viernes, 24 de enero de 2025

Capítulo 17. VIII. Las condiciones de la paz (2ª parte).

  VIII. Las condiciones de la paz (2ª parte).

4. Para ti, que has respondido a la llamada de tu Redentor, la ten­sión que conlleva no responder a Su llamada parece ser mayor que antes. 2Pero no es así. 3La resistencia siempre estuvo ahí, pero se la atribuías a otra cosa, creyendo que era esa "otra cosa" la que la producía. 4Mas eso nunca fue verdad. 5Pues lo que esa "otra cosa" producía era pesar y depresión, enfermedad y dolor, tinie­blas y vagas imaginaciones de terror, escalofriantes fantasías de miedo y abrasadores sueños infernales. 6todo ello no era más que la intolerable tensión que se producía al negarte a depositar tu fe en la verdad y a ver su evidente realidad.

Cada momento de nuestra vida es una invitación a responder desde la fe en el Espíritu Santo, o en la falta de fe en Él. Dicho de otro modo, cada momento de nuestra vida es una invitación para responder desde el amor o desde el miedo. Es así de simple, no lo compliquemos más. El ego nos dirá que la vida no es tan simple, que hay matices que no podemos obviar, y para argumentar a favor de estos matices, nos narrará multitud de situaciones, a cual más dramática, que nos harán dudar si no estaremos siendo débiles al tomar la decisión de ver cada situación tal y como es, tan solo una situación en la que se nos invita a tomar una decisión: amar o sufrir, perdonar o castigar.

Entonces, ¿tenemos que aceptarlo todo, perdonarlo todo? Si nos estamos haciendo esta pregunta, es evidente que no tenemos fe en la verdad y que nos hemos dejado engañar por las argucias del ego. ¿Cómo lo sé? Sencillamente, porque cuando no decido perdonarlo todo, no me siento en paz. Estoy decidiendo castigarme por el odio y la ira que siento y estoy decidiendo castigar al culpable que ha suscitado en mí tales sentimientos, olvidando o desconociendo que ese "otro" está ayudándonos a descubrir el contenido de nuestros pensamientos, los que ocultamos en nuestro interior y que proyectamos en los demás.

5. Tal fue la crucifixión del Hijo de Dios. 2Su falta de fe le oca­sionó todo eso. 3Piénsalo muy bien antes de permitirte usar tu falta de fe contra él. 4Pues él ha resucitado, y tú has aceptado la Causa de su despertar como tu propia causa. 5Has asumido el papel que te corresponde en su redención, y ahora eres completamente responsable por él. 6No le falles ahora, pues te ha sido dado comprender lo que tu falta de fe en él te ocasiona. 7Su salva­ción es tu único propósito. 8Ve sólo esto en toda situación, y cada una de ellas se convertirá en un medio de brindarte sólo eso.

En efecto, cuando elegimos el miedo, el rencor, la ira como respuesta a los conflictos que afrontamos en la vida, lo que estamos haciendo es elegir el camino de la crucifixión, el de la muerte, el del castigo y la culpa, el del odio hacia sí mismo.

Como bien recoge en su enseñanza el Curso, el Hijo de Dios no debe ser perdonado sino despertado, esto es, resucitado. Cuando despertamos de un sueño y recordamos el contenido de lo soñado como una pesadilla, nuestros miedos se disipan y recuperamos la paz y el sociego. El hecho de haber reconocido la verdad nos lleva de la mano hasta esa situación de paz.

De igual modo, el Hijo de Dios retornará a la paz cuando decida conscientemente ver la verdad, ver que ha estado depositando su fe en el falso guía, que su mente se encontraba identificada con las ilusiones procedentes del estado de sueño elegido. Su fe elegirá al maestro correcto y su mente servirá al Espíritu Santo.

6. Cuando aceptaste la verdad como el objetivo de tu relación, te convertiste en un dador de paz tan irremediablemente como que tu Padre te dio paz. 2Pues el objetivo de la paz no se puede aceptar sin sus condiciones, y tú tuviste que haber tenido fe en dicho objetivo, pues nadie acepta lo que no cree que es real. 3Tu propósito no ha cambiado ni cambiará jamás, pues aceptaste lo que nunca puede cambiar. 4Y ahora no le puedes negar nada que necesite para ser eternamente inmutable. 5Tu liberación es segura. 6Da tal como has recibido. 7Y demuestra que te has elevado muy por encima de cualquier situación que pudiese detenerte y mantenerte separado de Aquel Cuya llamada contestaste.

Tan solo hay un modo de aceptar la verdad. Deposita tu fe en ella y la verdad formará parte de tu mente y de tus pensamientos. Si consideras que debes ver para creer, si consideras que para creer en la verdad debes percibirla, debes meter el dedo en la llaga del Señor, como lo hizo el apóstol Tomás, hazlo. Practica la atención en el presente. Míralo con el propósito de tener un encuentro verdadero con la verdad. No invites al ego a ese encuentro, pues si lo haces, no te permitirá mirar la verdad libre de los recuerdos del pasado. El presente es verdadero en sí mismo por lo que es. Y lo que es, es tan solo eso, es. Si crees que el presente es otra cosa a lo que es, no lo estarás viendo tal y como es.

Tú decides lo que es, eligiendo verlo contagiado por lo aprendido en el pasado o aceptando la oportunidad que te ofrece. Ese presente no lo has vivido nunca, es nuevo y, por su condición de nuevo, te brinda la posibilidad de elegir verlo como la única oportunidad que tienes, ahora, para elegir de nuevo lo que más te conviene.

Si quieres paz, elige paz. Si quieres sufrimiento, elige trasladarlo desde tu pasado al presente. La verdad no se encuentra en tu pasado; siempre la encontraremos en el presente. Aceptar la verdad es depositar nuestra fe en ella, es elegirla por encima de la ilusión. No condiciones a la verdad, a la paz, con la carga emocional que arrastra en la mochila de tus recuerdos. Obviar esos recuerdos de dolor tan solo es posible en el ahora, en el presente, y esta elección se llama perdón. El perdón es, por lo tanto, nuestra elección de obviar el dolor que nos han causado o que hemos causado. 

jueves, 23 de enero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 23

LECCIÓN 23
  
Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque.

1. La idea de hoy describe la única manera de poder escapar del miedo que siempre tendrá éxito. 2Nada más puede lograrlo; nada más tiene sentido. 3Pero esta manera de escapar no puede fallar. 4Cada pensamiento que albergas da lugar a algún segmento del mundo que ves. 5Es con tus pensamientos, pues, con los que tenemos que trabajar, si es que tu percepción del mundo ha de cambiar.

2. Si la causa del mundo que ves son los pensamientos de ataque, debes aprender que ésos son los pensamientos que no deseas. 2De nada sirve lamentarse del mundo. 3De nada sirve tratar de cambiarlo4No se puede cambiar porque no es más que un efecto. 5Pero lo que sí puedes hacer es cambiar tus pensamientos acerca de él. 6En ese caso estarás cambiando la causa. 7El efecto cambiará automáticamente.

3. El mundo que ves es un mundo vengativo, y todo en él es un símbolo de venganza. 2Cada una de las percepciones que tienes de la "realidad externa" no es más que una representación gráfica de tus propios pensamientos de ataque. 3Uno podría muy bien preguntarse si a esto se le puede llamar ver. 4¿No es acaso "fantasía" una mejor palabra para referirse a ese proceso, y "alucinación" un término más apropiado para su resultado?

4. Ves el mundo que has fabricado, pero no te ves a ti mismo como el que fabrica las imágenes. 2No se te puede salvar del mundo, pero te puedes escapar de su causa. 3Éste es el significado de la salvación, pues, ¿dónde se encuentra el mundo que ves cuando su causa ha desaparecido? 4La visión ya tiene un sustituto para todo lo que crees ver ahora. 5La hermosura puede iluminar tus imágenes y transformarlas de tal manera que las llegues a amar, aun cuando fueron forjadas del odio, 6pues ya no las estarás forjando solo.

5La idea de hoy introduce el pensamiento de que no estás atrapado en el mundo que ves porque su causa se puede cambiar. 2Éste cambio requiere, en primer lugar, que se identifique la causa y luego que se abandone, de modo que pueda ser reemplazada. 3Los primeros dos pasos de este proceso requieren tu cooperación. 4El paso final, no. 5Tus imágenes ya han sido reemplazadas. 6Al dar los dos primeros pasos, comprobarás que esto es cierto.

6. Además de usar la idea de hoy a lo largo del día según lo dicte la necesidad, se requieren cinco sesiones de práctica para su aplicación. 2Según miras a tu alrededor, repite primero la idea para tus adentros lentamente, y luego cierra los ojos y dedica alrededor de un minuto a buscar en tu mente el mayor número posible de pensamientos de ataque que se te ocurran. 3Conforme cada uno de ellos cruce tu mente, di:

4Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque acerca de _____

5Mantén presente cada pensamiento de ataque mientras repites esto, luego descártalo y pasa al siguiente.

7. Durante las sesiones de práctica, asegúrate de incluir tanto los pensamientos de ataque contra otros como los de ser atacado. 2Los efectos de ambos son exactamente lo mismo, puesto que ambos son exactamente lo mismo. 3Aún no reconoces esto, y lo único que se te pide de momento es que durante las sesiones de práctica los trates de igual modo. 4Todavía nos encontramos en la etapa de identificar la causa del mundo que ves. 5Cuando finalmente aprendas que los pensamientos de atacar y los de ser atacado no son diferentes, estarás listo para abandonar dicha causa.

¿Qué me enseña esta lección? 

Para comprender esta lección es necesario clarificar qué significa realmente el concepto de ataque. En Un Curso de Milagros, el ataque no es un acto físico ni una agresión externa, sino una decisión mental. Atacar significa elegir un sistema de pensamiento basado en la separación y atribuirle realidad.

El ego tiene un único objetivo: mantener la creencia en una identidad separada. Para lograrlo, necesita fabricar un mundo que parezca real, sólido y autónomo, en el que esa identidad individual pueda sostenerse. La individualidad, tal como la concibe el ego, se opone a la unicidad, pues sólo puede existir si la mente cree haberse separado de la Unidad.

Desde esta perspectiva, el ataque no es algo que ocurra en el mundo, sino la decisión de creer que el mundo y el yo separado son reales. Esa decisión es el ataque original contra la Filiación, no porque dañe algo real, sino porque intenta sustituir la Verdad por una ilusión.

El Curso no enseña que el mundo material ataque al mundo espiritual, sino que el mundo material es el efecto de un pensamiento de ataque previo. No hay dos mundos en conflicto, sino un solo error de percepción. Lo irreal no puede atacar a lo real, pero puede parecer hacerlo mientras se le atribuya poder.

El mundo se convierte así en el escenario donde el ego aparenta manifestarse, pero todo lo que parece crear no es creación, sino fabricación. Estas fabricaciones no afectan al Espíritu, pero mantienen a la mente atrapada en la creencia de que ha atacado y, por tanto, merece castigo. De este modo, el ataque siempre va acompañado de culpa.

Renunciar al pensamiento de ataque no significa rechazar el mundo ni luchar contra la percepción, sino retirar el valor que le hemos otorgado a la separación. Escapar del mundo que vemos no es huir físicamente, sino dejar de sostener el deseo de ser un yo separado. Cuando la mente elige la unificación en lugar de la individualización, el ataque pierde su propósito.

Cuando nuestros pensamientos juzgan lo que percibimos, no están atacando algo externo, sino reforzando la creencia de que lo percibido es real. El juicio fija la percepción y la carga emocional que la acompaña fortalece el apego. Así, la mente queda atrapada en el estímulo sensorial y se identifica con él, creyendo que su libertad depende de lo que ve.

Este proceso es lo que el Curso denomina ataque: dar realidad a lo que no la tiene y usarlo como sustituto del Amor. En ese sentido, el ataque es siempre un rechazo de la liberación, pues mantiene a la mente ocupada defendiendo ilusiones en lugar de aceptar la paz que ya le pertenece.

La creencia en el ataque lleva inevitablemente a la creencia en la venganza. Si creo que he atacado, creeré que seré atacado. Pero esa “venganza” no procede de fuera; es simplemente el efecto inevitable del sistema de pensamiento que he elegido. El ego interpreta esos efectos como castigo, cuando en realidad son sólo confirmaciones perceptivas de su propia decisión.

Así, la lección 23 nos enseña que puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque, es decir, renunciando a la creencia en la separación. Al hacerlo, no destruyo nada real, sino que dejo de invertir mi fe en lo irreal. Y en esa renuncia, la paz se vuelve inevitable.

 Propósito y sentido de la lección:

El propósito de esta lección es que reconozcas que el mundo que ves es el resultado directo de tus pensamientos de ataque, ya sean hacia otros o hacia ti mismo. El sentido profundo es que no eres víctima del mundo, sino su creador a través de tus pensamientos. La lección te muestra que la causa de tu sufrimiento no está fuera, sino en tu mente, y que puedes elegir de nuevo. Espiritualmente, es una invitación a la libertad: puedes escapar del miedo y del dolor renunciando a los pensamientos de ataque y permitiendo que la visión reemplace a la percepción basada en el miedo.

Instrucciones prácticas:

  • Realiza cinco sesiones de práctica a lo largo del día, de aproximadamente un minuto cada una.
  • En cada sesión:
    • Mira a tu alrededor y repite mentalmente: “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque.”
    • Cierra los ojos y busca en tu mente todos los pensamientos de ataque que puedas identificar, tanto hacia otros como hacia ti mismo.
    • Por cada pensamiento, di:
      “Puedo escaparme del mundo que veo renunciando a los pensamientos de ataque acerca de _____.”
    • Mantén presente cada pensamiento mientras repites la frase, luego descártalo y pasa al siguiente.
  • Incluye tanto pensamientos de ataque como de ser atacado; ambos son lo mismo.
  • Usa la idea a lo largo del día cuando notes pensamientos de ataque o sientas miedo, ira o resentimiento.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección te ayuda a identificar la raíz de tu malestar: los pensamientos de ataque. Te muestra que lamentarse del mundo o intentar cambiarlo es inútil si no cambias primero tu manera de pensar. El trabajo es interno: al cambiar la causa (tus pensamientos), el efecto (el mundo que ves) cambiará automáticamente. Reconocer que los pensamientos de ataque y los de ser atacado son lo mismo es un paso esencial para salir del victimismo y asumir la responsabilidad de tu experiencia.

Espiritualmente, la lección te invita a soltar la ilusión de que eres una víctima y a recordar tu poder creador. Al renunciar a los pensamientos de ataque, permites que la visión del Espíritu Santo ilumine tu mente y transforme tu percepción. Es un acto de perdón profundo, tanto hacia ti como hacia los demás, y una apertura a la paz y la belleza que ya están presentes, esperando a ser reconocidas.

Relación con el resto del Curso:

Esta lección es un paso clave en el proceso de deshacer el sistema de pensamiento del ego. Continúa la línea de las lecciones anteriores sobre la responsabilidad de la percepción y la posibilidad de elegir de nuevo. Aquí se introduce con claridad la idea de que el mundo es un efecto, no una causa, y que sólo cambiando la causa (tus pensamientos) puedes experimentar un mundo diferente. Es una preparación para el perdón y para la visión verdadera, que son el núcleo de Un Curso de Milagros.

Consejos para la práctica:

  • No te juzgues si descubres muchos pensamientos de ataque; obsérvalos con honestidad y amabilidad.
  • Incluye pensamientos de ser atacado, no sólo los de atacar; ambos son lo mismo.
  • Si te resulta difícil identificar pensamientos de ataque, observa cualquier juicio, crítica, resentimiento o sensación de amenaza.
  • Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes.
  • Puedes escribir tus observaciones para profundizar en tu autoconocimiento.
  • Recuerda que el objetivo no es negar lo que ves, sino reconocer que puedes elegir de nuevo.

Conclusión final:

La Lección 23 te recuerda que no estás atrapado en el mundo que ves, porque su causa (tus pensamientos de ataque) puede ser cambiada. Cada vez que eliges renunciar a un pensamiento de ataque, das un paso hacia la libertad y la paz interior. No se trata de negar la realidad, sino de abrirte a una percepción más amorosa y compasiva. Confía en el proceso, sé amable contigo mismo y recuerda que cada pequeño cambio en tu percepción es un milagro en sí mismo. Elige de nuevo, una y otra vez, y descubrirás que la paz está siempre disponible para ti.

Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo". 

Si el comportamiento de nuestro hijo nos desespera y creemos que la solución pasa por que él cambie, es necesario detenernos y revisar de nuevo el contenido de estas lecciones. Desde la perspectiva de Un Curso de Milagros, esta reacción indica que estamos interpretando erróneamente la experiencia, pues estamos intentando corregir un efecto en lugar de atender a su causa.

Lo que estamos experimentando no es el comportamiento de nuestro hijo en sí, sino el efecto de un pensamiento previo en nuestra mente. La corrección no puede realizarse en el nivel de la forma, sino únicamente en el nivel donde el error fue aceptado: la mente. Pretender que el cambio se produzca fuera es mantener la ilusión de que la causa está en el otro.

¿En qué consiste el error? En creer que nuestro hijo es un ser separado de nosotros, con una voluntad independiente que puede atacarnos o amenazarnos. Desde esta creencia, su comportamiento es interpretado como un ataque, y nuestra reacción de desesperación se justifica como defensa. Sin embargo, este sistema de pensamiento es precisamente lo que la lección nos invita a abandonar.

Renunciar a los pensamientos de ataque implica retirar la interpretación de amenaza y permitir que surja una nueva visión desde la mente recta. Este nuevo pensamiento no juzga ni condena, sino que reconoce la inocencia compartida. Al elegir ver a nuestro hijo como lo que es en verdad —un Hijo de Dios, impecable e invulnerable— dejamos de proyectar sobre él nuestras propias creencias de culpa y miedo.

En este proceso no estamos imponiendo una corrección personal, sino uniéndonos a la Voz del Espíritu Santo, que reinterpreta la situación desde la unidad. Al hacerlo, nos convertimos en instrumentos conscientes de la paz, permitiendo que la corrección se produzca en la mente y no en el comportamiento externo.

Renunciar al ataque es renunciar simultáneamente al odio, a la venganza y al miedo, que son las verdaderas causas de la percepción de conflicto. El miedo es siempre el origen del ataque, y mientras permanezca activo en la mente, el mundo seguirá viéndose como una fuente de amenaza, necesidad y sufrimiento.

Cuando la causa es deshecha, la percepción se corrige de manera natural. El comportamiento de nuestro hijo deja entonces de ser un motivo de desesperación, no porque necesariamente cambie de forma inmediata, sino porque ya no es interpretado como un ataque. Al renunciar a los pensamientos de ataque, escapamos del mundo que veíamos y accedemos a una experiencia más pacífica y verdadera.

Así, la lección 23 se aplica de manera muy concreta: no necesitamos cambiar al otro para encontrar la paz, sino cambiar la mente que cree estar siendo atacada. Y en esa elección, la paz se vuelve inevitable.

Reflexión: No se te puede salvar del mundo, pero te puedes escapar de su causa. ¿Cómo?

Capítulo 17. VIII. Las condiciones de la paz (1ª parte).

 VIII. Las condiciones de la paz (1ª parte).

1. El instante santo no es más que un caso especial, un ejemplo extremo, de lo que toda situación debería ser. 2El significado que el propósito del Espíritu Santo le ha dado al instante santo, se le da también a toda situación. 3El instante santo suscita la misma suspensión de falta de fe -que se rechaza y no se utiliza- para que la fe pueda responder a la llamada de la verdad. 4El instante santo es el ejemplo supremo, la demostración clara e inequívoca del significado de toda relación y de toda situación cuando se ven como un todo. 5La fe ha aceptado todos los aspectos de la situa­ción, y la falta de fe no ha impuesto el que nada se vea excluido de ella. 6Es una situación de perfecta paz, debido simplemente a que la has dejado ser lo que es.

El instante santo está inspirado por la mente recta, la que procede de los pensamientos que sirven a la verdad que representa el Espíritu Santo. Esa verdad es una y nos hace uno con la Fuente de donde procede, esto es, con Dios y Su Creación. Por lo tanto, referirse al instante santo como un ejemplo extremo de lo que debería ser significa que es tanta su importancia que debemos practicarlo en cada instante de nuestra vida.

Si ponemos nuestra fe en ello, elevaremos nuestros pensamientos hacia el altar donde nuestra consciencia se comunica con Dios. Ese altar es el amor compartido con nuestro Creador y con la Filiación.

Cada relación, cuando se afronta desde la fe en el instante santo, es una oportunidad única para vivirla desde la inocencia, es decir, vivirla con ojos nuevos, vivirla libre de juicios, vivirla tan solo como ser lo que es.

2. Esta simple cortesía es todo lo que el Espíritu Santo te pide: 2que dejes que la verdad sea lo que es. 3No intervengas, no la ataques, ni interrumpas su llegada. 4Deja que envuelva cada situación y que te brinde paz. 5Ni siquiera se te pide que tengas fe, pues la verdad no pide nada. 6Déjala entrar, y ella invocará la fe que necesitas para gozar de paz, y se asegurará de que dispongas de ella. 7Pero no te alces contra ella, pues no puede hacer acto de presencia si te opones a ella.

Si tenemos fe en lo que somos y lo que somos tan solo es amor, cualquier relación que establezcamos será tratada desde la ausencia de juicios que tratan de enturbiar la inocencia que expresa el instante presente. Ese instante presente es el único verdadero donde podemos ver las cosas libres de significados. La mente que sirve al ego tratará de convencernos de que ese presente es la consecuencia de nuestro pasado y, dado que en ese pasado nos han dañado o hemos dañado, ahora es el momento de vengarnos o pagar nuestra culpa. El presente, de este modo, queda empañado de nuestro rencor y no es vivido tal y como se nos muestra, impecable, inocente, libre para que decidamos entre el amor o el miedo.

3. ¿No desearías hacer de toda situación un instante santo? 2Pues tal es el regalo de la fe, que se da libremente dondequiera que la falta de fe se deja a un lado sin usar. 3El poder del propósito del Espíritu Santo puede usarse entonces en su lugar. 4Este poder transforma instantáneamente todas las situaciones en el único medio, seguro y continuo, de establecer Su propósito y de demostrar su realidad. 5Lo que se ha demostrado ha requerido fe, y ésta ha sido concedida. 6Ahora se convierte en un hecho, del que ya no se puede retirar la fe. 7La tensión que conlleva negarle la fe a la verdad es enorme y mucho mayor de lo que te imaginas. 8Pero responder a la verdad con fe no entraña tensión alguna.

Pongamos a prueba nuestra fe. ¿Cómo? Mirando de frente al momento presente. Hagámoslo. Elijamos el ahora. No importa dónde estemos, ni lo que estemos haciendo. Yo, por ejemplo, estoy pulsando las teclas del teclado de mi ordenador y transcribiendo el contenido de los pensamientos que emanan de mi mente. Miro lo que estoy haciendo de forma automática. Es una acción que acostumbro a realizar y lo hago de manera inconsciente. Ahora decido mirarlo de otra manera. Cuando lo hago, me doy cuenta de que lo que fluye de mi mente no procede de mi ego, pues él ignora el contenido de lo que estoy escribiendo; él no comparte el mensaje que estoy trasladando, lo interpreta como una chaladura de mi mente. Entonces me hago consciente de que el contenido de estas ideas procede de mi mente recta, la que se encuentra depositada en mi fe en el Espíritu Santo. Ahora sé que proceden de Él, y lo sé porque me aporta paz lo que estoy haciendo y mi mente sintoniza Su Canal, a través del cual recibo Su Voz.

Ahora, en este presente, mi fe me permite sentirme uno con todo lo creado, me permite hacer de este instante un instante santo, pues es mi santidad la que se manifiesta. Lo único que he hecho es permitir que el ahora se manifieste tal y como es, una oportunidad para mirar desde el amor.

miércoles, 22 de enero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 22

LECCIÓN 22
  
Lo que veo es una forma de venganza.

1. La idea de hoy describe con gran precisión la manera en que todo aquel que alberga en su mente pensamientos de ataque no puede sino ver el mundo. 2Habiendo proyectado su ira sobre el mundo, lo que ve es la venganza a punto de devolverle el golpe. 3De esta manera, percibe su propio ataque como un acto en defensa propia. 4Esto se convierte progresivamente en un círculo vicioso hasta que esté dispuesto a cambiar la manera como ve las cosas. 5De lo contrario, los pensamientos de ataque y contraataque le consumirán y poblarán todo su mundo. 6¿De qué paz mental podría gozar en tales condiciones?

2. De esta fantasía salvaje es de lo que te quieres escapar. 2¿No es maravilloso recibir las buenas nuevas de que no es real? 3¿No te alegra sobremanera descubrir que te puedes escapar de ella? 4Tú has fabricado lo que deseas destruir; lo que odias y lo que quieres atacar y matar. 5Nada de lo que temes existe.

3. Mira hoy al mundo que te rodea por lo menos cinco veces, durante no menos de un minuto cada vez. 2medida que tus ojos pasen lentamente de un objeto a otro, de un cuerpo a otro, di para tus adentros:

3Veo únicamente lo perecedero.
4No veo nada que vaya a perdurar.
5Lo que veo no es real.
6Lo que veo es una forma de venganza.

7Al final de cada sesión de práctica, pregúntate:

8¿Es éste el mundo que realmente quiero ver?

9La respuesta será obvia.

¿Qué me enseña esta lección? 

A lo que veo le doy valor porque he decidido creer que es real. Mi creencia es lo que le confiere significado y aparente importancia. Sin embargo, todo lo que percibo en el mundo es cambiante y transitorio y, por lo tanto, no puede ser real en el sentido en que Dios define la realidad, que es eterna e inmutable.

El ego, para preservar lo que cree real, se ve obligado a defenderlo. Al identificarse con lo perecedero, vive bajo el temor constante de la pérdida. Ese miedo es tan intenso que se traduce en defensa y ataque, pues el ego cree que sólo atacando puede conservar lo que valora. Así, aquello que defiende se convierte en el centro de su existencia.

Lo que el ego desea forma parte de su sistema de creencias, y esas creencias organizan toda su percepción. Si cree que el ataque es el medio para obtener o preservar sus deseos, proyectará ataque y lo verá reflejado en el mundo. De este modo, lo que experimenta a través de los demás no es sino el retorno de su propia decisión mental. El ego interpreta ese retorno como venganza, pues cree que su existencia depende de demostrar que fue injustamente tratado.

Pero nada de esto es real. Aunque todo lo que el ego valora es perecedero, para él parece absolutamente real, y por eso su inconsciente le devuelve imágenes de ataque, confirmando así su creencia inicial. El mundo se convierte entonces en un escenario donde la culpa busca justificación.

La lección de hoy nos ayuda a reconocer que lo que veo es una forma de venganza. He podido observar cómo estos ataques aparecen en forma de emociones, reacciones y sentimientos que surgen al entrar en contacto con el mundo tal como el ego lo interpreta. Cuando busco la luz, aquello que permanece oculto en la mente —residuos del pasado no perdonados— parece alzarse como una exigencia de respuesta, como si me invitara a defenderme o contraatacar.

El Curso enseña que no debo responder al ataque, sino reconocerlo por lo que es: una proyección de culpa sin causa real. El recurso para poner fin a esta experiencia no es luchar contra ella ni analizarla, sino mirarla con honestidad, llevarla a la conciencia y permitir que sea reinterpretada. Al hacerlo, puedo decirme con serenidad: Nada de esto es real.

No como una negación forzada, sino como un acto de reconocimiento. Al aceptar que lo que veo procede de una creencia errónea y no de una causa externa, el deseo de venganza pierde sentido. La percepción se aquieta y la mente se abre a una alternativa: ver con el Espíritu Santo en lugar de ver con el ego.

Así, la lección 22 nos conduce suavemente a soltar el valor que hemos otorgado al ataque y a recordar que la paz no se encuentra en la defensa, sino en el perdón, que es la renuncia a dar realidad a lo que nunca la tuvo.

Propósito y sentido de la lección:


El propósito de esta lección es que reconozcas cómo tu mente, al albergar pensamientos de ataque, proyecta un mundo amenazante y hostil. El sentido profundo es que el mundo que ves es un reflejo de tus creencias y emociones internas. Si crees en el ataque, verás venganza por todas partes; si crees en la separación, verás enemigos y peligros. La lección te invita a darte cuenta de que este ciclo es una fantasía, una construcción mental, y que puedes elegir salir de él. El sentido espiritual es liberador: nada de lo que temes existe realmente, y puedes escapar de la prisión de la percepción de ataque y venganza.

Instrucciones prácticas:

  • Realiza al menos cinco sesiones de práctica a lo largo del día, de un minuto cada una.
  • Durante cada sesión, mira a tu alrededor y deja que tus ojos pasen lentamente de un objeto a otro, de una persona a otra.
  • Repite mentalmente para cada cosa o persona:
    • “Veo únicamente lo perecedero.”
    • “No veo nada que vaya a perdurar.”
    • “Lo que veo no es real.”
    • “Lo que veo es una forma de venganza.”
  • Al final de cada sesión, pregúntate: “¿Es éste el mundo que realmente quiero ver?” y observa sinceramente tu respuesta interna.
  • No te preocupes si surgen resistencias o emociones intensas; obsérvalas y continúa con la práctica.
  • Si te resulta difícil, simplemente hazlo lo mejor que puedas; la honestidad y la disposición son más importantes que la perfección.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección te ayuda a ver cómo el ego proyecta fuera de ti sus propios miedos y deseos de ataque, creando un mundo amenazante que parece justificar la defensa y el contraataque. El ego se siente tan amenazado por perder lo que considera real, que moviliza toda su energía en defenderlo, y así perpetúa el ciclo de ataque y venganza. Reconocer esto es el primer paso para deshacerlo.

Espiritualmente, la lección te recuerda que nada de lo que temes es real, que todo lo que ves es perecedero y, por tanto, irreal. El mundo que ves es una ilusión basada en la creencia en la separación y el ataque. Al mirar de frente estas percepciones y emociones, puedes integrarlas en la consciencia y, finalmente, soltarlas. El recurso para poner fin a la experiencia de ataque es mirar de frente esas percepciones, aceptarlas y decirte: “Nada de eso es real”.

Relación con el resto del Curso:

Esta lección profundiza en la idea de que el mundo que ves es una proyección de tu mente. Se conecta con las lecciones anteriores sobre la responsabilidad de la percepción y la posibilidad de elegir de nuevo. Aquí se introduce con claridad el ciclo de ataque-defensa y cómo sólo puede romperse al reconocer su irrealidad. Es un paso esencial hacia el perdón, pues te ayuda a ver que el ataque y la venganza sólo perpetúan el sufrimiento y que la paz sólo puede venir de una nueva visión.

Consejos para la práctica:

  • No te juzgues si descubres pensamientos de ataque o deseos de venganza; obsérvalos con honestidad y amabilidad.
  • Si surgen emociones intensas, respira y recuérdate que estás aprendiendo a ver de otra manera.
  • Si te olvidas de practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes.
  • Puedes escribir tus observaciones para profundizar en tu autoconocimiento.
  • Recuerda que el objetivo no es negar lo que ves, sino reconocer que lo que ves es una proyección de tus creencias y que puedes elegir de nuevo.
  • Sé paciente contigo mismo: el cambio de percepción es un proceso gradual.

Conclusión final:

La Lección 22 te invita a mirar con honestidad el mundo que ves y a reconocer que, mientras creas en el ataque, verás venganza y peligro por todas partes. Pero también te ofrece la buena noticia de que nada de eso es real y que puedes elegir ver de otra manera. Cada vez que te detienes a observar tus percepciones y a cuestionar su realidad, das un paso hacia la paz y la libertad interior. Recuerda que el mundo que realmente quieres ver es un mundo de paz, inocencia y amor, y que ese mundo comienza en tu mente.

Ejemplo-Guía: ¿Por qué no consigo ser feliz en mi relación de pareja? 

Este ejemplo nos ofrece una oportunidad muy clara para aplicar la lección de hoy. Al inicio de una relación, cuando creemos haber encontrado a alguien especial, experimentamos una intensa sensación de vitalidad y plenitud. La presencia del otro parece conferirle significado a nuestra vida, y su ausencia se vive como una pérdida insoportable. En ese estado, creemos haber encontrado el amor y deseamos que esa experiencia se prolongue indefinidamente.

Sin embargo, esa intensidad no suele mantenerse en el tiempo. Desde la perspectiva del Curso, la razón es clara: ese amor inicial está basado en una relación especial, no en el Amor verdadero. La relación especial nace del deseo del ego de completar su sensación de carencia mediante otro cuerpo. Por ello, está inevitablemente acompañada por el miedo.

El miedo surge cuando la mente cree que ha encontrado algo valioso en el mundo y teme perderlo. En el momento en que el ser amado pasa a ser percibido como una posesión —como “algo mío”— la relación queda atrapada en la lógica del ego. Aquello que se desea se convierte en propiedad, y la propiedad exige control. Es entonces cuando aparecen las condiciones, las exigencias y las expectativas: «harás lo que yo espero», «deberías comportarte de esta manera». La felicidad comienza a erosionarse en el mismo instante en que el amor se convierte en posesión.

La pregunta de fondo no es por qué se pierde la felicidad, sino por qué se teme perder lo que se ama. El Curso enseña que este miedo no tiene su origen en la relación en sí, sino en la creencia más profunda del ego: la identificación con el cuerpo y con un mundo que sabe, aunque no lo admita, que es perecedero. El ego lucha por conservar lo que cree que le da existencia, y por eso vive en constante estado de defensa.

Cuando el ego siente amenazada su seguridad, responde con ira. La ira es la emoción que surge del miedo a la pérdida, y su expresión es el ataque. El otro, que antes era visto como fuente de felicidad, pasa a ser percibido como una amenaza potencial. Desde esta perspectiva, el ataque parece justificarse como autodefensa. Así, lo que veo en la relación se convierte en una forma de venganza, tal como señala la lección 22.

La mente proyecta su propio ataque y luego lo percibe fuera, confirmando su creencia de que el mundo es hostil. El ego cree ver en el otro la causa de su infelicidad, cuando en realidad está viendo el reflejo de su propio miedo y de su deseo de controlar.

La felicidad no puede surgir de la posesión ni del apego, porque nada de lo que es temporal puede ofrecer seguridad real. La felicidad pertenece a un estado mental libre de miedo, no a la obtención o conservación de un objeto especial. Amar, desde el Curso, no es poseer, sino permitir que el otro sea tal como es, sin intentar usarlo para llenar una carencia personal.

La verdadera sanación de la relación comienza cuando dejamos de ver al otro como un medio para nuestra satisfacción y lo reconocemos como nuestro hermano, compartiendo con nosotros una misma Identidad. Este cambio transforma la relación especial en una relación santa, en la que el propósito ya no es obtener algo del otro, sino extender el Amor que ambos comparten.

La felicidad en una relación sólo puede experimentarse cuando se reconoce la unidad. Al trascender el deseo de especialismo, la relación deja de ser un escenario de ataque y defensa y se convierte en un aula de perdón. En ese reconocimiento, cada uno ama al otro como a sí mismo, no porque el otro satisfaga sus deseos, sino porque ambos son Uno en la Filiación Divina.

Así, la lección 22 nos enseña que el conflicto en la relación no procede del otro, sino del valor que hemos dado al miedo y a la posesión. Al retirar ese valor y permitir que la percepción sea corregida, la venganza pierde sentido y la paz se vuelve posible.

Reflexión: Si el mundo que estás viendo no es el que quieres ver, ¿qué crees que debes corregir?

Capítulo 17. VII. La invocación a la fe (3ª parte).

 VII. La invocación a la fe (3ª parte).

7. El poder que se ha depositado en ti, en quien se ha establecido el objetivo del Espíritu Santo, transciende tanto tu limitada con­cepción de lo infinito, que no tienes idea de la magnitud de la fuerza que te acompaña. 2Y puedes usar esta fuerza con perfecta seguridad. 3No obstante, a pesar de su extraordinario poder, tan grande que se extiende allende las estrellas hasta el universo que se encuentra más allá de ellas, tu insignificante falta de fe la puede neutralizar, si en su lugar prefieres valerte de tu falta de fe.

Cuando nuestra mirada se dirige a la inmensidad del universo, no podemos evitar sentirnos "insignificantes" ante tanta grandiosidad. A pesar de ello, esa grandeza se encuentra en nuestro interior, formando parte íntegra de nuestra verdadera identidad espiritual.

La pequeñez forma parte del pensamiento que sirve al sistema de creencia del ego. Percibir la verdad hará caer ese velo que no nos permite ver nuestra realidad divina. La Visión Espiritual nos abrirá la puerta que nos conduce a la grandeza y juntos a nuestros hermanos, retornaremos de nuevo a compartir el Conocimiento Directo con nuestro Creador.

8Considera, no obstante, lo que sigue a continuación, y descu­bre la causa de tu falta de fe: crees que la razón por la que tienes algo contra tu hermano es por lo que él te hizo a ti. 2Mas por lo que realmente lo culpas es por lo que tú le hiciste a él. 3No le guardas rencor por su pasado sino por el tuyo. 4Y no tienes fe en él debido a lo que tú fuiste. 5Tú eres, sin embargo, tan inocente de ello como lo es él. 6Lo que nunca existió no tiene causa, ni está ahí para obstruir a la verdad. 7La falta de fe no tiene causa; la fe, en cambio, sí tiene Causa. 8Esa Causa ha entrado a formar parte de toda situación que comparta Su propósito. 9La luz de la verdad brilla desde el centro de la situación, y ejerce influencia sobre todos aquellos a quienes el propósito de la situación llama. 10Y llama a todo el mundo. 11No hay situación que no incluya a toda tu relación, a todos sus aspectos y a todas sus partes. 12No puedes excluir ningún aspecto de ti mismo y esperar que la situación siga siendo santa. 13Pues ese aspecto comparte el propósito de tu relación en su totalidad y deriva su significado de ella.

La psicología de la mente humana surge de la base de un error ancestral que da lugar a proyectar fuera todo aquello que negamos dentro. Así, al no aceptarnos como pecadores, lanzamos nuestra culpa sobre los demás, lo que nos llevará a juzgarlos y a castigarlos por sus pecados. 

La falta de amor hacia nosotros mismos nos lleva a buscar el amor especial en el otro, pero lo hacemos desde la culpa que esa falta de amor nos genera.

El creernos especiales nos lleva a visionarnos como seres separados del resto de la humanidad. Esa visión es proyectada, igualmente, sobre los demás, llevándonos a interpretar al otro como nuestro enemigo.

9. A menos que la fe que tienes en tu hermano te acompañe en toda situación, serás infiel a tu propia relación. 2Tu fe exhortará a los demás a que compartan tu propósito, tal como el propósito en sí invocó la fe en ti. 3Y verás los medios que una vez empleaste para que te condujesen a las ilusiones, transformados en medios que te conducen a la verdad. 4La verdad invoca la fe, y la fe le hace sitio a la verdad. 5Cuando el Espíritu Santo cambió el propó­sito de tu relación al intercambiar el tuyo por el Suyo, el objetivo que estableció en ella se extendió a toda situación en que jamás puedas verte envuelto. 6Y así liberó del pasado todas las situacio­nes que éste habría desprovisto de significado.

A menos que la creencia en la unidad que nos mantiene unidos a nuestros hermanos se convierta en la fortaleza de nuestra fe, seremos infieles a toda relación. Percibiremos al otro como a nuestro enemigo y lo atacaremos para evitar de este modo su ataque.

Nuestra fe debe contagiar a los demás, pues la verdad que ha abierto nuestros ojos a la realidad que compartimos con el Espíritu Santo también se encuentra en cada uno de nuestros hermanos.

Tan solo la ilusión provocada por la falta de fe puede poner en peligro esa relación de amor.

10. Invocas la fe por razón de Aquel que te acompaña en toda situación. 2Ya no estás completamente loco ni tampoco solo. 3Pues la idea de que en Dios puede haber soledad no puede sino ser un sueño. 4Tú, cuya relación comparte el objetivo del Espíritu Santo, has sido alejado de la soledad porque la verdad ha llegado. 5Su invocación a la fe es poderosa. 6No uses tu falta de fe contra la verdad, pues ésta te exhorta a que te salves y a que estés en paz. 

La soledad forma parte del mundo irreal que ha fabricado el ego. Al percibir al otro como separado de nosotros, lo que estamos haciendo es proyectar nuestra división interior, nuestra unidad. Ello nos lleva a percibir la necesidad en forma de soledad. Es como si nos faltase una parte de nuestra unidad. Esa parte son los demás, con los que en verdad formamos la creación de Dios.

Cuando la fe participa de la Mente Recta, nos lleva a percibir al otro formando parte de nuestro ser. Esa visión nos lleva a compartir el amor en nuestras relaciones y, por tanto, a gozar plenamente de los pensamientos compartidos con los demás.

martes, 21 de enero de 2025

Capítulo 17. VII. La invocación a la fe (2ª parte).

VII. La invocación a la fe (2ª parte).

4. Únicamente lo que tú no has dado es lo que puede faltar en cualquier situación. 2Pero recuerda esto: la santidad fue la meta que se fijó para tu relación, y no fuiste tú quien lo hizo. 3No fuiste tú quien la fijó porque la santidad no se puede ver excepto mediante la fe, y tu relación no era santa por razón de la limitada y reducida fe que tenías en tu hermano. 4Tu fe tiene que aumen­tar para poder alcanzar la meta que se ha fijado. 5La realidad de la meta facilitará eso, pues te permitirá ver que la paz y la fe no vienen por separado. 6¿Cómo podrías estar en una situación sin tener fe y al mismo tiempo serle fiel a tu hermano?

La Filiación Divina, el Hijo de Dios, goza de la santidad de Su Padre. El Amor y la Unidad son dos de sus Atributos y son eternos. El Amor es inquebrantable. Cuando otra creencia se interpone ante esa verdad, se produce una alteración en la fe verdadera, lo que da lugar a la mala fe o creencia errónea. Podemos decir que la mala fe es lo mismo que la falsa fe, pues lo que nos está indicando es que la ilusión se ha apoderado de la verdadera realidad.

La falsa fe nos lleva a interpretar a nuestros hermanos como a nuestros enemigos. Los percibimos con una identidad pasajera y quebrantable, lo que significa la ausencia de la esencia del Amor. Identificado con una personalidad pecadora y merecedora del castigo que mitigue la culpa que siente, la santidad que comparte la Filiación desaparece bajo las sombras que proyecta la identidad egoica.

5. Cada situación en la que te encuentras no es más que un medio para satisfacer el propósito que se estableció para tu relación. 2Si la ves como algo diferente, es que te falta fe. 3No hagas uso de esa falta de fe. 4Deja que se presente y obsérvala con calma, pero no hagas uso de ella. 5La falta de fe es la sierva de lo ilusorio, y es totalmente fiel a su amo. 6Haz uso de ella, y te llevará directa­mente a las ilusiones. 7No te sientas tentado por lo que te ofrece. 8La falta de fe no supone ningún obstáculo para el objetivo, sino para el valor que éste tiene para ti. 9No aceptes la ilusión de paz que te ofrece, sino que, por el contrario, contempla su ofrecimiento y reconoce que es una ilusión.

Cada encuentro de relación con nuestros hermanos es una invitación a dar fe de nuestra creencia en la unidad. Ello supondrá que reconocemos a nuestro hermano como parte integrante de la Filiación que conforma el acto creador de Dios.

Verlo de otra manera, esto es, verlo desde la falta de fe, nos mostrará el contenido de nuestra creencia errada en la separación.

Todo ello da lugar, me refiero a la situación que da lugar a una experiencia de relación, a poner a prueba nuestra fe en la verdad. Nos enfrentamos, una vez más, a elegir la realidad o la ilusión. Si no queremos ver a nuestro hermano desde la unidad, es porque no creemos en que ello sea verdad. Siempre proyectamos fuera de nosotros aquello que vemos en nuestro interior. Al vernos como pecadores, separados de nuestro Creador, trasladaremos esa misma visión fuera de nosotros, de tal modo que el otro será alguien ajeno a nosotros.

6. El objetivo de la ilusión está tan estrechamente vinculado a la falta de fe como la fe lo está a la verdad. 2Si pones en duda que alguien pueda desempeñar su papel, y desempeñarlo perfecta­mente en cualquier situación entregada de antemano a la verdad, es que la entrega no fue absoluta. 3Esto significa que no has tenido fe en tu hermano y que has usado tu falta de fe contra él. 4Nin­guna relación es santa a menos que su santidad la acompañe a todas partes. 5De la misma manera en que la santidad y la fe van de la mano, así su fe tiene también que acompañarla a todas par­tes. 6La realidad del objetivo inspirará y obrará cualquier milagro que sea necesario para su logro. 7Cualquier cosa tanto si es dema­siado grande como demasiado pequeña, demasiado débil o de­masiado apremiante, será puesta dulcemente a su servicio para apoyar su propósito. 8El universo la servirá gustosamente, tal como ella sirve al universo. 9Pero no interfieras.

La luz de la verdad resplandece eternamente para todo aquel que quiere gozar de ella. Tan solo tenemos que invocarla en nombre del amor que nos une a ella, para que se nos muestre a la consciencia. El acto consciente de buscar la verdad es un llamamiento para que todas las fuerzas que trabajan para el amor se pongan a nuestra disposición y nos allanen el camino para disfrutar de ese encuentro milagroso.