viernes, 17 de enero de 2025

Capítulo 17. VI. Cómo fijar la meta (2ª parte).

VI. Cómo fijar la meta (2ª parte).

4. El valor de decidir de antemano lo que quieres que ocurra es simplemente que ello te permite percibir la situación como un medio para hacer que tu objetivo se logre. 2Haces, por lo tanto, todo lo posible por pasar por alto todo lo que interferiría en su logro, y te concentras sólo en lo que te ayuda a conseguirlo. 3Es obvio que este enfoque ha hecho que la manera en que distingues lo verdadero de lo falso sea más parecida a la del Espíritu Santo. 4Lo verdadero viene a ser lo que se puede utilizar para lograr el objetivo, 5lo falso, lo inútil desde ese punto de vista. 6La situa­ción tiene ahora sentido, pero sólo porque el objetivo ha hecho que lo tenga.

Utilicemos de nuevo el símil del agricultor que se marca el objetivo de sembrar la semilla del
peral, pues su propósito consciente es cosechar hermosas y gustosas peras.

El hecho de haber tomado esa decisión de manera consciente llevará al agricultor a concentrar sus esfuerzos en el logro del objetivo. Para ello, labrará la tierra convenientemente y esperará la fecha adecuada para llevar a cabo la siembra. Esa semilla será mimada con todos los cuidados que se requieren, con el riego adecuado y, cuando la planta vaya creciendo, se podarán las ramas que puedan ser un obstáculo para impedir que el árbol crezca sano y robusto, lo que garantizará el hecho de que haya una frondosa cosecha de peras. Cuando el proceso haya culminado, el agricultor degustará uno de sus frutos y comprobará que su sabor es el esperado, es decir, tendrá la satisfacción de que sus esfuerzos han logrado el objetivo perseguido.

No todos los agricultores siguen ese proceder y muchos, carentes de la paciencia necesaria para establecer los pasos a seguir adecuadamente, deciden abandonar la labor de los cuidados de lo sembrado y prefieren adueñarse de los esfuerzos de otros, robándoles la cosecha de sus frutos.

5. Tener a la verdad por objetivo tiene otras ventajas prácticas. 2Si la situación se usa en favor de la verdad y la cordura, su desen­lace no puede ser otro que la paz. 3Y esto es así independiente de cuál sea el desenlace. 4Si la paz es la condición de la verdad y la cordura, y no puede existir sin ellas, allí donde hay paz tienen que estar también la verdad y la cordura. 5La verdad viene por su propia iniciativa. 6Si experimentas paz, es porque la verdad ha venido a ti, y así, no podrás sino ver el desenlace correctamente, pues el engaño no puede prevalecer contra ti. 7Podrás reconocer el desenlace precisamente porque estás en paz. 8En esto se puede ver una vez más lo opuesto a la manera de ver del ego, pues el ego cree que es la situación la que da lugar a la experiencia. 9El Espíritu Santo sabe que la situación es tal como el objetivo la determina, y que se experimenta de acuerdo con ese objetivo.

¿Qué agricultor habrá obrado correctamente? ¿El que eligió su objetivo conscientemente y saboreó el éxito de su cosecha? ¿O el que se negó a trabajar la tierra y eligió apoderarse de los frutos de los esfuerzos ajenos? ¿Cuál de ellos experimentaría la paz? ¿Cuál de ellos ha tenido la verdad como objetivo?

Si nos quejamos de que en nuestra vida no tenemos paz, ya sabemos la respuesta.

6.  Tener a la verdad por objetivo requiere fe. 2La fe está implícita en la aceptación del propósito del Espíritu Santo, y esta fe lo abarca todo. 3Allí donde se ha establecido el objetivo de la verdad, allí tiene que estar la fe. 4El Espíritu Santo ve la situación como un todo. 5El objetivo establece el hecho de que todo aquel que esté involucrado en la situación desempeñará el papel que le corres­ponde en la consecución del mismo. 6Esto es inevitable. 7Nadie fracasará en su cometido. 8Esto parece requerir mucha más fe de la que tú tienes ahora, y mucha más de la que tú puedes dar. 9Esto es así, no obstante, sólo desde el punto de vista del ego, pues el ego cree que la manera de "resolver" los conflictos es fragmentán­dolos, y, así, no percibe la situación como un todo. 10El ego, por consiguiente, intenta dividir la situación en segmentos y lidiar con cada uno de ellos por separado, pues tiene fe en la separación y no en la unidad.

Si acudimos al Diccionario de la lengua española, el significado de fe es el siguiente: "Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas". "Conjunto de creencias de una religión". Por lo tanto, cuando hablamos de fe, estamos refiriéndonos a las creencias. Con base en este significado, podemos tener fe en Dios o podemos no tener fe en Él, o lo que es lo mismo, podemos creer o no creer en Él. 

Cuando se nos invita a tener fe en algo o en alguien, se nos está pidiendo que creamos en lo que la otra persona cree sin que dicha creencia sea obtenida por nuestra mente de una forma objetiva. Para que admitamos adoptar esa creencia como nuestra, nos debe resonar, es decir, debe despertar en nosotros el recuerdo de que su "verdad" forma parte de nosotros.

Tener a la verdad por objetivo requiere fe, es decir, requiere que nos resuene esa verdad. Y lo hará, porque esa verdad somos nosotros y es compartida por el resto de la filiación. Si la creencia no fuese verdad, esto es, si su Causa no gozara del amor, de la unidad, sus Efectos darían lugar a una creencia errónea, lo que ocasionaría la afiliación a lo que se llama "mala fe". 

Este punto nos advierte de algo muy importante que no entramos a considerar. "El objetivo establece el hecho de que todo aquel que está involucrado en la situación desempeñará el papel que le corresponde en la consecución del mismo". El ego desconoce esta verdad. Su creencia en la separación le lleva a fragmentarlo todo, lo que le impide visionar la unidad que nos convierte en cómplices colaboradores para facilitar que todo sea como debe ser.

El agricultor, que marca su objetivo conscientemente, sabe que por sí solo no podrá recoger toda la cosecha, ni garantizar que alcance su plenitud, pues los cuidados son muchos. Así que se rodeará de jornaleros que le ayudarán en dicha tarea. Cada uno de esos colaboradores tiene su papel para lograr llevar a cabo el objetivo propuesto.

Esos "jornaleros" son los cómplices que se dan cita en el momento adecuado para hacer posible que lo que tengamos que cosechar sea cosechado.

Esos "jornaleros" son los cómplices que se dan cita en el momento adecuado para hacer posible que lo que tengamos que cosechar sea cosechado.

7. Cuando el ego se enfrenta a un aspecto de la situación que parece ser difícil, trata de trasladarlo a otro lugar y resolverlo allí. 2parecerá tener éxito, salvo que ese intento entra en conflicto con la unidad, y no puede por menos que enturbiar el objetivo de la verdad. 3Y no se podrá experimentar paz, salvo en fantasías. 4La verdad no ha venido porque la fe ha sido negada, al no haberse depositado donde por derecho propio le corresponde estar. 5De este modo pierdes el entendimiento de la situación que el objetivo de la verdad te brindaría. 6Pues las soluciones que proceden de fantasías no aportan sino una experiencia ilusoria, y una paz ilusoria no es la condición que le permite la entrada a la verdad.

Cuando una situación nos sobrepasa o simplemente consideramos que los esfuerzos que debemos realizar no nos satisfacen, decidimos elegir el camino más corto, el que no nos supondrá ningún esfuerzo, salvo el de hacer nuestros los frutos sembrados por otro. Nuestro ego se sentirá pletórico y se dirá que es merecedor de lo que tiene y de la paz que reporta dicha situación.

¿Acaso crees que el error te puede reportar paz?   

jueves, 16 de enero de 2025

Capítulo 18. V. El sueño feliz (1ª parte).

V. El sueño feliz (1ª parte).

1. Prepárate ahora para deshacer lo que nunca tuvo lugar. 2Si ya entendieses la diferencia que existe entre la verdad y las ilusio­nes, la Expiación no tendría objeto. 3Él instante santo, la relación santa, las enseñanzas del Espíritu Santo y todos los medios por los que se alcanza la salvación no tendrían ningún propósito. 4Pues todos ellos no son sino aspectos del plan cuyo fin es cam­biar tus sueños de terror a sueños felices, desde los cuales puedas despertar fácilmente al conocimiento. 5No te pongas a ti mismo a cargo de esto, pues no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. 6Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos.

Entiendo que el sueño feliz es la visión que alcanzaremos en el nivel de conciencia llamado sueño, es decir, es lo que el Curso denomina "percepción verdadera". Dicho estado de conciencia se produce en el nivel perceptivo, o lo que es lo mismo, en el nivel físico. Se podría decir que es la antesala que nos lleva ante las puertas del Cielo, donde nos fundiremos con nuestro Creador y con Su Obra, la Filiación.

Para tener un sueño feliz, tenemos que tener claro que no es fruto del azar. Se requiere un deshacimiento de nuestros pensamientos errados, los cuales dan identidad al ego y a su sistema de creencias.  Dejar de creer en la separación nos acercará a una nueva percepción y a la comprensión de que las imágenes que hacemos reales son ilusiones. Este avance en nuestra conciencia nos sitúa en condición de reconocer que estamos soñando y, lo más importante, que somos los soñadores del sueño. 

Llamamos a ese nuevo estado de percepción "despertar"; sin embargo, su significado alude al cambio de conciencia descrito, reconocer que somos los soñadores del sueño y no víctimas del castigo divino en venganza de nuestros pecados.

Ser los soñadores del sueño movilizará nuestra voluntad en la dirección correcta. Saber que nuestra identidad no es pasajera ni temporal, sino espiritual y eterna, nos lleva a poner nuestra mente al servicio del Espíritu Santo, cuya luz alumbrará nuestros sueños felices y nos guiará hasta las puertas del Cielo.

2. Nunca solicites el instante santo después de haber tratado de eliminar por tu cuenta todo odio y temor de tu mente. 2Ésa es Su función. 3Nunca intentes pasar por alto tu culpabilidad antes de pedirle ayuda al Espíritu Santo. 4Ésa es Su función. 5Tu papel con­siste únicamente en estar dispuesto, aunque sea mínimamente, a que Él elimine todo vestigio de odio y de temor y a ser perdo­nado. 6Sobre tu poca fe, unida a Su entendimiento, Él establecerá tu papel en la Expiación y se asegurará de que lo cumplas sin ninguna dificultad. 7Y con Él construirás los peldaños, tallados en la sólida roca de la fe, que se elevarán hasta el Cielo. 8Y no serás tú el único que se valga de ellos para ascender hasta él.

Creernos separados de Dios nos ha llevado a la creencia de que hemos perdido la luz que nos ha de permitir compartir el Conocimiento de la creación de nuestra identidad. En la conciencia perceptiva, la luz brilla por su ausencia, lo que ha propiciado que no distingamos la realidad de la ilusión. Nuestra mente proyecta fuera nuestra oscuridad interior y ello nos impide reconocer en los demás la unidad que nos une a nuestro Creador.

Desde esa conciencia de oscuridad identificada con la ilusión, con lo irreal, no podremos dar la respuesta adecuada a la cuestión de la salvación. Desde la ausencia de luz, no sabremos reconocer lo que somos y nos juzgaremos como pecadores que claman ser redimidos de sus pecados. La culpa nos atormentará al creernos escindidos de la protección de Dios y la ira sustituirá al amor, el único antídoto que nos curará del miedo.

Dejemos que sea el Espíritu Santo, cuya Mente es Luz, la que nos guíe hacia el instante santo en el que podremos cantar las alabanzas de la salvación junto a nuestros hermanos.

3. A través de tu santa relación, renacida y bendecida en cada instante santo que tú no planees, miles de seres ascenderán hasta el Cielo junto contigo. 2¿Puedes acaso planear tú eso? 3¿O puedes prepararte a ti mismo para tal función? 4Sin embargo, ello es posi­ble porque es la Voluntad de Dios. 5Él no va a cambiar de pare­cer al respecto. 6Tanto el propósito como los medios le pertenecen a Él. 7Tú has aceptado el propósito, los medios se te proveerán. 8Un propósito como éste es inconcebible sin los medios. 9Él proveerá los medios a todo aquel que comparta Su propósito.

Este punto es toda una invitación a que reconozcamos nuestro papel en el plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. A diferencia de cómo pensamos, no tenemos que hacer nada para planificar el encuentro del instante santo; no tenemos que tomar la decisión de quién o qué persona será la que compartirá con nosotros ese instante sagrado. A veces podemos confundir las relaciones especiales, motivadas desde la culpa inconsciente, a la hora de elegir a la persona con la que realiza ese camino.

Dejemos al Espíritu Santo esa decisión. Él tiene la información integral de lo que necesitamos, pues dicha necesidad es compartida con el resto de la Filiación. Si no fuese así, no formaría parte del Plan de Salvación. Nuestro papel en este Plan es aceptar el propósito del Plan y lo demás, los medios, se nos proveerá.

Capítulo 17. VI. Cómo fijar la meta (1ª parte).

 VI. Cómo fijar la meta (1ª parte).

1. La aplicación práctica del propósito del Espíritu Santo es extremadamente simple, aunque inequívoca. 2De hecho, para poder ser simple tiene que ser inequívoca. 3Lo simple es sólo lo que se entiende fácilmente, y para ello, es evidente que debe ser claro. 4El objetivo del Espíritu Santo opera dentro de un marco general, pero Él te ayudará a hacerlo específico, porque la apli­cación práctica es específica. 6El Espíritu Santo provee ciertas directrices muy concretas que se pueden aplicar en cualquier situación, pero recuerda que tú aún no te has dado cuenta de que su aplicación es universal. 7A estas alturas, por lo tanto, es esen­cial utilizarlas en toda situación separadamente, hasta que pue­das ver más allá de cada situación con mayor seguridad, y con un entendimiento mucho más amplio del que ahora posees.

Reconozco que, al igual que le ocurre a muchos estudiantes de Un Curso de Milagros, buscamos en la enseñanza un conocimiento que sea claro, que sea inequívoco y que sea práctico para que nos ayude a tomar las decisiones correctas cuando nos encontremos en la tesitura de dar una respuesta acertada a los problemas con los que creemos enfrentarnos en la vida.

Esta visión es conocida por el Espíritu Santo, el cual, cuando nos ponemos a su servicio, nos ayuda a ver el "problema" con una visión diferente a cómo la veíamos antes, es decir, cuando nuestro guía es el ego.

Para el ego existen muchos tipos de problemas; lo suyo es fragmentar, dividir, juzgar, y tiene respuestas para cada situación, prevaleciendo en todas ellas un solo propósito: ganar todas las partidas. En cambio, para el Espíritu Santo, el problema es tan sólo uno y siempre el mismo. Todos tienen una misma causa, aunque parezcan tener distintos aspectos. El error original es la creencia en la separación. De él se deriva la visión del ego, de su sistema de pensamiento.

2. En cualquier situación en que no sepas qué hacer, lo primero que tienes que considerar es sencillamente esto: "¿Qué es lo que quiero que resulte de esta situación? 2¿Qué propósito tiene?" 3El objetivo debe definirse al principio, pues eso es lo que determi­nará el resultado. 4El ego procede a la inversa. 5La situación se convierte en lo que determina el resultado, que puede ser cual­quier cosa. 6La razón de este enfoque desorganizado es evidente. 7El ego no sabe qué es lo que quiere que resulte de la situación. 8Es consciente de lo que no quiere, pero sólo de eso. 9No tiene ningún objetivo constructivo en absoluto.

La guía que nos ofrece el Espíritu Santo nos lleva a fijarnos en lo esencial, en la causa y no en el efecto. Hay un dicho que reza: "Por sus frutos los conoceréis". Lo vamos a utilizar para intentar comprender este punto con facilidad. 

Vamos a partir del hecho de que somos agricultores y que queremos cosechar peras. Lo primero que tenemos que hacer conscientemente es elegir la semilla adecuada para garantizar que lo que sembramos nos aportará el fruto deseado. Esta elección consciente es lo que nos enseña este punto, es decir, lo primero que tenemos que considerar es: ¿qué es lo que quiero que resulte de esta situación? Esta recomendación parece una simpleza, pero no lo es. Si analizamos nuestras vidas, descubriremos muchas situaciones en las que nos quejamos de que cosechamos peras cuando no recordamos cuándo habíamos sembrado su semilla. Puede ocurrirnos que lo que la vida nos depara, si es considerado una vivencia dolorosa, es decir, si nos ofrece un fruto que no reconocemos, nos neguemos a considerar que podemos ser los autores de su siembra.

Si cosechamos peras, ten por seguro que en alguna ocasión has sembrado su semilla. El ego tiene dificultad para admitir tal consideración y tratará de convencernos de que el hecho de que hayamos cosechado peras es fruto del azar, y si las peras nos satisfacen, diremos que hemos tenido suerte y, si no nos satisfacen, diremos qué mala suerte hemos tenido. 

3. Sin un objetivo constructivo, establecido de antemano y clara­mente definido, la situación simplemente parece ocurrir al azar y no tiene ningún sentido hasta que ya ha ocurrido. 2Entonces miras en retrospectiva, y tratas de reconstruirla para ver qué sentido tuvo. 3no podrás sino equivocarte. 4No sólo porque tus juicios están vinculados al pasado, sino porque tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. 5No se estableció ningún objetivo con el que armonizar los medios. 6Y ahora el único dictamen que puede hacerse es si al ego le gusta lo que pasó o no, si es aceptable para él o si clama por venganza. 7La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final hace que sea du­doso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

Al carecer de objetivos conscientes, tendremos dificultades para reconocer nuestra autoría en el proceso de los efectos, es decir, no veremos la relación causa y efecto que nos muestra la vida.

Al sistema de pensamiento del ego no le interesa establecer objetivos conscientemente, pues hacerlo significa que tendrá que reconocer que la causa de todo lo creado se encuentra en la mente y no en el cuerpo. Tendrá que reconocer que el símbolo que representa su ilusoria realidad, el cuerpo, tan solo es un efecto de un pensamiento erróneo. Es por ello que el ego prefiere obviar el primer paso que le llevaría a establecer un objetivo conscientemente y pasa directamente a los efectos, a lo percibido, y es entonces cuando determinará si admite ser el que ha sembrado las peras o, por el contrario, lo negará.

miércoles, 15 de enero de 2025

Capítulo 17. V. La relación que ha sanado (5ª parte).

 V. La relación que ha sanado (5ª parte).

13. Has recibido el instante santo, pero tal vez has dado lugar a una condición que te impide utilizarlo. 2Como resultado de ello, no te das cuenta de que aún sigue contigo. 3Y al haberte separado de su expresión, te has negado a ti mismo su beneficio: 4Cada vez que atacas a tu hermano refuerzas esto, pues el ataque impide que te veas a ti mismo. 5Y es imposible que te niegues a ti mismo, y al mismo tiempo puedas reconocer lo que se te ha dado y lo que has recibido.

Los primeros días que practicamos los nuevos ejercicios de fortalecimiento, sentiremos que nuestro cuerpo se queja dolorido. A veces ese dolor es bastante intenso. Son las típicas agujetas que acompañan al movimiento de los músculos que no estaban acostumbrados a ejercitarse. Son muchos los que en ese momento deciden abandonar el ejercitamiento y deciden volver a su estado anterior.

En el proceso de transformación de nuestra consciencia en lo relativo a las relaciones, ocurre algo similar a lo detallado anteriormente con el ejemplo del ejercitamiento. El entrenamiento que nos propone UCDM es mental, y nuestra mente, acostumbrada a unas creencias que son falsas e ilusorias, se quejará de "agujetas" cuando le proponemos que cambie su visión errónea y adopte nuevos pensamientos, más liberadores. Ese es el momento decisivo. ¿Dejaremos el entrenamiento que nos permitirá transformar nuestra relación? ¿O decidiremos abandonarlo y seguir sirviendo al falso guía?

14. Tanto tú como tu hermano os encontráis juntos en la santa pre­sencia de la verdad misma. 2Aquí se encuentra el objetivo, junto con vosotros. 3¿No crees que el objetivo mismo hará los arreglos necesarios para su consecución? 4Es precisamente esta discrepan­cia entre el propósito que se ha aceptado y los medios tal como los usas ahora, lo que parece hacerte sufrir, si bien ello le es grato al Cielo. 5Si el Cielo fuese algo externo a ti, no podrías compartir su júbilo. 6Pero puesto que está dentro de ti, su júbilo es también el tuyo. 7Os une un propósito común, pero todavía permanecéis separados y divididos con respecto a los medios. 8El objetivo, no obstante, ya está establecido y es fijo, firme e inalterable, y los medios se amoldarán a él debido a la inevitabilidad del objetivo. 9Y compartiréis el júbilo de la Filiación de que ello sea así.

Recuperemos el símil del entrenamiento físico para comprender mejor el contenido de este punto.

El objetivo que nos lleva a buscar un lugar donde podamos ejercitar nuestra musculatura lleva implícita la técnica necesaria para que consigamos dicho objetivo. El monitor está experimentado en que dicha técnica es la adecuada para que se produzca la transformación de nuestro cuerpo. Podemos decir que la técnica, de por sí, ofrece garantía de que el objetivo se conseguirá, siempre que seamos persistentes en su práctica y utilicemos los medios adecuados para ello. Debemos prestar atención a los medios que empleamos para conseguir que nuestro cuerpo adquiera la musculatura que perseguimos. No basta con conocer la técnica de los ejercicios; también es preciso controlar nuestra dieta, pues se convierte en un medio para lograr nuestro objetivo. En este punto, podemos pensar que es suficiente con ir al gym y realizar los ejercicios tal y como nos lo indica el monitor, desechando que continuar alimentándonos tal y como veníamos haciéndolo no favorecerá el logro de nuestro objetivo.

De igual modo ocurre con nuestra mente. Podemos pensar que con la práctica de la teoría es suficiente; que siguiendo los consejos de algún maestro conseguiremos nuestro objetivo, pero no estamos dispuestos a cambiar nuestros medios, al no considerarlos un obstáculo para ello. ¿Cuál puede ser uno de esos medios? Por ejemplo, el seguir frecuentando ambientes que no favorecen el cambio perseguido. 

Al igual que la dieta es importante para ayudar a conseguir el objetivo del entrenamiento corporal, el frecuentar hábitos que sirvan al sistema de pensamiento que pretendemos abandonar se convierte en un factor importante a tener en cuenta.

15. A medida que empieces a reconocer y a aceptar los regalos que tan desprendidamente has dado a tu hermano, empezarás a acep­tar asimismo los efectos del instante santo y a usarlos para corre­gir todos tus errores y liberarte de sus resultados. 2al aprender esto, habrás aprendido también cómo liberar a toda la Filiación, y cómo ofrecérsela con alegría y gratitud a Aquel que te dio tu liberación y que desea extenderla a través de ti.

Sin duda alguna, el compendio de todos nuestros esfuerzos y de todas nuestras renuncias en pos de alcanzar nuestro objetivo nos ayudará a perfeccionar nuestra técnica y a utilizar los medios correctos para lograrlo. 

Nos habremos capacitados para actuar como "monitores" para guiar a otros aspirantes. Ahora conocemos el camino y hemos decidido recorrerlo junto a nuestros hermanos. Nuestro logro es compartido con el resto de la Filiación, pues el verdadero objetivo era ese, el recordar lo que somos y expandir ese recuerdo en la mente de los demás.  

martes, 14 de enero de 2025

Capítulo 17. V. La relación que ha sanado (4ª parte).

V. La relación que ha sanado (4ª parte).

10. El himno de la libertad se oye por toda la Filiación, como eco jubiloso de tu decisión. 2Te has unido a muchos en el instante santo, y ellos se han unido a ti. 3No pienses que tu decisión te dejará desconsolado, pues Dios Mismo ha bendecido tu relación santa. 4Únete a Él en Su bendición, y no dejes de ofrecerle la tuya también. 5Pues lo único que necesita ahora es tu bendición, para que puedas ver que la salvación reside en ella. 6No condenes la salvación, pues ha venido a ti. 7Y dadle la bienvenida juntos, pues ha venido a uniros en una relación en la que toda la Filiación es bendecida al unísono.

La característica más notable que forma parte del amor incondicional es la libertad.
Es por ello que cuando transformemos nuestra errónea creencia en la separación por la verdad de la unión que compartimos con la obra creadora de Dios, se oirá el himno de la libertad por toda la Filiación.

Cuando vivamos ese instante santo, bendeciremos a todos nuestros hermanos y bendeciremos, igualmente, a nuestro Creador. Ahora nuestros ojos ven la verdad y ven la realidad.

11. Decidisteis de mutuo acuerdo invitar al Espíritu Santo a vues­tra relación. 2De no haber sido así, Él no habría podido entrar a formar parte de ella. 3Tal vez hayas cometido muchos errores desde entonces, pero también has realizado enormes esfuerzos para ayudarle a llevar a cabo Su labor. 4Él no ha dejado de apreciar todo lo que has hecho por Él, 5ni se fija en absoluto en los errores que cometes. 6¿Le has estado igualmente agradecido a tu hermano? 7¿Has apreciado sistemáticamente sus meritorios esfuerzos y pasado por alto sus errores? 8¿O ha fluctuado tu aprecio menguando progresivamente a la luz de sus errores? 9Tal vez estés ahora iniciando una campaña para culparle por la inco­modidad de la situación en que os encontráis. 10Y debido a esa falta de aprecio y gratitud te incapacitas a ti mismo para expresar el instante santo, y, de ese modo, lo pierdes de vista.

El cambio de visión no estará exento de dudas. Hemos estado alimentando durante mucho tiempo al guía incorrecto y su sistema de pensamiento cuenta con un mecanismo de seguridad para protegerse de cualquier pensamiento que pueda suponer el menoscabo de su poder.

La fe en el logro de nuestro nuevo objetivo, así como la entrega de nuestra voluntad al Espíritu Santo para que nos guíe y fortalezca en el encuentro con la verdad, nos llevará a reconocer todas las estrategias que el ego utilizará para hacernos desistir de nuestro empeño.

Si estamos decididos a amar incondicionalmente, estaremos preparados para reconocer el lazo de unión que nos hace conscientes de la hermandad que compartimos con el resto de la Filiación. Libres de la creencia en el pecado, en la culpa, ya no tendremos necesidad de juzgar y condenar al otro, en un intento vano de liberarnos de esa pesada carga que ocultamos en nuestro corazón.

12. La experiencia de un instante, por muy convincente que sea, se olvida fácilmente si permites que el tiempo la sepulte. 2Tiene que mantenerse brillando y llena de gracia en tu conciencia del tiempo, pero no oculta dentro de él. 3El instante perdura. 4¿Pero dónde estás tú? 5Darle las gracias a tu hermano es apreciar el instante santo, y permitir, por lo tanto, que sus resultados sean aceptados y compartidos. 6Atacar a tu hermano no hace que se pierda el instante, pero sí anula el poder de sus efectos.

Al igual que no conseguiremos ganar musculatura con un solo entrenamiento, nuestra mente debe ganar fortaleza haciendo conscientes los pensamientos de amor. No debemos pensar que con el simple hecho de adquirir información sobre el modo en cómo debemos proceder para cambiar nuestra relación especial en una relación santa, será suficiente para conseguir ese objetivo.

Cuando pretendemos ejercitar el fortalecimiento de nuestros músculos, nos asignan un monitor, el cual nos explica cómo debemos realizar los ejercicios adecuados y nos anima a ser constantes en la práctica de dichos ejercicios, haciéndonos conscientes de que será la práctica sostenida la que nos permitirá alcanzar el objetivo propuesto.

De igual modo, el Espíritu Santo nos invita a conocer los pasos que debemos dar para transformar la relación especial en una relación santa y nos indica que debemos practicar el pensamiento nuevo, hasta lograr que forme parte de nuestra creencia consciente. 

lunes, 13 de enero de 2025

Capítulo 17. V. La relación que ha sanado (3ª parte).

V. La relación que ha sanado (3ª parte).

7. Ahora el ego te aconseja: "Sustituye esta relación por otra en la que puedas volver a perseguir tu viejo objetivo. 2La única manera de librarte de la angustia es deshaciéndote de tu hermano. 3No tienes que separarte de él del todo si no quieres hacerlo. 4Pero tienes que excluir de él gran parte de tus fantasías para poder conservar tu cordura". 5¡No hagas caso de estos consejos! 6Ten fe en Aquel que te contestó. 7Él te oyó. 8¿Acaso no fue muy explícito en Su respuesta? 9Ya no estás completamente loco. 10¿Puedes acaso negar que Él fue muy explícito en lo que te dijo? 11Ahora te pide que sigas teniendo fe por algún tiempo, aunque te sientas deso­rientado. 12Pues eso pasará, y verás emerger lo que justifica tu fe, brindándote una incuestionable convicción. 13No abandones al Espíritu Santo ahora, ni abandones a tu hermano. 14Esta relación ha vuelto a nacer como una relación santa.

La relación santa nos ofrece sustituir de la relación el odio por el amor; el deseo de venganza por el perdón; el sentimiento de culpa por la inocencia; el sacrificio por la libertad.

El ego no puede ofrecer lo que no tiene; es por esta razón que nos ofrece sustituir nuestra relación por otra en la que sin duda encontraremos lo que buscamos. Lo que nos ofrece es separación. Hasta que no cambiemos nuestra percepción errónea por la percepción verdadera, es decir, mientras que no veamos a nuestros hermanos como partes del Todo, como partes de la Filiación, no podremos encontrar la felicidad en nuestras relaciones, no conseguiremos transformar la relación especial en relación santa.

8Acepta gustosamente lo que no entiendes, y deja que se te explique a medida que percibes cómo opera en ella este nuevo propósito para hacerla santa. 2No te faltarán oportunidades de culpar a tu hermano por el "fracaso" de vuestra relación, pues habrá momentos en que ésta parecerá no tener ningún propósito. 3Una sensación de estar vagando a la deriva vendrá a atormen­tarte y a recordarte las múltiples maneras en que antes solías bus­car satisfacción y en las que creíste haberla encontrado. 4No te olvides del dolor que en realidad encontraste, ni le infundas vida a tu desfallecido ego. 5Pues tu relación no ha sido destruida. 6Ha sido salvada.

En este punto, Jesús nos aporta ánimo para afrontar el cambio de visión con respecto a nuestra relación. Ya hemos tenido ocasión de analizar cómo el ego no se quedará de brazos cruzados aceptando el nuevo modelo de relación que le proponemos. Hará todo lo que sea necesario para convencernos de que nos estamos equivocando, lo que nos hará dudar sobre nuestro proceder. 

Al igual que la señalética que encontramos en la carretera, que tiene como función indicarnos cómo debemos proceder para no sufrir accidentes, es bueno conocer las artimañas que el ego utilizará para poner fin a nuestro nuevo objetivo.

Nos indica este punto que no olvidemos el dolor que hemos encontrado siendo fieles al sistema de pensamiento del ego. El miedo no puede llevarnos a una experiencia de amor, simplemente porque el miedo fragmenta y el amor une.

9. Eres muy inexperto en lo que respecta a la salvación, y crees que has perdido el rumbo. 2Lo que has perdido es tu manera de alcanzar la salvación, pero no pienses que eso es una pérdida. 3En tu inexperiencia, recuerda que tu hermano y tú habéis comen­zado de nuevo juntos. 4Dale la mano, y caminad el uno al lado del otro por una senda que os es más familiar de lo que ahora creéis. 5¿No es acaso inevitable que recuerdes un objetivo que nunca ha cambiado ni cambiará jamás? 6Pues has elegido el objetivo de Dios, del que tu verdadera intención nunca estuvo ausente.

El deshacimiento de las creencias tiene esos efectos en la mente; nos sentimos confundidos, fruto de nuestra inexperiencia en el manejo correcto de las relaciones con los demás. Estábamos acostumbrados a sentirnos el centro del mundo y ahora aceptamos ser uno más con los demás. Ya no perseguimos objetivos donde buscamos satisfacer nuestro especialismo; ya no buscamos en el otro que satisfaga nuestra necesidad de ser amado a pesar de nuestros continuos desprecios y ataques. Ahora, nos vemos en el otro y comprendemos que juntos formamos la creación de Dios.