
¿Qué me enseña esta lección?
Para el ego, el hogar es su cuerpo físico, y su único ámbito de acción, el mundo material, de cuyas percepciones se enriquece y alimenta.
Para el Espíritu, el hogar, es el Cielo, esa “Tierra Paradisiaca” dispuesta por el Creador para que su progenie creciera y evolucionase, en un clima de Unidad y Amor y donde gozase de la Abundancia y Plenitud que dispensa la Gracia Divina.
La percepción del cuerpo, llevó al ego a fabricar la creencia de la separación y como consecuencia de esta ilusión, le atribuye el origen que dio lugar al “Temor de Dios”; el origen del miedo a la muerte, como castigo tras haber pecado al no haber seguido las recomendaciones del Creador de "no comer del árbol prohibido”:
8Había plantado el Señor Dios desde el principio un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado 9y en donde el Señor Dios había hecho nacer de la tierra misma toda suerte de árboles hermosos a la vista, y de frutos suaves al paladar: y también el árbol de la vida en medio del paraíso, y el árbol de la ciencia del bien y del mal...
15Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y púsole en el paraíso de delicias, para que la cultivase y guardase. 16 Diole también este precepto diciendo: Come si quieres del fruto de todos los árboles del paraíso: 17 Más del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás..." (Génesis 2, 8-17).
Comer del Árbol de la ciencia del bien y del mal, tendría un efecto inmediato, la muerte.
Esa muerte hace referencia al estado o condición en la que hace aparición el ego, en contraposición, al estado o condición natural del Ser Verdadero, la eternidad.
El descubrimiento del cuerpo, nos llevó a identificarnos con su ilusoria realidad y a olvidar nuestro origen divino:
9Entonces el Señor Dios llamó a Adán y díjole: ¿Dónde estás? 10El cual respondió: He oído tu voz en el paraíso y he temido y llenándome de vergüenza porque estoy desnudo, y así me he escondido. 11Replicóle: Pues ¿quién te ha hecho advertir que estás desnudo, sino el haber comido del fruto de que yo te había vedado que comieses? (Génesis 3, 9-11).
Mientras que sigamos alimentando la creencia de que nuestro hogar es el cuerpo y atribuyéndole al Espíritu la calidad de “extraño” estaremos negando el Amor y potenciando el miedo a la muerte.
Es hora de despertar. Es hora de recuperar la
verdadera visión que nos permita sentirnos ciudadanos conscientes del Paraíso.
Ejemplo-Guía: ¿Dónde se encuentra nuestro hogar?
¿En el mundo que percibes? ¿En el Cielo que proclama las Sagradas Escrituras?
¿Dónde?
Allí donde tenemos nuestro tesoro, es donde ponemos nuestro corazón. Si nuestras creencias nos llevan a pensar que somos un cuerpo, estaremos confirmando el sistema de pensamiento que ha fabricado el ego, y, al convertirnos en su servidor, estaremos convirtiéndonos en "víctimas" de sus leyes, es decir, recibiremos lo que damos, y en esa misma medida, al dar desde la visión en la escasez y en el miedo a perder, recibiremos necesidad y sufrimiento.
Las enseñanzas que estamos recibiendo del Curso de Milagros, nos lleva a cambiar nuestra manera de pensar, dicho de otro modo, nos invita a elegir entre el mundo -fuente del miedo- y el Cielo -fuente del Amor-. Me atrevería a decir, que, si tuviese que resumir cuáles son las claves del Curso, la más importante es tomar consciencia de lo que somos. Elegir al Ser verdadero que somos nos lleva a poner nuestro corazón en lo esencial: el Amor.
La Visión del Amor, es la Visión del Cristo. El Hijo de Dios ha sido creado de la Esencia del Amor, luego el Hijo de Dios es la Esencia de Cristo.
El planteamiento es verdaderamente fácil, si eligiendo desde la visión del
miedo, propia del ego, la vida nos conduce al dolor y al sufrimiento, ¿por qué
elegimos ese camino?
¿Cuál es tu opinión? ¿Crees que tu vida sería diferente si eligieras desde la
Visión de Cristo?
Reflexión: ¿Quién fabrica el miedo?