sábado, 16 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 321

¿Qué es la creación?


1. La creación es la suma de todos los Pensamientos de Dios, en número infinito y sin límite alguno en ninguna parte. 2Sólo el Amor crea, y únicamente a Su semejanza. 3Jamás hubo tiempo alguno en el que todo lo que creó no existiese. 4Ni jamás habrá tiempo alguno en que nada que haya creado sufra merma alguna. 5Los Pensamientos de Dios han de ser por siempre y para siempre exactamente como siempre han sido y como son: inalterables con el paso del tiempo, así como después de que éste haya cesado.

2. Los Pensamientos de Dios poseen todo el poder de su Creador. 2Pues Él quiere incrementar el Amor extendiéndolo. 3Y así, Su Hijo participa en la creación, y, por lo tanto, no puede sino com­partir con su Padre el poder de crear. 4Lo que Dios ha dispuesto que sea uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a través del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo.

3. La creación es lo opuesto a todas las ilusiones porque es la ver­dad. 2La creación es el santo Hijo de Dios, pues en la creación Su Voluntad es plena con respecto a todo, al hacer que cada parte contenga la Totalidad. 3La inviolabilidad de su unicidad está garantizada para siempre, perennemente a salvo dentro de Su santa Voluntad, y más allá de cualquier posibilidad de daño, separación, imperfección o de nada que pueda mancillar en modo alguno su impecabilidad.

4. Nosotros, los Hijos de Dios, somos la creación. 2Parecemos estar separados y no ser conscientes de nuestra eterna unidad con Él. 3Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza, 4pues el Amor jamás abandona Sus Pensamientos, y ellos comparten Su certeza. 5El recuerdo de Dios se encuentra en nuestras mentes santas, que son conscientes de su unicidad y de su unión con su Creador. 6Que nuestra función sea únicamente permitir el retorno de este recuerdo y que Su Voluntad se haga en la tierra, así como que se nos restituya nuestra cordura y ser solamente tal como Dios nos creó.

5. Nuestro Padre nos llama. 2Oímos Su Voz y perdonamos a la creación en Nombre de su Creador, la Santidad Misma, Cuya san­tidad Su creación comparte con Él; Cuya santidad sigue siendo todavía parte de nosotros.



LECCIÓN 321

Padre, mi libertad reside únicamente en Ti.

1. No entendía lo que me podía hacer libre, ni lo que era mi libertad o adónde ir a buscarla. 2Y así, Padre, busqué en vano hasta que oí Tu Voz dirigiéndome. 3Ahora ya no deseo seguir siendo mi propio guía. 4Pues la manera de encontrar mi libertad no es algo que yo haya ideado o que comprenda. 5Pero confió en Ti. 6Y me mantendré consciente de Ti que me dotaste con mi libertad por ser Tu santo Hijo. 7Tu Voz me dirige, y veo que el camino que conduce hasta Ti por fin está libre y despejado. 8Padre, mi libertad reside únicamente en Ti. 9Padre, mi voluntad es regresar.

2. Hoy respondemos por el mundo, el cual será liberado junto con nosotros. 2¡Qué alegría encontrar nuestra libertad por el ine­quívoco camino que nuestro Padre ha señalado! 3¡Y cuán segura es la salvación de todo el mundo cuando nos damos cuenta de que sólo en Dios podemos encontrar nuestra libertad!


¿Qué me enseña esta lección? 

Para ser libres, hay que Ser.

No es un juego de palabras. Se trata de una afirmación que nos lleva a la Verdad: nuestra verdadera identidad no se encuentra en lo que poseemos, sino en lo que realmente somos.

No somos un cuerpo y no somos aquello que es capaz de atesorar ese cuerpo siguiendo los mandatos de una mente identificada con lo temporal.

Somos un Ser Espiritual, el Hijo de Dios, creado de la expansión creadora de Dios. Imagen y Semejanza del Padre, el Hijo de Dios, es libre desde su condición divina.

La libertad ha de llevarnos a dar testimonio de la única Verdad, la que nos lleva a afirmar que somos Uno en nombre de nuestro Padre y de su Eterna Fuerza, el Amor.

Hemos sido creados en un acto de libre voluntad y ese germen creador ha sido depositado en nuestro Ser, de modo que estamos dotados de esa capacidad creadora y de la libre condición para crear.

La libertad es el regalo que Dios hizo a su Hijo. Ni el propio Padre interfiere en el uso de la libertad dispensada a su Hijo. Es Ley del Universo el respeto de la libertad.

Ser libres nos lleva a ser responsables de nuestros actos. Tan sólo los actos de amor son portadores de libertad y tienen la capacidad de expandirse y multiplicarse abundantemente.

Los actos de odio, basados en el miedo y carentes de amor, son la consecuencia de una mente errada, cuyos pensamientos le llevan a creer que nos encontramos separados del mundo que percibimos. En verdad, el miedo y el odio no son verdad, son pensamientos creados por la falta de amor y darán lugar a acciones que requieren rectificación y corrección al creernos pecadores. El único correctivo que pone fin a ese falso pensamiento es el perdón.

Ejemplo-Guía: "Voluntad, Unidad, Libertad y Mente Recta es igual a creación"

¿Qué queremos decir con ello? Hemos reflexionado sobre la correspondencia que se recoge en cada una de esas "expresiones". ¿Habíamos relacionado el acto de la voluntad con la Unidad, con la Libertad, con la Mente Recta, con nuestras creaciones?

¿Hemos reflexionado alguna vez sobre la expresión: la voluntad te hace libre?

Esa correspondencia tiene un profundo significado. Si nuestra voluntad es la Voluntad de Dios, entonces será la expansión de la visión basada en la verdad, en la Unidad. Ese acto de libertad, ese acto creador, es la manifestación de nuestra mente recta, con lo cual, de esa causa tan solo se pueden derivar efectos acordes con su vibración; serán efectos llenos de luz, la expresión del Amor.

¿Reconoces en tu vida el destello o el resplandor de esa luz, o, por el contrario, te sientes envuelto en un mar de tinieblas?

Cuando la voluntad se pone al servicio del deseo, tiene lugar una alteración de esa luz blanca, símbolo de la unidad, transformándose en la multiplicidad de colores; es lo que llamamos diversidad, expresión que se deriva de la separación, de la dualidad. Esa voluntad, aun expresándose desde el principio de la libertad, nos lleva a un estado de condicionamiento, pues nos hace esclavos de nuestros deseos y pasiones, de estados emocionales caóticos y depresivos.

No estamos diciendo nada diferente a todo lo dicho en anteriores lecciones, cuando hemos analizado las consecuencias de ser fieles al sistema de pensamiento del ego o servir a la verdad.

La experiencia ha de llevarnos a ser conscientes del efecto que causa nuestra voluntad, la expresión de nuestra libertad. Tan solo la verdad nos hace libres, pues cuando esa libertad nos lleva a caer prisioneros del miedo, el sentimiento protagonista del mundo irreal, desde ese momento, dejamos de ser libres y depositamos las llaves de nuestra celda en manos de los demás, cuando en verdad los demás son imágenes proyectadas en nuestros sueños.

Reflexión: ¿Cómo empleamos nuestra voluntad para que nos lleve hacia la libertad?

viernes, 15 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 320

LECCIÓN 320

Mi Padre me da todo poder.

1. El Hijo de Dios no tiene límites. 2Su fuerza es ilimitada, así como su paz, su júbilo, y todos los atributos con los que su Padre lo dotó en su creación. 3Lo que dispone con su Creador y Reden­tor se hace. 4Lo que su santa voluntad dispone jamás puede ser negado porque su Padre refulge en su mente, y deposita ante ella toda la fuerza y amor de la tierra y del Cielo. 5Yo soy aquel a quien todo esto se le da. 6Yo soy aquel en quien reside el poder de la Voluntad del Padre.

2. Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí. 2Tu Voluntad no tiene límites. 3Por lo tanto, a Tu Hijo se le ha dado todo poder.

¿Qué me enseña esta lección? 

La Voluntad es el Principio más elevado con el que Dios, nuestro Padre, nos ha dotado.

Hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, lo que significa que potencialmente somos portadores de los Atributos Divinos.

Si utilizamos nuestro poder volitivo y lo ponemos al servicio de nuestro Padre, entonces Su Voluntad y nuestra Voluntad vibrarán al unísono y todo cuanto emane de nosotros llevará el sello de la Eternidad, es decir, será verdadero.

Cuando nuestra Voluntad vibra al unísono con la Voluntad de nuestro Creador, estamos expandiendo a través de nuestra mente la visión verdadera de la unidad y de la pureza. Ello significa que reconocemos en nuestros hermanos el sello sagrado de la inocencia, símbolo de su condición Divina.

Gracias a la Voluntad, el Hijo de Dios tiene el poder de crear. Gracias a ese Principio, el Hijo de Dios ejerce su libertad.

La cuestión que debemos plantearnos en el nivel en el que nos encontramos es la siguiente: ¿qué uso hacemos de nuestra Voluntad?

Cuando tomemos consciencia del inmenso poder que encierra el acto volitivo, nuestras vidas ya no permanecerán estancadas en ningún escalón de la escalera evolutiva. Ya nada nos detendrá. Caminaremos firmes hacia la meta que Dios nos ha encomendado, hacia la salvación.

Ejemplo-Guía: "¿Qué uso haces de tu poder divino, de tu voluntad?"

La voluntad, ya lo he adelantado, es el Principio más elevado con el que Dios nos ha creado. Su Creación responde a un acto de Voluntad. El acto de expandir Su Mente es un acto de Voluntad. Tal es así que podemos decir que somos Su Voluntad, somos Hijos de la Voluntad de Dios, lo que significa que somos portadores de ese poder creador.

La voluntad podemos compararla con una semilla. Utilizar ese ejemplo nos ayudará a conocer su potencial. Cuando utilizamos una semilla y la sembramos en tierra fértil, si la cuidamos adecuadamente, esa semilla nos dará sus frutos. Con ello queremos decir que nuestras creaciones tienen su causa en la voluntad y ese Principio emana de nuestra mente. Cuando el acto creador ha dado sus frutos y determinamos que es un buen fruto, podemos decir que la Mente se ha puesto al servicio de la verdad, esto es, del Amor, de la Unidad.

Pero sabemos que esa semilla podemos utilizarla inadecuadamente y proceder tal y como se describe en la parábola del sembrador (versión según Mateo):
“13Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
2Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.
3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 
4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 
5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
9El que tiene oídos para oír, oiga”.
Si no damos a nuestra voluntad -semilla- el impulso necesario, la continuidad necesaria, no alcanzará arraigar en la tierra y los frutos se perderán. Si aplicamos este mensaje a nuestras vidas, tendremos que reflexionar sobre la causa a la que sirve nuestra voluntad, pues en ella va implícita nuestra mente, mejor dicho, nuestros pensamientos.

Cuando la voluntad-semilla no sirve a la verdad, el fruto que cosecharemos no será agradable; será más bien el fruto que abre nuestros ojos a una realidad ilusoria, como ese fruto que, tras ser mordido por Eva, nos llevó, ilusoriamente, al descubrimiento de nuestra desnudez y a ser expulsados del estado de comunión con nuestro Creador, representado por el Jardín del Edén.
El "pecado" de Adán no habría podido afectar a nadie, si él no hubiese creído que fue el Padre Quien le expulsó del paraíso. Pues a raíz de esa creencia se perdió el conocimiento del Padre, ya que sólo los que no le comprenden podían haber creído tal cosa” (T-13.In.3:6-7).
La voluntad utiliza el canal de la mente para servir al Espíritu, a la verdad y, entonces, hablamos de la Mente Recta, o puede servir al ego, al deseo, a la ilusión y, entonces, hablamos de la mente errada. 

En nuestras vidas, estamos experimentando permanentemente los efectos a los que nos ha llevado nuestra voluntad. La voluntad se convierte en el motor que crea o fabrica nuestra percepción.

El Curso dedica un apartado sobre la "pequeña dosis de buena voluntad" y nos revela que cuando unimos esa dosis de voluntad a la Voluntad de Dios, experimentaremos el Instante Santo, donde tomamos consciencia de nuestra santidad, de nuestra verdadera identidad.

El Curso nos indica: “No confíes en tus buenas intenciones, pues tener buenas intenciones no es suficiente. Pero confía implícitamente en tu buena voluntad, independientemente de lo que pueda presentarse. Concéntrate sólo en ella y no dejes que el hecho de que esté rodeada de sombras te perturbe” (T-18.IV.2:1-4).

Reflexión: ¿Cómo interpretas el poder?

Capítulo 15. X. La hora del renacer (3ª parte).

X. La hora del renacer (3ª parte).

7. ¡Cuán temible, pues, se ha vuelto Dios para ti! a¡Y cuán grande es el sacrificio que crees que exige Su amor! 2Pues amar totalmente supondría un sacrificio total. 3Y de este modo, el ego parece exi­girte menos que Dios, y de entre estos dos males lo consideras el menor: a uno de ellos tal vez se le deba temer un poco, pero al otro, a ése hay que destruirlo. 4Pues consideras que el amor es destructivo, y lo único que te preguntas es: ¿quién va a ser destruido, tú u otro? 5Buscas la respuesta a esta pregunta en tus rela­ciones especiales, en las que en parte pareces ser destructor y en parte destruido, aunque incapaz de ser una u otra cosa completa­mente. 6crees que esto te salva de Dios, Cuyo absoluto Amor te destruiría completamente.

Visto desde el sistema de creencias del ego, la afirmación "amar totalmente supondría un sacrificio total, seguro que gana la atención de sus más fieles adeptos. Sí, esa es la condición que tenemos que cumplir para formar parte de la legión de voluntarios que formarán las fuerzas de defensa de las leyes del ego. Ser sus adeptos, significa que hemos jurado fidelidad a sus falsas creencias, a que estamos dispuestos a sacrificarnos para defender el baluarte donde se custodia su más preciado tesoro, el miedo. Sí, el enemigo no es otro que el amor, y para evitar que su esencia contagie a nuestros "aliados" debemos estar dispuestos a darle muerte. ¿Cómo? No dejando que le gane la partida al miedo, es decir, alimentando ese miedo al amor.

La única manera de acabar con la hegemonía del miedo, no es hacer un acto de sacrificio en nombre del amor. Todo es más fácil y menos dolorosos. Lo único que tenemos que hacer es permitir que la esencia de nuestra verdadera identidad se exprese, se expanda, a través de nosotros, compartiéndola con los demás.

8. Crees que todo el mundo exige algún sacrificio de ti, pero no te das cuenta de que eres tú el único que exige sacrificios, y única­mente de ti mismo. 2Exigir sacrificios, no obstante, es algo tan brutal y tan temible que no puedes aceptar dónde se encuentra dicha exigencia. 3El verdadero costo de no aceptar este hecho ha sido tan grande que, antes que mirarlo de frente, has preferido renunciar a Dios. 4Pues si Dios te exigiese un sacrificio total, pare­cería menos peligroso proyectarlo a Él al exterior y alejarlo de ti, que ser Su anfitrión. 5Él le atribuiste la traición del ego, e invi­taste a éste a ocupar Su lugar para que te protegiese de Él. 6no te das cuenta de que a lo que le abriste las puertas es precisamente lo que te quiere destruir y lo que exige que te sacrifiques totalmente. 7Ningún sacrificio parcial puede aplacar a este cruel invitado, pues es un invasor que tan sólo aparenta ser bondadoso, pero siempre con vistas a hacer que el sacrificio sea total.

Hemos interpretado que nuestro acto de desobediencia al mandato de  nuestro Creador, de no comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, supuso un pecado, al que los Textos Sagrados, ha llamado "Pecado Original", en un intento de recordarnos de que ese acto es lo que ha dado origen a nuestro estado actual. Esa creencia original, ese pensamiento original, propició la idea de que éramos culpables de tal fechoría y que, por lo tanto, deberíamos ocultarnos a los ojos del Creador, para no recibir el justificado castigo que dicha acción requería. La elección de ocultar ese temor, ese miedo, le llevó a inventar un acto compensatorio, y fue así, como imaginó que debía sacrificarse en nombre del amor, para, de alguna manera, equilibrar la balanza "pecado-redención", esto es, reconozco que he "metido la pata", que he enfadado al Creador, pero con el sacrificio, seguro que sabrá reconocer mi arrepentimiento y me perdonará.

Bueno, realmente, el ego, tenía que encontrar el modo de garantizar su recién apariencia, por un lado, y ofrecer garantías de que utilizaría la moneda del "amor-sacrificio" para mantener oculta su verdadera creencia, de cara a los demás (engañar a la mente), su miedo al amor, su negativa real a amar, pues ello significaría su final.

9. No lograrás ser un rehén parcial del ego, pues él no cumple sus promesas y te desposeerá de todo. 2Tampoco puedes ser su anfitrión sólo en parte. 3Tienes que elegir entre la libertad abso­luta y la esclavitud absoluta, pues éstas son las únicas alternati­vas que existen. 4Has intentado transigir miles de veces a fin de evitar reconocer la única alternativa por la que te tienes que deci­dir. 5Sin embargo, reconocer esta alternativa tal como es, es lo que hace que elegirla sea tan fácil. 6La salvación es simple, por ser de Dios, y es, por lo tanto, muy fácil de entender. 7No trates de pro­yectarla y verla como algo que se encuentra en el exterior. 8En ti se encuentran tanto la pregunta como la respuesta, lo que te exige sacrificio así como la paz de Dios. 

Retomamos una vez más, una lección que se repite, reiteradamente, en las enseñanzas que nos aporta el Curso en Milagros. Me refiero a la libre elección, como una expresión del Principio Creador por excelencia, la voluntad.

La alternativa es una y fácil de entender. O elegimos al ego-miedo, o elegimos al Espíritu-Amor. Todos nosotros tenemos experiencias que nos ayudarán a tomar una elección. Estamos en condiciones de reconocer, que cuando hemos elegido como guía al ego, las percepciones que experimentamos nos hablan de sacrificios, de sufrimiento y de dolor. 

jueves, 14 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 319

LECCIÓN 319

Vine a salvar al mundo.

1. He aquí un pensamiento del que se ha eliminado toda traza de arrogancia y en el que sólo queda la verdad. 2Pues la arrogancia se opone a la verdad. 3Mas cuando la arrogancia desaparece, la ver­dad viene inmediatamente y llena el espacio que, al irse el ego, quedó libre de mentiras. 4Únicamente el ego puede estar limitado y, por consiguiente, no puede sino perseguir fines limitados y res­trictivos. 5El ego piensa que lo que uno gana, la totalidad lo pierde. 6La Voluntad de Dios, sin embargo, es que yo aprenda que lo que uno gana se le concede a todos.

2. Padre, Tu Voluntad es total. 2Y la meta que emana de ella comparte su totalidad. 3¿Qué otro objetivo podrías haberme encomendado sino la salvación del mundo? 4¿Y qué otra cosa sino eso podría ser la Voluntad que mi Ser ha compartido Contigo?

¿Qué me enseña esta lección? 

Sí, ese es mi propósito: Salvar al mundo. Pero soy consciente de que este objetivo no podré realizarlo si antes no he conseguido salvarme a mí mismo.

En muchas ocasiones, he querido ayudar a los demás olvidándome de ayudarme a mí mismo. Me he dado cuenta de que aquello que quería ofrecer a los demás era lo que yo más necesitaba. Los demás hacen de espejo donde puedo ver mis propias necesidades.

Hoy, soy consciente de que mi propia salvación se convierte en el camino que me ha de llevar a salvar al mundo. No puede ser de otra manera, pues, entre el Yo y el mundo, no hay separación, no hay diferencia. Si yo no me salvo, no podré salvar a mis hermanos. Si uno de mis hermanos no se salva, mi salvación no es completa. Somos el Hijo de Dios.

La salvación del Hijo de Dios pasa por recuperar la visión de la inocencia. Es de vital importancia que esta verdad se convierta en uno de los principales objetivos de nuestra vida. Ver el pecado en los demás es proyectar nuestra propia creencia en el pecado.

Hoy proclamo el perdón de todos mis pensamientos y sentimientos erróneos. Proclamo mi inocencia y estoy dispuesto a compartir esa visión con mis hermanos.

Hoy proclamo que soy un Ser Divino, y que Soy Uno con Todo lo Creado. Soy tal como Dios me creó.

Ejemplo-Guía: "¿Cómo puedes salvar al mundo?"

Puede que te estés preguntando, al igual que yo, ¿cómo es posible salvar al mundo, cuando el Curso nos dice que este mundo no es real?

Pero como habrás intuido, la respuesta a esta cuestión va implícita en la misma pregunta, es decir, salvar al mundo significa tomar conciencia de que el mundo no es real. No hay que hacer nada a nivel externo para salvar al mundo. No es cuestión de gestos. Si el mundo es el fruto de una visión que hace real lo ilusorio, lo que hay que cambiar es la causa de esa visión, esto es, el pensamiento que nos lleva a ver de una manera real lo que no lo es.

La visión correcta que nos abrirá las puertas de la salvación de este mundo es la que nos lleva a percibir de forma verdadera la identidad de dicho mundo. Cuando nuestros ojos dejen de dar valor a lo que percibimos externamente, el mundo dejará de ser un escenario de sufrimiento y castigo, de miedo y dolor, para convertirse en la tierra donde podremos dar testimonio de la verdad y donde cada experiencia será el testigo de nuestra realidad.

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: no podemos dar lo que no tenemos. La afirmación "voy a salvar al mundo" es la afirmación correcta que se pronuncia en el reconocimiento de lo que realmente somos. Es como decir: "Soy el Hijo de Dios, un Ser Espiritual, y mi voluntad es expandir el Amor con el que he sido creado".

En ese reconocimiento, no nos encontramos solos. Ese reconocimiento es la aceptación de que somos uno con el resto de nuestros hermanos, con los cuales formamos la Filiación Divina. Esa visión es la causa que tendrá el efecto anunciado de salvar al mundo. Ello es así porque ver con esos ojos tan solo es posible cuando nos hemos salvado del mundo, cuando estamos liberados del sistema de pensamiento del ego que nos mantiene prisioneros del miedo. Podremos salvar al mundo, porque nos hemos salvado a nosotros mismos. Ahora estamos en condiciones de dar lo que tenemos y de recibir lo que damos, como un regalo compartido.

A partir de ahí, si nos complace, podremos tener gestos externos que testimonien de esa visión de unidad. Pero esos gestos estarán libres de juicios condenatorios, es decir, no criticaremos las acciones que interpretemos como "malas"; nos limitaremos a expandir nuestra luz allí donde sea necesario disipar la oscuridad.

Reflexión: ¿Cuando das, pierdes o ganas?

Capítulo 15. X. La hora del renacer (2ª parte).

 X. La hora del renacer (2ª parte).

4. En tus manos está hacer que esta época del año sea santa, pues en tus manos está hacer que la hora de Cristo tenga lugar ahora. 2Es posible hacer esto de inmediato, pues lo único que ello requiere es un cambio de percepción, ya que únicamente come­tiste un error. 3Parecen haber sido muchos, pero todos ellos son en realidad el mismo. 4Pues aunque el ego se manifiesta de muchas formas, es siempre la expresión de una misma idea: 5lo que no es amor es siempre miedo, y nada más que miedo.

¿Estás dispuesto a deshacer lo aprendido bajo la guía de la creencia en el miedo? ¿Te imaginas lo que ello significa? Dejar de sentirnos prisioneros de la culpa, de la creencia en el pecado, nos situará frente a frente con el instante santo, con el presente, en el que podemos elegir ser libres. Dejemos de creer en el miedo y seremos libres para amar, libres para expresar nuestra santidad.

5. No es necesario seguir al miedo por todas las tortuosas rutas subterráneas en las que se oculta en la oscuridad, para luego emerger en formas muy diferentes de lo que es. 2Pero sí es nece­sario examinar cada una de ellas mientras aún conserves el prin­cipio que las gobierna a todas. 3Cuando estés dispuesto a considerarlas, no como manifestaciones independientes, sino como diferentes expresiones de una misma idea, la cual ya no deseas, desaparecerán al unísono. 4La idea es simplemente ésta: crees que es posible ser anfitrión del ego o rehén de Dios. 5Éstas son las opciones que crees tener ante ti, y crees asimismo que tu decisión tiene que ser entre una y otra. 6No ves otras alternativas, pues no puedes aceptar el hecho de que el sacrificio no aporta nada. 7El sacrificio es un elemento tan esencial en tu sistema de pensamiento, que la idea de salvación sin tener que hacer algún sacrificio no significa nada para ti. 8Tu confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que te resulta impo­sible concebir el amor sin sacrificio. 9Y de lo que debes darte cuenta es de lo siguiente: el sacrificio no es amor sino ataque. 10Sólo con que aceptases esta idea, tu miedo al amor desaparece­ría. 11Una vez que se ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad. 12Pues si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane. 13la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.

¿Por qué elegimos el sacrificio, con preferencia al verdadero amor?

Podríamos plantear esta cuestión de otra manera, ¿por qué razón elegimos sufrir, a ser feliz?

Es evidente, que estos planteamientos van dirigidos al sistema de pensamiento del ego, el cual, los mantiene custodiado como uno de sus principales tesoros. La respuesta a estas cuestiones se encuentra en los intereses del ego. El valora más, todo aquello que reafirme y fundamente a su identidad, antes de enfrentarse a la verdadera realidad que le ofrece la creencia en el Amor.

Prefiere, utilizar el amor disfrazado de sacrificio hacia el otro, que reconocer la unidad que comparten sus mentes. La unidad que ofrece la visión del amor, significaría su declaración de inexistencia, esto es, su final.

Los argumentos que utiliza el sistema de pensamiento del ego para defender la valía del sacrificio como expresión de amor, son muy sutiles. Forman parte de la más astuta de sus argucias para evitar que descubramos, que detrás de esa artimaña, lo que realmente esconde es su miedo al amor, pues amar es su desaparición.

6. Como anfitrión del ego, crees que puedes descargar toda tu culpabilidad siempre que así lo desees, y de esta manera comprar paz. 2no pareces ser tú el que paga. 3Y aunque si bien es obvio que el ego exige un pago, nunca parece que es a ti a quien se lo exige. 4No estás dispuesto reconocer que el ego, a quien tú invitaste, traiciona únicamente a los que creen ser su anfitrión. 5El ego nunca te permitirá percibir esto, ya que este reconocimiento lo dejaría sin hogar. 6Pues cuando este reconocimiento alboree claramente, ninguna apariencia que el ego adopte para ocultarse de tu vista te podrá engañar. 7Toda apariencia será reconocida tan sólo como una máscara de la única idea que se oculta tras todas ellas: que el amor exige sacrificio, y es, por lo tanto, insepa­rable del ataque y del miedo. 8Y que la culpabilidad es el costo del amor, el cual tiene que pagarse con miedo.

Ya lo veíamos en la reflexión del punto anterior, los argumentos del ego para convencernos de que el sacrificio es un acto de amor por los demás, se encuentran siempre bien ocultos a nuestra conciencia, para evitar que descubramos, que, en verdad, el sacrificio siempre tiene un elevado precio y ese precio forma parte de la letra pequeña en el contrato que mantenemos en nuestras relaciones especiales con la persona hacia la que nos sentimos atraídos por el recuerdo inconsciente de la culpa. Ese precio, no persigue otra cosa que perpetuar esa culpa, y si no lo tenemos claro, no te preocupes, el ego se encargará de recodárnoslo: "Así es como me pagas el sacrificio que he hecho por ti..."

¿Lo has inscrito ya con tinta permanente? "lo que no es amor es siempre miedo, y nada más que miedo" 

miércoles, 13 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 318

LECCIÓN 318

Yo soy el medio para la salvación, así como su fin.


1. En mí -el santo Hijo de Dios-se reconcilian todos los aspectos del plan celestial para la salvación del mundo. 2¿Qué podría estar en conflicto, cuando todos los aspectos comparten un mismo pro­pósito y una misma meta? 3¿Cómo podría haber un solo aspecto que estuviese separado o que tuviese mayor o menor importancia que los demás? 4Yo soy el medio por el que el Hijo de Dios se salva, porque el propósito de la salvación es encontrar la impeca­bilidad que Dios ubicó en mí. 5Fui creado como aquello tras lo cual ando en pos. 6Soy el objetivo que el mundo anda buscando. 7Soy el Hijo de Dios, Su único y eterno amor. 8Yo soy el medio para la salvación, así como su fin.

2. Permíteme hoy, Padre mío, asumir el papel que Tú me ofreces al pedirme que acepte la Expiación para mí mismo. 2Pues lo que de este modo se reconcilia en mí se reconcilia igualmente en Ti.


¿Qué me enseña esta lección? 

El Hijo de Dios, tras hacer uso de su poder de elección, se concibió como un ser pecador. Desde entonces, sus pasos se orientan en la búsqueda de la perfección, de la felicidad, los cuales le son negados, pues, una mente oscurecida por la visión del pecado, no puede comprender que la perfección y la felicidad ya forman parte de él, pues son aspectos de su condición espiritual.

La búsqueda de la perfección conducirá al Hijo de Dios hacia el encuentro consigo mismo. Dejará de buscar fuera lo que ya se encuentra en su interior. Descubrirá que todo lo que vive externamente es la proyección de su mente y, entonces, no le quedará otro camino que verse como el principal actor del guion de su vida.

Aceptará que nada externo a él puede aportarle ni un solo ápice de felicidad, pues esa felicidad es un estado interno de su Ser.

Aceptará, que no es un ser pecaminoso. Admitirá que su elección tan sólo ha supuesto un acto de voluntad, hacer uso del atributo heredado por su Creador y no un acto reprochable merecedor de ser condenado ni castigado.

Descubrirá que nunca ha dejado de ser inocente, y asumirá, como su función en la vida, convertirse en el agente activo de la salvación, pues, él, tan sólo él, tiene la potestad de cambiar la visión de lo que realmente Es.

Hago consciente en mí la Fuerza del Amor, como la única Fuerza que ha de permitirme recordar mi condición de Dios.

Ejemplo-Guía: "¿Ser o hacer?

No lo niego. Reconozco que durante mucho tiempo he creído que el plan de mi salvación me exigía hacer cosas buenas en el mundo; ayudar; prestar servicio; disponibilidad, etc. En definitiva, hacer lo que el mundo y sus voces me decían que tenía que hacer para ganar el cielo y alejarme del infierno.

Reconozco, igualmente, que esa "disciplina", en muchas ocasiones, se convertía en una pesada carga sobre mi conciencia. Una mala acción; un desinterés; una falta de servicio; una indisponibilidad, etc. eran motivos suficientes para hacerme sentir mal y llevarme a pensar que no era merecedor del Amor de Dios y de Su Perdón.

En esas idas y venidas, me he cruzado con muchos caminantes, con los que he compartido un mismo destino y a los que, al igual como yo, les sorprendía la visión de no estar a la altura de las expectativas. Acostumbraba a gesticular como el mundo quería que gesticulara para ser aceptado en el grupo de elegidos para alcanzar la meta perseguida. En esos momentos, no alcanzaba a comprender que aquellos gestos, muchas veces, eran gestos vacíos, pues cuando lo que compartía no estaba a la altura de mis sentimientos, me atormentaba y acudía al autocastigo para satisfacer mi dolorida consciencia.

Cuando comprendí que no podemos dar lo que no tenemos, acepté mi verdadera realidad y presté más atención al hecho de "ser", antes que al hecho de "hacer". Comprendí que mis acciones debían estar en coherencia con mis pensamientos, pues de lo contrario estaría viviendo, internamente, un conflicto que tarde o temprano se proyectaba al exterior, llevándome a experimentar vivencias de incoherencia y de falta de armonía.

El sistema de pensamiento del ego aboga por el deseo de ser especiales y para ello utiliza su mejor arma, el cuerpo, al que le otorga el poder absoluto de su existencia. Cuanto más individuales nos percibamos, más especiales nos sentimos. Lograr ser especial nos exige utilizar las herramientas del mundo físico para demostrarnos nuestras capacidades, las cuales denominamos creadoras, pero, en realidad, lo que hacemos es fabricar una realidad ilusoria basada en el error, en la irrealidad.

Lo que hacemos está sujeto a las leyes de la temporalidad; luego son perecederas. Esta circunstancia se convierte en una fuente de miedo y de sufrimiento, pues persiguiendo el elixir de la eterna juventud, lo único que conseguimos es ahogarnos en nuestras frustraciones. 

En cambio, cuando apostamos por la expansión de lo que somos, siempre estamos dotando a nuestras creaciones de la esencia verdadera con la que hemos sido creados, el Amor. La Visión del Ser es la Visión de Cristo, donde percibimos que todos hemos sido emanados de una misma Fuente, lo que nos hace hermanos en la Filiación de Dios.

Reflexión: ¿Qué otra condición, a parte del Amor, puede salvarnos?

Capítulo 15. X. La hora del renacer (1ª parte).

X. La hora del renacer (1ª parte).

1. Mientras estés en el tiempo, tendrás el poder de demorar la perfecta unión que existe entre Padre e Hijo. 2Pues en este mundo, la atracción de la culpabilidad se interpone entre ellos. 3En la eternidad, ni el tiempo ni las estaciones del año tienen significado alguno. 4Pero aquí, la función del Espíritu Santo es valerse de ambas cosas, mas no como lo hace el ego. 5Ésta es la temporada en la que se celebra mi nacimiento en el mundo. 6Más no sabes cómo celebrarlo. 7Deja que el Espíritu Santo te enseñe, y déjame celebrar tu nacimiento través dé Él. 8El único regalo que puedo aceptar de ti es el regalo que yo te hice. 9Libérame tal como yo elijo liberarte ti: 10Celebramos la hora de Cristo juntos, pues ésta no significa nada si estamos separados.

Para mí, la Navidad, la temporada en la que celebramos el nacimiento de Jesús en el mundo, siempre ha despertado un sentimiento "especial" en mi interior. Al referir que ese sentimiento es especial, lo hago con la intención de diferenciarlo de los sentimientos habituales y cotidianos que se experimentan a lo largo del resto del año, en los que, las sensaciones más frecuentes no son capaces de inspirarme paz y felicidad. 

Tal vez, la razón de que la Navidad sí despierte en mí, esas sensaciones de felicidad y alegría, responda a la seducción que me ofrece el disfrutar de las calles engalanadas con sus luces brillantes y de colores; con los cánticos de villancicos y con las tiendas abarrotadas de regalos, a cuál más seductor. Sí, es fácil dejarse contagiar por el ambiente navideño. Los belenes, los árboles de navidad, el olor de los hogares, donde las familias se sienten llamadas a convivir en paz, en verdad, son inspiradores y nos brindan la oportunidad de participar en esa puesta en escena, que parece despertar en cada uno de nosotros, el recuerdo del verdadero significado que se festeja, el renacer del Amor, el renacer de la Luz, en la noche más oscura del año.

No voy a entrar, en el uso que hace el ego de la Navidad, pues, estoy seguro que no es necesario decir, que está manipulada para satisfacer las carencias propias del sistema de pensamiento que postula: la codicia, el egoísmo, la posesión, el miedo...

Lo que sí voy a hacer, es plantear una reflexión sobre el uso que hace el Espíritu Santo de la Navidad. El mensaje del renacer de Jesús, en un humilde pesebre rodeado del calor de una mula y un buey, como reza la tradición, es una clara invitación a que reconozcamos, que el Amor no es especial, no debe seguir las leyes del ego, donde las apariencias es lo que prima, por encima de lo esencial. El Espíritu Santo utiliza esa simbología navideña para inspirarnos el recuerdo de lo esencial que hay en nuestro interior. Las luces, los regalos, los encuentros familiares, todos los personajes que rodean la navidad, llevan el mismo mensaje a nuestra consciencia. Debemos ser portadores de luz y amor, debemos dar lo que tenemos y compartillo con los demás, debemos ser creadores de paz y felicidad. Ese es el significado de la Navidad, el renacer de nuestra verdadera identidad.

2. El instante santo es verdaderamente la hora de Cristo. 2Pues en ese instante liberador, no se culpa al Hijo de Dios por nada y, de esta manera, se le restituye su poder ilimitado. 3¿Qué otro regalo puedes ofrecerme cuando yo elijo ofrecerte sólo éste? 4Verme a mí es verme en todo el mundo y ofrecerles a todos el regalo que me ofreces mí. 5Soy tan incapaz de recibir sacrificios como lo es Dios, y todo sacrificio que te exiges a ti mismo me lo exiges a mí también. 6Debes reconocer que cualquier clase de sacrificio no es sino una limitación que se le impone al acto de dar. 7Y mediante esa limitación limitas la aceptación del regalo que yo te ofrezco.

Tendríamos que inscribirlo con tinta permanente, el mensaje que se recoge en este punto y que, el ego, se niega a creer: "reconocer que cualquier clase de sacrificio no es sino una limitación que se impone al acto de dar".

Para dar, no supone ningún esfuerzo, cuando percibimos la vida desde la verdad, esto es, desde la Visión Crística de la Unidad. Dar es la expresión natural del Amor Incondicional. Sin embargo, la escasez y la necesidad, son falsos pensamientos que se han apoderado de nuestra mente al albergar la creencia en la separación, en el pecado y en la culpa. El ego piensa, está convencido, de que cuando da, pierde, lo que le lleva a creer, igualmente, que dar, siempre es un acto de sacrificio y así se lo recuerda a aquel al que da, despertando y perpetuando el sentimiento de la culpa en el otro.

"Me he sacrificado toda la vida por ti, y así me lo pagas" Seguro que reconocerás en el contenido de esa expresión, la identidad del ego.

3. Nosotros que somos uno, no podemos dar por separado. 2Cuando estés, dispuesto a reconocer que nuestra relación es real, la culpabilidad dejará de ejercer atracción sobre ti. 3Pues en nues­tra unión aceptarás a todos nuestros hermanos. 4Nací con el solo propósito de dar el regalo de la unión. 5Dámelo a mí, para que así puedas disponer de él. 6La hora de Cristo es la hora señalada para el regalo de la libertad que se le ofrece a todo el mundo. 7Y al tú aceptarla, se la ofreces a todos.

Aunque el acto de dar, lo percibimos como una acción externa, lo que nos sitúa en el escenario del ego, en verdad, responde a una extensión de nuestra mente, pues, si reflexionamos sobre esta dinámica, descubriremos que, dar, es una expresión del Amor, lo que significa que cuando damos desde esa frecuencia, lo que damos goza de la garantía de lo eterno. Esto significa, que cuando damos desde el amor, el otro no está obligado a devolvernos lo que le hemos dado. Su gracia, sellará el ciclo Dar-Recibir-Dar.

En cambio, cuando damos desde la frecuencia ego, lo que damos, lo hacemos desde el miedo (a perder), por lo que condicionamos dicho acto, con la exigencia de que se nos devuelva en la misma proporcionalidad a lo que hemos dado, sino exigimos un interés por lo dado. ¿Os resuena esto? El ego cuando da, aun viviéndolo como un sacrificio, siempre lo hace esperando recibir algo a cambio. No lo hace desinteresadamente. 

martes, 12 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 317

LECCIÓN 317

Sigo el camino que se me ha señalado.

1. Tengo una misión especial que cumplir, un papel que sólo yo puedo desempeñar. 2La salvación espera hasta que yo elija asu­mir ese papel como mi único objetivo. 3Hasta que no tome esa decisión, seré un esclavo del tiempo y del destino humano. 4Pero cuando por mi propia voluntad y de buen grado vaya por el camino que el plan de mi Padre me ha señalado, reconoceré entonces que la salvación ya ha llegado, que se les ha concedido a todos mis hermanos y a mí junto con ellos.

2. Padre, Tu camino es el que elijo seguir hoy. 2Allí donde me conduce, es adonde elijo ir, y lo que quiere que haga, es lo que elijo hacer. 3Tu camino es seguro y el final está garantizado. 4Allí me aguarda Tu recuerdo. 5Y todos mis pesares desaparecerán en Tu abrazo, tal como le prometiste a Tu Hijo, quien pensó erróneamente que se había alejado de la segura protección de Tus amorosos Brazos.

¿Qué me enseña esta lección? 

El camino que nos conduce al Cielo, a la Salvación, es el camino de la Unidad, del Amor, del Perdón. 

Todas las sendas conducen a ese camino. Es el camino real y verdadero.

Podemos caminar por las sendas que elijamos. Podemos, incluso, perdernos en nuestro propósito de encontrar el verdadero camino, pero, al final, retomaremos la senda que nos conduzca a él.

Mientras que seguimos identificados con el ego, con el cuerpo, construiremos nuestros propios caminos. Esos caminos son diferentes unos de otros. Su característica principal reside en la diferencia. Pensamos que nuestro camino es el mejor y perseguimos que sea el menos transitado, pues ello nos permite sentirnos especial.

Un día nos damos cuenta de que al final del camino nos vemos obligados a retornar sobre nuestros pasos y partir de nuevo del punto de inicio. Probamos con nuevas rutas; nuevas sendas se bifurcan unas con otras, en un intento de alcanzar una meta cuyo final, realmente, no nos satisface.

Tan sólo, cuando comprendemos que todas las sendas deben confluir, es cuando somos capaces de encontrar la puerta que nos conduce al camino correcto. Ese camino siempre ha estado esperándonos. Ese camino nos conduce a un estado de percepción que nos hace consciente de que somos los soñadores del sueño en el que somos protagonista. 

Sí, ese camino nos permite encontrar el sendero que nos lleva de vuelta a nuestro verdadero hogar.

Hoy, elijo, el camino que el Padre ha dispuesto. Hoy, camino de su mano hasta el trono de la Paz.


Ejemplo-Guía: "Todos los camino llevan a ROMA-AMOR"

Durante mucho tiempo he creído que mi camino no era el correcto. Esa creencia no ha sido fortuita. Los demás se encargaban de decírmelo, en ocasiones amablemente, pero en otras, de manera enérgica y contundente. Como si la verdad fuese más fácil alcanzarla a golpes. Es evidente que esa percepción nos deja una profunda huella y, sobre todo, nos ofrece la oportunidad de reflexionar de que otras formas son posibles.

Lo anterior forma parte de los argumentos del ego. Visto desde la visión del Espíritu, el escenario se percibe de manera distinta, menos angustiosa. En primer lugar, creo que todos los caminos llevan a Roma-Amor. Estoy absolutamente convencido de ello, y lo estoy, por la sencilla razón de que creo que ese camino es mi elección, una decisión que tiene como propósito el hacerme consciente de que soy un ser de luz.

He aprendido que todos los caminos son válidos, aunque es cierto que hay caminos más largos que otros. Digo esto con plena conciencia de que es una percepción del ego. Si tuviese que hacerla desde la visión de la eternidad, diría que, realmente, no hay camino. Somos el camino. Ese camino es uno, pues en la eternidad no existe dualidad. El Hijo de Dios es una emanación del Creador. La Fuente es el Camino al cual pertenecemos.

Mientras que alcanzamos ese estado de percepción verdadera que nos sitúa a las puertas del Cielo, el camino que estamos andando adquiere una diversidad de variables, pero todos forman parte del "escenario" que hemos elegido para alcanzar nuestro despertar.

Reflexión: ¿Con qué consciencia andamos el camino?

Capítulo 15. IX. El instante santo y la atracción de Dios (2ª parte).

IX. El instante santo y la atracción de Dios (2ª parte).

4. Es imposible dividir tu fuerza entre el Cielo y el infierno, o entre Dios y el ego, y liberar el poder que se te dio para crear, que es para lo único que se te dio. 2El amor siempre producirá expansión. 3El ego es el que exige límites, y éstos representan sus exi­gencias de querer empequeñecer e incapacitar. 4Si te limitas a ver a tu hermano como un cuerpo, que es lo que harás mientras no quieras liberarlo del mismo, habrás rechazado el regalo que él te puede hacer. 5Su cuerpo es incapaz de dártelo, 6y tú no debes buscarlo a través del tuyo. 7Entre vuestras mentes, no obstante, ya existe continuidad, y lo único que es necesario es que se acepte su unión para que la soledad desaparezca del Cielo.

El ego, con la mirada puesta en el recuerdo del pasado y en las expectativas del futuro, establece sus relaciones especiales llamado por el deseo de liberarse de la culpa que le priva de la paz interior. En su iniciativa de conquistar el amor del otro, ocultará ese deseo de purificación, de redención, y proyectará la culpa inconsciente en el otro, de modo, que no tardará en teñir dicha relación con rencores y exigencias que limitarán la libertad de la persona amada. En este tipo de relación, el cuerpo se convierte en el señuelo que atraerá nuestra atención y lo que despertará nuestros deseos y pasiones para convencernos de que tenemos que hacer suyo aquel regalo de la naturaleza. Puede ser enamoramiento o pasión, lo que le guíe, pero en cualquier caso, dista mucho de ser amor verdadero, pues sus actos descubrirán que ese enamoramiento, esa pasión, se ha consumido dejando tan sólo las cenizas de un hermoso recuerdo mientras duró.

La relación, cuando es inspirada por el Espíritu Santo, nos permitirá experimentar las relaciones ilimitadas, las que se fundamentan en la unidad de las mentes.

5. Sólo con que le permitieses al Espíritu Santo hablarte del Amor que Dios te profesa y de la necesidad que tienen tus creaciones de estar contigo para siempre, experimentarías la atracción de lo eterno. 2Nadie puede oír al Espíritu Santo hablar de esto y seguir estando dispuesto a demorarse aquí por mucho más tiempo. 3Pues tu voluntad es estar en el Cielo, donde no te falta nada y donde te sientes en paz, en relaciones tan seguras y amorosas que es imposible que en ellas haya límite alguno. 4¿No desearías intercambiar tus irrisorias relaciones por esto? 5Pues el cuerpo es insignificante y limitado, y sólo aquellos que desees ver libres de los límites que el ego quisiera imponer sobre ellos, pueden ofre­certe el regalo de la libertad.

¿Si nos están ofreciendo el Cielo, vamos a desear el infierno? No, verdad. Entonces, ¿por qué seguimos fieles al infierno? ¿Por qué seguimos creyendo en la separación? ¿Por qué seguimos rindiendo culto al cuerpo? ¿Por qué seguimos teniendo miedo al amor?

Si estás leyendo estas líneas es porque, ambos, tú y yo, aún nos encontramos en el mundo de la percepción, lo que significa que aún estamos soñando. Sí, podemos interpretarlo como parte de un sueño feliz, en el cual, estamos compartiendo un modo diferente de ver las cosas de otra manera, a como la hemos percibidos anteriormente. Sí, tenemos un cuerpo y nuestros ojos perciben el mundo físico bajo las leyes del ego, aunque no creemos en ello. Somos afortunados por ello. Pero lo que percibimos, no es, ni por asomo, una muestra de lo que nos ofrece la Luz cuando nos encontremos de retorno en nuestro Hogar, el Cielo. En ese Estado de Consciencia, dejamos de percibir cuerpos, para ver la Luz del Espíritu. El placer físico que se sienten por la unión de los cuerpos en el acto sexual, no es comparable, con el placer espiritual que nos regala la Visión de los demás Seres de Luz.

Seremos habitantes del Cielo, de manera permanente, cuando dejemos de necesitar sentirnos especiales y diferentes a lo que realmente somos.

6. No tienes la menor idea de los límites que le has impuesto a tu percepción ni de toda la belleza que podrías ver. 2Pero recuerda esto: la atracción de la culpabilidad es lo opuesto a la atracción de Dios. 3La atracción que Dios siente por ti sigue siendo ilimi­tada, pero puesto que tu poder es el Suyo, y, por lo tanto, tan grande como el de Él, puedes darle la espalda al amor. 4La impor­tancia que le das a la culpabilidad se la quitas a Dios. 5tu visión se torna débil, tenue y limitada, pues has tratado de separar al Padre del Hijo y de limitar su comunicación. 6No busques la Expiación en mayor separación, 7ni limites tu visión del Hijo de Dios a lo que interfiere en su liberación y a lo que el Espíritu Santo tiene que deshacer para liberarlo. 8Pues es su propia creencia en la limitación lo que lo ha aprisionado.

Ya lo hemos visto en el análisis de los puntos que preceden a este. No debemos subestimar el poder que tiene el ego, pues este poder procede de nuestra condición divina, y podemos utilizarlo erróneamente, para hacer real lo ilusorio.
Estoy seguro, que la afirmación "la importancia que le das a la culpabilidad se la quitas a Dios", me va a ayudar a elegir correctamente, a desaprender lo aprendido bajo el guía incorrecto, el ego. La lección más importante, pues es la única lección qué debemos aprender, es a negar la culpabilidad y a aceptar nuestra inocencia y nuestra impecabilidad.

7. Cuando el cuerpo deje de atraerte y ya no le concedas ningún valor como medio de obtener algo, dejará de haber entonces interferencia en la comunicación y tus pensamientos serán tan libres como los de Dios. 2A medida que le permitas  al Espíritu Santo enseñarte a utilizar el cuerpo sólo como un medio de comunicación y dejes de valerte de él para fomentar la separación y el ata­que, que es la función que el ego le ha asignado, aprenderás que no tienes necesidad del cuerpo en absoluto. 3En el instante santo no hay cuerpos, y lo único que se experimenta es la atracción de Dios. 4Al aceptarla como algo completamente indiviso te unes a Él por completo en un instante, pues no quieres imponer ningún límite en tu unión con Él. 5La realidad de esta relación se convierte en la única verdad que jamás podrías desear. 6Toda verdad reside en ella. 

En el instante santo no hay cuerpos, y lo único que se experimenta es la atracción de Dios. Esto es así, porque el instante santo es la Visión de la verdad que emana de la mente Recta, la que se une conscientemente a la de Dios.

La comunicación verdadera es la que se c 

lunes, 11 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 316

LECCIÓN 316

Todos los regalos que les hago a mis hermanos me pertenecen.


1. Del mismo modo en que cada uno de los regalos que mis her­manos hacen me pertenece, así también cada regalo que yo hago me pertenece a mí. 2Cada uno de ellos permite que un error pasado desaparezca sin dejar sombra alguna en la santa mente que mi Padre ama. 3Su gracia se me concede con cada regalo que cualquier hermano haya recibido desde los orígenes del tiempo, y más allá del tiempo también. 4Mis arcas están llenas, y los ánge­les vigilan sus puertas abiertas para que ni un solo regalo se pierda, y sólo se puedan añadir más. 5Déjame llegar allí donde se encuentran mis tesoros, y entrar a donde en verdad soy bienve­nido y donde estoy en mi casa, rodeado de los regalos que Dios me ha dado.

2. Padre, hoy quiero aceptar Tus regalos. 2No los reconozco. 3Mas confío en que Tú que me los diste, me proporcionarás los medios para poder contemplarlos, ver su valor y estimarlos como lo único que deseo.


¿Qué me enseña esta lección? 

No puedo dar lo que no tengo. Del mismo modo, no puedo recibir aquello que no doy.
La visión del ego nos lleva a creer en la necesidad, pues lo que posee no es lo que realmente tiene, sino lo que recibe de los demás. Esto propicia la creencia en la escasez y en la necesidad, lo que lleva a veces a apoderarse de lo que no es suyo, en su afán de cubrir sus necesidades.

La visión del Espíritu, nos lleva a creer en la abundancia, pues es su estado natural. No basa sus creencias en la posesión, pues poseer lo que ya se tiene no tiene sentido alguno. Atesorar no es el propósito del Espíritu, pues no se encuentra su felicidad en ese acto, sino en el de dar, pues es consciente de que no existe diferencia, ni separación, entre nuestros hermanos y nosotros.

Padre, permíteme hacer conscientes los regalos con los que me has creado. Permíteme ser consciente de tu paz, pues es mi voluntad darla al mundo, para que siempre forme parte de mí.

Permíteme, Padre, ser consciente de tu Amor, pues es mi voluntad compartirlo con el mundo.

Permíteme, Padre, ser consciente de tu Unidad, pues es mi Voluntad Ser Uno con los demás.

Permíteme, Padre, ser consciente de tu abundancia, pues es mi voluntad extender tu plenitud y crear un mundo sano y salvo.

Gracias, Padre, por hacerme consciente de los regalos con los que me has creado.

Ejemplo-Guía: "No somos conscientes de nuestra abundancia"

Tal vez tengamos dificultad en aceptar que la abundancia o la escasez, son estados de nuestra mente, pues el sistema de pensamiento con el que estamos identificados nos lleva a creer tan solo en lo que percibimos. Por lo tanto, si tener o no tener depende de lo percibido, de lo recibido, es lógico pensar que nos identificamos con la necesidad, lo que significa que nos interpretamos, nos juzgamos, como seres necesitados. Es como si hubiésemos asumido que Dios nos ha retirado su protección, su alimento, y nos hubiese castigado, por desobedecer Su Precepto de no comer del Árbol del Bien y del Mal, a ser carentes y necesitados.

¿Por qué nos sentimos carentes y necesitados? ¿Cuál es su origen?

Dentro de los 50 Principios de Milagros recogidos en el Curso, encontramos varios de ellos que nos hablan de la carencia y de la necesidad. En esta ocasión, quiero compartir lo recogido con motivo del Principio 42: "Uno de los mayores beneficios que se deriva de los milagros es su poder para liberarte de tu falso sentido de aislamiento, privación y carencia".

Con el Principio 42, analizamos las aportaciones del Curso con relación a la causa que dio origen a la falsa creencia en la privación, la soledad, el aislamiento, la carencia, y como consecuencia de ello, de la falta de paz.

¿Cómo encontrar la paz?

La respuesta del Curso a esta cuestión es clara y directa: "Tú que quieres la paz sólo la puedes encontrar perdonando completamente" (T-1.VI.1:1). Con esta frase, comienza el punto VI del Capítulo I del Texto, titulado "La ilusión de las necesidades". Doy continuidad al mismo, pues en él queda explicado el origen de la necesidad:
"Nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que tú has fabricado es muy evidente. De hecho, ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que crees que estarías mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de la "separación", que es lo que significa la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particular de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres" (T-1.VI.1:2-10).
"La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican, suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto" (T-1.VI.2:1-5).
"La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias" (T-1.VI.3:1-6).

He de reconocer que el tema me fascina. Me declaro un eterno buscador de la verdad en lo referente a los "orígenes" del ser. La cuestión ¿por qué el Hijo de Dios se separó de su Padre? siempre la he considerado de vital importancia para comprender nuestra existencia.

De lo expuesto en el párrafo anterior, me quedo con tres ideas interesantes:
  • Actuamos de acuerdo con el orden particular de necesidades que establecemos. Esto, a su vez, depende de la percepción que tenemos de lo que somos.
  • La separación jamás habría surgido si no hubiésemos distorsionado nuestra percepción de la verdad, percibiéndonos como alguien necesitado.
  • La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya nos habíamos fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades.
Como bien expresa el Curso, no podemos comportarnos con eficacia mientras operemos en diferentes niveles. Sin embargo, esa fue la causa. En la unidad compartida con El Padre, el Ser es Uno y se "alimenta" de Su Mente. En ese estado no existe necesidad, pues no hay división de niveles. Todo Es Mente.

La cuestión es que hemos sido creados a Imagen y Semejanza de Dios, lo que significa que potencialmente somos portadores de sus mismos Poderes Creadores. Entre estos poderes se encuentra la Voluntad, la cual nos capacita para actuar con total libertad.

Se nos enseña en el punto que estamos estudiando, que nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. ¿Necesitaba aprender el Hijo de Dios? ¿Aprender qué, cuando ya formaba parte del Conocimiento Absoluto?

Me atrevería a decir que el Hijo de Dios quiso hacer uso de su Potencial Creador, lo que le llevó a dirigir su pensamiento por sí mismo, lo que propició un estado de "pre-conciencia" individualizada, a lo que se ha llamado estado de "separación". La Verdad (unidad) queda distorsionada y esa sensación primigenia de separación se traduce en la percepción de la carencia.

Reflexión: ¿Qué doy? ¿Qué recibo?