho que te espera por el simple hecho de estar dispuesto a abandonar lo que no es nada precisamente porque no es nada.

Si el modo de amar del ego, de manera especial, nos aportase la percepción de la unidad, de la felicidad, de la libertad, en verdad, debería ser considerado como el plan de salvación adecuado. Pero la realidad es otra. El modo de amar del ego, inspirado desde el miedo, tan solo aporta conflicto, enfrentamiento, odio, ataque, dolor, sufrimiento, etc.

11.  La nueva perspectiva que adquirirás al cruzar el puente será el entendimiento de dónde se encuentra el Cielo. 2Desde este lado parece encontrarse fuera de ti y al otro lado del puente. 3Pero al cruzar el puente para unirte al Cielo, éste se unirá a ti y os volve­réis uno. 4pensarás, con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada. 5El júbilo del Cielo, el cual es ilimitado, aumenta con cada luz que regresa a ocupar el lugar que le corresponde en él. 6¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! 7¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará sólo con que dejes que venga a ti!

El mundo que percibimos y que se encuentra en la orilla donde nuestra identidad se identifica con el ego es el mundo donde imperan las leyes del miedo.

En la otra orilla del puente, la luz de un faro nos lleva a vislumbrar el final de un mundo oscuro. Esa luz representa la Voz del Espíritu Santo, que ha oído nuestra voluntad de querer retornar hacia nuestro verdadero Hogar y nos espera para darnos la buena nueva. El Cielo nos abre sus puertas y entramos en Él, de la mano de nuestros hermanos.

12. El Espíritu Santo sólo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le per­mitas liberarte. 2Lo único que necesita es que estés dispuesto a compartir Su perspectiva, para que Él te la conceda en su totalidad. 3Y no tienes que estar completamente dispuesto porque Él lo está. 4Su tarea es expiar tu renuencia mediante Su perfecta fe, y es Su fe la que tú compartes con Él en el instante santo. 5Como resultado de reconocer que no estás dispuesto a ser liberado, se te ofrece la perfecta buena voluntad de la que Él goza. 6lnvócale, pues el Cielo responde a Su llamada. 7Y permítele que Él invoque al Cielo por ti.

Somos seres completos y tan solo la creencia en la separación puede oscurecer esa visión, llevándonos a creernos necesitados y escasos. Creernos pecadores nos lleva al exilio; nos lleva a sentirnos expulsados del Cielo. 

Dios no nos castiga por haber utilizado nuestra voluntad para fabricar un mundo ausente de amor. Somos nosotros los que, al excluirnos del amor, nos creemos escindidos del Cielo.

No somos seres incompletos que necesitan amar de manera especial a otra persona, la cual nos completará. Lo que es Uno es indivisible. El amor es indivisible.

martes, 17 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VI. El puente que conduce al mundo real (2ª parte).

VI. El puente que conduce al mundo real (2ª parte).


4. La relación especial no significa nada sin un cuerpo. 2Si le atri­buyes valor a la relación especial, tienes que atribuírselo también al cuerpo. 3Y no podrás sino conservar aquello a lo que atribuyas valor. 4La relación especial es un recurso para limitar tu Ser a un cuerpo, y para limitar la percepción que tienes de los demás a los suyos. 5Si pudieses ver los Grandes Rayos, éstos te demostrarían que la relación especial no tiene absolutamente ningún valor. 6Pues al verlos, el cuerpo desaparecería, ya que perdería su valor. 7Y de este modo, perderías todo tu interés en verlo.

Referirnos al ego nos lleva a describir las características de su sistema de pensamiento. El ego surge cuando decidimos ser diferentes al Creador y cuando el Conocimiento de la unicidad es sustituido por la creencia en la separación, o dicho de otro modo, cuando dejamos de ser impecables, puros e inocentes y nos creemos pecadores y dignos merecedores del castigo divino para limpiar nuestra culpa.

Ego es percepción. Percepción es cuerpo. Cuerpo es separación. Separación es culpa. Culpa es amor especial. El amor especial es la necesidad de ser amados por Dios.

5. Ves el mundo al que atribuyes valor. 2A este lado del puente ves un mundo de cuerpos separados que buscan unirse unos con otros en uniones exclusivas y convertirse en uno solo a costa de la pérdida que ambos sufren. 3Cuando dos individuos intentan con­vertirse en uno solo están tratando de reducir su grandeza. 4Cada uno quiere negar su poder, pues una unión exclusiva excluye al universo. 5Se deja afuera mucho más de lo que se admite adentro, pues se deja a Dios afuera y no se admite nada adentro. 6Si una sola de esas uniones se estableciese con perfecta fe, el universo entraría a formar parte de ella. 7Mas la relación especial que el ego persigue no incluye ni siquiera un solo individuo en su totalidad. 8El ego sólo quiere parte de él, y ve sólo esa parte y nada más.

El ego ha sustituido el amor verdadero por el miedo, lo cual le lleva a condicionar el amor que siente por la otra persona con límites de exclusividad, en un intento de protegerse del miedo que siente al no recibir un amor especial y único.

Al basar su amor condicional en la percepción del cuerpo, el miedo a perder lo que considera en exclusividad, el ser amado, le llevará a proyectar la culpa que siente en el otro, al que juzgará por despertar tales sentimientos de miedo en su interior.

6. ¡Qué diferentes son las cosas al otro lado del puente! 2Durante algún tiempo se sigue viendo el cuerpo, pero ya no es lo único que se ve, como ocurre aquí. 3La pequeña chispa que contiene los Grandes Rayos también es visible, y no puede ser confinada a la pequeñez por mucho más tiempo. 4Una vez que hayas cruzado el puente, el valor del cuerpo disminuirá tanto ante tus ojos, que ya no tendrás ninguna necesidad de enaltecerlo. 5Pues te darás cuenta de que su único valor es el de permitirte llevar a tus her­manos contigo hasta el puente, para allí ser liberados juntos.

El ego no ve los Grandes Rayos procedente de la esencia del Espíritu, del Ser que somos. Si lo percibiese, su sistema de pensamiento cambiaría por completo, pues dejaría de creer en la separación y, por lo tanto, dejaría de ser un ego, para recuperar su verdadera identidad como Hijo de Dios.

7. El puente en sí no es más que una transición en la perspectiva que se tiene de la realidad. 2A este lado ves todo sumamente dis­torsionado y desde una perspectiva errónea. 3Lo que es pequeño e insignificante se enaltece, y a lo que es fuerte y poderoso no se le concede ningún valor. 4Durante la transición hay un período de confusión en el que es posible experimentar una sensación muy real de desorientación. 5No tengas miedo de esto, pues lo único que significa es que has estado dispuesto a abandonar el marco de referencia distorsionado que parecía mantener a tu mundo intac­to. 6Este marco de referencia está construido en torno a la relación especial. 7Sin esta ilusión, no seguirías buscando ningún signifi­cado aquí.

La idea de "puente" queda representada en este punto, como el símbolo del proceso de transición que une dos aspectos de la realidad. Ese puente representa el momento en el que sentimos la llamada a ir más allá de la situación en la que nos encontramos. La realidad que queremos abandonar es la que nos aporta el ego; es el mundo de la ilusión, del miedo, del castigo, del sufrimiento y del dolor. En la otra orilla de ese puente, nos aguarda la "tierra prometida", la "tierra de salvación", es decir, la realidad que el Espíritu Santo nos muestra y en la que recordaremos nuestra verdadera identidad espiritual.

Dejamos atrás el miedo y alcanzamos la tierra de la libertad, en la que compartiremos la esencia de la que somos portadores, el amor, con cada uno de nuestros hermanos.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VI. El puente que conduce al mundo real (1ª parte).

VI. El puente que conduce al mundo real (1ª parte).

1. Ir en busca de una relación especial es señal de que te equiparas con el ego y no con Dios, 2pues la relación especial sólo tiene valor para el ego. 3Para él, a no ser que una relación tenga valor espe­cial, no tiene ningún significado, pues para el ego todo amor es especial. 4Esto, sin embargo, no puede ser natural, pues es diferente de la relación que Dios tiene con Su Hijo, y toda relación que no sea como ésa es necesariamente antinatural. 5Pues Dios creó el amor tal como Él quería que fuese, y lo dio tal como es. 6El amor no tiene ningún significado excepto el que su Creador le otorgó mediante Su Voluntad. 7Es imposible definirlo de otra manera y entenderlo.


El amor para el ego siempre es especial, y tras ese especialismo, descubrimos la característica principal del sistema de pensamiento del ego, el deseo de ser diferente al resto; el deseo de ser amado con la singularidad de que somos el único que se merece ese amor. El ego sabe que el Amor de Dios no es exclusivo de nadie en concreto, pues de serlo estaría adorando la falsa idea del egoísmo. No me imagino a Dios otorgando Su Amor según nuestros merecimientos. Es más, el Amor de Dios no está vinculado a ningún logro, sino que es la Esencia con la que Dios ha creado a Su Hijo, a la Filiación.

Esa visión del amor incondicional no es aplicada por el ego. El amor lo asocia a la percepción, y si aquello que percibo en el otro es de mi agrado y me seduce, estoy dispuesto a otorgarle mi amor. Se trata de un sentimiento condicionado a nuestros deseos o, lo que es lo mismo, el amor del ego es la base del egoísmo.

2. El amor es libertad. 2Ir en su busca encadenándote a ti mismo es separarte de él. 3¡Por el Amor de Dios, no sigas buscando la unión en la separación ni la libertad en el cautiverio! 4Según concedas libertad, serás liberado. 5No te olvides de esto, o, de lo contrario, el amor será incapaz de encontrarte y ofrecerte consuelo.

El amor incondicional es como la verdad, no se puede perder, buscar ni encontrar. Simplemente Es. Ya hemos tenido ocasión de manifestar, a lo largo de los análisis que estamos llevando a cabo con el estudio del Texto, que la evidencia más certera del amor es que aporte libertad. Si no fuese así, significaría que Dios no practica la libertad en sus creaciones y, por tanto, Su Hijo tampoco lo sería. Pero el hecho de que fuese creado a Imagen y Semejanza de Dios le ha permitido gozar de ese Principio Espiritual que iguala al Padre con el Hijo.

3. Hay una manera en que el Espíritu Santo te pide que le prestes tu ayuda, si quieres disponer de la Suya. 2El instante santo es el recurso más útil de que Él dispone para protegerte de la atracción de la culpabilidad, que es el verdadero señuelo de la relación especial. 3No te das cuenta de que ése es el verdadero atractivo de la relación especial, debido a que el ego te ha enseñado que la libertad reside en ella. 4Sin embargo, mientras más detenidamente examines la relación especial, más claro te resultará que no puede sino fomentar la culpabilidad, y que, por lo tanto, no puede sino aprisionar.

La creencia en el tiempo, tal y como lo concibe el sistema de pensamiento del ego, hace que no utilicemos el potencial que nos ofrece el presente.

Si quieres comprobarlo, tan solo tienes que prestar atención a tus pensamientos. Descubrirás que el momento en que estás prestando esa atención es el único momento que tienes, es decir, es el único instante en el que puedes tomar consciencia de ti. No tienes otro momento. Puedes pensar que el futuro es otro momento, pero, cuando te preguntas dónde se encuentra ese futuro en el ahora, tomarás consciencia de que no estás en el futuro nunca, sino siempre en el presente. Esto que acabamos de confirmar es motivo para sentirse feliz, pues el presente, el ahora, podemos hacerlo un instante santo. ¿Cómo? Eligiendo que ese presente esté libre del recuerdo del pasado y de las expectativas del futuro, con la total certeza de que lo hacemos porque creemos que esas fases del tiempo no existen, salvo que decidamos ocupar el único tiempo real, el presente, con su contenido.

Si en el presente permitimos que nuestros recuerdos pasados, cargados de ira, odio, rencor, culpa, se adueñen de nuestros pensamientos, estaremos perpetuando la experiencia del dolor, del miedo, del sufrimiento, de las pérdidas y de las rupturas en nuestra vida.