sábado, 21 de septiembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 265

LECCIÓN 265

Lo único que veo es la mansedumbre de la creación.

1. Ciertamente no he comprendido el mundo, ya que proyecté sobre él mis pecados y luego me vi siendo el objeto de su mirada: 2¡Qué feroces parecían! 3¡Y cuán equivocado estaba al pensar que aquello que temía se encontraba en el mundo en vez de en mi propia mente! 4Hoy veo el mundo en la mansedumbre celestial con la que refulge la creación. 5En él no hay miedo. 6No permitas que ninguno de mis aparentes pecados nuble la luz celestial que refulge sobre el mundo. 7Lo que en él se refleja se encuentra en la Mente de Dios. 8Las imágenes que veo son un reflejo de mis pen­samientos. 9Pero mi mente es una con la de Dios. 10Por lo tanto, puedo percibir la mansedumbre de la creación.

2. En la quietud quiero contemplar el mundo, el cual refleja únicamente Tus Pensamientos, así como los míos. 2Concédaseme recordar que son lo mismo, y veré la mansedumbre de la creación.


¿Qué me enseña esta lección?

Mientras que el Hijo de Dios ve por la Mente de Su Padre, su Hogar es el Paraíso Terrenal, donde reina la Paz de Dios. La Abundancia, la Perfección, la Felicidad, la Alegría, la Unidad, son dones inscritos en el genoma espiritual del Hijo.

He aquí, que el Hijo de Dios, hace uso de la condición, hasta ese momento latente, de crear, de extender su mente. Este acto, se produjo, cuando aún se era inmaduro para hacer un uso correcto de ese atributo creador. 

Podemos decir, que dejándose llevar por la fuerza del deseo, la mente fabricó una realidad que daría lugar al tránsito de la inconsciencia de la Unidad a la conciencia de la Individualidad. Este proceso, llevó al Hijo de Dios a identificarse con el cuerpo físico con el cual se manifestaría en el mundo material. Este es el origen de la separación.

El hecho de haber fabricado una realidad diferente a la que Dios le había ofrecido, llevó a la Humanidad a la creencia de que había violado las Leyes Divinas y, por ello, había “pecado”.

Escindido de la Unidad y alejado de la Protección Divina, el hombre cree caer en desgracia y proyecta sobre el mundo ese pensamiento destructivo. La culpa le lleva a juzgar a los demás; el castigo se convierte en una exigencia, sin la cual, no se consigue la purificación; el sufrimiento es la única vía que purga nuestros pecados; la enfermedad se interpreta como el fiel reflejo de nuestras debilidades; la muerte, el justo castigo divino por sabernos merecedores de nuestros pecados y como argumento para testimoniar de nuestra ilusoria realidad.

Es tiempo de recuperar la verdadera Visión de nuestra Realidad. Es tiempo de creer en la Unidad y de verla en Todo lo Creado. Es tiempo de negar la ilusión y el miedo. Es tiempo de Amar.

Ejemplo-Guía: "¿El mundo que creo ver es una proyección de lo que deseo ver?

En el capítulo 21 del Curso, titulado "Razón y Percepción", en su Introducción, podemos leer lo siguiente: 

"La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa. Por eso es por lo que el concepto de grados de dificultad en los milagros no tiene sentido. Todo lo que se contempla a través de la visión es sano y santo. Nada que se perciba sin ella tiene significado. Y donde no hay significado, hay caos" (T-21.In.1:1-12).

Para mí, este mensaje, es una de las muchas joyas que nos regala Un Curso de Milagros. Tengo la certeza, de que, si alcanzo a comprender y a integrar su enseñanza, mi mente me llevaría a percibir de manera correcta y con ello a crear una estrecha comunión con la Verdad. 

"La proyección da lugar a la percepción, y no pue­des ver más allá de ella. Has atacado a tu hermano una y otra vez porque viste en él una sombría figura de tu mundo privado. Y así, no puedes sino atacarte a ti mismo primero, pues lo que atacas no está en los demás. La única realidad de lo que atacas se encuentra en tu propia mente, y al atacar a otros estás literal­mente atacando algo que no está ahí" (T-13.V.3:5-8).

¿Te imaginas un mundo plenamente consciente de esta afirmación? 

"El mundo te puede dar únicamente lo que tú le diste, pues al no ser otra cosa que tu propia proyección, no tiene ningún signi­ficado aparte del que tú viste en él, y en el que depositaste tu fe. Sé fiel a la oscuridad y no podrás ver porque tu fe será recom­pensada tal corno la diste" (T-13.IX.3:1-5). 

Una mente separada, es una mente que rechaza una parte de sí mismo. Este es el origen de la creencia en la separación. Exclusión y separación son sinónimos, al igual que separación y disociación. La separación es un acto de disociación y cuando se produce, surge la proyección. Sin embargo, este mecanismo no es consciente. Realmente, repudiamos lo que proyectamos y nos excluimos a nosotros mismos al juzgar que somos diferentes de aquel sobre el que nos proyectamos. 

"La proyección no es más que un mecanismo del ego para hacerte sentir diferente de tus hermanos y separado de ellos" (T-6.II.3:3). 

"El ego utiliza la proyección con el solo propósito de destruir la percepción que tienes de ti mismo y de tus hermanos. El proceso comienza excluyendo algo que existe en ti, pero que repudias, y conduce directamente a que te excluyas a ti mismo de tus hermanos" (T-6.II.3:7-8). 

"El Espíritu Santo extiende y el ego proyecta" (T-6.II.4:3).


Reflexión: ¿Qué le das al mundo que percibes? 

viernes, 20 de septiembre de 2024

Capítulo 14. IX. El reflejo de la santidad (1ª parte).

 IX. El reflejo de la santidad (1ª parte).

1. La Expiación no te hace santo. 2Fuiste creado santo. 3La Expia­ción lleva simplemente lo que no es santo ante la santidad, o, en otras palabras, lo que inventaste ante lo que eres. 4Llevar ilusiones ante la verdad, o el ego ante Dios, es la única función del Espíritu Santo. 5No trates de ocultarle al Padre lo que has hecho, pues ocultarlo te ha costado no conocerte a ti mismo ni conocer a Dios. 6El conocimiento está a salvo, mas ¿qué seguridad tienes aparte de él? 7La invención del tiempo para que ocupase el lugar de lo eterno se basó en tu decisión de no ser como eres. 8De esta manera, la verdad pasó a ser el pasado, y el presente se consagró a las ilusiones. 9El pasado fue alterado también y se interpuso entre lo que siempre ha sido y el ahora. 10El pasado que tú recuerdas jamás tuvo lugar, y no representa sino la negación de lo que siem­pre ha sido.

Debo reflexionar sobre el motivo que me puede llevar a ocultar algo que he hecho, algo que estoy pensando, pues en la respuesta, tal vez vislumbre el motivo que llevó al Hijo de Dios a ocultar sus actos a Dios.

Si tuviese que ocuparme de mis motivos, diría que el hecho de creer que mis pensamientos o mis acciones no serán aceptadas por alguien a quien le he otorgado el poder de juzgarme (en realidad me estoy juzgando a mi mismo y lo proyecto en el otro), y el cual me censurará y me condenará. Se trata de una manifestación de conciencia que fluye de la culpa. Me siento culpable por mis pensamientos o acciones y proyecto fuera de mí, la necesidad de que alguien me lo haga ver claramente con su juicio. Nuestra respuesta está servida, negaremos que pensamos de esa manera o de que hemos actuado de esa otra, para protegernos de lo que realmente estamos viendo en nuestro interior.

Ese ocultamiento, lo que está propiciando es que no nos conozcamos en absoluto. Ese desconocimiento nos llevó a identificarnos con una realidad que no somos y a olvidar lo que en realidad sí somos.

2. Llevar el ego ante Dios no es sino llevar el error ante la verdad, donde queda corregido por ser lo opuesto a aquello con lo que se encuentra. 2Allí queda disuelto porque la contradicción no puede seguir en pie. 3¿Por cuánto tiempo puede seguir en pie la contra­dicción una vez que se ha expuesto su absoluta imposibilidad? 4Lo que desaparece en la luz no es atacado. 5Simplemente desapa­rece porque no es verdad. 6La idea de que hay diferentes realida­des no tiene sentido, pues la realidad es una sola. 7La realidad no cambia con el tiempo, el estado de ánimo la ocasión. 8Su natura­leza inmutable es lo que hace que sea real. 9Esto no se puede des­hacer. 10El proceso de des-hacimiento sólo es aplicable a la irrealidad. 11Y eso es lo que la realidad hará por ti.

El des-hacimiento de la irrealidad, requiere de firmeza en nuestro pensamiento, el cual debe ponerse al servicio del Espíritu Santo para que la Expiación se convierta en nuestra mejor ayuda. La firmeza a la que me refiero no nos hará dudar entre el pasado y el presente, entre el ego y Dios, pues esa firmeza encontrará una fiel aliada en la certeza de que serviremos tan sólo al ser que somos.

Si la duda te tienta, pregúntate hacia dónde diriges tu visión, al exterior o al interior. Si es al exterior, estarás potenciando el sistema de pensamiento del ego, el cual te seducirá con sus cánticos de sirena. Dirige tu mirada hacia el interior, pues será ese lugar donde se producirá el encuentro con el Espíritu Santo y donde podrá oír al Voz que habla por el Padre.

3. La verdad, simplemente por ser lo que es te libera de todo lo que no es verdad. 2La Expiación es tan dulce que basta con que la llames con un leve susurro para que todo su poder acuda en tu ayuda y te preste apoyo. 3Con Dios a tu lado no puedes ser débil. 4Pero sin Él no eres nada. 5La Expiación te ofrece a Dios. 6El regalo que rechazaste Él lo conserva en ti. 7El Espíritu Santo lo salvaguarda ahí para ti. 8Dios no ha abandonado Su altar, aunque Sus devotos hayan entronado a otros  dioses en él. 9El templo sigue siendo santo, pues la Presencia que mora dentro de él es la santidad.

Cuando se habla de la verdad y la analizamos desde el sistema de pensamiento del ego, podemos estar seguros de que el tema dará para una larga disertación, que la mayoría de las veces, encuentra un mismo final, cada uno tiene su propia verdad. Lo cierto es que las verdades que se han postulado a lo largo de los tiempos como verdades inalterables, se han visto modificadas, por otras verdades, que, igualmente, son más inalterables, si ello fuese posible.

Las verdades del mundo ilusorio con el que estamos identificados, no son verdades, son falsas creencias, que están sujetas al cambio y a la temporalidad. Ya sabemos que la verdad y lo real, son inalterables.

Entonces, ¿dónde podemos encontrar la verdad en este mundo? La respuesta se hace evidente. En ningún sitio, pues este mundo, tal y como lo percibimos, no es verdad, no es real. Tan sólo un cambio en nuestra percepción, es decir, un cambio en la creencia que nos lleva a conocer que este mundo es irreal, nos permitirá ver la verdad de este mundo.


4. La santidad espera serenamente en el templo el regreso de aquellos que la aman. 2La Presencia sabe que ellos retornarán a la pureza y a la gracia. 3La misericordia de Dios los admitirá con gran ternura, desvaneciendo toda sensación de dolor y pérdida con la garantía inmortal del Amor de su Padre. 4Allí el miedo a la muerte será reemplazado por la alegría de vivir, 5pues Dios es Vida, y ellos moran en la Vida.. 6La Vida es tan santa como la Santidad mediante la que fue creada. 7La Presencia de la santidad vive en todo lo que vive, pues la santidad creó la vida y no puede abandonar lo que creó tan santo como ella misma.

El Hijo de Dios es santo, pues la Santidad forma parte de la Mente de Dios. La santidad se caracteriza por expandir la esencia del Amor. Ya sabemos que el Hijo de Dios ha sido creado por esa Esencia, por Amor, pero al haber fabricado una realidad ausente de Amor, le ha llevado a identificarse con una identidad falsa y a olvidar su santidad.

El proceso de transformación de la conciencia en consciencia, gracias a la ayuda de la Expiación, permitirá al Hijo de Dios a reconocer su condición santa.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 264

LECCIÓN 264

El Amor de Dios me rodea.

1. Padre, estás delante y detrás de mí, a mi lado, allí donde me veo a mí mismo y dondequiera que voy. 2Estás en todo lo que contemplo, en los sonidos que oigo y en cada mano que busca la mía. 3En Ti el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda. 4Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo. 5No hay otra fuente que ésa, y no hay nada que no comparta Su santidad, nada que se encuentre aparte de Tu única creación o que carezca del Amor que envuelve a todas las cosas dentro de Sí. 6Padre, Tu Hijo es como Tú. 7Hoy apelamos a Ti en Tu Propio Nombre, para estar en paz dentro de Tu eterno Amor.

2. Hermanos míos, uníos a mí en este propósito hoy. 2Ésta es la plegaria de la salvación. 3¿No deberíamos acaso unirnos a lo que ha de salvar al mundo y a nosotros junto con él?


¿Qué me enseña esta lección?

Si Dios no nos hubiese Creado, no existiríamos. Esta afirmación, puede ser interpretada como una verdad de Perogrullo, pero en realidad, en su sencillez, encierra un profundo mensaje, del que tenemos que tomar consciencia: El Amor de Dios se encuentra en todo lo que nos rodea.

Si Somos Hijos de Dios, somos, igualmente, portadores de su potencial creador. Tan sólo el Amor tiene la propiedad de crear. Todo aquello que no haya sido creado con la esencia del Amor, está llamado a destruirse.

El Hijo de Dios, haciendo uso de su facultad divina, se escindió de la Fuente de Dios y fabricó una realidad paralela basada en la Ilusión. Esa otra realidad, es temporal y no real y ha dado lugar a la visión de la vida y la muerte.

Pero, el retorno a la Consciencia de la Unidad está trazado por el Creador. En verdad, no podemos escindirnos de la Fuente que nos ha dado la verdadera Vida. En nuestras manos está encontrar el camino de regreso al verdadero Hogar.

Nuestra aventura por la densidad material, ha de permitirnos aprender a construir con Amor, a tomar consciencia, que la Unidad se encuentra presente en la Multiplicidad. Aprenderemos, que en cada rostro de nuestros hermanos, se encuentra el Rostro de nuestro Creador.

Ejemplo-Guía: "Viviendo el Amor"

Cuando me refiero al Amor, no estoy aludiendo a la pasión, a la emoción, al sentimiento, por una sencilla razón, el Amor es sinónimo de unidad, mientras que la pasión, la emoción y el sentimiento, dan lugar a la visión de la separación.

¿Qué significa vivir el Amor? Para mí, más que un acto, es una condición, un estado de Ser, que nos lleva a vivir la vida desde la aceptación, desde la indefensión, desde la alegría, desde la abundancia.

A partir de ese "estado", se despliega un comportamiento inusual para el mundo que acostumbramos a experimentar, pues pone en entredicho, sin atacar, a todas las leyes que lo rigen y gobierna.


Vivir desde el Amor, significa vivir la Visión de Dios, es decir, vivir desde la certeza de que hemos recordado de que somos el Hijo de Dios y que formamos una unidad con todo lo creado


Reflexión: ¿Veo a Dios en todo lo que me rodea?

jueves, 19 de septiembre de 2024

Capítulo 14. VIII. El santo lugar de encuentro (2ª parte).

VIII. El santo lugar de encuentro (2ª parte).


3. No dejes que tu mente vague por corredores sombríos, lejos del centro de la luz. 2Tú y tu hermano podéis elegir extraviaros, pero sólo os podéis volver a unir a través del Guía que se os ha proporcionado. 3Él te conducirá sin duda alguna allí donde Dios y Su Hijo esperan tu reconocimiento de Ellos. 4Ellos están unidos en el propósito de darte el regalo de unidad ante el cual toda separación desaparece. 5Únete a lo que eres. 6No puedes unirte a nada, excepto a la realidad. 7La gloria de Dios y de Su Hijo es ciertamente tuya. 8Ellos no tienen opuesto, y no hay nada más que puedas otorgarte a ti mismo.

Si nuestra mente sirve a la percepción falsa, esto es, a la creencia en la separación, nuestra visión se recreará en lo externo, donde veremos proyectado aquellos aspectos que, al ser condenados en nuestro interior, decidimos juzgarlos en el otro.

Como ya hemos visto, la Salvación tan sólo es real, cuando decidamos percibir correctamente y ver la unicidad que nos une al resto de la Filiación. El Espíritu Santo nos conducirá al lugar de encuentro donde encontraremos la oportunidad de redimir el error de la separación.

4. No existe substituto para la verdad. 2la verdad hará que esto resulte evidente para ti a medida que se te conduzca al lugar donde has de encontrarte con ella. 3se te conducirá allí mediante una dulce comprensión que no te puede conducir a ninguna otra parte. 4Donde Dios está, allí estás tú. 5Ésa es la verdad. 6Nada puede convertir el conocimiento que Dios te dio en falta de cono­cimiento. 7Todo lo que Dios creó conoce a su Creador. 8Pues así es como el Creador y Sus creaciones crean la creación. 9En el santo lugar de encuentro el Padre y Sus creaciones están unidos, y junto con ellos lo están también las creaciones de Su Hijo. 10Hay un solo eslabón que los une a todos y los mantiene en la unidad desde la cual tiene lugar la creación. 

No será fruto de la casualidad, el hecho de que nos encontremos en el lugar adecuado donde se producirá el encuentro que nos permitirá alcanzar el proceso de transformación del miedo al amor, de la separación a la unidad. Ni Dios, ni el Espíritu Santo, son aficionados a los juegos de azar. Allí donde se encuentre Su Hijo, se encuentra Él Mismo, pues el Espíritu Santo, Expresión de Su Mente, se encuentra igualmente, en Su Hijo

5. El eslabón a través del que el Padre se une a quienes Él da el poder de crear jamás puede ser destruido. 2El Cielo en sí es la unión de toda la creación consigo misma, y con su único Creador. 3Y el Cielo sigue siendo lo que la Voluntad de Dios dispone para ti. 4No deposites ninguna otra ofrenda sobre tus altares, pues no hay nada que pueda coexistir con el Cielo. 5Ahí tus insignificantes ofrendas se depositan junto al regalo de Dios, y sólo lo que es digno del Padre es aceptado por el Hijo, a quien va destinado. 6A quien Dios se da a Sí Mismo, Dios se ha dado. 7Tus insignificantes ofrendas desaparecerán del altar donde Él ha depositado la Suya Propia. 

Es curioso, que desde pequeños, nos inducen a creer que el Cielo y la presencia del Creador, se encuentran en una dimensión intergalactica, en los confines del universo. Pero nada más lejos de la realidad, esa creencia procede de la ignorancia del sistema de pensamiento del ego, la cual está basada en la visión de lo externo.

El Cielo, tal y como nos enseña este punto, es la unión de toda la creación consigo misma, y con su único Creador, es decir, es la Mente Una, de la que forma parte el Hijo de Dios. Es esa Unicidad lo que la Voluntad de Dios dispone para Su Hijo. Esa Unicidad debe ser la única ofrenda que llevemos al altar de nuestra consciencia. 

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 263

LECCIÓN 263

Mi santa visión ve la pureza de todas las cosas.

1. Padre, Tu Mente creó todo cuanto existe, Tu Espíritu se adentró en ello y Tu Amor le infundió vida. 2¿Y voy yo acaso a contemplar lo que Tú creaste como si en ello pudiese anidar el pecado? 3No quiero percibir imágenes tan tenebrosas y atemorizantes. 4Es imposible que yo pueda preferir el sueño de un loco a toda la hermosura con la que tú bendijiste la creación; a toda su pureza y dicha, así como a su eterna y serena morada en Ti.

2. Y mientras todavía nos encontremos ante las puertas del Cielo, contemplemos todo cuanto veamos a través de una visión santa y de los ojos de Cristo. 2Permite que todas las apariencias nos parez­can puras, para que podamos pasarlas de largo con inocencia, y dirigirnos juntos a la casa de nuestro Padre como hermanos y como los santos Hijos de Dios que somos.


¿Qué me enseña esta lección?

Alcanzado este punto, no podemos seguir identificados con el mundo de la separación. No podemos seguir viendo a nuestros hermanos como cuerpos, que justifican la creencia de que estamos separados unos de otros.

Dios creó a su Hijo y éste es Uno con su Creador.

La acción creadora del Hijo de Dios, le llevó a elegir entre la Unidad de donde procedía, al estar unido a su Creador, y la separación, al dirigir su atención a las vibraciones del mundo material. Desde ese momento, se identificó con el envoltorio material que le otorgaba una forma diferenciada del resto de sus hermanos. Esto supuso el origen de la conciencia de la separación y el comienzo de la temporalidad, donde la vida y la muerte se convertían en el peregrinaje del ser.

Hemos fabricado un mundo donde impera la ilusión, pues se trata de un mundo sujeto a la temporalidad, y nada que sea temporal, es real.

Tan sólo el Espíritu, que es Eterno, es Real. El Espíritu es Santo e Impecable. Libre de toda limitación. El Espíritu es Perfecto.

La visión de la separación, se fundamenta en la falsa creencia en el pecado. El miedo, es la consecuencia natural de esa falsa creencia. Al pecar, siento temor de Dios y ello, me hace consciente de que me he alejado del mundo del Amor. Para recuperar ese Estado, nos sometemos al castigo, al sufrimiento y al sacrificio, pues de este modo, pensamos que recuperaremos nuestro Estado de Inocencia.

Tan sólo la Visión Pura de que hemos sido siempre inocentes, nos llevará a gozar de la Paz que Dios ha dispuesto para su Santo Hijo.

Ejemplo-Guía: "Contemplando el mundo con los ojos de Cristo"

¿Qué significa ver con los ojos de Cristo?

Significa, ver el mundo desde la verdad. Significa, recuperar la verdadera visión.

Permitidme, compartir con todos vosotros, el apartado VI, del capítulo 12, de Un Curso de Milagros en el que nos habla de la "Visión de Cristo".

El ego está tratando de enseñarte cómo ganar el mundo y per­der tu alma. El Espíritu Santo te enseña que no puedes perder tu alma y que no hay nada que ganar en el mundo, pues, de por sí, no da nada. Invertir sin recibir beneficios es sin duda una manera segura de empobrecerte, y los gastos generales son muy altos.4No sólo no recibes ningún beneficio de la inversión, sino que el costo es enorme. Pues esta inversión te cuesta la realidad del mundo al negar la tuya, y no te da nada a cambio. No puedes vender tu alma, pero puedes vender tu conciencia de ella. No puedes perci­bir tu alma, y no la podrás conocer mientras percibas cualquier otra cosa como más valiosa” (T-12.VI.1:1-7). 

El Espíritu Santo es tu fortaleza porque sólo te conoce como espíritu. Él es perfectamente consciente de que no te conoces a ti mismo y perfectamente consciente de cómo enseñarte a recordar lo que eres. Puesto que te ama, te enseñará gustosamente lo que Él ama, pues Su voluntad es compartirlo. Dado que se acuerda de ti continuamente, no puede dejar que te olvides de tu valía. Pues el Padre jamás cesa de mantener vivo en Él el recuerdo de Su Hijo, y el Espíritu Santo jamás cesa de mantener vivo en el Hijo el recuerdo de su Pare. Dios está en tu memoria por causa de Él. Tú decidiste olvidar a tu Padre, pero eso no es realmente lo que quieres hacer, y, por lo tanto, puedes decidir de otra manera. Y tal como yo decidí de otra manera, tú también puedes hacerlo” (T-12.VI.2:1-8). 

Tú no deseas el mundo. Lo único de valor en él son aquellos aspectos que contemplas con amor. Eso le confiere la única reali­dad que jamás tendrá. Su valía no reside en sí mismo, pero la tuya se encuentra en ti. De la misma forma en que tu propia estima procede de extenderte a ti mismo, de igual modo la per­cepción de tu propia estima procede de extender pensamientos amorosos hacia el exterior. Haz que el mundo real sea real para ti, pues el mundo real es el regalo del Espíritu Santo, por lo tanto, te pertenece” (T-12.VI.3:1-6). 

“La corrección es para todos aquellos que no pueden ver. La misión del Espíritu Santo es abrirles los ojos a los ciegos, pues Él sabe que no han perdido su visión, sino que simplemente duer­men. Él los despertará del sueño del olvido y los llevará al recuerdo de Dios. Los ojos de Cristo están abiertos, y Él contemplará con amor todo lo que veas si aceptas Su visión como tuya. El Espíritu Santo mantiene a salvo la visión de Cristo para cada Hijo de Dios que duerme. En Su visión el Hijo de Dios es per­fecto y Él anhela compartir Su visión contigo. El Espíritu Santo te mostrará el mundo real porque Dios te dio el Cielo. A través del Espíritu Santo, tu Padre exhorta a Su Hijo recordar. El des­pertar de Su Hijo da comienzo cuando él empieza a invertir en el mundo real, lo cual le permite aprender a re-invertir en sí mismo. Pues la realidad es una con el Padre y con el Hijo, y el Espíritu Santo bendice el mundo real en Nombre de los Dos” (T-12.VI.4:1-10). 

Cuando hayas visto el mundo real -como sin duda lo verás- ­te acordarás de nosotros. Mas tienes que aprender el costo que supone estar dormido, y negarte a pagarlo. Sólo entonces decidirás despertar. Y entonces el mundo real aparecerá ante tu vista, pues Cristo nunca ha estado dormido. Cristo está esperando a que lo veas, pues Él nunca te ha perdido de vista. Él contempla serenamente el mundo real, que desea compartir contigo porque sabe que Su Padre lo ama. sabiendo esto, desea darte lo que es tuyo. Él te aguarda en el altar del Padre en perfecta paz, ofre­ciéndote el Amor del Padre en la serena luz de la bendición del Espíritu Santo. Pues el Espíritu Santo conducirá a todo el mundo a su hogar y a su Padre, donde Cristo les espera como Su Ser” (T-12.VI.5:1-9). 

“Cada Hijo de Dios es uno en Cristo porque su ser está en Cristo, al igual como el de Cristo está en Dios. El Amor de Cristo por ti es Su Amor por Su Padre, que Él conoce porque conoce el Amor de Su Padre por Él. Cuando el Espíritu Santo te haya conducido finalmente hasta Cristo en el altar de Su Padre, la percepción se fundirá con el conocimiento porque se habrá vuelto tan santa que su transferencia a la santidad será sencillamente su extensión natural. El Amor se transfiere al amor sin ninguna interferencia, pues ambos son uno. A medida que percibas más y más elemen­tos comunes en todas las situaciones, la transferencia del entrena­miento bajo la dirección del Espíritu Santo aumentará y se generalizará. Aprenderás gradualmente a aplicarlo a todo el mundo y a todas las cosas, pues su aplicabilidad es universal. Una vez que esto se logra, la percepción y el conocimiento se vuelven tan similares que comparten la unificación de las leyes de Dios” (T-12.VI.6:1-7). 

“Lo que es uno no puede ser percibido como separado, y negar la separación es restaurar el conocimiento. En el altar de Dios, la santa percepción de Su Hijo se vuelve tan iluminada que la luz entra a raudales en ella y el espíritu del Hijo de Dios refulge en la Mente del Padre y se vuelve uno con ella. Con gran ternura Dios refulge sobre Sí Mismo, y ama la extensión de Sí Mismo que es Su Hijo. El mundo deja de tener propósito a medida que se funde con el Propósito de Dios. Pues el mundo real ha desaparecido sigilosamente en el Cielo, donde todo lo que es eterno ha existido siempre. Allí Redentor y redimido se unen en su perfecto amor por Dios y en el amor perfecto que se profesan el uno al otro. 7El Cielo es tu hogar, y al estar en Dios tiene también que estar en ti” (T-12.VI.7:1-7).


Reflexión: ¿Qué entiendes por visión pura?

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Capítulo 14. VIII. El santo lugar de encuentro (1ª parte).

VIII. El santo lugar de encuentro (1ª parte).

1.  Has escondido en las tinieblas, la gloria que Dios te dio, así como el poder con que Él dotó a Su inocente Hijo. 2Todo ello yace oculto en cada rincón tenebroso, envuelto en culpabilidad y en la oscura negación de la inocencia. 3Detrás de las sombrías puertas que has cerrado no hay nada porque no hay nada que pueda opacar el regalo de Dios. 4El que las hayas cerrado es lo que te impide reconocer el poder de Dios que refulge en ti. 5No destie­rres el poder de tu mente, sino permite que todo lo que oculta tu gloria sea llevado ante el juicio del Espíritu Santo para que allí quede disuelto. 6Todo aquel a quien Él quiere salvar para la gloria es salvado para ella. 7El le prometió al Padre que tú serías liberado de la pequeñez y llevado a la gloria a través Suyo. 8Él es completamente fiel a lo que le prometió a Dios, pues comparte con Él la promesa que se le dio para que la compartiese contigo.

Cuando la mente sirve al ego, hablamos de la mente errada, la mente que fabrica una realidad ilusoria y perecedera. Esa mente nos lleva a percibir falsamente, pues ve un mundo separado, donde las mentes deciden dar más valor a lo externo que al mundo interior. 

Cuando la mente sirve al Espíritu Santo, hablamos de la mente recta, la mente que crea la única realidad verdadera y eterna. El Espíritu Santo nos mantiene unidos a la Mente de Dios. La mente una, nos lleva percibir correctamente, pues ve un mundo donde las mentes están unidas, donde las mentes deciden dar más valor a lo interno que al mundo externo.

2. Él aún la comparte, para tu beneficio. 2Cualquier otra cosa que te prometa algo diferente, sea grande o pequeño, de mucho o poco valor, Él lo reemplazará con la única promesa que se le dio para que la depositara sobre el altar a tu Padre y a Su Hijo. 3No hay ningún altar a Dios que no incluya a Su Hijo. 4cualquier cosa que se lleve ante dicho altar que no sea igualmente digna de Ambos, será reemplazada por regalos que sean completamente aceptables tanto para el Padre como para el Hijo. 5¿Puedes acaso ofrecerle culpabilidad a Dios? 6No puedes, entonces, ofrecérsela a Su Hijo. 7Pues Ellos no están separados, y los regalos que se le hacen a uno, se le hacen al otro. 8No conoces a Dios porque des­conoces esto. 9Y, sin embargo, conoces a Dios y también sabes esto. 10Todo ello se encuentra a salvo dentro de ti, allí donde refulge el Espíritu Santo. 11Y Él no refulge donde hay división, sino en el lugar de encuentro donde Dios, unido a Su Hijo le habla a Su Hijo a través de Él. 12La comunicación entre lo que no puede ser divido no puede cesar. 13En ti y en el Espíritu Santo reside el santo lugar de encuentro del Padre y del Hijo, Quienes jamás han estado separados. 14Ahí no es posible ninguna clase de interferencia en la comunicación que Dios Mismo ha dispuesto tener con Su Hijo. 15El amor fluye constantemente entre Padre e Hijo sin interrupciones ni hiatos tal como Ambos disponen que sea. 16por lo tanto, así es.

El Hijo de Dios, ha sido creado a Imagen y Semejanza de Su Padre, lo que establece una igualdad entre ambos. Sin embargo, cuando la mente decide actuar por su cuenta, se desvincula de la verdad y da lugar a una realidad ilusoria, donde la percepción da credibilidad a la creencia en la separación.

La Salvación no es un camino que debamos andar solos, sino en unión amorosa con nuestros hermanos, con los cuales, formamos la Filiación Divina. La Salvación se produce cuando tomamos la firma decisión de Ser lo que Somos, el Hijo de Dios indivisible de la Mente de Su Padre.

El Amor es la Esencia con la que Dios nos ha creado, y por tanto, es el Amor, la vía de comunicación que debe establecer la Unicidad de la Filiación.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 262

LECCIÓN 262

No dejes que hoy perciba diferencias.

1. Padre, tienes un solo Hijo. 2Y es a él a quien hoy deseo contemplar. 3Él es Tu única creación. 4¿Por qué habría de percibir miles de formas en lo que sigue siendo uno solo? 5¿Por qué habría de darle miles de nombres, cuando con uno solo basta? 6Pues Tu Hijo tiene que llevar Tu Nombre, ya que Tú lo creaste. 7No permitas que lo vea como algo ajeno a su Padre o a mí. 8Pues él es parte de mí, así como yo de él, y ambos somos parte de Ti que eres nuestra Fuente. 9Estamos eternamente uni­dos en Tu Amor y somos eternamente el santo Hijo de Dios.

2. Nosotros que somos uno, queremos reconocer en este día la verdad acerca de nosotros mismos. 2Queremos regresar a nuestro hogar y descansar en la unidad. 3Pues allí reside la paz, la cual no se puede buscar ni hallar en ninguna otra parte.


¿Qué me enseña esta lección?

En mi corazón, ha resonado este mensaje. Al leerlo, mi mente se ha abierto a la Verdad, la única Verdad: Somos una Unidad con todo lo Creado.

Hoy, esa Verdad, ha adquirido un tono más certero. Hasta este momento, he teorizado con el concepto de la Unidad. He llegado a comprender su significado. Pero, ha sido en un instante, que he vivido la realidad que envuelve el Acto Creador de Dios: Hemos sido creados como Unidad y con un potencial para expresarnos a nivel individual.

El nombre Sagrado Elohim, significa El-los Dioses. Ese nombre se encuentra latente en nuestro genoma espiritual. Somos Hijos de Dios, y hemos heredado sus dones creadores.

Elohim, expresa la Unidad y al mismo tiempo la Multiplicidad. La semilla es capaz de propagarse en múltiples frutos que a su vez, da lugar a nuevas semillas.

El Hijo de Dios es Uno y Múltiple. Ha sido en el proceso de expresión de la individualidad que ha procesado la creencia de que es un ser diferente a los demás. Su identificación con el cuerpo material, le ha llevado a adquirir una falsa identidad, que tan sólo logrará corregir, retornando al Estado Primigenio de la Unidad, y eso tan sólo es posible, cuando se reconoce como Espíritu y no como cuerpo.

Llegar a alcanzar la Visión de la Unidad, despertará nuestra consciencia del sueño de la ilusión y nos movilizaremos para hacer real esa visión en el mundo.

Ejemplo-Guía: "¿Cómo tratarías al mundo, sabiendo que somos uno?

No podemos dar aquello que no tenemos, y con ello quiero decir, que no podemos tratar a los demás de una manera distinta a como nos tratamos a nosotros mismos.

Reflexionar sobre ello, nos permitirá dar un paso muy importante que nos invitará a realizar un cambio en nuestro sistema de pensamiento.

Nuestro modus operandis, nos revela que no tan solo tratamos a los demás de la misma manera que nos tratamos a nosotros mismos, sino que, además, somos inconscientes de ello, eligiendo juzgar fuera de nosotros todo aquello que nos recuerda nuestra naturaleza interna. Los demás, hacen de espejos de nosotros mismos y nos ofrecen, permanentemente, la oportunidad de vernos tan y como somos en nuestro fuero interno.

Te invito a mirar, con sinceridad y honestidad, a tu interior. Tómate tu tiempo, esta propuesta exige un ejercicio de memoria, pero sobre todo un ejercicio de amor hacia uno mismo. En la medida en que nos neguemos a reconocer nuestras "sombras", en la medida en que pretendamos ocultar nuestras debilidades, en esa misma medida, será la dimensión del obstáculo que tendremos que salvar para alcanzar la paz interior.

En esa mirada, tal vez descubras a una parte de ti que se autocastiga, que se aplica un exceso de rigor, que se condena, que se critica, que se agrede con el castigo de la culpa. Si te has encontrado con esa visión de ti mismo, pregúntate, ¿cómo no vas a castigar, condenar, criticar, agredir, a los demás?

Tal vez no te preocupe esa revelación de ti mismo, ni te preocupe el maltrato a los demás. Prefieres seguir con tu sistema de pensamiento y creer que el otro se encuentra separado de ti.

Pero si te has cansado de dar esa respuesta y decides ver las cosas de otra manera, tal vez te interese realizar un ejercicio de imaginación y visualizar un mundo en el que reine la unidad entre todos sus seres. ¿Cómo tratarías a los demás?

La respuesta, estoy seguro de que la habrás intuido, no responderá esa pregunta en cuestión, sino que la replanteará: ¿cómo me voy a tratar a mí mismo para tratar a los demás desde la unidad?


Reflexión: ¿Cómo entiendes la Unidad del Hijo de Dios?

martes, 17 de septiembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 261

¿Qué es el cuerpo?

1. El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios se imagina haber erigido para separar partes de su Ser de otras partes. 2Cree vivir dentro de esa cerca, para morir a medida que ésta se deteriora y se desmorona. 3Pues cree estar a salvo del amor dentro de ella. 4Al identificarse con lo que considera es su seguridad, cree ser lo que ésta es. 5¿De qué otro modo, si no, podría estar seguro de que permanece dentro del cuerpo, y de que mantiene al amor afuera?

2. El cuerpo no perdurará. 2Sin embargo, para él eso supone una doble seguridad. 3Pues la temporalidad del Hijo de Dios es la "prueba” de que sus cercas funcionan y de que están llevando a cabo la tarea que su mente les asignó. 4Pues si su unidad aún permaneciese intacta, ¿quién podría atacar y quién podría ser ata­cado? 5¿Quién podría ser el vencedor? 6¿Quién la presa? 7¿Quién podría ser la víctima? 8¿Quién el asesino? 9Y si él no muriese, ¿qué "prueba" habría de que el eterno Hijo de Dios puede ser des­truido?

3. El cuerpo es un sueño. 2Al igual que otros sueños, a veces pa­rece reflejar felicidad, pero puede súbitamente revertir al miedo, la cuna de todos los sueños. 3Pues sólo el amor puede crear de verdad, y la verdad jamás puede temer. 4Hecho para ser temeroso, el cuerpo no puede sino cumplir el propósito que le fue asignado. 5Mas podemos cambiar el propósito que el cuerpo obedece si cambiamos de parecer con respecto a su finalidad.

4. El cuerpo es el medio a través del cual el Hijo de Dios recobra la cordura. 2Aunque el cuerpo fue concebido para condenarlo al infierno para siempre, el objetivo del Cielo ha substituido a la búsqueda del infierno. 3El Hijo de Dios busca la mano de su her­mano para ayudarlo a marchar por la misma senda que él. 4Ahora el cuerpo es santo. 5Ahora su propósito es sanar la misma mente para dar muerte a la cual fue concebido.

5. Te identificarás con lo que pienses que te ha de dar seguridad. 2Sea lo que sea, creerás que ello es lo que tú eres. 3Tu seguridad reside en la verdad, no en las mentiras. 4El amor es tu seguridad. 5El miedo no existe. 6Identifícate con el amor, y estarás a salvo. 7Identifícate con el amor, y estarás en tu morada. 8Identifícate con el amor, y hallarás tu Ser.

LECCIÓN 261

Dios es mi refugio y seguridad.

1. Me identificaré con lo que creo es mi refugio y mi seguridad. 2Me veré a mí mismo allí donde percibo mi fuerza y pensaré que vivo dentro de la ciudadela en la que estoy a salvo y en la que no puedo ser atacado. 3No dejes que hoy busque seguridad en el peligro ni que trate de hallar mi paz en ataques asesinos. 4Vivo en Dios. 5En Él encuentro mi refugio y mi fortaleza. 6En Él radica mi Identidad. 7En Él reside la paz eterna. 8Y sólo allí recordaré Quién soy realmente.

2. No dejes que vaya en pos de ídolos, 2Padre mío, pues lo que deseo es estar Contigo en casa. 3Elijo ser tal como Tú me creaste y encontrar al Hijo que Tú creaste como mi Ser.


¿Qué me enseña esta lección?

Desde pequeño, recuerdo, que cuando hacía frente a episodios de miedos, buscaba la presencia inmediata de mis seres queridos, pues ellos tenían el poder de calmar mi ansiedad y alejar mis temores. Hoy, comprendo, que el amor que sentía por ellos, era suficiente para sentirme seguro y protegido.

El Amor disipa el miedo. El Amor aporta seguridad y protección. El Amor es la Esencia con la que hemos sido Creados por nuestro Hacedor. El Amor es nuestra condición natural.

El miedo, es la ausencia de Amor. El miedo, procede de la identificación errónea con el cuerpo material, el cual se siente amenazado al creerse separado de los demás cuerpos. El miedo es la consecuencia de la ilusión del pecado. Sentimos temor de Dios, pues interpretamos que nuestro acto creador, ha despertado su ira y justificado su venganza. El miedo reclama nuestro sacrificio y suscita la experiencia del sufrimiento, como vías de purificación y redención. El miedo  pone fin a su hegemonía, cuando permitimos que la Luz penetre en nuestra consciencia y disipe la oscuridad del temor. La Luz es el símbolo de la Unidad, mientras que las tinieblas es el símbolo de la separación.

¿Qué padre no protege a su hijo?

Dios es nuestro refugio y su Luz -el Amor- nos protege.


Ejemplo-Guía: "Vivir sin miedos"

La creencia en que el cuerpo nos aporta seguridad, nos ha llevado a la fabricación de formas, cada vez más terroríficas, para superar nuestros miedos.

El ego no le tiene miedo al cuerpo, le tiene miedo al amor. No tenerle miedo al amor, significaría el fin de su identidad, el reconocimiento de que, su mundo, es irreal, es una ilusión.

Te imaginas un mundo en que se puedas vivir sin miedos. Vencer el miedo en este mundo, es el paso previo al retorno de nuestro despertar. Dentro del sueño, tener consciencia de que somos los soñadores de nuestros sueños, nos invita a elegir tener sueños felices. Tal vez haya sido necesario, experimentar pesadillas y recibir el consuelo de nuestros progenitores, para darnos cuenta de la ilusión de nuestros temores.

Es de esta forma como podremos dejar de dar significado al miedo, cuando aceptamos la presencia de Dios en nuestras mentes, en nuestras vidas. En ese encuentro, en ese instante santo, recordamos nuestra verdadera identidad y entregamos nuestras defensas al Espíritu Santo, el cual guía nuestras mentes hasta la "indefensión".

Vivir sin miedos, tiene un sólo requisito previo, dejar de creer en la separación. Tomar consciencia de que nada externo a nosotros existe, y, por lo tanto, nada externo nos puede dañar, nos elevará a un estado de total libertad.


Utilicemos nuestra imaginación para crear pensamientos libres de miedos. Ese pensamiento adoptará un "cuerpo", convirtiéndose en experiencias, que nos llevarán a percibir de manera correcta, con la visión unificadora de que todo forma parte del Todo.


Reflexión: ¿Qué te aporta más seguridad, el miedo o el amor?