sábado, 9 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 314

LECCIÓN 314

Busco un futuro diferente del pasado.


1. De una nueva percepción del mundo nace un futuro muy dife­rente del pasado. 2El futuro se ve ahora simplemente como una extensión del presente. 3Los errores del pasado no pueden ensombrecerlo, de tal modo que el miedo ha perdido sus ídolos e imágenes, y, al no tener forma, deja de tener efectos. 4La muerte no podrá reclamar ahora el futuro, pues ahora la vida se ha con­vertido en su objetivo, y se proveen gustosamente todos los medios necesarios para su logro. 5¿Quién podría lamentarse o sufrir cuando el presente ha sido liberado, y su seguridad y paz se extienden hasta un futuro tranquilo y lleno de júbilo?

2. Padre, cometimos errores en el pasado, pero ahora elegimos valernos del presente para ser libres. 2Ponemos el futuro en Tus Manos, y deja­mos atrás nuestros errores pasados, seguros de que Tú cumplirás las promesas que nos haces en el presente, y de que bajo su santa luz dirigi­rás el futuro.


¿Qué me enseña esta lección?

Si vivimos nuestro presente como el efecto de nuestro pasado, estamos atribuyendo a ese estado temporal la causa que da origen a nuestro estado actual. Si creemos que en nuestro pasado fuimos actores que propiciaron el pecado, estaremos justificando que el sufrimiento tenga lugar en nuestro presente.

Sin embargo, ese argumento no es real, ya que el pasado no es real, pues lo que pasó ya no existe. Si el pasado no es real, ¿cómo podemos vincular la causa de lo que nos ocurre en el presente con un tiempo que no es real?

Cualquier asociación del presente con nuestro pasado nos hará sufrir, nos limitará.

El presente es ilimitado. En el presente, tenemos libertad para elegir el modo de ver las cosas. Los efectos siguen a su fuente, es decir, a la causa. Pero la causa, al dejar de pertenecer al pasado y al ubicarla en el presente, siempre nos ofrece la oportunidad de visionarla bajo la mirada del perdón, lo cual nos libera de la necesidad del sufrimiento y del dolor.

Lo que llamamos futuro es una visión anticipada de un nuevo presente. En verdad, tan sólo podemos hacer consciente el instante presente, y este acto significa "hacer un futuro diferente del pasado". Si permitimos que el pasado ocupe nuestro presente, estaremos dando continuidad al pasado en el futuro, es decir, estamos permitiendo que el error que cometimos en un anterior presente se perpetúe eternamente. 

Esa es la razón por la que es tan importante tomar consciencia de que el presente es una oportunidad para llevar a cabo el milagro, es decir, de des-hacer el error.

Ejemplo-Guía: "El futuro es imposible sin un presente"

¿Acaso podrás cosechar tus frutos en un futuro próximo, si no has sembrado sus semillas en el presente?

En esta cuestión existen dos aspectos sobre los que conviene reflexionar detenidamente.

Si has sembrado en alguna ocasión alguna semilla, te será mucho más fácil entender lo que vamos a desarrollar. 

Cuando sembramos una semilla, lo hacemos con la intención de que esa semilla se transforme, con su crecimiento, en una hermosa planta que nos ofrezca sus regalos, bien en forma de bellas flores o de frondosos frutos. Si aprovechamos esa dinámica y la aplicamos a nuestras vidas, diremos que cada vez que sembramos un pensamiento, lo hacemos motivados por un deseo, por una voluntad de alcanzar un logro. Ese logro podemos verlo como el efecto natural que surge del hecho de sembrar, es decir, podemos decir, que la siembra es la causa que, inevitablemente, está estrechamente unida al efecto.

De igual manera, cada pensamiento es la causa que origina un efecto al que llamamos experiencia.

Pero la relación causa-efecto, a pesar de que nuestra mente la concibe en la línea del tiempo como presente-futuro, en verdad, esa percepción es ilusoria, pues desde el primer acto de sembrar, hasta que se alcanza la fase de madurez de la semilla, siempre podremos encontrar un solo estado temporal, el presente.

El agricultor sabe perfectamente que con el hecho de sembrar la semilla no termina el ciclo del proceso de crecimiento de la planta. Es preciso prestarle un mantenimiento diario, es decir, es preciso el estado presente, y cuando hayamos alcanzado la fase final, tendremos la impresión de que todo el proceso se ha realizado en el estado presente.

Si nos limitamos a sembrar la semilla, o lo que es lo mismo, a tener un pensamiento, y no lo cuidamos, no lo regamos, no eliminamos las posibles plagas que atacan a la planta, no le quitamos las ramas secas, es decir, si a nuestros pensamientos no lo regamos con nuestros mejores sentimientos y no somos capaces de orientarlo adecuadamente, entonces, los resultados serán frustrantes. 

La importancia de vivir el presente como el único estado temporal real nos garantizará ser co-creadores conscientes de nuestra vida.

La mayoría de nosotros vamos por la vida con un total olvido de las acciones que sembramos y lo hacemos permanentemente. Cuando llega el día en el que toca cosechar nuestras siembras, nos sorprendemos por la calidad del producto cosechado y nos decimos, que mala suerte tenemos, la vida nos trata mal.

Reflexión: ¿Estamos viviendo el pasado en nuestro presente?

viernes, 8 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 313

LECCIÓN 313

Que venga a mí ahora una nueva percepción.

1. Padre, hay una visión que ve todas las cosas sin mancha alguna de pecado, lo cual indica que el miedo ha desaparecido, y que en su lugar se ha invitado al amor. 2y éste vendrá dondequiera que se le invite. 3Esta visión es Tu regalo. 4Los ojos de Cristo contemplan un mundo perdonado. 5Ante Su vista todos los pecados del mundo quedan perdonados, pues Él no ve pecado alguno en nada de lo que contempla. 6Permite que Su verdadera percepción venga a mí ahora, para poder despertarme del sueño de pecado y ver mi impecabilidad en mi interior, la cual Tú has conservado completamente inmaculada en el altar a Tu santo Hijo, el Ser con Quien quiero identificarme.

2. Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. 2¡Qué bellos somos! 3¡Cuán santos y amorosos! 4Hermano, ven y únete a mí hoy. 5Salvamos al mundo cuando nos unimos. 6Pues en nuestra visión el mundo se vuelve tan santo como la luz que mora en nosotros.


¿Qué me enseña esta lección? 

Padre, desde que elegí proyectarme desde mi mente, este acto volitivo propició la fabricación de un mundo cuyo efecto me hizo consciente de la percepción.  

Esta es la causa que originó la visión de la separación y la identificación con el cuerpo físico. Confundí mi verdadera realidad con la falsa realidad que me ofrece el mundo material. Elegí la ilusión a la verdad y sustituí el Amor por el miedo; la Paz por la culpa; la Gracia por el castigo; la Alegría por la tristeza; la Plenitud por la necesidad; la Abundancia por la escasez; la Dicha por el sufrimiento; la Vida por la muerte… 

Hoy abandono la visión del cuerpo y elijo ver con los ojos del alma. En ese altar, Padre, se encuentra la verdadera visión, la visión de la unidad. Elijo ver la realidad; elijo ver a mi hermano libre de pecado, inocente y pleno. Ya no nos une la creencia en el miedo y en la culpa. El perdón ha allanado el camino que nos conduce a compartir el amor en nuestro verdadero Hogar. 

Nuestros cuerpos cumplen con su función, la de servir de vehículo de comunicación de los atributos con los que nos ha creado nuestro Padre.


Ejemplo-Guía: "¡Qué bellos somos!"

¿No os resuena esta hermosa plegaria? 

"Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. ¡Qué bellos somos! ¡Cuán santos y amorosos! Hermano, ven y únete a mí hoy. Salvamos al mundo cuando nos unimos. Pues en nuestra visión el mundo se vuelve tan santo como la luz que mora en nosotros".

Cada vez que la emito, siento que la densidad de mi cuerpo pierde su poder de gravedad y me envuelve la sensación de elevarme por encima de este mundo. Me siento liberado e ilimitado. No sabría interpretarlo, pero es
algo parecido a un renacer. El mundo que antes percibía, lo veo ahora más liviano. No me siento atrapado por sus ilusiones, por sus fantasías. Las miro. Las veo, pero ya no encuentro significado en ellas. 

Esa mirada limpia me lleva a percibir la pureza, la inocencia, la invulnerabilidad, la impecabilidad, en cada ser, en cada hermano. 

¡Cuánta paz emana esa nueva visión! El perdón es la llave que nos abre las puertas de la salvación. Esa llave nadie externo a nosotros nos la puede ofrecer. Podemos proyectar fuera de nosotros al mensajero que nos enseña dónde se encuentra la puerta, pero la llave se encuentra en nuestro corazón, en nuestra capacidad de compartir la esencia con la que hemos sido creados, el amor. 

Ya no hay débito. Ya no hay culpa. Ya no hay necesidad de castigo. Tan sólo hay la verdadera Visión de Cristo, la que nos recuerda que somos el Hijo de Dios. 

Veo tu belleza, hermano, tu santidad y tu amor. Unámonos y salvaremos al mundo.

Reflexión: ¿Cómo te ves, reflejado en los demás?

Capítulo 15. VIII. La única relación real (2ª parte).

 VIII. La única relación real (2ª parte).

4. Piensa en esto por un instante: Dios te dio la Filiación para asegurar tu perfecta creación. 2Ése fue Su regalo, pues tal como Él no se negó a darse a Sí Mismo a ti, tampoco se negó darte Su creación. 3Todo lo que jamás fue creado es tuyo. 4Tu única rela­ción es la relación que tienes con todo el universo. 5Y ese universo, al ser de Dios, está mucho más allá de la mísera suma de todos los cuerpos separados que percibes. 6Pues todas las partes del universo están unidas en Dios a través de Cristo, donde se vuelven semejantes a su Padre. 7Cristo sabe que Él no está sepa­rado de Su Padre, Quien constituye Su única relación, en la que Él da tal como Su Padre le da a Él.

Magnífica reflexión la que nos brinda este punto. Tenemos que pensar, que nuestros hermanos, al igual que nosotros, son Hijos de Dios. Esta simplicidad, la hemos olvidado por completo, pues, cuando nos miramos, nos vemos y creemos especiales, separados del resto de la Filiación. ¡Cuánta arrogancia hay en esa creencia! De todos los humanos, precisamente, nosotros, nos creemos el hijo preferido, el hijo especial. Por otro lado, al ser parte de la Creación de Dios, ¿cómo podemos pensar que podemos privar a los demás de su libertad, ofreciéndoles como intercambio nuestro amor condicionado?

5. El Espíritu Santo es el intento de Dios de liberarte de lo que Él no entiende. 2Y por razón del Origen del intento, éste no puede fracasar. 3El Espíritu Santo te pide que respondas tal como Dios lo hace, pues quiere enseñarte lo que tú no entiendes. 4Dios respon­derá a toda necesidad, sea cual fuere la forma en que ésta se manifieste. 5El Espíritu Santo, por consiguiente, mantiene este canal abierto para recibir la comunicación de Dios a ti y la tuya a Él. 6Dios no entiende tu problema de comunicación, pues Él no lo comparte contigo. 7Tú eres el único que cree que es comprensible. 9EI Espíritu Santo sabe que no lo es, y, sin embargo, lo entiende porque tú lo inventaste.

El papel de mediador del Espíritu Santo es esencial en el Plan de Salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. La venda que nos impide ver la verdad, nos produce tal ceguera, que nos hemos habituado a vivir en la oscuridad, donde las sombras se confunden con la realidad, cuando en verdad son imágenes e ilusiones.

La Metafísica, nos afirma, que El Espíritu Santo forma parte del Aspecto Trino de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su papel en el Proceso Creativo, le ha llevado a adoptar un guión de intermediario, entre el Padre y El Hijo. Dicho papel, en la dimensión terrenal, le convierte en el Maestro que, aun sabiendo que las sombras, sombras son, esto es,  imágenes ilusorias, las utiliza para inspirar, en el estado de sueño en el que se encuentra la conciencia del Hijo de Dios, reflejos y señales que le hagan recordar su verdadera realidad.

Desde el plano perceptivo, el Espíritu Santo, utilizará sus vibraciones para llevar al Hijo de Dios a tener sueños que le revelen su origen y condición. Estos sueños, son llamados sueños felices, y, su final, no será otro que el instante santo del despertar

6.  La conciencia de lo que Dios no puede saber y de lo que tú no entiendes reside únicamente en el Espíritu Santo. 2Su santa fun­ción consiste en aceptar ambas cosas y, al eliminar de ellas todo elemento de desacuerdo, unirlas en una sola. 3Él hará eso porque ésa es Su función. 4Deja, por lo tanto, lo que a ti te parece imposi­ble en manos de Aquel que sabe que sí es posible, toda vez que esa es la Voluntad de Dios. 5Y permite que Aquel cuyas enseñan­zas son sólo en favor de Dios te enseñe el único significado de las relaciones. 6Pues Dios creó la única relación que tiene significado, y esa relación es la relación que Él tiene contigo.

El Espíritu Santo, no cree en el tiempo, pero al formar parte de la creencia del Hijo, lo utilizará para llevar a cabo su función más elevada, la de ofrecer el tiempo necesario para que se aprenda, que el tiempo es una ilusión y que forma parte del sistema de pensamiento del ego, el cual, debemos desaprender y sustituirlo por la única enseñanza verdadera, la que nos revela que somos Hijos de Dios, Hijos del Amor y que formamos parte de Creación de Dios: La Filiación.

jueves, 7 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 312

LECCIÓN 312

Veo todas las cosas como quiero que sean.


1. La percepción se deriva de los juicios. 2Habiendo juzgado, vemos, por lo tanto, lo que queremos contemplar. 3Pues el único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver. 4Es imposible pasar por alto lo que queremos ver o no ver lo que hemos decidido contemplar. 5¡Cuán inevitablemente, pues, se alza el mundo real ante la santa visión de aquel que acepta el propósito del Espíritu Santo como aquello que desea ver! 6No puede dejar de contemplar lo que Cristo quiere que vea, ni de amar con el Amor de Cristo lo que contempla.

2. Mi único propósito hoy es contemplar un mundo liberado, libre de todos los juicios que he emitido. 2Padre, esto es lo que Tu Voluntad dispone para mí hoy, por lo tanto, no puede sino ser mi objetivo también.

¿Qué me enseña esta lección? 

Cuidado con el uso que damos al juicio. Lo que juzgamos es lo que vemos y lo que vemos es lo que queremos ver, pues esa imagen forma parte de nosotros.

No hay juicio más dañino que aquel en el que condenamos a nuestros hermanos, pues en verdad, lo que estamos haciendo es condenándonos a nosotros mismos.

Todo juicio procede de la creencia de que estamos separados. Encuentra su origen en el miedo, pues si hubiese una sola pizca de amor en nuestros juicios estos no tendrían razón de ser; no haríamos uso de él de manera condenatoria.

Cuando nos amamos, estamos preparados para amar a los demás. Por lo tanto, cuando emitimos un juicio condenatorio hacia los demás o hacia nosotros mismos, de una manera consciente, lo que realmente estamos manifestando es nuestra ausencia de amor.

Es frecuente en el aspirante espiritual el caer en manos de la culpabilidad, como reacción natural a un acto que hemos juzgado pecaminoso y que nos quema en nuestra consciencia, exigiendo castigo y rectificación. El juicio riguroso y falto de amor y de perdón nos hará mucho daño y nos mantendrá identificados con la creencia del miedo, del dolor, de la tristeza y del sufrimiento.

Lo que pasó, ya pasó. Haz consciente el nuevo instante. Es la única realidad. No hay otra. Decide qué hacer. Es tu eternidad presente. Ama, y el amor te liberará.

Ejemplo-Guía: "¿Crees no poder cambiar lo que ves...?"

Nos resulta difícil creer que tenemos la potestad de poder cambiar aquello que percibimos, aquello que vemos, pero si le dedicamos el tiempo necesario a reflexionar sobre ello, tal vez nos planteemos que es posible cambiar esa apreciación. 

Si nos remontamos a los primeros días desde el nacimiento de una criatura, contemplaremos a un ser que expresa inocencia, pureza, sencillez y una falta total de juicio, en el sentido de que su mente, en esa edad temprana, no está influenciada por pensamientos que determinen cómo deben interpretarse las cosas. Sus respuestas son instintivas, y la manifestación sensorial que manifiesta de manera inconsciente a través del llanto cuando recibe estímulos externos son respuestas propias del medio hostil en el que acaba de nacer, el mundo de las formas, donde la necesidad y la escasez se dan la mano para informarnos de que este nivel es el resultado del miedo, el resultado de haber elegido un nivel de conciencia separado de nuestro Creador. 

Esa misma criatura, mientras ha permanecido en el vientre de su madre, no ha sentido esa necesidad, pues ha estado alimentada por vía directa y no ha necesitado ser arropada, pues el cuerpo de su creador lo ha protegido de inclemencias externas. 

El contacto con el exterior, lo que supone la "separación" de su madre, lo ha situado en un escenario distinto donde comenzará a adquirir información que le condicionará a la hora de adaptarse al medio. Las normas, la cultura, las creencias del mundo cercano a esa criatura se convertirán en su aleccionador y, en este sentido, ese personaje, que llegó puro e inocente, se irá convirtiendo, en poco tiempo, en un ser con capacidad de juzgar y de elevar esa capacidad al nivel de la condena, lo que significa que su relación con el medio se establecerá en función a las proyecciones que haga de sí mismo sobre los demás. 

Aquello que no forma parte de nuestras creencias, no lo veremos. Si el Hijo de Dios no hubiese deseado ver un mundo separado de su Creador, nunca hubiese visto el mundo que hemos hecho real. La creencia en que podemos ser nuestros propios "hacedores", nos ha llevado a juzgar que es posible, y dicho juicio, de manera inevitable, nos ha llevado a percibir otro escenario distinto. 

Si aplicamos esa capacidad, que emana de nuestra condición divina, pues todos poseemos el principio activo de la voluntad, heredado de nuestro Padre, a nuestras vidas, debemos ser conscientes de que somos el resultado de un conjunto de creencias que hemos ido adquiriendo en nuestro crecimiento y esas creencias son las que nos llevan a responder de una manera condicionada ante experiencias que hacemos comunes. Por ejemplo, vemos la enfermedad como un hecho negativo en nuestras vidas. Sin embargo, ya se oyen voces en otro sentido, es decir, hay quien defiende todo lo contrario, viendo la enfermedad como un "camino" que nos conduce al autoconocimiento. Por no hablar de la visión que nos aporta Un Curso de Milagros, que nos enseña que la enfermedad no es real.  

Nos han enseñado, y nuestra cultura lo hace, a llorar ante la pérdida de un ser querido. Pero podemos encontrar algunas culturas donde la muerte adquiere otro significado. Todo ello debe hacernos reflexionar sobre el sentido de las cosas, sobre el valor de las cosas, sobre el significado de las cosas, en definitiva, sobre el juicio y percepción de las cosas. 

La invitación que nos hace esta lección es: ¿podemos ver las cosas de otra manera? 

Como siempre, es nuestra elección.


Reflexión: "El único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver"

Capítulo 15. VIII. La única relación real (1ª parte).

VIII. La única relación real (1ª parte).

1. El instante santo no es un sustitutivo de tu necesidad de aprender, pues el Espíritu Santo no puede dejar de ser tu Maestro hasta que el instante santo se haya extendido mucho más allá del tiempo. 2fin de llevar a cabo Su tarea docente, el Espíritu Santo tiene que valerse de todo lo que hay en este mundo para tu libera­ción. 3Tiene que aprovechar cualquier señal o indicación de que estás dispuesto a aprender de Él lo que es la verdad. 4No se demora en utilizar cualquier cosa que le ofrezcas en favor de eso. 5Su interés por ti y el cuidado que te profesa son ilimitados. 6En vista del miedo que tienes del perdón, que Él percibe con la misma claridad con la que sabe que el perdón libera, Él te ense­ñará a recordar que el perdón no conlleva ninguna clase de pér­dida, sino que, por el contrario, es tu salvación. 7Y te enseñará asimismo que perdonando completamente, es decir, reconociendo que no hay nada que necesite ser perdonado, quedas completa­mente absuelto.

Desde el sistema de pensamiento del ego, practicar el perdón supone una pérdida para el que lo aplica, pues, el ego piensa que el perdón nos hace débiles ante los demás.

No es difícil de entender el pensamiento del ego, cuando su lema es "ataca para no ser atacado". El orgullo, la vanidad, el egoísmo, son su carta de presentación a la hora de afrontar una relación. El miedo lo oculta con gestos de amor, pero dichos gestos están condicionados, es decir, adquiere el siguiente significado: "te amor siempre que hagas lo que yo te diga". La privación de libertad, queda al descubierto, cuando decide amar de manera especial, imponiendo sus condiciones, las cuales va utilizando poco a poco.

Sí, el ego tiene miedo al amor y tiene miedo al perdón, por lo que, debemos elegir entre el modo de amar condicionado, o, amar incondicional que nos enseña el Espíritu Santo. Si elegimos el amor incondicional, aprenderemos, igualmente, a perdonar completamente, lo que nos lleva al reconocimiento de que en verdad no hay nada que deba ser perdonado.

2. Escúchale gustosamente, y aprende de Él que no tienes necesi­dad de relaciones especiales en absoluto. 2Lo único que buscas en ellas es aquello que desechaste. 3Y a través de ellas nunca podrás aprender el valor de lo que descartaste, lo cual, sin embargo, sigues anhelando con todo tu corazón: 4Unámonos para hacer que el instante santo sea lo único que hay, al desear que sea lo único que hay. 5El Hijo de Dios tiene tanta necesidad de que estés dispuesto a tratar de lograr esto, que es imposible concebir una necesidad mayor. 6Contempla la única necesidad que Dios y Su Hijo comparten, y que quieren satisfacer juntos. 7No estás solo en esto. 8La voluntad de tus creaciones te llama para que compartas tu voluntad con ellas. 9Por lo tanto, dale la espalda a la culpabilidad en paz y dirígete hacia Dios y hacia tus creaciones.

El Curso nos enseña, que las relaciones especiales están inspiradas en la creencia en la culpa. Como bien recoge este punto, lo única que buscamos en dichas relaciones es aquello que desechamos, y lo hicimos, por miedo al amor. A través de la relación especial nos sentimos atraídos a compensar lo que no hemos sido capaz de completar, de elevar a la condición de unidad y de paz.

El instante santo, una vez Expiado nuestros errores mentales, nos permite visionar lo que realmente somos y esta visión nos lleva a reconocer en el otro al hermano con el formamos parte de la Filiación. Esa visión no será condicionada, no será particular y personal, será universal, lo que significa que amaremos a todos y cada uno de los Hijos de Dios, por igual.

El Espíritu Santo y el instante santo, nos enseñan que no tenemos necesidad de relaciones especiales, pues, este tipo de relación pertenece al sistema de pensamiento del ego.

3. Relaciónate únicamente con lo que nunca te abandonará y con lo que nunca podrías abandonar. 2La soledad del Hijo de Dios es la soledad de su Padre. 3No rechaces la conciencia de tu comple­ción, ni procures restituírtela tú mismo. 4No tengas miedo de poner la redención en manos del Amor de tu Redentor. 5Él no te fallará, pues viene de parte de Uno que no puede fallar. 6Acepta tu sensación de fracaso como una simple equivocación con res­pecto a quién eres. 7Pues el santo anfitrión de Dios se encuentra más allá de todo fracaso, y nada que su voluntad disponga puede ser negado. 8Estás eternamente en una relación tan santa, que invoca a todo el mundo a escaparse de la soledad y a unirse a ti en tu amor. 9Y todo el mundo tiene que buscar el lugar donde estás y encontrarte allí.

El miedo al abandono, persigue al ego en su experiencia de relación especial, lo que lo lleva a defender celosamente aquello que considera es suyo. La persona con la que se relaciona pasa a formar parte de su "tesoro" particular, de sus posesiones y conquistas, y, el simple hecho de pensar que puede perderlo, le lleva "armarse hasta los dientes", para defender lo que cree pertenecerle. El miedo, se expresa como un exceso de amor que quema al otro.

Pongamos nuestras relaciones en manos del Amor de nuestro Redentor. El nos enseñará a Amar de manera incondicional y a compartir nuestro amor con el resto de la humanidad en escala de igualdad. 

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Interpretación Astro-Cabalística del Evangelio de Marcos (INTRODUCCIÓN)

INTRODUCCIÓN

Aquellos que han estudiado minuciosamente los detalles exotéricos de los Libros Sagrados, entre ellos los Evangelios, han querido ver en la obra redactada por San Marcos la influencia clara y nítida de uno de los actores principales en el guion protagonizado por Jesús-Cristo. Me estoy refiriendo a Simón, a quien el Maestro llamaría Pedro.

Todos los investigadores coinciden en que San Marcos fue un redactor de hechos históricos que cultivó su arte con una exquisita sencillez, con la cual nos presenta a un Jesús con los rasgos peculiares de un ser humano, y al mismo tiempo realza su aspecto trascendente, misterioso y divino. En definitiva, nos acerca a la comprensión del Hombre-Dios del que todos somos portadores en estado potencial y que Él, el Maestro, el Hijo del hombre, nos enseñaría a conquistar.


DOS FACTORES ESOTÉRICOS SIGNIFICATIVOS

Marcos representa el evangelio del Elemento Aire, el intelectual. El propósito de su relato es narrar de un modo comprensible a la mente humana la dualidad que se da cita en el hombre cuya evolución es la más elevada con respecto al resto de la humanidad. Al describirnos los valores humanos de Jesús, el cronista nos permite identificarnos con su vida, con sus acciones; facilita que podamos seguir sus mismas huellas, pues sus logros están al alcance de todos nosotros. Por otro lado, al describirnos sus valores espirituales, al hacernos comprensible su Designio, su Misión, al permitirnos entender su Propósito, nos está describiendo un proceso lógico que todos debemos seguir para desarrollar las potencialidades de las que somos portadores, pues todos somos hijos y herederos de los poderes de Dios.

La labor de Marcos nos instruye sobre el Cristo interno que habita en cada hombre y sobre los "trabajos", a nivel humano, que debemos desarrollar para conquistar la consciencia Crística. Nos facilitará, igualmente, la asimilación intelectual de lo divino que, en el caso de San Juan -Evangelio de Fuego-, aparece expresado en un lenguaje abstracto, arquetípico y rico en simbología.

El Evangelio de Marcos es más asequible a la razón y nos revela, en los dieciséis capítulos, los dieciséis "Estados de Energía" o los dieciséis "Tránsitos" que debe recorrer el alma humana en la conquista de su condición divina. Desarrollar ese viaje sobre la senda Zodiacal es cubrir los Doce Arquetipos Divinos integrando, a su vez, los Cuatro Estados de Transición entre los diferentes Elementos.

La cifra 16 nos lleva, pues, a la idea de perfeccionamiento de los "Trabajos Divinos", y existen testimonios recogidos por autores, como Claude de Saint Martín en su obra "Las Relaciones", donde nos hablan de un alfabeto primitivo que se componía de 16 signos. Asimismo, Lacour, Barrois, Court de Gébelin, Fabre de Olivet y, más recientemente, Kabaleb, nos hablan de la existencia de esos 16 Estados primitivos que darían lugar a posteriores alfabetos.

Lo cierto es que, las revelaciones astrológicas en su manifestación, nos llevan a evidenciar esos dieciséis "peldaños" que, ineludiblemente, toda alma ha de recorrer.

El presente trabajo trata sobre el estudio de esos Dieciséis Estados de Consciencia, enfocándolos desde el punto de vista astrológico/cabalístico o, lo que es lo mismo, desde el punto de vista creativo del universo macrocósmico y microcósmico, así como desde el análisis de la vida de Jesús, en cuyos trazos veremos, dibujadas de un modo maravilloso, las mismas verdades que se expresan en el conocimiento de los Zodiacales.

En definitiva, haremos un extraordinario viaje por el mundo del conocimiento y de la sabiduría ancestral en el que iremos descubriendo claves y verdades que están recogidas, en un lenguaje sencillo, en la Crónica de la Vida del Maestro y que se detallan en la Obra de San Marcos.

Interpretación Astro-Cabalística del Evangelio de Marcos (PRESENTACIÓN)


PRESENTACIÓN

Aún recuerdo, con perfecta nitidez, la primera ocasión en la que hice pública mi voluntad de estudiar astrología. Con motivo del comienzo de un nuevo curso académico, la dirección del centro reunió a todos los alumnos y fue nombrándolos uno a uno con la intención de preguntarles sobre las razones que les habían llevado a escoger las ramas optativas de Ciencias o Letras. Unos decían: "me he decidido por ciencias, pues deseo estudiar medicina", otros anunciaban: "he decidido letras, pues mi propósito es estudiar literatura", y así hasta llegar mi turno. Yo, por aquellos días, no tenía muy claro qué deseaba estudiar, sin embargo, me levanté muy decidido, y tomando la palabra, dije: "elijo ciencias, pues he decidido estudiar astrología". 

Cada vez que evoco estos recuerdos en mi mente creo estar oyendo las risotadas de mis compañeros y del claustro de profesores en pleno. El Jefe de Estudios, participando de aquel clima que se tornaba cada vez más distendido, me advirtió de que tendría que ir a estudiar con el Dr. Jiménez del Oso. Lo que él, ni nadie de los allí presentes, al menos conscientemente, podíamos imaginar, fue que sus palabras fueron una premonición, pues pasado unos años, fue gracias a las publicaciones del Dr. Jiménez del Oso que tuve ocasión de contactar, por primera vez en esta existencia, con el mundo apasionante de los astros y del esoterismo en general… 

No sabría responder, si alguien me preguntase, por qué tomé aquella decisión. Tan solo podría decir que desde una edad muy temprana había algo en mí que sentía atracción por el tema. 

Desde mi primer descubrimiento, de la mano de las publicaciones mencionadas hasta hoy día, son muchas las horas de convivencia con el saber transcendente de los astros, y ello me permite poder compartir mis experiencias con el mundo. Siento la necesidad de hacerlo, pues mis propias creencias en relación con el conocimiento de los astros han ido adaptándose a importantes y considerables cambios.

Mis primeros contactos con la astrología, ahora lo entiendo, respondían a la necesidad interna de encontrar respuestas a lo que el futuro incierto me aguardaba. Tan solo un deseo me guiaba: saber con antelación lo que iba a pasar. Así fue como me relacioné con la astrología en su aspecto adivinatorio. Le dediqué mucha atención a manuales que me aportaron la información que iba buscando. Pronto me descubrí como una fuente de revelación para todos aquellos que estaban ansiosos por conocer lo que el futuro les tenía reservado. Fueron momentos importantes, incluso decisivos, pues pude comprobar el rigor científico de las influencias astrológicas. 

Sin embargo, en la medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de interpretaciones, un profundo vacío crecía conmigo. ¿Por qué sucedían aquellas cosas? ¿Qué relación existía entre los seres para que unos protagonizasen el papel de agresor y otros el de víctima? ¿Dónde se encontraba la razón de la suerte, del azar? ¿Existía la justicia? 

Una innumerable lista de interrogantes iba creciendo en mi mente. Ese fue el momento en el que me estaba enfrentando a mi primer gran cambio de creencias. 

Pedid y se os dará… Y así fue. No sé cuándo lo hice, pero estoy seguro de que pedí, pues no poder cambiar el rumbo de las cosas me estaba ahogando. Si las cosas tenían que ser así, tenía que encontrar respuestas. 

Una nueva fuente de conocimiento se presentó en mi camino. Se trataba de la Cábala. Jamás antes había oído hablar de la doctrina cabalística, pero si de algo estaba seguro es de que no ha sido mi primer contacto con ella, pues nada más comenzar el estudio de sus enseñanzas, mi consciencia despertó a un ancho océano de conocimientos trascendentales como nunca había soñado. 

Desde ese momento y hasta ahora, la angustia interna que poco a poco se fue apoderando de mí fue desapareciendo, ocupando su lugar una permanente alegría, pues mis vacíos internos, mis múltiples interrogantes, fueron encontrando respuestas.


Lo que más agradezco a la Cábala es el haberme ofrecido la oportunidad de encontrar el sendero que he de andar; y sobre todo, el haberme dado los medios para recorrerlo sin necesidad de "muletas", es decir: con mis propios esfuerzos.

Comprendí, hace algún tiempo, que la evolución de la astrología es paralela a la del ser humano. Hubo un tiempo en el que los guías eran necesarios para el desarrollo de la consciencia del hombre. Esto ha sido así mientras que nuestros vehículos espirituales -cuerpo emocional y mental- se encontraban en su fase infantil. Ahora es el momento de actuar haciendo uso del bagaje obtenido. Todos y cada uno de nosotros llevamos un "maestro" interno. De nuestros esfuerzos depende el que oigamos su voz y canalicemos nuestras acciones de acuerdo a su programa o, por el contrario, decidamos quedar dependientes de las circunstancias externas para realizar los trabajos.

En cierta ocasión, cuando me encontraba preparando un trabajo para el desarrollo de una conferencia, mientras leía el Génesis y parte de los Evangelios, tuve una grata revelación, que hasta ese momento me había pasado inadvertida. Si tomamos el Génesis, I-14, podemos leer lo relativo al proceso de creación llevado a cabo en el Cuarto Día, trabajo que consistió en la aparición en el cielo de las lumbreras y de las estrellas.

Necesitaríamos mucho más espacio del que nos concede este apartado para desarrollar el sentido transcendente de la dinámica recogida en este capítulo, pero lo que sí diré, a título de resumen, es que los trabajos descritos en el Cuarto Día de la Creación dan lugar al origen de las influencias de los astros sobre la evolución del Ser. En verdad, las lumbreras y las estrellas han servido al hombre como señales en las estaciones, es decir: en sus ciclos evolutivos.

Nos estamos refiriendo al Génesis, y ello nos lleva a afirmar que estas influencias están destinadas al hombre en su nacimiento, en lo relativo a un nuevo estado de consciencia. Este estado ha recibido el nombre de involución y con ello se trata de describir el proceso de aprendizaje de la conciencia en la conquista de la individualidad. Se trata de la odisea del hombre paradisiaco, que, perdiendo su estado "Virginal-Pleno-Uno", despierta a su potencial creador, lo cual le lleva a un estado de aparente "Separación-Dualidad".

Desde este punto de arranque, han sido muchas las experiencias cosechadas, muchos los puertos visitados por el alma humana y, en esa andadura, siempre acompañada de un fiel e ilusorio compañero: el olvido de uno mismo. Pero, ¿hasta cuándo se cuestionará el alma inquieta y cansada de bregar en busca de paz y sosiego?

Mientras tanto, y durante todo el tiempo, el viajero incansable tan solo ha podido contar con las señales provenientes del cielo, un cielo que se antoja evocador de mejores tiempos. luces que se presentan, ora amigas, ora enemigas… presagios que atormentan el espíritu cuando vienen acompañados de siniestros augurios que no podemos evitar. Esas voces, que hablan desde el cielo, no son interpretadas correctamente y, poco a poco, vamos perdiendo el interés por ellas. Dejamos de creerlas, y nos negamos a poner en sus manos nuestro destino.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo, los astros determinarán nuestra existencia? ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para recibir los frutos de nuestro trabajo humano?

En respuesta a esta profunda inquietud, el mensaje recogido en Marcos, Cap 14, 24-27, viene a revelarnos el final que todos debemos alcanzar:
"24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su brillo, 25 y las estrellas se caerán del cielo, y los poderes de los cielos se conmoverán. 26 Entonces verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad. 27 Y enviarán a sus ángeles, y juntarán a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra hasta el extremo del cielo".
No hay alma encarnada sobre la tierra, que no tenga almacenado el registro del bagaje adquirido en su proceso de individualización. Si tuviese que dar título a estos registros, éste sería "tribulación".


En efecto, este alma vieja ha sido protagonista en todos los guiones escenificados por los grandes autores de la historia humana, desde Adam hasta Jesús. Pero llegará el día en que cese la tribulación. El Hijo del hombre ha conquistado nuestra consciencia y ya no es necesario que el sol, la luna y las estrellas luzcan para nosotros desde el exterior, pues su luz forma parte de nuestro ser interno.

Nuestra consciencia nos elevará por encima de las nubes, y se expresará con gran poder y majestad. Es la hora de cambiar el rumbo de nuestra nave, y a golpe de timón abandonar el proceso involutivo. Cargados con nuestra propia individualidad, buscaremos el reencuentro con la unidad olvidada, y orientaremos nuestras acciones para que den testimonio de la Nueva Consciencia: Ser uno con todo lo creado. Este proceso es conocido como "Evolutivo".

Aquellos seres que nos han servido de guías en nuestro estado de ceguera espiritual -Ángeles-, cuando se produzca este cambio de rumbo, es decir, cuando nos hayamos convertido en Hijos del hombre, serán enviados por nosotros de un modo consciente, es decir, ejerceremos nuestra potestad sobre los planos en los que ellos se manifiestan, y ese poder se testimoniará uniendo a los Cuatro Elementos -cuatro vientos-, en un solo encuentro entre el Ser-Dios-Cielo y el Ser Humano-Tierra, el Ser Uno, el Ser que somos.

En los últimos años, la actividad que vengo desarrollando en relación con la astrología me lleva a difundir estos conocimientos. Es una experiencia, muy común, que los estudiantes me transmitan su deseo de que les interprete sus cartas. Su petición me traslada a mis primeros contactos con la interpretación adivinatoria. Sin embargo, aquellos tiempos forman parte de mis creencias viejas, de una consciencia anterior en la que me sentía identificado con el "hombre viejo", el "hombre tribulación".

Ahora, creo en el Hijo del hombre con poder y majestad sobre sí mismo y sobre todo lo creado. Y así se lo transmito a mis compañeros de ruta. Confío en que su alma esté preparada para asumir su propia existencia; para que su personalidad pasajera recuerde su pasado, recuperando la memoria ancestral de su verdadera esencia.

La propia experiencia me revela que el hombre está preparado para recibir esa "nueva enseñanza". Cuando su aproximación a la Ciencia Madre le revele quién es en verdad, en su consciencia se producirá un espectáculo hermoso y maravilloso. Por primera vez, se sentirá con el poder suficiente para ser su propio guía.

Con este único propósito, que va más allá de cualquier deseo personal, pongo a disposición del hombre el contenido de un nivel de conocimiento que espera ser transcendido por el propio hombre, pues no hay mayor verdad que aquella que nace con el deseo de ser cimiento de nuevas verdades.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 311

¿Qué es el Juicio Final? 

1. El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este regalo: poder oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad jamás ha cambiado. 2Y éste es el juicio con el que a la percepción le llega su fin. 3Lo primero que verás será un mundo que ha aceptado que esto es verdad, al haber sido proyectado desde una mente que ya ha sido corregida. 4Y con este panorama santo, la percepción imparte una silenciosa bendición y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión. 

2. El Juicio Final sobre el mundo no encierra condena alguna. 2Pues ve a éste completamente perdonado, libre de pecado y sin propósito alguno. 3Y al no tener causa ni función ante los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada. 4Ahí nació y ahí ha de terminar. 5Y todas las figuras del sueño con el que el mundo comenzó desaparecen con él. 6Los cuerpos no tienen ahora nin­guna utilidad, por lo tanto, desaparecen también, pues el Hijo de Dios es ilimitado. 

3. Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad: el juicio de Dios es el regalo de la Corrección que le concedió a todos tus errores. Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener. 2Tener miedo de la gracia redentora de Dios es tener miedo de liberarte totalmente del sufrimiento, del retorno a la paz, de la seguridad y la felicidad, así como de tu unión con tu propia Identidad. 

4. El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos de Su plan para bendecir a Su Hijo y exhortarlo a regre­sar a la paz eterna que comparte con él. 2No tengas miedo del amor, 3pues sólo él puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágri­mas, y despertar tiernamente de su sueño de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo. 4No tengas miedo de eso. 5La salvación te pide que le des la bienvenida. 6Y el mundo espera tu grata aceptación de ella, gracias a lo cual él se liberará. 

5. Este es el Juicio Final de Dios: "Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. 2Despierta, pues, y regresa a Mí. 3Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo"




LECCIÓN 311

Juzgo todas las cosas como quiero que sean.

1. Los juicios se inventaron para usarse como un arma contra la verdad. 2Separan aquello contra lo que se utilizan, y hacen que se vea como si fuese algo aparte y separado. 3Luego hacen de ello lo que tú quieres que sea. 4Juzgan lo que no pueden comprender, ya que no pueden ver la totalidad, y, por lo tanto, juzgan falsamente. 5No nos valgamos de ellos hoy, antes bien, ofrezcámoselos de regalo a Aquel que puede utilizarlos de manera diferente. 6Él nos salvará de la agonía de todos los juicios que hemos emitido con­tra nosotros mismos y re-establecerá nuestra paz mental al ofre­cernos el juicio de Dios con respecto a Su Hijo.

2. Padre, estamos esperando hoy con mentes receptivas a oír Tu juicio con respecto al Hijo que Tú amas. 2No lo conocemos, y así, no lo pode­mos juzgar. 3Por lo tanto, dejamos que Tu Amor decida qué es lo que no puede sino ser aquel a quien Tú creaste como Tu Hijo.


¿Qué me enseña esta lección? 

Cuando somos capaces de ver la verdad, estamos en condiciones de crear. En cambio, cuando nos identificamos con el error, a pesar de creer que es la verdad, lo que hacemos es proyectar. 

Las proyecciones nos llevan a fabricar un mundo acorde a lo que creemos que somos. Cuando aquello que somos no lo aceptamos, elegimos no ser consciente de ello, pues de hacerlo nos haría daño. Es entonces cuando la proyección se convierte en juicio condenatorio y criticamos fuera el comportamiento que no aceptamos de nosotros mismos. 

El juicio es la confirmación de la separación. Una mente recta, que es capaz de percibir correctamente, ama la unidad y se aleja de la separación.  

Una mente recta no juzga, pues su visión de la unidad le lleva a establecer un vínculo de hermandad con los demás. Conoce que cualquier juicio que emita sobre los demás se lo está dirigiendo a sí mismo.


Ejemplo-Guía: "Sobre el Juicio Final"

A lo largo de estos estudios, ya hemos tenido ocasión de acercarnos al tema del "juicio". Lo hicimos en la Lección 243, en el que dedicamos el ejemplo-guía al análisis de "juzgar o no juzgar", y lo hicimos, igualmente, en la Lección 301, en el que enfocamos el tema "la dinámica del juicio". En esta ocasión, lo haremos con el propósito de profundizar en el concepto "Juicio Final". 

Para ello, recurriremos al Texto del Curso, concretamente al Capítulo 2, pues en el apartado VIII, se nos explica el significado del Juicio Final. 

“El Juicio Final es una de las ideas más atemorizantes de tu sis­tema de pensamiento. Eso se debe a que no entiendes lo que es. Juzgar no es un atributo de Dios. El Juicio Final se originó a raíz de la separación como uno de los muchos recursos de aprendizaje que se incluyeron en el plan general. Del mismo modo en que la separación abarcó un período de millones de años, así el Juicio Final se extenderá por un período igualmente largo, o tal vez aún más largo. Su duración, no obstante, puede acortarse enorme­mente mediante los milagros, el recurso que acorta el tiempo, pero que no lo abole. Si un número suficiente de nosotros llega a alcanzar una mentalidad verdaderamente milagrosa, este proceso de acortar el tiempo puede llegar a ser virtualmente inconmensu­rable. Es esencial, no obstante, que te liberes a ti mismo del miedo cuanto antes, pues tienes que escapar del conflicto si es que has de llevar paz a otras mentes” (T-2.VIII.2:1-8). 

“Por lo general, se considera al Juicio Final como un proceso que Dios emprendió. Pero en realidad son mis hermanos quienes lo emprenderán con mi ayuda. El Juicio Final es la última curación, en vez de un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos. El castigo es un concepto completamente opuesto a la mentalidad recta, y el objetivo del Juicio Final es restituirte tu mentalidad recta. Se podría decir que el Juicio Final es un proceso de correcta evaluación. Significa simplemente que todos llegarán por fin a entender qué es lo que tiene valor y qué es lo que no lo tiene. Después de que esto ocurra, la capacidad para elegir podrá ser dirigida racionalmente. Pero hasta que no se haga esa distinción, las oscilaciones entre la voluntad libre y la aprisionada no podrán sino continuar” (T-2.VIII.3:1-8). 

“El primer paso hacia la libertad comprende separar lo falso de lo verdadero. Éste
es un proceso de separación en el sentido cons­tructivo de la palabra, y refleja el verdadero significado del Apo­calipsis. Al final cada cual contemplará sus propias creaciones y elegirá conservar sólo lo bueno, tal como Dios Mismo contempló lo que había creado y vio que era bueno. A partir de ahí, la mente podrá comenzar a contemplar sus propias creaciones con amor por razón del mérito que tienen. Al mismo tiempo, la mente repudiará inevitablemente sus creaciones falsas que, en ausencia de la creencia que las originó, dejarán de existir” (T-2.VIII.4:1-5). 

“El término "Juicio Final" asusta no sólo porque ha sido proyec­tado sobre Dios, sino también por la asociación de la palabra "final" con la muerte. Éste es un ejemplo sobresaliente de la per­cepción invertida. Si se examina objetivamente el significado del Juicio Final, queda muy claro que en realidad es el umbral de la vida. Nadie que viva atemorizado puede estar realmente vivo. No te puedes someter a ti mismo a tu propio Juicio Final porque tú no te creaste a ti mismo. Puedes, no obstante, aplicarlo signifi­cativamente, y en cualquier momento, a todo lo que has fabri­cado, y retener en la memoria sólo lo creativo y lo bueno. Eso es lo que tu mentalidad recta no puede sino dictar. El único propó­sito del tiempo es "darte tiempo" para alcanzar ese juicio, el cual no es otra cosa que el juicio perfecto con respecto a tus propias creaciones perfectas. Cuando todo lo que retengas en la memo­ria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación (T.2.VIII.5:1-11). 

El Juicio Final, representa el final de los juicios: 

“Después del Juicio Final no habrá ningún otro. Dicho juicio es simbólico porque más allá de la percepción no hay juicios” (T-3.VI.1:2-3). 

Las enseñanzas trasladadas por la tradición católica, nos ha presentado un significado del Juicio Final que favorece la aparición del miedo, pues se interpreta como el final de los tiempos donde seremos juzgados por nuestros actos. 

Sin embargo, la visión que nos aporta el Curso es bien distinta y sobre este particular nos dice: 

“El ego vive literalmente de tiempo prestado, y sus días están contados. No tengas miedo del Juicio Final, sino que, por el contrario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo "toma prestado" de tu eternidad. Éste es el Segundo Advenimiento, el cual se concibió para ti de la misma manera en que el Primero fue creado. El Segundo Advenimiento es simplemente el retorno de la cordura. ¿Cómo iba a ser esto temible?” (T-9.IV.9:1-5).


Reflexión: "Más allá de la percepción no hay juicios"

Capítulo 15. VII. El sacrificio innecesario (4ª parte).

 VII. El sacrificio innecesario (4ª parte).

11. El Espíritu Santo no puede enseñar valiéndose del miedo. 2¿Cómo iba a poder, entonces, comunicarse contigo, mientras creas que comunicarte equivale a quedarte solo? 3Obviamente es una locura creer que vas a ser abandonado si te comunicas verda­deramente. 4Sin embargo, son muchos los que creen esto. 5Pues creen que sus mentes tienen que ser algo privado, o, de lo contra­rio, las perderían, pero que si son únicamente sus cuerpos los que están juntos sus mentes siguen siendo suyas. 6La unión de los cuerpos se convierte, por lo tanto, en la forma de mantener la separación de las mentes. 7Pues los cuerpos son incapaces de per­donar, 8Sólo pueden hacer lo que la mente les ordena.

Para poder comunicarnos con el Espíritu Santo y poder oír Su Voz, debemos conocer cuál es el canal por el que emite su mensaje. ¿Qué significa esto? Sencillamente que, cuando elegimos oír la voz del ego, nuestra mente esté sintonizando la frecuencia inventada por el ego, donde su sistema de pensamiento emite tan sólo mensajes basado en la falsa creencia de que estamos separados unos de otros y que nuestra identidad es el cuerpo físico. Mientras que nuestra mente no elija sintonizar otra frecuencia, continuaremos sirviendo a la ilusión, al ego.

Radio "miedo", debe de ser sustituido por Radio "amor". Se trata de nuestra elección, de nuestro deseo de dejar de oír los mensajes que nos producen daño y dolor, para recrearnos en los mensajes del Espíritu Santo que nos conectará con el amor, invitándonos a compartirlo con nuestros hermanos.

12. La ilusión de que el cuerpo  goza de autonomía y de que es capaz de superar la soledad es tan sólo una estratagema del ego para establecer su propia autonomía. 2Mientras creas que estar con otro cuerpo es tener compañía, te verás obligado a tratar de reducir a tu hermano a su cuerpo, y a confinarlo allí mediante la culpabilidad. 3te sentirás a salvo en la culpabilidad y en peligro cuando te comunicas. 4Pues el ego siempre enseña que la soledad se supera mediante la culpabilidad, y que la comunicación es la causa de la soledad. 5Y a pesar de la evidente demencia de esta lección, son muchos los que la han aprendido.

La comunicación debe basarse en el amor, para evitar que se convierta en adoctrinamiento, que es lo que practica el sistema de pensamiento del ego, cuando tiene como único objetivo perpetuar su falsa identidad.

La comunicación, cuando expande el amor, aporta libertad, y, es desde este estado de consciencia, que decidimos ver cómo la comunicación nos lleva a comprender la unidad que mantiene unida a las mentes. Es a través de la comunicación de dichas mentes cuando experimentamos la Presencia de Dios y consolidamos la unión de la Filiación.

13. El perdón radica en la comunicación tan inexorablemente como la condenación radica en la culpabilidad. 2La función docente del Espíritu Santo consiste en enseñar que la comunicación es la sal­vación a aquellos que creen que es condenación. 3Él llevará a cabo Su función, pues el poder de Dios en Él y en ti están unidos en una relación real tan santa y tan poderosa, que puede superar incluso esa creencia sin temor alguno.          

El Espíritu Santo, favorecerá el instante santo, en el que se producirá el encuentro de las mentes que deben aprender a comunicarse guiados por su deseo de recordar su verdadera identidad. Cuando se produce esa alineación de ideas, la Mente Una se mostrará a nuestra consciencia permitiendo la Visión Crística, o lo que es lo mismo, la Visión de Unidad que siempre ha formado parte de la Creación de Dios, la Filiación.

14. A través del instante santo es como se logra lo que parece ser imposible, haciendo que resulte evidente que no lo es. 2En el ins­tante santo la culpabilidad no ejerce ninguna atracción, puesto que se ha reanudado la comunicación. 3Y la culpabilidad, cuyo único propósito es interrumpir la comunicación, no tiene ningún propósito en él. 4No hay nada en el instante santo que esté oculto ni hay en él pensamientos privados. 5El estar dispuesto a entablar comunicación atrae a la comunicación y supera la soledad com­pletamente. 6Con esto, el completo perdón se consuma, pues no hay ningún deseo de excluir a nadie de tu compleción, al reconocer de súbito cuán importante es el papel que todos juegan en ella. 7Bajo la protección de tu plenitud, se invita a todo el mundo y se le da la bienvenida. 8Y comprendes que tu compleción es la de Dios, Cuya única necesidad es que tú seas completo. 9Pues tu compleción hace que cobres conciencia de que formas parte del ámbito de Dios. 10Y en ese momento es cuando te experimentas a ti mismo tal como fuiste creado y tal como eres. 

En el instante  santo, recordaremos el pacto de amor que establecimos con nuestros hermanos en el Cielo. En ese instante, la relación ya no responde a la necesidad de limpiar nuestros pecados y de liberarnos de nuestras culpas. En ese instante santo, el amor se manifiesta en su grandeza y contagia a las mentes que han elegido la comunicación para favorecer el cumplimiento del Plan de Salvación dispuesto por el Creador para Su Hijo.