
Reflexión: ¿Estamos viviendo el pasado en nuestro presente?
El Pensamiento es Creador..., nuestro mundo es creado a su imagen y semejanza... Nuestra realidad es el reflejo de nuestros pensamientos. Si no somos felices con el mundo que nos rodea..., cambiemos nuestra manera de pensar con respecto al mundo... En este espacio, elaboraremos "nuevos platos" para alimentar nuestra mente con la única fuerza que verdaderamente es real, la Fuerza de Atracción, la Fuerza del Amor.
Padre, desde que elegí proyectarme desde mi mente, este acto volitivo propició la fabricación de un mundo cuyo efecto me hizo consciente de la percepción.
Esta es la causa que originó la visión de la separación y la identificación con el cuerpo físico. Confundí mi verdadera realidad con la falsa realidad que me ofrece el mundo material. Elegí la ilusión a la verdad y sustituí el Amor por el miedo; la Paz por la culpa; la Gracia por el castigo; la Alegría por la tristeza; la Plenitud por la necesidad; la Abundancia por la escasez; la Dicha por el sufrimiento; la Vida por la muerte…
Hoy abandono la visión del cuerpo y elijo ver con los ojos del alma. En ese altar, Padre, se encuentra la verdadera visión, la visión de la unidad. Elijo ver la realidad; elijo ver a mi hermano libre de pecado, inocente y pleno. Ya no nos une la creencia en el miedo y en la culpa. El perdón ha allanado el camino que nos conduce a compartir el amor en nuestro verdadero Hogar.
Nuestros cuerpos cumplen con su función, la de servir de vehículo de comunicación de los atributos con los que nos ha creado nuestro Padre.
¿No os resuena esta hermosa plegaria?
"Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. ¡Qué bellos somos! ¡Cuán santos y amorosos! Hermano, ven y únete a mí hoy. Salvamos al mundo cuando nos unimos. Pues en nuestra visión el mundo se vuelve tan santo como la luz que mora en nosotros".Cada vez que la emito, siento que la densidad de mi cuerpo pierde su poder de gravedad y me envuelve la sensación de elevarme por encima de este mundo. Me siento liberado e ilimitado. No sabría interpretarlo, pero es
Esa mirada limpia me lleva a percibir la pureza, la inocencia, la invulnerabilidad, la impecabilidad, en cada ser, en cada hermano.
¡Cuánta paz emana esa nueva visión! El perdón es la llave que nos abre las puertas de la salvación. Esa llave nadie externo a nosotros nos la puede ofrecer. Podemos proyectar fuera de nosotros al mensajero que nos enseña dónde se encuentra la puerta, pero la llave se encuentra en nuestro corazón, en nuestra capacidad de compartir la esencia con la que hemos sido creados, el amor.
Ya no hay débito. Ya no hay culpa. Ya no hay necesidad de castigo. Tan sólo hay la verdadera Visión de Cristo, la que nos recuerda que somos el Hijo de Dios.
Veo tu belleza, hermano, tu santidad y tu amor. Unámonos y salvaremos al mundo.
Reflexión: ¿Cómo te ves, reflejado en los demás?
VIII. La única relación real (2ª parte).
Magnífica reflexión la que nos brinda este punto. Tenemos que pensar, que nuestros hermanos, al igual que nosotros, son Hijos de Dios. Esta simplicidad, la hemos olvidado por completo, pues, cuando nos miramos, nos vemos y creemos especiales, separados del resto de la Filiación. ¡Cuánta arrogancia hay en esa creencia! De todos los humanos, precisamente, nosotros, nos creemos el hijo preferido, el hijo especial. Por otro lado, al ser parte de la Creación de Dios, ¿cómo podemos pensar que podemos privar a los demás de su libertad, ofreciéndoles como intercambio nuestro amor condicionado?
5. El Espíritu Santo es el intento de Dios de liberarte de lo que Él no entiende. 2Y por razón del Origen del intento, éste no puede fracasar. 3El Espíritu Santo te pide que respondas tal como Dios lo hace, pues quiere enseñarte lo que tú no entiendes. 4Dios responderá a toda necesidad, sea cual fuere la forma en que ésta se manifieste. 5El Espíritu Santo, por consiguiente, mantiene este canal abierto para recibir la comunicación de Dios a ti y la tuya a Él. 6Dios no entiende tu problema de comunicación, pues Él no lo comparte contigo. 7Tú eres el único que cree que es comprensible. 9EI Espíritu Santo sabe que no lo es, y, sin embargo, lo entiende porque tú lo inventaste.
El papel de mediador del Espíritu Santo es esencial en el Plan de Salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. La venda que nos impide ver la verdad, nos produce tal ceguera, que nos hemos habituado a vivir en la oscuridad, donde las sombras se confunden con la realidad, cuando en verdad son imágenes e ilusiones.
La Metafísica, nos afirma, que El Espíritu Santo forma parte del Aspecto Trino de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su papel en el Proceso Creativo, le ha llevado a adoptar un guión de intermediario, entre el Padre y El Hijo. Dicho papel, en la dimensión terrenal, le convierte en el Maestro que, aun sabiendo que las sombras, sombras son, esto es, imágenes ilusorias, las utiliza para inspirar, en el estado de sueño en el que se encuentra la conciencia del Hijo de Dios, reflejos y señales que le hagan recordar su verdadera realidad.
Desde el plano perceptivo, el Espíritu Santo, utilizará sus vibraciones para llevar al Hijo de Dios a tener sueños que le revelen su origen y condición. Estos sueños, son llamados sueños felices, y, su final, no será otro que el instante santo del despertar
6. La conciencia de lo que Dios no puede saber y de lo que tú no entiendes reside únicamente en el Espíritu Santo. 2Su santa función consiste en aceptar ambas cosas y, al eliminar de ellas todo elemento de desacuerdo, unirlas en una sola. 3Él hará eso porque ésa es Su función. 4Deja, por lo tanto, lo que a ti te parece imposible en manos de Aquel que sabe que sí es posible, toda vez que esa es
El Espíritu Santo, no cree en el tiempo, pero al formar parte de la creencia del Hijo, lo utilizará para llevar a cabo su función más elevada, la de ofrecer el tiempo necesario para que se aprenda, que el tiempo es una ilusión y que forma parte del sistema de pensamiento del ego, el cual, debemos desaprender y sustituirlo por la única enseñanza verdadera, la que nos revela que somos Hijos de Dios, Hijos del Amor y que formamos parte de Creación de Dios: La Filiación.
Nos resulta difícil creer que tenemos la potestad de poder cambiar aquello que percibimos, aquello que vemos, pero si le dedicamos el tiempo necesario a reflexionar sobre ello, tal vez nos planteemos que es posible cambiar esa apreciación.
Si nos remontamos a los primeros días desde el nacimiento de una criatura, contemplaremos a un ser que expresa inocencia, pureza, sencillez y una falta total de juicio, en el sentido de que su mente, en esa edad temprana, no está influenciada por pensamientos que determinen cómo deben interpretarse las cosas. Sus respuestas son instintivas, y la manifestación sensorial que manifiesta de manera inconsciente a través del llanto cuando recibe estímulos externos son respuestas propias del medio hostil en el que acaba de nacer, el mundo de las formas, donde la necesidad y la escasez se dan la mano para informarnos de que este nivel es el resultado del miedo, el resultado de haber elegido un nivel de conciencia separado de nuestro Creador.
Esa misma criatura, mientras ha permanecido en el vientre de su madre, no ha sentido esa necesidad, pues ha estado alimentada por vía directa y no ha necesitado ser arropada, pues el cuerpo de su creador lo ha protegido de inclemencias externas.
El contacto con el exterior, lo que supone la "separación" de su madre, lo ha situado en un escenario distinto donde comenzará a adquirir información que le condicionará a la hora de adaptarse al medio. Las normas, la cultura, las creencias del mundo cercano a esa criatura se convertirán en su aleccionador y, en este sentido, ese personaje, que llegó puro e inocente, se irá convirtiendo, en poco tiempo, en un ser con capacidad de juzgar y de elevar esa capacidad al nivel de la condena, lo que significa que su relación con el medio se establecerá en función a las proyecciones que haga de sí mismo sobre los demás.
Aquello que no forma parte de nuestras creencias, no lo veremos. Si el Hijo de Dios no hubiese deseado ver un mundo separado de su Creador, nunca hubiese visto el mundo que hemos hecho real. La creencia en que podemos ser nuestros propios "hacedores", nos ha llevado a juzgar que es posible, y dicho juicio, de manera inevitable, nos ha llevado a percibir otro escenario distinto.
Si aplicamos esa capacidad, que emana de nuestra condición divina, pues todos poseemos el principio activo de la voluntad, heredado de nuestro Padre, a nuestras vidas, debemos ser conscientes de que somos el resultado de un conjunto de creencias que hemos ido adquiriendo en nuestro crecimiento y esas creencias son las que nos llevan a responder de una manera condicionada ante experiencias que hacemos comunes. Por ejemplo, vemos la enfermedad como un hecho negativo en nuestras vidas. Sin embargo, ya se oyen voces en otro sentido, es decir, hay quien defiende todo lo contrario, viendo la enfermedad como un "camino" que nos conduce al autoconocimiento. Por no hablar de la visión que nos aporta Un Curso de Milagros, que nos enseña que la enfermedad no es real.
Nos han enseñado, y nuestra cultura lo hace, a llorar ante la pérdida de un ser querido. Pero podemos encontrar algunas culturas donde la muerte adquiere otro significado. Todo ello debe hacernos reflexionar sobre el sentido de las cosas, sobre el valor de las cosas, sobre el significado de las cosas, en definitiva, sobre el juicio y percepción de las cosas.
La invitación que nos hace esta lección es: ¿podemos ver las cosas de otra manera?
Como siempre, es nuestra elección.
VIII. La única relación real (1ª parte).
1. El instante santo no es un sustitutivo de tu necesidad de aprender, pues el Espíritu Santo no puede dejar de ser tu Maestro hasta que el instante santo se haya extendido mucho más allá del tiempo. 2A fin de llevar a cabo Su tarea docente, el Espíritu Santo tiene que valerse de todo lo que hay en este mundo para tu liberación. 3Tiene que aprovechar cualquier señal o indicación de que estás dispuesto a aprender de Él lo que es la verdad. 4No se demora en utilizar cualquier cosa que le ofrezcas en favor de eso. 5Su interés por ti y el cuidado que te profesa son ilimitados. 6En vista del miedo que tienes del perdón, que Él percibe con la misma claridad con la que sabe que el perdón libera, Él te enseñará a recordar que el perdón no conlleva ninguna clase de pérdida, sino que, por el contrario, es tu salvación. 7Y te enseñará asimismo que perdonando completamente, es decir, reconociendo que no hay nada que necesite ser perdonado, quedas completamente absuelto.
No es difícil de entender el pensamiento del ego, cuando su lema es "ataca para no ser atacado". El orgullo, la vanidad, el egoísmo, son su carta de presentación a la hora de afrontar una relación. El miedo lo oculta con gestos de amor, pero dichos gestos están condicionados, es decir, adquiere el siguiente significado: "te amor siempre que hagas lo que yo te diga". La privación de libertad, queda al descubierto, cuando decide amar de manera especial, imponiendo sus condiciones, las cuales va utilizando poco a poco.
Sí, el ego tiene miedo al amor y tiene miedo al perdón, por lo que, debemos elegir entre el modo de amar condicionado, o, amar incondicional que nos enseña el Espíritu Santo. Si elegimos el amor incondicional, aprenderemos, igualmente, a perdonar completamente, lo que nos lleva al reconocimiento de que en verdad no hay nada que deba ser perdonado.
2. Escúchale gustosamente, y aprende de Él que no tienes necesidad de relaciones especiales en absoluto. 2Lo único que buscas en ellas es aquello que desechaste. 3Y a través de ellas nunca podrás aprender el valor de lo que descartaste, lo cual, sin embargo, sigues anhelando con todo tu corazón: 4Unámonos para hacer que el instante santo sea lo único que hay, al desear que sea lo único que hay. 5El Hijo de Dios tiene tanta necesidad de que estés dispuesto a tratar de lograr esto, que es imposible concebir una necesidad mayor. 6Contempla la única necesidad que Dios y Su Hijo comparten, y que quieren satisfacer juntos. 7No estás solo en esto. 8La voluntad de tus creaciones te llama para que compartas tu voluntad con ellas. 9Por lo tanto, dale la espalda a la culpabilidad en paz y dirígete hacia Dios y hacia tus creaciones.
El Curso nos enseña, que las relaciones especiales están inspiradas en la creencia en la culpa. Como bien recoge este punto, lo única que buscamos en dichas relaciones es aquello que desechamos, y lo hicimos, por miedo al amor. A través de la relación especial nos sentimos atraídos a compensar lo que no hemos sido capaz de completar, de elevar a la condición de unidad y de paz.
El instante santo, una vez Expiado nuestros errores mentales, nos permite visionar lo que realmente somos y esta visión nos lleva a reconocer en el otro al hermano con el formamos parte de la Filiación. Esa visión no será condicionada, no será particular y personal, será universal, lo que significa que amaremos a todos y cada uno de los Hijos de Dios, por igual.
El Espíritu Santo y el instante santo, nos enseñan que no tenemos necesidad de relaciones especiales, pues, este tipo de relación pertenece al sistema de pensamiento del ego.
3. Relaciónate únicamente con lo que nunca te abandonará y con lo que nunca podrías abandonar. 2La soledad del Hijo de Dios es la soledad de su Padre. 3No rechaces la conciencia de tu compleción, ni procures restituírtela tú mismo. 4No tengas miedo de poner la redención en manos del Amor de tu Redentor. 5Él no te fallará, pues viene de parte de Uno que no puede fallar. 6Acepta tu sensación de fracaso como una simple equivocación con respecto a quién eres. 7Pues el santo anfitrión de Dios se encuentra más allá de todo fracaso, y nada que su voluntad disponga puede ser negado. 8Estás eternamente en una relación tan santa, que invoca a todo el mundo a escaparse de la soledad y a unirse a ti en tu amor. 9Y todo el mundo tiene que buscar el lugar donde estás y encontrarte allí.
Aún recuerdo, con perfecta nitidez, la primera ocasión en la que hice pública mi voluntad de estudiar astrología. Con motivo del comienzo de un nuevo curso académico, la dirección del centro reunió a todos los alumnos y fue nombrándolos uno a uno con la intención de preguntarles sobre las razones que les habían llevado a escoger las ramas optativas de Ciencias o Letras. Unos decían: "me he decidido por ciencias, pues deseo estudiar medicina", otros anunciaban: "he decidido letras, pues mi propósito es estudiar literatura", y así hasta llegar mi turno. Yo, por aquellos días, no tenía muy claro qué deseaba estudiar, sin embargo, me levanté muy decidido, y tomando la palabra, dije: "elijo ciencias, pues he decidido estudiar astrología".
Cada vez que evoco estos recuerdos en mi mente creo estar oyendo las risotadas de mis compañeros y del claustro de profesores en pleno. El Jefe de Estudios, participando de aquel clima que se tornaba cada vez más distendido, me advirtió de que tendría que ir a estudiar con el Dr. Jiménez del Oso. Lo que él, ni nadie de los allí presentes, al menos conscientemente, podíamos imaginar, fue que sus palabras fueron una premonición, pues pasado unos años, fue gracias a las publicaciones del Dr. Jiménez del Oso que tuve ocasión de contactar, por primera vez en esta existencia, con el mundo apasionante de los astros y del esoterismo en general…
No sabría responder, si alguien me preguntase, por qué tomé aquella decisión. Tan solo podría decir que desde una edad muy temprana había algo en mí que sentía atracción por el tema.
Desde mi primer descubrimiento, de la mano de las publicaciones mencionadas hasta hoy día, son muchas las horas de convivencia con el saber transcendente de los astros, y ello me permite poder compartir mis experiencias con el mundo. Siento la necesidad de hacerlo, pues mis propias creencias en relación con el conocimiento de los astros han ido adaptándose a importantes y considerables cambios.
Sin embargo, en la medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de interpretaciones, un profundo vacío crecía conmigo. ¿Por qué sucedían aquellas cosas? ¿Qué relación existía entre los seres para que unos protagonizasen el papel de agresor y otros el de víctima? ¿Dónde se encontraba la razón de la suerte, del azar? ¿Existía la justicia?
Una innumerable lista de interrogantes iba creciendo en mi mente. Ese fue el momento en el que me estaba enfrentando a mi primer gran cambio de creencias.
Pedid y se os dará… Y así fue. No sé cuándo lo hice, pero estoy seguro de que pedí, pues no poder cambiar el rumbo de las cosas me estaba ahogando. Si las cosas tenían que ser así, tenía que encontrar respuestas.
Una nueva fuente de conocimiento se presentó en mi camino. Se trataba de la Cábala. Jamás antes había oído hablar de la doctrina cabalística, pero si de algo estaba seguro es de que no ha sido mi primer contacto con ella, pues nada más comenzar el estudio de sus enseñanzas, mi consciencia despertó a un ancho océano de conocimientos trascendentales como nunca había soñado.
Desde ese momento y hasta ahora, la angustia interna que poco a poco se fue apoderando de mí fue desapareciendo, ocupando su lugar una permanente alegría, pues mis vacíos internos, mis múltiples interrogantes, fueron encontrando respuestas.
"24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su brillo, 25 y las estrellas se caerán del cielo, y los poderes de los cielos se conmoverán. 26 Entonces verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad. 27 Y enviarán a sus ángeles, y juntarán a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra hasta el extremo del cielo".
¿Qué es el Juicio Final?
1. El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este regalo: poder oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad jamás ha cambiado. 2Y éste es el juicio con el que a la percepción le llega su fin. 3Lo primero que verás será un mundo que ha aceptado que esto es verdad, al haber sido proyectado desde una mente que ya ha sido corregida. 4Y con este panorama santo, la percepción imparte una silenciosa bendición y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión.
2. El Juicio Final sobre el mundo no encierra condena alguna. 2Pues ve a éste completamente perdonado, libre de pecado y sin propósito alguno. 3Y al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada. 4Ahí nació y ahí ha de terminar. 5Y todas las figuras del sueño con el que el mundo comenzó desaparecen con él. 6Los cuerpos no tienen ahora ninguna utilidad, por lo tanto, desaparecen también, pues el Hijo de Dios es ilimitado.
3. Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad: el juicio de Dios es el regalo de la Corrección que le concedió a todos tus errores. Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener. 2Tener miedo de la gracia redentora de Dios es tener miedo de liberarte totalmente del sufrimiento, del retorno a la paz, de la seguridad y la felicidad, así como de tu unión con tu propia Identidad.
4. El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos de Su plan para bendecir a Su Hijo y exhortarlo a regresar a la paz eterna que comparte con él. 2No tengas miedo del amor, 3pues sólo él puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágrimas, y despertar tiernamente de su sueño de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo. 4No tengas miedo de eso. 5La salvación te pide que le des la bienvenida. 6Y el mundo espera tu grata aceptación de ella, gracias a lo cual él se liberará.
5. Este es el Juicio Final de Dios: "Tú sigues siendo Mi santo Hijo,
por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado
como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. 2Despierta,
pues, y regresa a Mí. 3Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo"
Cuando somos capaces de ver la verdad, estamos en condiciones de crear. En cambio, cuando nos identificamos con el error, a pesar de creer que es la verdad, lo que hacemos es proyectar.
Las proyecciones nos llevan a fabricar un mundo acorde a lo que creemos que somos. Cuando aquello que somos no lo aceptamos, elegimos no ser consciente de ello, pues de hacerlo nos haría daño. Es entonces cuando la proyección se convierte en juicio condenatorio y criticamos fuera el comportamiento que no aceptamos de nosotros mismos.
El juicio es la confirmación de la separación. Una mente recta, que es capaz de percibir correctamente, ama la unidad y se aleja de la separación.
Una mente recta no juzga, pues su visión de la unidad le lleva a establecer un vínculo de hermandad con los demás. Conoce que cualquier juicio que emita sobre los demás se lo está dirigiendo a sí mismo.
A lo largo de estos estudios, ya hemos tenido ocasión de acercarnos al tema del "juicio". Lo hicimos en la Lección 243, en el que dedicamos el ejemplo-guía al análisis de "juzgar o no juzgar", y lo hicimos, igualmente, en la Lección 301, en el que enfocamos el tema "la dinámica del juicio". En esta ocasión, lo haremos con el propósito de profundizar en el concepto "Juicio Final".
Para ello, recurriremos al Texto del Curso, concretamente al Capítulo 2, pues en el apartado VIII, se nos explica el significado del Juicio Final.
“El Juicio Final es una de las ideas más atemorizantes de tu sistema de pensamiento. Eso se debe a que no entiendes lo que es. Juzgar no es un atributo de Dios. El Juicio Final se originó a raíz de la separación como uno de los muchos recursos de aprendizaje que se incluyeron en el plan general. Del mismo modo en que la separación abarcó un período de millones de años, así el Juicio Final se extenderá por un período igualmente largo, o tal vez aún más largo. Su duración, no obstante, puede acortarse enormemente mediante los milagros, el recurso que acorta el tiempo, pero que no lo abole. Si un número suficiente de nosotros llega a alcanzar una mentalidad verdaderamente milagrosa, este proceso de acortar el tiempo puede llegar a ser virtualmente inconmensurable. Es esencial, no obstante, que te liberes a ti mismo del miedo cuanto antes, pues tienes que escapar del conflicto si es que has de llevar paz a otras mentes” (T-2.VIII.2:1-8).
“Por lo general, se considera al Juicio Final como un proceso que Dios emprendió. Pero en realidad son mis hermanos quienes lo emprenderán con mi ayuda. El Juicio Final es la última curación, en vez de un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos. El castigo es un concepto completamente opuesto a la mentalidad recta, y el objetivo del Juicio Final es restituirte tu mentalidad recta. Se podría decir que el Juicio Final es un proceso de correcta evaluación. Significa simplemente que todos llegarán por fin a entender qué es lo que tiene valor y qué es lo que no lo tiene. Después de que esto ocurra, la capacidad para elegir podrá ser dirigida racionalmente. Pero hasta que no se haga esa distinción, las oscilaciones entre la voluntad libre y la aprisionada no podrán sino continuar” (T-2.VIII.3:1-8).
“El primer paso hacia la libertad comprende separar lo falso de lo verdadero. Éste
es un proceso de separación en el sentido constructivo de la palabra, y refleja el verdadero significado del Apocalipsis. Al final cada cual contemplará sus propias creaciones y elegirá conservar sólo lo bueno, tal como Dios Mismo contempló lo que había creado y vio que era bueno. A partir de ahí, la mente podrá comenzar a contemplar sus propias creaciones con amor por razón del mérito que tienen. Al mismo tiempo, la mente repudiará inevitablemente sus creaciones falsas que, en ausencia de la creencia que las originó, dejarán de existir” (T-2.VIII.4:1-5).
“El término "Juicio Final" asusta no sólo porque ha sido proyectado sobre Dios, sino también por la asociación de la palabra "final" con la muerte. Éste es un ejemplo sobresaliente de la percepción invertida. Si se examina objetivamente el significado del Juicio Final, queda muy claro que en realidad es el umbral de la vida. Nadie que viva atemorizado puede estar realmente vivo. No te puedes someter a ti mismo a tu propio Juicio Final porque tú no te creaste a ti mismo. Puedes, no obstante, aplicarlo significativamente, y en cualquier momento, a todo lo que has fabricado, y retener en la memoria sólo lo creativo y lo bueno. Eso es lo que tu mentalidad recta no puede sino dictar. El único propósito del tiempo es "darte tiempo" para alcanzar ese juicio, el cual no es otra cosa que el juicio perfecto con respecto a tus propias creaciones perfectas. Cuando todo lo que retengas en la memoria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación (T.2.VIII.5:1-11).
El Juicio Final, representa el final de los juicios:
“Después del Juicio Final no habrá ningún otro. Dicho juicio es simbólico porque más allá de la percepción no hay juicios” (T-3.VI.1:2-3).
Las enseñanzas trasladadas por la tradición católica, nos ha presentado un significado del Juicio Final que favorece la aparición del miedo, pues se interpreta como el final de los tiempos donde seremos juzgados por nuestros actos.
Sin embargo, la visión que nos aporta el Curso es bien distinta y sobre este particular nos dice:
“El ego vive literalmente de tiempo prestado, y sus días están contados. No tengas miedo del Juicio Final, sino que, por el contrario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo "toma prestado" de tu eternidad. Éste es el Segundo Advenimiento, el cual se concibió para ti de la misma manera en que el Primero fue creado. El Segundo Advenimiento es simplemente el retorno de la cordura. ¿Cómo iba a ser esto temible?” (T-9.IV.9:1-5).
VII. El sacrificio innecesario (4ª parte).
11. El Espíritu Santo no puede enseñar valiéndose del miedo. 2¿Cómo iba a poder, entonces, comunicarse contigo, mientras creas que comunicarte equivale a quedarte solo? 3Obviamente es una locura creer que vas a ser abandonado si te comunicas verdaderamente. 4Sin embargo, son muchos los que creen esto. 5Pues creen que sus mentes tienen que ser algo privado, o, de lo contrario, las perderían, pero que si son únicamente sus cuerpos los que están juntos sus mentes siguen siendo suyas. 6La unión de los cuerpos se convierte, por lo tanto, en la forma de mantener la separación de las mentes. 7Pues los cuerpos son incapaces de perdonar, 8Sólo pueden hacer lo que la mente les ordena.
Radio "miedo", debe de ser sustituido por Radio "amor". Se trata de nuestra elección, de nuestro deseo de dejar de oír los mensajes que nos producen daño y dolor, para recrearnos en los mensajes del Espíritu Santo que nos conectará con el amor, invitándonos a compartirlo con nuestros hermanos.
12. La ilusión de que el cuerpo goza de autonomía y de que es capaz de superar la soledad es tan sólo una estratagema del ego para establecer su propia autonomía. 2Mientras creas que estar con otro cuerpo es tener compañía, te verás obligado a tratar de reducir a tu hermano a su cuerpo, y a confinarlo allí mediante la culpabilidad. 3Y te sentirás a salvo en la culpabilidad y en peligro cuando te comunicas. 4Pues el ego siempre enseña que la soledad se supera mediante la culpabilidad, y que la comunicación es la causa de la soledad. 5Y a pesar de la evidente demencia de esta lección, son muchos los que la han aprendido.
La comunicación debe basarse en el amor, para evitar que se convierta en adoctrinamiento, que es lo que practica el sistema de pensamiento del ego, cuando tiene como único objetivo perpetuar su falsa identidad.
La comunicación, cuando expande el amor, aporta libertad, y, es desde este estado de consciencia, que decidimos ver cómo la comunicación nos lleva a comprender la unidad que mantiene unida a las mentes. Es a través de la comunicación de dichas mentes cuando experimentamos la Presencia de Dios y consolidamos la unión de la Filiación.
13. El perdón radica en la comunicación tan inexorablemente como la condenación radica en la culpabilidad. 2La función docente del Espíritu Santo consiste en enseñar que la comunicación es la salvación a aquellos que creen que es condenación. 3Y Él llevará a cabo Su función, pues el poder de Dios en Él y en ti están unidos en una relación real tan santa y tan poderosa, que puede superar incluso esa creencia sin temor alguno.