domingo, 14 de mayo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 134

LECCIÓN 134

Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.

1. Repasemos hoy lo que significa "perdonar" ya que es algo que puede, tergiversarse muy fácilmente y percibirse como que entraña un sacrificio injusto de la justa indignación, como una dádiva injustificada e inmerecida y como una total negación de la verdad. 2Desde esta perspectiva, perdonar no puede sino verse como una extravagancia, y este curso aparenta basar la salvación sobre un capricho.

2. Esta perspectiva distorsionada de lo que significa perdonar puede corregirse fácilmente, si puedes aceptar el hecho de que no se te está pidiendo que perdones lo que es verdad. 2El perdón se limita únicamente a lo que es falso. 3Es irrelevante con respecto a todo, excepto con respecto a las ilusiones. 4La verdad es la crea­ción de Dios, y perdonar eso no tiene sentido. 5Todo lo que es verdad le pertenece a Él, refleja Sus leyes e irradia Su Amor. 6¿Puede esto acaso requerir perdón? 7¿Cómo vas a poder perdo­nar lo que es incapaz de pecar y es eternamente bondadoso?

3. La mayor dificultad a la que te enfrentas para poder perdonar realmente, es que todavía crees que tienes que perdonar lo que es verdad, no lo que es ilusorio. 2Consideras que el perdón es un vano intento de ignorar lo que se encuentra ahí y de pasar por alto lo que es verdad, lo cual es parte de un esfuerzo inútil por engañarte a ti mismo al querer hacer que una ilusión sea verdad. 3Este punto de vista tergiversado no hace sino reflejar el dominio que la idea del pecado todavía ejerce sobre tu mente tal como tú te consideras a ti mismo.

4. Puesto que crees que tus pecados son reales, consideras que el perdón es un engaño. 2Pues es imposible pensar que el pecado es verdad sin creer que el perdón es una mentira. 3Así pues, el per­dón en realidad no es más que otro pecado, al igual que todos los demás. 4Afirma que la verdad es falsa, y le sonríe al corrupto como si fuera tan irreprochable como la hierba; tan inmaculado como la nieve. 5El perdón se engaña con respecto a lo que cree que puede lograr. 6Considera correcto lo que es claramente erró­neo, y ve lo aborrecible como algo bueno.

5. Desde esta perspectiva, el perdón no es un escape. 2Es simple­mente una señal más de que el pecado es imperdonable, algo que en el mejor de los casos se debe ocultar, negar o llamar por otro nombre, ya que es una traición a la verdad. 3La culpabilidad no se puede perdonar. 4Si pecas, tu culpabilidad es eterna. 5Aquellos que son perdonados desde la perspectiva de que sus pecados son reales son víctimas de la burla y de una doble condena: en primer lugar, la suya propia por lo que creen haber hecho, y en segundo lugar; la de los que los perdonan.

6. La irrealidad del pecado es lo que hace que el perdón sea algo completamente natural y sano; un profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden y una silenciosa bendición allí donde se recibe. 2El perdón no apoya las ilusiones, sino que, riendo dulce­mente, las congrega a todas sin muchos aspavientos y las depo­sita tiernamente ante los pies de la verdad: 3Y ahí desaparecen por completo.

7. El perdón es lo único que representa a la verdad en medio de las ilusiones del mundo. 2El perdón ve su insustancialidad, y mira más allá de las miles de formas en que pueden presentarse. 3Ve las mentiras, pero no se deja engañar por ellas. 4No hace caso de los alaridos auto-acusadores de los pecadores enloquecidos por la culpabilidad. 5Los mira con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío; lo que crees no es verdad".
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8. La fuerza del perdón estriba en su honestidad, la cual es tan incorruptible que ve las ilusiones como ilusiones y no como la verdad. 2Por eso, en presencia de las mentiras, el perdón se con­vierte en aquello que desengaña; en el gran restaurador de la sim­ple verdad. 3Mediante su capacidad de pasar por alto lo que no existe, le allana el camino a la verdad, la cual había estado blo­queada por sueños de culpabilidad. 4Ahora eres libre para recorrer el camino que al perdonar de verdad se despliega ante ti. 5Pues si un hermano ha recibido este regalo de tu parte, la puerta queda abierta para ti.

9. Hay una manera muy sencilla de encontrar la puerta que con­duce al verdadero perdón y de percibir que está abierta de par en par en señal de bienvenida. 2Cuando te sientas tentado de acusar a alguien de algún pecado, no permitas que tu mente se detenga a pensar en lo que esa persona hizo, pues eso es engañarse uno a sí mismo. 3Pregúntate, en cambio: "¿Me acusaría a mí mismo de eso?"

10. De esta manera podrás ver las alternativas entre las que pue­des elegir desde una perspectiva que hace que el acto de elegir tenga significado y que mantiene a tu mente tan libre de culpa y de dolor como Dios Mismo dispuso que estuviese, y como en verdad está: 2Son únicamente las mentiras las que condenan. 3En realidad lo único que existe es la inocencia. 4El perdón se alza entre las ilusiones y la verdad; entre el mundo que ves y lo que se encuentra más allá; entre el infierno de la culpabilidad y las puer­tas del Cielo.

11. A través de este puente, que es tan poderoso como el Amor que derramó su bendición sobre él, todos los sueños de maldad, de odio y de ataque se llevan silenciosamente ante la verdad. 2No se conservan para que se inflen, exploten y aterren al cándido soña­dor que cree en ellos. 3A éste ya se le ha despertado dulcemente de su sueño al entender que lo que creía ver jamás existió. 4Y ahora ya no puede pensar que se le ha negado toda escapatoria.

12. No tiene que luchar para salvarse. 2No tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. 3Tampoco tiene que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó que lo mantendrían a salvo. 4Ahora. puede deshacerse de la pesada e inútil armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al temor. 5Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a aquellos que le siguen.

13. El perdón tiene que practicarse, pues el mundo no puede perci­bir su significado ni proveer un guía que muestre su beneficencia. 2No hay un solo pensamiento en todo el mundo que conduzca a un entendimiento de las leyes que rigen el perdón o del Pensa­miento que refleja. 3El perdón es algo tan ajeno al mundo como lo es tu propia realidad. 4Sin embargo, es lo que une a tu mente con la realidad que mora en ti.

14. Hoy vamos a practicar el verdadero perdón, para que el momento de la unión no se demore más. 2Pues deseamos encon­trarnos con nuestra realidad en libertad y en paz. 3Nuestras prác­ticas se convierten en las pisadas que alumbran el camino a todos nuestros hermanos, quienes nos seguirán a la realidad que com­partimos con ellos. 4A tal efecto, dediquemos hoy un cuarto de hora en dos ocasiones a pasarlo con el Guía que entiende el signi­ficado del perdón y que nos fue enviado para enseñárnoslo: 5Pidá­mosle:   

6Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.

15. Escoge entonces un hermano tal como Él te indique, y cataloga sus "pecados" uno por uno a medida que crucen tu mente. 2Ase­gúrate de no concentrarte en ninguno de ellos en particular, antes bien, date cuenta de que te estás valiendo de sus "ofensas" para salvar al mundo de toda idea de pecado. 3Examina brevemente todas las cosas negativas que hayas pensado acerca de él y pregúntate en cada caso: "¿Me condenaría a mí mismo por  haber hecho eso?"

16. Libéralo de todos los pensamientos de pecado que hayas tenido en relación con él. 2Y entonces tú mismo estarás listo para la libertad. 3Si has estado practicando hasta ahora de buen grado y con honestidad, empezarás a notar una sensación de ser elevado; un gran alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de desahogo. 4Debes dedicar el resto del tiempo a experimentar que te escapas de todas las pesadas cadenas con las que quisiste encadenar a tu hermano; pero con las que en realidad te encadenabas a ti mismo.

17. Debes practicar el perdón a lo largo del día, pues todavía habrá muchas ocasiones en las que te olvidarás de su significado y te atacarás a ti mismo. 2Cuando esto ocurra, permite que tu mente vea más allá de esa ilusión según repites para tus adentros:

3Permítaseme poder recibir el perdón tal como es.
4¿Me acusaría a mí mismo de eso?
5No me voy a encadenar a mí mismo de esta manera.

6Antes de hacer cualquier cosa, recuerda lo siguiente:

7Nadie es crucificado solo, mas, por otra parte, nadie puede entrar en el Cielo solo.

¿Qué me enseña esta lección?

Si participo de la creencia que he pecado; si participo de la idea de que he heredado la culpa primigenia de nuestros primeros padres, Adán y Eva; si participo de la idea de que el mundo que veo es el mundo material, entonces, el perdón es justificado como necesario, pues al darle el valor de la redención, lo hemos hecho necesario para aplacar nuestro sentimiento de culpa.

Mientras me sienta identificado con la personalidad corporal, estaré justificando mi comportamiento basado en el miedo, en la venganza, en el odio, en la separación. Mi consciencia de escasez y necesidad me lleva al deseo de poseer, de atesorar, pues de este modo siento que estoy satisfaciendo mis necesidades. Pero este modo de actuar, pronto nos lleva a una situación de insatisfacción muy profunda, pues nada de lo que atesoremos en el mundo el ego, nos aportará la felicidad que añoramos.

El perdón, cuando nos manifestamos con plena consciencia de lo que realmente Somos, no se aplica, pues todo lo que proviene del Espíritu es impecable.

El perdón encuentra aplicación cuando nuestra visión se encuentra identificada con lo ilusorio. Es en esas situaciones cuando cometemos errores que deben ser perdonados. El mayor error que cometemos es creernos separados de nuestro Creador y de la Creación.

El rostro de nuestro hermano nos ofrece la oportunidad de perdonar y transcender nuestra visión de separación. De este modo, se alcanza la correcta visión que nos eleva hasta nuestra verdadera condición divina. 

Ejemplo-Guía: "El perdón, como condición o el perdón, como ostentación".

Como ya he dicho anteriormente, el único error que hemos cometido es creernos separados de nuestro Padre y de la Creación. Y si eso es así, si ese el verdadero origen que ha dado lugar al mundo ilusorio que percibimos, lo único que tenemos que hacer el corregir ese error. En este sentido, el perdón, se nos presenta como la expresión de nuestra condición interna, del Amor, y su manifestación encierra el inmenso poder disolver la ilusión y sustituirla por la verdad.

Cuando los Textos Sagrados nos revelan el origen del pecado, nos hablan de una transgresión, de una violación de la Voluntad Divina. Como consecuencia de ese acto "transgresor", sentimos que hemos desobedecido a nuestro Creador y dicha acción despierta su enfado y su sed de castigo. Dejamos de sentirnos los herederos legítimos de la Abundancia Divina y pasamos a identificarnos con la escasez y la necesidad. La conexión directa que nos unía a nuestro Hacedor, ahora exige una acción redentora por nuestra parte y hacemos necesario el dolor como vía de aprendizaje para alcanzar la purificación.

El haber elegido percibir un mundo nuevo, lo cual hemos identificado como nuestro acto de desobediencia, debe ser perdonado. Perdonando ese acto, perdonando que nos sentimos separados de nuestro Padre, abrirá las puertas de la Salvación, pues con ese perdón estamos perdonando al mundo que hemos condenado.

El perdón visto desde la mirada de la culpa es egocéntrico. Perdono, porque veo la culpa, porque identifico el pecado, lo que nos indica que proyectamos fuera nuestra propia creencia en la condena. En ese acto de perdón, precedido por el juicio condenatorio, nos hace sentir superiores al condenado. Te juzgo, te condeno y luego te perdono, pero no porque haya dejado de ver tu culpa, sino porque me siento superior y con la potestad de perdonar, es decir, me siento en la necesidad de recibir el mismo acto que estoy dando, sin saberlo. Lo que ocurre, es que nadie pueda dar lo que no tiene y si perdono, desde la ostentación, en verdad no estoy liberando de la creencia en la culpa, pues si veo el pecado en el otro, lo que realmente estoy haciendo es ver mi propio pecado.

Cuando el perdón se expresa desde la visión espiritual, desde la unidad, lo que estamos haciendo es manifestar nuestra propia condición de Amar. No perdonamos porque vemos la culpa, perdonamos porque es nuestra condición. Desde este punto de vista, en verdad no es necesario perdonar, pero dado que su cualidad es disolver el error, su manifestación consigue dicho objetivo pues realmente no ve el error ni el pecado. Este tipo de perdón exento de verbalización, es decir, no se dirige al otro con la intención de recordarle que lo está perdonando, se trata más bien de un gesto que pasa por alto lo que otros condenarían.

El perdón, expresado desde la ostentación, no cree en la inocencia, mientras que el perdón, expresado como una condición, es la propia manifestación de la inocencia.

Reflexión: ¿Te crees dueño de la verdad, cuando ves el pecado en los demás?

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