sábado, 25 de junio de 2016

Cuento para Melahel: "Las plantas curativas"

Los padres de Ángel se encontraban ya al borde de la desesperación. La enfermedad que padecía su único hijo les estaba consumiendo mentalmente.


Habían consultado a los mejores médicos de la ciudad y a pesar de ello, su hijo no encontraba mejoría alguna. Ya no sabían qué hacer, ni a dónde acudir. Ya, si a penas, les quedaba un hilo de esperanza..


Su madre -mujer de profunda fe -, no dejaba de rogar a Dios por la salud de su hijo. Veía que la vida se le escapaba y su impotencia al no poder evitarlo la hacía sufrir profundamente.


Una mañana, llegó inesperadamente al pueblo un viajero que por su indumentaria llamó mucho la atención. Su único equipaje era un hatillo, pero su contenido debía de ser de gran valor para el recién llegado, puesto que lo custodiaba cuidadosamente.


Muy cerca de la plaza, donde habitualmente se reunían los vecinos del pueblo, el viajero pudo oír una conversación que le causó una extraña sensación.


Aquellas dos mujeres comentaban la tristeza de Doña Marta, la madre de Ángel. Pudo conocer que su hijo se encontraba enfermo desde hacía meses y que su mal era un misterio para los médicos, pues éstos, no habían conseguido curarle, y mucho temían que fuese a morir.


Nada mas conocer aquellos detalles, no pudo evitar entrometerse en la conversación
  • Señoras, perdonadme. Sin querer he podido oír lo que decían acerca de un niño enfermo, y me gustaría hacerle una visita. ¿Podrían decirme dónde vive?
Ambas señoras se sorprendieron y mirándole de la cabeza a los pies, sintieron desconfianza, sin embargo, cuando sus miradas se cruzaron, aquellos ojos claros disiparon toda duda.
  • Sí buen hombre, vive al final de esta calle.
Y sin demorarlo más, aquel extraño se dirigía ya a cumplir con su objetivo.


Llamó varias veces a la puerta y fue recibido por una señora de aspecto triste.
  • ¿Es usted la madre del niño enfermo? -preguntó el misterioso viajero -.
  • Sí, pero usted, ¿quién es? ¿Cómo sabe que mi hijo está enfermo?
  • No debe alarmarse. Soy Melahel, un humilde viajero que está de paso y que quiere ayudarle, si me lo permite claro.
  • Y, ¿cómo podrá hacerlo? ¿Acaso es usted medico? -interrogó sin mucha confianza la madre-.
  • Una voz en mi interior ha guiado mis pasos hasta este pueblo. Me decía que tomase estas hierbas medicinales, pues servirían para devolver la salud a alguien, y creo que esa persona es su hijo.
Aquellas palabras tuvieron un don milagroso, pues le había devuelto una chispa de esperanza, y no sería tan sólo eso, pues aquellas hierbas curaron definitivamente a su hijo. La dicha sería completa.


Desde aquel día todos recordarían al extraño viajero, del que aprendieron las propiedades curativas de las plantas y sus maravillosos efectos.


Fin

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