
Reflexión: ¿Cómo empleamos nuestra voluntad para que nos lleve hacia la libertad?
El Pensamiento es Creador..., nuestro mundo es creado a su imagen y semejanza... Nuestra realidad es el reflejo de nuestros pensamientos. Si no somos felices con el mundo que nos rodea..., cambiemos nuestra manera de pensar con respecto al mundo... En este espacio, elaboraremos "nuevos platos" para alimentar nuestra mente con la única fuerza que verdaderamente es real, la Fuerza de Atracción, la Fuerza del Amor.
“13Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.2Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.9El que tiene oídos para oír, oiga”.
El "pecado" de Adán no habría podido afectar a nadie, si él no hubiese creído que fue el Padre Quien le expulsó del paraíso. Pues a raíz de esa creencia se perdió el conocimiento del Padre, ya que sólo los que no le comprenden podían haber creído tal cosa” (T-13.In.3:6-7).
X. La hora del renacer (3ª parte).
7. ¡Cuán temible, pues, se ha vuelto Dios para ti! a¡Y cuán grande es el sacrificio que crees que exige Su amor! 2Pues amar totalmente supondría un sacrificio total. 3Y de este modo, el ego parece exigirte menos que Dios, y de entre estos dos males lo consideras el menor: a uno de ellos tal vez se le deba temer un poco, pero al otro, a ése hay que destruirlo. 4Pues consideras que el amor es destructivo, y lo único que te preguntas es: ¿quién va a ser destruido, tú u otro? 5Buscas la respuesta a esta pregunta en tus relaciones especiales, en las que en parte pareces ser destructor y en parte destruido, aunque incapaz de ser una u otra cosa completamente. 6Y crees que esto te salva de Dios, Cuyo absoluto Amor te destruiría completamente.
La única manera de acabar con la hegemonía del miedo, no es hacer un acto de sacrificio en nombre del amor. Todo es más fácil y menos dolorosos. Lo único que tenemos que hacer es permitir que la esencia de nuestra verdadera identidad se exprese, se expanda, a través de nosotros, compartiéndola con los demás.
8. Crees que todo el mundo exige algún sacrificio de ti, pero no te das cuenta de que eres tú el único que exige sacrificios, y únicamente de ti mismo. 2Exigir sacrificios, no obstante, es algo tan brutal y tan temible que no puedes aceptar dónde se encuentra dicha exigencia. 3El verdadero costo de no aceptar este hecho ha sido tan grande que, antes que mirarlo de frente, has preferido renunciar a Dios. 4Pues si Dios te exigiese un sacrificio total, parecería menos peligroso proyectarlo a Él al exterior y alejarlo de ti, que ser Su anfitrión. 5A Él le atribuiste la traición del ego, e invitaste a éste a ocupar Su lugar para que te protegiese de Él. 6Y no te das cuenta de que a lo que le abriste las puertas es precisamente lo que te quiere destruir y lo que exige que te sacrifiques totalmente. 7Ningún sacrificio parcial puede aplacar a este cruel invitado, pues es un invasor que tan sólo aparenta ser bondadoso, pero siempre con vistas a hacer que el sacrificio sea total.
Hemos interpretado que nuestro acto de desobediencia al mandato de nuestro Creador, de no comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, supuso un pecado, al que los Textos Sagrados, ha llamado "Pecado Original", en un intento de recordarnos de que ese acto es lo que ha dado origen a nuestro estado actual. Esa creencia original, ese pensamiento original, propició la idea de que éramos culpables de tal fechoría y que, por lo tanto, deberíamos ocultarnos a los ojos del Creador, para no recibir el justificado castigo que dicha acción requería. La elección de ocultar ese temor, ese miedo, le llevó a inventar un acto compensatorio, y fue así, como imaginó que debía sacrificarse en nombre del amor, para, de alguna manera, equilibrar la balanza "pecado-redención", esto es, reconozco que he "metido la pata", que he enfadado al Creador, pero con el sacrificio, seguro que sabrá reconocer mi arrepentimiento y me perdonará.
Bueno, realmente, el ego, tenía que encontrar el modo de garantizar su recién apariencia, por un lado, y ofrecer garantías de que utilizaría la moneda del "amor-sacrificio" para mantener oculta su verdadera creencia, de cara a los demás (engañar a la mente), su miedo al amor, su negativa real a amar, pues ello significaría su final.
9. No lograrás ser un rehén parcial del ego, pues él no cumple sus promesas y te desposeerá de todo. 2Tampoco puedes ser su anfitrión sólo en parte. 3Tienes que elegir entre la libertad absoluta y la esclavitud absoluta, pues éstas son las únicas alternativas que existen. 4Has intentado transigir miles de veces a fin de evitar reconocer la única alternativa por la que te tienes que decidir. 5Sin embargo, reconocer esta alternativa tal como es, es lo que hace que elegirla sea tan fácil. 6La salvación es simple, por ser de Dios, y es, por lo tanto, muy fácil de entender. 7No trates de proyectarla y verla como algo que se encuentra en el exterior. 8En ti se encuentran tanto la pregunta como la respuesta, lo que te exige sacrificio así como la paz de Dios.
Retomamos una vez más, una lección que se repite, reiteradamente, en las enseñanzas que nos aporta el Curso en Milagros. Me refiero a la libre elección, como una expresión del Principio Creador por excelencia, la voluntad.
La alternativa es una y fácil de entender. O elegimos al ego-miedo, o elegimos al Espíritu-Amor. Todos nosotros tenemos experiencias que nos ayudarán a tomar una elección. Estamos en condiciones de reconocer, que cuando hemos elegido como guía al ego, las percepciones que experimentamos nos hablan de sacrificios, de sufrimiento y de dolor.
X. La hora del renacer (2ª parte).
4. En tus manos está hacer que esta época del año sea santa, pues en tus manos está hacer que la hora de Cristo tenga lugar ahora. 2Es posible hacer esto de inmediato, pues lo único que ello requiere es un cambio de percepción, ya que únicamente cometiste un error. 3Parecen haber sido muchos, pero todos ellos son en realidad el mismo. 4Pues aunque el ego se manifiesta de muchas formas, es siempre la expresión de una misma idea: 5lo que no es amor es siempre miedo, y nada más que miedo.
¿Estás dispuesto a deshacer lo aprendido bajo la guía de la creencia en el miedo? ¿Te imaginas lo que ello significa? Dejar de sentirnos prisioneros de la culpa, de la creencia en el pecado, nos situará frente a frente con el instante santo, con el presente, en el que podemos elegir ser libres. Dejemos de creer en el miedo y seremos libres para amar, libres para expresar nuestra santidad.
5. No es necesario seguir al miedo por todas las tortuosas rutas subterráneas en las que se oculta en la oscuridad, para luego emerger en formas muy diferentes de lo que es. 2Pero sí es necesario examinar cada una de ellas mientras aún conserves el principio que las gobierna a todas. 3Cuando estés dispuesto a considerarlas, no como manifestaciones independientes, sino como diferentes expresiones de una misma idea, la cual ya no deseas, desaparecerán al unísono. 4La idea es simplemente ésta: crees que es posible ser anfitrión del ego o rehén de Dios. 5Éstas son las opciones que crees tener ante ti, y crees asimismo que tu decisión tiene que ser entre una y otra. 6No ves otras alternativas, pues no puedes aceptar el hecho de que el sacrificio no aporta nada. 7El sacrificio es un elemento tan esencial en tu sistema de pensamiento, que la idea de salvación sin tener que hacer algún sacrificio no significa nada para ti. 8Tu confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que te resulta imposible concebir el amor sin sacrificio. 9Y de lo que debes darte cuenta es de lo siguiente: el sacrificio no es amor sino ataque. 10Sólo con que aceptases esta idea, tu miedo al amor desaparecería. 11Una vez que se ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad. 12Pues si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane. 13Y la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.
Podríamos plantear esta cuestión de otra manera, ¿por qué razón elegimos sufrir, a ser feliz?
Es evidente, que estos planteamientos van dirigidos al sistema de pensamiento del ego, el cual, los mantiene custodiado como uno de sus principales tesoros. La respuesta a estas cuestiones se encuentra en los intereses del ego. El valora más, todo aquello que reafirme y fundamente a su identidad, antes de enfrentarse a la verdadera realidad que le ofrece la creencia en el Amor.
Prefiere, utilizar el amor disfrazado de sacrificio hacia el otro, que reconocer la unidad que comparten sus mentes. La unidad que ofrece la visión del amor, significaría su declaración de inexistencia, esto es, su final.
Los argumentos que utiliza el sistema de pensamiento del ego para defender la valía del sacrificio como expresión de amor, son muy sutiles. Forman parte de la más astuta de sus argucias para evitar que descubramos, que detrás de esa artimaña, lo que realmente esconde es su miedo al amor, pues amar es su desaparición.
6. Como anfitrión del ego, crees que puedes descargar toda tu culpabilidad siempre que así lo desees, y de esta manera comprar paz. 2Y no pareces ser tú el que paga. 3Y aunque si bien es obvio que el ego exige un pago, nunca parece que es a ti a quien se lo exige. 4No estás dispuesto a reconocer que el ego, a quien tú invitaste, traiciona únicamente a los que creen ser su anfitrión. 5El ego nunca te permitirá percibir esto, ya que este reconocimiento lo dejaría sin hogar. 6Pues cuando este reconocimiento alboree claramente, ninguna apariencia que el ego adopte para ocultarse de tu vista te podrá engañar. 7Toda apariencia será reconocida tan sólo como una máscara de la única idea que se oculta tras todas ellas: que el amor exige sacrificio, y es, por lo tanto, inseparable del ataque y del miedo. 8Y que la culpabilidad es el costo del amor, el cual tiene que pagarse con miedo.
Ya lo veíamos en la reflexión del punto anterior, los argumentos del ego para convencernos de que el sacrificio es un acto de amor por los demás, se encuentran siempre bien ocultos a nuestra conciencia, para evitar que descubramos, que, en verdad, el sacrificio siempre tiene un elevado precio y ese precio forma parte de la letra pequeña en el contrato que mantenemos en nuestras relaciones especiales con la persona hacia la que nos sentimos atraídos por el recuerdo inconsciente de la culpa. Ese precio, no persigue otra cosa que perpetuar esa culpa, y si no lo tenemos claro, no te preocupes, el ego se encargará de recodárnoslo: "Así es como me pagas el sacrificio que he hecho por ti..."
¿Lo has inscrito ya con tinta permanente? "lo que no es amor es siempre miedo, y nada más que miedo"
X. La hora del renacer (1ª parte).
1. Mientras estés en el tiempo, tendrás el poder de demorar la perfecta unión que existe entre Padre e Hijo. 2Pues en este mundo, la atracción de la culpabilidad se interpone entre ellos. 3En la eternidad, ni el tiempo ni las estaciones del año tienen significado alguno. 4Pero aquí, la función del Espíritu Santo es valerse de ambas cosas, mas no como lo hace el ego. 5Ésta es la temporada en la que se celebra mi nacimiento en el mundo. 6Más no sabes cómo celebrarlo. 7Deja que el Espíritu Santo te enseñe, y déjame celebrar tu nacimiento a través dé Él. 8El único regalo que puedo aceptar de ti es el regalo que yo te hice. 9Libérame tal como yo elijo liberarte a ti: 10Celebramos la hora de Cristo juntos, pues ésta no significa nada si estamos separados.
Tal vez, la razón de que la Navidad sí despierte en mí, esas sensaciones de felicidad y alegría, responda a la seducción que me ofrece el disfrutar de las calles engalanadas con sus luces brillantes y de colores; con los cánticos de villancicos y con las tiendas abarrotadas de regalos, a cuál más seductor. Sí, es fácil dejarse contagiar por el ambiente navideño. Los belenes, los árboles de navidad, el olor de los hogares, donde las familias se sienten llamadas a convivir en paz, en verdad, son inspiradores y nos brindan la oportunidad de participar en esa puesta en escena, que parece despertar en cada uno de nosotros, el recuerdo del verdadero significado que se festeja, el renacer del Amor, el renacer de la Luz, en la noche más oscura del año.
No voy a entrar, en el uso que hace el ego de la Navidad, pues, estoy seguro que no es necesario decir, que está manipulada para satisfacer las carencias propias del sistema de pensamiento que postula: la codicia, el egoísmo, la posesión, el miedo...
Lo que sí voy a hacer, es plantear una reflexión sobre el uso que hace el Espíritu Santo de la Navidad. El mensaje del renacer de Jesús, en un humilde pesebre rodeado del calor de una mula y un buey, como reza la tradición, es una clara invitación a que reconozcamos, que el Amor no es especial, no debe seguir las leyes del ego, donde las apariencias es lo que prima, por encima de lo esencial. El Espíritu Santo utiliza esa simbología navideña para inspirarnos el recuerdo de lo esencial que hay en nuestro interior. Las luces, los regalos, los encuentros familiares, todos los personajes que rodean la navidad, llevan el mismo mensaje a nuestra consciencia. Debemos ser portadores de luz y amor, debemos dar lo que tenemos y compartillo con los demás, debemos ser creadores de paz y felicidad. Ese es el significado de la Navidad, el renacer de nuestra verdadera identidad.
2. El instante santo es verdaderamente la hora de Cristo. 2Pues en ese instante liberador, no se culpa al Hijo de Dios por nada y, de esta manera, se le restituye su poder ilimitado. 3¿Qué otro regalo puedes ofrecerme cuando yo elijo ofrecerte sólo éste? 4Verme a mí es verme en todo el mundo y ofrecerles a todos el regalo que me ofreces a mí. 5Soy tan incapaz de recibir sacrificios como lo es Dios, y todo sacrificio que te exiges a ti mismo me lo exiges a mí también. 6Debes reconocer que cualquier clase de sacrificio no es sino una limitación que se le impone al acto de dar. 7Y mediante esa limitación limitas la aceptación del regalo que yo te ofrezco.
Tendríamos que inscribirlo con tinta permanente, el mensaje que se recoge en este punto y que, el ego, se niega a creer: "reconocer que cualquier clase de sacrificio no es sino una limitación que se impone al acto de dar".
Para dar, no supone ningún esfuerzo, cuando percibimos la vida desde la verdad, esto es, desde la Visión Crística de la Unidad. Dar es la expresión natural del Amor Incondicional. Sin embargo, la escasez y la necesidad, son falsos pensamientos que se han apoderado de nuestra mente al albergar la creencia en la separación, en el pecado y en la culpa. El ego piensa, está convencido, de que cuando da, pierde, lo que le lleva a creer, igualmente, que dar, siempre es un acto de sacrificio y así se lo recuerda a aquel al que da, despertando y perpetuando el sentimiento de la culpa en el otro.
"Me he sacrificado toda la vida por ti, y así me lo pagas" Seguro que reconocerás en el contenido de esa expresión, la identidad del ego.
3. Nosotros que somos uno, no podemos dar por separado. 2Cuando estés, dispuesto a reconocer que nuestra relación es real, la culpabilidad dejará de ejercer atracción sobre ti. 3Pues en nuestra unión aceptarás a todos nuestros hermanos. 4Nací con el solo propósito de dar el regalo de la unión. 5Dámelo a mí, para que así puedas disponer de él. 6La hora de Cristo es la hora señalada para el regalo de la libertad que se le ofrece a todo el mundo. 7Y al tú aceptarla, se la ofreces a todos.
En cambio, cuando damos desde la frecuencia ego, lo que damos, lo hacemos desde el miedo (a perder), por lo que condicionamos dicho acto, con la exigencia de que se nos devuelva en la misma proporcionalidad a lo que hemos dado, sino exigimos un interés por lo dado. ¿Os resuena esto? El ego cuando da, aun viviéndolo como un sacrificio, siempre lo hace esperando recibir algo a cambio. No lo hace desinteresadamente.
El camino que nos conduce al Cielo, a la Salvación, es el camino de la Unidad, del Amor, del Perdón.
Todas las sendas conducen a ese camino. Es el camino real y verdadero.
Podemos caminar por las sendas que elijamos. Podemos, incluso, perdernos en nuestro propósito de encontrar el verdadero camino, pero, al final, retomaremos la senda que nos conduzca a él.
Mientras que seguimos identificados con el ego, con el cuerpo, construiremos nuestros propios caminos. Esos caminos son diferentes unos de otros. Su característica principal reside en la diferencia. Pensamos que nuestro camino es el mejor y perseguimos que sea el menos transitado, pues ello nos permite sentirnos especial.
Un día nos damos cuenta de que al final del camino nos vemos obligados a retornar sobre nuestros pasos y partir de nuevo del punto de inicio. Probamos con nuevas rutas; nuevas sendas se bifurcan unas con otras, en un intento de alcanzar una meta cuyo final, realmente, no nos satisface.
Tan sólo, cuando comprendemos que todas las sendas deben confluir, es cuando somos capaces de encontrar la puerta que nos conduce al camino correcto. Ese camino siempre ha estado esperándonos. Ese camino nos conduce a un estado de percepción que nos hace consciente de que somos los soñadores del sueño en el que somos protagonista.
Sí, ese camino nos permite encontrar el sendero que nos lleva de vuelta a nuestro verdadero hogar.
Hoy, elijo, el camino que el Padre ha dispuesto. Hoy, camino de su mano hasta el trono de la Paz.
IX. El instante santo y la atracción de Dios (2ª parte).
4. Es imposible dividir tu fuerza entre el Cielo y el infierno, o entre Dios y el ego, y liberar el poder que se te dio para crear, que es para lo único que se te dio. 2El amor siempre producirá expansión. 3El ego es el que exige límites, y éstos representan sus exigencias de querer empequeñecer e incapacitar. 4Si te limitas a ver a tu hermano como un cuerpo, que es lo que harás mientras no quieras liberarlo del mismo, habrás rechazado el regalo que él te puede hacer. 5Su cuerpo es incapaz de dártelo, 6y tú no debes buscarlo a través del tuyo. 7Entre vuestras mentes, no obstante, ya existe continuidad, y lo único que es necesario es que se acepte su unión para que la soledad desaparezca del Cielo.
La relación, cuando es inspirada por el Espíritu Santo, nos permitirá experimentar las relaciones ilimitadas, las que se fundamentan en la unidad de las mentes.
5. Sólo con que le permitieses al Espíritu Santo hablarte del Amor que Dios te profesa y de la necesidad que tienen tus creaciones de estar contigo para siempre, experimentarías la atracción de lo eterno. 2Nadie puede oír al Espíritu Santo hablar de esto y seguir estando dispuesto a demorarse aquí por mucho más tiempo. 3Pues tu voluntad es estar en el Cielo, donde no te falta nada y donde te sientes en paz, en relaciones tan seguras y amorosas que es imposible que en ellas haya límite alguno. 4¿No desearías intercambiar tus irrisorias relaciones por esto? 5Pues el cuerpo es insignificante y limitado, y sólo aquellos que desees ver libres de los límites que el ego quisiera imponer sobre ellos, pueden ofrecerte el regalo de la libertad.
¿Si nos están ofreciendo el Cielo, vamos a desear el infierno? No, verdad. Entonces, ¿por qué seguimos fieles al infierno? ¿Por qué seguimos creyendo en la separación? ¿Por qué seguimos rindiendo culto al cuerpo? ¿Por qué seguimos teniendo miedo al amor?
Si estás leyendo estas líneas es porque, ambos, tú y yo, aún nos encontramos en el mundo de la percepción, lo que significa que aún estamos soñando. Sí, podemos interpretarlo como parte de un sueño feliz, en el cual, estamos compartiendo un modo diferente de ver las cosas de otra manera, a como la hemos percibidos anteriormente. Sí, tenemos un cuerpo y nuestros ojos perciben el mundo físico bajo las leyes del ego, aunque no creemos en ello. Somos afortunados por ello. Pero lo que percibimos, no es, ni por asomo, una muestra de lo que nos ofrece la Luz cuando nos encontremos de retorno en nuestro Hogar, el Cielo. En ese Estado de Consciencia, dejamos de percibir cuerpos, para ver la Luz del Espíritu. El placer físico que se sienten por la unión de los cuerpos en el acto sexual, no es comparable, con el placer espiritual que nos regala la Visión de los demás Seres de Luz.
Seremos habitantes del Cielo, de manera permanente, cuando dejemos de necesitar sentirnos especiales y diferentes a lo que realmente somos.
La comunicación verdadera es la que se c
"Nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que tú has fabricado es muy evidente. De hecho, ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que crees que estarías mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de la "separación", que es lo que significa la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particular de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres" (T-1.VI.1:2-10).
"La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican, suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto" (T-1.VI.2:1-5).
"La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias" (T-1.VI.3:1-6).