sábado, 23 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 328

LECCIÓN 328

Elijo estar en segundo lugar para obtener el primero.

1. Lo que parece ser el segundo lugar es en realidad el primero, pues percibimos todo al revés hasta que decidimos escuchar la Voz que habla por Dios. 2Nos parece que sólo podemos alcanzar autonomía si nos esforzamos por estar separados, y que la manera de salvarnos es aislándonos del resto de la creación de Dios. 3No obstante, lo único que podemos derivar de ello es enfermedades, sufrimientos, pérdidas y muerte. 4Esto no es lo que nuestro Padre dispone para nosotros, y no existe otra voluntad que la Suya. 5Unirnos a Su Voluntad es encontrar la nuestra. 6Y, puesto que nuestra voluntad es la Suya, es a Él a Quien debemos acudir para reconocer nuestra voluntad.

2. No hay otra voluntad que la Tuya. 2Y me alegro de que nada que pueda imaginarme contradiga lo que Tú quieres que yo sea. 3Tu Volun­tad es que yo me encuentre completamente a salvo y eternamente en paz. 4Y comparto gustosamente Contigo, Padre mío, esa Voluntad que Tú me otorgaste como parte de mí.


¿Qué me enseña esta lección?

No puedo evitar que mi mente recuerde la parábola recogida por Mateo en su evangelio en la que se nos enseña que “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”.

Permitid que comparta su contenido. Es una hermosa lección:

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: 

El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: 

Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo. 

Salió de nuevo a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: 

¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar? 

Ellos le respondieron: 

Porque nadie nos ha contratado. 

Él les dijo: 

Vayan también ustedes a mi viña. 

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: 

Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros. 

Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. 

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole:

Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor. 

Pero él respondió a uno de ellos: 

Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. Que, ¿no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?” De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos"  (Mateo 20. 1-16.

Como bien recoge la lección, en el mundo físico, percibimos todo al revés.

En el mundo donde impera la visión de la separación, donde dar es perder, ser el primero se convierte en el primordial propósito, pues alcanzar la primacía es sinónimo de poder y de orgullo. Pero no estaríamos analizando esta singularidad, si no fuese porque, por lo general, para alcanzar ese puesto relevante, no importan los medios que utilizamos para conseguirlo. Vemos al otro como al rival y su oposición es interpretada como un ataque, lo cual nos faculta para defendernos, por supuesto, con un buen ataque.

Pero las cosas son diferentes cuando se produce en nosotros una inversión en nuestros valores. Comenzamos a ver que la separación es un error, portador de sufrimiento, dolor, tristeza, enfermedad y muerte, y en su lugar, sustituimos el miedo por el Amor, lo que nos llevará a ceder el lugar de primogénito a nuestro hermano. Ese acto está exento de vanidad; tan sólo lo mueve el impulso de dar.

¿Qué valor tiene, desde el punto de vista de la Unidad, ser el primero?

La competitividad pertenece al mundo del ego. En el Reino de los Cielo, ese concepto no tiene valor alguno.

En la sociedad, el acto de ceder la primacía al otro se interpreta como un acto de debilidad, de falta de carácter y de personalidad. Nada más lejos de la verdadera realidad.

Ejemplo-Guía: "Ser el primero en el mundo no es igual que ser el primero en la eternidad".

Así nos lo presenta el Curso:
"El primero en el tiempo no significa nada, pero el Primero en la eternidad es Dios el Padre, Quien es a la vez Primero y Uno. Más allá del Primero no hay ningún otro, pues no hay ninguna secuencia, ni segundo ni tercero, ni nada excepto el Primero" (T-14.IV.1:7-8).
¿Por qué necesitamos ser el primero? ¿Por qué tenemos ese deseo de ser especiales?

Podemos leer en el Capítulo 24 del Curso, en el apartado I, que el deseo de ser especial es el sustituto del amor.
“La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende, aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. Esto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. ¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? ¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesi­dad de juzgar” (T-24.I.3:1-6).

“Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien con­dena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos (T-24.I.4:1-7).

“El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. Ser especial es una postura que requiere defensa. Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo pueda perpetuarse a costa de su derrota. Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria consti­tuye la derrota y humillación de tu hermano. ¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? ¿Y quién, sino tú, es su conquistador?” (T-24.I.5:1-10).

“Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. Aquí él no puede sino ser tu ene­migo, no tu amigo. Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo” (T-24.I.9:1-8).
Aplicar esta enseñanza en nuestras vidas nos lleva a visionar una nueva sociedad, donde la competitividad deje paso a otro tipo de valores, en los que primen los dones y talentos de cada uno, de forma natural. De esta manera, sí podremos compartir lo que somos.

No se trata de atacar los sistemas sociales actuales. Se trata de dirigir nuestra atención a la verdadera causa que nos ha llevado a diseñar un mundo a nuestra medida; me estoy refiriendo a nuestra mente. Es en nuestros pensamientos donde debemos realizar el cambio que queremos ver reflejado en el mundo. Cuando el amor prime por encima de nuestro deseo de ser especiales, dejaremos de ver la separación, dejaremos de percibir la rivalidad, dejaremos de atacar y dejaremos de tener miedo a dar.

Reflexión: ¿Para qué necesitamos ser el "primero"?

viernes, 22 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 327

LECCIÓN 327

No necesito más que llamar y Tú me contestarás.


1. No se me pide que acepte la salvación sobre la base de una fe ciega. 2Pues Dios ha prometido que oirá mi llamada y que Él Mismo me contestará. 3Déjame aprender mediante mi experien­cia que esto es verdad, y es indudable que llegaré a tener fe en Él. 4Esa es la fe que no se quebranta y que me llevará cada vez más lejos por la senda que conduce hasta Él. 5Pues así estaré seguro de que Él no me ha abandonado, de que aún me ama y de que sólo espera a que yo lo llame para proporcionarme toda la ayuda que necesite para poder llegar a Él.

2. Padre, te doy las gracias porque sólo con que ponga a prueba Tus promesas jamás tendré la experiencia de que no se cumplen. 2Permíta­seme, por lo tanto, ponerlas a prueba en vez de juzgarlas. 3Tú eres Tu Palabra. 4Tú provees los medios a través de los cuales arriba la convicción, haciendo así que por fin estemos seguros de Tu eterno Amor.

¿Qué me enseña esta lección? 

La duda procede del miedo, y el miedo tiene su origen en la falta de amor.
 
El Hijo de Dios ha olvidado su procedencia, aunque añora los recuerdos de Paz y Felicidad que se convierten en su meta más preciada. 
 
El hecho de prestar atención al mundo tridimensional donde las formas adoptan una identidad propia le ha llevado a creer que aquello que percibe a través de los sentidos físicos es totalmente real; es más, cree que es la única realidad posible, lo que le ha llevado a olvidar el origen de su poder creador.
 
Ha fabricado un mundo al que tiene miedo, pues le hace sentir temeroso de que su Creador no apruebe su creación, al no haber actuado según la Voluntad del Padre, la cual siempre nos inspira actuar de acuerdo al Amor, pues es la única fuerza que nos permitirá crear bajo las leyes de la Eternidad.
 
Alejado de su Hogar, el Hijo de Dios fabrica su propio hogar. De sus acciones, recibe la falsa creencia de que es un pecador; se siente el violador de las Leyes Divinas. Pero lo único que ha hecho es obrar en consecuencia a los atributos y poderes con los que ha sido bendecido, utilizándolos inadecuadamente.
 
Su consciencia se encuentra dormida, temporalmente, identificada con una realidad ilusoria y transitoria. En ese estado de somnolencia, el Hijo de Dios duda de todo aquello que no forma parte de su percepción sensorial. Lo que no ve es negado.
 
Pero llega un día en el que sentimos que el camino que hemos elegido no nos conduce a la “tierra prometida”. Entonces comprendemos que el mundo al que le hemos prestado nuestra atención jamás nos ofrecerá la posibilidad de alcanzar el estado de Felicidad, de Paz y de Unidad que estamos buscando. 
 
Es el momento de entregar en manos de nuestro Padre los asuntos que nos privan de su Paz. Es el momento de elevar hasta Él nuestra plegaria y decirle: Padre, en tus manos me encomiendo. "Hágase tu Voluntad”.
 
Ya no le pediremos que perpetúe la ilusión que nos ofrece la visión del mundo material. Lo único que le pediremos es que nos permita hacer consciente su Presencia en nuestras Vidas. Ello nos permitirá sentir su protección, la fuerza de su Amor, la cual nos inspirará, en cada momento, cómo percibir correctamente.
 
Ejemplo-Guía: "¿Has perdido la fe en Dios porque no te ha concedido lo que le has pedido?
 
Es una experiencia bastante común. Nos hemos acercado a Dios con la esperanza de que arregle nuestros asuntos y hemos elevado nuestras plegarias con esa intención. Cuando la respuesta no ha sido acorde a lo que le hemos pedido, renegamos de Su Presencia y decidimos darle la espalda. Dejamos de creer en Él.
 
A estas alturas de las enseñanzas que estamos estudiando, tenemos información que nos permite comprender que "a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".
 
Dios no percibe el mundo que nosotros hemos elegido percibir y hacer real. Luego, difícilmente, puede interferir a favor de nuestros asuntos mundanos. Pero sí podemos pedirle que nos ayude a percibir este mundo desde la verdad, desde la realidad. Esa es la petición que debe salir de nuestro corazón y debemos tener la total certeza de que esa llamada sí será contestada.
 
Hemos aludido a la oración como una vía de comunicación con el Creador. Respecto a la oración, el Curso nos dice:
 
"La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. Cuando elegiste la percepción en vez del conocimiento, te colocaste en una posición en la que sólo percibiendo milagrosamente podías parecerte a tu Padre. Has perdido el conocimiento de que tú mismo eres un milagro de Dios. La creación es tu Fuente y es también la única función que verdaderamente tienes" (T-3.V.6:1-8).
Cuando pedimos desde la visión del ego, ignoramos que lo que estamos pidiendo nos aleja de la verdad. El Curso nos anima a poner nuestras peticiones en manos de la Voz que habla por el Padre, el Espíritu Santo: 
“Cuando le pides al Espíritu Santo lo que te podría hacer daño, Él no puede contestarte porque no hay nada que te pueda hacer daño, y por lo tanto, no estás pidiendo nada. Cualquier deseo que proceda del ego es un deseo de algo que no existe, y solicitarlo no constituye una petición. Es simplemente una negación en forma de petición. El Espíritu Santo no le da importancia a la forma, ya que sólo es consciente de lo que tiene significado. El ego no puede pedirle nada al Espíritu Santo porque no existe comunicación entre ellos. Tú, en cambio, puedes pedirle todo porque las peticiones que le haces a Él son reales, al proceder de tu mente recta. ¿Negaría el Espíritu Santo la Voluntad de Dios? ¿Y podría dejar de reconocerla en Su Hijo? (T-9.I.10:1-8)".

Reflexión: ¿Qué padre hace caso omiso a la llamada de un hijo? 

Capítulo 16. EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES. I. La verdadera empatía (2ª parte).

I. La verdadera empatía (2ª parte).

4. La verdadera empatía procede de Aquel que sabe lo que es. 2Tú aprenderás a hacer la misma interpretación que Él hace de ella si le permites que se valga de tu capacidad para ser fuerte y no débil. 3Él no te abandonará, pero asegúrate de que tú no lo abandonas a Él. 4La humildad es fuerza sólo en este sentido: reconocer y aceptar el hecho de que no sabes, es reconocer y aceptar el hecho de que Él sí sabe. 5No estás seguro de que Él desempeñará Su función porque tú nunca has desempeñado la tuya completamente. 6Es imposible que sepas cómo responder a lo que no comprendes. 7No caigas en esta tentación ni sucumbas al uso triunfante que el ego hace de la empatía para su propia vanagloria.

Uno de los pensamientos que el ego lleva regular, es el saberse ignorante. La ignorancia, para el ego, es una demostración de debilidad. Tanto es así, que uno de su eslogan más utilizados por su sistema de pensamiento, es: "Saber es poder". Para defender esa afirmación, emplea muchos recursos y esfuerzos en inventar sistemas educativos dirigidos a la comprensión de verdades basadas en el peso de la historia, esto es, en el recuerdo del pasado. Así, establece cánones que son defendidos por ilustres académicos, los cuales, son considerados como dioseS en la materia.

Las verdades que tan celosamente custodian dichos ilustres académicos, son demostraciones de vanidad y carentes de humildad, que se convierten en sus propios obstáculos para aceptar nuevas verdades.

Reflexiona, el tiempo que consideres, la siguiente cuestión: ¿Crees que aquellos que ostentan el poder de las naciones, emplean la empatía correctamente? ¿Crees que la empatía parcial, es verdaderamente empatía?

No se trata de responder con juicios condenatorios, sino de aprender del error que percibimos en nuestros líderes, de modo que nos planteemos, en qué medida, nuestra empatía es parcial y en qué medida, tenemos claro, que dicha empatía no es verdadera.

5. El triunfo de la debilidad no es lo que deseas ofrecerle a un hermano. 2Sin embargo, no reconoces otro triunfo que ése. 3Eso no es conocimiento, y la forma de empatía que suscitaría es tan distorsionada, que no haría sino aprisionar lo que quiere liberar. 4Los que no han sido redimidos no pueden redimir, sin embargo, tienen un Redentor. 5No trates de ser Su maestro. 6Tú eres el estu­diante. aÉl, el Maestro. 7No confundas tu papel con el Suyo, pues eso nunca le brindará paz a nadie. 8Ofrécele tu capacidad de sen­tir empatía, pues lo que deseas compartir es Su percepción y Su fortaleza. 9Y permite que Él te ofrezca Su fortaleza y Su percep­ción, para que puedan ser compartidas a través de ti.

No permitamos, que la visión que nos está aportando este punto de la enseñanza, nos lleve a sentirnos culpables, al reconocer, que estamos equivocado con respecto al modo en cómo entendíamos la empatía. En su lugar, alégrate de este momento, de este instante, en el que se nos brinda la oportunidad de ver las cosas de otra manera, de comprender el verdadero significado de la empatía, y, regocíjate en la fortaleza que nos brinda el espíritu de la humildad, abriendo nuestra mente a corregir la percepción errónea por la percepción verdadera.

Ahora, sí nos reconoceremos como estudiantes y no como maestros. Ahora, sí sabremos a qué Guía seguir. Ahora, si seremos discípulos de Aquel que nos mostrará la verdad.

6. El significado del amor se pierde en cualquier relación que vaya en busca de la debilidad y espere encontrar amor en ella. 2El poder del amor, que es su significado, radica en la fuerza de Dios que se cierne sobre ella y que la bendice silenciosamente al envol­verla en sus alas sanadoras. 3No intervengas en esto, ni trates de reemplazarlo con un "milagro" tuyo. 4He dicho que si un her­mano te pide que hagas algo que a ti te parece absurdo, que lo hagas. 5Pero ten por seguro que esto no significa que tengas que hacer algo que pudiese ocasionarte daño a ti o a él, pues lo que le hace daño a uno, le hará daño al otro. 6Las peticiones absurdas son absurdas sencillamente porque son conflictivas, ya que siem­pre contienen ciertos elementos del deseo de ser especial. 7Sólo el Espíritu Santo reconoce las necesidades absurdas así como las rea­les. 8Y Él te enseñará cómo satisfacer las dos sin que ninguna quede excluida.

Considero la aportación que nos brinda este punto, muy interesante y esclarecedora, pues, el mensaje: "Si un hermano te pide que hagas algo que a ti te parece absurdo, hazlo", sin el matiz adicional y aclaratorio, añadido en este punto, podría llevarnos, guiados por nuestra fidelidad ciega, a acometer acciones que vayan más allá de las consideradas absurdas, estas son, aquellas que nos pueden ocasionar un daño propio o ajeno.

Siguiendo el método de aprendizaje alumbrado por estas enseñanzas, lo recomendable, para asegurar que nuestro hacer es el correcto, es poner en manos del Espíritu Santo la situación, de modo que nos inspire el camino a seguir. Lo hará del tamo, que ninguna de las propuestas que nos hagan quede excluida.

7. Tú intentarás hacer esto únicamente en secreto. 2Y pensarás que al satisfacer las necesidades de uno, el otro no se ve afectado por­que los mantienes separados y ocultos el uno del otro. 3No es ése el camino que debes seguir, pues no conduce ni a la verdad ni a la vida. 4Ninguna necesidad quedará insatisfecha por mucho tiempo si la pones en manos de Aquel Cuya función es satisfa­cerla. 5Ésa es Su función, no la tuya. 6Él no satisfará ninguna nece­sidad en secreto, pues quiere compartir todo lo que des a través de Él. 7Por eso es por lo que lo da. 8Lo que tú das a través de Él es para toda la Filiación, no sólo para una parte de ella. 9Deja Su función en Sus manos, pues Él la llevará a cabo sólo con que lo invites a formar parte de tus relaciones y a bendecirlas por ti.

Todo lo que hagamos de manera oculta, está debilitando la creencia en la unidad. Cuando actuamos siguiendo las leyes del amor, que como hemos dicha en otras ocasiones, se fundamentan en el respeto del libre albedrío, estaremos siguiendo el guión correcto de las enseñanzas que nos ofrece el Espíritu Santo.

Cuando nuestra mente sintonice la frecuencia de la Mente Recta, esta es, la frecuencia del Espíritu Santo, nuestra comunicación se fortalecerá y aquello que tengamos que decir, llevará Su sello, que no es otro, que el del Amor. 

jueves, 21 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 326

LECCIÓN 326

He de ser por siempre un Efecto de Dios.


1. Padre, fui creado en Tu Mente, como un Pensamiento santo que nunca abandonó su hogar. 2He de ser por siempre Tu Efecto, y Tú por siempre y para siempre, mi Causa. 3Sigo siendo tal como Tú me creaste. 4Todavía me encuentro allí donde me pusiste. 5Y todos Tus atributos se encuentran en mí, pues Tu Voluntad fue tener un Hijo tan semejante a su Causa, que Causa y Efecto fuesen indistinguibles. 6Que tome con­ciencia de que soy un Efecto Tuyo y de que, por consiguiente, poseo el mismo poder de crear que Tú. 7Y así como es en el Cielo, sea en la tierra. 8Sigo Tu plan aquí, y sé que al final congregarás a todos Tus Efectos en el plácido Remanso de Tu Amor, donde la tierra desaparecerá y todos los pensamientos separados se unirán llenos de gloria como el Hijo de Dios. 

2. Veamos hoy la tierra desaparecer, al principio transformada, y después, una vez que haya sido perdonada, veámosla desvane­cerse completamente en la santa Voluntad de Dios.

¿Qué me enseña esta lección? 

Somos Hijos de Dios y hemos deseado ver la realidad a nuestra manera, lo que nos ha llevado a percibir erróneamente el mundo. Nuestra mente, guiada por ese deseo, ha fabricado la creencia en la separación, lo que ha originado pensamientos falsos sobre la realidad percibida.

El uso de los atributos heredados de nuestro Padre nos ha llevado a creer que lo que hemos percibido fuera de nosotros es nuestra verdadera identidad, olvidando nuestra procedencia divina.

Todo lo que hemos fabricado en el uso de nuestra capacidad divina forma parte de un sueño. En dicho sueño, formamos parte del elenco de actores a los que damos vida en él, pero no somos conscientes de que estamos soñando y de que somos el soñador.

Tomar consciencia de que hemos dado el poder de la verdad a un mundo que no lo es se convierte en el primer paso para despertar del sueño.

Mientras que permanezcamos en el sueño, podemos dar al mundo físico una función lo más cercana a la realidad, a la verdad. Esta función es la de permitirnos tomar consciencia de los efectos de nuestras acciones, es decir, conocer la calidad de las energías con las que estamos fabricando. En este sentido, podemos aprender que el Amor crea, mientras que el miedo destruye; podemos aprender que el pecado es un error y que el error podemos corregirlo. Sobre todo, podemos aprender que, al igual que nosotros somos Efecto de la Causa creadora de nuestro Padre, nuestras obras también son efectos de nuestros pensamientos y sentimientos, los cuales se convierten en la verdadera causa de todo cuanto experimentamos.

Sí, el mundo, tal y como lo percibimos, desaparecerá, pues la percepción es temporal y forma parte de nuestra mente errada. Cuando perdonemos el uso de esa mente errada, el mundo será percibido correctamente, y recordaremos que todos formamos parte de la Causa Original, de la Mente de Dios, como el Hijo de Dios.


Ejemplo-Guía: "Crear en la tierra, como en el Cielo".

En más de una ocasión, he oído opiniones que juzgan a la tierra, al mundo que percibimos, como la fuente que tiene el poder de despertar nuestras tentaciones, y siguiendo la máxima "si tu mano te hace pecar, córtatela", abogan por sacrificar todo lo que interpretan como causa de la tentación.

En esa valoración del mundo, se olvidan de algo esencial. El mundo es un efecto y no la causa. Es el efecto de un pensamiento errado; luego, si lo que queremos es no ser un esclavo de lo que nos ofrece ese mundo, lo que tenemos que hacer es cambiar la causa que nos ha llevado a percibirlo de tal manera.

Nos enseña la lección de hoy, que hemos sido creados a Semejanza de nuestro Creador y que tenemos Sus mismos atributos creadores, añadiendo que así como es en el Cielo, así sea en la tierra, es decir, tenemos la capacidad de crear en la tierra, como en el Cielo.

¿Qué significado tiene lo que hemos dicho? Tiene el profundo significado de que podemos crear en la tierra siempre que nuestra mente utilice la visión que impera en el Cielo, la visión de la Unidad. Esa visión, cuando la aplicamos en la tierra, la llamamos la Visión de Cristo, pues está basada en el Amor, la Esencia de la Unidad.

La lección nos invita a tomar consciencia de la Ley de Causa-Efecto. Si reflexionamos sobre ello, llegaremos a entender que Causa y Efecto forman una Unidad, aunque en su manifestación la percibamos de distinta manera. 

La semilla y el fruto no siempre tienen la misma forma, pero ambas participan de la unidad.

En nuestra vida, podemos aplicar esta ley, lo que nos ayudará a conocernos en aquellos aspectos en los que somos resistentes a hacerlo, especialmente cuando toca cosechar efectos que no son agradables. En esas circunstancias, nos es más fácil desentendernos de la posibilidad de que hayamos sido los causantes de tal experiencia y adoptamos el papel, tan socorrido, de víctimas.


Reflexión: ¿Cómo entendemos el mensaje "Veamos hoy la tierra desaparecer"?

Capítulo 16. EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES. I. La verdadera empatía (1ª parte).

  Capítulo 16

EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES 


I. La verdadera empatía (1ª parte).

1. Sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento, pues el sufrimiento es precisamente lo que debes negarte a com­prender. 2Unirse al sufrimiento de otro es la interpretación que el ego hace de la empatía, de la cual siempre se vale para entablar relaciones especiales en las que el sufrimiento se comparte. 3La capacidad de sentir empatía le es muy útil al Espíritu Santo, siem­pre que permitas que Él la use a Su manera. 4La manera en que Él la usa es muy diferente. 5Él no comprende el sufrimiento, y Su deseo es que enseñes que no es comprensible. 6Cuando se rela­ciona a través de ti, Él no se relaciona con otro ego a través del tuyo. 7No se une en el dolor, pues comprende que curar el dolor no se logra con intentos ilusorios de unirte a él y de aliviarlo com­partiendo el desvarío.

El juicio que hace el ego, de la falta de empatía, es demoledor. Su argumento es el siguiente: "¿cómo no vas a ser sensible al dolor y al sufrimiento de un ser querido?" "Tú egoísmo, te ciega, impidiéndote amar al que sufre". Podríamos poner más ejemplos, pero creo que "para muestra, un botón".

Tales argumentos, ocultan los macabros pensamientos del ego. Su respuesta de empatía y su sensibilidad, ante el sufrimiento ajeno, lo utiliza como una máscara social que le permite mantener en "olvido", la fuerte aversión que siente hacia sí mismo por reconocerse un ser pecador, por mantener oculta la culpa que siente por ser hijo del pecado, y, sobre todo, para ocultar que su creencia en la separación, le lleva a interpretar al otro, como a su rival, a su oponente, al enemigo, a quien hay que atacar, para asegurarnos, de que así, no seremos atacados y de que nuestras posesiones siguen intactas.

¿Cómo la creencia en la separación, puede expresar verdadera empatía por el otro? La empatía es una actitud que se extrae del amor por los demás. Preguntémonos, ¿cómo vamos a sentir empatía por el otro, cuando lo juzgamos como nuestro competidor? La empatía y la sensibilidad que muestra el ego por los demás, es una falsa, como todo su sistema de pensamiento.

El verdadero amor no realiza gestos demostrativos para ganar la simpatía y el agrado o aceptación de los demás. El verdadero amor, se expresa en su cualidad primordial, mostrándose libre y permitiendo, al otro, que se exprese libremente. El verdadero amor, no se solidariza con el error, lo trasciende, aportando luz y verdad, allí donde nos sentimos identificados con la oscuridad y el dolor.

2. La prueba más clara de que la empatía, tal como el ego la usa, es destructiva, reside en el hecho de que sólo se aplica a un deter­minado tipo de problemas y a ciertos individuos. 2Él mismo los selecciona y se une a ellos. 3Pero nunca se une a nada, excepto para fortalecerse a sí mismo. 4Al haberse identificado con lo que cree entender, el ego se ve a sí mismo y procura expandirse com­partiendo lo que es como él. 5No dejes que esta maniobra te engañe, aEl ego siempre utiliza la empatía para debilitar, y debili­tar es atacar. 6Tú no sabes lo que es la empatía. 7Pero de esto puedes estar seguro: sólo con que te sentases calmadamente y permitieses que el Espíritu Santo se relacionase a través de ti, sentirías empatía por la fortaleza, y, de este modo, tu fortaleza aumentaría, y no tu debilidad.

Identificarse con el dolor, bien sea el propio o el ajeno, es servir a los intereses del ego, que lo único que persigue es mantenernos como esclavos a su sistema de pensamiento, el cual, se sustenta en la percepción falsa que le aporta su símbolo, el cuerpo físico. El ego, menosprecia el valor integral de la mente, y niega, que el simple hecho de poder emitir pensamientos, sea razón suficiente para establecer el vínculo de la unidad. El sentir, de manera selectiva, empatía por el dolor del ser querido, es una manifestación más, de la falta de Visión de la que carece el ego, pues, en su demostración de amor, lo que está diciendo al mundo es que el ama a quien le reporta amor, esto es, al que considera especial y al que elige, de una manera inconsciente, para afrontar le redención de su culpa. Al resto, no son merecedores de su empatía y de su atención. Para el ego, el resto, no son nada.

3. Tu papel consiste únicamente en recordar esto: no quieres que nada que tú consideres valioso sea lo que tiene lugar en una rela­ción. 2No decides hacer nada a tu manera para deteriorarlas o para crear armonía en ellas. 3No sabes lo que es curar. 4Todo lo que has aprendido acerca de la empatía procede del pasado. 5no hay nada del pasado que desees compartir, pues no hay nada del pasado que desees conservar. 6No te valgas de la empatía para otorgarle realidad al pasado y así perpetuarlo. 7Hazte a un lado tranquilamente y deja que la curación se lleve a cabo por ti. 8Mantén un solo pensamiento en la mente y no lo pierdas de vista, por muy grande que sea la tentación de juzgar cualquier situación, y de determinar tu reacción basándote en los juicios que has hecho de la misma. 9Concentra tu mente sólo en esto: 

10No estoy solo, y no quiero imponer el pasado a mi Invitado.
11Lo invité y Él está aquí.
12No tengo que hacer nada, excepto no interferir.

El pasado ancestral, se convierte en una pesada carga que llevamos sobre nuestra conciencia, y, que, debido a su insoportable recuerdo, y a la errónea interpretación que hemos hecho de ello, hemos delegado a nuestro inconsciente. Desde el inconsciente, elegimos proyectar en los demás, aquello que ocultamos en nuestro interior con un celo especial para que nadie lo descubra. En ese movimiento estratégico y defensivo, fraguado por el sistema de pensamiento del ego, nos sentimos protegidos del dolor insoportable que nos causa la culpa. Así, que nos entregamos a la más noble de las causas, la de juzgar de manera condenatoria, el comportamiento de los demás, con la intención de hacerlo consciente de la culpa que subyace en su interior. Es como jugar al ping-pong donde la pelota es el sentimiento de culpa. Mientras que la pelota se encuentre en el terreno del otro, nos sentiremos ganadores.

La empatía, es uno de los mejores golpes con los que cuenta el ego. Siguiendo con el símil del ping-pong, es su saque con mejor efecto, lo que impedirá al contrincante, devolvernos la bola. Dicho de otra manera, mi empatía, es un señuelo para el otro, el cual se siente atendido e incluso, piensa, que se siente amado, pero en verdad, el hecho de que estemos haciendo real el dolor y el sufrimiento, es una declaración de que estamos apostando por el ego y su símbolo, el cuerpo, y los efectos que estamos compartiendo, es impedir

miércoles, 20 de noviembre de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 325


LECCIÓN 325
 
Todas las cosas que creo ver son reflejos de ideas.

1. Ésta es la clave de la salvación: lo que veo es el reflejo de un proceso mental que comienza con una idea de lo que quiero. 2A partir de ahí, la mente forja una imagen de eso que desea, lo juzga valioso y, por lo tanto, procura encontrarlo. 3Estas imáge­nes se proyectan luego al exterior, donde se contemplan, se consi­deran reales y se defienden como algo propio de uno. 4De deseos dementes nace un mundo demente, 5y de juicios, un mundo condenado. 6De pensamientos de perdón, en cambio, surge un mundo apacible y misericordioso para con el santo Hijo de Dios, cuyo propósito es ofrecerle un dulce hogar en el que descansar por un tiempo antes de proseguir su jornada, y donde él puede ayudar a sus hermanos a seguir adelante con él y a encontrar el camino que conduce al Cielo y a Dios.

2. Padre nuestro, Tus ideas reflejan la verdad, mientras que las mías separadas de las Tuyas, tan sólo dan lugar a sueños. 2Déjame contem­plar lo que sólo las Tuyas reflejan, pues son ellas las únicas que estable­cen la verdad.



¿Qué me enseña esta lección? 

La Voluntad es el Principio más elevado de la Divinidad. Todo encuentra su causa en un acto de voluntad. Se trata de un impulso vital, no definido, pero que encierra potencialmente el contenido de los efectos que va a crear.

El Hijo de Dios es portador de ese Atributo Divino. En este sentido, podemos asegurar que el Hijo de Dios tiene el poder de utilizar la voluntad, bien para crear, bien para fabricar. La diferencia de crear y fabricar radica en la dirección que demos al impulso motor de todo acto creador.

Si nuestra voluntad sirve a la unidad y al amor, entonces nuestra acción dará lugar a un acto de expansión, a un acto creador, que irá impregnado de la esencia de la eternidad.

Si nuestra voluntad sirve a la separación y al miedo, entonces nuestra acción dará lugar a la fabricación de una realidad ilusoria y temporal.

La voluntad que sirve al Amor y a la Unidad nos lleva a la Salvación. Cuando actuamos de este modo, estamos haciendo la Voluntad del Padre, pues estamos extendiendo la esencia primordial del Amor.

La voluntad que sirve al miedo y al pecado nos lleva al castigo, al dolor, al sufrimiento. Cuando actuamos de este modo, estamos fabricando un mundo que no es real, pues no está sustentado por la Verdad.

Todo aquello que no es verdad, no es real.

En el mundo que hemos fabricado, la percepción más correcta es la que nos lleva a perdonar. El perdón corrige la causa que dio origen a la creencia en el pecado y deshace el efecto de la culpa y del castigo.

Ejemplo-Guía: "Lo que vemos es lo que creemos. Lo que creemos es lo que deseamos".

Ésta es la clave de la salvación: lo que veo es el reflejo de un proceso mental que comienza con una idea de lo que quiero. Difícilmente se podría explicar con tanta claridad la mecánica del sistema de pensamiento sustentado por el ego. Si fuésemos conscientes, permanentemente, de esta dinámica, dejaríamos de forma inmediata de vernos como víctimas de un destino del que no nos sentimos co-partícipes, cuando en verdad, no existe un mundo fuera de nosotros que no hayamos fabricado (soñado), proyectado.
"Somos responsables de lo que vemos". Tan solo estoy citando la afirmación que da título al segundo de los apartados recogidos en el Capítulo 21 del Curso. Reconozco que la enseñanza expresada en dicho apartado es de una profunda trascendencia. Permitid que lo transcriba íntegramente:

“Hemos repetido cuán poco se te pide para que aprendas este curso. Es la misma pequeña dosis de buena voluntad que necesi­tas para que toda tu relación se transforme en dicha; el pequeño regalo que le ofreces al Espíritu Santo a cambio del cual Él te da todo, lo poco sobre lo que se basa la salvación, el pequeño cambio de mentalidad por el que la crucifixión se transforma en resurrección. Y puesto que es cierto, es tan simple que es imposible que no se entienda perfectamente. Puede ser rechazado, pero no es ambiguo. Y si decides oponerte a ello, no es porque sea incom­prensible, sino más bien porque ese pequeño costo parece ser, a tu juicio, un precio demasiado alto para pagar por la paz” (T-21.II.1:1-5).
“Esto es lo único que tienes que hacer para que se te conceda la visión, la felicidad, la liberación del dolor y el escape del pecado. Di únicamente esto, pero dilo de todo corazón y sin reservas, pues en ello radica el poder de la salvación: 

Soy responsable de lo que veo.4Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí. No te engañes por más tiempo pensando que eres impotente ante lo que se te hace. Reconoce únicamente que estabas equi­vocado, y todos los efectos de tus errores desaparecerán“ (T-21.II.2:1-7).

“Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. Es imposible que él mismo no haya ele­gido las cosas que le suceden. Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia. Y ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó, fuera del cual no existe nada. Si sufres es porque decidiste que tu meta era el pecado. Si eres feliz, es porque pusiste tu poder de decisión en manos de Aquel que no puede sino decidir a favor de Dios por ti. Éste es el pequeño regalo que le ofreces al Espíritu Santo, y hasta esto Él te da para que te lo des a ti mismo. Pues mediante este regalo se te concede el poder de liberar a tu salva­dor para que él a su vez te pueda dar la salvación a ti” (T-21.II.3:1-8).

“No resientas tener que dar esta pequeña ofrenda, pues si no la das seguirás viendo el mundo tal como lo ves ahora. Mas si la das, todo lo que ves desaparecerá junto con él. Nunca se dio tanto a cambio de tan poco. Este intercambio se efectúa y se conserva en el instante santo. Ahí, el mundo que no deseas se lleva ante el que sí deseas. Y el mundo que sí deseas se te con­cede, puesto que lo deseas. Mas para que esto tenga lugar, debes primero reconocer el poder de tu deseo. Tienes que aceptar su fuerza, no su debilidad. Tienes que percibir que lo que es tan poderoso como para construir todo un mundo puede también abandonarlo, y puede asimismo aceptar corrección si está dis­puesto a reconocer que estaba equivocado” (T-21.II.4:1-10).
“El mundo que ves no es sino el testigo fútil de que tenías razón. Es un testigo demente. Tú le enseñaste cuál tenía que ser su testimonio, y cuando te lo repitió, lo escuchaste y te conven­ciste a ti mismo de que lo que decía haber visto era verdad. Has sido tú quien se ha causado todo esto a sí mismo. Sólo con que comprendieses esto, comprenderías también cuán circular es el razonamiento en que se basa tu "visión". Eso no fue algo que se te dio. Ése fue el regalo que tú te hiciste a ti mismo y que le hiciste a tu hermano. Accede, entonces, a que se le quite y a que sea reemplazado por la verdad. Y a medida que observes el cam­bio que tiene lugar en él, se te concederá poder verlo en ti mismo” (T-21.II.5:1-9).
“Tal vez no veas la necesidad de hacer esta pequeña ofrenda. Si ése es el caso, examina más detenidamente lo que dicha ofrenda representa. Y no veas en ella otra cosa que el absoluto intercam­bio de la separación por la salvación. El ego no es más que la idea de que es posible que al Hijo de Dios le puedan suceder cosas en contra de su voluntad, y, por ende, en contra de la Voluntad de su Creador, la cual no puede estar separada de la suya. Con esta idea fue con lo que el Hijo de Dios reemplazó su voluntad, en rebelión demente contra lo que no puede sino ser eterno. Dicha idea es la declaración de que él puede privar a Dios de Su poder y quedarse con él para sí mismo, privándose de este modo de lo que Dios dispuso para él. Y es esta descabellada idea la que has entronado en tus altares y a la que rindes culto. Y todo lo que supone una amenaza para ella parece atacar tu fe, pues en ella es donde la has depositado. No pienses que te falta fe, pues tu creencia y confianza en dicha idea son ciertamente firmes” (T-21.II.6:1-9).
“El Espíritu Santo puede hacer que tengas fe en la santidad, y darte visión para que la puedas ver fácilmente. Mas no has dejado libre y despejado el altar donde a estos dones les corres­ponde estar. Y donde ellos debieran estar has colocado tus ído­los, los cuales has consagrado a otra cosa. A esa otra "voluntad" que parece decirte lo que ha de ocurrir, le confieres realidad. Por lo tanto, aquello que te demostraría lo contrario no puede por menos que parecerte irreal. Lo único que se te pide es que le hagas sitio a la verdad. No se te pide que inventes o que hagas lo que está más allá de tu entendimiento. Lo único que se te pide es que dejes entrar a la verdad, que ceses de interferir en lo que ha de acontecer de por sí y que reconozcas nuevamente la presencia de lo que creíste haber desechado” (T-21.II.7:1-8).
“Accede, aunque sólo sea por un instante, a dejar tus altares libres de lo que habías depositado en ellos, y no podrás sino ver lo que realmente se encuentra allí. El instante santo no es un instante de creación, sino de reconocimiento. Pues el reconoci­miento procede de la visión y de la suspensión de todo juicio. Sólo entonces es posible mirar dentro de uno mismo y ver lo que no puede sino estar allí, claramente a la vista y completamente independiente de cualquier inferencia o juicio. Deshacer no es tu función, pero sí depende de ti el que le des la bienvenida o no. La fe y el deseo van de la mano, pues todo el mundo cree en lo que desea” (T-21.II.8:1-6).
“Ya hemos dicho que hacerse ilusiones es la manera en que el ego lidia con lo que desea para tratar de convertirlo en realidad. No hay mejor demostración del poder del deseo, y, por ende, de la fe, para hacer, que sus objetivos parezcan reales y posibles. La fe en lo irreal conduce a que se tengan que hacer ajustes en la realidad. para que se amolde al objetivo de la locura. El objetivo del pecado induce a la percepción de un mundo temible para justificar su propósito. Verás aquello que desees ver. Y si la rea­lidad de lo que ves es falsa, lo defenderás no dándote cuenta de todos los ajustes que has tenido que hacer para que ello sea como lo ves” (T-21.II.9:1-6).
“Cuando se niega la visión, la confusión entre causa y efecto es inevitable. El propósito ahora es mantener la causa oculta del efecto y hacer que el efecto parezca ser la causa. Esta aparente autonomía del efecto permite que se le considere algo inde­pendiente, y capaz de ser la causa de los sucesos y sentimientos que su hacedor cree que el efecto suscita. Anteriormente habla­mos de tu deseo de crear a tu propio creador, y de ser el padre y no el hijo de él. Éste es el mismo deseo. El Hijo es el efecto que quiere negar a su Causa. Y así, él parece ser la causa y producir efectos reales. Pero lo cierto es que no puede haber efectos sin causa, y confundir ambas cosas es simplemente no entender ninguna de las dos” (T-21.II.10:1-8).
“Es tan esencial que reconozcas que tú has fabricado el mundo que ves, como que reconozcas que tú no te creaste a ti mismo. Pues se trata del mismo error. Nada que tu Creador no haya crea­do puede ejercer influencia alguna sobre ti. Y si crees que lo que hiciste puede dictarte lo que debes ver y sentir, y tienes fe en que puede hacerlo, estás negando a tu Creador y creyendo que tú te hiciste a ti mismo. Pues si crees que el mundo que construiste tiene el poder de hacer de ti lo que se le antoje, estás confun­diendo Padre e Hijo, Fuente y efecto” (T-21.II.11:1-5).
“Las creaciones del Hijo son semejantes a las de su Padre. Mas al crearlas, el Hijo no se engaña a sí mismo pensando que él es independiente de su Fuente. Su unión con Ella es la Fuente de su capacidad para crear. Aparte de esto no tiene poder para crear, y lo que hace no significa nada, no altera nada en la creación, depende enteramente de la locura de su hacedor y ni siquiera podría servir para justificarla. Tu hermano cree que él fabricó el mundo junto contigo. De este modo, niega la creación, y cree, al igual que tú, que el mundo que fabricó lo engendró a él. De éste modo, niega haberlo fabricado” (T-21.II.12:1-9).
“Mas la verdad es que tanto tú como él fuisteis creados por un Padre amoroso, que os creó juntos y como uno solo. Ve lo que "prueba" lo contrario, y estarás negando toda tu realidad. Reco­noce en cambio que fuiste tú quien fabricó todo lo que aparente­mente se interpone entre tú y tu hermano y os mantiene separados al uno del otro, y a los dos de vuestro Padre, y tu instante de liberación habrá llegado. Todos los efectos de eso que hiciste desaparecerán porque su fuente se habrá puesto al descubierto. La aparente autonomía de su fuente es lo que te mantiene prisionero. Ése es el mismo error que pensar que eres inde­pendiente de la Fuente mediante la cual fuiste creado, y que nunca has abandonado” (T-21.II.13:1-6).
Se puede concluir que es el momento de elegir. Podemos seguir soñando, sin tomar consciencia de que somos los soñadores, lo que nos llevará a experimentar permanentes pesadillas o, por lo contrario, podemos seguir soñando, tomando plena consciencia de que somos los hacedores del sueño, lo que nos permitirá elegir soñar sueños felices. 

Reflexión: Elige: ¿estar dormido o despierto?

Capítulo 15. XI. La Navidad como símbolo del fin del sacrificio (3ª parte).

XI. La Navidad como símbolo del fin del sacrificio (3ª parte).

7.  En el instante santo se satisface la condición del amor, pues las mentes se unen sin la interferencia del cuerpo, y allí donde hay comunicación hay paz. 2El Príncipe de la Paz nació para re-esta­blecer la condición del amor, enseñando que la comunicación con­tinúa sin interrupción aunque el cuerpo sea destruido, siempre y cuando no veas al cuerpo como el medio indispensable para la comunicación. 3si entiendes esta lección, te darás cuenta de que sacrificar el cuerpo no es sacrificar nada, y que la comunicación, que es algo que es sólo propio de la mente, no puede ser sacrifi­cada. 4¿Dónde está entonces el sacrificio? 5Nací para enseñar la lección de que el sacrificio no está en ninguna parte y de que el amor está en todas partes, y ésta es la lección que todavía quiero enseñarles a todos mis hermanos. 6Pues la comunicación lo abarca todo, y en la paz que re-establece, el amor viene por su propia voluntad.

El cuerpo, al igual que la mente, puede servir al amor o al miedo, esto es, a Dios o al ego.

Cuando sirve al amor, el cuerpo, se convierte en el canal apropiado para favorecer la comunicación verdadera, es decir, la comunicación que nos hace partícipes de la misma verdad, la que se reconoce en la Unidad de Todas la Mentes. Cuando utilizamos el cuerpo con tal fin, el amor se expande, creando un escenario donde la paz y la unidad serán una realidad.

Cuando sirve al miedo, el cuerpo, se convierte en el canal por el que comunicamos verdades vacías, y nuestra voz se convierte en el mensajero del error anunciando falsas verdades. Cuando se utiliza el cuerpo con tal fin, la mentira, la falsedad, fabrica un escenario donde las guerras, las separaciones, serán nuestras pesadillas.

8. No permitas que la desesperanza opaque la alegría de la Navi­dad, pues la hora de Cristo no tiene sentido si no va acompañada de alegría. 2Unámonos en la celebración de la paz, no exigiéndole a nadie ningún sacrificio, pues de esta manera me ofreces el amor que yo te ofrezco. 3¿Qué podría hacernos más felices que percibir que no carecemos de nada? Ése es el mensaje de la hora de Cristo, que yo te doy para que tú lo puedas dar y se lo devuelvas al Padre, que me lo dio a mí. 5Pues en la hora de Cristo se restablece la comunicación, y Él se une a nosotros para celebrar la creación de Su Hijo.

Si la comunicación verdadera no es portadora de amor, por mucha "navidad" que pretendamos festejar, la esencia real de la alegría, estará ausente, y lo único que conseguiremos será provocar una felicidad ficticia suministrando a nuestro cuerpo elixires que despierte en nuestra mente una euforia pasajera.

La felicidad es ese estado que se experimenta cuando nos sentimos completos, abundantes y plenos, es decir, cuando no hay carencia, ni necesidad, ni miedo. Esto tan solo es posible cuando hemos elegido amar.

Marquemos en nuestro calendario personal, cada día, como el día en el que vamos a celebrar, con júbilo, con amor, la Navidad. Permitamos a nuestro cuerpo, ser el canal, por el cual, comunicaremos la verdad: Somos el Hijo de Dios unidos en la Filiación.

9. Dios le da las gracias al santo anfitrión que desee recibirle y le deje entrar y morar allí donde Él desea estar. 2Y al tú darle la bienvenida, Él te acoge en Sí Mismo, pues lo que se encuentra en ti que le das la bienvenida, se le devuelve a Él. 3Y nosotros no hacemos sino celebrar Su Plenitud cuando le damos la bienve­nida dentro de nosotros. 4Los que reciben al Padre son uno con Él, al ser los anfitriones de Aquel que los creó. 5Y al abrirle las puertas, Su recuerdo llega con Él, y así recuerdan la única rela­ción que jamás tuvieron y que jamás querrán tener.

Este punto, nos está ofreciendo una guía importante para que conozcamos el camino que debemos recorrer para alcanzar el Plan de Salvación dispuesto para el Hijo, por Su Padre.

Tan sólo existe un camino verdadero que nos llevará a ese destino, y, para ello, se nos pide tan sólo una cosa, poner nuestra mente al servicio del Espíritu Santo. Ya sabemos lo que ello significa. Movilizar el Principio de la Voluntad y permitir entrar al Mensajero de Dios en nuestra mente, es lo que nos permitirá corregir nuestras falsas creencias y a percibir de manera verdadera.

10Ésta es la época en la que muy pronto dará comienzo un nuevo año del calendario

cristiano. 
2Tengo absoluta confianza en que lograrás todo lo que te propongas hacer. 3Nada te ha de faltar, y tu voluntad será completar, no destruir. 4Dile, entonces, a tu her­mano: 

5Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo.

6Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti

para aprisionarme a mí mismo.

7En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque

reconozco que nos hemos de liberar juntos. 


8De esta forma damos comienzo al año con alegría y en libertad. 9Es mucho lo que aún os queda por hacer, llevamos mucho retraso. 10Acepta el instante santo con el nacimiento de este año, y ocupa tu lugar -por tanto tiempo vacante- en el Gran Despertar. 11Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo. 12permite que todas tus relaciones te sean santificadas. 13Ésta es nuestra voluntad. 14Amén.

Hermano, Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo. Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti para aprisionarme a mí mismo. En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque reconozco que nos hemos de liberar juntos. Amén.