viernes, 8 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (3ª parte).

 III. La razón y las distintas formas del error (3ª parte).

5. La razón te diría que no es la forma que adopta el error lo que hace que éste sea una equivocación. 2Si lo que la forma oculta es un error, la forma no puede impedir su corrección. 3Los ojos del cuerpo ven únicamente formas. 4No pueden ver más allá de aque­llo para cuya contemplación fueron fabricados. 5fueron fabrica­dos para fijarse en los errores y no ver más allá de ellos. 6Su percepción es ciertamente extraña, pues sólo pueden ver ilusio­nes, al no poder ver más allá del bloque de granito del pecado y al detenerse ante la forma externa de lo que no es nada. 7Para esta forma distorsionada de visión, el exterior de todas las cosas, el muro que se interpone entre la verdad y tú, es absolutamente real. 8Mas ¿cómo va a poder ver correctamente una visión que se detiene ante lo que no es nada como si de un sólido muro se tratase? 9Está restringida por la forma, habiendo sido concebida para garantizar que no perciba nada, excepto la forma.

Los postulados más recientes descubiertos por la física cuántica nos define la realidad desde un punto de vista muy distinto a como se creía hace poco por la ciencia oficial. Os comparto algunas consideraciones relativas a las investigaciones de la física cuántica respecto al concepto de realidad:


La realidad es un conjunto de probabilidades.

Una de las verdades más fascinantes que la física cuántica ha descubierto es que la realidad no es un conjunto de hechos fijos e inmutables, sino más bien un conjunto de probabilidades. En el nivel cuántico, los objetos no tienen una ubicación fija en el espacio hasta que se miden. En cambio, la realidad es una colección de posibilidades que se despliegan en el tiempo. Solo cuando medimos la realidad, la probabilidad colapsa en un resultado fijo.

La observación afecta la realidad.

Otra verdad interesante de la física cuántica es que la observación afecta la realidad. En el nivel cuántico, la observación de un objeto cambia su comportamiento. Este efecto se conoce como el efecto del observador. Los físicos han demostrado que la observación puede cambiar la trayectoria de las partículas subatómicas, lo que sugiere que la realidad está influenciada por la conciencia.

El entrelazamiento cuántico.

Otra verdad fascinante de la física cuántica es el entrelazamiento cuántico. Este fenómeno ocurre cuando dos partículas subatómicas están intrínsecamente conectadas, independientemente de la distancia entre ellas. Cuando se mide una partícula, la otra partícula colapsa instantáneamente en un estado correlacionado. Este efecto ha llevado a algunos físicos a especular sobre la posibilidad de la teletransportación cuántica.

La superposición cuántica.

La superposición cuántica es otra verdad interesante de la física cuántica. En el nivel cuántico, un objeto puede existir en múltiples estados simultáneamente. Por ejemplo, una partícula subatómica puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Solo cuando se mide el objeto, la superposición colapsa en un estado fijo.

La física cuántica y la conciencia.

La relación entre la física cuántica y la conciencia es una verdad interesante y controvertida. Algunos físicos creen que la conciencia es necesaria para la existencia de la realidad, mientras que otros argumentan que la conciencia es simplemente un resultado emergente de la complejidad física. Aunque la respuesta sigue siendo un misterio, la física cuántica ha demostrado que la conciencia tiene un papel importante en la realidad.

La dualidad onda-partícula.

Otra verdad fascinante de la física cuántica es la dualidad onda-partícula. En el nivel cuántico, los objetos pueden actuar como partículas o como ondas, dependiendo de cómo se midan. Esto sugiere que la realidad no es tan clara como pensábamos y que la naturaleza de los objetos es más compleja de lo que se creía anteriormente.

Esta información ha sido extraída de la siguiente fuente: Descubre la verdad detrás de la realidad según la física cuántica

Estas aportaciones ofrecidas por los avances científicos me llevan a plantear una similitud con las enseñanzas que estamos estudiando a través de este Curso. La causa del error que ha dado lugar a la creencia en la separación responde al acto voluntarioso de alimentar el deseo de ser especial, es decir, el Hijo de Dios elige libremente hacer uso de su poder creador y orienta su atención mental en el campo de las infinitas posibilidades donde la energía se manifiesta en estado de onda.

Esa atención de la mente observadora es la que colapsó el estado de onda convirtiédola en estado de partícula. Mientras que el estado de onda es invisible, el estado de partícula es visible. La identificación de la mente observadora con el estado de partícula me sugiere la misma idea que originó la identidad del ego y del cuerpo. El ego y su símbolo el cuerpo tan solo pueden percibir las formas, nunca la onda, la energía en estado emanativo.

6. Esos ojos, hechos para no ver, jamás podrán ver. 2Pues la idea que representan nunca se separó de su hacedor, y es su hacedor el que ve a través de ellos. 3¿Qué otro objetivo tenía su hacedor, salvo el de no ver? 4Para tal fin, los ojos del cuerpo son los medios perfectos, pero no para ver. 5Advierte cómo los ojos del cuerpo se posan en lo exterior sin poder ir más allá de ello. 6Observa cómo se detienen ante lo que no es nada, incapaces de comprender el significado que se encuentra más allá de la forma. 7Nada es tan cegador como la percepción de la forma. 8Pues ver la forma signi­fica que el entendimiento ha quedado velado.

Si aceptamos que el origen de la partícula es la energía, la onda, al ser observada, al ser medida por el pensamiento, tendremos que admitir que lo esencial no es la forma, sino el poder que utiliza la energía para crear. Ese poder se encuentra en la mente, la cual compartimos con nuestro creador y con Su creación.

Los ojos físicos no son los que perciben la energía en estado emanativo, en estado potencial. Tan solo perciben su propia condición formal. Hasta hace poco, la ciencia ha defendido la creencia en que la realidad estaba formada por partículas. Hoy, esta teoría se ha quedado obsoleta y la realidad se concibe como un 99% de onda y un 1% de partícula. 

jueves, 7 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (2ª parte).

 III. La razón y las distintas formas del error (2ª parte).

3. La razón de por sí no es la salvación, pero despeja el camino para la paz y te conduce a un estado mental en el que se te puede conceder la salvación. 2El pecado es un obstáculo que se alza como un formidable portón -cerrado con candado y sin llave- ­en medio del camino hacia la paz. 3Nadie que lo contemplase sin la ayuda de la razón osaría traspasarlo. 4Los ojos del cuerpo lo ven como si fuese de granito sólido y de un espesor tal que sería una locura intentar atravesarlo. 5La razón, en cambio, ve fácil­mente a través de él, puesto que es un error. 6La forma que adopta no puede ocultar su vacuidad de los ojos de la razón.

Desde el sistema de pensamiento del ego, el camino que nos conduce a la salvación exige castigo, redención y sufrimiento. La liberación de la culpa no se entiende salvo que paguemos un alto precio para conseguirlo. Ese precio es el dolor y el juicio condenatorio.

En cambio, desde la razón, las cosas se ven de otra manera, se ven tal y como realmente son. Se comprende que la fuente de todo se encuentra en la mente y que son los pensamientos los que nos llevan a percibir nuestra realidad con los matices que le aporta la calidad de dicho pensamiento. Si el pensamiento sirve al deseo de ser especial, caeremos en las redes tejidas por el miedo y por la creencia en la separación. Nos identificaremos con la naturaleza transgresora y pecadora.

Si nuestros pensamientos sirven a la razón, a la mente recta, al Espíritu Santo, la luz que emanará de ellos nos permitirá entender que somos parte de la Mente Una de Cristo y que nuestra mente es Una con la del resto de la Filiación.

Es cierto que la razón de por sí no es la salvación, pero nos señala el camino que debemos recorrer junto a nuestros hermanos.

4. La forma del error es lo único que atrae al ego. 2No trata de ver si esa forma de error tiene significado o no, pues es incapaz de reconocer significados. 3Todo lo que los ojos del cuerpo pueden ver es una equivocación, un error de percepción, un fragmento distorsionado del todo sin el significado que éste le aportaría. 4Sin embargo, cualquier error, sea cual sea su forma, puede ser corregido. 5El pecado no es sino un error expresado en una forma que el ego venera. 6El ego quiere conservar todos los errores y convertirlos en pecados. 7Pues en eso se basa su propia estabili­dad, la pesada ancla que ha echado sobre el mundo cambiante que él fabricó; la roca sobre la que se edificó su iglesia y donde sus seguidores están condenados a sus cuerpos, al creer que la libertad del cuerpo es la suya propia.

Recordemos que toda idea sigue a su fuente. El error original, el pecado original para el ego, se ha convertido en la piedra angular de su sistema de pensamiento. La creencia en la separación es la causa de su identidad. Elegir separarse de la unidad para crear una individualidad ha dado lugar a la identificación con el cuerpo físico, el símbolo que más venera y al que rinde pleitesía. Por lo tanto, el ego no está dispuesto a renunciar a esa creencia, no está dispuesto a llevar ante la razón su fe en el pecado, con lo cual está imposibilitando la aplicación de la fórmula correctiva que lo liberará del pesado fardo de lo que ha llamado pecado, cuando en realidad es un pensamiento erróneo que sí admite corrección.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (1ª parte).

 III. La razón y las distintas formas del error (1ª parte).

1. La introducción de la razón en el sistema de pensamiento del ego es el comienzo de su des-hacimiento, pues la razón y el ego se contradicen entre sí. 2no es posible que coexistan en tu concien­cia, 3ya que el objetivo de la razón es hacer que todo esté claro y, por lo tanto, que sea obvio. 4La razón es algo que tú puedes ver. 5Esto no es simplemente un juego de palabras, pues aquí da co­mienzo una visión que tiene sentido. 6La visión es literalmente sentido. 7Dado que no es lo que el cuerpo ve, la visión no puede sino ser comprendida, 8pues es inequívoca, y lo que es obvio no es ambiguo. 9Por lo tanto, puede ser comprendido. 10Aquí la razón y el ego se separan, y cada uno sigue su camino.

Entiendo que la razón es la virtud que nos ofrece la mente recta del Espíritu Santo. La razón se manifiesta en el ámbito de la verdad y nos lleva a comprender, a entender, lo que es real en contraposición a lo que es ilusorio. Cuando la razón se une a la Expiación nos facilita el des-hacimiento del sistema de pensamiento del ego, el cual se basa en la creencia en el pecado y en la culpa. Este des-hacimiento dará lugar a la corrección de los errores tras haber comprendido que habíamos estado rindiendo culto a una creencia falsa.

Cuando la razón ocupa nuestra mente, nuestros pensamientos son amorosos y de calidad santa, puesto que está conectada con la frecuencia que caracteriza el Mundo de Dios, donde el amor fluye por doquier. Siendo así, cuando la razón ilumina nuestra mente, el ego no tiene cabida en ella. Este estado se conoce como "despertar", aludiendo a que hemos tomado consciencia de que hemos estado sumidos en un sueño y ahora conocemos que somos los soñadores de ese sueño. Mientras que estemos en la tierra, ese estado de consciencia es el más elevado que podemos expresar, por lo que decidiremos tener sueños felices, de modo que éstos reflejen la luz del Cielo en ellos.

2. Lo que le permite al ego seguir existiendo es su creencia de que tú no puedes aprender este curso. 2Si compartes con él esa creencia, la razón será incapaz de ver tus errores y despejar el camino hacia su corrección. 3Pues la razón ve más allá de los errores y te dice que lo que pensabas que era real no lo es. 4La razón puede reconocer la diferencia entre el pecado y el error porque desea la corrección. 5Te dice, por lo tanto, que lo que pensabas que era incorregible puede ser corregido, y que, por consi­guiente, tuvo que haber sido un error. 6La oposición del ego a la corrección conduce a su creencia fija en el pecado y a desenten­derse de los errores. 7No ve nada que pueda ser corregido. 8El ego, por lo tanto, condena y la razón salva.

El pensamiento del ego, ya hemos tenido que verlo antes, es demente, lo que imposibilita que pueda vislumbrar, aunque sea por una sola vez, la luz de razón. Si lo hiciera, significaría que su existencia no es real y que su identidad es fruto de la ilusión.

La razón es el mejor aliado de la Expiación. Ambos son virtudes del Espíritu Santo, de la mente recta, de la Inteligencia Divina. Sin la razón, no tendríamos la capacidad de comprender que lo que hemos llamado "pecado" no es más que un pensamiento erróneo que puede ser corregido.

La razón nos dice que la corrección del error nos sitúa en el ámbito de la verdad, o lo que es lo mismo, nos hace eternos, pues supondría el reconocimiento de que somos Hijos de Dios, el cual goza de eternidad.

Sin embargo, el ego no está dispuesto a cambiar su creencia en el pecado, pues esa creencia es el filón de donde encuentra los argumentos necesarios para negar a Dios y para juzgarlo como un Dios vengativo y cruel. Uno de sus más preciados argumentos de la debilidad de Dios es la muerte. La creencia en la muerte es su demostración de la impotencia del Creador para con Su Hijo. Es incapaz de salvarlo de ese trágico y traumático tránsito.

martes, 5 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (4ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (4ª parte).

10. Contempla la gran proyección, pero mírala con la determina­ción de que tiene que ser sanada, aunque no mediante el temor. 2Nada que hayas fabricado tiene poder alguno sobre ti, a menos que todavía quieras estar separado de tu Creador y tener una voluntad que se oponga a la Suya. 3Pues sólo si crees que Su Hijo puede ser Su enemigo parece entonces posible que lo que has inventado sea asimismo enemigo tuyo. 4Prefieres condenar al sufrimiento Su alegría y hacer que Él sea diferente. 5Sin embargo, al único sufrimiento al que has dado lugar ha sido al tuyo propio. 6¿No te alegra saber que nada de eso es cierto? 7¿No son buenas nuevas oír que ni una sola de las ilusiones que forjaste ha substi­tuido a la verdad?

Qué difícil nos resulta creer en el mensaje esperanzador compartido por este punto. A pesar de que estamos de acuerdo al pensar que este mundo es demente, que no nos aporta paz y felicidad, sino sufrimiento y dolor, aún así seguimos rindiéndole culto a su sistema de pensamiento, el cual nos mantiene esclavos de la ilusión y del miedo.

La mente dividida nos mantiene distraídos y embelesados con la ilusión y nos permite ver la realidad, sin percibir la verdad. Continuar prestándole atención a la mente dividida es perpetuar el sufrimiento y el dolor, pues estaríamos alimentando la fuente del error que se encuentra en la creencia de la separación y en la creencia en la falsa identidad del cuerpo.

La mente recta nos brinda la oportunidad de la abstracción, del desapego de la ilusión y nos invita a ver las cosas de otra manera. El uso de la mente recta para crear nos lleva a expandir el amor y a fortalecer nuestras relaciones con la visión santa. Ese es el único camino que ha de conducirnos al encuentro con la paz y con la felicidad, pues es el único camino que nos conduce a las puertas del Cielo.

11. Son sólo tus pensamientos los que han sido imposibles. 2No puede ser que la salvación sea imposible. 3Pero sí es imposible ver a tu salvador como un enemigo y al mismo tiempo reconocerlo. 4No obstante, puedes reconocerlo como lo que es porque ésa es la Voluntad de Dios. 5Lo que Dios le confirió a tu relación santa aún se encuentra en ella. 6Pues lo que Él le dio al Espíritu Santo para que te lo diese a ti, el Espíritu Santo te lo dio. 7¿No querrías contem­plar al salvador que se te ha dado? 8¿Y no intercambiarías con gratitud la función de verdugo que le adjudicaste por la que en verdad tiene? 9Recibe de él lo que Dios le dio para ti, no lo que trataste de darte a ti mismo.

No somos hijos del pecado, ni tenemos que sentirnos culpables por haber elegido pensamientos carentes de amor e inspirados por el deseo de ser especiales. Somos hijos del Amor, el cual se fortalece en la santidad de la inocencia y de la impecabilidad. 

Si utilizamos la lógica de la razón, elegir la identidad pasajera del cuerpo físico, elegir la vía del sufrimiento y del dolor, no parece ser lo más acertado e inteligente. Si lo elegimos y seguimos haciéndolo es porque nuestra mente sirve a la ilusión y nuestros pensamientos sirven a la demencia.

La razón tiene la capacidad de disipar la niebla que no nos permite ver y percibir correctamente. La razón nos muestra un mundo donde vivir en paz y ser felices. Un mundo donde no hay carencia ni necesidades, tan sólo hay abundancia. Es un mundo imperecedero donde la igualdad y la unidad se convierten en el eslabón que nos une a la relación santa que alimentamos junto a nuestros hermanos.

Sí, quiero contemplar al Salvador que se me ha dado.

12. Más allá del cuerpo que has interpuesto entre tu hermano y tú, y reluciendo en la áurea luz que le llega desde el círculo radiante e infinito que se extiende eternamente, se encuentra tu relación santa, que Dios Mismo ama. 2¡Cuán serena descansa en el tiempo, y, sin embargo, más allá de él! a¡Cuán inmortal, y, sin embargo, en la tierra! 3¡Cuán grande el poder que en ella reside! 4El tiempo acata su voluntad, y la tierra será lo que ella disponga que sea. 5En ella no existe una voluntad separada ni el deseo de que nada se encuentre separado. 6Su voluntad no hace excepciones y lo que dispone es verdad. 7Toda ilusión que se lleva ante su perdón se pasa por alto dulcemente y desaparece. 8Pues Cristo ha renacido en su centro, para iluminar Su morada con una visión que pasa por alto al mundo. 9¿No querrías que esa santa morada fuese también la tuya? 10En ella no hay sufrimiento, sino únicamente dicha.

Si te has preguntado en alguna ocasión si es posible experimentar la relación santa en la tierra, en este punto encontrarás la respuesta. Sí, es posible. Y no tan sólo es posible, sino que es la única opción por la que debemos decidirnos. Para ello, debemos invitar al Espíritu Santo para que sea nuestro único anfitrión, para que su mente recta dirija nuestras decisiones. Pongamos todos nuestros asuntos en sus manos y nos guíe para que el amor prevalezca en nuestras relaciones.

Sustituir nuestros pensamientos de miedo por pensamientos de amor resucitará nuestra consciencia de la muerte y renaceremos bajo la luz de nuestra inocencia, de nuestra impecabilidad, de nuestra eternidad.

Que nuestra mente forme parte de la áurea luz que emana desde el círculo radiante e infinito y que en ella nos fundamos en un fraternal y luminoso abrazo con todos nuestros hermanos de Filiación.

13. Lo único que necesitas hacer para morar aquí apaciblemente junto a Cristo, es compartir Su visión. 2Su visión se le concede inmediatamente y de todo corazón a todo aquel que esté dis­puesto a ver a su hermano libre de pecado. 3tienes que estar dispuesto a no excluir a nadie, si quieres liberarte completamente de todos los efectos del pecado. 4¿Te concederías a ti mismo un perdón parcial? 5¿Puedes alcanzar el Cielo mientras un solo pecado aún te tiente a seguir sufriendo? 6El Cielo es el hogar de la pureza perfecta, y Dios lo creó para ti. 7Contempla a tu santo hermano, tan libre de pecado como tú, y permítele que te con­duzca hasta allí.

Ver a nuestros hermanos libres de pecado es el resultado de haber mirado en nuestro interior y no haber contemplado pecado alguno. Si vemos impecabilidad, es la señal inequívoca de que hemos elegido la inocencia y la pureza de nuestra naturaleza santa.

Hemos vencido a la creencia en la separación y ello ha sido posible gracias a que hemos elegido al guía correcto y a la visión correcta. El Espíritu Santo y Cristo ahora están presentes en mi consciencia y forman parte de mis pensamientos. He elegido de nuevo y es mi voluntad servir al amor y a la unidad.

Mi propósito aquí en la tierra se circunscribe a la voluntad de colaborar en el plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. Para ello, hermano, reconozco tu valía, reconozco tu pureza, tu inocencia y te reconozco como mi salvador, ofreciéndome la oportunidad de andar el camino que nos conduce a la salvación, junto a ti.

lunes, 4 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (3ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (3ª parte).

7. No abandones a tu hermano ahora, pues vosotros que sois lo mismo no decidiréis por separado ni en forma diferente. 2Os dais el uno al otro o bien vida o bien muerte; sois cada uno el salvador del otro o su juez, y os ofrecéis refugio o condenación. 3Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. 4Pues es completamente cierto o completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. 5tú te escaparás enteramente del sufri­miento o no te escaparás en absoluto. 6La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno. 7Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento.

La idea de la inmutabilidad de la verdad, de lo que es real, se fortalece con el contenido de este punto. Ya habíamos reflexionado sobre este tema y veíamos cómo la verdad no puede ser verdad a medias, ni puede ser verdad ahora y mañana no. La verdad es eterna y no está sujeta al cambio ni a la temporalidad. Por esa condición, la verdad es verdad.

Si nuestra naturaleza verdadera es la espiritual, significa que en todas las situaciones, esto es, eternamente, seremos espirituales. No podemos creer que podemos ser un cuerpo y al mismo tiempo un espíritu. Esto es imposible, ya que si el cuerpo está sujeto a las leyes de la temporalidad, entonces no puede gozar de la condición que otorga la eternidad.

Soy consciente del reto que estas afirmaciones nos plantean, pues a pesar de sentirnos atraídos por las enseñanzas espirituales, por las enseñanzas de este Curso, no nos sentimos con la firmeza mental para declarar que somos, en todas las situaciones, seres espirituales. Cuando nuestra mente presta atención a los asuntos mundanos, queda prisionera de sus vibraciones, del miedo, del sufrimiento, del dolor, de la pérdida, etc.

Para alcanzar el estado de inmutabilidad al que nos invita la verdad, debemos elegir desde la certeza, desde la fe, que nos ofrece la visión de que somos el Hijo de Dios.  A pesar de percibirnos en un ropaje temporal, dicho ropaje es ilusorio y, al desaparecer, nuestra naturaleza espiritual emergerá con la fuerza de su esencia, con la fuerza del amor.

8. No hay ninguna parte del Cielo de la que puedas apropiarte y tejer ilusiones de ella. 2Ni hay una sola ilusión con la que puedas entrar en el Cielo. 3Un salvador no puede ser un juez ni la miseri­cordia puede ser condenación. 4la visión no puede condenar, sino únicamente bendecir. 5Aquel Cuya función es salvar, salvará. 6Cómo lo ha de lograr está más allá de tu entendimiento, pero cuándo lo va a hacer está en tus manos. 7Pues el tiempo es una invención tuya y, por lo tanto, lo puedes gobernar. 8No eres esclavo de él ni del mundo que fabricaste.

El mundo que percibimos es ilusorio dado que su percepción está originada por el pensamiento dividido, por la creencia en la separación. El Cielo en cambio, es el Estado del Ser Uno. Su visión es Cristo al representar la fuerza del amor y de la unidad. En el Cielo vivimos formando parte de la verdad y el lenguaje con el que nos comunicamos es el pensamiento directo emanado desde las mentes unidas.

Nos aclara Jesús en este punto que nuestra función es salvar y que el modo en cómo lo haremos está más allá de nuestro entendimiento. En cambio, el cuándo lo haremos sí está en nuestras manos, dado que el tiempo es una invención nuestra y lo podemos gobernar. Con ello nos está invitando a que tomemos la decisión que sí podemos elegir, la de prestarnos a la tarea de compartir nuestra salvación interior con el resto de nuestros hermanos.

9. Examinemos más de cerca la ilusión de que lo que tú fabricaste tiene el poder de esclavizar a su hacedor. 2Esta es la misma creen­cia que dio lugar a la separación. 3Es la idea insensata de que los pensamientos pueden abandonar la mente del pensador, ser dife­rentes de ella y oponerse a ella. 4Si eso fuese cierto, los pensa­mientos no serían extensiones de la mente, sino sus enemigos. 5Aquí vemos nuevamente otra forma de la misma ilusión fundamental que ya hemos examinado muchas veces con anterioridad. 6Sólo si fuese posible que el Hijo de Dios pudiera abandonar la Mente de su Padre, hacerse diferente y oponerse a Su Voluntad, sería posible que el falso ser que inventó, y todo lo que éste fabricó, fuesen su amo.

Una de las ideas principales que nos enseña este curso es que la idea, el pensamiento, sigue a su fuente. Con ello lo que trata de enseñarnos es que un pensamiento no puede ser diferente de la fuente de donde ha emanado. El Hijo de Dios ha sido creado a imagen y semejanza de su creador, siguiendo el principio que hemos anunciado al principio. El Hijo de Dios puede crear porque es tal y como Dios lo ha creado, tiene sus mismos atributos creadores, lo que significa que está unido a Su Fuente.

A pesar de ello, la mente puede dividirse y creer que puede tener pensamientos diferentes a su fuente original, esto es, pensamientos que sean diferentes a los emanados desde dicha fuente. Eso le otorgaría una identidad distinta, individual y no compartida con Su Fuente y con el resto de la creación. Ese pensamiento sirve al deseo de ser especial y da lugar a la creencia del ego.