lunes, 17 de abril de 2017

La Religión del Padre: "El Reino de los Cielos en Un Curso de Milagros" 1ª parte

En verdad, para aquellos que aún tengáis alguna duda sobre el significado del término “Reino de los Cielos”; si aún buscáis dónde buscarlo o dónde encontrarlo, Un Curso de Milagros, os facilitará ese trabajo. Os invito a seguir el contenido que a continuación expongo y os prometo, que al final, quedaréis profundamente satisfechos.
Somos libres de elegir entre establecer el reino del ego o de expandir el Reino de los Cielos. Ambos se encuentran en nuestra mente. El primero significa miedo y culpabilidad. El segundo Paz y Unidad. 
  • Eres libre de establecer tu reino donde mejor te parezca, pero no puedes sino elegir acertadamente si recuerdas esto:
El espíritu está eternamente en estado de gracia.
Tu realidad es únicamente espíritu.
Por lo tanto, estás eternamente en estado de gracia.
El Atributo más elevado de la Divinidad es la Voluntad. Cuando nuestra Voluntad exclama: “Padre, hágase en mí tu Voluntad”, realmente lo que estamos expresando es que nuestra mente sea Una.
  •  Desear implica que ejercer la voluntad no es suficiente. Sin embargo, nadie que esté en su mente recta podría creer que lo que desea es tan real como lo que su voluntad dispone. En vez de "Busca primero el Reino de los Cielos" di: "Que tu voluntad sea antes que nada alcanzar el Reino de los Cielos" y habrás dicho: "Sé lo que soy y acepto mi herencia”.
El origen del reino queda revelado, quedando claro que no pertenece al mundo material. Nos fue entregado desde más de él, lo que significa que pertenece a los mundos espirituales. Cabalísticamente, el Reino del Espíritu es la Esfera de Kether, donde se manifiesta la Voluntad Divina.
  • Tu reino no es de este mundo porque te fue dado desde más allá de él. La idea de un problema de autoridad tiene sentido únicamente en este mundo. Al mundo no se le abandona mediante la muerte sino mediante la verdad, y la verdad sólo la pueden conocer aquellos para quienes el Reino fue creado, y por quienes espera.
El Reino de los Cielos es la herencia, el derecho del Espíritu, que Dios, en su expansión, dispuso como regalo para Sus Creaciones.
  • El Reino de los Cielos es el derecho del espíritu, cuya belleza y dignidad están mucho más allá de cualquier duda, más allá de la percepción, y se alzan para siempre como las señales del Amor de Dios hacia Sus creaciones, las cuales son absolutamente dignas de Él y sólo de Él. Ninguna otra cosa es lo suficientemente valiosa como para poder ser una ofrenda para una creación de Dios Mismo.
El Reino de los Cielos está en nuestro interior. Somos el Reino de los Cielos.
  • Es difícil entender lo que realmente quiere decir "El Reino de los Cielos está dentro de ti". Ello se debe a que no es comprensible para el ego, que lo interpreta como si algo que está afuera estuviese adentro; lo cual no tiene sentido. La palabra "adentro" es innecesaria. Tú eres el Reino de los Cielos. ¿Qué otra cosa sino a ti creó el Creador?, y ¿qué otra cosa sino tú es Su Reino? Éste es el mensaje de la Expiación, mensaje que, en su totalidad, transciende la suma de sus partes. Tú también tienes un Reino que tu espíritu creó. Éste no ha dejado de crear como consecuencia de las ilusiones del ego. Tus creaciones no son huérfanas, de la misma manera en que tú tampoco lo eres. Tu ego y tu espíritu nunca serán co-creadores, pero tu espíritu y tu Creador lo serán siempre. Ten por seguro que tus creaciones están tan a salvo como tú.
El Reino de los Cielos está totalmente a salvo de los ataques del ego.
  • El Reino está perfectamente unido y perfectamente protegido, y el ego no prevalecerá contra él. Amén.
Tener y Ser, desde el punto de vista del Espíritu es lo mismo. Por lo tanto, no hay distinción entre tener el Reino de  Dios y ser el Reino de Dios.
  • En tu propia mente, aunque negada por el ego, se encuentra la declaración que te hará libre: Dios te ha dado todo. Este simple hecho significa que el ego no existe, y esto le atemoriza mortalmente. En el lenguaje del ego, "tener" y "ser" significan dos cosas distintas, si bien para el Espíritu Santo son exactamente lo mismo. El Espíritu Santo sabe que lo "tienes" todo y que lo "eres" todo. Cualquier distinción al respecto es significativa solamente cuando la idea de "obtener", que implica carencia, ha sido previamente aceptada. Por eso es por lo que no hacemos ninguna distinción entre tener el Reino de Dios y ser el Reino de Dios.
Nuestra mente tiene la capacidad de crear. Cuando nuestra mente es recta, estaremos creando desde la Unidad, desde el Amor. Esas creaciones se encuentran en el Reino de los Cielos, pues desde El, han sido emanadas.
  • Puesto que tú eres el Reino de Dios te puedo conducir de vuelta a tus propias creaciones. Ahora no las reconoces, pero aquello de lo cual te has disociado aún se encuentra ahí.
La Universalidad, la Paz y  la Integridad son cualidades propias del Reino de los Cielos.
  • El Espíritu Santo -la Inspiración que toda la Filiación comparte- induce a una clase de percepción en la que muchos elementos son como los del Reino de los Cielos: En primer lugar, su universalidad es perfectamente inequívoca, y nadie que la alcance podría pensar ni por un momento que compartirla signifique cualquier otra cosa que no sea ganar.
  • En segundo lugar, es una percepción que es incapaz de atacar, y, por lo tanto, es verdaderamente receptiva. Esto quiere decir que si bien no engendra conocimiento, tampoco lo obstruye en modo alguno.
  • Finalmente, señala al camino que lleva a lo que está más allá de la curación qué trae consigo, y conduce a la mente más allá de su propia integración, hacia los senderos de la creación. En este punto es donde se producen suficientes cambios cuantitativos para producir un verdadero salto cualitativo.
Somos el Reino de los Cielos, pero lo hemos olvidado. Teníamos Luz y nuestra creencia en la oscuridad nos llevó a quedar dormidos.
  • Tú eres el Reino de los Cielos, pero permitiste que la creencia en la oscuridad se infiltrase en tu mente, por lo que ahora necesitas una nueva luz. El Espíritu Santo es el resplandor al que debes permitir que desvanezca la idea de la oscuridad. Suya es la gloria ante la cual la disociación desaparece y el Reino de los Cielos pasa a ocupar el lugar que le corresponde: Antes de la separación no tenías necesidad de dirección, pues disponías de conocimiento, tal como dispondrás de él de nuevo, pero como no dispones de él ahora.
Continuará...

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