viernes, 14 de abril de 2017

La Religión del Padre: Introducción"

El día 20 de marzo de 2017, a las 11:28 hora peninsular en España, el Sol penetró en el signo Cardinal de Fuego, Aries, y con ello, nos anunció la entrada de la estación Primaveral.

Al margen de los efectos meteorológicos característicos de esta época del año, para el estudiante de esoterismo y de metafísica, extrae de este evento una información de vital importancia, pues reconoce que, la dinámica del signo Aries, nos permite tomar consciencia de los mensajes que la Divinidad nos dispensa en orden a que nuestro comportamiento se ajuste a su dinámica. Podemos asegurar, que mientras que se produce el tránsito del Sol por el signo de Aries, recibiremos un aporte de energía tan especial que si la utilizamos convenientemente, nos llevará a iniciar empresas innovadoras o, simplemente, nos ayudará a movilizar nuestra voluntad para salir de situaciones, aparentemente, estancadas. La razón de que esto sea así, responde a que  a través de Aries, el Padre, nos insufla su Aliento, el Principio de la Voluntad, para que en nosotros se produzca la experiencia del re-nacer.

Debo confesaros, que en estos momentos estoy aprovechando ese conocimiento que me permite sincronizarme con las fuerzas estelares, para acometer una nueva iniciativa, en total sintonía con la dinámica Ariana. En el “ahora” que estoy escribiendo estas líneas, el propósito que me mueve, me lleva a hablar de un concepto espiritual que considero esencial y que viene a unirse a otras voces, que de manera intuitiva e inspirada, ya han escrito sobre él, me estoy refiriendo a la realidad “Reino del Padre” o “Reino de los Cielos”.
Podríamos pensar que dichos términos no tienen nada de nuevo. Y estaríamos en lo cierto, pero, la interpretación que nos han enseñado de ellos, debe ser reconsiderada si en verdad nos sentimos llamados por la Voz del Espíritu.

La religión ha seguido una evolución paralela a la de las Eras Astrológicas. Así vemos, que mientras el Sol por precesión de Equinoccios, atravesaba el signo de Tauro, en el mundo floreció la religión de la vaca, cuyos vestigios aún permanecen en la India. Cuando más tarde atravesó el signo de Aries, advino la religión del cordero, que desarrollaron los israelitas. Cristo inauguró la religión de los peces y ahora el mundo espera la religión de Acuario, era en que la humanidad estará a partir del año dos mil ciento sesenta, pero cuya influencia se deja sentir ya en el día de hoy. Durante los dos milenios en que el Sol se encuentre, por precesión, en Acuario, en el mundo se desarrollará la religión del Padre.

La figura de Cristo, durante la Era de Piscis, ha activado y purificado el Cuerpo Emocional de la Humanidad y a nivel particular, su enseñanza, ha elevado nuestra conciencia emotiva llevándonos a aprender que debemos “Amar al enemigo, como a nosotros mismos”. Cristo, a través de su enseñanza, nos ha revelado que el verdadero “hogar” del hombre, no se encuentra en el mundo material, si no en el “Reino de los Cielos”, donde El Padre, lo aguarda para que goce de la abundancia y plenitud de ese Reino.

Dedicaré parte de este escrito a aportar información que nos permita conocer y comprender el significado de ese mítico “reino”. Si es la meta que Dios, nuestro Creador, ha dispuesto para nosotros, entiendo que todos deberíamos tener la inquietud de saber lo que debemos hacer para alcanzar la meta deseada.

Recuerdo, que cuando impartía clases sobre Astrología Cabalística, y el tema trataba sobre el signo de Aries y la Casa I o Ascendente, me esforzaba por ir más allá de la típica interpretación asignada a este sector astrológico. Entonces, dirigiéndome a los asistentes, les hacía una pregunta muy directa: ¿Tú quién eres? La primera vez que puse en práctica esta técnica, todas las respuestas me definieron la identidad particular de cada uno:
  • Me llamo Juan. Tengo 32 años. Estoy casado y tengo dos hijos. Vivo en….
Me describían aspectos que respondían a su identidad consciente. Por supuesto, su parte inconsciente permanecía intacta. Pero yo, con la pregunta, no buscaba que me aportasen una respuesta integral de su personalidad mundana. Lo que estaba intentando de despertar en ellos, era que fuesen conscientes de que la versión que me estaban dando era relativa a su rostro material, cuando su verdadera identidad, su verdadera realidad, como bien expresa Un Curso de Milagros, es que Somos Espíritu; Somos Hijos de Dios. Lo que estaba tratando de enseñarles, es que nuestra verdadera identidad, no es la que nos muestra la Casa I, sino la que nos muestra el signo de Aries, es decir, somos Espíritus, emanados de la Mente Divina.
Desde entonces, los estudiantes que seguían los cursos, cuando abordábamos este tema, ya sí aportaban la respuesta desde el punto de vista espiritual: Soy un Ser de Luz Espiritual.

Esto es sumamente importante que tomemos consciencia de ello. Y este es el Propósito que me anima, en este “ahora” que coincide sincrónicamente con la entrada de la Primavera. Lo vivo como una aportación a las fuerzas cósmicas que están activas en el día de hoy. Soy consciente de que cuando actuamos en sintonía con la Divinidad, aquello que emprendemos cuenta con la protección de las Entidades Espirituales que velan por nuestra evolución.

Para poner fin a esta introducción, me gustaría analizar el término “reino” y aclarar que El "Reino de Dios" es usado indistintamente con el de "Reino de los Cielos". En el Evangelio según Mateo se utiliza esta última, mientras que en Lucas, Marcos y Juan se utiliza "Reino de Dios". La explicación habitual es que el evangelio de Mateo está destinado a los judíos, quienes prefieren evitar el uso directo del nombre de Dios. Marcos y Lucas están dirigidos a una audiencia más general y menos familiarizada con el término "Reino de los Cielos".
La frase “El Reino de Dios” ocurre 68 veces en 10 diferentes libros del Nuevo Testamento, mientras que “El Reino de los Cielos” ocurre 32 veces, y solo en el Evangelio de Mateo.

Reino:
En hebreo, Malkut (מלכות), «reino; reinado; gobierno». El vocablo Malkut aparece 91 veces en el Antiguo Testamento hebreo y parece corresponder al hebreo bíblico tardío. Se menciona por primera vez en Nm 24.7: «El agua correrá de sus baldes; su simiente tendrá agua en abundancia. Su rey será más grande que Agag; su reino será enaltecido».

El vocablo Malkut denota: (1) el territorio de un reino: «Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento ochenta días» (Est 1.4); (2) acceso al trono: «Si te quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los judíos surgirán de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¡Y quién sabe si para un tiempo como este has llegado al reino!» (Est 4.14); (3) año de gobierno: «Ester fue llevada al rey Asuero, a su palacio real en el mes décimo, el mes de Tebet, del séptimo año de su reinado» (Est 2.16); y (4) cualquier cosa relacionada con un rey: trono (Est 1.2), vino (Est 1.7), corona (Est 1.11), decreto (Est 1.19), vestimenta (Est 6.8), casa real (Est 1.9), cetro (Sal 45.6) y gloria (Sal 145.11–12).

Las traducciones de Malkut en la Septuaginta son: basileia («realeza; reino; poder real») y basileus («rey»).

Malkut (reino) es el nombre con el que se conoce el décimo Séfira del Árbol Cabalístico, la estructura organizativa donde se recogen los  Diez Centros de Conciencia de la Divinidad. Dicho Centro, constituye el Plano de Acción y da vida al Mundo Material. Por lo tanto, dicho Plano de Manifestación se muestra como uno de los Escenarios donde el Ser Espiritual debe expresar su condición divina, esto es su condición creadora (el hombre ha sido creado a Imagen y Semejanza de su Creador). Esa es la razón por la que no debemos concebir la falsa creencia de que el Mundo Material es el mundo de perdición. Cada uno de nosotros, como legítimos herederos de nuestro Padre, tenemos la misión de tomar consciencia de las Leyes que rigen el Plano Material y con ese bagaje de experiencias y sabiduría, extraído de las vivencias creadoras adquiridas en el transitar por el mundo físico, podremos avanzar hacia nuestra meta final, alcanzar la condición de Dioses Creadores. Nuestro tránsito actual por el mundo físico, nos permite espiritualizar la materia y elevarla de tono vibratorio. Ahora bien, la identificación excesiva con dicho plano produce un estancamiento en la conciencia, un estado semejante a estar “dormido” pues, en realidad, hemos olvidado nuestra verdadera identidad y el Plan que nuestro Padre nos ha encomendado.

Si traducimos cada una de las letras que componen el nombre de Malkut al lenguaje numérico, obtenemos la siguiente información: Mem (13) – Lamed (12) – Khaf (11) – Yod (10) – Tau (22). Si sumamos cada uno de estos valores, obtenemos la cifra: 68 = 14. La Letra que se corresponde con el valor obtenido es el Noum (Nun), que astrológicamente está representado al signo de Tauro, cuya dinámica nos sitúa en la experiencia de interiorizar los valores del mundo material, y en esta tentadora labor, el alma queda identificada con el mundo de la percepción de los sentidos. Es fácil, en esta fase del proceso del crecimiento anímico, exclamar: ¡Esto es el Paraíso y gozaré eternamente de él!

Podríamos hablar largo y tendido de los trabajos espirituales que nos aguardan en la dinámica de Tauro, pero no es el objeto de este análisis. Me conformo con haber vinculado el sentido del término Malkut (reino) con el arquetipo astrológico que sintetiza su significado espiritual. Nosotros, cada uno de nosotros, cuando vivimos anímicamente la etapa Noum-Tauro, proclamamos nuestro sentido de “reino”. Es lógico que lo hagamos, pues Tauro  se manifiesta al final del camino, cuando ya hemos recorrido un largo trayecto y se nos presenta la oportunidad de “gozar” de lo construido. Creemos que tenemos el derecho de proclamar nuestro “reino” y ello se traduce, en que nuestro reino son las posesiones que hemos ido adquiriendo, hasta tal punto que nos identificamos con ellas y nos decimos: “este es el final del recorrido”.

Sin embargo, la etapa de los frutos, cuando se manifiesta en la sabia naturaleza, nos lleva a corregir esa creencia errónea de estancamiento. Cada fruto, lleva implícito en sí mismo una nueva semilla, pues de este modo garantiza su renacer, su resurrección. Sí, ese es el verdadero sentido del término Reino. Completar el proceso de aprendizaje; convertirse en fruto para los demás y volver a resucitar, convertidos en nuevas semillas. ¿Acaso no fue esa la Enseñanza que nos dejó el Maestro Jesús?

Para ampliar información sobre la Letra Fuerza Noum: 
http://nuevosarquetipos.blogspot.com.es/2012/02/el-tarot-la-templanza-el-noum.html


Continuará

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