lunes, 15 de mayo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 135

LECCIÓN 135

Si me defiendo he sido atacado.

1. ¿Quién se defendería a sí mismo a menos que creyese que ha sido atacado, que el ataque es real y que defendiéndose es cómo puede salvarse? 2En esto radica la insensatez de las defensas, las cuales otorgan absoluta realidad a las ilusiones y luego intentan lidiar con ellas como si fuesen reales. 3Ello no hace sino añadir más ilusiones, a las ilusiones, haciendo así que la corrección sea doblemente difícil. 4Y esto es lo que haces cuando tratas de planear el futuro, reactivar el pasado u organizar el presente de acuerdo con tus deseos.


2. Actúas basándote en la creencia de que tienes que protegerte de lo que está ocurriendo porque ello encierra una amenaza para ti. 2Sentirte amenazado es el reconocimiento de una debilidad inhe­rente; es asimismo, la creencia de que hay un peligro que tiene el poder de incitarte a que busques una defensa apropiada. 3El mundo está basado en esta creencia demente. 4Y todas sus estruc­turas, pensamientos y dudas, sus castigos y su pesado arma­mento, sus definiciones legales y sus códigos, su ética, sus líderes y sus dioses, no hacen sino perpetuar esta sensación de amenaza. 5Pues nadie andaría por el mundo. cargando con una pesada armadura si no fuese porque el terror le encoge el corazón.

3. Las defensas son atemorizantes. 2Surgen del miedo, el cual se intensifica con cada defensa adicional. 3Crees que te ofrecen segu­ridad. 4Sin embargo, lo que hacen es proclamar que el miedo es real y que el terror está justificado. 5¿No te parece extraño que al elaborar planes para reforzar tu armadura y afianzar tus cerrojos todavía más, jamás te detienes a pensar qué es lo que estás defen­diendo, cómo lo estás defendiendo y contra qué?

4. Examinemos en primer lugar qué es lo que defiendes. 2Debe ser algo muy débil y vulnerable. 3Algo que es presa fácil, incapaz de protegerse a sí mismo y que, por lo tanto, necesita que tú lo defiendas. 4¿Qué otra cosa sino el cuerpo adolece de tal fragili­dad que para proteger su insignificante vida es necesario pres­tarle un constante cuidado y preocuparse en gran manera por su bienestar? 5¿Qué otra cosa sino el cuerpo flaquea y es incapaz de ser el digno anfitrión del Hijo de Dios?

5. Sin embargo, no es el cuerpo el que puede temer o ser algo temible. 2Las únicas necesidades que tiene son las que tú mismo le impones. 3No necesita complicadas estructuras que lo defiendan, ni medicamentos para conservar la salud, ni cuidados, ni que te preocupes por él en absoluto. 4Si defiendes su vida, le haces rega­los para embellecerlo o construyes murallas para su protección, estarás declarando que tu hogar está a merced del ladrón del tiempo, que es corruptible, que se está deteriorando y que es tan vulnerable que tienes que protegerlo con tu propia vida.

6. ¿No es este cuadro aterrador? 2¿Cómo puedes estar en paz con semejante concepto de tu hogar? 3Sin embargo, ¿qué fue lo que dotó al cuerpo con el derecho de servirte de esta manera sino tus propias creencias? 4Fue tu mente la que le asignó al cuerpo todas las funciones que percibes en él, y la que fijó su valor muy por encima del pequeño montón de polvo y agua que realmente es. 5¿Quién defendería semejante cosa si reconociese que eso es lo que es?

7. El cuerpo no necesita ninguna defensa. 2No podemos hacer suficiente hincapié en esto. 3El cuerpo se mantendrá fuerte y salu­dable si la mente no abusa de él asignándole funciones que no puede cumplir, propósitos que están fuera de su alcance y eleva­das metas que no puede alcanzar. 4Tales intentos ridículos, aun­que celosamente atesorados, son la fuente de los múltiples y dementes ataques a que lo sometes. 5Pues el cuerpo parece frus­trar tus esperanzas, tus valores y tus sueños, así como no satisfa­cer tus necesidades.   

8. El "ser" que necesita protección no es real. 2El cuerpo, que de por sí no tiene valor ni es merecedor de la más mínima defensa, sólo requiere que se le perciba como algo completamente ajeno a ti, para convertirse en un instrumento saludable y útil a través del cual la mente puede operar hasta que deje de tener utilidad. 3Pues ¿quién querría conservarlo una vez que deja de ser útil?

9. Defiende el cuerpo y habrás atacado a tu mente. 2Pues habrás visto en ella las debilidades, las limitaciones, las faltas y los defec­tos de los cuales crees que el cuerpo debe ser liberado. 3De este modo, no podrás ver a la mente como algo separado de las condi­ciones corporales. 4Y descargarás sobre el cuerpo todo el dolor que procede de concebir a la mente como frágil, limitada y sepa­rada de las demás mentes y de su Fuente.

10.   Estos son los pensamientos que necesitan curación, y una vez que hayan sido corregidos y reemplazados por la verdad, el cuerpo gozará de perfecta salud. 2La verdad es la única defensa real del cuerpo. 3Sin embargo, ¿recurres a ella para defenderlo? 4El tipo de protección que le ofreces no le beneficia en absoluto, sino que le añade más angustia a tu mente. 5Y no sólo no te curas, sino que eliminas toda esperanza de curación, pues no puedes ver dónde se deben depositar las esperanzas si es que éstas han de ser esperanzas fundadas.

11. La mente que ha sanado no planifica. 2Simplemente lleva a cabo los planes que recibe al escuchar a una Sabiduría que no es la suya. 3Espera hasta que se le indica lo que tiene que hacer, y luego procede a hacerlo. 4No depende de sí misma para nada, aunque confía en su capacidad para llevar a cabo los planes que se le asignan. 5Descansa serena en la certeza de que ningún obstá­culo puede impedir su avance hacia el logro de cualquier obje­tivo que sirva al gran plan que se diseñó para el bien de todos.

12. La mente que ha sanado se ha liberado de la creencia de que tiene que planear, si bien no puede saber cuál sería el mejor desen­lace, los medios por los que éste se puede alcanzar, ni cómo reco­nocer el problema que el plan tiene como propósito solucionar. 2La mente no podrá sino hacer un mal uso del cuerpo al hacer sus planes mientras no reconozca que esto es así. 3Mas cuando acepte que esto es verdad, sanará y dejará a un lado al cuerpo.

13. Forzar al cuerpo a que se amolde a los planes que una mente no curada traza para salvarse a sí misma es lo que hace que el cuerpo enferme. 2En tal caso el cuerpo no es libre para ser un instrumento de ayuda en un plan que le ofrece mucha más pro­tección de la que él podría prestarse a sí mismo, y que por un tiempo requiere de sus servicios. 3Cuando se utiliza con este pro­pósito, la salud está asegurada. 4Pues todo aquello de lo que la mente se valga para tal fin funcionará perfectamente y con la fortaleza que se le ha otorgado, la cual no puede fallar.

14. Tal vez no sea fácil darse cuenta de que los planes que uno mismo inicia son tan sólo defensas, al ser su propósito el mismo para el que se concibieron todas las defensas: 2Estos planes cons­tituyen los medios a través de los cuales una mente atemorizada intenta hacerse cargo de su propia protección a costa de la ver­dad. 3Esto se puede reconocer fácilmente en algunas de las for­mas que adopta este auto-engaño, en las que la negación de la realidad es muy evidente. 4No obstante, rara vez se reconoce que hacer planes es en sí una defensa.

15. La mente que se dedica a hacer planes para sí misma está tra­tando de controlar acontecimientos futuros. 2No cree que se le vaya a proveer de todo cuanto pueda necesitar, a menos que ella misma lo haga. 3El tiempo se convierte en algo en lo que lo que se enfatiza es el futuro, el cual se debe controlar mediante el apren­dizaje y la experiencia derivada de sucesos pasados y de las cre­encias que se abrigan. 4Dicha mente pasa por alto el presente, basándose en la idea de que el pasado le ha enseñado lo suficiente como para permitirle dirigir su futura trayectoria.

16. La mente que hace planes, por lo tanto, no permite ningún cam­bio. 2Lo que aprendió en el pasado se convierte en la base de sus futuros objetivos. 3Sus experiencias pasadas determinan su elección de lo que ha de suceder. 4Y no se da cuenta de que aquí y ahora se encuentra todo cuanto necesita para garantizar un futuro muy diferente del pasado, libre de la continuidad de las viejas ideas y de las creencias enfermizas. 5No hay ansiedad con respecto al porvenir, pues la confianza presente está a cargo de éste.

17.   Las defensas son los planes que emprendes para atacar la ver­dad. 2Su objetivo es seleccionar aquello a lo que le das tu confor­midad, y descartar lo que consideras incompatible con tus creencias acerca de lo que es tu realidad. 3No obstante, lo que queda ciertamente no tiene significado. 4Pues tu realidad es la amenaza que tus defensas intentan atacar, ocultar, despedazar y crucificar.

18.   ¿Qué no ibas a poder aceptar si supieses que todo cuanto sucede, todo acontecimiento, pasado, presente y por venir; es amorosamente planeado por Aquel cuyo único propósito es tu bien? 2Tal vez no hayas entendido bien Su plan, pues Él nunca podría ofrecerte dolor. 3Mas tus defensas no te dejaron ver Su amorosa bendición iluminando cada paso que jamás diste. 4Mien­tras hacías planes para la muerte, Él te conducía dulcemente hacia la vida eterna.

19. Tu presente confianza en Él es la defensa que te promete un futuro tranquilo, sin ningún vestigio de sufrimiento y lleno de un júbilo que es cada vez mayor, a medida que esta vida se vuelve un instante santo, ubicado en el tiempo, pero reconociendo úni­camente la inmortalidad. 2No permitas que ninguna defensa, excepto tu presente confianza, dirija el futuro, y esta vida se con­vertirá en un encuentro significativo con la verdad, la cual sólo tus defensas podrían ocultar.

20.   Sin defensas, te conviertes en una luz que el Cielo mismo, lleno de gratitud, reconoce como propia. 2Y te conducirá por los cami­nos que se diseñaron para tu felicidad, de acuerdo con el plan ancestral que comenzó al nacer el tiempo. 3Tus seguidores unirán su luz a la tuya, y ésta aumentará hasta que el júbilo ilumine al mundo. 4Y nuestros hermanos gustosamente dejarán a un lado sus engorrosas defensas, que de nada les sirvieron y sólo les causaban terror.

21. Esperaremos hoy con gran expectación ese momento llenos de absoluta confianza en el presente, pues esto es parte de lo que se planeó para nosotros. 2Descansaremos en la certeza de que se nos proveerá de todo cuanto podamos necesitar para lograr esto hoy. 3No haremos planes acerca de cómo se va a lograr, sino que nos daremos cuenta de que nuestra indefensión es lo único que se requiere para que la verdad alboree en nuestras mentes con abso­luta certeza.

22. Durante quince minutos, en dos ocasiones hoy, nos abstendre­mos de elaborar planes sin sentido y de albergar pensamientos que le impidan la entrada a la verdad en nuestras mentes. 2Hoy recibiremos en lugar de planear, de manera que podamos dar en vez de organizar. 3Y en verdad se nos da cuando decimos:

4Si me defiendo he sido atacado.
5Mas en mi indefensión seré fuerte.
6Y descubriré lo que mis defensas ocultan.

23. Eso es todo. 2Si tienes que hacer planes, ya se te dirá cuáles son. 3Puede que no sean los planes que tú creías necesarios, ni las respuestas a los problemas a los que creías enfrentarte. 4Mas son las respuestas a otro tipo de pregunta, la cual sigue aún sin con­testar -si bien necesita ser contestada- hasta que por fin te llegue la Respuesta.

24. El propósito de todas tus defensas ha sido impedir que recibas lo que has de recibir hoy. 2Y ante la luz y la dicha de la simple confianza, te preguntarás sorprendido cómo pudiste jamás pensar que tenías que defenderte de tu liberación. 3El Cielo no pide nada. 4Es el infierno el que exige extravagantes sacrificios. 5Hoy no esta­rás renunciando a nada durante estos momentos en los que, sin defensas, te presentas ante tu Creador tal como realmente eres.

25. Él se ha acordado de ti. 2Hoy nosotros nos acordaremos de Él. 3Pues ésta es la Pascua Florida de tu salvación. 4Y tú emerges de nuevo de lo que parecía ser la muerte y la desesperanza. 5Ahora renace en ti la luz de la esperanza, pues ahora vienes sin defensas a descubrir cuál es tu papel en el plan de Dios. 6¿Qué insignifi­cantes planes o creencias mágicas pueden seguir teniendo valor una vez que la Voz que habla por Dios Mismo te ha mostrado tu función?

26. No trates de que este día se ajuste a lo que según tú sería más beneficioso para ti. 2Pues no puedes ni concebir toda la felicidad que te llega sin que tú tengas que planear nada. 3Decídete a aprender hoy, 4y todo el mundo se unirá a ti para dar este paso gigantesco y celebrar tu Pascua Florida contigo. 5Si en cualquier momento a lo largo del día adviertes que cosas pueriles e insigni­ficantes parecen ponerte a la defensiva y tentarte a urdir planes, recuerda que éste es un día dedicado a un aprendizaje especial, y reconócelo repitiendo lo siguiente:

6Ésta es mi Pascua Florida.
7Y quiero conservarla santa.
8No me defenderé, pues el Hijo de Dios no necesita defen­sas contra la verdad de su realidad.

¿Qué me enseña esta lección?

Si analizamos el origen del ego, el principio de individualización, asistiremos al nacimiento de la errónea creencia de la separación. El proceso de individualización forma parte del proceso evolutivo de la conciencia, pero la identificación y el estancamiento en esa fase evolutiva no forma parte de dicho proceso.

Como consecuencia de ese error primigenio, se han ido produciendo nuevos errores. La separación, ha generado la creencia en el pecado y este a su vez ha dado lugar a la culpa. La culpa para ser redimida, se alía con el castigo. Pero ese castigo, más allá de encontrar la liberación, nos condiciona al dolor, al miedo, a la venganza y al ataque.

Creernos separados, nos lleva a sentirnos indefensos y al mismo tiempo merecedores de recibir el castigo en forma de ataques que viene a justificar nuestra soledad en el mundo.

Desde el error primigenio, todo es una cadena de errores que han dado lugar a que utilicemos muchas energías en proteger aquello a lo que ha dado lugar el proceso de individualización: el cuerpo.

Todo nuestro mundo gira en torno al cuerpo, pero no nos damos cuenta de que éste es el vehículo más denso en el que se manifiesta nuestro verdadero Ser. Es decir, el cuerpo físico, está al servicio del Espíritu. Pero esta realidad no es conocida y aprobada por el ego, el cual, identificado tan sólo con el cuerpo, niega y se defiende contra la verdad que le inspira su verdadera realidad: el ego es tan sólo una ilusión temporal.

La respuesta del ego es defenderse de todo aquello que interpreta un ataque. Es su ley. En cambio, el Ser Verdadero, no puede ser atacado, pues su principal valor procede del Principio de Unidad.

Ejemplo-Guía: "De qué te defiendes..."

El ataque es fruto del sistema de pensamiento del ego, el cual está basado en el miedo. Ya hemos tenido ocasión de determinar en otras lecciones previas, que el miedo es la creencia adquirida tras haber elegido ver un mundo diferente al que Dios, nuestro Padre, ha creado.

Miedo-separación-ataque, son expresiones concadenadas al sistema de pensamiento que nos ha llevado de un sintema de pensamiento de Unidad a un sistema de pensamiento de individualización. Mientras que el primero se caracterizaba por tener conciencia de separación, sino de unión directa con el Creador, el segundo, se caracteriza por la adquisición, a través de la percepción, de una conciencia individual.

Nos encontramos experimentando desde un cuerpo al que hemos dado poderes sobre nuestra identidad y el cual gobierna todo nuestro sistema de pensamiento, de tal modo, que la búsqueda de la felicidad pasa por satisfacer todos los deseos procedentes del cuerpo.

El ego-cuerpo vive con ese único propósito, pero lo primero que aprende, desde que nace, es a demandar aquello que no tiene: necesita alimento, necesita calor, necesita cuidados, necesita afecto. La cuestión nos lleva a describir un sin fin de "necesidades" que si no son satisfecha provoca una reación de dolor y tristeza.

Esos compaces del juego, van adquiriendo otros aspectos, pero todos ellos, siempre responden a la necesidad, a la escasez. La vida se traduce en una constante lucha por encontrar los medios necesarios para dar respuesta a la demanda. Esta lucha es una carrera que no parece tener fin, pues cuando lo conseguimos, queremos más, temerosos de que un día podamos perderlo y quedarnos sin ello. Durante esa ferrea carrera, vamos adquiriendo la experiencia de que es preciso asegurar nuestros logros, nuestros bienes; es preciso ser el número uno en todo; ganar por encima de todas las cosas; poseer es nuestro lema de vida; atesorar, nuestro mayor aficción. Para asegurar nuestras posesiones, nos rodeamos del sistema más sofisticado que garantice nuestra seguridad. 

Muchos de estos sistemas de autoseguridad son muy sutiles, pero creemos que nos dan resultado. Dentro de esta gama, nos encontramos con la soberbia; la avaricia; la gula; la lujuria; la ira; la pereza; la envidia...
Son mecanimos de defensa que utiliza nuestra mente y que nos condiciona para asegurar nuestras debilidades. 

Me gustaría compartir con vosotros un ejercicio que facilita el autoconocimiento de nuestras defensas. Muchos de vosotros lo conoceréis e incluso lo estaréis practicando. Tenemos una importante pista para conocer cuáles son nuestros miedos, y por ende, cuales son nuestras defensas: siempre que atacamos o nos sentimos atacados, nos está revelando un punto estratégico en el que pretendemos hacernos fuerte al haberle dado el valor y el significado de ser especial y que nos lleva a decidir protegernos de ello.

El ejercicio consiste en identificar dos cuestiones:

¿Qué te produce miedo perder que estar dispuesto a atacar para defenderlo?

Por ejemplo, ¿tu dinero? ¿tu posición social? ¿tu pareja?

La otra cuestión es más sútil y podemos tener cierta dificultad para aceptarla. Es la siguiente:

¿Dónde ves la soberbia en el otro? ¿Dónde ves la ira? ¿Dónde ves la avaricia?, etc

Puede ocurrir, que tu respuesta sea, pues veo la soberbia en mi jefe, pero la avaricia no la veo en nadie. Esta respuesta, te está indicando que tu mente está proyectando un mecanismo de defensa para protegerte de tu propia soberbia, y lo hace condenando la soberbia en los demás. En cambio, al no ver la avaricia, ello significa que no la atacas para protegerte de ella.

Como bien explica la Lección, la mente, la verdadera causa de todos los mecanismos de defensa y ataque, desde que somos pequeños, nos lleva al aprendizaje de la planificación, lo que significa que tenemos que prepararnos para ganarnos el pan de cada día con el sudor de nuestra frente. Nuestros padre, desde la cercanía familiar y más tarde los sistemas educativos, nos preparan para enfrentarnos a la vida con el más importante de las armas, la que nunca falla, la que si no utilizamos, nos llevará al fracaso: la planificación.

Planificar, nos exige vivir anticipadamente un estado temporal que no existe, el futuro, y lo hace en base a los cimientos que ha legado desde otro estado temporal que tampoco existe, desde el pasado. Con lo cual, el único estado real, el presente, no es vivido, con lo que la oportunidad eterna que nos brinda es desaprovechada viviendo un presente con conciencia de pasado y con expectativas temerosas del futuro.

Esta situación nos brinda una magnífica oportunidad para reflexionar, cuanto más, dado que esa práctica habitual es agotadora y siempre nos lleva a mismo final, la profunda insatisfacción y a malgastar todas nuestras energías en defendernos de nuestros miedos.

La propuesta que nos ofrece una visión libre de miedos, es dejar de planear, lo que algunos hermanos están bautizando con el concepto "no hacer, haciendo", lo que significa, vivir la vida viviendo, desde la certeza y total confianza de que no debemos intentar dirigir nuestra vida desde el miedo, sino desde el amor y qué mejor modo de hacerlo que ceder nuestras decisiones a Aquel que habla en nombre de nuestro Padre, el Espíritu Santo.

Termino con una frase que recoge esta Lección y que me ha encantado:

"Hoy recibiremos en lugar de planear, de manera que podamos dar en vez de organizar". 

Reflexión: ¿Crees que puedes organizarlo todo en tu vida?

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